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Entre la acción y el acto: del 9-N en Cataluña y los límites de la performatividad

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Entre la acción y el acto: del 9-n en Cataluña y

los límites de la performatividad

Between Action and Act: On the 9-n in Catalonia’s and the

Limits of Performativity

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RESUmEn. Con remisión a las obras de michel Foucault y de Jacques Lacan, en el presente artículo se trazan los límites de la teoría de la performatividad de Judith Butler con respecto al sujeto de lo político y a su capacidad de ac-ción tomando como referente fenomenoló-gico la consulta que se llevara a cabo en Ca-taluña el 9 de noviembre de 2014. Dichos límites se hacen manifiestos mediante la dis-tinción entre acción y acto políticos o entre subversión en tanto que transgresión de la norma que da lugar a la reconfiguración del orden socio-simbólico e interrupción en tanto

que transgresión de la norma que constituye un acontecimiento radicalmente otro de dicho orden.

Palabras clave: performatividad; 9-n Cata-luña; Foucault; Lacan; lo Real; interrupción. ABSTRACT. By referring to michel Foucault’s and Jacques Lacan’s works, and also taking as reference the popular consultation which took place in Cataluña on november 9th 2014, the purpose of this article is to draw the limits of Judith Butler’s theory of performativity with

Copyright: © 2017 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia

c

*[email protected] ORCID iD: http://orcid.org/0000-0001-7326-4478 es doctora en filosofía (1997) y

pro-fesora agregada en el Departamento de Filosofia de la Universitat Autònoma de Barcelona donde imparte docen-cia en el área de filosofía contemporánea y en el ámbito de los estudios de género y sexualidad, donde también desarrolla su investigación, centrándose en la concepción del cuerpo y de la subjetividad en clave contemporánea.

**[email protected] ORCID iD:http://orcid.org/0000-0002-0626-7318 es investigador predoctoral, con beca

FI-DGR concedida por la Generalitat de Catalunya (2014-2017) en la Universitat Autònoma de Barcelona y en la Université de Toulouse 2-Jean Jaurès. Ha terminado su tesis doctoral, la cual, entrecruzando la teoría crítica de corte feminista y el psicoanálisis lacaniano, lleva por título Vulnerability, Desire and Violence. En ella ofrece un análisis crítico de la noción de vulnerabilidad elaborada por Judith Butler y Adriana Cavarero. Sus trabajos, publi-cados en revistas como Enrahonar, Journal of Comparative Literature and Aesthetics, Tropelías o Cahiers du genre mezclan los aportes críticos de los feminismos y la biopolítica con el psicoanálisis lacaniano.

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Introducción: lo político y su indeterminación

El título de este artículo puede resultar provocador y/o polémico dadas las cir-cunstancias políticas actuales. Sin em-bargo, nuestro planteamiento respecto al fenómeno de la consulta ciudadana no-vinculante que se produjo en Cataluña el 9 de noviembre de 2014 no pretende arti-cular una defensa ideológica o una mera crítica de la misma índole. El objetivo de esta reflexión, pues, consiste en llevar a cabo una lectura crítica fundada en la te-oría de la performatividad elaborada y re-articulada sucesivamente por Judith Butler a lo largo de su obra. Con todo, sí creemos que un análisis de dicha consulta puede contribuir a dibujar y, a la par, a señalar los límites de dicha teoría, sobre todo al so-meter a escrutinio uno de los conceptos que mayor desafío teórico pueden ofrecer cuando aquello que se postula para el su-jeto en tanto que susu-jeto agente es que se constituye como efecto del discurso y se instala ahí de forma unívoca toda posibi-lidad de subversión.

no obstante, el recorrido por el cual circulará nuestra lectura no se ciñe al ám-bito que más célebre hizo a Butler y que remite el análisis de lo performativo al problema del género como lugar desde el cual corporizar los procesos de subjetiva-ción que, ya según michel Foucault1,

es-tablecen el cuerpo normativo que da lugar a la emergencia del sujeto y a su posibili-dad de agentiviposibili-dad2. nuestro análisis, a

pesar de no ceñirse a la performatividad de género, no obviará la presencia y confor-mación de los cuerpos en lo que desarro-llaremos como configuración de un espa-cio político3, para lo cual el análisis

butleriano ofrece elementos imprescindi-bles. Es más: nuestro enfoque hacia un fenómeno político como el 9-n – sin en-trar a valorar una perspectiva jurídica del mismo, lo cual nos llevaría a un plantea-miento distinto que, además, a nuestro en-tender, se halla profundamente viciado por un prisma excesivamente ideologi-zado – quiere suscitar una pregunta rela-tiva a qué tipo de configuración política, en base a una exposición de los cuerpos, se produjo. Es desde el eje de la exposición desde el que consideramos pertinente y fructífero proponer una reflexión respecto a una característica fundamental del fenó-meno que iremos desgranando a lo largo del artículo: lo indeterminado como forma (im)propia de lo político, lo cual obliga a oscilar de la tradicional noción de acción política, impregnada del papel determi-nante de la voluntad del sujeto, es decir, del yo, como elemento central, al acto4

político.

Ahora bien, el tránsito de la acción al acto requiere llevar a cabo una crítica de diversas nociones de lo performativo en la

respect to the subject of the political and its agency. Those limits are made manifest by the distinction between political action and act or between subversion, understood as a trans-gression of the norm which gives place to the reconfiguration of the socio-symbolic order,

and interruption, understood as a transgres-sion of the norm which constitutes an event of a radically different order.

Key words:performativity; 9-n Cataluña; Fou-cault; Lacan; the Real; Interruption.

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articulación de Judith Butler, además de su noción de agentividad. A saber: sus no-ciones de sujeto, de deseo, de subversión y de lo abyecto en tanto que afuera cons-titutivo del proceso de supuesta forclu-sión que estaría operando como marco re-gulador habilitador del sujeto5. Dicha

crítica pivotará en torno al marco teórico que abre el psicoanálisis lacaniano.

Finalmente, el análisis se centrará en la indeterminación como elemento definito-rio de lo político entendido como inte-rrupción, es decir, como corte del orden establecido, concebido como cadena sig-nificante que sostiene el ámbito de lo so-cio-simbólico (Lacan), además de como lugar de un sujeto político otrodel sujeto colectivo, otroen la medida en que resiste toda colectivización, tal que el sujeto sin-gular6. Ahí radica la crítica a la propuesta

de lo performativo como posibilidad de lo nuevo según Butler.

¿Se explica el 9-N como un mero efecto del discurso?

Partimos de la hipótesis de que el fenó-meno del 9-n permite articular una crítica a las nociones de sujeto, agentividad y subversión articulados por Butler, sur-giendo un orden político otrocuyo realse conforma como resto no dialectizable. Se-gún esta premisa, cabe formular la pre-gunta ¿cuál es el sujeto político del 9-n?

