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El papel del contexto en las equivalencias en el caso de los falsos amigos en los textos literarios y técnicos

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Academic year: 2021

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Sveučilište u Zagrebu Filozofski fakultet Odsjek za romanistiku Katedra za španjolski jezik

ULOGA KONTEKSTA U IZBORU PRIRODNE

EKVIVALENCIJE U SLUČAJU LAŽNIH PRIJATELJA U

KNJIŽEVNOM I STRUČNOM TEKSTU

Ime i prezime studentice: Ime i prezime mentorice:

Daria Acinger dr.sc. Mirjana Polić Bobić, red. prof.

Ime i prezime komentorice: Branka Oštrec, lektorica

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Universidad de Zagreb

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Departamento de Estudios Románicos

Cátedra de Lengua Española

EL PAPEL DEL CONTEXTO EN LAS EQUIVALENCIAS EN

EL CASO DE LOS FALSOS AMIGOS EN LOS TEXTOS

LITERARIOS Y TÉCNICOS

Nombre y apellido de la estudiante: Nombre y apellido de la tutora:

Daria Acinger Dra. Mirjana Polić Bobić

Nombre y apellido de la contutora: Branka Oštrec, lectora

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Resumen

En la presente tesina se aborda el tema de la importancia del contexto en la traducción, más concretamente, en la elecciόn de equivalentes en el caso de falsos amigos. El corpus está formado por dos textos: uno literario de la autora española Carmen Martín Gaite y otro técnico del campo econόmico elaborado por Cristina Serrano Leal y Emma Navarro Aguilera. Se presentarán tanto los problemas traductológicos que aparecieron durante la traducciόn como los ejemplos de falsos amigos seleccionados. Primero se presentará el problema traductológico y a continuación los ejemplos elegidos (la frase original y su traducción), que se justificarán mediante las explicaciones derivadas de los diccionarios y opiniones de los autores que abordaron el tema de las equivalencias, el contexto o los falsos amigos.

Palabras clave: traducción, equivalencias, contexto, falsos amigos

Sažetak

U ovome se radu obrađuje tema važnosti konteksta u prevođenju, točnije, u odabiru ekvivalenata u slučaju lažnih prijatelja. Korpus ovoga rada čine dva teksta: književni tekst španjolske autorice Carmen Martín Gaite i stručni tekst iz područja ekonomije kojeg su izradile Cristina Serrano Leal i Emma Navarro Aguilera. Predstavit će se traduktološki problemi na koje se naišlo tijekom prevođenja kao i primjeri odabranih lažnih prijatelja. Prvo će se izložiti prevoditeljski problem, zatim odabrani primjeri (originalna rečenica i njezin prijevod), koji će se obrazložiti na temelju objašnjenja preuzetih iz rječnika i stavova autora koji su obradili temu prirodne ekvivalencije, konteksta i lažnih prijatelja.

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Índice

Resumen ... 3

1. Introducción ... 5

2. Sobre los textos ... 6

2.1. El texto literario ... 6 2.2. El texto técnico ... 7 3. La traducción... 7 4. El traductor y su tarea... 8 5. El contexto y el significado ... 9 6. Las equivalencias ... 10 7. Falsos amigos ... 10 8. El texto literario... 12

8.1. La traducción del texto literario... 28

8.2. El análisis traductológico del texto literario ... 43

8.3. Problemas traductológicos del texto literario ... 43

8.4. El análisis de los falsos amigos ... 45

9. El texto técnico... 51

9.1. La traducción del texto técnico... 63

9.2. El análisis traductológico del texto técnico ... 75

9.3. Problemas traductológicos del texto técnico ... 76

9.4. El análisis de los falsos amigos ... 77

10. Conclusión... 90

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1. Introducción

El contexto tiene un papel importante en el arte de la traducciόn, en otras palabras, el contexto tiene una gran influencia en el significado de la palabra o el sintagma original. La tarea del traductor es transmitir el mismo mensaje que el autor quiere difundir de tal manera que los lectores del texto final obtengan la misma sensación como si el autor lo hubiera escrito en su lengua. Con ese propósito se presentarán dos traducciones del español al croata y el análisis de los textos traducidos utilizando procedimientos, métodos y estrategias propias de la traducciόn. El tema principal que se tratará en la presente tesina es el problema de falsos amigos en los textos literarios y técnicos. Se expondrán los problemas que surgieron en la traducción de los textos elegidos y los procedimientos a los que se ha recurrido para resolver los mencionados problemas.

Con respecto al contexto, un tema interesante e inevitable en la traducción, se han elegido falsos amigos ya que se quería averiguar la existencia de las equivalencias naturales en la lengua meta. Para conseguirlo se ha usado el método de análisis contrastivo, es decir, se ha comparado el texto original con el texto traducido con énfasis en el contexto que determina ciertas palabras. Más concretamente, se han analizado las palabras y los ejemplos de los falsos amigos con las definiciones de las palabras analizadas para comprobar si los equivalentes elegidos son adecuados. Cada ejemplo está numerado de la siguiente manera: el ejemplo a. se refiere a la frase original y el ejemplo b. a su traducción equivalente. En los ejemplos están destacados las palabras o los sintagmas analizados.

Sobre la transcendencia del contexto en la traducciόn de los equivalentes escribieron muchos expertos en la lengua entre los que destacan Roman Jakobson, Eugene Nida, Peter Newmark, Jean-René Ladmiral y el croata Vladimir Ivir. Sus puntos de vista serán presentados más adelante en la tesina. Los autores mencionados concluyeron que el contexto es una herramienta necesaria para poder rendir una buena traducción: según el contexto palabras o frases adoptan el significado adecuado y no hay traducciόn que no tenga en cuenta el contexto. Palabras pueden tener varios significados y aunque a veces son sinόnimos, es precisamente el contexto el que ayuda en la elecciόn entre los equivalentes. Además, cuando un traductor se enfrenta con falsos amigos, hay que tener en cuenta que precisamente este fenómeno lingüístico puede llevarle a una traducción incorrecta. Es precisamente por la similaridad en la forma entre dos palabras por la que se supone que falsos amigos también se solapan en sus significados, lo que provoca problemas traductológicos en la lengua meta.

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2. Sobre los textos

2.1. El texto literario

Carmen Martín Gaite es una de las más importantes autoras españolas del siglo XX. Durante su vida literaria fue galardonada con varios prestigiosos premios entre los cuales destacan el Café Gijón (El balneario), Premio Nadal (Entre visillos), el Príncipe de Asturias, el Premio Acebo de Honor, el Premio Castilla y León de las Letras, la Medalla de oro de círculo de Bellas Artes y la Pluma de Plata del Círculo de la Escritura. A Martín Gaite se le conoce como la primera mujer que obtuvo el Premio Nacional de Literatura con la obra El cuarto de atrás. También obtuvo el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su trabajo.

Lo raro es vivir, cuyos capítulos serán presentados en esta tesina, también destaca como su obra maestra en la que trata el tema de la vida, la muerte, la realidad en la que vivimos y con la que nos enfrentamos. Lo raro es vivir es la historia de la vida de una treintañera, protagonista de la historia y además narradora. Ella reflexiona sobre su vida antes y después de la muerte de su madre y sobre el sentimiento de perder a un familiar. Martín Gaite cuenta la historia empleando un lenguaje bastante culto y complejo. Dado que la autora habla sobre lo complicado que puede ser la vida, hay muchas reflexiones interiores de la protagonista, además de presentarse su filosofía sobre la vida. También, uno de los temas es la relación entre dos personas: la protagonista y su novio, la protagonista y su abuelo y la protagonista y su madre. La cita siguiente refleja la idea fundamental de la obra y el estilo de la autora. Aun más, estas son unas frases muy llamativas que suscitan interés en conocer mejor la obra:

Es que todo es muy raro, en cuanto te fijas un poco. Lo raro es vivir. Que estemos aquí sentados, que hablemos y se nos oiga, poner una frase detrás de otra sin mirar ningún libro, que no nos duela nada, que lo que bebemos entre por el camino que es y sepa cuándo tiene que torcer, que nos alimente el aire y a otros ya no, que según el antojo de las vísceras nos den ganas de hacer una cosa o la contraria y que de esas ganas dependa a lo mejor el destino, es mucho a la vez, tú, no se abarca, y lo más raro es que lo encontramos normal (Martin Gaite 1996: 73).

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2.2. El texto técnico

El texto técnico que se presentará en esta tesina se enfoca en el campo de la economía con un discurso de la terminología específica elaborado por dos autoras españolas expertas en la materia. El textoLa respuesta europea a la crisis financiera y económicaaborda el tema de la crisis financiera y económica en sus comienzos en 2007. En el texto origen hay términos anglófonos debido a la gran influencia que el inglés tiene en el lenguaje econόmico. En cuanto al texto meta, donde existían dos posibilidades de usar o bien un término anglófono o un término croata, se ha optado o por la soluciόn croata o por la que se usa con mayor frecuencia en el metalenguaje económico para reflejar el estilo de dichos textos. A diferencia de cierta libertad que ha permitido el texto literario, en el texto económico hay que ser fiel y preciso con la terminología económica.

