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La estructura de los valores humanos en la Unión Europea.

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La estructura de los valores humanos en la Unión Europea.

Cómo definen y valoran los jóvenes europeos la democracia a través de su sistema de valores

Liberto Carratalá Puertas

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T E S I S D O C T O R A L

La estructura de los valores humanos en la Unión Europea

Cómo definen y valoran los jóvenes europeos la democracia a través de su sistema de valores

L

IBERTO

C

ARRATALÁ

P

UERTAS

Director:

FRANCISCO J. FRANCÉS GARCÍA Alicante, enero 2016

(3)
(4)
(5)

Í NDICE

 

P

RÓLOGO 9

I

NTRODUCCIÓN 13

1 Legitimidad, confianza, democracia y valores 15 1.1 La igualdad como potenciador de la fortaleza democrática 21

1.2 La vuelta de los movimientos xenófobos 22

1.3 La amenaza terrorista 22

1.4 El reto de democratizar los nuevos entes supranacionales 23 1.5 Un proceso de democratización que pierde intensidad en el

Siglo XXI 24

2 Una nueva perspectiva en el estudio de la democracia y los

valores 27

2.1 El análisis del apoyo a la democracia y la satisfacción de la ciudadanía 29

3 Objetivos de la investigación 33

3.1 Sobre el estudio de los valores 33

3.2 Sobre el estudio de la democracia 34

A

NTECEDENTES

:

J

UVENTUD

,

DEMOCRACIA Y VALORES HUMANOS 37 4 Estudios de juventud y su actitud hacia la política 41

4.1 Actitudes y valores políticos 45

4.2 Enfoques 46

4.3 Valores personales y temas sociales 53

4.4 Religiosidad 53

4.5 Relaciones intergrupales 55

4.6 Desarrollo y Democracia 57

4.7 Orientación política 58

5 Los estudios comparados sobre actitudes y el

comportamiento político 65

J

USTIFICACIÓN TEÓRICA 69

6 La Modernización reflexiva 71

7 Modernidad 75

7.1 De lo cualitativo a lo cuantitativo: la aparición de la exactitud 76

7.2 El crecimiento indefinido 78

7.3 La Modernización como proceso irreversible y necesario 80 8 El proceso de Modernización desde la perspectiva de Inglehart 83

(6)

8.1 La aparición de los valores postmaterialistas: la teoría de Inglehart 87 8.2 El proceso de empoderamiento humano: la democratización 89 8.3 Los tres aspectos del empoderamiento humano 91 9 Una breve introducción al estudio de los valores humanos 95

9.1 La teoría de Inglehart 97

10 La teoría de los valores de Schwartz 101

10.1 La naturaleza de los valores 102

10.2 Encuesta de Prácticas y la concepción de los valores 103

10.3 Escalas populares 104

10.4 Teoría del contenido y estructura de los valores básicos humanos 106 11 El perfil axiológico de los regímenes del Bienestar 113

11.1 Los valores y el estado de Bienestar 115

11.2 ¿Qué valores apoyan el Bienestar? 118

12 La calidad en la democracia 123

12.1 La calidad de los procedimientos 128

12.2 La calidad de contenidos 130

12.3 Calidad de los resultados 133

12.4 La participación como una dimensión de la democracia 136 13 La estructura de las relaciones entre la democracia y los

valores humanos 143

13.1 El activismo político y los valores humanos 144 13.2 La influencia de los valores en la Modernización y

democratización 146

13.3 La confianza en las instituciones 151

14 Planteamiento de hipótesis 153

J

USTIFICACIÓN

M

ETODOLÓGICA 159

15 El estudio comparado en las ciencias sociales 161 15.1 Origen histórico de la perspectiva comparativa 163 15.2 El estudio de casos: Max Weber y los tipos ideales 166 15.3 El estudio de variables: Durkheim y las especies sociales 168 15.4 Métodos y estrategias en el estudio de casos y de variables 171 15.5 Análisis entre países (cross-national) 171 16 Los datos en el papel de descriptores de la realidad 181 16.1 Las relaciones latentes de la realidad: los modelos estructurales 189 16.2 Los modelos estructurales con variables latentes 194 16.3 La representación de los modelos de ecuaciones estructurales 196 16.4 Fases en el proceso de elaboración de un modelo de

ecuaciones estructurales 200

17 Operativización de variables endógenas [dependientes] 207 17.1 Definición de las variables endógenas 207

17.2 Selección de variables endógenas 212

18 Operativización de las variables exógenas [independientes] 219

(7)

19 Justificación de la selección de países que forman parte del

estudio 225

19.1 Valores y modelos de Bienestar 233

19.2 Selección de países para la presente investigación 234

19.3 Selección de la muestra 235

20 Análisis de la validez de las teorías de Schwartz e Inglehart

como modelos convergentes 239

20.1 El estudio de María Ros 240

20.2 La relación de las variables culturales con variables exógenas.

La influencia de los valores en el desarrollo económico y humano 248

R

ESULTADOS 251

21 Los valores en los jóvenes europeos 253

21.1 Comparativa por valores 253

21.2 Comparativa por dominios 262

21.3 El perfil axiológico de los jóvenes europeos 267 22 La democracia en la Unión Europea. Importancia y satisfacción 273 23 Lo que esperan los jóvenes de la democracia 285

23.1 Modelo de definición 285

23.2 Análisis comparado del modelo de definición de democracia 294 24 Cómo valoran los jóvenes su democracia 301

24.1 Modelo de evaluación 301

24.2 Análisis comparado de la valoración de la democracia 310 25 Introducción al análisis de los modelos estructurales 317 25.1 Modelo de medición de las variables endógenas 319 25.2 Modelos de medición de las variables exógenas 336 25.3 Análisis de los modelos estructurales 344

25.4 Matrices de efectos 402

26 Resumen gráfico de resultados de las hipótesis principales 405

C

ONCLUSIONES

409 27 Democracias de carácter postmaterialista para los jóvenes

europeos 411

27.1 Valores 411

27.2 Democracia 413

27.3 Análisis estructural I. Modelo de definición 418 27.4 Análisis estructural II. Modelo de valoración 421

28 Limitaciones de la investigación 425

29 Líneas de investigación futuras 427

T

ABLA DE ILUSTRACIONES 431

B

IBLIOGRAFÍA 435

A

NEXO 457

(8)
(9)

9

P RÓLOGO

Cuando un científico social se dispone a emprender un nuevo proyecto posible- mente ya sepa qué problema va a tratar. La siguiente pregunta es por qué ese tema y no otro. La elección del problema de investigación es algo muy íntimo.

Algunas de las alternativas posibles son que el científico haya sido seducido por otra investigación; que éste pertenezca a un grupo académico con alguna línea de investigación activa; o que haya aceptado la sugerencia de alguien próximo a su persona.

También es posible que la propia realidad social haya inspirado al científico, que algún fenómeno que ha sucedido o todavía está presente en su vida le haya llamado la atención y que crea necesario satisfacer su curiosidad acerca de cómo se ha originado, cuál es su desarrollo y qué consecuencias puede acarrear para la sociedad. Este último caso es el que atañe por completo al que ha realizado esta tesis doctoral.

La democracia es un problema de estudio. Independientemente de la situación económica que atraviesa el país, la democracia es una cuestión que merece que nos detengamos un instante, o toda una vida, para entender ciertos hechos que son portada en los medios de comunicación, cualquiera que sea su línea editorial. Al que escribe le interesa.

El investigador, cuando se pone ante el papel, ya es perro viejo. Antes se ha pasado observando la realidad que le circunda, intentando buscar respuestas con los conocimientos que posee a aquellas incoherencias que siempre están

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ahí y que para muchos pasan inadvertidas pero que es capaz de percibir porque el problema le atañe de alguna forma.

