COMPENDIO
DE LA HISTORIA UNIVERSAL,
ó
P I N T U R A H I S T Ó R I C A
D E T O D A S L A S N A C I O N E S ,
SU ORIGEN, V I C I S I T U D E S Y PROGRESOS HASTA NUESTROS DÍAS.
OBRA ESCRITA EN FRANCÉS
Por Mr. Anquetil, miembro de varias Academias literarias.
TRADUCIDA
POR Mí PADRE DON FRANCISCO VAZQVEZ,
Clérigo Reglar de San Cayetano.
T O M O vi.
MADRID EN LA IMPRENTA REAL.
POR D. PEDRO JULIAN PEREYRA, IMPRESOR D E CÁMARA D E 3. W.
C O M P E N D I O
D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L .
CONTINUACIÓN DEL IMPERIO PE CLAVDIO*
U f a nueva esposa de C l a u d i o se llamaba A g r i -pina : era hija de Germánico , y poco digna de la otra Agripina su honrada madre. L a habia dado Tiberio en casamiento á Domicio A h e n o
-barbo, de quien tuvo un hijo, conocido después con el nombre de N e r ó n . Muerto su esposo mereció que por sus galanterías la desterrase C a l í g u l a . Claudio la levantó el destierro, y la casó con Pasieno, hombre m u y r i c o , y ella le hizo asesinar por gozar de sus bienes, que él la dexaba en su testamento. E n los últimos.años de Mesalina su freqüente concurrencia al pa-lacio de Claudio su t i o , causó muchos zelos á la esposa; y esta quando pereció estaba p e n -sandp en deshacerse de una sobrina tan importuna; pero ya Agripina tenia al viejo E m -perador acostumbrado á complacerla, y solo trataba de asegurarse, colocándose á su lado como muger propia.
Solo el título la faltaba, y el conseguir-le tenia sus dificultades, porque no había ea Roma exemplar de que un tío se casase con la hija de su hermano. E l escrupuloso C l a u -dio temia que un incesto fuese causa de ca-lamidades en el imperio; pero le sosegaron haciéndole prometer que haria quanto le pres-cribiese el Senado: y ordenando después este que se casase con Agripnia. Antes de este ca-samiento ya habia tenido poder para separar de Claudio á un joven, llamado Silano, desti-nado para Octavia su hija, porque la futura suegra temia su mérito; y así le calumnió de comercio criminal con su hermana Julia Si-lana , que habia sido casada. E l fundamento para la acusación fue que el hermano en l u -gar de llamar V e n u s á su hermana, porque este nombre se mereció su hermosura general-m e n t e , la llageneral-maba Juno , diosa que era jun-tamente muger y hermana de Júpiter. Esto daba por prueba de que quería reunir en J u -lia los dos títulos, y por consiguiente era in-digno de la hija de un Emperador. Tanto se empeñó en deshonrar al que habia de ser su hierno que el joven se quitó la vida deses-perado.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 5 Un fausto no conocido en las demás Empera-trices : de todo disponía, e n todos los nego-cios se mezclaba, hasta sentarse al lado del Em-perador en el Senado y en los tribunales. Conociendo la debilidad de su esposó y su facilidad en dexarse seducir, no le dexaba dar sin ella un paso ; y desgraciada la muger de quien se sospechase que le habia agradado, aunque fuese involuntariamente. Calpurnia fue desterrada porque le pareció hermosa. Paulina, como mas peligrosa porque la habia querido e n otro tiempo , fue acusada de an-dar en hechicerías, y desterrándola, la hizo quitar la vida en el destierro. C o n el fin de borrar lo odioso de sus execuciones, y con-seguir la fama de muger arreglada, llamó al filósofo Séneca; mas no por esto consiguió á
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tan íntegro y desinteresado como C i l o . " E n -tonces dixo el Emperador: „ Continúe pues por dos años." E n aquellos dos años se tragó el Gobernador todo lo que habia empezado
á comer.
ce-sará la posteridad de alabar vuestra clemen-cia." Este discurso, lleno de valientes recon-venciones y discretas alabanzas, agradó tanto á C i a u d i o , que le concedió la libertad así á é l , como á su esposa y sus hijos. L e llevaron por la ciudad advirtiéndole que admirase la magnificencia; y preguntándole qué le pare-cía, respondió: „Pasmado estoy de que unos hombres que tienen palacios tan soberbios los dexen para ir á quitar á los Bretones sus mi-serables cabanas."
pre-DE XA HISTORIA U N I V E R S A ! . 9 torianas en su campo. Este exército habia
te-nido hasta entonces dos x e f e s , sin duda con el fin de dividir la autoridad, y para que el uno velase sobre el otro; pero Agripina con pretextos especiosos persuadió á C l a u d i o que no pusiese mas que uno. Por su recomendación se dio este empleo á Burrho Afranio , bien conocido por sus talentos militares, é incapaz de olvidar á la que le habia procurado su plaza.
Se hallaba en lo mas alto de la grande-za y el poder por el crédito que la daba e l casamiento de N e r ó n , su h i j o , con Octa-via , y por la estimación que este Príncipe se merecía por sus bellas calidades, y esta estimación resaltaba en su madre. N e r ó n ha-cía particular estudio de servir á quantos se valían de su protección, y defendía con ca-lor la causa de los oprimidos. Se complacía Agripina en su hijo; pero tenia zelos de él. L a persuasión de que L é p i d a , su cuñada, pre-tendía mandar en su sobrino costó la vida á
podía sufrir que mandase. Para perder á su cuñada se valió Agripina de la acusación de sortilegio y conjuraciones mágicas contra la vida del Emperador: crimen que Claudio creía fácilmente. Se dice que precisó á su hijo á
que diese testimonio contra su tía á quien amaba. D e la misma calumnia de sortilegio se sirvió para quitar con la vida á Estatilio sus hermosos jardines que ella codiciaba.
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á librarse de sus temores por una enferme-dad que sobrevino al Emperador : esperó por algunos dias á que la muerte se le l l e -vase antes que pudiese hacer disposiciones contrarias á sus miras; mas para mayor segu-ridad le hizo dar un veneno que le dexase del todo i n ú t i l , y después otro mas violen-to que le quitó la vida á los setenta y quatro años de e d a d , y á los trece de su r e y -nado.
A u n q u e todo estaba previsto com anticipación, ocultaron su muerte hasta haber t o -mado las últimas medidas. Entonces se abrieron las puertas de palacio , y N e r ó n acompaña-do de B u r r h o , xefe de la guardia pretoria-n a , se adelapretoria-ntó hacia la cohorte segúpretoria-n cos-tumbre , fue recibido con aclamaciones, y por orden del xefe le entraron en una litera. S e dice que algunos soldados se detuvieron d u -dosos mirando con inquietud, y pidiendo a Británico; pero como este Príncipe estaba en el palacio detenido, y no vieron que favo-reciese ninguno sus derechos, siguieron la mul-titud. N e r ó n , transportado al campo, prometió una gratificación, y fue declarado E m p e -rador.
los catorce años, no fue en muchos días mas q u e un espectador de las venganzas de su madre Agripina. Esta puso en la precisión á N a r c i s o , porque quisiera haber salvado á L á -pida , de darse la muerte por temor del tormento : sus riquezas excedian á las de C r e -so y á las de los Reyes de Persia. A Julia-n o , porque fue por uJulia-n iJulia-nstaJulia-nte teJulia-nido por digno del imperio, sin haber aspirado á con-seguirle , le dio veneno> con diferentes pre-textos quitó la vida á diferentes personas que la desagradaban ; y sin duda hubieran sido mas las crueldades, si Burrho y Séneca, q u e gobernaban á N e r ó n , no hubiesen empeñado
á su discípulo en detenerlas. Estos dos hom-bres procuraban por emulación formar u n grande Príncipe, y al principio tuvieron mo-tivo para lisonjearse de sus cuidados, porque e l joven Emperador mostraba virtudes que e l Senado recompensó con honores y alaban-zas excesivas, que algunas veces no admitió por modestia. Su madre por el contrario, afec-taba llena de ambición el fausto de dominar, y la igualdad con su hijo en la clase y e l poder.
