LA DINAMICA URBANA
CLAUDE CHALlNE
Traducción
JUAN VIOQUE LOZANO
COLECCION NUEVO URBANISMO
INSTITUTO DE ESTUDIOS DE ADMINISTRACION LOCAL MADRIDJ 1981
Título original de la obra: LA DYNAMIQUE URBAINE
© 1980Presses Universitaires de France 108, Bd Saint-Germain, 75006. París © 1981 edición española:
Instituto de Estudios de Administración Local Santa Engracia, 7. Madrid-lO
I. S. B. N.: 84-7088-280-5 Depósito legal: M. 18.359-1981
Los decorados de la escena urbana se han renovado en el espacio de una generación con una amplitud tal como sólo se había visto hasta ahora tras acontecimientos catastróficos. La sensibilidad y los gustos del público han basculado desde reno-vaciones ambiciosas hacia mejoras más íntimas, mientras que los papeles parecían volver a ser distribuidos entre actores y comparsas.
El objeto de este libro es el de captar, en su contexto espa-cial, temporal, económico y cultural, las transformaciones que revolucionan actualmente la vida y el paisaje urbanos. En efec-to, a lo largo de los últimos decenios, los impactos de la diná-mica econódiná-mica y social, sin dejar de afectar intensamente a la periferia urbana, han desplazado ampliamente y han exten-dido sus efectos hacia el centro y, posteriormente, al conjunto del casco urbano ya existente. Tal es el cuadro de análisis de este libro que comprende transformaciones, mutaciones, re-conversiones de todo orden, teniendo como objeto el espacio. ya edificado o urbanizado.
Transferencias funcionales en una capa exterior apenas re-tocada, renovaciones totales del continente en correlación con las del contenido, rehabilitaciones morfológicas y procesos de filtración social o funcional, todo ello alcanza dimensiones gi-gantescas a nivel de las grandes ciudades, pero que no son sino ilustraciones magnificadas de un dinamismo activo en la prác-9
tica totalidad de las ciudades mundiales, sea cual sea su nivel. Referimos aquí algunos precedentes famosos, como el fenóme-no de la City, en Londres, o la acción de Hausmann, en París, para recordar que el paso a la era industrial desencadenó, au-toritariamente o no, profundos cambios en el centro de las ciudades. Y queda por hacer toda una historia de las relaciones existentes entre los ritmos urbanos y los ritmos económicos, historia frecuentemente reactualizada debido al freno del cre-cimiento, propio de la mayor parte de los países industriali-zados.
Nosotros nos atendremos a las transformaciones contem-poráneas cuya cuádruple característica parece residir, en favor de la amplificación de los medios, en la ampliación del tamaño de las operaciones, la difusión más profunda de los efectos de inducción, la aceleración de los ritmos de renovación y, más recientemente, la diversificación de las fórmulas aplicadas.
Además de las observaciones de orden descriptivo intenta-remos responder a una serie de cuestiones fundamentales. En la aparente proliferación de los cambios que afectan al casco urbano, ¿es posible distinguir alguna forma de ordenación ló-gica o mejor de estructuras sucesivas? Más modestamente,
¿existen lazos de causalidad de carácter constante? (. Es posible razonar a nivel mundial o más bien es necesario discriminar sistemáticamente en función de los diferentes conjuntos geo-gráficos? En el conflicto de fuerzas que subtiende la evolución del espacio urbano, ¿qué peso real tiene la decisión de los res-ponsables de la ordenación urbana y cómo pueden ellos actuar sobre los binomios elementales que conforman la evolución de las grandes ciudades: concentración-dispersión, especializa-ción-homogeneidad del espacio, segregación-integración de los grupos humanos?
Toda ciudad se inscribe en espacios de dimensiones regio-nal, nacionaly continental en las que se asientan las transfor-maciones demográficas, sociales, tecnológicas y económicas; por su parte, cada uno de estos elementos detenta, en el mar-co de una determinada ciudad, un potencial propio de desarro-llo. Examinaremos, en primer lugar, estas fuerzas exógenas y
endógenas, consideradas como los motores de la dinámica ur-bana. En el segundo capítulo trataremos, de una forma lo más sistemática posible, de las modalidades de esta dinámica, sus múltiples ramificaciones y sus interrelaciones. La diversidad de las situaciones, de las partes que intervienen, nos conduce a cierta forma de diferenciación tipológica; nos ha parecido razonable incluir ésta en un esquema espacial, distinguiendo: el centro, las zonas urbanas internas y las zonas suburbanas. Esta será la articulación del tercer capítulo. Esta clasificación presentaba el riesgo de subestimar la originalidad de las ciu-dades, según el desigual grado de desarrollo de los conjuntos a los que éstas pertenecen. Las frecuentes referencias a los paí-ses socialistas y a los paípaí-ses del Tercer Mundo deberán permi-tir una visión más equitativa de los fenómenos que, con dema-siada frecuencia, se asocian tan sólo a las metrópolis del mundo occidental. Asimismo analizaremos el impacto de las decisio-nes voluntarias, así como el límite de estas intervenciodecisio-nes y sus multiformes incidencias. Nuestra mayor preocupación será la de dar cuenta, además, de la complejidad de los procesos de producción y de decisión, por una parte de la existencia de me-canismos relativamente neutros, que proceden de lógicas inter-nas, y, por otra parte, de los efectos globales o singulares que reflejan políticas urbanas o de comportamientos de grupos, en particular en las sociedades urbanas fuertemente diferenciadas. La metodología seguida será deliberadamente cualitativa y
deductiva. Dicha metodología no ignora, por supuesto, ni los e~fuerzosfundamentales, debidos a las versiones más recientes de la economía o de la sociología urbana, ni la considerable aportación a la comprensión de la dinámica urbana resultante de una interpretación política o ideológica de determinados procesos de decisión. Por nuestra parte, ni invalidamos ni de-fendemos ninguna tesis; lo que intentamos, más bien, es hacer tomar conciencia de la multiplicidad de elementos que concu-rren en los equilibrios inestables y sucesivos que suponen los sistemas urbanísticos.
No obstante, una obra que trata de dinámica urbanística tendría que privilegiar la dimensión temporal. Si la dimensión 11
y la continuidad histórica no han sido nunca subestimadas en los estudios urbanísticos, por su parte el factor tiempo (escue-la de Lund y trabajos de Hagerstrand), al nivel de (escue-las estruc-turas actuales y de su futuro, supone un campo de investiga-ción muy prometedor. Una zona urbana, cada vez más codicia-da, requiere, para una gestión coherente, nuevas fórmulas refe-ridas a la utilización del tiempo, que pueden a su vez cuestio-nar ciertas estructuras espaciales. La ordenación del espacio sólo alcanzará su pleno significado si va acompañada de la or-denación temporal.
CAPITULO I
LAS FUERZAS
MOTRICES
Ninguna ciudad posee existencia autónoma, y todas sus transformaciones proceden de una dependencia de los conjun-tos a los que se aplican, según el caso, los términos de espa-cios, sistemas o red urbana.
Son éstos los que imponen a la ciudad sus ritmos funda-mentales por el efecto, sobre todo, de las tendencias demográ-ficas, de la cOYuntura económica o incluso de los comporta-mientos colectivos. Estas fuerzas que llamaremos exógenas ope-ran a diferentes niveles; a veces, el marco regional será el más significativo -por ejemplo, cuando se trata de corrientes mi-gratorias-; otras, el marco será infinitamente más amplio si se trata, por ejemplo, de una tecnología en materia de cons-trucción o de transportes. Es evidente que una ciudad no so-porta pasivamente el impacto de las fuerzas exógenas; éstas son filtradas y seleccionadas en función de estructuras ya im-plantadas, y, además, si se trata de una potente metrópoli, ésta se convierte a su vez en foco de innovacióny de difusión, man-teniendo interrelaciones complejas con el exterior, como pode-mos observar concretamente en los flujos migratorios.
El casco urbano no es un campo de aplicación exclusiva-mente abierto a fuerzas de origen externo; en virtud de su pro-pia experiencia, tanto por sus componentes como por su con-tenido funcional, el espacio urbano genera su propia dinámica interna, obedeciendo a una lógica que no es necesariamente la del conjunto nacional al que pertenece la ciudad. Así, en una gran ciudad la movilidad residencial de las diversas categorías 15
sociales, sus modos de difusión sectorial, la modificación de su compartimentación espacial proceden antes que nada de ele-mentos endógenos sólo unidos por lazos fortuitos, mediante procesos de naturaleza económica, como la desindustrializa-ción, que encuentran su origen en decisiones externas, unidas a la estrategia de las empr~saso del Estado. Pero no cabe duda que la madeja de causas .internas y externas es difícil de des-enredar, lo que es particularmente cierto en los estadios de la historia urbanística anteriores al período contemporáneo.
