Jon Juaristi, Historia mínima del País Vasco, México, El Cole-gio de México, Turner, 2013, 341 pp. iSBN 978-607-462-662-9
leo en el periódico de mayor difusión en el País Vasco una noti-cia relacionada con eta, el grupo terrorista de ideología ultrana-cionalista vasca. Se trata, como es ya habitual, de una noticia casi de relleno, cuando no hace ni 10 años habría ocupado la portada. Varios terroristas serán próximamente juzgados por el asesinato de Jean-Sérge Nérin, un gendarme francés que fue la última vícti-ma mortal de eta en 2010. Nérin era un policía (Police Nationale) que perseguía para arrestarlos a unos terroristas que habían roba-do unos vehículos. Son los que ahora van a ser juzgaroba-dos junto a las personas que les dieron algún tipo de apoyo en su huida. la pri-mera víctima mortal de eta, en 1968, también era un policía, un guardia civil, José Pardines, que detuvo en un control de tráfico a un coche en el que viajaban dos miembros de eta. Uno de ellos, Javier Etxebarrieta, bajó del coche mientras el guardia comproba-ba la matrícula y lo asesinó por la espalda. Estas dos muertes resu-men la historia del terrorismo ultranacionalista vasco, que nació en una pesadilla nacionalista y está dejando sus últimos vestigios en un delirio autista. Con motivo de este próximo juicio, que pue-de ser su última oportunidad pue-de ocupar un espacio residual en los medios de comunicación, jefes de la banda han tuiteado un mensa-je llamando a la lucha contra Francia y España dirigido a “los vas-cos auténtivas-cos y militantes”.
al ignorarlo en el resto, es decir, al renunciar a escribir una his-toria que esté determinada desde sus orígenes, o al menos desde sus orígenes contemporáneos, por la inevitabilidad del terrorismo. Jon Juaristi, que estuvo durante no poco tiempo en la lista del carnicero de eta, es un escritor. Sé bien que este atributo no es hoy muy explicativo y que el lector espera que le diga inmediatamen-te algo más, pero lo cierto es que siempre he considerado a Juaristi un escritor a secas. Es cierto que al mismo tiempo es profesor uni-versitario en Alcalá de Henares y que antes lo fue en otras univer-sidades, entre ellas la mía, la del País Vasco, pero esto no lo define en la república de las letras. Ser escritor sí, porque Juaristi ha pro-ducido sus mejores obras en la calidad de lo que debe entenderse por tal sustantivo, es decir, alguien cuyos textos alcanzan al públi-co y no solo al “publiquito” al que más públi-comúnmente se dirigen los textos académicos.
En esa esfera más restringida del escrito académico también se prodigó Juaristi, aunque algunos de sus textos que cabe colo-car en este cajón ya daban saltos por salir de ahí. Eso ocurrió con El linaje de Aitor. La invención de la tradición vasca (1987) y con Vestigios de Babel. Para una arqueología de los
naciona-lismos españoles (1992), libros que enseguida se transfirieron a
un debate más allá del mundo académico. Si entrar en el espacio público significa entre otras cosas incomodar al poder estableci-do, eso es lo que, junto con otros colegas, consiguió Juaristi con
Auto de terminación, un libro que al Partido Nacionalista Vasco
(una suerte de pri vasco) le pareció propio de vascos no auténti-cos, justo lo que se pretendía. El paso definitivo a esa esfera en la que se manifestó plenamente el Juaristi escritor vino con El bucle
melancólico. Historias de nacionalistas vascos (1997). En sus
de la cultura política, y su interpretación del nacionalismo como memoria hipertrofiada. No es extraña la atracción pues Crui-se o’Brien, como Juaristi, procedía de una familia nacionalista, y lejos de manifestar su distancia respecto del nacionalismo renun-ciando a las señas de identidad apropiadas por el mismo (la len-gua, entre otras), lo haría mediante una crítica de la cultura política en toda regla. Juaristi prologaría la traducción española de Voces
ancestrales (1994) dos años después y allí escribió: “no pasa un día
sin que lea o repase algunas páginas de Conor Cruise o’Brien”. Como el escritor irlandés, Juaristi se tomó en serio la necesi-dad de explicar tanto el nacionalismo como, sobre todo, la cul-tura vasca al margen del diktat nacionalista. El notable peso que en el conjunto de su obra tiene el estudio de la cultura vasca res-ponde a un empeño que da literalmente la vuelta al sueño histo-riográfico del nacionalismo: en vez de contar a Basque history of
the world se trata de contar a Basque history in the world. Aunque
la historia de la cultura. Esto es muy visible en el arranque de los capítulos dedicados a la prehistoria, la romanización, la formación de los reinos cristianos o la génesis cultural del Fuero como cons-titución territorial donde lo que interesa contar es cómo la cultura vasca ha interpretado tradicionalmente estos mismos momentos. Es una constante en este libro ir entrelazando el relato histórico con el relato historiado, es decir, lo ocurrido con lo interpretado y asimilado culturalmente. Es ahí donde creo que asoma el escritor con más soltura y más gracia.
