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El Valor de Ser Mejor

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Academic year: 2021

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Desarrollo Humano y Comunicación Social por la misma Institución Educativa. Es Maestra en Administración Educativa por la Universidad La Salle con Mención Honorífica. Actualmente cursa el Doctorado en Educación en la Universidad La Salle. Ha ocupado diversos cargos en instituciones públicas y privadas, entre otras la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue rectora del Campus Chapultepec de la Universidad del Valle de México, y actualmente es Directora General del Centro Institucional de Valores de la Institución de Educación Superior.

Es miembro de la Academia Mexicana de Bioética y del Colegio de Pedagogos de México, así como miembro del Consejo Técnico del CENEVAL del EGEL Pedagogía-Ciencias de la Educación. También colabora con el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI), es consejera del Centro Empresarial de la Ciudad de México (COPARMEX–DF) y Consejera de la Asociación a Favor de lo Mejor, A.C.

Es coautora del libro “Principios de la Persona”, “Valores en la Formación de Preescolares” y “Urge un Líder con Sentido Humano” publicado por la Editorial Pearson.

Obtuvo el reconocimiento “Lince de Oro” otorgado por la Junta de Gobierno de la Universidad del Valle de

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Azcapotzalco), Maestra en Comunicación Social por la Universidad Panamericana con Mención Honorífica. Posee la Especialidad en Comunicación y Desarrollo Humano por esa institución. Es Graduada en Dao Yin Yang Sheng Gong y Tai Ji Quan por la Beijing University of Physical Education de Beijing, China. Certificada en Desarrollo Humano. Actualmente es candidata a Doctora en Dirección de Organizaciones en la UPAEP (Puebla).

Ha ocupado diversos cargos en instituciones educativas y actualmente es Directora de Difusión e Investigación en Valores Éticos del Centro Institucional de Valores de la Universidad del Valle de México.

Es coautora del libro “Valores en la Formación de Preescolares”, y obtuvo el reconocimiento a la tesis de maestría “Plan Estratégico de Comunicación para Organizaciones de la Sociedad Civil”, investigación que aporta nuevos conocimientos para una mejor comprensión y fortalecimiento de la sociedad civil, por el Centro Mexicano para la Filantropía A.C. (CEMEFI) en el año 2005. Tiene el reconocimiento “Tejedora Social” por el Gineceo Socioenergética de la Mujer, en atención a su práctica social

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Universidad del Valle de México, S.C. Centro Institucional de Valores. Campos Elíseos No. 223 Piso 8 México, 2011

ISBN: 978-607-95039-2-5

Quedan reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta obra podrá reproducirse, registrarse o transmitirse sea cual fuera la forma o el medio electrónico, mecánico, fotocopiado, grabación o cualquier otro, salvo en

aquellos casos explícitamente previstos por el copyright o si la Universidad del Valle de México concede la autorización por escrito. Es una publicación del Centro Institucional de Valores de la

Universidad del Valle de México.

Primera Edición oviembre de 2008. D.R.n Primera reimpresión agosto de 2011. D.R.

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PRÓLOGO CAPÍTULO 1

REFLEXIONES SOBRE DESARROLLO PERSONAL

El valor de la comunicación efectiva………..… Liderazgo con sentido humano………..…..………. El valor de quererse a uno mismo……… El valor de ser amig@... Saber vivir………..………...………. El valor de la resiliencia…..………....……… El valor de la actitud mental positiva………...……… El valor del bienestar físico y mental………....……..…… El valor del tiempo libre………..……….……….. El valor de administrar tu tiempo………...………... Conducir con valores………..………..………. El valor del ahorro en nuestra vida……….………..…. El valor del éxito y la autorrealización……..….……… El valor de la prosperidad y la abundancia………...……..… El valor de la convivencia…..………. El valor de cerrar ciclos………....………. CAPÍTULO 2

REFLEXIONES SOBRE DESARROLLO LABORAL

Mi proyecto de vida y su relación con el trabajo…………...….... La trascendencia del trabajo en mi vida personal……….……... El valor del trabajo en equipo………...……….. Actitud de servicio….………...………. La autoestima y el trabajo…………..……… La inteligencia emocional en el trabajo………..… El valor de la negociación en el ámbito laboral……….. El valor del manejo del estrés en el ámbito laboral……..……….

9 11 13 15 17 19 21 23 25 27 29 32 33 34 36 38 43 45 47 49 51 53 55 57

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Cómo enseñar valores a los niños………..………... El valor de la docencia………...……….... El valor de ser maestro………...…. El valor de los derechos de los niñ@s... El valor del respeto y aprender a decir “no”………...…….. Una brújula ética para la vida………...……….. El valor de los límites y las reglas en el actuar humano……..…... CAPÍTULO 4

REFLEXIONES SOBRE DESARROLLO FAMILIAR

La familia en el siglo XXI…...……….………. La comunicación en la familia………..………..…………. El reto de ser padres………..………...………. Hijos exitosos……..………..…………. La relación de pareja: un compromiso de amor………..….. El valor de la familia………..………....……….. El valor del Día de las Madres………..…………...………. El valor del Día del Padre………..……….……… El valor de los abuelos en la familia………..…….. Los niños, gran valor para la humanidad…….…………..……… CAPÍTULO 5

REFLEXIONES SOBRE COMPROMISO SOCIAL

El valor de nuestra Patria………..……… El Día de Muertos vs. el Halloween……….……… El valor de las tradiciones decembrinas…………....……… El valor de las personas discapacitadas..………...………….…... El valor de la cultura de la legalidad….…..….……...………...… El valor de ser mujer………..………...………….... El valor de los adultos mayores………..…….…………... El valor del trabajo voluntario………..…………....………... BIBLIOGRAFÍA……….…………... 65 68 70 72 74 76 78 83 85 87 89 91 93 95 97 99 101 105 107 109 112 114 116 118 120 123

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“El Valor de Ser Mejor” es un libro que por medio de sencillas reflexiones nos habla sobre temas que promueven el crecimiento y desarrollo personal en situaciones concretas de nuestra vida y que puede ayudar a replantearnos temas de índole personal, laboral, familiar o social o incluso orientarnos como su nombre lo dice para ser mejores personas.

Las autoras en su libro escriben acerca de diferentes temas sobre la persona, el trabajo, la familia y el entorno social. Sin duda, existen libros que abordan estos temas, pero pocos lo hacen desde el punto de vista educativo y de los valores.

El hablar de valores es referirnos a lo mejor del ser humano y a lo que le engrandece, es hablar de los principios que deben orientar nuestras acciones y decisiones enfocadas hacia el bien personal y de los demás.

“El Valor de Ser Mejor” también nos invita a conocer costumbres y tradiciones que se celebran en México a través de los valores de la cultura nacional y aporta datos que nos ayudan a valorar diferentes celebraciones que son parte de nuestro patrimonio cultural.

Este libro esta dirigido a todo tipo de público y puede aplicarse a nuestra vida diaria ya que nos plantea la posibilidad de crecer y mejorar como seres humanos.

Dr. César Morales Hernández Rector Institucional

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REFLEXIONES

SOBRE

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Capítulo 1

REFLEXIONES SOBRE

DESARROLLO PERSONAL

EL VALOR DE LA COMUNICACIÓN EFECTIVA

Comunicar es poner en común; es decir, dar a conocer información, ideas, emociones, sentimientos, inquietudes y habilidades, entre otras cosas, por medio del uso de símbolos, palabras, expresiones corporales, cuadros, figuras, gráficas y medios tecnológicos.

La comunicación con valores es un proceso único del ser humano que nos distingue de las demás especies y, en su esencia, implica valores éticos, por ejemplo y principalmente: respeto, tolerancia, responsabilidad, justicia, lealtad, dignidad, honestidad y verdad. Es importante tomar en cuenta que la comunicación cumple tres funciones principales:

1. Proporcionar un esquema del mundo. 2. Definir la posición propia respecto a los otros. 3. Ayudar a adaptarse al medio ambiente.

Existe un “principio de oro” en comunicación que dice: “Lo que no se comunica, no existe”, y de ahí el valor que tiene el hacerlo efectivamente.

