• No se han encontrado resultados

Una Invitación a la Vida Judía

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Una Invitación a la Vida Judía"

Copied!
118
0
0

Texto completo

(1)

UNA INVITACIÓN A LA VIDA JUDÍA

Gachi

Waingortin

(2)

INTRODUCCIÓN

Una invitación es una puerta por abrir. Y antes de aceptar o rechazar el ofrecimiento, debemos averiguar a qué nos están invitando. Cuando hablamos de una invitación a vivir una vida judía, surge la pregunta: ¿En qué consiste la forma de vida judía? ¿En qué se diferencia de la forma de vida de cualquier otro grupo humano? Y básicamente: ¿Qué puede brindarnos? ¿Por qué deberíamos aceptar semejante invitación?

Podríamos decir que el judaísmo persigue dos objetivos principales. El primero, mejorar el mundo (tikún olam). El segundo, encontrar sentido a la vida. Ambos objetivos están interrelacionados: lograr una vida de significado, encontrar la senda de la armonía, es la llave para comenzar a mejorar el mundo; sentir que estamos haciendo algo por un mundo mejor, que tenemos un objetivo que nos trasciende, que da sentido a nuestra existencia. ¿Cómo podemos mejorar el mundo a través del judaísmo? ¿Cómo puede el judaísmo darle sentido a la vida?

En lo que respecta al tema de tikún olam, recurramos al pensador Franz Rosenzweig (1886.1929), quien resumió este tema dentro de un símbolo conocido y querido: el Maguen David.

Los tres elementos básicos con los que contamos para nuestra vida, los coloca Rosenzweig en las puntas del primer triángulo de la estrella, a saber:

Dios

Mundo Ser humano

(3)

El segundo triángulo contiene las relaciones existentes entre cada uno de los elementos anteriores:

La superposición de ambas figuras nos brinda un mensaje clave: entre Dios y el mundo, está la creación. Entre Dios y el pueblo judío, la revelación, la entrega de la Torá Entre el judío y el mundo, la redención, la obligación de completar la creación divina.

No es Dios quien redime al mundo: Dios entrega al ser humano las herramientas (y a los judíos, la Torá) para redimir, perfeccionar al mundo que Él creó. Así, la redención del judío no pasa por su fe sino por sus obras, siendo la fe lo que nos permite aceptar la Torá como revelación divina, y el motor que nos impele a cumplir nuestra tarea. Llevar una vida enmarcada en los principios morales de la Torá nos permitirá superarnos y así perfeccionar el mundo. Como socios de Dios en la creación, haremos de nuestra vida una herramienta imprescindible en un plan superior. No es indiferente que existamos o no: nuestra vida es necesaria para traer la redención del universo.

Y aquí viene el segundo punto: la búsqueda de sentido. Porque si nuestra presencia es necesaria para redimir el mundo, si no da lo mismo que vivamos o no, nuestra vida adquiere un valor especial. Según un antiguo relato, la vida puede ser vista como una obra de teatro. Cada ser humano tiene su papel que cumplir, su rol. La pregunta es quién escribe el libreto. Si el autor es un insensato, la obra completa carece de sentido. Pero si, como

Revelación Redención Creación Dios Mundo Ser humano Revelación Redención Creación

(4)

creemos, el autor es un Ser bondadoso e inteligente, entonces el rol de cada actor tiene sentido. Hay un proyecto, aunque a veces no seamos capaces de percibirlo.

Vivimos ocupados en sobrevivir. Lo vertiginoso de nuestra rutina diaria nos hace perder de vista el norte. ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? Si se trata de cumplir metas, ¿es eso todo? ¿Qué hay después del éxito? ¿Para quién son importantes nuestros logros? La pregunta del sentido es clave en la angustia existencial. Cuando tenemos cada vez más elementos para satisfacer nuestras necesidades físicas, nuestras almas están sedientas. Necesitamos alimento para nuestra vida espiritual, y el judaísmo lo tiene. Nos provee de instancias como el Shabat y las festividades, donde podemos reunirnos con nuestros seres queridos y reflexionar sobre las cosas importantes; modelos de relaciones humanas basados en jésed y tzedaká; marcos de conducta ética y ecológica como la kashrut; enfoques de la sexualidad enmarcados en las leyes de taharat hamishpajá.

La propuesta judía nos recuerda constantemente que la vida tiene sentido. Es un antídoto contra la vacuidad. Es la apuesta de una vida tridimensional, trascendente, contra la vida plana de levantarse a la mañana para volver a acostarse en la noche. Un camino que, con sus rituales y sus mensajes, nos permite recordar en todo momento que el mundo debe ser mejorado y que nuestra vida tiene sentido.

(5)

CAPITULO I

EL DÍA

(6)

LAS PLEGARIAS

Comenzando el día

La diferencia entre una vida plana y una "tridimensional" puede radicar en las actitudes que tomemos en cada momento. Como dice J.L. Borges, la vida no es más que una sucesión de instantes, y la suma de todos esos instantes es lo que quedará como nuestro balance vital. El judaísmo nos provee de ciertos ritos tendientes a que en algunos momentos especiales del día, sintamos nuestra verdadera dimensión cósmica.

Veamos, por ejemplo, el despertar. Suena un odioso reloj indicando que es hora de empezar un nuevo día. ¿Quién recuerda, en esos fatídicos momentos, que es un ser humano? ¿Quién siente en ese instante gratitud por estar con vida? Sin embargo, el día del judío comienza con esta oración:

Modé (las mujeres dicen Modá) aní lefaneja, melej jai vekaiam, sheejezarta bi nishmatí bejemlá. Rabá emunateja.

"Te agradezco, oh Rey viviente y eterno, que me devolviste mi alma con compasión. Grande es tu fe."

Interesante, que en tan pocas palabras pueda decirse tanto. Primero, tomamos conciencia de la existencia de Dios como una fuerza viva. Segundo, agradecemos que nos "devolvió" el alma: según nuestra tradición, Dios guarda el alma del durmiente y se la devuelve al despertar. En otras palabras, estamos agradeciendo por un nuevo día de vida. Luego decimos que Dios es bueno y lo tomamos como modelo a imitar. Finalmente, lo más significativo, agregamos Rabá emunateja, que significa "es grande Tu fe". ¿Cómo la fe de Dios? ¿Quién debe tener fe en quién? Según esta bendición, Dios tiene fe en nosotros. Tener esto presente al despertar nos dará fuerzas para iniciar la jornada. Dios tiene Sus esperanzas puestas en nosotros, cada día.

(7)

Otra plegaria que nos acompaña en nuestro despertar es la proclamación de la unicidad de Dios contenida en el Shemá. Hablaremos más extensamente de esta parte de nuestra liturgia en las próximas páginas.

Las tres plegarias diarias

Obviamente, no podemos vivir las 24 horas del día en un nivel de espiritualidad profundo. La vida suele ser más prosaica de lo que esperamos y es necesario poner los pies sobre la tierra.

Es por eso que nuestra tradición ha dispuesto tres momentos en los que podamos volver a elevarnos un poco. Estos son: la mañana, con la plegaria de Shajarit; la tarde con Minjá, y la noche con Maariv o Arvit. (En Shabat y festividades se agrega Musaf a continuación de Shajarit; y en Iom Kipur, además, se incluye un servicio adicional: Neilá, después de Arvit).

Si te interesa específicamente este tema, te sugerimos leer "Rezar como Judío" de Rabí Hayim Halevy Donin, o "Una historia de la experiencia judía" de Leo Trepp, págs. 115 a 136.

La oración

¿Qué es rezar y para qué sirve? Rezar es algo que responde a una necesidad humana de expresar sentimientos íntimos a un Ser superior. Muchas veces en la vida tenemos deseos de pedir a Dios algo muy anhelado, agradecer, o simplemente "conversar" con Alguien que sentimos puede ayudarnos. Aun una persona no creyente puede llegar a necesitar en algún momento un contacto como éste.

El judaísmo agrega a esta necesidad personal, algunos elementos importantes. Primeramente, los textos tradicionales consagrados por el tiempo, que por un lado pueden ayudarnos a materializar ese deseo, y por el otro tienen la capacidad de unirnos al pueblo de Israel, que reza con las mismas palabras a través de los siglos y de la dispersión. También aporta el concepto de minián, el mínimo de diez judíos adultos necesario para rezar: un judío solo es sólo un judío, pero diez juntos forman una unidad indestructible. El judío y la soledad no son buenos compañeros; la comunidad es el alma de la supervivencia judía. Finalmente están los tiempos fijos: esto impone, por una parte, un máximo: no podemos pasar el día rezando; por otra parte, la obligatoriedad de no dejarse estar.