En el caso concreto de esta tesis doctoral y del investigador que la realiza, el objetivo que persigue es ambicioso, aunque, como veremos, los resultados logrados son modestos. Las limitaciones mandan y son de tres tipos: materiales

—el tiempo y los recursos son finitos, no se dispone de toda la vida para hacer una tesis doctoral, ni se pretende—, personales —por mucho que apasione el tema a quien escribe sus capacidades intelectuales son reducidas en comparación con la desmesurada dimensión del problema de estudio y que al menos son compensadas con mucho entusiasmo— y epistemológicos —la ciencia, la social en concreto, no es una ciencia exacta y nos permite actuar de una forma limitada para resolver el problema que se investiga—, entre otros.

Sea como fuere, Thomas Piketty (2014) escribió en una de las obras intelectuales de mayor envergadura de las producidas en este nuevo siglo XXI un párrafo con el que el autor de esta investigación se siente muy identificado y que resume lo que anteriormente se ha expuesto:

«La investigación en ciencias sociales es y será siempre balbuceante e imperfecta, no tiene la pretensión de transformar la economía, la sociología o la historia en ciencias exactas, sino que, al establecer con paciencia hechos y regularidades, y al analizar con serenidad los mecanismos económicos, sociales y políticos que sean capaces de dar cuenta de éstos, puede procurar que el debate democrático esté mejor informado y se centre en las preguntas correctas; además puede contribuir a redefinir siempre los términos del debate, revelar las certezas estereotipadas y las imposturas, acusar y cuestionarlo todo siempre.

Éste es a mi entender, el papel que pueden y deben desempeñar los intelectuales y, entre ellos, los investigadores en ciencias sociales, ciudadanos como todos, pero que tienen la suerte de disponer de más tiempo que otros para consagrarse al estudio (y al mismo tiempo recibir un pago por ello, un privilegio considerable)».

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Agradecimientos

Mis primeros agradecimientos están dedicados a mis padres, Liberto y Loli. Me gustaría decir que les estaré eternamente agradecido por todo lo que han he- cho por mí en esta vida, por su apoyo incondicional en todas las decisiones que he tomado y por su fe en mis posibilidades, incluida la finalización de esta tesis doctoral. Agradecimientos que quiero hacer extensivos a mis hermanos Javier e Irene.

A mi mujer, Marta, que también me ha apoyado en todo lo que me he propuesto desde el día que nos conocimos. Puedo decir, sin temor a equivocarme ni exagerar lo más mínimo, que el volumen que el lector y lectora tiene en su mano es una idea original suya. Los contenidos son del que escribe, pero la forma de presentarlos es de ella, Marta. Ha ejercido con diligencia, solvencia y elegancia su papel como “directora de arte”, con excelente resultado como se puede comprobar desde la misma cubierta. Y, sobre todo, ha hecho gala de una paciencia infinita y de una capacidad de sacrificio no menos importante.

A Francisco Francés, mi director de tesis y buen amigo. Le tengo que estar agradecido por su interés en este proyecto, por sus buenos consejos, apreciaciones, advertencias y, principalmente, por darme muchos ánimos. Ha demostrado ser cuidadoso en la comunicación de mis errores y siempre ha aportado soluciones a los problemas que se planteaban en el camino. Él mejor que nadie sabe los sacrificios que conlleva realizar una tesis doctoral. He sido su primer doctorando y espero haber estado a la altura de las circunstancias.

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No me puedo olvidar del profesor Antonio Alaminos, cuyas observaciones, consideraciones y consejos que ha realizado sobre la parte metodológica de esta tesis se convirtieron en una clase magistral. Espero tener la ocasión de seguir aprendiendo de él.

Tampoco puedo dejar pasar la posibilidad de agradecerle al profesor José María Tortosa la positiva influencia que ha tenido sobre mi persona que ha servido para alimentar desde mi época de estudiante mi pasión por las Ciencias Sociales y la Sociología en particular.

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13

I NTRODUCCIÓN

(14)
(15)

15

L EGITIMIDAD , CONFIANZA , DEMOCRACIA Y VALORES

Lo hacemos a todas horas del día y casi sin darnos cuenta. Comparamos, valo- ramos, realizamos continuamente operaciones de cálculo coste-beneficio en cualquier situación, en definitiva, tratamos en todo momento de saber si nuestras acciones, si nuestras decisiones o si nuestras elecciones, son las adecuadas.

Cada situación está condicionada por un referente, interno o externo, que nos indica cuál es el camino que debemos tomar. En esta operación echamos mano de todos aquellos elementos de carácter normativo que tenemos a nuestra disposición: reglas, normas, costumbres, tradiciones, valores, nuestras propias convicciones, el consejo de un buen amigo o de un familiar.

Disponer de un sistema de referencia es de trascendental importancia para que el ser humano se convierta en un ser social. Podríamos decir que el ser humano, en tanto que ser inmenso en una comunidad, busca legitimidad en cada una de sus acciones, aunque no siempre lo consiga. Lo legítimo, pues, es una aspiración, pero no siempre una condición para tomar una decisión o emprender una acción.

Apelar a lo legítimo es una forma de darle sentido a la realidad. Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE)1, legítimo es aquello que es justo, que está permitido, avalado según justicia y razón y también que es correcto, genuino o verdadero y que es de calidad debida. A la realidad le pedimos que

1 Sin olvidar que lo legítimo también hace referencia al hecho de que una acción o decisión sea conforme a las Leyes, según refleja la RAE.

(16)

16

tenga sentido sin saber que somos los propios seres humanos los que damos coherencia al mundo exterior.

Es interesante conocer qué es lo que las personas consideran justo, qué instituciones respaldan y apoyan éstas y qué aspectos del mundo que les rodea les produce una actitud de rechazo. Precisamente, las instituciones políticas son objeto continuamente de valoración por parte de la ciudadanía y se considera una práctica de salud convivencial, en un país democrático la pluralidad de opiniones, actitudes y valoraciones sobre un gobierno. Además, en Europa, la democracia siempre ha sido el mejor sistema de gobierno posible.

En las sociedades democráticas la legitimación de sus instituciones tiene una vital trascendencia para la buena marcha de la convivencia. Lógicamente, es importante que la ciudadanía tenga conocimiento de las acciones de sus representantes y gobernantes para que éstos puedan rendir cuentas en los procesos electivos. Un mal funcionamiento de este mecanismo puede finalizar en una pérdida de legitimidad del sistema y la imposibilidad de reestablecerla puede conllevar problemas graves para la salud del bien común o los intereses generales.

La cuestión de la legitimidad democrática también es importante para conocer la viabilidad de procesos constituyentes de nuevas instituciones democráticas.

Este es el caso de la Unión Europea. En este caso la pregunta es si se dan los condicionantes necesarios para que esta posibilidad sea algo más que un deseo. La construcción de una entidad que gobierne a todos los europeos es un proceso que comenzó hace más de cincuenta años. Transcurrido este tiempo es importante saber si la evolución de esta idea en la mente de la ciudadanía nos indica que la empresa puede llegar a buen puerto. Más allá de dividir la opinión pública en pro y anti europeístas, sería aconsejable conocer otros indicadores que pudiesen dar una respuesta fundamentada sobre la cuestión como, por ejemplo, los valores compartidos por la ciudadanía.

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17 Al margen de las peculiaridades culturales de la población de cada país, na- ción o sociedad que forman parte de este proyecto —que existen y muchas—

la ciudadanía que actualmente puebla los 28 estados que conforman la Unión Europea deben mostrar posiciones comunes en sus actitudes y orientaciones valorativas referidas a este proceso. Sin duda, si fuesen halladas, deberían servir de sustrato sobre el que edificar definitivamente los cimientos de una unión política a través de una experiencia identitaria común.

