MOMENTO V
TEORÍA SISTÉMICA DE LA GESTIÓN DEL RECONOCIMIENTO
A menudo sucede que desde la perspectiva humana, pueden gestarse formas diversas de ver la naturaleza infinita del conocimiento a partir de las distintas disciplinas o saberes construidos por grupos sociales, estos últimas afianzan su caracterización a través de la forma como perciben el mundo dentro de un ámbito plural pero muy suyo. Es así como se construyen realidades que denotaremos como imaginarios sociales, por ser representaciones de percepciones que contienen elementos culturales en los que se encuentran asideros científicos, pero que terminan convirtiéndose en la verdadera lucha de poder de los grupos en los que se desenvuelve un conjunto de personas que comparten características comunes desde la interacción social.
Para la develación de la teoría emergente de la que formé parte como sujeto involucrado y vivenciador de mi propia experiencia desde la educación como trampolín hacia la gestión y plasmado en esta investigación, se cuenta como grupo protagonista con los enfermeros que eligen una forma de vida desde la academia, involucrando la gestión dentro de la estructura pre diseñada de sus bases teóricas, para impactar escenarios de la educación superior y apropiarlos como nichos de reconocimiento social que apalancaron los procesos de gestión en organizaciones educativas.
Por lo anterior les invito a adentrarse en el maravilloso mundo de una disciplina, con carácter profesional holístico y de gran envergadura social 184
pero rodeada de una historia de inequidad que ha sido la causante de muchas de las cadenas de desigualdad que provoca caminos de invisibilización y que a su vez es la oportunidad esperada desde la autogestión, como estrategia vinculante a la consecución de metas colectivas que otorguen el poder que requiere la profesión de enfermería en cualquier escenario de transformación social donde se propicien espacios para evidenciar las competencias desde un perfil diversificado, con proyección hacia la internacionalización permanente de las herramientas de la gestión como arma indisoluble al conocimiento estructurado desde la academia.
Empezaré diciendo que cuando un individuo pretende alcanzar el reconocimiento en cualquier escenario desde donde se le vincule, propicia su búsqueda a través de escenarios que lo inserten de manera social y pueda tener una afinidad por grupos que comparten intereses comunes de aprendizaje que más tarde se constituyan en verdaderas herramientas potenciadas de su futuro perfil. Es claro que el acceso a la educación superior brinda un posicionamiento y un Status social para cualquier persona, porque es este el momento donde se apuesta a la profesionalización y con ello a crear redes de acción desde el conocimiento como el arma más poderosa para combatir cualquier lucha de inequidad tan presente hoy en la sociedad.
En el caso particular de los sujetos inmersos en la investigación, se destacan la existencia de influencias creadas desde la niñez en torno a la escogencia de una profesión; con la cual hay una experiencia vinculante presente para estrechar una afinidad por lo menos de aproximación al contexto de lo que se descubre a posteriori y que en su mayoría no vislumbra desde la época de la iniciación universitaria, pero que pudiera estar influenciada desde lo cultural, lo aprendido y luego transmitido por figuras cercanas como los padres, los amigos, o las mismas experiencias
favorables o traumáticas que resultando de impacto conducen a la propiciación del encuentro con un mundo donde se incursiona en la academia.
Sin embargo, desde lo anteriormente citado y teniendo en cuenta que el conocimiento del individuo no es algo fragmentado sino por el contrario resulta siempre integrador, la vocación profesional y en particular la de la enfermería está más cercana al contacto con el afrontamiento de la realidad de una disciplina que tiene una caracterización desde el ser en la esencia de la humanización porque está ligada al cuidado mismo desde la mirada de la profesión.
Está regida por un cuerpo teórico de postulados del saber, asentados sobre un proceso de enfermería , lo que denota que se articula con el saber como su base más sólida , finalmente el saber hacer es la puesta en marcha que conlleva a la acción, basada en la fundamentación, por lo que cualquier rol que se desempeñe desde la enfermería tiene incurso una mirada bajo el ciclo de la planeación, la ejecución, la evaluación y el control , toda vez que extrae su naturaleza del proceso mismo de enfermería, que casualmente recoge los aspectos que le otorgan basamento y para el que se requieren la necesidad de una valoración, planeación, análisis, ejecución y evaluación del cuidado.
