Reflexión y experiencia creadora en el ensayo literario, un acercamiento a la tejedora de coronas de German Espinosa [recurso electrónico]
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(2) 2. REFLEXION Y EXPERIENCIA CREADORA EN EL ENSAYO LITERARIO UN ACERCAMIENTO A LA TEJEDORA DE CORONAS DE GERMAN ESPINOSA. ADRIANA LOZANO ZAPATA. Trabajo de investigación para optar por el título de Magister en Literaturas Colombiana y Latinoamericana. Director HERNANDO URRIAGO MG. Literaturas Colombiana y Latinoamericana. UNIVERSIDAD DEL VALLE ESCUELA DE ESTUDIOS LITERARIOS MAESTRIA EN LITERATURAS COLOMBIANA Y LATINOAMERICANA SANTIAGO DE CALI 2018.
(3) 3. Agradecimientos. Al profesor Hernando Urriago Benítez, por la eficiente orientación brindada durante el desarrollo de este proyecto de grado. Gracias por su apoyo y disposición.. A los profesores jurados, María Antonieta Gómez Goyneche y Fabio Gómez Cardona, por las pertinentes sugerencias que permitieron pulir el contenido de este trabajo.. A mi familia, por su incondicional apoyo y solidaridad para alcanzar este objetivo..
(4) 4. TABLA DE CONTENIDO. Introducción…………………………………………………………………………………….. 6. 1. El ensayo literario en conflicto con las convenciones académicas…………………………. 14 2. La singularidad de las formas: ensayo literario y experiencia creadora……………...……. 32. 3. Acercamiento a un proceso intencional de interpretación y creación: Fenómenos artísticos discursivos en la novela La tejedora de coronas de Germán Espinosa. 44 3.1. Presentación ……………………………………………………………………………. 44. 3.2. Desarrollo del acercamiento reflexivo a la novela La tejedora de coronas …………… 45. 3.2.1 Primer momento ………………………………………………………………………. 45 3.2.2 Segundo momento ……………………………………………………………………… 47 3.2.2.1 Primer discurso: discurso directo e inmediato …………………………………………. 51 3.2.2.2 Segundo discurso: discurso objetivado de los personajes ……………………………… 54 3.2.2.3 Tercer discurso: discurso orientado hacia el discurso ajeno …………………………… 55. 3.2.3 Tercer momento………………………………………………………………………… 63. Conclusiones……………………………………………………………………………………. 71 Referencias bibliográficas…………………………………………………………………….... 78.
(5) 5. Resumen Las reflexiones presentadas en este trabajo pretenden establecer, en primer lugar, una línea de comparación entre dos posturas que presentan profundas diferencias entre sí: por un lado, el ensayo literario visto desde una perspectiva dialógica que afirma el derecho a repensar los marcos teóricos validados universalmente, trascendiendo el rigor metódico que exige la comunidad académica y, por otro, el ensayo como texto estructurado con un carácter formal e irrefutable, cuyo propósito es el cumplimiento de un imperativo disciplinar desde la unidad académica. En segundo lugar, a manera de ejemplo del desarrollo de la primera parte del trabajo, se presenta un ensayo literario sobre la novela La tejedora de coronas, del escritor colombiano Germán Espinosa, donde confluyen, por un lado las teorías de la enunciación (Bajtín), abordando las categorías definidas por el autor ruso con respecto a la dimensión dialógica del discurso y las posibles orientaciones y acentos que presentan y concentran las voces o palabras ajenas de los personajes en la novela, para finalmente aplicar las categorías propuestas sobre las orientaciones del discurso en los personajes de la novela mencionada. Por otra parte, se plantea un ejercicio dialógico provisorio y abierto entre Mijail Bajtín, Michel Foucault y F. Nietzsche como cruce de sentidos, de miradas, en torno a los dispositivos (risa, deploración y odio) que permiten en un sujeto, producir conocimiento a través de una decisión de inadecuación con los poderes dominantes que lo circundan. Este último aspecto se evidencia en los discursos de Genoveva de Alcocer, personaje central de la novela La tejedora de coronas, como palabra ajena que responde antagónicamente al discurso hegemónico del Santo Oficio en la Cartagena del siglo XVIII. PALABRAS CLAVE: Ensayo literario, enunciado, palabra ajena, discurso dialógico, fenómenos artísticos discursivos, conocimiento..
(6) 6. INTRODUCCIÓN. Las ideas desarrolladas en esta investigación inician con una aproximación al texto ensayístico, en contraste con ciertas normatividades que rigen la producción de ensayos en el ámbito académico. Para ello, establezco una línea de comparación entre dos posturas que presentan profundas diferencias entre sí: por un lado, el ensayo como género de intención dialogante, provisto de un flujo natural del pensamiento y, por el otro, el ensayo como texto estructurado con un carácter formal que soporta una tesis con rigurosos argumentos de autoridad, intentando mostrar a los lectores la urdimbre de supuestas verdades comparadas. A lo largo de las páginas siguientes expongo un marco interpretativo, desde el cual se analizan enfoques y perspectivas teóricas de la literatura, teniendo como punto de referencia la relación entre texto literario y lector crítico cuyo objetivo es producir otro texto (ensayo literario), es decir, generar escritura ensayística. De esta manera, como hecho derivado de lo anterior, en el tercer capítulo propongo, a modo de ejemplo de creación dialogante, un ensayo literario que trata de armoniza los presupuestos teóricos trazados en capítulos anteriores con el ejercicio de una escritura ensayística que surge del acercamiento de ese lector crítico con la producción creativa del escritor colombiano Germán Espinosa, en su obra La tejedora de coronas. En este trabajo investigativo, cuando hablo de ensayos literarios me refiero a una tarea de doble movimiento (lectura- escritura) que implica moverse en dos dimensiones: por una parte, la experiencia reflexiva, crítica y creadora, en correspondencia con la obra literaria como objeto creado por alguien con una intencionalidad posible de ser leído, y por otra parte, el ejercicio de.
(7) 7. un lector modelo que interpela la obra literaria, produciéndose lo que Umberco Eco (1979) llama el Lector Modelo como estrategia textual (p. 89). En el caso de este género ensayístico, que se define por un particular carácter reflexivo, crítico y estilístico, la búsqueda de sentido, las aproximaciones y los descubrimientos que realiza el lector son las acciones que posibilitan el diálogo con la obra literaria, condicionado, claro está, por un proceso de lectura de la obra que se realiza desde una posición crítica, interpretativa y creativa, anclada en relaciones y reflexiones que se soportan en enfoques teóricos específicos. Desde Eguinoa (1999), ―para que un escrito sea catalogado como texto, debe reunir dos condiciones: a) Una función comunicativa particular y b) Una imposición a los usuarios – escritores y lectores–, de normas especiales de funcionamiento y, por tanto de lectura‖ (p. 127). La misma autora presenta más adelante el concepto de plasticidad en la obra literaria entendido éste en un doble sentido: (…) O bien en sentido literal cuando se realizan descripciones que surgen al interior del texto mismo y la palabra es evocada para recordar esos referentes, tal como se dan en la realidad, o bien en el sentido que da curso a la imaginación del lector y que lo conduce a transformar libremente el texto de acuerdo con sus posibilidades de comprensión, interpretación y de libre asociación (p. 76).. En consecuencia, establecer una correspondencia entre obra literaria – lector obliga a no concebir el ensayo literario sin el lector ensayista. Es Aínsa (2014) quien precisamente en su estudio sobre el ensayo en América Latina, remite a una caracterización de este género como dialogante, incitante, polémico, paradójico y problemático. El ensayo en América Latina, dice el autor, interpela a la cultura para inducir la definición de la identidad y la utopía del nuevo mundo..