Lógicamente, en un proceso de largo recorrido como es la constitución de una Unión Europea completa —que no quiere decir que sea definitiva ni inmutable—

es necesario pulsar la opinión y las actitudes hacia el proyecto de aquellos que tendrán una posición relevante en la sociedad en décadas posteriores. Los jóvenes, por tanto, tienen en su mano refrendar el proyecto que iniciaron sus antepasados recientes y participar de manera activa en su construcción.

Desde luego, no es menos necesario que lo anterior que el proyecto sea atractivo para los jóvenes y que lo que ofrezca debe coincidir con lo que ellos consideran justo, razonable, verdadero y de calidad. En un estudio realizado por el think-tank Think Young (2014) sobre lo que piensan los jóvenes entre 18 y 40 años de distintos países de la Unión Europea (UE) acerca del futuro del proceso, el 67% tiene una visión positiva de la UE y dos tercios de los entrevistados consideran que los europeos comparten los mismos valores fundamentales de la UE, como añadidura de los característicos de sus países de origen. Además, las respuestas reflejan que los cuatro valores que representan a la UE son la diversidad, el futuro, la paz y la unidad.

El mismo estudio contempla que el 82% de los entrevistados está interesado en las políticas europeas y más de la mitad considera que sus votos sirven para algo, aunque el 65% siente que los políticos de las instituciones políticas no están suficientemente interesados en las cuestiones que preocupan a los jóvenes.

Pero no todo van a ser palabras bonitas para la Unión Europea que como proyecto es atractivo y, sobre todo, esperanzador para los jóvenes, aunque no

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sucede así con sus instituciones. En la sexta ronda de la Encuesta Social Europea (ESS) que se realizó en el año 2012 los jóvenes, de edades comprendidas entre los 18 y 30 años, dan su opinión sobre la confianza que les merece el Parlamento Europeo. Los resultados reflejan que las instituciones europeas aún tienen mucho trabajo por hacer, si bien es verdad que los jóvenes tienen mejor opinión de las mismas que la población madura y mayor.

De esta forma encontramos que un 40% de los jóvenes tiene una confianza baja en el Parlamento Europeo, una sensación que todavía es más pobre entre la población adulta (50%).

Sin embargo, la población joven de los países europeos encuestados tiene ten- dencia a confiar más que los adultos en el Parlamento Europeo [gráfico 1]. Un 26% tiene una confianza alta en dicha institución mientras que entre los adultos el apoyo es de un 19,4%.

Elaboración propia a partir de los datos de la ESS 2012

9,5 5,1 6,8 9,1 9,6 20,9 12,8 12,5 8,6 2,7 2,4

12,2 6,2 8,7 11,2 11,3 20,0 11,1 9,3 6,1 1,9 2,1

0 5 10 15 20 25

No confío en absoluto

2 4 6 8 Confío

plenamente Jovenes Adultos

Gráfico 1. Comparación jóvenes-adultos sobre la confianza en el Parlamento Europeo (%)

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19 En cuanto al total de la población los datos de porcentajes del gráfico circular [gráfico 2] nos muestran que los valores que aglutinan el mayor número de respuesta son los centrales (3 a 7) con el 63% de las respuestas.

Elaboración propia a partir de los datos de la ESS 2012

Esta falta de confianza en una de las instituciones más emblemáticas de la Unión Europea, la única en la que los ciudadanos de los 28 estados miembros pueden elegir, mediante unos comicios, a sus representantes, también es extensiva a las instituciones democráticas de cada uno de los países miembros.

Gráfico 2. Confianza en el Parlamento Europeo (%)

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La confianza política se refiere a las valoraciones centrales del sistema político por parte de los ciudadanos, según Montero, Zmerli y Newton (2008), y supone una valoración positiva de los atributos más relevantes que hace a cada institu- ción acreedora de la confianza. Estas cualidades se resumen en credibilidad, justicia, competencia, transparencia y apertura ante puntos de vista diversos.

Como dijeron Newton y Norris (2000:53), la confianza en las instituciones es el indicador central del sentimiento básico de los ciudadanos sobre su sistema político.

El problema de la falta de confianza en las instituciones políticas por parte de la ciudadanía ha sido tratado en diferentes estudios (Costas, 2013), con especial referencia a la población juvenil en Europa por Cabases, Feixa y Civit (2015).

Según estos autores este fenómeno habría alcanzado niveles preocupantes principalmente en los países del sur de Europa. Esta situación viene dada asociada a problemas de desempleo juvenil.

En dicho estudio los autores han diferenciado distintas zonas geográficas en las que se agrupan distintos países en función de su tasa de desconfianza. Las sociedades con las tasas de desconfianza más baja son los que se encuentran en el norte. Los países del centro de Europa y los anglosajones reflejan tasas medias de desconfianza. Los estados asentados a ambos lados del Mediterráneo cuentan con las tasas más alta de desconfianza.

Los resultados de la investigación consideran que las fuentes de desconfianza son el desempleo juvenil, la desigualdad en la distribución de la riqueza o sistemas políticos autoritarios. Los autores también consideran, a la luz de los resultados, que el nivel educativo también define el grado de confianza en las instituciones políticas en sociedades donde el desigual reparto de la riqueza es notorio, al igual que las tasas de desempleo o la participación en las últimas elecciones nacionales.

La desigualdad parece que es uno de los obstáculos más influyentes en la salud de la democracia. Robert Dahl (2004) señala una serie de retos y desafíos para

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21 la democracia en este siglo. Además de la asimétrica distribución de los recursos en la población, este autor sitúa como aspectos a tener en consideración la inmigración, el terrorismo y las entidades supranacionales.

1.1 L

A IGUALDAD COMO POTENCIADOR DE LA FORTALEZA DEMOCRÁTICA Costas (2013) explica que uno de los mayores retos que tienen ante sí las sociedades es el de reconciliar el capitalismo con la igualdad. Sin ir más lejos, Piketty (2014) explica en su célebre El Capital en el Siglo XXI que el capitalismo produce mecánicamente desigualdades insostenibles, arbitrarias, que cuestionan de modo radical los valores meritocráticos en los que se fundamentan nuestras sociedades democráticas. El economista francés considera que es necesario que la democracia y el interés general logren retomar el control del capitalismo y de los intereses privados al tiempo que se rechazan los repliegues proteccionistas y nacionalistas.

Piketty señala que las desigualdades sociales deben combatirse con la creación de nuevas formas de propiedad y el control democrático del capital. El autor avanza que el mercado y el voto sólo son dos formas de organizar las decisiones colectivas y aboga por construir nuevas formas de participación y de gobernanza. La transparencia también será un elemento clave en el intento por reducir las desigualdades además de impulsor en la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones en los ámbitos fiscal y económico.

Finalmente, Piketty asevera que «para que la democracia llegue un día a retomar el control del capitalismo, se debe partir del principio de que las formas concretas de la democracia y del capital tienen que estarse reinventando».

Costas, en la misma línea que el economista francés, explica que la desigualdad es consecuencia de unas políticas que han provocado una alteración profunda del equilibrio de poder entre el sistema financiero y el resto de sectores de la economía. Este autor pide, para lograr el objetivo, un New Deal para el siglo XXI y constata tres actuaciones ineludibles: restaurar el equilibrio entre el poder económico y político; nuevas y mejores políticas de gasto público que

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22

promueva el empleo entre los más jóvenes; y la reforma del sistema fiscal capaz de incentivar la eficiencia económica y el crecimiento económico como la igualdad en la distribución de la renta. Todas estas prioridades, asegura Costas, implicarían una mejora en el funcionamiento del sistema democrático.