de otro modo dada la naturaleza humana— en todos los procesos de expansión imperial, como harían siglos después los vizcaínos des-de el siglo xvi en América. Es también un lugar común el que da por hecho un relato que, como se explica bien en este libro y había analizado ya antes el propio autor, se estableció a finales del siglo xvi y que supone la existencia de una serie de comunidades perfectas o repúblicas independientes adheridas voluntariamente a la corona castellana en distintos momentos. Es un proceso que el lector mexicano entenderá bien si tiene en mente la operación argumental desarrollada por diego Muñoz Camargo para la pro-vincia de Tlaxcala en un momento estrictamente coetáneo al de la obra de Andrés de Poza. Al igual que el tlaxcalteca mestizo, el vizcaíno nacido en Amberes optó por el relato histórico para fun-damentar un constructo jurídico político que inmediatamente se asentaría con tal efectividad que será replicado no pocas veces des-de la propia corte des-de Austrias y Borbones como lo será por cierto también el relato tlaxcalteca.
Fue en ese siglo tan pródigo en reelaboraciones culturales en Vasconia que se fraguó la idea, tan inaudita como exitosa, de que todos los vizcaínos pertenecían a un solar hidalgo porque la propia tierra otorgaba la nobleza. Como por encantamiento los “pecheros” que aparecían en el Fuero Viejo de Vizcaya (1452) des-aparecieron del Fuero Nuevo (1526) y permitieron a la cultura foral —con Poza como referencia esencial— asentar la equivalen-cia entre la tierra y la nobleza. la última reforma del Fuero de Viz-caya, de 1992, todavía recoge lo siguiente: “Aforado o infanzón es quien tenga su vecindad civil en territorio aforado”. infanzón es sinónimo de hidalgo. En esa equivalencia que tanta fortuna ha hecho en la historia vasca se apoyará durante la edad moderna y hasta finales del siglo xix, como narra Juaristi, buena parte del armazón jurídico político que conformó diferentes modalidades de autoadministración de las provincias vascas.
historiográfico del Estado moderno. Me refiero al hecho de que en el proceso de construcción del Estado liberal en España los fueros vascos como forma de autogobierno no solamente subsis-tieron sino que fue entonces, en el siglo xix, cuando se consolida-ron. Esta interpretación, por supuesto, resulta contradictoria con lo que el nacionalismo vasco siempre interpretó como un ataque inclemente del Estado español contra los fueros vascos, desde que su fundador Sabino Arana lo dijo en unas pocas páginas no muy bien escritas. También lo es respecto de una historiografía no necesariamente nacionalista pero que ha asumido buena par-te del argumento básico de ese movimiento al enpar-tender que nece-sariamente Fueros vascos y Constitución española debían chocar estrepitosamente. las guerras carlistas (1833-1840 y 1872-1875), que lo fueron civiles, dinásticas, ideológicas y de religión, fue-ron interpretadas como guerras por los fueros. la primera de ellas, argumenta este libro, acabaría en esa clave parcialmente y la segunda nunca lo fue, pero el hecho de que así se haya dado por bueno (incluso historiográficamente) hasta no hace mucho dice bastante de la fortuna que ha tenido en el País Vasco el discurso nacionalista.
la riqueza del libro creo que está, con todo, en la capacidad de compactar en un volumen como este un relato que aprovecha la antropología, el arte, la lengua y la literatura, la economía y la sociología para presentar al lector una muy aceptable síntesis de la historia vasca.
José María Portillo Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibersitatea
Rafael Rojas, Historia mínima de la Revolución cubana, México, El Colegio de México, 2015, 201 pp. iSBN 978-607-462-772-5
la publicación del libro Historia mínima de la Revolución cubana de Rafael Rojas, de El Colegio de México, es oportuna. En efecto, la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Esta-dos UniEsta-dos en 2015 marca el inicio del fin de un ciclo en la his-toria de ese país. El momento es ideal para analizar, en múltiples niveles, la concatenación de acontecimientos que marcaron la vida pública cubana durante la segunda mitad del siglo xx y los prime-ros años del xxi. Estamos hablando, gprime-rosso modo, de un perio-do que abarca el ciclo biológico de cubanos naciperio-dos después de la segunda guerra mundial.