El valor de la comunicación efectiva radica en gran medida en la manera en que nos comunicamos; esto es, lo que decimos con palabras es apenas el 5% de lo que expresamos, ya que nuestra actitud, la expresión corporal y la intención que damos a cada una de las palabras, es lo que más impacta del mensaje; es decir, la comunicación no verbal.

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Nuestra comunicación será más clara si tomamos conciencia de lo que decimos y cómo lo decimos, si vemos a los ojos a nuestro interlocutor o no, si nuestra actitud es de superioridad o de igualdad con el otro, si somos agresivos ya sea activos o pasivos, o bien si decimos el mensaje directo sin carga emocional negativa.

Es importante recordar que la base de la comunicación es la confianza y el respeto. En una conversación se debe dejar terminar su exposición a la persona que está hablando antes de manifestar el punto de vista propio, sin interrumpir. También se debe de tomar en cuenta que nuestro punto de vista no tiene que ser necesariamente la verdad absoluta, y con esto tratar de demostrar a la otra parte no que está en un error, sino exponer asertivamente nuestras opiniones. Otro elemento significativo para que la comunicación sea efectiva, es que la persona o personas que nos escuchan lo hagan con una actitud positiva, con apertura, sin prejuzgar, tratando de entender la emocionalidad del emisor del mensaje.

Una herramienta práctica para poder comunicarnos mejor es la corroboración de lo que nos han dicho: por ejemplo, se repite con las propias palabras el mensaje para ver si se ha entendido correctamente la idea del emisor.

Por último, se recomienda tomar en cuenta que, para comunicarnos efectivamente, es primordial la cantidad y la calidad de la información que vamos a emitir, ir al grano sin divagar y tener mucho cuidado en lo que se dice y cómo se dice. Especialmente se sugiere que la comunicación sea un medio de unión y armonía entre los seres humanos y no lo contrario.

“Recuerde que no basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto. Todavía es mejor pensar en no decir algo incorrecto en

un momento tentador.”

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LIDERAZGO CON SENTIDO HUMANO

Se dice que “el líder con sentido humano no nace, se hace”. Por supuesto que existen muchas características y aptitudes que las personas tienen naturalmente y que favorecen la personalidad del líder; sin embargo, el verdadero liderazgo requiere de trabajo de superación y desarrollo personal.

El líder con sentido humano se forma mediante la práctica de los valores, el ejercicio responsable de su libertad, el esfuerzo constante de su voluntad y la toma de conciencia de que el conocimiento se debe de incrementar y actualizar constantemente.

La tarea del líder con sentido humano es equilibrar mente y corazón: mente para buscar metas que propicien el bien común, y corazón para ubicar al ser humano en el centro de sus decisiones. Esto significa que un líder con sentido humano, además de ser eficaz y eficiente, debe ser una persona que, con humildad, pueda cambiar al mundo con su ejemplo.

Algunas de las características que debe poseer el líder con sentido humano en una organización son: el saber planear, organizar, dirigir, coordinar, tener visión a largo plazo, orientar y fortalecer a sus colaboradores, tener y vivir con valores humanos, especialmente la responsabilidad, la honestidad, el bien común y el Amor, así como saber escuchar, preguntar, debatir con inteligencia emocional, aprender y superar límites.

Son siete los hábitos positivos sugeridos para el liderazgo con sentido humano (Manning, 2007):

1. Humildad. Es un hábito positivo que nos permite conocernos y aceptarnos con nuestras cualidades y defectos, con nuestras fortalezas y debilidades.

2. Autoestima. Es la apreciación de uno mismo fundamentada en el amor y respeto que cada uno de nosotros siente por sí mismo.

3. Responsabilidad. Cuando hablamos de responsabilidad, siempre entran en juego dos elementos: un valor que nos invita a ser asumido y realizado, y un ser humano que responda de forma positiva a tal llamada.

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4. Fortaleza. Ser fuerte es resistir a las adversidades; ser valiente para acometer metas arduas es hacer lo que se debe sin vacilar y estar abierto al cambio y volver a levantarse cuando se ha caído.

5. Honestidad. Un líder honesto fomenta con el ejemplo y la palabra, el espíritu de colaboración y de servicio.

6. Veracidad. Lleva al líder a que diga lo que piensa, haga lo que dice y prometa sólo aquello que pueda cumplir. En otras palabras, que sea sincero.

7. Autoridad. Entendida como la capacidad de hacer crecer a los demás, motivar dirigiéndose a la razón.

El liderazgo con sentido humano vincula al líder con la capacidad de amar a sus seguidores y no solamente de pensar en su persona, así como perfilarlo como un ser joven de espíritu, realista y humilde, que debe lograr una armonía entre razón, emociones y sentimientos, así como de voluntad cuyo objetivo prioritario es fomentar, con su ejemplo y su palabra, el espíritu de colaboración y servicio entre otras características.

Para terminar, se puede afirmar que el liderazgo tiene varias caras; pero la del líder con sentido humano es una de las más amables y efectivas para lograr el cambio positivo -tanto en el líder como en sus seguidores- que necesita la humanidad, y es por esto que… ¡Nos urgen líderes con sentido humano!

“Cuanto más alto estemos situados, más humildes deberemos ser”

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EL VALOR DE QUERERSE A UNO MISMO.

¿Alguna vez ha escuchado la frase: para querer a los demás, primero nos debemos querer a nosotros mismos…? ¿Sabía que en la medida de que la persona se quiera, se acepte y tenga un concepto positivo de sí mismo, potenciará la capacidad para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal?

Quererse a uno mismo significa saber que se es valios@, dign@ y que se es capaz en la vida, lo cual implica respetarse y enseñar a los demás a hacerlo. También es el sentimiento valorativo del ser, de la manera de ser, de quien se es y del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran la personalidad.

Dos factores importantes para lograr quererse a uno mismo son el autoconcepto o sea el concepto que tenemos de nosotros mismos, y el concepto que los otros tienen de uno, directamente relacionado con la calidad de las experiencias que una persona ha tenido desde su infancia, ya que éstas determinarán en definitiva lo que piensa y siente acerca de sí mismo. La persona que se siente amada y que ha tenido experiencias enriquecedoras a lo largo de la vida podrá aceptarse tal cual es, con sus habilidades, virtudes, cualidades y defectos. En cambio la que no recibió estímulos de valor respecto a su persona, se enjuicia generalmente a sí misma en forma negativa.

Aprender a quererse a uno mismo generalmente trae consigo cambio y mejora, algo que se construye o reconstruye por dentro; sin embargo, existe un factor importante para poder lograrlo: querer hacerlo, la voluntad de la persona.

El valor de quererse a uno mismo es la base de la salud mental y física del organismo. Fuente de equilibrio y armonía, fundamentada en los valores que aprendimos en la niñez y que a lo largo de los años hemos reafirmado.

Una persona que tiene el valor de quererse a sí misma posee una visión propia de sus capacidades de manera realista y positiva. No necesita de la aprobación de los demás ni se cree ni mejor ni peor que nadie. Además afronta los nuevos retos con optimismo, intentando superar el miedo y asumiendo responsabilidades.

Además se comunica con facilidad y le satisfacen las relaciones sociales, valora la amistad y tiene iniciativa para dirigirse a la gente.

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Sabe aceptar las frustraciones, aprende de los fracasos, es creativo e innovador, le gusta desarrollar los proyectos y persevera en sus metas. Cree firmemente en sus valores y principios, está dispuesto a defenderlos aún cuando encuentre fuerte oposición social, además de que, como persona, se siente lo suficientemente segura para modificar esos valores y principios si nuevas experiencias indican que estaba equivocada.

Quien tiene el valor de quererse a sí mismo no emplea demasiado tiempo preocupándose por lo que haya ocurrido en el pasado ni por lo que pueda ocurrir en el futuro. Se considera y realmente se siente igual a cualquiera otra persona, aunque reconoce diferencias en talentos específicos, prestigio profesional o posición económica. La persona que se quiere es capaz de disfrutar diversas actividades como trabajar, jugar, descansar, caminar, estar con amigos. Es sensible a las necesidades de los otros, respeta las normas de convivencia generalmente aceptadas, reconoce que no tiene derecho a mejorar o a divertirse a costa de los demás.