1.2 L

A VUELTA DE LOS MOVIMIENTOS XENÓFOBOS

La desigualdad y la pobreza ha llevado a muchas personas a buscar un mejor presente y futuro en otros países. Esta situación ha provocado en los países re- ceptores de inmigrantes la aparición de un sentimiento antiinmigratorio que ha llevado a la creación de partidos y movimientos políticos radicales como el Frente Nacional en Francia, los Republicanos en Alemania o el movimiento skinhead en Reino Unido y Estados Unidos. Esta situación, explica Dahl (2008), ha supuesto que estos movimientos promuevan y difundan doctrinas racistas y actitudes hostiles ante los inmigrantes, pero también contra los derechos humanos fundamentales y políticos o la propia democracia.

1.3 L

A AMENAZA TERRORISTA

Desde los años 70 del siglo pasado los actos terroristas han sido cada vez más frecuentes. Sin duda el ataque a las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, el ataque al tren de cercanías de Madrid el 11 de marzo de 2004, los actos terroristas recientes en París, primero en el semanario Charlie Hebdo el 7 de enero y luego la cadena de atentados del 13 de noviembre de 2015, o el ataque a un centro cultural de Copenhague en el mes de febrero del presente año, han obligado a los gobiernos democráticos a adoptar medidas diseñadas para aumentar la capacidad de la policía con el fin de proteger a sus países contra el terrorismo. Algunas medidas han implicado imponer restricciones a las libertades civiles y políticas de la ciudadanía que han sido catalogadas como inconstitucionales o contrarias a los principios democráticos.

El reto es, pues, ver si los gobiernos encuentran un equilibrio satisfactorio entre su afán por garantizar la seguridad de la población y preservar la democracia.

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1.4 E

L RETO DE DEMOCRATIZAR LOS NUEVOS ENTES SUPRANACIONALES

Con el objetivo de evitar desagradables hechos históricos como las dos Guerras Mundiales, nacen en el mundo distintos organismos internacionales destinados a mediar y resolver cualquier conflicto que se pudiese plantear entre distintos estados. De esta forma nace la Organización de Naciones Unidas en 1945 y, poco después, en el año 1951, la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) el germen de lo que más tarde se convirtió en la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Unión Europea (UE).

Estas organizaciones, cuenta Dahl (2008), plantearon a la democracia dos desafíos. El primero de ellos fue trasladar el control político de un país a la esfera internacional, lo que conllevó para la ciudadanía una pérdida de la capacidad de influir en las políticas que les afectaban. Igualmente, todas las organizaciones internacionales carecían de instituciones políticas propias de la democracia representativa.

A estos retos tuvieron que enfrentarse los líderes europeos en su afán por crear una Constitución para la nueva Unión Europea. Los intentos por conseguir una Carta Magna (oficialmente titulado como el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea, Tratado de Roma, 2004), aprobada en referéndums por todos los estados miembros, sufrieron varios varapalos en los comicios celebrados en Francia y Países Bajos, donde fue rechazada por la ciudadanía.

En los próximos años, según Dahl, la Unión Europea tiene ante sí varios interrogantes a los que dar respuesta. Uno de ellos es conocer qué tipo de asociación se adecúa a un gobierno democrático de Europa. Derivado de lo anterior también es necesario saber qué tipo de organizaciones o instituciones políticas se precisan para alcanzar dicho gobierno. Qué sistema se utilizará para tomar decisiones: ¿mayorías de personas, de países, de ambos o de algo diferente? O, por el contrario, ¿es más oportuno un sistema menos democrático? No lo parece si hacemos caso a las advertencias de Piketty:

acabar con la desigualdad social pasa por dar más peso a la democracia y no menos.

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24

1.5 U

N PROCESO DE DEMOCRATIZACIÓN QUE PIERDE INTENSIDAD EN EL

S

IGLO

XXI

La fiebre democratizadora que vivió el Siglo XX difícilmente se volverá a repetir en la presente centuria, explica Dahl. La desigualdad social, la crisis económica, la globalización, los problemas raciales y étnicos o la falta de una cultura demo- crática consolidada son algunos de los factores con influencia negativa en la aparición de nuevos regímenes democráticos y la consolidación de los que se encuentran en fase de transición.

En territorio de la Unión Europea encontramos algunas de las democracias más antiguas del mundo y, por tanto, completamente consolidadas. Éstas coexisten con otros regímenes más jóvenes que sufrieron durante el pasado siglo gobiernos autoritarios, en algunos casos muy largos, como sucedió en España, aunque con procesos de transición exitosos (Linz, 1990) y en vías de consolidación, pero en graves problemas económicos que amenazan las conquistas democráticas realizadas. La UE también está formada por países con democracias de reciente factura como son las de los países del Este, en plena transición desde regímenes autoritarios desde finales del pasado siglo. Son países con altos niveles de corrupción, con una escasa cultura democrática que hace sus instituciones débiles y frágiles.

Sin embargo, el proceso más importante es el de democratizar las propias instituciones de la Unión Europea. En una investigación Castillo (2008) abordó la cuestión de la ciudadanía europea, que bien podría servir para conocer la posición partida de los habitantes de la UE para conocer los puntos de acuerdo y de divergencia con respecto a un elemento identitario tan característico como el concepto de ciudadanía europea.

La investigación se realizó con los datos de la ESS del año 2002 y sus resultados arrojan la existencia de dos tipos ideales con respecto al concepto de ciudadanía. Destacar de entre los hallazgos que el significado de ser un «buen ciudadano» difiere de unos grupos a otros. Las personas más conservadoras defienden una concepción de la ciudadanía basada en el compromiso

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25 normativo, mientras que los más progresistas se identifican con una concepción basada en el compromiso comunitario.

Esta situación deja entrever la existencia de dos perspectivas opuestas de la ciudadanía democrática en Europa y que tendrían como nombre «democracia liberal» y «democracia radical». El propio Castillo concluye que la confianza en las instituciones refuerza la valoración de los deberes normativos, pero pierde intensidad en el momento de valorar el deber de participación comunitaria.

Quienes están satisfechos con las instituciones políticas piensan que el buen ciudadano o ciudadana es el que cumple con las obligaciones normativas, mientras que son los insatisfechos los que apuestan por la participación política activa.

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U NA NUEVA PERSPECTIVA EN EL ESTUDIO DE LA DEMOCRACIA Y LOS VALORES

Como hemos dicho anteriormente, en Europa la democracia es vista por mu- chos como un valor universal y considerado como el mejor sistema posible para organizarse la ciudadanía. Sin embargo, al mismo tiempo, existe una gran preocupación por la manera en que la democracia funciona en la mayor parte de los países de la Unión Europea. En los últimos años ha adquirido gran importancia en el ámbito de las ciencias sociales conocer qué actitudes ha desarrollado la ciudadanía con respecto a los sistemas democráticos en los que viven. Y lo es por varios motivos. Como acabamos de ver, las democracias consolidadas y las que se encuentran en fase de transición responden a las exigencias de un entorno cambiante.

Por otro lado, tras la caída del muro de Berlín y del telón de acero, en los países occidentales se ha observado una creciente ola de insatisfacción con respecto al funcionamiento de la democracia y que se aprecia en aspectos como el aumento del descontento con algunas de las instituciones emblemáticas que componen el corazón del sistema democrático (Gunther, Montero y Torcal de 1997; Klingemann 1999; Dalton 1999; Pharr y Putnam 2000; Norris 2001; Dalton 2004; Montero y Torcal 2006).

Sin embargo, conociendo esta realidad, los estudios relativos a este aspecto no han arrojado argumentos concluyentes que apoyen las tesis de los autores mencionados anteriormente. Con todo, este clima de insatisfacción varía de una sociedad a otra y dentro de una misma en distintos periodos de tiempo.