Siguiendo a Butler, responder a este interrogante implica, ante todo, una iden-tificación. Es decir, conlleva poner en obra una serie de dispositivos de subjetivación fundados en un vínculo apasionado con el Otro (Butler, 1997a). Es preciso aclarar que dicho vínculo está a la base de la

am-bivalencia constitutiva de lo performativo, según la cual, el sujeto nace a la agentivi-dad a la vez que a la sumisión. En otras pa-labras, el deseo se articula en esa concep-ción a partir de un doble giro que instala al sujeto en una paradoja, por cuanto que sólo siendo sujetado deviene capaz de ac-ción. Dicha articulación permite subrayar que el sujeto butleriano no es ni previo ni posterior a los entramados de poder y de-seo que lo habilitan, sino que surge en la acción discursiva, es decir, en tanto que mero efectodel discurso:

Las categorías sociales conllevan si-multáneamente subordinación y exis-tencia. En otras palabras, dentro del so-metimiento el precio de la existencia es la subordinación. Precisamente cuando la elección se vuelve imposible, el su-jeto persigue la subordinación como promesa de existencia. Esta búsqueda no es una elección, pero tampoco una necesidad. El sometimiento explota el deseo por la existencia, que siempre es conferida desde fuera; impone una vul-nerabilidad primaria ante el Otro como condición para alcanzar el ser. (Butler, 2001: 31-32).

De este modo, la existencia del sujeto no se articula como causa sui, sino en la medida en que es habilitada por un aparato normativo configurado según el nexo dis-curso-relaciones de poder. Así, pues, la estructura deseante del sujeto, en tanto que sujeto-sujetado, se da siempre ya me-diante una sumisión fundadora. Ahora bien: mientras Butler pone todo el énfasis en la configuración del deseo a partir de las categorías sociales que dotan de

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inte-ligibilidad al sujeto mediante el aparato re-gulador de la norma, instituyendo al sujeto desde la declinación de una pasividad constitutiva frente al Otro social, Lacan subraya una cuestión que Butler no con-templa. En su seminario VI, titulado Le désir et son interprétation (Lacan, 2013), Lacan apunta a una estructura que añade un plusa la estructura fantasmática, pro-pia del deseo: el goce. ésta se articula partiendo de la premisa, ya hegeliana, de que el deseo siempre se articula como seo del Otro, es decir, no se trata de un de-seo que remita a una esencialidad propia del sujeto, sino que se constituye en un vínculo fundador que disloca la subjetivi-dad de cualquier marco de mismisubjetivi-dad.

Sin embargo, Butler obvia cualquier mención al goce y a la estructura lacaniana del mismo en lo que concierne al deseo y opta por una estrategia teórica distinta. De este modo, la estructura que sostiene la su-jeción, vinculada al discurso y la norma, es la repetición. Ahora bien, no se trata de la repetición que también da cuenta de la mo-dulación del goce, que no cesa. Se trata, para Butler, de una repetición del todo ab-sorbida por el discurso7, es decir, ceñida a

las identificaciones que dotan de cierta con-sistencia al sujeto en tanto que significan-tes insertos en una cadena simbólica8,

ab-solutizando los registros que, con Lacan, llamaríamos lo Imaginario y lo Simbólico9,

sin resto alguno que opere en el ámbito de una negatividad que ponga un límite a la dialéctica representativa.

En consecuencia, disponer de inteligi-bilidad discursiva y, entonces, ser tenido en cuenta como sujeto, pende de la repe-tición de un complejo entramado de iden-tificaciones que, a tenor de la propuesta de

Butler, parecen plegarse sobre dos ejes: lo normal y lo abyecto. Lo abyecto remite a lo que el sujeto debe expulsar conforme a un proceso de forclusión, es decir, de re-pudio. Dicha noción vuelve a ser un tér-mino tomado del psicoanálisis lacaniano, si bien Butler se aleja del sentido clínico que éste tiene: el fracaso de la operación de castración en la estructuración de la psicosis10, donde el sujeto pasa o a estar

invadido por completo por las ficciones simbólicas o a ser expulsado del entra-mado simbólico. De este modo, el sujeto se constituye a partir de una sumisión al Otro social, en virtud de la cual es habili-tado por relaciones discursivas y de poder que, para operar, precisan de una reitera-ción encuadrada en el cariz normativo que éstas tienen. mediante la reiteración, el sujeto cobra una falsa apariencia de origi-nalidad, que pone de manifiesto el com-ponente metonímico del proceso de sub-jetivación.

Sin embargo, dado que Butler está ba-rajando una concepción foucaultiana del poder y del discurso, pretende hallar una sa-lida a un determinismo en clave de mo-nismo discursivo apelando al término in-glés agency, cuya traducción más apropiada sería la de agentividad. Dicha noción no se refiere a la primacía de lo vo-litivo en el sentido del sujeto moderno con-figurado por el kantismo, sino que remite a una capacidad de acción que hace posible el carácter no teleológico del entramado discursivo-normativo. Es decir, en cada re-petición de la norma opera sólo el meca-nismo reiterativo que ofrece una ilusoria imagen de plenitud a la misma, con lo cual los usos desmarcados de la norma, ajenos a los usos previos, pueden darse:

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La potencia [agency] desborda al poder que la habilita. Podría decirse que los propósitos del poder no siempre coin-ciden con los propósitos de la potencia. En la medida en que estos últimos di-vergen de los primeros, la potencia su-pone la asunción de un propósito no pretendido por el poder, el cual no hu-biese podido derivarse lógica o históri-camente y opera en una relación de de contingencia e inversión con respecto al poder que lo hace posible y al que no obstante pertenece. éste es, por así de-cir, el escenario ambivalente de la po-tencia, la cual no está constreñida por ninguna necesidad teleológica (Butler, op.cit.: 26)

A modo de rearticulación de la noción foucaultiana de resistencia en tanto que ca-pacidad de recomposición de las relacio-nes de poder existentes, dibujada con-forme a una lógica de inmanencia, la agentividad apela al posible desvío de la norma conforme a una figura catacrética11.

Dicha ocasión catacrética puede actuali-zarse, en esta versión de lo performativo, en cada nueva repetición, lo cual sitúa la propuesta butleriana en un marco tempo-ral que no se pliega al historicismo lineal y presentista, sino que recoge a la vez ins-tancias en las cuales la subversión se en-carna en situaciones dadas en un contexto. De este modo, las inclusiones y las exclu-siones propias de cada marco normativo pasan a estar sujetas a un proceso de re-negociación que permite una configura-ción socio-simbólica más inclusiva. En este ensanchamiento del marco normativo redunda la dialéctica propia del proceder performativo:

Adoptar el significante (que siempre es una cuestión de adoptar un signifi-cante por el cual uno ya ha sido adop-tado, constituido e iniciado) implica in-troducirse en una cadena de usos previos, instalarse en el medio de sig-nificaciones que no pueden situarse atendiendo a orígenes claros ni objeti-vos últimos. (Butler, 2002: 308-309).

Lo Real del 9-N

¿Acaso la concepción butleriana de lo per-formativo que acabamos de analizar a par-tir de sus nociones fundantes y cuyo en-granaje necesario es la repetición, permite pensar un acontecimiento que dé lugar a lo nuevo stricto sensu, es decir, aquello de cuya posibilidad ni siquiera sabíamos, pues tan sólo podíamos saber de su impo-sibilidad? ¿Puede explicarse un fenómeno como la consulta del 9 de noviembre de 2014 desde este prisma? A nuestro enten-der, la propuesta butleriana adolece de dos insuficiencias que no permiten pensar la creación de un marco socio-simbólico nuevo stricto sensu.