1. PERMANENCIA DE LA DINÁMICA DEL ESPACIO URBANIZADO A pesar de la aparente perennidad que le confieren sus cons-trucciones, el espacio urbano muestra, en el plano histórico, una evolución rica en discontinuidades y en transformaciones internas. Revueltas políticas y desastres naturales (seísmos, in-cendios, inundaciones) figuran entre las causas más fácilmente identificables y más frecuentemente relatadas, lo que puede conducirnos a una visión catastrófica de la historia de la urba-nización, visión, por otra parte, muy exagerada. No es nuestra intención en absoluto poner en tela de juicio la importancia de incendios memorables, como los de Londres en 1667, de Ren-nes en 1721, de Moscú en 1812, puntos de partida de morfolo-gías urbanísticas renovadas, y basta recordar que fue después del incendio de Chicago, en 1871, cuando realmente se inventó el rascacielos. Pero la mayoría de las veces se volverá a edifi-car de acuerdo con la antigua estructuración parcelaria y con la antigua red de comunicaciones, como lo ilustra la agitada historia urbanística de Tokyo, hasta la reconstrucción que si-guió al gran seísmo de 1923. No obstante, nos parece necesario atraer la atención sobre otro tema, tal vez menos espectacular: el incesante «remiendo» del casco urbano, que se hace necesa-rio debido a la obsolescencia de las construcciones; trabajo puntual, en el que es difícil descubrir ritmos coherentes, y tra-bajo arrojado a la sombra por operaciones de mayor enverga-duray de mayor carácter voluntario de las que los anales his-tóricos están mucho mejor documentados.
Teniendo en cuenta estas observaciones, podemos esbozar el siguiente esquema histórico:
A) La ciudad de la época preindustrial, sometida a nece-sidades defensivas, conoce desde finales de la Edad Media -en lo que se refiere a la Europa occidental- una rarefacción del espacio. En el siglo XVI, con la amplificación de las bases eco-nómicas, surge un capitalismo urbano que conduce, por una parte, al divorcio del lugar de residencia y del lugar de trabajo, y, por otra parte, para las categorías más acomodadas, a for-mas de ocupación selectiva del espacio urbano, unas veces en la proximidad de edificios públicos, otras en las cercanías de un río (por ejemplo, en Newcast1e) y, más difícilmente, en las proximidades de un suburbio (Sjoberg, Vanee). Esto afecta so-bre todo a las ciudades portuarias de Hanse: ciertos procesos de transferencia se desencadenan en los barrios próximos al puerto o al centro comercial. Las manzanas de construcciones precarias son eliminadas y su población de menesterosos recha-zada, para dejar sitio a edificios exigidos por el comercio o la gestión municipal, así como a la residencia de la nueva bur-guesía.
Teniendo en cuenta la precariedad del ambiente (incendios, epidemias), las ciudades crecen muy poco, y todas las transfor-maciones se realizan en un espacio prácticamente constante. La organización espacial de la ciudad preindustrial parece obede-cer a estructuras de naturaleza más social que económica. Sólo muy localmente, con ocasión de la aparición de un mercanti-lismo, el espacio urbano adquiere un valor venal. Es evidente que a lo largo del siglo XVII aparece un verdadero mercado de la vivienda, basado en la capacidad económica de los indivi-duos. Ello supondrá la identificación de determinados barrios -generalmente nuevos- con la confirmación de un triunfo social, reajustándose el resto del casco urbano en relación con los barrios más solicitados. A lo largo de los tiempos modernos podemos seguir una dinámica de intensificación de la utiliza-ción del espacio urbano -la eliminautiliza-ción de numerosos cemen-terios parisienses, entre 1785 y 1814, ilustra este hecho-, re-novándose la forma y la función dentro de una óptica de em-bellecimiento que reflejará tanto la magnificencia de un prín-17
cipe como los gustos y las necesidades de grupos sociales es-trechamente asociados al poder y a las nuevas fuentes de ri-queza. Sin duda alguna, muchas de las realizaciones de este ur-banismo suntuario se situarán en los mismos límites del espa-cio ya urbanizado, como es el caso de los squares del West End londinense o, incluso, del barrio de la plaza de Vendóme, ampliamente urbanizado a costas de un convento de los Capu-chinos. No obstante, abundan, por ejemplo en el contexto de la capital francesa, operaciones de auténtica renovación, que ilus-tran el propósito de esta obra. Marcel Poete ha mostrado per-fectamente los dos niveles de aplicación del dinamismo del es-pacio parisiense, durante los siglos XVI yXVII: a partir del rei-nado de Francisco J, el poder real, al escoger el sector oeste y abandonar el este de París, invierte definitivamente el equili-brio global de la capital y desencadena, a nivel local, reacciones en cadena. Así, en la zona oeste, asistimos a la valorización de la ribera izquierda y la elaboración del faubourg Saint-Ger-main, mientras que, en el este, el abandono del hotel Saint-Paul y posteriormente del hotel Toumelles supuso residencias de menos renombre. La pérdida de valor de estos edificios y los terrenos colindantes ofrecen, a partir de 1570, un campo poten-cial de renovación de donde surgirá, ulteriormente, el conjunto de la plaza de Vosges. De una forma más general, las ciudades de la época barroca, encerradas en sus enormes cinturones for-tificados, no tendrán otra solución que la de absorber los es-pacios que quedaron libres y de crecer en altura, a excepción de las ciudades inglesas que desde finales del siglo XVII aban-donan sus preocupaciones defensivas. No parece, sin embargo, que esta diferencia haya influido enelritmo de renovación del casco urbano, dependiendo éste, en definitiva, de las fuerzas motrices económicas.
B) El período industrial se destaca a la vez por un cambio de la base económica urbana y por la rápida inflación del nú-mero de habitantes como resultado de un incremento del fenó-meno migratorio. Sin duda alguna, ello supondrá una amplia-ción considerable del espacio edificado, mediante estaciones y
empresas industriales asociadasy suburbios residenciales; pero la eficacia todavía limitada de las técnicas de transporte con-18
tribuyen a mantener una muy fuerte cohesión espacial entre las diversas funciones, mientras que en el centro asistimos a una creciente competencia con respecto a un espacio ya urbanizado completamente.
La acumulación en los barrios centrales de puestos de co-mercio y de servicios diversos nos lleva a la paralización, cuan-do no al retroceso, de la función residencial, con las múltiples variantes que reviste la expresión establecida del fenómeno de City, pudiendo observarse en todas las ciudades afectadas por la industrialización una serie de transformaciones a lo largo de todo el sigloXIX:
- Creciente especialización funcional del espacio urbano, principalmente por la acumulación selectiva de actividades ter-ciarias en la zona del centro.
- Desarrollo espacial del centro, tanto por la absorción de edificios o de barrios hasta hace poco destinados a la residen-cia de categorías acomodadas -lo que podemos ver en París en el distrito VII-, como por el rechazo de funciones com-puestas y por la reconstrucción sistemática. Esta ampliación de la influencia del centro irá acompañada muchas veces de un deslizamiento del centro de gravedad; así, si en Madrid este último correspondía a la Plaza Mayor en el siglo XVII, alcanzó a la Puerta del Sol en el sigloXIX,para continuar
posteriormen-te su migración hacia el nordesposteriormen-te, en dirección de la Plaza de Colón.
