EJE DE FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA CAMPO EDUCACIÓN
MODULO CURRICULO
POR:
Mg. LUIS HERNANDO AMADOR PINEDA
(Exclusivamente para circulación interna)
PROGRAMA
MAESTRIA EN EDUCACIÓN Y DESARROLLO HUMANO
CENTRO DE ESTUDIOS AVANZADOS EN NIÑEZ Y JUVENTUD
UNIVERSIDAD DE MANIZALES-CINDE
FEBRERO DE 2013 MANIZALES
MAESTRIA EN EDUCACION Y DESARROLLO HUMANO
CENTRO DE ESTUDIOS AVANZADOS EN NIÑEZ, JUVENTUD Y EDUCACION UNIVERSIDAD DE MANIZALES - FUNDACION CINDE
SEMINARIO CURRÍCULO
EJE DE FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA CAMPO EDUCACIÓN
Mg. LUIS HERNANDO AMADOR PINEDA DOCENTE
INTRODUCCIÓN
La Universidad hoy, no sólo debe formar profesionales capaces de responder eficientemente a las necesidades de la sociedad, sino también a personas cultas, vale decir, con sensibilidad hacia los asuntos humanos, dispuestas a mantener viva la intencionalidad de buscar la vida buena, la felicidad y no sólo la aplicación de la teoría a la configuración técnica del mundo. Una persona culta no es la que maneja muchos datos como hacen los eruditos, es aquella capaz de hacerse a una forma de sentir, de experimentar, de pensar y de proyectar la vida a unos ideales de humanidad y a un estilo de vida que convoque mejor la propia existencia y la de los demás.
La Universidad como entidad cultural, educativa e investigativa asume y busca la formación del espíritu crítico, alimentar la pasión por el saber y el amor por la veracidad; ello junto con su responsabilidad de formar profesionales para el devenir humano, como personas y ciudadanos cultos que con su carácter y a modo de ser, en verdad, siempre reflejen cuál es el real ethos universitario que los formó y que, a través suyo, aporte al desarrollo de la cultura y la convivencia humana.
PREGUNTAS DE CONOCIMIENTO:
¿Qué capturar de la multiplicidad de relaciones que afectan a un individuo, si concebimos al ser humano como una entidad que se conforma y reorganiza en la multidimensionalidad?
¿Cuál es la naturaleza y el contenido de las significaciones que la educación brinda a los individuos y la sociedad en sus contextos de formación?
¿Cuáles son las comprensiones de lo socio-educativo como organización creadora de conocimiento y su expresión en las curriculas para la formación del hoy?
¿Qué es currículo hoy?
¿Cuáles son los límites y despliegues que el currículo asume en discurso y practica para procesos formativos hoy?
¿Es el currículo una propuesta político-educativa?
RUTA GNOSEOLÓGICA:
Este seminario aborda los siguientes circuitos de relación:
La Educación, la sociedad, la cultura Los caminos, las fuentes, los métodos La historia, la historialidad y la historicidad El currículo, la pedagogía y la didáctica.
En contextos socio-educativos:
Contexto educativo familiar
La ética y el contexto socio-educativo
El contexto educativo desde la integración de disciplinas y saberes Contexto educación-comunicación – Tics
Situación socio-económica educativa Revoluciones educativas
Imágenes, imaginarios y sistemas educativos
En posibilidades de Contextos Educativos:
EN LAS SEÑALES:
Informáticas educativas
Estilos cognitivos y desarrollo de las inteligencias
Historia, historialidad, historicidad de la educación y las prácticas pedagógicas POSI BI LI DADES EN CONTEXTOS SOCI O-EDUCATI VOS
•Paradigmas Métodos
•Modelos Teóricos
•Enfoques Instrumentos
Epistemología •General
•Regional Problematización
Trascender el Instrumentalismo
metodológico
Educaciones
•Inter-
disciplinariedad
•Comunidad
•Currículo
•Regiones del Conocimiento
•Miradas
•Posturas
•sentidos
Formación Proyección
POSI BI LI DADES EN CONTEXTOS SOCI O-EDUCATI VOS
•Paradigmas Métodos
•Modelos Teóricos
•Enfoques Instrumentos
Epistemología •General
•Regional Problematización
Trascender el Instrumentalismo
metodológico
Educaciones
•Inter-
disciplinariedad
•Comunidad
•Currículo
•Regiones del Conocimiento
•Miradas
•Posturas
•sentidos
Formación Proyección
Educación matemática, lógica y política Competencia comunicativa
Cognición
Cultura adolescente
Proyecto educativo e innovación educativa Ética y valores
Educación y cultura Economía y educación Maestros y educación Educación y clase social Logros cognitivos
LECTURAS SUGERIDAS VOCES EN CONVOCATORIA
NOTA: las lecturas sugeridas – Voces en Convocatoria son de uso académico y exclusivo para los logros del Seminario “El currículo”.
Lectura Voz 1. Sentido de la Formación
en Tiempos Presentes Mgr. Luis Hernando Amador Pineda Lectura Voz 2. Crisis de Acogida? Lluis Duch
Lectura Voz 3. La Necesidad de un
Pensamiento Complejo Edgar Morin Lectura Voz 4. ¿Estamos en un Titanic¿
Texto cedido por Edgar Morín al Instituto Internacional para el Pensamiento Complejo Lectura Voz 5.
¿Podremos Vivir Juntos?
Fragmento del libro "Podremos vivir juntos", Alain Touraine
Lectura Voz 6.
El Currículo Y Sus Características
Por Luis Hernando Amador Pineda En tejido con Gustavo Arias Arteaga
Lectura Voz 7.
Experiencias Curriculares - Innovaciones y Currículos Emergentes
Luis Hernando Amador Pineda
Lectura Voz 8. Los derechos humanos.
Un objetivo transversal del currículum
Abraham MAGENDZO (Documento Anexo)
LECTURAS
1. SENTIDO DE LA FORMACIÓN EN TIEMPOS PRESENTES
*Mgr. Luis Hernando Amador Pineda HACIA PEDAGOGÍAS EMERGENTES
Vivimos una época de profundos cambios. Cambios que se manifiestan en diferentes ámbitos de nuestra vida cotidiana; el clima del planeta, la conformación de los bloques económicos, las posibilidades de acceso y uso de la información, las normas y valores de la sociedad, la vigencia de los conocimientos, los patrones de conducta universal…la pregunta. Las preguntas: ¿Qué hacen las instituciones escolares - educativas para atender estos cambios? ¿Cómo pueden los docentes atender estos cambios? ¿Están preparados los docentes para estos cambios?
¿Cuáles son los contenidos de la educación para preparar al individuo que vive de estos cambios? ¿Cuál es la educación para preparar los individuos que vivirán el futuro? ¿Cuáles son los propósitos formativos? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad para la formación? ¿Qué debe expresar el currículo? ¿Cuáles son los imaginarios de la población juvenil? ¿Cuáles son los sentimientos de los padres para asumir la formación en otros contextos? ¿Cuáles son los contextos de la educación para los tiempos presentes?
Estas preguntas apremian en sus respuestas nuevos interrogantes, nuevos elementos, nuevas maneras, nuevas posibilidades, nuevas posturas, que implican crítica para dar sentido y caracterización a lo educativo. Podría entonces, ofrecerse algunos elementos desde lo que se conoce como el paradigma de la complejidad y su investigación social. Es evidente que el contexto de la cultura contemporánea ha imperado en la formación de nuevas ciencias y nuevas perspectivas sobre las ciencias, impregnando en ellas el medio cultural y
las nuevas configuraciones de la ciencia, la educación y la cultura desde el orden - desorden, la auto – organización y la no linealidad. Es el sujeto, el tiempo y la historicidad los que tienen una participación constitutiva de la nueva realidad contemporánea. El llamado a otras maneras, visiones y formas desde el arte, la filosofía, la literatura y la sicología, permiten integrar la visión de vida, ciencia y formación que operaban con exclusión del asunto educativo.
La pregunta – las preguntas… atraen el interés, convocan a las humanidades y las ciencias en relación entre el orden y el desorden, la auto-organización y la no linealidad las cuales tradicionalmente han estado en oposición. Paradigma clásico y paradigma contemporáneo.
