Principios de Avivamiento
Por Ted Grosbauch
PRINCIPIOS DE AVIVAMIENTO Dedicatoria
El trabajo en equipo es algo maravilloso. Cuando éste es propiamente implementado y utilizado, hace que los talentos y dones de todos los miembros del equipo entren a un esfuerzo armonioso hacia una meta en común. En el Reino de Dios, este tipo de trabajo en unidad es de suma importancia. El hecho de haber escrito el libro titulado “Principios de Avivamiento” se da solamente por haber sido bendecido a lo largo de los años con la oportunidad de ser parte de dichos equipos.
Seis años antes de nuestra salida al campo de cosecha africano, yo tuve el gran privilegio de trabajar con y bajo la dirección del Pastor Chester Wright, Obispo de Antioquía de la Iglesia Apostólica en Annapolis, Maryland. Su enfoque de liderazgo me dio la oportunidad tanto de seguir como de innovar. A todo lo que lucía prometedor con respecto a la totalidad de las metas del evangelismo y a la edificación del Cuerpo de Cristo se le dio una oportunidad de probar su eficacia. En otras palabras, pude aprender de mi pastor así como también pude probar mis nuevas propias habilidades ministeriales que estaban en desarrollo (tal y como se encontraban). Fue un tiempo maravilloso de exploración y descubrimiento en los principios del Reino.
Al llegar a Malawi en 1984 para empezar nuestro ministerio misionero, mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de usar lo que habíamos aprendido en el campo que estaba desarrollándose rápidamente y que tenía la necesidad de un fuerte liderazgo. Fueron dos años de aprendizaje mientras dirigíamos. Gracias Reverendo James Crumpacker por la confianza que nos demostró al permitirnos supervisar el trabajo en la gran Iglesia de Malawi durante su ausencia.
Luego, al llegar a Zambia en 1987, Patricia y yo nos unimos a una nueva visión y a una nueva responsabilidad. Nuestro superintendente del campo misionero, el Reverendo Melvin Thacker, continuó proveyendo el estilo de liderazgo de tipo tolerante como el anterior, el cual cultivó un gran esfuerzo en equipo en esa parte de África. Sin nunca dudar de nuestros motivos, él conscientemente eligió enfatizar el hecho de que trabajáramos juntos, sin importar el crédito que nos dieran por los logros alcanzados, sino que nos esforzáramos por producir un trabajo nativo fuerte para el Señor. Por esta razón siempre estaremos agradecidos.
Para nosotros, veintiún años después de haber tocado el suelo africano por primera vez, es claro que este programa de equipos en desarrollo ordenado por Dios para la cosecha debe continuar, el cual culmina con una banda fuerte y espiritual de hermanos y hermanas congoleños unidos en el esfuerzo de alcanzar una de las más grandes naciones de la tierra. Ese equipo está emergiendo.
Se dedica humildemente este libro a todos los hombres y mujeres con quienes hemos compartido la labor de poner nuestras manos en el arado y en la hoz.
Gracias Pastor David Huston de Carlisle, Pennsylvania, por su motivación incesante para que escribiera el libro, y por su continúo labor de amor para ver que todo se imprimiera.
Gracias a la División de Misiones Extranjeras de la Iglesia Pentecostal Unida Internacional por habernos permitido ser parte de todo.
Gracias, Pat, por siempre estar allí para mí. Solamente Jesús conoce tu sacrificio
PRINCIPIOS DE AVIVAMIENTO
Introducción
“Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.” Génesis 8:22
“Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.” Marcos 4:26-29
Los Dos Lados del Avivamiento
Una cosa es certera: hay una cosecha que ha sido prometida. Así como las estaciones vienen y se van cada año, la cosecha siempre seguirá la siembra, tanto natural como espiritualmente hablando. Y, así como Jesús lo detalló en el pasaje de Marcos capítulo 4, nosotros no tenemos que entender todos los mecanismos de la cosecha para conocer completamente bien que la cosecha es una realidad que ha sido prometida.
En el reino de Dios, la semilla que es plantada en un buen suelo produce fruto. Esa parte representa la certeza de la cosecha espiritual. Pero, aún quedan distintas variables en esta “ecuación” bíblica. En realidad, los elementos de la cosecha consisten de muchas partes. Está, por supuesto, la semilla, la cual es la Palabra de Dios de acuerdo a Lucas 8:11. Luego, alguien debe llevar la semilla al lugar en la cual será plantada. Después de eso, la germinación y el crecimiento inicial de la nueva semilla plantada dependen en gran manera del tipo de suelo en la cual es puesta. También, la luz del sol, la lluvia, y los nutrientes necesarios para el buen crecimiento deben acompañarla. Alguien será el
tiempo para el crecimiento, y finalmente, el cosechador puede insertar la hoz y comenzar el proceso de la cosecha. Incluso después de la cosecha, el proceso continúa de una manera precisa, separando el nuevo fruto del resto del material que ha sido cosechado, y ya sea que se prepare el fruto para su consumo, o que sea almacenado propiamente para una futura siembra, y por consiguiente todo el ciclo comienza de nuevo.
Así que tenemos por lo menos los siguientes componentes que son necesarios para el proceso como un todo:
Ø La semilla Ø El sembrador Ø El suelo
Ø El sol, la lluvia, y los nutrientes Ø El cuidado del semillero joven Ø El registro del tiempo
Ø La cosecha
Ø El almacenamiento y la replantación
Esta ha sido la manera que Dios ha dispuesto desde el principio, tanto para las plantas naturales como para el fruto espiritual y la cosecha. Se corre un riesgo de fracaso en toda la importante cosecha si se viola cualquier parte necesaria o se es negligente al reconocer y adherir este proceso.
Proverbios 20:4 provee una perspectiva interesante sobre por qué podemos fallar al momento de disfrutar de la dicha cosecha que ha sido prometida:
“El perezoso no ara a causa del invierno; Pedirá, pues, en la siega, y no hallará.”
Hay dos peligros esquematizados en este profundo versículo. Primero que todo, el sujeto que debe cuidar es un “perezoso”. Alguien que es holgazán en su respuesta para la Gran Comisión por supuesto que nunca realizará la cosecha que Dios pretende para su campo. “A causa del invierno” representa un mal entendido sobre el tiempo para comenzar el proceso de la siembra. Alguien que piensa que el tiempo no es el correcto, o en este caso, que el tiempo deberá venir después, probablemente fracasará en participar con Dios en Su plan y en Su tiempo.
Lo que nosotros podemos considerar como condiciones que no conducen al avivamiento y a la cosecha pueden ser, en realidad, perfectas para Dios. Así que, ambos lados del avivamiento pueden ser vistos: la realidad en la mente del Señor, y la importancia de nuestra participación con Él para que se pueda lograr. La parte de Dios es segura, pero ¿qué hay de nosotros?
El Avivamiento y la Cosecha
Uno de los términos más usados en el lenguaje de la Iglesia es la palabra,
“avivamiento.” Ciertamente, hay dos grandes definiciones que pueden aplicarse a esta
simple, pero profunda palabra. Primeramente, nosotros la usamos para describir el
“renacimiento” de algo, o para describir algo que está siendo “revivido” porque una vez estuvo muerto o estaba muriendo. En segundo lugar, dicha palabra es usada para describir rápidamente el crecimiento de la iglesia, como cuando decimos “estamos en avivamiento” o “esperamos tener un gran avivamiento.”
Cuando pudiera parecer que estos dos significados unidos a la palabra “avivamiento”
están en oposición o en conflicto, en realidad están describiendo lo mismo, lo cual es una progresión natural en el Reino de Dios, la que consiste en haber sido revivido a un lugar en el que se experimenta un gran crecimiento. De hecho, éstos describen el proceso combinado del avivamiento y de la cosecha. Ciertamente, uno conlleva al otro.