La primera insuficiencia se vincula con la noción de sujeto que Butler pone en obra, el cual quedaría replegado bajo las identificaciones yoicas o imaginarias, así como las simbólicas propias del signifi-cante en tanto que Ley – por ejemplo, mu-jer u hombre –. Así, pues, pese a su diá-logo con el psicoanálisis lacaniano, Butler descarta que en el sujeto opere un plus que lo ubica en una irreductibilidad a las iden-tificaciones. Este “plus” remite al incons-ciente en tanto que discurso del Otro y este Otro fractura de forma irremediable el su-jeto, el cual deviene, así, barrado o

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escin-dido. Al descartar ese “plus” para el sujeto, Butler incurre en la reducción del deseo al deseo de reconocimiento, el cual remite a los marcos normativos propios de cada época y contexto, siendo imposible una consideración del deseo como investido por una negatividad12. Es más: en su

an-helo por cuestionar los procedimientos su-puestamente excluyentes que darían lu-gar al sujeto, Butler sólo objeta las inclusiones y exclusiones del momento, sin detenerse a examinar que la exclusión es un proceso propio de la misma dialéc-tica del reconocimiento13. no dar cuenta

del componente domesticador e identitario del reconocimiento, el cual apela a proce-dimientos binarios de subjetivación que pretenden reducirse o a lo semejante o a lo extraño, conlleva ceñir la esfera de la sub-jetividad a la lógica toda-fálica14, lógica

binaria por excelencia, en la designación de Lacan al final de su enseñanza. Dicha configuración apunta a la dialéctica se-gregacionista propia de toda colectividad, que precisa de un resto que hay que ex-pulsar para constituirse; resto que tiene el mismo estatuto que lo abyecto en Butler, es decir, la excepción a la norma. Además, si Butler sostiene que, pese al anhelo de reconocimiento que permite articular una sociabilidad más inclusiva, éste se ve des-centrado por la norma que se repite, el psicoanálisis, como apunta Slavoj zizek en su El sujeto espinoso (2001), subraya una condición más radical:

Siempre que nos reconocemos en el lla-mado del Otro, está operando un mí-nimo de esa desinteligencia; nuestro re-conocimiento en el llamado es siempre erróneo, un acto con el que caemos en

ri-dículo al asumir jactanciosamente el lu-gar del destinatario, que no es realmente nuestro lugar... (zizek, 2001: 276).

En otras palabras: el hecho de que el sujeto exista de modo relacional, es decir, no sólo conforme a un vínculo con el Otro sino en y en virtud de dicho vínculo, no conlleva que se reduzca a las identifica-ciones que toma de éste, sino que en el su-jeto anida una alteridad radical cuya ne-gatividad no se reduce a identificación alguna. Se trata, en efecto, del incons-ciente15.

La segunda insuficiencia que detecta-mos en el planteamiento de Butler tiene que ver con su noción de repetición – y, por ende, de lo nuevo –, la cual obstruye por completo una lectura en clave de des-afío propio de fenómenos de radicaliza-ción democrática16al quedar reducida a

una repetición de lo mismo, es decir, a lo que Lacan llamó como la batería signifi-cante, el automaton, concepto tomado de la física aristotélica. El hecho de que la re-petición sólo cite, de forma insistente, el aparato discursivo y normativo habilitador del sujeto, tan sólo permite re-articular lo ya existente, dando lugar a una situación aporética. Lo nuevo stricto sensu, es decir, aquello que no era antes visible pero que constituye todo lo que es en tanto que lo hace posible, es traducido mediante una noción de agentividad que, dada la no-ción de sujeto que la sostiene, sujeto siem-pre reducido a las identificaciones que lo dotan de consistencia, se recorta con el su-jeto voluntarista del que Butler se pro-pone, sin éxito, deshacerse.

Para evitar un impasse performativo que confina al sujeto en tanto que sujeto

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capaz de acción en un inmovilismo onto-lógico y político, Lacan da un estatuto es-pecífico a lo Real en tanto que elemento imposible de representar en lo simbólico y, por tanto, de apresar mediante la norma. En este contexto, lo Real comporta la irrupción de lo nuevo stricto sensu, es de-cir, de aquello que no participa del régi-men de lo idéntico, que rige también lo po-sible y lo vipo-sible, sino que introduce un registro otro. La operatividad de lo Real se sustrae a la norma y, sin embargo, la norma rige y, con ella, el orden simbólico, en cuyo seno emerge el sujeto, el cual se constituye en el tránsito de un significante a otro, es decir, en lo que Lacan deno-mina cadena significante.

En ese sentido, opera también aquí la repetición y lo hace, además, de forma si-milar a cómo opera en el contexto de la performatividad. Sin embargo, ésta no per-mite dar cuenta del instante, es decir, de la interrupción del orden de lo simbólico por aquello inesperado e inasimilable que des-barata el régimen normativo de lo posible. En tanto que irrupción propia de lo impo-sible, lo Real se caracteriza como aquello que siempre retorna en el mismo lugar, siendo la manifestación sintomática de algo reprimido en lo simbólico, que lo desborda tanto temporal como topológi-camente17. Lo Real es un exceso: “Aquí, lo

real es lo que siempre vuelve al mismo lu-gar – al lulu-gar donde el sujeto en tanto que cogita, la res cogitans, no se encuentra con él” (Lacan, op. cit.: 57).

Lo Real remite a una negatividad ra-dical que introduce algo rara-dicalmente nuevo y, así, inasimilable a lo simbólico y, por tanto, a la norma. Sin embargo, no hay modo de expulsarlo, pues es

constitu-tivo de ambos. De ese modo, lo Real arti-cula un ámbito propio que Aristóteles de-nomina tyché, el cual remite al instante azaroso ajeno a y, sin embargo, constitu-tivo de cualquier causalidad y de cual-quier linealidad: “Lo real está más allá del automaton, del retorno, del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos so-mete el principio de placer18. Lo real es

eso que yace siempre tras el automaton (···)” (Lacan, op. cit.: 62). Es precisa-mente desde lo Real en tanto que causa otra, que la noción de acto, concebido como corte radical en el seno de un marco socio-simbólico dado, deviene posible y operativo. En cambio, en Butler tan sólo encontramos un movimiento de piezas siempre presas de la inmanencia discur-siva, marcado por la inercia identitaria que resulta de asimilar el sujeto a sus iden-tificaciones. Butler no otorga estatuto al-guno a otra dimensión básica de la repeti-ción, el goce, radicalmente ausente en toda su obra. En este sentido, consideramos pertinente establecer una distinción entre lo performativo en tanto que acción que da lugar a la re-significación de los signifi-cantes que circulan en un contexto socio-simbólico, es decir, la subversión, y el acto en tanto que manifestación de aque-llo inesperado y radicalmente transforma-dor por eludir toda dialéctica. En esta lí-nea, zizek señala lo siguiente:

Hay que mantener la distinción crucial entre una mera “reconfiguración per-formativa”, un desplazamiento subver-sivo que permanece dentro del campo hegemónico y, por así decirlo, lleva a cabo una guerrilla interna para volver los términos del campo hegemónico

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contra ese mismo campo, y, otro lado, el acto mucho más radical de la recon-figuración social de todo el campo, un acto que redefine las condiciones mis-mas de la performatividad sostenida socialmente (zizek, op. cit.: 281).

Si nuestra lectura crítica se configurara en base a la performatividad butleriana en tanto que rearticulación de lo ya operativo socio-simbólicamente, reduciría el 9-n a una subversión de la democracia parla-mentaria. El 9-n comportaría un exceso producido por la prohibición de la ley, aliándose, así, con el reverso de la represión ya subrayado por Foucault19. Sin embargo,

optar por esta lectura, que a nuestro juicio permite la performatividad, conlleva blin-dar el paradigma socio-simbólico vigente, el cual se vería momentáneamente am-pliado por lo que constituiría una acción. Dicha acción conllevaría una reconfigura-ción de los dispositivos de subjetivareconfigura-ción en oposición a los marcos ideológico y legal del statu quo estatal en España, por mor de una mayor democratización.