- Con mucha frecuencia, el eje de desarrollo preferencial del centro de la ciudad es dirigido y estructurado por la aper-tura de nuevas vías de comunicación, que conducen a veces a la estación, en perjuicio del antiguo hábitat. Los nuevos edifi-cios que acompañan a estas aperturas favorecen en gran ma-nera la recuperación del espacio del centro por categorías re-sidenciales y por nuevas actividades funcionales. La liberación de amplias arterias no es, en realidad, más que un aspecto de una política urbanística más global, que tiende a reorganizar profundamente la forma, partiendo del contenido de los ba-rrios más antiguos y vetustos. Esta renovación voluntaria fue desencadenada y continuada por la intervención de poderes políticos autoritarios: a la acción de Napoleón III en París se-19
(a) (b) (e) política Política · Finanzas 0omerCio-Almacenes Almacenes
o
CultivosFIG. l.-Extensión y diversificación del centro de Londres durante los siglos XVIII (a), XIX (b) y XX (e).
guirá la de Bismarck en el Imperio alemán y la de los tories reformistas en las grandes ciudades de la Inglaterra victoria-na. En todos los casos, las técnicas de ordenación estarán al servicio de objetivos en los que se mezclan la filantropía, el cálculo político, la necesidad de saneamiento y la preocupación de embellecimiento con pretensiones generalmente monumen-tales. Estos centros, realzados con edificios utilitarios grandio-20
sos (museos, edificios municipales o administrativos, hoteles), van a adquirir una estabilidad morfológica que parece querer ponerlos a cubierto, durante mucho tiempo, de cualquier reno-vación. De hecho, al quedar éstos a salvo de las destrucciones de los dos conflictos mundiales, los encontraremos, casi un si-glo después, prácticamente iguales, habiendo conseguido con-tener, al precio de retoques marginales, las necesidades de una economía y de una vida urbana en constante transformación. C) En el período de entre guerras, las fuerzas de la urba-nización han mostrado sus efectos más importantes en la pe-riferia urbana. La dinámica del espacio ya edificado sólo se ha manifestado en los centros de las ciudades mediante simples reajustes del contenido, dejando generalmente intacta la dispo-sición del continente. Por lo que se refiere a los barrios anti-guos, próximos al centro, vemos cómo en ellos se han desenca-denado lentos procesos de degradación, por bloques y manza-nas de viviendas en la Europa continental o por zomanza-nas enteras en las ciudades anglosajonas (twilight zones). Pero, incluso en este caso, raras veces el conjunto edificado será objeto de una total reestructuración, sino de operaciones aisladas más o me-nos puntuales en determinadas manzanas de viviendas insalu-bres. Es, pues, al nivel de las transformaciones residenciales y funcionales, desigualmente perceptibles, como se manifiestan las fuerzas que subtienden la evolución del espacio urbano y, de todas formas, la dinámica urbanística tiende, en beneficio de una mayor movilidad, a conceder prioridad al proceso de suburbanización.
Por lo que respecta a las ciudades de los países que perma-necen prácticamente al margen de la industrialización, al verse afectadas por intervenciones de tipo colonial, el hecho más sig-nificativo ha sido la yuxtaposición de organismos urbanos físi-camente distintos. La ciudad tradicional, dejando a un lado las lentas evoluciones funcionales, no cambiará prácticamente, ya que el impacto de las nuevas actitudes y de las necesidades residenciales que aquéllas comportan lo sufren los barrios, cuando no una ciudad totalmente disociada del núcleo pre-existente. Estamos, pues, frente a una dinámica de extensión
espacial y, de alguna manera, de una dinámica que vuelve a re-cuperar el espacio ya edificado.
Estos breves recuerdos de situaciones históricas diversas han tenido como principal objetivo el de traer a la memoria la permanencia y la antigüedad de las transformaciones expe-rimentadas por el espacio urbano. Excluyendo los episodios ca-tastróficos, esta dinámica urbanística parece haber tenido un ritmo muy lento de renovación, al haberse llevado hasta sus límites extremos las transformaciones del contenido y haberse retrasado otro tanto la renovación del continente. Las opera-ciones de cirugía urbanística, realizadas en el corazón de algu-nas grandes ciudades en la segunda mitad del pasado siglo, han supuesto la primera manifestación de una convergencia de in-tenciones entre los responsables políticos y los intereses eco-nómicos de una burguesía conquistadora. No obstante, a la dis-continuidad de la acción de los poderes públicos corresponde la relativa simplicidad de los métodos especulativos de los in-versores, y éstos, hasta las vísperas de la segunda guerra mun-dial, serán tentados mucho más por las operaciones en terre-nos nuevos, es decir, en zonas residenciales. Estos son, a la vez que el desgaste sufrido por el amplio capital urbanístico edifi-cado antes de 1914, los efectos destructores del segundo conflic-to mundial y más aún de las profundas transformaciones a ni-vel de las formas de vida y de producción que, después de me-nos de treinta años, cuestionan la forma, las funciones y los diversos aspectos de los barrios antiguos, ya sean éstos núcleos históricos, centros de negocios, barrios nobles o distritos popu-lares. Estas son, en primer lugar, las fuerzas globales respon-sables de esta puesta en tela de juicio que examinaremos en la continuación de este capítulo.
2. LA CIUDAD EN SU ENTORNO GLOBAL
Toda ciudad es parte integrante de un entorno exterior de múltiples dimensiones. Las fuerzas que lo componen determi-nan los flujos polarizados por cada ciudad y determidetermi-nan el atractivo del que se derivará la intensidad de la dinámica ten-dente a cuestionar el equilibrio de su espacio ya edificado. Nos
abstendremos de desarrollar los impactos derivados de las ca-lamidades naturales (seísmos) así como los que han generado las destrucciones de los conflictos internacionales, aunque és-tos han supuesto necesidades de reconstrucción, después de 1945, que han hecho elaborar técnicas y procedimientos opera-cionales continuados ulteriormente en acciones voluntarias de renovación urbanística.
A) Espacios políticos, espacios administrativos
Elementos de naturaleza política pueden modificar conside-rablemente el entorno global creando o no las condiciones de un atractivo favorable para las inversiones, así como para las variadas localizaciones. La muy diversa gama de situaciones podemos enmarcarla en estos grupos:
1) Los efectos de fronteras se manifiestan de muy contras-tadas formas. La colocación de una frontera muy poco permea-ble a los cambios amputa a una ciudad de una parte de sus hinterlands y puede motivar el estancamiento económico, a me-nos que intervengan ayudas gubernamentales; es lo que pode-mos observar en las ciudades de la Alemania federal próximas a la frontera oriental, como Braunschweig. Por el contrario, una localización fronteriza puede ser deliberadamente valorizada mediante una convención entre los dos Estados contiguos. Ci-temos el caso de las ciudades mejicanas próximas a los Esta-dos UniEsta-dos que, gracias a disposiciones fiscales y aduaneras particulares, ven, desde hace algunos años, la instalación de fá-bricas de montaje que sustituyen a las firmas multinacionales, con efectos altamente significativos a nivel local. Un caso par-ticular es el de Hong-kong: la instauración de la República po-pular china y el respeto del estatuto distinto de la colonia bri-tánica han tenido como principal consecuencia el hacer de Hong-kong un polo de atracción para una masa de refugiados chinos, lo que hizo que la población pasara de los 1,8 millones de habitantes que tenía en 1948 a cerca de los 4,5 millones de nuestros días. Esta masa de mano de obra, conjugada con un flujo de capitales proveniente de diversas áreas políticamente
agitadas del Sudeste asiático, han modificado fundamentalmen-te la base económica de Hong-kong, que ha llegado a conver-tirse en un foco industrial de una intensidad excepcional.
2) Toda reincorporación de una ciudad a un nuevo espacio nacional abre una delicada fase de reajustamiento que puede verse facilitada por diversas medidas tomadas por los poderes públicos. Es lo que los rumanos intentaron para Cluj, cuando el tratado de Trianon separó Hungría de Transilvania, o el Es-tado francés cuando recobró Estrasburgo después de 1918. Las ciudades de Silesia transferidas de Alemania a Polonia, en 1944, como Wroclaw, con una operación de transfusión demográfica casi total, ilustran una lógica planteada hasta sus límites y la voluntad de romper definitivamente con un sistema anterior.
3) La fijación de una frontera arbitraria, en el sentido de que corta una región homogénea, conduce a veces a poner fren-te a frenfren-te dos aglomeraciones destinadas a valorizar un mismo sitio, en el marco de dos Estados rivales. Recordamos, en el período de entre guerras, el famoso ejemplo de Gydnia, cons-truida alIado de Dantzig, en la desembocadura del Vístula; el conflicto entre árabes y judíos ha visto la construcción, en el fondo del golfo de Akaba, del puerto israelí de Eilath, seme-jante al de la ciudad modernizada de Akaba, en Jordania. Por el contrario, si en un contexto de cooperación internacional ciertas fronteras pierden su rigidez jurídica, algunas ciudades ampliarán sus áreas de influencia o establecerán entre ellas re-laciones que estimularán su vida económica. Es lo que ocurre actualmente a nivel de la Regio Basiliensis, o de iniciativas lo-cales, relativamente animadas por los Estados afectados, que tienden a reforzar los lazos seculares de asociación entre Bale, Mulhouse, Fribouren-Brisgan y sus respectivas subregiones.