E n algunas ocasiones se vio precisado á
DE %A HISTORIA UNIVERSA^. 1 3 maestros. D e esto se quejó e l l a , y se la oye-ron reprehensiones acompañadas de amena-zas que dieron lugar á una acusación jurí-dica. E l joven Emperador pensaba en dar fin á esta especie de proceso dándola muerte; pero Burrho consiguió que fuese juzgada. F u e declarada inocente, y entró en gracia de nue-vo ; pero antes habia pasado quantas pesadum-bres podian mortificar su soberbia, arrojada de palacio, abandonada de todos los cortesa-nos , sin guardia de honor, y sobre t o d o , pri-vada de Palante su amado favorito. Q u a n d o este se despidió de N e r ó n , viendo que l e seguía un tropel del p u e b l o , dixo con bas-tante gracia el joven Emperador: „Palante va á hacer renuncia de la potestad suprema."
á tomar sobre su discípulo Otón y otros fa-voritos , con quienes los dos maestros lucha-ban sobre el crédito. Pero sea el motivo e l q u e se q u i e r a , no se puede justificar la ac-ción siendo criminal; y hubiera sido para ellos mas honorífico dexar una corte en donde fer-mentaba la corrupción, madre de todos los vicios.
ciu-JDE I A HISTORIA U N I V E R S A ! . 1 $ dadanos de R o m a , grandes y pequeños , y
dio orden de publicar los arreglos relativos
á los impuestos para que supiese cada u n o lo que debia pagar. Prohibió que los G o -bernadores de provincia diesen aquellos es-pectáculos, que solo sirven para cerrar la boca al p u e b l o , que es e l que hace todo e l gasto. Permitió reclamar contra los anti-guos delatores. U n o de los mas infames, llamado S u i l i o , perseguido con ardor por S é -neca, le imputó en recriminación un comercio escandaloso con J u l i a , hija de G e r m á -nico , cuya desgracia también le tocó á é l , imperando C l a u d i o : haber andado á caza d e herencias y sucesiones: haber llenado la Ita-lia y las provincias de usuras; y haber jun-tado en quatro años mas de siete millones de oro. Estas reconvenciones, verdaderas ó falsas, hicieron mucho daño á la reputación del fi-lósofo. Por este tiempo se vio en Roma e l fenómeno y prodigio, de que Saturnino, sien-do muy rico y estimasien-do, y Gobernasien-dor de R o m a , muriese de su muerte natural á los noventa y tres años de su edad.
los bellos años de Nerón. Se cuentan esto? hasta quatro ó cinco; bien que marchitó es-ta gloria con sus costumbres. Y a desde en-tonces se le veia correr las calles de noche disfrazado de esclavo con los compañeros d e sus desórdenes que saqueaban las tiendas, apa-leaban á los que veian pasar, y cometian otras mil insolencias, vergonzoso aprendizage d e otras mas funestas que se siguieron. N o l e reformó ni arregló el a m o r , porque se l e inspiraron personas incapaces de darle digni-dad , y entre otras la hermosa Popea , hija de aquella á quien Mesalina habia mandado matar por zelos. Esta P o p e a , la muger mas hermosa de su tiempo, á todas excedía en la dulzura de su conversación, en espíritu y m o -destia aparente ; mas no tenia límites en su lascivia: no hacia caso de su reputación, ni diferencia alguna entre un galán y un ma-rido.
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admitió en efecto como destierro decente, y en e l qua! se hizo honor: „ sufriendo mejor, dice T á c i t o , la ocupación que la ociosidad." D o s personas perjudicaban á Popea para su pro-yecto de ceñir la corona imperial: estas eran Agripina y Octavia. L a vanidad de la primera no la hubiera dexado ver sin resistencia que su hijo se acompañase en el trono con una prostituta: y aun se asegura que su ambición y el furor de reynar la enagenáron tanto que provocó al joven Emperador á caricias q u e no eran las de un hijo á su madre. Otros dicen que fue el hijo el que al fin de un convite , en que reynaba la libertad , mani-festó deseos muy decididos, y que para apar-tarle del peligro no hallaron otro medio los maestros Séneca y Burrho, que llamar á Actes; ¿ pero cómo era posible que hubiera osado á manifestar estos deseos, si la conducta de su madre, demasiado conocida, no le hubie-ra dado atrevimiento ? ¿ Y qué diremos de los dos maestros que se daban t í i i poco á
res-petar asistiendo á semejantes escenas, y adop-tando un medio tan lascivo para concluirlas?
A l desprecio que daba á entender tal olvido del respeto filial, supo Popea añadir en Nerón la indignación: y persuadida á que
nunca sufriría Agripina que repudiase á O c -tavia , creyó que lo mejor que podía hacer era irritarle contra su madre , diciéndole al-gunas veces: „ E s o es vivir baxo de tutela en lugar de ser señor del imperio, no lo sois ni de vuestra persona. Y o mas quiero , conti-nuaba malignamente, ir á buscar a O t ó n , y vivir con él en algún rincón del mundo, que oir tales infamias y verlas todos los dias." A estos discursos añadía las mas negras calum-nias , acusando á la madre de que tiraba á la vida de su hijo. N i n g u n o hablaba en fa-vor de la Emperatriz , porque todos, vién-dola tan soberbia y a l t i v a , gustaban de ver abatirla, y ninguno creia que la cólera de un hijo contra su madre llegase al horrible ex-ceso de quitarla la vida.
DE LA HISTORIA UNIVERSA!,. 1 9 dispusiera, sin que adivinasen la causa de su
naufragio. Adoptado este m e d i o , convidó N e -rón á su madre á una fiesta cerca de Bayas, adonde ella fue con alguna inquietud; pero se sosegó con la graciosa acogida y el ayre se-reno de su hijo quando llegó. Después de haber pasado un dia de divevsion juntos, la propuso ir por mar al otro lado del estre-cho á una casa de campo destinada para su habitación. Se presentó una galera soberbia-mente empavesada, fue Nerón acompañando á su madre hasta la ribera , la dio un beso en los ojos, la estrechó entre sus brazos, la
hi-zo mil caricias fingidas ó verdaderas, porque con ser un monstruo pudo en semejante oca-sión verse oprimido con los horribles remor> dimientos.
Partió A g r i p i n a : estaba el mar en calma: el cielo claro y sin n u b e s , como si los dio-ses se hubiesen empeñado , dicen los histo-riadores, en quitar á Nerón toda excusa en es-te parricidio, haciendo que no pudiera atri-buirse á los vientos ni á las olas. N o esta-ba muy distante la emesta-barcación de la ribe-ra quando dada una señal, cayó el tablado de la cámara en donde se hallaba A g r i p i n a , y por estar cargado de plomo reventó á un
bre que estaba á su lado; pero por donde se hallaba ella y Aceronia, una de sus damas, lo detuvo una v i g a , y se libertaron. A l mis-mo tiempo se rompió el navio; pero los ma-rineros , que no eran sabedores del caso, impidieron quedase enteramente sumergido. A g r i -p i n a , en vez de sumergirse , quedó sobre e l agua sostenida por sus vestidos. A A c e -ronia , q u e , creyendo ser mas prontamente so-corrida, decia ser ella la Emperatriz, la ma-taron á golpes con los remos. Agripina, lige-ramente herida por casualidad, se salvó á fa-vor de su silencio , y de algunas barquillas que acudieron de la ribera.
ca-DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 2 1 paces de sosegarle estas noticias. Desde que supo que se habia errado el g o l p e , se apo-deró de su alma la desesperación, y y a l e parecía que estaba viendo á su madre infor-mando al p u e b l o , al Senado y al exército de su parricidio. ¿Y qué hemos de hacer? e x -clamaba. Burrho y Séneca, de quienes se sos-pechó estar instruidos de la trama, se halla-ban presentes. Quiso el Emperador enviar al primero para que matase á su madre, y é l respondió: „Aniceto fue el que e m p e z ó , sea también el que acabe."
te es el que has de atravesar" : al punto es-piró penetrada de multitud de heridas. D e este m o d o , dicen, se la cumplió el'deseo que había mostrado quando consultando á los A d i -vinos qual seria la suerte de su hijo, la res-pondieron : „ Q u e él seria Emperador, pero la quitaría la v i d a ; " y ella respondió: „ C o n tal que él r e y n e , mas que me la quite."
fren-KE I A HISTORIA U N I V E R S A ! . 2 3 te de todos iba Burrho. También el Sena-do le envió á felicitar por haberle escrito el Emperador que su madre pretendía asesinar-l e , y habia formado intención contra asesinar-la tranquilidad del imperio: que tenia odio al S e nado , á los soldados y al p u e b l o : y por ú l -timo , que su muerte era la pública felicidad. Esta carta era del estilo de Séneca. D e -cretaron los Senadores procesiones públicas para dar gracias á los dioses, y el dia en que nació Agrivina le colocaron entre los dias infelices: tal era por entonces el Senado r o -mano ; á excepción de Traseas P e t o , que salió de la sala indignado, y con riesgo de incurrir en el odio del tirano parricida.
