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EN TORNO A LA MUERTE DEL DR. JOAQUIN DIAZ GONZALEZ

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MISCELANEA 195

dos, nos dio una conferencia que no estaba en el programa. Iba paso a paso recorriendo los sitios donde habían estado sus amigos, sus compañeros, donde

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recibía los libros que le permitieron estudiar. El dolor de muchos, el idealismo de tantos. Fue una experiencia única la que pudimos vivir quienes estábamos a su lado.

Se ha ido a la otra vida un caballero de alma limpia. Se fue tranquilamente paso a paso. En los últimos días su esposa, fielmente lo acompañaba a la Academia.

Era un bello espectáculo ver el afecto y el cariño que le prestaba para que Don Joaquín pudiese asistir a las sesiones que tanto le gustaban.

Siempre que ocupe mi sillón tendré que recordar la afilada figura de Don Joaquín, pidiendo la palabra y me será un buen norte para pensar que, en

la

vida, lo que hace falta no es saber no equivocarse, sino aprender a hacer sólo lo que se cree que es bueno y recto.

EN TORNO A LA MUERTE DEL DR. JOAQUIN DIAZ GONZALEZ

DESDE EL T ACHIRA

DOCTOR JOAQUIN DIAZ GONZALEZ

Por FRANCISCO ROMERO LoBo

Acaba de morir en Roma, lugar de su residencia, el esclarecido venezolano Dr. Joaquín Díaz González, nacido hace 82 años en la hermosa comarca andina de Peribeca.

Tan dolorosa noticia ha sido motivo de profundo pesar, no sólo para su familia y numerosos amigos, sino también constituye una pérdida irreparable para la Patria y para las Letras venezolanas.

Médico eminente. Humanista ilustre. Calificado historiador. Diplomático de carrera. Acucioso investigador de los hechos y las cosas de la antigüedad. Pro- fesor universitario de larga y fecunda trayectoria.

Díaz González hizo de Italia su segunda patria y de Roma la ciudad prefe- rida de sus más caros afectos. En ella vivió más de la mitad de su existencia terrenal. Fue su amada Roma ... ¡La Roma Inmortal como siempre la llamó ... ! Cursó los estudios de Medicina en la Facultad de la Real Universidad de Roma, donde obtuvo el título de Medicina y Cirugía, y el académico de Doctor en Ciencias Médicas el año de 1931, que revalidó en la Universidad Central de Venezuela en 1932.

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196 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

Hizo curso de post-grado en Dermatología en la misma universidad romana entre 1932 y 1934. Estudió también en la misma Casa del Saber de la Historia del Arte (1935-1938).

Contrajo matrimonio en la ciudad Eterna con la bella dama romana Yone Guistini en 1938. Tuvo tres hijos: Thamara Clotilde, Susan Chio y Román Conrado.

Su vida ejemplar de honesta conducta ciudadana. Su brillante inteligencia y claro talento lo destacaron en el alto mundo de la cultura y del saber con sin- gular relieve de hombre de letras de cultivado espíritu humanista.

Fue el creador de la Cátedra de Historia de la Medicina y Deontología en la ilustre Uni~ersidad de Los Andes, de la cual fue secretario cuando la Rectoría del Dr. M. A. Pulido Méndez, en cuya facultad fue al mismo tiempo profesor de Anatomía Humana. Posteriormente fue profesor titular, por concurso, de la misma materia en la Universidad Central de Venezuela. Proyectó a la vez la fundación de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina que se realizó el 28 de julio de 1944, junto con los doctores Santos A. Domínici, Diego Carbonell, Jesús R. Rísquez, Vicente Dávila y otros.

Escribió libros de Medicina, de Historia de la Medicina en la Antigüedad¡

folletos de divulgación¡ centenares de artículos de carácter histórico, científico y artístico en revistas y diarios de Venezuela y otros países; pronunció brillantes discursos y dictó conferencias magistrales.

Causó revuelo universal su original estudio acerca de lo que él descubrió en el famoso cuadro del Juicio Universal de Miguel Angel en la Capilla Sixtina de]

Vaticano ("Lo que he visto en el Juicio Universal de Miguel Angel"). Igual- mente es admirable la investigación minuciosa realizada para lograr -precisar

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sitio exacto del juramento de Bolívar por la libertad de América hecho en

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Monte Sacro de Roma y no en el Aventino, como se creía. Revelación que le- vantó polvareda polémica entre muy distinguidos historiadores.

Su carrera diplomática marcó magnífica huella protocolar por su sapiencia, ponderación y capacidad creadora. Tanto en la Santa Sede, donde estuvo como ministro, primero, y como embajador extraordinario y plenipotenciario después, completando así diez años de representación de Venezuela en el Vaticano; asJ como en Argentina, Chile y Perú donde representó dignamente a nuestro país, dejó estela prestigiosa en el campo diplomático por su brillante actuación.

