[ ] RUA
20
Reflexiones
sobre la creación del
Proyecto
Arquitectónico
María Concepción Chong Garduño y Ana Aurora Fernández Mayo
Las aproximaciones al Proyecto. El término proyecto en nuestra carrera está directamente relacionado con la arquitectura, ya que éste le da un sentido a la disciplina. Generalmente lo referimos a una serie de dibujos que, plasmados en planos, expresan de manera gráfica un lenguaje; lenguaje que a través de una serie de trazos y símbolos va configurando el proyecto.
Para proyectar requerimos generar ideas que empiezan en la mente y que intentan plasmarse en un mensaje expresivo; al inicio con un vacío, en el que no tenemos nada, a no ser por el papel y los instrumentos de dibujo; es entonces que invertimos muchas horas frente a nuestra mesa de trabajo, muy probablemente con el papel en blanco.
Cuando finalmente la idea es concretada, emprendemos a desarrollarla y empezamos a proyectar. El proyectar nos separa de nosotros
mismos y, en la medida en que se desarrolla el proyecto, tendemos a llenar esos huecos productos del vacío que nos generaron las ideas iníciales. Un proyecto es una mención vacía que se planifica cuando está siendo realizada y en esa búsqueda, la atención se decide ensayando y estableciendo situaciones adecuados con la meta a alcanzar. Es aquí donde se saca provecho de los accidentes afortunados que deben ser reconocidos (SEGUÍ de la Riva, 1999, pág. 8) y de esta manera aprovecharlos para ir configurando nuestro proyecto.
Figura 20. Hotel del Centro Corporativo Bosques, Teodoro González de León
El proyecto se convierte en un acto mental, como señalaba León Battista Alberti en el siglo XV (González de León, 1994, pág. 73) y se convierte en la búsqueda de lo que no existe. Tenemos algo imaginado, algo construido en nuestro interior, que lo formulamos a través del desarrollo de destrezas que se plasman en un dibujo (nuestro lenguaje), buscando en primer lugar, expresar la idea a nosotros mismos, para que poco a poco, por aproximaciones sucesivas, logremos llegar a lo que nuestra mente imagina. En este proceso de aproximaciones utilizamos el razonamiento, el cual nos permite ir avanzando. Los alumnos, en el taller de diseño, aprenden a avanzar en su proyecto, exponiéndolo y recibiendo asesorías de sus profesores en una constante retroalimentación. Teodoro González de León explica que: “Los maestros calificaban en el patio y en grupo. No era como en ciertas escuelas norteamericanas, donde el alumno se podía defender. Aquí no. Trabajo entregado y se acabó; el alumno desaparece. Pero sí nos permitían escucharlos, sobre todo a nosotros que éramos un grupo muy inquieto en la escuela, porque realmente a mí sí me preocupó estudiar la arquitectura a fondo” (NOELLE, 1994, pág. 228).
En este proceso es muy importante la autocrítica del mismo alumno y la crítica de sus compañeros ya que les permite dar pasos seguros hacia algo más definido. Se requiere la colaboración constante tanto de maestros como de alumnos; el maestro debe participar con el alumno proyectando con él, orientándolo y motivándolo a reflexionar en cada paso o etapa del proyecto, para que el resultado no sea únicamente un dibujo y el estudiante, un dibujante, porque de esta manera no lo ayudamos a ser creativo, lo limitamos en su formación y no desarrolla las habilidades que le permitan concretar un proyecto arquitectónico. El tiempo invertido en generar una idea de repente pareciera extenso, sin embargo, cuando se plasma en un papel y se concreta en un proyecto, el desarrollo se vuelve fácil y práctico, percatándonos de que el tiempo es relativo.
Las generación de ideas que realizan los estudiantes puede llegar a ser muy rápida, sin embargo si no realizan una mayor búsqueda, si se quedan con la primera opción que surge, puede resultar no ser la propuesta más apropiada; o por el contrario llegan a generar ideas sobresalientes donde invierten mucho tiempo, pero que sin embargo no son concretadas en un proyecto, lo que da como resultado un proyecto inconcluso, no desarrollado en los términos arquitectónicos propios
.