3. La traducción

Antes de abordar el tema de la tesina, se presentarán algunas definiciones y explicaciones de la traducción que se han implementado en la presente tesina como el hilo conductor tanto en la traducción misma como en el análisis. Como señala Ivir en su obra Teorija y tehnika prevođenja(1984: 11),

la interpretación, o muchas veces la traducción, es la actividad humana. El acto de traducir consiste en transformar el mensaje (pensamientos, sensaciones, deseos, órdenes) anteriormente expresado en una lengua en un mensaje equivalente expresado en otra lengua1.

Ivir pone énfasis sobre el mensaje que deberá ser igual, lo que significa que los receptores del mensaje traducido tienen que recibir el mismo contenido que los receptores del mensaje original (1984: 11). Este mensaje se refiere al “contenido extralingüístico (pensamientos, sensaciones, deseos, órdenes) que se transmite entre un emisor y un receptor a través de la comunicación”2 (1984: 12). En el caso de la raza humana se habla de la lengua, o un sistema de signos, que según Ferdinand de Saussure, fundador de la lingüística moderna, es la capacidad humana, universal, para expresar pensamientos y sentimientos por medio de signos (Glovacki - Bernardi et al. 2001: 84).

1La traducción de la autora de la tesina 2

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4. El traductor y su tarea

Se puede decir que la traducción es una herramienta necesaria cuando hay que realizar un comercio internacional, cuando se quiere conocer otras culturas, literaturas, cuando uno quiere conocer lo que está fuera de su entorno. Y como mantiene Ivir (1984: 16): “[...] la mayor contribución de la traducción se refleja en la creación de una relación de colectivo en el globo terrestre”.3 Además, Ivir (1984: 16) asegura que son los traductores quienes han hecho esas contribuciones positivas: “ellos recibían para poder transmitir posteriormente y asegurar como resultado de esos esfuerzos la continuidad espacio-temporal, ayudando así a formar nuestra civilización”.4

Hervey y Higgins (1992: 14) aconsejan que los traductores tengan en cuenta dos tipos de decisiones principales: las decisiones estratégicas5 y las decisiones sobre detalles6. Las decisiones estratégicas son las que “el traductor tiene que tomar antes de empezar a traducir”7. Las preguntas estratégicas son: ¿cuáles son las características lingüísticas destacadas en el texto?, ¿cuáles son sus efectos principales?, ¿a qué género pertenece y a quién está dirigido el texto?, de todos los factores ¿cuál es el que se tiene que respetar más en el texto?

Las decisiones sobre detalles son las que se toman después de las decisiones estratégicas y que se centran en la gramática, el léxico, expresiones específicas y otros problemas que se puedan encontrar en un texto.

Por otra parte, en la obra Contexts in Translating (2001: 1) Nida comenta el principio triple

de Yan Fu, al que se refieren los traductores y teóricos de China, y que algunos traductores no cumplen o no saben cómo hacerlo. Se trata del principio de fidelidad, expresividad y elegancia. Nida explica que la fidelidad es la equivalencia del significado, la expresividad se refiere a la claridad de la forma y la elegancia debe ser atractiva para que sea un placer leer el texto (2001: 1). Todos estos pensamientos han sido elementos clave durante la traducción de los textos elegidos.

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La traducción de la autora de la tesina

4La traducción de la autora de la tesina 5La traducción de la autora de la tesina 6La traducción de la autora de la tesina 7

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Para poder transmitir un mensaje apropiadamente hay que tener en cuenta que “la claridad con la que se entiende el texto originario es la clave para traducir con éxito a la lengua meta”8 (Nida 2001: 3).

Sin embargo, como comentan Anderman y Rogers (1999: 83), lo más importante en el proceso de la traducción es el traductor mismo debido a su conocimiento y competencia en la comunicación interlingüística, pero especialmente por su integridad personal.

5. El contexto y el significado

En su obra Toward a Science of Translation with Special Reference to Principles and Procedures involved in Bible Translation Nida define el proceso de traducción como una reproducción cuyo objetivo es encontrar un equivalente lo más fiel posible al original, respetándose en primer lugar el contenido y en segundo lugar el estilo (1964: 4).

Según Nida (2001: 28),

cualquiera que intente entender el significado de las palabras en el contexto primero debería considerar algunas de las graves confusiones sobre sus significados, especialmente la idea de que las palabras de cada lengua constituyen un mosaico rico de términos que encajan eficientemente en esferas o campos semánticos diferentes9.

A continuación Nida (2001: 28) comenta la relación entre las palabras y el contexto indicando que

los significados de las palabras no están claros, porque puede que algunos significados se correspondan con otros, pero precisamente el contexto ayuda a formarlos – las verdaderas pistas que nos conducen al significado dependen del contexto10.

Umberto Eco (2006: 26) comenta el problema de la sinonimia dentro de la equivalencia del sentido y afirma que “el tema de la sinonimia a cada traductor le trae unos problemas graves”11. El autor da ejemplos con las palabras father, père, padre, daddy, papà que pueden considerarse sinónimos, pero en muchas situaciones la palabra father no puede ser sustituida por la palabra daddy(ej. God is our fatherGod is our daddy). De la misma manera se han analizado los ejemplos elegidos en la presente tesina, en la que se mostrará que una palabra no siempre puede ser sustituida por otra sino que hay que prestar atención a la situación en la que se encuentra, es decir, al contexto. Refiriéndose a la idea de que los traductores sustituyen los

8La traducción de la autora de la tesina 9La traducción de la autora de la tesina 10La traducción de la autora de la tesina 11

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símbolos de un sistema al otro, Eco mantiene que una palabra en una lengua natural Alfa a menudo tiene más de una palabra adecuada en otra lengua natural Beta (2006: 27).

6. Las equivalencias

Segúnel Diccionario de la Lengua Españolaonline (2017), la equivalencia es “igualdad en el valor, estimación, potencia o eficacia de dos o más cosas o entidades”. En la traducción, la equivalencia es el término que se refiere a la igualdad entre el texto original y el texto final. Uno de los primeros autores que usó el término equivalencia fue Roman Jakobson quien afirma que la equivalencia absoluta no existe, ya que cada lengua usa sus signos de comunicación para poder transmitir los mensajes y en el caso de la traducción el traductor transmite un contenido del texto original a la lengua meta tratando de conseguir la equivalencia en trasladar el mensaje completo y no en sustituir las unidades del texto (1959: 233). Los autores más influyentes en el campo de las equivalencias en la traducción son Eugene Nida y Peter Newmark. Los dos están de acuerdo de que el traductor tiene que hacer el producto final – la traducción – lo más fiel posible al original. Respetando los dos textos, y por lo tanto las dos lenguas, hay que conseguir el valor equivalente teniendo en cuenta el contenido y el estilo de los textos. En otras palabras, la equivalencia es el objetivo esencial de la traducción.

Nida (1964: 159) distingue la equivalencia formal y la equivalencia dinámica, mientras que Newmark (1991: 11) distingue la traducción semántica y la traducción comunicativa. Igual que la dicotomía de Nida, la traducción semántica se basa en reproducir el significado contextual, y la traducción comunicativa se basa en el efecto del texto original que debe ser transmitido a otra lengua.

7. Falsos amigos

La expresión falsos amigos (de origen francésfaux amis) se emplea a aquellas palabras de dos lenguas diferentes que tienen cierta semejanza en la forma, pero no tienen el mismo significado (Lewis 2016: 1). Según el Diccionario de términos clave de ELE online (2008),

falsos amigos “se dan en lenguas emparentadas en mayor o menor rango, como el español y el francés o el español y el inglés, pero no en lenguas distantes como, por ejemplo, el chino y el

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español”. Precisamente por ser muy similares, falsos amigos pueden ser traducidos incorrectamente y producir problemas graves en el texto meta.

Como indica Lewis enKategorija živosti i ruski lažni prijatelji(2018: 1):

falsos amigos son dos lexemas en dos lenguas, idénticos o similares en su forma, pero diferentes en sus significados. El análisis de falsos amigos puede abordar todos los niveles de estudio de la lengua: gráfico, fonológico, morfológico y semántico12.

Ya en el año 1928 Maxime Koessler y Jules Decrocquigny trataron el tema de las interferencias lingüísticas entre dos lenguas que a menudo llevaron a los errores en el proceso de traducción (Chamizo – Domínguez 2008: 1).

Hay varias tipologías en el caso de falsos amigos. Vladmir Ivir (Ivir, 1968, según Lewis 2016: 33) diferencia aquellas palabras que tienen el mismo significado, pero su uso es diferente dependiendo de los sintagmas en los que se utilizan; aquellas palabras cuyos significados se solapan parcialmente; y aquellas palabras cuyos significados no se solapan.

Vinay y Darbelnet hablan de falsos amigos semánticos y diferencian falsos amigos totales o parciales. Además, existen falsos amigos que tienen más o menos el mismo significado, pero se diferencian por el valor estilístico, dependiendo del contexto en el que se usan (Vinay y Darbelnet, 1995, según Chamizo – Domínguez 2008: 12).

