JANUKAT HA BAIT: LA INAUGURACIÓN DE UNA CASA
La mezuzá
La entrada a una nueva casa puede ser uno de los momentos más importantes en la vida familiar. Y como a todo tiempo importante, el judaísmo le asigna rituales.
Antes de que pasen treinta días en el nuevo hogar, debemos fijar las mezuzot en las puertas. La mezuzá es un pergamino que contiene los dos primeros párrafos del Shemá donde se nos indica su colocación. El más conocido es el que dice: "Las leyes que te prescribo hoy grabarás en tu corazón... y las escribirás en las entradas de tus casas y de tus ciudades", que hemos analizado anteriormente. El pergamino se coloca en un estuche decorativo, llamado bait, el cual se fija en el marco de las puertas. Al dorso del texto está escrita la palabra Shadai, uno de los nombres de Dios. Esta palabra está formada por las iniciales de la frase Shomer Dlatot Israel, Guardián de las puertas de Israel. El pergamino se enrolla de tal manera que Shadai se lea por una abertura en el estuche.
Dónde y cómo fijamos la mezuzá
Debe tener mezuzá la puerta de entrada a una vivienda donde una familia judía tenga su residencia permanente, así como las puertas de las habitaciones de la casa, exceptuando cocina y baños.
No es necesario colocarla en oficinas o locales comerciales, ni en lugares donde se viva menos de un mes seguido, aunque se puede fijar si uno así lo desea.
La mezuzá se coloca en el tercio superior derecho del marco de la puerta, a un palmo (unos 50 cm.) de la esquina superior, entrando desde el ambiente de menor al de mayor importancia. Así, en la puerta de calle se coloca a la derecha, entrando a la vivienda. En las puertas interiores, según se entra de un pasillo a una habitación o de una habitación menor a otra mayor. La mezuzá se coloca levemente inclinada, con su parte superior hacia el interior del ambiente. Esta debe ser clavada, siempre que el material del marco de la puerta lo permita. Es importante recalcar que lo importante de la mezuzá es el pergamino interior, siendo el envase sólo un elemento decorativo.
Cualquier adulto de la familia puede colocar una mezuzá. Al fijar la mezuzá decimos la brajá correspondiente, y a continuación agradecemos a Dios por permitirnos llegar a vivir este momento, recitando Sheejeianu. Antes o después de fijar la mezuzá podemos leer algunos salmos, siendo ideal para esta ocasión el salmo 128. Todas las brajot para la postura de la mezuzá figuran en el apéndice.
¿Qué significa la mezuzá?
El sentido de la mezuzá está contenido en el párrafo del Shemá que hallamos en su interior: "Las leyes que te prescribo hoy...". Estas leyes, las normativas éticas y morales de la Torá, deben estar grabadas en nuestro corazón. Las colocamos en las puertas de nuestras casas para recordarlas cada vez que pasamos por ellas, para tenerlas presentes en todo momento. Solemos besar la mezuzá (tocándola y besando nuestros dedos) no porque la veneremos ni porque dé suerte, sino como un símbolo de nuestra adhesión a las leyes que la mezuzá representa. Y presiden nuestros hogares como símbolo de nuestra condición de familia judía, respetuosa de estas leyes.
CONVERSIÓN AL JUDAÍSMO
El judaísmo carece de afán proselitista. La meta del trabajo judío es, como ya dijimos, mejorar al mundo a través del mejoramiento del ser humano y de las relaciones entre las personas. Los judíos aceptamos los 613 preceptos que indica nuestra tradición, pero entendemos que exigir que los no judíos los cumplan sería invadir la libertad de conciencia de cada individuo. La Torá impone a toda la humanidad siete preceptos fundamentales que incluyen pautas morales básicas: no matar, no robar, respetar la vida, etc. Son los llamados "siete preceptos de los hijos de Nóaj" entregados por Dios a Noé después del diluvio. El ideal que toda la humanidad debería perseguir es que cada pueblo observe su fe y respete la de los demás. Que no existan guerras donde en nombre de Dios un pueblo masacre a otro o lo obligue a convertirse a su fe. Que cada ser humano y cada pueblo pueda servir a Dios mediante su camino peculiar, construyendo así una sociedad más justa y más libre para todos.
Ahora bien, si un gentil desea sinceramente convertirse al judaísmo, y a pesar de las dificultades que se le interpongan persiste en su decisión, debe seguir una serie de pasos. Primeramente, debe estudiar. Sólo se quiere lo que se conoce, de modo que el aprendizaje
del judaísmo debe ser intensivo, profundo y cuidadoso. Los cursos abarcan historia, Torá, Talmud, tradiciones, filosofía y pensamiento judíos, legislación y práctica religiosa, etc. El postulante debe luego aprobar un examen ante una mesa formada por tres rabinos que constituyen un Bet Din. Superada la prueba, ya está en condiciones de someterse a los rituales de conversión: tevilá (inmersión ritual) las mujeres; tevilá y brit milá (circuncisión) los varones. En ese momento se impone su nombre hebreo, el que lleva la terminación ben (bat) Abraham Avinu, hijo (hija) del patriarca Abraham.