(8) 8. El ensayo responde como una clase de género que acompaña la misión emancipadora, en el retorno a la Ilustración de escritores y pensadores latinoamericanos. Es el género que llena el vacío de la filosofía profesional. Este énfasis libertario del ensayo, tiende a formalizarse y perder su esencia en la academia, más preocupada por la institucionalidad del saber científico que por la formación crítica y creadora del sujeto frente al papel de escritor. Es sabido que la academia promueve la lectura de grandes escritores como Montaigne, Reyes, Paz, Borges, Rama, entre otros, proclama la libertad y la creatividad del género, pero favorece poco su ejecución literaria. Así, el ensayo se escribe como una serie de datos y notas de carácter expositivo – argumentativo con fines esencialmente bancarios. En palabras de Vélez (2010), La academia admira y establece como modelo la libertad y la creatividad de los grandes ensayos, claro está, pero no favorece su escritura; antes bien, muchas veces, éstos se deben escribir a pesar de su influjo, cuando no contra su opresiva autoridad (p. 222).. Contrario a la perspectiva académica, otras reflexiones ven al ensayo literario como pluralidad de sentidos que exige una actitud cooperativa y abierta por parte del lector. Este planteamiento admite cierto eclecticismo en el hecho de mezclar la racionalidad con la inventiva, la libertad y la destreza de la escritura normativa. El problema expuesto exige identificar los limitantes ante la tentativa de cambiar paradigmas, métodos y hábitos en el desarrollo académico disciplinar y didáctico. Por nuestra parte, consideramos que el problema no debe apuntar al método de investigación o la didáctica, sino a un concepto más amplio o abierto del método, que permita entender la mediación heurística en la pugna entre cientistas y humanistas. Pues si bien la academia, presionada por los resultados que espera de ella la institucionalidad, acoge la directriz de producir más que trasmitir conocimiento, o sea, hacer ciencia, nuevos enfoques como el retórico o el cualitativo tendrían.
(9) 9. mucho que aportar, comenzando por escalar los muros que separan disciplinas numéricas y disciplinas retóricas, diseños de investigación de corte hipotético deductivo o verificativos y métodos complementarios, emergentes y eclécticos, que se orientan hacia la comprensión de los fenómenos humanos y sociales. Es de esta manera que se postula el agotamiento del objetivismo generalizable en el diseño del ensayo literario y, en cambio, se procede a liberar a la literatura ensayística de la rigidez académica, proponiendo, desde una postura epistemológica y estética, el valor del estilo personal estetizante en la tarea del descubrimiento; como indica Rodríguez (2014), lo institucional se diluye en lo personal. Este estilo ensayístico dialógico busca la cooperación de un lector cómplice preparado para descifrar la estrategia discursiva del autor en el contenido propuesto, contenido que tiene un carácter interpelativo y de reconocimiento en y para el otro. En esta propuesta, el ensayo literario es visto como género que invita a la construcción de una pluralidad de sentidos que requiere, por parte del lector, una actitud cooperativa y abierta. Para abordar el asunto desde las ciencias humanas, Colmenares (1997) se ocupa de la historiografía como método que permite construir, rescatar y escribir la historia en forma de ensayo narrativo o ensayo narrativo-expositivo. En el primer caso, como era habitual en el siglo XIX, tenía el carácter de una novela histórica, ya que no se refería a los procesos, la estructura o la dinámica histórica, sino a la personalidad y las hazañas del héroe: Napoleón, Bolívar, entre otros. Nos dice el autor que los historiadores del siglo XIX se esforzaban en desarrollar un estilo emocional intenso para poder crear identidades creíbles, mientras que los novelistas, no siendo historiadores, se valían de un contexto más imaginario que real, por la falta de métodos archivísticos y documentales, para crear personajes idealizados..
(10) 10. Es sabido que la ciencia positiva, empeñada en producir leyes desde la generalización, las teorías, la hipótesis y la prueba, sobrevaloró las disciplinas físicas en perjuicio de las humanísticas y culturales, más asociadas con la subjetividad y el relativismo. O bien lo subjetivo fue asignado a las primeras etapas, como el combatiente de menos rango que se sacrifica, que corre el riesgo de morir en la avanzada, para salvar la vida del general. Es lo extracientífico, como dice Bunge (1980), como soporte de lo científico. A diferencia de los soportes científicos empíricos, racionales y objetivos, los soportes extracientíficos que aparecen en la subjetividad de nuestra visión del mundo, en un trasfondo cultural, ―son, en gran medida, materia de preferencia individual, de grupo o de época; por consiguiente, no debieran ser decisivos en la etapa de la comprobación, por prominentes que sean en la etapa heurística‖ (Bunge, 1980, p. 60). Sin embargo, en el campo científico otras voces (Pólya, 1989; Feyerabend, 1994; Gratzer, 2005) entienden por heurística aquellas estrategias que guían el descubrimiento o el hecho de mantenerse preparado para realizar el descubrimiento. Asimismo, es la manera de regresar al método (no necesariamente científico) por un atajo que consiste en practicar la creatividad a través de un eficaz algoritmo, la afición por resolver crucigramas, acertijos y adivinanzas, y la utilización de la metáfora o la analogía, figuras retóricas que traspasan los límites del sentido convencional del lenguaje. La heurística tiene múltiples ramificaciones: los matemáticos, los lógicos, los psicólogos, los pedagogos o los filósofos pueden reclamar varias de sus partes como pertenecientes a su dominio especial (Pólya, 1989). Lo heurístico es visto de este modo como la exploración inhabitual de las posibilidades significativas de la obra literaria, particularmente del ensayo literario. Diversos autores (Aínsa, 2014; Vélez, 2010; Giordano, 2005) sostienen que el ensayo literario mantiene un conflicto con las convenciones academicistas y que su apropiación por la.
(11) 11. academia lo ha desvirtuado por la excesiva demanda de metodología, objetividad y sistematización, como si se tratase de un asunto o tratado científico. En cuanto a la adopción del ensayo, Villanueva (1994) propone un procedimiento asistemático que conduzca de un relativismo intuitivo o monismo dogmático a un pluralismo activo de corte humanista. Este pluralismo metodológico, que Feyerabend (1994) denomina proliferación, plantea la necesidad de trabajar desde el comienzo de la investigación, no con una sola teoría, paradigma o sistema de pensamiento, sino con varios. ―El principio de proliferación es también parte esencial de una perspectiva humanitaria‖ (Feyerabend, 1994, p. 21-22). Un principio de proliferación se aprecia en la actividad de inventar y elaborar teorías que sean inconsistentes con el punto de vista comúnmente aceptado, aun en el supuesto de que éste venga altamente confirmado y goce de general aceptación. Al mencionar el papel que puede jugar la heurística en el regreso del ensayo frío al ensayo vivo y palpitante, desde un punto de vista dialogante, cooperativo o humanista resaltamos la idea de búsqueda. Si se acepta el principio de la búsqueda común de la verdad, entre el autor y el lector, entonces se evade la crítica especializada y se practica la crítica dialógica. En este sentido, Oliveira (2015) considera que las humanidades constituyen el escenario privilegiado del ensayo literario. Como bien lo señala Todorov, (1991), si se ha podido perder así de vista esta dimensión humanista y crítica esencial de la literatura, es porque se ha reducido previamente la verdad a la verificación y la moral al moralismo. El ensayo literario se vio y se sigue viendo amenazado por el distanciamiento que impone un concepto de ciencia reducido a la objetividad y el procedimiento verificativo. El retorno al ensayo literario es el retorno a la ética y los valores humanistas que se remontan a Montaigne y a la cultura del Renacimiento (Giordano, 2005;.