Keva y kavaná

Podríamos pensar que el diálogo con el Creador debe ser una experiencia personal y espontánea, donde no caben textos ni tiempos preestablecidos. Así, uno podría hacerse una

(8)

idea errónea de lo que es la plegaria judía: si te dicen cuándo y cómo debes rezar, si te dictan las palabras exactas que debes decir y el momento preciso en que debes decirlas, ¿no se convierte el rezar en un acto mecánico y sin sentido? ¿Dónde está, entonces, la real comunicación con Dios?

La palabra hebrea que designa la obligatoriedad del rezo es Keva (algo fijo). Tres veces al día, con una estructura de plegaria determinada, es Keva.

Pero hay otra palabra, que tiene tanta o más importancia: Kavaná (intención). Kavaná es la sensación interior de comunicación con lo trascendente, la inspiración, la posibilidad de incluir meditaciones y plegarias personales, y la identificación de nuestra alma con las emociones que surgen del texto.

La tensión entre Keva y Kavaná es lo que hace a la tefilá una experiencia a la vez personal y nacional, íntima y al mismo tiempo colectiva.

Algo más sobre la tefilá

Si pensamos en la plegaria como un diálogo entre uno mismo y Dios, se hace imperiosa la certeza de que Dios efectivamente oye nuestros ruegos.

Esa certeza debe ser adquirida personalmente, y no hay una manera concreta y palpable de evidenciarla. En eso radica el milagro de la fe. Pero hay una hermosa parábola de Rabí Najman de Bratslaw (citada por Pinjas Peli en el "Second Jewish Catalog" de Michael Strassfeld) que dice que Dios y el hombre son como un Pastor y su oveja. El Pastor se sienta con su flauta mientras que la oveja va por aquí y por allá buscando pasto y agua. Aunque no se vean, mientras la oveja oiga el sonido de la flauta, está a salvo; mientras el Pastor oiga el balido de la oveja, puede ir en su ayuda si es necesario. Pero cuando la oveja se aleja tanto que ya no puede oír la flauta ni el Pastor su balido, entonces han llegado a perderse uno del Otro, y es necesario buscar el camino de regreso.

¿Oye Dios nuestras oraciones?

A veces rezamos a Dios esperando que solucione todos nuestros problemas, y si esto no ocurre, ponemos en tela de juicio Su existencia. Es una fe inmadura, donde Dios parece más un mago que una fuerza inspiradora. Hay un hermoso relato acerca de dos hermanos que jugaban con una muñeca. La muñeca se rompe y el niño le dice a su hermana: "Ya que tú crees en Dios, pídele a Él que te la repare". La niña tiene fe: "Rezaré esta noche. Él me responderá". Al día siguiente, la niña llega con su muñeca rota. El niño exclama con voz de triunfo: "¿Y? ¿Te contestó?". Ella no ha perdido su fe, ha tenido un contacto genuino con Dios: "Recé, y Dios me respondió. Me dijo que no".

Una fe madura es fuente de energía para encontrar soluciones en nosotros mismos. Aquí, Dios es el poder que nos orienta para responder con dignidad ante las dificultades y hallar

(9)

sentido aun a los momentos duros. Rezar no es garantía de solución inmediata. Pero Dios siempre oye la plegaria de nuestro corazón, fortaleciéndonos para salir adelante.

¿Qué significa brajá, bendición?

Todas nuestras plegarias comienzan con la frase: Bendito eres Tú... Pero, ¿cómo es posible, se preguntan nuestros sabios, que el ser humano bendiga a Dios? ¿No es acaso Dios quien imparte Sus bendiciones a la creación?

Podríamos decir que cuando bendecimos a Dios nos convertimos en una suerte de espejo cósmico. Las nuestras no son más que un reflejo de las bendiciones que recibimos. Dios nos otorga la vida, el alimento, las sensaciones, los bienes materiales y espirituales. Como dice Rabí Jerome Malino, todas estas bendiciones se convertirán en "brajot levatalá", dadas en vano, si no generan en nosotros un agradecimiento sincero. Nuestras brajot son el reflejo, en gratitud, de las bendiciones recibidas, nuestro reconocimiento hacia Aquél que es fuente de bendición.

¿Cómo rezamos los judíos?

La brajá es la fórmula judía de comunicación con Dios. Las brajot, tal como las conocemos actualmente, fueron formuladas por los hombres de la Gran Asamblea (siglos V al III a.e.c.) Nuestras bendiciones comienzan con la fórmula: Baruj atá Adonai, Eloheinu melej haolam... Bendito eres Tú, Adonai, Dios nuestro, Rey del Universo...

Esta fórmula básica presenta tres tipos de nivel de relación con Dios. Comienza con la palabra "atá", Tú, que implica una relación personal con Dios: sólo tratamos de tú a quien tenemos cerca nuestro. A continuación decimos Adonai Eloheinu, Dios nuestro Señor. "Nuestro" implica la relación del Dios de Israel con su pueblo. Del Dios personal pasamos al Dios nacional. Terminamos diciendo Melej Haolam, Rey del mundo, evocando así al Dios Universal, creador de todo el mundo y de todos los seres humanos.

Nuestra vida adquiere sentido cuando tomamos conciencia de que Dios se preocupa por nosotros como individuos, pero también somos parte de un pueblo. Si además ese pueblo tiene su nexo con la humanidad, el sentido de pertenencia hace que no perdamos nuestra verdadera dimensión humana y social.

La Amidá

Dijimos que cada día tiene tres servicios religiosos. Éstos tienen un elemento en común que es la Amidá. Este conjunto de bendiciones, llamado también Shmone Esré, constituye el núcleo central de las oraciones judías. La Amidá es una oración de gran belleza, que tiende a cubrir todas las necesidades de expresión humana hacia Dios: alabanza, ruegos (tanto

(10)

personales como nacionales y universales), y agradecimientos al Creador. El nombre Shmone Esré significa dieciocho, pues tal era el número original de bendiciones que contenía. Dicho nombre persiste a pesar de que actualmente incluye 19 bendiciones en días de semana y sólo 7 en Shabat y Festividades.

Esta oración se recita en voz baja, de pie (de ahí su nombre Amidá, que significa estar de pie) y mirando hacia Jerusalem. En todos los servicios religiosos, salvo Arbit, el oficiante la relee en voz alta para aquéllos que no saben o no pueden leerla.

La estructura general presenta la lógica de una entrevista a un Rey: comenzamos con una introducción de 3 plegarias de alabanza. Hecho esto, ya estamos en condiciones de hacer nuestras peticiones, que son trece: 6 peticiones personales, 6 nacionales y universales, y un ruego para que Dios escuche nuestras plegarias. Concluimos con tres plegarias de agradecimiento. En Shabat y Festividades se eliminan las 13 peticiones, porque se considera que rogar por las necesidades puede causar tristeza, ya que pidiendo identificamos nuestras carencias. Estas son reemplazadas por una bendición relativa a la santidad del día. Hallarás un hermoso y completo análisis sobre esta plegaria en "Rezar como Judío", de Rabí Hayim Halevi Donin, págs. 96 a 186.

Bendiciones antes de las comidas

Los judíos tenemos la sana costumbre de bendecir por cada cosa que nos sucede. ¿Cómo lo hacemos? A continuación de la fórmula general, se dice aquello por lo que estamos agradeciendo. Cuando agradecemos por los alimentos, cada clase tiene su propia brajá. Esto nos obliga a tener conciencia del origen de lo que estamos comiendo. Debemos saber si nuestro alimento es de origen animal o vegetal, si es de árbol o hierba, etc. Agradecer de esta manera nos contacta con la naturaleza. En el apéndice encontrarás las brajot correspondientes a cada tipo de alimento.

Resulta interesante que los judíos agradecemos antes y después de comer. Para entender esto, pensemos que estamos en casa ajena y tenemos hambre. Antes de abrir el refrigerador, pedimos permiso al dueño de casa, y después agradecemos por lo que hemos encontrado. Así actuamos con Dios. Él es el Dueño de casa.

Hay toda una serie de bendiciones para los sentidos: olfato, vista, tacto y oído. Una lista bastante completa de éstas y otras brajot las hallarás en el Sidur del Seminario Rabínico Latinoamericano, páginas 347 a 351. Hay bendiciones que se dicen al ver el mar, el arco iris, un sabio famoso, al oler fragancias de distintos orígenes, al oír un trueno, una buena o una mala noticia, al comenzar a estudiar Torá, etc. Algunas son tan hermosas que merecen un análisis separado, ya que nos dicen algo especial sobre el sentido de nuestra vida.

Birkat hamazón

Así como iniciamos la comida bendiciendo (es decir, pidiendo "permiso" a Dios para tomar de Sus alimentos) la concluimos agradeciendo por el sustento que Él nos brinda. La fórmula tradicional es el Birkat Hamazón, (que encontrarás en el apéndice) oración muy

(11)

hermosa que expresa gratitud no sólo por la comida, sino que la extiende a todas las bondades que recibimos de Dios, tanto en lo personal como en lo nacional y lo universal. La invitación a bendecir se formula si hay más de tres adultos comiendo juntos.