4) Un cambio permanente del contexto regional de un Es-tado, como el de Alemania federal, desde hace cuatro decenios, puede conducir a una redistribución espacial de las principales funciones económicas, a nivel de los niveles superiores de la red urbana. De esta forma, la imposibilidad de mantener en Berlín ciertas actividades de difusión nacional ha conducido a trans-ferencias o al reforzamiento de funciones anteriores (la prensa
en Hamburgo y Francfort, la publicidad en estas dos ciudades y en Düsseldorf, la moda en Munich y en Düsseldorf). En Ber-lín, el hecho más destacado de la separación política lo ha cons-tituido, en lo que se refiere a la zona occidental, una progresiva de localización de las actividades centrales, con respecto a su antigua situación, Unter den Linden, hacia los barrios más oc-cidentales del Zoo y de Charlottenburg, siguiendo el eje de Kurfürstendamm. Si bien con un cierto retraso, los responsa-bles de Berlín Este han desarrollado un centro alrededor de Alexanderplatz, concretizando de esta forma el desdoblamiento espacial de las funciones de centralismo de la antigua capital alemana.
S) No hace mucho, la colonización había transformado considerablemente las localizaciones urbanas, unas veces creando, otras sustituyendo, por ejemplo, Niamey en Zinder y Dakar en Saint-Louis. El acceso a la independencia se ha visto acompañado, en algunos Estados, de una puesta en tela de juicio de las situaciones establecidas. Los casos más evidentes son los de las ciudades sometidas a un proceso de crecimiento económico que favorecen las condiciones generales para un mayor dominio de las fuentes locales. El dinamismo industrial de Singapur, tomando el relevo de una función de escala im-perial, es una aplicación sorprendente de esto, así como la emancipación espectacular de los países productores de petró-leo condujo, en los emiratos del golfo Pérsico, por ejemplo, al cambio fundamental de los organismos urbanísticos existen-tes (cf. infra).
6) La transferencia de funciones administrativas directri-ces en el marco de una reorganización territorial en el interior de un Estado ha tenido frecuentemente un efecto permanente sobre el dinamismo de las ciudades afectadas. A título de ejem-plo, tomaremos la región de Provenza-Costa Azul durante el siglo XIX. La integración del condado de Niza conlleva la crea-ción del departamento de los Alpes Marítimos, al que se trans-fiere el distrito de Grasse, arrebatado a Var; la posición de Draguignan queda entonces muy apartada del centro y la ciu-dad pierde, en beneficio de Niza, una parte de su área de in-fluencia (M. Wolkowitsch). En 1817, la transferencia de la 2S
sede de la subprefectura de Tarascón a Aries ayudará consi-derablemente a la expansión de esta última; en 1936, la supre-sión de la subprefectura de Brignoles reorienta hacia Toulon los cantones de Brignoles y de Saint-Maximin, en perjuicio del desarrollo de estas dos ciudades.
No obstante, es evidente que las funciones administrativas, hasta hace poco determinantes, son actualmente menos signi-ficativas que las fuerzas propiamente económicas a la hora de dar cuenta de la dinámica de los centros urbanos.
B) El entorno socioeconómico
La base económica de la evolución urbana sigue siendo la fuerza motriz por excelencia de las transformaciones internas que afectan a la ciudad en sus diversos componentes. Esta base se manifiesta ordinariamente en forma de flujo de capitales y de mano de obra y de variaciones en el número y naturaleza de los puestos de trabajo, así como de los bienes y servicios producidos. Se trata, porelmomento, de analizar los impulsos, cuyos efectos serán examinados posteriormente. Es evidente que el impacto de las fuerzas económicas se deja sentir de for-ma considerable en la periferia urbana-es decir, fuera del campo de este estudio-y que sus efectos no podrían ser igno-rados dada la interdependencia de los diversos elementos que constituyen una aglomeración urbana.
1) El origen y la finalidad de los flujos de inversiones ha podido dar cuenta de la intensidad y de las modalidades de sus efectos:
- Los capitales de origen regional y generalmente deriva-dos de beneficios agrícolas y territoriales se aplican de forma progresiva, mediante inversiones industriales, por ejemplo, que poco a poco amplían la base económica de la ciudad. Esto ha podido observarse en muchas grandes ciudades de América latina desde hace unos cuarenta años, durante los cuales una parte creciente de los beneficios obtenidos de la agricultura ha servido para financiar el despegue industrial. Asimismo, los resultados de este tipo de inversiones repercuten sobre los rit-mos de transformación urbanística. Una ilustración de ello
nos la ofrecían, a comienzos del siglo xx, las ciudades langue-docianas; la acumulación de los beneficios obtenidos de los viñedos permitió la creación de una cadena de industrias rela-cionadas con las necesidades de la viticultura, y cada fase de prosperidad agrícola aportaba su contribución de nuevas cons-trucciones.
- Capitales de origen nacional que proceden de iniciativas privadas o de operaciones emprendidas por el Estado. El im-pacto es, en general, selectivo y rápido, provocando una cadena de efectos. inducidos. Analizaremos posteriormente las diferen-tes modalidades, pero entre las numerosas variandiferen-tes citemos el caso de una afluencia repentina de recursos nacionales, como en Kwait, con un efecto de remodelado fundamental de la capital, tanto por razones de prestigio como por necesi-dades objetivas. Este es también el caso de Atlanta, no hace mucho un simple centro ferroviario, que, a partir del decenio 1920-1930, va a conocer un desarrollo sorprendente, correlati-vo a la industrialización del Sur, hasta llegar a ser actualmente el lugar de implantación favorita de sedes sociales y de ins-tituciones financieras nacionales que animan esta colonización interior. De una forma más general, podemos subrayar la es-trecha dependencia del centro comercial y de negocios de una ciudad (CBD) respecto a las bases de la actividad económica regional.
- Capitales de origen internacional. Constituyen aporta-ciones masivas y prolongadas, polarizadas en torno a algunas ciudades seleccionadas por su particular interés, a la vez que pueden conducir a una intensa transformación de los barrios céntricos. Tomemos dos ejemplos referidos a dos contextos distintos. Beirut, segura de su tradición de ciudad de nego-cios, se había atraído, antes de la crisis libanesa de 1975, una gran parte de los capitales árabes derivados del petróleo y a la búsqueda de inversiones relativamente seguras. Esto fue lo que explicó el boom inmobiliario especulativo y la prolifera-ción de edificios de oficinas y de hoteles, responsables todos ellos de una renovación brutal del antiguo casco urbano. La prolongada inseguridad de Beirut ha hecho que muchas de estas actividades internacionales, cuando no una parte de los capitales que las apoyan, hayan buscado nuevas implantacio-27
nes. Asimismo, hemos podido asistir, hacia 1976, a una verda-dera competición entre las ciudades del Oriente Medio para atraerse las firmas y capitales tránsfugos, como Atenas, El Cairo, Amman o incluso las capitales de los emiratos del Golfo Pérsico.
- Las diversas perspectivas de una unificación económica europea, abiertas a lo largo de los dos últimos decenios, han hecho de algunas de las grandes metrópolis de la Europa occidental lugares privilegiados de implantación para centros sociales, oficinas de estudio y diversos organismos direcciona-les relacionados con actividades multinacionadirecciona-les. La respuesta a esta demanda ha supuesto para Génova, Francfort, París y, mucho más, para Londres y Bruselas, un flujo de inversio-nes internacionales que ha renovado el marco edificado de los barrios céntricos (ejemplo: la calle de la Loi, en Bruselas). En este contexto europeo, un caso concreto es el de las afluencias de capitales británicos hacia París y hacia algunas de las gran-des ciudagran-des francesas (Lyon - La Part-Dieu) entre 1970 y 1974. Atraídas principalmente por las operaciones relaciona-das con el mercado de edificios para oficinas, estas inversiones se han concretado en la adquisición de 750.000 m.2 en la región
parisiense, de los que la mitad corresponden al centro, para acciones de reconversión (tiendas del Louvre) o de renovación (barrio de la estación de Lyon). Es evidente que en el caso de los capitales internacionales se produce una orientación se-lectiva en beneficio de establecimientos terciarios muy concre-tos, que pueden ser clasificados para actividades cuaternarias (actividades de concepción, organización, decisión) y que ca-racterizan a las grandes metrópolis organizadoras del mundo contemporáneo.
