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ARTÍCULO CULTURA Y DESARROLLO SOSTENIBLE

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*Estudiante, Facultad de Ciencias Administrativas, E.A.P Administración de Negocios Internacionales, Universidad Nacional Mayor de San Marcos

IMPORTANCIA DE

LA CULTURA PARA

EL LOGRO DEL

DESARROLLO

SOSTENIBLE

Treicy Jared Vargas Miranda*

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RESUMEN

El presente artículo muestra la razón de incluir en el contexto de desarrollo sostenible a la cultura. Muestra cómo este aspecto de la vida humana para haber sido desarrollado ha tenido que guardar estrecha relación con la modificación del medio ambiente, con la creación de propias leyes para la adaptación, la percepción de desarrollo y crecimiento económico (no necesariamente sostenible) y la formación de actitudes y valores en pos de una cultura de la acumulación, el consumismo y la desigualdad. Pone énfasis en lo vital de la conservación del medio que sostiene y permite su supervivencia del hombre como ser social, político, económico y tecnológico. Analiza la relevancia del desarrollo de la cultura a través del tiempo y sus actuales tendencias para un cambio desde esta dimensión cultural y el logro de un real desarrollo, sostenido y justo, implicando a la par a la educación e investigación con la participación activa de la sociedad.

Palabras Clave: cultura, desarrollo sostenible, medio ambiente, educación

ABSTRACT

This paper presents the reason for including culture in the context of sustainable development. Shows how this aspect of human life has been developed with the modification of the environment, with the creation of own laws for adaptation, the perception of development and economic growth (not necessarily sustainable) and with the training of attitudes and values towards a culture of accumulation, consumerism and inequality. Emphasizes the vital conservation of the environment that sustains and allows survival of man as a social, political, economic and technological. Analyzes the relevance of the development of culture through time and current trends for a change from the cultural dimension and the achievement of a real sustained and equitable development, involving education and investigation with the active participation of society.

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INTRODUCCIÓN

Ante la problemática actual, tanto social como ambiental, se ha visto la necesidad de encontrar las razones de haber llegado a niveles tan elevados de degradación del medio ambiente, pobreza, desigualdad, consumismo y sobretodo de egoísmo de los individuos, cegados por lograr un bienestar material y económico.

Las sociedades actuales han ido modificando y desarrollando una cultura que, hablando en términos de historia, evolución y ecología, permita la adaptación del hombre dentro el ciclo natural, y que, hablando en términos de tendencias de la actualidad, vaya acorde a la “cultura global”, basada en acumulación y consumismo desmedido, desinterés por lo propio, falta de identidad cultural y falta de compromiso con el cuidado de su ambiente.

Resulta ampliamente relevante analizar que si creemos que desarrollo es “lograr objetivos cuantitativamente” y queremos mantener un crecimiento económico no considerando los impactos que toda actividad humana implica, estaremos atacando la base de la vida: el medio ambiente, por tanto, ese crecimiento será superfluo y mostrara un “utópico” desarrollo que se desvanecerá en el tiempo al no contar con el medio que permite nuestra propia existencia y nuestra convivencia con el resto de la colectividad en el futuro.

Por ende, no haber considerado el valor de la conservación del medio que sustenta la vida y la percepción errónea que hemos tendido a tener sobre lo que significa “desarrollo” reducido a lo económico y olvidando términos de calidad de vida, justicia y bienestar social; ha generado la necesidad de un cambio cultural, de actitudes y concepciones, en pos del desarrollo sostenible que engloba a lo económico, ambiental, social y cultural para permitir la supervivencia presente de la especie humana y otras formas de vida y futura de las próximas generaciones.

En síntesis, empezando por reconocer que por mantener nuestra cultura ha sido necesario generar impactos en el medio ambiente y que por ella y las ideologías o filosofías de vida que ha adaptado, hemos desarrollado ciertos comportamientos y actitudes que van contra el armónico equilibrio con la naturaleza y la sociedad, se hace notorio el valor de integrar el aspecto cultural cuando nos referimos a lograr un desarrollo sostenible para todos.