Sin menosprecio de la necesidad co-yuntural de una subversión de las catego-rías imperantes en pos de una renegocia-ción de las inclusiones y las exclusiones, lo que quisiéramos enfatizar es que esta postura, tanto teórica como política, des-carta la posibilidad radical que contiene lo Real, lo cual nos lleva de nuevo al terreno del goce, siempre olvidado por Butler. Se trata aquí de considerar en términos polí-ticos el exceso que desborda el marco pre-vio del automaton, en la medida en que suscita una des-subjetivación, es decir, una ruptura con lo que Lacan denominó como el Gran Otro simbólico. Es la

des-subjetivación que genera el exceso del goce comprometido en lo Real lo que nos permite subrayar que, en el acto, se pro-duce un suicidio simbólico en la medida en que el sujeto se expone a la posibilidad de su desaparición, lo cual no se traduce en que dicho suceso ocurra de facto. Así, pues, en el acto se pone de manifiesto algo que Freud ya había destacado en su Más allá del principio de placer (1920), a saber, la pulsión de muerte:

Aquello de lo que precisa la repetición es el goce, para decirlo con propiedad. En tanto que hay una búsqueda del goce de acuerdo con la repetición, se produce aquello que se pone en obra en el paso freudiano – es decir, que aque-llo que nos interesa del ámbito de la re-petición, y que se inscribe en una dia-léctica del goce, reside en el hecho de que se dirige contra la vida (Lacan, 1991: 51)20.

En consecuencia, el sujeto de la per-formatividad, articulado a partir de la rei-teración normativa de identidades imagi-narias y simbólicas, no es el único sujeto del 9-n en nuestro planteamiento del mismo. Llamar a ese lugar al sujeto ba-rrado lacaniano comporta invocar la di-mensión gozante de lo Real que emplaza el cuerpo en un registro propio de lo polí-tico, que es el registro singular. De ese modo, el cuerpo no es ya el receptáculo que da lugar a las identificaciones cual texto escrito y reescrito sin cesar, sino que se expone en virtud de una lógica otra.

En efecto, en las colas de los colegios electorales que abrieron sus puertas el 9 de noviembre de 2014, se exponían los

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cuer-pos conformando un espacio que no se plegaba a un mero mandato simbólico, sino que reflejaban lo real traumático y re-primido de la actual democracia española y catalana. Los cuerpos encarnaban el en-cierro de la democracia en unas institu-ciones cuya legitimidad representativa se encuentra del todo cuestionada. Lo que esos cuerpos exponían era la falta de vi-gencia de dichas instituciones. Si bien es cierto que las urnas y las papeletas fueron preparadas por el gobierno de la Genera-litat, lo que se produjo ese día no se reduce a acción gubernamental alguna, sino que apunta a un lugar otro para una acción no dialectizable en una continuidad simbó-lica. De ese modo, el 9-n trascendió una rearticulación subversiva en los términos planteados por Butler. Dichos cuerpos, forjando una colectividad que apelaba a cada uno de ellos de forma singular, inau-guraron un espacio político que no consi-deramos asimilable ni a la mera ocupación de un lugar público ni a un ensanche del aparato reglamentario previo, puesto que inocularon en ambos lo nuevo stricto sensu. La radicalidad de dicho acto reside en la radical indeterminación del mismo que no se satisface ni mucho menos agota en la futurible creación de un Estado. Ello supondría reducir de nuevo lo Real a lo simbólico, descartando así su negatividad radical. El 9-n puso en evidencia los dis-positivos de subjetivación simbólica del actual régimen representativo y de go-bierno y, a la vez, y ahí reside su radicali-dad, de todo régimen representativo y de todo gobierno. En este sentido, en tanto que acto, lo acaecido el 9 de noviembre de 2014 no se plegaría a ninguna interpreta-ción simbólica concreta, sino que

desbor-daría a cada una de ellas, persistiendo (en) un real intraducible que apunta a un resto no dialectizable.

A todo esto se podría objetar, sin em-bargo, que el 9-n constituye una trans-gresión de la ley, en la medida en que pone en obra un deseo que no tiene cabida en el actual marco normativo. Ahora bien, ¿a qué estamos llamando transgresión, aquí? A una acción que se da en y en los términos del discurso y que, como ya in-dicara Foucault, pone en evidencia los lí-mites de una episteme21a partir de la cual

se forjan las relaciones de poder. En esa perspectiva, el 9-n significa en tanto que mecanismo de resistencia a la dominación institucional en que incurre el estado es-pañol con el fin de generar otros espacios políticos y, de ese modo, significa acorde a la agentividad butleriana. El sujeto de dicha acción no excede, entonces, el dis-curso ni el orden simbólico-imaginario en el que se sustenta y, por ende, tampoco el marco normativo como tal. De ese modo, su capacidad de acción se circunscribe y, así, reduce, al ámbito del marco normativo en tanto que marco hegemónico.

no se trata aquí de denostar la trans-gresión sino de poner de manifiesto cómo declinarla en clave foucaultiana comporta limitar su alcance más allá de la ineludible hegemonía del discurso. De nuevo recu-rrimos a Lacan y a su seminario VII, L’é-thique de la psychanalyse (1986), para mostrar, con ayuda de la figura de Antí-gona, una transgresiónotrade la que se inscribe en el discurso y se circunscribe a él. Dicha transgresión no señala un con-flicto ideológico inter-institucional22, es

decir, entre dos sujetos semejantes que, además, se reconocen mutuamente y, justo

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en virtud de dicho reconocimiento superan el conflicto. Por el contrario, la transgre-sión que plantea Lacan no remite a un conflicto en los términos señalados, sino a la colisión entre el deseo y la Ley. Por un lado, el deseo lee aquí expresión de la falta-en-ser del sujeto del inconsciente, que redunda en el famoso pequeño objeto a, que atesora y pone a la vez esa falta sin solución de continuidad. Por otro lado, el deseo redunda en el significante, que se ve afectado por él, en la medida en que el sig-nificante se conforma como Ley propia de lo simbólico. La colisión entre el deseo y la Ley lleva la marca de la negatividad ra-dical a la que venimos haciendo referen-cia. y ello porque el deseo que lleva la marca de esta negatividad constitutiva es un deseo que no cesa en la medida en que no se ve superado desde representación al-guna, tampoco desde la representación que constituye la Ley en tanto que lugar primero de representación o, al decir de Lacan, desfiladero propio del significante. Por eso el deseo pone un límite a la Ley, constituye su límite, el límite al límite. El deseo constituye lo imposible de la Ley y, así, se constituye en excepción. Ahora bien, en tanto que excepción, en tanto que Otro de la Ley que la ubica en un im-passe, el deseo acaba subsumiéndose a ella, integrándose en su lógica. no se trata, por tanto, de cerrar el significado del 9-n a un actoque inaugura o que, mucho me-nos, aboga por lo político en tanto que excepción. ¿De qué se trata, entonces?

Se trata, como anunciábamos al inicio, de pensar el acto político desde el 9-n como interrupción, es decir, como corte del orden establecido, del cual es seña la Ley, sin duda, en cuyo seno opera un

su-jeto político otrodel sujeto colectivo, otro en la medida en que resiste toda colecti-vización, tal que el sujeto singular. Para ello es necesario vislumbrar cuáles son las condiciones de dicha interrupción, es decir, vislumbrar, de nuevo, en qué lógica se ampara.

