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Insuficiencia renal aguda : un diagnóstico precoz para una resolución exitosa

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Facultad de Ciencias Veterinarias

-UNCPBA-

Insuficiencia renal aguda: un diagnóstico precoz

para una resolución exitosa

Sabbatini, María Amalia; Paludi, Alejandro; Castro, Eduardo

Diciembre, 2017

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Insuficiencia renal aguda: un diagnóstico precoz para una

resolución exitosa

Tesina de la Orientación Clínica médica y quirúrgica de pequeños animales, presentada como parte de los requisitos para optar al grado de Veterinario del estudiante: Sabbatini, María Amalia

Tutor: M.V. Paludi, Alejandro

Director: M.V. Castro, Eduardo

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Resumen

El sistema urinario para su correcto funcionamiento requiere de la perfusión y

flujo adecuados de sangre junto con un tejido renal estructural y funcionalmente

sano. De esta forma el riñón puede realizar funciones vitales para mantener la

regulación del medio interno. Dicho esto, podemos definir a la insuficiencia

renal aguda (IRA) como un síndrome caracterizado por una alteración de la

función renal, producto de una enfermedad que cursa en horas a días, que da

lugar a una falla aguda en la excreción de metabolitos tóxicos (azotemia) y una

incapacidad para mantener el equilibrio hidro-electrolítico y ácido-base,

perjudicando el medio interno. La etiología que puede provocar esta

enfermedad es múltiple, aunque habitualmente se debe a una agresión

isquémica o tóxica que afecta a los riñones. La patología presenta diferentes

fases y la evolución a través de ellas genera un fallo en la tasa de filtración

glomerular, junto a la aparición de oliguria en la mayoría de los casos y signos

clínicos agudos propios de la uremia, que alerta a los propietarios para acudir

al veterinario. Las manifestaciones clínicas también varían en cada paciente

según la etiología y la fase de la enfermedad, de todos modos, en un comienzo

los felinos suelen dejar de comer y se hacen menos sociables. A la hora de

abordar el diagnóstico, no se suele determinar la etiología especifica de la

enfermedad, por ello se hace difícil presumir el origen de la azotemia aguda

(pre-renal, renal primaria y post-renal) y poder diferenciarla con una

descompensación aguda de una insuficiencia renal crónica (IRC). Es

importante lograr un diagnóstico precoz de la condición, ya que es

potencialmente reversible y de mejor pronóstico si se trata con agresividad, de

modo que los pacientes que reciben un tratamiento de soporte rápido y

suficiente suelen tener una recuperación renal que les permite mantener una

vida normal. El objetivo de este trabajo es informar acerca del caso de un felino

doméstico con IRA al cual quisieron eutanasiar por la azotemia marcada que

reflejaban los análisis de sangre. Teniendo en cuenta esto, este trabajo

desarrollará las causas que pueden provocar IRA, aportando datos que

permiten diferenciar los posibles orígenes de una azotemia aguda, con el fin de

(4)

permita instaurar una terapia rápida y agresiva para minimizar al máximo el

daño renal.

Palabras clave: Insuficiencia renal aguda, felinos, azotemia aguda, diagnóstico

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Índice

Introducción ... 1

Generalidades anatómicas y fisiológicas del riñón ... 1

Funciones renales que contribuyen a la homeostasis ... 7

Definiciones ... 8

Insuficiencia renal aguda: generalidades y pronóstico ... 10

Características que hacen a los riñones particularmente sensibles a la isquemia y a los tóxicos ... 12

Signos clínicos ... 13

Causas de azotemia aguda ... 15

Factores de riesgo ... 21

Fisiopatología de la lesión renal aguda ... 22

Mecanismo que contribuyen a la disminución de la TFG ... 27

Diagnóstico diferencial ... 29

Diagnostico ... 30

Tratamiento: aspectos generales ... 42

Descripción del caso ... 45

Reseña del animal ... 45

Semiología clínica ... 45

Métodos complementarios ... 47

Interpretación clínico patológica ... 52

Tratamiento ... 52

(6)

Seguimiento ... 56

Conclusión ... 57

Referencias bibliográficas ... 58

(7)

1 Introducción

Generalidades anatómicas y fisiológicas del riñón Topografía del riñón

En el gato los riñones son pares y se ubican dorsalmente de la cavidad

abdominal (retroperitoneales) en ambos lados de la columna vertebral, y están

cubiertos por una capsula de grasa perirenal que los protege del daño que

puede provocar la presión de los órganos vecinos (konig, et al., 2008). El riñón derecho se encuentra a la altura de las vértebras L1 –L4 y el izquierdo entre L2

y L5, de todas formas ambos son pendulosos y móviles. El derecho está más

hacia craneal y su polo craneal está situado en la depresión del lóbulo caudado

del hígado (Clarkson & Fletcher, 2013).

Estructura de los riñones

En el gato ambos riñones tienen forma de poroto y se clasifican como

unilobulares, ya que carecen de marcaciones lobulares externas y presentan

una superficie lisa encerrada en una capsula fibrosa que puede ser separada

del órgano con facilidad (figura 1). Se fijan solo en sitios por lo que salen vasos

sanguíneos que perfunden de la capa de grasa que se encuentra alrededor. La

superficie que queda hacia lateral es convexa; la medial es cóncava y tiene una

región hendida llamada hilio que lleva a un espacio hueco llamado seno renal.

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2

Figura1. Riñón izquierdo y derecho sin su capsula renal donde se observa el hilio renal, arteria / venas renales y el uréter (cara dorsal) (konig, et al., 2008)

Figura 2. Riñon izquierdo y derecho con capsula renal (cara dorsal) (konig, et al., 2008)

Parénquima renal

El parénquima renal puede subdividirse en (konig, et al., 2008):

 Corteza renal externa

- Parte convoluta o periférica

- Parte radiada o yuxtaglomerular  Medula renal interna

- Zona externa con la base de la pirámide

- Zona interna con la papila renal

La superficie de corte sobre la corteza renal tiene una textura áspera, debido a

la gran cantidad de penachos capilares (glomérulos) y un laberinto de túbulos

(laberinto cortical). Su parte más interna se encuentra recorrida por líneas

radiales que se corresponden con las arterias Interlobulillares. Por otro lado, la

medula renal se compone de pirámides renales, cuyas papilas o vértices se

dirigen hacia la pelvis renal y se fusionan para formar una cresta central

(9)

3

pelvis renal bajan al uréter, llevando la orina a la vejiga (Clarkson & Fletcher,

2013).

Figura 3. Sesión ecuatorial del riñón liso de un gato (konig, et al., 2008)

La nefrona

La nefrona es la unidad funcional básica del riñón. En la siguiente figura se

representa en forma esquemática su estructura y disposición anatómica dentro

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4

La nefrona está compuesta por el corpúsculo renal y los túbulos renales: túbulo

contorneado proximal, asa de Henle y túbulo contorneado distal. El corpúsculo

renal se compone de un complejo esférico de capilares (glomérulo) rodeado

por una capsula de doble pared (capsula de bowman). La cantidad de

corpúsculos por riñón varía según la especie, siendo aproximadamente

200.000 en el gato (Clarkson & Fletcher, 2013). La orina producida dentro de la

nefrona es modificada a medida que pasa por el sistema de tubos colectores.

En el riñón se reconocen dos tipos de nefronas: Corticales y yuxtaglomerulares.

Las nefronas corticales presentan sus glomérulos en las porciones más

externas de la corteza y tienen asas de henle cortas. Las nefronas

yuxtaglomerulares tienen sus glomérulos en la región yuxtamedular de la

corteza y asas de henle que se extienden hacia abajo al interior de las

pirámides medulares (Verlander. 2007).