Tampoco se ha podido extraer de estos estudios la fuente de insatisfacción que

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el sistema produce en la ciudadanía y, por tanto, tampoco se ha podido realizar un análisis de las causas de la misma intra e inter países.

Los estudios existentes se han desarrollado sobre la base de dos perspectivas.

Una de naturaleza micro que se ha centrado en la actitud y valoraciones de la ciudadanía con respecto a la democracia. La otra de carácter macro que se ha encargado de analizar el funcionamiento de las instituciones y estructuras socioeconómicas.

En las dos últimas décadas la perspectiva macro ha servido de base para la elaboración de índices de democracia (Coppedge y Reinicke 1991; Gastil 1991;

Vanhanen 1997, 2000 y 2003; Marshall y Jaggers 2001; para un resumen de esta literatura, ver Munck y Verkuilen 2002) que ha permitido establecer clasificaciones en torno a un criterio que la comunidad científica ha consensuado como representativo de lo que debe ser una democracia.

Sin embargo, estos estudios no han sido complementados con los datos que marquen un camino consistente para investigar la relación entre los factores objetivos de los sistemas políticos y las valoraciones que la ciudadanía hace sobre el funcionamiento de la democracia.

En el nivel micro, a pesar de que la ciudadanía ha alcanzado un consenso de que la democracia es la mejor manera de gobierno posible, todavía no se ha podido conocer empíricamente cómo valora ésta los elementos de la democracia.

Tampoco se han llevado a cabo análisis que pongan en relación el grado de apoyo al sistema democrático —ni la satisfacción que en la ciudadanía produce— en relación con conceptos que propicien análisis enriquecedores sobre la cuestión, lo que hace necesarios planteamientos y herramientas que cambien esta situación.

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29 Los autores de la Encuesta Social Europea (ESS) que será utilizada en esta inves- tigación —sexta ronda, 2012— se marcan como objetivos con su cuestionario definir con mayor nitidez los indicadores que se utilizan habitualmente para medir el grado de apoyo y satisfacción de la ciudadanía con respecto a los regímenes democráticos que conocen.

Igualmente, figura entre sus metas crear indicadores que permitan establecer comparaciones entre indicadores macro y micro que miden la calidad de la democracia. Finalmente, el análisis se centrará en conocer las creencia y expectativas que la ciudadanía tiene acerca de la democracia y las valoraciones que realizan sobre los sistemas que conocen desde su perspectiva cotidiana.

2.1 E

L ANÁLISIS DEL APOYO A LA DEMOCRACIA Y LA SATISFACCIÓN DE LA CIUDADANÍA

Easton (1975) considera que, hasta el momento, el estudio y análisis del apoyo de la ciudadanía a la democracia y su grado de satisfacción con la misma se ha desarrollado de manera atomizada e inconexa, de tal forma que, en numerosas ocasiones, se han utilizado diferentes indicadores para medir el mismo concepto.

La tarea de estudiar la democracia es compleja, como casi todas las que ocupan a los científicos sociales cuando se proponen abordar cualquier tema desde una perspectiva empírica. El primero de los problemas lo encontramos cuando nos referimos al propio concepto de democracia. La misma labor de operacionalizar su significado nos obliga a cuestionarnos si éste es entendido de la misma manera en diferentes áreas socioculturales y, por tanto, a presentar un obstáculo a la hora de establecer comparaciones o conclusiones que sean válidas para nuestros propósitos, tal y como atestiguan Schedler y Sarsfield, 2004;

Baviskar y Malone, 2004.

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Los indicadores para medir el apoyo y la satisfacción con la democracia que se han utilizado habitualmente, —democracia como mejor sistema político y satis- facción con la forma en que funciona la democracia— se han comportado como herramientas que han dado un resultado parcial o indirecto sin saber bien qué aspectos de la democracia tienen el apoyo o la valoración —positiva o negativa— de la ciudadanía.

Easton ha sentado las bases conceptuales para el estudio empírico de la democracia y ha sido el autor referente en la producción investigadora en este ámbito (Easton 1976; 1975; 1965; 1979). A pesar de todo, los resultados obtenidos en las investigaciones basadas en sus criterios han sido limitados y orientados a las actuaciones de los políticos y los resultados conseguidos.

Otras investigaciones que han supuesto un referente en este ámbito de investigación han sido las llevadas a cabo por Stein Ringen (2007) abriendo una línea de trabajo basada en la cuestión «qué democracia es buena para». El enfoque también arrojó resultados limitados porque concentra las valoraciones de la ciudadanía en una sola dimensión, insuficiente para analizar la calidad de un sistema democrático.

Sí se han realizado preguntas adecuadas en estudios empíricos sobre actitudes hacia la democracia en sociedades específicas. Podemos poner por caso las investigaciones en los países de América Latina (ver Ai Camp 1998, Baviskar y Malone 2004 o Lagos 2005), en África (ver Bratton, Mattes y Gyimah-Boadi 2005) y los realizados con la ex-URSS como sociedad de estudio (ver Reisinger, Miller, Hesli y Miller 1995, Whitefield y Evans 1996).

Estos países tienen en común el hecho de cuentan con democracias con un bajo nivel de democratización o que se encuentran en periodo de transición.

Sin embargo y, a pesar de sus virtudes, adolecen de capacidad comparativa.

Finalmente, como hemos visto en esta introducción, la democracia es un tipo de organización social en el que el poder reside en el conjunto de la sociedad.

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31 El auge de la democracia ha corrido en paralelo al crecimiento económico en las sociedades y este sistema de gobierno ha sido adoptado cada vez en más países. El mismo concepto ha sido definido a lo largo del tiempo de maneras diferentes en función de sus características históricas.

Dentro de la teoría de la Modernización, la voluntad del individuo por formar parte de la construcción del bien común representa uno de los valores típicamente postmaterialistas en los que la ciudadanía demanda cada vez más oportunidades de participar en las decisiones que conciernen a su trabajo, su comunidad y, especialmente, en las cuestiones políticas importantes, según rezan las teorías de Ronald Inglehart y Christian Welzel.

La manera de entender el concepto de democracia varía de una sociedad a otra y dentro de la misma —a pesar de que está definido por un corpus legal también podemos observar diferencias—. Según Kluckhon, los seres humanos reaccionan además de a los estímulos externos a las propias interpretaciones de sus estímulos según un marco cognitivo definido por la cultura en la que el individuo esté inserto.

En la investigación que se propone a continuación se pretende conocer cómo los valores influyen en la concepción que la ciudadanía de la Unión Europea tiene de la democracia y determinar cómo éstos afectan a cada dimensión, factores o elementos en los que se puede descomponer el estudio de este tipo de organización social. También veremos cómo dentro de cada país la edad es un hecho diferenciador en la construcción colectiva de la democracia. La investigación consiste en realizar un análisis comparado de los aspectos anteriormente mencionados para el que se ha seleccionado una muestra de países de la Unión Europea y que representan a las cinco tipologías de regímenes del Bienestar según los estudios de Gøsta Esping-Andersen y Moreno.

Cada grupo está caracterizado por una estructura de valores específica, según se desprende del estudio realizado sobre regímenes del bienestar y valores en Europa. En dicho documento se extraen cinco tipologías de regímenes como podremos ver más adelante.

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O BJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN

Como hemos adelantado, el objetivo general de la investigación es conocer cómo los valores humanos de los que son portadores la población joven, entre los 18 y 30 años, influye en su concepción de la democracia. Para ello dividire- mos el análisis en dos partes bien diferenciadas. La primera de ellas profundizará en los valores humanos según las teorías que desarrollaremos posteriormente, centradas en las perspectivas de Ronald Inglehart y Shalom Schwartz.