Las maravillas de la naturaleza

Nos pasa algunas veces que vemos algún paisaje sobrecogedor: la cordillera durante un viaje en avión, la inmensidad del mar, un río corriendo encajonado entre montañas. Son momentos en los que sentimos la grandeza de Dios y nuestra propia pequeñez. Hay una brajá que podemos decir para expresar nuestro asombro y admiración, y ésta es:

Baruj atá Adonai, Eloheinu melej haolam, shekaja lo beolamó.

Bendito eres Tú, Adonai, Dios nuestro rey del Universo, que has creado todas estas maravillas en Tu mundo.

Sheejeianu

Es quizás la más hermosa y emotiva de todas. Dice así:

Baruj atá Adonai, Eloheinu melej haolam, sheejeianu, vekiemanu, veiguianu lazmán hazé. Bendito eres Tú, Adonai, Dios nuestro Rey del universo, que nos concediste la vida, nos sostuviste, y nos permitiste llegar a este momento.

¿Cuándo decimos esto? En los tiempos únicos y especiales de la vida. Si bien es cierto que todos lo son, algunos imponen una sensación especial que nos lleva a agradecer con más énfasis. El nacimiento de un hijo, fijar la mezuzá en una casa nueva, el llegar a compartir otro año más cada festividad de nuestro pueblo; estrenar ropa, comer una fruta por primera vez en el año, son todos momentos en que sentimos la necesidad de agradecer. Y ahí está "Sheejeianu" como la fórmula judía consagrada para hacerlo. Agradecer es una herramienta básica para tomar perspectiva y valorar lo que tenemos, lo que hacemos, lo que somos. Agradecer es, además, la manera de tomar conciencia de las cosas que nos suceden, para así disfrutarlas y aprehenderlas con todos nuestros sentidos.

Birkot Hamitzvot

Este tipo de brajá la decimos para agradecer a Dios cuando cumplimos una mitzvá, o precepto. En principio resulta extraño que seamos nosotros quienes Le agradecemos por cumplir Su voluntad. ¿No sería más razonable pensar que Dios nos agradece a nosotros cuando lo hacemos?

(12)

asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu...

Bendito eres Tú, Adonai, Dios nuestro Rey del universo, que nos santificaste con tus preceptos y nos ordenaste... A continuación sigue la explicitación de la mitzvá correspondiente.

"Nos santificaste con Tus preceptos". ¿Qué significa eso? Nuestra máxima misión en la vida es parecernos en todo lo posible a Dios. "Santos seréis porque Santo soy Yo" dice Dios (Lev.20:26). Es por eso que Él nos entrega las mitzvot, los preceptos: para que santifiquemos nuestras vidas. Para que nos elevemos por sobre nuestra condición animal, tomando conciencia de nuestra semejanza divina. Podríamos creer que la santidad implica aislarnos del mundo, o privarnos de los placeres de la vida. Por el contrario, el judaísmo provee la santidad a través del cumplimiento de los preceptos, cuyo objetivo es santificar nuestra existencia haciéndola meritoria de la mirada y aprobación divinas.

Este tipo de brajá se utiliza antes de realizar cualquier mitzvá: el encendido de las velas de Shabat o de Festividades, la cuenta del Omer, el toque del Shofar, la inmersión ritual, el lavado de manos, etc. Los textos hebreos de estas brajot los hallarás en el apéndice.

El Shemá

Si bien el Shemá no es una oración en el sentido tradicional de la palabra, esta proclamación de fe ha acompañado al pueblo judío durante miles de años. La hemos repetido en los momentos más gloriosos y en los más tristes de nuestra historia personal y nacional. Y ha salido de los labios de nuestros mártires en todas las épocas, como una reafirmación de su fe ante la imposición de morir por "Kidush Hashem", por la santificación del nombre de Dios.

El Shemá procede de la Torá. La primera frase (Deuteronomio 6:4) dice: Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad.

Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno.

Junto con los tres párrafos que le siguen constituye lo que se denomina Kriat Shemá, la lectura del Shemá, que debe decirse dos veces al día, a la mañana y a la noche.

Analizaremos aquí sólo el primero de los tres párrafos, que es continuación de la frase central (Deuteronomio 6:5-9). Comienza con las palabras Veahavta, y amarás, y establece que habrás de amar a Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tus fuerzas. Inmediatamente establece la consecuencia lógica de este amor: educar a los hijos dentro de camino de los preceptos. ¿Y cómo educamos a nuestros hijos? Con palabras y con acciones: explicándoles las leyes y mostrándoles con nuestro ejemplo: tefilín y mezuzá son dos signos concretos de nuestro amor a Dios. Nuevamente una señal para orientarnos en nuestra búsqueda de sentido: la transmisión de valores, la pertenencia, la idea de misión.

(13)

Terminando el día

El fin de una jornada suele ser un momento de evaluación. Al contar a nuestros seres queridos lo que hicimos durante el día, o bien al hacer un recuento mental de nuestros actos, vemos si cumplimos o no con los planes que teníamos por la mañana. Cuando nos enfrentamos al descanso nocturno, reformulamos nuestra creencia en el Dios único con el Shemá Israel. Un nuevo día está por comenzar, con todos sus desafíos y enseñanzas.

(14)

LAS MITZVOT

Dentro del día de un judío hay lugar para rezar y para actuar. Ninguna plegaria reemplaza al cumplimiento de las mitzvot, preceptos divinos, que nos enseñan qué debemos o no debemos hacer para acelerar el mejoramiento del mundo. Existen 613 mitzvot, de las cuales 248 son mitzvot taasé, preceptos positivos u obligaciones, y 365 son mitzvot lo taasé, preceptos negativos o prohibiciones. Entre ellas hay mitzvot que regulan las relaciones entre el ser humano y Dios, otras se ocupan de las relaciones entre cada uno y su prójimo, y finalmente hay mitzvot que atienden las relaciones con uno mismo.

¿Cumplir todas las mitzvot?

El objetivo de las mitzvot es que sean cumplidas por cada judío. Ahora bien, si analizamos los 613 preceptos nos daremos cuenta de que es imposible para un ser humano cumplir con todos ellos. Hay mitzvot que pueden ser cumplidas sólo por mujeres y otras que incumben sólo a los hombres. Algunas pueden cumplirse sólo en Israel, y otras sólo en el Templo de Jerusalem. Entonces, ¿por qué proclamamos que todo judío debe cumplirlas todas?

El judaísmo es el intento permanente de Dios por lograr que los seres humanos traigan la redención al mundo y que encuentren el sentido de la vida. Para eso es necesario poner metas altas, quizás demasiado altas, para que, combinadas con la inevitable imperfección humana, den resultados que hagan la diferencia. Así, lo que se nos pide es que hagamos todo lo posible, que hagamos el intento con toda nuestra honestidad. Como dice el Shemá Israel: "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu alma, con lo mejor de ti".

¿Y la culpa?

La otra cara de esta moneda es el peligro de la culpa. Si nunca podemos cumplir con el objetivo total, podemos sentir que siempre estamos en falta. La sabiduría judía tiene esto en cuenta, y nos advierte en numerosas oportunidades que no caigamos en un sentimiento que, cuando está mal manejado, no hace más que impedirnos la plena realización personal y la felicidad. Así, leemos en Pirkei Avot: "No estás obligado a terminar la tarea, pero eso no te exime de tu obligación de iniciarla" (Pirkei Abot II: 21).

Otro lugar donde vemos esta intención es en la preparación de Pésaj. Como veremos más adelante, al terminar la limpieza previa a la festividad, que debe ser completa y minuciosa en busca de leudantes, decimos una fórmula donde expresamos que todo jametz que

(15)

pudiera haber quedado en nuestra posesión, lo hayamos visto o no, queda nulo y sin dueño como el polvo de la tierra. Así nos liberamos de la angustia de pensar que pudimos no haber eliminado todo el jametz.

El judaísmo persigue la plenitud del ser humano. Una religión culpógena, donde todo es pecaminoso y ningún intento es suficiente, jamás podría cumplir con ese objetivo.

Tipos de mitzvot: jukim y mishpatim

Algunas mitzvot provienen directamente de la Torá. Algunas fueron dadas por los sabios del Talmud, basándose en versículos bíblicos. Otras son posteriores, y provienen de responsas entregadas por sabios de diferentes épocas. Las hay modernas, dadas por rabinos contemporáneos, como por ejemplo la mitzvá de donar órganos después de la muerte, ordenada por el Comité de Ley del Movimiento Conservador. (Este tema será tratado más adelante).