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1. Interpretación objetiva de la cultura y su relación con la modificación del medio ambiente

A pesar de que la afirmación: “todo lo que no nos ha dado la naturaleza y ha sido creado por el esfuerzo humano, es cultura” (Sobrevilla, 2007) reduzca cultura a lo meramente objetivo, con ella nos vemos en la necesidad de asegurar que toda actividad que el hombre ha realizado para su adaptación generando su cultura, ha provocado impactos en el ambiente tanto negativos como positivos.

El proceso histórico nos permite reflexionar sobre dicho aspecto. La evolución ha mostrado que el hombre no posee un nicho ecológico definido en el ciclo natural (Hawley, 1968), y que se ha valido de una serie de instrumentos simbólicos, físicos, sociales, políticos, económicos y científico-tecnológicos para lograr su adaptación, generando sus propias leyes y sistemas. Dicho de otra manera, reorganiza lo que lo rodea en función a sus necesidades de subsistir (Ángel, 2003). Entonces es así que ha construido cultura no necesariamente bajo las reglas naturales.

Desde la aparición de la agricultura y domesticación con el hombre primitivo y luego con el desarrollo industrial, se muestra que el ser humano tiene la capacidad de reorganizar los recursos a través del desarrollo técnico para lograr sobrevivir (Ibídem). Estas actividades, ahora son parte de nuestra cultura y nos permiten la convivencia socio-cultural (Díaz & Escárcega, 2009).

Durante el proceso de la historia hasta la actualidad, cultura se desarrolla con estas modificaciones para alcanzar la comodidad y la calidad de vida, por ejemplo: existen múltiples obras públicas que cambian el medio natural, como la construcción de una carretera o un campo deportivo; la formación de ciudades, industrias, zonas de recreo, de producción, etc. (Díaz & Escárcega, 2009).

Cuando nos referimos a cultura como “la creación y realización de valores, normas y bienes materiales” (Sobrevilla, 2007) y con esto, “como un todo que modifica el medio natural adecuada o inadecuadamente” (Díaz & Escárcega, 2009), caemos en la tentación de concluir que “cultura se opone a la naturaleza” (Sobrevilla, 2007). Creer que la vida humana atenta contra el equilibrio natural es un hecho no poco común y en parte, verdadero.

Solo es necesario mirar alrededor y ver lo que como “animales tecnológicos y evolutivos” hemos logrado. Sin duda, un crecimiento cuantitativo de bienes materiales y económicos, pero merecemos un merecido “reconocimiento” al ver que nuestro mayor logro ha sido el deterioro de la naturaleza.

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Ha sido necesario modificar la naturaleza para que el hombre en el presente exista y sobreviva, no hay manera de contradecir ello. De no haber sido así, el hombre no sería más que un recuerdo, un animal extinto. Sin embargo, las formas perjudiciales que se ha tomado para lograr el “desarrollo” nos ha llevado a una crisis ambiental y social. “El hombre está amenazando con su conducta despreocupada el equilibrio de la Naturaleza” (Odum, 1985) y con ello su propia existencia.

El hombre ha atentado contra la continuidad de las formas de vida debido a ser un requerimiento para la subsistencia de su cultura, sin embargo, la magnitud de los impactos, nunca habían alterado a tal manera (Ángel, 2003). Frente a los excesos que la especie humana ha tenido y tiene, el desenfreno de la tecnología y la poca consideración del medio natural es que se incluye el verbo “atentar”, donde aspectos como el crecimiento poblacional, la ocupación del territorio, la formación de ciudades, el desarrollo de actividades productivas no viables y el consumismo entran a tallar.

Muchos ecologistas radicales sustentan que el hombre es un “estorbo que afecta el orden natural”. Su error está en que no comprender el nuevo orden humano (Ibídem) y que no podemos volver a nuestro estado salvaje y desaparecer la tecnología, que de una u otra forma es parte de nuestra cultura y nos ha permitido la adaptación. Es por ella que “se han transformado los hábitos laborales y de la vida familiar, las comunicaciones, las actividades de esparcimiento, las dietas alimenticias y la salud” (Díaz & Escárcega, 2009, p. 27), y estos cambios son ahora parte de nuestra vida cultural.

