La enseñanza, el saber y la humildad..."Cuerpo, historia,
interpretación."
Luis Valverde Luis Hornstein Piera Aulagnier María L Pelento André Green M.C. Rother de Hornstein -Hugo Bianchi - Maurice Dayan - Elena F. Bosoer, Cuerpo, historia, interpretación. Piera
Aulagnier: de lo originario al proyecto identificatorio, Paidós, Buenos Aires, 1991, 397 p.
La noche del mes de marzo de 1990 recibimos la noticia: murió la Piera. Para el grupo que asistía al seminario sobre su obra impartido por el Dr. Octavio Chamizo desde hacía varios años, fue una sorpresa triste y desconcertante. No sólo el psicoanálisis perdía a uno de sus principales exponentes, sino que para nosotros representó el derrumbe de las expectativas del curso que nos venía a impartir. A instancias del Dr. Chamizo Piera Aulagnier había sido contactada en París por la Dra. Pilar Jiménez, y la Piera aceptaba venir a México a impartir un curso con un programa definido y establecido por ella. Para nosotros no sólo desaparecía un gran personaje sino que también alguien con quién habíamos establecido un diálogo permanente a través de sus textos y su pensamiento.
El valor clínico del modelo metapsicológico de Piera Aulagnier es de incalculable valor para quienes han tenido la oportunidad de estar en presencia del pensamiento delirante primario y del discurso psicótico, los cuales tienen la propiedad de poner en entredicho los presupuestos teóricos que sustentamos y para quien cometió el equívoco de volverlos certezas. Piera Aulagnier no sólo produjo artículos, conferencias y varios libros, sino que también mantuvo un contacto largo y permanente con la psicosis en el hospital de San Ana, Todo ello le dio trascendencia en el pensamiento psicoanalítico al aportar un modelo metapsicológico inspirado en la obra de Freud y Lacan. Dicho modelo se sistematiza en la obra La violencia de la
interpretación aunque está presente a lo largo de toda su producción.
La Editorial Paidos publica un nuevo libro motivo de este comentario: Cuerpo, Historia,
Interpretación, compuesto por la edición de textos inéditos en castellano de Piera Aulagnier y
varios artículos referidos a su obra por psicoanalistas de reconocida trayectoria como L. Hornstein, María Lucila Pelento, A. Green, María Cristina Rother, H. Bianchi, M. Dayan y E. Friszman Bosoer.
Consta de cuatro partes: una primera, que a manera de introducción a la obra aborda las cues-tiones fundamentales de Aulagnier, pero como toda síntesis, corre el riesgo de que al privilegiar enunciados se descuiden otros de igual valor, y en ocasiones, por la forma de estructurar la presentación, descontextualizarlos. Al abordar los textos desde una perspectiva histórica, clínica y problematizada el mismo autor reconoce los riesgos implícitos, y aunque el trabajo es puntual y lúcido -parafraseando al propio Hornstein-: "ni la voz recubrió al texto" y quizá si quedemos a distancia de él.
Ahora bien, para todo lector que se inicia en una obra, es útil el planteamiento de entrada sobre el modelo teórico. En este caso, en torno a como Aulgnier conceptualiza los tres registros, sus leyes de funcionamiento y algunas definiciones básicas que lo acompañan: metabolización, portavoz, placer mínimo, la escisión del deseo, encuentro, violencia primaria y secundaria, infans, objeto-zona complementario y muchos otros más que constituyen sus verdaderas herramientas de trabajo.
En nuestra opinión, es el trabajo de María Cristina Rother titulado Historia Libidinal, Historia
Identificatoria el que merecería el título de "Introductorio". En él son recogidos con precisión
muchos de los conceptos vertidos por Piera a lo largo de su obra. Su recorrido contiene puntualizaciónes importantes, especialmente en los que se refieren a la relación "Yo-cuerpo" donde logra concatenar conceptos con postulados básicos del modelo.
La validez de un modelo teórico se pone a prueba cuando es analizado desde un punto de vista metapsicológico. Una mención especial merece el artículo de Green, quién verdaderamente hace una crítica a algunos de los conceptos básicos del modelo teórico de Aulagnier ofreciendo un análisis interesante sobre el concepto de originario. A este concepto de
originario, considerado como un originario individual propio del infans y en relación con el
cuerpo libidinal, Green opone un originario del discurso parental que le es posterior y que lleva la marca de la transmisión generacional. Pasa después a analizar y cuestionar los conceptos de metabolización y del pictograma al que piensa como homólogo de la pulsión. Aprovecha también la ocasión para exponer y por momentos a oponer sus propias teorizaciones sobre la psicosis frentea las de Aulagnier.