Otro aspecto que destaca es la necesidad de contar con la interacción de otras áreas de formación lo que la convierte en una disciplina social abierta a la aceptación y complemento con otros saberes, con reiterado sentido humanista pero más allá de ello, equilibrada desde la formación misma en las escuelas de profesionalización, por lo cual se advierte su clara influencia desde la gestión.
El sentido de no poder hallar una línea divisoria entre el cuidado y la gestión obedece a que el enfermero fundamenta su línea epistémica en lo procesual, condicionado tal vez por las mismas influencias de régimen matriz de donde procede la enfermería, donde históricamente está vinculado a los escenarios de mayor estrecho vínculo con el poder y los procedimientos como han sido denotados la milicia y el contexto educativo precisamente este último escenario de nuestra revisión teórica y donde también se aprecian caminos de lucha permanente del reconocimiento.
Profundizando un poco más en esa necesidad de reconocimiento, se establece que la autonomía por el defender los territorios del conocimiento, se van gestando unos elementos propiciadores del mismo, de lo anterior surge el amor a la profesión porque se generan los apegos a la misma, cuando se empieza a creer en el objeto de formación y que aunado a ello se viven experiencias revitalizadoras que conducen a la recompensa expresada desde lo moral pero que hoy día con las transformaciones de la profesión reclama la dignificación a gran escala incluida la compensación económica , tratamiento igualitario, poder político y posicionamiento gerencial.
Pero es claro que para que se dé el reconocimiento los enfermeros ha auto gestionado desde muchos escenarios al mismo, porque consideran que los espacios se ganan en la academia con un elemento fundamental y es la producción intelectual, esta última arma contundente para la visualización y como fue narrado por el informante clave No 5 “Para ser reconocido se requiere un locus externo”, si la gente no sabe lo que se hace en enfermería no se es reconocido.
Desde esta percepción sentida por una enfermera que participa de la académica, se compara a la enfermería con el mundo de la actuación, donde los protagonistas tienen unos rasgos que provocan identificación con el
público que los ve, no sólo por las bondades que se transmiten, sino por la influencia que se ejerce desde el papel que se representa, mostrados desde un canal de acceso masivo, así mismo es el llamado a la producción del conocimiento enfermero desde escenarios compartidos y sólidos asociados a la naturaleza de su método.
La comunicación en el mundo de las relaciones aporta significativamente un provecho colectivo, porque es el medio de mayor impacto, sobre todo cuando se habla de ciencia y disciplina, ambos ligados a la profesión. Es precisamente en este ámbito donde el enfermero debe trabajar la comunicación asertiva, a través de la búsqueda de los medios masivos como canales efectivos para transmitir lo que se hace y sobre todo cómo se hace, desde las tecnologías de la información y la comunicación, se persigue alejar la opacidad creada desde las mismas relaciones coetáneas que son distantes y poco favorecedoras de mostrarse como una fuerza productiva gestora de cambios en un cuerpo sólido de conocimientos.
Más allá de ello, el capital relacional como componente estructural de la gestión afianza la credibilidad y el respeto, con basamento ético cuando se trata de la toma de decisiones, dentro de las jerarquías que se ocupan, de tal suerte que no se perpetúen los hechos de desvalorización de la profesión histórica del que tanto profesamos queremos desvincularnos y precisamente no se susciten dentro de las mismas coetáneas que ocupen cargos de poder en escenarios académicos.
Las relaciones construidas en la academia guardan significancia estricta en la memoria de los actores, toda vez que están ligadas a un crecimiento moral, espiritual y profesional, casi todos encontramos nuestro mejor amigo en la universidad o vemos un patrón de identificación con el que un día fue un líder digno de emular, estos son los denominados maestros en toda la
expresión de la palabra. Los extremos del favorecimiento por el colegaje, son inaceptables ya que deberán primar las competencias a cualquier escala organizacional dentro de los procesos de reclutamiento de talento humano.