Existen distintos tipos de mitzvot, según la comprensión que podamos tener de ellas los seres humanos. Algunas tienen una lógica que es accesible a nuestra mente. Por ejemplo, la mitzvá de hacer Tzedaká, ayudar a los necesitados, es perfectamente fácil de deducir si pensamos en la necesidad de hacer justicia ante las diferencias sociales. El respeto del Shabat tiene su base lógica en los beneficios de un día de descanso, tanto para la naturaleza como para el ser humano. Son mishpatim, preceptos lógicos.

Existen otras mitzvot cuya lógica no es tan aparente. La prohibición de vestir tejidos de lana y lino mezclados, o de sembrar especies distintas en un mismo campo son ejemplos de esas mitzvot. Son jukim, leyes incomprensibles.

Ambos, jukim y mishpatim, deben ser cumplidos, ya que todas las mitzvot han sido dadas para nuestro bien. Pero debemos tener en cuenta que el hecho de que existan los jukim no nos exige que anulemos nuestra capacidad de raciocinio. Quizás la existencia de los jukim quiere decirnos que no todo en la vida puede ser razonado. Ciertas cosas entran dentro del ámbito de la razón y otras no. Es por eso que los dos tipos de preceptos coexisten y deben ser igualmente tomados en cuenta.

Importancia relativa de las mitzvot

Todas las mitzvot tienen el mismo peso. Como se desconoce la recompensa de cada una, todas deben ser cumplidas por igual. Sin embargo hay cuatro grupos que conforman las "patas de la mesa" de la vida tradicional judía. Cuatro pilares tales que, si alguno falta, toda la estructura se tambalea. Éstos son: Tefilá, Tzedaká, Kashrut y Shabat. Sobre la Tefilá, plegaria, ya hemos hablado en los párrafos anteriores, y el Shabat será tratado en el próximo capítulo. Acá analizaremos, pues, las otras dos "patas de la mesa" judía: Kashrut y Tzedaká.

(16)

KASHRUT

Las leyes alimentarias son el elemento característico del ser judío. La Kashrut es más que un sistema de leyes religiosas: es también un elemento de identificación nacional.

Kashrut se puede entender como jok o como mishpat. Es jok, ley irracional, si intentamos respuestas a preguntas tales como por qué está prohibido el cerdo y no el pastel de crema, o por qué no mezclamos carne con leche en vez de lechuga con tomate. El por qué de cada detalle de la ley es irracional. De hecho, probablemente obtendríamos los mismos beneficios espirituales cambiando con ese criterio los detalles, igual que si decidiéramos hacer Shabat los miércoles o Iom Kipur el día de nuestro cumpleaños. Sin embargo, el hecho de cumplir con las leyes de la manera dictaminada por la Torá y no a nuestro propio y personal arbitrio, hace que, además de recibir dichos beneficios, nos unamos espiritual y nacionalmente al pueblo judío.

Ahora, si aceptamos como jok, "está escrito", los detalles de la ley, podemos analizar los conceptos generales de Kashrut como mishpatim y entender sus objetivos para el mejoramiento del ser humano. Veremos estos conceptos generales antes de pasar a ver las leyes específicas de la Kashrut.

Kashrut: auto control

Las leyes de Kashrut tienen relación con la idea judía de los instintos. Alimentarse, reproducirse, protegerse, dominar, son elementos necesarios para la supervivencia de las especies, y en eso no nos diferenciamos de los animales. La relación de cada cultura con los instintos varía, desde una visión puritana, donde deben ser reducidos a su mínima expresión, hasta la glorificación y exaltación de los mismos. En el caso judío, los instintos no son malos ni buenos per se, sino que su calidad moral dependerá de cómo, cuándo, dónde, y de qué manera se expresen.

El sexo no es malo. No existe en el judaísmo el concepto de lujuria como pecado. El sexo será bueno o malo dependiendo de cómo lo utilicemos Para eso están los marcos entregados por la moral sexual judía: leyes de incesto y taharat hamishpajá, pureza familiar, de las que hablaremos más adelante.

El poder no es malo. No existe la ambición como pecado. Pero debemos ejercerlo dentro del marco de las leyes de la tzedaká, justicia social, y guemilut jasadim, bondad para con nuestros semejantes.

Comer no es malo. No existe el concepto de gula como pecado. Pero debemos hacerlo dentro del marco de las leyes de kashrut. Debemos diferenciarnos de los animales, en cuanto a que no comemos todo lo que se nos presenta ni en cualquier momento. Cuidar qué comemos, cuándo y con qué, nos hace pensar antes de llevarnos comida a la boca. Pensar, reflexionar, nos hace distintos de los animales. El control de nuestros instintos nos hace más parecidos a la imagen y semejanza de Quien hemos sido creados.

(17)

Kashrut: respeto por la vida

Todas las restricciones de la Kashrut están dadas sobre el consumo de carne. La distinción entre permitido y prohibido atañe sólo a los animales. Un animal permitido debe ser faenado y preparado de una manera especial para ser apto para el consumo. Comer carne nos inhabilita para consumir productos lácteos durante un número de horas.

Una dieta vegetariana es automáticamente kasher. De hecho, el ideal judío es el vegetarianismo: Adan y Eva, prototipo del ser humano realizado, eran vegetarianos: "De todo árbol del jardín podrás libremente comer" (Gén.2:16). Recién después de la expulsión del Edén nos enteramos de que Caín era ganadero. Había comenzado el consumo de carne. E inmediatamente ocurre el primer asesinato.

Las leyes de Kashrut están dadas en la Torá después de la condición "Cuando tuvieres un deseo irrefrenable de comer carne..." (Deut. 12:15) E inmediatamente se nos prescribe la prohibición de comer sangre: "Sólo que la sangre no comerás: como agua la derramarás sobre la tierra" (Deut. 12: 16). Estas ordenanzas son repetidas varias veces, aun en el mismo capítulo. Así pues, Dios nos permite matar para comer, pero con ciertas limitaciones: prohibición de consumir sangre porque la sangre simboliza la vida, mínimizo sufrimiento del animal, prohibición de faenar madre e hijo simultáneamente, conducta ética del matarife, permiso para matar otorgado sólo a personas espiritualmente preparadas, pocas especies permitidas, etc. Como podemos ver, el respeto por la vida es lo primero. Si entendemos el valor de la vida de un animal criado para su consumo, cuánto más deberemos valorar la vida humana, empezando por la propia. Al comer kasher proclamamos que la vida es valiosa, y por lo tanto vale la pena protegerla, vivirla y disfrutarla.

Kashrut: respeto por nosotros mismos

Decíamos al principio de esta sección que kashrut pasó a ser un elemento nacional. Cuando comemos kasher sabemos que en cualquier parte del mundo donde haya un judío observante, la manera de comer será la misma. Existirán distintas recetas y gustos entre ashkenazim y sefaradim, polacos, alemanes y rusos, pero los alimentos permitidos y prohibidos son idénticos, y nos unen a través del tiempo, la distancia y las diferencias. La kashrut nos identifica y cohesiona frente a nosotros mismos y a los demás. Imaginemos un hindú comiendo carne de vaca o una recepción en la Embajada de la India donde sirvan asado. Imaginemos un judío comiendo cerdo o un evento en la Embajada de Israel donde sirvan camarones. La incongruencia es la misma. En ambos casos hay una evidente falta de respeto por uno mismo.

Hay algo más: durante siglos, Kashrut fue un elemento esencial en la supervivencia del pueblo. Durante siglos, hombres y mujeres fueron acusados y torturados por negarse a transgredir estas leyes. Durante siglos el cerdo principalmente, fue utilizado para agredir a los judíos (notemos que la palabra cerdo con todos sus sinónimos tienen una connotación

(18)

despectiva que se asocia facilmente con el odio antijudío). Quizás tanta perseverancia debería hacernos reflexionar antes de abandonar la Kashrut.

Alimentos permitidos y alimentos prohibidos

Ahora sí, pasaremos a ver los detalles de la manera judía de comer. Comencemos diciendo que todos los vegetales están permitidos, sin ninguna restricción.

En cuanto a los animales, los animales terrestres deben cumplir con dos condiciones para ser kasher: deben ser rumiantes y tener pezuña partida. Así, es kasher el ganado vacuno, la oveja, cabra, ciervo, gacela, y todos sus derivados (leche, cecinas, etc.) El cerdo no es kasher porque, si bien tiene la pezuña partida, no es rumiante. El conejo o la liebre no son kasher pues son roedores. (El hecho de que sean rumiantes hace que sean herbívoros, y por lo tanto cosumidores primarios en la cadena alimentaria).

De los animales comprendidos en esta categoría, se come exclusivamente el cuarto delantero, debido a la prohibición, de la Torá, de consumir el nervio ciático. Esta ley proviene de Génesis 32:33, cuando el patriarca Iaacov lucha con el ángel, quien lastima el nervio ciático del patriarca durante la pelea, dejándolo cojo. El Rabino Reuven Bulka explica esto de la siguiente manera: el muslo, en la Torá, simboliza la descendencia (Éxodo 1:5). Así, cuando en la lucha Iaacov es herido en su muslo, está representada la intención de nuestros enemigos de herir nuestra continuidad. Cuando nos cuidamos de no comer el muslo de nuestras reses recordamos que nuestra descendencia, nuestra continuidad, es lo primero que debemos defender.