Se puede estar o no de acuerdo con las críticas y observaciones de Green, pero lo que resulta interesante es que al cuestionar el modelo nos brinda la posibilidad de profundizar conceptos al acudir la obra de uno y otro enriqueciéndolo. Sin embargo, nos parece que muchos de los cuestionamientos de Green ya tienen respuesta en varios de los textos de la autora, en particular, en el de La Violencia de la Interpretación.
En cuanto a los artículos inéditos contenidos en este libro, en el primero llamado Nacimiento
de un cuerpo, Origen de una historia, vuelve a observarse la importancia que Piera le concede
al concepto de realidad y a las formas que ésta adquiere en la estructuración del psiquismo. Pasa después al abordaje de los dos discursos que más inciden sobre la representación del cuerpo; discurso religioso y discurso científico; mientras prevalece el discurso de lo sagrado el cuerpo al que remite como totalidad y privilegia lo visible, el sujeto puede forjarse una imagen de su interior que le es familiar, la que puede volver visible a través de metáforas compatibles con sus fantasmas. Pero el discurso científico interviene y el cuerpo es susituído por la célula y las leyes del funcionamiento que conciernen a su conjunto y que constituyen al viviente. Al sujeto se le dificulta la postulación de un deseo como causa y como organizador de su funcionamiento somático. El interior se hace visible y pasa paradójicamente algo que ya no puede conocer sino sólo dando validez exclusiva al saber de los especialistas. Otros saben; los destinos del cuerpo se sitúan fuere deseo.
La autora aborda la relación entre el cuerpo y las emociones, el cuerpo y el sufrimiento. La relación yo-otro será sustituida por la relación yo-cuerpo, ese primer bien en el que el yo habita
y al cual inviste irremisiblemente, relación determinante en los diferentes destinos y defensas que pondera el yo y que pueden derivar en los tres grandes cuadros psocopatológicos.
En el capítulo de La Puesta en Vida del Aparato Psiquico, P. Aulagnier nos presenta las relaciones de ese cuerpo vividas en sus encuentros a través de los diferentes espacios: originario, primario y secundario los registros del placer y sufrimiento. Esta visión amplía muchos de los conceptos previamente expuestos en La Violencia de La Interpretación.
¿Qué representa el cuerpo del infans para esa madre que supuestamente lo espera y lo recibe?: "la madre encuentra un cuerpo, que es fuente de un riesgo relacional, pues sobre de él tendrá que extender la investidura que hasta entonces gozaba el representante psíquico que lo precedió". Ante las manifestaciones somáticas del infans, la madre como testigo tendrá el papel de portavoz de la realidad y del mundo, cuya presencia se ejerce mediante la "violencia primaria" apoyada en la dependencia infantil. Violencia que no deberá exceder de cierto límite. El portavoz tendrá a su cargo la función anticipatoria de los enunciados identificatorios que después tomará a su cargo en un segundo momento, el yo identificante.
Las consecuencias del surimiento somático revisten importancia particular, pues inducen en la madre una respuesta que retorna al niño como una revelación de lo que el sufrimiento representa para el otro, lo que tendrá un papel decisivo en la historia que se construirá acerca del devenir de ese cuerpo, que es el devenir de sí mismo. Pero ese cuerpo también le demostrará al yo que su omnipotencia tiene límite pues si el yo tiene el poder de proporcionarle placer al cuerpo, éste le puede imponer el dolor. El niño aprenderá a servirse del sufrimiento somático para mandar y recibir mensajes los que ante una respuesta dada le revelarán el uso que puede hacer de él. Pero pasada la infancia, ese cuerpo, ese yo-sufriente puede actualizarse y ocupar el lugar de demandador de los cuidados psíquicos.
Remata este brillante artículo desarrollando las consecuencias en el infans de la vivencia depresiva de la madre y su imposibilidad de sentir y dar placer en sus contactos e investiduras. En el segundo artículo: Los Dos Principios del Funcionamiento Identificatorio: permanencia y
cambio, la autora aclara que a diferencia de lo somático, la noción de conflicto intrasistémico es
propio de lo psíquico. Desde el origen estará presente el conflicto fundamental Eros-Tanatos, a cuyo fin se llegará en el último suspiro del moribundo y con la desaparición de uno de los dos adversarios.