Quererse a uno mismo bajo ningún concepto quiere decir promover un modelo de personalidad narcisista, sino un sensato y equilibrado afecto por uno mismo, que no tiene por qué conducir al egoísmo ni a la vanidad. Es el respeto a la propia persona, la convicción de que cada uno es portador de una alta dignidad como ser humano, la comprensión profunda de que cada persona es irrepetible, con un claro llamado a realizar en el mundo una tarea que dará sentido a su vida y que nadie puede hacer por él.

“La felicidad es un estado interior, y por ello no depende de lo que tienes sino de lo que eres”

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EL VALOR DE SER AMIG@

El valor de ser amig@ va más allá de cualquier celebración. Los verdaderos amigos llegan a ser una prolongación de la familia y en otros casos son algo más que la familia. A los amigos se les va conociendo en las diferentes etapas de la vida y en distintos momentos, por ejemplo, en la escuela desde la niñez, o pueden ser los vecinos o los compañeros del trabajo o encontrarlos en cualquier actividad que complemente la cotidianidad.

La amistad se basa en el reconocimiento del otro, en la reciprocidad y en aceptar las diferencias. Ninguna relación puede funcionar si no se acepta a las personas como realmente son, a pesar de que, como seres humanos, se tiende a querer cambiar a los demás y hacerlos a la manera que a uno le parece que deben ser.

Un valor sumamente importante que constituye uno de los ejes de la amistad es la lealtad, consistente en ser persona de palabra, que responda con fidelidad a los compromisos que la amistad lleva consigo. Ser leal también es hablar claro, ser franco y sobre todo capaz de brindar de manera respetuosa o cariñosa la experiencia propia o de otros a un amigo en problemas o en un dilema de vida. Cuando se es un buen amig@ generalmente se es noble y se evita criticar negativamente a la persona objeto de la amistad, se es confidente y se defienden los intereses y el buen nombre de los amigos. Podemos decir que un amig@ se constituye en una persona cercana con la que se comparte en los buenos momentos y en las penurias, a quien se confían los secretos y con quien existe un vínculo que no se basa en la posesión o exigencia hacia el otro, sino en la libertad y apoyo mutuo.

La mayor riqueza que un hombre puede poseer, lo más valioso por encima de todas las cosas, es la amistad. Ésta por lo general no surge de la noche a la mañana, pues tener un amig@ es el resultado de una paciente y respetuosa actitud ante la vida, donde previamente se desarrollan virtudes que hacen de una persona digna y generosa, capaz de darse a los demás de manera incondicional y, sobre todo, con lealtad a toda prueba.

Hay que tener en cuenta que para "tener" hay que "compartir". Una relación de amistad no es una relación comercial, en ella se debe

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desterrar el egoísmo y el interés. Un factor relevante en la amistad es la amabilidad y el ser detallista con los amigos, recordar las fechas señaladas como los cumpleaños y aniversarios de boda, que ayudan a mantener viva la amistad.

El valor de ser amig@ se manifiesta también al respetar la intimidad de los amigos, evitando entrometerse en sus asuntos y decisiones. Se puede expresar una opinión si es solicitada; pero no abusar de la amistad pidiendo favores o utilizando su casa como si fuera suya. Se recomienda ser moderad@ y educad@.

Hay seres humanos que no tienen amigos, porque quieren que las personas con quienes se relacionan sean perfectas. Todos los seres humanos son perfectibles, pero con virtudes y defectos. Cuando una persona confía en su amig@ y le demuestra su afecto, debe ver lo positivo que hay en ella y la oportunidad de enriquecerse aprendiendo de sus virtudes y aceptándola con sus defectos. Es importante entender que no hay una persona igual a otra y que la verdadera amistad consiste en armonizar las diferencias y en apreciar más a fondo lo mejor de los amigos, aceptando aquello que no es placentero; pero que forma parte de su carácter y personalidad. En esta época en que ciertas relaciones humanas se basan en la superficialidad y el interés, olvidándose los valores humanos como la solidaridad y la cooperación, cobra relevancia el valor de ser amig@.

“La amistad es como la vida: alguien te la da y tú te encargas de tratar de hacerla mejor cada día de tu existencia”

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SABER VIVIR

La vida es una sucesión continua de momentos presentes; sin embargo, hay personas que pasan la mayor parte del tiempo añorando el pasado, quejándose del momento actual y preocupándose por el futuro. Hay otros que viven pensando en los demás, anteponiendo la satisfacción de los que les rodean sin darse cuenta que se olvidan de ellos mismos.

Aprender a disfrutar la vida y el tiempo comienza por seleccionar las cosas que se quieren hacer, estableciendo prioridades, equilibradamente, con una actitud positiva para ahorrarse sinsabores y angustias.

El sentido de la obligación y del deber no deben cerrar las puertas al disfrute, e indudablemente una persona con ilusión es alguien capaz de disfrutar a fondo de la vida.

Sabe vivir quien sabe reconocer a los demás, y ese reconocimiento comienza por el saludo. ¿Cuántas veces nos encontramos con nuestros compañeros de trabajo frente a frente y “hacemos como que no los vemos”?. El saludo genera confianza y cordialidad.

El buen humor forma parte del saber vivir. Reírse sanamente de uno mismo y de los demás – sin hacer daño- también ayuda a sublimar las deficiencias y a transformarlas positivamente. Hay un adagio que dice: “no te acerques a una cabra por delante, a un caballo por atrás y a un carente de buen humor por ningún sitio”.

Para quienes saben vivir, los bienes materiales no siempre son todo en la vida: hay casos de personas que tienen una buena casa, un hermoso coche, un@ magnífic@ espos@, hijos preciosos y dinero suficiente; sin embargo, no son felices. En cambio, hay quienes no cuentan con todos los satisfactores materiales y que son felices en sus hogares. Saber vivir también está relacionado con los valores y virtudes de cada uno y desarrollarlos está en nuestra mano. Cuando se es libre respetando los derechos propios y los ajenos, cuando se vive con dignidad, honestidad y responsabilidad hacia los propios actos y los de los demás, crece la persona y ayuda a progresar a los que la rodean. Ser congruente entre lo que se piensa, se dice y se hace evita sufrimientos, lamentaciones y conflictos, además de dar tranquilidad y ejemplo de existencia.

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Si se quiere un cambio definitivo de las circunstancias de la vida, se hace necesario que tal cambio se verifique primero dentro de uno mismo, si internamente no se modifica nada, externamente la vida continuará con sus dificultades. Ante todo es necesario hacerse dueños de sí mismos, mientras no se pueda autogobernarse, tampoco se podrán regir las circunstancias difíciles de la existencia. Otro factor importante en el saber vivir es el cuidado de la salud física y emocional, debido a que cuidar del cuerpo y la mente es importante para lograr una existencia con calidad de vida. El novelista ruso Fedor Dostoyevski decía: “El secreto de la existencia humana no consiste sólo en vivir, sino en saber para qué se vive”, y ese “para qué” no se puede inventar, sino que cada persona debe experimentarlo y definirlo.

Aprender la diferencia entre vivir y sobrevivir, tomar conciencia de los propios límites y defenderlos, aprender a reconocer lo que se necesita y a pedirlo, entender la diferencia entre ser víctima o retomar la vida en propias manos y convertir los valores en virtudes, forma parte del saber vivir.

“Todos debemos trabajar cada día para ser felices, y ser feliz también significa aprender a vivir”

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EL VALOR DE LA RESILIENCIA

Hasta hace algunos años el concepto de resiliencia aludía sólo al campo de la física, vinculado a la capacidad de los metales de volver a su forma original cuando han sido forzados a cambiar o deformarse. Hoy, resiliencia o afrontamiento señala la capacidad para enfrentar situaciones críticas, saberse sobreponer, salir airoso y fortalecido, en vez de frustrado o debilitado de las situaciones cotidianas en los planos profesional y personal.

El vocablo resiliencia tiene su origen en el latín resilio que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. Según Rutter, fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanas, exitosas y con conocimientos para solucionar situaciones conflictivas.