Un elemento que impregna reconocimiento es la justicia y la equidad, aspecto del cual se aprecia ha carecido la enfermería, evitando la discordancia entre la historia de un oficio que se transforma en profesión por sus cuerpos colegiados con un asidero científico y legal en la Ley 266 de 1996, por la cual se proclama a enfermería como profesión, carente de visión en prospectiva hacia lo que constituían barreras que para la profesión y en particular desde la gestión impidiendo llegar a escenarios de poder gerencial en propiedad, bajo las mismas condiciones que cualquier otro profesional.
Se considera que los enfermeros son insustituibles en los ambientes sanitarios, destacándose competencias potenciadas desde la atención primaria, toda vez que no existe ninguna otra profesión dentro del sistema que tenga tantos elementos comunes con la humanización, pero no aquella que promulgaba Florence Nightingale en las épocas de guerra de Crimea en 1853, mucho menos aquella humanización y sentido de entrega sin recompensa que parte de la vertiente de la religiosas de la época.
Es la visión de la enfermería que posee unos elementos dinamizadores para el reconocimiento, desde la profesionalización, profundización y la gestión del conocimiento que se extrapola al sector productivo y que yace hoy con gran fuerza en la academia, vigorizando las unidades académicas, más aún hoy se habla de la conquista del enfermero en la dirección de las organizaciones, apreciar la vivencia del reconocimiento moral en la mayoría por inequidades creadas deben ser la oportunidad de trabajo de la gestión de un reconocimiento por méritos .
Desde el análisis categórico y por su puesto de la triangulación de los datos se encontraron incursos las tres dimensiones vinculadas al reconocimiento y expresadas por Honnet (2004, c. p. Fernández y Vasco, 2012: 468 p.) donde recoge dentro de una línea de tiempo que las dimensiones del mismo son el Amor, La ley y el logro. Visto desde la realidad expuesta por el grupo de enfermeros coincido de manera absoluta y consonante, puesto que el amor es el elemento de motivación que incita al ser a buscar la inclusión en el grupo social que para este caso es el aspirante de enfermería y su descubrir vocacional, la manera como lo siente y lo apropia desde el saber de su disciplina y lo ejecuta desde cualquier perspectiva de su práctica siempre creadora y apalancada en las herramientas que le otorga la gestión.
En torno a la justicia o la ley, está expresada en los sentimientos de subyugación y la falta de trabajo igualitario en los escenarios donde se vincula la enfermería, para este caso en esta investigación la legislación tanto sanitaria, como en campo educativo aún no han sido congruentes con el cambio histórico que se promovió a partir de la profesionalización de la enfermería entrando en discusión: la compensación asignación salarial por producción y profundización del conocimiento que tiene un enfermero en relación con la compensación económica; el ejercer funciones académicas en carga horaria igualitaria con otros profesionales, la sobrecarga de tareas no inherentes al puesto desempeñado afectando la ergonomía cognitiva.
Más allá de este tipo de cuestiones económicas que pudieran resultar importantes, no se deja de lado el sentimiento de frustración ante la falta de reconocimiento moral, cuando la imagen se desdibuja de manera errónea se provocan daños irreparables porque son barreras que estigmatizan, siendo transmisibles de generación en generación.
En el caso del análisis que se hace desde las unidades académicas como es el caso de enfermería y Medicina, se encuentra el papel del profesor que como ícono del conocimiento profundo, a través de la comunicación en la dinámica académica transmite que su papel en el sistema sanitario está en una posición privilegiada como fue mencionado por el informante Número 6 al expresar que “el médico por estar en la punta del iceberg y el ordenamiento como actividad propia de esta profesión está sujeto quizá a mayor salario”; lo que posteriormente y de la manera como lo apropie el estudiante desde su vida académica es introyectado para perpetuar un clima enaltecimiento de su profesión , invisibilizando el de la enfermería y sujetándola al hecho que si en la eventualidad se presentara un error desde la parte médica afecta finalmente al paciente, a la vez si este se produce en relación con la gestión del cuidado sería menos grave o no tendría impacto.