(12) 12. Weinberg, 2014) y sobre todo al reconocimiento de la inutilidad práctica de la literatura después de librarse de su dependencia religiosa, política y epistemológica. En el Renacimiento, el ensayo de Montaigne se hallaba más allá de la divinidad y más acá de la humanidad. Weinberg (2014) rescata nociones tan profundamente interrelacionadas como ensayo, humanidad, humanismo y humanidades, a propósito de su trabajo sobre la experiencia y el conocimiento del ensayista y humanista francés Miguel de Montaigne; al mismo tiempo destaca la perspectiva de la primera persona en el ensayo literario del fundador del género, centrado en el yo enunciativo, en la primera persona subjetiva. Montaigne escribió sus ensayos de la experiencia intelectual de acontecimientos históricos vividos, así como de los descubrimientos científicos, los cambios tecnológicos y la historia cotidiana de su época. Al respecto, Weinberg (2014) expresa: Si individuo es lo indiviso e indivisible, a través del ensayo el individuo humano, yo, ego o persona, en su singularidad, comienza a pensarse a la luz de otra noción, la de persona, en cuanto personalidad humana que existe por derecho propio (me pertenezco) y más tarde se mostrará también como personalidad moral (p. 68).. En este orden de ideas, se podría decir que el ensayo literario no es invención ni copia, es un recurso de rutina utilizado en la academia para incomodar desde la intimidad del azar y desbordar los límites impuestos al género. En conjunto, son estrategias de descubrimiento, intertexto, diálogo de este género, capacidad de búsqueda, identificación y salto al vacío de una actividad marginal o emergente. De este tipo de ensayo siempre se ha señalado la heterogeneidad de sus materiales y de sus procedimientos, la dificultad para clasificarlo o definirlo (Giordano,.
(13) 13. 2005, p. 225). Desde esta mirada, se logra delimitar el género ensayístico como un ejercicio que impone un método antimetódico, como dice Giordano (2005). Este planteamiento admite cierto eclecticismo en el hecho de mezclar la racionalidad con la inventiva, la libertad y la destreza de la escritura con la norma, que corresponde con su definición en el sentido de intento o aproximación estilística. Ahora bien, la pregunta a indagar sería: ¿es posible rescatar el ensayo literario, en cuanto saber bello que propicia el diálogo entre autor y lector, de una academia absorbida por la validación científica? Regresando a la estructura que comporta nuestro trabajo, éste se compone de tres capítulos y unas conclusiones. El primer capítulo aborda la escritura ensayística como una actividad profunda y dinámica con el lenguaje, que posibilita el despertar de éste en términos de una naturaleza discursiva que se moviliza entre la reflexión, el diálogo y la creación misma, abriéndose caminos hacia redes de sentido que oscilan entre asociaciones libres con pluralidad de sentidos y el juicio reflexivo, alejándose, en efecto, de un estilo discursivo llano, descriptivo y uniforme. El segundo capítulo parte de la siguiente pregunta: ¿Qué es lo posible que devela el ejercicio reflexivo y creativo del discurso crítico ensayístico en el acercamiento a la obra literaria? En el tercer y último capítulo se presenta un ejemplo de ensayo literario, como evidencia de experiencia creadora, a partir del acercamiento reflexivo y crítico a la obra La tejedora de coronas, del escritor cartagenero Germán Espinosa; esta aproximación a la novela de Espinosa se hace a la luz de tres pensadores: Mijail Bajtin, Michel Foucault y F. Nietzsche. Al final, se exponen conclusiones en torno a la exigente tarea del lector como intérprete y productor de un nuevo texto..
(14) 14. 1. EL ENSAYO LITERARIO EN CONFLICTO CON LAS CONVENCIONES ACADÉMICAS. Cuando nos referimos al ensayo en distintos círculos académicos y no académicos, se le relaciona con un género de la escritura que se mueve entre la incertidumbre y la creatividad contenida. En lo formal sólo sabemos con certeza que se trata de una composición en prosa, que ha sido utilizada por grandes ilustrados de la ciencia para la reflexión de las epistemes o por hombres situados en lugares marginales que lo utilizan para repensar la realidad que viven en un contexto dado. Esta afirmación resume la idea general predominante para entender el género ensayístico, pero aclaremos que este ejercicio de la escritura va más allá de un conjunto de tanteos y reflexiones teóricas sobre temas que inquietan al hombre moderno. La escritura ensayística supone además una actividad profunda y dinámica con el lenguaje, posibilitando el despertar de éste en términos de una naturaleza discursiva que se moviliza entre la reflexión, el diálogo con otros de forma intra e intertextual y la creación misma, abriéndose caminos hacia redes de sentido que oscilan entre asociaciones libres con pluralidad de sentidos y el juicio reflexivo, alejándose, en efecto, de un estilo discursivo llano, descriptivo y uniforme.. En este intento de acercarnos al texto ensayístico literario hemos de comenzar precisando que si bien se ha encontrado en diversas investigaciones que tanto los romanos como los griegos1 ya utilizaban este estilo de expresión (Angulo, 2013), sólo hasta el siglo XVI con Michel de Montaigne fue adoptado el término ensayo como una forma de nombrar sus escritos, entendido como un método para incitar su proceso intelectual. Se identificaba como un escrito breve que no tenía la extensión de un tratado completo y que posibilitaba unas reflexiones diversas sobre un 1. Por nombrar algunos: los Diálogos de Platón, las Epístolas a Lucilio de Séneca (las más cercanas al ensayo actual), en las Meditaciones de Marco Aurelio, en las Obras Morales o Vidas paralelas de Plutarco..
(15) 15. tema específico; este humanista logró posicionar una nueva discursividad que pone al sujeto como productor de un pensamiento propio frente a cualquier conocimiento. Weinberg (2014) lo sintetiza así:. … en la pluma de Montaigne, el ensayo se ha convertido en un espacio de encuentro entre el escritor, el mundo y el lector, un ámbito de la conversación en lengua vernácula y de amistad intelectual, de reflexión abierta, de reconocimiento del otro y en el otro, y como tal en un mirador privilegiado para pensar la condición humana (p. 64).. Esta característica hizo que por mucho tiempo fuese considerado como un género ambiguo e inconcluso, donde el conocimiento que allí se construía era producto de un ejercicio subjetivo, parcial y carente de rigor científico. De ahí que la academia comenzó a desarrollar una serie de criterios necesarios para sacar al ensayo de ese limbo del lenguaje subjetivo y posicionarlo a partir de un marco metodológico donde el enfoque se dirigiera hacia la recolección de una información, la cual se analiza, profundiza y sintetiza a partir de la expresión de una serie de apreciaciones personales que intentan convencer a partir del ejercicio argumentativo sobre una teoría o un conocimiento específico. Como lo expresa Goretti (2004), ―en el ensayo se pide una reflexión crítica que descubra ideas que no se ven con una lectura superficial; se pide asumir una postura y comprometerse a defenderla utilizando las ideas‖ (p. 1). Encontramos entonces que una de las preocupaciones centrales de la academia es minimizar el carácter ambivalente, inconcluso y en continuo movimiento incierto que el ensayo propone al lector.. Para contrarrestar esta dinámica, dentro del género se desarrolló una estructura básica, la cual fue acogida en los círculos académicos y no académicos y que sigue en la actualidad siendo.
(16) 16. un referente de los componentes esenciales que debe tener un escrito elaborado bajo esta técnica. A continuación presentamos un cuadro ilustrativo de esta estructura:. Tabla 1. Estructura del ensayo Se realiza una descripción inicial del tema y del objetivo del ensayo. Su intencionalidad es seducir o atrapar con unas premisas iniciales al lector, a partir de Introducción aseveraciones o tesis debatibles que conduzcan la lectura de todo el documento. Desarrollo, análisis y exposición amplia del tema. Se acompaña con ideas propias o sustentadas en referencias científicas (libros, revistas, entrevistas, etc.) buscando desarrollar una postura del autor frente al Desarrollo del tema tema y puede comparar opiniones de otros autores marcando coincidencias y diferencias. El principal objetivo es convencer a través del argumento al lector sobre dicha perspectiva. El autor expone las ideas que se desprenden y son consecuencia del ejercicio anterior, puesto que ya está en condiciones de dar algunas sugerencias, cerrar las Conclusiones ideas trabajadas en el desarrollo del tema y proponer líneas de análisis para posteriores escritos. Se utiliza bajo el término de referencias, se enlistan todas las fuentes consultadas (libros, revistas, Notas y referencias entrevistas, videos, páginas Web) que sirvieron para sustentar las ideas del autor o para recabar datos e ideas. Fuente: Elaboración propia basada en Angulo Marcial (2013). Ahora bien, en el siglo XIX y con mayor intensidad en el siglo XX, el ensayista cuestionará estas estructuras y marcos académicos, arquitecturas rígidas donde había primado un supuesto estilo de un correcto uso de la escritura y la adecuada expresión del pensamiento, que la mayoría de veces no generaban ninguna novedad para la reflexión del pensamiento y que por el contrario, eliminaban las condiciones propias del género ensayístico, donde la búsqueda permanente dentro.
