Historia de la
Filosofía
IES “SÉNECA”
Departamento de Filosofía
Historia de la Filosofía
La filosofía de Platón
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN.
2. BIOOGRAFÍA Y OBRAS.
2.1. Biografía.
2.2. La obra platónica: los diálogos.
3. LA POLÍTICA COMO COORDENADA BÁSICA DEL PENSAMIENTO PLATÓNICO. 4. LA METAFÍSICA Y LA ONTOLOGÍA PLATÓNICAS: LA TEORÍA DE LAS IDEAS.
4.1. Introducción.
4.2. Concepción platónica de las Ideas.
4.3. Dualismo metafísico y dualismo ontológico: mundo inteligible y mundo sensible. 4.4. Las Ideas: una realidad jerarquizada.
4.5. Relaciones entre los dos mundos: las doctrinas de la participación y la imitación. 4.6. Génesis y estructura del mundo sensible: la cosmogonía y cosmología platónicas.
5. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO PLATÓNICA.
5.1. Relación epistemología-ontología. 5.2. La epistemología platónica.
5.3. Ciencia y opinión: los grados del conocimiento. 5.4. La doctrina de la anámnesis (reminiscencia).
6. LA ANTROPOLOGÍA Y PSICOLOGÍA PLATÓNICAS: CONCEPCIÓN DUALISTA DEL HOMBRE.
6.1. El planteamiento del alma en el pensamiento griego. 6.2. La naturaleza del alma en Platón.
6.3. La naturaleza del cuerpo y la relación cuerpo-alma en Platón. 6.4. El destino último del alma.
7. LA ÉTICA Y POLÍTICA PLATÓNICAS.
7.1. La Ética en Platón. 7.2. El orden político.
8. TEXTO SELECTIVIDAD PLATÓN: REPÚBLICA, LIBRO VII ,514A-517C. 9.GUÍADELECTURATEXTOSELECTIVIDADPLATÓN.
10. VOCABULARIO BÁSICO TEXTO SELECTIVIDAD PLATÓN. 11. VOCABULARIO FILOSOFÍA PLATÓNICA.
12. ACTIVIDADES SOBRE LA FILOSOFÍA PLATÓNICA Y SOBRE EL TEXTO DE SELECTIVIDAD. 13.COMENTARIODETEXTOTIPOSELECTIVIDAD.
14. ACTUALIDAD DEL PENSAMIENTO PLATÓNICO.
1.
I
NTRODUCCIÓN.
La filosofía griega alcanza en Platón su madurez y plenitud. Sus aportaciones marcarán de tal modo las coordenadas de interpretación racional del mundo y del hombre, que es considerado como uno de los filósofos, junto con Aristóteles, que más han influido en el pensamiento posterior.
La filosofía de Platón tiene como trasfondo la reacción y el enfrentamiento al
convencionalismo y relativismo de la
sofística, a la que considera disgregadora e incapaz de ofrecer un sustrato firme para la organización de la sociedad y una base segura al conocimiento. Nacido, como los sofistas y Sócrates, en un ambiente de preocupación por la organización de la polis, su objetivo es encontrar unas bases sólidas en las que apoyar la reforma que está necesitando una sociedad que, pese a la democracia, ha sido capaz de condenar legalmente a Sócrates.
Así pues, toda la filosofía de Platón está animada por un claro propósito de reforma política, ya que Platón se muestra desde muy joven especialmente interesado en cambiar las bases, según él corruptas, de la convivencia ateniense. Pero, al poner en práctica este propósito reformista, Platón construye un amplio entramado teórico, de honda repercusión en nuestra cultura.
A esta finalidad política de la filosofía platónica habría que añadir, por un lado, una intención ética, ya que, frente al relativismo de los sofistas, Platón reclama la existencia de una idea eterna e inmutable de la justicia que sirva de base a su organización política. Y, por el otro, una intención científica, dado que, influido por las ideas de Sócrates y Parménides, está convencido de que el auténtico conocimiento, es decir, la ciencia, sólo puede tratar de objetos permanentes y estables, inmunes al cambio que observamos en la realidad sensible. De este modo, buscando unos principios inmutables sobre los que asentar un orden político estable para la polis, desarrolla su Teoría de las Ideas.
Con Platón nos encontramos por primera vez con lo que podría considerarse un sistema completo de pensamiento, en el que se plantean prácticamente todas las cuestiones que hasta ese momento habían ocupado a la filosofía griega: en efecto, tanto él como, posteriormente, Aristóteles ofrecen dos explicaciones completas sobre todos los temas tratados en la tradición filosófica anterior (problema de la Naturaleza y temas ético-políticos).
2.
BIOGRAFÍA Y OBRAS DEP
LATÓN.
2.1. Biografía.
Aristocles, verdadero nombre de Platón, nació en Atenas en el año 427 a. C. en el seno de una familia aristocrática. Su padre descendía de Codro, último rey de Atenas, y numerosos familiares suyos habían desempeñado cargos de responsabilidad política.
Su formación es la de un privilegiado: recibió enseñanzas de Cratilo, seguidor de la filosofía de Heráclito, pero el maestro que influyó decisivamente en su pensamiento fue Sócrates. Conoció a Sócrates en el año 407 a. C., a sus 20 años, y se hizo discípulo incondicional suyo hasta la muerte
de aquél en el año 399 a. C. Además, aprende todo tipo de materias: matemáticas, geometría, arte, dialéctica, etc.
Como en tantos jóvenes atenienses, su primera vocación fue la política, pero pronto se sintió desengañado, primero por la aristocracia y, más tarde, por la democracia. En su juventud vivió de cerca las consecuencias nefastas para Atenas de la Guerra del Peloponeso, que la enfrentó a la militarista polis de Esparta.
En el año 404 a. C., mermada la confianza de Atenas en la democracia tras su derrota frente a Esparta, se produjo en Atenas una revuelta política, que instauró un nuevo gobierno: el régimen de
los Treinta Tiranos. En este nuevo régimen estaban sus tíos Cármides y Critias, que invitaron al
joven Platón a participar con ellos en el gobierno de la ciudad. Platón se mostró reservado y, después, tras la violencia desatada por este régimen, se mostró francamente decepcionado. La caída posterior de la Tiranía de los Treinta renovó sus esperanzas de intervenir directamente en la política ateniense, pero pronto volvieron a truncarse, al comprobar cómo la restaurada democracia llevó a su maestro y amigo Sócrates a los tribunales de justicia, condenándole además a muerte.
Después de estos hechos, en Platón quedó marcada para siempre una profunda convicción que inspirará toda su obra, y en la que se unen la vocación política y la vocación filosófica.
Tras la muerte de Sócrates, Platón se refugia en Megara. Más tarde, viaja a Egipto y al sur de Italia, donde entra en contacto con las que serán su segunda gran influencia filosófica: las doctrinas pitagóricas y órficas.
En el año 388 a. C. comienza en Sicilia su relación con Dión, cuñado de Dionisio I, tirano de Siracusa. El sueño de Dión era que Platón hiciese de su cuñado un gobernante filósofo de acuerdo con su teoría política, y, de nuevo, nuestro autor ve una excelente oportunidad para poner en práctica sus ideales políticos. Pero esta tarea acabó fracasando porque Dionisio I no tenía ni las cualidades ni la suficiente paciencia como para adecuarse a las enseñanzas de Platón; de ahí que lo desterrara, ordenando que fuese mandado a Egipto para ser vendido como un esclavo. Parece ser que la fortuna permitió que Platón fuese reconocido por otro discípulo de Sócrates, Anicérides, el cual pagó su rescate y le permitió volver a ser un hombre libre.