La renovación inmobiliaria del centro de las ciudades nor-teamericanas ha sido y sigue siendo el campo más codiciado por los capitales extranjeros, tanto si se trata de fondos de los grandes organismos nacionalizados británicos (Correos, Ex-plotaciones Hulleras ... ), de capitales del Vaticano (Watergate Complex, en Washington) o de petrodólares. Las ciudades ame-ricanas representan, en efecto, inversiones seguras, con
reses elevados y con las ventajas suplementarias derivadas de un laxismo frecuente a nivel de las reglamentaciones de ur-banismo.
2) Las fuerzas de polarización urbanística y sus limitacio-nes.-Clásicamente, y esto sigue siendo válido en muchos ca-sos, el desarrollo de la base económica urbanística se explica por dos series de fenómenos: las economías externas llevan a todas las empresas, dedicadas o no a las mismas activida-des, a aglomerarse de forma espontánea (clustering) con el ob-jeto de beneficiarse de una amplia gama de servicios' y de equipamientos. Esto favorece el desencadenamiento de proce-sos acumulativos de implantaciones (cumulative causation), descrito por G. Myrdal, a los que pueden añadirse otros efec-tos contradictorios por la proximidad de un foco de creci-miento: spread effects and backwash effects.
Ampliando esta aproximación, Pred ha demostrado cómo, durante la fase de industrialización, toda nueva implantación desencadena efectos multiplicadores y de feedback que favo-recen la innovación, pero también el crecimiento global de una
Estímulos a la innovación
FIG. 2.-Efectos acumulativos de una nueva industria sobre el entorno urbano durante el siglo XIX (según
PluID).
aglomeración urbana (Fig. 2). No obstante, a partir de cierto umbral de concentración y de dimensión urbana, la aparición de nuevos costes (deseconomías) y de inconvenientes de natu-raleza social tienden a anular los beneficios de situaciones an-teriores: los procesos de concentración se detienen para dejar sitio a una redistribución selectiva de actividades, tales como el fenómeno de selectividad de las funciones de los centros de las ciudades (J. Labasse).
Por lo que se refiere a las economías de escala, éstas llevan a las empresas a nuevas fórmulas de integración y a una pro-ducción mediante unidades muy considerables; pero aquí cho-camos con la incertidumbre de una dimensión óptima de los establecimientos industriales, sobre todo si tenemos en cuenta las incidencias sociales y económicas que implica una concen-tración geográfica en grandes ciudades. Hay que subrayar, por lo demás, las numerosas excepciones a esta tendencia, como puede ser la tradición de industrias relativamente difusas a través de las montañas de la Europa central, o algunas tenta-tivas hechas recientemente para favorecer la implantación de unidades de producción en medios escasamente urbanizados, como el Bocage normando, o incluso la dispersión voluntaria de las actividades industriales en ciertos países socialistas del Tercer Mundo.
Por lo que se refiere a los países industrializados, un nuevo elemento viene a unirse al relativo debate de las economías y deseconomías externas. Hemos podido ver, a propósito del atractivo excepcional que ejercen las grandes metrópolis, que la productividad individual aumentaba allí con el número de habitantes.
En este sentido, J. Lajugie expone los cálculos efectuados tanto en Estados Unidos como en la República Federal Alema-na o en la URSS, y este aumento de productividad puede muy bien sobrepasar las cargas de los gastos públicos que igual-mente crecen con la dimensión urbana. Puede, igualigual-mente, sub-rayarse el efecto de inducción que representa la presencia de un aeropuerto de verdadera dimensión internacional sobre la localización de órganos de decisión y de todo lo que gravita a su alrededor. Ahora bien, estas infraestructuras se cuentan con los dedos de la mano en cada continente.
En los países todavía próximos a la fase de despegue eco-nómico, el atractivo que ejerce la o las grandes ciudades es incluso más sorprendente, sobre todo si los mecanismos conti-núan siendo liberales. En ellos, en efecto, podemos localizar el mercado más amplio y más diferenciado y en ellos se encuen-tra una reserva de mano de obra relativamente educada, así como ciertas infraestructuras fundamentales (puerto, puertos francos). Un hecho muy importante es que, en la metrópolis, los responsables de la vida política y de la vida económica tie-nen las mayores posibilidades de estar en contacto directo, así como que los instrumentos y los medios de las diferentes ayu-das extranjeras están inmediatamente disponibles. Estos dife-rentes factores son los que explican que en el Tercer Mundo la dinámica del espacio urbanizado sólo sea apreciable a nivel de las grandes ciudades.
3) La terciarización de las ciudades.-De forma general, la aceleración del desarrollo significa división de trabajo, espe-cialización e importancia creciente de la ciencia y la tecnolo-gía. Estos factores no sólo favorecen las grandes aglomeracio-nes urbanas, sino que también imponen un determinado mo-delo de evolución estructural de las funciones a la mayoría de las ciudades de los países industriales, independientemente de cualquier accidente coyuntural. El problema más importante lo constituye el hecho de un relativo descenso de los puestos de trabajo del sector secundario en beneficio de las actividades terciarias y eventualmente cuaternarias cuando se trata de grandes ciudades. Este fenómeno podía observarse ya en Bal-timore, desde 1948, y por lo que se refiere al Greater London, los servicios representaban, en 1975, el 75 por 100 de los pues-tos de trabajo; en el mismo año, en Moscú, el sector terciario representaba cerca del 70 por 100 del total, con una parte muy importante dedicada a actividades científicas. Todas las gran-des ciudagran-des del mundo conocen, en concreto, un considerable desarrollo de la función hotelera. Londres ha experimentado realmente este desarrollo en un grado máximo, y D. Eversley, por su parte, ha intentado una evaluación de los impactos so-cioeconómicos de esta hotelización. Unas quinientas mil per-sonas habrían residido, como término medio, en períodos de corta duración, con fines que sobrepasan el simple concepto 31
de turismo. La construcción de hoteles no ha sido sino una respuesta a esta demanda que ha motivado la reconversión de edificios, cuando no de manzanas enteras, en los barrios cer-canos a las estaciones de ferrocarril o a las terminales de aero-puertos. Ello ha significado un rechazo evidente de la función residencial, cuya tasa de rentabilidad de las inversiones no puede soportar la comparación con la de una industria ho-telera funcionando con mucha frecuencia a un nivel máximo, de ocupación. Otra notable consecuencia reside en el desarro-llo de un sector de puestos de trabajo muy poco cualificados y escasamente remunerados que eventualmente puede susti-tuir a una base económica más diversificada.
Podemos proponer un esquema evolutivo que reduzca las transformaciones de la economía urbana a las cuatro fases siguientes:
- Fase 1: actividades de servicios locales, construcción, al-gunas industrias.
- Fase 2: prioridad industrial.
- Fase 3: preponderancia de los servicios, cada vez más diferenciados.
- Fase 4: la población activa tiende hacia un tope máxi-mo, mientras que ciertos fenómenos de saturación y de des-economía favorecen el éxodo de determinadas actividades.
Incluso en países desarrollados, este esquema está someti-do a numerosas excepciones; podemos observar grandes ciu-dades, como Washington, que no han tenido industrias prácti-camente nunca y que deben el rápido desarrollo contemporáneo de su economía a la multiplicación de actividades terciarias superiores.
En otro orden de observación, podremos notar cómo mu-chas veces urbanización e industrialización no aparecen nece-sariamente unidas. Así, en la Europa central germánica, en la región de Halle, la implantación de importantes complejos de industrias químicas, en el período de entre guerras, en torno a Leuna, no afectó prácticamente en nada a la antigua ciudad industrial de Halle, sino más bien al conjunto de pueblos cer-canos, cuyos 'habitantes campesinos se convirtieron en obre-ros. Lejos de ser un caso aislado, este ejemplo es válido
mente para el conjunto de un vasto territorio que engloba una zona montañosa considerable, desde el Macizo Central hasta Bohemia.