Posteriormente el estudio se centrará en el análisis de la democracia y las dimensiones que la componen y que tendrá como referente teórico los trabajos de Leonardo Morlino.

3.1 S

OBRE EL ESTUDIO DE LOS VALORES

1. COMPROBAR LA CONVERGENCIA DE LAS TEORÍAS DE INGLEHART Y SCHWARTZ. Uno de los objetivos será comprobar que la distinción que hace el sociólogo estadounidense entre valores Materialistas y Postmaterialistas tiene su correspondencia con los cuatro dominios de valor que el psicólogo social hebreo estableció en su teoría en el contexto de la población joven. Existe un precedente generalizado a toda la población de 43 países en el que ambas teorías se ponen a prueba (Ros, 2002) aunque el contenido y el número de los valores extraídos de la teoría de Schwartz están operacionalizados de una forma diferente a la que se realizará en esta investigación. En este estudio, creemos, el empleo de la teoría de Schwartz que hacemos es más exhaustiva y detallada gracias al cuestionario utilizado por la ESS para la sexta ronda. Ros realizó su estudio comparado utilizando indicadores de materialismo y postmaterialismo de Inglehart con muestras diferentes a las utilizadas por Schwartz en años

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similares. Para tratar a Inglehart Ros se valió de la Encuesta Mundial de Valores (1973-1990) y del cuestionario SVS (cuestionarios de valores) de 1992. En esta investigación se utilizarán las mismas muestras para validar la convergencia de ambas teorías.

2. ELABORACIÓN DE UN PERFIL AXIOLÓGICO QUE CARACTERICE LAS PECULIARIDADES VALORATIVAS DE LOS JÓVENES DE LA UNIÓN EUROPEA y que permita realizar comparaciones entre diferentes países correspondientes a distintas zonas geoculturales de la Unión Europea. En un estudio comparativo reciente de Moreno et al. (2013) realizó un análisis de los valores relacionados con el estado de bienestar y relativo a cinco tipos de régimen de bienestar europeos, también generalizado a toda la población de los países participantes (31) en la cuarta ronda de la ESS. En esta investigación nos centraremos en cinco países de la Unión Europea correspondientes a cada uno de los regímenes del bienestar empleado por Moreno con el objetivo de establecer similitudes y divergencias entre los jóvenes europeos.

3.2 S

OBRE EL ESTUDIO DE LA DEMOCRACIA

1. ESTUDIO DE LA CALIDAD DE LA DEMOCRACIA: qué significado tiene la democracia para la ciudadanía. Recientes estudios (Baviskar y Malone 2004; Bratton, Mattes y Gyimah-Boadi 2005) han demostrado que las personas tienen una idea formada sobre lo qué es la democracia, aunque con distintos niveles de complejidad. Es importante, por tanto, conocer qué valores son importantes para la ciudadanía y su concepción sobre la representatividad. También es importante conocer la perspectiva de otros actores en la definición de la democracia al margen de la consideración que tienen de ésta políticos y gobernantes o encontrar otra forma de entender la representación democrática más allá del concepto de representación promisoria que elaboró Mansbridge (2003).

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35 2. ESTUDIO DE LA VALORACIÓN QUE LOS CIUDADANOS REALIZAN DE LOS ELEMENTOS QUE COMPONEN LA DEMOCRACIA. Existen pocas experiencias investigadoras en las que se trata esta cuestión. Se puede citar el estudio de Vargas Culell (2004) en la Auditoría Democrática para Costa Rica; el de Chu y Chang (2009) en Asia; el de Mattes (2010) con su Afrobarómetro y las encuestas en España y Portugal (Fortes, Palacios, Vargas-Machuca 2009; Magalhães 2009) como exponentes de un grupo de investigaciones en la que se incorpora la opinión de la ciudadanía para evaluar la calidad de la democracia. Disponer de la opinión de los «con- sumidores» de democracia puede ser muy valioso para conocer más acerca de esta cuestión. Para ello será necesario evaluar este concepto en todas sus dimensiones.

3. CONOCER CON QUÉ ELEMENTOS DE LA DEMOCRACIA ESTÁ INSATISFECHA LA CIUDADANÍA. Los dos anteriores aspectos tendrían como principal misión saber por qué la ciudadanía no está satisfecha con sus democracias. Hasta el momento se han puesto sobre la mesa diferentes explicaciones, principalmente la influencia de aspectos sobre el funcionamiento de la democracia como la economía (McAllister 1999; Listhaug 2006), los procedimientos que utilizan las instituciones en su actividad diaria (Miller y Listhaug 1999) o los resultados que produce la arquitectura democrática (Frey y Stutzer 2001). Otra forma de conocer por qué la ciudadanía está insatisfecha con su democracia es comparando lo que esperan de ella con la valoración que hacen de la misma. Un método utilizado con anterioridad por Pharr y Putnam (2000) y Norris (2010) pero con alcances limitados dada la inexistencia de datos adecuados.

4. ESTUDIAR QUÉ RELACIONES EXISTEN ENTRE LOS NIVELES MACRO Y MICRO DE LA DEMOCRACIA

tal y como se han preguntado infinidad de autores desde los años 60 (Almond y Verba 1963; Sniderman, 1975; Putnam 1993; Klingemann y Fuchs 1995; Gibson, 1997; Nevitte 1996; Inglehart, 1997; Pettigrew, 1998, entre otros). En este sentido, la pregunta sería si existe correspondencia entre las perspectivas-orientaciones de la ciudadanía y las del sistema político, conclusiones a las que podemos llegar si comparamos las evaluaciones de los gobernados con indicadores objetivos de la democracia.

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En este sentido es importante conocer si las actitudes de la ciudadanía se alinean con el comportamiento de instituciones y prácticas democráticas de los actores que forman las instituciones y, por otro lado, esta perspectiva nos permitirá conocer cómo funciona realmente, desde los ojos de la ciudadanía, el sistema democrático en numerosos países europeos.

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A NTECEDENTES :

J UVENTUD , DEMOCRACIA

Y VALORES HUMANOS

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39 Abriremos esta investigación realizando un repaso al estado de la cuestión que no es otra que el estudio de los valores humanos en los jóvenes y su influencia en la visión y valoración de la democracia en la Unión Europea. Hay que advertir que no existe abundante literatura al respecto, aunque entre los investigadores ha existido en los últimos años una intensa curiosidad sobre la participación en política de la gente joven pero muy pocos se han dedicado a analizar la per- cepción que tienen los jóvenes de los aspectos, al margen de su participación, o falta de la misma, estructurales de un sistema democrático. Mucho menos desde una perspectiva comparada.

En esta primera parte de la investigación trataremos de hacer un resumen del conocimiento acumulado hasta el momento en cuanto al reflejo que de los jóvenes existe en los estudios políticos y sobre el análisis de los valores humanos en su relación con distintos aspectos relacionados con la acción política, el desarrollo socioeconómico o las instituciones sociales.

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E STUDIOS DE JUVENTUD Y SU ACTITUD HACIA LA POLÍTICA

Se dice con razón que proyectamos una visión adultocéntrica sobre los jóvenes.

Una perspectiva que también se produce desde la mirada de las ciencias sociales. Si la medida de todas las cosas es la representación de un adulto —un adulto occidental, blanco, varón y cristiano— es posible que el término con el que se le enfrente no resista comparación alguna. Como explica Jorge Benedicto, cualquier reflexión que tenga como centro de la misma a los jóvenes y su relación con la política es inevitable que se recurra a un relato negativista calificado con términos como pasivo o desinteresado, una opinión que ha calado en la sociedad.