Entonces, la solución está en reconocer que el futuro de la vida, querámoslo o no, está en las manos del ser humano y que es indispensable recuperar la cultura como instrumento de adaptación al medio para encontrar la manera de acoplarnos a las leyes de la vida y conservar el equilibrio dentro los límites de la Naturaleza (Ángel, 2003).

Olvidemos que cultura es “aquella que designa los conocimientos y las actividades que nos permiten superar la naturaleza” como Samuel Baron von Puffendorf lo menciona en su obra Del Derecho Natural y de Gentes (Sobrevilla, 2007), puesto que si bien hemos generado nuestras propias leyes distintas a las naturales, nuestra cultura no debe aprender a “dominar la naturaleza” sino respetar ciertos niveles para “construir equilibrios tecno-biológicos” (Ángel, 2003).

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2. Importancia del medio ambiente para el desarrollo cultural y el desarrollo sostenible

Según Ángel y Ángel (2002), “toda cultura se construye sobre la naturaleza y la naturaleza tiene límites” (citado por Díaz & Escárcega, 2009). Entonces y a partir de este enunciado es que se asume la imprescindible función del ambiente para que como personas nos podamos desenvolver como sociedad y formemos nuestra cultura.

Es por el sustento de la naturaleza que existe vida y desarrollo. Es de ella que obtenemos los recursos para sobrevivir, creamos instrumentos para convivir con nuestro entorno natural y social, logramos formar organizaciones, tenemos instalaciones y viviendas, realizamos actividades tanto para fines económicos como recreativos. En síntesis, es gracias al medio y su modificación que cada sociedad ha logrado su desarrollo cultural.

Es gracias a él que generamos una parte de nuestra identidad cultural ya que las circunstancias geográficas y ecológicas construyen también la cultura (Ángel, 2003). El medio ambiente no solo adquiere valores porque cumple funciones que permiten el bienestar de las personas que componen la colectividad sino porque es un “símbolo de cultura” (Díaz & Escárcega, 2009). El simple paisaje, características climáticas y morfológicas de un lugar hace que las comunidades puedan adaptarse a su medio, organicen sus actividades y desarrollen su identidad cultural.

No quiero caer en la tentativa de afirmar que la geografía determina de modo sustancial o tajante el grado de desarrollo político, económico y social, pero me parece importante mencionar las consideraciones del Banco Interamericano de Desarrollo y sus investigaciones sobre cómo en tierras tropicales (colocando aquí a América Latina) y sus cultivos ofrecerían la posibilidad de ser grandes economías pero que sus condiciones climáticas adversas y menores innovaciones tecnológicas, mayor riesgo ante enfermedades, pestes, problemas con el clima, y la calidad del agua han generado un “sub-desarrollo” frente a las mejores posibilidades y condiciones de crecimiento económico en zonas templadas (Gudynas, 2004, pp. 36-39).

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son una red de interacciones entre el medio ambiente, la economía y la sociedad” (Díaz & Escárcega, 2009, pp. 108-110)

El individuo se forma a partir de todas las interacciones con el entorno y el resto de las especies. “El medio ambiente se sitúa entre el funcionamiento de los sistemas naturales y los sistemas sociales; se sitúa en el escenario mismo de la vida natural y social” (Ibídem, p. 5).

Hasta ahora, parece redundante y hasta obvio mencionar que para que podamos perdurar como especie necesitamos de un espacio y de un medio que nos sustente, pero el fin de mencionar esto radica en que aunque parece obvio, se hace cada vez más notorio que nadie se ha percatado de ello.

Si alguien durante todo el proceso de evolución se hubiera dado cuenta del valor del medio ambiente para nuestra propia vida y cultura quizás no hubiéramos llegado al punto en el que este ya no nos puede contener, al punto donde nuestras necesidades han superado su capacidad y al punto donde nuestro egoísmo e interés particular han superado el bienestar de todo lo que nos rodea, no solo dentro del medio social sino también natural.