Por otra parte, podemos preguntarnos sobre la permanen-cia de fuerzas que concurren todavía en la concentración de numerosas actividades del sector servicios. Una generalización de los medios de telecomunicación ha podido ser vista como el instrumento de una dispersión generalizada de los indivi-duos, en tanto que agentes económicos, y de la degeneración de la noción de centralismo geográfico (The Economist, 1974,
S). Estas son, evidentemente, algunas de las previsiones favo-ritas de los que sostienen el concepto de edad posindustrial, proclamada al comienzo de los años setenta (D. Bell, H. Kahn). Según esta escuela, las sociedades irían hacia una situación en la que al menos el 70 por 100 del producto nacional bruto se generaría en el sector terciario, mientras que el índice de ur-banización debería situarse en torno al 90 por 100. Posible-mente, las nuevas bases de la economía mundial no invalidan esta visión prospectiva, pero al menos la hacen menos proba-ble a medio plazo.
4) Las variaciones de intensidad del dinamismo económico urbanístico son normales y dependen de la coyuntura a corto, medio y largo plazo. En cualquier caso, sus efectos sobre el ritmo de transformación del espacio edificado son evidentes y la crisis abierta en el mundo occidental, desde 1973, se refleja elocuentemente sobre la escena urbanística (freno de los pro-gramas de reconstrucción, especulaciones inmobiliarias sus-pendidas ... ).
Estas variaciones se deben a diversas situaciones que po-demos clasificar en las categorías siguientes:
- Ambiente económico regional que puede ser favorable (por ejemplo, la ciudad de París desde hace tres decenios) o desfavorable (por ejemplo, la mayor parte de las cuencas car-boníferas de Europa occidental durante el mismo período).
- Coyuntura propia de un sector de actividad, combinán-dose muchas veces este factor con el precedente según la natu-raleza de las empresas más significativas; de esta forma, las 33
dificultades puestas de manifiesto en Valenciennes traducen no sólo las dificultades de la cuenca hullera, sino también la ten-dencia a trasladar hacia el litoral las actividades siderúrgicas. Estas dificultades, o cuando menos los riesgos de la coyun-tura, parecen alcanzar sobre todo a las ciudades basadas en una sola actividad. Tenemos el ejemplo límite de las ciudades mineras, que han llegado a convertirse en ghost towns, pero también existe un riesgo con respecto a las ciudades domina-das por una empresa (company-towns) (por ejemplo, Roches-ter con Kodak, Le Creusot con Schneider, Lacq con la gas
0-química).
- Una estructura económica interna bastante flexible para asegurar una readaptación permanente parece haber sido el mejor testimonio de continuidad del dinamismo urbanístico. Según B. Chinitz, la condición óptima es la presencia de nu-merosas empresas, de tipo medio, que implican un máximum de efectos multiplicadores y de actividades subsidiarias, ca-paces de rápidas readaptaciones. Citábamos hace poco el caso de Saint-Etienne, que había conocido una serie de reconver-siones desde finales del siglo XIX gracias, al parecer, a la pre-sencia de numerosos medios y de pequeños contratistas sub-sidiarios, de capacidad normal o de especialidades en las in-dustrias mecánicas y eléctricas. A un nivel mayor, como recuer-da J. Jacobs, funcionan estructuras parecirecuer-das en otras ciurecuer-da- ciuda-des: Birmingham y la Black Country, e incluso Boston, donde, desde 1940, el declive característico de la antigua industria tex-til ha quedado más que compensado por una diversificación funcional hacia las industrias mecánicas y electrónicas, estimu-ladas a su vez por la presencia de centros de investigación, pero beneficiándose al mismo tiempo de una abundante mano de obra femenina local.
No obstante, no podemos relacionar demasiado sistemáti-camente ritmos económicos y ritmos urbanos. En efecto, ade-más de los fenómenos de inercia y de supervivencia, existen mecanismos de transferencia y de recuperación, pudiendo es-tos últimos quedar ilustrados con el ejemplo de numerosos pequeños puertos de las costas europeas occidentales donde el declive de la base económica tradicional, la pesca, se ha vis-to sustituido por una gama de actividades turísticas y de recreo.
La evolución urbana regresiva y continua, desencadenada por la disminución de la base económica, sigue siendo bastante escasay ha podido ser observada hace algunos decenios en pe-queñas ciudades mineras de Europa con los efectos en cadena de una falta de inversiones, de la reducción del número de puestos de trabajo, de la degradación de los servicios no sólo del capital inmobiliario, sino también del entorno urbano que conducen finalmente a una despoblación o a la transformación de estas ciudades en ciudades-dormitorio con respecto a cen-tros más atractivos (sirvan de ejemplo los valles del sur de Gales en relación con la franja litoral).
La mayoría de las veces juega la ley de la continuidad ur-bana, que se pone de manifiesto a través de múltiples modali-dades que tienen un impacto sobre la aglomeración existente. Dicho impacto puede concretarse en la ampliación, en la diver-sificación de la base funcional o en la reconversión. Un caso concreto lo constituye la reincorporación de una aglomeración en decadencia en una nueva ciudad cuya finalidad será, entre otras cosas, la de una reactivación regional. Es el caso de nue-vas ciudades británicas, como la de Washington, cerca de New-castle, y de Irvine, cerca de Glasgow, pero también de las ex-panded towns, como la de Swindony Basingstocke, cuyos nú-cleos preexistentes han conocido profundos cambios tanto en lo que se refiere a la forma como a la función.
Asimismo, la vitalidad económica de una región urbana puede conducir a la toma en consideración por parte de anti-guos organismos urbanísticos, algo letárgicos, de tal forma que ofrezcan entonces una alternativa válida a una urbanización en un nuevo sitio. Podemos comprobar esto en la región milanesa, con la reactivación de la ciudad de Bérgamo, iniciada con la construcción de una universidad.
El peso de la inercia, el tiempo de adaptación y de difusión de innovación constituyen poderosos factores de diferencia-ción respecto a esquemas de distribudiferencia-ción demasiado teóricos. Es ésta una reflexión que conviene hacer a la hora de abordar las relaciones entre las ciudades.
5) La dinámica de la red urbana.-Cualquier ciudad está inscrita no sólo en un entorno global, sino que cada una de sus actividades, y en particular las del sector terciario, está
estrechamente vinculada al lugar que la ciudad ocupe en rela-ción con el sistema urbanístico regional o nacional, así como a la modificación de los flujos e interrelaciones a que la some-ten los diferentes vínculos de comunicación.
Recordemos a título de información las nociones esenciales sobre el concepto de red urbana:
- Las actividades del sector servicios tienden a agruparse en núcleos o plazas centrales que ocupan, en función de su importancia, un lugar destacado dentro de una organización espacial.
- Cada una de estas actividades requiere, para ser viable, una base mínima de población, concentrándose ésta, por una parte, en una aglomeración, y el resto, distribuida en un área periférica o zona de influencia.
- La dimensión de estas zonas de influencia está en fun-ción de la distancia que los usuarios puedan aceptar, lo que hace que intervengan las técnicas del transporte, pero tam-bién la frecuencia o el deseo de frecuentación de tal o cual servicio. Esta es en esencia la teoría de las plazas centrales, representada por una red de malla regular, de la que cada nudo representa un centro jerarquizado.
Existe cierta ambigüedad a propósito de la toma en con-sideración o no de las actividades de producción. En la pri-mera alternativa englobaremos con J. R. Lasuen (Urban
Stu-dies, 1973) las actividades industriales, para llegar a la noción de polos de crecimiento interdependientes entre sí. Estos sis-temas espaciales representan situaciones de equilibrio relati-vamente temporales; muchos de los impulsos externos podrán ponerlas en tela de juicio con efectos significativos a nivel de cada una de las aglomeraciones.
a) La dinámica de las redes urbanas es observable a nivel histórico. H. Carter ha puesto de manifiesto, a propósito del País de Gales, cómo, al principio, hubo por parte de los reyes ingleses conquistadores una implantación autoritaria de ciu-dades fortificadas, quedando ubicadas estas ciuciu-dades de fun-ciones administrativas y militares en un medio rural descono-cido. Posteriormente, con el desarrollo económico, a lo largo del siglo XVIII, este tipo de ordenación urbana evoluciona en
un sistema de centros de servicios benéficos, quedando instau-rada, por otra parte, una nueva jerarquía en función de crite-rios económicos. Al mismo tiempo, la expansión minera e in-dustrial generan núcleos de urbanización que modifican de nuevo la red urbana existente. Esta situación dinámica ha sido recientemente modificada por el declive de las aglomeraciones mineras y la implantación selectiva deindustrial estates, trans-formando algunas pequeñas ciudades de las cuencas interiores en ciudades-dormitorio en relación a los nuevos centros indus-triales.
b) El predominio permanente de las grandes ciudades, núcleo central de la red urbana, puede observarse durante un largo período. En Francia, por ejemplo, la supremacía de la mayor parte de las metrópolis regionales ha permanecido in-alterable durante varios siglos, bien porque las ventajas ini-ciales hubieran sido suficientemente fuertes, bien porque las mismas hubieran sido fomentadas con mejores equipamien-tos y con una amplia gama de actividades. No obstante, un factor externo puede desigualar de forma permanente a dos ciudades de importancia equivalente. Si, hasta 1777, Milán y Venecia contaban con poblaciones iguales, la incorporación de la segunda al espacio austríaco favorecerá la supremacía milanesa. Orleáns, más importante que Tours todavía en 1836, habrá de ceder su puesto a su rival al cesar la navegación por el Loira, perdiendo así Orleáns su función de puerto franco. e) Son frecuentes nuevas clasificaciones a los niveles me-dio e inferior de la jerarquía, según la desigual difusión de la innovación y según el impacto de nuevas infraestructuras o las de los agentes económicos regionales.
