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Psicoanálisis como ciencia transempírica

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Psicoanálisis como ciencia transempírica

Foto: lacentral.Com

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

La Paz, Baja California Sur (BCS). Ciencia transempírica. Un nuevo concepto que sería equivalente a las ideas metafísicas, según Kant. Engloba modelos que no tiene evidencias empíricas sólidas, sino que se infieren a partir de otras teorías, ecuaciones o intuiciones.

En medio del remolino filosófico que ha buscado implementar criterios que nos den la certeza del conocimiento de la

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realidad, dos hombres lúcidos, Alejandro Segura y Daniel Omar Stchigel, proponen defender el psicoanálisis como una ciencia transempírica.

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La mente como noúmeno, epifenómeno del cerebro, res cogitans o como una metáfora de “algo” de una “cosa en sí” que nos remite a la conciencia, ha sido por milenios pugna de debates racionales e irracionales. El psicoanálisis parte de la tesis de que el comportamiento es un reflejo del inconsciente.

El psicoanálisis como terapia —según Onfray—, tiene a su fundador en Antifón de Atenas en el 411 a.C. Se ha erigido como una técnica científico filosófica muy profunda, llena de subteorías, vericuetos y hasta pergeñada de alquimia.

Antifón entendió la felicidad como la búsqueda de la paz interior, una serenidad ante la turbulencia existencial.

Escuchaba los problemas de sus pacientes para otorgar terapias verbales con el fuego de la palabra. Atribuyó a los sueños significados que pudieran combatir la tristeza de los hombres.

La onirocrítica.

Fueron los románticos quienes, a partir de la conmoción que dejó Kant con su crítica de la razón pura, defendieron la noción del inconsciente. Uno de sus discípulos rebeldes, Johann Gottfried von Herder, arguyó que la filosofía de Kant era palabrería vacía,y en contra de la imposibilidad de la razón de encontrar una esencia propuso la teoría del genio, en la cual, tal genio puede simbolizar las pasiones como verdades universales de manera inconsciente.

Basado en esto, Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling en su sistema de idealismo trascendental retoma la teoría del genio justificando que en el arte no todo se hace de manera consiente.

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Fue así como en la estética romántica, el arte es considerada una vía privilegiada de conocimiento del hombre a través de su inconsciente.

La literatura y las teorías del siglo XIX estuvieron pergeñadas por el inconsciente como motor irracional de nuestras conductas. Las novelas góticas simbolizaron el laberinto oscuro donde la conciencia se pierde. Schopenhauer, Nietzsche y Dostoievski fueron maestros consumados en teorizar sobre esto.

Fue en este contexto en que Sigmund Freud heredó todo el bagaje para desarrollar sus teorías y tratar de instaurar el psicoanálisis como una ciencia psicológica. A partir de su visión se escindieron escuelas y estéticas, algunas tan profundas como la de Jung o tan complejas como la de Lacan.

FOTO: CentroEleia.Edu.Mx

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La difícil ciencia de la psicología desarrolló varias escuelas para conocer la conducta humana. Con el descubrimiento de las neuronas, el genoma y la evolución de la bioquímica, aunado con la polémica sobre las enfermedades mentales, la psiquiatría médica y la anti psiquiatría como antítesis. La mera teoría psicoanalítica resultó insuficiente para totalizar las explicaciones del complejo devenir humano. Han surgido escuelas como la Gestalt, la psicología evolutiva, el cognitivismo, el funcionalismo, el conductismo, etcétera.

El psicoanálisis ha sufrido sendos ataques a los largo del siglo XX y XXI, tanto epistemológicos como filosóficos, por mentes egregias como Bunge, Onfray, Popper, Bueno o Sokal.

Desde un panorama gnoseológico sólido, Segura y Stchigel defienden la cientificidad del psicoanálisis paso a paso, contestando los argumentos más virulentos en su contra de manera racional y con ejemplos históricos.

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Lo que logran es un tratado filosófico muy lúcido, que resulta apto no solo para el psicoanálisis, sino, para entender la base de la filosofía de las ciencias en general.

Al defender el psicoanálisis como ciencia transempírica, lo que Segura y Stchigel realizan no es solo argumentar en favor de su disciplina, sino aseverar que las más osadas teorías cosmológicas son en realidad noúmenos, antinomias imposibles de resolver por medios empíricos. Se lanzan al centro del remolino kantiano donde tiene sentido volver a dividir la r e a l i d a d e n f e n ó m e n o s e i d e a s t r a s c e n d e n t a l e s . E l psicoanálisis sería una metafísica imposible de resolver racional y empíricamente pero -gran ironía- esto no implica negar su cientificidad.

En su libro La cientificidad del psicoanálisis, Segura y Stchigel argumentan en contra de Onfray, Popper, Bunge, Lakatos, Sokal y Kuhn. Más que un ensayo, su libro es un tratado muy preciso y muy claro. Incluso podría ser usado como texto para todo un curso de filosofía de la ciencia. Es un libro placentero, bien escrito y sin rodeos.

Los autores proponen una triple demarcación, que se fundamenta en una idea infinita, a saber: que el Ser no está hecho a medida del Hombre por lo cual la astroconciencia específica nos limita de manera fatal para lograr una verdad contundente. Pero, no podemos más que justificar las ciencias a nuestra escala, lo que daría prioridad al instrumentalismo sobre el realismo.

Tal visión nos remite al psicoanálisis como un modelo más inserto en el fragor de nuestros conocimientos que se acumulan en forma de símbolos y mitos. Aun cuando el subtítulo del tratado es valiente y se atreve a proponer una respuesta definitiva, lo que sugiere al final es una dialéctica infinita que enriquece la filosofía con nuevas categorías que debemos explorar.

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