Lo Singular del 9-N

Lo Singular del 9-n como actopolítico re-side en la interrupción que consiste, a su vez, en el descubrimiento y, así, en la ac-tualización de la posibilidad de lo imposi-ble. ésa es la lógica en la que se ampara la interrupción y la lógica del actopolítico según la propuesta que venimos desarro-llando. no es, como ya hemos apuntado, la lógica de la excepción, en la medida en que la excepción no se desmarca de una configuración socio-simbólica concreta, sino que opera como su afuera constitu-tivo. no se trata, por tanto, de llevar el po-der de un lugar a otro, de la norma a la ab-yección, por ejemplo, o, en otros términos, del sujeto que detenta el poder al sujeto que está excluido del poder. Luego no se trata, para el fenómeno que nos ocupa, de substituir las instituciones españolas por las instituciones catalanas; no se trata ni si-quiera de substituir un estado español por un estado catalán. Pues, de lo que se trata, en cambio, es de atender a la lógica de la indeterminación, en virtud de la cual lo singular de lo político no remite a resul-tado alguno sino a la interrupción como tal, es decir, en tanto que corte que da lu-gar a lo nuevo stricto sensu permane-ciendo fiel a la lógica de la indetermina-ción por cuanto que el deseo no permite ser traducido, es decir, ni dicho ni

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repre-sentado y, de ese modo, permanece otro del orden simbólico-imaginario. El resul-tado del actopolítico que constituye el 9-n, así como su sentido, es y permanece en la interrupción.

La lógica de la indeterminación es ca-racterizada por Lacan al final de su ense-ñanza como lógica no-toda fálica y des-arrollada en su seminario XX, Encore. De hecho, el propio Lacan indicó que este se-minario consistía en una relectura de su seminario VII, dedicado a la dimensión ética del psicoanálisis. Esa relectura se centra en un personaje trágico que ha cau-tivado – y sigue haciéndolo – al pensa-miento moderno y contemporáneo23. nos

referimos a Antígona, cuya inmortalidad para el sentido quedó plasmada en la tra-gedia de Sófocles.

mientras que en el seminario VII La-can seguía guiándose por una noción que daba toda la primacía a lo simbólico en tanto que aparato significante que suscita y regula los procesos de subjetivación en su totalidad, en el seminario XX intro-duce un elemento nuevo que conlleva una nueva vuelta de tuerca. Lo nuevo lo cons-tituye eso que no recluye ni coincide con el significante fálico y que, por tanto, no se encuentra atrapado por él. y, aquí, es preciso enfatizar, atrapado del todo por él. Eso nuevo se sostiene en lo que Lacan llama la lógica no-toda fálica o feme-nina24. Dicha lógica opera como límite a la

totalización y constituye su resto no dia-lectizable. De ese modo, la lógica feme-nina, en tanto que no-toda fálica, resta pri-macía al registro de lo simbólico, regido por la lógica toda fálica y/o universal, en la medida en que se sustrae a ésta. La re-lación entre sendas lógicas, sin embargo,

no es binaria. no se trata de una relación ni complementaria ni de oposición, sino de una relación asimétrica y discordante. Re-lación que ostenta lo real de la diferencia sexual en la medida en que ésta es ajena al orden simbólico-imaginario, es decir, que no permite ser representada por ser de otro orden que del orden de la representa-ción, también de la representación com-prendida en clave política, es decir, para los lugares y herramientas de la política.

En ese sentido, afirmar que el fenó-meno del 9-n constituye un actopolítico en Cataluña y en el conjunto del estado com-porta otorgar un estatuto propio, en tanto que singular, a un lugar que lo es, ante todo, de exposición – no hay que olvidar que dichos actoy lugar son constituidos, como ya vimos, por los cuerpos que se die-ron cita ese día a lo largo y ancho de la ge-ografía catalana, trazando un efímero mapa que obró una transformación irreversible del espacio público como espacio simbó-lico-imaginario, regido de forma exclusiva y total por ambos registros –.

Es preciso no olvidar que lo singular del 9-n se sostiene en lo material del 9-n. Es decir, que el actopolítico que tiene lugar el 9-n tiene una textura material y que com-promete la materialidad dada en tanto que colectividad dada. El fenómeno del 9-n re-mite, en virtud de su constitutivo carácter material, a una experiencia colectiva de lo político. Ahora bien, dicha experiencia co-lectiva es a la vez singular en la medida en que no remite ni una definición, ni a un concepto, puesto que se sustrae a ambos. En la experiencia colectiva que constituye el 9-n surge la posibilidad de u9-n ví9-nculo hasta entonces imposible para el registro simbó-lico-imaginario, puesto que no está sujeto

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a las identificaciones que hace posible todo colectivo para el registro simbólico-imaginario. Surge la posibilidad de un vín-culo otroque es un vínculo nuevo stricto sensumediante el cual cada cuerpo se ex-pone en una relación inconmensurable con cada uno de los otros cuerpos.

Sin embargo, es importante recalcar que la lógica no-toda fálica, de la que da cuenta la experiencia del 9-n en los tér-minos considerados, no apunta a una cons-titución ajena al significante fálico como instancia de la Ley simbólica, lo cual nos llevaría a una lógica de mera oposición, sino que apunta a una lógica que desafía cualquier ordenación plegada a un signi-ficante susceptible de regir en lo general. Así, pues, es innegable que la participa-ción estuvo atravesada por dispositivos institucionales, un cuerpo de funcionarios, unas papeletas que contenían opciones concretas, un recuento de votos, la com-parecencia de miembros del gobierno y todo aquello propio del ámbito de lo fálico en tanto que garante del orden. Incluso había observadores políticos. Con todo, ahí se hizo valer algo más, un suplemento no dialectizable que ocasionó la apertura de una brecha que ninguna configuración simbólica puede clausurar de una vez por todas. La experiencia del 9-n resiste todo intento de traducción en una ley o en cien-tos. La radicalización de la democracia pasa por visibilizar y actualizar el límite de su exhaustividad y ese límite fue visibili-zado y actualivisibili-zado en el acto político que puso en entredicho la noción de soberanía que se maneja en el marco democrático al uso en Occidente. La democracia en su lí-mite, es decir en su radicalidad, y, por ende, en su singularidad, aconteció.

Retomando la pregunta acerca del es-tatuto del sujeto del 9-n, es cabal observar en este punto que, en la medida en que tra-tamos con un acontecimiento, la subjeti-vidad que se pone ahí en juego no en-cuentra correspondencia alguna en el registro simbólico-imaginario y, por ello, tampoco en el orden jurídico. muestra de dicha no correspondencia es que, si bien a causa de la suspensión cautelar previa por parte del Tribunal Constitucional, la sulta no tuviera valor vinculante, ésta con-tara con una altísima participación, más alta incluso que en otras convocatorias a ejercer el derecho al voto dentro de los márgenes de lo establecido por la Ley. Cada uno de los cuerpos que se congregó en los espacios destinados al voto compa-reció de forma singular a un lugar de in-determinación, dando testimonio de tal indeterminación y obrándola. y ya hemos visto que ése es el lugar en el que la Ley encuentra su límite constitutivo. Es el lu-gar que se articula desde la lógica no-toda en los términos en que ha sido apenas ex-puesta. De ahí que hayamos elegido a An-tígona para ocupar el lugar del sujeto del 9-n. Porque Antígona interrumpe con su lógica no-toda el mandato de Creonte; justo en virtud de ser no-toda. Lacan con-sidera el actode Antígona desde el goce femenino que comporta un exceso en tanto que no-todo sujetado por el significante fá-lico. Así, cada uno de los cuerpos que comparecieron el 9-n supone un exceso que lleva la Ley al límite en virtud del cual, además, se pone de manifiesto la in-capacidad de la misma Ley de responder al acto desde lo todo-colectivo. Por otra parte, al igual que Antígona, condenada desde su nacimiento a la indeterminación