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8. El texto literario

Carmen Martín Gaite

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Para Lucila Valente, siempre sacando la cabeza entre ruinas y equivocaciones con su sonrisa de luz

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No es posible descender dos veces al mismo río, tocar dos veces una sustancia mortal en el mismo estado, ya que a causa del ímpetu y la velocidad de los cambios, se dispersa, vuelve a reunirse, y aflora y desaparece.

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I. EL PLANETA DE CRISTAL

Hay veces en que lo normal pasa a extraordinario así por las buenas y lo notamos sin saber cómo. De entre la sucesión no contabilizada de gestos, movimientos y vislumbres que van engrosando la masa amorfa de lo cotidiano, se separa de los demás uno de ellos, aparentemente insignificante, y salta como la nota discorde de un pentagrama, se queda resonando por el aire con zumbido de moscardón, qué pasa, ha habido una avería o esto significa el comienzo de algo nuevo, nos miramos las manos, las rodillas, qué es lo que se ha transformado, hacia dónde enfocar la atención, no sé. Y sobreviene el miedo o la parálisis.

Este tipo de sobresalto fue el que me atacó por la espalda el treinta de junio de hace dos años, cuando acababa de aparcar el coche en un hueco providencial que descubrí bajo aquel techo deslucido de cañizo. Las siete de la tarde más o menos. La maniobra había sido impecable a pesar de que soy torpe para esas cosas y siempre me parece un milagro no chocar contra algo o que no aparezca un guardia, el viaje lo había hecho eschuando una cinta de Sade, anestesian bastante los lamentos desgarrados en inglés, liberan la mirada, nubes movedizas, brisa tibia, poco tráfico; y de repente estaba tensa y asustada, no era capaz de sacar la llave de contacto, me estoy mintiendo, todo marcha mal, atenta a lo que pasa a partir de ahora.

Avancé pisando con cuidado la gravilla hacia la fachada que no conocía, y me tranquilizaba comprobar que no me estaba siguiendo nadie. Era un jardín más bien escuálido, con arriates de boj, bancos de madera un poco despintados y una fuente con rana mirando al cielo y lanzando su chorrito por la boca. Se había levantado bastante aire. A lo lejos se veían los perfiles azules de la sierra, y por la parte del Valle de los Caídos se espesaban unos nubarrones plomizos surcados por alfilerazos de luz.

Subí unos escalones y me paré antes de entrar. Algunas ventanas estaban abiertas, pero no se oía nada ni se veían bultos moverse en el interior. Sobre la puerta descubrí el letrero cuya lectura me convencí de no haberme equivocado, mayúsculas en azulejo verde y azul, y debajo, también en azulejos, resguardada por un tejadillo, una Virgen del Perpetuo Socorro de regular tamaño con su actitud hierática de icono y los ojos en punto muerto mientras sostiene sin ganas al niño de cabeza ladeada que parece un espárrago, mal nutridos los dos, ella con casquete; casi todas las vírgenes del mundo agarran los dedos de su niño como por cumplir y se les trasluce una sonrisa aprensiva, a saber lo que me espera después de que me pinten este retrato y descuelgen los ángeles de adorno, tendré que aguantar al mismo tiempo la maternidad y la leyenda.

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Me estremecí al entrar. A la izquierda, detrás de un mostrador encristalado, había una mujer de media edad con el pelo tirante recogido en un moño y bata blanca. También era muy blanca la luz que entraba por las ventanas a través de visillos de gasa y el suelo y las paredes y las sillas y un olor también blanco y tenue como a alcohol de romero. La mujer estaba hablando por teléfono y al verme allí parada me hizo un gesto con la barbilla indicando que me apartara a esperar. Retrocedí unos pasos y me quedé mirando varias siluetas que se movían tras una puerta de cristales esmerilados que había al fondo, un poco entreabierta. Debía de ser un jardín lo que había al otro lado, porque aparecían dibujos oscilantes de hojas y ramas coronando la cabeza de aquellas figuras que se unían y se separaban caprichosamente, como movidas por el viento, a un ritmo desigual. Me llegaban también sus voces apagadas, y cuando cruzaban ante la ranura que dejaba la puerta las enfocaba mejor, aunque fugazmente, y pude apreciar que sus ropas eran oscuras. Una de ellas se paró y se asomó a mirarme con ojos risueños y saltones, me saludó con la mano y se retiró a pequeños brincos. Llevaba sotana de cura, pero era una mujer.

Al cabo de un rato la otra, la de la bata blanca, que ya había terminado su conversación telefónica, tocó un timbre apoyado en peana metálica, como los de las bicicletas, y comprendí que me estaba llamando. Me acerqué.

– Vengo a la habitación 309- dije-. A visitar a don Basilio Luengo. Parpadeó nerviosa.

– Tendrá que hablar antes con el director. Me ha dicho que le avisara cuando llegara usted. La ha estado esperando esta mañana.

– Me fue imposible venir.

Se levantó sin dejar de mirarme, salió de su garita encristalada y me precedió por un pasillo de baldosines rojos y blancos hasta una puerta vidriera con herrajes artísticos. La abrió, dio la luz pulsando un interruptor que había a la derecha y se apartó para dejarme pasar.

– Espere aquí en la sala. Ahora vendrá él. Si se aburre, tiene allí el Espasa.

Además del Espasa, cuidadosamente ordenado en una enorme librería de caoba que ocupaba media pared, el mobilirario de la habitación consistía en dos sillerías antiguas, un reloj de péndulo y una profusión de mesitas de juego desperdigadas por doquier y tapizadas de fieltro verde. A la derecha, cubierta a medias por una cortina de damasco envejecido, había una tarima a la que se subía por tres peldaños de madera. Oí ruidos detrás de la cortina y me moví en aquella dirección. Un hombre con mono azul estaba en cuclillas poniendo un enchufe. Había trozos de cable y alicates por el suelo. Me quedé mirando cómo trabajaba. Al poco rato recogió sus bártulos, levantó un gran botijo blanco apoyado contra el rodapié y

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bebió largamente. Luego apagó la luz de allí dentro, bajó los escalones y atravesó la sala. Llevaba una gorra de tela con la visera para atrás.

– Si no mandan ustedes otra cosa- dijo, deteniéndose unos instantes al cruzarse conmigo.

– No. Yo nada – contesté, tras una imperceptible vacilación.

– Pues buenas tardes. El cable estaba completamente quemado. Podían haber tenido un cortocircuito.

Luego señaló al retrato de un anciano caballero con barba y condecoraciones en el pecho que presidía la sala, y al aplique de latón dorado que lo remataba a modo de cornisa.

– La luz del señor ese – dijo – la arreglaré otro día, porque hoy se me hace tarde. Se dirigió, sin añadir nada más, a la puerta por donde yo había entrado y desapareció. La espera se me hizo larga, sobre todo porque me oprimía que todas las contraventanas estuvieran cerradas herméticamnete, sabiendo que fuera aún era de día. Olía un poco a humedad, aunque no vi goteras. La luz raquítica que se repartía por la estancia surgía de unos apliques de alabastro enfocados hacia el techo. Yo seguía de pie, traspasada por un amezcla de ansiedad y alarma. Encendí un pitillo, pero lo apagué enseguida porque me daba náusea.

En la librería del Espasa faltaba el tomo de „España“. Lo estaba comprobando y dando alas a la sospecha de que pudiera encontrarse en habitación 309, cuando sentí una presencia a mis espaldas y me volví con susto. Hubo un silencio breve pero intenso.

– Perdone que la haya hecho esperar – dijo el recién llegado, tendiéndome una mano alargada y joven, de apretón firme – . Bienvenida.

La voz era la misma que por teléfono, pero resultaba mucho más persuasiva porque se adaptaba como un guante al porte y el rostro de quien la emitía. Me sorprendí preguntándome vorazmente cómo me estaría viendo él, una curiosidad adolescente y olvidada que provocaban en mí a los quince años los hombres mayores que yo que me atraían a primera vista y ante los cuales me sentía insegura. De repente recordé cómo iba vestida y peinada, no le di el visto bueno a mi aspecto y añoré una ducha con desodorante. Él era alto, llevaba un traje de hilo color gris marengo y camisa blanca sin corbata. Ya no parecía tan joven, aunque sus manos y su voz lo fueran mucho, le calculé unos cincuenta años, era de los que sonríen sin sonreír, buen cuerpo, algunas canas. Nos estábamos mirando de plano y yo no decía nada.

– ¿Le parece bien que nos sentemos? – preguntó.

Lo hicimos uno frente a otro en una de aquellas sillerías antiguas, brazos de madera negra con almohadillado y tapicería en tonos amarillos. Yo seguía sin decir palabra, pero tampoco

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era ya capaz de mirarle a los ojos, los suyos seguía sintiéndolos fijos en mí y el corazón me latía muy fuerte.

– Estoy asombrado de cómo se parece usted a su madre – comentó – . Supongo que se lo habrán dicho infinidad de veces.

– Algunas me lo han dicho, sí. Aunque últimamente…, bueno, hace ya años…, mis amistades y las suyas no pertenecían al mismo círculo, o sea que…, en fin, no había mucha ocasión de comparar.