Elevando esta misma situación desde lo académico la participación del enfermero desde la gestión académica es altamente reconocida, a la vez se percibió de este mismo informante clave en cargo de alta gestión que las enfermeras de su equipo en el área clínica están impedidas para ser pares de médicos en competencias clínicas desde lo académico porque su formación no lo permite. Frente a lo anterior el informante No 6 menciona literalmente que “Para mí la enfermera tiene saber científico, el cincuenta por ciento de las competencias del médico general, el otro cincuenta por ciento le falta por diagnóstico y tratamiento.
Pero de lo anterior se establece que es precisamente desde este escenario de formación de donde se debe acudir al rescate de la autonomía, el verdadero rol de enfermería igualitaria, potenciada por sus saberes los cuales tienen relación y asidero científico no solo en lo disciplinar, sino en competencias humanísticas articulándose su saber enfermero con
elementos de la didáctica y el aprendizaje adquirido por formación posterior a su pregrado.
Esta experticia le permite participar en los órganos asesores como consejos académicos y comités curriculares, toda vez que el currículo es un todo donde el conocimiento no se disgrega en una sola disciplina que para el caso de la medicina y la Facultad que como unidad tiene enfermeras en cargos de gestión y docencia fluye de la pertinencia de un saber profesional complementado con la formación maestral y doctoral en la línea de conocimiento afianzado.
Partiendo de la visión que le imprimió Honneth en torno a las esferas del reconocimiento, cuando distinguió que el reconocimiento que le corresponde sería el que pueda ayudar al individuo a lograr su autoestima. “(…) una relación de aprobación solidaria para formas de vida alternativas; en esta relación se encontrarían los sujetos, con sus características individuales, como personas individualizadas a lo largo de su biografía personal, el reconocimiento recíprocamente alentador” (Honneth, 1992, p. 86).
Como se ha tratado en apartes anteriormente citados hay un continuo desafío en las estrategias de lucha que históricamente se han gestado para lograr la identidad profesional de enfermería, sesgada por un conjunto de hechos históricos que rodean su naturaleza como profesión; no obstante queda claro que desde las décadas de los años sesenta con la teórica Falle Addellan al introducir 21 problemas clínicos de un paciente, que toman auge en los años ochenta y noventa para la enseñanza ya más profunda y estructurada de este instrumento de cuidado que le otorgó el posicionamiento disciplinar que tanto se había esperado en décadas anteriores. Reina y Carolina (2010).
Podríamos pensar entonces qué relación tiene el proceso de enfermería y el tema que nos ocupa en lo que respecta a la gestión del reconocimiento, soportado en la profesión misma. Pues bien podría contestar que tiene todo que ver ya que esta herramienta científica propia de la enfermería es el tesoro más valioso desde el desarrollo de la ciencia basado en la rigurosidad de una metodología investigativa, aplicable de manera individual a cada ser humano en condición de salud y enfermedad , que tuvo en cuenta no solo los diagnósticos enfermeros reales sino potenciales, pero donde viene a relucir nuevamente un rasgo intrínseco de la gestión y es el seguimiento a un proceso sistemático definido , propio de aquel que se utiliza en la administración cuya naturaleza resulta más general y aplicable a otras áreas.
(Ver Figuras 3 y 4).
Figura 1: Modelo del proceso de Enfermería Figura 2: Modelo proceso Gerencial.
Fuente: Reina (2010). Fuente: Schermerhorn (2009).
De lo anterior se deriva la responsabilidad de los profesores en cualquier escenario de desenvolvimiento, incluso por fuera de la academia son modelos de gestión permanente, de allí que en los focus Group informante número 8 mencionan algo similar al expresar que: “Nos proyectamos y nos identificamos con algunos docentes, ellos nos motivan a saber que sí
pudieron alcanzar ese status, nosotros también y es una forma de quitarnos ese pensamiento donde siempre debemos estar por debajo de los demás”.