Parte de la pregunta respecto a los factores que determinan los cuadros que calificamos en la clínica como psicosis. Inicia una serie de reflexiones basadas en postulados metapsicológicos freudianos y el camino que recorre la constitución del aparato psíquico; sus luchas y resistencias en ese permanente conflicto expresadas en una constante reorganización de los espacios y los adversarios. Metaforizando, nos introduce a los posibles destinos de este conflicto; el yo es el redactor de un "compromiso identificatorio" que tendrá como consignatario de éste al yo parental, el cual a su vez asegura la identidad y los límites de lo modificable en las cláusulas a elegir, integrando las posibles y excluyendo tanto las imposibles como las que caen dentro del terreno de lo prohibido. Durante la infancia se garantizarán ciertas clausulas de este compromiso, unas no podrán cambiar pero otras serán permanentemente modificables.
Abandonar la infancia exige que el yo pase a ser el único signatario y tome a su cargo la redacción conclusiva en lo referente a las clausulas no modificables del compromiso "de-penderá el destino del yo y el acceso a la temporalidad" nos dice la autora. Distingue los destinos identificatorios del campo de la neurosis y del campo de la potencialidad psicótica en función de los dos principios presentes en aquellas clausulas que dependerán de la singularidad del sujeto. Una estará presente al redactar el compromiso identificatorio que firma el yo cuyo destino será la potencialidad psicótica al abandonar el medio infantil: el yo sólo ha podido firmarlo, aceptando que una instancia exterior sea la consignatario "de por vida" en lo que debió ser una alianza temporaria. Plantea dos posibilidades presentes en las clausulas de dicho compromiso: que "nada cambie" o que "todo cambie". De estos términos, termina expresando a través de la metáfora utilizada, dependerá la eclosión de una psicosis manifiesta en lo que hasta ese momento era una potencialidad psicótica.
El tercer artículo titulado El Trabajo de Interpretación; la función del placer en el trabajo
analítico, versa sobre la visión de lo que es para ella el trabajo del analista y el papel del placer
en la función de interpretación. Es un trabajo de gran calidad respecto a lo que es la relación analista-analizando y de lo que ahí se juega desde el inicio. Ya en su libro El Sentido
Perdido nos habló de este singular encuentro entre una pareja de historiadores, quienes
construirán un nuevo sentido al reeditar la historia de uno de los dos participantes. Piera Aulagnier nos ofrece aquí esta perspectiva y añade que el pacto analítico presupone varias condiciones en los dos participantes. Condiciones necesarias para que las entrevistas desemboquen en un análisis. Dos términos se presentarán en este espacio; el saber y el placer. Según la autora, no se trata sólo de un deseo de saber, sino que a este se le agrega un poder sobre el afecto. Los pensamientos son esa parte de las construcciones psíquicas que debemos a la actividad del yo donde la imagen de cosa es ligada con la de palabra, pero la palabra no es para Aulagnier un significante solamente, también es algo oído que el yo percibe como portador de significación.
Describe luego la importancia de la participación del placer en el encuentro analítico. En los dos participantes es necesario el anhelo de crear pensamientos nuevos y sentir placer con ellos, tener la capacidad, en el ámbito del analista, de investir el proceso, la escucha y la posibilidad de tener que pensar lo inesperado bajo el riesgo que representa para lo "ya sabido" y así poder cuestionar es "ya pensado por otros". En el análisis profundo de la interpretación, plantea las condiciones bajo las cuales surge ésta, su íntima relación con la transferencia y la historia libidinal del sujeto. Desarrolla también su concepto de contratransferencia así como del silencio y de las posibles consecuencias del abuso de poder sobre la transferencia. El riesgo permantente de ejercer la violencia secundaria y la alienación por ello.
"No tener que pensar ya sino lo ya pensado por otro" anhelo mortífero que la ilusión transferencial y la fascinación ideológica amenazan siempre con el reforzamiento en ambos participantes, especialmente en el analista.
Finalmente, damos la bienvenida a este libro de Paidós, y que valga como un merecido homenaje a la memoria de una gran psicoanalista en cuya obra está de principio a fin la enseñanza, el saber y algo que la distinguirá siempre de otros: la humildad. ?