– ¿Quiere decir que no trataba usted a su madre? – Vamos a dejarlo en un trato distante.

– Pues, a pesar de todo- dijo con voz grave – , yo la acompaño a usted en el sentimiento, en el que haya podido producirle su muerte, mucho o poco. Era una mujer extraordinaria.

– Gracias. Ya lo sé.

– Y a usted la quería mucho.

– Eso ya no lo sé. Pero da igual – añadí levantando los ojos nuevamente hacia el hombre alto con una repentina reacción de dureza que intentaba abortar sus posibles argumentos en contra – . No he venido aquí para discutir eso, como comprenderá. Enseguida me arrepentí del frunce de mis labios reflejado en su mirada dulce e irónica, tal vez incluso un poco compasiva, como en un espejo deformante. Es un gesto que me echa años encima.

- ¡Vaya! ¿Ya sabe de antemano, entonces, lo que ha venido a discutir? Sentí que perdía pie, pero me resistía a bajar la guardia.

– No, no tengo ni idea. Recuerde que es usted quien me convocó y manifestó deseos de hablar conmigo.

– ¿Y le incomoda que estemos hablando?

– No, por favor. Perdone mi tono de antes. Es que ando un poco a la defensiva. Supongo que me viene bien hablar con alguien, sí. Y cuanto más desconocido, mejor.

– Pues entonces relájese, mujer, y déjese llevar a lo que salga. Su abuelo opina que los que escriben el índice de un libro antes del libro mismo, ésos no limpian fondos. Yo le pregunto a veces que si ha escrito algún libro él, pero dice que no, o al menos no se acuerda, que la memoria es tramposa, dice. Claro que a mí me parece que el tramposo es él.

Sonreía mirándome y yo también sonreí tímidamente. Sabía mucho el hombre alto. Me daba algo de miedo. Sonaron los tres cuartos para las ocho en el reloj de péndulo.

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– Perdone – dije –, ¿le molestaría abrir las contraventanas? Me angustia un poco estar con luz eléctrica.

Se quedó dudando.

– Verá, existe un pequeño inconveniente. Todas las ventanas dan al jardín de atrás y ellos están ahora por ahí, es su hora de expansión antes de la cena. Esta habitación les fascina. Si notan que abrimos una brecha, por pequeña que sea, se arracimarán para fisgar desde fuera, y adiós intimidad. Me figuro que no le apetece.

– No, qué horror, no me apetece nada.

– Pues a mí menos. Hágase cargo de que los estoy pastoreando todo el día. No obstante-añadió levantándose –, podemos introducir una pequeña mejora. Esas luces de arriba son como para un velatorio.

Arrastró una lámpara de pie y la enchufó cerca de nosotros. Daba una luz potente y ligeramente azulada. Luego fue hacia la puerta y apagó las del centro.

– Mejor, ¿verdad? – preguntó, mientras volvía a sentarse y cruzaba las piernas-. Más íntimo.

– Mucho mejor, sí. Gracias. Por cierto, ¿mi abuelo también está en el jardín?

– No, él apenas sale de su cuarto, a no ser ya muy de noche a hablar con las estrellas. En general, lleva una vida aparte. Porque es un caso aparte.

Hubo un silencio que me pareció demasiado largo. No sabía cómo romperlo. „Bueno, pues usted dirá“ era una frase socorrida, pero tan tópica que la taché antes de verla escrita saliendo de mi boca en nubecita de cómic. Rectifiqué mi postura indolente. Mejor empezar yo misma por alguna parte.

– ¿Sabe mi abuelo que he venido a visitarlo? – pregunté –. ¿O no se lo ha dicho usted todavía?

– No. De eso quería hablarle precisamente. Ni se lo he dicho ni voy a decírselo. Cree que es ella quien tiene que venir. Es a ella a quien está esperando.

La habitación empezó a girar hacia una órbita desconocida. O mejor dicho, se acercaba girando otro planeta que iba a chocar contra el nuestro. Y llegaba mamá sentada en aquel planeta que tenía paredes de cristal y por eso se podía ver lo que pasaba dentro. No es que pasara nada muy asombroso, se trataba más bien de una réplica a la escena que estábamos representando en aquel momento el hombre alto y yo, con la diferencia de que, amparado por aquellas paredes transparentes, con quien él estaba hablando no era conmigo sino con mamá. Se inclinaba hacia ella y le tendía un pañuelo blanco para que se secara los ojos, de los que brotaban lágrimas de cristal como las que bañan el rostro de las Dolorosas, el decorado era

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idéntico, hasta la luz azul que llegaba a rachas como el haz de un faro reflejaba la de nuestra lámpara de pie recién encendida para conseguir intimidad; a mamá le temblaban los hombros, ¿qué se estaban diciendo?, oírlos no los oía, solamente se podía percibir el zumbido estridente de aquel planeta oblongo que sobrevolaba nuestras cabezas a modo de zepelín dibujando espirales cada vez más vertiginosas, tan bajo, tan rasante que me sentí sacudida por el pánico. Nos íbamos a desintegrar en el espacio aquel desconocido y yo antes de que le diera tiempo a contarme la historia. No había salida. Todo daba vueltas.

Me tapé los oídos, cerré los ojos con fuerza y me agaché hacia adelante buscando el amparo de otro cuerpo que acompañase con las suyas las sacudidas del propio temblor.

– ¿Qué le pasa? ¿Se encuentra mal? – Muy mal, sí, muy mal…

Me había escurrido hasta la alfombra, sentí sus manos sobre mi pelo y me desvanecí. Luego, casi enseguida debió de ser, estábamos sentados uno junto al otro en el sofá de la sillería amarilla y él me tomaba el pulso. La expresión de su rostro, aunque preocupada, no contagiaba alarma sino seguridad y dulzura. Lo más raro es que me acordaba de todo, que no necesitaba preguntar „¿dónde estoy?“ „¿qué ha pasado?“ o „¿quién es usted?“, simplemente me abandonaba al placer de saberme amparada y comprobar que ya no se oían las trepidaciones de aquel planeta de cristal que había estado a punto de embestir al nuestro.

– ¿Había bebido usted esta tarde o tomado alguna droga? – preguntó con los ojos fijos en su reloj de pulsera.

– No.

– Eche la cabeza hacia atrás, ¿quiere? Respire hondo, más despacio. Así, a ese ritmo. Abandoné suavemente mi mano izquierda sobre la falda a rayas, no sé por qué me había puesto esa falda tan fea. Antes de apartar sus dedos, esbozó sobre los míos una caricia breve, tal vez demasiado profesional. ¿O no lo era tanto?

– Ha sido un mareo raro- dijo –. ¡Y tan repentino! No estará embarazada.

– ¿Embarazada yo? – protesté –. De ninguna manera, ¡Dios me libre! No quiero tener hijos nunca, nunca. ¡Jamás en mi vida!

– Pues tome precauciones, porque es usted muy guapa. Y por favor, no se altere. Me alargó un pañuelo blanco, y fue cuando supe que estaba llorando.

Le agradecí que no me preguntara nada. Llegué a sospechar, mientras me estaba limpiando los ojos, que si le contaba lo del planeta, en vez de ponerse a hurgar en mis posibles complejos de Edipo, me diría: „ Si usted ha creído verlo es que ha pasado. No todos vemos las

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mismas cosas.“ Esa sospecha, o más bien fantasía, me dio fuerzas para levantarme y cruzar la habitación hacia la tarima donde vi trabajar al hombre del mono azul. Me había entrado mucha sed y me acordé de que allí tenía que seguir el botijo. Levantarlo con los brazos tensos, ligeramente arqueados, y dejar caer el chorro fresco hasta mi boca, aparte de surtir su efecto sedante, confirmó la elasticidad de mi cuerpo, que disparaba hacia la mente ideas claras y ganas de vivir. La existencia del botijo confirmaba también, por otra parte, que el electricista no había sido una visión fantasma. ¿Por qué, entonces, iba a serlo mi madre llorando lágrimas de cristal? Las dos cosas habían pasado en el mismo cuarto. Me escurrían unas gotas de agua escote abajo y me las sequé con el pañuelo, que había metido en el bolsillo de la chaqueta. Luego volví lentamente sobre mis pasos, deleitándome en su cadencia. El hombre alto me había llamado guapa. Y ahora se estaría fijando en mis andares.

– Estoy segura de que va a haber tormenta – dije, cuando llegué de nuevo a su lado –. Gracias por el pañuelo.

Lo miró brevemente al recogerlo. No me pinto los ojos ni me maquillo. No tenía manchas. Lo dobló.

– ¿Quiere que sigamos hablando de su abuelo? – preguntó tras una breve pausa –. ¿O prefiere dejarlo?

– Prefiero seguir. ¿Por qué ha dicho antes que la está esperando a ella? ¿Es que no sabe que ha muerto? Han pasado ocho semanas.

Me miró serio.

– Precisamente. Y duratne esas ocho semanas su familiar más próximo, que según tengo entendido es usted, ni ha telefoneado ni tal vez hubiera aparecido por aquí si a mí no se me ocurre llamarla. ¿O me equivoco?

– No, no se equivoca.