Así pues, Platón regresa a Atenas y funda la Academia, que se constituyó en un centro cultural de primer orden, reuniendo a un grupo de discípulos provenientes de diferentes puntos de Grecia, entre los cuales llegará a estar Aristóteles. Allí, Platón trató de formar una escuela siguiendo el modelo de los pitagóricos, en cuyo frontón de la entrada se leía: “no traspasará esta puerta quien no sepa matemáticas”. Dentro, discípulos y maestros convivían amistosamente dialogando y buscando la verdad, tal y como el propio Platón aprendiera de Sócrates y refleja así mismo en su obra escrita: los diálogos. Esta institución educativa tenía además, para Platón, el claro objetivo de formar y educar a la futura elite dirigente de Atenas, es decir, su “sueño político” nunca le abandonó del todo.
De hecho, viaja por segunda vez a Siracusa tras la muerte de Dionisio I (367 a.C.). Su amigo Dión tiene fundadas esperanzas de que su sobrino y futuro gobernante, Dionisio II, sea más receptivo a las enseñanzas platónicas. Pero, de nuevo, tal tarea fracasa por la escasa predisposición de Dionisio II para encarnar el ideal político del rey-filósofo. Platón regresa, desengañado otra vez, a Atenas, prosiguiendo en la Academia su labor educativa y revisando su propio pensamiento filosófico. Aún una última vez, y ya con 66 años, Platón volvió de nuevo a Siracusa con idénticos objetivos a los de las dos veces anteriores, volviendo a cosechar otro rotundo fracaso. Desde ese momento, la vida de Platón transcurrirá en Atenas, centrándose por completo en la Academia hasta su muerte, con aproximadamente 80 años, en el año 347 a. C.
2.2. La obra platónica: los diálogos.
Platón es un gran escritor, tal vez el más brillante de toda la filosofía griega, pues su estilo es claro, y tiene, en muchas ocasiones, un alto valor literario. No deja de ser curioso que exponga, no sólo su pensamiento, sino también el de sus oponentes, trasmitiéndonos así un completo y variado retrato intelectual de su época.
Las obras de Platón están escritas, por tanto, en forma de diálogo y suponen una ventana abierta a los problemas de la época, tanto por los temas que en ellas se tratan como por los personajes que intervienen. No deja, pues, tratados sistemáticos sino conversaciones, a menudo salpicadas de bromas, en las que continuamente aparece la anécdota. Las razones que se han dado para explicar este hecho son varias:
• el diálogo era una costumbre profundamente arraigada entre los atenienses;
• por afinidad con su propio método dialéctico;
• Sócrates había desarrollado su filosofía en forma de diálogo, sin escribir nunca nada...
Además de por lo anterior, nuestro autor pudo haber recurrido al diálogo por su propia concepción de la filosofía. Para Platón, la filosofía es, en primer lugar, ruptura, crítica, repulsa de la opinión, de los hábitos mentales aceptados corrientemente. Y esto es lo que él pretende conseguir con los diálogos: demostrar lo inconsistente de toda actitud mental y de toda conducta fundada en la opinión, “doxa”; poner en evidencia el vacío de la opinión, y hacer ver que la opinión, aunque se presente como coherente y como fundada en hechos y evidencias, no es sino expresión de la pasión, del capricho, de la manipulación del lenguaje.
Pero como la reflexión filosófica no es sólo repulsa, sino construcción, los diálogos platónicos, después de haber demostrado que la opinión no es válida, se esfuerzan por construir un razonamiento que satisfaga a todo individuo de buena fe y le permita responder eficazmente a las preguntas tanto teóricas como prácticas que se le planteen.
Platón, además, incluye en sus diálogos numerosos ejemplos y mitos para intentar hacer más sencilla y didáctica la exposición de su obra. Y es que no podemos olvidar que Platón quería que su pensamiento se comprendiera y divulgara, pues estaba firmemente convencido de que éste era el único modo de educar en la verdad al pueblo ateniense. Ahora bien, eso no quiere decir que no existan, también, en sus obras pasajes oscuros y complicados, sobre todo aquéllos en los que el propio Platón revisa sus ideas o en los que expone los temas más abstractos de su pensamiento.
El personaje central de ellos es Sócrates y, en torno a él, aparecen personajes reconocibles de su tiempo: sofistas, filósofos, amigos y parientes de Platón, etc. Sólo en los primeros diálogos se refleja fielmente el pensamiento que se supone que sostenía Sócrates. En los diálogos posteriores, aunque siga apareciendo la figura de Sócrates, en realidad el pensamiento que expone Sócrates en ellos no era otro que el del propio Platón.
Cada diálogo se centra en un tema de investigación, normalmente una virtud o una idea; pero en casi todos ellos aparecen los temas centrales de su filosofía: su concepción del hombre, de la sociedad, de la realidad, su teoría del conocimiento, etc. Entre diálogos y cartas nos han llegado 36 obras de Platón, que, tradicionalmente, se ordenan de acuerdo con la siguiente clasificación: 1. Período socrático: son los diálogos que escribe Platón antes de realizar su primer viaje a Siracusa en el 388 a. C.; reciben este nombre porque intentan reflejar la personalidad y la filosofía de Sócrates, así como exonerarle de las inculpaciones que le llevaron a la muerte. En estos diálogos
de juventud el tema fundamental es la virtud, todavía no aparece la Teoría de las Ideas. Títulos importantes de este período son: Apología de Sócrates, Critón, Ión, Lisis, Protágoras, Laques,
Cármides y Eutrifón.
2. Período de transición: son los diálogos publicados entre los años 388 y 385 a. C. En ellos empieza a despuntar la filosofía genuinamente platónica, esbozándose la Teoría de las Ideas. Entre ellos están: Hipias Menor, Hipias Mayor, Gorgias, Menéxeno, Crátilo y Menón.
3. Período de madurez: los escritos entre los años 385 y 370 a. C., época en la que Platón escribe sus diálogos más importantes cuyos temas centrales son las Ideas, el conocimiento, la dialéctica, la organización del Estado. Destacan: Banquete, Fedón, Fedro y República.
4. Período de vejez: los escritos desde el 370 a. C. hasta su muerte, suponen en muchos casos una crítica a algunas de sus teorías anteriores. Entre ellos están: Teeteto, Parménides, Sofista,
Político, Filebo, Timeo, Critias y Las Leyes.
3.
LA POLÍTICA COMO COORDENADA BÁSICA DEL PENSAMIENTO PLATÓNICO.
Platón no vive apenas la época de esplendor de la Atenas de Pericles (479-431 a. C.). Crece en el contexto de las guerras del Peloponeso (hasta que tiene 23 años), que acabarán con el poder de la ciudad de Atenas y que desestabilizarán su democracia de manera prácticamente irreversible. Es el tiempo de la segunda sofística, del gobierno de los Treinta Tiranos, del restablecimiento de una democracia vigilada, de duros enfrentamientos políticos, con las venganzas de unos y otros, etc.Platón se consideró siempre a sí mismo un político y siempre tuvo en mente la intención de participar activamente en la vida política de Atenas. Sin embargo, la política ateniense se encontraba en un estado de tal precariedad que consideró inútil su ingreso en esta actividad. Pensaba que había que cambiar el clima y el sistema político de Atenas y de las demás ciudades griegas si, de veras, se pretendía hacer verdadera política.
Ahora bien, ¿qué entiende Platón por
verdadera política? Desde luego, nada
parecido a la actividad de los sofistas y retóricos; la política no es, como ellos pensaban un
medio para conseguir sus intereses personales. La política es, para Platón, un arte técnico; todo
arte consiste en un conocimiento que está orientado a la consecución del bien de aquello hacia lo que se dirige. El ejemplo clásico que pone Platón es la medicina: la medicina es un arte orientado a conseguir el bien del enfermo y el buen médico es el que aplica sus conocimientos para curar enfermedades. Pues bien, con la política pasa igual: la política es un conocimiento que está orientado a la consecución del bien de la ciudad, por tanto el político es aquel que aplica sus conocimientos para conseguir este bien, no para lograr sus propios objetivos.