La resiliencia sin duda tiene que ver con valores éticos como tolerancia, respeto, solidaridad, responsabilidad, actitudes positivas, creativas y autoestima. Soportar la adversidad, tolerar la frustración, manejar la incertidumbre, ser flexible y aprender de la experiencia deben ser características de una persona resiliente.

Las personas resilientes tienen sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertas a los cambios en la vida, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia; es decir, que los problemas los visualizan como oportunidades de crecimiento.

Ambientes que favorecen la resiliencia en el trabajo son, entre otros, la actitud de jefes y compañeros, cuando son accesibles, responsables y atentos. Esto ocurre en sitios donde se muestra empatía, capacidad de escucha y actitud cálida, además de que hay jefes que expresan apoyo a las actividades del personal de manera que se favorezca en ellos un sentimiento de seguridad y confianza en sí mismos.

Otra forma de favorecer la resiliencia en el ámbito laboral es a través de la apertura de oportunidades de participación para la solución de problemas, pudiendo proporcionarlas para que los colaboradores participen, y en conjunto aprendan de los errores y contribuyan al bienestar de los otros como parte de un equipo solidario y

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Para vivir la resiliencia en un plano personal, cada uno debe trabajar en el desarrollo de una autoestima sana, creando y sosteniendo una autoimagen positiva; es decir, aprender a conocerse, aceptarse y valorarse de manera realista y comprensiva, invirtiendo energía y tiempo suficientes en lo gratificante y ser tolerantes ante las situaciones adversas.

Ser resiliente es ejercitar una comunicación clara, honesta y oportuna que permita prevenir y resolver malos entendidos para evitar así los resentimientos. Es ver el lado positivo del mundo, de la vida y de uno mismo, buscar y esperar que suceda lo mejor.

Por último, es importante reaprender a vivir, a esperar menos de los demás y tener sobre uno mismo expectativas razonables basadas en hechos, disfrutar cada momento del día de la mejor manera posible, y no centrarse únicamente en el resultado final.

Es ésta pues una reflexión que esperamos le ayude a mejorar la calidad de su vida, a través del desarrollo de la capacidad de la resiliencia.

“En la vida los bloques de granito se hunden; los corchos siguen flotando”

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EL VALOR DE LA ACTITUD MENTAL POSITIVA

¿Sabia usted que uno de los principales contaminantes del ambiente laboral es el negativismo? En la actualidad se habla de contaminación, causada la mayor parte de las veces por factores ambientales; sin embargo, las actitudes negativas también contaminan a las personas psíquica y físicamente, así como al entorno laboral, familiar y social.

La actitud mental adecuada en cualquier situación casi siempre está compuesta de las mejores características simbolizadas por palabras y actitudes como fe, integridad, esperanza, optimismo, coraje, iniciativa, generosidad, tolerancia, tacto, amabilidad y sentido común. Las personas que tienen ante la vida una actitud mental positiva sufren los mismos problemas y situaciones desagradables, que los que tienen una actitud mental negativa, con la diferencia de que los primeros ven en estas situaciones difíciles una oportunidad de crecimiento y son proactivos en la resolución de sus problemas, mientras que los segundos se abruman y se inmovilizan.

Con una actitud mental positiva las dificultades se sobrellevan mejor, se piensa reflexivamente y se impulsa a la búsqueda de soluciones. Es importante no pensar que una actitud positiva es sinónimo de felicidad y ensueño, sino de trabajo, lucha, voluntad y entereza, ya que una persona con actitud positiva sufre momentos de malestar; pero hace algo al respecto mientras que alguien con actitud negativa se queja, se desespera, se violenta, culpa a otros y no hace nada. Para lograr eliminar de la mente y del corazón los pensamientos negativos -ira, miedo y frustración-, se puede reconocer que se tiene el control de sí para cerrar las puertas a todos los fracasos del pasado. Lo que pasó ya pasó y no se puede cambiar, y lo que sí se puede hacer en el presente es trabajar para lograr metas. Descubra en cada nuevo día la oportunidad de alcanzar el éxito y así será.

Otro punto importante es cultivar el hábito de pensar y hablar siempre positivamente, evitar las críticas, prejuzgar a las personas, abstenerse de los “chismes”, ya que en este tipo de prácticas la persona más afectada es la que lo hace. Si no se tiene algo positivo que decir de algo o de alguien, es mejor no decir nada.

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combatir al negativismo, fortaleciendo los valores, especialmente el amor, el respeto, la honestidad, la tolerancia y la paz, además de formar alianzas creativas con otras personas dedicadas a los principios del éxito.

La actitud mental positiva también ejerce su influencia en el organismo. Para permanecer sano física y mentalmente se sugiere ejercitar el cuerpo, con el propósito de mantenerse en forma para así alejar a las enfermedades mentales que pueden surgir con facilidad derivadas de las físicas, y para descargar toda la energía de sobra que genera ansiedad.

Por último se recomienda disciplinar la mente para que conforme su destino hacia el objetivo que haya elegido en su vida. Haga que su mente se enfoque, tal como el lente de una cámara, en el objetivo que desee alcanzar. Dedíquese a conseguirlo con ahínco y furor, sea persistente, claro, siempre con una actitud positiva.

“La disciplina es la parte más importante del éxito”

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EL VALOR DEL BIENESTAR FÍSICO Y MENTAL

"La salud es un estado de bienestar físico, mental y social completo y no meramente la ausencia del mal o la enfermedad", de acuerdo a un enunciado de la Organización Mundial de la Salud, y sin duda gran parte de ese valor del bienestar físico y mental está basado en la actividad física, en una mente ocupada positivamente y en la vivencia de virtudes y valores.

Los expertos en la salud recomiendan un nivel de actividad física que permita obtener múltiples beneficios a la salud, ésto a través de la práctica de al menos 30 minutos de actividad física de moderada intensidad diaria; se recomienda a aquellas personas sedentarias que inicien gradualmente algún plan de ejercicio y que progresen lentamente en duración e intensidad.

Por otro lado, el valor del bienestar físico y mental también radica en ocupar la mente positivamente, tal es el caso de dedicar el tiempo libre a la cultura, a desarrollar algún pasatiempo, a compartir con la familia o al enriquecimiento del espíritu.

Se dice que no se mide la vida de las personas por su duración, sino por el uso que han hecho del tiempo que les tocó vivir, por lo que es importante coexistir una manera útil y constructiva para uno y para los demás. Crear el bienestar personal e irradiarlo a través de valores y virtudes para crecer cada día más como seres humanos íntegros e integrales.

La virtud es la planificación de la bondad potencial que hay en cada persona, y convierte al hombre en prudente, discreto, sagaz, cuerdo y sabio, valeroso, moderado, íntegro, feliz, digno de aplauso, verdadero; es decir, un gran hombre en todo. Es preciso ser virtuoso para alcanzar una vida feliz; pero también ser feliz para ser un virtuoso (Carlos Díaz, 2006)

Algunos de los valores involucrados en el bienestar físico y mental son:

El orden, ya que a todos nos agrada encontrar las cosas en su

lugar, pero lo más importante es el orden interior y es el que más impacta a la vida.

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espontánea en los detalles más pequeños, habla de nuestro alto sentido de colaboración para hacer la vida más ligera a nuestros semejantes.

La voluntad nos hace realizar cosas por encima de las

dificultades, los contratiempos y el estado de ánimo.

La serenidad por medio de la cual conservamos la calma en

medio de nuestras ocupaciones y problemas, mostrándonos cordiales y amables con los demás.

La paciencia, el valor de los sabios, vivir sin prisa y darle el

justo tiempo a todos los momentos de la vida.

La sencillez dada por una personalidad sencilla con fortaleza

interior y encanto que es mucho más profundo y perdurable.

El respeto y la tolerancia como base para convivir en

sociedad.

La gratitud hacia la vida y hacia los semejantes, coronada por

la generosidad.

La disciplina, la constancia y dedicación que le demos a

nuestros proyectos y acciones será la clave de la culminación de ellos.