(17) 17. de la creación estética de la palabra no agota las posibilidades del conocimiento. Sobre esta revelación, Vélez (1999) expresa:. El medio académico tiende a privilegiar, por encima del aporte del individuo, el pensamiento oficial, es decir, aquello que posee un carácter indiscutible y un respaldo bibliográfico respetable. Debido a que lo propio del ensayo reside en la visión personal del escritor, se puede deducir con facilidad que cuando esta forma de expresión no entra en abierta contradicción con lo académico, termina por subyugarse ante él, en cuyo caso pierde su esencia, aunque siga conservando su nombre vacío. Lo que en la universidad se denomina ensayo, en la mayoría de los casos consiste en un informe obsecuente y previsible, redactado casi siempre en un lenguaje para iniciados. El saber se reduce al empleo de un vocabulario (p. 222).. En consecuencia, como bien lo expresa Gómez (1992), el ensayo toma un nuevo giro y el escritor lo utiliza para. expresar sus reacciones ante la sociedad o ante la naturaleza; por medio de ensayos expresará sus puntos de vista y combatirá aquellos que no acepta, y algo aún más importante, pensará en el público que los lee regularmente y tratará de sugerirle, de hacerle meditar, de conectar la realidad con el ideal (p. 2).. Desde esta perspectiva se alude a una filosofía trascendental del lenguaje donde el Otro es el origen inicial de todo discurso, donde el encuentro solamente es mediado por la palabra en la proximidad que posibilita el ensayo. En contraste, al independizarse de las ideas tradicionales de verdades universales desarrolladas por la ciencia, el ensayo se acerca a la literatura, en especial a la novela. Allí el ensayista descubre que no hay límites claros entre la realidad y la ficción sino.
(18) 18. que emergen una multiplicidad de intersticios entre lo real y lo imaginario y que esto posibilita un recorrido similar tanto en la novela como en el ensayo. Oviedo (2003), lo referencia desde la obra de Borges, claro ejemplo de este ejercicio creativo:. Borges trabaja con arquetipos establecidos por la colaboración de muchos a través de los siglos: una cadena de préstamos y transformaciones que nos permite ver una vieja verdad desde otro ángulo, como si la hubiésemos formulado nosotros o al menos nos deja jugar con esa hipótesis. Así, el lenguaje expositivo y analítico del ensayo incorpora los elementos de la ficción y los recursos de la metáfora poética (p. 2).. Se comprende entonces, en consonancia con Giordano (2005), que el ensayo se provee de una argumentación dialéctica que conduce a una continuidad de interpretaciones y que su lectura está provista de una heterogeneidad de materiales y procedimientos que no necesariamente son medibles o clasificables, y es en el diálogo entre el escritor y quien lo lee donde aparecen distintas formas de experimentar la realidad, de conocerla, de percibirla: un escenario donde abundan los interrogantes y sobran las respuestas. En efecto, la pretensión del ensayo ya no es resolver problemas o intentar movilizar a los lectores hacia verdades comparadas, sino develar la manera en que los hombres se conocen a sí mismos y a otros. En el concepto que desarrolla Vélez (2000), el ensayo se caracteriza porque:. … posee las virtudes y magias propias del arte de la conversación, expresadas en su intención dialogante y la capacidad de expresar el flujo natural del pensamiento sin pretender establecer un nuevo sistema de conocimiento o asentar verdades definitivas (p. 8).
(19) 19. Es en este contexto donde surge el conflicto entre lo que conocemos como el ensayo académico y el ensayo literario, dos posturas sobre este género que se acentuaron en distintas comunidades académicas y no académicas, muchas veces desconociendo que no existe ninguna disciplina que pueda adjudicarse una manera precisa y técnica sobre el adecuado desarrollo del estilo ensayístico. En este debate sobre el adecuado ajuste entre el pensamiento y su expresión, Giordano (2005) identifica dos tipos de ensayistas: el sujeto especialista (lector-profesional) que necesita un grado de pertinencia y homogeneidad en sus escritos y se apoya fundamentalmente en lugares inmóviles, en una lectura delimitada, donde su objetivo esencial es el cumplimiento de un imperativo disciplinar que le da un reconocimiento desde la unidad académica, y el sujeto ensayista (lector-bricoleur2) que propone desde una perspectiva íntima disponer de la heterogeneidad de sus recursos, moverse desde la indeterminación para cuestionar e interpelar la unidad académica y abrir así una gama de posibilidades para conocer la realidad misma. Sobre estas diferencias, Giordano (2005) expresa:. El especialista (para insistir en una oposición que no está exenta de devenir obstáculo) lee y escribe en el interior de una región del conocimiento que cierto principio de pertinencia viene a delimitar. En este campo se opera de este modo, con estos objetos, y según este método. El cumplimiento de este imperativo disciplinario garantiza, a su vez, la unidad de la disciplina que lo acoge. El ensayista, según el alcance que el término ha tomado en mi discurso, pone en cuestión, por su práctica, la solidaridad de las antiguas disciplinas. Opuesta al trabajo interdisciplinario, que multiplica las pertinencias para el abordaje de un objeto cierto, su búsqueda transmite a las disciplinas que atraviesa la incertidumbre de su objeto imposible. Transdisciplinaria, la búsqueda del ensayo opera en una literaturización del saber (p. 233). 2. El término bricoleur, adoptado por Lévi-Strauss en 1964, se refiere a la persona que responde a lo que está haciendo con lo que tiene o puede disponer, a partir de distintas fuentes o medios no previstos e incluso ilimitados e indefinibles..
(20) 20. Dicho de otro modo, el ensayo como género literario trascendió del rigor metódico que exige la comunidad académica, suspendiendo el afán de explicaciones y comprensiones condicionadas hacia una ―manifestación de una auténtica poética del pensar‖ (Weinberg, 2014, p. 61). Y en ese ejercicio ―impertinente‖ del ensayista, donde lo provisorio y lo íntimo desafían lo hegemónico, lo totalizador y el disciplinamiento de la academia, logra posicionar una perspectiva que no contempla ningún compromiso con la vida pero que si presta una total atención y despliegue sobre cómo narrar esos hechos: tomar el lenguaje como un medio para visibilizar el detalle y la singularidad de la experiencia de la vida, visibilizar lo que está al margen, lo que es tan constitutivo de nuestras propias subjetividades en distintos escenarios que como humanos compartimos. Como lo refiere Weinberg (2014):. El ensayo es así la representación de una forma singular de interpretación (la cursiva es mia) a la vez que la interpretación de una representación: se manifiesta a través de él un modo de mirar el mundo y es la performación de una experiencia intelectual; el ensayo es también un viaje por nuestro espacio moral tanto como un ejercicio permanente de comprensión y puesta en valor del mundo. Se trata de un género profundamente humanista en cuanto se preocupa por lo humano y defiende un espacio de encuentro libre y desinteresado para pensar el mundo, que hace de la propia experiencia de diálogo una experiencia de búsqueda del conocimiento (p. 62). Ese carácter humanista de encuentro y de una perspectiva abierta al conocimiento como un derecho de todos, donde el saber se desarrolla desde una reflexión flexible e incluyente, posibilita un ejercicio dialógico con lo que está al margen de lo pre-establecido, con cambios y transformaciones sociales contemporáneas, a la vez que ampliando los sentidos que la.