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por cuanto que es hija y hermana a la vez de su padre, Edipo, hija, entonces, del in-cesto y, por tanto, de la Ley que ha sido contravenida – en su caso, la ley del pa-rentesco –, los cuerpos que comparecieron el 9-n lo hicieron contraviniendo la Ley o incluso, desafiándola, a sabiendas de que, de ese modo, lo que llevaban a cabo no podía dar un fruto mesurable para la Ley, es decir, acorde a los parámetros de la Ley. Junto a esto, si el acto de Antígona es un deseo concernido por la pulsión de muerte, dirigiéndose a un destino que no es otro que el suicidio, lo que aconteció el 9-n fue un suicidio simbólico, en la me-dida en que tuvo ocasión una des-subjeti-vación con respecto a la Ley. Finalmente, así como Antígona no permite instaurar ley alguna a partir de la irrupción del goce no-todo fálico, el cual se sustrae a cual-quier colectividad generalizable, propia del registro todo-fálico, el acto del 9-n no se instituye como lugar de enunciación simbólica, sino de ruptura que ha habili-tado un proceso transitorio, cuya culmi-nación está por llegar. Lo que nos parece remarcable es que, a nuestro entender, la posición no-toda fálica, en tanto que límite a cualquier colectivización articulada desde lo general, sigue estando vigente en Cataluña, incluso dentro del Parla-mento catalán, lugar que, como toda ins-titución, funciona a tenor de un signifi-cante fálico, es decir, normativo, que acata la Ley y la corrobora. La vigencia de la ló-gica no-todo fálica corre a cargo de la sin-gular posición política de la CUP-Crida Constituent (Candidatura de Unidad Po-pular), en la medida en que la CUP-Crida opera como sujeto que instituye un límite a la totalidad – o colectividad-toda – que

un sector del independentismo catalán, re-presentado parlamentariamente por la for-mación Junts Pel Sí, pretende articular. Ubicándose en un lugar que no se pliega a un posicionamiento total del signifi-cante-amo o fálico “independencia”, la CUP se mueve en unas coordenadas que desbordan el todo y la lógica todo-fálica, constituyendo un resto para ese todo y para esa lógica y llevando a cabo una dis-puta por la hegemonía del significante que abre la posibilidad de una forma otrade colectividad. Esta colectividad se consti-tuye a partir de identificaciones que resis-ten toda generalización, excediéndola, e impiden la configuración de cualquier “nosotros”.

El desafío del 9-N

A modo de conclusión, aunque sin perder de vista el inicio, queremos plantear que, según lo expuesto a lo largo de este artí-culo, señalar los límites de la teoría de la performatividad de Butler con remisión al fenómeno político del 9-n comporta advertir que el sujeto de la acción se ins-tituye, en ese contexto teórico, de acuerdo a una lógica todo-fálica. Esta es la lógica masculina, en virtud de la cual, atendiendo al orden simbólico, que se articula a tenor de dicha lógica, en clave binaria, el sujeto ingresa en la norma, mientras que otros son excluidos de la misma gracias a los correspondientes mecanismos y procesos, discursivos también, de repudio. Se trata de dos caras de la misma moneda. y la subversión, debido a la falta de radicalidad en la concepción de lo nuevo que la sos-tiene, no excede la lógica todo-fálica sino que, por el contrario, la corrobora.

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En cambio, las nociones lacanianas de sujeto, deseo y goce, todas ellas cifras del registro de lo Real, permiten ubicar lo po-lítico en un terreno que excede la reduc-ción de la subjetividad a lo que de ella se puede decir y/o escribir, es decir, al regis-tro de lo simbólico-imaginario. Es a par-tir de estas coordenadas otras que opera una lógica no-todo fálica, la cual remite a la interrupción como corte del orden esta-blecido en el que emerge lo nuevo stricto sensu. Ese es el terreno del acto en tanto que registro otro de lo político que ex-cede las identificaciones colectivas y que apunta a un resto no dialectizable que ha-bilita una ruptura.

Sin lugar a dudas, este sujeto, el cual se declina desde lo singular, no se articula desde una noción positiva, no hay definición ni concepto a su medida, puesto que no la tiene, sino que su ubicación, tanto temporal como topológica, es indeterminada. Luego el terreno político que conforma, se traza se-gún una geografía otrade la que va del “sí” al “no” o del “todo” a “nada”. Repensar lo político desde el conflicto irresoluble entre lo todo-fálico y lo no-todo fálico abre la po-sibilidad de un nuevo escenario democrático que no se reduzca a ni se satisfaga con los modestos aunque necesarios estragos de la subversión, que siempre ceden al discurso y a la articulación victoriosa del significante amo, sin poner atención en aquello que se pierde en el camino. Abogar por un sujeto político singular no significa denostar un su-jeto colectivo, pues, ante todo, ambos no se oponen. Lo singular no es el reverso de lo general ni tampoco su antónimo, sino que apunta a la imposibilidad de un equilibrio sin resto. Es por eso también que la com-prensión última del fenómeno del 9-n

queda para el futuro en la medida en que la experiencia del 9-n no se ha completado y que no es posible, por tanto, dar cuenta plena de ella y mucho menos desde el punto de vista de sus consecuencias concretas. He ahí el desafío que el 9-n plantea en tanto que fenómeno político.

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1Respecto a la noción de subjetivación en la obra

de Judith Butler, nos remitimos especialmente a Fou-cault, m.: Surveiller et punir. Naissance de la prison. éditions Gallimard, París, 1975, y a Foucault, m.: His-toire de la sexualité I : La volonté de savoir. éditions Gallimard, París, 1976. Por lo que respecta a la primera de estas dos obras, la noción de “assujettissement” – tér-mino francés que designa el proceso de constitución y delimitación del sujeto en tanto que ente individual – remite a todas las prácticas y los saberes que constitu-yen un entramado discursivo que producen, mediante un ejercicio de conformación corporal, al sujeto, siendo éste un efecto de un régimen normalizador. En cuanto a la segunda de las obras citadas, dicha noción de suje-ción se verá ampliada a partir de los diversos dispositi-vos de subjetivación y al análisis de su historicidad en el seno de lo que Foucault identifica como procesos de exclusión. Ambas acepciones se declinan en la noción

formativa del sujeto en lo que Butler, a su vez, nombra matrices reguladoras de generización. Para una pers-pectiva más detallada, véase Butler, J.: Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity. Routledge, nueva york, 1990; Butler, J.: Bodies that Matter. On the Discursive Limits of “Sex”. Routledge, nueva york, 1993; Butler, J.: The Psychic Life of Power. Theories in Subjection. Stanford University Press, Stanford, 1997a y Butler, J.: Undoing Gender. Routledge, nueva york, 2004b.

2Respecto a la cuestión de la agentividad, Butler ya

declaraba lo siguiente en la obra que la hizo mundial-mente famosa: “El sujeto no está formado por las reglas mediante las cuales es creado porque la significación no es un acto fundador, sino más bien un procedimiento re-gulado de repetición que al mismo tiempo se esconde y dicta sus reglas precisamente mediante la producción de efectos sustancializadores” (Butler, J.:.El género en nOTAS

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disputa.El feminismo y la subversión de la identidad . Paidós, Buenos Aires, 2001: 282).