La red urbana de Alpes du Nord, por ejemplo, se ha visto profundamente modificada, desde comienzos del siglo xx, ante el doble auge de la industrialización y el turismo. La industria-lización ha ido creando nuevos centros como Passy, Froges, Ugjne, a la vez que transformaba y regeneraba Moutiers, Saint-Jean y Saint-Michel-de-Maurienne. Por su parte, el turismo ha estimulado a Villard-de-Lans, Thonon y Annecy, a la vez que ha extendido sus efectos a numerosos pueblos, merced a de-cisiones difícilmente de origen local. La entrada en servicio 37
de los ejes de autopistas y de manera más especial la localiza-ción de los cambios de sentido y salidas de autopista supone actualmente un elemento muy eficaz de reactivación. Así, du-rante la construcción de la autopista Lyon-Grenoble, la peque-ña ciudad de La Tour-du-Pin obtuvo, tras muchas negociacio-nes, la concesión de una salida de autopista que entendía como un medio de promoción dentro del conjunto de la red urbana regional; se entendía que la falta de un acceso directo a la au-topista podría suponer un considerable declive de la ciudad. No obstante, si hasta hace poco la innovación se propagaba lentamente, desde el centro de una red urbana hacia su peri-feria, actualmente el tiempo de difusión ha quedado conside-rablemente reducido, la innovación recorre muy pronto todo un sistema urbano y, si es preciso, los poderes públicos corri-gen las posibles desviaciones.
d) En los países desarrollados la norma es ahora la evo-lución y la transformación de una red urbana ya en funciona-miento. Desde ese momento, la reciente creación de nuevas ciudades nos lleva a interesantes observaciones. Es en Gran Bretaña donde estas inyecciones de nuevos cuerpos son, por el momento, más significativas. Si su dimensión de tipo medio le impide llegar a ser elementos importantes de la jerarquía urbana, no por eso han dejado de desencadenar ciertas trans-formaciones subregionales , habiéndose convertido, por ejem-plo, en áreas de drenaje de mano de obra jornalera en detri-mento de las ciudades tradicionales cuyos centros tienden a especializarse hacia actividades de frecuentación más espacia-da (sirva de ejemplo la complementarieespacia-dad estableciespacia-da entre Crawley, new town, y Horsham, ciudad tradicional de Sussex). Asimismo, algunas ciudades nuevas, dotadas de medios masi-vos, pueden erigirse en núcleos centrales, en competencia con las ciudades ya existentes (Le Vaudreuil con relación a Lou-viers) o coexistir según modalidades todavía poco perceptibles (Cergy con Pontoise). En todos estos casos, el antiguo casco urbano se ve sometido a intensos impulsos que favorecen di-versas fórmulas de reconversión.
Conviene asimismo tener en cuenta los movimientos de gran amplitud, que afectan a toda un área geográfica y que pueden conferirle una atracción global tanto para las personas como
para las inversiones. El deslizamiento de las fuerzas produc-toras de Estados Unidos, del snow belt al sun belt, puesto en evidencia en los últimos años, ilustra perfectamente este se-gundo plano (G. Sterlieb). Los últimos censos soviéticos ponen igualmente de manifiesto movimientos migratorios polariza-dos por las regiones meridionales de la Unión, en detrimento de Siberia y de la zona nórdica.
e) La noción de red urbana tiende a tomar un nuevo sig-nificado en el contexto tan movible de las economías más avan-zadas. Una segregación del trabajo a escala urbana conduce a un reforzamiento de las especializaciones, «continuando las grandes ciudades como centros de investigación y de decisión y adueñándose las pequeñas ciudades de la producción». Cons-tatación que se une con la afirmación de K. Dziewonski (Re-gional Science Ass., 1970): al referirse a la red urbana de Po-lonia, él afirma que las pequeñas ciudades no están de ningún modo integradas dentro de una jerarquía y observa que la es-pecialización domina en las ciudades medias, ya que alrededor de un tercio de los puestos de trabajo se derivan de estas ac-tividades. La aparición de regiones urbanas, nacidas de la frag-mentación de las grandes ciudades, invita asimismo a volver a considerar el concepto de jerarquía de los núcleos centrales. Las transferencias y las creaciones en zonas periurbanas tie-nen como consecuencia la de atenuar o especializar la función del centro principal del sistema, a la vez que no deja de ha-cerse evidente una estructura espacial jerarquizada, por ejem-plo, en lo que se refiere al comercio al por menor.
f) La emergencia de un sector terciario superior, denomi-nado todavía sector cuaternario, introduce un nuevo elemento de diferenciación en un sistema urbano. A pesar de los pro-gresos de las telecomunicaciones y de la informática, la dis-tribución espacial de las actividades del sector servicios se hace de forma muy desigual, tanto más cuanto que los responsables de los que dependen las actividades de creación y de decisión no han demostrado tampoco la necesidad de frecuentes con-tactos. De lo que resulta que si las actividades terciarias de rutina presentan un amplio abanico de localización urbana, por el contrario, los estados mayores industriales y bancarios,
y todo lo que gravita directamente en torno a ellos, permane-cen poderosamente polarizados por las más importantes me-trópolis, en las que además se ubica, la mayoría de las veces, el poder político, siendo ahí donde reside el verdadero princi-pio de jerarquización urbana, generador de poderosos movi-mientos de renovaciónen el centro de las metrópolis. A título de ilustración, Putnam, al analizar la localización de las sedes sociales de las grandes firmas en Estados Unidos, enumera 163 en Nueva York, 51 en Chicago, 21 en Pittsburgh, 16 en Los Angeles y 14 en San Francisco. No cabe duda, no obstante, que no importa qué distribución funcional pueda ser deliberada-mente modificada, lo que nos lleva a tomar en consideración las acciones voluntarias aplicadas a la dinámica general de una ciudad.
6) El dominio global de la evolución urbana.-Actualmen-te asistimos a la multiplicación de formas de inurbana.-Actualmen-tervenciones autoritarias, que tienden a actuar tanto sobre la dimensión como sobre las funciones y los ritmos de evolución de las ciudades consideradas aislada o colectivamente. El caso más evidente es el de los países en los que la planificación econó-mica sectorial va deliberadamente asociada a una estrategia urbana nacional, como ocurre en Polonia. En un primer mo-mento, las inversiones industriales se dirigen hacia las grandes ciudades ya dotadas de infraestructuras: su crecimiento de-mográfico irá acompañado de una penuria de viviendas y de servicios. En una segunda fase vemos la promoción de las pe-queñas y medianas ciudades, a la vez que se intenta frenar la inmigración hacia las grandes ciudades. La política relativa-mente eficaz de descentralización industrial, llevada a cabo en Francia desde hace cerca de treinta años, sólo ha sido muy tardíamente conjugada con una verdadera planificación urba-na de nivel urba-naciourba-nal o regiourba-nal. Pero la dificultad que se pre-senta en un país muy urbanizado se refiere al hecho de que la redistribución de las inversiones amenace las situaciones ur-banísticas ya adquiridas. Por otra parte, conviene asegurarse de que el ritmo de las inversiones privadas y públicas sea coor-dinado espacialmente con el ritmo urbanístico.