Es evidente que en el proceso proyectual se requiere de tiempo para configurar una idea; generalmente el éxito de un buen proyecto depende del tiempo dedicado para ello, sin embargo, también es claro que siempre se tiene un compromiso preestablecido con algún cliente o en el caso del proceso enseñanza-aprendizaje, se tiene un tiempo definido para cerrar el curso. Ante esta situación, desafortunadamente, los profesores se ven obligados a poner un límite de tiempo para la entrega del proyecto. Sin embargo es necesario conocer las capacidades y habilidades de cada alumno y dar paso a una libertad proyectual que permita el desarrollo de habilidades y destrezas, y por consecuencia a la generación de ideas de proyecto más acertadas.
[ ] RUA
22
El Proyecto, ¿metodología o acierto y error? ¿Cómo hacer arquitectura?, ¿cómo desarrollar nuestro oficio? oficio que requiere de tantas horas de trabajo frente al restirador o frente a la computadora; destinar un tiempo que tenemos para imaginar, crear y componer, para finalmente obtener una idea lógica coherente con el programa y que además comunique y transmita un significado.
“La arquitectura es muy difícil; no es como la música, en la que se puede ser genio a los 11 años. La arquitectura es un oficio duro y cuesta mucho aprenderlo” (GONZALEZ DE LEÓN, Intervenciones, 1997, pág. 56).
Hacer arquitectura no sólo es basarse en una metodología utilizando una serie de pasos que nos ayudan a obtener un resultado “favorable y acorde” con nuestro programa arquitectónico.
Para Teodoro González de León el proyectar, diseñar el espacio y los volúmenes no tiene que ver con una metodología, ya que para él, utilizar una metodología lo considera como una “perversión de los valores”, porque acostumbramos a los alumnos a realizar una investigación de dos meses y después les pedimos que proyecten en dos semanas.
González de León, considera que únicamente debemos dedicar una o dos semanas a la investigación y el demás tiempo dedicarlo a proyectar, de manera que el alumno aprenda a crear a base de prueba y error; inventando formas, espacios, volúmenes y confrontarlos con los requerimientos del programa, del sitio, del clima, del contexto en donde el proyecto estará inserto y evaluar su congruencia para entonces, volver a empezar hasta lograr relacionarlos directamente.
El proyecto es lo más importante en la arquitectura, es lo que le da su razón de ser porque consolida la idea
y el diseño en uno solo, sin embargo, para lograrlo, se requiere cuestionarse: ¿qué es proyectar, cómo debemos hacerlo, cómo concebir una idea? Al respecto Teodoro González de León menciona: “No hay métodos. Al maestro que le diga que hay métodos no le crea. Eso es lo que yo puedo recomendar después de muchos años de trabajo” (NOELLE, 1994, pág. 232).
Al inducir al alumno a utilizar una metodología, se pierde el sentido de proyectar y finalmente cuando llegamos a la etapa creativa se vuelve más importante para el alumno, cubrir una etapa metodológica, que desarrollar una idea de proyecto adecuada. Por lo general se “apropian” de la primera idea, debido a que cuentan con poco tiempo para desarrollar otras; los proyectos resultantes no siempre reflejan creatividad, aún cumpliendo con todas las etapas metodológicas. Para enseñar aquello que está referido a un proceso creativo, debemos tratar de acercarnos a él, comprendiendo la lógica que el alumno tiene al enfrentar el proyecto. Esto nos debe motivar para enfrentar la comprensión de determinados objetivos
pedagógicos; orientándolo en la forma de entender aquellos elementos que se hacen relevantes al momento de iniciar el proyecto ya que éstos serán las variables que le permitan concretar su idea.