(21) 21. experiencia nos devela. Vemos entonces que el ensayo en esencia no corresponde a un artificio en el cual su objetivo se reduce solamente a la transmisión de un pensamiento oficial consensuado entre especialistas, donde su carácter irrefutable y su respaldo epistémico le dan validez y prestigio sobre cualquier otro tipo de escritura, sino que por el contrario, el ensayo se constituye a partir de una pluralidad metodológica donde la forma del lenguaje y sus múltiples sentidos establecen puentes de comunicación y recreación del pensamiento. De esta forma, el ensayo literario permite la recuperación de otras voces, otras culturas generalmente excluidas de las grandes reflexiones del pensamiento moderno universal: significa interpelar desde puntos de enunciación distintos a los grandes discursos y meta-relatos de aquello que consideramos ha conocido desde su realidad el ser humano.. Ejemplo de este ejercicio emancipador y dialogante que el ensayo literario ofrece, está la apuesta por el encuentro entre el autor y el lector intérprete, donde el ensayista manifiesta una perspectiva sobre una realidad, desde la cual produce significados y sentidos, sobre los cuales el lector recrea, se interroga e indaga el origen del sentido del texto, dándole, tal como lo enuncia Umberto Eco, citado por León (1984), una cooperación que en este movimiento dialéctico genera múltiples sentidos posibles:. … la cooperación textual es entendida por Eco como la actualización de las intenciones que el enunciado contiene virtualmente y que deben cumplirse plenamente para que la actualización se verifique con felicidad (en el sentido de Austin); si ello no se realiza, el texto está incompleto en lo que a su actualización se refiere. En este sentido, el lector modelo sería una especie de operador en la actualización posible del texto (p. 62)..
(22) 22. De este modo, encontramos que la ensayística literaria se posiciona ante la avasallante arquitectura académica como un método ―anti metódico‖ y que da un salto a la actividad emergente, donde los saberes se construyen desde lo poético, desde el asombro del mundo y porque no decirlo, desde una meta-crítica.. Para referirse al escenario real de este carácter multi-sensorial y reflexivo del acto ensayístico literario, Urriago (2014), a través de la consolidación de una historiografía literaria del discurso ensayístico en Latinoamérica, desarrolla una reflexión que demuestra que en América, paralelamente al desarrollo social y político del Viejo Mundo, se consolidaba una paulatina producción estética que no sólo relata sobre el descubrimiento y el proceso de colonización de las tierras americanas, sino sobre la descripción y reflexión de un nuevo continente que fragmentó y reconfiguró los imaginarios que en Europa se daban por verdades inmóviles. De esta manera, se despertaron entonces nuevos interrogantes:. Con la inflexión sobre la naturaleza, el ambiente y las riquezas materiales y simbólicas del Nuevo Mundo, estos religiosos y cronistas –en quienes el interés y la curiosidad científica anuncian el talante de la Ilustración— comparten un rasgo generacional basado en el asombro y la innovación que en sus horizontes de sentido impone América. Son hermeneutas que empiezan a decodificar la fauna, la flora y los matices del Nuevo Mundo, para construir mediante el ejercicio de la escritura una nueva identidad a partir de la ―otredad‖ americana, lugar donde todos los opuestos se encuentran, no para eliminarse sino para vivir en la diferencia (p. 239)..
(23) 23. Emerge así una generación de ensayistas, poetas y prosistas cuyo recurso más íntimo, conocido y amplio fue el ensayo; éste se convirtió en una valiosa herramienta para dialogar con los grandes pensadores europeos y empezar a construir un pensamiento intelectual latinoamericano que daba cuenta de sus debates morales, sus inconformidades sociales o sus ideales políticos o filosóficos, dando paso a lo que luego sería una gran comunidad de ensayistas que marcarían discusiones y grandes cuestionamientos al orden social implementado por los colonizadores, un malestar generado desde la cultura y la vida cotidiana:. En términos literarios, durante el siglo XIX dominaron en Hispanoamérica dos formas genéricas: la poesía y el ensayo en forma de crítica política, y de reflexiones de carácter histórico y sociológico. El ensayo se convirtió aún más en escenario para la crítica social, política y cultural, y entre sus temas dominantes se cuentan la discusión sobre el pasado colonial, el análisis de la etnicidad, los problemas constitucionales de los Estados nacionales, la crítica a los regímenes políticos, la producción intelectual y la ontología del ser latinoamericano (Urriago, 2014, p. 240).. Desde allí, el ensayista latinoamericano da rienda suelta a un diálogo sostenido con la sociedad y la naturaleza que lo rodea, colindando entre la realidad y la ficción (como en el caso de Borges y Cortázar, que se movilizan entre el cuento, la novela y el ensayo) donde emerge un contexto de intimidad con el lector y se reproducen innumerables sentidos, dando paso a las voces contra-hegemónicas que el puritanismo academicista invisibilizó desde los cánones científicos. En definitiva, el ensayo, más allá de la dicotomía entre lo académico y lo literario, es un ejercicio que apuesta por una relación estrecha entre la inventiva, la libertad y la destreza de la escritura, la cual abre infinitas posibilidades significativas para nuestras percepciones. El ensayo literario como pluralidad de sentidos..
(24) 24. La alternativa era trascender, por así decirlo, el marco academicista sobre el cual había sido moldeado el ensayo como género literario y desde allí proponer una postura ―anti-metódica‖, donde la libertad, desdeñando la lógica reduccionista de teorías y enfoques, abriera un abanico de posibilidades de alta locución al ensayista como autor y creador. Desde luego, esta nueva perspectiva del rol del ensayista o crítico generó el surgimiento de nuevos interrogantes e incertidumbres sobre cuál es el papel del escritor dentro de su obra, cuáles son las relaciones que teje con su contexto más próximo, en tiempo y espacio, y sobre qué significados o sentidos propone transitar al lector de su obra, desde la visión de realidad que experimenta. Estos nuevos cuestionamientos que se dieron con la paulatina ruptura de las formas tradicionales de crear conocimiento fue lo que impulsó a pensadores como Todorov (1999) a proponer un nuevo horizonte para la literatura e interpelar los discursos que allí se expresan, a través de un ejercicio recíproco entre el ensayista y el lector, yendo más allá de un ejercicio de verificación de verdades y resultados, abriendo la posibilidad de revelación desde el lenguaje de nuevas perspectivas de la experiencia vivida. Para entender esta propuesta y cómo contribuye a la reflexión del ensayo literario como escenario para la experiencia íntima y social, a continuación se presenta una breve explicación del desarrollo conceptual de lo que Todorov (1999) llama critica dialógica, y la relación que emerge con algunos presupuestos de Weinberg (2014) sobre el humanismo como un horizonte de sentido para la construcción de mundo desde la otredad y la innovación de la creación literaria. Con la crisis metodológica de las ciencias humanas entre los años 60’s y 70’s, donde el método investigativo disciplinar perdía fuerza y se desarrollaba en la academia una sosegada postura flexible en cuanto a los sistemas metodológicos de cada área del conocimiento, sumado al posicionamiento de la teoría de la relatividad y los conflictos o posturas que impulsaban los.
(25) 25. sistemas ideológicos que imperaban en el mundo (socialismo, comunismo, capitalismo, etc.), que de una u otra manera afectaban el desarrollo del pensamiento y la organización de la vida de las personas, el campo de los estudios literarios generó un posicionamiento de relativismo metodológico donde no hay ningún grado de certezas, abriendo así el camino a dos posibilidades: por un lado, a una serie de dogmas totalitarios del pensamiento, y por otro, a incoherencias relativistas del texto que pueden provenir de un ejercicio puramente intuitivo. Ante este panorama, Torodov (1984) se distancia de sus contemporáneos y empieza a consolidar nuevos puntos de partida del análisis literario: la literatura como un escenario de interacción donde lo particular y lo universal convergen en un diálogo continuo de sentidos y significados. Como lo describe Sagarzazu (2004), el pensador propone a un crítico-escritor que trasciende la inmanencia de sólo la descripción del funcionamiento interior de la obra literaria, para comprometerse con la acción de una permanente búsqueda de la verdad, no para endiosar absolutos, sino para develar la voz de la obra en un continuo movimiento del lenguaje. Propone además a un crítico–escritor que hace una ―apertura hacia lo contextual, hacia la realidad social e histórica, y más explícitamente, hacia la ética y la política‖ (Serrano, 2004, p.17) como consecuencia de la evolución de su pensamiento. Sobre esta postura, Torodov (1984) plantea entonces el ejercicio dialógico del crítico- escritor en la literatura de la siguiente manera: Ya es tiempo de volver (de regresar) a las evidencias que no han debido olvidarse: la literatura trata de la existencia humana, es un discurso, y tanto peor para los que tienen miedo a las grandes palabras, orientado hacia la verdad y la moral. La literatura es un descubrimiento del hombre y de su mundo, decía Sartre; y tenía razón. No sería nada si no nos permitiera comprender mejor la vida (p. 152)..