Vasos renales

Más del 20 % de la sangre arterial, que es bombeada desde la cámara

izquierda del corazón hacia las arterias pasa por los riñones. Los vasos

sanguíneos ingresan y salen del riñón por el hilio. La aorta abdominal da origen

a una arteria renal para cada riñón. La arteria renal luego de ingresar al riñón

por el hilio, adosada al uréter y a la vena renal, se ramifica sucesivamente para

formar las arterias interlobulares, arqueadas o arcuatas e Interlobulillares (o

radiales) (Figura 4). De ellas se desprenden a intervalos regulares, los vasos aferentes o arteriolas glomerulares aferentes, que dan lugar a los capilares

glomerulares de los glomérulos renales. Los extremos distales de los capilares de cada glomérulo confluyen y forman la arteriola glomerular eferente, que da

lugar a una segunda red capilar, los capilares peritubulares que rodean a los

túbulos renales (Figura 5). Los capilares peritubulares terminan en los vasos del sistema venoso formando sucesivamente la vena interlobulillar, arcuata,

interlobulares y vena renal (Clarkson & Fletcher, 2013). Particularmente en el

gato, existe una red venosa capsular especial que no está en comunicación

con el resto del sistema venoso del riñón. De tres a cinco de las venas

capsulares de mayor calibre, discurren por la capsula en surcos de poca

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5

dándole al riñón del gato su aspecto típico. Las venas del riñón desembocan

finalmente en la vena cava caudal (konig, et al., 2008).

Figura 4. Molde vascular del riñón de un gato seccionado (konig, et al., 2008).

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6 Procesos renales en la formación de la orina

El producto final de la función renal es la formación de orina. Ello ocurre a

través de tres procesos renales que se llevan a cabo en la nefrona: Filtración glomerular, Reabsorción y Secreción tubular (figura 6). El primer proceso ocurre en el glomérulo renal donde la sangre que atraviesa los capilares

glomerulares es filtrada para formar el ultrafiltrado del plasma también llamado

orina primitiva. Luego ese filtrado será intensamente modificado en distintos

sectores de los túbulos renales, a través de la reabsorción selectiva de

sustancias valiosas que pueden ser utilizadas nuevamente por el organismo (p.

ej., agua, glucosa, electrolitos, aminoácidos) y mediante secreción especifica

de productos de desecho, dando como resultado la orina secundaria u orina

final. Por medio de estos procesos de excreción, la composición del plasma

sanguíneo se mantiene dentro de estrechas normas fisiológicas manteniendo

estable el medio interno (Verlander, 2007).

(13)

7 Funciones renales que contribuyen a la homeostasis

La homeostasis es el equilibrio del medio interno. Los mecanismos

homeostáticos actúan mediante procesos de retroalimentación y control cuando

se produce un desequilibrio en el medio interno. El sistema urinario desempeña

un papel fundamental junto con otros sistemas (cardiovascular, respiratorio y

neuroendocrino), en el mantenimiento de la homeostasis por medio de una

multiplicidad de funciones (Verlander, 2007), ellas incluyen:

 Eliminación de productos de desecho ingeridos o generados como

resultado del metabolismo

La remoción de toxinas urémicas depende de la filtración glomerular, secreción

y reabsorción tubular. Un alto flujo tubular favorece la excreción de muchas de

estas moléculas al limitar su reabsorción (Brown, 2013).

 Regulación del volumen del plasma sanguíneo manteniendo el equilibrio

hídrico

La hormona antidiurética controla la osmolaridad del líquido extracelular al

regular la excreción de agua según las necesidades corporales mediante el

mecanismo de concentración de la orina (Brown, 2013).

 Regulación de la composición de los líquidos corporales manteniendo el

equilibrio electrolítico

Las concentraciones de Na, Cl, K, Mg y P en el líquido extracelular, son

controladas por mecanismos renales con influencias hormonales (Brown,

2013).

 Regulación del equilibrio ácido-base junto con los pulmones y

amortiguadores existentes en los líquidos corporales (Verlander, 2007)

La reabsorción de bicarbonato (en el túbulo proximal) y la secreción de

protones (en el túbulo distal) son reguladas según el estado acido-base del

animal (Brown, 2013).

 Elaboración de hormonas que regulan la producción de glóbulos rojos, la

(14)

8

Los cambios en la presión sanguínea se contrarrestan alterando la excreción

de NaCl (natriuresis por presión). El sistema renina-angiotensina-aldosterona,

controlado por mecanismos intrarrenales, contribuye a la regulación de la

presión sanguínea a través de la vasoconstricción y la estimulación de la

reabsorción de sodio en sitios proximales (mediada por angiotensina II) y

distales (mediada por aldosterona). La homeostasis del calcio es regulada por

interacciones del tracto intestinal, la vitamina D, la hormona paratiroidea y el

riñón. La liberación de eritropoyetina es regulada en respuesta a los cambios

en la tensión intrarrenal de oxigeno determinando el ritmo de producción de los

glóbulos rojos (Verlander, 2007).

Para cumplir con todas estas funciones y contribuir al mantenimiento del

equilibrio interno, el sistema urinario requiere de la perfusión adecuada de

sangre (presión mayor de 60 mmHg), que garantice la filtración glomerular y el

transporte tubular (Lamarca, 2006), junto con un flujo sanguíneo apropiado

(correspondiente al 25% del gasto cardíaco) y riñones estructural y

funcionalmente sanos (Aldasoro, 2014). En la insuficiencia renal aguda (IRA),

los pacientes cursan con un estado de hipofunción renal que conlleva a la falla

de sus funciones, reflejándose en el acúmulo de compuestos nitrogenados en

sangre y en la desregulación de los equilibrios hidro-electrolítico y acido-base.

Las alteraciones de las demás funciones son difíciles de encontrar en la IRA y

su relevancia clínica menos importante (Lamarca, 2006).

Definiciones

Enfermedad renal

Enfermedad renal no es sinónimo de insuficiencia renal. Existen dos grandes

grupos de enfermedades renales, aquellas que se localizan en los glomérulos o

glomerulonefropatías, y las que se localizan en los túbulos e intersticio o

enfermedades túbulo-intersticiales. Dependiendo de la cantidad de parénquima

afectado, la enfermedad renal puede o no, ir acompañada por insuficiencia

renal; esto se debe a la gran capacidad de reserva funcional que poseen los

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9 Reserva renal

La reserva renal se interpreta como el porcentaje extra de nefronas disponibles

(las no necesarias para el mantenimiento normal de la función renal). Aunque

es probable que varie de una animal a otro, supera el 50% en gatos sanos

(Grauer, 2010).

Insuficiencia renal

La insuficiencia renal comienza cuando se pierde la reserva funcional. Es un

estado de hipofunción renal que permite la existencia de anormalidades

persistentes (Grauer, 2010). La insuficiencia renal se inicia cuando la

enfermedad lesionó el 66% de las nefronas de ambos riñones (figura 7) (Hutter, 1995). De todas formas, los signos clínicos y bioquímicos del desorden

funcional se manifiesten recién cuando la enfermedad progresó hasta en el

75% de las nefronas funcionales y se comprueba por la retención de los

productos nitrogenados (Hutter, 1995; Hafelin Manrique, 2008; Daza Gonzales

et al., 2008; Grauer, 2010). Dependiendo del tiempo en que la enfermedad conduzca a la insuficiencia renal, se clasificará como una insuficiencia renal

aguda (IRA) o una insuficiencia renal crónica (IRC) (Hutter, 1995).