El orden era lo que podía ser clasificado, analizado e incorporado al discurso racional. El desorden ligado al caos, a la incertidumbre, la crisis y por consiguiente no podía ser expresado (lógicas cartesianas).
Asistimos a una reevaluación radical de estas perspectivas, dado que las ciencias, la cultura, la técnica y las tecnologías contemporáneas, el caos, el desorden, la crisis y la incertidumbre han sido valorados como una información compleja más la ausencia de orden. El caos puede conducir al orden como lo hacen los sistemas auto-organizantes. Los estados de la materia y los nuevos estados de la materia emergen en estados alejados del equilibrio, del desorden y pueden tener estructuras de orden profundo dentro de sí. Nuestro mundo desde la caótica es inmenso en evoluciones impredictibles, está lleno de formas complejas y flujos turbulentos caracterizados por relaciones y conexiones no lineales y fracturado entre escalas múltiples de diferente magnitud que expresan las condiciones de mundialidad, globalidad e internacionalización. A manera de metáfora las nubes, las cataratas son turbulentas, impredictibles, irregulares e infinitamente variables.
“En los sistemas complejos las fluctuaciones, aún microscópicas, pueden llevar a
Pequeñas fluctuaciones pueden derivar en una impredictibilidad en gran escala, relevando la importancia de los eventos estocásticos en todos los niveles, desde lo molecular hasta lo global. La visión prigoginiana ilumina y valida la dialéctica entre el orden y el desorden. 1977.1”
Las nuevas perspectivas implican unas condiciones de posibilidad en la formación que desplazan las simetrías, la fragmentación, la ruptura y la discontinuidad y reconocen la importancia de la relación localidad con los sistemas globales los cuales se vuelven problemáticos en su movimiento.
En esta perspectiva la formación del sujeto requiere un desplazamiento de las formas clásicas en libertad y autonomía hacia la auto- eco- organización. La autonomía que es la auto – organización-, se hace indisociable– inseparable de la dependencia ecológica en relación con el medio. (Paradoja).
Por lo expuesto, los interrogantes alrededor de la formación cuestionan el conjunto de premisas y nociones que orientaron la actividad formativa, dando lugar a reflexiones epistémicas y filosóficas sobre la acción educativa y la subjetividad y el allí donde se vuelven relevantes para lo educativo y lo formativo los temas emergentes relacionados con el arte como la subjetividad, la singularidad y la generatividad y a partir del arte se recupera e integran la historia, la historicidad, la historialidad y el azar y se plantean nuevas formas de relaciones entre los procesos. El devenir formativo y educativo y el cambio se presenta con nuevas emergencias, con novedades en condiciones de desequilibrio – equilibrio y en potencia de la crisis. Se destaca el rol del azar en el momento histórico en que se produce nuestro cambio. Las metáforas entonces, del desarrollo se potencian en lo personal, familiar, socio-cultural y en proyección hacia mejores posibilidades para la humanidad. Emergen de la crisis nuevas dinámicas, nuevos procesos que nos afrontan en complejidad y en singularidad histórica y cultural.
La cultura contemporánea en la que se superponen lenguajes, tiempos y proyectos tiene trama plural con múltiples ejes problemáticos para afrontar el asunto de la formación humana. Asistimos a la disolución de los discursos lineales parametralizados y homogenizantes de la educación y la cultura “no existe narración o género del discurso capaz de dar un trazo único, un horizonte de sentido unitario de la experiencia de la vida, la cultura, la ciencia o la subjetividad.
Hay historias, en plural; el mundo se ha vuelto intensamente complejo y las respuestas no son directas ni estables2”
Frente a lo educativo no podemos hablar de un curso único para su historia los proyectos humanos tienen potencia social que permite abrir el presente hacia la construcción de un devenir posible. El devenir de un ser humano consiste en vivir los procesos educativos y sociales en relación de significados, sentidos y conflictos. La complejidad articula y desarticula y por ello la razón es necesaria para el reordenamiento intelectual que habilite la reforma del pensar del conocer y del sentir y nos empuje a la aventura de lo desconocido y desarrollar conciencia de sí y voluntad de actuación.
Es tiempo de creatividad, de restauración de la singularidad, de pluralidad, de los dilemas, y la apertura de nuevas potencialidades. Sentirnos partícipes de nuevas narrativas, de la construcción de nuestros relatos históricos y en disposición de humanidad.
Los discursos y las prácticas educativas emergen hacia proyectos de transformación con discursos “críticos” y con intención de promoción de la crítica como pensamiento y acción, recurren a la crítica para relevar el sistema de sentidos y significados que marcan nuestra civilidad.
Problematizan las dinámicas que se sostuvieron a lo largo de la historia y que se manifiestan entre otros aspectos, en:
Organizaciones educativas piramidales – de orden y mando;
Un sentido patriarcal de la “autoridad” que se hace sutil en visiones y acciones de la cultura escolar;
Pérdida del sentido de lo que se hace y por qué se hace;
Alienación en la comunicación;
Negación de lo subjetivo y aumento de la violencia autodestructiva y colectiva;
Una educación centrada en el “conocimiento disciplinar escindido de la realidad”.
NUEVAS FORMAS Y POSIBILIDADES
El presente otorga nuevas formas y posibilidades para comprender la realidad en un ángulo de construcción de conocimiento que se articula sobre la base epistémica como matriz de análisis teórico y existencial.
En este sentido “es un recorte de realidad circunstanciada en un presente siempre vivido, actual y en movimiento que, como acontecer siempre coyuntural, sintetiza en su composición una historia dada, una historia dándose y una historia por darse. Es en este dándose y por darse que se configuran los sujetos que hacen la historia en toda su complejidad subjetiva e intersubjetiva –lo que implica siempre a “otros”-, es decir, en su complejidad emocional, cognitiva y cultural en el que se conforma lo social”3.
Es en la complejidad de ser, que los sujetos culturales que somos, vamos estructurando nuestra forma de ver y actuar en el mundo, formas que se articulan en la tensión, de lo consciente y lo inconsciente.
Estos supuestos epistémicos ponen en jaque el “modo de enseñar”, tradicionalmente centrado en conocimiento disciplinares. “que homogenizan el
“saber legitimado”, lo “dado como verdad”, conocimiento que reduce la enseñanza a la transmisión de conocimientos curriculares que, en mi opinión, degradan el conocimiento científico en “transposiciones didácticas” que “faciliten” la comprensión de lo construido tan trabajosamente por los científicos, conocimientos que, en el actual avance de la ciencia y la técnica, difícilmente puedan ser “actualizados””4.
Entonces se problematiza la práctica educativa y sus maneras de movilizar el conocimiento. Preguntas como: qué, cómo y para qué enseñar, el quién y el para qué enseñar implican, re-hacer el qué y cómo en relación al quién y su situacionalidad como punto de partida.
Emergen otras formas, en términos de Estela Quintar, “la Didáctica”
“La Didáctica no-parametral es una postura que comprende el proceso de enseñanza como un proceso intencional de permanente promoción de ruptura de sentidos y significados en el propio devenir existencial; lo que implica definir:
Al conocimiento como construcción de sentidos y significados, es decir, de redes de representaciones simbólicas históricas e historizadas.
Al sujeto concreto como sujeto sujetado a su territorialidad contextual y a su subjetividad, lo que hace de él un sujeto dialéctico en tanto que se
articula en su sujeción simbólica, como sujeto de deseo y como sujeto del inconsciente, sujeciones que se actúan en el mundo de relaciones situadas, en este caso, en situaciones de enseñanza y aprendizaje concretas”5.