Entre las aves, no existe un parámetro general para determinar la Kashrut: la Torá se limita a enumerarlas. Son kasher la gallina, el pavo, el pato, la codorniz y todos sus derivados (huevos, cecinas, etc.) Están prohibidas todas las aves de rapiña: cuervo, águila, búho. Tampoco son kasher aves como avestruz, gaviota, garza.

En cuanto a los animales acuáticos, la condición que deben cumplir es la de tener aletas y escamas. Son, pues, kasher: merluza, corvina, lenguado, reineta, corvina, pejerrey, salmón, cojinova, jurel, atún, sardina, anchoa, anchoveta y sus derivados (huevos, harinas, aceites, etc.) No son kasher el congrio, anguila, ballena, tollo, y en general cualquier tipo de marisco, crustáceo o molusco, así como rana u otros anfibios o reptiles.

En cuanto a huevos o leche, como hemos visto, son kasher si provienen de especies permitidas. Además, los huevos no deben ser fecundados, eso es, no deben presentar manchas de sangre. Por eso, cuando consumimos huevos de granja, donde gallos y gallinas pueden llegar a encontrarse, debemos revisar cada uno antes de su consumo. En las ciudades, los huevos provienen de establecimientos industriales donde la probabilidad de fecundación es nula, por lo que no es necesario revisarlos previamente.

(19)

La matanza de peces no tiene mayores restricciones, aunque se prefiere, de ser posible, la pesca con redes antes que con anzuelo o arpones. Está prohibida la pesca deportiva sin objetivo de alimentación.

El faenamiento de las aves y los mamíferos está sometido a leyes muy estrictas que se preocupan básicamente de minimizar el sufrimiento del animal, que acarrea el consiguiente embrutecimiento del ser humano. La autorización para matar está restringida a poca gente dentro de la comunidad: para ser matarife, Shojet, la persona debe estudiar no sólo las leyes pertinentes, sino todo tipo de literatura religiosa. El grado de Shojet es apenas inferior al de Rabino. Ninguna persona que no sea Shojet puede matar un animal para consumo: ninguna mujer judía puede degollar una gallina en su casa. Y el Shojet mismo no puede dedicarse exclusivamente a esta actividad: debe también ejercer la docencia.

El método de matanza es lo más indoloro posible, utilizándose un cuchillo especial, extremadamente filoso. El animal se desangra, y luego es examinado para certificar que no hubiera padecido ninguna enfermedad. La carne es lavada y salada para retirar todo exceso de sangre. Y contra lo que pudiera pensar quien nunca comió carne kasher, ésta es muy sabrosa, con la ventaja de que, además, estamos cuidando nuestra relación ética con los alimentos y con la vida.

En lo que se refiere al sufrimiento del animal, es importante destacar el verdadero objetivo de estas leyes. Algunos científicos opinan que los animales carecen de sentimientos y por lo tanto no sufren. Aun si esta teoría fuese cierta, esto no quita relevancia a las leyes de la Kashrut, cuyo hincapié está puesto, no sólo en los sentimientos del animal, sino principalmente en la violencia a la que se somete el hombre al desentenderse de dichos sentimientos. Si pateamos una muñeca de trapo la muñeca no sufre, pero el acto de violencia es igualmente dañino para quien lo realiza.

Carne y leche

Una de las características más notables de la dieta judía es la prohibición de mezclar carne y leche. Esto surge de la Torá (Deut. 14:21) que estipula: "No cocerás al cabrito en la leche de su madre". La madre produce la leche para garantizar la vida de su hijo. Utilizarla en su destrucción es, según la ética judía, un acto de sadismo, o en el mejor de los casos, de total despreocupación por la santidad de la vida. Esta ley se une, ideológicamente, a otras similares como la ya mencionada prohibición de faenar a la madre y a la cría simultáneamente, y la prohibición de tomar huevos o pichones de un nido en presencia de la madre (es obligación ahuyentarla sin que sea lastimada). A partir del versículo que prohibe cocer al cabrito en la leche de su madre, se elaboró toda una legislación al respecto, que incluye la prohibición de mezclar, cocinar o consumir en la misma comida productos lácteos y cárneos o sus derivados, incluyéndose en esta última categoría mamíferos y aves. Los sabios del Talmud consideraron que los peces constituían un nivel de vida inferior al de los mamíferos y las aves, por haber sido creados un día antes en la Creación. Es por eso que está permitida la mezcla de pescado con leche. En cuanto a las aves, éstas quedan incluidas por legislación talmúdica, ya que se consideraba que la gente podría confundirse).

(20)

Después de comer alimentos lácteos se puede comer carne previo enjuague de la boca. Después de comer cárneos, en cambio, debe esperarse un número de horas que varía según los grupos y las costumbres. El mínimo de tiempo de separación entre carne y leche es de 72 minutos según los judíos holandeses, y el máximo es de seis horas. La separación de cárneos y lácteos abarca también la utilización de vajilla separada para ambos grupos, salvo cuando ésta sea de vidrio (se considera que el vidrio, al no ser poroso, no absorbe las características de los alimentos).

Vajilla cárnea y láctea

Dadas las condiciones de higiene con que contamos en la actualidad, cuando disponemos de agua caliente, detergentes y hasta lavavajillas, podríamos pensar que separar la vajilla ya no tiene sentido. Un tenedor limpio es un tenedor limpio, y difícilmente queden restos de comida en los utensilios de cocina. Sin embargo, en nuestro tiempo esta separación tiene un doble objetivo. Por una parte, el de evitar la mezcla accidental. Es mucho más difícil equivocarse si los utensilios son diferentes. Por la otra, y probablemente esto sea lo más relevante, involucrar a toda la familia en la observancia de Kashrut en el hogar. Si nuestra cocina es kasher sin separación de vajilla, la responsabilidad de no mezclar carne con leche recae sólo en la persona encargada de preparar la comida: si la cena está servida, obviamente es kasher y no hay mezcla. Ahora bien, si la vajilla está separada, cada miembro de la casa debe tener conciencia de ello. Si uno pide una cucharita, la pregunta necesaria para comprender el pedido es: ¿cárnea o láctea? Así, desde la edad más temprana, los niños internalizan este concepto tan importante de la kashrut, y toda la familia es partícipe de ello.

Una casa kasher

Unas palabras antes de finalizar este tema. Una casa kasher entrega una sensación muy difícil de explicar en palabras. El hecho de hacer en casa, donde nadie nos observa, aquello que creemos correcto; el hecho de llegar a nuestro hogar y saber que hay una intención de pureza aun en lo que comemos, hace que la coherencia y la pureza inunden nuestra vida en el espacio que más requiere de estos elementos. En la intimidad del hogar, podemos sentirnos en paz. El sentido de la vida no se halla en los grandes eventos. Debemos buscarlo en los pequeños detalles, las pequeñas cosas, en el hacer lo correcto, en el lugar correcto y en momento correcto.

TZEDAKÁ

La otra mitzvá que nos habíamos propuesto analizar, debido a su importancia, es la de Tzedaká: hacer actos de justicia y de bondad hacia nuestros semejantes. La palabra Tzedaká deriva de Tzedek, que significa justicia. Así, cuando ayudamos a los necesitados lo hacemos cumpliendo la orden divina de colaborar para que el mundo sea más justo.

(21)

El concepto de justicia es esencial en el judaísmo. La frase de la Torá Tzedek, tzedek tirdof, "justicia, justicia perseguirás" (Deut.16:20) define la forma judía de ver la misión del ser humano en la Tierra. Justicia, justicia: no sólo cuando te favorece sino también cuando te perjudica. No sólo la justicia divina sino también la terrena. Y una de las maneras de hacer justicia entre los seres humanos es cautelar que todos tengan cubiertas las necesidades básicas para una vida digna. Ayudar a los necesitados no es una opción sino una obligación ritual.

Existen distintas formas de brindar ayuda, las que fueron legisladas por el Rambam en el siglo XII. Este sabio estipula diferentes grados de Tzedaká, donde el más alto es colaborar para lograr que la persona no necesite vivir de la beneficencia, sea a través de facilitar la educación, asociándola a un negocio, etc. Los siguientes grados de Tzedaká se refieren a la entrega de ayuda material, donde el nivel superior está dado en la entrega espontánea y anónima a un receptor desconocido.