(16)

10 Azotemia

La azotemia indica una "incapacidad" del riñón para excretar los productos de

desecho nitrogenados del organismo (nitrógeno ureico, creatinina y otros

productos nitrogenados no proteicos), comprobándose ante un aumento de

estos en la sangre (Elliott, 2008). Es indispensable localizar su origen

(pre-renal, renal o post-renal) para instaurar un tratamiento apropiado (Grauer,

2010).

Uremia

Hablamos de “uremia”, cuando la azotemia está asociada a alteraciones

metabólicas o fisiológicas (Daza Gonzales et al., 2008).

Oliguria y anuria

La producción normal de orina para un gato euvolémico normotenso es de 1-2

ml/kg/h (Sheri, 2008). Por lo tanto, todo animal que forme menos de 0.5 ml/kg/h

de orina está en oliguria patológica, lo que generará azotemia en el corto plazo

y otros desbalances hidro-electrolíticos (Sheri, 2008; Crew, 2011). Una

situación similar se presentará en aquellos animales que cursen sin producción

de orina (anuria).

Insuficiencia renal aguda: generalidades y pronóstico.

Podemos definir a la IRA como un síndrome potencialmente reversible que se

produce como consecuencia de una rápida alteración de la función renal por

una enfermedad que cursa en horas a días (Hutter, 1995). Dicha alteración da

lugar a un aumento rápido y progresivo de los metabolitos tóxicos en sangre

(azotemia) junto con desbalances hidro-electrolíticos y acido-base, que se

reflejan en una falla para concentrar la orina y oliguria en la mayoría de los

casos (Daza Gonzales et al., 2008). El término insuficiencia renal aguda se usa

comúnmente para referirse a la insuficiencia renal aguda intrínseca (IRAI), pero

las causas pre-renales y post-renales también se encuentran implicadas, ya

que la no corrección de ellas implica irremediablemente la lesión renal que

conllevará a una IRAI. Los animales afectados enferman en forma aguda con

(17)

11

de la enfermedad. La signología clínica en los felinos suele ser inespecífica en

un comienzo, agravándose a medida que avanza el cuadro (Cowgill &

Langston, 2013). A pesar de ser una patología multifactorial, habitualmente se

debe a una agresión isquémica o toxica de los riñones (Grauer, 2010). En

segundo plano se destacan entre las etiologías más frecuentes las infecciones

renales o las enfermedades sistémicas con manifestaciones secundarias que

repercuten en el riñón (Sheri, 2008; Cowgill & Langston, 2013). Esta patología

es potencialmente reversible si se la reconoce con rapidez y trata con

agresividad (Adams, 1998), de modo que los pacientes que reciben un

tratamiento de soporte rápido y suficiente suelen tener una recuperación renal

que les permite mantener una vida normal (Senior, 2006). De todas formas

debemos tener presente que aunque el riñón puede recuperarse tratando

correctamente al paciente, la uremia marcada puede causar la muerte antes de

que tal recuperación sea posible (Crew, 2011). En la actualidad, no hay

marcadores específicos para definir o estadificar las condiciones que

representan a la IRA. Tampoco hay parámetros formales en cuanto a la

clasificación, la gravedad, el estadio, el curso clínico, la respuesta a la terapia o

el pronóstico de recuperación para el espectro de deficiencias funcionales que

abarca esta patología. Múltiples factores determinan el resultado y el pronóstico

a largo plazo de la IRA felina, entre ellos se encuentran la reversibilidad de la

lesión (que depende en gran parte de su gravedad y del diagnóstico precoz),

las enfermedades comorbidas, las complicaciones concurrentes y la

disponibilidad de servicios de diagnóstico y tratamiento (Cowgill & Langston,

2013; Segev, 2013). Aunque la etiología es un determinante fundamental del

pronóstico, en general no se conoce en el momento de la presentación ni

durante el curso de la enfermedad y por lo tanto este no ve se facilitado. El

pronóstico de la nefrotoxicidad, una etiología común de la IRA, depende mucho

de la toxina actuante, por ejemplo, la administración de antiinflamatorios no

esteroideos (AINES) es generalmente reversible y de buen pronóstico, mientras

que el daño renal directo, como el causado por la ingesta de etilenglicol, suele

ser irreversible y de mal pronóstico. En estudios clínicos realizados

recientemente, se ha evaluado que de los pacientes afectados con IRA el 43%

presenta oliguria, el 18 % anuria, el 14% poliuria y el 25% restante se

(18)

12 datos, podemos verificar que las presentaciones clínicas de IRA habitualmente

van acompañadas de oliguria (Chew, 2011; Ross, 2010; Daza Gonzales et al.,

2008). En otros estudios retrospectivos a gran escala de gatos con IRA con

distintas etiologías, se han identificado varios factores de riesgo de mortalidad y

el más constante es la anuria (u oliguria) persistente, que se considera un

importante indicador de mal pronóstico (Segev, 2013). La tasa de supervivencia

tiene cifras muy variables, pero en la mayoría de los grandes estudios que

incluyen múltiples patologías está entre un 20-60 %, siendo los valores más

bajos para aquellos pacientes que sufren IRA por causas nefrotóxicas y los

más altos para aquellos afectados por infecciones u obstrucciones (Cowgill &

Langston, 2013). Los lirios ocasionan intoxicaciones graves y por lo general

irreversibles en los gatos, con alta tasa de mortalidad y los pocos animales

sobrevivientes sufren IRC. En términos general, en un 50 % de los pacientes

que sobreviven, la azotemia se resuelve de manera parcial y la enfermedad

progresa a IRC (Segev, 2013).

Características que hacen a los riñones particularmente sensibles a la isquemia y a los tóxicos

La IRA representa una variedad de patologías asociadas con lesiones del

parénquima renal de inicio súbito, pero determinadas características

anatómicas y fisiológicas de los riñones generan que habitualmente se deba a

una agresión isquémica o toxica. Para comenzar, el gran flujo de sangre que

recibe el riñón provoca un aumento de la liberación de tóxicos desde sangre a

los riñones en comparación con otros órganos (Grauer, 2010). La corteza renal

recibe el 90 % del flujo renal, además de poseer una gran superficie endotelial

de capilares glomerulares, lo que la hace por lo tanto más sensible a las

lesiones por tóxicos que pueden llegar por vía sanguínea (Daza Gonzales et al., 2008; Grauer, 2010). La médula tiene una vascularización relativamente reducida (10% del flujo renal) combinada con células metabólicamente activas,

lo que la hace más sensible a las lesiones isquémicas (Daza Gonzales et al.,

2008; Senior, 2006). Por la reabsorción de agua y electrolitos procedentes del

filtrado glomerular las células epiteliales pueden quedar expuestas a

concentraciones cada vez más elevadas de tóxicos. Por otra parte, los tóxicos

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13

(p. ej., Gentamicina) pueden acumularse en elevadas concentraciones en el

interior de estas. Finalmente, los riñones también desempeñan un papel en la

biotransformación de muchos fármacos o tóxicos. Esto habitualmente supone

la formación de metabolitos menos tóxicos que los compuestos de los que

provienen, aunque en algunos casos son más tóxicos que sus compuestos

parenterales (p. ej., Oxidación de etilenglicol a glicolato y oxalato) (Grauer,

2010).

Signos clínicos

Los signos clínicos por lo usual son inespecíficos y de comienzo reciente

(menos de una semana) (Fooshee, 2009; Longston 2012). Todos los signos

descriptos a continuación pueden presentarse en el cuadro clínico, aunque el

gato con frecuencia solo deja de comer y se hace menos sociable, de todas

formas, no debemos olvidar que también aparecerán signos propios de la

enfermedad que provoque la IRA (Barrak, 2010). En la mayoría de los casos,

estos signos se intensifican a medida que aumenta la azotemia, sin embargo

hay una gran variación individual en cuanto al nivel de azotemia en el que cada

animal refleja signología mas grave. Si bien la mayoría de los gatos muestran

signos vagos, como anorexia, pérdida de peso, apatía y vómitos ocasionales

con niveles de creatinina comprendidos entre 3,9-6,5 mg/dL, también existen

casos excepcionales de gatos con síntomas clínicos y valores de creatinina

menores a 3,2 mg/dL e incluso pacientes sin depresión general con valores de

creatinina de 26,23 mg/dL que logran recuperarse (Redun, 2008).