Es la comprensión la que permite potencializar en un sujeto de conocimiento su capacidad de deseo promotora de acciones transformativas. Es así como la pedagogía entonces, pregunta por el asunto de la formación y el currículo por su campo de actuación y configura sus didácticas en movilidad del conocimiento
El momento actual es de desafío formativo y resignifica la actuación, en relación a procurar la pertinencia del conocimiento y el conocimiento en procura de transformaciones de la realidad, es decir, en transformaciones del pensar, del conocer y del sentir por ello implica de un Pensamiento Complejo. En el texto
“Razones para la racionalidad en horizontes de complejidad” Germán Guarín, expresa:”El pensamiento complejo es un pensamiento atento a los signos de los tiempos actuales, de la cultura. Es un pensamiento ligado al contexto, al contexto histórico y creado, obrado, en una totalidad viva, autoorganizada; enemigo de la especialización y de la abstracción, sospechoso de la globalización, del determinismo universal (que no permite el azar, la novedad) patrocinado por la lógica mecánica causal, el pensamiento complejo responde a una “inteligencia general”, o sea, aquella que se da en aquel sujeto pensante-cognoscente que
“moviliza sus conocimientos de conjunto en cada caso particular”, con el fin de siempre “recomponer el todo”.
El pensamiento complejo reconoce el todo en la parte, la problemática general en el problema particular; la imposibilidad de tarea de tal magnitud, como quiera que es humanamente inalcanzable el logro de lo total en sus multiformidades, no hace resignar el intento. El pensamiento complejo es un intento, un esfuerzo riesgoso
que se afronta en las fronteras de lo que nos puede ocurrir como invisibilidad cognitiva. Un evento, una situación, hemos de pensarlo en muchas opciones, en muchos enfoques, en procura de hacerse a un contexto planetario.
La “inteligencia General de lo Particular” que busca un “Contexto Planetario” para la organización, recomposición del todo, es lo que en síntesis apretada define al pensamiento complejo; pensar un acontecimiento en términos de varios temas (biológicos, psicológicos, sociológicos, económicos, políticos, antropológicos) y de varios enfoques, permite intentar el pensamiento de la complejidad (el todo organizado).
El pensamiento complejo, al cual mejor sería denominar Pensamiento de la Complejidad, pues es un pensamiento situado en contexto, en mundanidad planetaria, supone un mundo en multiformidad, devenir, transformación, y tal pensamiento se liga a ese mundo por una necesidad vital.
*Docente Maestría en Educación
2. CRISIS DE ACOGIDA
La comunidad es el lugar natural donde el ser humano tiene que ser acogido y reconocido. Pero al mismo tiempo conviene destacar que la comunidad humana no es algo solamente natural, sino que es indispensable llevar a cabo la construcción comunitaria de la realidad, y no limitarse, como acontece con frecuencia, a su sola construcción social.
No cabe duda que la crisis actual que vivimos es de acogimiento y de reconocimiento al mismo tiempo, y se experimenta de manera muy aguda como crisis de comunidad, de lo local.
¿Qué es entonces una comunidad? Víctor Turner, quien ha aportado una de las contribuciones más valiosas a esta temática, manifiesta que la comunidad “es una relación entre individuos concretos, históricos y con una idiosincrasia determinada, que no están segmentados en roles ni en posiciones sociales, sino enfrentados entre sí”.
El hecho de encontrarse «enfrentados directamente entre sí» sin la predeterminación establecida por los cauces legales, económicos, culturales, etc., es la característica más relevante que se atribuye a la auténtica comunidad.
Es una realidad incontestable que esa manera de entender la comunidad es una idealidad previa a la institución de las “normatividades” coercitivas, que aseguran el ejercicio del control social por mediación de roles y de posiciones.
Turner no deja de subrayar que esa comunidad más que una magnitud histórica concreta es un tipo ideal, que debería permitir en el flujo de los tiempos y en la variedad de los espacios la rectificación de las tendencias hacia la burocratización
incesante e inevitablemente se encuentran sometidas a los procesos de institucionalización.
No debería olvidarse que la búsqueda del «paraíso perdido», es decir, de una comunidad, cuyas señas distintivas son la inmediatez y la autorreferencia fraternal de todos sus miembros, ha sido una constante en la historia de la humanidad.
Quienes, en el pasado y el presente, se han lanzado a esa empresa estaban plenamente convencidos de que la inmediatez del «paraíso reencontrado» podría llegar a ser una realidad palpable en los diferentes aspectos de la vida cotidiana.
La difícil realidad de nuestros días consiste en que hay muy pocas comunidades que, al menos tendencialmente, busquen este encuentro inmediato, cara a cara, corazón a corazón, de sus miembros. A menudo, en las llamadas comunidades, imperan como factores (des) estructuradores o bien la indiferencia o bien el legalismo.
El hundimiento de las estructuras de acogida y de las transmisiones que deberían llevar a cabo constituye el centro capital de la actual crisis de la sociedad.
La intensa y extensa proliferación de «comunidades cálidas» -Henri Desroche empezó a utilizar esta expresión a raíz de los acontecimientos del mayo francés de 1968- es un síntoma elocuente de la necesidad que experimentamos de encontrarnos acogidos y reconocidos en un mundo en el que la «moral de los afectos», muy a menudo, ha sido sustituida, de acuerdo con una expresión de Alexander Mitscherlich, por «la incapacidad de compadecer» y por el decisionismo violento y deshumanizador de la «moral del poder».
Debería tenerse presente que vivir humanamente, como quería Antoine de Saint-
exclusivamente de los vínculos que mantiene el animal con su entorno natural, sino de una cualidad específicamente humana de sentirse religado mediante la constitución de un nosotros, que supera los modos y maneras del simple vivir «al lado de», para que sea posible alcanzar el «convivir con». Entonces, superado el instinto de autodefensa-agresión, es decir, el miedo como desencadenante de la maldad humana, el otro, el tú, se convierte en la condición ineludible para la afirmación del yo.
Los vínculos humanos ponen de manifiesto que el ser humano, para que realmente alcance su verdadera estatura humana, debería ser un ser cordial, provisto de una genuina «geografía espiritual» en la que fuera factible el descubrimiento progresivo de su verdadera contextura misteriosa, de tal manera que, como decía Goethe, estuviera en disposición de percibir en todo lo que es pasajero, una parábola de lo Eterno. Además no debería olvidarse que el sentido de la vida no es algo de lo que se pueda disponer individualmente, sino que se constituye en la comunicación, es decir, mediante la comunidad.
Si tuviéramos que resumir lo que es determinante en la crisis global del momento presente podría decirse que nos hallamos plenamente sumergidos en una situación de irrelevancia creciente de las estructuras de acogida. Pero, ¿Qué es en definitiva, una estructura de acogida?
De manera esquemática las estructuras de acogida constituyen el marco en cuyo interior el ser humano puede poner en práctica aquellas teodiceas prácticas, que tienen la virtud de instaurar, en medio de la provisionalidad y novedad de la vida cotidiana, diversas praxis de dominación de la contingencia.
Es posible aproximarse a las estructuras de acogida desde puntos de partida muy diferentes, desde la psicología, la sociología, la cultura, la antropología, la
el desarrollo orgánico del hombre en todas las etapas que ha recorrido la historia de la humanidad.
Desde una perspectiva psicológica, estas estructuras hacen posible la identificación del individuo como proceso nunca acabado que, tomando como punto de arranque la instintividad, alcanza el punto culminante en la construcción de la persona (personificación) como centro neurálgico de relaciones significativas.
Desde una perspectiva sociológica, las estructuras de acogida permiten la agregación de los individuos en el cuerpo social. Son elementos imprescindibles, para la socialización y la construcción de la realidad.
Desde una perspectiva cultural, las estructuras de acogida hacen viable la integración de los seres humanos en el flujo de una tradición concreta, con cuyo concurso, adquieren su identidad personal. Son, por consiguiente, elementos imprescindibles en el proceso de interiorización individual y colectiva de simbolismos, representaciones y valores, que lleva a cabo la selección que es propia de cada cultura humana.
Desde una perspectiva antropológica, las estructuras de acogida permiten la actualización de las capacidades predadas del ser humano en la historia, porque ponen de manifiesto que el ser humano, constitutivamente, es capax symbolorum, es decir, posee la aptitud, en el presente, en cada presente, para rememorar el pasado y anticipar el futuro.