Una vez concluida la conversión, la persona es considerada judía plena, con todos los derechos y obligaciones que ello implica. El Talmud prohibe expresamente recordar a un converso su origen, o discriminarlo por ello. Y conviene recordar que la historia del pensamiento judío está llena de conversos que aportaron al enriquecimiento de la cultura judía. De hecho, Ruth, que es la primera conversa al judaísmo que se registra en el Tanaj, es la que da origen a la dinastía de David, de donde, según la tradición, nacerá el Mesías.
DONACIÓN DE ÓRGANOS
Como fuente de sentido para la vida, el judaísmo debe dar respuestas a todas las preguntas, las antiguas y las modernas. Y entre estas últimas, el tema del trasplante y donación de órganos es altamente relevante. La abrumadora mayoría de las autoridades religiosas autoriza su realización, basándose en las siguientes consideraciones:
En el caso de un donante no vivo, el primer problema que hallamos es que al extraer un órgano se transgreden ciertas normas referentes al respeto por el muerto (Kevod hamet). Éstas indican que está prohibido lastimar un cadáver, sacar provecho de un cuerpo y demorar el funeral, lo que evidentemente ocurre en estos casos. Sin embargo, existe un principio rector en toda la halajá (legislación judía) que es la regla de Pikúaj Nefesh. Ésta dice que, cuando se trata de salvar una vida, todas las leyes deben ser transgredidas. Por ejemplo, si hay un enfermo que requiere atención debe hacerse todo lo necesario para su bienestar, estando permitido en esa eventualidad transgredir el Shabat, u ofrecerle alimentos no kasher si hay indicación médica.
Esto indica, a priori, que Pikúaj Nefesh anula todas las prohibiciones respecto de Kevod hamet. Ahora bien, para poder aplicar el principio de Pikúaj Nefesh es necesario que exista lo que la legislación denomina “jolé lefaneinu”, eso es, un enfermo presente, y que el trasplante pueda efectivamente salvar su vida. Las autoridades concuerdan en que, dada la alta demanda de órganos para trasplante, las listas de espera existentes en todos los hospitales, y las facilidades de traslado y comunicación, siempre se puede asumir que hay un “jolé lefaneinu”, que hay un enfermo presente, lo que permite aun donar para bancos de órganos.
En cuanto al precepto de salvar una vida, la autorización de trasplantar se limita a casos donde la vida del receptor corre peligro. Esto deja prohibida toda intervención estética. El trasplante de córneas, si bien no salva la vida de manera directa, se autoriza pues la persona ciega podría morir en un accidente causado por su ceguera. De este modo, quedan autorizados los trasplantes de córneas, riñón, hígado, médula ósea y pulmón. El trasplante de piel no se realiza para salvar la vida, sino como tratamiento provisorio, pudiéndose reemplazar por piel animal, por lo que no se lo considera Pikúaj Nefesh.
El problema más difícil de resolver es el de trasplante de corazón, ya que el ógano no debe dejar de latir, por lo que es necesario establecer sin lugar a dudas la muerte del donante. La ciencia moderna ha creado un estado inexistente en otras épocas, que es el de la muerte clínica. El paciente se halla clínicamente muerto, pero conectado a un respirador que mantiene su corazón latiendo artificialmente. En estos dramáticos casos, la pregunta que debe ser respondida es si es lícito o no desconectar.
El Talmud trae dos casos que, si bien no son absolutamente homólogos (es un texto de 1500 años de antigüedad) sirven para analizar el tema. Dice que en caso de que un enfermo viva sólo porque se le coloca un grano de sal sobre la lengua, se puede dejar de poner la sal. El otro caso es el de un moribundo que se mantiene con vida sólo porque un leñador golpea su hacha a la distancia. En ese caso, se le puede pedir al leñador que suspenda los golpes. Esto sentaría un precedente legal para detener algo que mantiene artificialmente una vida. Notemos que esto no tiene que ver con eutanasia: la eutanasia es hacer algo, activamente, para provocar la muerte, y eso está prohibido en todos los casos. Acá se trata de dejar de hacer algo que mantiene la vida de modo artificial.
Lo que se hace para determinar la muerte clínica coincide con lo que piden los parámetros médicos generales: después de que dos equipos médicos calificados independientes determinen la muerte cerebral, se procede a desconectar al paciente por unos pocos segundos. Si los signos vitales se mantienen estables, se lo desconecta definitivamente. En ese caso, el paciente está en estado vegetal, y debe ser cuidado y alimentado el tiempo que se mantenga con vida.