La mitzvá de entregar Tzedaká, base de la solidaridad judía, es eje vital en nuestra vida comunitaria. Junto a la fundación de toda sinagoga concurre simultáneamente la creación de una asociación de beneficencia que incluye, además de la ayuda mutua en el sentido estricto de Tzedaká, las mitzvot asociadas de Hajnasat orjim, recepción de huéspedes, Bikur jolim, visitas a los enfermos, Hajnasat Calá, ayuda a las novias necesitadas, y la Jevrá Kedishá, dedicada a la asistencia en los funerales (Ver cap.IV).

Quizás la Tzedaká sea uno de los preceptos que más ayuden a mejorar el mundo y encontrar sentido. El servicio a los demás, el ser necesario para los otros, hace que nuestra vida cobre una dimensión especial, marcando un sentido de misión irreemplazable.

Guemilut jasadim

Otra mitzvá asociada a la de Tzedaká es la de Guemilut jasadim o jésed. Se trata de los actos de bondad para con nuestros semejantes. Es algo que se puede y debe dar a todos los seres humanos (la bondad para con los animales recibe un nombre diferenciado: Tzaar baalei jaim). Para entregar Tzedaká necesitamos alguien que la necesite. Para entregar Jésed esa condición no es válida. Toda persona necesita un gesto amable, una sonrisa, una mano amiga. Dice Pirkei Avot (I:15): "Recibe a toda la gente con buen semblante".

Si somos generosos con los necesitados y amables con aquéllos que nos rodean, nuestra vida se torna más agradable para nosotros y para los demás. Nuestros semejantes son el espejo donde vemos el objetivo de nuestra propia vida.

(22)

CAPITULO II

LA SEMANA

(23)

LA SEMANA JUDÍA

Para el pueblo judío, la semana gira en torno a un día: el Shabat. Sólo el Shabat tiene nombre propio. Los demás días se numeran, simplemente, respecto a aquél. Desde el primero hasta el sexto, conforman una escalera que nos lleva hasta el día de máxima espiritualidad: el Shabat.

Dentro de la semana (Iom jol) hay dos días que son especiales: el segundo y el quinto. Tanto en Shabat como en estos dos días, que corresponden al lunes y el jueves, se lee la Torá en la sinagoga.

La lectura de la Torá

La Torá es el Libro que da origen a toda la sabiduría y la cultura judías. Para que pueda ser leída y conocida por todo el pueblo, la tradición talmúdica la ha dividido en 54 porciones (parshiot), leyéndose públicamente en la sinagoga una parashá cada semana, de modo que al cabo de un año se ha leído la totalidad del texto. En algunas sinagogas se sigue la lectura trienal establecida como alternativa en el Talmud. En esta modalidad, se subdivide cada parashá en tres partes. El primer año se lee el primer tercio de cada parashá, al año siguiente el segundo tercio etc. de modo de terminar la Torá completa cada tres años, sin desfasarse de la secuencia de todo el pueblo judío. El objetivo del sistema trienal es hacer lecturas más cortas. En cualquiera de las dos modalidades, la primera parte de la porción semanal se comienza a leer en el servicio de Minjá de Shabat y se repite en Shajarit el lunes y el jueves. En Shajarit del Shabat siguiente se lee toda la porción correspondiente a la semana (sea la parashá completa o el tercio que se lee ese año). Los días festivos se lee una

(24)

parashá especial para la ocasión. Cuando la festividad cae en Shabat, se lee la parashá de la fiesta y la secuencia se atrasa una semana.

Inmediatamente después de la lectura de la parashá en Shajarit de Shabat y en festividades, se lee la Haftará, porción de los Profetas (Neviim)que dice relación con los contenidos de la parashá.

Las aliot a la Torá

Leer la parashá de la semana en la sinagoga es un honor, lo que queda en evidencia por la expresión usada para este acto: "aliá la Torá", ascenso a la Torá. Los días lunes y jueves y en Minjá de Shabat, tres personas son llamadas a la lectura, ya que ésta es breve. La primera aliá corresponde a un Cohen (descendiente por línea paterna de Aaron, hermano de Moshé, y en general de los sacerdotes). La segunda aliá la recibe un Levi (descendiente de los levitas). La tercera pertenece a un Israel, esto es, al resto del pueblo. En Shajarit de Shabat, al ser la lectura más larga, las aliot son siete: las tres primeras se distribuyen de igual manera y las cuatro restantes son para Israel.

Quién puede subir a la lectura

Todo judío mayor de 13 años puede recibir este honor. En las sinagogas tradicionales, sólo los hombres lo hacen, mientras que en las más progresistas también son llamadas las mujeres. Una persona puede pedir una aliá para agradecer a Dios por algo especial (el nacimiento de un hijo o hija, su matrimonio, el haberse salvado de un peligro, etc.) o para pedir por la salud de algún enfermo.

EL SHABAT

Es el día espiritual por excelencia, donde el descanso se combina con la vida familiar, la evaluación personal y el replanteo de proyectos.

Desde el atardecer del viernes hasta la noche del sábado transcurren 25 horas de santidad durante las cuales intentamos abstenernos de las acstividades mundanas, para dedicarnos a nosotros mismos, a nuestros seres queridos y a Dios.

Encontrarás una descripción paso a paso de esta enriquecedora jornada en el capítulo II del libro "Una Invitación al Shabat", de esta misma colección. Para no repetir material ya publicado, haremos aquí un breve resumen, remitiéndonos al libro específico para más detalles. En la sección Qué hacemos hallarás los detalles de la práctica del Shabat resaltados para facilitar su consulta.

(25)

Cuántas veces se nos va un día de descanso en cocinar, limpiar, ordenar, reparar. Cuántas veces queremos dedicarnos a nosotros mismos y terminamos "aprovechando" el día en compras y trámites atrasados que, además, generalmente no son para nosotros sino para los demás.

Con la intención de evitar esto, el Shabat impone una serie de prohibiciones que nos obligan a dedicar el día a lo importante y no a lo urgente.

Así, no está permitido usar dinero, encender fuego, cocinar, reparar, viajar en auto (salvo a y desde la sinagoga en caso de que la distancia sea excesiva), coser, tejer, trabajar (o aun pensar en el trabajo) y en general cualquier actividad que implique una transformación irreversible de la naturaleza o que nos transporte espiritualmente a la sensación diaria del trabajo enajenante.

Las mil y una actividades permitidas

La mayor calamidad que ha sufrido el Shabat en los últimos tiempos es que muchos judíos sólo conocen las prohibiciones y creen que el Shabat es meramente un día en el que no se puede hacer nada.

Lo que ellos no saben es todo lo que sí se puede y se debe hacer en Shabat: dedicarse a lo espiritual y no a lo material; disfrutar de la familia y los amigos; caminar, entrar en contacto con la naturaleza; cantar, rezar, comer (¿en qué fiesta judía no lo hacemos?) generar, en fin, un clima que nos permita ser más conscientemente humanos. No es fácil, claro que no. Al ser humano le cuesta reconocerse como tal, tomar conciencia de sí mismo, elevarse por sobre su condición biológica. Pero los beneficios que el Shabat ofrece, bien valen el intento.

SHABAT: QUÉ HACEMOS Cómo se entra al Shabat

Si un sábado decides que nadie en tu casa va a salir ni va a hacer nada durante todo el día, lo más probable es que se aburran soberanamente y al sábado siguiente cada uno vuelva a su rutina (compras, cine, etc.) convencido de que probó el Shabat y no le sirvió.

Al Shabat, como a cualquier disciplina espiritual, hay que entrar de a poco. En las próximas páginas encontrarás una descripción de un Shabat completo. Trata de ver por dónde te conviene empezar y hazlo gradualmente. Lo más fácil es comenzar por el viernes en la noche. Encender y bendecir las velas, ir a la sinagoga en familia y compartir luego una cena festiva puede ser un buen principio, pero no el final. Cuando llegues hasta allí, sigue con el sábado a la mañana, hasta completar la jornada entera. No hagas programas de cine, teatro o salidas en Shabat. Puedes invitar amigos a compartir tu mesa sabática, o ser invitado por ellos, lo te permitirá enriquecer tu Shabat con las modalidades de otras familias.

(26)

El encendido de las velas

El Shabat comienza con el encendido de las velas, 18 minutos antes de la puesta del sol. Esta brajá, que hallarás en el apéndice, marca el inicio de un tiempo distinto, signado por una calidad de vida superior. Las velas encendidas irradian una luz especial, que indica que algo nuevo y diferente está sucediendo.

Kabalat Shabat

Si nunca fuiste a la sinagoga un viernes en la noche, te estás perdiendo algo bueno. Ya hemos hablado sobre la oración en el capítulo I. La sinagoga provee el marco para que ésta sea más productiva. Hay distintos estilos de sinagoga: grandes, pequeñas, tradicionales, liberales. Busca la que más se acomode a tus requerimientos. Si ya frecuentas una sinagoga, trata de seguir profundizando: estudia las distintas tefilot para comprenderlas mejor, aumenta tu participación en distintos tipos de servicios (Shabat en la mañana, festividades, servicios diarios). Trata de compartir tu experiencia con amigos o familiares. La vida centrada en la sinagoga adquiere una dimensión espiritual que sólo se conoce cuando se la prueba.