 Sensorio deprimido: Propio del desequilibrio interno. Muchos pacientes

se presentan agazapados con un estado de total indiferencia al medio

(Hutter, 1995).

 Posición antiálgica: Tienen alguna dificultad para caminar, prefieren

mantenerse echados, con el abdomen contactando con el piso frio.

Todas son actitudes para aliviar el dolor. La IRA causada por una

pielonefritis bacteriana es quizás la única patología renal en la que se

manifiesta dolor marcado (Hutter, 1995).

 Riñones aumentados de tamaño a la palpación (Senior, 2006; Grauer,

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14  Anorexia: Se debe al desequilibrio del medio interno y la acumulación de

toxinas urémicas (Hutter, 1995).

 Vómitos: Con el mismo origen que la anorexia (Hutter, 1995). Los gatos

no suelen manifestar signos gastrointestinales tan severos como los

perros (Barrak, 2010)  Letargia (Grauer, 2010).

 Anuria u oliguria: Dato que puede pasar inadvertido por el propietario. El

veterinario lo comprobará midiendo la diuresis. Hay casos, los menos

frecuentes, que cursan con poliuria o inclusive con normo-producción de

orina (Lamarca, 2006).

 Deshidratación: es consecutiva a la perdida de agua y electrolitos,

fundamentalmente a través de los vómitos (Hutter, 1995). Se manifiesta

con tiempo de llenado capilar aumentado, mucosas secas, falta de

turgencia cutánea, ojos hundidos, taquicardia, mala calidad del pulso e

hipotensión (Cowgill & Langston, 2013).

 Aliento urémico o ulceras bucales (ocasionalmente) (Grauer, 2010)  Temperatura: Cuando la insuficiencia tiene origen bacteriano, en la

etapa inicial de la infección la temperatura estará elevada (Hutter, 1995).

La hipotermia directamente proporcional al grado de azotemia es un

hallazgo esperable en pacientes con valores de urea mayores a 100

mg/dl (Cowgill & Langston, 2013). Por lo general permanecen

hipotérmicos si la IRA no tiene origen infeccioso (Senior, 2006).

 Hiperventilación: En caso de acidosis metabólica grave (Daza Gonzales

et. Al., 2008)

 Ataques y fasciculaciones musculares (Senior, 2006)

 Tamaño de la vejiga: Varia según la producción de orina y la integridad

de las vías urinarias. El hecho de que este órgano sea indetectable

puede indicar oliguria o anuria por IRA, obstrucción ureteral bilateral o

ruptura vesical. Si se encuentra agrandada, firme y dolorosa se

comprueba la obstrucción uretral del flujo urinario (Cowgill & Langston,

2013).

 Otros signos asociados con la causa que provocó la IRA pueden formar

(21)

15 Causas de azotemia aguda

En los animales que sufren IRA la aparición de azotemia aguda es una

constante en todos los casos. Para lograr un diagnóstico preciso, debemos

determinar cuál es el origen, para lo es necesario revisar todas las causas que

pueden provocarla y ellas se pueden clasificar en: pre-renales, renales

primarias y post-renales (Lamarca, 2006).

Pre-renales: La azotemia prerrenal o hemodinámica se desarrolla como una respuesta adaptativa a una reducción de la perfusión renal (en volumen o en

presión) (Sheri, 2008), que tiene como consecuencia directa una disminución

de la tasa de filtración glomerular (TFG) (Lamarca, 2006). En los gatos, las

etiologías hemodinámicas que desarrollan IRA, representan un 13% del total de

los casos (Tabla 1) (Cowgill & Langston, 2013). Ante una baja presión o la disminución del volumen sanguíneo que llega al riñón se activa el sistema

nervioso simpático y el sistema renina-angiotensina-aldosterona. Ambos,

estimulan al riñón provocado una respuesta fisiológica que consiste en reducir

la producción de orina, reteniendo sodio y agua, para mantener la presión y el

volumen sanguíneo a fin de conservar de forma preferencial la perfusión de

órganos vitales como el corazón y el cerebro (Cowgill & Langston, 2013); a esto se denomina “oliguria fisiológica”, la cual se presenta junto con una densidad

urinaria aumentada y azotemia (Aldasoro, 2014). En un principio, las nefronas

se mantienen intactas, lo que permite la recuperación rápida de la función renal

una vez restaurada la perfusión (Sheri, 2008). Por esta razón actualmente se la denomina “Lesión renal aguda con respuesta al volumen“(Cowgill & Langston,

2013). De manera contraria, la hipoperfusión severa y prolongada suma a la

causa pre-renal, una renal a través de la isquemia, comenzando con las

lesiones del parénquima, particularmente en los túbulos, donde se producirán

lesiones primarias (nefrosis isquémica o una necrosis tubular aguda isquémica)

dando como resultado una IRAI si no se diagnóstica y resuelve con rapidez.

Debemos tener en cuenta que la densidad aumentada pueden no aparecer en

casos donde existe alteración hemodinámica pero el animal tiene otras

enfermedades subyacentes (por ej. una enfermedad renal crónica, hepática,

hipercalcemia, etc.) que obstaculicen la reabsorción de solutos y la capacidad

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16

para evaluar la presencia de azotemia pre-renal. ¿El paciente tiene una historia

de pérdida de líquidos (vómitos, diarrea)? ¿Está el paciente deshidratado en la

exploración física o aparece hemoconcentración en los análisis de laboratorio?

Las causas más comunes de disminución de la perfusión renal son la

deshidratación, hipotensión, shock, y la reducción del gasto cardíaco (Chew,

2011)

Hipotensión Hipovolemia Hemorragias Deshidratación

Secuestros de líquidos: cirugías, peritonitis, quemaduras. Shock / Vasodilatación periférica

Drogas hipotensoras o anestesias prolongadas Sepsis

Escaso volumen minuto (Insuficiencia cardiaca congestiva, arritmias, paro cardiaco, taponamiento cardiaco).

Hipoadrenocortisismo Pancreatitis aguda

Disminución de la presión oncótica Aumento de la viscosidad de la sangre Hipertermia o hipotermia

Traumatismos intensos

Trombosis de los vasos renales o formación de microtrombos Reacciones a la transfusión

Tabla 1.Causas potenciales de la disminución de la perfusión/isquemia renal en gatos (Grauer.2010)

Post-renales: La azotemia post-renal es consecuencia de la obstrucción del

flujo de orina o del escape de orina desde las vías urinarias al organismo

(Sheri, 2008) (Tabla 2). Son frecuentes las obstrucciones de las vías urinarias,

y poco frecuentes las intra-renales (Hutter, 1995). Para que se produzca la

azotemia aguda, debe haber obstrucción ureteral bilateral, obstrucción ureteral

unilateral con riñón contralateral no funcional (por enfermedad crónica

(23)

17 obstrucción uretral. La ruptura de alguna parte del sistema urinaria también

causa azotemia, que se revierte rápidamente mediante el drenaje de la orina a

través de un dispositivo de eliminación (catéter peritoneal para uroabdomen) o

desviación (catéter uretral como stent para la uretra con ruptura) junto con la

reparación quirúrgica (Langston, 2012). Las uropatías obstructivas reducen la

TFG mediante una combinación de eventos neurohumorales y el aumento de la

presión retrograda en el riñón. Una elevación en la presión intratubular a causa

de la obstrucción rompe el equilibrio de las presiones hidrostáticas y oncótica

que determinan la filtración glomerular, lo que lleva a la disminución de la TFG.