Parecía haberse formado alguna liga pa-ra perderle á vista de lo que le aplaudían en sus pasiones aun las mas extravagantes: y
ano-c h e ano-c e r ; y apenas tenia tiempo para ano-comer en público como lo hacia, después de haber ad-vertido á los espectadores, que al salir de la mesa les cantaría con ayre de mas gusto. Un día mientras estaba cantando se conmovió to-do el teatro con un temblor de tierra ; mas no por eso cesó , ni dexó salir á nadie has-ta acabar su canción ; y así que el teatro que-dó desocupado se arruino.
Para disminuir su propia infamia procu-ró que imitase su exemplo la antigua noble-za , á quien su pobrenoble-za misma hacia capaz de todo. D e este modo los nobles se hicie-ron gladiatores, y hasta las mugeres no se avergonzaban de luchar en la arena. Cesó to-da moderación, porque se admitía á todo el mundo á este oprobrío sin distinción de eda-des , condiciones ni sexos. U n Senador podía hacer, sin que nadie le reconviniese, el oficio de bufón griego ó latino, con gestos y ade-manes lascivos. Las señoras del mas alto naci-miento se presentaban allí en deshonestas pos-turas. A l rededor de los sitios destinados á estos espectáculos habia tiendas surtidas de todo quanto pudiera desear el luxo y la tor-peza : habia tabernas y burdeles.
su palacio, le paseo por todas partes en Ita« lia y en Grecia , vestido de Emperatriz. „ D i -choso hubiera sido el mundo , dixo uno en esta ocasión, si el padre de Nerón hubiera tenido semejante mug-er." ¿Falta ya alguna es-pecie de excesos á las infamias con que el cielo permitió que este Príncipe se manchase en castigo de sus maldades?
Por entonces estaba casado con P o p e a , y
no contenta con haber arrojado á Octavia del trono y la Jo del Emperador, quiso que des-apareciese de sobre la tierra Los calumnia-dores que la suscitó la acusaron de trato y comercio con un músico de nauta; y aunque sus criadas puestas en el tormento sostuvie-ron la inocencia de su señora, no por eso de-xáron de desterrarla, y de sofocarla, cortadas las venas, con el vapor de un baño caliente: y esto á los veinte y dos años de su edad. ¡Infeliz Princesa , que tuvo este premio por haber traido á Nerón el imperio en dote! N o logró en su vida un momento de feli-cidad.
DE XA HISTORIA UNIVERSAL. 2 7 quien hace un autor trágico hombre de he-roycos sentimientos, fue envenenado. Séneca, cuyas obras estoycas hacen maravilloso con-traste con su condescendencia en los excesos de su discípulo, después de habérsele e n v u e l -to injustamente en una conjuración, de lo q u e él se justificó: salió mal de otra segunda acusación , y le precisaron á hacerse abrir las v e -nas, hasta que agotada la sangre murió; bien que Nerón tuvo la bondad de mandar cer-rar las de Plancina, esposa del filósofo, que habia imitado á su marido; pero la quedó una palidez que toda su vida dio testimonio de su amor.
L a misma P o p e a , aquella á quien tanto amó N e r ó n , llegó á serle importuna con sus representaciones, y no se libró de la brutalidad de su esposo. L e hacia esta varias r e -convenciones sobre algunos excesos; y él ir-ritado , estando ella en cinta, la dio en el vien-tre una patada, de la qual murió. E n es-te bárbaro se advieres-te una ferocidad reflexio-nada y á sangre f r i a q u e añade horror á la crueldad. Presentándole la cabeza de un tal Ruberio, que acababa de ser asesinado por su orden, la contempló con complacencia, y
te-rúa una nariz tan larga." E n circunstancias casi semejantes estuvo Agripina mirando con curiosidad la cabeza cárdena de una de sus rivales, y abriéndola la boca se detuvo á exa-minar los dientes, que á lo que parece tenían algo de particular. ¡ O qué monstruos eran
personas semejantes!
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 2 9 que si Nerón no era el autor de aquel fueg o , á lo menos fuegustaba de verle durar. C o n -templándole desde lo alto de su palacio, de-clamó un poema de T r o y a abrasada, vesti-do con el mismo trage con que se presentaba en el teatro cantando. Se dice que h u -biera querido ver á Roma quemada del to-do con el objeto de edificar en su sitio una ciudad y poder darla su propio nombre. Sobre los escombros humeantes del sitio mas maltrata-do por las llamas levantó el mas vasto y mag-nífico palacio, en el qual se v e i a n , ademas de los mas bellos adornos de la arquitectu-ra y los muebles mas ricos, jardines del mas exquisito g u s t o , y hasta lagos y bosques.
Christianos, los quales se habían multiplicado ya mucho en la capital : r e f i n o quanto pu-do acerca de los tormentos c^ue habían de padecer : unos cubiertos de pieles de fieras eran entregados á los perros, que los devo-raban : otros puestos en una cruz espedevo-raban una muerte lenta entre agudísimos dolores: y otros por ú l t i m o , cubiertos de materias com-bustibles , y clavados á varios postes , ó ar-rojados en diferentes fuegos, sirviéndoles de pábulo con su carne, eran las luminarias que daban luz á las diversiones de un monstruo que vestido de cochero recorría las alamedas en su carro. Pero ni estas atrocidades, ni al-gunas señales de bondad que dio al puablo pasado el incendio, pudieron conseguir que ca-yese la opinión de que él habia sido el in-cendiario.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 3 1 le excito la gloria de vengar á sus conciu-dadanos y librarlos del tirano mas horrible, quanto el deseo de conseguir el imperio. C a -si en sus principios estuvo para ser descu-bierta la conspiración por la imprudencia de una liberta, llamada Epicaris, cuya conduc-ta de nada tenía menos que de arreglada. Esta ó la emplearon, ó ella misma se em-pleó en ganar cómplices entre las tropas, y abrió indiscretamente su corazón á un tribu-no que la descubrió. Ella negó con tanta fir-meza que no la pudieron convencer; pero Nerón la hizo guardar en la cárcel.
que rezelar á Milico. Este dio cuenta al Em-perador , el qual en estos preparativos vio de repente la conspiración contra su vida Se aseguró de Escevino, quien al principio se defendió muy bien ; pero la muger del li-berto indicó coloquios y conferencias secre-tas , con lo que arrestaron á muchas perso-nas. Estas se contradecían en el interrogato-rio : una asustada de ver el aparato de la tortura , declaró á sus mejores amigos : otra hasta á su propia madre.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 3 3 fueran inocentes, y que los atormentados no los declararon, aunque los conocían muy bien por cómplices. Asistía Nerón á estas horri-bles escenas con tan atenta observación, que no podían los xefes de los verdugos suavi-zar de ningún modo los tormentos £ n uno de estos interrogatorios, viéndose uno de los jueces ya para ser acusado , hizo cierta de-mostración de que quería matar al tirano, y un cómplice le detuvo con una seña , dán-dole á entender que aun no era tiempo. L a mayor parte mostraron muriendo mas forta-leza que la que se necesitaba para executar su designio.