Desde una perspectiva lingüística, las estructuras de acogida posibilitan el empalabramiento de la realidad por parte del ser humano; empalabramiento que tiene como consecuencia más significativa el «venir a la existencia» para el hombre, de la misma realidad y de él mismo como parte integrante de ella. Para el hombre, sólo existe lo que es capaz de expresar y/o anticipar simbólicamente.
Es algo de sobra conocido que, desde una perspectiva religiosa, las estructuras de acogida han sido los «lugares» donde el ser humano ha planteado las preguntas fundacionales de su existencia -protología y escatología-, es decir, aquellos interrogantes y respuestas que tienen algo que ver con el sentido o con el sinsentido de la existencia humana.
Históricamente, las estructuras de acogida han sido los ámbitos privilegiados donde se ha efectuado la transmisión.
Resulta evidente que a través de ella se establecen las bases para la posible edificación del ser humano, cuya nota distintiva es que nunca alcanza a ejercer con destreza el «oficio de hombre» o el «oficio de mujer» con el concurso exclusivo, tal como acontece en los animales, de las pautas que le ofrece su mera instintividad.
La socialización, la identificación, el empalabramiento, la anticipación simbólica sólo llegan a convertirse en algo verdaderamente importante en el tejido de la existencia humana por mediación de las estructuras de acogida, que son aquellos elementos relacionales que, en y desde el presente, permiten establecer una vinculación creativa con el pasado, a fin de imaginar y configurar el futuro.
A pesar de su radical finitud, el ser humano nunca deja de anhelar el infinito, a menudo con expresiones y actitudes que desde una determinada posición ideológica y cultural resultan completamente ininteligibles. Sin embargo, no puede prescindir, incluso en el caso de que la niegue, de la secuencia temporal (pasado - presente - futuro) justamente para que el ser humano sea capaz de anticipar en la provisionalidad e incertidumbre del presente armonía y la reconciliación de la meta
En consecuencia, las estructuras de acogida, al margen de las figuras psicológicas, sociológicas y culturales que puedan adoptar en la diversidad de espacios y tiempos, son el lugar natural donde se articulan las respuestas, con
limitaciones e inconsecuencias que son propias de la finitud humana pueden ser superadas por anticipado.
Las estructuras de acogida, para que realmente lleguen a ser lo que su nombre sugiere, deberían ser instancias críticas, que coadyuvasen a que el ser humano estuviera en condiciones de practicar algo que es esencial para su propia humanización: el arte de la crítica, el arte de encontrar criterios. De esta manera, en un mismo movimiento, adquiriría la capacidad para orientarse sapiencial y científicamente a través de las cambiantes y a menudo imprevisibles etapas de su trayecto vital.
Las estructuras de acogida permiten que el ser humano integre, creadora y armónicamente en su existencia, lo desconocido, lo aún-no-expresado, lo inexperimentado, lo temible, lo extraño como conocimiento, expresividad, sabiduría, familiaridad, amor.
Por ello puede afirmarse que las estructuras de acogida son idóneas para aligerar el insoportable peso de las numerosas indeterminaciones que gravitan sobre los individuos y los sumergen en la angustia y, a menudo incluso, en la desesperación.
Su misión más característica consiste, al mismo tiempo, en descentrarlo y en centrarlo de nuevo en un proceso que abarca toda su vida. Además permiten que la interioridad y la exterioridad, como notas características de este espíritu encarnado que es el hombre, se relacionen entre sí en armonía y plenitud en un proceso que siempre es necesario rehacer de nuevo mediante sucesivas desintegraciones e integraciones. Conviene no olvidar que continuidad y cambio son factores inherentes a la condición humana como tal.
La crisis global del momento presente puede detectarse de manera precisa a través de las dificultades que el acogimiento y el reconocimiento del otro experimentan en el seno de nuestra cultura, porque, como ha escrito Paulo Suess, en la actual sociedad occidental, con suma frecuencia, se percibe «la incapacidad de los unos para acordarse de los otros».
Desde la perspectiva pedagógica, el acogimiento y el reconocimiento del otro en su irreductible alteridad tendrían que ser no sólo premisas irrenunciables para la reflexión, sino, sobre todo, los desencadenantes más efectivos de la Educación y el Desarrollo.
Desde diferentes tradiciones culturales y filosóficas, ha sido puesto de manifiesto que conocer es reconocer, que enseñar consiste en ayudar a descubrir e identificar la «perla escondida» de la propia humanidad.
Necesitamos, por lo tanto, una apertura en el reconocimiento para poder alcanzar de manera plena un conocimiento y una comprensión basados en el reconocimiento, en la afirmación explícita del derecho a la alteridad y a la diferencia.
La primera estructura de acogida es la que constituye el grupo de la Condescendencia.
Gracias a ella, los individuos y grupos se establecen en el espacio y el tiempo. El vocablo que con suma frecuencia ha sido utilizado para designar el conjunto de los miembros de este grupo es Familia.
Desde siempre -sean cuales sean las modalidades que haya podido adoptar en las diferentes culturas humanas- ha constituido la célula social y cultural más
significativa, porque en ella y por medio de ella se han efectuado las transmisiones más influyentes y eficaces para la vida de los individuos y grupos humanos.
El entramado de elementos biológicos, afectivos y culturales que es la familia ha sido, tradicionalmente, el lugar natural de la lengua materna, cuya función no se limita en exclusiva a constituir el ámbito donde los vocablos, modismos y expresiones adquieren sus significaciones más íntimas e interpersonales.
Desde la óptica de la ciencia y de la sabiduría, se ha coadyuvado decisivamente a que los grupos e individuos pudieran hacer frente con garantías a los desafíos y a las contingencias imprevisibles de la vida cotidiana, y, al mismo tiempo, se constituían en el eje de la visión del mundo, que era propia de las diferentes culturas humanas."
Charles Taylor ha escrito con rotundidad que «los significados que tendrán para mí las palabras clave serán primero los significados que tengan para nosotros» en el seno de la familia.
Según Jean Poirier, la revolución más importante y más profunda de nuestros días ha tenido -está teniendo- lugar en el ámbito de la condescendencia como estructura de acogida. Escribe: «La sociedad formada hasta ahora por grupos cuyos elementos constitutivos se encontraban vinculados mediante una relación de pertenencia se ha diluido en infinitas unidades individuales.
No es exagerado afirmar que la innovación más revolucionaria de nuestro tiempo ha sido la disolución del cuerpo social en una multiplicidad de individuos que ahora se han liberado de las disciplinas colectivas».
La segunda estructura de acogida que actualmente se encuentra sometida a una fuerte desestructuración es la Corresidencia.
La ciudad es el lugar adecuado que casi siempre, al menos a partir del período que Karl Jaspers denomina período axial (siglos VII-VI a. C.), ha servido para que se concretaran las figuras de la acción y la vida pública, que son inherentes a la condición humana.
En este contexto, tal vez sean oportunas las palabras de Aristóteles: « Quien es apolítico, es más o menos que un hombre», es decir, o es un dios o es un animal, cuyo lugar natural no es la ciudad, sino, respectivamente, el «Olimpo» o la
«Selva». Una de las consecuencias más importantes de la crisis de la ciudad como ámbito político-cultural por antonomasia ha sido el progresivo eclipse del
«hombre público» -
Richard Sennet-, la renuncia casi mayoritaria a las responsabilidades cívicas y la consiguiente «maquinización» y « neutralización » del espacio urbano, el cual, en el momento presente, se encuentra sometido al impacto del anonimato, la especulación y la impersonalización.
Este estado de cosas es uno de los causantes más directos de que, actualmente las relaciones humanas se expresen, en muchos casos, con un grado de abstracción y frialdad que, para muchos nos resulta insoportable y da lugar a numerosos desajustes mentales.
Jamás se insistirá bastante en el hecho de que la calidad de la vida, a causa de la irrenunciable constitución espacio-temporal del ser humano, depende en gran medida de la calidad del espacio y del tiempo públicos y privados en los cuales habita. La destrucción exterior del espacio y del tiempo urbanos y rurales tiene como consecuencia inevitable la destrucción del espacio y del tiempo interiores de los individuos, y a la inversa.