Pero Platón ve imposible realizar una verdadera actividad política en Atenas por lo que decide abandonar su vocación política y dedicarse a la filosofía y a la educación. Pero no hay que tomar esta renuncia como una completa desvinculación de la política: Platón va a hacer lo mismo que habían hecho los sofistas años atrás; éstos habían enseñado retórica a los jóvenes atenienses mostrándoles que, a través de la adulación y la demagogia, podían conseguir lo que quisieran produciendo con ello una corrupción general de la vida política. Platón va a fundar la Academia, donde desarrollará una filosofía que combata el relativismo y el escepticismo y enseñar a la nueva juventud ateniense el valor de la verdad, de la bondad, de la justicia, como pilares firmes de la política. Platón pretende, en definitiva, instaurar un sistema político justo mediante la educación de la juventud griega. El propio Platón expresó, en la Carta
« De esta suerte yo, que al principio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi atención a la vida pública y verla arrastrada en todas direcciones por toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y si bien no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una mejora en ella, y en consecuencia en la totalidad del sistema político, sí dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades de intervenir activamente; y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implantarla. Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra. »
Esta carta expresa la preocupación y el itinerario político de Platón en el marco de los acontecimientos descritos anteriormente. Así, siendo aristócrata, no comparte el modo de gobernar que tuvieron los Treinta tiranos, pero, a la vez, es un férreo detractor de la democracia. Para Platón, tanto la tiranía como la democracia son fruto de las teorías de los sofistas. De ahí que su objetivo fuera el llevar a cabo una reforma política: fundamentar la polis y sus instituciones en un orden de principios de carácter universal, que, primero, hay que descubrir y, después, enseñar.
En definitiva, Platón concluyó, siguiendo a Sócrates, que la única forma de gobierno
legítima es la que esté basada en el conocimiento de lo justo que aporta la verdadera filosofía. Por
eso se dedicó a esta última postergando sus afanes políticos juveniles. Así, elaboró un modelo teórico en el que la organización de la sociedad estaba en función del conocimiento del bien por parte de sus posibles gobernantes.
4.
LA METAFÍSICA Y LA ONTOLOGÍA PLATÓNICAS:
LA TEORÍA DE LAS IDEAS.
4.1. Introducción.
Platón hizo filosofía, rechazando dos corrientes, contra los físicos, y contra los sofistas. De los físicos criticaba el “materialismo”, y de los sofistas, el relativismo. Por este doble enfrentamiento, Platón se plantea el problema del conocimiento con dos intenciones, demostrar que no toda la naturaleza es materia, y por otro, demostrar que es posible alcanzar la verdad, que ésta es única y fundamenta una única moral posible.
Como comentamos anteriormente, la motivación inicial de su filosofía fue fundamentalmente política y moral, motivación que se vio reforzada por la influencia de su maestro Sócrates. La necesidad de pensar el fundamento de la justicia y el orden social condujo a Platón a considerar que éstos no pueden basarse en un mero relativismo, como decían los sofistas, ni puede ser sólo fruto de un simple pacto o contrato social, que es una mera pugna entre contendientes que cesan sus hostilidades entre sí por el mero egoísmo de conseguir seguridad.
Sócrates había señalado la necesidad de una justicia en sí, de una bondad en sí. Y pensaba que solamente por la existencia de lo justo en sí son posibles actos justos. Más allá de los ejemplos concretos de cosas bellas o relaciones amistosas, debe existir la belleza y la amistad que hacen posibles aquellas; más allá de actos y relaciones justas, debe existir la justicia misma que las hace posibles. El estudio de este fundamento, generalizado desde la ética hasta toda realidad, conducirá a Platón a la formulación de la teoría de las ideas o de las formas, que es el centro de toda la
filosofía platónica.
Así, Platón va mucho más allá de su maestro Sócrates, y considera la necesidad de afirmar la existencia de estas ideas como medio para comprender la totalidad de lo real, y no situarlas solamente en el ámbito de la ética.
En contra del relativismo de los sofistas, defiende Platón que, como el alma preexiste a todo y es común a todos los que usan la razón, ha de haber algo que es inmutable, y puede ser comúnmente conocido por todos los seres que tienen alma racional. Su pensamiento se encaminará a buscar el auténtico objeto del conocimiento y, bajo la influencia pitagórica, considerará las matemáticas como modelo de conocimiento. Así, de la misma manera que el matemático habla de triángulos, círculos, esferas o números, de los que sus dibujos son sólo meras y toscas representaciones, y no confunde el dibujo de un triángulo con el triángulo como figura geométrica ideal, el filósofo no ha de confundir la realidad física ni los acontecimientos particulares con las ideas de las cuales estos actos o cosas son meras representaciones.
Platón intentó conciliar posturas presocráticas ya que, dando la razón a Heráclito, afirma que el mundo sensible está continuamente sometido al cambio y al devenir, de forma que nunca es propiamente, ya que siempre está siendo, con lo cual muestra que no tiene la razón de ser en sí mismo y, por ende, es una realidad derivada. Pero Parménides tiene razón, piensa Platón, si en lugar de pensar en el mundo que captan nuestros sentidos, pensamos en aquellas entidades que, como los números o las figuras geométricas, no se alteran. Estas tres mesas concretas que están ahí, por ejemplo, hace cien años no existían y dentro de cien años probablemente habrán dejado de existir, pero las nociones de «tres» y de «mesa» no se alteran por ello. De la misma manera debe entenderse lo real sensible: todo cuanto existe en el mundo físico es una representación de otra realidad diferente, la del mundo de las ideas.
PLATÓN: CONTEXTO FILOSÓFICO DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS. IDEAS:
- Cada Idea es única y tiene todos los rasgos que Parménides le atribuyó al Ser.
- Las Ideas son contempladas por el alma antes de su encarnación en el cuerpo: influencia clara de Pitágoras.
- El mundo de las Ideas es un cosmos ordenado y jerarquizado: influencia pitagórica.
- Cada Idea es el modelo arquetípico que nos sirve para unificar y denominar a las cosas múltiples, que son ejemplos o copias particulares de Ella: influencia de Sócrates en su empeño por definir con claridad los términos universales.
- Importancia máxima de la Idea del Bien: influencia de Sócrates y de su preocupación por conocer adecuadamente los términos morales para poder actuar de acuerdo con ellos.
COSAS:
- Son de naturaleza material: Platón las concibe con los rasgos que les otorgaron los atomistas (múltiples, perecederas, etc.).
- Son móviles y cambiantes, tal y como las concebía Heráclito.
- No pueden constituir objeto de verdadero conocimiento (episteme), sino de percepciones particulares y subjetivas; son, pues, relativas al juicio de cada sujeto perceptor, al modo de las tesis sobre el conocimiento de los sofistas.
4.2. Concepción platónica de las Ideas.
Platón afirma que la posibilidad de un conocimiento verdadero, apoyado en verdades absolutas, hace necesaria la existencia de realidades inmutables, ya que un conocimiento que tenga por objeto algo cambiante no es verdadero conocimiento. Así es como Platón plantea su Teoría de
las Ideas, que constituirá la base sobre la que se asiente todo su proyecto filosófico, desde la física
hasta la ética y la política pasando por la antropología y la teoría del conocimiento.
Platón siempre mantuvo la siguiente convicción acerca de las Ideas: tras la apariencia cambiante de las cosas hay una realidad absoluta (las Ideas), cuyo conocimiento es necesario para dar una base sólida a la moral y a la política, y escapar así del relativismo de los sofistas. Esta realidad la situará
Platón en un “mundo” de esencias eternas, invisibles y dotadas de un modo de existencia diferente al de las cosas concretas. Se trata de un mundo de valores y
de “modelos ideales”, independientes de la opinión de los hombres, a los que llamará “Ideas” o “Formas”, que se descubren sólo por la razón y constituyen el objeto del verdadero conocimiento.
