Estudio Longitudinal de la Influencia del Bienestar Subjetivo y de la Soledad sobre
Aspectos Relacionados con la Salud
Madrid, 2019
Tesis presentada por:
Natalia Martín-María
Para obtener el grado de Doctora en Psicología Clínica y de la Salud con Mención Internacional por la Universidad Autónoma de Madrid
Dirigida por:
José Luis Ayuso Mateos
Marta Miret García
Longitudinal Study of the Influence of Subjective Well-Being and Loneliness on
Health-Related Outcomes
Madrid, 2019
Ph.D. dissertation presented by:
Natalia Martín-María
To obtain the degree of International Doctor in Clinical and Health Psychology by Universidad Autónoma de Madrid
Under the supervision of:
José Luis Ayuso Mateos
Marta Miret García
Las tres edades de la mujer, 1905. Gustav Klimt (1862-1918)
“Atardecer otoñal. La soledad también es bienestar”
Yosa Buson (1716-1784), maestro del Haiku (poesía breve japonesa de diecisiete sílabas)
“¿Qué es la soledad? – pregunta el Principito – Es un reencuentro consigo mismo y no debe ser motivo de tristeza, es un momento de reflexión”
Le Petit Prince, 1943. Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)
Para todas aquellas personas que en algún momento confiaron en mí y para las que lo hacen sin todavía darse cuenta, Luca y Lía.
A mi madre y a Jose.
La Princesa. Lo que parecía un trabajo de tres meses se mantiene a fecha de hoy gracias a tu convicción de que alguna oportunidad saldría, y con insistencia, a la tercera fue la vencida.
A la par que este primer agradecimiento, no puedo dejar de reconocer el trabajo de Marta Miret, tutora y codirectora a la vez. Gracias por apostar una y otra vez en mí, por tu cercanía, tus siempre sabias recomendaciones, tu apoyo durante todo este tiempo, en definitiva, por tu ayuda incondicional. Eres un ejemplo que seguir para mí, como bien sabes, no solo en el ámbito laboral.
Quisiera agradecer también a la Universidad Autónoma de Madrid por otorgarme un contrato de Personal Investigador Predoctoral en Formación (FPI- UAM), permitiendo así que este trabajo saliese adelante. La presente tesis es el fruto del esfuerzo continuo durante más de cuatro años en colaboración con el Grupo de Trastornos Afectivos. Todos y cada uno de sus integrantes, los que se fueron, los que permanecen y los que se han incorporado hace poco tiempo, todos merecen mi más sincero agradecimiento porque de una u otra manera han hecho posible la realización de la tesis.
Félix Caballero, la palabra gracias se queda corta para expresar todo lo que mereces. Siempre disponible, siempre atento, siempre dispuesto a resolver una duda, por pequeña o grande que fuese, aunque la distancia que nos separase fuese de miles de kilómetros.
María Cabello, todavía recuerdo el primer día que nos conocimos en la Facultad de Medicina para enseñarme el laberinto en el que está convertida, y explicarme qué era eso tan importante del “factor de impacto” y el “primer cuartil” a la hora de pedir financiación. Gracias por tu calidez, por compartir tu sabiduría siempre que se te solicita y por ser mucho más que una compañera de trabajo.
Kaloyan Kamenov, poco que decirte que no te haya hecho saber en alguna ocasión. Gracias por tu simpatía desde el primer momento, por tu constante amabilidad y por tu atención sin límites. Sin ti Ginebra hubiera sido el doble de pesado, complicado y aburrido. Espero verte muy pronto por Malasaña para tomarnos algo a tu salud y deseo de todo corazón que encuentres pronto el sitio adecuado porque te lo mereces.
Laura Rico, no puedo olvidarte. El día a día de la investigación lo pasé contigo.
Gracias por tu ayuda, por tu carisma, por las preguntas que nunca tenían fin y por tu sentido del humor. Te deseo lo mejor en esta nueva etapa de la vida.
Elvira, gracias por tanto en tan poco tiempo, espero que esto solo sea el comienzo de una amistad que dure por siempre.
Escribiría un párrafo para cada uno, me quedaría corta. Si algo tiene de bueno este trabajo son las personas que lo conforman, de eso no me cabe ninguna duda.
My thanks to Dr. Somnath Chatterji, for giving me the opportunity to stay in a place such the World Health Organization, for his willingness and for make time for guiding and giving me new perspectives and ideas.
Mi agradecimiento también a los participantes de los proyectos que han dado lugar a los trabajos aquí incluidos. Sin ellos nada hubiera sido posible. Del mismo modo, agradezco también la labor realizada por los coautores de los artículos, haciendo siempre que mejorasen sustancialmente en forma y en contenido.
Gracias también a toda mi familia, la de verdad y la que se elige, por su apoyo y la plena confianza depositada en mí.
Gracias a ti, mamá, por ser una luchadora incansable e incesable, por tu dedicación, por estar siempre ahí. Lo que soy hoy te lo debo a ti.
Por último, gracias a ti, Jose, que pronto pasaste de ser Josito a ser Peque. Por dejarme entrar en tu vida para quedarme, por sacarme siempre una sonrisa, por creer en mí hasta límites insospechados y por ofrecerme lo más bonito que se puede compartir con una persona.
A todos y todas, GRACIAS.
Natalia.
Resumen….……….v
Abstract.………...ix
1. Introducción……….1
Personas que envejecen en el siglo XXI: un nuevo escenario………...1
El bienestar subjetivo……….5
Qué es el bienestar subjetivo………..5
Tipos de bienestar subjetivo………..…8
Por qué es importante el estudio del bienestar subjetivo a lo largo de la vida…..9
Bienestar subjetivo, mortalidad y depresión……….11
Bienestar subjetivo, salud y conductas saludables……….12
La soledad………15
Qué es la soledad………...……….15
Tipos de soledad……….16
Por qué es importante el estudio de la soledad a lo largo de la vida………..19
Soledad y salud………22
El bienestar subjetivo y la soledad como predictores de aspectos relacionados con la salud………..23
La brecha en el conocimiento a la que la presente tesis pretende dar respuesta……….25
2. Objetivos e hipótesis………27
Objetivos………..27
Hipótesis………..28
3. Métodos y resultados………..29
Paper 1. The Impact of Subjective Well-being on Mortality: A Meta-Analysis of Longitudinal Studies in the General Population………..31
Paper 2. Positive Affect Is Inversely Associated with Mortality in Individuals without Depression………..45
Paper 3. Relationship between Subjective Well-Being and Healthy Lifestyle
Behaviours in Older Adults: A Longitudinal Study.……….………55
Paper 4. Understanding the multi-dimensional mental well-being in late life: evidence from the perspective of the oldest old population……….79
Paper 5. Differential Impact of Incident, Transient and Chronic Loneliness on Health Status. A Longitudinal Study………...105
4. Discusión..………133
Por qué es importante el estudio del bienestar subjetivo y de la soledad a lo largo de la vida………..133
El bienestar subjetivo como predictor de aspectos relacionados con la salud……….137
Bienestar subjetivo, mortalidad y depresión………..137
Bienestar subjetivo, salud y conductas saludables……….140
La soledad como predictor de aspectos relacionados con la salud………143
Soledad y salud……….143
La brecha en el conocimiento a la que la presente tesis pretendía dar respuesta………..144
Fortalezas……….145
Limitaciones………147
Implicaciones……….150
Futuras líneas de investigación……….151
5. Conclusiones………..155
Conclusiones en español………..………..155
Conclusions in English……….156
Referencias………..157
Aprobación del Comité Ético de Investigación Clínica de la Fundación Sant Joan de
Déu. Línea base y seguimiento………176
Modelo de consentimiento informado para la firma del participante. Línea base y seguimiento………...178
Cuestionario de bienestar evaluativo. Cantril Self-Anchoring Striving Scale……...180
Cuestionario de bienestar experiencial. Day Reconstruction Method. Ejemplo: actividades de la mañana………...181
Cuestionario de Soledad. 3 item UCLA Loneliness Scale………...185
Permiso editorial de la revista Psychosomatic Medicine para la inclusión de un artículo en la tesis………..186
Presentaciones en congresos nacionales e internacionales………...………..187
Estancia de investigación………..188
Publicaciones realizadas durante el doctorado, no incluidas en la tesis………189
Índice de Gráficos y Figuras
Gráfico 1. Pirámides de población según el grupo de edad y sexo (en miles) en el año 2017 y proyección para el 2050 en el mundo y en España, respectivamente….2 Figura 1. Mapa mundial del porcentaje de la población de 60 años o más en los
años 2017 y 2050……….3
Gráfico 2. Esperanza de vida al nacimiento en España……….4
Figura 2. Componentes del bienestar objetivo………..6
Figura 3. Componentes del bienestar subjetivo………7
Figura 4. Concepción de soledad y términos relacionados……….16
Figura 5.Marco conceptual de la OCDE del bienestar subjetivo………134
Glosario de siglas y acrónimos
CIS. Centro de Investigaciones Sociológicas DRM. Day Reconstruction Method
INE. Índice Nacional de Estadística
IMSERSO. Instituto de Mayores y Servicios Sociales
OCDE. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos OMS. Organización Mundial de la Salud
ONU. Organización de Naciones Unidas PIB. Producto Interior Bruto
SIDA. Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida UE-28. Unión Europea. 28 países miembros
Nota: el género masculino será utilizado durante todo el trabajo para hacer referencia tanto a mujeres como a varones, siguiendo las normas gramaticales aprobadas por la Real Academia Española.