Si, por el contrario, los signos vitales comienzan a decaer, se lo vuelve a conectar, y se asume que sólo sigue respirando mecánicamente. En este caso, se considera al paciente clínicamente muerto y se puede enfocar la posibilidad de una donación. Dentro de este marco, casi todos los rabinos autorizan este tipo de trasplante.
En el caso de donante vivo, la operación está permitida sólo si el donante desea fervientememte serlo, y siempre que la probabilidad de éxito de la intervención sea significativamente superior al riesgo de vida del donante y a la expectativa de sobrevida del receptor.
Donar órganos: ¿Piedad u obligación?
El Comité de Ley de la Asamblea Rabínica del Movimiento Conservador, tras un minucioso análisis dictaminó que la donación de órganos en vida es un acto de piedad que no puede ser exigido, pero que, en casos extremos debe ser respetado. Pero, la donación post mortem no es un acto de piedad sino que debe ser considerado como una obligación, como una mitzvá. Teniendo la posibilidad de salvar una vida, no hacerlo es transgredir el precepto de “No permanecerás indiferente ante la sangre de tu hermano (Levítico 19:16). Se trata de un tema complicado, sobre todo porque no solemos hablar de ello. Pero es importante que tomemos una decisión y se la hagamos saber a nuestros seres queridos.
LAS DISTINTAS CORRIENTES DEL JUDAÍSMO
El judaísmo nunca ha sido monolítico. Si algo ha caracterizado desde siempre a nuestra cultura es su gran diversidad y amplitud. Los ejemplos abundan a lo largo de la historia. Por
ejemplo, en la época talmúdica había dos escuelas de pensamiento: la de Hillel (beit Hillel) y la de Shammai (beit Shammai). La primera era más liberal, la segunda más estricta. Los alumnos de ambas corrientes discutían entre ellos, disintiendo dentro del respeto mutuo. No es el único caso: los exégetas de todos los tiempos han planteado visiones diferentes y hasta contradictorias (Maimónides, tan racional, Najmánides, tan místico) y podríamos decir que fue precisamente esta diversidad la que generó la riqueza del judaísmo.
Otra característica intrínseca de la cultura judía es su capacidad de adaptación. Desde la misma Torá, que nos habló con un lenguaje humano (Divrá haTorá bilshón ben Adam) dando leyes que, aun siendo eternas, tienen (en muchos casos) relación con la sociedad de la época, pasando por el Talmud, que fue el intento de los sabios por adaptar la sabiduría bíblica a su propia realidad social y cultural, y continuando con los comentaristas y halajistas de todos los tiempos, la adaptación de la Ley judía ha sido siempre la norma. En la Torá hay leyes que luego el Talmud regula para que no sean aplicables, como las relativas al “hijo rebelde y contumaz”. Hay leyes talmúdicas que son derogadas o endurecidas durante la Edad Media. Podríamos encontrar muchísimos ejemplos. Una de las claves de la supervivencia del judaísmo a través de los siglos es esta capacidad de dar siempre respuestas válidas a las preguntas siempre cambiantes de cada generación. Esta realidad abarcó a todo el pueblo judío mientras éste vivió en ghettos, hasta mediados del siglo XVIII.
Reacciones frente a la modernidad
Durante los años que precedieron a la Revolución Francesa, comenzaron a correr aires nuevos en Europa y América. Los movimientos emancipatorios que reconocían libertades a todos los grupos humanos (mujeres, siervos, esclavos en los Estados Unidos) afectaron también a las comunidades judías. La emancipación de los judíos implicó la abolición de las discriminaciones aplicadas especialmente a los judíos, su reconocimiento como ciudadanos iguales a los demás, y la garantía formal de todos los derechos y deberes de la ciudadanía. En suma, los ghettos se abrieron, y con ellos la posibilidad de que los judíos se contactaran abiertamente con el mundo gentil.
Entre las iniciativas judías hacia la emancipación se encuentra la obra de Moisés Mendelssohn, mentor del iluminismo. Esta corriente proponía la asimilación formal a la sociedad gentil, en lo referente a vestuario, idioma, educación y maneras sociales. En palabras de Mendelssohn, se trataba de parecer gentil en la calle y ser judío en casa. Esta idea asimilacionista no perduró (el nieto de Moisés, el músico Félix Mendelssohn, se convirtió al cristianismo). Pero abrió las puertas para que el judaísmo se repensara en realación al medio quelo rodeaba. En el campo religioso, la emancipación generó distintas reacciones que siguen vigentes hasta la actualidad. La primera fue el movimiento reformista. Como respuesta a dicha corriente, se define el movimiento Conservador, la Ortodoxia y la Neo-ortodoxia.