El conocimiento de las matemáticas de los pitagóricos le dio la clave a Platón para suponer que existían realidades absolutas e invariables y que éstas debían tener la misma naturaleza que los números, ser de naturaleza intelectual. Si 2 + 3 = 5 es un pensamiento absolutamente verdadero y es invariable ¿por qué no suponer que ocurre lo mismo con la “justicia” o con el “bien”: que también podamos decir “la justicia es igual a....” sin tener que ser una mera opinión subjetiva, sino un pensamiento verdaderamente objetivo? Igual que hay entidades, como los números, que son absolutamente objetivos e inmateriales, puede ocurrir algo similar con otro tipo de objetos.
Platón inventa una palabra, que hoy nos resulta absolutamente cotidiana, para referirse a un tipo de cosas inmateriales, inmutables eternas, etc. (las características del Ser de Parménides) que parecen responder a la pregunta socrática por la Virtud, la Justicia, el Bien, etc. Tales cosas son ideas o eidos (formas). Platón cree haber encontrado la respuesta a las preguntas de su maestro: la Fortaleza, la Verdad, la Belleza, el Bien... son IDEAS.
Platón supone que las ideas no son meras representaciones mentales, sino que existen de manera objetiva independientemente de nuestro pensamiento; hay una idea objetiva y realmente existente de “verdad” pero otras tantas para la “virtud”, la “justicia”, el “bien”, la “amistad”, de tal forma que no dependen de la opinión subjetiva de cada hombre. Cada hombre puede tener su opinión particular acerca de lo que es la belleza o la justicia; se pueden tener distintas opiniones, cambiar la opinión de un país a otro, de un hombre a otro, pero esto no significa que no pueda haber verdadero conocimiento y que todo sea, al fin y al cabo, cuestión de opiniones, como suponían los sofistas. La justicia en sí es independiente de lo que opinemos sobre ella. Y nuestra opinión acerca de la justicia será equivocada si no expresa lo que la justicia es en sí misma.
Las ideas son seres, en el pleno sentido de la palabra. Son inmutables, eternas, universales e inmateriales. Sólo hay una idea de “justicia” y sólo hay una idea de “árbol” si bien, todas las acciones justas así como todos los árboles de la naturaleza no son sino una copia o representación sensible de estas ideas eternas e inmutables.
Ahora bien, no cualquier concepto mental, por el hecho de serlo, es también una idea existente de manera separada; para Platón, las ideas son formas únicas de algo múltiple. Hoy tenderíamos a usar un concepto propio de las matemáticas para explicar esto: las ideas son clases: Por ejemplo, consideremos la clase de los árboles, en dicha clase están incluidos todos los árboles particulares que nos podamos encontrar, pero la clase no se identifica sin más con ningún ejemplar en concreto. Con las ideas ocurre lo mismo: la idea de belleza se relaciona (aún no sabemos cómo) con todos los objetos bellos que podamos contemplar, pero no se identifica con ninguno de ellos. En términos más generales y utilizando el lenguaje filosófico propio de la época: las ideas son universales, no particulares (lo particular es un ejemplar concreto "este hombre" "aquel caballo"...). Como tienen una naturaleza inteligible, sólo pueden ser alcanzadas con el intelecto o razón y no con los sentidos, podemos concluir afirmando que las ideas o formas son universales inteligibles. En definitiva, los rasgos esenciales de las Ideas son los siguientes:
- las Ideas son objetivas, reales, y no meros conceptos mentales o modos de pensar la realidad.
- las Ideas tienen una existencia separada de las cosas sensibles. - las Ideas son los modelos perfectos de los objetos del mundo físico
4.3. Dualismo metafísico y dualismo ontológico: mundo inteligible y mundo sensible.
La primera formulación de la Teoría de las Ideas es desarrollada por Platón en los diálogos de la etapa de madurez, en el Fedón y en La República, fundamentalmente. Ahí encontramos los aspectos más característicos y originales de la filosofía de Platón, sobre todo la afirmación de que la realidad está dividida en dos ámbitos completamente diferentes. De hecho, Platón, a través de su Teoría de las Ideas, intenta responder las siguientes preguntas:
a) ¿Qué es la realidad? (Metafísica)
b) ¿Qué elementos la componen?, ¿Qué características tienen éstos? (Ontología)
¿Qué es la realidad? ¿Qué elementos la componen?, ¿Qué características tienen éstos?
Metafísica (Dualismo metafísico) Ontología (Dualismo ontológico)
Mundo Sensible Cosas
Mundo Inteligible Ideas
La solución propuesta por Platón puede ser denominada como “dualismo metafísico”, ya que distingue en la realidad entre el mundo sensible y el mundo inteligible. Pero esta forma dual de entender la realidad genera, a su vez, un dualismo ontológico. Según de qué tipo de realidad estemos hablando, los elementos que la constituyen serán las Ideas (cuando hacemos referencia al mundo inteligible) y las cosas (cuando hacemos referencia al mundo sensible).
Así pues existen Ideas, Pero Platón no quería llegar tan lejos como los eléatas cuando afirmaban que el mundo que captamos por medio de los sentidos es una ensoñación, una presunta realidad absurda e irracional (pues consiste en afirmar a la vez el Ser y el No-Ser). Al fin y al cabo la filosofía ha de servir para explicar el mundo, no para negarlo. Por esta razón, Platón deduce que la realidad tiene que estar dividida en dos mundos (dualismo metafísico): uno que se correspondería con la naturaleza vista a través de los ojos de Heráclito, el mundo sensible y material; y otro que se correspondería con el mundo tal y como lo entendían los pitagóricos y Parménides, el mundo de las ideas o mundo inteligible.
Toda la filosofía de Platón se fundamenta en esta tesis, en el descubrimiento de que el ser tiene dos planos: lo sensible y lo inteligible, lo material y lo ideal, lo cambiante y lo permanente, las ideas y las cosas. Los filósofos anteriores a él consideran que la realidad tiene un solo plano y a lo que no pueden explicar lo tachan de apariencia (como ocurre con Parménides y el cambio), Platón divide la realidad en dos, pudiendo hablar, por un lado, de cambio y movimiento (mundo sensible) y, por otro lado, de eternidad (mundo inteligible). Por ello la ontología platónica defiende un dualismo ontológico.
Con esta teoría Platón soluciona el problema del movimiento que tanto preocupaba a los filósofos griegos: el mundo que vemos y experimentamos a través de nuestros sentidos es puro cambio, tal como suponía Heráclito; este mundo, por ser devenir constante, no puede ser fruto de ningún conocimiento fiable. Al mismo tiempo, existe un nivel de la realidad que es eterno, estático e inmutable: el mundo de las ideas. El conocimiento de este plano sí que suministraría un saber firme y seguro, tal y como requiere Platón.
En cuanto a qué tipos de Ideas puede haber, Platón comenzó admitiendo la existencia de las ideas estéticas y morales, es decir, las Ideas de Belleza, Bondad, Justicia, Valor, etc., que estaban más próximas al propósito de Sócrates de alcanzar un conocimiento ético universal. Pero la extensión de este criterio condujo a Platón a pensar que, detrás de cada propiedad o concepto que defina a una clase de objetos del mundo físico, hay una Idea que es su causa. Por ello, admitió también la existencia de Ideas que se corresponden con conceptos matemáticos, como las de Igualdad, Unidad, Pluralidad, etc. Sin embargo, Platón dudó a la hora de admitir como Ideas las que se corresponden con las formas de los objetos físicos o naturales, como las de agua, fuego, hombre, etc.
Así pues, si las Ideas son únicas, eternas e incorruptibles, por el contrario, las cosas son múltiples, están sometidas a un flujo de cambios permanentes; poseen menos realidad, no podemos decir que "son" (recordar a Heráclito: son y no son, están en continuo cambio), sino únicamente que "han sido" o "serán"; son captables por los sentidos, pero no son propiamente inteligibles (justamente, por su movilidad permanente).