No en vano microcosmos y macrocosmos ponen de manifiesto que todas las dimensiones de la vida humana se construyen sobre correspondencias, parábolas y alusiones. Sobre la dependencia y la esclavitud autoimpuesta que se originan en las urbes modernas, Sennet afirma que «la actual organización de las comunidades urbanas estimulan a los hombres a que se esclavicen mediante formas inmaduras».
La crisis actual de la corresidencia se expresa de manera muy directa en todos los ámbitos y situaciones que tienen algo que ver con la responsabilidad del ser humano. El hombre es el único ser que conocemos que puede tener responsabilidades. Y, como escribe Hans Jonas, «si puede tenerlas, de hecho las tiene. La capacidad de tener responsabilidades ya significa ponerse bajo sus órdenes: el mismo poder [tener responsabilidades] conduce por él mismo al deber [cumplirlas] ».
No debería olvidarse lo que añade Jonas a propósito de esta problemática: «La responsabilidad es una función del poder. Alguien que no tenga poder, tampoco tendrá responsabilidad. De lo que uno no produce, no necesita responsabilizarse».
La renuncia a las responsabilidades públicas que se observa en el momento actual es tanto más grave por cuanto el aumento del poder del ser humano ha alcanzado niveles que eran inimaginables para las generaciones que nos han precedido.
Sin embargo, es necesario tener presente que el «principio responsabilidad»
invocado por Hans Jonas adquiere su plena realización a través de una administración del poder justa y humanizado.
Pero no cabe el menor atisbo de duda de que se encuentra directamente
finisecular, que es la nuestra, el poder? ¿Quién efectivamente, lo ejerce como consecuencia de la aceptación o del rechazo de sus responsabilidades?
Jonas argumenta: en la modernidad, «proporcionalmente, tal vez, el poder del individuo ha disminuido. Pero es indudable que lo que ha aumentado es el poder relativo de las colectividades tales como, por ejemplo, el poder del sujeto activo y la industria ». Aquí es donde se detecta el cambio profundo que ha tenido lugar en los tiempos modernos y que ahora se percibe con una claridad que no se poseía hace sólo unos cuantos años.
El principio responsabilidad ya no es ejercido prioritariamente por individuos concretos y aislados que toman sus decisiones, sino que son unas entidades colectivas de carácter político-social las que tienen en sus manos el ejercicio de las responsabilidades o, por el contrario, la dimisión de ellas.
Actualmente son esas entidades colectivas las que tienen las claves del poder.
Los individuos como tales acostumbran a ser seres desvalidos, irresponsables por consiguiente, en el seno de los «grandes cuerpos sociales». Ha tenido lugar un viraje enormemente significativo: la toma de decisiones ha pasado de la esfera privada a la pública.
Ante esta nueva situación, la pregunta que se plantea -y que en el futuro adquirirá aún mayor agudeza- no es tanto: ¿Cómo puedo yo llevar una vida con sentido y honestidad?, sino: ¿Qué podemos hacer nosotros -ese gran "supersujeto" que actúa como un todo, que es la humanidad actual de la civilización técnica- para que la humanidad no se comporte de tal manera que las futuras posibilidades de los hombres, tal como son o tal como deberían ser, no se malogren por anticipado?.
No cabe duda de que en un futuro próximo el cambio de perspectiva conducirá a transformaciones muy profundas en la configuración de las relaciones sociales.
Algunas de ellas, sobre todo en el campo económico, industrial y político, ya pueden percibirse con una notable claridad.
Ante esta nueva situación, la praxis pedagógica deberá buscar alternativas realmente humanizadoras, porque el ejercicio de responsabilidades públicas continuará siendo un factor determinante en la corresidencia como estructura de acogida.
El ser humano, a pesar de las grandes mutaciones que, presumiblemente intervendrán en la configuración de la vida pública, nunca dejará de ser un animal político, porque siempre dispondrá de poder, es decir, siempre será responsable;
siempre será responsable aunque el poder ya no lo ejerza el yo de la modernidad, sino el nosotros de la postmodernidad.
Actualmente la crisis de la ciudad ha alcanzado dimensiones que sobrepasan las dimensiones del simple «espacio urbano» en sentido convencional.
Por mediación de las ideas de libertad, paz, responsabilidad y justicia, la tradición ilustrada occidental acotó el ámbito que se consideraba idóneo para la convivencia humana. Actualmente no basta esta delimitación, sino que es necesario añadir otro componente imprescindible: la preservación del espacio natural.
Hasta hace relativamente poco, las reglas de la convivencia de los humanos y su contenido social, económico y cultural habían constituido el objeto de la política.
Las premisas naturales de la vida -la naturaleza-, sin embargo, por lo general no habían merecido ningún tipo de atención ni por parte de los políticos en sentido estricto ni tampoco por parte de la religión, como máximo, los especialistas se
pero en ningún caso del agua, la flora, las especies animales, el espacio rural y urbano, la contaminación, etc.
En el momento presente es absolutamente necesaria una conciencia ecológica, que ponga de manifiesto la responsabilidad ecológica de los individuos que quieren vivir como ciudadanos, es decir, como corresponsables y administradores del espacio vital humano, forjadores de una verdadera ecología, por cierto humana.
Como se ha dicho «Tenemos que dejar a nuestros hijos un mundo, en el cual también ellos puedan ser ciudadanos y no meros reparadores de un mundo que se agrieta por todos lados»
La tercera estructura de acogida que experimenta una crisis profunda es la que se agrupa alrededor del grupo de la Cotrascendencia.
La que antaño había reunido a los miembros de la sociedad, al margen de las convicciones religiosas personales de cada cual, en torno al mismo cuerpo de creencias y prácticas simbólicas. De esta manera quedaba asegurada corporativamente la correcta relación del ser humano con lo invisible, con la trascendencia.
Es evidente que la crisis de la cotrascendencia tiene mucho que ver con la pérdida del «lugar social» de Dios, que ha tenido lugar, de forma cada vez más acelerada, en la cultura occidental a partir de la Ilustración. Religión es la sigla que resume los diferentes aspectos de esta tercera estructura de acogida, cuya crisis de institucionalización ofrece uno de los síntomas más diáfanos de la precariedad de la sociedad actual.
En realidad esa crisis que, como todas las crisis, afecta por igual a la gramática y a la ética, pone crudamente de manifiesto que, en el momento presente, la pregunta religiosa como tal no se ha esfumado del horizonte humano.
El ser humano, en contra de las previsiones de la crítica clásica de la religión, jamás podrá dejar de ser un homo religiosus.
El entramado sociológico-lingüístico y la articulación teológica de las preguntas últimas y más radicales del ser humano con cuya ayuda antaño se planteaba la pregunta religiosa, son lo que para muchos se ha convertido en irrelevante. Para decirlo con palabras de Rafael Díaz-Salazar, la religión tradicional se encuentra en un gigantesco proceso de vaciamiento de los contenidos doctrinales que en otro tiempo la habían configurado.
Pero ¿porque el ser humano nunca podrá dejar de ser, al mismo tiempo, un ser contingente y capaz de símbolos?, el interrogante religioso como cuestionamiento acerca de la protología y la escatología es imposible que pueda desaparecer de la problemática existencial inherente al horizonte humano, sean cuales sean las modificaciones que sufran los contextos donde, aquí y ahora, se despliega la existencia concreta de un pueblo o una cultura.
Este hecho, sin embargo, no invalida la evidencia de que actualmente la cotrascendencia, formulada, divida y experimentada a través de un utillaje cultural muy concreto, tenga que hacer frente a una crisis de irrelevancia de inabarcables e imprevisibles consecuencias.
¿Crisis del hombre público?
En esta exposición se ha hecho referencia a la crisis actual de las estructuras de
organismo que no sólo debería fundar un mundo, sino que, además, debería propiciar la instalación en él del ser humano por mediación de las distintas transmisiones que deben llevar a cabo las mencionadas estructuras de acogida.
Estas crisis afectan de manera muy directa a la salud individual y colectiva.
Entendida la salud como una cuestión que al propio tiempo, posee dimensiones físicas, psíquicas y espirituales. En este sentido afecta por igual a la constitución saludable, en el ámbito de lo privado y de lo público.