Joaquín Díaz González fue valioso asesor en

el

inicio de mi experiencia diplomática ante la Santa Sede. Recuerdo con grata complacencia su amable y fra- ternal colaboración prestada invitándome, en diversas oportunidades, a acompa- ñarlo para mostrarme, con maestría inigualable, las maravillas de la Capilla Six·

tina, el Museo Vaticano, el Foro romano, el Coliseo, las Thermas de Docleciano y muchas más, como maestro insigne ...

Conservo, como tesoro invalorable, algunas cartas privadas que me escribió.

Modelo envidiable de sencillez, entrañable afecto, sabiduría y belleza de estilo.

Copio a continuación un hermoso párrafo en contestación a la mía de felicitación

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MISCELANEA 197

por sus 80 años cumplidos de

vida

fecunda: "Con el corazón dividido en estos momentos entre la Patria y esta Roma que se ha vuelto

mi

otra Patria, vuelvo con humildad y nostalgia al pasado, me refugio en la sonrisa y la dulzura de mi adorada Y one y sigo soñando con el entusiasmo de siempre aunque se vayan cayendo fatalmente las plumas de vuelo".

Con sentimientos de profundo pesar escribo estas sencillas letras en home- naje de admiración a la esclarecida memoria del excelente amigo y colega, que ofrezco en testimonio de aprecio y simpatía a su honorable viuda --doña Yone- su adorada esposa y a sus hijos.

IN MEMORIAM

JOAQUIN DIAZ GONZALEZ UN GRAN VENEZOLANO

Por

CARLOS LUIS GoNZÁLEZ

En Roma, la urbe milenaria donde discurrió gran parte de su vida fecunda consagrada a estudios de arte e historia, confortado con el amor de su inseparable esposa y de sus queridos hijos y acompañado aquende el océano por el afecto de sus hermanos y allegados, falleció recientemente el doctor Joaquín Díaz González.

Severa pérdida para nuestro país es tan luctuoso hecho, pues Joaquín Díaz González fue a lo largo de los últimos cinco decenios un venezolano que se des- tacó como universitario, académico, historiador, diplomático y crítico de arte.

En 1931, la Universidad de Roma le confirió el doctorado en Medicina, título que revalidó el año siguiente en la Universidad Central de Venezuela. Siguió luego en la capital italiana la especialización en Dermatología y, de particular sig- nificación para su futuro quehacer intelectual, culminó estudios avanzados en Historia e Historia del Arte.

Radicado en Venezuela entre 1939 y 1945, dictó las asignaturas de Anatomía Humana y de Historia de la Medicina en la Universidad de Los Andes, desempe- ñándose al mismo tiempo como secretario de esa institución. De Mérida pasó a Caracas, como profesor por concurso de Historia de la Medicina en la Universidad Central.

Durante los tres lustros siguientes representó a Venezuela como embajador ante la Santa Sede y los gobiernos de Argentina y Chile. A partir de 1960 se aposentó definitivamente en la Roma de sus querencias, donde halló el ambiente propicio para continuar e intensificar sus investigaciones sobre temas artísticos e históricos y preparar sus publicaciones, algunas de las cuales han adquirido noto- riedad internacional.

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198 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA IIlSTORIA

Muchas son las corporaciones académicas y profesionales con las que estuvo ligado el doctor Díaz González. Baste citar, a guisa de ejemplos, que fue miembro fundador y emérito de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina; miem·

bro correspondiente de la Academia Venezolana de la Historia, desde 1945;

correspondiente de la Academia de Medicina de Roma y de varias sociedades de Historia de la Medicina ubicadas en Brasil, Chile, Colombia, España e Italia, y miem- bro de la Sociedad Internacional de Historia de la Medicina. Varias condecora- ciones le fueron otorgadas, entre ellas: Gran Cordón de la Orden del Libertador y Banda de Honor de la Orden Andrés Bello, por el Gobierno de Venezuela; Gran Cruz de la Orden Plana, por su Santidad Pío XII; Gran Cruz de la Orden al Mérito, por el gobierno de Argentina y Caballero de Gran Cruz, por la Orden del Santo Sepulcro.

Aparte de esos merecimientos y de otros que de propósito he omitido para no alargarme demasiado, el ilustre finado fue autor de 20 libros sobre temas culturales, artísticos e históricos. Creo necesario comentar algunas de esas obras.

El libro ¡Tú eres esclavo!, el primero que produjo y escribió en Roma siendo todavía estudiante, es una revisión histórica de la esclavitud en la Antigüedad.

Apareció en 1932, salido de los talleres de una editorial española y una segunda edición, mejorada notablemente, circuló en 1978, bajo los auspicios de la Univer- sidad de Los Andes.