Todo ello nos lleva a concluir que el problema ambiental afecta nuestras vidas como animales biológicos, tecnológicos, políticos y sociales porque en un medio degradado no podemos coexistir. Cuando se buscan el desarrollo íntegro y “sostenible” de las sociedades quedamos atónitos al ver que no se puede lograr cuando, por ejemplo, la contaminación atmosférica o del agua afecta la salud humana y concibe índices de mortalidad, además que nuestras vidas se empobrecen al perder la biodiversidad.

Desde los sentidos de cultura que Sobrevilla (2007) expone, la cultura vista desde su lado subjetivo se ve afectada ya que no puede existir una espiritualidad ni una perspectiva positiva y sensible ante su misma colectividad para una convivencia armoniosa si los individuos ven perjudicada su salud y su bienestar. “No puede existir armonía social habitando ecosistemas degradados”, siendo las grandes ciudades ejemplo de ello. (Díaz & Escárcega, 2009, p. 192)

Y desde su lado objetivo también se ve afectada porque sus bienes materiales e históricos también se ponen en peligro. Por ejemplo, la lluvia ácida daña las construcciones histórico-culturales provocando corrosión de monumentos y edificios históricos y reduce los rendimientos agrícolas (Íbimen, p. 24).

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3. Formas de entender el “desarrollo” de la cultura moderna

Afirmar que el problema ambiental solo tiene que ver con un mal cuidado del medio ambiente, nos hace caer en un grave reduccionismo. Así, parafraseando a Indira Ghandi: “la peor forma de contaminación es la pobreza social, económica y cultural” (Díaz & Escárcega, 2009).

El hombre erróneamente ha creído que si obtiene el crecimiento económico habrá obtenido el nivel de satisfacción máximo, que si cuenta con los bienes materiales y económicos necesarios, ya habrá alcanzado el desarrollo. Como lo mencionara Ángel Maya (2003), el ser humano ha creado un sistema de acumulación en el que sustenta su utópico “desarrollo”.

Esta forma de entender “desarrollo” ha sido la causa de todos los fenómenos que han hecho que lleguemos al actual mundo capitalista y globalizado, en parte deshumanizado, fragmentado e individualista.

Mientras todos los países se preocupaban por su PBI y tasas cuantitativas de crecimiento, olvidaban aspectos no materiales que deben incluirse cuando de “desarrollo” se hable y que son más importantes para la vida de cualquier individuo: libertad de pensamiento, de religión, intelectual, cultural, acceso a la información, esperanza de vida, salud, erradicación de pobreza, desnutrición, analfabetismo, corrupción, etc. (Díaz & Escárcega, 2009).

Ahora y para comprender mejor estos aspectos, debemos analizar a la globalización y al capitalismo, los cuales, según muchos, son nuevos procesos de unificación de la humanidad. Pero ¿cuál unificación? Si “el planeta sigue dividido” y solo se limitan a seguir siendo nada más que “procesos de estandarización de comportamientos productivos y culturales” (Ángel, 2003).

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Ante ello, queda evaluar “la división del planeta” cuando se habla de “procesos de unificación”. Suena paradójico, pero si bien se ha unificado los procesos económicos y el capital circula sin fronteras, la brecha entre países ricos y pobres se ha incrementado. Quizás sea por esa misma razón, los países pobres no pueden lograr desarrollarse cuando los países ricos impiden la innovación y acaparan la demanda en sus empresas transnacionales y hacen funcionar sus industrias más contaminantes en estos países (Ibídem).

La perspectiva direccionada solo a lograr el crecimiento económico hace que la preocupación por la acumulación sea más grande. Entonces es que los procesos productivos se expanden y buscan ser homogéneos, generando a la vez en las personas conductas de consumismo, cegadas por el bienestar meramente material.

Esta visión hace que el hombre vea a la naturaleza solo como el medio de donde obtendrá los recursos que alimentaran procesos productivos hacia a los bienes materiales (Gudynas, 2004). El ser humano se ha desintegrado de la naturaleza y por conseguir los recursos para satisfacer la demanda cada vez más grande de bienes para cubrir sus “ilimitadas” necesidades ha tomado posiciones egoístas y despreocupadas del ambiente.