Pisón se hizo cortar las venas. Laterano, Cónsul designado, respondió con los térmi-nos del mayor desprecio á Epafrodito que te-nia orden de interrogarle : y aun tuvo ge-nerosidad para no reconvenir al tribuno, q u e era cómplice con é l , y tenia el encargo d e degollarle. Herido ya con el primer golpe, se puso por sí mismo en proporción de ser decapitado. Subrio, xefe de una cohorte pre-toriana , preguntándole Nerón por qué ha-bía faltado al juramento de fidelidad, respon-d i ó : „ Y o te he sirespon-do fiel mientras tú lo me-recías ; pero no te he podido sufrir desde
que llegaste á ser parricida, cochero, bufo^t :
é incendiario." Esta animosa respuesta fuel§j.| que N e r ó n sintió mas. Sulpicio A s p e r , á quiegí ? preguntaba por qué habia conspirado contrj: [
é l , le d i x o : Porque no hallaba otro reme* i dio á tus maldades." Los talentos en vez de¡ j servir de salvaguardia, se atraían una aten?! cion peligrosa. E l poeta Lucano pereció maj: por sospechas que por haberle convencido^' Petronio tuvo antes de morir el gusto ds¡ dexar una sátira, cuya libertad se tiene por j una memoria de las infamias de N e r ó n , cre-1
yendo que así le sacrificaba á los desprecios ¿i] la posteridad. A u n q u e no tuviese alguno mas culpa que la de no gustarle, bastaba para que no le perdonase el tirano, y se complacía en asustar á los mismos que creia inocentes. Envió
á quitar la vida al Cónsul Vestino , que
esta-ba dando un gran convite, quando ni aun se creia que se acordase de é l , pues no habia in-currido en la conjuración ; pero Nerón le aborrecía: hizo que toda la noche estuviesen los convidados con guardias entre las angus-tias de la incertidumbre , y d i x o , enviando á
ponerlos en libertad: „ Bien han pagado la
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 3 <¡ d o s , porque á unos los echó de R o m a ,
hi-zo encarcelar ó matar de hambre á otros con sus preceptores y criados, y exterminaba de una vez familias enteras. Mientras se ha-cían estas execuciones y muertes, resonaban en los templos las acciones de gracias y cán-ticos de alegría. E s t e , á quien habia quita-do el h i j o , a q u e l , á quien habia privaquita-do de un pariente ó un amigo , adornaba su casa como en una fiesta y regocijo público. Los Senadores aparentaban un gozo proporciona-do á la tristeza que precisamente ocultaban: decretaban ofrendas á los dioses, y
princi-palmente al sol , que habia descubierto la conjuración, para que no se executase la muer-te en su muer-templo, como estaba proyectada ; y el puñal que habia de servir de instrumen-to fue consagrado en el capiinstrumen-tolio. ¿ C ó m o podia el tirano menos de tener estas apa-riencias por sinceros testimonios de alegría, viendo que unos iban á besarle la mano, y otros á abrazarle las rodillas ? A muy pocos perdonó; pero dio grandes recompensas á los denunciadores y á los verdugos. Libre ya de inquietudes, volvió á tomar el arpa y e l vestido de cómico , y se presentó en la es-cena sujetándose á todas las leyes del teatro;
esto e s , á no reposar ni limpiarse con el ves-tido , y á no gargajear ni sonarse mientras duraba la acción : por ultimo , poniendo una rodilla en tierra y saludando al concurso, es-peraba la sentencia de los jueces con la mo-destia de un hombre que la aguardaba con te-mor ; pero no habia seguridad ni aun en pare-cer indiferente: pues tenia espias esparcidas por el anfiteatro que observaban el semblante de cada uno ; y aun Vespasiano corrió peligro de la vida por haberse dormido, después que habia estado en vela aquella noche guardan-do su puesto.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 3 7 q u e no había mas recurso que morir. Se en-cerraron todos tres en un mismo quarto , los llevaron al baño, y allí les abrieron las ve-nas con un mismo hierro. Miraba el padre á
su h i j a , la madre á sus h i j o s , y cada uno deseaba ser la primera víctima de la muerte que se les acercaba. L a mas anciana espiró antes según la ley de la naturaleza, después murió el p a d r e , y últimamente la hija: y el Senado fue tan vil que los declaró por reos
d e alta traición.
L a otra escena es el proceso de Traseas, aquel Senador intrépido que no quiso aplau-dir la muerte de Agripina , ni ofrecer sacri-ficios por la conservación de la voz divina del Emperador : estos fueron los principales ca-pítulos de acusación contra él. Las culpas de Sorano, citado también á j u i c i o , eran q u e siendo Gobernador de Pérgamo no habia permitido que Acrato , liberto de N e r ó n , se l l e -vase las estatuas y pinturas de esta ciudad. Por último, á su hija Servilia se la imputaba á
audien-cia entre dos filas de soldados, con el encar-g o de decir á los Senadores qual era su de-lito. D e esta obra de iniquidad solo se sabe e l interrogatorio de la hija de Sorano, de la que el historiador asegura que era joven y hermosa. „¿Has consultado tú á los adivinos?" la preguntó el juez. „ S í , respondió ella con ingenuidad y candor; pero fue para saber si habia medio de aplacar al Emperador y sal-var la vida de mi padre." „ ¿ N 0 has vendido hasta las joyas para emplear el dinero en con-juraciones mágicas?" A q u í se postró en tier-ra la desconsolada Servilia, y después de al-gunos instantes de silencio, d i x o , abrazando al altar y con los ojos bañados en lágrimas: Y o no he invocado divinidad alguna prohi-bida : todas mis súplicas han sido santas, y sin
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 3 9 inocente en la condenación de su padre." Q u i -so abrazar á su hija, esta le extendió sus bra-zos, y se pusieron por medio los lictores. Aunque por haberse perdido esta parte de la historia de Tácito no sepamos qual fue la suer-te del padre y de la hija, no nos permisuer-te creer el carácter conocido de N e r ó n que es-te bárbaro se compadeciese. Traseas se hizo
abrir las venas%
per-der. Temiendo que quando hablaba en publico se le desarreglase el tono con descrédito de su admirable órgano, creó un e m p l e o , y el que le tenia debía advertirle quando no se afina-ba lo suficiente, y ponerle un lienzo en la boca si arrebatado de alguna pasión no aten-dí? á sus advertencias. Este empleo no tiene exemplar en la historia.
DE I A HISTORIA UNIVERSAI,. 4 1 Todos se admiran de la inacción insensible de una ciudad como R o m a , grande y o p u -lenta, en la qual, á pesar de las proscripcio-n e s , habia auproscripcio-n familias distiproscripcio-nguidas; hombres de grande mérito, un Senado numeroso, los Magistrados del antiguo gobierno, Cónsules, Tribunos, Censores, Ediles, Pretores, y otros que eran la fuerza y ornamento de la repú-blica. Habia colegios de sacerdotes encarga-dos de la magestad del c u l t o , escuelas para la enseñanza , el orden de los caballeros capaces de reflexionar y obrar; y entre los r i cos y el populacho la clase de hombres i n -dustriosos que tienen necesidad de la paz , y
ani-jnaban á los delatores y los castigos consiguien-tes introduxéron el terror en todas las almas, y pusieron silencio á los que pudieran recla-mar. Y a los tribunales y aun el mismo Se-nado no eran los intérpretes de la justicia, si-no ministros de la voluntad de aquel que echa-ba mano de las calumnias y verdugos. E l pue-blo estaba contento ó indiferente porque le proporcionaban fiestas y le divertían con es-pectáculos: y sobre todo se procuraba que no le faltasen víveres.
propieda-DE 1 A HISTORIA U N I V E R S A ! . 4 ^ des , y por estar sacrificados igualmente al que podía soltar la rienda á su codicia. A la par-te industriosa la conpar-tenia y hacia dócil á las voluntades de los tiranos el temor del pilla-g e que continuamente la amenazaba baxo la espada de las cohortes y el puñal del baxo pueblo. D e este modo se dexaba Roma su-blevar , agitar y calmar como la ciudad mas pequeña.