Imagen de portada: Nuñez Image (https://nunezimage.com/)
La doctoranda Natalia Martín-María ha recibido financiación del programa
"Contratos predoctorales para Formación de Personal Investigador, FPI-UAM"
(Universidad Autónoma de Madrid, España) para la realización de la presente tesis doctoral. La investigación que conduce a estos resultados ha recibido financiación del “Séptimo Programa Marco de la Unión Europea” (FP7/2007-2013) bajo el código de proyecto 223071 (COURAGE in Europe), del Ministerio Español de Ciencia e Innovación ACI-Promociona y del Instituto de Salud Carlos III-FIS a través de los proyectos de investigación PS09/00295, PS09/01845, PI12/01490 y PI13/00059. Los proyectos PI12/01490 y PI13/00059 han sido cofinanciados por el “Fondo Europeo para el Desarrollo Regional de la Unión Europea”, FEDER (European Union European Regional Development Fund, ERDF) “A Way to Build Europe”. Asimismo, se ha obtenido financiación del programa "Acciones de Programación Conjunta Internacional 2016" (PCIN-2016-118) de la Agencia Española de Investigación (AEI) del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad y el programa europeo The Joint Programming Initiative (JPI)
“More Years, Better Lives- The Potential and Challenges of Demographic Change”.
El estudio ha recibido también apoyo por parte del Instituto de Salud Carlos III, Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM).Su puesta en marcha ha sido posible gracias a la coordinación del grupo de investigación
“Impacto, Riesgo y Prevención de los Trastornos Mentales” de la Fundació Sant Joan de Déu (Barcelona) y el “Grupo Multidisciplinar de Investigación en Trastornos Afectivos” de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
iii
Prefacio
Desde pequeños, todos hemos aprendido las etapas del ciclo vital de los seres humanos: nacer, crecer, reproducirse y morir. Dado que la tercera etapa suele llevar asociada la experimentación de placer en la mayoría de las ocasiones, la pregunta que se nos plantea es, ¿cómo pasar por las dos primeras y llegar a la última lo más tarde y de la mejor manera posible?
Parece ser que siendo felices en el día a día. Eso es lo que reportaron un total de 4,753 personas elegidas al azar de todas las comunidades autónomas de España, a las que se entrevistó en el año 2011 y fueron seguidas tres años después para identificar cuáles de ellas habían fallecido.
Cómo contestar a esta pregunta, cuál es el impacto del bienestar sobre la mortalidad, es uno de los objetivos de la presente tesis, junto con otro que podría verse como la cara contraria de la moneda, que no es otro que estudiar la influencia que la soledad ejerce sobre el estado de salud.
“Sí, los que son felices, viven más”. Aunque esta idea está bastante extendida en el saber popular, la idea del proyecto nace de la escasa existencia de estudios poblacionales en nuestro país que analicen la relación del bienestar subjetivo con la mortalidad.
Y, “sí, la felicidad está de moda”, pero ¿qué se entiende por felicidad? En el contexto de este trabajo, la felicidad se asocia con la satisfacción vital y la experiencia de emociones positivas, tales como sentirse relajado o disfrutar de lo que se hace en cada momento del día, cuando hacemos la compra, escuchamos música o simplemente damos un paseo. Sería lo opuesto a estar todo el tiempo enfadado, preocupado o agobiado por las prisas.
Recientemente se ha conseguido financiación para volver a entrevistar a las mismas personas seis años después y evaluar, además de todo lo anterior, cómo se sienten por medio de una aplicación instalada en el móvil que funciona como una alarma que salta varias veces al día, para que reporten su estado de ánimo en ese mismo instante. Esto hará que la información sea mucho más rica y fiable al no depender del recuerdo del día anterior.
Por otro lado, la soledad es uno de los grandes enemigos del bienestar, y parece ser cada vez más frecuente en las personas mayores que viven solas. El presente trabajo pretende estudiar su impacto sobre el estado de salud, en la línea de trabajos previos que lo sitúan como un factor de riego para la depresión, el deterioro cognitivo y en última instancia, la mortalidad. Así, se intenta hacer un
población envejecida, tanto a políticos como a investigadores y al personal sanitario en general, les resulta de interés conocer las claves para lograr un envejecimiento saludable, haciendo que las personas mayores funcionen con la mayor independencia posible en la última etapa de la vida.
v
Resumen
Introducción
El bienestar subjetivo ha sido reconocido como un asunto importante de salud a nivel mundial. La resolución de las Naciones Unidas sobre la Agenda de Desarrollo Sostenible exige bajo el objetivo general de salud, asegurar una vida saludable y promover el bienestar de la población a todas las edades. Por lo tanto, existe un interés creciente en estudiar la asociación entre el bienestar subjetivo -entendido como la experiencia de un estado emocional positivo, la evaluación positiva de la vida y el significado y propósito de la vida-, y la salud. Se trata de una relación bidireccional, en la que el bienestar subjetivo influye en la salud y la salud influye en el bienestar subjetivo. Además, la soledad ha mostrado ser un factor de riesgo para un peor estado de salud. Las estimaciones sobre la prevalencia mundial de la soledad oscilan entre el 20 y el 30%, cifras lo suficientemente altas como para justificar un estudio más profundo sobre sus causas, efectos y posibles intervenciones.