Mientras que nosotros busquemos sinceramente el avivamiento espiritual en nuestras iglesias y en nuestros propios espíritus, estaremos preparados para el proceso que comienza con la siembra y que da como resultado la cosecha. El “arado” al que se refiere Proverbios 20:4 es parte del avivamiento que es vitalmente necesario para nuestra renovación personal y corporativa. Permitirle al Señor que excave profundamente y que desenraice lo que impide nuestro crecimiento espiritual nos ayudará a estar preparados para lo que ciertamente se aproxima. Una vez más, la cosecha ha sido prometida, pero nuestro deseo de estar involucrados es de gran importancia.
Por lo tanto, el avivamiento y la cosecha no son exactamente sinónimos, pero se mantienen estrechamente unidos en el mismo esfuerzo hacia la misma meta. Mientras que nosotros mismos nos entreguemos al avivamiento, la cosecha fluirá. Entretanto miramos los seis principios del avivamiento que están contenidos en este estudio, yo sugeriría que el lector considerara el significado de avivamiento en el sentido de estar comprometido una vez más con dichos principios. Nunca habrá un sustituto adecuado para la cosecha verdadera, y solamente un avivamiento espiritual real acoplado con una dedicación renovada para llegar al fondo de los principios bíblicos nos preparará para tal cosecha.
Finalmente, el lector notará que varios temas son excluidos de la lista de los principios de avivamiento. Los aspectos como la oración, el ayuno y la predicación no están en la lista. Esto no es para sugerir que ellos son menos importantes que otros, sino que sencillamente son tan necesarios que parecen ser elementos incuestionables en cualquier proceso de avivamiento espiritual. ¡Éstos deben ser parte de todas las cosas que nosotros hacemos! Asumiré en este estudio que el lector ya está comprometido con estos aspectos y con otras partes de una fundación cristiana segura.
En otras palabras, los seis principios que están contenidos en este libro son para ser considerados solamente después que la doctrina fundamental de nuestra fe esté bien establecida. Otros aspectos, que tampoco están en la lista, pueden añadirse después de seguir dichos principios. Esto es verdad, especialmente en lo concerniente a los
“ministerios auxiliares” tales como la música, los ministerios de hombres y mujeres, los jóvenes, entre otros. Todos éstos sirven bien en sus respectivas responsabilidades como parte del proceso de siembra y cosecha. La llave para el liderazgo de la iglesia, por lo
tanto, consiste en conocer los principios, y luego saber cómo adaptar y aplicar los varios ministerios disponibles en relación a las necesidades que están presentes.
Mi esperanza es explorar en este libro seis principios que son necesarios para el crecimiento de una iglesia saludable. En cada capítulo concerniente a estos principios se encuentra una “lista de control” que espero sea de ayuda para determinar si los líderes de la iglesia se están apegando a los respectivos principios. La Visión, Equipando a los Santos, El Concepto Nuclear, El Mejor Uso de los Dones y Talentos, Un Ministerio Balanceado, y Una Estructura Organizacional Creciente sirven como una vista progresiva de los pasos que son necesarios para proveer el correcto ambiente espiritual, en el cual el verdadero crecimiento espiritual de la iglesia y la cosecha espiritual pueden llevarse a cabo. Deseo que el lector sea bendecido en su búsqueda por dicha cosecha.
Ted Grosbach
República Democrática del Congo 2005
Capítulo 1
HOJAS, PERO NO HAY FRUTO
Hambriento y Enojado
¡Fue un día muy impactante! Indudablemente, fue un día para recordar. Jesús de Nazaret había llegado a Jerusalén, había caminado en el Templo y había comenzado a perseguir a aquellos que vendían y compraban el sacrificio. Él tiró las mesas de los que se conocían como “cambiadores”, quienes hacían algo de ganancias al cambiar lucro sucio a la moneda judía, la cual era considerada suficientemente sagrada como para ser adorada.
Mientras que Él volteaba los asientos de aquellos que vendían palomas para el sacrificio, Él clamó diciendo: “Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” Algunos estaban sencillamente atónitos de lo que Él había hecho. Otros tenían miedo. Incluso otros conspiraban sobre cómo librar a Jerusalén de este hombre de Galilea. Sin embargo, en esta historia yace una gran y profunda verdad que nos puede bendecir a todos, pero requiere una vista cuidadosa de los eventos que precedieron y siguieron a dicha escena en el Templo.
“Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: “Nunca jamás coma nadie fruto de ti.” Y lo oyeron sus discípulos.” Marcos 11:11-14
Jesús ya había estado en el Templo el día anterior y simplemente había mirado alrededor. El versículo 11 nos dice que Él había mirado alrededor todas las cosas antes de irse. Era el mismo día en el cual Él había entrado a Jerusalén montando un asno y las multitudes estaban gritando “Hosanna en las alturas.” Ellos lo habían declarado bendito en el nombre del Señor, esperando que Él fuera ciertamente el que restauraría el reino de David en Israel. Sin embargo, al día siguiente Él se encontraba ahuyentando la corrupción que había llegado a un lugar tan común, el cual una vez fue conocido como La Casa de Dios. Antes de entrar a Jerusalén la segunda vez, Jesús se paró frente a una higuera con el propósito de hacer dos cosas: encontrar fruto para comer, ya que Él tenía hambre; y dar una lección a los doce que se encontraban con Él ese día.
La Biblia nos dice que, incluso desde una gran distancia, Jesús vio que este árbol tenía hojas. No era el tiempo de la cosecha de higos, por lo tanto, había una muy buena oportunidad que el árbol estuviera lleno de fruto, esperando por aquellos que pasaran para que se ayudaran en su viaje. Pero, al llegar al árbol Jesús y los otros no encontraron fruto.
La reacción de Jesús fue la famosa maldición que ahora nosotros leemos en Marcos 11 y Mateo 21. Aparentemente, los discípulos no comprendieron la lección que Jesús les estaba enseñando ese día porque leemos que al día siguiente ellos estaban atónitos de ver que el mismo árbol estaba seco y muerto. No obstante, no podemos permitirnos perder la esencia de esta misma lección.
Aquí se encontraba el Creador; la Palabra hecha carne, el Todopoderoso que había venido a encontrar fruto en un árbol que Él había provisto a lo largo de su vida. Él era el que había dado el sol y la lluvia, los nutrientes y el cuidado, los cuales tenían el propósito de una sola meta: producir el fruto comestible. No obstante, ese día cuando el Creador llegó por lo que era justamente de Él, ¡el árbol no tenía nada que mostrar a excepción de sus brillantes hojas! Del lugar de esa maldición, Jesús y los otros viajaron directamente a Jerusalén y de allí directo al Templo para encontrar algo similar que estaba sucediendo en ese lugar, aunque no en un árbol, pero sí en los hombres. Allí estaba la Casa del Señor, un lugar que era para brillar delante la gloria de Dios en adoración y verdadera santidad para el Dios de Israel. Ésta estaba ordenada y consagrada como una casa de adoración, un lugar al cual los hombres se podían darse así mismos mientras ofrecían sus sacrificios sustitutos para Dios. En su lugar, ésta se había convertido un lugar en donde solo los movimientos exteriores de una liturgia religiosa estaban siendo ofrecidos. ¡Si el Templo hubiera sido un árbol hubiera tenido sólo hojas en ese tiempo, pero no fruto!