Así pues, el dualismo ontológico establecido por Platón le lleva a un claro dualismo metafísico: el mundo ideal tiene las características de unidad, realidad, permanencia y esencia frente al mundo sensible, que posee los otros pares de conceptos opuestos: pluralidad, apariencia y cambio.
4.4. Las Ideas: una realidad jerarquizada.
Platón establece, como hemos visto, que la realidad se divide en dos planos: lo material y lo ideal. Ahora bien, esto no significa que estos dos planos estén al mismo nivel. Evidentemente, el filósofo ateniense considera que las ideas son mucho más reales que las cosas. Y esto es así porque
el fundamento de las cosas no está en ellas mismas, es decir, no son lo que son por sí mismas sino que encuentran su existencia anclada en las ideas.
Pero esta jerarquía no se da únicamente entre el mundo material y el mundo ideal; Platón en los diálogos de madurez (fundamentalmente en La República), insiste en que también en el mundo de las ideas existe una jerarquía; las ideas se relacionan unas con otras formando una jerarquía piramidal. En efecto, las ideas se disponen de forma que unas están subordinadas a otras y en la cúspide de esta jerarquía se encontraría la idea de BIEN.
¿Qué entiende Platón por “Bien”? Esta es posiblemente una de las preguntas acerca de la filosofía de Platón más difíciles de contestar ya que el mismo Platón no dejó demasiadas pistas al respecto; pensaba que era una Idea tan elevada y tan difícil de conocer que requiere años de dedicación a la filosofía y, aún así, no todos sino sólo los individuos más excelentes pueden alcanzar su conocimiento.
La idea de Bien es el principio rector de todas las cosas; lo que es, lo es en base a su bien y, si carece de él, deja de ser. Podemos considerar que la Idea de Bien es el principio rector de todo en un triple sentido:
a) Fundamento ontológico. Sin el Bien no existiría nada, el resto de Ideas y, por tanto, también el Mundo Sensible, deben su realidad a la Idea de Bien. En la “República”, Platón compara al Bien con el Sol: de igual modo que todo cuanto existe en el Mundo Sensible debe su existencia al Sol, de tal modo que si este dejara de existir todo lo demás desaparecería, la Idea de Bien es la soberana en el Mundo Inteligible y el resto de las Ideas (y también todo el Mundo Sensible, que no es más que una copia de las Ideas) deben su existencia a la Idea de Bien.
b) Fundamento epistemológico. La Idea de Bien “ilumina” el Mundo Inteligible y hace posible el conocimiento, de la misma manera que el sol ilumina los objetos sensibles y posibilita su conocimiento. Con esto Platón quiere destacar que el conocimiento es "conocimiento del bien". Un médico que conoce la ciencia médica, tiene conocimientos sobre el bien del cuerpo, del mismo modo que un arquitecto de puentes sabe cuál es el puente bueno. Quien no conoce el bien de estas cosas, sencillamente, o no es médico o no es arquitecto. En Platón el conocimiento siempre coincide con el conocimiento del bien de algo. La filosofía, como ciencia más elevada, sería el saber sobre el bien en un sentido general.
c) Fundamento ético y político. Afirma Platón en el libro VII de La República que:
”...tiene por fuerza que verla (la Idea de Bien) quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública”. Que el bien sea fundamento ético y político es algo más fácil de explicar: la
ética se ocupa de reflexionar acerca de cuál es la "buena vida" y la política discute acerca de cuál es la "buena ciudad". Por tanto, aquel que quiera tener una buena vida o dirigir hacia el bien a su ciudad tiene, por fuerza, que conocer la Idea de Bien. Es por esto que el bien debe ser fundamento de la ética y la política.
Platón compara la Idea de Bien con el Sol (“símil del Sol”). «Dos son los que reinan, uno en el ámbito de lo visible, otro en el ámbito inteligible». De la misma manera que el Sol no sólo hace visibles las cosas del mundo sensible, sino que además les da su posibilidad de ser, la Idea de Bien hace inteligibles los objetos del mundo inteligible y les da existencia (bien como causa ontológica y epistemológica de las Ideas).
En La República, por debajo de la Idea de Bien estarían el resto de ideas morales: Belleza, Justicia, Virtud, Valor, etc. A continuación, las Ideas que determinan las relaciones entre los seres: Igualdad- Diferencia, Grande- Pequeño, etc. Después, las Ideas de los números, la Unidad, la Dualidad... y las figuras geométricas, la Triangularidad, la Circularidad...; las Ideas de las cosas naturales, Caballo, Hombre.... y, finalmente, las Ideas de cosas fabricadas, Mesa, Casa....
En los diálogos de vejez, Platón se interesa por las relaciones entre ideas. Si consideramos una de las ideas del mundo de las ideas, por ejemplo, la idea de caballo, vemos que esta idea está relacionada con otras tantas: se relaciona don la idea de animal, cuerpo, mamífero,
herbívoro. De hecho, la idea de Animal
incluiría la de mamífero y ésta, a su vez, la de herbívoro, que incluye por último la de caballo.
Así, Platón, en El Sofista, sostiene que existe una red de relaciones entre ideas que denomina “simploké”, de tal forma que algunas ideas están relacionadas con otras. No puede ser que todas las ideas estén relacionadas entre sí, pues ello nos conduciría a un monismo como el de los eléatas que Platón rechaza. Por otro lado, tampoco puede ocurrir que las ideas no estén relacionadas en modo alguno, pues entonces el conocimiento sería imposible. Así pues, existe una simploké, una red de relaciones entre ideas de carácter objetivo que el filósofo aspira a conocer. En el fondo este es el único conocimiento verdadero.
4.5. Relaciones entre los dos mundos: las doctrinas de la participación y la imitación.
Otro de los problemas fundamentales de la Teoría de las Ideas platónica es la forma en que estos dos mundos se relacionan. Evidentemente, tiene que existir algún tipo de relación: un caballo particular se relaciona de alguna manera con la Idea de Caballo y una acción es justa porque está impregnada de alguna forma de la Idea de Justicia. ¿De qué forma la Idea de Justicia está presente en las acciones justas o la Idea de Caballo en los caballos particulares? Platón no lo deja muy claro,
únicamente emplea una serie de metáforas para señalar que la relación tiene lugar. Será este un problema que progresivamente le irá preocupando cada vez más, hasta hacer que, en los diálogos de vejez, fundamentalmente en el Parménides, el mismo Platón ponga en tela de juicio la Teoría de las Ideas, puesto que los problemas de relación entre los dos mundos no han sido resueltos de forma satisfactoria.
Platón utiliza dos conceptos para señalar de qué forma se relacionan las cosas del mundo sensible y las cosas del mundo material: la participación (methesis) y la imitación (mimesis). a) Participación: es la relación que se establece entre los seres sensibles (las cosas del mundo material) y las ideas (los seres del mundo inmaterial). Con este concepto Platón quiere dar a entender que existe esta relación, que las acciones son justas porque participan de la idea de justicia o que un caballo lo es porque participa de la idea de caballo. Sin embargo, el concepto de participación acarrea problemas que el mismo Platón reconoce y aborda en su diálogo “Parménides”. En primer lugar, no puede ocurrir que esta participación sea física, es decir, la idea de “caballo” no puede estar dentro del “caballo” a modo de esencia ya que hay múltiples caballos pero sólo hay una idea de caballo. Tampoco puede estar una pequeña parte de ella, ya que las ideas son indivisibles. Tampoco puede ser un elemento material del caballo ya que cuando muere el caballo particular, la idea moriría con él, lo que no ocurre puesto que las ideas son eternas. Así pues, la participación hay que entenderla como una metáfora para señalar que las ideas y las cosas sensibles se relacionan; de la misma forma que los objetos visibles participan de la luz solar sin que esta pierda su unidad.
b) Imitación: El otro concepto que Platón utilizó para señalar la relación entre las cosas y las ideas es el de imitación. Las cosas son, por así decirlo, una imitación imperfecta de las ideas. Se relacionan de la misma forma que se relacionan las copias con relación al modelo u original. Tomemos como ejemplo un retrato que diversos pintores hacen de una persona: los retratos no son esa persona, sino una copia en un lienzo de ésta. Cada retrato se relaciona con el modelo de la forma “copia-original”. Los cuadros son menos perfectos que el original en el sentido que sólo son una imitación de la verdadera realidad del modelo (solo son el reflejo de algunas características del original). El problema de esta forma de concebir la relación ideas-cosas es que entonces todas las cosas bajas y corruptas de este mundo (lodo, uñas, pelo...) deberían tener su correspondiente idea, lo que niega Platón pues supondría introducir la imperfección en el mundo inteligible.