De todo lo anterior se puede concluir que el bienestar físico y mental tiene un valor que cada uno manifiesta al preferir, al estimar, al elegir unas cosas en lugar de otras, al formular metas y propósitos personales que les lleven a vivir una vida sana, plena y con amor.

“Algunas personas enfocan su vida de modo que viven con entremeses y guarniciones. El plato principal nunca lo conocen”

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EL VALOR DEL TIEMPO LIBRE

En ocasiones hemos escuchado frases como: “no tengo tiempo para…”, “me faltan horas…”, “imposible, no me alcanza el tiempo…” y alguna vez nos hemos preguntado qué hacemos con nuestro tiempo libre.

Es importante conocer el valor del tiempo, puesto que “el tiempo es vida”, pasa rápidamente y no se puede recuperar, y por ello debe aprovecharse en actividades de beneficio para uno mismo, para la familia, la sociedad o para la humanidad en general, fundamentadas en los valores que guían nuestras vidas.

El tiempo no se detiene; pero se puede aprender a manejarlo. Una de las estrategias que sugieren los expertos es ordenar las actividades de acuerdo a su nivel de importancia: en primer lugar debe realizarse lo significativo, y en segundo lugar lo urgente. Si se actúa en el orden inverso nunca lo urgente permitirá realizar lo significativo, y así, aquello que se valora será postergado y posiblemente nunca se realizará.

Para administrar el tiempo no se necesita vigilar el reloj constantemente, mantener horarios rígidos o completar cualquier tarea en el menor tiempo posible, sino que es mejor organizar las actividades diarias, fijarse metas a corto plazo y tener la disciplina y constancia para cumplirlas.

Todas las personas deberían contar con trabajo y tiempo libre para satisfacer las necesidades personales y familiares con la finalidad de perfeccionarse como una manifestación de la libertad. Desafortunadamente no es común el estar algunos momentos del día consigo mismo disfrutando de esta intimidad.

En pocas ocasiones es posible dialogar con los propios deseos sin la presión de los deseos de los otros. El problema es que en muchos casos las personas se abandonan a sí mismas por pensar en los demás. A largo plazo esta conducta produce enojo y frustración.

El tiempo libre -fuente continua de información y experiencias- es potencialidad pura, lista para ser explotada en una amplia gama de posibilidades, tantas como tenga cada persona. Leer, caminar en un parque, practicar deporte, dedicarse a su pasatiempo favorito, realizar viajes, excusiones, convivir con la familia y amigos, arreglar el

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jardín, tocar algún instrumento musical, entre otras, son actividades que se pueden realizar si realmente deseamos dar valor a nuestro tiempo libre.

Cuando no existe un equilibrio entre el trabajo y el tiempo libre, las personas tienden a enfermarse más, se desmotivan en su empleo, tienen más problemas familiares y viven enojadas, de mal humor. Para poder evaluar cómo usamos nuestro tiempo libre es recomendable enlistar las actividades que realizamos, como por ejemplo las horas de trabajo, de descanso, de ejercicio físico, de crecimiento espiritual, de convivencia con familiares y amigos, el tiempo que uno dedica a brindar servicios a la comunidad, el que dedicamos a nosotros mismo, el tiempo que perdemos y el tiempo que necesitamos. Una vez realizada esta lista, tenemos que escribir a un lado si es aceptable o no el tiempo que le dedicamos a cada actividad y, en caso de no serlo, escribir las posibles estrategias para lograr que sea aceptable. Ubicar la lista en un lugar visible tendrá como resultado el recordarnos que podemos cambiar nuestra vida y la forma de utilizar nuestro tiempo libre.

La invitación es aprovechar nuestro tiempo libre al máximo, aflorar la creatividad para que, en esos “tiempos muertos”, podamos cultivar nuestro espíritu, divertirnos, descansar y convivir con los seres queridos.

"Si te sientas en el camino, hazlo de frente a lo que has de andar, y de espaldas a lo ya andado”

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EL VALOR DE ADMINISTRAR TU TIEMPO

¿Cuántas veces hemos escuchado o hemos dicho “no tengo tiempo” para realizar tal o cual actividad, para convivir con la familia, para ver a los amigos, para hacer ejercicio, para viajar, para seguir estudiando, sin darnos cuenta que hemos dejado de hacer estas acciones no tanto por no tener tiempo, sino en muchas ocasiones por no saber administrarlo?

El tiempo es uno de los recursos más valiosos con los que contamos. Por naturaleza es finito, no renovable, escaso, corre sin que lo podamos detener y nos limita en múltiples aspectos de la vida. Quien administra su tiempo por lo general tiende a ser exitoso. Regir el tiempo no significa exprimirle hasta el último minuto al día ni tampoco triplicarse a uno mismo para poder hacer más cosas: es simplemente conducir nuestros asuntos dentro del tiempo disponible para que podamos lograr resultados más eficaces.

En vista de que no podemos incrementar la cantidad de tiempo que tenemos, la calidad del mismo se convierte en un gran valor. La forma como usamos nuestro tiempo define quiénes somos, más allá que lo que decimos y de lo que pensamos. El valor de la responsabilidad de administrar nuestro tiempo es realmente un compromiso consigo mismo y con lo que es importante en la vida. De allí que nuestros valores, como la responsabilidad y la libertad, estén presentes en todo momento en la elección de la distribución de nuestro tiempo. Si enfrentamos los asuntos en vez de posponerlos, nos dará más tiempo para hacer las cosas. Una estrategia para optimizar el tiempo es planear nuestras actividades, y se recomienda tener un cuaderno a manera de bitácora en el cual se establezcan las tareas diarias específicas, así como el tiempo que tomará realizar cada una de ellas y, de ser posible, organizarlas en tres prioridades:

1° Alta: son las actividades decisivas. Algunas de ellas entrarán en esta categoría debido a órdenes administrativas, requerimientos de clientes importantes, tiempo límite significativo, oportunidades de éxito, desarrollo o urgencias familiares.

2° Media: son las actividades que pueden contribuir a mejorar el desempeño; pero no son tan esenciales o no requieren de un tiempo límite.

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3° Baja: es la categoría de menor valor. Son las actividades secundarias, algunas tan sólo interesantes o divertidas que podrían posponerse o realizarse en periodos de poca presión o con más tiempo.

Es importante considerar que cada hora empleada en planear nuestro tiempo ahorrará tres o cuatro horas más en el momento de su ejecución, además de que los resultados serán mejores.

Emplear el tiempo efectivamente debe ser el ideal; pero nunca convertirse en una obsesión. Si se presenta una eventualidad debemos de ser flexibles. Una de las finalidades del manejo del tiempo es ser libre, tener tiempo para dedicárselo a lo que deseamos o necesitamos. Tratemos siempre de disfrutar lo que hacemos y no desperdiciemos tiempo lamentándonos por lo que dejamos de hacer por no tener tiempo. Recordemos lo que la sabiduría popular dice: “El tiempo es oro”. ¡Ocupa tu tiempo en cosas valiosas!

“Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”

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CONDUCIR CON VALORES

Conducir en las grandes ciudades se ha convertido en un reto para los automovilistas y ya no existen las “horas pico” porque mañana, tarde y noche el tráfico es tan intenso que los viajes en auto o transporte colectivo, por su duración, son un dolor de cabeza para la mayoría de la población.

Hay personas que pasan horas dentro del automovil, atrapadas en congestionamientos provocados por manifestaciones, accidentes y consecuencias derivadas de fenómenos naturales que, aunados al calor o a la impotencia de no poder llegar a su destino a tiempo, hacen que se altere el organismo, que aparezca el mal humor, el estrés y en muchos casos los insultos y la violencia hacia quienes los acompañan o hacia los demás conductores.

Si usted tiene auto, alguna vez se ha preguntado ¿qué clase de conductor es?:

 ¿Es de los que se transforman en energúmenos cuando están

frente al volante? o

 ¿Es de los que quieren pasar antes que todos sin importarle las

señales de tránsito ni los peatones? o

 ¿Es una persona responsable y respetuosa que da el paso a los

transeúntes y automóviles para agilizar la circulación, que respeta la luz roja del semáforo, las señales viales y conduce con cortesía, entre otras cosas?

