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Tesis Presentada en Opción al Título de Máster en Psicopedagogía

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UNIVERSIDAD CENTRAL “MARTA ABREU” DE LAS VILLAS

FACULTAD DE PSICOLOGIA

Tesis Presentada en Opción al Título de

Máster en Psicopedagogía

EXPLORACIÓN DE LA DEPRESIÓN EN ADOLESCENTES DEL

SEXO FEMENINO

AUTOR: LIC. KARINA GIRALDO BUSTOS

TUTOR: DR. C LUIS FELIPE HERRERA JIMENEZ

SANTA CLARA, CUBA 2007-2008

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Resumen

La presente investigación se realizó con el objetivo de describir las características de la depresión en una muestra de adolescentes pertenecientes al Centro Educativo Nuestra Señora de la Paz, colegio femenino de la ciudad de Bogotá D.C., Colombia. La muestra estuvo integrada por 48 estudiantes de noveno grado de esta institución. El estudio se realizó en el período comprendido de agosto a noviembre de 2008.

Se aplicaron las técnicas: Entrevista psicológica semiestructurada a adolescentes, padres y profesores guías, Inventario diagnóstico para evaluar la Depresión como rasgo y estado (IDERE), Cuestionario de autoestima y la Escala de Síntomas Depresivos de M.M. Casullo. Los datos obtenidos fueron procesados de forma cualitativa y cuantitativa.

Se comprobó la existencia de una estratificación de síntomas depresivos en una considerable proporción de la muestra estudiada. Entre las manifestaciones depresivas se notaron afectaciones anímicas, dificultades en las relaciones interpersonales, síntomas motivacionales, síntomas cognitivos, físicos y conductuales. Llamó la atención la existencia de características extremas de las adolescentes con respecto a sus propias emociones, el no reconocimiento de las mismas. Se encontró que la proyección de sus malestares depresivos se relaciona con elementos personales, del contexto familiar, escolar y las relaciones con sus coetáneos. En los casos más críticos se apreció una incidencia simultánea de estos factores, siendo el más afectógeno desde su perspectiva las dificultades en su control emocional como elemento personal. Se observó una tendencia a la baja autoestima en las muchachas más afectadas. Por último se ofrecen conclusiones y recomendaciones que pueden ser de interés para los profesionales vinculados con la educación y atención sanitaria de las adolescentes. Palabras Claves: Depresión, adolescentes.

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INDICE

Pág.

Introducción 1

Capítulo I. Marco Referencial Teórico 5

Capítulo II. Marco Referencial Metodológico 41

Estrategia general de trabajo 41 Descripción de la muestra 41 Criterios de inclusión 42 Criterios de exclusión 42 Criterios de eliminación 42 Descripción de las técnicas empleadas 43

Capítulo III. Análisis de los resultados 51

Análisis de los resultados obtenidos en las técnicas aplicadas 51 Análisis integral de los resultados 67 Conclusiones

Recomendaciones

Bibliografía

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Introducción

La sociedad actual manifiesta cambios abruptos, muchas veces drásticos, rápidos, atropellantes. Nuestras formas habituales de enfrentar los problemas, nuestras costumbres, nuestros valores y nuestros estilos de vida desarrollados, quedan sorprendentemente puestos a prueba y con frecuencia son drásticamente rebasados, dejándonos aturdidos, cuestionados, sin respuesta, limitados, cortos. Por ello, hoy en día la educación a nivel nacional e internacional ejerce una labor importante al preparar a nuestros niños y adolescentes para que enfrenten la realidad circundante y su porvenir. La preocupación por estudiar todos los fenómenos que ocurren en los niños y adolescentes ha incrementado, centrando su atención en factores como el embarazo precoz, las adicciones, la violencia, enfermedades de transmisión sexual y los problemas de salud mental. Si bien es cierto, que a nivel de intervención y prevención se han obtenido grandes logros, aún queda mucho camino por recorrer, pues aún se encuentran en las aulas de estudio niños y adolescentes que padecen de algún trastorno ya sea conductual o emocional, problemáticas que aun siguen siendo ineficaces en su atención pues el desconocimiento de dichos trastornos en nuestra sociedad impide que se ofrezca una oportuna intervención y por lo tanto el número de personas con este tipo de dificultades sigue en aumento.

Dentro de los trastornos más comunes que aquejan la mayoría de culturas y sociedades se encuentra la depresión. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el mundo cerca de 121 millones de personas sufren de depresión, siendo más común su padecimiento en las mujeres que en los hombres. Esta organización estimó

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que los trastornos depresivos serán la segunda causa de incapacidad en el mundo para el año 2020 después de las enfermedades isquémicas, mientras que para el año 2000 ya ocupaba el cuarto lugar. De estas cifras, la depresión en los menores ocupa un 5% de la población infantil en el mundo, teniendo en cuenta que este padecimiento en los adolescentes es cada vez más frecuente, al menos 1 de cada 8 adolescentes sufren de depresión.