El uso y apropiación de los recursos naturales es afectado por múltiples aspectos: la organización del sistema económico, los factores de tipo cultural, el sistema de valores, el sistema político, los tipos y prácticas de la democracia, los tipos y niveles de las fuerzas de la economía

internacional, las migraciones locales e internacionales, etc. (Díaz &

Escárcega, 2009, p. 75).

Como lo menciona Ludevid (1998), “la carga total de los sistemas ecológicos locales depende de tres factores: el tamaño de la población, el consumo medio y el nivel de las tecnologías que utiliza la economía para proporcionar bienes y servicios” (Ibídem).

Las culturas sometidas a patrones homogéneos, pero desintegradas internamente son las que logran un “desarrollo” que, en la actualidad, no es más que una ilusión.

Son un claro ejemplo la era del guano, del salitre o del caucho en el Perú, que no fueron más que periodos de “superficial desarrollo” (Ángel, 2003). Son ejemplos de cómo este crecimiento temporal por el uso de recursos para obtener los beneficios económicos sin las consideraciones ni políticas ni económicas ni sociales no significa “desarrollo”.

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cansado ya no logró alimentar a su población, quedó una selva arrasada y la cultura sometida (Ibídem, p. 38). El país rico siguió en sus líneas de riqueza y el país pobre ante un breve momento de auge económico, siguió en sus líneas de pobreza.

Se confirma la “incapacidad de las culturas para vivir de sus propios recursos” (Ibídem, p. 38) de manera sostenida y justa para todos.

El problema ambiental también entra a tallar aquí, los países ricos causan impactos y contaminación por el hecho de ser ricos (actividad industrial que genera desechos y altos índices de emisiones), y los países pobres causan impactos y contaminación por el hecho de ser pobres (actividades extractivas con grandes impactos ambientales). Los primeros no desean renunciar al confort de su opulencia y los segundos no renunciaran a seguir las mismas formas que los países ricos para obtenerla. Aunque ello implique más perjuicios al medio ambiente y con ello a la misma sociedad.

Entonces, ¿por qué reducimos la crisis ambiental a la degradación del ambiente cuando en si la base de esa crisis radica en un problema social y cultural?

Aquí es donde se posiciona a la cultura como la construcción humana que debe encontrar los lazos de unión con el sistema natural, aunque ello implique cambios en sus organizaciones, en sus formas de explotar recursos y generar bienes y servicios, en pos de la biodiversidad y heterogeneidad de la cultura, el goce sencillo y racional de recursos, sin opulencia ni consumismo e igualdad lejos de la acumulación y el egoísmo que genera brechas (Ibídem, p. 46).

Por eso es que desarrollo sostenible implica una dimensión económica, social y ambiental, no solo es preservación del ambiente, sino lograr que los seres humanos podamos desenvolvernos íntegramente en el plano político, socio-cultural y económico sin causar daños a nosotros mismos, nuestro ambiente y la vida futura.

Significa así, un aumento de las opciones vitales de la gente en un marco de sustentabilidad ecológica, priorizando opciones de satisfacción de las necesidades básicas de salud y autonomía personal, a la vez que opciones cuantitativas (menos plásticos, menos automóviles, etc.). Tenemos la labor de construir sociedades justas que desarrollen actividades industriales, productivas, económicas o de cualquier índole con responsabilidad cultural y moral (Díaz & Escárcega, 2009).

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y consolidar una cultura adaptativa” aunque ello implique sacrificios y dejar de lado propios intereses.

4. Importancia del estudio de cultura para el logro del desarrollo sostenible

Ya en los puntos anteriores se habrá visto implícita la importancia de cultura para lograr el desarrollo sostenible, pero ahora lo subrayó y toco el tema de manera evidente.

Durante muchos años, e inclusive aún en la actualidad, la visión del desarrollo vinculado solo a crecimiento económico o a un desarrollo sostenido aislado ha impedido preocuparse por incluir “cultura” en las políticas y acciones en pos del progreso (Maraña, 2010).

Ya lo mencionaba en el 2008, Koichiro Matsuura, en ese entonces director de la UNESCO: “la diversidad cultural es la fuerza motriz para el desarrollo sostenible y el instrumento decisivo para la lucha contra la pobreza” (Ibídem, p. 7).