El deterioro renal es directamente proporcional al tiempo transcurrido, al grado

y la localización de la obstrucción. Cuanto más tiempo transcurre y cuando más

alta sea la obstrucción, mayor será el daño renal. Por lo tanto, el diagnóstico y

la resolución rápida de las patologías post-renales evitaran el desarrollo de una

IRAI (Hutter, 1995).

Obstrucción uretral: producida por urolitiasis, tapones mucosos, coágulos sanguíneos, neoplasias o estrechamientos.

Obstrucción ureteral bilateral: Cálculos en su mayoría de oxalato de calcio, coágulos sanguíneos secos y solidificados, detritos por

pielonefritis o estrechamientos.

Obstrucción ureteral unilateral con riñón contralateral no funcional.

Ruptura de las vías del tracto urinario. Tabla 2. Causas de azotemia post-renal

Renales primarias: Las causas renales que llevan a IRA representan una variedad de patologías asociadas con lesiones del parénquima renal de inicio

súbito, estas pueden afectar al suministro vascular, glomérulos, túbulos o al

compartimiento intersticial (Elliott, 2008; Aldasoro, 2014), sin embargo al estar

todas estas estructuras estrechamente relacionadas, cuando una de ellas se

enferma por contigüidad afecta a la otra (Hutter, 1995). Es importante tener en

cuenta que las etiologías varían a nivel geográfico y que su prevalencia relativa

cambia con el tiempo. El daño renal intrínseco por lo general promueve formas

más graves de la enfermedad y no suele ser del todo reversible con la

(24)

18 lesión renal por lo general se debe a la falta de resolución de las deficiencias

hemodinámicas (pre-renales), episodios isquémicos francos o la exposición a

fármacos o tóxicos que afectan directamente al riñón (Cowgill & Langston,

2013). También hay enfermedades renales intrínsecas o sistémicas con

manifestaciones secundarias que repercuten en el riñón desarrollando IRA

(Grauer, 2010; Cowgill & Langston, 2013). A pesar de las numerosas causas

que pueden causar IRAI (Tabla 3), la nefrotoxicidad es la causa más común, seguida por la isquemia (Grauer, 2010; Chew, 2011). Las nefrotóxinas incluyen

químicos ambientales, fármacos y biotoxinas que producen lesiones directas

subletales, apoptosis o necrosis del epitelio tubular. Algunas inducen

inflamación intersticial u obstrucción tubular con precipitación intraluminal. Otro

daño que pueden causar es la reducción de la perfusión renal, que lleva a la

isquemia o muerte celular. Entre las causas más habituales de IRA inducida

por tóxicos se postulan la gentamicina, los antiinflamatorios no esteroideos

(AINES) y el etilenglicol (Grauer, 2010; Langston, 2012; Cowgill & Langston,

2013). Con respecto intoxicación con etilenglicol, la fuente más usual de

exposición es el anticongelante automotor, pero a menudo los dueños niegan

esta posibilidad y es necesario buscar otras fuentes. Los metabolitos

secundarios del etilenglicol son los que promueven la nefrotoxicidad especifica

; por lo tanto es importante reconocer a tiempo el problema y desintoxicar al

cuerpo para evitar o minimizar la lesión renal (Cowgill & Langston, 2013). Por

otra parte el uso intensivo de antibióticos potencialmente nefrotóxicos,

especialmente los aminoglucósidos, contribuye a que las lesiones tóxicas con

frecuencia sean provocadas por agentes terapéuticos (Chew, 2011). Dentro de

los aminoglucósidos se postula principalmente a la Gentamicina, la cual

aumenta su riesgo de intoxicación con su uso prolongado (> 5 días), dosis

elevadas y en pacientes con enfermedad renal preexistente (Langston, 2012).

De la misma forma, la administración concurrente de fármacos potencialmente

nefrotóxicos o que pueden aumentar la nefrotoxicidad de los aminoglucósidos,

obviamente incrementa el riesgo de IRA. Por ejemplo el uso conjunto de

furosemida con gentamicina se asocia a un riesgo de padecer IRA o de

aumentar su gravedad si ya está establecida. Esto ocurre debido a que la

furosemida produce deshidratación, reduce el volumen de distribución de la

(25)

19

aumento del uso de AINES para el manejo del dolor ha aumentado la

incidencia de IRA en gatos que presentan múltiples factores predisponentes de

la enfermedad, así como animales que ingieran inadvertidamente cantidades

toxicas de preparaciones con sabores agradables (Cowgill & Langston, 2013;

Langston 2012). En los últimos 10 años la intoxicación con plantas de las especies Lilium, más conocidas como “lirios” se ha vuelto una etiología

importante en gatos, ya que el consumo de al menos una pequeña parte de la

hoja o sobre todo de una flor, puede ser fatal, de modo que toda exposición

ambiental a lirios debe ser sospechosa de intoxicación (Cowgill & Langston,

2013). Todas las toxinas, al igual que los eventos que predisponen a la

isquemia o al daño renal, potenciaran su efecto de injuria en animales con

características de riesgo que los predisponen a padecer la enfermedad (Tabla 4), esto es importante tenerlo en cuenta durante el uso de agentes terapéuticos con potencial nefrotoxicidad.

Nefrotóxicos

Etilenglicol y otros compuestos orgánicos

Antimicrobianos: Aminoglucósidos, Sulfonamidas

(administradas a un paciente deshidratado), tetraciclinas

(aplicadas por vía endovenosa), cefalosporinas, polimixinas,

Nafcilina (especialmente en combinación con anestesia). Antifúngicos: Anfoterecina B

Analgésicos: Antiinflamatorios no esteroides (AINES)

Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA):

Benaseprilo, enalapril, etc.

Vegetales: Especialmente la familia de los Lirios (Lirio de

pascua)

Agentes quimioterápicos: Cisplatino, doxurrubicina

Agentes de contraste radiográfico (aplicación endovenosa) Metales pesados: Plomo, mercurio, cadmio y cromo

Pigmentos endógenos: Mioglobina, hemoglobina Agentes misceláneos: Veneno de serpientes, uvas. Micotoxinas

(26)

20  Post- quirúrgicas

Post-traumáticas

Shock (hipovolémico, hemorrágico, hipotensivo, séptico) Golpe de calor

Sepsis

Todas las causas pre-renales de disminución de la

perfusión/isquemia renal

Pielonefritis bacterianas: Por bacterias Grampositivas (Estreptococo, Estafilococo, Corynebacterium); Gramnegativas: E.coli, Proteus,

Klebsiella, Pseudomona.

Infección por Virus: virus de la Inmunodeficiencia Felina (VIF), virus de la Leucemia Felina (VILEF) y virus de la Peritonitis Infecciosa

Felina (PIF).

Enfermedades metabólicas: Diabetes mellitus, hipercalcemia por enfermedades (sobre todo en linfosarcoma), hipokalemia.

Enfermedades sistémicas con manifestaciones renales: Reacciones antígeno-anticuerpo: bacterianos, virales o por hongos;

Inflamaciones crónicas: tumores, haemobartonella, lupus eritematoso

sistémico, pancreatitis, hipertensión maligna, peritonitis, vasculitis,

etc.

Parásitos: Filaria y Dioctofhyma renale

Tumores renales: linfomas malignos y otros.