En la literatura académica esta visión de la juventud se ha traducido en términos como desafección y desinterés o la baja predisposición a participar en la vida política de las sociedades democráticas a través de los canales institucionales diseñados para ello. Una actitud que se percibe y se confirma en estudios referentes a jóvenes de Europa, de Estados Unidos o de América Latina, el patrón percibido siempre es el mismo.

Alain Touraine decía en un estudio acerca de la juventud chilena que posiblemente hemos estado acostumbrados a percibir la juventud como una poderosa fuerza de cambio y de innovación y que nos es complicado reconocer que los jóvenes pueden comportarse de otra manera. El sociólogo francés mantiene una perspectiva nostálgica de una representación de la juventud fiel al estereotipo de los estudiantes que protagonizaron el Mayo del 68.

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Según el citado autor, la juventud ha adoptado en las últimas décadas una po- sición más conservadora y prudente frente a los cambios. Touraine defiende que la juventud anticapitalista e izquierdista que caracterizó a los jóvenes de mediados del siglo pasado dio paso a una juventud temerosa, insegura, sumida en la incertidumbre y preocupada por su propio futuro representado en su porvenir personal y familiar a partir de los años 80 y que la literatura especializada ha llamado el student consumerism.

El propio Touraine dice que el problema de la juventud no es que encuentre barreras o problemas para hacer realidad sus aspiraciones u objetivos vitales, «el problema es que le faltan aspiraciones, proyectos y, más que nada, ideología».

El sociólogo francés describe a la juventud que él ha estudiado en Chile como excesivamente conformista con las instituciones, además de una ausencia de conflicto entre generaciones. De la misma forma, relata Touraine, los jóvenes encierran un resentimiento contra la sociedad, el sentimiento de estar situado fuera de la vida pública. Ante esta situación el autor describe la actitud juvenil como un hiperconformismo reivindicativo.

La situación, según Touraine, es extrapolable a numerosas regiones del mundo, desarrolladas o en vías de desarrollo, del centro o la periferia, ricas o pobres. En todas ellas se puede observar un proceso de descomposición de la sociedad que alcanza tanto al modelo de producción como el de consumo y que termina por imponerse como nuevo modelo de organización racional comandado por una élite de técnicos y directores y donde los jóvenes y mayores se ven marginados del sistema de producción.

Pero qué es realmente ser joven. El concepto surgió, dice Anne Gillman, como una identidad diferenciada de la adultez y la niñez. Pachano describe la identidad como un proceso de construcción colectiva intelectual en el que un grupo se define al reconocer puntos en común frente a otros que no lo tienen.

Este espacio en común, en el caso de la juventud, se ha caracterizado por beber de diversas fuentes, desde su desarrollo biológico, sus cambios en el comportamiento hasta su forma de relacionarse, por citar sólo unos pocos de

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43 los aspectos analizados. En el caso de la cuestión que nos ocupa en esta tesis doctoral, la democracia, los jóvenes tienen una visión particular sobre la misma que, por definición, debe ser estratégica para el futuro de ésta.

Francés y Santacreu (2014) consideran que no es extraño el interés de los inves- tigadores en el estudio de las relaciones entre la juventud y la política, entendiendo ésta como la actividad de la ciudadanía dentro del marco de las instituciones y de los procesos democráticos orientados a la consecución del bienestar del colectivo. Según los sociólogos, la edad tiene una correlación efectiva con el interés político (Santoni, 2013). La juventud, según los expertos sería estadio y estado. Estado debido a que la condición juvenil poseería una significación singular y definiría una categoría política para el análisis sociológico. Estadio porque el mundo adulto enmarca al joven dentro de una serie de espacios institucionalizados tales como la familia, el sistema educativo o el trabajo, entre otros, a través de los cuales es socializado y preparado para la siguiente etapa vital. La juventud es condición y situación.

Teniendo en cuenta esta circunstancia, resulta interesante conocer el comportamiento político de los jóvenes desde una perspectiva endógena diferente a la habitual confrontación y comparación con los adultos. Para el caso español, destacan los estudios realizados por el Instituto de la Juventud de España sobre Jóvenes, Participación y Cultura Política realizado en el año 2012 donde se refleja que los jóvenes españoles muestran un escaso interés por la política —el 70% de los jóvenes encuestados afirman que les interesa poco o nada. Las disposiciones motivacionales que les infunde esta posición es la desconfianza, la indiferencia, el aburrimiento o la irritación. Además, un 75%

afirma que la sociedad española debe experimentar reformas que actúen sobre la raíz de los problemas.

Las objeciones descritas hasta el momento no son óbice para que los jóvenes presten un incuestionable apoyo a los principios democráticos del estado en detrimento de los agentes políticos tradicionales y a la representación democrática plasmada en los procesos electorales. De esta forma, las

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puntuaciones que los jóvenes otorgan a instituciones clásicas como los partidos políticos o los sindicatos apenas alcanza un tres sobre diez.

Esta situación ha desembocado en los últimos años en la búsqueda por parte de los jóvenes de otros cauces para la participación caracterizados por estar fuera de las vías institucionalizadas de acción política con base comunitaria.

El fenómeno se repite de manera generalizada en otras sociedades occidentales, tal y como reflejan en sus estudios Barnes y Kaase (1979), Jennings y Deth (1990), Inglehart (1997), Dalton (1999), Norris (1999), Pharr y Putnam (2000), Chareka y Sears (2006), Fisher (2012). En el caso español esta realidad queda reflejada en los trabajos de Anduiza (2001), Montero, Font y Torcal (2006), Benedicto (2008), Ganuza y Francés (2008a y 2008b).

Los autores referenciados anteriormente estarían de acuerdo en que estamos asistiendo a una separación de los intereses juveniles con respecto a las formas tradicionales de participación en la política. La vida cívica para este segmento de la población consistiría en un tipo de actividad con capacidad para redefinir la acción política basada en movimientos colectivos como el denominado 15M que se produjo en España en el año 2011 y otros similares que acaecieron en otras partes del mundo tal y como manifiesta Flasco (2013).

Para este autor la participación está definida sobre nuevos conceptos en los que ciudadanía y política junto a los nuevos espacios de interacción y organización de lo público adquiere significados diferentes a los acos- tumbrados. Internet cumpliría como plataforma para impulsar la acción política aportando nuevos códigos comunicativos que encauzan la actividad dentro del colectivo para construir un espacio común. Francés (2008) define la participación juvenil atendiendo a criterios definidos en el ámbito de la interacción comunicativa, información, apertura participativa, decisión, apropiación y compromiso institucional.

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45 Estaríamos, por tanto, ante un segmento de población que en lugar de abs- traerse de la política, como se ha proclamado desde otras perspectivas de estudio, pone en cuestión los significados y pautas de socialización política que proponen los agentes tradicionales (Bendit, 2000) saliendo a relucir nuevos formatos de organización, comunicación, interacción y movilización (Offe 1996;

Martín 2006; Ganuza y Francés 2008a; Flasco 2013), lo que está lejos de suponer un abandono o rechazo de la construcción colectiva de lo común por parte de los jóvenes (Benedicto, 2008).

Cuando observamos el catálogo de acciones participativas no institucionalizadas, tenemos ante nosotros «un imaginario participativo que comienza a presentar divergencias respecto a la hipótesis de desafección generalizada de los jóvenes con respecto a la esfera pública», tal y como explica Francés (2008:42), quien a su vez añade que «nos hallamos ante un contexto de participación crítico pero no pasivo». La participación para Santoni (2013: 169) «sería el instrumento de la democracia, el antídoto contra la desconfianza».

4.1 A

CTITUDES Y VALORES POLÍTICOS

Los jóvenes de la Unión Europea, según Monreal (2009), reconocen los valores de la Constitución Europea, la dignidad de la persona y manifiestan su rechazo hacia la pena de muerte. Los jóvenes otorgan valor a la libertad de expresión como derecho, aunque consideran que no siempre pueden ejercerlo. Además, piensan que la escala de valores no siempre incide en el comportamiento y actúan según las circunstancias.