Debemos considerar que la arquitectura no se hace por deducción, la arquitectura es arte, es creación y al meternos en eso que se llama creatividad, nos metemos en el misterio de la mente humana que nadie ha penetrado (NOELLE, 1994, pág. 232). Es por ello que, si incitamos al alumno a desplegar algunas competencias que le permitan desarrollar habilidades y destrezas, le servirán como medio para concretar su idea; y en esos contenidos procedimentales pueden definirse metodologías propias, desde su forma de enfrentar un análisis hasta la configuración de una idea.
La capacidad creativa y las habilidades. Analizando la forma en que Teodoro González León crea sus proyectos, se puede observar que él viaja continuamente de la pintura a la arquitectura o viceversa, evocando en sus creaciones arquitectónicas algo que ya realizó en sus pinturas. Sin embargo él comenta que arquitectura y pintura son dos disciplinas diferentes y que no necesariamente tiene que ver una con la otra. Lo que sí reconoce es que:
“La arquitectura existe cuando hay emoción poética, la arquitectura es cosa plástica. La plástica es aquello que uno ve y que uno mide por los ojos. Desde la planta, desde el plano y en consecuencia en todo lo que se levanta en el espacio, el arquitecto es un plástico; él disciplina los requerimientos utilitarios en virtud del propósito plástico que persigue; el arquitecto compone” (GONZALEZ DE LEÓN, 1994, pág. 11).
Si analizamos el hecho de proyectar como un arte o como la plástica, entonces incursionamos en otra parte de la capacidad creativa, que va mas directamente relacionada con el talento nato del
individuo y que lo desarrolla simplemente porque lo siente. La capacidad creativa, se puede ver afectada por las emociones, sensaciones, por la voluntad, por los valores, por las habilidades, por la formación, por el modo de vida y la sociedad en que nos desenvolvemos.
Las habilidades, que únicamente se adquieren con la práctica, están más íntimamente relacionadas con la forma de expresión de los arquitectos que es el dibujo o las maquetas, en donde se consideraría el manejo de la geometría, la capacidad para manipular formas y relacionarlas entre sí, que permitan comprender la forma y cómo se va a construir.
[ ] RUA
24
El Proyecto y el programa. Al inicio del proceso proyectual el arquitecto estudia las necesidades del cliente y de acuerdo a su interpretación y su capacidad, establece los objetivos a investigar antes de hacer una propuesta; esta aproximación al proyecto la definimos como programa. Las interpretaciones que el arquitecto hace de las necesidades del cliente le sirven de guía para configurar los espacios, sin embargo esta configuración de espacios está sujeta a modificaciones posteriores según se vaya avanzando el proceso proyectual. Al respecto, se coincide con la opinión de González de León, ya que la creación arquitectónica sigue siendo un acto discontinuo y penoso, un ejercicio reiterado de prueba y error, en el que cada creación se confronta con los requerimientos del sitio y del programa y que sin embargo, el proyecto no tiene que ser un resultado del programa, ya que únicamente constituye una guía. Además pregunta ¿Por qué el proyecto que realizamos tiene que coincidir con el programa? Diciendo que:
“Uno de los dogmas del funcionalismo que más obstáculos había sembrado en la elaboración de mis proyectos era el de que la forma final de los edificios es una consecuencia directa del programa, prejuicio que todavía se enseña en las escuelas” (GONZÁLEZ DE LEÓN, 1994, pág. 16).
El programa arquitectónico enuncia los objetivos finales de la obra, los requerimientos y las condiciones espaciales del diseño de manera ordenada. Nos sirve para orientarnos en el proceso del proyecto, pero no es el que dicta la forma del edificio, la forma la podemos definir independientemente del programa a partir del proceso creativo.
A partir de definir el tema y la finalidad de la obra arquitectónica, se requiere elaborar el programa para describir el funcionamiento del edificio, su
composición, el número de espacios, las áreas y dimensionamiento de los locales, sistemas de instalaciones y áreas externas que complementen el edificio. Al respecto, Yáñez menciona que el programa arquitectónico es un documento escrito acompañado de mapas, planos o referencias gráficas que no deben dejar duda del problema a resolver por el arquitecto.