(26) 26. En consecuencia, entendemos que en el ejercicio de escritura de este crítico – escritor que se conecta con la experiencia de la vida, se consolida un espacio para que el autor entre en un diálogo permanente con el lector, y juntos decidan el sentido de un texto y se pregunten por la realidad y la verdad, no sólo desde marcos teóricos validados, sino desde la forma fluida en que el lenguaje propone su acercamiento a dicha experiencia. Es desde esta perspectiva que entendemos al ensayista literario: no como un intelectual objetivizado que recurre a los artificios de la racionalidad para emitir juicios de valor sobre la realidad o la verdad, sino como un sujeto que incorpora en su ejercicio de creación, la incertidumbre, la reflexión holística y una libertad en el desarrollo de ideas emancipadoras que no cae en la convencionalidad recurrente, sino que observa la obra desde un examen estético que evidencia los límites y alcances de la experiencia creativa. En este sentido, vemos que Torodov (1991) propone al ensayista o critico-escritor un horizonte de sentido más amplio y más claramente situado en el hacer de su creación literaria, es decir, le presenta una serie de preguntas centrales que su ejercicio creativo debe intentar resolver. Sagarzazu (2004) resume esta perspectiva así: La situación del crítico como mediador entre la obra y los lectores, el problema de la libertad individual y colectiva, la responsabilidad intelectual en la elaboración de conceptos, la necesidad de ordenar realmente el pensamiento, reemplazando los juegos intelectuales por pensamientos comprometidos con la sociedad, irían perfilándose como un buen programa desde el cual interpelar al texto. Todorov buscaba un análisis que superara el monólogo sartriano y fuera capaz de introducir el diálogo, pero para eso había ―que creer que la búsqueda común de la verdad es legítima‖ (Crítica de la crítica, p. 62). El programa de Todorov contemplaría al texto y su autor en relación a compromisos, no de tipo ideológico, sino anclados en la filosofía y los valores humanos (p. 32)..
(27) 27. Vemos entonces que el ejercicio dialógico no solamente compromete una apuesta por develar la estructura intrínseca del texto en la pluralidad de sentidos que esta interacción puede evocar, sino que también compromete a visibilizar, admirar y observar, desde la literatura, todos aquellos rasgos humanos que están impregnados en nuestro comportamiento y que le generan un valor agregado a la contemplación de la existencia misma. Sobre esta característica, Weinberg (2014) expone la siguiente reflexión: Con el humanismo se defienden nuevas formas del conocimiento que aceptan un modo de saber de manera flexible e incluyente. Esta palabra es clave: la perspectiva es incluyente, el humanismo aspira a alcanzar visiones de conjunto abiertas, con una actitud incluyente, dialógica y comprensiva que se adapte a la plasticidad y variedad de lo real, y procure preservarla. No se niega la posibilidad de alcanzar la verdad, sino que afirma el derecho a repensar los cuadros tradicionales desde los cuales ha sido presentada (p. 68).. Es desde esta perspectiva que el ensayo literario propone esta conversación dinámica de la obra, donde el ensayista – crítico presenta la imagen de mundo que le ofrece al lector, y a partir de qué tiempo o espacio colectivo o individual se erige dicha fotografía. Responde a la necesidad de observar, formular y construir, a través de esa imagen, una pluralidad de sentidos y significados más allá de la intencionalidad del autor o del propio lector. Sobre este ejercicio, la literatura ensayística Latinoamericana ha venido posicionando en la arquitectura ensayística un sistema complejo ―capaz de poner en juego conceptos, imágenes, metáforas, símbolos, ya que su lectura nos remite una y otra vez, para una mejor comprensión de su sentido, a su contexto social de producción‖ (Weinberg, 2014, p. 128) y a imaginar desde su constante reinterpretación, distintas perspectivas de ver dichas realidades..
(28) 28. Desde esta postura, el ensayo literario dialógico rompe con la crítica inmanente y las posturas dogmáticas ante el ejercicio de creación literaria. Sobre esto Torodov (1991) aclara: El crítico «inmanente» se niega a sí mismo toda posibilidad de juicio; explicita el sentido de las obras pero, de alguna manera, no lo toma en serio: no responde al sentido, hace como si no se tratara de ideas que se refieren al destino de los hombres; es porque ha transformado el texto en un objeto que basta con describir tan fielmente como sea posible (…) El crítico «dogmático», por su parte, no deja realmente que el otro se exprese: lo engloba por todos lados, ya que él mismo encarna la Providencia, o las leyes de la historia, u otra verdad revelada; al otro lo convierte meramente en la ilustración (o la contrailustración) de un dogma inquebrantable, que supone que el lector comparte con él (p. 149).. A diferencia de esto, la construcción dialógica entre el crítico – ensayista y el lector abre la oportunidad para el debate pleno de las ideas, presupuestos y concepciones de mundo, más allá del momento histórico en el cual se converja. Sobre esto, Todorov (1991) presenta ejemplos sobre cómo en su análisis y critica a Diderot, posibilitaba el encuentro no sólo con la obra, sino con un ejercicio reflexivo del discurso que consolidaba sus textos; este ejercicio invitaba a la oposición y a la discusión abierta de sus supuestos y generaban la posibilidad de visibilizar la voz del autor - interlocutor de la obra. Visto desde la creación del ensayo literario, es inherente a este ejercicio crítico poder conversar con nuestros antecesores del pensamiento, ya sea filosófico, sociológico o antropológico, así como generar cuestionamientos u horizontes de sentido al lector de dichos escritos: La crítica dialógica habla, no acerca de las obras, sino a las obras, o más bien, con las obras; se niega a eliminar cualquiera de las dos voces en presencia. El texto criticado no es un objeto que deba asumir un «metalenguaje», sino un discurso que se encuentra con el crítico;.
(29) 29 el autor es un «tú» y no un «él», un interlocutor con el cual se discute acerca de los valores humanos. Pero el diálogo es asimétrico, ya que el texto del escritor está cerrado mientras que el del crítico puede seguir indefinidamente. Para no hacer trampas en el juego, el crítico debe hacer escuchar lealmente la voz de su interlocutor (Todorov, 1991, p. 150).. En esta relación de ideas, la ensayística latinoamericana ha posibilitado dichos ejercicio dialógico con el otro, aquel en quien me supondría un contrario y ha posibilitado un fenómeno de gran trascendencia para la literatura en general: la posibilidad de visibilizar las diferentes culturas y lenguajes que constituyen nuestro territorio, multiplicidad de identidades, de percepciones y discursos, ya sean heredados o impuestos; hablamos de ampliar la comprensión de la diferencia y su continua dinámica a través de la historia. No está demás observar cómo el ejercicio ensayístico literario de grandes escritores como Borges o Galeano, superaron a través del juego de la palabra y de una observación critica de su tiempo, nuevas formas de interpretar e interpelar una realidad marcada por el colonialismo y el inmanentismo universalista que desde occidente ha querido comprender lo que considera periférico o emergente, que es nuestra América. Sobre este fenómeno, Weinberg (2006) elabora un análisis profundo sobre la producción ensayística latinoamericana y expresa: El ensayo ha dado muestras de una creciente vitalidad e importancia como miembro destacado de la familia de los géneros en América Latina. Ha dado muestras también de una serie de sorprendentes transformaciones que responden a los desafíos de la hora, a las nuevas demandas temáticas y formales, a las transformaciones en la familia de la prosa de ideas, así como también en los nuevos fenómenos de autoría, lectura y edición que vive el campo de las letras. De allí que me sienta inclinada a referirme a este nuevo momento que vive el ensayo como el que corresponde a un género sin orillas, inspirada, claro está, en las palabras de Juan José Saer en El río sin orillas: ―… y tendemos a representárnoslo sin forma precisa (…) Esa.