Dicho de otra manera: las consecuencias negativas e inquietantes de incapacidad de las estructuras de acogida, muy en primer término de la condescendencia para abrir o al menos, insinuar ámbitos de sentido al ser humano comporta el hecho de que éste se instale en el mutismo y en la irresponsabilidad pública; mutismo que, por lo general, suele adoptar la vía de la indiferencia o la de la violencia.
En ambos casos, se trata de una interrupción o, al menos, de un grave colapso de las transmisiones como fuentes primarias de una vida humana en convivencia y tendiente a la progresiva fraternización de todas sus relaciones.
La crisis actual del hombre público es una señal irrecusable de la profunda crisis del hombre interior. O, tal vez aún fuera más preciso decir: esta situación crítica se ha originado a causa de la mala relación que ha ido imponiéndose entre lo público y lo privado, entre interioridad y exterioridad, entre natural y artificial, entre afectos y efectos e, incluso, entre mística y política.
Como consecuencia de estas relaciones sumamente precarias, es que actualmente se da la situación de inexpresividad actual.
La construcción armónica de las diversas facetas (socialización, personalización,
reconocimiento que tienen su lugar natural en las estructuras de acogida: Familia, Ciudad, Religión.
Son ellas, efectivamente, las que hacen posible la edificación de un ser humano capaz de expresar y de expresarse complementaria y creativamente.
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
TURNER, Víctor. El proceso ritual. Estructura y antiestructura, Madrid 1988 ERICKSON, Eric. Identidad, juventud y crisis, Madrid, 1992.
DIAZ-SALAZAR, Rafael. Formas modernas de religión. Madrid, 1994 SENNET. Richard. Vida urbana e identidad personal. Barcelona, 1978.
3. LA NECESIDAD
DE UN PENSAMIENTO COMPLEJO
* EDGAR MORÍN
*Figura inclasificable del paisaje intelectual contemporáneo, sociólogo irritado frente al estricto determinismo sociológico, pensador desconfiado frente a los sistemas globalizantes, intelectual atento a su tiempo y hombre de cultura, Edgar Morín se ha lanzado desde 1977 a una audaz empresa llamada EL MÉTODO, vasto panorama del saber, que no entiende ser ni una suma ni un instrumento de simplificación. Sino que de recoger el desafío de la reflexión en un siglo en el cual, el saber ha sido rico, porque es extenso, y pobre, porque está parcelado, y en donde la misma palabra “reflexión” ha sido desvalorizada.
Presentación de Edgar Morín en revista Pasajes, París, diciembre de 1991.
Traducción: Sergio González M.
París, noviembre de 1995 Cuidado con la inteligencia sospechosa “Tuerta”
Hasta la primera mitad del siglo XX, la mayoría de las ciencias tenían por modo de conocimiento la especialización y la abstracción, es decir, la reducción del conocimiento de un todo al conocimiento de las partes que lo componen (como si la organización de un todo no produjera cualidades nuevas con relación a las partes consideradas aisladamente). El concepto clave era el determinismo, es decir, la ocultación del azar; de la novedad, y la aplicación de la lógica mecánica
Por supuesto que el conocimiento debe utilizar la abstracción, pero este también debe buscar construirse con referencia a un contexto, y, por ende, debe movilizar lo que el conociente sabe del mundo. La comprensión de datos particulares sólo es pertinente en aquel que mantiene y cultiva su inteligencia general, que moviliza sus conocimientos de conjunto en cada caso particular. Marcel Gauss decía: “Hay que recomponer el todo”. Cierto, es imposible conocer todo acerca del mundo, así como también aprehender sus multiformes transformaciones. Pero, aunque sea difícil, el conocimiento de los problemas claves del mundo debe intentarse, so pena de imbecilidad cognitiva. Y esto es cada vez más urgente, puesto que el contexto, en nuestra época, de todo conocimiento político, económico, antropológico y ecológico es el mundo mismo. La era planetaria necesita situar todo en el contexto planetario. El conocimiento del mundo en tanto que mundo deviene, entonces, una necesidad intelectual y vital al mismo tiempo. Es un problema que se plantea a todos los ciudadanos: cómo adquirir el acceso a las informaciones sobre el mundo y cómo adquirir la posibilidad de articularlas y de organizarlas. Ahora, para articularlas y para organizarlas, se necesita una reforma de pensamiento.
Por una parte, hay que complementar el pensamiento que separa con un pensamiento que reúna. En este sentido, complexus significa “lo que está tejido en conjunto”. El pensamiento complejo es un pensamiento que busca, al mismo tiempo, distinguir – pero sin desunir – y religar. Por otra parte, debemos considerar la incertidumbre. El dogma de un determinismo universal se ha derrumbado. El universo no está sometido a la soberanía absoluta del orden, sino que es el juego y lo que está en juego de una dialógica (relación antagonista, competidora y complementaria al mismo tiempo) entre el orfen, el desorden y la organización.
De esta manera, el propósito de la complejidad es, por una parte, religar (contextualizar y globalizar), y, por otra, recoger el guante que nos arroja la incertidumbre. ¿Cómo?
Las tres teorias
Una primera vía de acceso es aquella que nos ofrecen las tres teorías – las de la información, la cibernética y los sistemas-. Estas tres teorías, primas e inseparables, aparecieron a comienzos de los años cuarentas y se han interfecundado ampliamente.
La teoría de la Información
Es una herramienta que permite tratar la incertidumbre, la sorpresa, lo inesperado.
La información que indica, por ejemplo, el vencedor de una batalla, resuelve una incertidumbre; aquella que anuncia la muerte súbita de un tirano aporta lo inesperado y, al mismo tiempo, la novedad.
Este concepto de información permite entrar en un universo donde hay, al mismo tiempo, orden (la redundancia) y desorden (el ruido) y extraer de ahí algo nuevo.
Es decir, la información misma que deviene, entonces, organizadora (programadora) de una máquina cibernética.
La Cibernética
Es una teoría de las máquinas autónomas. La idea de retroacción, que introduce Norbert Weiner, rompe con el principio de causalidad lineal al introducir el principio de “bucle” causal. La causa actúa sobre el efecto, como en un sistema de calefacción en el cual el termostato regula el funcionamiento de la caldera. Este
en este caso la autonomía térmica de un apartamento con relación al frío exterior.
El “bucle” de retroacción (llamado feed-back) desempeña el papel de un mecanismo amplificador, por ejemplo, en una situación de exacerbación de los extremos en un conflicto armado. La violencia de un protagonista conlleva una reacción violenta, la cual, a su vez, conlleva una reacción aún más violenta. Tales retroacciones, inflacionistas o estabilizadoras, son innumerables en los fenómenos económicos, sociales, políticos i sicológicos.
La teoría de los Sistemas
Sienta las bases de un pensamiento de la organización. La primera lección sistémica es que “el todo es más que la suma de las partes”. Esto significa que existen cualidades emergentes, es decir, que nacen de la organización de un todo y que pueden retroactuar sobre las partes. Es así como el agua, por ejemplo, tiene cualidades emergentes con relación al hidrógeno y al oxígeno que la constituyen.
Por otra parte, el todo es igualmente menos que la suma de las partes, puesto que las partes pueden tener cualidades que son inhibidas por la organización del conjunto.
La autoorganización
A estas tres teorías hay que agregar los desarrollos conceptuales aportados por la idea de la autoorganización. Aquí, cuatro nombres deben ser mencionados: los de Von Neumann, Von Foerster, Atlan y Prigogine.
En su teoría de los autómatas autoorganizadores, Von Neumann de plantea el problema de la diferencia entre las máquinas artificiales y las “máquinas vivas”. Él ha señalado esta paradoja: los elementos de las máquinas artificiales están muy bien fabricados, muy perfeccionados, pero se degradan desde el momento en que
compuestas por elementos muy poco fiables, como las proteínas que se degradan sin cesar, pero estas máquinas poseen la extraña propiedad de desarrollarse, reproducirse, autoregenerarse reemplazando justamente las moléculas deterioradas por otras nuevas y las células muertas por células nuevas. La máquina artificial no puede repararse a sí misma, mientras que la máquina viva se regenera permanentemente a partir de la muerte de sus células según la fórmula de Heráclito: “Vivir de muerte, morir de vida”.