3Para una clarificación preliminar de nuestro

plan-teamiento teórico en torno al papel del cuerpo, su apa-rición pública y la configuración de un espacio político vinculada a él, nos remitimos específicamente a Arendt, H.: The Human Condition. Chicago University Press, Chicago, 1958, así como a Cavarero, A.: Relating Nar-ratives. Storytelling and Self-Hood. Routledge, nueva york, 2000.

4En lo que atañe al concepto de “acto”, nos

remi-timos a la noción lacaniana del mismo y, en concreto, al Seminario XI, titulado Les quatre concepts fondamen-taux de la psychanalyse (1973), en donde Jacques Lacan afirma que un acto conlleva una ruptura en el seno de un marco socio-simbólico dado, inaugurando algo nuevo. yendo aún más allá, añade la siguiente clarificación: “Un acto, un acto verdadero, tiene siempre una parte de estructura porque concierne a un real que no se da allí por descontado.”(Lacan, J. El seminario de Jacques Lacan. Libro XI : Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis1964., 1980, Paidós, Buenos Aires, 58). Sin embargo, la noción de acto no es una categoría ex-clusiva del psicoanálisis lacaniano, sino que en la filo-sofía contemporánea se halla en las líneas de pensamiento abiertas por figuras como Alain Badiou o Slavoj zizek, quienes desarrollan lo abierto por Lacan, configurando así nuevos marcos de reflexión en torno a lo político y las posibilidades de ruptura e interrupción con relación a un fenómeno concreto. Para una pers-pectiva más extensa, véase Badiou, A.: L’être et l’évé-nement. Le Seuil, París, 1988 ; À la recherche du réel perdu, Fayard, París, 2015, así como el fragmento de la conferencia impartida en el marco de la reunión nexus 2012 How to Change the World: “The Possibility of a new Real” https://www.youtube.com/watch?v=IWbD-SzVSPI, y zizek, S. : Event : A Philosophical Journey Through a Concept. Penguin, nueva york, 2014, junto con The Ticklish Subject. Verso, Londres, 1999.

5En referencia a la noción de abyección, Butler

de-clara lo siguiente: “Lo abyecto designa aquí precisa-mente aquellas zonas “invivibles”, “inhabitables” de la vida social que, sin embargo, están densamente pobla-das por quienes no gozan de la jerarquía de los sujetos, pero cuya condición de vivir bajo el signo de lo “invi-vible” es necesaria para circunscribir la esfera de los su-jetos”.”. Butler, J.: Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Buenos Aires, Paidós, 2002, 19-20., 3. El procedimiento de for-clusión como regulador de la emergencia del sujeto se halla estructuralmente unido al proceso por el cual hay determinados sujetos sancionados como abyectos o in-humanos, lo cual conlleva un posicionamiento donde la

formación del sujeto se articula de acuerdo con una ló-gica excluyente, en virtud de la cual lo forcluído es ex-pulsado como ininteligible. Para un análisis más detallado, véase Butler, J.: The Psychic Life of Power. Stanford University Press, Stanford, 1997a.

6Por singular articularemos aquello que es

estructu-ralmente resistente a una colectividad en términos de to-talidad, lo cual en términos lacanianos se declina como forma toda-fálica o masculina. Lo singular se constituye para ese todo-fálico como un resto de negatividad que pone una barrera infranqueable a dinámicas tales como la del conjunto, cuya vigencia se confirma por la exclusión de, al menos, uno de sus miembros. A este respecto, véase Lacan, J.: Le séminaire de Jacques Lacan. Livre XX: En-core 1972-1973. Le Seuil, París, 1975b.

7Al respecto, quisiéramos hacer constar que

Bu-tler, vía Foucault, reduce el discurso al aparato de saber-poder que articula los diversos procesos de subjetivación conforme a procesos históricos que están íntimamente vinculados a una disciplina que opera sobre el cuerpo-individuo y a un poder regulador o poder sobre la vida, léase la biopolítica, que toma por objeto el cuerpo-especie. En cambio, en Lacan, en el se-minario XVII, el discurso va más allá del ámbito del saber y sus estrategias de dominación y domesticación. De entrada, lo definitorio de un discurso es que pone en obra un significante-amo o fálico que crea un lazo social con los sujetos que compromete en él. Elaborando un total de cuatro discursos (amo, universitario, histérica y analista), los elementos centrales de cada uno de ellos atañen al significante-amo que forja el vínculo a través de una asimetría entre los sujetos implicados en él, el papel del sujeto en cada uno de ellos en tanto que sujeto del inconsciente, la verdad que produce cada discurso y el goce regulado por cada uno de ellos, el cual remite al cuerpo. Así, pues, con Lacan podemos sostener que tanto Foucault como Butler reducen lo discursivo a una producción de saber aliada con la norma mediante pro-cesos de exclusión, desconsiderando toda dimensión del goce en tanto que parcela excesiva que escapa a la con-figuración, es decir, tanto a la norma como al discurso. Véase Lacan, J.: Le séminaire de Jacques Lacan. Livre XVII: L’envers de la psychanalyse 1969-1970. Le Seuil, París, 1991.

8La noción lacaniana de lo Simbólico, la cual no es

ni unívoca ni homogénea a lo largo de su enseñanza, re-mite al significante en tanto que palabra ubicada en una cadena, a la Ley (lenguaje) en tanto que proceso de cas-tración que pone un límite al goce, y al significante-fá-lico como elemento que regula el inconsciente en tanto que discurso del Otro. no obstante, en la obra de Bu-tler, por ejemplo en Undoing Gender (2004b), lo Sim-bólico es reducido a una hipóstasis de las relaciones

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sociales, descuidando así una serie de matices donde lo señalado por Lacan queda del todo desdibujado. Para una aproximación más detallada, véase Lacan, J.: Le sé-minaire de Jacques Lacan. Livre I: Les écrits techniques de Freud 1953-1954. Le Seuil, París, 1975a, y Le sémi-naire de Jacques Lacan. Livre VII: L’éthique de la psychanalyse 1959-1960. Le Seuil, París, 1986.

9La noción de lo Imaginario remite al registro de

la imagen como habilitador del “yo” [el moi francés], propio del ámbito del cuerpo como totalidad signifi-cante. A su vez, sería el ámbito propio de toda dinámica de reconocimiento en tanto que se ciñe al otro sem-blante, aquél con quien una identificación en clave de identidad es posible. Al respecto, véase Lacan, J., 1975a, y Lacan, J.: Le séminaire de Jacques Lacan. Livre II: Le moi dans la théorie de Freud et dans la tech-nique de la psychanalyse.Le Seuil, París, 1978.

10Para ser más precisos, la estructura psíquica

pro-pia de la psicosis se articula a partir del rechazo del sig-nificante fálico, el cual viene dado a partir del “no” castrador que encarna la metáfora paterna, articulada como nombre-del-Padre, el cual permite abrochar lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real, los tres registros en los que habita el sujeto del inconsciente en su vínculo con el lenguaje a través de los significantes. En cambio, en las neurosis, al funcionar el significante fálico, el re-sultado es el de una represión orquestrada gracias a la castración propia del significante fálico, transmitido a partir del elemento metafórico. Véase Lacan, J.: Le sé-minaire de Jacques Lacan. Livre III: Les psychoses 1955-1956. Le Seuil, París, 1981, y Le séminaire de Jacques Lacan. Livre XXIII: Le sinthome 1975-1976. Le Seuil, París, 2003.