Enfermedades renales primarias de los grandes vasos: trombosis o estenosis de los vasos renales; coagulación intracelular diseminadaEnfermedades renales primarias de los túbulos: Isquemia; Toxinas

(endógenas, exógenas, fármacos)

Enfermedades renales primarias de los glomérulos y pequeños vasos: Vasculopatía cutánea y glomerular ; Inmunomediadas

(Glomerulonefritis agudas, lupus eritematoso sistémico, vasculitis)Enfermedades renales primarias del intersticio: Infecciosas;

neoplasias; rechazo a trasplantes.

(27)

21 Factores de riesgo

Todos los factores expuestos en la Tabla 4 se han identificado como precursores del desarrollo de IRA inducidas por tóxicos o por isquemia (Grauer,

2010). Los factores de riesgo son acumulativos y cualquier complicación que se

produzca en animales de alto riesgo aumenta el potencial de desarrollar la

enfermedad. En muchos casos la disminución de la perfusión renal o el

tratamiento con agentes nefrotóxicos en el contexto de otros factores de riesgo

preexistentes, son los responsables del desarrollo de IRA en la clínica. Una vez

que el veterinario detecte estos factores, debe valorar el cociente (riesgo:

beneficio) en casos individuales en los que se considere la elección de un

procedimiento anestésico o si está indicado un tratamiento con fármacos

potencialmente nefrotóxicos. La alteración de la perfusión renal que se produce

por deshidratación y depleción del volumen son los factores de riesgo para la

aparición de IRA más comunes y más fáciles de prevenir (Sharon fooshee,

2009). En los casos clínicos usuales de IRA, hay pocas oportunidades de

intervenir con estrategias preventivas, sin embargo, cuando se realiza un

procedimiento diagnóstico o terapéutico de alto riesgo (por ej., imágenes de

contraste, anestesia o cirugía) o se prescriben agentes potencialmente

nefrotóxicos (por ej., aminoglucósidos, aines o Anfoterecina B) en un animal

con factores predisponentes, se justifica la atención proactiva del estado de

hidratación y la hemodinamia sistémica. La corrección de déficits hídricos

existentes y la administración de líquidos de reemplazo equilibrados durante

estos procedimientos y después de ellos, es la mejor forma de prevenir o

(28)

22

Tabla 4. Factores de riesgo que predisponen a una IRA. Fisiopatología de la lesión renal aguda

Fases de la enfermedad

La lesión o enfermedad renal aguda que culmina en una IRA presenta cuatro

fases: 1) Iniciación 2) extensión 3) Mantenimiento, 4) Recuperación (Lamarca,

2006, Sheri, 2008; Grauer, 2010).

1. Iniciación

La fase de inicio comienza con una lesión renal y continua hasta que ocurre un

cambio definible en la función renal, como disminución de la producción de

orina o azotemia (Lamarca, 2006). La iniciación puede durar de horas a días

(Sheri, 2008), ya que el tiempo necesario para que se desarrolle una alteración

reconocible es variable y depende de la naturaleza y la gravedad del daño

(Cowgill & Langston, 2013). Durante esta fase, se dañan túbulos individuales,

pero el conjunto de la función renal sigue siendo el adecuado (Grauer, 2010),

Factores de riesgo que predisponen a una insuficiencia renal aguda Enfermedad renal preexistente

Edad avanzada

Deshidratación

Volumen minuto reducido

Sepsis

Fiebre Hipotensión, anestesias

Enfermedades sistémicas graves: Pancreatitis, diabetes mellitus

enfermedad hepática, septicemia, coagulación intravascular diseminada, golpe de calor, etc

Anormalidades electrolíticas

Empleo concurrente de diuréticos y fármacos potencialmente

nefrotóxicos como los aminoglucósidos.

Empleo concurrente de drogas potencialmente nefrotóxicas como

los aminoglucósidos, antiinflamatorios no esteroideos y agentes de

(29)

23 por esta razón suele ser clínicamente silenciosa (Sheri, 2008). La intervención

durante esta fase, evita la IRA sostenida si se establecen medidas terapéuticas

con rapidez, como la suspensión de la agresión y la terapia nefroprotectora

(Lamarca, 2006), pero en general no hay signos clínicos evidentes, y los

biomarcadores convencionales son demasiado insensibles como para revelar

la lesión o para que se piense en la necesidad de intervenir (Crew, 2011).

2. Extensión

La fase de inicio va seguida inmediatamente por la fase de extensión. En este

momento, la isquemia, la hipoxia, la inflamación y la lesión celular continúan

hasta causar apoptosis y/o necrosis celular. De esta forma, la TFG disminuye,

se pierde la capacidad de concentración de la orina y aparece oliguria

culminándose esta etapa (Ross, 2010). Las células epiteliales menos afectadas

pierden el borde en cepillo de la superficie apical junto con la capacidad de

polarización y se desprenden de la membrana basal. Estas lesiones subletales

pueden disparar vías intrínsecas que inicien la muerte celular por necrosis o

apoptosis; o mecanismo protectores intrínsecos que bloquean los eventos

propagados y preservan las células. Varios desordenes del metabolismo celular

contribuyen a los mecanismos que promueven la muerte de la célula o el daño

subletal del epitelio y el endotelio. A continuación enumeraremos los eventos

que ocurren en el endotelio para una mejor comprensión.

i. Las células endoteliales normales liberan sustancias

vasodilatadoras (óxido nítrico, prostaglandina E2 y

prostaciclina) y vasoconstrictoras (endotelina, prostanoides y

componentes del sistema renina-angiotensina) que

permanecen en equilibrio para mantener el tono vascular (Cowgill &

Langston, 2013).

ii. La vasoconstricción intrarenal es consecuencia del daño

isquémico y/o toxico que causa un desequilibrio entre tales

sustancias que favorece la vasoconstricción (Cowgill &

(30)

24

iii. Los tóxicos interfieren con las funciones esenciales de las

células alterando las vías metabólicas de producción de

adenosintrifosfato (ATP). De la misma forma la isquemia renal

produce hipoxia celular y deficiencia de sustratos, lo que

conduce a la depleción de ATP (Grauer, 2004). Con la pérdida de energía

resultante, disminuye la actividad de bombas de transporte dependientes de

ATP (bomba Na/K), generándose una disminución del transporte celular

transmembrana con pérdida de gradiente iónico, que conduce al aumento

de las concentración de solutos intracelulares, produciendo balonización

celular con daño del citoesqueleto (Grauer, 2004). Este daño endotelial

junto con la vasoconstricción, genera interacción entre el endotelio y los

eritrocitos provocando el estancamiento de estos últimos y limitando la

llegada de oxígeno al epitelio tubular, exacerbando la alteración (Cowgill &

Langston, 2013).

iv. EL daño de las células endoteliales genera una respuesta

inflamatoria con producción de citocinas inflamatorias y

especies reactivas de oxigeno que aumentan su

permeabilidad (Cowgill & Langston, 2013).

v. Estas citocinas a su vez inducen quimiocinas que atraen

macrófagos, leucocitos polimorfonucleares y linfocitos T a

la zona. En un círculo de retroalimentación positiva, las

células inflamatorias reclutadas generan más citosinas y

especies reactivas de oxígeno, exacerbando la respuesta

inflamatoria y causando mayor daño tisular en el endotelio vascular y

epitelio tubular. La tumefacción del epitelio tubular y el endotelio vascular

producen obstrucción tubular y congestión, respectivamente. Estos sucesos

comprometen el flujo tubular y la re perfusión del parénquima sensible al

oxígeno (Cowgill & Langston, 2013).