Señalemos dos formas de intervención en función de sus motivaciones:
a) El bloqueo del crecimiento urbano puede tener una base ideológica y política, que generalmente afecta a la capital de la nación, encarnación del régimen anterior tras una revo-lución victoriosa. Los bolcheviques, aparte el abandono de la capitalidad de San Petersburgo, dudarían, hasta 1930, sobre la suerte que reservarían para Moscú y sobre la oportunidad de conservar una capital cuyo legado monumental podría lle-gar a ser maltratado. Más recientemente, la revolución cas-trista impuso una especie de período de penitencia a La Ha-bana, de 1963 a 1969, que se tradujo en una paralización de nuevas construcciones y en la penuria de viviendas. Un caso límite nos lo ofrece Pnom-Penh, vaciado prácticamente de su población por los Khmers rojos en 1975. Pero el ejemplo más completo, aunque no desprovisto de ambigüedad, se refiere a China popular; hasta 1957, la prioridad dada al desarrollo de la industria pesada iba pareja al éxodo rural y a una urbani-zación acelerada. A partir de 1958, por motivos ideológicos, con el fin de frenar la oposición campo-ciudad y la formación de una burocracia urbana privilegiada, se iniciará una política de desurbanización de la que se hará cargo la revolución cul-tural. No obstante, no cabe duda que si, por una parte, un cierto freno sí afectó a las grandes metrópolis del Este como Sanghai, por otra parte, China comprobó una rápida urbaniza-ción que tiende a quedar integrada en los principios del cen-tralismo democrático, residiendo el esfuerzo más positivo en la estrecha coordinación entre las nuevas urbanizaciones y las implantaciones industriales en el interior del país. Incluso al margen de cualquier contexto revolucionario, observamos cómo, desde hace una generación, no ha dejado de existir un proceso contra la supremacía de la capital (primate city). Apar-te las consideraciones de tipo ideológico podemos ver cómo, en términos económicos, un organismo parásito entorpece un cambio económico y social. No obstante, raros son los estados donde, como ocurre en Tanzania, se aplican los medios para una auténtica regulación del crecimiento. Una tesis contraria, defendida entre otros por D. J. Dwyer, subraya que es por y en la ciudad -como así lo sugiere toda la historia del urba-nismo- donde, de forma más completa, se da el fenómeno de masas, la difusión de las ideas y el stockage de información y 41
de innovación. La metrópolis puede ser en el Tercer Mundo, y en los casos más favorables, el símbolo nacional y el agente efectivo de promoción económica y social y el lugar de inter-cambio entre cultura nacional y aportaciones universales.
b) El control del crecimiento de la capital aparece como una necesidad fundamental en algunos países económicamente avanzados, particularmente en Europa Occidental; su justifi-cación se basa, al mismo tiempo, en consideraciones de costes económicos de funcionamiento y de crecimiento, así como en la opción de un desarrollo más armónico del territorio na-cional.
El caso más antiguo es el del Creater London, que se vio sometido, a partir de 1946, a una nueva necesidad: bloqueo físico de la aglomeración con el establecimiento de un cinturón verde y, a la vez, una serie de estímulos rigurosos para una descentralización de las actividades de los sectores secundario y terciario. Sabemos que la principal ambigüedad de estas ac-ciones será menos la de conseguir una descentralización pro-vincial que una especie de ensanche de tipo metropolitano (overspill) que manifiestan además una tendencia de fondo, propia de todas las conurbaciones británicas. Asimismo, los movimientos planificados serán progresivamente sustituidos, durante el último decenio, por movimientos espontáneos, a veces tan amplios que puede parece actualmente que se ha fran-queado un umbral funcional.
Estas contradicciones provocadas por una despoblación y una desindustrialización excesivas no son exclusivas de las metrópolis británicas, ya que ciudades como París o Lyon pre-sentan, a nivel de sus antiguos barrios residenciales, proble-mas análogos (cf. supra).
En todos estos ejemplos de frenado voluntario es impor-tante apreciar los efectos acusados por la propia ciudad. Si en algunos casos (por ejemplo, La Habana, hasta 1969) esta política conduce a un deterioro del capital inmobiliario, en la mayoría de los misnlOS una dinámica urbanística, que de ningún modo se desea ahogar, transfiere sus efectos sobre un aspecto cualitativo y desencadena procesos de renovación in-terna que estudiaremos en los próximos capítulos.
Una acción voluntaria dirigida al conjunto de una red ur-bana exige una importancia de los medios a la vez que una continuidad de los mismos. Asistimos en Francia, desde hace algunos años, a una política que tiende a reforzar el trazado nacional existente de las ciudades medianas. Un sistema de contratos concertados con los poderes públicos ofrecerá sub-venciones especiales destinadas a trabajos de ordenación terri-torial y de equipamiento urbano cuyo impacto puede ser local-mente muy sensible, a nivel de los barrios centrales de ciuda-des como Auxerre o Rodez, con operaciones de rehabilitación del hábitat, de mejora del entorno urbano y del marco de vida, antes de tener un efecto positivo sobre la práctica y la anima-ción de la ciudad.
En un sentido más general, toda aceleración voluntaria del ritmo de evolución urbana implica dos formas de consecuen-cias: ampliación del espacio edificado y, que es lo que más nos interesa, renovación del espacio ya urbanizado, sobre todo mediante la inserción de nuevos equipamientos colectivos, ne-cesarios por el efecto multiplicador de los impulsos iniciales. Los expanded town nos ofrecen uno de los más claros ejem-plos y mejor organizados. Escogeremos Basingstoke, situada entre Londres y Southampton, a 90 kilómetros de la capital. Esta ciudad se había quedado estancada en ciudad-mercado, con unos 30.000 habitantes y un puñado de actividades indus-triales ya caducas. Una operación de crecimiento concertado con el Greater London Council, iniciada en 1961, ha permitido transferir a esta ciudad unos 2S.000 londinenses y varios miles de puestos de trabajo. Si la superficie de la ciudad se ha tri-plicado, el centro, por su parte, ha sufrido un considerable cambio provocado por la construcción de un conlplejo COlner-cial entre la estación de ferrocarril y el centro tradicional de la ciudad. Posteriormente, los efectos inducidos han conduci-do, progresivamente, a la recuperación de todos los legados urbanísticos anteriores a 1939.
En Francia, una estrategia urbana más tardía ha intentado frenar el crecimiento de la ciudad de París, dando un impulso muy particular, a partir de 1964, a las grandes ciudades de pro-vincias mejor dotadas con objeto de que éstas tengan una función de metrópolis de equilibrio con relación a la capital 43
francesa. Ello traería como consecuencia la realización para cada una de estas ciudades de muy importantes reorganiza-ciones internas (como ejemplo puede servir el complejo de La Part-Dieu, en Lyon).
Asimismo, la voluntad política de mantener París en la ca-tegoría de los primeros puestos internacionales conducirá, des-de finales des-de los años cincuenta, a reforzar sistemáticamente el potencial terciario superior de la capital con la ordenación de importantes infraestructuras de carreteras destinadas a incre-mentar los flujos de circulación intraurbanos. La ideología de crecimiento que subtiende esta opción política ha dado lugar a preferencias más cualitativas y, a partir de 1971, la DATAR*,
sin poner en cuestión la vocación internacional de París, en-tiende que la refuerza mediante la introducción de su calidad cultural.
Podemos preguntarnos, dejando a un lado los países de economía completamente planificada, sobre el impacto real de estas acciones voluntarias. Para B. Berry, una variación, por modesta que ésta sea, del producto nacional bruto es mucho más significativa que todos los esfuerzos destinados a aumen-tar el número de puestos de trabajo. Ciaumen-taremos en apoyo de esta tesis la intensidad de las transformaciones urbanas ex-perimentadas desde hace veinticinco años por ciudades como Caracas, Seoul-Inchon y Tokyo, con tasas de crecimiento anual del PNB del 15, 25 Y 18 por 100, respectivamente.
Según los grandes conjuntos socioeconómicos mundiales han de sopesarse fuerzas económicas, políticas, estrategias re-gionales y nacionales, siendo los países de economía semili-beral de la Europa occidental los que, sin duda, presentan un mayor grado de complejidad. Convendría incluso evaluar el impacto de nuevos elementos tecnológicos; podemos pregun-tarnos, por ejemplo, sobre los efectos que tendría una volun-tad permanente de economía de energía sobre la forma y el casco urbanos, o incluso una limitación de las modalidades de los transportes individuales.
Todas estas fuerzas exógenas concurren a la hora de deter-minar el atractivo de cada una de las ciudades. Esta atracción
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