Entonces, ¿todo era solamente una coincidencia? Al ver los eventos de la mañana siguiente podemos empezar a comprender claramente todo lo que esto se trataba en realidad. Una vez más, ellos pasaron por donde estaba la higuera, la cual ya estaba muerta y marchita. Pedro se notaba sorprendido ante este cambio repentino y lo comentó al Señor. Jesús respondió diciendo “Ten fe en Dios.” Jesús procedió a contar sobre la remoción de la montaña (Jerusalén y el Templo) y la necesidad de ser fructífero en nuestras propias vidas (deseando, orando y recibiendo.) Incluso si los doce fallaban el examen ese día, el mensaje es claro para la Iglesia de hoy día: ser fructífero y ser cuidadoso.
Dios ha bendecido abundantemente a cada uno de nosotros, y hay una intención clara en estas bendiciones: ser fructífero. Dios da todos los días cada bendición, cada provisión e incluso Él da cada respiro por una razón. Recibir estas cosas y hacer mal uso de ellas es una de las mayores tragedias posibles.
Poco tiempo después del incidente en el Templo, Jesús enseña la parábola del hombre que hizo un largo viaje. En Marcos 13:34-37 Él dice que el hombre “…yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.” El contexto es claro, la venida del Señor. Pero, la parábola habla por sí misma sobre la comisión que tenían los que estaban en ese hogar. Se les dio autoridad a los siervos del hombre, a cada hombre se le dio su propio trabajo, y al portero se le encargó que velara.
En otras palabras, se esperaba que ellos cumplieran con algo antes que el dueño de la casa regresara. La advertencia dada por Jesús fue suficientemente clara: nosotros debemos velar para que no nos encontremos durmiendo en la llegada del Señor. Si dormimos, esto será una prueba que el objetivo no estaba siendo alcanzado durante el tiempo dado. La palabra “velad” en el versículo 33 se deriva de la palabra griega agrupneo, la cual significa “ahuyentar el sueño o estar sin sueño.” En la conclusión de la historia se usa otra palabra para velar, gregoreo, la cual significa “estar alerta o
espiritualmente despierto.” No es suficiente simplemente mantener la casa intacta o preservar el status quo [estado existente]; hubo un trabajo asignado y una autoridad dada para llevar las responsabilidades determinadas. Nosotros no podemos descuidar esto al escoger dormir en su lugar. Al referirnos nuevamente a la higuera, ¡no podemos permitir que la producción de las hojas de gran apariencia sustituya la búsqueda del fruto!
El tema de este y de otros capítulos es el avivamiento y/o la cosecha. Cualquier cosa que nosotros llamemos recolección de almas para el Reino de Dios antes de Su venida, el objetivo debe ser indiscutible. Nosotros hemos sido ordenados para ser fructíferos en este trabajo, y nada, ni hojas, ni adornos exteriores, ni sacrificios sustitutos tomarán el lugar de lo que nuestro gran Maestro está buscando: el fruto espiritual. En Marcos 11, Israel había sido identificado por el simbolismo de una higuera estéril. Ésta había tomado todo lo que Dios le había dado, sin embargo, lo había usado para razones equivocadas y hacia un mal final. A pesar de que la mayoría de personas en Israel eran sin duda religiosos devotos, la nación había caído en una metodología sin vida e inefectiva, la cual era solamente una forma mediocre de santidad. La corrupción y la hipocresía habían reemplazado el sacrificio genuino y la humildad. El mismo Señor de los cielos les dio el término de víboras a las personas más respetadas del grupo religioso. Así como esto fue de horrible y así de fácil como es señalar la culpa, esto es algo que nos podría envolver a todos fácilmente en la Iglesia de hoy día. Aunque nosotros podamos tener grandes programas, oratoria pulida, edificios caros e incluso tremendos dones espirituales de los cuales Pablo habló en 1 Corintios 12-14, si nosotros no tenemos amor y no somos fructíferos para producir lo que el Señor está buscando, nosotros nos podríamos convertir nada más que en higueras maldecidas y moribundas. El apóstol Pedro lo puso de la siguiente manera, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1 Pedro 4:10) Así como en el caso de la higuera, a nosotros nos ha sido dado todo lo que necesitamos para convertirnos fructíferos tanto individualmente como corporativamente en el Reino de Dios. Nosotros debemos ser muy cuidadosos en dar por hecho que todo el sol, la lluvia y los nutrientes son dirigidos por el Espíritu para lograr la meta deseada.
El Enemigo de lo Mejor
Se dice que, “lo bueno es usualmente el enemigo de lo mejor.” Mientras que éste puede ser un proverbio mundano, de hecho, también podría ser bíblico. Joás, uno de los reyes de Israel, demostró esta actitud en un momento crucial en su reino. Aunque él pudo no haber sido considerado como uno de los hombres más santos que gobernó Israel, él ciertamente demostró su amor, respeto y preocupación por el profeta Eliseo cuando se encontraba en su lecho de muerte. Mientras que el gran profeta se aproximaba a la muerte, el rey llegó para expresar su desesperación por la pérdida que tendría la nación que había sido bendecida por mucho tiempo con el ministerio del profeta Eliseo. Sin embargo, Eliseo no había terminado completamente su ministerio. El profeta tomó la visita como una oportunidad para confortar a Joás y a su nación con lo concerniente a la continua persecución de Israel por parte de Siria. Dios usó a Eliseo proféticamente para anunciar la liberación de Israel de la opresión que estaban sufriendo. No obstante, la forma en que esto se realizó debería ser de interés para nosotros.
Eliseo primeramente le pidió al rey que tirara una flecha desde su ventana hacia el este, y proclamó “La Liberación de Siria por parte del Señor.” Luego, el profeta le pidió al rey que hiciera algo en verdad muy raro. Él dijo,
“Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria.” 2 Reyes 13:18-19
Puede que nunca sepamos por qué Joás golpeó el suelo con las saetas solamente tres veces. Puede ser que él se haya sentido avergonzado de hacer una cosa tan extraña. Tal vez, él sintió que era algo muy por debajo de su puesto por ser el gobernante de la nación.
O, tal vez, él sintió que golpear el suelo tres veces era sencillamente “suficiente.” En cualquier caso, esto no fue suficiente para complacer al hombre de Dios. Aquí se presentan varios problemas:
Ø El futuro de la liberación de Israel se había visto comprometido.
Ø Había una cierta intensidad que obviamente hacía falta por parte de Joás.
Ø Eliseo pudo haber estado atribulado con el hecho de que justo antes de su muerte, parecía que no había nadie que estuviera tan comprometido con la causa que él sostenía con tanto amor para que lo reemplazara. ¿Quién cuidaría a su nación?
Ø ¿Por qué Joás no golpeó el suelo hasta que el profeta le dijera que era suficiente? Después de todo, Eliseo era quien había empezado todo esto;
¡seguramente él sabría cuánto era ciertamente suficiente!
Uno se podría preguntar cómo se podría “reportar” este incidente hoy en día. ¿Será que se diría en un folleto reluciente que el hombre de Dios, trabajando juntamente con el rey, había profetizado recientemente la liberación de Israel? ¿Se compartiría la noticia alrededor del mundo por correo electrónico que Joás había sido “usado por el Señor” en respuesta a una necesidad de Israel? O habría una presentación realística de la verdad: el rey se había humillado por un poco de obediencia, cuando la voluntad de Dios era aún mayor. ¡En realidad, esto se trataba de un caso de un poco de algo bueno en vistas de algo mejor!