Los primeros golpes contra este Príncipe salieron de la Galia C é l t i c a , cuyo Gobernador era Julio V i n d e x : descendía de los R e -yes de A q u i t a n i a , y por su origen se le hacia mas insoportable ver suspirar á los G a u -las oprimidos con impuestos. Juntó hasta cien mil de e l l o s , y envió públicamente á propo-ner á Galba , Gobernador de una parte de España, cuyas secretas intenciones conocería sin d u d a , que se juntase con é l , prometiendo re-conocerle por Emperador ; y el Gobernador de Aquitania al mismo tiempo le pedia so-corro contra V i n d e x . G a l b a , dudoso entre dos proposiciones tan opuestas, juntó sus amigos, y estos le aconsejaron que sondease las
-DE XA HISTORIA U N I V E R S A ! . 4 $ . chas personas ilustres inhumanamente sacrifi-cadas , é hizo un discurso vehemente , en que reprehendía todos sus delitos. „ ¿ Q u é atenta-do ha siatenta-do para él demasiaatenta-do horrible? ¿ N o se ha manchado con la sangre de su padre, de su madre , de su muger , de su precep-t o r , con la de precep-todos quanprecep-tos en el Senado, en la ciudad y en las provincias se distinguían por su nacimiento y sus riquezas, ó por su valor y virtud ? L a sangre de tantas víctimas inocentes pide á gritos la venganza. Pues te-nemos armas y ocasión de servirnos de ellas, avergoncémonos de estar por mas tiempo sa-crificados , no á u n Príncipe , sino á un in-cendiario , á un parricida , á un cantarín , á un comediante, á un.... ¿Podré y o honrar con e l nombre de hombre á un monstruo, que no pertenece á nuestra especie, pues tiene á un hombre por marido, y él es marido de otro hombre ? " Galba al concluir protestó á la nu-merosa asamblea, que le saludaba Emperador y A u g u s t o , que él se tomaba el mando co-mo teniente del Senado y del pueblo.
pero á pesar de ambos pelearon los dos exér-c i t o s : V i n d e x fue el venexér-cido, y se quitó la vida. E l exército victorioso ofreció á su G e n e r a l el imperio; pero este no le admitió, diciendo que no sufriría que alguno exercie-se el soberano poder si no exercie-se le conferia el Se-n a d o , que era á quieSe-n perteSe-necía de dere-cho. Esta resolución paró á Galba , porque sus negocios con la derrota de V i n d e x estaban reducidos á una crisis t e m i b l e ; pero N e -rón lo ignoraba.
T>E ! A HISTORIA U N I V E R S A ! . 4 7 sino rabia. Quería enviar á todas las provin-cias asesinos que matasen á los Gobernadores, á los Generales de exército , á todos los dester-rados, temiendo que se declarasen por los re-beldes; y hacer degollar á todos los Gaulas que habia en Roma como cómplices de sus paisanos: dar veneno á todo el Senado en un convite : poner fuego á la ciudad , y soltar á un mismo tiempo todas las fieras que se guardaban para los públicos espectáculos pa-ra que los habitadores no pudiepa-ran apagar las llamas.
Sobrevino hambre , y dixéron que ha-bía llegado un navio de E g i p t o , que era el pais de donde venia regularmente el remedio de este mal. Acudió el pueblo creyendo ha-JJarJe JJeno de trigo, y
vio
que veniacar-gado de arena para los gladiatores y lucha-dores : entraron todos en furor, se juntó tu-multuariamente el p u e b l o , hizo pedazos las estatuas del Emperador, rasgó sus retratos, sa-queó las casas de sus favoritos, y cometió una infinidad de desórdenes.
En estas circunstancias supo N e r ó n que se habian rebelado las legiones de la alta Alema-nia , y habian ofrecido el Imperio á Virginio. Se vio consternado, se previno de veneno , y tomó la resolución prudente de huir á Egiptoí pero dilató la execucion para el dia siguiente. Durante la noche Ninfidio , que era su ma-yor favorito después de Tigelino , formó el proyecto de apoderarse del trono. Era Ninfidio hijo de una liberta que seguia la corte, y muy condescendiente con los que la constituían. Por solo este título decia ser hijo de C a l í g u l a : y
porque tenia la talla, el ayre furioso de es-te Príncipe, y la pasión á los excesos con que él habia manchado su fama.
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de las guardias pretorianas. Mientras N e r ó n dormía, hizo decirlas que el Emperador se habia huido ; pero como estimaban tanto á G a l -b a , le hizo proclamar, aunque contando con que él se substituiría después en su lugar.
Despertó N e r ó n , supo la deserción de sus guardias, hizo llamar á sus amigos, pero nadie vino. Salió de su palacio, fue á buscarlos, y llamando á sus puertas, no le respondieron. V o l v i ó , y todo en su quarto habia desapareci-d o , muebles, pinturas, hasta la cama y la caxa del veneno : mandó á un gladiator que le mata-se , y este no quiso. „ ¿ Q u é es esto ? dixo, ¡ con que soy tan infeliz que no tengo amigos ni ene-m i g o s ! " F a o n , que era uno de los priene-meros, l e ofreció ocultarle en su casa de campo. S e puso en camino acompañado de quatro p e r -sonas , montado sobre un mal caballo, con un vestido viejo , y ocultando el rostro. Pasando por el campo de las guardias pretorianas, o y ó las maldiciones que le echaban los soldados. A la sazón habia una horrible tempestad , y los truenos, la l l u v i a , los relámpagos, hasta u n temblor de tierra, hacían su huida mas penosa. Se le cayó el lienzo con que cubría el rostro , y le conocieron ; pero é l , con e l temor de que le prendiesen, se entró por
tre espinos y zarzas hasta la puerta de la ca-sa , y después de alguna tardanza se la abrieron.
A l l í supo que el Senado le habia con-denado á muerte según la costumbre de los an-tiguos. Preguntó que qual era esta costumbre de los antiguos, y le respondieron: „ Ser des-pojado , atado á un poste por la c a b e z a , y azotado con raras hasta morir." Bien cono-cía que debia preferir una muerte mas pron-ta ; pero no tenia alientos para dársela: hubie-ra querido que alguno de sus criados le diese exemplo para animarle; pero ninguno se ha-l ha-l ó con disposiciones de compha-lacerha-le. Sacó un p u ñ a l , le acercó á la garganta, y dixo: „ ¡ Q u é hombre tan hábil va á perder el m u n d o ! " Es-ta fue una de sus últimas sentencias. Epafro-dito , su liberto, le hizo de un golpe el ser-vicio que pedia.
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carácter benigno y buen G e n e r a l , que había dado pruebas de moderación quando no q u i -so aceptar el Imperio sin el consentimiento del Senado; pero Galba se dexó gobernar de tres favoritos, cuyos malos consejos le hicie-ron cometer los desaciertos que abreviahicie-ron su reynado y su vida. E l primero V i n i o C e l i o , que con su fortaleza le había hecho aceptar e l Imperio mientras deliberaba sobre la oferta de V i n d e x , no quiso haber inspirado en va-no esta resolución, y orgulloso y altivo siempre estaba por el rigor. E l segundo C o r n e -lio L a c ó n , hombre de poco v a l o r , pero in-solente , habiéndole hecho capitán de las guar-dias pretorianas, no podia con estos defectos disimular su envidia contra los que tenian al-gún mérito. Por u l t i m o , í c e l o , esclavo antes, pero ya liberto, y el hombre mas codicioso, solo pensaba en juntar tesoros. Se hizo mas r i -co en siete meses que los mas avaros Minis-tros de Nerón en catorce años.
jjulso al imperio. Era exacto en la disciplina y la justicia, y algo severo; y se conduxo en e l mando de los exércitos y en el gobierno de las provincias de manera que se llevó la estimación pública. Desde que murió Caligu-la le solicitaron para que tomase el imperio , y él se negó á la oferta, y aun ayudó á> Claudio á subir al trono; y tal vez hubiera sido fiel á N e r ó n , si este por influxo de sus colectores de impuestos, porque no los ayudaba en sus exac-ciones como ellos deseaban, no hubiera mani-festado la intención de deshacerse de él.
proponien-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . $3
do comprar los votos con promesas exorbitan-tes , y le mataron. Muchas personas, aun con-sulares , se habían agregado á su fortuna, y envió Galba orden á Roma para que las con-denasen. Señaló su marcha con sangrientas exe-cuciones, algunas justas, y otras por provo-cación de sus Ministros apresurados á apro-vecharse de un reynado que no podía ser m u y largo. Se les reprehende de que todo lo ven-dían , los cargos, las provincias, las rentas pú-blicas , y la justicia, quitando la vida á los inocentes, y dexando libres á los culpados, de suerte que ya se temia en Roma la llega-da de un 'Príncipe antes tan deseado.
poner en el tesoro del estado nueve partes da las diez que habían recibido.
L e pidieron los Pretorianos la gratifica-ción que Ninfidio les habia ofrecido en su nombre , y respondió con sequedad: Yo es-cojo mis soldados, no los compro. E l grande rigor con que castigó á un cuerpo de ma-rinos que habian faltado á las reglas de la disciplina exasperó los espíritus de la sol-dadesca. E l asesinato de M a c e r , comandante en África , y el de Capitón en la baxa A l e -mania , sin que se supiesen sus delitos, y cu-yas muertes se atribuían á la envidia de los Ministros, hizo temblar á los hombres de al-guna distinción. E l pueblo estaba enfadado de no ver ya fiestas, espectáculos ni distribucio-nes, y de tener que trabajar: de suerte que estaba fermentando un sordo descontento que solo esperaba el instante de romper.