“La enfermera/o debe promover un liderazgo efectivo en la gestión de los equipos de trabajo de su dependencia, para ello debe proponer programas de evaluación y mejoramiento continuo del cuidado de enfermería. Se espera también que exista una integración docente asistencial para así incentivar la investigación en el ámbito de la gestión del cuidado”. (Subsecretaria de Redes Asistenciales 2007 cp. Rodríguez y Paravic 2011 249p.).
Las anteriores consideraciones dejan un nuevo paradigma desde la oportunidad de gestión de enfermería como ámbito de incursión que asocian la gestión comprendida desde las Facultades que empoderan y preparan a sus estudiantes con herramientas administrativas, para promover una práctica asistencial donde la reducción de los costes es tenido en cuenta, así como la disminución de los márgenes de error en torno a la deshumanización del cuidado, resultantes de la aplicación inadecuada del proceso mismo de gestión .
Este último es permeado por la calidad como atributo, la eficiencia y la cientificidad, abriendo oportunidades en el sector productivo para el direccionamiento estratégico del sistema sanitario. Esto ya es posible y de hecho se habla ampliamente que es más un debate de poderes que una realidad que una relación con perfil insuficiente de enfermería para ocupar cargos de alta gestión.
Aquí se denota una característica de la gestión eficiente expuesta en su entrevista por es Consejero Sanitario en España (Informante No 7), cuando exponía la importancia de la profesionalización de la gestión en donde el profesional de enfermería ya no debe ser mirado desde su disciplina de
formación sino desde la experticia del conocimiento profundo de la administración, la aplicabilidad de las herramientas gerenciales , la evidencia de la efectividad de su participación transformadora de cualquier tipo de organizaciones.
El consejero afirmó en su entrevista que: “La enfermería está capacitada para dirigir centros de salud, para poder ser gerente de un hospital, por eso tengo que recordar que en Madrid no hay carreras inferiores ni superiores, esto ya no existe recordando los grados de formación por pacto de Bologna……. Ahora bien, hay un máster que tiene que hacerlo el médico con 6 años de carrera o bien la enfermera con 4 y algo más, después serán doctores como grado que otorgan las Universidades y no la profesión.
Resultó reafirmante que el reconocimiento es gestado desde el conocimiento mismo. Las Facultades que forman enfermeros deben aportar en sus currículos elementos que permitan impregnar al estudiante de la necesidad de la formación para ganar este posicionamiento, pero que es algo que parte de la voluntad misma de nacer hacia la ciencia y “reivindicar a la enfermería con el contexto de un imaginario errático que debe gestionar el enfermero según sus intereses”. Rodríguez y Brito (2013 pág. 1.)
Algunos aspectos que podría acotar a las Escuelas de formación de enfermería y que precisamente en la institución de educación superior escenario de esta investigación, es que se abren la luz en el sendero de la autogestión del reconocimiento con las siguientes aristas: El trabajo en equipo con los gremios desde las etapas iniciales de la formación enfermero, pudiendo ser el establecimiento de redes de conexión académica estudiantil, la movilización profesional, la homogenización de competencias y el trabajo autónomo desde equipos especializados en líneas de gestión del conocimiento enfermero.
El modelo curricular propuesto por competencias en Latinoamérica, ha venido siendo adoptado en este escenario y surge a partir de las competencias del Proyecto Tunning en Europa, lo anterior subyace como una forma de garantizar esfuerzos para que el sector productivo encuentre un atractivo en el profesional de enfermería que además de hallarlo competente, lo perciba integrador y sea capaz de demostrar su saber hacer en cualquier área geográfica del mundo; esto podría impactar en la reducción de brechas de inequidad creada entre enfermeros formados en países en desarrollo con las enfermeros que tienen oportunidades laborales en grandes potencias mundiales.
Adentrándonos un poco en la percepción de la falta de autonomía enfermero entre todos los informantes claves y ya que hablamos de ser competentes percibo a la autonomía como condición fundamental del desarrollo del ser, esta última categoría emergente del reconocimiento que se asoma dentro del concepto de la gestión, como el elemento reclamante de la capacidad de actuación, ajustado a las reglas morales de la convivencia sana, más no por ello castigadora ni transferible o sometida a deseos insanos de quienes desean alcanzar propósitos a través del sometimiento y la pérdida del “yo”, porque somos seres sociales que poseemos sentimientos de apego a la familia a la vez esperamos siempre un vínculo recíproco de las organizaciones para las cuales nos potenciamos en el día a día.