Hoy día, nos enfrentamos frecuentemente con lo mismo. Un poquito de cosecha, un avivamiento “significativo” aquí y otro poco allá, puede sustituir una completa inmersión en lo que Dios quiere que nosotros hagamos. En vez de juzgar nuestro éxito de lo que hacemos con lo que hacen las demás personas, o con lo que hemos hecho en el pasado, nosotros debemos ser cuidadosos en medir nuestro éxito de acuerdo a la voluntad real del Señor. ¿Cuánto es realmente suficiente? Solamente Dios sabe en verdad. La Iglesia debe continuar golpeando con las saetas de liberación espiritual hasta que el Señor declare, “Es suficiente.” Nunca será suficiente verse como un rey, hablar como un rey o sencillamente vestirse como un rey; nosotros debemos actuar como un rey.
Otra Mejor que Ella
Ellos habían celebrado bastante y por mucho tiempo. Por seis meses, Artajerjes había bebido vino y había cenado con sus príncipes pérsicos, dando gloria por la grandeza de la fuerza que tenían para dominar el mundo. Ahora, en la clausura de ese festival, él ya había comenzado otra fiesta para todos aquellos que vivían en el gran palacio de Susa.
Después de haber bebido suficiente vino, el rey y sus cohortes estaban listos para deleitar sus ojos con la notable belleza de la esposa del rey, Vasti. Ciertamente, éste fue un nombre interesante, ya que en el lenguaje pérsico dicho nombre sencillamente significaba
“mujer hermosa y excelente”. Tal vez eso fue todo lo que ella era para Artajerjes.
Nosotros nunca podremos saberlo con exactitud. Pero, el tiempo cuando ella fue llamada para revelar su belleza delante del séquito real llegó, y ella se negó a comparecer.
Nosotros no sabemos por qué. A lo mejor fue pura indignación. Tal vez ella mal interpretó lo que su esposo pretendía hacer con ella delante de la compañía. Cualquiera que sean las razones, ella se negó a cumplir el mandato.
El rey y sus hombres sabios se pusieron furiosos. Ellos se preguntaron cuándo las esposas de otros hombres, en las posibles ramificaciones de todo el reino, aprenderían que Vasti fue capaz de negar el deseo y los mandatos de su esposo. ¡Ellos razonaron que se tenía que hacer algo! Después de alguna pequeña discusión, ellos decidieron escribir un edicto, un agregado a la ley de los persas y los medos. Se le ordenó a Vasti que nunca más se apareciera delante del rey. Y fue declarado “…y el rey haga reina a otra que sea mejor que ella.” (Ester 1:19) Esta frase merece nuestra atención aquí.
¿Era solamente un pensamiento de deseo que en algún lugar del reino habría de hecho otra mujer mejor que Vasti? O, ¿era un hecho simple? ¿Era verdad que en realidad había alguien en algún lugar esperando tomar el lugar de esta mujer hermosa y excelente?
Mientras seguimos leyendo este grandioso libro de Ester, descubrimos que “apareciendo delante del rey” toma un énfasis especial en este tema. Algunos comentadores bíblicos escriben que Vasti estaba justificada por negarse a aparecer delante de estos líderes ebrios. Sin embargo, ya sea que fuera moralmente bueno o malo, el hecho se mantiene siendo que Vasti se negó, ella se encontró culpable delante del rey/esposo, y una que “era mejor que ella” la reemplazó. La reina anterior fue ciertamente singular. Ella era excelente y hermosa. Ella fue la única llamada para presentarse delante de los amigos del rey. Sin duda, ella tenía un lugar especial en sus ojos. Aunque, siempre hubo alguien que era mejor que ella. Por lo tanto, ¡ella era singular, pero reemplazable!
Por supuesto, la heroína judía de este libro fue Ester. Ella es posicionada, por voluntad de Dios, para convertirse en el reemplazo de Vasti. Aún con todo, es fascinante notar que Ester fue probada en forma similar después de su coronación. A ella no se le ordenó ir y aparecer delante de los hombres mientras ellos bebían en un estupor como se le ordenó a Vasti, pero ella si tiene una convocación divina delante del rey, la cual es muy importante no omitir. Su aparición delante del rey sería para interceder por una raza de personas condenadas. Los judíos habían sido acusados y perseguidos erróneamente por un asistente malo y celoso del rey. Haman se inclinaba a la destrucción total de las personas judías, y dependería de Ester traerles la liberación. Como Joás, a ella se le pediría llevar
salvación a su gente, pero no habría ningún profeta a su lado para que declarara cuándo suficiente era suficiente. De hecho, ella tendría que estar dispuesta a darse a sí misma en nombre del rescate de los judíos.
De alguna manera, Ester tuvo que aparecer delante del rey para hacer su petición. No obstante, el problema era la ley pérsica. Las visitas al rey sin solicitud eran prohibidas. Si un hombre o mujer aparecía delante del rey sin invitación y no extendía su cetro como un símbolo de permiso para hablar, esto era considerado como un crimen que se castigaba con la muerte. Esto fue lo que se le pidió a Ester que hiciera. Ella debía aparecer sin ninguna garantía de ser recibida por Artejerjes. A Vasti la habían invitado, pero ella se negó. Ahora, ¡Ester debía aparecer, pero ella no estaba invitada! Aunque parece que estos dos casos son diametralmente opuestos, ellos tienen de hecho, un hilo muy similar entre ellos. En Ester 4:14, nosotros leemos las palabras del pariente y consejero de Ester, Mardoqueo, “Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” Ambas mujeres eran convocadas para aparecer delante de su rey. Si alguna de ellas se negaba a hacerlo, ya había alguien más en su lugar para que las reemplazara. Ambas serían llamadas, pero ¿ellas atenderían al llamado?
Ciertamente, nuestro Señor y Salvador no es un rey ebrio y alborozador, pero sin dudas Él siente un orgullo justo sobre la belleza de Su amada Iglesia. Quién sabe realmente cuántas veces Él ha llamado a Su Iglesia para que se aparezca delante del mundo y que demuestre que Su gloria se refleja en su belleza. Y quién sabe cuántas distintas veces y en cuántos lugares diversos la Iglesia se ha negado a obedecer. Negarse a cumplir este mandato para pararse delante de los demás y ser la reina a la cual fuimos llamados a ser, significa que otra persona será elegida. Y así como la carga de Ester, si nosotros no somos los que nos aparecemos con una fuerte capacidad intercesora, ¿quién será el llamado para reemplazarnos para salvar el mundo perdido? Dos cosas son ciertas aquí: el Señor tendrá una hermosa Iglesia que obedezca Su voluntad; y si nosotros como individuos fallamos en nuestra obligación personal de ministrar en verdad a otros, hay alguien mejor que nosotros, el cual será encontrado para que nos reemplace.
El Traslado del Monte
Después de que Pedro hubo expresado su asombro sobre la higuera marchita, Jesús les dijo a sus discípulos, “Tened fe en Dios.” Sin embargo, Él no se detuvo aquí. Él continuó y les dijo lo que está en Marcos 11:23-24, “Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” Ciertamente, esto suena como un gran tipo de fe, ¡la fe que puede mover una montaña! Pero, después de todo puede que no sea tan extraordinario.
De hecho, puede ser un tipo “normal” de fe que debe morar en los verdaderos seguidores del plan de Jesús. ¡Esperanzadamente, cuando movamos montes por la fe, tengamos una meta en mente! Debe haber una clara razón comprensible detrás de dicho evento sobrenatural. Y, a lo mejor eso fue lo que el apóstol Pablo estaba tratando de decir en 1
Corintios 13:2 cuando escribió, “Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.” En otras palabras, todos los dones y toda la gran fe que verdaderamente mueve montes, debe estar ciertamente conectada con la misión que tenemos en mente y debe ser motivada por el amor. Sin duda, hay tres que permanecen: la fe, la esperanza y el amor; pero el mayor de estos, nos lo dijo Pablo, es el amor.