(30) 30 impresión viene de la experiencia directa, cuando estamos contemplándolo, porque sus límites se confunden con la línea circular del horizonte…‖ (p. 6 -14).. Dicho de otra manera, la ensayística latinoamericana ha avanzado de manera casi natural, desde una perspectiva dialógica, tomando, desde las múltiples realidades en las que se moviliza, los elementos claves para consolidar un ejercicio interpretativo, pero al mismo tiempo que se vale de una estética que proporciona una pluralidad de sentidos y de percepciones sobre el lugar en el mundo que ocupa. Esta ensayística acoge la flexibilidad y un ejercicio de libertad que establece puentes ―entre la escritura del yo y la interpretación del mundo, entre la situación concreta del autor y la inscripción de esa experiencia en un horizonte más amplio de sentido‖ (Weinberg, 2007, p.111) generando un intercambio de saberes y de formas de expresar a partir de lo poético o lo vivido en la contemplación del mundo. Al respecto, Todorov (1991) resume el acto de escribir no sólo como acto comunicativo sino como la posibilidad de acuerdo de valores comunes. Para finalizar, podríamos decir que el ensayo literario, desde una perspectiva dialógica, extiende una invitación, tanto al escritor como al lector, de identificar y develar una pluralidad de sentidos a partir del acto creativo de la escritura. Este camino de la producción escrita responde a los escenarios y tiempos cambiantes que facilita la incorporación de la experiencia del autor como un valor agregado y de continuo análisis y transformación. De igual forma, facilita distintos niveles de análisis donde el acercamiento y alejamiento del autor de su propia obra visibiliza condiciones concretas y subjetivas de su propia experiencia, enriqueciendo la lectura de la obra con una multiplicidad de elementos móviles y emergentes. Pero además del placer estético que.
(31) 31. este encuentro entre el crítico - escritor y el lector nos propone, también nos exige una amplia comprensión del mundo desde lo humano, como lo anota Serrano (2004): Un rasgo común de la tendencia humanista es la búsqueda del sentido dentro de los límites humanos. El privilegio de lo humano, el antropocentrismo humanista, es activado por Todorov en un humanismo de nueva faz: una teoría comprometida con el otro. Aquí es donde enlaza el pensamiento de Todorov sobre el otro con la teoría literaria dialógica expuesta en Crítica de la crítica. El compromiso de la crítica literaria no es más que una versión del compromiso con el otro, una suerte de diálogo donde la verdad funciona como horizonte regulativo –como en Kant. Humanismo y literatura establecen una ecuación estable porque al fin, tanto la literatura como el sentido, son productos netamente humanos (p.23)..
(32) 32. 2. LA SINGULARIDAD DE LAS FORMAS: ENSAYO LITERARIO Y EXPERIENCIA CREADORA. “Parece que la alegría de leer es el reflejo de la alegría de escribir, como si el lector fuera el fantasma del escritor” (Bachelard, 1970, 10).. Lector que transforma su lectura en escritura Tal vez valga la pena empezar preguntándose qué es lo posible que devela el ejercicio reflexivo y creativo del discurso crítico ensayístico en el acercamiento a la obra literaria 3. Para Martha Robert (1973), el crítico literario debe aportar a su ejercicio reflexivo ―en dar cuenta de las innumerables particularidades que comporta cada obra, es decir, de su libertad y de lo insoslayable‖ (p. 59), tarea que, indudablemente, exige al crítico teorizante, para utilizar el término de T. S. Eliot, un estudio cuidadoso de largo recorrido de tensiones creativas e interpretativas como custodio apasionado de la obra literaria. Creación e interpretación como vías de acercamiento que sin agotar el análisis y comentario a la obra, sitúa al escritor ensayista en una comprensión más honda de un universo de sentido plural y englobador que posibilita el objeto estético del cual se ocupa. En el ámbito del lenguaje de la obra literaria, definida ésta como un objeto lingüístico, semiótico y estético, Gadamer (1992) afirma: ―… el discurso poético sólo se hace efectivo en el acto de hablar o de leer; es decir, no existe si no es comprendido‖ (p. 343), señalando al mismo 3. Pregunta que, de cierta manera, orienta el trabajo realizado por Carlos Sushi en los ensayos sobre Sade y Lautréamont —publicados en 1944. Por otro lado, como el mismo autor lo expresa ―es también la pregunta por la naturaleza de un movimiento dialéctico, en el cual el crítico no solo piensa la posibilidad de lo literario sino que también se piensa a sí mismo‖ (pág.73)..
(33) 33. tiempo que es preciso oír el texto literario con el oído interior, estableciéndose entre lector y objeto artístico un diálogo reflexivo – creativo entre texto e interprete, que posibilita la construcción y reconstrucción nuevos sentidos. De otra parte, el concepto de obra literaria al que alude Hernández, et al (2005) es que ésta se caracteriza por ser ―capaz de comunicar a un tiempo códigos nuevos y códigos viejos -pero reactivados-. Ambos confieren a la vez actualidad y perennidad a la obra‖ (p. 97), en razón de que toda lectura que se haga de ella va generando y ensanchando sentidos añadidos. Se trata entonces de saber - nos dice Steiner (2003)- ―que la obra de arte está en una relación compleja, provisional, con el tiempo‖ (p.24) en un interjuego de complicidad, de participación cognitiva e imaginativa y a su vez de transferencia (Cfr. Eguinoa, 1992 - 1999). Según Villanueva (1994), el texto mantiene su existencia latente a través del acto de leerlo, reclamando una actualización activa por parte del lector, subsanando la falta de algo o de elementos latentes, potenciales; de ahí que la obra requiera para su plena existencia un proceso de lectura o actualización como ejercicio de aprehensión, de donación de sentido que el lector emprende4. A este respecto, Villanueva propone y reclama a la vez, en la tarea de participación del lector por develar, completar y descubrir el mundo representado en la obra, la ―aportación de aquellos elementos ausentes o indeterminados sin los cuales la obra no alcanza, empero, plena existencia‖ (p. 170). En este mismo sentido, en un ensayo monográfico sobre el libro La obra de arte literaria de Román Ingarden, señala Hernández:. 4. Dentro de esta perspectiva se ha excluido todo dominio de la caracterización autónoma del texto literario sin la mediación del papel fundamental que desarrolla el lector (visión estructuralista)..