– ¿Y qué quiere? ¿Que se lo hubiera contado yo? Me limité a poner fuera de su alcance los periódicos que durante dos días hablaron de ella. Aunque no sé, la verdad, si habrá servido de mucho.

– ¿Quiere decir que puede haber visto alguno?

– Puede, aunque no le interesan los periódicos en general. Prefiere el Espasa. Dice que es lo más divertido del mundo.

Miré hacia el hueco que había dejado vacío el tomo de „España“. Ahora ya estaba segura de que lo tenía él. Y se me metieron en remolino, atropellándose unas a otras, todas las mudanzas acontecidas en nuestro país desde la edición de esa enciclopedia. ¿Cómo habría

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vivido el abuelo esas mudanzas, concretamente las de los últimos años, entre las que se abría paso, ignorado, oscilante y torpe, mi crecimiento mismo?

– ¿Ha dicho algo de mí? – pregunté.

– No. Ni de ella tampoco. Eso es lo raro. No pregunta por ella ni la nombra. Antes, a no ser que estuviera de viaje, y en ese caso le ponía postales, venía a visitarlo una o dos veces al mes, aunque nunca en día fijo, cosa que a él le hacía mucha ilusión. Esas visitas, que se alargaban hasta muy tarde, no tenían nada que ver con las que otros parientes hacen a sus mayores, se notaba que para ellos no se trató nunca de una penosa obligación, sino de algo placentero, que disfrutaban, vamos, yo esas cosas las leo en la cara incluso cuando no afloran, pero además es que su madre y su abuelo me lo ponían fácil. En él sobre todo resultaba evidente que vivía de la renta de esas visitas, amasando su espera y su recuerdo. „Hoy viene mi hija, seguro“, me decía de pronto una mañana. Y solía acertar. No ha vuelto a decir nada. Y habla menos conmigo. Tampoco la ha llamado por télefono para saber si le ha pasado algo, tengo advertido en rececpción que me avisen si lo hace. Mantenían una especie de pacto, me contó ella un día, de no molestarse por teléfono, a no ser en casos de fuerza mayor. – Muy de mamá esa actitud- dije como para mí-. Pero lo que me intriga ahora es por

quién se habrá podido enterar el abuelo. ¿Usted conoce a Rosario Tena? ¿Le suena de algo?

Hizo un gesto ambiguo.

– Ha compartido el estudio de mi madre durante estos últimos años- aclaré, sin dejar de mirarle.

– Ya. Pero por aquí no ha venido. – Puede haber escrito.

– Tampoco, se lo aseguro.

– Entonces no sé, déjeme pensar… Se encogió de hombros.

– Mejor que no piense. Adivinar por qué vías se entera don Basilio de las cosas es tan díficil como saber de qué se entera y de qué no. Pero qué más da. Lo único que cuenta es la alquimia a que somete luego esos informes, caso de que le lleguen. Su contumacia en hacer de las quimeras una norma de vida es algo inquebrantable y redentor. Gracias a eso resiste. Y lo que le puedo asegurar- continuó en tono solemne, como si emitiera un veradicto – es que a ella seguirá esperándola hasta que aparezca.

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Ahora me estaba mirando con la ceja izquierda levemente alzada. Era un gesto de complicidad, un ruego de aquiescencia. Supe que la estaba viendo a ella, dirigiéndose a ella como poco antes dentro del planeta de cristal. La daba por reaparecida. Aparté los ojos con un breve sobresalto.

– ¿Me está proponiendo que la suplante? – pregunté.

– Me gustaría simplemente saber si está dispuesta o no a colaborar conmigo. Depende de su temple y de su capacidad para apuntarse a los juegos peligrosos. Es a usted a quien le toca mover ficha o levantarse de la mesa.

Me subió desde los pies como una ola de fuego que me desentumecía. Hojas secas y papeles de archivo se consumían en aquella hoguera.

– Llevo mucho tiempo sin jugar a nada. ¿Qué hay que hacer? – pregunté –. Tendrá que ponerme en antecedentes.

– Por supuesto. Y usted a mí. No nos conocemos apenas. Pero nos convendría, de entrada, fiarnos uno de otro al menos un poco.

Le alargué la mano.

– Puede darlo por hecho en lo que a mí respecta.

– No corra tanto. Llevará su tiempo – replicó sin soltar la mano que estrechaba dentro de la suya –. Y también sus condiciones, ¿no? Pero es un comienzo alentador. Por cierto, gana usted mucho cuando sonríe.

– Tomo nota. ¿Algo más? – Sí, claro, mucho más.

Aquel treinta de junio no vi a mi abuelo. Cuando quisimos darnos cuenta, se nos había hecho demasiado tarde, y el hombre alto dijo que ya estaban sentadas las bases del juego pero que era mejor darse una tregua para hacer las cosas con desahogo. Esperar la ocasión propicia. No concretó más. Entendí que ya estábamos jugando.

– Permítame que le bese la mano – dijo al despedirse de mí en el vestíbulo –. A su madre le gustaba.

Ya había anochecido y teníamos los nubarrones encima. Crucé la gravilla sin volver la cabeza y cuando arranqué él ya no estaba. Poco antes de llegar a Madrid, por la Cuesta de las Perdices, estalló la tormenta. Justo cuando Sade estaba cantando:

„There's a a quiet storm

and I never felt this hot before…“

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II. PRIMERAS MENTIRAS

Los días que siguieron están enhebrados en mi recuerdo por la perentoria necesidad de continuar aquella historia, aunque presumía que la aguja para coserla no iba a manejarla yo. Pero mis nudos interiores me impedían desentenderme de una rumia de decisiones que brotaban a mi pesar y se deshojaban continuamente apenas formuladas. Me ha pasado muchas veces, en época de nudos, no ser capaz de reconocer luego que se han deshecho sin intervenir yo. No funciona la experiencia de una vez para otra, al contrario, se vuelve avestruz. Recuerdo haber dicho al cabo de los días, consciente de que las aguas han vuelto a su cauce: „¡Con lo fácil que era!“, y haber renegado de la pasada obcecación, pero cuando ésta se reproduce tejiendo sus ramificaciones alrededor de un nuevo asunto sigo pensando que darle vueltas sirve para algo.

Además el asunto del abuelo afectaba a otros muchos, y yo había querido ignorarlo cuando consideré un simple trámite- equivocado o no, pero exento de peligro- coger el coche para ir a visitarlo aquel treinta de junio. Ya a la mañana siguiente era imposible ignorar el desencadenamiento de aguas residuales que se propagaban por otros terrenos no tan fáciles de describir ni de acotar. Los conductos subterráneos se habían roto por la noche; precisamente en uno de los sueños que tuve aparecía papá muy enfadado conmigo, pidiéndome explicaciones de los malos olores que invadían el chalet donde vive ahora; su niño se había despertado diciendo „ ¡caca, caca!“; al fin encontraron un agujero grande junto a la piscina y enseguida papá, a pesar de que no se distingue por su perspicacia, había adivinado que aquel borboteo de porquería que iba enfangando el jardín afluía de mi pozo negro. „¿Me lo vas a negar?“ „Claro que no“, le dije. Manoteaba mucho, llevaba gafas ahumadas con marco fluorescente y exigía, señalándose los pantalones manchados de fango, que mi marido mandara a algún operario de su equipo lo más pronto posible, a Tomás se refiere diciendo „tu marido“, aunque sabe que no lo es.

Tuve otros sueños de tuberías y de cables sin separar, pero no me acuerdo tan bien como de ése. Sólo sé que en uno de ellos aparecía el hombre del mono azul y decía: „ Han estado ustedes a punto de tener un cortocircuito.” A sus pies se movía una especie de intestino enmarañado.

Me desperté temprano, con mucho dolor de cabeza, y ya no pude volver a conciliar el sueño, aunque todavía no había sonado el despertador. Cuando me estaba sirviendo el café y preparando las tostadas del desayuno, llamó Tomás desde la provincia de Jaén, donde están haciendo unas urbanizaciones. Comentó que me notaba la voz un poco rara.

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– No te habré despertado, ¿verdad, guapa?

– No – le dije –. Me ha despertado mi padre con una pejiguera de las suyas y me ha puesto de mal humor. No sé qué problema tiene con un desagüe de vertidos residuales. Pretende que te pases por allí para verlo, como si no tuvieras otra cosa que hacer. – Pero por allí, ¿dónde? – se extrañó Tomás.

– Por su chalet de Las Rozas.

– ¿Tiene un chalet en Las Rozas? Primera noticia. – Sí, hombre. Nos lo dijo el día del funeral de mamá.

En una urbanización de allí cerca. Se han mudado definitivamente hace poco, el piso de Madrid lo quitan, un cambio de status. Con el aburrimiento, ya sabes, la gente se complica la vida, y Montse se aburre. Papá quiere que vaya a verlos, me hizo un plano, te lo conté, ¿no te acuerdas?

– No – dijo –, pero da igual. De todas maneras, lo que me parece chocante es que llame tu padre, y menos para pedirme a mí un favor, cuando casi no nos conocemos.

– Pues ya ves.

– Le habrás dicho que estoy fuera, me figuro.