4.6. Génesis y estructura del mundo sensible: la cosmogonía y cosmología platónicas.
Para completar una explicación del mundo acorde con su Teoría de las Ideas, Platón expuso su imagen del orden cósmico, en la cual, a diferencia de los atomistas, que recurrían al azar, el universo era el efecto de una inteligencia ordenadora o demiurgo. El rechazo del atomismo obedeció a dos consecuencias indeseables que, según Platón, este sistema acarreaba: por un lado, resultaba imposible conocer la naturaleza, ya que era igualmente imposible conocer o calcular las trayectorias, colisiones e infinitas combinaciones de átomos moviéndose en el vacío; en segundo lugar, como el universo era para los atomistas un producto imprevisible de tales colisiones y combinaciones, resultaba que, en este sistema, el mundo ordenado tenía que originarse a partir de los movimientos desordenados de la materia inicial. Para Platón, sin embargo, la estructura cósmica sólo puede ser resultado de la acción de una inteligencia ordenadora.
Además de lo anterior, Platón se planteó resolver el difícil problema de cómo se relacionan las Ideas con las cosas particulares, es decir, aclarar satisfactoriamente, después de sus dudas y vacilaciones, la relación entre los mundos sensible e inteligible. La solución a este problema la expuso en el diálogo Timeo, de clara influencia pitagórica.
Así pues, ¿cuál es el origen del mundo sensible y por qué es radicalmente diferente del mundo inteligible? Puesto que, según Platón, sólo puede haber ciencia verdadera de los objetos estables y permanentes, es decir, del mundo de las Ideas, su cosmogonía aparece como una narración verosímil, llena de conjeturas y suposiciones.
A diferencia del mundo inteligible, que "es eterno y no nace jamás", el mundo sensible, que aquí denominaremos “Cosmos”, ha tenido que nacer "puesto que es visible y tangible, y porque tiene cuerpo". ¿Cómo se ha engendrado? La cosmogonía platónica supone la inclusión de tres factores o elementos:
- una masa material preexistente - eterna -, móvil y caótica. Es el principio físico e indeterminado (al carecer de forma, no es propiamente nada). Constituye el sustrato material del mundo sensible. - las Ideas: son el principio formal, el modelo - recordar que “Idea”, en griego “eidos”, significa “forma o aspecto de una cosa”- de acuerdo con el que se genera el mundo sensible. Las Ideas determinan, dan forma a la materia, surgiendo las cosas.
- No puede el azar ser el origen del Cosmos, el orden no puede ser el resultado azaroso del desorden, debe provenir de una inteligencia ordenadora (inspirada en el Nous de Anaxágoras): ésta recibe en Platón el nombre de Demiurgo. Éste actúa sobre la materia eterna y caótica, dotada de movimientos desordenados, como causa activa e inteligente; es decir, basándose en las Ideas, que le sirven de modelo, plasma la esencia de las Ideas en la materia lo más perfectamente posible. Pero el cosmos resultante de la obra modeladora del demiurgo no es totalmente perfecto porque la materia siempre supone un factor de desorden e imperfección. De este modo, queda establecida la imitación o copia como modo de relación entre las Ideas y las cosas.
Con respecto al demiurgo, conviene recalcar que Platón lo concibe como una “divinidad modeladora, ordenadora”, que modela y da forma a las cosas tomando como modelo las Ideas, pero no es equiparable al concepto de una divinidad creadora, como lo será el dios del cristianismo. O, tal vez, el demiurgo no sea sino una forma mítica de expresar la acción de las Ideas sobre la materia, como elemento configurador que impone a la materia una estructura y de esa manera proporciona inteligibilidad y consistencia a los seres del mundo físico. Sería, siguiendo la línea pitagórica adoptada por Platón en el Timeo, la imposición del límite (más o menos proporción de Ideas, más o menos participación e imitación de cada una de ellas) sobre lo ilimitado -indeterminado- (la materia), dando como resultado las cosas particulares
El modelo cosmogónico que nos ofrece Platón es claramente teleológico, pues es claramente finalista: todo cuanto sucede lo hace de acuerdo con un fin. El Demiurgo tiene como fin ordenar la materia en el espacio de acuerdo con el modelo eterno de las Ideas -no es un modelo mecanicista,
como en Anaxágoras, donde el Nous, lo único que hacía era imprimir el primer movimiento a la materia-. El Demiurgo "ha querido que todas las cosas fueran buenas" y por lo tanto ha hecho el mundo lo mejor y más bello posible. Ha modelado el mundo por amor al Bien: el orden ha aparecido porque es mejor que el desorden. La Idea de Bien, cúspide del mundo inteligible, es también la rectora en la actuación del Demiurgo.
5.
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO PLATÓNICA5.1. Relación epistemología-ontología.
Como hemos visto, la ontología platónica (su concepción de la realidad) es radicalmente
dualista: están, de una parte, las Ideas que son la realidad auténtica, lo verdaderamente real, y de
otra, los seres físicos, cambiantes y corruptibles. Pues bien, a esos dos niveles de realidad corresponderán dos niveles en el conocimiento, como vamos a ver.
5.2. La epistemología platónica.
Platón, como su maestro Sócrates, creía en el conocimiento absoluto y verdadero de la realidad, frente al relativismo de Protágoras y el escepticismo de Gorgias. Sócrates tenía la convicción de que la conducta ética se ha de basar en el conocimiento y, asimismo, la de que este conocimiento debe ser un conocimiento de valores eternos, no sujetos a las variables y cambiantes impresiones de los sentidos o de la opinión subjetiva, sino idénticos para todos los hombres y en todos los tiempos. Siguiendo a su maestro, Platón intenta refutar las opiniones falsas.
En su diálogo Teeteto, Platón se exige la tarea de combatir la teoría de Protágoras sobre el conocimiento como mera percepción sensible y su tesis de que lo que a cada cual le parece verdadero es la verdad para él. Platón rechaza ambas tesis. El conocimiento debe ser de lo que es y, por tanto, tiene que ser infalible. El conocimiento sensible tiene como objeto lo
LA UNIDAD LO PERMANENTE RAZÓN LA ESENCIA INTELIGIBLE LAS APARIENCIAS LO CAMBIANTE CONOCIMIENTO SENTIDOS LA PLURALIDAD SENSIBLE REALIDAD EPISTEMOLOGÍA ONTOLOGÍA
(no cumple con el primer requisito). Si la realidad depende de la percepción que yo tenga de la realidad, entonces es imposible el segundo requisito. La verdad será lo que yo perciba. Y, entonces, ¿por qué vamos a las clases de Protágoras, por las que obtiene pingües beneficios, si nadie es más sabio que nadie?
Platón acepta de Protágoras la creencia en la relatividad de los sentidos y de la percepción sensible, pero no admite un relativismo universal; al contrario, el conocimiento verdadero existe y es alcanzable pero no puede estar sujeto a toda clase de influencias momentáneas tanto en el sujeto como en el objeto.
5.3. Ciencia y opinión: los grados del conocimiento.
Más arriba hemos afirmado que el conocimiento es proporcional al ser. Pues bien, para Platón1 entre el ser (Ideas) y el no-ser se encuentra una realidad intermedia: «el mundo
sensible». Éste es una mezcla de ser y no- ser, y por eso está sujeto al cambio y al devenir.