En toda la búsqueda por convertirnos en las personas que debemos de ser, no nos debemos olvidar que la Gran Comisión es tan verdadera hoy en día como lo fue antes.
Nosotros tenemos una meta claramente definida: salvar a otros del fuego. Los dones estarán allí en la forma en que sean necesitados; la fe necesaria para remover cualquier piedra de obstáculo o impedimento estará disponible para aquellos que en verdad están devotos a proveer el fruto para el Maestro. Las hojas brillantes nunca serán suficientes para Jesús. Cuando Él se pare delante de nuestra higuera, ¿qué encontrará el Señor?
Capítulo Dos
LAS REALIDADES DEL AVIVAMIENTO
“En cambio, hablaremos la verdad con amor y así creceremos en todo sentido hasta parecernos más y más a Cristo, quien es la cabeza de su cuerpo, que es la iglesia. Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.”
Efesios 4:15-16 Nueva Versión Viviente Un Cuerpo Sano Crecerá
Los niños crecen. Las plantas crecen. Los animales crecen. Y en el pasaje anterior, el Apóstol Pablo nos deja saber que cuando el Cuerpo de Cristo funciona como debe de ser, con cada parte contribuyendo con su acción necesaria, el organismo espiritual al que nosotros llamamos Iglesia también crecerá. El Señor no es solamente la Cabeza de este cuerpo, Él también es el Creador de cada una de las partes individuales. Pablo nos dice que Jesús puso cuidadosamente las partes en el lugar perfecto, en estrecha armonía con su parte vecina, y también para que cada una de estas partes ayude a las otras a ser todo lo que deben de ser. El resultado es claramente visto: buena salud, crecimiento, y lleno del amor de Dios.
Antes bien, Jesús lo dijo sencillamente en Mateo 16:18, “…y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” Más adelante, cuando Él estaba sólo con Sus discípulos un poco antes de Su arresto, siguió adelante con gran detalle con lo concerniente al crecimiento de la Iglesia que pronto nacería. En Juan 15, Jesús usa la analogía del vino y las ramas para enseñar el principio sobre aquellos que estuvieran en Él producirían fruto. Además, Él lo usó para advertirnos en cuanto a ser estériles y, por tanto, ser quitados de la vid. Él siguió diciendo que el Padre es glorificado cuando nosotros llevamos fruto. Luego, en el versículo 16, Jesús les dice, “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” La última parte del versículo es extremadamente interesante cuando la consideramos en el contexto de lo que Jesús en realidad estaba diciendo. La vid es la que suple las ramas, y cualquier cosa que necesitemos en la producción del fruto será suplida sin duda. Nosotros tenemos un derecho y una obligación de pedir cualquier cosa que necesitemos para realizar Su voluntad, la producción del buen fruto que se mantendrá. Él siempre está listo para proveer estas necesidades. ¡Éstas ya han sido prometidas y la cosecha está garantizada.
Las Realidades del Avivamiento
Una de las primeras cosas que necesitamos darnos cuenta con lo concerniente a la realidad del avivamiento y/o de la cosecha es que debe ser entendido bíblicamente. Esto
veces nosotros basamos nuestra evaluación del “avivamiento” actual en la vana retórica en vez de en una perspectiva bíblica. El crecimiento de la Iglesia es algo de lo que se puede hablar en forma muy fácil porque las personas en esta gran Iglesia quieren escuchar sobre él. ¡Ya sea que esté de acuerdo con la idea de Dios sobre el crecimiento real o de una cosecha realmente significativa esto es otro asunto! Otra forma de mirar a esta realidad es dándose cuenta que el avivamiento puede estar presente y a nuestro alrededor, pero aún así nosotros personalmente no somos parte de él. Hay un “peligro”
inherente al estar asociado con una organización enfocada en el avivamiento. Mientras que el cuerpo esté experimentando el crecimiento, nosotros que estamos en las congregaciones locales puede que no lo estemos haciendo. Y hay otra tentación fuerte de creer que como somos parte de la organización que está creciendo, nosotros también estamos creciendo. Pero, ¿será esa una conclusión razonable? Una asamblea muerta o moribunda en medio de otras iglesias que están creciendo no puede concluir propiamente que está teniendo avivamiento en su propia congregación. Sin embargo, ellos pueden decir, que son parte de algo vivo, bueno y creciente. El mismo peligro se aplica a los santos individuales que están en la asamblea creciente. Mientras que otros están usando los dones y los talentos que Dios les dio para hacer crecer Su Iglesia, algunos santos se pueden sentar y dar sus propias responsabilidades personales a otros. Eventualmente, ellos se vuelven buenos para nada más que actuar como cristianos, pero son personalmente improductivos y están en peligro de ser cortados de la preciosa viña de Jesús. Una vez más, ellos pueden decir, o incluso jactarse, de que son parte de una congregación creciente que realmente está “en avivamiento.” Desafortunadamente, ellos como individuos no son parte de ese avivamiento.
En Mateo 13:52 Jesús dijo, “Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” Lo que Él estaba diciendo sencillamente era esto: cuando nosotros nos dedicamos a convertirnos en verdaderos estudiantes de la Palabra de Dios encontraremos grandes tesoros dentro de nosotros que pueden salir y ser usados para lograr cosas maravillosas.
Jesús prometió a Sus seguidores que ellos serían predicadores, maestros y testigos para Él. Pero, Él también les dijo que esperaran hasta que ellos fueran revestidos con el poder de lo alto antes de intentar hacer lo que ellos estaban comisionados a hacer. Ellos primero necesitarían el poder y la dirección del Espíritu, y luego debían añadir la unción especial de amor que viene con el mismo para ser realmente la luz del mundo que Jesús quería que ellos fueran. Así que, un entendimiento, desde una perspectiva bíblica, sobre el crecimiento real de la iglesia es vital para la instrucción que Jesús mencionó en la escritura de Mateo mencionada anteriormente. Esto nos trae a otra realidad con lo que respecta al avivamiento de hoy en día.
Se pueden recabar varios principios grandiosos de la cosecha en el capítulo cuatro de Marcos. En este capítulo nosotros encontramos la parábola del sembrador y la semilla.
Éste no fue un sermón muy largo para todo lo que Jesús nos enseñó ese día. De hecho, sólo tomó unos cuantos momentos para describir las acciones y los resultados de los esfuerzos del granjero. No obstante, la reacción de la multitud demuestra el impacto que esta “pequeña enseñanza” tuvo en ellos. A pesar de que Jesús se había dirigido a una multitud que se hacía llamar sus seguidores, para el momento que Él había terminado su
pequeño relato de la semilla y de los diferentes tipos de suelo en la cual cayó, solamente unos pocos quedaron detrás de Él y le preguntaron a sobre el punto del mensaje. A ellos les dijo, “A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.”
Jesús había usado una parábola para separar el trigo de la cizaña. Él enseñó esta pequeña historia a aquellos que realmente querían saber más sobre el reino. Cuando ellos se quedaron atrás y le preguntaron sobre el significado de la parábola, Jesús felizmente la explicó. Aquellos que ya se habían ido por su camino aún están atados por su ignorancia e incredulidad.
Después de una clara explicación de la parábola, Jesús declara en el versículo 24,
“Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís.” La traducción de Moffat lo pone de esta forma, “Con la medida en que midas a otros, así serás medido y recibirás aún más.” Por lo tanto, la segunda realidad nos dice que para poder comprender el avivamiento bíblicamente, nosotros debemos anhelar comprender verdaderamente sin tener ningún compromiso.