– No. No le he dicho nada. Igual luego se le olvida. Él es así.

Hubo un silencio que de pronto pesaba. Bebí un sorbo de café con leche, y miré la hora. – ¿Y tú cómo te encuentras? – preguntó.

- Yo muy bien. – ¿Seguro?

– Sí, claro. ¿Por qué?

– No sé, tienes una voz que no parece la tuya. Daría cualquier cosa por verte en este momento.

– Te arrepentirías. Estoy fea. – Imposible.

– Te digo que sí, y en plan mutante además. Vestida de marrón, tela de hábito con un estampado de oro y malva en relieve, el pelo teñido de rubio platino y me han salido varices. Ah, se me olvidaba, también me he operado la nariz; pero para ponérmela más larga, ¿sabes?, no más corta.

Mientras decía aquella sarta de tonterías imaginaba en paralelo una secuencia de cine donde una mujer, sin soltar el teléfono, lo va desplazando más arriba o más abajo para dejarse acariciar por su amante. Le hace gestos pidiéndole cautela. Es una escena que se ha visto

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muchas veces, aunque yo nunca la he protagonizado. En aquella fantasía erótica, las manos de mi amante eran las del hombre alto.

Tomás se echó a reír.

– Venga, no seas gamberra. ¿Fuiste a ver a tu abuelo? – Sí.

– ¿Y qué tal?

– Nada, estaba dormido. Tendré que volver otro día. Lo de mi madre, según me han dicho, lo ha encajado muy bien. Ya sabes que es lo único que me preocupaba. ¿Tú cuándo vienes?

– Creo que tardaré todavía una semana. Lo que tenías que hacer es pedir un permiso y dejarte de abuelos, padres y demás familia. Al fin y al cabo, para el caso que te han hecho…

El hombre alto me empezó a desabrochar el pijama. Lo hacía despacito, sin dejar de mirarme. Agarré aquella mano con la mía izquierda, se la volví hacia arriba y le fui besando primero la palma y luego los dedos uno por uno. No oponía resistencia. De todas maneras, el hecho de no conocer su nombre bloqueaba intermitentemente el vuelo de mi fantasía.

– Necesitas descansar y esto es precioso – siguió diciendo Tomás –. ¿Por qué no vienes? Hay un parador en la Sierra de Cazorla, a pocos kilómetros de lo nuestro, con unas vistas de no creérselo, lejos de todo, sin ruidos, un verdadero edén.

– Gracias, pero ya sabes lo que pienso de los edenes. Además, me dieron una semana cuando murió mamá y las vacaciones no quiero tomarlas hasta agosto. El trabajo es lo que más me entretiene.

– Pues nada, con tal de que estés bien.

– Estoy bien, ya te lo he dicho. Oye, cielo, en serio, se me hace tarde, se me enfría el café.

Cuando colgué el teléfono, me di cuenta con pasmo de las dos mentiras tan gordas que le había metido a Tomás sin ton ni son: una que había llamado mi padre y otra que el abuelo estaba dormido, pero además sin darme apenas cuenta de que al decirlo lo iba inventando. No eran mentiras piadosas ni de defensa, sino fatales, de esas que clavan alevosamente su aguijón de avispa. Luego escuece la roncha de repente y uno cree que ha tenido la culpa de algo. Vislumbré que aquellas dos afirmaciones traerían cola, tanto si reconocía haber mentido como si no. Tomás es un cultivador pertinaz y ferviente de la lógica, madre mía, qué nublado de explicoteos se avecinaba, menos mal que iba a tardar una semana en volver. Se me encendió una bombillita roja de alarma y latió un rato, pero después se apagó bajo la ducha.

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De todas maneras, tomé nota de que la visita al abuelo había dejado a la intemperie una serie de cables de distintas procedencias que estaban a punto de provocar cortocircuito.

En lo que me equivoqué fue en creer que entregarme de lleno a mi trabajo - única decisión tranquilizadora mientras me secaba el pelo – significaba tomar una vía que me apartaba de aquella tupida maraña.

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8.1. La traducción del texto literario

Carmen Martín Gaite

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Za Lucilu Valente, koja uvijek izvlači glavu iz ruševina i pogrešaka sa svojim vedrim osmijehom

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Nije moguće dva puta stupiti u istu rijeku, ni dva puta dotaknuti se po kakvoći svojoj iste prolazne supstancije, nego se ona žestinom

i brzinom promjene razasipa i opet skuplja…pridolazi i odlazi.13

Heraklit iz Efeza

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I. STAKLENI PLANET

Ima dana kad ono obično samo tako postaje izvanredno, i mi to primijetimo, a da ni ne znamo kako. Iz beskonačnog niza gesti, pokreta i naznaka koji uvećavaju bezobličnu masu onog svakodnevnog, od ostalih se izdvaja jedno od njih, naizgled nevažno, te odskače poput neskladne note iz notnoga crtovlja i odzvanja zrakom uz zujanje muhe zujare. Što se to događa? Je li to kakav kvar ili je to početak nečega novoga? Promatramo svoje ruke, koljena. Što li se to promijenilo? Prema čemu usmjeriti pažnju? Ne znam. A onda prevlada strah ili nemoć.

Ta vrsta zaprepaštenosti napala me s leđa tridesetog lipnja prije dvije godine, taman kad sam parkirala automobil na, nekim čudnim slučajem, prazno mjesto koje sam otkrila ispod onog neosvijetljenog krova od trstike. Bilo je oko sedam navečer. Unatoč tome što sam nespretna za takvo što, parkirala sam besprijekorno, a uvijek mi se čini da je pravo čudo ako ne udarim u nešto ili ako se ne pojavi prometni policajac. Putem sam slušala Sade, srceparateljne tužaljke na engleskome jeziku prilično omamljuju, oslobađaju pogled, putujući oblaci, blagi povjetarac, rijedak promet. I odjednom sam bila napeta i preplašena, nisam bila u stanju izvaditi ključ iz brave, lažem samoj sebi, ništa nije u redu, oprezno iščekujem ono što će se sljedeće dogoditi.

Pažljivo sam nastavila koračati šljunčanom stazom prema pročelju koje mi nije bilo poznato, a smirivalo me to što sam se uvjerila da me nitko ne slijedi. Bio je to zapravo zapušten vrt sa stazama šimšira i pomalo izblijedjelim drvenim klupama i vodoskokom sa žabom koja gleda prema nebu i ispušta mlaz vode iz usta. Počelo je prilično puhati. U daljini su se nazirali plavi obrisi planine, a nad Dolinom palih zbijali su se veliki tmasti oblaci izbrazdani svjetlošću.

Popela sam se nekoliko stepenica i zastala prije ulaska. Nekoliko je prozora bilo otvoreno, ali niti se išta čulo niti se naziralo da se unutra išta kreće. Na vratima sam uočila natpis velikim slovima na zelenim i plavim pločicama i kad sam ga pročitala, uvjerila sam se da nisam pogriješila, a ispod, također na pločicama, zaštićenu krovićem, Gospu od Neprestane Pomoći prosječne veličine sa svojim uzvišenim stavom ikone i odsutnim pogledom dok bezvoljno drži dijete nagnute glave, kao da je klonulo, oboje pothranjeni, ona s kapuljačom. Gotovo sve gospe na svijetu sa zabrinutim osmijehom drže prste svojega djeteta kao da moraju. Da mi je znati što me čeka nakon što mi naslikaju ovaj portret i skinu ukrasne anđele. Morat ću istovremeno izdržati i majčinstvo i legendu.

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Uplašila sam se kad sam ušla. S lijeve strane, iza staklenog šaltera, nalazila se sredovječna žena, kose podignute u punđu, u bijeloj kuti. Bijela je bila i svjetlost koja se probijala kroz prozore sa zastorima od muslina, i pod i zidovi i stolice, bijel je bio i miris blag poput tinkture ružmarina. Žena je razgovarala na telefon, a kad me ugledala kako tamo stojim, dala mi je znak glavom pokazujući mi da se pomaknem i pričekam. Pomaknula sam se par koraka unatrag i promatrala nekoliko sjena koje su se micale iza odškrinutih vrata od mutnog stakla na kraju hodnika. S druge je strane vjerojatno bio vrt, pojavljivali su se nemirni likovi čije glave kao da su krasili obrisi lišća i granja, odlazili su i dolazili kako im se prohtjelo, kao da su nošeni vjetrom u nejednakom ritmu. Do mene su dopirali i njihovi tihi glasovi, a kada su prolazili ispred odškrinutih vrata, bolje sam ih vidjela, iako na brzinu, pa sam mogla procijeniti da im je odjeća bila tamna. Jedan se od njih zaustavio, provirio i pogledao me svojim vedrim i buljavim očima, mahnuo mi te otišao poskakujući. Imao je svećeničku halju, no bila je žena.

Ubrzo je ona druga, ona u bijeloj kuti, koja je već bila završila svoj telefonski razgovor, zazvonila zvoncem na metalnom postolju, poput onih na biciklima, te sam shvatila da me zove. Približila sam se.

– Došla sam u posjetu, soba 309 – rekla sam. – Gospodin Basilio Luengo. Nervozno je trepnula.