El aporte de Von Foerster reside en su descubrimiento del principio del orden por el ruido (orden from noise). De esta manera, cubos imantados en dos de sus caras van a organizar un conjunto coherente por reunión espontánea a partir de un principio de orden (la imantación). Se asiste de esta manera a la creación de un orden a partir del desorden.
Atlan concibe la teoría del azar organizador. Se encuentra una dialógica orden/desorden/organización en el nacimiento del universo a partir de una agitación calórica (desorden) donde, bajo ciertas condiciones (encuentros de azar), ciertos principios de orden van a permitir la constitución de núcleos, de átomos, de galaxias y de estrellas. Más todavía, encontramos esta dialógica en el momento de la emergencia de la vida por encuentros entre macromoléculas en el seno de una especie de bucle autoproductor que terminará por convertirse en autoorganización viva. Bajo las formas más diversas, la dialógica entre el orfen, el desorden y la organización, a través de innumerables interretroacciones, está constantemente en acción en los mundos físico, biológico y humano.
Prigogine ha introducido, de otra manera, la idea de organización a partir del desorden. En el ejemplo de los torbellinos de Benard, se ve como estructuras coherentes se constituyen y se automantienen a partir de un cierto umbral de agitación y de este lado de otro umbral. Estas organizaciones tienen necesidad de
caso del ser vivo, este es bastante autónomo para extraer energía de su propio medio, incluso de extraer informaciones y de integrar la organización. Es lo que yo he llamado la auto-eco-organización.
El pensamiento de la complejidad se presenta, entonces, como un edificio de varios pisos. La base está formada a partir de las tres teorías (información, cibernética y sistemas) y contiene las herramientas necesarias para una teoría de la organización. En seguida, viene un segundo piso con las ideas de Von Neumann, Von Foerster, Atlan y Prigogine sobre la autoorganización. A este edificio, yo he querido aportar elementos suplementarios. Particularmente, tres principios que son: el dialógico, el de recursión y el hologramático.
Los tres principios El principio dialógico
Une dos principios o nociones antagonistas que, aparentemente, debieran rechazarse entre sí, pero que son indisociables para comprender una misma realidad. El físico Niels Bohr ha reconocido la necesidad de pensar las partículas físicas como corpúsculos y como ondas al mismo tiempo. Pascal había dicho: “lo contrario de una verdad, no es el error, sino una verdad contraria”. Bohr lo traduce a su manera: “Lo contrario de una verdad trivial es un error estúpido, pero lo contrario de una verdad profunda es siempre otra verdad profunda”. El problema es unir nociones antagonistas para pensar los procesos organizadores y creadores en el mundo complejo de la vida y de la historia humana.
El principio de recursión
El principio de recursión organizacional va más allá del principio de la retroacción (feed-back); él supera la noción de regulación por aquella de autoproducción y de autoorganización. Es un bucle generador en el cual los productos y los efectos son ellos mismos productores y causadores de lo que los produce. Así, nosotros individuos, somos los productos de un sistema de reproducción salido del fondo de los tiempos, pero este sistema sólo puede reproducirse bajo la condición de que nosotros mismos devengamos productores, apareándonos. Los individuos humanos producen la sociedad en y por sus interacciones, pero la sociedad, en tanto que todo emergente, produce la humanidad de estos individuos aportándoles el lenguaje y la cultura.
El principio hologramático
Pone en evidencia esa aparente paradoja de ciertos sistemas en los cuales no solamente la parte está en el todo, sino en que el todo está en la parte: la totalidad del patrimonio genético está presente en cada célula individual. De la misma manera, el individuo es una parte de la sociedad, pero la sociedad está presente en cada individuo en tanto que todo, a través del lenguaje, la cultura, las normas.
Conclusión
El pensamiento de la complejidad, como se ve, no es en ningún caso un pensamiento que rechace la certeza en beneficio de la incertidumbre, que rechace la separación en beneficio de la inseparabilidad, que rechace la lógica para autorizar todas las trasgresiones. El procedimiento consiste, por el contrario, en una ida y vuelta incesante entre certezas e incertidumbres, entre lo elemental y lo global, entre lo separable y lo inseparable. No se trata de abandonar los principios de la ciencia clásica – orden, separabilidad y lógica-, sino de integrarlos en un esquema que es, al mismo tiempo, más amplio y más rico. No se trata de oponer
concreto de las partes a la totalidad. Hay que articular los principios de orden y de desorden, de separación y de unión, de autonomía y de dependencia, que son, al mismo tiempo, complementarios, competidores y antagonistas en el seno del universo.
En resumen, el pensamiento complejo no es lo contrario del pensamiento simplificante; él integra este último: como diría Hegel, este opera la unión de la simplicidad y de la complejidad e, incluso, hace finalmente aparecer su propia simplicidad. En efecto, el paradigma de la complejidad puede ser enunciado tan simplemente como el de la simplicidad: mientras que éste último impone desunir y reducir; el paradigma de la complejidad nos empuja a religar distinguiendo.
El pensamiento complejo es, en esencia, el pensamiento que integra la incertidumbre y que es capaz de concebir la organización. Que es capaz de religar, de contextualizar, de globalizar, pero, al mismo tiempo, de reconocer lo singular y lo concreto.
4. ¿ESTAMOS EN UN TITANIC?
Hay dos conceptos de desarrollo. El concepto que fue usual durante muchos años era la idea de que el desarrollo tecno-científico, económico, basta para remolcar, como una locomotora, los vagones de todo el tren del desarrollo humano, es decir:
libertad, democracia, autonomía, moralidad. Pero lo que se ve hoy día es que es un hecho que estos tipos de desarrollo han traído muchas veces subdesarrollos mentales, psíquicos y morales.
Es evidente que el problema fundamental es el desarrollo humano, que debe ser un concepto multidimensional. Hay un concepto promedio, el concepto enmendado del desarrollo únicamente técnico. Fue, en cambio, la idea del desarrollo sostenible la que introdujo la idea del porvenir del planeta, del porvenir de los seres humanos, y también la necesidad de la salvaguardia vital de los humanos, que es una consideración ética.
Debemos ver, ante todo, eso que resulta del desarrollo técnico-económico.
Muchas veces fue el individualismo, en el sentido de pérdida de las solidaridades tradicionales; el egocentrismo, que también destruye y olvida las solidaridades, y que se consagra únicamente a su propio interés; la pérdida de muchas aptitudes polivalentes del ser humano por la hiper-especialización de cada persona, la pérdida de muchas facultades por la adaptación y para enfrentar su destino.
Se puede decir también que un cierto tipo de alfabetización no consistió solamente en el hecho de enseñar el lenguaje, de enseñar cultura, sino que se caracterizó también por el hecho de rechazar, de despreciar culturas orales multimilenarias, que no sólo tenían supersticiones, sino también saberes y sabidurías.
En este desarrollo, tal como podemos verlo en los países llamados desarrollados (o más desarrollados), se produce la disminución del sentido de la responsabilidad personal, y también muchas más cuestiones contraproducentes, como lo decía hace treinta años Ivan Illich, en todos los sectores: la polución urbana, la burocratización de las actividades, la hiperespecialización de la medicina que olvida las personas, todos los defectos, y enfermedades de la vida cotidiana.
La incapacidad profunda de estos tipos de desarrollo es que están basados únicamente en la cuantificación, el cálculo, y consideran el bienestar humano únicamente en términos cuantitativos y monetarizados. No se ven los problemas de las calidades de vida, y la calidad misma de la vida, que escapan a la cuantificación.
Sabemos, por ejemplo, que un tipo tradicional antiguo de agricultura familiar polivalente era una economía que permitía subsistir con un pequeño sector monetarizado para los intercambios. ¡Es una vida menos grotesca que la vida de una persona que se encuentra sin dinero en los asentamientos, tiendas de campaña provisionales, en un mundo totalmente monetarizado!