Tenemos que ser cuidadosos con lo que escuchamos y con lo que hacemos con estas preciosas verdades que nos han sido dadas. El principio de Jesús es este: para obtener más, tenemos que usar lo que ya tenemos. Sin embargo, el deseo de comprender no siempre es fácil. Desafortunadamente, la tentación para transigir siempre está presente en nosotros. De hecho, parece que el mismo Señor en realidad nos ofreció oportunidades para escuchar e irnos a casa sin un entendimiento real. ¡Parece que en algunas formas Él todavía se está comunicando en parábolas! ¿Queremos saber el significado detrás de ellas?
No mucho después del nacimiento de esta grandiosa Iglesia en Hechos 2, nosotros leemos sobre la sanidad del hombre cojo que se encontraba en la puerta La Hermosa del Templo en el capítulo 3. Esto no es sólo es un verdadero relato de liberación magnífica y sobrenatural, sino también nos presenta un gran simbolismo espiritual. El pobre hombre incapacitado estaba acostumbrado a ser llevado al mismo lugar cada día en donde él esperaba encontrarse con las mismas pequeñas ofrendas que lo sostendrían por veinticuatro horas más en su lamentable existencia. En cierta forma él estaba acostumbrado a eso. De hecho, él estaba tan acostumbrado a recibir algo mínimo que por poco pierde la voluntad de Dios el desdichado día de su sanidad. Mientras que Pedro y Juan enfocaban su vista en él en Hechos 3:5, se nos dice, “Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.” ¡Desafortunadamente, él estaba esperando recibir algo equivocado! En la presencia de los hombres de Dios ungidos poderosamente, y con el Señor queriendo sanarlo y cambiar su vida para siempre, el hombre cojo simplemente intentó encontrar lo mínimo como de costumbre.
Esto no es muy diferente a lo que nosotros experimentamos. ¿Nos hemos decidido por ser espiritualmente incapacitados cuando la voluntad de Dios es que seamos sanados poderosamente y usados en el reino? ¿Estamos acostumbrados a recibir tan poco que no podemos reconocer la intervención de Dios cuando Él quiere llevarnos a un nuevo nivel de profundidad espiritual? ¿Cuántas veces, en los servicios de la iglesia por ejemplo, nos
hemos conformado por algo menor en vez de lo mejor de Dios? ¿Vamos a la iglesia esperando lo mínimo o lo máximo? Tristemente, el potencial de compromiso siempre está delante de nosotros. Muchas veces nosotros nos podemos encontrar esperando recibir las cosas equivocadas. La Vid quiere darnos todas las cosas que son de beneficio para nuestra salud espiritual para que podamos llevar mucho fruto. No nos debemos conformar por lo menor en lugar de lo que Él quiere para nuestras vidas y para nuestros ministerios personales y nosotros debemos desear comprender completamente nuestras partes individuales en el esquema de avivamiento de Dios.
En Marcos 8:22-25 nosotros podemos leer la curiosa historia cuando Jesús oró dos veces por cierto hombre que estaba ciego. Ciertamente, Jesús no necesitaba dos oraciones para la sanidad, ¡Él era el Todopoderoso manifestado en carne! En su lugar, Él usó la doble oración para ilustrar un punto importante. Después de haber orado la primera vez, Él le preguntó al hombre si había visto algo. El hombre respondió con las famosas palabras, “Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.” En otras palabras, yo puedo ver que hay hombres, pero no son nada más que figuras indistinguibles para mí.
Después y solamente después Jesús oró una segunda vez. Él le preguntó otra vez qué miraba, el pobre hombre declaró, “¡Puedo ver a cada hombre claramente!” Esto deber ser la revelación que nosotros también tenemos que tener. Nuestro objetivo tiene que ir más allá de ver hombres en una forma vaga y comprometida. Nosotros necesitamos ver a cada hombre claramente para poder comprender la verdadera necesidad de un avivamiento real en nuestro entorno. Qué hubiera pasado si el hombre hubiera respondido la primera vez, “Gracias Jesús, esto es suficiente para mí. Después de todo, estoy mejor ahora que antes.” O, “Gracias porque ahora puedo ver un poco más a mi vecino.” ¿Qué habría sucedido si él hubiera dejado la presencia del Sanador con un toque parcial?
¿Cuándo será suficiente realmente suficiente? Y, ¿quién decide que es suficiente?
¿Hemos escuchado suficientes predicas y enseñanzas que ya no necesitamos más? Y cuando las escuchamos, ¿éstas tienen el impacto que deberían tener? ¿Cómo expresamos nuestro deseo para comprender completamente la perspectiva bíblica de la cosecha y el avivamiento espiritual?
“Yo No Puedo Ir”
Las cosas estaban avanzando bien en Jerusalén. Las paredes ahora se encontraban reconstruidas, y sólo hacían falta las puertas y los portones. Nehemías había tenido éxito en dirigir un esfuerzo masivo para construir tan rápida y eficientemente como fuera posible. A pesar de todos y raros impedimentos que se interpusieron en su camino, el hombre de Dios había perseverado y las paredes estaban en su lugar. Luego un día, Nehemías recibió un mensaje en el cual le pedían que asistiera a una reunión con dos hombres, Sabalat y Gesem. Ellos querían reunirse con él en una aldea en la llanura de Ono, pero Nehemías justamente percibió su estrategia como una de compromiso. Su respuesta es una que nosotros recordaremos muy bien. En Nehemías 6:3, él responde,
“Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros.” Nadie habría sido culpable si Nehemías hubiera detenido el proyecto en ese momento. Después de todo, alguien más podía haber tomado la tarea. Y, ciertamente, él había hecho un trabajo maravilloso hasta ese punto. Pero, Nehemías juzgó justamente el
peligro al cesar de completar la tarea que Dios le había dado. Hacer más que otra persona, o hacer más como nunca antes en nuestra existencia no significa que la tarea está terminada. El avivamiento de Dios siempre está creciendo. Nosotros necesitamos la misma profundidad de compromiso que Nehemías sintió, ya que para él el trabajo no estaba acabado. ¿Cuándo se terminará realmente nuestro trabajo? Tal vez sería una buena idea recordar el lugar de reunión propuesto por Sabalat y Gesem, de hecho, la respuesta cuando nos ofrecen un compromiso atractivo debe ser: solamente “¡Oh, no!”
Puertas Abiertas y Cerradas
La tercera realidad con lo concerniente al avivamiento de Dios es que el tiempo para ver es ahora. Esto empezó en Hechos 2 con el derramamiento del Espíritu Santo, y es la voluntad de Dios que continúe a lo largo de los últimos tiempos. Pedro lo predicó claramente: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel…” (Hechos 2:16) Nosotros no estamos esperando que Dios haga algo especial. Al contrario, ¡Él probablemente está esperando que nosotros hagamos algo especial!
En el entorno de una terrible persecución, la Iglesia primitiva de los Hechos necesitaba una garantía completa de que ellos estaban haciendo la voluntad de Dios. No podía haber lugar para la duda sobre si era el tiempo y el lugar para el avivamiento. Estos hombres eran quienes habían puesto en peligro sus vidas por el evangelio y había mucho que perder si ellos estaban equivocados. En Hechos 4, Pedro y Juan fueron aprehendidos por los gobernadores judíos en Jerusalén y fueron amenazados severamente. Se les ordenó que nunca volvieran a predicar o a enseñar en el nombre de Jesús. Ellos respondieron fuertemente que ellos estaban obligados a continuar testificando sobre lo que ellos habían experimentado personalmente. Luego, ellos llamaron a la iglesia para que se reuniera y orara con ellos. Ellos oraron por intrepidez y coraje. ¿Por qué? Ellos sabían que ellos eran llamados, y ¡ellos tenían la fuerte convicción de que este era el tiempo para un movimiento apostólico del Espíritu Santo en ellos y a través de ellos!