Si hablamos de las instituciones democráticas, los jóvenes manifiestan un mayor distanciamiento con respecto a los gobiernos centrales, aunque se sienten más cercanos a la administración local o municipal. Además, para ellos y ellas, un buen ciudadano es aquel que reconoce la igualdad de derechos y libertades para el conjunto de la población.

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En el contexto español, los jóvenes han vivido la política más como insatisfac- ción que como desafección. Como dice Soler (2013), los jóvenes tienen interés en la política, aunque están bastante descontentos con el funcionamiento de las instituciones mostrando una gran desconfianza hacia los partidos políticos (Francés y Santacreu, 2014) y la clase política. En su lugar prefieren formas de participación política menos institucionales y más vinculadas a causas concretas, una actitud que se ha ido trasladando al conjunto de la población.

En un estudio del año 2011 sólo el 29,7% de los jóvenes decían estar satisfechos con el funcionamiento de la democracia, una cifra que se ha visto reducida a un 18,7% desde el inicio de la crisis.

En cuanto a las actitudes de los jóvenes españoles, Benedicto (2008) considera que la juventud está desenganchada, es escéptica y busca alternativas a los cauces tradicionales de participación. Dalton (2011) propone un sugerente dilema: ¿los jóvenes son desafectos o realmente están ampliando los límites de la política y empoderándose bajo otras formas de participación?

Nuevamente, Benedicto (2012) apunta que este dilema debe ser superado ya que la cultura política de los jóvenes manifiesta una multiplicidad de significados estrechamente relacionados con las distintas experiencias vividas. La forma en la que utiliza estos significados determina su posición en la esfera pública.

Códigos, vocabulario y categorías definirían tres tipos de cultura política en los jóvenes en función del significado que otorgan a lo público y a la política, a saber, cultura de la apatía y el cinismo político; la cultura del escepticismo democrático; y la cultura de la redefinición política.

4.2 E

NFOQUES

Los estudios sobre juventud y su implicación en la esfera pública han partido de diferentes perspectivas o enfoques. Los principales son el enfoque positivista, el comunitario, la perspectiva de los movimientos sociales y el enfoque institucional y el análisis de las políticas públicas.

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47 ENFOQUE POSITIVISTA

Los estudios realizados en la mayoría de los países europeos concluyen que el porcentaje de jóvenes que se abstienen en elecciones es siempre mayor que los registrados por la población adulta, incluida España. Las mismas investiga- ciones manifiestan que en los últimos cincuenta años la participación juvenil se ha visto reducida a la vez que sus derechos a la participación han sido ampliados.

La literatura sobre esta cuestión concluye que en las sociedades occidentales contemporáneas existe una falta de compromiso e implicación política por parte de la población juvenil y que se manifiesta en una alta abstención electoral y una baja afiliación a partidos políticos. Los autores que han investigado sobre estas cuestiones (Norris, 1999; Pharr y Putnam, 2000) hablan de apatía y desafección de los jóvenes de la política. Otros autores, sin embargo, consideran que, efectivamente, existe una actitud desafecta hacia la política institucional, aunque encuentran otros cauces y mecanismos de participación (Norris, 2002).

En cuanto a la orientación política del voto, los jóvenes tienden a votar, más que los adultos, a partidos de nueva creación y a partidos calificados como radicales de ambos extremos del continuo ideológico (Anduiza y Bosch, 2007).

Soler (2013) considera que los jóvenes son ideológicamente más extremistas y reactivos con la coyuntura del momento.

La edad es considerada por los expertos como un recurso individual y una variable explicativa de la participación electoral, una relación que, por otra parte, se produce en todos los países estudiados. De esta forma, la teoría dice que cuanto mayor es la edad del individuo, dispone de más recursos y, por tanto, incrementa las posibilidades de que participe en un proceso electoral.

En un estudio realizado por Fraile y otros (2006) sobre el conocimiento que la ciudadanía tenía de la política éste fue valorado en un nivel medio-bajo, siendo el de los jóvenes menor que el señalado y de entre estos el menor entre los

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48

nacidos en el período de 1981 a 1988, es decir, socializados en plena democracia. Además, este conocimiento coincide con la estructura de desigualdades sociales de tal forma que las personas del sexo femenino, los parados, amas de casa, obreros no cualificados y las familias con menos ingresos y formación son los que menos conocimiento tienen de la política. Por el contrario, la ciudadanía con mayor conocimiento del sistema políticos son los que participan con mayor frecuencia y forman parte de organizaciones políticas, son los capaces de ubicarse en la escala ideológica, los que se declaran interesados en temas políticos y los que hacen suyos los valores postmateriales y se definen moderadamente de izquierdas.

Un proyecto europeo (EUYOUPART, 2005) estudió los factores explicativos de los diferentes grados de participación política entre los jóvenes de ocho países del viejo continente. La investigación concluyó, como otros estudios anteriores, que los jóvenes no están interesados por la política con una minoría de éstos desempeñando el papel de activistas políticos. Igualmente, se advirtió que los jóvenes eran conscientes de que el voto es la forma más eficaz de influir en la política.

Este estudio también destacó que los jóvenes comparten una visión cínica de la política a la vez que idealista siendo la principal herramienta para solucionar los problemas de la ciudadanía y buscar el bien común. Los jóvenes se muestran desconfiados ante las instituciones políticas como los partidos, aunque sí muestran confianza hacia las entidades no gubernamentales.

Para los investigadores que participaron en este proyecto, la educación figura como un factor clave para explicar la participación de los jóvenes en la política, siendo los mejor formados los que participan más. El trabajo menciona otro factor decisivo que está relacionado con la participación en los jóvenes como es la path-dependency de la participación escolar. De esta forma, serían más participativos aquellos jóvenes que ya eran activos en espacios participativos en sus centros educativos.

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49 Fraile y otros (2006) considera, tras un estudio sobre dos generaciones de jóve- nes, que la protesta es el principal canal de participación política, especialmente si se trata de temas que les afectan directamente como es el caso de los problemas educativos. También se encontró que la edad es determinante para elegir el canal de participación no electoral. De esta forma tenemos que los socializados al principio de la democracia (nacidos entre 1972 y 1980) son los que más consumo político realizan y utilizan la abstención electoral como protesta, mientras que los nacidos entre 1981 y 1988 utilizan internet como vía para manifestar sus protestas.

Los datos obtenidos de estudios más recientes como el llevado a cabo por Soler (2013) muestran tendencias parecidas en las que los jóvenes se inclinan por un tipo de participación menos institucional y ligada a causas concretas al tiempo que el número de participantes en asociaciones es pequeño, aunque lo hacen de manera más intensa, destacándose el voluntariado como una actividad juvenil.

ENFOQUE COMUNITARIO

La perspectiva comunitaria hace hincapié en el papel que la comunidad tiene para el desarrollo de la ciudadanía. En el caso de la juventud, este es el ámbito donde tiene lugar su vida diaria, es el espacio donde comienza a articularse su implicación en las instituciones y donde adquiere su estatus de ciudadano.

La participación juvenil en este espacio de análisis es entendida como el proceso de implicar a la juventud de una comunidad en las decisiones que afectan a su vida. Los jóvenes son capacitados y empoderados gracias a la acción comunitaria con el fin de que pueda ejercer una influencia determinante sobre la realidad que le rodea, incumbe y afecta (Checkoway y Gutiérrez, 2009).

Las investigaciones en este campo han tenido como objetivo conocer el papel de la acción comunitaria en el impulso de experiencias de participación juvenil.

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