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cion de pedir otro Emperador. Esto fue lo que llevó al punto de madurez el proyecto, que el viejo Galba meditaba, de adoptar un sucesor ; el conocimiento de esta intención llenó la corte de intrigas: y los que íixaban la atención eran dos sugetos principales, Otón, el antiguo marido de P o p e a , y D o l a b e l a , riente cercano del Emperador. E l primero parecía el mas querido de G a l b a según los m u -chos favores que le hacia, y tenia de su par-te el voto de los corpar-tesanos de N e r ó n , lison-jeados con la esperanza de que con él nace-rían de nuevo los placeres: tenia también el de los soldados, de quienes era estimado, y la protección de V i n i o , que por no estar ca-sado pensaba darle su hija. L a c ó n , otro mi-nistro , estaba por D o l a b e l a , porque este l e parecía inclinado á dexarse gobernar.
le habían hecho tomar la resolución de insti-tuirle su heredero antes de ascender al imperio.
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se aprueba y lo que se reprehende en otros Príncipes. Aquí no sucede lo que en otras naciones, en las quales uno solo es el que manda, y todos los demás obedecen ; tú vas á gobernar unos hombres que ni pueden su-frir la servidumbre ni la libertad."
Y a Otón habia contado con el imperio; pero viendo frustradas sus esperanzas, y hallán-dose cargado de deudas, no tenia otro recur-so que el trastorno del estado. Sus esclavos y libertos, que esperaban contentos esta for-tuna, le animaron á no dexarse caer en se-mejantes circunstancias ; y uno de ellos le presentó dos hombres como muy á propósito para empezar una revolución. Era el primero V e t u r í o , simple soldado de las guardias; y el otro Barbio , oficial de poca graduación, que tenia á su cargo recibir por escrito la palabra, del Tribuno, y comunicarla en las tiendas. Los examinó O t ó n , y hallándolos capaces de qual-quiera ardua empresa , les hizo grandes re-galos , y les prometió otros mayores: los car-g ó de dinero, y los envió al campo bien ins-truidos , y no menos deseosos del acierto.
ma-rinos del castigo cruel de sus cantaradas diez-mados por una insubordinación. Y a se iban moviendo los espíritus, y quando poco mas ó menos consideraron los dos agentes que es-taban ya seguros, lo pusieron en noticia de Otón. Se resolvió p u e s ; pero no halló mas que veinte y quatro soldados en el puesto de donde había de salir la explosión. Asustado con tan corto número, quiso h u i r ; mas ellos le detuvieron; y juntándose otros veinte, le lie* váron al campo, y le proclamaron. Pasó de boca en boca el nombre de O t ó n , y á poco tiem-po resonó en la ciudad, que estaba llena de soldados. Galba tuvo noticia del h e c h o ; p e
-ro como no podia imaginar semejante desorden , tomó medidas muy débiles: envió .á P i -són á los pretorianos que estaban de guardia, se presentó Pisón á ellos, les hizo una arenga: manifestaron buena voluntad ; pero arrastrán-dolos el tropel los siguió Galba.
BE I A H I S T O R I A U N I V E R S A ! . 59 el pillage, porque no habia en la ciudad quar-tel que no estuviese hormigueando en sol-dados , y todos, por decirlo a s í , respirando robos y m u e r t e s ; pero los contuvo á fuer-za de ruegos y promesas. Solamente dio rienda á algunos de los mas feroces, cuya crueldad dirigieron sus emisarios contra aque-llos de quienes podia tener mas que rezelar ó temer. E n esta confusión mataron á V i n i o ; y Tigelino , que se habia librado de la jus-ticia de G a l b a , recibió de Otón orden para quitarse la vida , y lo executó en medio de sus cortesanos después de muchos sentimien-tos y abrazos. N o se creyó Emperador Otón hasta que le presentaron la cabeza de Pisón. D e Galba se dice que si nunca hubiera su-bido al trono , le habrían tenido por hombre capaz de gobernar.
noticia este Emperador, porque no le te-nia por capaz de empresa alguna importan-te : pues quando le dio el mando de la ba-xa Alemania al sentarse en el trono , decla-ró Galba que no se le conferia por tener-le en grande estimación, ni por la opinión ventajosa de su habilidad, sino porque esta-ba persuadido á que los grandes comedores no eran temibles, y por ser la Alemania un pais propio para que engordase un hombre del apetito de V i t e l i o .
Gene-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 6 l
rales su plan de guerra, y esta habia de caer sobre, la Italia : V a l e n t e se convino en pa-sar los Alpes por el camino que después se ha llamado el gran San Bernardo, y Ceci-na con treinta mil de la alta Alemania por el monte Cénis: eran estas tropas la flor de los exércitos romanos. Desde el norte del impe-rio marcharon á las Galias por entre arroyos de sangre, esparciendo en todas partes el ter-r o ter-r , foter-rzando á los indifeter-rentes y á los ene-migos á seguir sus estandartes; y habiendo pasado los A l p e s . s e hallaron con la fortuna, que siempre acompañó á V i t e l i o , de que un cuerpo de caballería que se habia sublevado á su exemplo , les aseguraba las llanuras que riega el P o , y el paso de este rio.
Ita-lia. C o n estos auxilios no le fue difícil jun-tar un exército formidable: se puso á su cabe-za , y fue á buscar á los enemigos. Seguia Vi* telio á lo lejos á sus Generales con un cuer-p o numeroso de reserva. Se escribieron los dos rivales cartas bastante corteses; l u e g o pro-pusieron recíprocamente cederse el imperio con los reintegros y recompensas correspon-dientes ; después de esto repartirle; y por úl-timo, se enviaron mutuamente injurias, ame-nazas y asesinos.
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perador , que á la sazón estaba dando un con-vite á muchas personas de ambos sexos, en-tre las quales habia ochenta Senadores; y los convidados no sabiendo si debían huir ó que-darse , si era traición ó conmoción, todos mi-raban al Emperador, quien por su parte no estaba menos asustado que ellos. Despachó los xefes de las cohortes pretorianas á sose-gar el tumulto , y despidió á los convidados. H u y ó cada uno y se escondió en donde p u -do : entraron los furiosos en la sala del festín diciendo que querian ver al Emperador: es-te puesto sobre una silla les habló y rogó: y á fuerza de súplicas y lágrimas consiguió que se volviesen al campo.
que ya estaban muy mudados con el ceb» del dinero le rodearon y pidieron el castigo de los culpados. £ 1 Emperador se hizo un mérito del perdón, quando pudiera haber sido peligroso el otro extremo; y así solamente cas-tigó á dos.
D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 6$ Senado principalmente era difícil observar el debido temperamento para no dar á entender demasiada libertad ó reserva. Los Senadores sin dar contra V i t e l i o decreto a l g u n o , se con-tentaban con hablar de él en términos mez-clados con algunas injurias; pero que no contuviesen sentido muy odioso. Los mas p r u -dentes se abstenían aun de estas injurias mien-tras no hablaban muchos á un mismo tiem-po para que no se oyesen demasiado, y tiem- poder alabarse de su atrevimiento quando l l e
-gara la ocasión.
Estas disposiciones equívocas traían á Otón inquieto. Confinó á Dolabela en la ciudad de A q u i n o , poniéndole guardias de vista, no porque le halló reprehensible , sino porque le hacían sombra su ilustre nombre y el ser pariente cercano de Galba. Se llevó consi-go al exército la mayor parte de los ma-gistrados y consulares, sin darles empleo al-g u n o , y con solo el pretexto de acompañarle. Entre estos iba L u c i o , hermano de V i -telio , sobre el mismo pie que los otros, y sin mirarle con ojos mas ó menos favorables que á todos los demás. Tenia V i t e l i o en Roma su madre, su muger y sus hijos, con quienes Otón observó las mayores atenciones: y
do partió los dexó recomendados á sus ami-gos.