La Reforma judía surge, entonces, a principios del siglo XIX como respuesta a las cambiantes condiciones políticas y culturales generadas por la emancipación. Comenzó con
modificaciones estéticas, incorporando el canto coral, el órgano y las plegarias en idioma vernáculo en las sinagogas, para derivar en fuertes reformas en cuanto a ideología y observancia. La Reforma plantea la legitimidad del cambio en el judaísmo, y niega la validez eterna de la codificación de la ley judía o de cualquier formulación en el sistema de creencias. Debido a esto, el estilo reformista varía de comunidad en comunidad y a través del tiempo, coexistiendo las posiciones más radicales en un clima de mutuo respeto.
Cuando la Reforma decide romper los lazos que la unen con la Halajá (ley judía) se genera en el pueblo judío la formación de un movimiento que podríamos llamar de contrarreforma, que derivó en el surgimiento del Movimiento Conservador, inicialmente llamado Judaísmo Histórico, o Escuela Histórica. Surge a mediados del siglo XIX tanto en Europa como en EEUU, apoyando la emancipación y la salida de los ghettos. Acepta la necesidad de ciertos cambios inevitables, pero a diferencia de la Reforma, mantiene que dichos cambios deben hacerse a la luz de precedentes bíblicos y talmúdicos, de la misma manera como se hizo históricamente desde siempre. La corriente, también llamada Masortí (tradicionalista) ve al pueblo judío a través de la historia como un organismo que siempre refrescó su espíritu vital respondiendo creativamente a los nuevos desafíos. Los cambios son decididos por el Comité de Ley de la Asamblea Rabínica y se hacen tomando en consideración todos los precedentes legales disponibles.
Otra reacción generada por la emancipación fue el surgimiento de la Neo-ortodoxia. Liderada inicialmente por Samson Raphael Hirsch, esta corriente acepta la salida de los ghettos, tomando la idea general de “Torá im derej eretz” (Torá con cultura secular). Combinan actitudes de la Reforma con las de la Ortodoxia. De la Reforma toman la voluntad de integrarse a la sociedad moderna: abandonan el estudio de la Torá como un fin en sí mismo, al estilo de la yeshivá clásica, cambian el hebreo por el alemán como idioma cultural, aceptan las reformas educativas, la educación de la mujer y su mayor participación en la vida religiosa y política, la abolición del poder coercitivo de la comunidad, la libertad de conciencia, la adopción de vestimenta moderna incluyendo la eliminación de la barba y las peot (guedejas) en los hombres, y la aceptación del concepto de libertad de conciencia. De la Ortodoxia, toman el dogmatismo (emunat jajamim, la fe de los sabios), la oposición al principio de libertad de investigación y las reservas respecto de las preocupaciones del Wissenschaft des Judentums (el estudio científico del judaísmo). la aceptación de la autoridad del Shulján Aruj, la excesiva estrictez en la observancia de los preceptos y costumbres, etc.
Finalmente, como reacción a la emancipación se conforma el llamado judaísmo ortodoxo. El término aparece por primera vez en 1795, para distinguirse del movimiento reformista, oponiéndose a cualquier modificación del judaísmo. Su lema es “Hejadash asur baTorá” (lo nuevo está prohibido por la Torá), lo que no deja de ser una innovación dentro del pensamiento judío. La ortodoxia ve los intentos de adaptar al judaísmo a la modernidad como incompatibles con la normativa que establece que la voluntad revelada de Dios perdura más que los valores de cualquier época dada. Expresa el temor de que la exposición a la cultura del mundo moderno resulte en la asimiliación total de los judíos, proponiendo una completa segregación del entorno de todo lo que sea la vida social y cultural. Se hace hincapié, por sobre todo, en la sumisión a la autoridad de la halajá como está expresada en el Shulján Aruj y sus comentarios, y en el origen divino de la totalidad de la religión
histórica del pueblo judío.
Esta es a grandes rasgos la variedad de posturas que dominan el escenario judío actual. Habría que agregar a este panorama el Reconstruccionismo, fundado en 1922 por Mordejai Kaplan, que define al judaísmo como una civilización religiosa en constante evolución. Además, no debemos olvidar que tanto la Ortodoxia como la Neo Ortodoxia están divididas en diferentes facciones, cada una con sus particularidades. Finalmente está el llamado judaísmo laico, muy fuerte en algunos países como Francia, cuyos adherentes toman el ser judío como una fuente de inspiración ética e identidad nacional, desligándolo de cualquier relación con la divinidad.
Como podemos apreciar, el judaísmo es suficientemente amplio como para dar cabida a todos los que quieran acercarse a él. Místicos, racionales, agnósticos y hasta ateos, pueden nutrirse de su sabiduría. Judaísmo es religión, es pertenencia, es marco ético. Judaísmo es la brújula cósmica que nos permite saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Es, en