Esto nos permite aclarar la perspectiva de que desarrollo ya no puede ser reducido a lo económico, sino comprenderse como el proceso que cuenta con múltiples dimensiones y una subyacente que es la cultural (UNESCO, 2012, p. 5).

Es el Estado y la sociedad en general quienes deben trabajar por la diversidad cultural. Los principales obstáculos han sido, como ya ha sido mencionado anteriormente, la “economización y mercantilización de cultura”, añadido además que las políticas públicas no promueven ni el patrimonio, ni las lenguas, ni las costumbres y valores propios de cada cultura (Maraña, 2010). Esto trunca la formación de la identidad cultural.

Como no existe ni identidad y solo intereses particulares por un crecimiento material y económico, las personas han perdido la conexión con la Naturaleza y con su misma comunidad.

Si queremos un desarrollo, y mejor dicho, un desarrollo sostenible, se requiere que las actitudes de los individuos sean coherentes a este y no causen riesgos a tales magnitudes que perjudiquen la subsistencia de nuestra generación presente, la de la futura, y la de otras especies, cuyas funciones dentro del ecosistema permiten de una u otra manera, nuestra propia vida.

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que se permitirá el desarrollo, no solo temporal y de “utópico” bienestar, sino prolongado, sostenido… permitirán un desarrollo sostenible.

El desarrollo sostenible muchas veces es solo comprimido al hecho de cuidar el medio ambiente para asegurar la perpetuación de la vida, pero para este último fin no solo es que se requiere incluir el aspecto de cuidado ambiental sino principalmente la lucha contra la pobreza y el logro de una real democracia. Ante ello, muchos afirman que la principal causa de la actual crisis ambiental es la pobreza y su relativa relación a las formas de acumulación (Ángel, 2003).

“Es sencillamente dejarse de arrastrar por las tendencias del capital: acumular más, consumir más. El futuro de la tierra seguirá siendo el futuro del hombre. Luchar por una sociedad más igualitaria, es luchar por el futuro de la tierra” (Ibídem, p. 63).

Recordemos entonces a la cultura inca, quizás un claro ejemplo de distribución de riquezas y relación simbiótica con su medio. La cosmovisión andina tiene el mérito de realizar actividades productivas que eran parte del medio y no iban contra él, como sí se daba en las culturas europeas (Gudynas, 2004).

Es posible lograr una buena relación con la naturaleza y dejar de verla solo como “un objeto”, de “donde obtenemos recursos”, sino como nuestro hogar, lo que permite nuestra propia existencia.

Actualmente llama la atención algunas culturas indígenas, campesinas u orientales las cuales poseen conceptos sobre el entorno y sus formas de relacionarse con él: vivencias de pertenencia, empatía y religiosidad hacia el ambiente. En ellas el ser humano vuelve a ser un elemento dentro de la naturaleza, y nos pone a reflexionar sobre la dualidad que actualmente la separa del ser humano(Ibídem, p. 22).

Por ejemplo, según Rengifo (1995), los Lamas de las laderas andino-amazónicas conversan con los árboles o la laguna, y entienden que en ese diálogo hay cosas para decirse; los jóvenes van al bosque para presentarse ante él, y a la laguna se le habla con sigilo para no despertarla. “Hay reglas de apropiación que se vinculan a esquemas religiosos, mitos y sistemas de tabúes y prohibiciones, que en general determinan niveles reducidos de impacto sobre el entorno” (Ibídem, p. 22).

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Hay que asumir que la degradación ambiental es más que todo un problema de conciencia, de actitudes y conducta humanas que tiene que ver con sus valores, creencias, comportamientos, y en general, su cultura (Díaz & Escárcega, 2009). Es por ello que se supone “un cambio en el sistema cultural” para “replantear relaciones” entre hombres y entre hombre-naturaleza (Ángel, 2003).

La importancia de cultura para desarrollo sostenible vuelve a hacerme más notorio ya que el logro de calidad de vida, importante para este último, no es algo individual, sino colectivo, en el que influye determinantemente el contexto: CULTURA. Ella supone estilos de vida, es decir, patrones individuales de conducta (aunque sean insostenibles: consumismo, individualismo, etc.) determinados por los factores socioculturales y características personales (Díaz & Escárcega, 2009).