Objetivos
Los objetivos de la presente tesis son: 1) revisar la evidencia existente acerca de si el bienestar subjetivo es un factor protector de la mortalidad en la población general, analizando el impacto diferencial del bienestar evaluativo, experiencial y eudaimónico; 2) analizar la influencia diferencial que el afecto positivo, el afecto negativo y el bienestar evaluativo tienen sobre la mortalidad, y analizar si la asociación es diferente en personas con y sin depresión; 3) analizar el efecto independiente de los aspectos del bienestar subjetivo sobre distintas conductas saludables y observar si la relación varía en adultos jóvenes y adultos mayores; 4) explorar las experiencias del bienestar subjetivo y los factores que contribuyen al mismo en personas de 80 años o más; y 5) identificar diferentes patrones de soledad (incidente, transitoria y crónica) y evaluar cómo el estado de salud cambia con el tiempo en las personas con estos patrones.
Métodos
Se llevó a cabo una revisión sistemática de estudios longitudinales realizados en la población general en las bases de datos PsycINFO, Web of Science y PubMed. Se
seguimiento de una muestra representativa de 4,753 personas de la población general española después de tres años, utilizando información del proyecto COURAGE en Europa. La satisfacción con la vida se midió con la Escala de Auto- Anclaje de Cantril. El afecto positivo y negativo se evaluaron mediante el Day Reconstruction Method. Modelos de regresión de Cox para la muestra total y en personas con y sin depresión por separado, se utilizaron para estudiar la influencia diferencial de los aspectos del bienestar subjetivo sobre la mortalidad y Ecuaciones de Estimación Generalizadas (EEG) se usaron para analizar el impacto independiente de los componentes del bienestar sobre distintas conductas saludables. Finalmente, la Escala de Soledad de UCLA de tres ítems se usó para evaluar la soledad. Modelos de regresión múltiple se utilizaron para analizar la relación longitudinal entre la soledad y el estado de salud, mientras que un Modelo de Curva de Crecimiento (MCC) sirvió para examinar las trayectorias del estado de salud y cómo estas trayectorias cambiaban a lo largo del tiempo y entre los distintos grupos de soledad. Además, uno de los estudios siguió un enfoque cualitativo, contando con 23 grupos de discusión de personas mayores. Los datos obtenidos se evaluaron usando la técnica del análisis de contenido.
Resultados
Se encontraron un total de 90 estudios que analizaban la mortalidad en la población general, reuniendo a un total de 1,259,949 participantes. El metaanálisis mostró que el bienestar subjetivo es un factor de protección para la mortalidad [HR total=0,92; IC 95%= (0.91, 0.93)], tanto en hombres como en mujeres. Los tres aspectos del bienestar subjetivo fueron factores de protección significativos para la mortalidad. Los mismos resultados se encontraron en el estudio longitudinal en el que las tres variables de bienestar estudiadas mostraron por separado una asociación estadísticamente significativa con la mortalidad, tras ajustar por edad, sexo y años de educación. Sin embargo, después de controlar por el estado de salud y el resto de componentes del bienestar, solo el afecto positivo permaneció marginalmente asociado con un menor riesgo de mortalidad en la muestra general [HR=0.87; IC 95%= (0.73-1.03)], y en particular, entre las personas sin depresión [HR=0.82; IC 95%= (0.68-0.99)]. En relación con los comportamientos saludables, los modelos de EEG realizados en los grupos de 50 a 64 años y en mayores de 65
vii
años mostraron que una mayor satisfacción con la vida se relacionó significativamente con una mayor actividad física en ambos grupos. Las relaciones entre un afecto negativo más alto y presentar un menor nivel de actividad física, y un mayor afecto positivo y seguir el consumo adecuado de frutas y verduras y no ser un fumador diario, solo se encontraron en el grupo de mayor edad. En cuanto a la soledad, tanto la tipo incidente como la crónica mostraron una relación significativa con el estado de salud en el seguimiento (β= -0.111 y β= -0.073 respectivamente, p <0.001). Los resultados del MCC indicaron que las personas con soledad incidente y soledad transitoria experimentan un cambio significativo en el estado de salud a lo largo del tiempo (p <0.001). Finalmente, se encontraron cuatro dimensiones del bienestar subjetivo en los grupos de discusión realizados con individuos de 80 años o más: funcional, social, personal y ambiental.
Conclusiones
El bienestar evaluativo, experiencial y eudaimónico se asocian con una disminución del riesgo de mortalidad. Sin embargo, el análisis que ajustó por el estado de salud y el resto de componentes del bienestar, muestra que solo el afecto positivo está inversamente asociado con la mortalidad en individuos sin depresión.
La relación entre el bienestar subjetivo y las conductas saludables se encuentra fundamentalmente en los mayores de 65 años. Por último, la soledad incidente se asocia con un peor estado de salud en el seguimiento, mientras que la soledad crónica está relacionada con la peor salud. Por el contrario, la soledad es reversible para las personas que experimentan el tipo transitorio, quienes mejoran su salud con el tiempo, aunque sin alcanzar los niveles de aquellos que nunca la experimentaron. Las investigaciones futuras deberían centrarse en desarrollar y evaluar intervenciones que mejoren el bienestar subjetivo de las personas y reduzcan el riesgo de la soledad, con el fin de producir ganancias en longevidad y salud, especialmente en la población de edad avanzada.
Palabras clave: envejecimiento, bienestar subjetivo, soledad, mortalidad, estado de salud, epidemiología.
Introduction
Subjective well-being has been recognized as an important global health issue. The United Nations resolution on the Post-2015 Sustainable Development Agenda calls for, under the health goal, the ensuring of healthy lives and promoting of well- being of all at all ages. Therefore, there is a growing interest in studying the association between subjective well-being -understood as experienced positive emotional states, positive life evaluations, and a sense of meaning and purpose-, and health. This is a two-way relationship, with subjective well-being influencing health, and health influencing subjective well-being. Furthermore, loneliness has shown to be a risk factor for a worse health status. Prevalence estimates all over the world show that loneliness throughout life ranges from 20 to 30%, figures high enough to justify a deeper study on this complex phenomenon, its causes, effects and possible interventions.
Objectives
The aims of the present Ph.D. thesis are: 1) to review the existing evidence on whether subjective well-being is a protective factor for mortality in the general population, analysing the differential impact of evaluative, experienced, and eudaimonic well-being; 2) to disentangle the differential influence that positive affect, negative affect, and evaluative well-being might have on mortality, and to analyse whether this association is different in people with and without depression; 3) to analyse the independent effect of the aspects of subjective well- being on different healthy behaviours and to observe if this relationship varies in young adults and older adults; 4) to explore the experiences of subjective well- being and its contributing factors in individuals aged 80+; and 5) to identify different patterns of loneliness (incident, transient and chronic) and to assess how health status changes over time in people with those patterns.
Methods
A systematic review of longitudinal studies on the general population was carried out in the PsycINFO, Web of Science, and PubMed databases. Data on the studies’
characteristics, quality, and the effects of variables were extracted. Subsequently,
a meta-analysis was conducted on the studies included in the systematic review.
In the empirical part of this thesis, a nationally representative sample of 4,753 people from the general population in Spain was followed up after three years, using information from the COURAGE in Europe project. Life satisfaction was measured with the Cantril Self-Anchoring Striving Scale. Positive and negative affect were assessed using the Day Reconstruction Method. Cox regression models among the total sample and separately in people with and without depression were used to study the differential influence of the aspects of subjective well-being on mortality and Generalised Estimating Equations (GEE) were run to analyse the independent impact of subjective well-being components on different healthy behaviours. Finally, the three-item UCLA Loneliness Scale was used to assess loneliness. Multiple regression models assessed the longitudinal relationship between loneliness and health status. A Growth curve Mixture Model (GMM) examined health status trajectories and how they changed across time and among groups of loneliness. Also, a qualitative approach was followed in one of the studies included, with 23 focus groups. Data obtained was assessed using qualitative content analysis.