Es importante tener presente que, conducir con valores, evita que las personas que manejan un automóvil se vean expuestas a sufrir agresiones y percances de todo tipo, especialmente en ciudades donde las actitudes de los automovilistas son cada vez más intolerantes.

Conducir con valores es importante porque puede ayudar a evitar accidentes. ¿Sabía usted que, a pesar de los avances de la medicina, la muerte por accidentes automovilísticos se han convertido en grave problema de salud pública?, ¿que el exceso de velocidad es la causa de accidentes reportada con mayor frecuencia, y generalmente va de la mano con el consumo de alcohol y de otras drogas?, ¿que nueve de cada diez accidentes se pueden evitar siguiendo adecuadas medidas

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de seguridad?, ¿y que muchos accidentes podrían haber sido evitados a través del fortalecimiento de una cultura preventiva más sólida? A pesar de lo anterior, seguramente estará usted pensando que en una gran ciudad conducir con valores como el respeto, la tolerancia y la paciencia es casi imposible, ya que muchas de las personas que manejan un auto son violentas y desesperadas; sin embargo, si cada uno de nosotros comienza a cambiar sus actitudes, seguramente la situación puede mejorar.

¿Cómo lograrlo? En primer lugar, tener congruencia en el actuar dentro y fuera del automóvil, esto es, ser la misma persona sin transformarse en un gladiador o en un vengador anónimo en el momento de conducir. Así como se es gentil, amable, correcto y educado en el trato con las personas que nos rodean en la oficina, casa o cualquier otro ámbito, en el auto también debemos serlo.

En segundo lugar, si trasladamos la escala de valores al manejar el automóvil, seguramente mejoraremos la relación con los demás: por ejemplo, el respeto se aplica a las señales viales y a los otros conductores y peatones. La tolerancia es un valor ligado al respeto, ya que se define como saber respetar a las demás personas en su entorno; es decir, en la forma de pensar, de ver las cosas, de sentir, y es también saber discernir en forma cordial en lo que uno no está de acuerdo, por lo que al manejar debemos evitar insultar o discriminar a las personas por su apariencia o la de su auto, por ejemplo.

Otro valor es la responsabilidad que se da al manejar con precaución respetando los límites de velocidad, también evitando ingerir bebidas alcohólicas antes de conducir y usando el cinturón de seguridad. La paciencia se refiere necesariamente a tener calma y al conducir, algo que debe tomarse en cuenta, ya que muchos accidentes se pudieran evitar si los automovilistas tuvieran paciencia, sumado a ello la ansiedad o la tensión emocional que se traducen en una disminución en la capacidad de respuesta del conductor ante situaciones de peligro.

Por último, hay que estar concientes de lo que se hace y se dice a bordo del auto, ya que cuando en él se encuentran los hijos nos convertimos en su ejemplo a seguir, y si insultamos, agredimos, no respetamos las señales ni a los demás conductores, si manejamos alcoholizados, si ofrecemos “mordidas” a los agentes de tránsito cuando nos detienen, entre otras cosas, no podremos pedir a

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nuestros hijos que sean responsables, honestos, respetuosos y que trabajen para el bien común.

Recordemos que los cambios positivos que deseamos no se dan solos ni los provoca una sola persona, sino que son el cúmulo de pequeñas voluntades de cambio de actitud y de conducta de cada uno de los miembros de la sociedad, creando así sinergias que ayudan a sumar esfuerzos y lograr verdaderas transformaciones sociales. ¡Te invitamos a conducir con valores, sí se puede!

“La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”

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EL VALOR DEL AHORRO EN NUESTRA VIDA

Para muchas personas la palabra ahorro significa un concepto lejano a su realidad pues piensan que, cómo van a ahorrar si apenas les alcanza lo que ganan para proveer a su familia de lo básico; sin embargo, no saben que ahorrar es una sana actividad que se debe practicar periódicamente para prevenir lo que pueda suceder en el futuro. Nadie está exento de que se presente un gasto imprevisto y, si no se tienen los recursos en el momento, se pueden pasar malos momentos.

Ahorrar tiene mucho qué ver con valores éticos, puesto que es un hábito que, además de proporcionarnos un bien económico, alimenta nuestra responsabilidad, fortalece nuestra libertad y nos crea una autodisciplina que nos hace ser cada vez más perseverantes. Aprender a ahorrar y conocer el valor de las cosas y del trabajo es la forma más fácil de fomentar buenos y duraderos hábitos respecto al dinero. Saber manejar las finanzas personales requiere de desarrollar habilidades de planificación y de educación de la voluntad y del poder de decisión.

Hacer una lista de los ingresos y de los gastos semanales o quincenales e incluir en éstos una cantidad destinada al ahorro, nos demostrará cómo el ahorro rutinario y periódico puede ayudar a alcanzar metas. Lo que importa no es el porcentaje del ahorro, sino el proceso en sí. El ahorro es atractivo cuando uno se fija una meta a cumplir, que puede ser la compra de algo o, por ejemplo, la realización de un viaje; pero lo más importante es saber administrar los gastos siguiendo las siguientes reglas de oro:

 Nunca gastar más de lo que se gana.

 Pagar con tarjeta de crédito sólo si está seguro de pagar todo el

saldo en la fecha de vencimiento.

 Destinar al menos el 10% del salario al ahorro.

¡Te invitamos a conocer el valor del ahorro!

“El camino hacía la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”

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EL VALOR DEL ÉXITO Y LA AUTOREALIZACIÓN

Muchas personas canalizan sus esfuerzos, ambiciones y actividades diarias sólo hacia la realización de aquellas acciones que los conducen a alcanzar el éxito profesional; pero se olvidan de áreas de su vida igualmente importantes, que quedan relegadas a simples sueños y que se posponen con cualquier disculpa.

El éxito es un valor que implica satisfacción, es alcanzar todas las metas propuestas en distintos ámbitos de la vida, es sentir que se ha logrado todo por lo que se ha trabajado sin importar los obstáculos, porque éstos son una prueba para saber que se puede seguir hacia adelante y ser fuerte. Ser exitoso es sentirse contento y pleno con lo que se realiza, tomando en cuenta que el éxito es un sentimiento, una actitud, una manera de pensar, de actuar y de ser, un modo de vida que se refleja en una paz mental y una vida en coherencia plena de valores humanos.

El psicólogo Abraham Maslow, en su famosa “Pirámide de Maslow” plantea que el ser humano sólo podrá ser feliz cuando dé satisfacción a su necesidad superior de autorrealización.

Ésta va de la mano del éxito, y es un ideal al que todos aspiramos llegar. Se satisface mediante oportunidades para desarrollar el talento al máximo, expresar ideas y conocimientos, verterse al exterior y obtener logros personales.

La persona realmente exitosa no lo es sólo por momentos o en situaciones de triunfo. Una persona así siente paz y autosatisfacción en momentos de dolor, fracaso, rechazo y frustración, y se mantiene firme, determinada y perseverante ante sus objetivos sin importar lo adverso de las circunstancias externas. Para este tipo de personas el fracaso es la mejor oportunidad de crecer y de aprender, y sabe que cada fracaso la acerca a la meta que se ha propuesto.

Los valores del respeto, la honestidad y la libertad forman parte de éxito y de la autorrealización y ayudan a construir un mundo mejor.

“El verdadero éxito consiste en descubrir quién eres, en lugar de calcular qué serás”

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EL VALOR DE LA PROSPERIDAD Y LA ABUNDANCIA

Se tiene un concepto generalizado de que la prosperidad y la abundancia están relacionadas exclusivamente con el dinero y los bienes materiales, y pocas veces se piensa que la prosperidad en gran parte está vinculada a la valoración que tienen las personas sobre si mismas y sobre lo que creen merecer.

La prosperidad y la abundancia engloban valores como el respeto, la responsabilidad, el agradecimiento, el amor, la salud y principalmente el dar, y no sólo deben ser bienes materiales, sino también espirituales ya que en incontables ocasiones es mejor recibido un abrazo o unas palabras de aliento en tiempos difíciles, que un regalo.