(34) 34 La obra se concretiza frente al receptor, ella contiene elementos potenciales indeterminados: lugares, tiempos, eventos, personajes, etc., no totalmente cualificados, porque es tarea del receptor suplir esta cualificación de acuerdo con su percepción de lo físico y completar, en su imaginación, las áreas indeterminadas: los objetos representados que existen dentro de la obra se perciben como si fueran totalmente determinados. Sin embargo, las concretizaciones pueden variar en detalles de lector a lector y de lectura a lectura (p. 1). Reflexionar sobre la categoría de lector, gravitando éste alrededor de dos horizontes singulares (autor - lector), de universos de resonancia y repercusión de la palabra5, de un diálogo que se establece entre texto e intérprete6, plantea a este sujeto lector, en su tarea de participación de una experiencia lectora, activar operaciones de conciencia, de intuición, de develar los enigmas, los silencios, penetrando en las claves de la obra., en fin, rindiendo cuentas de esta experiencia reveladora y productora de sentidos, estimulando a su vez procesos de reflexión, análisis, conjeturas, esclarecimientos, que sitúan al lector como ―una entidad indisociable de la noción de texto literario‖. (Monserrat, 1994, p. 35).. En cuanto al acto de la lectura establecido, como hemos esbozado antes, entre el papel activo de un lector reflexivo - creativo7 y el texto, podemos decir que este acto consiste en un diálogo abierto, desprendido de prejuicios que nos ofrece el texto y que viene a determinar, por. 5. Cfr. Al respecto, Bachelard (1957), en su obra La poética del espacio, los fenómenos de la duplicación de la palabra - imagen poética: resonancia y repercusión, p. 10 6 Diálogo que se extiende a través de diferentes momentos históricos entre la obra y la recepción de un público, ―el del primer lector y del actual‖. Según Iglesias Santos (1994, p. 68 – 69) ―… La situación presente del intérprete pierde su estatuto privilegiado y se convierte en un momento relativo, que es desde luego productivo y revelador, pero que como otros antes que él, será superado y fusionado con futuros horizontes. 7 La noción creativo se podría definir o constituir a partir de una experiencia estética del lector con la obra, que en términos de Capdevila ―la mirada estética no es equivalente a la mirada de un detective, de un científico perspicaz o de un espiritista. La mirada estética comienza con la liberación de una sensibilidad en el sentido defendido por los impresionistas y por Valéry, a saber, en que ya no se puede ajustar a un concepto concreto‖ lo que viene a significar: ―Liberar la mirada de la presencia de lo conceptual‖ para instaurarse en la presencia de lo creativo..
(35) 35. un lado, la apropiación del horizonte semántico y simbólico del texto, advirtiendo que un asunto de preocupación teórica y de obligada referencia en las corrientes y tendencias de la teoría y de la crítica moderna en el campo literario, ha sido, precisamente, la exigencia e incorporación de la categoría de un lector intérprete, lector modelo, lector implícito, lector ideal o receptor, para utilizar diversas denominaciones, que desde variadas teorías y autores, se ha venido concibiendo. Como señala Capdevila (2007): ―la recepción del objeto estético, la obra literaria en este caso, no dispone previamente de un horizonte semántico, deberá producirlo reflexivamente, o al menos intentarlo‖ (p. 45). Preocupación siempre presente en diversas perspectivas teóricas sobre las condiciones de sentido, de revisión y estudio que exige el texto literario por parte de su lector.. Con lo expresado anteriormente se constata que a través de los paradigmas de análisis crítico – literario y de un ejercicio de cooperación de sentido como sujeto leedor8, se ha puesto de manifiesto la autorizada voz del destinatario lector9, develando por una parte, los mecanismos de construcción del texto literario, los rasgos estructurales y ficcionales más sobresalientes, y por otra, haciendo comparecer el acontecimiento inusitado y creativo de la palabra que descifra verdades en exigentes actos provocadores, avivando sentidos en la escritura ensayística, sublime invención de libertad y lucidez para el ser pensativo. Lejos de cualquier ingenua aproximación y explicitación de prejuicios por dilucidar sentidos en el texto, la categoría de sujeto-lector viene a. 8. Como señala el propio Beguín (1986) ―la lectura de un leedor verdadero no es una lectura de diversión, no es algo aparte de la existencia, no está al margen de las experiencias de la vida, algo que pertenecería a la superficie; no, para nada: la lectura del leedor se ubica entre los sucesos de su vida, contribuye a crear su persona verdadera, hace de esa persona lo que antes no era. Lo que somos en la actualidad está compuesto sin duda de encuentros humanos, de accidentes de todo tipo, de nuestras miserias y de nuestros éxitos, pero también, en un grado inapreciable, en un grado inmenso, de los libros que hemos leído, de los libros que se han convertido en nuestra propia sustancia‖ (p.20). 9. Dentro de esta perspectiva, la autorizada voz del destinatario desemboca inevitablemente en un ejercicio de producción ensayística crítica, que se constituye a partir de una necesaria tarea de interrelación al incorporar enfoques y planteamientos que vienen a orientar, de cierta forma, el horizonte de reflexión y escritura del ensayo y, la palabra liberadora y creadora que nace de la postura íntima, ecléctica y antiacademicista del leedor – explorador..
(36) 36. introducir singulares actuaciones de lectura, tal como lo expone Pañalver con toda nitidez, al categorizar tres modelos de lectura: semiotizar, interpretar y deconstruir: Se trata de modelos de lecturas, es decir, de actividades, actuaciones o intervenciones que pueden ejercerse sobre el texto y que no agotan ni se superponen al repertorio de teorías, más o menos sistemáticas o formalizadas, existentes en la actualidad respecto al texto o, en general, respecto al discurso (Nueva Crítica, lingüística del discurso, poética del texto, análisis textual, semanálisis, semiótica textual, pragmática literaria, poética de la recepción, análisis del discurso, hermenéutica teológica, filosófica o literaria, deconstrucción, etc. ). Ninguno de aquellos modos de lectura se llega a practicar puramente: cada uno de ellos alimenta la pretensión, no siempre confesada, de subsumir en sus propias actuaciones, total o parcialmente, las de los otros modelos. En grados diferentes, todos ellos están de alguna manera presentes en todas las teorías contemporáneas sobre el texto (p. 129).. De esta forma, podemos entender, que se va configurando una categoría de conciencia de un sujeto lector caracterizada por una reflexión crítica tanto de corpus discursivo del texto literario como del suyo propio, a través de un proceso intencional de realizar un ejercicio de lectura, entendido éste como dialogante, exegético y productivo y, por último, del ámbito de lo experiencial como vivencia y goce íntimo que proporciona la lectura y que lleva al sujeto lector a una reflexión de tonalidad profunda e interna de la palabra creadora en activa voluntad de crear con el lenguaje. Se podría decir que a partir de una intraducible intimidad, el sujeto lector, en una suerte de contemplación profunda, le va confiriendo al texto literario una nueva luz.. Un. verdadero desafío de la lectura que deviene como escritura ensayística, fusionando un tejido indisociable entre la proximidad y la lejanía de ese leedor que interpreta y se apropia simbólicamente, creando sentidos respecto a ese objeto estético..
(37) 37. En el libro Función de la poesía y función de la crítica, T.S.Eliot (1968) defiende la tarea del crítico teorizante en su condición de creador. Para el poeta y crítico, la obra literaria, y concretamente la poesía, … tiene una existencia que se encuentra entre el poeta y el lector, una realidad que no es simplemente la realidad de lo que el escritor está tratando de expresar, o de su experiencia al escribir el poema, o de la experiencia del lector o del escritor como lector. (p. 41).. Sobre lo anterior cabe mencionar que en el prólogo de la misma obra, Gil de Biedman (1968), alude a una experiencia comunicativa que enfrentan ―en un flujo emocional de persona a persona‖, autor y lector: ―Cada uno por separado, se enfrentan con el poema y entran en comunicación consigo mismo. El acto de la lectura es también un acto creador‖ (p. 21).. Bajo esta concepción, la lectura de la obra literaria deviene como la exigente tarea del crítico -muy alejado de verse como urdidor de azarosas opiniones- cuyas responsabilidades, entre otras, lo deben llevan a actuar de intermediario y guardián, en razón de que el término guardián ―impele al crítico a constatar, por ejemplo, que un régimen político no puede imponer el olvido o la distorsión a la obra de un escrito‖ (George Steiner, 2003, p. 24). Se trata entonces de conservar la memoria literaria., quizá la palabra guardián puede suscitarnos, también, colegir un nuevo sentido y es que el crítico – guardián en su prosa reflexiva, creativa y madura recupere la voz oída en la obra con matices, texturas, descifrándola en la tarea de establecer un vínculo dialógico para entablar el diálogo con el texto literario; de esta manera, le corresponderá al crítico, en su tarea voraz de lector lúcido y riguroso, permitir que se mantenga abierta las líneas de contacto entre las dos singularidades: (la expresada en la obra y la del lector crítico) en un esfuerzo constante para no sustraerse a la responsabilidad de un ejercicio de escritura de persistencia profunda que se desliza cauteloso ante el umbral de lo creativo. Oportuno advertir en la reflexión de Steiner (2003) el advenimiento del impulso creativo en la experiencia de la lectura:.
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