Results
A total of 90 studies that investigated mortality in general population, involving 1,259,949 participants, were found. The meta-analysis showed that subjective well-being was a protective factor for mortality [pooled HR= 0.92; 95% CI = (0.91, 0.93)], in both men and women. The three aspects of subjective well-being were significant protective factors for mortality. The same results were found in the longitudinal study in which all three well-being variables showed separately a statistically significant association with mortality, after adjusting for age, sex, and years of education. However, after controlling for health status and the other well- being components, only positive affect remained as marginally associated with a decreased risk of mortality in the overall sample [HR = 0.87; 95% CI = (0.73–1.03)], and in particular among individuals without depression [HR = 0.82; 95% CI = (0.68–0.99)]. Regarding healthy behaviours, the GEE models conducted over the 50-64 and the 65+ age groups showed that a higher life satisfaction was significantly related to a higher physical activity in both groups. Relationships between a higher negative affect and presenting a lower level of physical activity, and a higher positive affect and following the right consumption of fruits and vegetables and being a non-daily smoker, were only found in the older group. In
relationship with health status at follow-up (β= -0.111 and β= -0.073 respectively, p <0.001). GMM results indicated that people with incident and transient loneliness experienced a significant change in health status over time (p <0.001). Finally, four dimensions of subjective well-being were found in the focus groups with individuals aged 80+: functional, social, personal and environmental.
Conclusions
Evaluative, experienced, and eudaimonic well-being are associated with a decreased risk of mortality. However, the analysis adjusting for health status and the other well-being components, shows that only positive affect is inversely associated with mortality in individuals without depression. The relationship between subjective well-being and healthy lifestyle behaviours is found fundamentally in those aged 65+ years. Lastly, incident loneliness is associated with worse health status at follow-up whereas chronic loneliness is related to the worst health. Conversely, loneliness is reversible for people experiencing transient loneliness, who improve its health across time although without reaching the levels of those who never experienced loneliness. Future research should focus on developing and assessing interventions that improve subjective well-being of people and reduce the risk of loneliness, in order to produce gains in longevity and health, especially in the elderly population.
Keywords: aging, subjective well-being, loneliness, mortality, health status, epidemiology.
1
________________________
Introducción
Personas que envejecen en el siglo XXI: un nuevo escenario
España está envejecida. En menos de 30 años el número de personas mayores de 65 años se ha duplicado, sustentado por una esperanza de vida creciente y por una baja fecundidad. En la actualidad, en nuestro país se contabilizan casi nueve millones de personas mayores (INE, 2016), un 18.8% sobre el total de la población (46.572.132).
En el caso de las personas mayores de 80 años, la cifra se sitúa cerca de los tres millones, representando el 6.1% de toda la población y un tercio de la población mayor. De estas personas octogenarias, dos tercios son mujeres. Según estimaciones llevadas a cabo por la Oficina Europea de Estadística Eurostat (European Commission, 2017), España será el tercer país de entre los 28 países miembros de la Unión Europea (UE-28) con mayor proporción de personas octogenarias, por detrás de Grecia y Portugal. Además, se prevé una inversión de la tendencia demográfica en los próximos 20 años, momento en el cual la cifra de personas mayores de 80 años superará al de personas jóvenes y en edades infantiles (0-14 años).
Según la proyección del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2066 habrá más de 14 millones de personas mayores, un 34.6% del total de la población que se situará alrededor de los 41 millones de habitantes (Abellán García, Ayala García, Pérez Díaz, & Pujol Rodríguez, 2018). Esta pérdida de 5.5 millones de población estaría asociada principalmente al aumento progresivo de las defunciones y a la disminución de los nacimientos, fenómeno que sería especialmente acusado a partir del año 2040 (INE, 2016).
Las estimaciones llevadas a cabo por la Organización de Naciones Unidas (ONU), son aún más pesimistas, situando a España como el segundo país más envejecido del mundo en el año 2050, con un 41.9% de la población situada por encima de los 60 años, solo superado por Japón (42.4%) (United Nations, 2017).
Gráfico 1. Pirámides de población según el grupo de edad y sexo (en miles) en el año 2017 y proyección para el 2050 en el mundo y en España, respectivamente. Fuente: United Nations, (2017).
A nivel mundial, en la actualidad la población mayor de 60 años es de 962 millones, un 12.8% del total (7.3 billones), más del doble que la que existía en el año 1980. Se estima que este número vuelva a duplicarse en los próximos años, con una cifra estimada de 2.1 billones en el año 2050. Al igual que ocurría en el caso de España, el número de personas octogenarias crece todavía más rápido que el de personas mayores. Las proyecciones para las personas mayores de 80 años a nivel global indican un crecimiento mayor al triple desde el año 2017 al 2050, elevándose la cifra desde los 137 millones actuales a los 425 millones (United Nations, 2017).
I n t r o d u c c i ó n
| 3Figura 1. Mapa mundial del porcentaje de la población de 60 años o más en los años 2017 y 2050.
Fuente: United Nations (2017).
Retomando el caso español, estos datos se relacionan con el avance progresivo de la esperanza de vida al nacer, que se sitúa en 79.9 años para los varones y 85.4 años para las mujeres (INE, 2016), el doble de años que hace un siglo. Este incremento se debe a la reducción de la probabilidad de morir gracias a los adelantos médicos y tecnológicos, a la disminución en las tasas de mortalidad infantil, a los cambios en los hábitos alimenticios que favorecen estilos de vida más saludables, y a la mejora en las condiciones materiales de vida, en la educación, así como en el acceso de la población a los servicios sanitarios (Abellán García et al., 2018). Sin embargo, estas cifras son diferentes a las de la esperanza de vida en buena salud, donde ambos sexos quedan equiparados al alcanzar los 63.9 años en los hombres y los 64.1 años en las mujeres (INE, 2016).
Gráfico 2. Esperanza de vida al nacimiento en España. Fuente: Instituto Nacional de Estadística (2015).
El último Ageing Report de la Comisión Europea (2018) sitúa a la población femenina de España con la esperanza de vida de la UE-28 más elevada. En contraposición, la ratio de fertilidad es una de las más bajas (1.3 hijos por mujer).
Pese a que las proyecciones apuntan a un incremento de dicha ratio llegando a los dos hijos por mujer en el año 2060, esta cifra seguirá manteniendo a nuestro país como el tercero de Europa con la ratio de fertilidad más baja.
Ante este nuevo escenario de sobreenvejecimiento de la población y cambio en las tendencias demográficas de fecundidad y esperanza de vida no sólo en España sino en toda Europa, nuevos desafíos emergen para los responsables políticos en materia de sanidad, economía y recursos sociales, así como para las propias personas que experimentan el proceso de envejecer y sus familias (Causapié, Balbontín, Porras, & Mateo, 2011). También supone una gran oportunidad para los investigadores y otros agentes relacionados con el envejecimiento, en la que resulta esencial el trabajo desde un enfoque transdisciplinar para paliar las limitaciones que supone la vejez, y al mismo tiempo, mejorar la calidad de vida de las personas que envejecen. Por encima de vivir más tiempo, se posiciona el fin último de envejecer con salud.
I n t r o d u c c i ó n
| 5El bienestar subjetivo Qué es el bienestar subjetivo
Desde el trabajo de Aristóteles, los filósofos han estado interesados en el estudio del bienestar, entendido como una cualidad necesaria para lograr una buena vida o una buena sociedad. Para Aristóteles (384 a. C.-322 a. C.), vivir una buena vida era sinónimo de haber alcanzado el potencial personal en materia de conocimiento, salud, amistad, riqueza y otros dominios de la vida (Diener & Suh, 1997).