Cuando se dá y se recibe, lo importante es la intención, esta acción debe tener como objetivo crear felicidad para quien da y para quien recibe, porque la felicidad sostiene y sustenta la vida y, por tanto, genera abundancia. La retribución es directamente proporcional a lo que se da, cuando el acto es incondicional y nace del corazón.

Por otra parte, expresar gratitud y agradecimiento son valores que forman parte de la prosperidad y la abundancia, y se expresan por medio de la manifestación a otra persona de complacencia porque hizo algo, dio algo, enriqueció de alguna manera a alguien sin obtener nada a cambio. La gratitud es como una moneda de pago simbólica, y el agradecimiento implica más que saber pronunciar la palabra “gracias” de forma mecánica: la gratitud es aquella actitud sincera de aprecio a lo que alguien ha hecho por uno.

La prosperidad también hace referencia a un estado de ánimo que cada persona puede trabajar en su interior. Así como se programan las computadoras, también se puede programar la mente para el éxito. Se dice que el 80% de los obstáculos hacia el camino a la abundancia está dentro de nuestro cerebro. Una manera efectiva para reprogramar la mente es lo que coloquialmente se llama “borrar la cinta” o eliminar pensamientos negativos y barreras limitantes que se han aprendido a lo largo de los años identificándolos, como por ejemplo:

No creerse merecedor de lo valioso, no agradecer lo que ya se tiene, no valorarse, ser avar@ y egoísta, envidiar la prosperidad o el éxito de los demás, robarle el respeto, las relaciones y el tiempo a los otros,

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quejarse constantemente de la economía, de los precios, de la escasez y repetir y repetirse todo el tiempo “no tengo dinero”. Una vez reconocidos los pensamientos negativos que bloquean la prosperidad y la abundancia se puede centrar la atención en cambiar la actitud, honrar el tiempo y su valía, esperar siempre lo mejor, actuar con integridad y honestidad, aplaudir el éxito de los demás, tomar las riendas de la propia vida, creer en uno mismo, pensar en objetivos claros, dejar atrás lo viejo y dar cabida a lo nuevo, darse permiso para tener bienes materiales y, principalmente, confiar en su capacidad de crear abundancia y prosperidad.

Cuando se ve lo positivo de las situaciones cotidianas y de la vida misma, inmediatamente la mente sustituye los pensamientos negativos por las buenas ideas, haciendo sentir a la persona más feliz y afortunada. Si se logra adquirir el hábito de pensar positivamente, de sentirse merecedor de la prosperidad y la abundancia, se cuenta con muchas posibilidades de alcanzarla.

“La prosperidad y la abundancia están al alcance de cualquier persona que se considere valiosa y que crea merecerlas”

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EL VALOR DE LA CONVIVENCIA

El ser humano es social por naturaleza y necesita relacionarse con los demás, de ahí que la convivencia sea el medio natural para adquirir y poner en práctica los valores fundamentales que deben regir la vida entre las personas. Entre ellos se encuentran el respeto, la generosidad, la sinceridad, la tolerancia, la justicia, la verdad, la honestidad, la responsabilidad, la libertad y la solidaridad, entre otros, todos relacionados con la convivencia social.

La palabra convivencia significa la acción de vivir comúnmente juntos, cuando se con-vive, y no se trata de “estar con” el otro, se trata de “vivir con” él, de reconocer a los que, por distintas razones, comparten escenarios y actividades, reglas y normas que dan orden a la vida en común y que ayudan a vivir en armonía y reducir los conflictos. Lo anterior es posible en la medida en que los integrantes de una comunidad educativa, laboral, familiar o de cualquier tipo tengan una actitud de apertura, colaboración y confianza entre ellos mismos.

Si bien la convivencia se inicia en el hogar, la relación con los demás se intensifica con las primeras actividades grupales. Esto permite descubrir el valor que tiene ser miembro de una colectividad, y esa relación hace posible establecer puntos de referencia hacia la autoafirmación, conocer los deseos y el aprecio de los demás, descubrir la realidad objetiva, el compartir proyectos, gustos e intereses y, de esa forma, despertar el valor de la convivencia.

El aprendizaje de una convivencia afectuosa, amable y respetuosa es esencial para llevar a cabo una vida plena y feliz, mediante la cantidad y calidad de las relaciones sociales que haya tenido en su medio y que habitualmente se aprende en el hogar.

Generalmente los fracasos en las relaciones humanas constituyen la razón principal de la pérdida de la salud emocional, física y mental, y por eso es tan importante aprender a convivir en armonía con el mundo y con la sociedad, en base al amor a sí mismo y a los otros. Una de las reglas de oro en las relaciones humanas es: “Hacer a los demás lo que queremos que nos hagan y no hacer a otros lo que no desearíamos que nos hicieran”. Este principio, que constituye un legado fundamental que heredamos de culturas y religiones

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milenarias, se basa en la idea y convicción humanista del amor al ser humano, sin distinción de raza, sexo, edad, credo o condición social, simplemente por el hecho de ser persona.

Una forma de favorecer la convivencia es la de potenciar espacios de comunicación y vivir los valores que mencionamos al inicio. Estos espacios de comunicación pueden darse de formas diferentes, verbalizando deseos o necesidades, utilizando expresiones no verbales -miradas, gestos-, o creando espacios temporales que hagan posible el intercambio de ideas y formas de pensar.

La comunicación entre las personas es el hecho fundamental que caracteriza a las relaciones humanas. La convivencia se produce a través e la comunicación interpersonal y social. Estamos siempre en un proceso continuo de comunicación en la familia, en el trabajo, con las amistades, y por lo general suele haber un flujo constante y reciproco de información entre ellas. El éxito y la felicidad de nuestras relaciones dependen de la eficiencia y efectividad de la comunicación que establecemos con las personas que nos rodean y de nuestra inteligencia emocional.

Sin duda la comunicación es un elemento importante del valor de la convivencia; pero lo es más la actitud, la buena disposición y la comprensión de la persona a las diferencias de pensamiento y actuación de los miembros del grupo de convivencia, y entre más se acepte a los demás como son sin tratar de cambiarlos, más sencilla y grata será la maravillosa aventura del diario vivir en sociedad.

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como

hermanos”

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EL VALOR DE CERRAR CICLOS

Cuando un ciclo termina, pocas veces se piensa en los aprendizajes que dejaron los errores del ayer o los momentos vividos para convertirlos en oportunidades de crecimiento. Cada persona los interpreta según la visión particular, según su experiencia de forma positiva o no. Por eso, un tropiezo se puede convertir en luz que ilumine el camino de una nueva etapa; pero todo depende del enfoque que le se le dé.

Regularmente el fin de año es un momento natural en el que se puede aprovechar para reflexionar sobre los ciclos que cada uno cierra y al mismo tiempo abre. Además es una época de celebraciones, de compra de regalos y de reuniones con los familiares y amigos en las que se ocupa casi todo el tiempo, y en ocasiones olvidándose agradecer lo obtenido durante el año.

El cierre de un período es un buen momento para evaluar sobre lo que se quería hacer y sobre lo que se ha hecho, y ver en qué se quiere invertir el tiempo, las fuerzas y el trabajo en el ciclo que inicia, por lo que es vital hacer planes, soñar con proyectos pero, sobre todo, darles vida con constancia y disciplina, tenacidad y responsabilidad, honestidad y verdad.

Cuando se termina un ciclo se sugiere tomar decisiones firmes, como por ejemplo cambiar para ser cada día mejor. Cambio es la palabra clave para iniciar un nuevo ciclo; es decir, modificar la conducta y el comportamiento a partir de una revisión a conciencia del ser y del actuar, teniendo una meta personal, profesional, familiar o incluso social que alcanzar.

El cambio comienza por uno y para uno mismo, y en el caso del cierre y apertura de un ciclo es importante considerar los aspectos personales que se desean transformar en una nueva etapa inicialmente, pues es recomendable seguir trabajando con el cambio en otros ámbitos de la vida como el laboral, familiar y social.