La cena de Shabat

La comida del viernes en la noche es mucho más que una cena familiar. Llegar de la sinagoga y encontrar las velas encendidas, la mesa puesta con mantel blanco, la mejor vajilla, y aroma a comida exquisita, provoca una sensación de placer difícil de explicar. Entonces, la familia unida, junto a sus invitados, comienza un ritual que, con cantos, conversación y comida, brinda una vivencia judaica y humana inigualable.

Cómo se prepara, qué se hace.

Comenzamos cantando Shalom Aleijem, melodía con la que despedimos a los "ángeles custodios" que nos acompañaron hasta la casa desde la sinagoga. A continuación, recitamos el kidush sobre el vino, donde proclamamos la santidad del día. Luego intercambiamos bendiciones: el esposo a la esposa, los padres a los hijos, y las recíprocas, que si bien no están previstas en el rito tradicional, se pueden intercalar según las necesidades del grupo familiar. Hecho esto, empezamos a prepararnos para la comida con el lavado ritual de manos y la bendición del pan.

(27)

Un párrafo aparte merece la comida de Shabat. Cuenta un relato que un gentil fue invitado a cenar a una casa judía en la noche de un viernes. Los manjares que probó eran tan deliciosos que pidió la receta al ama de casa. Pero pasaron algunas semanas y el hombre volvió con una pregunta: había hecho todo tal como indicaban sus anotaciones pero el sabor no era el mismo. Le faltaba, obviamente, un condimento. ¿Cuál sería? Y la respuesta que recibió fue: el Shabat. El Shabat da un sabor a la comida que ninguna especie puede dar: el sabor de aquello que compartimos con amor.

Y mientras comemos...

Otro elemento importante en el clima de Shabat es el canto. Durante todas las comidas de Shabat se intercalan canciones tradicionales llamadas Zemirot. Estas zemirot son comunes a todas las mesas de Shabat en todo el mundo judío, ya que al ser tan antiguas, son compartidas por ashkenazim y sefaradim. En la tercera edición de nuestra Invitación al Shabat, entre las páginas 103 y 132 hallarás zemirot y canciones que puedes incluir en tu cena sabática. Qué, cuánto y en qué momento intercalamos nuestras canciones dependerá de los comensales y del ánimo del momento. También es básico el tipo de conversación que se desarrolla: prohibido hablar de la paridad del dólar, de las últimas ofertas, de temas conflictivos. Debemos hacer de la conversación algo elevado y enriquecedor. La cena es un buen momento para estudiar la porción semanal de la Torá o algún otro tema judaico de interés, comentar la prédica del Rabino, hablar de planes y proyectos, etc.

Agradeciendo por la comida

Llega ahora el momento de agradecer por la comida. Después de cantar un salmo introductorio (Shir Hamaalot), corresponde decir Birkat Hamazón. Encontrarás la bendición en el apéndice, y debes incorporar los párrafos específicos de Shabat. Birkat Hamazón es una bendición larga, que puede ser resumida según el texto del apéndice. Su significado es muy hermoso y complejo. Hallarás una breve explicación en este libro, y otra más completa en Una Invitación al Shabat, págs.31 y 32.

El sábado

Cambiar la rutina del sábado es quizás más difícil que la del viernes en la noche. No trabajar el sábado en la mañana es algo duro de lograr. A veces los impedimentos son reales, pero también ocurre, muchas veces, que no nos resignamos a aceptar que las cosas puedan sobrevivir sin nosotros. Justamente ese es uno de los mayores mensajes del Shabat: si Dios descansó el séptimo día, con la Creación recién completada (¿o recién iniciada?) y nada se desmoronó, ¿por qué no podríamos nosotros, simples mortales, desentendernos de nuestra "creación" unas cuantas horas a la semana?

(28)

La sinagoga

El sábado en la mañana, una vez liberado del trabajo, las compras y los trámites, queda disponible para ser aprovechado en nuestro enriquecimiento espiritual, y el servicio de Shajarit de Shabat en la sinagoga es el lugar apropiado para ello. La parte principal de dicho servicio religioso es la lectura de la Torá, leyéndose la parashá de la semana en su totalidad y la haftará correspondiente. En ellas encontramos los mensajes siempre vigentes de nuestra tradición, los cuales suelen ser explicados y ampliados por el Rabino en su prédica o en lo que se denomina Dvar Torá, clase sobre la parashá al final del servicio religioso.

La tarde

Toda tarde comienza con un mediodía y todo mediodía implica un almuerzo. El almuerzo de Shabat, la segunda comida del día, es similar a su predecesora, la cena de Shabat, con canciones y manjares, aunque sin tantas bendiciones.

Después de comer empieza el tramo más desafiante de la jornada: un puñado de horas que cada uno, junto a su grupo familiar, decidirá como llenar: dormir siesta, conversar, caminar, leer, visitar amigos, etc., siempre teniendo en cuenta el objetivo de la jornada: rescatar las relaciones familiares y el enriquecimiento personal.

Terminando el Shabat

A medida que cae la tarde se aproximan los últimos eventos del día: el rezo de Minjá (en la sinagoga o en casa), Seudá Shlishit y Havdalá. Seudá Shlishit, o en yiddish Shaleshudes (la tercera comida), es una merienda que acompañamos con canciones en la creciente penumbra del atardecer. Este momento precede a la Havdalá, ceremonia de diferenciación entre el sábado y el resto de los días. Con esto termina el Shabat, un día especial alrededor del cual habrá de girar todo el resto de la semana. Un día distinto, que otorga sentido a todos los demás. El día que dedicamos a nuestra carga de batería espiritual.

(29)

CAPITULO III

EL AÑO

(30)

EL AÑO JUDÍO

En este capítulo intentaremos conocer el ciclo anual. Haremos un breve recorrido por las distintas festividades de nuestro calendario, buscando las relaciones entre las distintas fechas y sus mensajes y haciendo especial hincapié en la manera de llevar a cabo los festejos en el hogar. De esta manera trataremos de hallar, a través de nuestras festividades, los valores que nos ayuden a que nuestros años sean una experiencia más espiritual y creativa.

Michael Strassfeld, en su libro "The Jewish Holydays", plantea que los seres humanos somos viajeros en el tiempo, y que como tales necesitamos mapas temporales para poder avanzar y no estancarnos, o caminar en círculos. Continúa diciendo que los judíos, al haber sido siempre viajeros obligados en el espacio, hemos desarrollado complejos mapas en el tiempo, donde cada festividad es una estación, un albergue donde sentirnos cobijados, y donde reflexionar, evaluar el camino andado, despertar de la indiferencia y replantear la ruta a seguir. Ahora bien, como expresa Strassfeld, no se trata de un mapa fijo e inamovible: por el contrario, es algo dinámico en muchos sentidos: a través del tiempo, las festividades han ido cambiando su significado, evolucionando, adquiriendo nuevos contenidos. Un ejemplo de ello son los Shalosh Regalim, que surgen como fiestas agrícolas y posteriormente adquieren los significados éticos e históricos actuales. También con el tiempo fueron dejándose de lado ciertos festejos, mientras que han aparecido nuevas festividades y conmemoraciones. Tal es el caso del 15 de Shvat, en que las jóvenes casaderas solían ir a los viñedos a buscar pareja, y las recientemente incorporadas fechas de Iom Haatzmaut, Iom Hashoá, etc.

Pero la evolución no sólo es histórica: en cada festividad, folklore, naturaleza, historia y valores se entrelazan para formar un todo multifacético y complejo. Es así que cada persona, en cada momento de su vida, puede ir hallando distintos mensajes en las mismas celebraciones. Las festividades judías son como un espejo con un paisaje pintado sobre el vidrio. En la medida en que evolucionamos y crecemos, nuestra visión del conjunto se va modificando. Somos parte del paisaje, lo cambiamos y nos cambia. La imagen nunca es la misma porque no son iguales los ojos que la miran.

Sumerjámonos, entonces, en el ciclo del año judío. Al bucear en sus profundidades conoceremos algo de los mensajes que tiene para nuestra vida.

(31)

El calendario hebreo

El calendario hebreo es altamente ecológico, ya que podemos obtener cualquier dato sobre la orientación temporal observando la naturaleza. El día hebreo no tiene veinticuatro horas, ni la hora sesenta minutos. El astro que rige la cuenta de los días es el sol, y según su posición en el cielo sabemos los datos diarios. El día hebreo comienza al atardecer, en el momento en que el sol se pone, de modo que podemos ver el cambio de un día al otro. (Esto surge del Génesis: "Y fue la tarde y fue la mañana, un día"). Las horas se determinan dividiendo en doce partes iguales el tiempo que tarda el sol en hacer su recorrido por el firmamento desde el amanecer hasta el anochecer. (La noche es uniforme, por lo tanto no se divide en horas, siendo una sola unidad temporal, aunque se la puede dividir en "guardias").