El estudio llevado a cabo por Jahoda (1958) es considerado como el primer trabajo sobre salud mental desde una perspectiva positiva, destacando la necesidad de incluir los estados positivos dentro del concepto de bienestar.
El término bienestar puede utilizarse para describir un estado objetivo, así como una experiencia subjetiva. El bienestar objetivo se refiere al bienestar de la sociedad, entendido como la calidad que proporcionan los gobiernos en diferentes ámbitos de la vida de las personas. Comparte similitud con el concepto más amplio y multidimensional de “calidad de vida”, el cual engloba cinco dimensiones:
bienestar físico, bienestar material, bienestar social, bienestar emocional y desarrollo y actividad (Felce & Perry, 1995). La Organización Mundial de la Salud (OMS), añade a esta lista un sexto elemento relacionado con la espiritualidad, la religiosidad y las creencias personales (Whoqol Group, 1995). El principal documento de la OMS para enmarcar tanto al bienestar como a los conceptos relacionados con la salud es la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF) (World Health Organization, 2001), la cual considera un primer intento de desarrollar un lenguaje unificado y estándar para los aspectos relacionados con la salud, que facilita la transferencia entre diferentes disciplinas y profesionales (Salvador-Carulla, Lucas, Ayuso-Mateos, & Miret, 2014).
El índice Your Better Life [oecdbetterlifeindex.org], planteado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en el año 2011 para medir el bienestar y el progreso (Stiglitz, Sen, & Fitoussi, 2009) mostrado en la Figura 4, construye el bienestar objetivo en torno a tres dominios:
condiciones materiales, calidad de vida y sostenibilidad, cada uno con sus dimensiones relevantes. Este índice se actualiza cada año y permite a los ciudadanos de 34 países repartidos en todo el mundo, medir y comparar sus vidas más allá de las cifras tradicionalmente ofrecidas por el producto interior bruto (PIB), (OECD, 2017).
Figura 2. Componentes del bienestar objetivo. Fuente: OCDE (2013).
Por otro lado, el bienestar subjetivo tiene que ver con la propia experiencia vital de cada persona, que puede relacionarse o no con los hechos objetivos de la vida de la gente (Huppert, 2014).
En torno al estudio del bienestar subjetivo pueden encontrarse dos tradiciones fundamentales (Waterman, 1993). Por un lado, la tradición hedónica (Bradburn, 1969; Fluegel, 1925; Kahneman, Diener, & Schwarz, 1999), centrada en estudiar las emociones positivas y negativas que las personas experimentan en su día a día, así como su satisfacción general con la vida, y por otro, la corriente eudaimónica (Ryan, Huta, & Deci, 2013; Ryff, 1989), que considera el bienestar como el resultado de la autodeterminación y la aceptación con uno mismo, del crecimiento personal y de tener un propósito vital o de poder otorgarle un sentido a la vida.
Posteriormente, Stones y Kozma (1985) definieron el bienestar subjetivo como un concepto más amplio que englobaba tanto las respuestas afectivas de las personas, así como sus niveles de satisfacción en áreas vitales específicas (laboral,
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| 7familiar, de pareja, etc.), y la evaluación global que cada individuo hace de la satisfacción con su vida en general. En esta línea surgen algunas de las definiciones del bienestar más utilizadas actualmente, entre las que se encuentran la de Diener y colaboradores (1999) que incluye la satisfacción de la persona tanto con su vida en general, como en determinados ámbitos de la misma, así como su estado afectivo presente (generado a partir de la media entre las emociones positivas y las negativas experimentadas); y la planteada por Keyes y López (2002), quienes se posicionan más a favor de un modelo global de salud mental, relacionando al bienestar con el juicio subjetivo que la persona realiza de su propia vida en relación a su estado afectivo y a su funcionamiento psicológico y social.
Figura 3. Componentes del bienestar subjetivo. Adaptado de Diener et al. (1999) y Huppert (2014).
A modo de aclaración, en el presente trabajo se hará referencia al concepto de
“felicidad” indistintamente del término “bienestar subjetivo”. Pese a existir críticas en relación a la utilización del primero en el ámbito científico, debido a su carácter amplio, genérico y banal (Diener, 1984), ambas expresiones son ampliamente utilizadas dentro de la investigación y la difusión en el campo del bienestar, siendo el uso de la palabra felicidad cada vez más frecuente al resultar más atractivo al público en general (Lyubomirsky & Ross, 1999).
Afecto Positivo Afecto Negativo OBJETIVO
Indicadores de calidad de vida y atributos sociales
BIENESTAR
SUBJETIVO Felicidad
Evaluativo Evaluación de la satisfacción con la vida en general y con distintas áreas
de la misma
Experiencial Eudaimónico
Significado de la vida, propósito vital, autodeterminación
El bienestar subjetivo es un concepto complejo y multidimensional, que abarca tanto juicios cognitivos como respuestas emocionales (Diener, 1984). Es posible distinguir tres tipos de bienestar subjetivo:
• Bienestar evaluativo. Evaluación de la satisfacción del individuo con su propia vida en general o con dominios específicos (laboral, familiar, de pareja, etc.). En el ámbito científico suele medirse con preguntas de un solo ítem. Uno de los instrumentos más utilizados es la Escala de Auto-Anclaje de Cantril de satisfacción con la vida (1965), en la que se presenta a la persona una escalera con peldaños, donde el 0 representa la peor vida posible y el 10 la mejor, y se le pide que escoja el peldaño que mejor se ajusta a su realidad actual.
• Bienestar experiencial. Emociones positivas y negativas que las personas experimentan en el día a día. Una forma de evaluarlo es mediante el Day Reconstruction Method (DRM) (Kahneman, Krueger, Schkade, Schwarz, & Stone, 2004), en el que las personas entrevistadas reconstruyen todas las actividades realizadas durante el día previo a la evaluación (o bien una porción de éste – mañana, tarde o noche-, en su forma abreviada), y responden en qué medida experimentaron preocupación, agitación, irritación, enfado, desánimo, tensión o estrés, calma o relajación y disfrute en cada actividad reportada (trabajar, comprar, descansar, entre otras), en una escala del 0 al 6 donde el 0 significa nada y el 6 mucho.
• Bienestar eudaimónico. Carol Ryff es una de las figuras referentes en este ámbito al proponer un modelo de seis factores que contribuyen a la felicidad de un individuo: relaciones positivas con los demás, manejo del entorno, autoaceptación, autonomía, sentido de propósito vital y crecimiento personal (Ryff & Keyes, 1995).
Del mismo modo, Huppert y So (2009) destacaron este elemento funcional del bienestar psicológico al desarrollar el cuestionario usado en la Encuesta Social Europea, caracterizándolo como la autonomía, la competencia, el interés por el aprendizaje, la orientación a objetivos, el sentido de propósito, la resiliencia, el compromiso social, el cuidado y el altruismo que puede poseer una persona. La ausencia de una investigación internacional sólida en este campo del bienestar hace que algunos autores consideren este elemento como información adicional a
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| 9la evaluación del bienestar subjetivo, más que como una medida de éste en sí (Organisation for Economic Co-operation Development, 2013). Algunos de los instrumentos utilizados para medirlo han sido el cuestionario Control, Autonomy, Self-realization and Pleasure (CASP-19) (Hyde, Wiggins, Higgs, & Blane, 2003), y la Escala de Florecimiento de Diener (2010), diseñada para medir la prosperidad socio-psicológica relacionada con ciertas necesidades psicológicas humanas universales, tales como la necesidad de competencia, de relación y de autoaceptación.