– Prije ćete morati razgovarati s ravnateljem. Rekao je da mu javim kad stignete. Čekao Vas je jutros.

– Nikako nisam mogla doći.

Ustala je neprestano me gledajući, izašla iz svoje ostakljene kućice i vodila me crveno-bijelim popločenim hodnikom sve do vrata s ugrađenim staklom s ukrasnim okovima. Otvorila ih je, upalila svjetlo pritisnuvši prekidač s desne strane i pomaknula se kako bih mogla proći.

– Pričekajte ovdje u dvorani. Sad će doći. Ako Vam je dosadno, tamo Vam je enciklopedija Espasa.

Osim enciklopedije, pažljivo posložene u ogromnoj biblioteci od mahagonija koja je zauzimala pola zida, u prostoriji su bile dvije stare drvene stolice, zidni viseći sat i mnoštvo raštrkanih stolića za igre presvučenih zelenim suknom. Na desnoj se strani nalazio podij, napola prekriven starom zavjesom od damasta, do kojeg su vodile tri drvene stepenice. Začula sam buku iza zavjese i krenula u tom smjeru. Muškarac u plavoj kuti čučeći je postavljao utičnicu. Na podu su bili dijelovi kablova i kliješta. Promatrala sam ga kako radi. Ubrzo je skupio svoje stvari, podignuo veliki bijeli vrč naslonjen uz zidnu letvu i iz njega otpio velik

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gutljaj. Zatim je tamo unutra ugasio svjetlo, spustio se stepenicama i prešao na drugi kraj dvorane. Imao je platnenu kapu sa šiltom okrenutim prema natrag.

– Ako Vam više ništa ne treba – rekao je, zadržavajući se nekoliko trenutaka dok je prolazio kraj mene.

– Ne. Meni ništa – odgovorila sam nakon neprimjetnog odugovlačenja.

– Onda doviđenja. Žica je bila skroz pregorjela. Moglo je doći do kratkog spoja.

Zatim je pokazao prema portretu starog bradatog gospodina s odličjima na prsima koji je dominirao prostorijom i prema pozlaćenoj svjetiljci od mjedi koja ga je uokvirivala kao krovni vijenac.

– Svjetlo ovog gospodina popravit ću neki drugi dan, danas mi je već kasno – rekao je. Krenuo je bez riječi prema vratima kroz koja sam bila ušla i nestao.

Činilo mi se da dugo čekam, posebice zbog toga što su me gušile hermetički zatvorene žaluzine, a znala sam da je vani još dan. Malo je smrdjelo na vlagu, iako nisam primijetila mokre mrlje. Slabašna svjetlost, koja se raspršivala prostorijom, izvirivala je od svjetiljki od alabastra usmjerenih prema stropu. I dalje sam stajala prožeta mješavinom tjeskobe i opreza. Zapalila sam cigaretu pa je odmah ugasila jer mi je od nje bilo mučno.

Na polici s enciklopedijom nedostajao je svezak „Španjolska“. Tražila sam ga i slutila da bi mogao biti u sobi 309, kad sam osjetila nečiju prisutnost iza svojih leđa i preplašeno se okrenula. Nastupila je kratka, ali napeta tišina.

– Oprostite što ste me morali čekati - rekao je pridošli, pruživši mi dugačku i mladoliku ruku čvrsta stiska. – Dobrodošli.

Glas je bio isti kao i preko telefona, ali mnogo uvjerljiviji jer se savršeno uklapao u držanje i lice onoga koji ga je ispustio. Iznenadilo me to što sam se požudno pitala kako izgledam u njegovim očima. Javila se ona zaboravljena adolescentska znatiželja koju su u meni kao petnaestogodišnjakinji pobuđivali stariji muškarci koji bi me privukli na prvi pogled i pred kojima sam se osjećala nesigurno. Odjednom sam se sjetila kako sam bila odjevena i kakvu sam frizuru imala. Nisam si dobro izgledala i žudjela sam za tuširanjem i dezodoransom. On je bio visok, nosio je tamnosivo laneno odijelo i bijelu košulju bez kravate. Više se nije činio tako mladim, iako su njegove ruke i glas bili mladenački. Dala bih mu pedesetak godina. Bio je jedan od onih koji se osmjehuju bez osmijeha, dobro tijelo, nekoliko sijedih. Gledali smo se oči u oči, ali ja nisam ništa govorila.

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Sjeli smo jedno nasuprot drugomu u one starinske stolice s crnim drvenim ručkama s jastučićem i žućkastom presvlakom. Ja sam i dalje bila bez riječi, a i nisam ga više mogla gledati u oči, no njegove sam osjećala usredsređene na sebi dok mi je srce snažno lupalo.

– Iznenađen sam koliko sličite svojoj majci – rekao je. – Pretpostavljam da su Vam to rekli bezbroj puta.

– Da, neki su mi rekli. Iako u posljednje vrijeme… dobro, prošlo je već mnogo godina… nismo se kretale u istim krugovima ljudi, možda ipak… na kraju krajeva, nije bilo mnogo prilika da nas se usporedi.

– Želite reći da niste razgovarali s majkom? – Ostavit ćemo to za neki daleki razgovor.

– Onda, unatoč svemu – rekao je ozbiljno – suosjećam s Vama u onome što Vam je njena smrt mogla prouzrokovati, bilo to puno ili malo. Bila je izvanredna žena.

– Hvala. Znam.

– I jako Vas je voljela.

– To već ne znam. Ali svejedno je – dodala sam ponovno podižući pogled prema visokom muškarcu s iznenadnim otporom kojim sam pokušavala uništiti njegove moguće protuargumente. – Nisam došla ovdje raspravljati o tome, kao što ste već shvatili.

Odmah sam požalila zbog mojih stisnutih usana ocrtanih u njegovu slatku i ironičnu, možda čak i pomalo suosjećajnu pogledu, kao u izobličenu ogledalu. To je grimasa koja mi dodaje godine.

– Gle ti to! Onda već unaprijed znate o čemu ste došli raspravljati? Osjetila sam da gubim tlo pod nogama, ali i dalje sam bila na oprezu.

– Ne, nemam pojma. Sjetite se da ste me upravo Vi pozvali i iskazali želju da razgovaramo.

– I zar Vam smeta što razgovaramo?

– Ne, ma kakvi! Ispričavam se zbog svog tona. To je moj obrambeni stav. Da, pretpostavljam da mi dobro dođe da porazgovaram s nekim. I još k tome ako je potpuni stranac, to bolje.

– Onda, ženo, opustite se i dopustite da Vas vodi ono što ispadne. Vaš djed misli da oni koji napišu kazalo knjige prije same knjige, ne vide dalje od toga. Ja ga ponekad pitam je li on napisao koju knjigu, ali kaže da nije, ili se barem ne sjeća, i kaže da je pamćenje varljivo. Naravno, meni se čini da je on taj koji je varljiv.

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Smijao se gledajući me pa sam se i ja sramežljivo nasmijala. Mnogo je toga znao taj visoki muškarac. Malo me je plašio. Na visećemu satu odzvonilo je sedam sati i četrdeset i pet minuta.

– Oprostite – rekla sam – možete li, molim Vas, otvoriti žaluzine? Malo mi smeta to električno svjetlo.

Oklijevao je.

– Vidite, postoji jedan mali problem. Svi prozori gledaju na stražnji vrt, a oni su sada tamo, vrijeme je za njihovu rekreaciju prije večere. Ova ih soba fascinira. Ako primijete da smo otvorili prozor, makar ga samo odškrinuli, nagurat će se da pronjuškaju izvana i zbogom privatnosti. Mislim da Vam se to ne bi svidjelo.

– Ne, užas, uopće mi se ne bi svidjelo.

– A meni još manje. Pokušajte shvatiti da ih ja pazim cijeli dan. Međutim, - nadodao je ustavši - možemo nešto učiniti. Ova svjetla na stropu kao da su za bdijenje.

Primaknuo je podnu svjetiljku i upalio je pokraj nas. Bacala je jaku plavkastu svjetlost. Kasnije je otišao do vrata i ugasio glavna svjetla.

– Bolje je, zar ne? – upitao me kad je sjeo pa prekrižio noge. – Intimnije. – Da, mnogo je bolje. Hvala. Zbilja, je li moj djed također u vrtu?

- Nije, on jedva izlazi iz svoje sobe, jedino ako je mrkla noć kako bi razgovarao sa zvijezdama. Općenito, on vodi poseban život. Jer je poseban slučaj.

Uslijedila je tišina koja mi se činila predugom. Nisam znala kako je razbiti. „U redu, ako Vi tako kažete“ bila je prikladna rečenica, ali takav klišej da sam je prekrižila prije nego što sam je vidjela kako izlazi iz mojih usta zapisana u oblaku iz stripa. Ispravila sam svoj ravnodušan stav. Bolje je da ja sama s nečim započnem.

– Zna li moj djed da sam ga došla posjetiti? – upitala sam. – Ili mu još niste rekli? – Nisam. Upravo sam o tome želio razgovarati. Niti sam mu rekao niti ću mu reći.