A todo el que reflexionaba le ponía en cui-dado la situación de JR.oma: los principales Se-nadores se hallaban debilitados con la edad, ó y a habían degenerado con la larga paz : la no-bleza había por su ociosidad perdido el gusto á las armas: los caballeros sin experiencia quanto mas hacían por ocultar su temor, mas le ma-nifestaban. A l g u n o s , aunque de corazón co-barde , afectaban valor brillando con el res-plandor de su armadura ó montando caballos inquietos y soberbios: otros procuraban no pen-sar en cosa alguna entregándose al regalo y los placeres; y entre tanto la multitud ig-norante se sustentaba de vanas esperanzas. Los adeudados hallaban su seguridad en la con-fusión y alboroto; pero muy presto experi-mentaron todos ellos los males de la guerra en la carestía de víveres y la falta del di-nero , porque se gastaba en el sustento y pa-g a de las tropas.
por-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 6 / que le empezaban á faltar los víveres, y no podía sacarlos de los países que dexaba atrás por haberlos arruinado á su tránsito. E l de Otón por el contrario abundaba en toda especie de provisiones: estaba en posesión de la Italia, y principalmente de R o m a , que ademas de los víveres le suministraba también oro, que en las guerras civiles es mas poderoso que la pada. N o se sabe por qué Otón con todas es-tas ventajas se obstinó en precipitar la bata-lla contra la opinión de sus mejores Genera-les ; y mucho menos se adivina el motivo que tuvo para estar distante del lugar de la acción. Es cosa bien notable que ninguno de los dos competidores al imperio presencia-se este combate que iba á decidir de su suerte.
N o por esto fue menos vivo y sangrien-to. Las nuevas reclutas se portaron con tanto valor como las tropas veteranas , y p e -learon con igual esfuerzo; pero como era pre-ciso que alguno venciese, llevaron la peor par-te los soldados de Otón después de una por-fiada resistencia , y se retiraron á su campo tan vacilantes sobre la resolución de defen-derse como los vencedores sobre la de aco-meter. Por esta indecisión parlamentaron
gunas veces, y el resultado fue la rendición de las tropas de Otón. Entregaron estas su campo , y juntándose los dos exércitos , los vencedores abrazaron llorando á los vencidos. Todos maldecían las guerras civiles con un gozo mezclado de tristeza ; curando uno las llagas de su hermano, y otro las de su pa-riente. Apenas hubo quien no derramase lágrimas por algún amigo muerto en aque-lla funesta bataaque-lla. Los mismos honores se hicieron indistintamente á los capitanes de ambos partidos. Todos por último se sujeta-ron á V i t e l i o prestando el juramento de fi-delidad.
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retiro. Los primeros soldados que supieron estaba resuelto á quitarse la vida, creyeron que era efecto de desesperación , y se unie-ron para animarle á vivir, prometiéndole con juramento inviolable fidelidad, y lo confir-maron dos matándose en su presencia , di-ciendo uno de ellos al herirse : „ S í r v a t e , ó C é s a r , esto para prueba de nuestra afición: no hay entre nosotros uno solo que no esté pronto para hacer lo mismo por servirte." „¡Ay de m í , exclamó el sensible O t ó n , que hom-bres tan valientes y leales! no los expondré mas á nuevos peligros por mi amor."
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librar á la Italia de otro dia tan funesto co-mo este."
la l l a g a : muchos se quitaron la vida al lado de la h o g u e r a , y en el mismo campo de Be-driac le levantaron un monumento sencillo, y sin otro epitafio que estas palabras: A la me-moria de Marco Otón. N o tenia mas que trein-ta y siete años, y habia reynado tres meses.
hi-D E XA H I S T O R I A U N I V E R S A ! . 7 3
z o gracia, y quitó la vida al desgraciado D o -labela, víctima de su nacimiento y su mérito. Mientras seguia su ruta, justificaba V i t e -lio la observación de Galba sobre su gloto-nería. Continuamente estaban cubiertos los ca-minos de los dos mares de proveedores ocu-pados en llevarle lo mas delicado que pro-ducían todos aquellos países. Las ciudades por donde atravesaba se arruinaban en suntuosos convites, por ser este el mejor medio de cor-tejar al nuevo Príncipe.
Desde C r e m o n a , por donde pasaba Vi« t e l i o , fue al campo de Bedriac, que quaren* ta dias antes habia servido de teatro á la vic-toria de sus Generales. U n campo lleno de sangre y de miembros despedazados que in-festaban el ayre con insoportables exhalacio-nes, ofrecia un horroroso espectáculo, impro-pio para tentar la curiosidad. Pretendieron algunos de los que rodeaban á V i t e l i o que se alejase de aquella fetidez , y él respon-d i ó : „ E 1 olor respon-de un enemigo muerto es bue-no ; pero el de un ciudadabue-no muerto aun es mejor." D e este modo tanto tenían que temer los amigos como los enemigos de un hombre incapaz de otro cuidado que sus pla-ceres.
pro-D E 1 A H I S T O R I A U N I V E R S A ! . 7 $
digiosas: muchas veces á costa de sus ami-gos , á cuyas casas se convidaba sin ceremo-nia ; pero no se le podia tratar del mismo modo. Se habla de una comida que le dio uno de sus cortesanos, y dicen que cubrió la mesa con dos mil platos de pescado, y siete mil de diferentes aves, todas exquisitas en su género y de coste muy subido. U n dia se hizo servir un grande plato de híga-dos, sesos, lenguas y cabezas de toda suer-te de peces y aves de precio excesivo. S u loca prodigalidad le hizo gastar para rega-larse en solos quatro meses mas de ciento y veinte millones ; y si hubiera reynado mas tiempo, no hubieran sido suficientes todas las riquezas del Imperio para la provisión de su mesa.
la expedición contra los J u d í o s , á la qtxal le habían enviado con tres legiones y un buen cuerpo de auxiliares. L a gloria que le re-sultó de la destrucción de Jerusalen fixó so-bre su persona las miras de todo el Orien-te. M u c i a n o , Gobernador de Siria, tenia á su disposición quatro legiones bien aguerridas: A l e x a n d r o , Prefecto de Egipto , mandaba á d o s : las del Ponto , la Misia , Capadocia y otras provincias al mediodía manifestaban dis-posiciones de rebelarse , teniéndose por tan dignas de dar señor al Imperio como las del norte. E l espíritu conciliador de T i t o , hijo de Vespasiano, reunió todos los x e f e s ; pero su padre, á pesar de esperanzas tan lisonjeras, no se resolvía á tomar el cetro que* por sí mismo se le presentaba, temiendo las conse-qiiencias de este primer paso, porque decía: „ E n las querellas particulares siempre la re-tirada puede servir de asilo ; pero en atre-viéndose á aspirar al Imperio, es preciso r e y ^ nar ó perecer."
ar-» E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L , . 7 7
dientes, y á otros, de ios quales compuso su consejo. En este se decidió juntar reclutas, lla-mar á los veteranos, forjar armas, batir mone-da , y hacer tratados con los R e y e s de Par-tía y Armenia para asegurar las fronteras, de donde se llamasen las legiones. L a multitud que los negocios atraían daba á la casa de Vespasiano un ayre de corte imperial. A l l í se hizo el plan de campaña, y era este: que Vespasiano quedaría e:i Egipto , que era el centro de las provincias aseguradas , desde donde enviaría socorros á M u c i a n o , encarga-do de avanzar con métoencarga-do á las de Italia, en la qual de antemano introducirían el hambre, cortándola por mar el recurso de los gra-nos de Alexandria.
gran ladrón, pero liberal, pernicioso en la ' p a z , y m u y útil en tiempo de guerra : sos-tuvo en un consejo, celebrado casi á la vista de la I t a l i a , que la tardanza no podia me-nos de ser útil al e n e m i g o , y d i x o : „ E 1 ay-re y las delicias de Roma tienen enferma una parte de los soldados de V i t e l i o , y otra muy lánguida : si dilatáis acometerlos, les volverá con las fuerzas el valor. Si esperamos, ¿ en don-de hallaremos víveres y dinero ? Penetremos por la Italia, que y o estoy pronto para exe-cutar lo que me atrevo á aconsejaros." Preva-leció su opinión.
ta-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 7 9
davia todas las fuerzas, se divirtieron en abrir correspondencias con é l , y entre tanto se l e juntaron muchas legiones. Y a se
experimen-taron los exércitos en algunos ensayos, y cer-ca de Cremona hubo un combate de cer- caballe-ría, en el qual se debió el buen éxito al va-lor de P r i m o , porque huyendo sus soldados con desorden, los d e t u v o : fue por todas par-tes en donde habia peligro y esperanza: tras-pasó con su dardo á un oficial que huia con
la bandera: se la arrancó de las manos, y la volvió hacia el enemigo. Su intrepidez restableció el combate. Y a los Vitelianos e m pezaron también á titubear, Primo se los l l e -v ó por delante, y los persiguió hasta las
mis-mas murallas de la ciudad.
hallan algunas veces mas riesgos de parte da sus tropas que de sus enemigos. Bien lo ha- !
bia experimentado C e c i n a , á quien sus sol- ¡ dados cargaron de cadenas antes de la bata-lla de C r e m o n a , y quando esta ciudad se t o m ó , cayó en manos de Primo , el qual le trató favorablemente en atención á sus pro-yectos de composición. V a l e n t e , que era el otro General de V i t e l i o , se embarcó con in-tención de ir á sublevar la Galia , y levan-tarse en ella trono ; pero le hicieron prisio-n e r o , y le quitaroprisio-n la vida.