Parte de ese cambio comienza al pensar positivamente, o sea, pensar que lo logrado en el transcurso del año o ciclo sirve para sentirse lo suficientemente satisfecho y motivado para seguir adelante. Recapacitar en el amor a la familia, a los amigos, al trabajo, es poner en la balanza emociones, situaciones, acontecimientos y hasta

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problemas que vale la pena evaluar, pues muchas veces éstos nos dan más alegrías que disgustos.

El fin de cualquier ciclo también es una etapa para que surja el maravilloso pretexto para los reencuentros con los que se ha estado lejos. Cuando un ciclo termina se cierra una página más en la historia de la vida de cada persona, un volumen lleno de vivencias en que la gratitud hacia uno mismo, hacia la vida y hacia todo lo que le rodea distingue al ser humano de las demás especies y lo convierte en mejor persona.

“Mi serenidad está en el cambio. Mi libertad está en vivir en el ritmo de la naturaleza. Mi felicidad está en vivir el gozo de cada instante. Mi

éxito está en mantenerme firme e impersonal, mi sabiduría está en diferenciar lo esencial de lo no esencial”

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REFLEXIONES

SOBRE

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Capítulo 2

REFLEXIONES SOBRE

DESARROLLO LABORAL

MI PROYECTO DE VIDA Y SU RELACIÓN CON EL TRABAJO

Durante toda la existencia del hombre el trabajo ha estado presente como una de sus principales actividades, y es por medio del trabajo que nos hemos consagrado como la especie de más éxito desde el punto de vista evolutivo; es decir, que por medio del trabajo hemos logrado adaptarnos a los cambios que nos ha impuesto la naturaleza; pero también a través de él hemos adaptado la naturaleza a nosotros. Aunque existen varias concepciones acerca del trabajo, la forma más constructiva de verlo es como el elemento indispensable para lograr el desarrollo armónico del hombre y la naturaleza; esto es, descubrirse como personas que utilizan el trabajo como un medio para alcanzar el desarrollo individual y el de la sociedad.

El mejor método para lograr el autoconocimiento es el desarrollar un proyecto de vida, que básicamente consiste en responder tres preguntas existenciales que son:

1. ¿Quién soy? 2. ¿Hacia dónde voy?

3. ¿Qué debo hacer para lograrlo?

A continuación ofrecemos un pequeño ejercicio que se puede realizar para iniciar o actualizar, según sea el caso, su proyecto de vida, y para ello es conveniente darse unos minutos de tranquilidad y tratar de que las respuestas sean contestadas lo más sinceramente posible. Antes de entrar en materia, recuerde que es importante:

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 Que se desee lo que uno se propone intensamente y que sea

creíble y posible.

 Que se pregunte por qué se quiere realizar.

 Que realice un plan de acción por escrito, con plazos y

recompensas por cada logro.

 Que se enlisten los posibles obstáculos.

 Que se vea a sí mismo habiendo logrado ya la meta, y que apoye

su plan con determinación y constancia.

Las preguntas para establecer un proyecto de vida y profesional son: 1. ¿Cuáles son mis cinco valores principales en la vida? Escríbalos

y después establezca un orden jerárquico.

2. Escriba sus tres metas más importantes en la vida personal. 3. Escriba sus tres metas más importantes en la vida profesional. 4. Pregúntese cuáles son las causas por las que quiere triunfar. 5. ¿Cuáles son mis motivaciones para lograrlo?

6. Escriba el plan a seguir para lograr sus propósitos, con objetivos claros, acciones, plazos y posibles obstáculos.

Para finalizar, recuerde que en usted está la decisión de cambiar.

“El trabajo ayuda siempre, puesto que trabajar no es realizar lo que uno imaginaba, sino descubrir lo que uno tiene dentro”

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LA TRASCENDENCIA DEL TRABAJO EN MI VIDA PERSONAL

“Tengo, que ir a trabajar”. “El trabajo es tan malo que hasta tienen que pagarte por hacerlo”. Estas frases representan la idea de que el trabajo es algo “malo”, algo que tenemos que realizar, y que lo mejor sería que no existiera. Este concepto ha tenido grandes raíces históricas que se han infiltrado hasta nuestros días. El gran sueño de muchas culturas ha sido la existencia de un paraíso terrenal, paraje en el que todo está en completa armonía donde no existe el caos ni la maldad, y la naturaleza es pródiga con quienes habitan allí.

Es esta idea del paraíso terrenal nos ha llevado a asumir al trabajo como algo “malo”, “pesado” y “doloroso” que tenemos que realizar si queremos subsistir. Pensamos que algún día estuvimos en ese lugar paradisíaco, lo añoramos y quisiéramos regresar a él. El problema es que no existe una sola prueba fidedigna de su existencia.

¿Cómo hacer para que el trabajo deje de ser una pesada carga? Ante todo, buscando la trascendencia personal en él. Sigmund Freud decía que la familia y el trabajo son los dos pilares de la existencia y del desarrollo de la vida; es decir, que el amor y el trabajo son las dos tareas que permiten desarrollar la vida en un sentido positivo.

Por medio del trabajo debemos adquirir una mejor calidad de vida personal, traducida en una forma diferente de existencia dentro de una organización que busca el desarrollo del trabajador, así como la eficiencia empresarial.

Para que logremos ser exitosos en nuestro ambiente laboral, no es suficiente conocer sobre lo que vamos a hacer y contar con las habilidades para hacerlo, sino que también es importante que tengamos la disposición de realizar todos los esfuerzos necesarios para alcanzar nuestros objetivos.

Cuando nos preocupamos de hacer bien nuestro trabajo; pero al mismo tiempo nos sentimos escuchados en nuestros anhelos, acompañados en nuestro proceso de crecimiento, guiados en nuestros aprendizajes diarios y reconocidos por nuestros logros, es más probable que percibamos con orgullo el trabajo que realizamos y podamos sentirnos comprometidos con el éxito de la empresa con quien compartimos nuestras competencias.

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“Mi riqueza personal” implica estar dispuesto a trabajar para crear para mí y los demás en un ambiente de trabajo agradable y humano que permita, mediante el respeto a las diferencias y el aprovechamiento de la diversidad, unir esfuerzos en el logro de las metas propuestas.

“Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un

hombre extraordinario”

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EL VALOR DEL TRABAJO EN EQUIPO

Una de las definiciones básicas de trabajo en equipo es: “grupo de personas que trabajan de manera coordinada en la ejecución de un proyecto para conseguir un objetivo específico”; sin embargo, trabajar en equipo implica mucho más. Ante todo, el equipo está formado por personas que tienen valores, habilidades, limitaciones y una historia de vida.

El trabajo en equipo requiere de una actitud de servicio y un espíritu de conjunto, en donde todos sus miembros acepten ceder parte de su libertad e intereses individuales hacia un objetivo común, sabiendo que es la mejor forma de conseguir lo propuesto, respetando al máximo la dignidad del ser humano.

Los valores son el motor del trabajo en equipo y muchas veces no estamos concientes de ello, como por ejemplo: la confianza que se tienen mutuamente las personas al compartir una dirección común hace que lleguen a su destino más fácilmente. La solidaridad es imprescindible en cualquier situación. La responsabilidad que cada integrante asume al realizar las funciones encomendadas lleva al equipo a cumplir con oportunidad y efectividad los objetivos. El respeto a la individualidad de los compañeros y la tolerancia a la personalidad de los demás ayuda a laborar en un ambiente de armonía y paz.

Un buen ejemplo de trabajo en equipo es una orquesta musical. En ella, lo que realmente importa es que los intérpretes y artistas sepan tocar juntos. De allí que el valor del trabajo en equipo sea acrecentar los aportes por parte de cada uno de sus miembros en un ambiente de cordialidad, comunicación y colaboración que facilite la libre expresión de ideas y opiniones de cada uno.

Muchas personas se preguntan el por qué deben trabajar en equipo si ellas, en lo individual, dan buenos resultados. Una posible respuesta desde el punto de vista institucional es que, a medida de que se unen esfuerzos de diferentes especialidades, se mejoran e innovan los procesos, además de que se integra a los miembros de la organización creando sinergia.

Desde una perspectiva personal, trabajar en equipo favorece la pertenencia a un grupo donde se pueden demostrar y compartir las

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