Se puede decir entonces, que el desarrollo, en el sentido únicamente técnico y económico, provoca el agravamiento de las dos pobrezas -la pobreza material para tantos excluidos, y también una pobreza del alma y de la psique-.
Desarrollo humano significa entonces integración, la combinación, el diálogo permanente entre los procesos tecnoeconómicos y las afirmaciones del desarrollo humano, que contienen, en sí mismas, las ideas éticas de solidaridad y de responsabilidad.
Es decir que hay que pensar de nuevo el desarrollo para humanizarlo. ¿Cómo
inyección de vitaminas en un cuerpo enfermo. El problema de la ética es que debe encontrarse en el centro mismo de este desarrollo.
La ciencia, la técnica y la economía están fundadas en el hecho de su aislamiento de la ética. Pensemos en la ciencia y sus orígenes. El desarrollo de la ciencia occidental, a partir del siglo XVII, necesitaba la eliminación de la ética, y sólo salvaguardar la única ética de conocer por conocer. ¿Y por qué debía hacerse esta eliminación? Porque en el siglo XVII y en los primeros siglos de la ciencia, ésta debía plantear su autonomía frente a los grandes poderes teológicos y políticos, y la ciencia debe tener únicamente juicios de hecho y no juicios de valor.
Pero en dos o tres siglos cambiaron totalmente las perspectivas, porque la ciencia y la técnica pasaron de la periferia de la sociedad al centro de la sociedad. De un papel auxiliar a un papel de motor, de la debilidad a los poderes gigantes hoy día muy bien conocidos de la energía nuclear y de las manipulaciones biológicas.
Ahora se plantea entonces el problema contrario al del siglo XVII: la necesidad de regular y de controlar éticamente la ciencia.
¿Pero cómo? Como no bastan los comités que tanto se multiplican en la actualidad -como los comités de bioética-, es necesaria una regulación ética con ayuda de la política. Pero sabemos muy bien que en la actualidad hay una disyunción entre ciencia, ética y política. El problema es muy grave, porque ahora debemos buscar acercar estas tres instancias, y además hoy en día no bastan regulaciones únicamente nacionales. Puede prohibirse en alguna nación como Francia el cultivo de células embrionarias con finalidades médicas. Pero ello está autorizado en Gran Bretaña y en los Estados Unidos. No basta regulación como control en algunos países. Se necesita entonces una regulación en el nivel planetario. Pero no existe hoy la instancia planetaria capaz de hacer estas regulaciones, porque falta una autoridad de este tipo a ese nivel.
La cuestión de la técnica es muy bien conocida. La polivalencia de la técnica desde la prehistoria, donde la posibilidad de hacer instrumentos para el trabajo daba al mismo tiempo la posibilidad de hacer armas para matar. Pero hoy el desarrollo de las máquinas, de la técnica, no es únicamente un desarrollo que tiene la posibilidad de domesticar las energías físicas y de la naturaleza al servicio de los humanos; es también un desarrollo que ha domesticado los humanos al servicio de las máquinas -es decir, a obedecer a la lógica de las máquinas, que es la hiperespecialización, la cronometrización, y el mecanicismo o determinismo mecanicista-. Hoy nuestras sociedades tienen una mentalidad muy bien adaptada para controlar y para conocer las máquinas artificiales, pero que no sirve para controlar y para conocer a los seres humanos. Porque los conocimientos que se basan únicamente en la cuantificación y el cálculo no pueden conocer lo que significa la vida, es decir la pasión, el amor, el sufrimiento, todos los rasgos subjetivos de la Humanidad. La objetividad cuantitativa no conoce lo real, conoce sólo la parte superficial de lo real.
Si además vemos ciencia, técnica, economía y beneficios como los cuatro poderosos motores del porvenir humano, vemos también que no existe tampoco la regulación económica necesaria, sobre todo en el mercado mundial actual, que se ha desarrollado desde los años noventa. Tenemos la lógica de la rentabilidad, una lógica que produce las poluciones tan frecuentes, que constituyen un peligro para todo el planeta. La única gran profecía de Karl Marx fue la idea de que la mercancía va a reemplazar todas las relaciones humanas. Ya no son únicamente las relaciones humanas, las relaciones biológicas también, porque los genes -la vida misma- se han convertido en mercancías, en algo que se puede vender; se puede hacer de los genes una propiedad privada.
Si vemos todos estos problemas, podemos decir que estamos en un Titanic planetario, con su "cuatrimotor" técnico, científico, económico y de beneficios, pero no controlado ética y políticamente. ¿Dónde encontrar posibilidades para estas
segunda hélice de la mundialización; debemos abandonar la metáfora del cuatrimotor para tomar una nueva metáfora: la de una doble hélice.
La primera hélice -muy conocida- es la hélice que impulsó la mundialización comenzada a fines del siglo XV, con la conquista de América. Un proceso que continuó con la colonización, con la esclavitud, con la conquista, con el lucro. Es el fenómeno de la dominación. Y, al mismo tiempo, hay una segunda mundialización, que le es antagónica y también inseparable.
La segunda mundialización empieza con Bartolomé de Las Casas, que afirmó que los indios de las Américas tenían una personalidad humana, cosa que era negada por los teólogos católicos españoles. Se continuó con Montaigne, que decía que otras civilizaciones aparte de la occidental tienen sus valores.
Se continuó con las ideas nacidas en el mundo mismo de la opresión, que fue el Occidente europeo: ideas de las libertades personales; las ideas universalistas y humanistas que llevaron a la abolición de la esclavitud; los procesos de promoción de los derechos de los hombres y mujeres, los procesos de descolonización; la difusión de la democracia, y hoy en día la conciencia ecológica, es decir, de una comunidad de destino humano y del planeta.
Esta segunda mundialización tiene en sí misma una fuerza, un motor de responsabilidad y de solidaridad. Es la conciencia también y el sentido de la comunidad de destino: comunidad de destino planetario -evidente-, pero también de continentes. Tenemos una comunidad europea. Se debe discutir, se debe desarrollar el sentido de la comunidad de destino latinoamericano.
Esto es la conciencia, porque no se pueden adelantar las cosas sin la inteligencia y la conciencia que pueden introducir la ética y la política, los partidos políticos y el
desarrollo humano al desarrollo económico; debemos invertir esto y subordinar el desarrollo económico al desarrollo humano.
Ese es el papel ético fundamental. No debemos ser simples objetos en este Titanic sin piloto, sino que debemos cambiar y ser sujetos de la aventura humana.
5. ¿PODREMOS VIVIR JUNTOS?
Fragmento del libro
"Podremos vivir juntos", Alain Touraine
Las informaciones, como los capitales y las mercancías, atraviesan las fronteras.
Lo que estaba alejado se acerca y el pasado se convierte en presente. El desarrollo ya no es la serie de etapas a través de las cuales una sociedad sale del subdesarrollo, y la modernidad ya no sucede a la tradición; todo se mezcla; el espacio y el tiempo se comprimen.
En vastos sectores del mundo se debilitan los controles sociales y culturales establecidos por los estados, las iglesias, las familias o las escuelas, y la frontera entre lo normal y lo patológico, lo permitido y lo prohibido, pierde su nitidez. ¿No vivimos en una sociedad mundializada, globalizada, que invade en todas partes la vida privada y pública de la mayor cantidad de personas? Por lo tanto, la pregunta planteada, "¿podremos vivir juntos"? , parece exigir en primer lugar una respuesta simple y formulada en presente: ya vivimos juntos. Miles de millones de individuos ven los mismos programas de televisión, toman las mismas bebidas, usan la misma ropa y hasta emplean, para comunicarse de un país a otro, el mismo idioma. Vemos cómo se forma una opinión pública mundial que debate en vastas asambleas internacionales, en Río o en Pekín, y que en todos los continentes se preocupa por el calentamiento del planeta, los efectos de las pruebas nucleares o la difusión del sida.
¿Basta con ello para decir que pertenecemos a la misma sociedad o la misma cultura? Ciertamente no. Lo característico de los elementos globalizados, ya se trate de bienes de consumo, medios de comunicación, tecnología o flujos financieros, es que están separados de una organización social particular. El significado de la globalización es que algunas tecnologías, algunos instrumentos,