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ciso practicar a l l í , se volvió prontamente á liorna.
A l l í se vio el infeliz rodeado de nego-ciaciones , y apenas hallaba tiempo para hacer dos ó tres comidas. Primo, M u c i a n o , V a -ro , Almirante de una esquadra , y todos los Generales de Vespasiano aspiraban al honor de empeñar á V i t e l i o en ceder el Imperio, diciéndole , que tendría un retiro seguro, y dinero para satisfacer su apetito si quería rendir las armas y renunciar el Imperio. N o dexaban de agradarle estas ofertas, y trató el punto con Sabino, hermano de Vespasiano, y Gobernador de R o m a , quien por esta circuns-tancia estaba mas que los otros en estado de hacer ratificar sus promesas; mas quando lle-g ó el caso de presentarse en la plaza públi-ca para hacer su renuncia, sus amigos, mas oficiosos por su propio ínteres que por é l , em-peñaron al pueblo en que no la admitiese.
Muchos Senadores, contando el negocio por concluido, se habian juntado ya con Sabino , y temerosos de caer en poder de V i -telio , animaron al hermano de Vespasiano á que pidiese la execucion del tratado. Por su consejo se retiró Sabino al capitolio , en donde le sitiaron los soldados de V i t e l i o : é l
se defendió valerosamente : forzados los pór-ticos , se retiró á lo interior atrincherándose con las estatuas de los dioses, y con quan-to pudo encontrar para atrancar las puertas. Los Vitelianos irritados arrojaron hachas en-cendidas, envolvieron en llamas todo el edi-ficio, y aquel monumento tan apreciado de los R o m a n o s , y el mas bello ornamento de su ciudad quedó consumido. Domiciano el joven , hijo de Vespasiano , se salvó en tra-g e de sacerdote. A Sabino, su t i o , le prendieron y mataron por mas esfuerzos que V i -telio hizo para libertarle.
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la ciudad parecía loca , y la otra mitad fu-riosa. Y a por último vencieron lrn soldados
de Primo, y persiguieron á las guardias pre-torianas hasta su campo , en donde los mas valientes hicieron vigorosa resistencia ; pero oprimidos por el mayor número, murieron to-dos con la cara vuelta hacia el enemigo.
V i t e l i o , entre tanto que peleaban por él, se metió en una litera, y mandó que le lle-vasen al palacio de su m u g e r , pensando ir des-de allí á Terracina , en dondes-de su hermano, llamado también V i t e l i o , habia juntado an exército. Esta sin duda era la determinación mas prudente ; pero el miedo , cuya propie-dad es turbar el entendimiento , le hizo vol-verse á su palacio. Entrando en él halló una profunda soledad, porque hasta sus menores oficiales huían de encontrarse con él. Vio si podia entrar en algún aposento ,. y todos los halló cerrados: cansado de andar vergon-zosamente errante, fue á esconderse detras de una cama en el quarto del portero de pa-lacio ; pero allí le descubrieron. Pidió que le conservasen hasta que Vespasiano llegase, pues tenia que comunicarle cosas de gran-de importancia; pero los soldados, sordos á sus r u e g o s , le llevaron con las manos atadas atrás,
rasgadas sus vestiduras, con un cordel al cue-llo , y nadie manifestó compadecerse; antes por e l contrario, el populacho, siempre insolente y enemigo de los desgraciados, aquel popula-cho , que pocos dias antes le habia suplicado que conservase el imperio, se burlaba de su miseria insultándole con toda suerte de ul-trajes. Los que le llevaban le picaban con las espadas en la barba, para que llevase la cabeza derecha y viese arruinadas sus esta-tuas. D e este modo arrastraron con él hasta el matadero, en donde le degollaron como á un cerdo cebado.
Vespasia-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 8$
no ausente todos los títulos y privilegios hasta entonces concedidos á su antecesor; y T i -to , su hijo, fue asociado en la dignidad con-sular.
Príncipe m u y estimable, que por todos es-tos grados hubiera subido con solo los me-dios honrados ; pero conquistó el favor de los Emperadores y el de sus favoritos con las mas viles lisonjas, y entre otros el de C a -l i g u -l a , de quien fue servi-l adu-lador. Se de-claró con afectación admirador de este mons-truo , quando le dio gracias en pleno Sena-do de haberle convidaSena-do á su mesa. Su pro-tector fue el infame N a r c i s o , lo qual hace poca honra al protegido. Se portó muy mal en su gobierno de África, con lo que se
gran-g e ó el odio de los pueblos, no obstante que no se enriqueció allí. V o l v i e n d o á R o m a , no se avergonzó de buscar infames medios pa-ra subsistir, como mezclarse entre los cor-tesanos de los Ministros, y vender su crédi-to por dinero; bien que por dos v e c e s , á pesar de la vigilancia de cortesano , se en-t r e g ó al sueño al son de la lira de Nerón, y por dos veces estuvo para pagar con la muerte su descuido impolítico.
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t u d , dando á entender que no tenia otro ob-jeto que el de merecer y conseguir el afec-to de su pueblo. Restableció la disciplina en el campo, y refrenó la libertad del soldado en las ciudades: ni las mismas tropas que le habian ayudado á conquistar el imperio se libraban de su severidad quando eran culpa-bles contra los ciudadanos. L e desagradaba tan-to la blandura y afeminación en la gente de g u e r r a , que á algunos borró de la lista de ofi-ciales por solo este defecto. E l Senado siem-pre tuvo que alabar su atención, porque asis-tía á las deliberaciones sin atribuirse la pre-ponderancia en la decisión; y decía á los Se-nadores : „ Decid con libertad vuestra opi-nión, que y o no os he convocado para que aprobéis ciegamente mis ideas, sino para re-cibir vuestros consejos y seguirlos."
Vespasiano corrigió los abusos que se ha-bian introducido en la administración de jus-ticia , quitó los malos jueces , y abrevió los pieytos. Abogaban en su presencia , era pú-blico su tribunal, y comunmente conseguían sus sentencias el general aplauso. Merecie-ron su cuidado los desastres de R o m a ,
par-ticulares y á la de los templos , edificios públicos y el capitolio. Buscó con grandes gastos los fastos y leyes de R o m a , grabadas en otro tiempo en láminas dé bronce , y se-pultadas después en los escombros; y reparó las pérdidas en quanto pudo. Era muy afa-ble con todos, y daba libre entrada en su pa-lacio , cuyas puertas nunca se cerraban. L e vieron verter lágrimas por los grandes delin-cuentes á quienes su justicia no le permitía li-brar del suplicio. Despreció los títulos honorí-ficos , y solo con grande modestia, y después de haberle bien merecido, aceptó el de pa^ dre de la patria. E n conseqiiencia "de sus virtudes morales se burlaba de los geneolo-gistas que le -querían dar origen muy ilus-tre. Se atrevió D e m e t r i o , filósofo cínico, á
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hombre que abusaba un poco del derecho que le daban al reconocimiento del Empe-rador los servicios que le habia hecho , le dio quejas como á un amigo común; pero ar-repintiéndose luego de haberse excedido algo en el resentimiento aunque justo, terminó su confianza con estas palabras: „A1 fin soy hom-bre , y por consiguiente poco exento de ser reprehensible."