Durante la reunión de oración, la casa en la cual estaban reunidos fue sacudida con el poderoso testigo de Dios con el cual fueron llenos por Su voluntad. Luego, en el capítulo 5 ellos son arrestados y traídos delante de las autoridades por el crimen de predicar la verdad. La respuesta en el versículo 29 es muy conocida, “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” ¡Cuán poderosa y verdadera es esta declaración! Cuando nos encontremos frente a la duda, amenazas y persecución abierta, ésta debe ser nuestra respuesta: ¡éste es el tiempo para lo que nosotros debemos hacer! Esto comenzó en Hechos 2 y continúa hoy en día si nosotros queremos, pero seguirá ocurriendo si nosotros entramos con el mismo tipo de dedicación y decisión espiritual que los apóstoles tuvieron.
Mucho ha sido escrito sobre los mensajes de los “ángeles a las siete iglesias” en el capítulo 2 y 3 de Apocalipsis. Muchos los miran como simples cartas para las diferentes partes de la Iglesia primitiva, otros los miran como la “evolución” de la Iglesia a lo largo de sus variadas etapas. Cualquiera que sea la intención real y el significado definido de estas cartas, vale la pena notar las últimas dos “cartas”. Los mensajes para la iglesia de Filadelfia y para la iglesia de Laodicea tienen algo en común. Además, ellas son las dos
últimas dirigidas antes de lo que muchos teólogos creen que es el tiempo del Rapto de la Iglesia. La similitud de estos dos pasajes en Apocalipsis 3 es una puerta.
Las dos iglesias son descritas de forma diferente, con espíritus completamente diferentes. La iglesia de Filadelfia se demuestra como un grupo fiel que ha guardado la palabra de la paciencia del Señor a través de los años de dificultad. Una promesa es dada a aquellos vencedores y eventualmente serán conocidos como pilares en el templo de Dios. Cuando los problemas eran muy duros en la iglesia de allí, los santos mantuvieron un poco de fuerza y nunca negaron el nombre (o la voluntad) del Señor. No obstante, en los versículos 7-8 nosotros leemos el secreto de esta fidelidad perdurable. El Señor había puesto delante de ellos una puerta abierta, una puerta que ningún hombre podía cerrar.
Esta era una puerta que había sido abierta por Dios Mismo, y una vez abierta, ningún hombre tenía el poder para cerrarla. Y era una puerta que, cuando era cerrada por el Señor, ningún hombre era capaz de volverla a abrir. Por la fidelidad de la iglesia en Filadelfia, la llave de su recompensa yacía en trabajar y vivir por fe por una puerta de experiencia abierta. Su puerta estaba abierta, el tiempo era el correcto, y ningún hombre podía cerrar las oportunidades que estaban en frente de ellos. Ellos sencillamente fueron obedientes al llamado y al tiempo.
Sin embargo, más tarde en los versículos 15-19 nosotros leemos de espíritus completamente distintos. Los santos en la Iglesia de Laodicea se habían vuelto auto- satisfechos e insensatos en su búsqueda de una vida cristiana. Ellos eran “ricos” y sus bienes se habían incrementado al punto de que se considerara que ellos no necesitaban nada. Como un hecho real, el Señor los etiquetó como “¡desgraciados, miserables, pobres, ciegos y desnudos!” ¡Qué combinación de atributos para una iglesia! Luego, en el versículo 20, nosotros leemos de otra puerta. Esta es una puerta que había sido cerrada por los hombres, y ¡el Señor era incapaz de abrir! En su lugar, Él se para frente a la puerta y toca gentilmente, esperando que alguien adentro la abra para que Él pueda entrar y tener una verdadera comunión. Si la puerta no es abierta desde el interior, los laodiceos serán dejados por siempre en su condición lastimosa y carnal. Aún así, la promesa para vencer está allí para ellos también. Lo único que se necesita es abrir la puerta.
La Iglesia de hoy día debe reconocer la necesidad de una completa sumisión al Señor, y, también, la necesidad de una respuesta de acuerdo a los tiempos en que vivimos.
Realmente, estamos más cerca que nunca antes a la venida de Señor. En verdad hay muchas más almas pérdidas que antes. La evaluación auto-centrada e interior que declara que de alguna manera hemos alcanzado la altura de santidad y que ahora no tenemos necesidad de nada, solamente hará imposible el avivamiento que ha sido prometido. ¡Sin duda, el tiempo para el avivamiento es ahora!
Buena Tierra
La última realidad del avivamiento para considerar en este capítulo es que éste se basa simplemente en producir santos saludables en cada iglesia local. Mientras que las matemáticas pueden no ser exactas, la lógica aún es válida: en la historia del sembrador y la semilla, por lo menos un cuarto de la semilla cayó en buena tierra. Las mecánicas de
este principio son muy puras y prometedoras. La buena semilla plantada en buena tierra comenzará a crecer. El cuidado propio y el seguimiento asegurarán una buena cosecha.
Por tanto, cualquier cosa impedirá que las necesidades anteriores sean corregidas (o incluso eliminadas) de nuestros programas en la Iglesia. Sencillamente, la meta necesaria es traer santos al lugar de conocimiento de la semilla y la tierra. Ni siquiera se trata de un asunto de habilidad en este punto, sino en enseñar y después experimentar. ¿Cómo puede uno reconocer la buena tierra? ¿Qué tipo de semilla se debe sembrar? ¿Cuál es el tiempo justo en algunas porciones del campo de cosecha? Más allá de esto, Dios se encarga de eso en muchas formas.
Al referirnos una vez más a Marcos 4, nosotros leemos en los versículos 28-29,
“Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.” ¡Nosotros no siempre tenemos que saber cómo sucede esto, pero ciertamente necesitamos estar seguros de que pasará!
Nosotros comenzamos este capítulo declarando que una iglesia saludable crecerá. En los capítulos siguientes que describen los seis principios del avivamiento, nosotros miraremos de cerca cómo producir miembros saludables en congregaciones saludables.
La realidad del potencial de la cosecha de hoy en día debe llegar hasta adentro de todos nosotros y, también, debe fluir fuera de nosotros para saturar a otros. El papel de liderazgo en la Iglesia de hoy es asegurar la salud espiritual de la membrecía y equipar a los santos con las herramientas necesarias para ser los testigos que el Señor los ha llamado a ser. El tiempo es el correcto, el poder está disponible, la dirección es clara, y la carga es fuerte. ¡Pongamos nuestras manos en el arado y veamos una cosecha como nunca antes!
Capítulo Tres
LAS REALIDADES DE LA IGLESIA
“Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo. Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey. En sus palacios Dios es conocido por refugio.”
Salmos 48:1-3
Qué privilegio es ser parte de esta gran Iglesia: ¡el cuerpo de Cristo, los llamados, la Novia, la Iglesia que Jesús prometió que Él construiría! El Antiguo Testamento predice su grandeza en el plan de Dios, y el Nuevo Testamento describe su concepción y sus primeras etapas de crecimiento a lo largo del mundo antiguo. A pesar de que el autor del Salmo anterior no pueda ser conocido hoy en día, y aunque el tema cuando éste fue escrito fue la ciudad de Jerusalén, este Salmo se mantiene como una descripción profética de la gloriosa asamblea del creyente. Jesús le había dicho a Sus discípulos en Juan14:16- 17, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”
Entonces, no hay duda que esta Iglesia es llamada el cuerpo de Cristo en la escritura de Pablo en Efesios 1:22-23, “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” La Traducción Phillips del Nuevo Testamento en un inglés moderno pone la última parte del versículo 23 como “…la cual es su cuerpo, y en ese cuerpo vive completamente el que llena todo el universo.” ¡El que llena todo el universo es el Mismo que es la Cabeza del cuerpo! Y en Colosenses 1:26-27 Pablo escribió, “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” Ciertamente, es un privilegio ser parte de la culminación del plan de Dios, el cual ha sido el mismo desde antes de la fundación del mundo.