Los meses

Los meses comienzan con la luna nueva. Como el ciclo lunar es de 29 días y medio, los meses de Yiar, Tamuz, Elul, Tevet y Adar II tienen 29 días, mientras que Nisan, Sivan, Av, Tishrei, Shvat y Adar I tienen 30 días. Jeshvan y Kislev varían de año en año. Cada semana marca una fase lunar. El día primero de cada mes presenta siempre luna nueva, mientras que el día 15 coincide siempre con la luna llena. De este modo podemos ver el momento del mes en curso. Un año normal tiene 12 meses: Nisan, Yiar, Sivan Tamuz, Av, Elul.Tishrei, Jeshvan, Kislev, Tevet, Shevat y Adar

Los años embolismales

Como podemos observar, mientras los días son regidos por el sol, los meses son determinados por la luna. Este tipo de calendario solilunar sufre un retraso progresivo respecto del año solar. Si no se le hicieran correcciones, los meses no coincidirían siempre con una misma estación del año. Por eso, para que Nisan, el mes de Pésaj, sea también el mes de la primavera (todas las festividades de la Torá tienen gran relación con las estaciones y los ciclos agrícolas), se establecen años bisiestos o embolismales, en los que se agrega un mes adicional, llamado Adar II (Bet) a continuación del mes de Adar, que es el último del calendario. Esto ocurre 7 veces en un ciclo de 19 años, en los meses tercero, sexto, octavo, decimoprimero, decimocuarto, decimoséptimo y decimonoveno de cada ciclo. Es por eso que las fechas hebreas y gregorianas vuelven a coincidir una vez cada 19 años.

Rosh Jodesh

El cambio de mes constituye un día semifestivo. Siendo, como dijimos, que el ciclo lunar es de 29 días y medio, cuando el mes tiene 29 días la festividad mensual de Rosh Jodesh se celebra el día primero del mes entrante. Pero si el mes es de 30 días, parte del día 30 ya es

(32)

luna nueva, por lo que se festeja el 30 del mes saliente y el primero del entrante. En ese caso se habla de primer día y segundo día de Rosh Jodesh.

El concepto de semifiesta describe un día laborable, pero con algunas diferencias: no está permitido efectuar visitas al cementerio, y en lo ritual, se recita musaf, se lee laTorá (Núm. 28: 1-15) y una Haftará especial. Es tradicional que las mujeres no trabajen ese día. Rosh Jodesh es un día asociado a la luna, símbolo netamente femenino.

Empezando el ciclo festivo

Antes de comenzar a hablar de las festividades hebreas, es necesario decidir cuándo comienza el ciclo. Y es que el año judío no tiene uno sino tres inicios: Rosh Hashaná, el "año nuevo", ocurre el primer día del... ¡séptimo mes! Mientras tanto, Pésaj, la fiesta de la primavera, se celebra el 15 del primer mes. Finalmente tenemos a Tu Bishvat, el 15 de Shvat, el año nuevo de los árboles.

Siendo esta última una fiesta dedicada exclusivamente a los árboles, nos quedan las dos primeras opciones para empezar nuestro ciclo: si empezamos por Rosh Hashaná, el primer mes del año nos quedará al medio. Si, por el contrario, comenzamos por el principio, es decir, por Pésaj, la fiesta de "año nuevo" nos queda en la mitad. Complicado, ¿no?

¿Comenzar por la primavera?

Si nos remitimos a la Torá, la cuenta de los meses comienza en Nisan. Y la razón parece evidente: Nisan es el mes de la primavera, donde la naturaleza renace después del letargo invernal. Todo recomienza en primavera, también la cuenta del tiempo.

Pero, ¿y Rosh Hashaná?

Volviendo a la Torá como referencia, no encontramos allí ninguna mención sobre el "año nuevo". La cita dice: "El primer día del séptimo mes será día de sagrada convocatoria, día de toque de Shofar" (Lev. 23:24). No se especifica ni por qué ni para qué. Muchos siglos después, alrededor del año 300 e.c. los sabios del Talmud, ante la problemática de no tener una fiesta de inicio del año, y disponiendo de una festividad bíblica sin motivo aparente, decidieron agregar a "Iom Teruá" el contenido de "Rosh Hashaná" tal como lo conocemos en la actualidad (otro ejemplo más del dinamismo de las festividades a través del tiempo). Así pues, los almanaques hebreos comienzan siempre en Rosh Hashaná, mientras que cada autor decide empezar la explicación del ciclo de Festividades por donde le parece.

(33)

Tenemos varias razones para elegir Pésaj como punto de partida. Primero, porque en el orden bíblico primitivo, Nisan es el primer mes del año. Además, porque históricamente, el pueblo se conforma como tal en el éxodo de Egipto: sin Pésaj no hay libertad, y sin esta libertad no existiría el pueblo de Israel. Filosóficamente, es la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento, lo que ha dado al judaísmo su esencia vital. Un judaísmo rígido y dogmático jamás hubiera sobrevivido 4.000 años, ni estaría en condiciones de perdurar eternamente.

Finalmente, Pésaj le otorga sentido a Rosh Hashaná: de alguna manera, esta última depende de la primera. Como veremos más adelante, Rosh Hashaná es, junto a Iom Kipur, la época de la responsabilidad: tiempo de evaluar lo actuado en el año que termina y replantear proyectos para el año que comienza. Pero evaluar, proyectar, intentar cambios, son cosas que sólo podemos hacer si tenemos libertad. Si otros deciden por nosotros, sólo nos cabe aceptar.

Libertad e imperfección

El pensador Jaime Barylko, en su libro "El miedo a los hijos", explica de una manera muy hermosa esto de la libertad humana. Comienza analizando a los animales, y dice que ellos son seres perfectos: las aves vuelan, no porque sean libres, como románticamente creemos, sino porque están "programadas" para ello. Los tigres no vuelan, pero tampoco suspiran por hacerlo. Los animales comen, duermen, se reproducen, cazan y huyen no porque quieran, ni cuando quieren, sino porque y cuando su naturaleza se lo impone. Son seres perfectos: cumplen exactamente con lo que se espera de ellos. No eligen ser: son. No tienen libertad para ser otra cosa. Simplemente obedecen a su mandato biológico.

Los hombres, sigue Barylko, somos imperfectos: queremos volar sin tener alas. Podemos dominar nuestros instintos y hasta actuar en contra de ellos. Debemos realizar enormes esfuerzos para lograr desarrollar todas nuestras capacidades, cosa que los animales hacen sin proponérselo, con sólo vivir. Cuando un tigre nace es todo lo tigre que puede llegar a ser. Nadie pretende otra cosa de él.

La imperfección va de la mano de la libertad. Tenemos metas que alcanzar, obstáculos que superar. Y la libertad es lo que nos permite optar por los medios más adecuados para lograrlo. Es la libertad lo que nos permite intentar salvar nuestra esencial imperfección humana

Los animales no son libres. Por ende, no son responsables por sus actos. Pero los hombres tenemos libertad, y esa libertad implica responsabilidad. Por eso Pésaj viene antes que Rosh Hashaná. No podríamos llegar a evaluarnos, sin haber ejercido antes la libertad de actuar y de pensar.

Referencias

Documento similar

El caballo de batalla en la justificación de la empresa pública es, pues, como ya se hizo notar anteriormente, el concretar cuándo es in- suficiente la iniciativa privada en un

(1886-1887) encajarían bien en una antología de textos históricos. Sólo que para él la literatura es la que debe influir en la historia y no a la inversa, pues la verdad litera- ria

Para ello, trabajaremos con una colección de cartas redactadas desde allí, impresa en Évora en 1598 y otros documentos jesuitas: el Sumario de las cosas de Japón (1583),

E Clamades andaua sienpre sobre el caua- 11o de madera, y en poco tienpo fue tan lexos, que el no sabia en donde estaña; pero el tomo muy gran esfuergo en si, y pensó yendo assi

Habiendo organizado un movimiento revolucionario en Valencia a principios de 1929 y persistido en las reuniones conspirativo-constitucionalistas desde entonces —cierto que a aquellas

Desde esa concepción, el Derecho es considerado como algo que puede ser completamente objetivado y observado sin ningún tipo de parti- cipación (puede ser casi «fotografiado»).

En este sentido, puede defenderse que, si la Administración está habilitada normativamente para actuar en una determinada materia mediante actuaciones formales, ejerciendo

Se entenderá por necesidad terapéutica la facultad del médico para actuar profesional- mente sin informar antes al paciente, cuando por razones objetivas el conocimiento de su