Si al ser corresponde un conocimiento verdadero (epistéme) y al no ser la ignorancia, a esta realidad intermedia (lo sensible) corresponderá un conocimiento intermedio entre ciencia e ignorancia: un conocimiento que no es conocimiento propiamente dicho (ciencia) y que llamamos opinión (dóxa); se trata de un conocimiento inestable y caduco (como la realidad a que corresponde). Tenemos, por tanto, el conocimiento de la ciencia (epistéme) y el conocimiento de la opinión (dóxa). Según Platón, los sofistas se movían en este segundo tipo de saber.
En República, Platón especifica que tanto la opinión como la ciencia poseen dos grados distintos, que corresponden a dos grados de realidad, de ser. Se trata del famoso pasaje del libro VI: el «símil de la Línea»; también aborda el tema en otro celebérrimo pasaje del libro VII: el «sito de la caverna». De esta manera, al grado supremo de ser (Ideas) corresponde el grado supremo de conocimiento (Dialéctica2), y todas las demás ciencias y artes quedan reducidas a medios preparatorios, propedéuticos, para ascender a esta cumbre, que es la propia de los filósofos. Platón opone la dialéctica (método científico-racional que aspira a la demostración de la verdad) a la retórica de los sofistas, que sólo pretendían la persuasión.
GRADOS DE CONOCIMIENTO
CONOCIMIENTO SENSIBLE CONOCIMIENTO INTELIGIBLE
OPINIÓN (DÓXA) CIENCIA (EPISTÉME)
Conjetura Creencia Pensamiento discursivo Intelección pura
EIKASÍA PÍSTIS DIÁNOIA NÓESIS
(Conocimiento (Física) (Matemáticas) (Dialéctica)
engañoso)
|______________|______________________|______________________________|____________________________________________|
Sombras e Cosas y objetos Objetos matemáticos IDEAS (Bien)
imágenes sensibles
sensibles de las cosas
MUNDO SENSIBLE (VISIBLE) MUNDO INTELIGIBLE (INVISIBLE)
GRADOS DE REALIDAD
1
Con ello intenta salvar la conclusión a que había llegado Parménides, a saber, que el movimiento es ininteligible y por tanto falso, ilusorio.
2
1. La opinión (doxa): imaginación (eikasía) y creencia (pistis).
1.1. El nivel más bajo de la opinión lo lama eikasía: se basa en la percepción y tiene por objeto las representaciones de la realidad sensible (dibujos, sombras, reflejos...) y la imaginación construida a partir de ellas.
Quienes profieren juicios equivocados sobre el mundo exterior se encuentran en una situación de eikasía, es decir, de imaginación. Parece que Platón quiere decir que el estado mental del que profiere un juicio falso es parecido al de aquel que toma las visiones de las imaginaciones o de los sueños como cosas reales o verdaderas.
1.2. El segundo nivel, más elaborado, pero también fundado en la observación sensible es la pistis o creencia: intenta dar razón de lo sensible a partir de hipótesis explicativas ajustadas a las observaciones. Se sirve del método hipotético-deductivo. Tiene por objeto las cosas particulares, sin embargo, para Platón no puede haber ciencia de ellas por carecer éstas de estabilidad y plena realidad.
Nosotros podemos poseer una creencia razonable, basados en la experiencia pasada, de que el cosmos y sus leyes tendrán en el futuro un funcionamiento uniforme y similar al del pasado. Mas no poseemos absoluta certeza de ello. Además, el reino de la contingencia - por ejemplo, las constituciones políticas- es incorrecto y / o injusto. Debemos ajustarlo a un modelo o paradigma perfecto, ideal.
2. La ciencia (episteme): pensamiento (dianoia) e inteligencia (noesis).
La ciencia, no sólo apunta a un objeto diferente, también es de naturaleza distinta, se basa en el Entendimiento o Razón.
2.1. Su primer grado se denomina dianoia: razonamiento o razón demostrativa (discursiva). Su objeto son las entidades matemáticas y su método es el axiomático-deductivo: se parte de unos axiomas (por ejemplo: punto, segmento, triángulo, etc.) -que no se demuestran- y de ellos se obtienen una serie de conclusiones. No es un conocimiento completamente perfecto porque los axiomas son hipótesis y porque se ayuda de representaciones sensibles para facilitar su discurrir. Las matemáticas sirven de puente, facilitan el tránsito del mundo sensible al inteligible ya que acostumbran a la mente a operar con entidades abstractas (recuérdese, al efecto, la admiración que tenía Platón por el saber matemático).
Lo específico de este tipo de conocimiento radica en que se trata de un conocimiento deductivo, así como en su coherencia interna, es decir, en la carencia de toda contradicción. Por el contrario, lo característico de los sensibles particulares es que en ellos anida la contradicción. 2.2. El grado más elevado es la noesis: visión inmediata, intuición intelectual, de las Ideas, saber absoluto, pleno y verdadero. Para alcanzar la noesis, Platón nos remite a la dialéctica como método de análisis conceptual que permite descubrir el orden jerarquizado de las Ideas y ubicar a cada una en su lugar correspondiente; ese orden es, a su vez, el conocimiento al que muy pocos hombres tienen acceso.
La dialéctica es, entonces, el método que permite ir de lo sensible a lo inteligible, aunque también significa para Platón el método de deducción por el que se pueden conocer las relaciones necesarias entre las Ideas. El entendimiento, en la noesis, deja de lado todos los elementos sensibles, captando las Ideas y sus relaciones, sus vínculos de inclusión-exclusión (como hacía en el Sofista), elevándose de Idea en Idea hasta la suprema: la Idea de Bien. A este momento se le denomina dialéctica ascendente. En este sentido, dialéctica es, por tanto, todo el proceso de conocimiento, pero de un modo especial la última fase del mismo proceso, en la que se establecen los principios de la episteme o ciencia. (Recordar que aquí la dialéctica sigue siendo el método socrático de indagación y depuración de conceptos, que, en Platón, son Ideas
Hay también un momento de dialéctica descendente (recordar el camino de vuelta del prisionero liberado en el Mito de la Caverna), que consiste en partir de la Idea suprema o de Ideas generales para precisar el lugar concreto de una Idea en la estructura ordenada y jerárquica del mundo de las Ideas sin recurrir para nada a la experiencia. Desde esta perspectiva, y una vez alcanzada la sabiduría y la Idea de Bien, se puede ya dar razón de todas las cosas ya que, para Platón, el conocimiento auténtico es el deductivo, pues conocer lo general nos da la clave para conocer y ubicar lo particular.
Así, el verdadero conocimiento no se obtiene por la experiencia (sensible) sino por la reflexión y el estudio. Existen realidades, como lo bueno, lo igual, lo bello, etc. que son absolutamente verdaderas, si bien no pueden ser captadas por los sentidos corporales. Sólo pueden ser captadas a través de un proceso semejante al matemático, una vez liberada la mente, en la medida de lo posible, de los errores de los sentidos.
En definitiva, tal y como aparece descrita en La República, la dialéctica se identifica con el destino de la existencia humana y del alma en particular, que tiende de modo natural al lugar de donde procede, al mundo de lo inteligible y perfecto. Además, es un camino hacia el conocimiento que conduce a la acción, ya que sólo quien tenga una visión perfecta y total de la realidad (episteme), de lo que es justo, podrá obrar con justicia: la ciencia se convierte así en una condición de la ética y de la política. Así pues, sólo quien conoce el Bien puede plasmarlo en la sociedad y en el alma humana. El compromiso del filósofo, que ha completado este proceso y conoce la verdad, es ayudar a otros a salir de su ignorancia mediante la educación ( paideia ). Queda, por tanto, superada en Platón la concepción sofista de la dialéctica entendida como un mero arte o técnica de la argumentación.