En 19 3 5 apareció Eros ( obra también producida por una editorial española y que versa sobre el amor y la sexualidad en varios pueblos antiguos como India.

Babilonia, Asiria, Egipto, Israel, Fenicia y Grecia.

Bajo la denominación genérica de Aulogélicas hasta ahora existen tres tomos, que salieron a la luz en 1942, en 1970 y en 1975.

Se

trata de recopilaciones de ensayos, discursos, conferencias y otros escritos relativos a temas de variada índole.

Don Joaquín tenía listo el material para un cuarto tomo, que ojalá pueda produ- cirse y que constituiría su publicación póstuma.

Uno de los mayores méritos del ilustre finado reside en el hecho de haber llegado a ser, a fuerza de estudio tesonero, un verdadero crítico de arte clásico y, sobre todo, un profundo conocedor de los invalorables tesoros acumulados en los museos romanos y vaticanos. Prueba de ello es su importantísimo libro en ita- liano: Scoperta d'un grande segreto dell'arte nel giudizio universa/e di Michelan- gelo, editado en 1954. Le siguió dos años después la versión al español, titulada:

Descubrimiento de un grande secreto del arte en el ;uicio universal de Miguel Angel. Estas y otras publicaciones complementarias divulgan y explican profusa- mente lo que Díaz González llamó "Criptoimágenes", imágenes ocultas, a saber:

el perfil colosal de Dante y la figura inmensa de Cristo Redentor que el autor delineó hacia 19 51, después de haber escudriñado con paciencia benedictina el conglomerado de figuras plasmadas por el artista genial en el inmortal fresco de la Capilla Sixtina.

Historia de la Medicina en la Antigüedad, que lleva ya tres ediciones, hechas en Caracas (1944), Barcelona de España (1950) y Mérida de Venezuela (1974),

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MIS CELAN EA 199

es un texto de enseñanza que se utiliza en muchas escuelas de Medicina de Iberoamérica.

Con motivo del sesquicentenario del famoso juramento de Bolívar en Roma, la Academia Nacional de la llistoria de Venezuela consideró necesario el esclare- cimiento de la duda que por mucho tiempo existió respecto a la colina romana donde realmente se produjo tal trascendente acontecimiento. A tal fin, confió tan delicado cuan honroso cometido al doctor Díaz González. Este realizó una in- vestigación que, en palabras del eminente monseñor Navarro, para entonces direc- tor de la Academia, agotó la materia y aportó argumentos tan convincentes como para concluir que "el juramento de Bolívar fue en el propio y legítimo Monte Sacro, sin que haya ningún motivo apreciable para asignarle otra cualquiera de las célebres colinas de Roma". El resultado de este trabajo, aparte de aparecer en el Boletín de la Academia, constituyó

el

material para un libro titulado El Juramento de Simón Bolívar sobre el Monte Sacro, impreso en Roma en 1958.

Posteriormente, tal libro fue mejorado y expandido muy cuidadosamente, al punto de justificar una nueva obra denominada Juramento Profético de Bolívar en el Monte Sacro, bellamente producida por la Tipografía Poliglotta Vaticana y que estuvo lista poco tiempo antes del fallecimiento del autor. Este último libro fue bautizado el pasado 17 de diciembre en una sesión solemne organizada por la Sociedad Bolivariana de Roma para rememorar los 154 años de la muerte de nues- tro héroe máximo, acto realizado en un más que apropiado escenario: la histórica edificación del Capitolio, sede del gobierno municipal romano, ubicada en el célebre Monte Capitolino de la milenaria metrópolis latina. Ante la partida defi- nitiva de don Joaquín, ocurrida siete días antes, correspondió a su hijo Román leer las palabras de estilo que aquél, previsor y disciplinado como quien más, ya había preparado con suficiente antelación.

Aparte de esas veinte obras, Díaz González pronunció muchas conferencias en centros culturales de Venezuela y otras naciones y publicó centenares de artículos de índole histórica, científica y artística, en revistas y diarios venezolanos y de otros países. Vale la pena destacar que una buena parte de ellos tuvieron acogida en las páginas del rotativo caraqueño El Universal, el mismo que generosamente aceptó estas notas de homenaje a la memoria de un ser tan esclarecido.

No podría concluir sin destacar algunos de los atributos que adornaron la personalidad del ilustre finado: la nobleza extraordinaria, el exquisito don de gente, la modestia ingénita, el intachable comportamiento ciudadano, la austeridad en el modo

de

vivir y, finalmente, el inmenso amor que profesó a su patria venezolana, a su comarca tachirense, a su tierra capachera y a sus lares, los de la "dulce y bella Peribeca" como solía mentar a la casona solariega donde nació el 20 de abril de 1903.

Hay, pues, motivo para deplorar la desaparición del doctor Joaquín Díaz González, un gran venezolano.

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