Habitualmente los riñones pueden mantener una presión de perfusión renal

adecuada mediante la autorregulación, lo cual permite el proceso de filtración

(31)

25

presión sanguínea arterial supere los 60 o 70 mmHg (Aldasoro, 2014). Durante

estos procesos patológicos la presión sanguínea arterial se ve afectada a

causa de la disminución de la actividad de la bomba Na/K. La razón es que la

hinchazón celular secundaria a la extracción osmótica de agua del espacio

extracelular, origina una disminución de la cantidad de agua del plasma,

provocando la caída de la presión sanguínea. Las consecuencias del descenso

de agua del plasma en la vascularización renal son la agregación de eritrocitos,

congestión y estasis vascular, que tienden a potenciar y perpetuar la

disminución del flujo de sangre glomerular y a reducir el oxígeno y la liberación

de nutrientes (Grauer, 2010). La intervención durante esta fase puede ser

exitosa o no, dependiendo de la extensión del daño, pero si se actúa con

rapidez y se da un tratamiento agresivo se puede evitar la IRA sostenida (Sheri,

2008).

3. Mantenimiento

La fase de mantenimiento representa el periodo de lesión del parénquima

renal. Usualmente, la lesión intrínseca es una Necrosis tubular Aguda (NTA),

cuya consecuencia directa es la reducción persistente de la TFG y de todas las

funciones de las células tubulares con aparición de azotemia, falta de

concentración urinaria y producción variable de orina (Lamarca, 2006;

Fooshee, 2009; Aldasoro, 2014). Es importante destacar que a la

histopatología la necrosis no es el rasgo más prominente, en cambio, se

observan por todo el riñón focos tubulares con lesiones degenerativas,

apoptóticas y menos frecuentemente necróticas con un mínimo infiltrado

intersticial (Cowgill & Langston, 2013). Esta fase comienza con la aparición de

los signos polisistémicos de uremia, lo que alerta a los propietarios para acudir

al veterinario (Sheri, 2008; Ross, 2010). Habitualmente, el estado general de

los pacientes es bueno, y los signos presentes se van exacerbando con el paso

de las horas (Lamarca, 2006). Aunque el caso más común es la aparición de

oliguria, la producción de orina suele ser variable, puede producirse oliguria,

anuria, poliuria o cursar con producción normal de orina (Ross, 2010). Sin

embargo, debemos tener en cuenta que muchas IRA nunca son oligoanúricas y

en las que sí lo son, la entrada a una fase poliúrica no implica curación (aunque

(32)

26 estar asociada a los casos más leves ya que la TFG se encuentra reducida,

pero la interrupción glomerular y tubular son insuficientes para causar oliguria

(Fooshee, 2009). Las intervenciones terapéuticas en esta etapa consiguen

salvar la vida, aunque contribuyen poco a la disminución de la gravedad de las

lesiones renales existentes (Grauer, 2010). Por desgracia, ya puede haberse

producido una lesión renal significativa lo que limita el control de la enfermedad

a los tratamientos de apoyo y sintomáticos (Sheri, 2008).

4. Recuperación

La salida de la oligoanuria hacía la poliuria indica el comienzo de esta fase

(Lamarca, 2006), donde se reparan las lesiones renales, se restablece la

función, y comienzan a mejorar las consecuencias polisistémicas de la

disfunción renal (Grauer, 2010). Esta fase puede durar de días a meses (Sheri,

2008). La recuperación renal depende de la normalización de las células con

lesiones subletales, de modo que recuperen su polaridad, y de la migración de

aquellas viables hacia la membrana basal. También deben eliminarse células

necróticas y los cilindros intratubulares, y generarse más células para repoblar

el epitelio tubular. La poliuria se produce por eliminación de solutos

acumulados, excreción del volumen de fluido sobrecargado de los tratamientos

excesivos (Senior, 2006), aumento de la filtración glomerular y la expulsión y/o

disolución de los cilindros de la luz tubular, dando lugar a una lenta

recuperación de las células tubulares (Lamarca, 2006). Aunque no pueden

producirse nuevas nefronas y las dañadas de forma irreversible no se pueden

reparar, la hipertrofia funcional de las nefronas supervivientes puede

compensar adecuadamente la pérdida y restablecerse la función (Grauer,

2010). La administración de fluidos en esta etapa es vital pues la pérdida

poliúrica genera deshidratación (los túbulos no pueden responder a la ADH).

Debe destacarse que la poliuria no siempre indica una vuelta a la normalidad y

que en aquellas insuficiencias normo o poliúricas, la recuperación se verifica al

disminuir los compuestos nitrogenados en sangre (Lamarca, 2006). En algunos

casos, el epitelio tubular no se regenera, ni el riñón se recupera del daño

sufrido y los eventos patológicos progresan generando fibrosis intersticial, el

rasgo predominante de la transición a enfermedad renal crónica (Cowgill &

(33)

27 Mecanismos que contribuyen a la disminución de la TFG

 Vasoconstricción renal

 Obstrucción tubular por residuos celulares  Retrodifusión tubular

 Disminución de la permeabilidad glomerular.

Como detallamos anteriormente el resultado habitual de hinchazón, daño y

muerte de las células tubulares, inducida por tóxicos o isquemia, culmina en

una disfunción de las nefronas que conduce a una disminución de la TFG. A

continuación describiremos los mecanismos nombramos anteriormente, los

cuales contribuyen a perpetuar la lesión y mantener la azotemia y oliguria

(Senior, 2009; Grauer, 2010; Chew, 2011). El mecanismo que inicia la lesión

pueden diferir de los que mantienen el estado de la enfermedad, como también

pueden operar todos simultáneamente (Chew, 2011).

Vasoconstricción renal

Las células endoteliales basales normales liberan una variedad de productos

capaces de regular el tono vascular, tanto vasodilatadores (óxido nítrico,

prostaglandina E2 y prostaciclina) como vasoconstrictores (endotelina,

prostanoides y componentes del sistema renina-angiotensina). El daño celular

genera un desequilibrio de estos factores favoreciendo la vasoconstricción

(contracción arteriolar aferente) (Figura 8-B) y generando un aumento de la resistencia vascular característico en todos los modelos de IRA, que no solo

contribuye a la disminución de la filtración glomerular, sino que también altera

el suministro de oxígeno y nutrientes en los distintos segmentos de los túbulos

perpetuando el daño (Grauer, 2004).

Obstrucción tubular

Las células tubulares lesionadas se edematizan y se descaman hacia la luz. La

adhesión de estas células desprendidas a las dañadas pero no necróticas que

aún están adheridas a la membrana basal, causa agregación dentro del lumen

con formación de cilindros y obstrucción tubular (Figura 8-C) (Hutter, 1995; Grauer, 2010).El edema intersticial o los infiltrados celulares también pueden

(34)

28

comprimiendo los vasos sanguíneos intersticiales. Por lo tanto, la obstrucción

puede ser intraluminal o extraluminal, y en ambos casos el aumento resultante

de la presión se opone a la filtración glomerular (Crew, 2011).

Reabsorción tubular

La retrodifusión o reabsorción anómala del filtrado se produce por la pérdida de

integridad de las células tubulares al alterarse el citoesqueleto, lo cual

aumentar la permeabilidad entre las uniones estrechas que normalmente

existen entre ellas, permitiendo que el filtrado renal (pre-orina) pase de la luz de

los túbulos al intersticio renal y luego a la vascularización renal contribuyendo

con la oliguria (Lamarca, 2006; Grauer, 2010). La retrodifusión tubular (Figura

8-D) se ve facilitada por la obstrucción tubular debido al aumento de las presiones tubulares próximas a ella (Crew, 2011).