Aunque todos estos aspectos se refieren a la autoevaluación general de la vida, solo el bienestar experiencial, también conocido como bienestar hedónico, describe los sentimientos experimentados internamente o los estados emocionales intrínsecos que se refieren a un momento particular en el tiempo (por ejemplo, la evaluación actual que la persona hace de su estado salud, sentimiento de soledad, o estado de ánimo depresivo). Debido a estas características, la evaluación de este tipo de bienestar está ganando seguidores en el ámbito investigador, al superar algunos de los inconvenientes de los autoinformes globales tradicionales que miden el bienestar evaluativo, los cuales se han relacionado con la presencia de sesgos de memoria (Diener et al., 1999).
Por qué es importante el estudio del bienestar subjetivo a lo largo de la vida
El bienestar subjetivo ha sido reconocido como un asunto importante de salud a nivel mundial. La resolución de las Naciones Unidas sobre la Agenda de Desarrollo Sostenible exige bajo el objetivo general de salud, asegurar una vida saludable y promover el bienestar de la población a todas las edades. Específicamente, ha establecido un objetivo que promueve la salud mental y el bienestar (United Nations General Assembly, 2015). Por su parte, la OMS establece un propósito similar en su Plan de Acción de Salud Mundial 2013-2020, animando a los gobiernos de todos los países a implementar acciones para proteger y promover el bienestar mental en todas las etapas de la vida (World Health Organization, 2015).
Asimismo, el bienestar subjetivo es considerado cada vez más como un indicador adecuado del progreso social de un país y como una meta a acometer por sus políticas sociales (Layard, 2011).
Prueba de esta reciente relevancia del bienestar subjetivo es la creación de instituciones como la Comisión sobre la Evaluación del Desempeño Económico y el
foco de atención desde la evaluación de aspectos como el PIB, las tasas de desempleo o la inflación de un determinado país, hacia la medida del bienestar de las personas a nivel nacional (Stiglitz, Sen, & Fitoussi, 2010). En esta línea se encuentran las investigaciones realizados por el grupo de trabajo del economista de la felicidad Richard Easterlin (Easterlin, 1974; Easterlin, McVey, Switek, Sawangfa, & Zweig, 2010), cuya paradoja conocida por su apellido explica cómo el nivel medio de felicidad entre individuos de diferentes países no varía en función de su nivel de ingresos (en países en los que la mayor parte de la población tiene cubiertas las necesidades básicas), pese a la idea comúnmente aceptada de que aquellas personas con mayores ingresos tienden a reportar mayores niveles de bienestar. De igual manera, aunque los ingresos por persona hayan aumentado de forma significativa en gran parte de la población mundial en las últimas décadas, el nivel medio de felicidad de los individuos no ha experimentado un crecimiento homogéneo (Diener, 2000; Kahneman, Krueger, Schkade, Schwarz, & Stone, 2006).
Estudios como estos son los que sustentan la creación reciente de diferentes organismos y medidas políticas a nivel global centradas en aumentar la satisfacción de los ciudadanos, en menoscabo de acciones focalizadas en el crecimiento económico (medido mediante el PIB de un país).
En este contexto, surge la necesidad de estudiar este fenómeno complejo que es el bienestar subjetivo y sus relaciones con la salud y la mortalidad, aspectos sumamente relevantes a nivel político, económico, y personal, siendo “la felicidad”, un estado cada vez más deseado y buscado en la sociedad actual, más aún si conduce a vivir durante más tiempo y en mejores condiciones.
Como ya se ha dicho previamente, la esperanza de vida está aumentando en todo el mundo, lo que resalta la importancia de mantener el bienestar en la edad avanzada. La evidencia al respecto sugiere que un compromiso activo con la vida y la felicidad son factores protectores de la salud a medida que las personas se hacen mayores (Chida & Steptoe, 2008; Diener & Chan, 2011; Lyubomirsky, King, &
Diener, 2005; Steptoe, Deaton, & Stone, 2015).
Estudios realizados en población mayor muestran que el bienestar subjetivo, entendido como la satisfacción general con la vida, se ve afectado por el estado físico de los individuos (Wikman, Wardle, & Steptoe, 2011), así como por el nivel socioeconómico y las relaciones sociales y familiares (Lim, Min, Thorpe, & Lee, 2017).
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| 11Por otro lado, se sabe que, a medida que las personas envejecen, el afecto positivo aumenta y el negativo disminuye (Kahneman & Deaton, 2010; Miret et al., 2014). Datos opuestos se han encontrado en relación al bienestar evaluativo, el cual parece decrecer con la edad (Deaton, 2008; Stone, Schwartz, Broderick, &
Deaton, 2010). Sin embargo, cuando la asociación entre la edad y el bienestar evaluativo se controla por otras variables como el estado de salud, desaparece este efecto de la edad (Miret et al., 2014). Por el contrario, otros estudios han encontrado que la disminución de la salud en los últimos años de vida va acompañada de una reducción del bienestar (Gerstorf & Ram, 2013), haciéndose más fuerte la correlación entre salud y bienestar durante esta fase de declive terminal especialmente en las personas mayores de 85 años.
Cabe destacar que la literatura existente sobre bienestar subjetivo y adultos mayores se ha centrado tradicionalmente en personas de 60 o 65 años o más, pasándose por alto la heterogeneidad en las concepciones personales del bienestar en las personas de edad más avanzada (Douma, Steverink, Hutter, & Meijering, 2015). Así mismo, la investigación disponible en la población mayor no ha cubierto todos los aspectos del bienestar subjetivo de forma simultánea, ha utilizado otros conceptos diferentes del bienestar (por ejemplo, la calidad de vida) de forma intercambiable o se ha basado principalmente en enfoques cuantitativos (Cho, Martin, Poon, & Georgia Centenarian, 2015; Lukaschek, Vanajan, Johar, Weiland, y Ladwig, 2017; Read, Grundy, y Foverskov, 2016).
La presencia de datos contradictorios en la literatura actual señala que la brecha en el conocimiento todavía existe en materia del bienestar a lo largo de la vida, y en particular en lo que a personas de 80 años o más se refiere. Por tanto, se necesitan nuevos trabajos que ayuden a dilucidar el papel de la felicidad en el ciclo de la vida, así como a conocer su estrecha relación con la salud de las personas.
Bienestar subjetivo, mortalidad y depresión
Chida y Steptoe (2008), en una revisión de estudios observacionales prospectivos publicados hasta el año 2007 que analizaban la relación entre el bienestar psicológico positivo y la mortalidad, encontraron que el bienestar tenía un efecto favorable sobre la supervivencia, tanto en poblaciones sanas como clínicas.
Asimismo, la revisión llevada a cabo por Veenhoven (2008), encontró resultados similares en estudios realizados en población general.
previamente identificados, el bienestar evaluativo (Lacruz, Emeny, Baumert, &
Ladwig, 2011), el bienestar experiencial (Steptoe & Wardle, 2011) y el bienestar eudaimónico (Hill & Turiano, 2014) predicen una menor mortalidad. Del mismo modo, se ha encontrado que las personas que experimentan emociones positivas con más frecuencia que las negativas son más longevos (Carstensen et al., 2011).
Sin embargo, este último resultado es poco generalizable, al proceder de una pequeña muestra de conveniencia, en la que los participantes reportaron un estado de salud tan bueno o mejor que la mayoría de las personas de su edad al inicio del estudio.