“En las primeras décadas del siglo XX, antes de la revolución que en Arquitectura significó el movimiento racionalista, poco rigor se tenía en la formulación de programas, de suerte que los proyectos resultaban en mayor o menor grado mal fundados y por consiguiente, realizadas las obras, se manifestaban multitud de fallas” (YAÑEZ, 2004, pág. 102).
Es importante observar que el programa arquitectónico no representa un método proyectual, sino más bien es el que constituye una herramienta en la investigación proyectual que ayuda a identificar los objetivos que deben seguirse para configurar la idea. La investigación se debe realizar considerando todos los aspectos cualitativos y cuantitativos que involucraran al proyecto, de modo que, como dice Seguí, nos aproximemos a un modelo edificable. Al respecto menciona:
“Si proyectar es la acción de anticipar un modelo edificable, soporte y albergue de la actividad humana en el seno de un ambiente natural y social, no será posible esta actividad sin considerar como datos de partida las premisas, condiciones y constricciones que el ambiente natural y social determinan como contexto donde plantear la anticipación” (SEGUÍ de la Riva, 1999, pág. 25).
El programa plantea una serie de determinantes que se definen a partir del conocimiento del sitio, de los requerimientos del cliente y que ponen al arquitecto o al alumno frente a un problema que tiene que resolver, mediante su proceso creativo y con el que debe ser capaces de demostrar sus habilidades y las competencias adquiridas, a través de la materialización de la idea final.
Conclusiones
Indudablemente se ha dicho y escrito mucho sobre el proyectar en arquitectura; se han tratado de entender todos y cada uno de los aspectos que inciden en el proyecto; ha habido muchas afirmaciones, que reflejan el punto de vista muy particular de quien escribe; sin embargo hasta ahora sólo podemos afirmar que el proyecto arquitectónico le da sentido a nuestra disciplina y que por lo tanto, merece toda nuestra atención. Cuando nosotros nos encontramos en la actividad de proyectar, reflexionamos muy poco sobre el “acto de proyectar” y sobre el por qué, y cómo lo hacemos. Sin embargo en cada proyecto, seguimos un camino o adoptamos una manera de hacerlo, es claro que de una u otra forma concebimos una idea y la configuramos. Es evidente que la actividad proyectual requiere de horas de trabajo y dedicación; es innegable que esta actividad está expuesta a muchos aciertos y errores y que tenemos que buscar constantemente hasta configurar nuestra idea. Un proyecto arquitectónico es creado a partir de nuestra inteligencia e imaginación, cualidades que afortunadamente tenemos todos los individuos y que
debemos aprovechar para desarrollar la creatividad y la sensibilidad que se requiere para configurar un proyecto.
Bibliografía
ALONSO del Valle, R. Lenguaje y creación del proyecto. Departamento de Publicaciones ETSAM, Madrid. 1996
CERVANTES, Miguel; Calvo Urrutia, José Ramón.
Ensamblajes y Excavaciones. La obra de Teodoro González de León 1968-1996. Fondo de Cultura Económico, Instituto Nacional de Bellas Artes. México. 1996
GONZÁLEZ DE LEÓN, T. Intervenciones. Colegio Nacional. México, DF. 1997
GONZÁLEZ DE LEÓN, T. La idea y la obra, el edificio del Fondo de Cultura Económica. Colegio Nacional y Fondo de Cultura Económica. México, DF. 1994
GONZÁLEZ DE LEÓN, Teodoro. Retrato de arquitecto con ciudad. Colegio Nacional y FCE. México, D.F. 1994
NOELLE, Louise. Teodoro González de León, La voluntad del creador. Universidad de los Andes de Colombia. Bogotá. 1994
PESCI, Rubén. Del Titanic al Velero, la vida como proyecto. Fundación CEPA y FLACAM. Argentina. 2000
SEGUÍ DE LA RIVA, Javier. Dibujar, proyectar, planteamiento y referencias pedagógicas. Instituto Juan Herrera. Madrid. 1999
YAÑEZ, E. Arquitectura, Teoría, Diseño, Contexto.