11La noción de catacresis, tomada por Butler de la

retórica, es un recurso literario que designa la posibili-dad de usos anómalos e inesperados que introducen nue-vos marcos de significación en el seno del devenir habitual del significante.

12En su tesis doctoral, Subjects of Desire: Hege-lian Reflections in Twentieth Century France (nueva york, Columbia University Press, 1987), Butler, en su lectura de la dialéctica del amo y el esclavo, así como en su valoración del papel del deseo como apetencia para la conciencia hegeliana, había destacado su vínculo fun-damental con la negatividad. Es decir, el deseo se arti-cularía conforme a una indeterminación que no se pliega a concreción historicista alguna, sino que apunta a la ne-gatividad propia del sujeto, el cual excede cualquier an-helo de definición positiva. Butler descarta dicha noción negativa del deseo en su obra posterior.

13ya el mismo Hegel, al subrayar la lucha a muerte

que conlleva el reconocimiento entre amo y esclavo,

destaca un componente no sólo mortífero, sino a la par asimétrico, pese a su propósito de articular una solución sintética a dicho escenario, crucial en las lecturas pos-teriores de la obra hegeliana. Si se propicia una lectura de este ya mítico pasaje en clave lógica y no antropoló-gica – es decir, sin plegarse a la lectura fructífera para el marxismo y sus epígonos –, el desdoblamiento propio de la autoconciencia en tanto que alteridad apunta a una negatividad irreductible a reconocimiento alguno, es-cindiendo radicalmente a la autoconciencia. Dicha frac-tura conlleva el surgimiento de algo otro, inapresable para una instancia consciente, si bien la constituye como tal. En este sentido, si se enfatiza el componente de la negatividad en la Aufhebung hegeliana, así como en el deseo, el desdoblamiento de la autoconciencia apunta-ría a un inconsciente avant la lettre, es decir, a un resto constitutivamente insuperable para el proceder dialéc-tico

14La noción de lógica toda-fálica es desarrollada

como tal, en relación con la diferencia sexual y el goce, en el seminario XX de Lacan. Todo aquello concernido por lo fálico, es decir, concentrado bajo la castración, a excepción de al menos un elemento, conforma un con-junto cuya vigencia viene confirmada por la dialéctica segregacionista que lo rige. Dicha lógica sería propia del goce masculino, todo-articulado por el significante fálico, el operador de la castración en tanto que pérdida originaria de goce. Al respecto, véase Lacan, J.: Le sé-minaire de Jacques Lacan. Livre XX: Encore 1972-1973. Le Seuil, París, 1975b.

15Dicha alteridad, como subrayó Freud, puede

tomar un cariz siniestro que, en la neurosis obsesiva, vuelve inoperativo todo reconocimiento en tanto que el segundo pide siempre un otro semejante, propio de lo denominado por Lacan como Imaginario. Es más, en la experiencia de siniestralidad descrita por Freud, lo que asoma, junto con el inconsciente, es la negatividad ra-dical propia del registro que Lacan denominó como lo Real, ámbito expulsado del aparato teórico de Butler al equipararlo al noúmeno kantiano. Véase Freud, S.: Lo siniestro. López Crespo, Buenos Aires, 1976. Traduc-ción de José Luis Etcheverry, así como Butler, J.: Bodies that Matter. On the Discursive Limits of “Sex”. Rou-tledge, nueva york, 1993.

16Lo paradójico de esta cuestión es que Butler se

inspiró para ello en el agonismo vertebrador de una de-mocracia radical, en los términos de Ernesto Laclau y Chantal mouffe, lectores a su vez de Lacan que articu-lan conceptos clave del corpus lacaniano para sostener su posición teórico-política. Véase Laclau, E., y mouffe, C.: Hegemony and Socialist Strategy: Towards a Radi-cal Democratic Politics. Verso, Londres, 1985.

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17La remisión a la topología es fundamental para

dar cuenta de lo Real como imposible. En el seminario X, dedicado a la angustia, Lacan dibuja este tercer re-gistro como una banda de moebius, la cual, se mire por donde se mire, siempre se mantiene idéntica a sí misma. Vease Lacan, J.: Le séminaire de Jacques Lacan. Livre X: L’angoisse 1962-1963. Le Seuil, París, 2004.

18La noción de principio de placer, acuñada por

Freud en los inicios de su investigación clínica, se re-fiere al principio homeostático que conlleva una persis-tencia en la exispersis-tencia, tal conatus spinozista. no obstante, en su Más allá del principio de placer (1920), Freud introdujo un concepto que restó primacía a dicho principio: la pulsión de muerte. Por lo que atañe a Lacan, el concepto de goce, el cual no es sin el signifi-cante, da una salida a esta articulación, ampliando el es-pectro de posibilidades

19En su análisis de la denominada “hipótesis

re-presiva” respecto de la sexualidad, Foucault subrayó que la alianza poder-ley, mediante la prohibición, pro-duce nuevas realidades eróticas que comprometen nue-vos usos del cuerpo. En este sentido, disputando la visión propia del liberalismo de corte contractualista en lo que atañe al poder, Foucault destaca cómo cada régi-men de relaciones de poder también crea sus propias re-alidades, pese a la represión que pueda darse. Para una aproximación más detallada, véase Foucault, m.: His-toire de la sexualité I: La volonté de savoir. Gallimard, París, 1976.

20La traducción es nuestra dada la poca precisión

de la versión castellana del seminario XVII de Jacques Lacan.

21Previamente a su análisis del discurso, Foucault

articuló el concepto de episteme en tanto que sustrato ontológico y epistémico que permite la elaboración de un marco socio-político concreto, atendiendo siempre a

dinámicas representativas contingentes e históricas. Véase Foucault, m.: L’archéologie du savoir. Galli-mard, París, 1969.

22Dicha lectura ha sido avalada tanto por los

parti-darios del denominado sector unionista en el parlamento catalán (PSC, C’s y PPC), así como por unas declara-ciones del ministerio de Asuntos Exteriores español, José manuel García-margallo, quien tildó la actual si-tuación en Cataluña de “sublevación”. Es decir, ambos actores constatan que se ha producido una transgresión de la ley, lo cual no señala ni lugar ni sujeto ni orden otro alguno de la ley.

23El recientemente publicado Interpretando Antí-gona. Laura Llevadot y Carmen Revilla (eds.), EdiUoc, Barcelona, 2015, da testimonio de la vigencia de Antígona en y para el pensamiento moderno y contemporáneo.

24Si bien en la primera formulación de la

diferen-cia sexual, basada en una diferendiferen-cia gramaticalcon res-pecto al falo, el peso de la anatomía en cuanto a la posición masculina y femenina era casi determinante, en Encore, Lacan, sin obviar la dimensión real de lo anatómico en tanto que vinculado a la cuestión pulsio-nal, cual intersticio entre lo biológico y lo cultural, des-vincula de las lógicas masculina y femenina cualquier primacía de la genitalidad respecto de la sexuación. Por sexuación se entiende el proceso según el cual, a partir de las modalidades de goce, el sujeto se sitúa respecto del falo o función fálica de modo todo concernido por él (goce masculino) o bien apunta a un lugar de goce otro

que, atravesado por el falo, se sitúa a su vez en una di-mensión que trasciende lo simbólico (goce femenino). Para una explicación detallada de esta cuestión, cuya complejidad requeriría un nuevo artículo, véase Lacan, J.: Le séminaire de Jacques Lacan. Livre XX: Encore 1972-1973. Le Seuil, París, en concreto la sección titu-lada « Une lettre d’âmour », páginas 75-86, 1975b.

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