Frente a este hecho el informante No 5 expresa que “Soy un referente para muchas cosas, si lo siento así… pero que sienta que me valoran verbalmente no lo siento, en esta universidad no. Las actividades que yo realizo en mi casa porque aquí no me alcanza el tiempo, yo le quito tiempo a mi familia por las funciones que yo tengo aquí “.
En palabras de Rosete (2009), la subordinación y la desigualdad generan
en toda persona sentimientos de hostilidad y frustración, que en cualquier momento surgirá, y una de las formas más frecuentes, es el carácter autoritario, donde el sadismo y el masoquismo están presentes. El autoritario es la persona que es fuerte ante el débil y débil ante el fuerte, rasgo de carácter presente en la mayoría de las enfermeras.
Uno de los retos de la gerencia moderna es contemplar que el talento humano requiere vincular sus procesos afectivos, estructurarse mentalmente para estar dispuesto a producir, de tal manera que su labor sea concebida como lo suficientemente importante para sentir entrega y creer en lo que hace, más aún cuando se aprecia al ser humano como desde la complejidad, que en la opción epistemológica del desarrollo está deseando siempre conservar su libertad como fuente de poder, que en palabras de Balza (2009, 35p.) expone que la complejidad como opción epistemológica constituye un desafío intelectual propiciador de los nuevos juicios tendientes a la reflexión permanente para comprender la realidad que cada quien percibe como suya.
Adentrándonos en esta realidad que es percibida desde dos ámbitos plurales, en el que cada ser humano concibe como real y el que es vislumbrado por la sociedad a partir de la delegación permanente de vivencias y estructuras vinculadas a un pensamiento del que se toman elementos que propician las realidades sociales, se encuentra que la profesión de enfermería no escapa de ello; se aprecia desde las mismas Facultades de enfermería una dominancia del género femenino en el acceso que durante la búsqueda del perfil de ingreso, trae unos temores infundados por el propio varón que teme a un cuestionamiento de su labor por su género.
Dentro del focus Group (Informante No 8), se relatan experiencias previas
a la formación en estudiantes varones “Por parte de mi grupo no siento no sentimos estigmas pero si por parte de otras personas, ellas tienen otro enfoque, piensan que esta carrera es exclusivamente de mujeres, entonces cuando ven a un hombre estudiando pueden creer que es “gay”, esto se debe al poco conocimiento que tienen de la carrera”.
Persiste el hecho al que se ha hecho alusión durante toda la investigación el conocimiento atribuido a un ente, cualquiera que sea persona u objeto, es finalmente lo que provoca una concepción mental estructurada para lograr la inclusión dentro del mundo social distinto a la de sus coetáneos, por ello es precisamente desde este escenario educativo, donde es clave hallar ese punto de encuentro con la realidad vivenciada para que se reclamen los derechos propios de la equidad. Incluso se encuentran asociaciones epistémicas desde lo espiritual porque se logra la aceptación dentro de los grupos cuenta de ello ofrece esta postura proveniente de un varón enfermero que aún se desenvuelve en un ambiente académico. “Para mi más que una ventaja, fue una verdadera bendición porque de no haber ingresado no habría podido saber lo mucho que en esta profesión se puede hacer”.
Los estigmas sociales han perseguido la historia de la enfermería, afectando de manera directa su identidad global, por eso aquí surge desde la teorización que motiva este estudio, una necesidad de la gestión de la misma la cual se construye y se afianza a través de: la autogestión, La formación personal a través de escuelas de enfermería, la visión crítica frente a los paradigmas del saber disciplinar, la autoconfianza, la participación en escenarios de cambio, la proyección de la imagen del que sólo el enfermero es responsable y será juzgado con aspectos de molaridad y ética social.