Disminución de la permeabilidad capilar

La disminución de la permeabilidad glomerular (Figura 8-E) ocurre como consecuencia de la contracción de las células (disminución del área de

filtración) y/o la disminución del número o diámetro de los poros de la barrera

(35)

29

Figura 8. A. Nefrón normal, Donde aproximadamente el 30% de la sangre que entra en el glomérulo se introduce en el espacio de Bowman. La presión de filtración glomerular no se ve impedida en ninguna medida por la presión intratubular normalmente baja. El epitelio tubular renal sano evita que el flujo tubular se escape entre o a través de las células tubulares. Ningún material obstructor está presente dentro del lumen tubular. B. Vasoconstricción C.

Obstrucción intra y extra luminal D. Reabsorción tubular E. Disminución de la permeabilidad glomerular.

Diagnóstico diferencial

A la hora de abordar un diagnostico debemos diferenciar si el origen de la

azotemia aguda se debe a alteraciones hemodinámicas (pre-renales), del

parénquima (renales primarias) o post-renales, de manera individual o en

cualquier combinación (Cowgill & Langston, 2013). Las causas de azotemia

pre-renal son el diagnóstico diferencial más importante a considerar con

respecto a la causas de azotemia renal, ya que las etiologías post-renales por

lo general se excluyen fácilmente después de un examen físico completo y

diagnóstico por imagen (Chew, 2011). Por otra parte, es imprescindible

diferenciarla de la IRC, ya que cuando hay eventos predisponentes que se

superponen con una insuficiencia crónica preexistente, se produce una uremia

aguda con características similares a la IRA, corriendo el riesgo de llegar a un

(36)

30 Diagnóstico

Recopilando información a través de los signos clínicos, anamnesis, examen

físico, resultados de laboratorio y de diagnóstico por imágenes es posible

confirmar la IRA (Sheri, 2008). Aunque no confirmemos la etiología, la

interpretación de estos datos en forma rápida nos permite iniciar un tratamiento

dirigido a corregir disturbios y funciones alteradas (tratamiento de soporte)

sumamente importante para evitar al máximo el daño renal. Para conocer la

etiología se deben implementar, de acuerdo a la sospecha del clínico, pruebas

diagnósticas más específicas (Hutter, 1995).

Anamnesis

Mediante anamnesis se pueden obtener antecedentes de situaciones de

estrés; traumatismos o quemaduras; alteraciones en la ingesta de agua;

enfermedades renales preexistentes, cardíacas, hepáticas u otra enfermedad

sistémica; una repentina instauración de anorexia, indiferencia al medio,

vómitos o diarrea con o sin sangre, halitosis, ataxia, convulsiones; exposición a

toxinas (ingestión accidental de tóxicos) o nuevos ambientes; medicaciones

recientes, suplementos o dietas nuevas; enfermedades médicas o quirúrgicas

recientes; oliguria, anuria o poliuria ((Hafelin Manrique, 2008)

Examen físico

Debido al inicio súbito de la enfermedad, la mayoría de estos animales tiene un

adecuada condición física y un buen pelaje. Una mala condición corporal debe

hacer sospechar de la descompensación de alguna enfermedad renal

preexistente (enfermedad aguda relacionada con patología crónica) (Hutter,

1995; Cowgill & Langston, 2013).

Métodos de diagnóstico rápido a través del laboratorio

La IRA es potencialmente reversible si se instala un tratamiento rápido y

agresivo, por lo cual es necesario conocer los resultados de los análisis básicos

rápidamente para encaminarnos hacia el diagnóstico (Hutter, 1995). Ciertos

valores cambian diariamente, por lo tanto deben ser evaluar con mayor

frecuencia, con el fin de identificar nuevos problemas clínicos, redefinir la

(37)

31

Análisis rápido de orina: Mínimamente deben evaluarse los siguientes parámetros: Densidad, PH, proteínas, pigmentos biliares, glucosa, sangre,

leucocitos y sedimento urinario.

 Densidad (determinada por refractómetro)

Densidad normal: 1030-1080 (Hutter, 2010).

Máxima concentración urinaria: 1080 (Hutter, 2010).

Las altas densidades, más allá de la causa por la cual se produjeron, están

indicando una buena integridad funcional de los riñones, ya que demuestra que

conservan la capacidad para concentrar orina. Si la enfermedad renal se instala

en el glomérulo la densidad se mantendrá conservada por un tiempo, en

cambio sí comienza en los túbulos los riñones directamente no concentran

orina. De todas formas, debemos tener en cuenta que cuando una enfermedad

renal evoluciona, a la larga el riñón perderá su capacidad para concentrar

(Hutter, 2010). En los casos de IRA se presenta isostenuria o una orina

mínimamente concentrada, será inferior a 1030-1035 en felinos (Hutter, 1995;

Grauer, 2010). Estos valores, en presencia de deshidratación, demuestran que

el riñón no es capaz de compensar la condición, conservando agua y

concentrando la orina. Ante la deshidratación, los gatos deben concentrar la

orina con una densidad urinaria mayor a 1.040 (Elliott, 2008). Si se presenta

superior a 1.040 junto con azotemia, esto es indicativo de una insuficiencia

hemodinámica (Cowgill & Langston, 2013)

 PH (Determinado por tiras reactivas de orina)

El valor normal del pH en la orina de los gatos es entre 6 y 7. En cuadros

graves de IRA, se pueden encontrar pacientes en acidosis metabólica, cuando

el pH urinario se encuentra entre 5-5.5 (Hutter, 1995). Los animales en acidosis

metabólica tienen un pronóstico grave más allá de que pueda ser reversible.

Otras causas de acidosis metabólicas pueden ser: Tubulopatía hipercálcica

avanzada, IRC descompensadas, insuficiencias hepáticas primarias,

pancreatitis agudas, diabetes simple o cetoacidótica y en todo proceso de

necrosis tisular (Hutter, 2010). En IRA debida a infecciones por bacterias

(38)

32 orinas alcalinas (Hutter, 1995). Otras causas de donde podrán presentarse

orinas alcalinas son: Obstrucciones intestinales cercanas al estómago e

Insuficiencias hepáticas secundarias.

 Proteínas (determinadas por método de héller)

La presencia de proteínas en la orina (proteinuria) es una constante en todos

los casos de IRA (Hutter, 1995). Su presencia indica alteración del aparato

urinario, mientras que su ausencia descarta toda patología presente en los

riñones y en las vías urinarias. Su origen puede ser prerrenal (deshidrataciones

por obstrucción intestinal), renal (en todas las patologías renales) o

post-renales (enfermedades de la vejiga y próstata) (Hutter, 2010).

El proceso de filtración glomerular opone una restricción mecánica y eléctrica al

paso de determinadas proteínas y ocurre en los glomérulos renales. Dicho

proceso consiste en la producción de un ultrafiltrado del plasma (orina primitiva)

obtenido por la filtración del plasma sanguíneo a través de una barrera de

filtración glomerular (BFG) altamente especializada hacia el espacio de la

cápsula de Bowman. En un animal sano, solo existe una pequeña cantidad de

proteínas en la orina (30-40 mg/dl). En diferentes patologías renales y extra

renales la producción de diferentes noxas como radicales libres, toxinas,

anticuerpos, entre otras, pueden dañar la BFG afectando su estructura y/o

función que conduce a la presencia de proteinuria, signo cardinal de lesión o

injuria glomerular (Cavilla, 2016). De la misma forma la podemos encontrar

como consecuencia de procesos inflamatorios/infecciosos en los túbulos y/o

intersticio (Hutter, 1995).

 Pigmentos biliares (determinado por método de héller)

La presencia de pigmentos biliares en la orina de los gatos siempre es

patológica. Estarán presentes cuando la IRA curse como consecuencia o

acompañada de otra enfermedad concomitante como la enfermedad hepática

(Hutter, 1995). Otros orígenes pueden ser: hemólisis, obstrucción de las vías

intra y extra hepática, patologías pancreáticas y obstrucción intestinal (Hutter

Referencias

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