Jesús está construyendo Su Iglesia. Lo mejor que nosotros, el cuerpo, podemos hacer es cooperar con Él en esta grandiosa tarea. En Juan 14:12, Él le dijo a los discípulos “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” La última parte de la declaración, “porque yo voy al Padre”, habla del derramamiento del Espíritu de Dios sobre toda carne después de la resurrección del Señor. Debido a que Jesús hizo el sacrificio descrito en Filipenses 2:7-8, nosotros ahora podemos ser partícipes de la promesa en Filipenses 2:13, “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”
En otras palabras, Jesús está construyendo Su Iglesia al trabajar en y a través de los miembros de ese cuerpo. Como vimos en el Capítulo Dos, cada miembro de la Iglesia está destinado por Dios a encajar perfectamente en un lugar especial del cuerpo, y a cambio, cada uno contribuye a la salud y crecimiento del mismo. Por lo tanto, está claro que la primera realidad de la Iglesia es que la misma será instrumental en el
Él sabe perfectamente cómo construir esta Iglesia. Su tiempo es perfecto, Su sabiduría no tiene fin, y su poder es ilimitado. Y, como Pablo escribió en Efesios 5:25-27, “…así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” Será una Iglesia perfecta construida por un Constructor perfecto.
La Controversia del Señor
“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”
Miqueas 6:6-8
Aún hay otra realidad con lo concerniente a la Iglesia: ésta consiste de personas, y las personas frecuentemente fallan. Y esto explica por qué, a pesar de que Jesús es la Cabeza del cuerpo, no siempre hay un gran avivamiento en cada nación, en cada provincia, en cada ciudad o aldea. En algunas formas esto parece paradójico. Aquí está el Todopoderoso y Su Iglesia, construyendo la misma Iglesia, sin ninguna limitación dentro de Él, sin embargo de alguna manera Él está constreñido por las debilidades de nuestra carne. En otras palabras, Él puede hacer cualquier cosa, pero está trabajando a través de nosotros, y, por tanto, el avivamiento y la construcción de Su Iglesia están sujetos a nuestro deseo de ser parte de lo que Dios está deseando y anhelando hacer.
Después de Su resurrección, Jesús le dijo a Sus discípulos en Juan 20:21, “Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.” Jesús ciertamente había respondido al llamado, pero ¿qué pasaría si ellos no hubieran ido? ¿Hubiera habido un derramamiento del Espíritu Santo en el Día de Pentecostés si no hubiera habido una multitud orando en el aposento alto ese día? En Hechos 1:8 nosotros leemos, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Pero en el versículo 11 del mismo capítulo, dos ángeles tienen que decir lo mismo a los discípulos, “¿por qué estáis mirando al cielo?” Para parafrasear esta pregunta de una forma muy moderna se podría leer como, “¡Ustedes no recibirán este poder que se acaba de describir al quedarse aquí parados alrededor! Vayan a Jerusalén y encuentren lo que necesitan para esta gran comisión.”
Los versículos mencionados anteriormente del libro de Miqueas describen una controversia que el Señor tuvo con Israel. Anteriormente en el capítulo, Dios les había recordado sobre cómo Él los había liberado del cautiverio en Egipto, y cómo Él les había enviado hombres grandiosos como Moisés para que los guiara. Él había hecho todo lo que se necesitaba para llevarlos al lugar en el cual ellos pudieran tanto reflejar Su gloria
como disfrutar de Sus beneficios, sin embargo, Él mismo se encontraba en una controversia con estas personas. En el versículo 6 el profeta declara la futilidad de llevar las ofrendas del pasado ante este Dios. Él hace una pregunta retórica en cuanto a si una ofrenda de miles de carneros agradaría o no al Señor. Él va más allá de decir que incluso la ofrenda de su propio primogénito no podría esconder sus transgresiones delante de Dios. Luego, en el versículo 8, se revela la respuesta sencilla para agradar al Señor. Todo lo que se requiere de un hombre es hacer lo que es recto de acuerdo a Su Espíritu, apreciar las misericordias extendidas por Él, y caminar en cooperación y armonía con Él.
Para ponerlo claramente, el Señor no está interesado en lo que nosotros tengamos que dar; ¡Él está interesado en nosotros! En lugar de una multitud de ofrendas sustitutas que nosotros podamos dar en el altar, Él en realidad nos quiere a nosotros en el altar. Más que el dinero en la canasta, más que la ropa fina en la brillante mañana de un domingo, y más que una apariencia exterior de santidad, Él simplemente está buscando personas que van a estar completamente rendidas a Él y a Su voluntad. Hebreos 10:5-6 nos dice del propio sacrificio de Jesús: “Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.” Este pasaje se toma del Salmo 40, en donde mientras se hacían cientos de sacrificios en el altar, el salmista tenía el agudo entendimiento espiritual para saber que realmente sólo hay una verdadera ofrenda que será aceptable a la vista del Señor. ¿Eran necesarios los sacrificios del Antiguo Testamento? Absolutamente, pero sólo en el sentido de ofrecerse a uno mismo mientras se daba el sacrificio. Esto aún es verdad en la Iglesia de hoy día. ¿Se requieren los sacrificios en la actualidad? ¿Es necesario el estándar exterior de santidad cristiana? Por supuesto que estos y muchos más todavía son necesarios, pero deben ser dados como un resultado de nuestra consagración, y no para encontrarla. En otras palabras, nosotros hacemos lo que hacemos porque somos cambiados, no para probar que somos aceptables. La verdadera dedicación y la consagración a la causa empiezan en el corazón de uno mismo. Hoy día, el avivamiento de Dios demanda este tipo de consagración, y es uno para el cual no hay sustituto.
Parándose Afuera y Mirando Hacia Adentro
¡Qué vergonzoso tuvo que haber sido para María y sus hijos ese día! Jesús estaba en la casa de alguien, enseñando a un gran número de personas interesadas. Había tanta gente allí, de hecho, cuando María y los hermanos de Jesús llegaron finalmente, no había lugar para ellos en la casa, e incluso era difícil mandarle un mensaje a Él. Por último, alguien llevó al Señor las noticias que su madre y sus hermanos estaban parados afuera deseando verlo. En Lucas 8:21 leemos Su respuesta, “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.” Esto no fue algún lapso cruel en la amabilidad de Jesús;
a su vez, esto fue una imposición estricta de un principio divino. Y esto representa una tercera realidad que concierne a la Iglesia. Nosotros no debemos dar por hecho nuestra posición en Cristo. Nos podemos preguntar por qué la mamá y los hermanos de Jesús llegaron tan tarde a la casa. Cualquiera que sea la razón o excusa que pudo haber habido, parece ser que ellos esperaban un tipo de “trato especial” para cuando ellos llegaran, pero Jesús no tendría parte en él. El apóstol Pablo escribió en Romanos 10:2 sobre el problema de Israel de tener entusiasmo, pero no de acuerdo al conocimiento. ¡Tal vez aquí la mamá y los hermanos de Jesús tenían el conocimiento, pero les hacía falta el entusiasmo! Estar