Vjeruje da ona treba doći. Ona je ta koju čeka.

Soba se počela okretati prema nepoznatoj orbiti. Ili, bolje rečeno, drugi planet okrećući se približavao i spremao udariti o naš. Zatim je stigla mama i sjedila je u onome planetu sa staklenim zidovima, zbog čega se i moglo vidjeti što se unutra događa. Nije se događalo ništa zaprepašćujuće, više je to bio odgovor na scenu koju smo u tome trenutku odigrali visoki muškarac i ja, samo što je, zaštićen onim prozirnim zidovima, on sada razgovarao s mamom, a ne sa mnom. Nagnuo se prema njoj i pružio joj bijelu maramicu da si obriše oči iz kojih su tekle staklene suze poput onih koje peru lice Gospe Žalosne. Scena je bila identična,

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uključujući i plavu svjetlost koja je dopirala na mahove, kao snop zraka iz svjetionika odražavala se svjetlost naše podne svjetiljke netom upaljene zbog intimnijega ugođaja. Mami su drhtala ramena. Što li su si samo govorili? Osluškivala sam, ali ih nisam uspjela čuti, samo se moglo razabrati jako zujanje onoga ovalnog planeta koji je letio iznad naših glava poput cepelina, iscrtavajući sve vrtoglavije spirale, tako nisko, tako vodoravno, da me obuzela panika. Onaj stranac i ja trebali smo se razdvojiti u svemiru prije nego što mi je uspio ispričati priču. Nije bilo izlaza. Sve se vrtjelo.

Pokrila sam si uši, snažno stisnula oči i nagnula se prema naprijed tražeći zaštitu drugoga tijela da zajedno prebrodimo tremor.

– Što Vam je? Loše Vam je? – Loše, da, jako mi je loše…

Spustila sam se do tepiha. Osjetila sam njegove ruke na kosi i onesvijestila se.

Kasnije, vjerojatno odmah nakon toga, sjedili smo jedno kraj drugoga u žutim naslonjačima i on mi je mjerio puls. Iako zabrinut, izraz njegova lica nije odavao nemir, već sigurnost i nježnost. Najneobičnije je to što sam se svega sjećala, što nisam trebala pitati gdje sam, što se dogodilo ili tko ste Vi, jednostavno sam se prepustila ugodnome osjećaju sigurnosti i uvjerila se da se više nije čulo podrhtavanje onoga staklenog planeta koje je bilo tik do toga da udari o naš.

– Jeste li konzumirali alkohol ili kakvu drogu? – upitao me koncentrirano gledajući na svoj ručni sat.

– Nisam.

– Zabacite glavu, može? Duboko dišite. Polakše. Tako. Baš tako.

Nježno sam spustila lijevu ruku na prugastu suknju. Ne znam zašto sam odjenula tako ružnu suknju. Prije nego što je odmaknuo svoje prste, nježno je pomilovao moje. Možda previše profesionalno. Ili nije bilo tako?

– Imali ste neobičnu nesvjesticu – rekao je. – I tako iznenada! Da niste trudni?

– Ja? Trudna? –negodovala sam. – Nikako. Oslobodi me, Bože! Nikada ne želim imati djecu, nikada! Nikada u životu!

– Onda budite oprezni jer ste vrlo zgodni. I, molim Vas, nemojte se uzbuđivati. Pružio mi je bijelu maramicu i tada sam shvatila da plačem.

Zahvalila sam mu na tome što me ništa nije pitao. Dok sam si brisala oči, posumnjala sam da bi mi, ako mu ispričam ono o planetu, umjesto da prekopa po mojim mogućim Edipovim kompleksima, rekao: „Ako Vi vjerujete da ste to vidjeli, onda je tako i bilo. Ne vidimo svi iste

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stvari.“ Ta sumnja, ili bolje rečeno fantazija, dala mi je snage da ustanem i prođem na drugi kraj sobe i dođem do onog podija na kojem sam vidjela muškarca u plavoj kuti kako radi. Osjetila sam jaku žeđ i sjetila se da vrč i dalje mora biti tamo. To što sam ga podignula ukočenim i blago savijenim rukama i pustila da svježi mlaz iscuri prema mojim ustima, osim što mi je utažilo žeđ, potvrdilo je elastičnost mojega tijela koje je ispaljivalo mozgu jasne ideje i volju za životom. S druge strane, to što je vrč bio tamo, također je potvrdilo da električar nije bio priviđenje. Zašto bi to onda bila moja majka koja lije staklene suze? Oba su se događaja dogodila u istoj sobi. Nekoliko kapi klizilo mi je dekolteom pa sam ih obrisala maramicom koju sam ranije bila stavila u džep jakne. Zatim sam opet lagano koračala i uživala u toj kadenci. Visoki mi je muškarac rekao da sam zgodna. I sada se vjerojatno zagledao u moj hod.

– Sigurna sam da će biti nevrijeme – rekla sam kad sam ponovno došla do njega. – Hvala na maramici.

Kratko ju je promotrio kad ju je uzeo. Ne šminkam si oči niti koristim šminku. Nije bila umrljana. Presavio ju je.

– Želite li da nastavimo razgovor o Vašemu djedu? – upitao me nakon kratke stanke. – Ili radije ne?

– Želim nastaviti. Zašto ste malo prije rekli da čeka nju? Zar ne zna da je umrla? Prošlo je osam tjedana.

Ozbiljno me pogledao.

– Upravo tako. I tijekom tih osam tjedana najbliži član njegove obitelji, a koliko sam ja upoznat to ste Vi, niste ni nazvali, a možda se ne biste ni pojavili ovdje da Vas se ja nisam sjetio nazvati. Ili se varam?

– Ne, ne varate se.

– I što želite? Da sam mu ja rekao? Ograničio sam se na to da od njega maknem novine koje su dva dana govorile o njoj. Iako, uistinu, ne znam je li čemu poslužilo.

– Želite reći da je možda koje vidio?

– Može biti, iako ga općenito ne zanimaju novine. Više mu se sviđa Espasa. Kaže da je to najzabavnije na svijetu.

Pogledala sam prema praznome mjestu na kojemu je stajao svezak „Španjolska“. Sad sam već bila uvjerena da ga je on imao. I sve promjene u našoj zemlji od izdanja te enciklopedije pomiješale su mi se u vrtlog, međusobno se sudarajući. Kako li je djed preživio te promjene, točnije one posljednjih godina, koje su vodile do mog nesvjesnog, promjenjivog i nespretnog odrastanja?

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– Je li rekao što o meni? – upitala sam.

– Nije. Ni o njoj. To je ono neobično. Ne pita za nju niti je spominje. Prije ga je posjećivala jednom do dva puta mjesečno, ali nikada na isti dan, što je njega jako veselilo, osim ako je bila na putu, a i u tom slučaju mu je slala razglednice. Te posjete, koje bi potrajale i do kasno poslijepodne, nisu bile ni slične onima drugih rođaka i njihovih predaka. Vidjelo se da to za njih nikada nije bila naporna obaveza, već nešto ugodno, nešto u čemu su uživali. Slušajte, ja te stvari pročitam na licu čak i kad se ne primijete, a osim toga, Vaša majka i djed to su mi olakšavali. Pogotovo se na njemu vidjelo da živi od tih posjeta, skupljajući njihovo iščekivanje i sjećanje na njih. „Danas sigurno dolazi moja kći“, rekao bi mi odmah ujutro. I obično bi pogodio. Nije više ništa spominjao. I manje razgovara sa mnom. Nije je ni zvao na telefon da provjeri je li joj se što dogodilo. Rekao sam na recepciji da mi jave ako to učini. Ona mi je jednom ispričala da su imali određenu vrstu dogovora da se ne gnjave pozivima telefonom, osim u slučaju više sile.

– Tipično za mamu – rekla sam zapravo samoj sebi. – Ali ono što me sad zanima jest od koga je djed mogao saznati. Poznajete li Rosario Tenu? Zvoni li Vam?

Imao je nejasan izraz lica.

– Posljednjih godina dijelila je atelje moje majke – pojasnila sam mu dok sam ga neprestano gledala.

– Da. Ali ovamo nije navratila. – Možda je pisala.

– Niti to, vjerujte mi.

– Onda ne znam, čekajte da razmislim… Slegnuo je ramenima.

– Bolje je da ne razmišljate. Pogađati kojim putovima gospodin Basilio saznaje stvari teško je kao i znati što zna, a što ne zna. Ali svejedno. Jedino što se računa jest alkemija kojoj kasnije podvrgava ta izvješća, ako ih i dobije. Njegova tvrdoglavost da od iluzija čini životno pravilo jest nešto neslomljivo i spasonosno. Zahvaljujući tome se drži. A sa sigurnošću Vam mogu reći – nastavio je uzvišenim tonom kao da izriče presudu – da će nju čekati sve dok se ne pojavi.

Sada me gledao s blago podignutom lijevom obrvom. Bio je to znak za suradnju, molba na pristanak. Znala sam da je vidio nju, obraćajući joj se kao malo prije u staklenome planetu. Opet je bila prisutna. Odvratila sam pogled s kratkom zaprepaštenošću.

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