Con una transformación cultural busquemos liberarnos de “la angustiosa ansiedad por lograr la acumulación económica, y de la incultura del consumismo”. Démonos cuenta que lo que “urge no es cantidad de dinero, sino calidad en los servicios de salud, educacionales, culturales, confort habitacional, seguridad” (Ibídem, p. 192).

Pongamos énfasis a la participación ciudadana como instrumento vigoroso que influye y controla la dinámica del desarrollo para la equidad, la democracia plena, el fortalecimiento de la autogestión, solidaridad y la responsabilidad ciudadana (Ibídem, pp. 190-191). El desarrollo sustentable es una lucha de todos que requiere identidad y cooperación, eliminando intereses aislados (Ángel, 2003).

Una nueva cultura está basada en valores ecológicos, de democracia y justicia que necesitan ser internalizados culturalmente e institucionalizados socialmente. Con una ciudadanía consciente y bien constituida, sus miembros respetan cotidianamente estos valores por convicción interna […] En consecuencia, el concepto de desarrollo sustentable es una articulación evolutiva de varias preocupaciones, tanto sociales, culturales y económicas,

como ambientales. (Díaz & Escárcega, 2009, p. 191).

5. Importancia de la educación para el desarrollo sostenible

Como sabemos, la educación es un “proceso social que tiene como misión mantener, preservar y desarrollar la cultura humana” dentro su contexto histórico, permitiendo el desarrollo individual y social (Díaz & Escárcega, 2009).

Es por esto, que “la educación es esencial para el desarrollo sostenible” (UNESCO, 2012, p. 34).

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decir, desarrollamos “cultura”. Por eso se propone que a partir de estas estructuras sociales se impartan conocimientos duraderos sobre desarrollo sostenible considerando que la generación actual de niños y adolescentes que están en proceso de formación serán los futuros padres de familia, ciudadanos, votantes, profesionales, líderes de opinión y líderes en el gobierno de los países, por tanto, los futuros gestores del desarrollo sostenible.

Pero la educación para el desarrollo sostenible va más allá de enseñar “superficialmente” a cuidar y respetar el medio ambiente. La UNESCO (2012) plantea reorientar el plan de estudios para abordar el contexto ambiental, social y económico siendo local y culturalmente pertinente.

Esto significa, abordar conocimientos y temas sobre desarrollo sostenible como biodiversidad, pueblos indígenas, equidad de género, pobreza, cambio climáticos, patrones de consumo, etc.; habilidades y prácticas de vida sostenible y valores como el respeto por la vida, tolerancia, igualdad, justicia y democracia (UNESCO, 2012).

Esto se busca lograr a través de una serie de técnicas pedagógicas y actividades que permitan a los alumnos tener un pensamiento crítico con un análisis de su contexto y sus valores para que se genere desde su propia percepción un sentido de justicia social, preocupación por el otro y sentimiento de identidad cultural: identidad con su propia comunidad y su medio ambiente (Ibídem).

Realizar diferentes actividades extracurriculares (Ibídem), por su parte, harán que el estudiante pueda vivenciar la propia realidad ambiental, política, económica y social local para que a través del desarrollo de sus destrezas y capacidades pueda ver la necesidad de un cambio cultural y tome actitudes y prácticas que contribuyan al logro del desarrollo sostenible (con sus tres dimensiones más la dimensión cultural) de su comunidad.

Los actuales sistemas educativos en gran cantidad de sociedades son “adaptados a formas de saqueo y dependencia económica” (Ángel, 2003). Cuando Augusto Ángel se refiere a “saqueo cultural”, coloca como ejemplo a la cultura inca que de ser un gran modelo de equilibrio entre cultura y ambiente, con la dominación española pasó a ser sometida a sistemas culturales basados en el desarrollo económico únicamente, destruyendo esa cultura y generando patrones insostenibles de prácticas sociales y ecológicas.