También otros estudios han analizado el efecto aislado de la satisfacción con la vida, el afecto positivo y el afecto negativo sobre la mortalidad, hallando que los dos primeros predecían mortalidad pero no el último (Maier & Smith, 1999; Sadler, Miller, Christensen, & McGue, 2011; Wiest, Schuz, Webster, & Wurm, 2011). No obstante, de nuevo estos estudios presentaban problemas metodológicos, ya que los instrumentos que utilizaron combinaban al mismo tiempo ítems que medían bienestar evaluativo (satisfacción general con la vida), bienestar experiencial (afecto positivo), y ciertos elementos eudaimónicos (como el sentido de propósito y significado de la vida), sin examinar el impacto independiente de cada componente por separado (Kern, Della Porta, & Friedman, 2014; Tilvis, Laitala, Routasalo, Strandberg, & Pitkala, 2012).
Centrándose en población enferma, son muchos los estudios que han concluido que los trastornos depresivos están asociados con bajos niveles de afecto positivo (Nutt et al., 2007) y con un riesgo significativamente mayor de discapacidad, morbilidad por accidente cerebrovascular y mortalidad (Barth, Schumacher, &
Herrmann-Lingen, 2004; A. Pan, Sun, Okereke, Rexrode, & Hu, 2011). La enfermedad mental es, en general, la causa más importante de un bajo bienestar subjetivo (Helliwell, Layard, Sachs, & Council, 2013). Sin embargo, a pesar de que algunos estudios han ajustado por la presencia de depresión en sus análisis (Haukkala et al., 2013; Steptoe et al., 2015), todavía se desconoce si la asociación entre el bienestar y la mortalidad es diferente en personas con y sin depresión.
Bienestar subjetivo, salud y conductas saludables
El bienestar subjetivo puede influir en la salud (Miret et al., 2017). Al mismo tiempo, la salud es importante para mantener un buen nivel de bienestar subjetivo (Miret et al., 2014; Steptoe et al., 2015), y la enfermedad y la discapacidad ejercen
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| 13un efecto negativo sobre el mismo (Graham, 2008; Verbrugge, Reoma, & Gruber- Baldini, 1994).
Estudios previos han mostrado que el bienestar subjetivo está relacionado con estilos de vida saludables, puede tener un efecto protector en el mantenimiento de la salud y está asociado con el incremento de la esperanza de vida (Helliwell, Layard, & Sachs, 2012). Diener y Chan (2011) reportaron también que los sentimientos positivos predicen la longevidad y la salud por encima de los sentimientos negativos.
Taylor y colaboradores (2000) encontraron que las creencias psicológicas positivas -entendidas como sentido de la vida, control personal y optimismo-, actúan como factores protectores en pacientes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y correlacionan positivamente con un aumento en la supervivencia (Moskowitz, 2003). En esta línea, otros estudios han demostrado que las personas con mayor bienestar subjetivo sufren niveles más bajos de dolor (Zautra, Johnson, & Davis, 2005) y parecen estar protegidos contra los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades cardiovasculares (Boehm & Kubzansky, 2012). En lo que a población general se refiere, la investigación ha establecido que el bienestar de los individuos se asocia a medio plazo con la estabilidad y la satisfacción familiar, la satisfacción en las relaciones interpersonales, el rendimiento laboral, una buena salud y con una mayor longevidad (Lyubomirsky et al., 2005).
La relación existente entre la realización de determinadas conductas saludables como el cese en el consumo de tabaco o la práctica de actividad física y la mejora de la salud ha sido previamente reportada (Taylor Jr, Hasselblad, Henley, Thun, &
Sloan, 2002; Warburton, Nicol, & Bredin, 2006). Además, involucrarse en conductas saludables como la actividad física, la participación social y cognitiva, o la disminución del estrés, puede tener un impacto en la salud mental, alentando la neuroplasticidad cerebral y reduciendo el deterioro cognitivo, físico y funcional (Buchman et al., 2012; Draganski et al., 2004). Sin embargo, se sabe menos sobre el mecanismo que explica por qué las personas que informan de niveles más altos de bienestar subjetivo poseen una mejor salud que las personas menos felices.
Hace más de 40 años, el Estudio del Condado de Alameda (Belloc & Breslow, 1972) encontró que siete prácticas comúnmente categorizadas como ‘saludables’
(no fumar, realizar ejercicio físico, tener un consumo moderado o nulo de alcohol, presentar un peso promedio, dormir siete u ocho horas por la noche, desayunar, y no comer entre comidas), estaban relacionadas positivamente con el estado de
estilo de vida saludables en el estado de salud ha sido ampliamente estudiado, principalmente en el campo de la prevención cardiovascular (Claas & Arnett, 2016) y del cáncer (Khan, Afaq, & Mukhtar, 2010).
Uno de los mecanismos que mejor podría explicar la asociación entre el bienestar subjetivo y la salud podría ser que aquellas personas con mayor bienestar tendiesen a tener estilos de vida más saludables. De hecho, se sabe que las personas que experimentan un mayor afecto positivo son más propensas a practicar ejercicio y a no fumar (Boehm, Vie, & Kubzansky, 2012). Del mismo modo, en el estudio de Grant, Wardle y Steptoe (2009) llevado a cabo con adolescentes y adultos jóvenes en más de veinte países repartidos entre América, Europa y Asia, se encontró que aquellos que reportaban una mayor satisfacción con la vida realizaban más actividad física, comían más fruta, usaban protección solar más a menudo y consumían menos tabaco, alcohol y alimentos ricos en grasas.
Resultados similares se han hallado en estudios longitudinales (Hoyt, Chase- Lansdale, McDade, & Adam, 2012) y con muestras clínicas, donde la presencia de un mayor afecto positivo en personas con enfermedades cardíacas al inicio del estudio se relacionó con comportamientos más saludables a los cinco años (Sin, Moskowitz, & Whooley, 2015), siendo la relación entre el afecto positivo y el ejercicio especialmente importante en la supervivencia en el seguimiento, algo ya señalado por estudios previos (Hoen, Denollet, de Jonge, & Whooley, 2013;
Hoogwegt et al., 2013).
Estudios previos han informado sobre la existencia de diferencias en conductas saludables entre los adultos más jóvenes y los adultos mayores, como es el caso del consumo de tabaco y alcohol, y la actividad física, los cuales parecen ser mayores en el primer grupo que en el último (Y. Pan et al., 2015; Shaw, Krause, Liang, &
McGeever, 2011; Shaw, Liang, Krause, Gallant, & McGeever, 2010), pero el conocimiento en este campo es aún limitado, lo que respalda la necesidad de explorar los posibles factores que determinan estilos de vida más saludables en un grupo que en el otro.
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| 15La soledad
Qué es la soledad
Según el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman (2013), vivimos en la época de la “modernidad líquida”, donde los vínculos son acuosos y poco sustanciosos; las realidades sólidas que experimentaron nuestros abuelos, como el trabajo o el matrimonio para toda la vida han desaparecido, para dar lugar a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotador.
Pese a que el uso en castellano del concepto “soledad” no haga distinciones en cuanto al carácter subjetivo u objetivo y voluntario o involuntario del término, estas diferencias sí quedan recogidas en las concepciones inglesas. Como se observa en la Figura 6, se pueden distinguir los siguientes términos:
• Social isolation. Sería el equivalente al aislamiento social, en el que una persona, de forma voluntaria o no, carece objetivamente de red de apoyo social y de contactos sociales sostenidos con la familia o con la comunidad. Mide la integración de la persona en su entorno social (Victor, Scambler, Bond, & Bowling, 2000).