El SÍMIL DE LA LÍNEA, en definitiva, intenta explicar el largo recorrido que debe realizar
el alma hasta llegar a la contemplación de la luz y la verdad. El aprendizaje es un esfuerzo que debemos hacer hasta llegar a la verdadera realidad. La liberación de las cadenas no es fácil, así como no es fácil pasar de las tinieblas a la luz (conexión con el MITO DE LA CAVERNA). Por esa
razón, el conocimiento no puede darse todo a la vez; es preciso que el prisionero aprenda poco o poco ya que un exceso de conocimiento y de realidad lo cegaría.
5.4. La doctrina de la anamnesis (reminiscencia).
En la explicación de la estructura de la realidad hemos visto que Platón trataba de «tender
un puente» entre las Ideas y los seres sensibles, recurriendo a las nociones de participación e
imitación. Los seres sensibles imitan a las Ideas, tratan de aproximarse a ellas, si bien sólo lo consiguen de un modo deficiente. Pues bien, también en el ámbito del conocimiento Platón trata
de «conectar» el conocimiento sensible con el conocimiento racional.
Puesto que los seres sensibles son imágenes (imperfectas) de las Ideas, la visión de los seres sensibles puede suscitar el recuerdo de las Ideas, del mismo modo que al contemplar un retrato de una persona conocida, se suscita en nuestra mente el recuerdo de ella. Por esto Platón afirma en distintos diálogos que aprender es recordar. Esta teoría platónica se denomina teoría
de la reminiscencia o de la anámnesis3. Por tanto, los seres sensibles suscitan el conocimiento
pero no lo producen. El alma es despertada por las impresiones de los sentidos, y así puede volver a reconstruir sus anteriores conocimientos mediante el raciocinio, superando las imágenes y desprendiéndose de la cárcel del cuerpo a través de la práctica de la virtud a que conduce el conocimiento de la Idea de Bien.
6.
LA ANTROPOLOGÍA Y PSICOLOGÍA PLATÓNICAS:
CONCEPCIÓN DUALISTA DEL HOMBRE.
6.1. El planteamiento del alma en el pensamiento griego.
En el pensamiento griego el problema del alma se plantea de manera muy distinta a como se plantea en la actualidad. Ningún filósofo griego negó la existencia del alma; para éstos el problema fundamental no es la existencia del alma sino su naturaleza (material/inmaterial, mortal/inmortal...). Por el contrario, para el pensamiento actual el problema fundamental no es la discusión de la naturaleza del alma sino la cuestión misma de su existencia.
La noción de alma en el pensamiento griego está vinculada a dos hechos distintos, aunque relacionados entre sí:
1. La vida. El alma sería el principio de la vida, aquello por lo cual estamos vivos (lo que nos “anima”, lo que nos da la vida). El alma sería aquello que abandona al cuerpo cuando se produce la muerte. Es lo que desde la tradición judeo-cristiana se podría traducir como “alma”.
2. Al conocimiento intelectual. El hombre se ha distinguido siempre de otros animales por su capacidad de reflexión, por poseer entendimiento y razón. El alma sería, así, el
principio de conocimiento racional.
Estas dos concepciones del alma4 pueden ser denominadas, respectivamente, concepción «aristotélica» y concepción «platónica». No obstante, en la filosofía griega nunca se dio una separación radical y total entre ambos modos de considerar el alma. Platón no dejó de lado la función vital del alma, y Aristóteles tampoco dejó de relacionar el conocimiento intelectual con ella.
3
La palabra griega “anamnesis” significa recuerdo. Obviamente esta doctrina supone que el alma posee en sí misma el conocimiento de las Ideas, conocimiento que «olvida» al encarnarse en un cuerpo. Ya estudiaremos cómo Platón en Fedro recurre al mito del «carro alado» para explicar cómo el alma conoce las Ideas antes de su entrada en el cuerpo, y por qué llega a entrar en él.
4
Si se entiende el alma como principio vital, se entiende fácilmente que exista una estrecha conexión entre el alma y el cuerpo (el alma es lo que hace vivir al cuerpo), pero resulta muy difícil encontrarle sentido a la inmortalidad: ¿para qué un alma separada del cuerpo si su papel es hacer que el cuerpo viva? Pero si se adopta una concepción del alma como principio de conocimiento racional sí tiene sentido plantear el tema de su inmortalidad,
6.2. La naturaleza del alma en Platón.
El dualismo establecido por Platón entre el Mundo sensible y el Mundo de las Ideas se traduce, en el caso de su antropología, en un neto dualismo entre cuerpo y alma. En el pensamiento platónico el hombre se concibe como un compuesto de dos realidades: el cuerpo y el alma. La teoría pitagórica sobre la inmortalidad y la transmigración de las almas (metempsícosis) está muy presente en su reflexión filosófica.
Según Platón, el alma es de naturaleza espiritual, divina e inmaterial, por lo que pertenece al Mundo inteligible (al Mundo de las Ideas), al que se siente impulsada por su propia naturaleza. El auténtico destino de las almas consiste en la contemplación, en el conocimiento de las Ideas inmutables. Al ser entendida como principio (origen) de conocimiento intelectual, y no como principio vital, Platón tuvo siempre la convicción de que el alma es inmortal y de que existía una vida después de la muerte.
Platón aborda en Fedón el problema de la inmortalidad del alma. Entre sus argumentos destacan los siguientes:
1. El que se refiere a LA REMINISCENCIA. Según Platón el conocimiento verdadero de las cosas no puede venir de las cosas (sensibles) mismas. ¿Por qué? Porque el conocimiento verdadero es el conocimiento de los principios permanentes que cumplen las cosas y les hacen ser lo que son: el conocimiento de la esencia y de su auténtica naturaleza. Y este conocimiento no puede venir de las cosas sensibles (que son y no son, que cambian) sino que tiene que proceder de un conocimiento anterior a ellas. Por eso todo conocimiento, para Platón, es recordar: las cosas sensibles nos traen el recuerdo, la reminiscencia de las Ideas perfectas (la esencia), sin las que nuestros juicios serían imposibles. Conocer es reconocer. Eso quiere decir que el alma ha preexistido al cuerpo, y, por tanto, es natural que le sobreviva después de la muerte.
2. NATURALEZA AFÍN ENTRE EL ALMA Y LAS IDEAS. Si el alma humana es capaz de conocer
las esencias inmutables y eternas de las cosas, tiene que poseer una naturaleza afín (similar) por eso serán inmortales inmortales (simples5, eternas e inmutables).
3. ARGUMENTO ÉTICO. Si el cuerpo y el alma se destruyen con la muerte, aquellos que no
han dominado las pasiones y deseos inmoderados de su cuerpo y han cometido maldades, quedan “perdonados”, al morir. De esta manera, el bien y el mal quedarían sin premio y sin castigo, lo que sería claramente injusto. Por lo tanto, es necesario que el alma sea inmortal (ya que algunos no reciben su premio o castigo en esta vida).
6.3. La naturaleza del cuerpo y la relación cuerpo-alma en Platón.
El cuerpo, la otra realidad que forma el compuesto que llamamos ser humano, es de naturaleza material y pertenece, por lo tanto, al mundo sensible, donde habitan las cosas cambiables, mortales y caducas. Éste es la raíz de todo mal, porque crea necesidades al alma y le impide buscar la verdad. Es el origen de los amores alocados, las pasiones, las enemistades, las discordias (que impulsan a las guerras), los temores, las enfermedades... así como de las distintas ignorancias. Así pues, queda claro que para Platón el cuerpo no es el receptáculo adecuado para el alma, antes al contrario: es su tumba y su cárcel (un lugar de expiación). Mientras tengamos cuerpo estamos como muertos, porque somos fundamentalmente alma, y mientras ésta se halle en un cuerpo está como en una tumba. El cuerpo es una pesada carga de la que tiene que liberarse poco a poco (purificación) para poder acceder a la contemplación de las Ideas.