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los medios de comunicación se busca implantar pautas de consumo y homogenización de comportamientos (Ibídem). Lo que la educación y la sociedad a través de los medios masivos deben hacer es “difundir información de carácter educativo sobre la necesidad de proteger y mejorar el medio humano y ambiental” (Díaz & Escárcega, 2009).

Dentro de educación, se debe abarcar el tema de formación profesional, ya que la edad contemporánea necesita profesionales con sentido de respeto y progreso humano, de responsabilidad social y ecológica, más allá de criterios de eficiencia, utilitarismo y competitividad.

En primer lugar, es primordial poner énfasis a la investigación. Todos los profesionales deben capacitarse en ello ya que se podrá evitar la dependencia económica de los países pobres y el incremento de la brecha económica/social, al generar propios medios de subsistencia económica y desarrollo de la producción manufacturera sostenible. Además permitirá acercarse a la realidad de las comunidades para poder generar buenos proyectos de desarrollo de las mismas y conocer los límites naturales y humanos ante los riesgos de tomar ciertas medidas económicas o políticas (Ángel, 2003).

En segundo lugar, la educación debe ser interdisciplinaria, porque el problema ambiental es tan complejo que abarca desde herramientas físicas y naturales hasta instrumentos sociales. Por eso, debe haber una conexión entre las disciplinas, desde ciencias naturales hasta ciencias sociales para una evaluación amplia de la solución de los problemas de la sociedad (Ibídem).

Y por último, tal y como lo considera la UNESCO (2012) y Augusto Ángel Maya (2003), la educación debe ser principalmente participativa, es decir, cuando hablamos de escuelas, debe ser inclusiva y permitir que los alumnos interactúen con su contexto socio-cultural, y cuando hablamos de universidades, evitar que se encierren ante las necesidades de la sociedad, sean articuladas a intereses políticos o económicos y reprimidas ante los cambios sociales. Al permitir un acercamiento con los pueblos, se podrán conocer sus necesidades reales para un uso racional de la tecnología y producción de bienes y servicios necesarios, capacitándolas para que logren su propia sostenibilidad y que sean beneficiarios y promotores de su propio desarrollo.

Para lograr el cambio cultural y ético entonces, es importante la educación, no educación únicamente ambiental sino una educación para el desarrollo sostenible.

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protección y mejoramiento del medio” natural, económico social y cultural, nos llevará al logro del desarrollo sostenible (Díaz & Escárcega, 2009).

6. Conclusiones

6.1. Desde tiempos remotos, el hombre ha visto la necesidad de modificar el medio para crear su cultura objetiva que le permita perdurar como especie y como sociedad, esto sin duda ha generado impactos y cambios en el equilibrio natural. Revela, por ende, lo responsable que el ser humano es ante la problemática ambiental y el compromiso que debe tomar para redefinir las pautas de su adaptación al ambiente sin causar graves daños y seguir cultivando su bienestar socio-cultural y ecológico, reconociendo que no puede volver a su estado salvaje y por consiguiente, significa una buena administración de la tecnología y los factores de su actual desarrollo.

6.2. Gracias al medio ambiente es posible nuestra supervivencia ya que nos brinda el espacio, el contexto histórico, morfológico, además de los recursos necesarios para el desarrollo técnico, tecnológico, productivo, económico, social, político y cultural, por eso, se debe emprender una nueva de perspectiva de consideración e identidad con el medio reflexionando sobre su importante función para nuestra existencia y que contaminado o degradado, no permite ni cultura, ni desarrollo sostenible.

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6.4. A partir de las nuevas formas de vida se ha generado nuevas pautas de comportamientos, actitudes y valores en la cultura que no necesariamente significa cuidado del medio ambiente y vida en armonía con la sociedad, por ello, para el logro del desarrollo sostenible se requiere principalmente considerar a la cultura y el cambio que desde ese aspecto se debe emprender para librarnos de la ansiedad de acumulación económica y empezar a preocuparnos por aspectos realmente importantes en el desarrollo del hombre, como justicia, democracia, seguridad, salud, libertad, solidaridad, etc., tomando las acciones necesarias para ello desde la sociedad hasta el Estado.

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