Cuando en una profesión como la nuestra se estigmatiza socialmente, los modelos estereotipados que en el caso del varón en relación al género es
una percepción desde el imaginario que señala escaza virilidad, marca un sello de señalamiento y provoca ocultamientos de rol como mecanismos de protección y preservación; no obstante, en la simbología de uso de las enfermeras la estereotipación en relación a su vestido , vuelve a revivir la oscuridad que vivió la enfermería hace un siglo, convirtiéndola en objeto de violencia tanto doméstica como sexual y hoy los medios masivos la promueven de esta forma, siendo un traje erótico que aunque desdibujado es el ampliamente apetecido por quienes se lucran de este tipo de actividades productivas como lo es el comercio sexual.
El ser visibles ante el mundo entero como profesión marca un camino hacia la investigación profunda de los cambios de paradigma del enfermero llamado a participar como actor principal en las organizaciones para ser gerente social, cualquier contexto será propicio para redefinir el marketing ´ personal de enfermería, denotando que estamos en la era del reconocimiento y la redistribución que mencionó Fraser y honnet (2006), aunque los caminos hacia la redefinición de nuestra realidad sean aún largos son también muy alentadores y para ello se señalan dos caminos propuestos por Rodríguez y Brito (2013, pág. 2): Uno es si es posible el acercamiento a los pacientes, de esta forma se logrará tener contacto con experiencias basadas en evidencia para abordar trabajos de investigación que revelen la cientificidad robusta , aprovechando la fuerza de los ensayos clínicos como forma de demostrar resultados.
Cuando se hable de enfermería no debería existir temor de pronunciar estas diez letras que connotan a una profesión y si se quiere reiterar la profundidad de su saber en el contexto global debería ser posesionada desde la misma alcanzando grados de maestra y doctora, dentro de la sociedad incluida la academia hemos permitido que se nos autodenominen
“Jefecitas” al llegar al último semestre, Jefes en los servicios de enfermería,
pero en última instancia enfermeras jefes para distinguirnos de una auxiliar de enfermería, lo cual es persistente en una desigualdad desde la caracterización poco realista.
Nuestra verdadera identidad está vinculada a lo que hacemos, por ello en este contexto educativo se expresaron voces de rechazo a un falso poder de jefes cuando se ejerce una maravillosa tarea que vincula el arte de compartir experiencias desde el conocimiento y cuya riqueza es indistinta independientemente de la Unidad académica o nicho de desarrollo de las potencialidades laborales, la academia invita a ser maestro y a sentir el olor a progreso científico.
Siguiendo a los autores anteriormente mencionados exponen que ya está bien de una denominación profesional cargada de caracterizaciones poco realistas aquí describimos algunas de las encontradas en el grupo de informantes claves y las razones por las cuales no se desvirtúan las mismas.
“Los estudiantes me llaman doctora porque trabajo en una Facultad de medicina pienso, mis compañeros me dicen por mi nombre si existe una relación más cercana, jefe casi el común denominador, jefecita cuando necesitan un favor especial, o por cariño, profesora es más ligado a los cursos de los estudiantes de enfermería, seño es casi siempre una denominación de los auxiliares de enfermería o de los estudiantes en niveles iniciales de la carrera”. (Informantes 1, 5, 8,10).
Dentro de las sensaciones de agrado desagrado o indiferencia se encuentra que las informantes de mayor experiencia se sienten identificadas con la palabra maestra, en ella encuentran profundidad de formación, además status y valor social, de hecho entonaban con voz fuerte al referirse a la misma, seguidamente para quienes tienen formación doctoral esta connotación de doctora les es agradable pero no mayor a la de maestra,
finalmente la mayoría rechaza la denominación de jefe en un escenario educativo, pero manifiesta que la estructura neuronal parece estar condicionada a asociar este calificativo desde el asistencialismo y que cuando se traslada a la academia es ya una respuesta casi que automática de asociación al llamado.
Elementos Dinamizadores Elementos Invisibilizadores
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en Gestión Participación y Representatividad
legal - Historia
-Profesionalización.
- Dualidad, Poder, Visibilidad
Imaginario Intraprofesional
Figura 3: Modelo de Gestión del Reconocimiento Enfermero Fuente: Andrade (2016).