• Being alone o aloneness. Describe el estado objetivo y voluntario de estar solo, en el que prima el aspecto comunicativo de la relación frente al sentido literal y físico del término (por ejemplo, estar solo mientras se habla con un amigo por teléfono no sería aloneness), (Larson, 1990).
• Solitude. A veces se ha utilizado como sinónimo de privacidad (Pedersen, 1997) y como el caso anterior, también se refiere a una experiencia objetiva y voluntaria, pero cuya valencia positiva es el aspecto definitorio. Sirve para describir a la persona que ha elegido y preferido estar sola, lo cual le permite crecer personalmente y favorecer su autorrealización (Hammitt, 1982; Long & Averill, 2003).
• Loneliness. La soledad propiamente dicha. Sería la experiencia subjetiva, no elegida y negativa de falta de relaciones sociales satisfactorias (Weiss, 1973). Otra descripción frecuentemente utilizada es la establecida por Perlman y Peplau
relaciones que una persona posee y las que quisiera tener. Para John Cacioppo (2006), uno de los psicólogos e investigadores más influyentes en el ámbito de la soledad en las últimas décadas, se trata de una condición psicológica debilitante, caracterizada por un profundo sentimiento de vacío, falta de valor y sensación de amenaza. Dicha experiencia de soledad puede sentirse con independencia de disponer de compañía objetiva, subrayándose por tanto su cualidad personal e intrínseca.
Figura 4. Concepción de soledad y términos relacionados. Fuente: elaboración propia. Basado en Weiss (1973) y Young (1982).
Tipos de soledad
Tras describir las diferencias entre el concepto de soledad y otros términos relacionados, se pasará a profundizar en las diferentes clasificaciones que se han establecido en torno al constructo de soledad.
En función del tipo de apoyo que ofrecen las relaciones sociales, Weiss (1973) distinguió entre soledad social y soledad emocional. La soledad social se refiere a
AISLAMIENTO SOCIAL (Social isolation)
Objetivo
SOLEDAD (Loneliness) Subjetiva Involuntaria
Negativa
Según el curso:
-Transitoria -Incidente
-Crónica Según el tipo
de apoyo:
-Emocional -Social ESTAR SOLO
(Aloneness) Objetivo Voluntario
Neutro
PRIVACIDAD (Solitude)
Objetiva Voluntaria
Positiva
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| 17la ausencia de una adecuada red social (contactos inexistentes con otros) que provoca sentimientos de marginalidad, sensación de no ser aceptado, aislamiento y aburrimiento; se asocia con el deseo ocupar un lugar dentro de la red social y encontrar personas con las que compartir intereses y preocupaciones. Por otra parte, la soledad emocional se relaciona con la falta de relaciones de apego y la pérdida de vínculos significativos para la persona que le proporcionaban una base segura, generando sentimientos de vacío y ansiedad y el deseo de encontrar a alguien especial con quien compartir la vida.
De Jong-Gierveld y Raadschelders (1982), desde una perspectiva cognitiva y teniendo en cuenta los valores, normas y estándares que prevalecen en la vida personal del individuo y en la sociedad en la que se encuentra inmerso, distinguieron tres dimensiones de la soledad: ausencia de relaciones sociales (sentimientos de vacío, abandono y privación por falta de apego íntimo), perspectiva del tiempo (según la cual la soledad puede sentirse como una situación temporal o como algo no modificable que se atribuye a los demás, ante lo cual la persona se resigna) y estado emocional (relacionado con la presencia de emociones negativas, como miedo e incertidumbre y la ausencia de positivas, como felicidad o entretenimiento). Tras ello, establecieron la siguiente clasificación: a) personas con un alto nivel de soledad, presencia de sentimientos negativos y que perciben que no hay posibilidad de cambio; b) individuos con un alto nivel de soledad, al que se enfrentan con sumisión; c) personas que se sienten solas, pero se mantienen activas socialmente al considerar que la situación es modificable; y d) aquellos que experimentan un nivel bajo o ausente de soledad.
Por último, se pueden distinguir diferentes patrones de soledad según su curso.
Young (1982) estableció una categorización que distinguía entre soledad transitoria (referida a sentimientos de soledad cortos e infrecuentes) y soledad crónica (para aludir a aquellos individuos insatisfechos con sus interacciones sociales durante más de dos años). La Teoría Evolutiva de la Soledad propuesta por Cacioppo y colaboradores (2006), sugiere que la soledad transitoria juega un importante papel en la evolución de la especie humana, debido a su función de alarma para reconectarse de nuevo con otros semejantes. En los tiempos en los que el individuo que se quedaba solo era devorado por los depredadores, la colaboración entre los seres humanos era vital para sobrevivir, logrando así la transmisión de los genes del individuo a la siguiente generación. Además, esta soledad transitoria podría resultar problemática cuando se cronifica en el tiempo (Goossens et al., 2015). Esta tipología crónica podría explicarse mediante el bucle de la soledad auto-reforzada, el cual, pese a existir una motivación y un deseo real
inconsciente de una hipervigilancia del cerebro frente a las amenazas sociales, que introduce mecanismos deformadores intencionales, confirmatorios y distorsiones de memoria (si uno busca situaciones peligrosas, es más probable que encuentre situaciones peligrosas, existan ciertamente o no). Estos procesos conducen a las personas que se sienten solas a calificar las relaciones interpersonales como amenazantes, a anticipar contactos sociales negativos y a recordar más información social negativa. Todo ello, en consecuencia, hace que elijan distanciarse de los posibles futuros vínculos sociales (Hawkley & Cacioppo, 2010).
Sentimientos de hostilidad, estrés, pesimismo, ansiedad y baja autoestima también podrían estar presentes, conformando así un rasgo disposicional que activase ciertos mecanismos neurobiológicos y conductuales, llegando a deteriorar la salud y conducir a una muerte prematura (Cacioppo & Hawkley, 2009).
La soledad transitoria puede comprenderse como la experiencia que ocurre después de sufrir ciertos eventos vitales estresantes, tales como la jubilación y en mayor medida la viudez, de la cual la gente se recupera pasado un tiempo (Victor
& Bowling, 2012) cuando las personas vuelven a encontrar a alguien en quien confiar y sienten menores niveles de exigencia y crítica por parte de la familia más cercana (Hawkley & Kocherginsky, 2018).
La soledad crónica es más estable y resulta de la incapacidad del individuo para desarrollar relaciones sociales satisfactorias a lo largo de los años (Shiovitz-Ezra &
Ayalon, 2010). Aquellas personas que sufren de soledad crónica tienden a vivir solas, ser viudas y ser frecuentemente mujeres (Pinquart & Sörensen, 2003), quienes experimentan una peor salud y un menor control percibido en comparación con las personas que no están persistentemente solas (Newall, Chipperfield, & Bailis, 2014).
Finalmente, la soledad incidente puede definirse como el desarrollo de sentimientos de soledad después de su ausencia, lo cual podría estar relacionado con el final de una relación, la reducción de la participación social, el aumento de la discapacidad o la presencia duradera de sentimientos de tristeza, inutilidad y ansiedad (Jylhä, 2004). Además, se sabe que el hecho de vivir solo es un importante factor de riesgo para la aparición de la soledad en adultos mayores (de Jong- Gierveld, 1987; C. R. Victor, S. Scambler, A. Bowling, & J. Bond, 2005a).
Varios son los instrumentos que se han usado para medir la soledad, siendo uno de los más utilizados la Escala de Soledad de la Universidad de California Los Ángeles, más conocida como UCLA Scale (Russell, Peplau, & Cutrona, 1980), por