La depresión en los menores es un tema reciente, sólo se empezó a abordar en la literatura hace tres décadas, de ahí que puede provenir aún su desconocimiento en el personal competente. Muchas veces este trastorno es eventualmente tratado bajo los síntomas más no con la causa principal. Así podemos observar con frecuencia que los esfuerzos sociales y pedagógicos centran su atención en el bajo rendimiento escolar, problemas de conducta como la agresividad, la irritabilidad, el aislamiento, entre otros, y desafortunadamente la causa principal aún seguirá siendo el desencadenante de disímiles dificultades que no sólo traerá altos costos para la sociedad en el factor económico, sino que también los costos emocionales en nuestros jóvenes aún serán mayores.

La adolescencia es quizá la etapa del desarrollo humano en que más cambios se suscitan en el individuo, porque estrena un nuevo continente corporal, una nueva y más amplia percepción de sí mismo y del mundo, una gran cantidad de funciones intelectuales que día a día se perfeccionan y potencializan y ensaya cada vez más su posibilidad de ser independiente en ese difícil proceso de consolidarse como persona (Escalante, F. y López, R., 2003). Dentro de este proceso complejo, muchos de los estados anímicos depresivos pueden ser comunes derivados de estas torrenciales transformaciones, sin embargo constituye no solo una responsabilidad sino un reto el

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explorar profundamente si en realidad se trata de un fenómeno normal o si por el contrario es un estado que puede estar afectando la vida del adolescente y de las personas que lo rodean, quienes tal vez sin darse cuenta pueden estar fomentando la aparición de este y/o de otras problemáticas, a través de factores que a lo largo de las generaciones se han ido educando, convirtiéndolos en elementos normales y hasta imprescindibles en la crianza de nuestros hijos; además, actualmente se encuentra con mayor frecuencia en las familias, miembros con problemas de alcoholismo, drogadicción, adicción al dinero, al trabajo, violencia intrafamiliar, etc.. Sumados a dichas dificultades, los cambios acelerados de nuestra sociedad a través de las nuevas tecnologías cuyo objetivo primordial es facilitar la vida humana en sus quehaceres y diversión, se han convertido día tras día en un vacío existencial y que para muchos ya no es una cuestión preocupante sino más bien necesaria, pues es importante seguir con el curso del desarrollo de las sociedades modernas.

Es innegable el desarrollo de nuestras sociedades, sin embargo, la importancia de contemplar con mayor firmeza nuestro encargo social de mejorar la calidad de vida se hace cada vez mayor. Por lo tanto el actuar de acuerdo a la realidad que estamos viviendo es una necesidad. Aprovechar todas las redes de apoyo con las que cuentan nuestros menores como la familia, la escuela, la comunidad es imprescindible, pues se busca que cualquier tipo de acción ya sea preventiva o interventiva se fortalezca y trascienda los límites a todos los ámbitos. De esta motivación es que surge en el presente trabajo de investigación el siguiente problema científico:

• ¿Cómo se manifiesta la depresión en un grupo de adolescentes del sexo femenino pertenecientes al Centro Educativo Nuestra Señora de la Paz?

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Para dar respuesta a la interrogante científica se propuso como objetivo general:

• Describir las características de la depresión en una muestra de adolescentes del sexo femenino pertenecientes al Centro Educativo Nuestra Señora de la Paz.

Y como objetivos específicos:

• Identificar las necesidades de estudiar la depresión en un grupo de adolescentes del sexo femenino.

• Precisar cuáles son las principales manifestaciones de de depresión de un grupo de adolescentes del sexo femenino.

• Valorar las principales causas de las manifestaciones depresivas según la percepción de las adolescentes de la muestra, su familia y docentes.

El contenido del informe de investigación está estructurado en tres capítulos. El marco referencial teórico está planteado en el capítulo 1. En el mismo se aborda la adolescencia, características generales de la etapa y las nuevas formaciones, así como también la depresión, su conceptualización, epidemiología, los cinco núcleos básicos de la sintomatología, tipología de la depresión, depresión en adolescentes, causas de la depresión en adolescentes y la psicoeducación como alternativa para su atención.

En el segundo capítulo, se describe el diseño metodológico de la investigación, la estrategia general de trabajo, descripción de la muestra, los criterios para la selección de los sujetos participantes y la descripción de técnicas utilizadas.

En el tercer capítulo se detallan los resultados obtenidos en la investigación, ofreciéndose un análisis cualitativo y cuantitativo de las técnicas utilizadas.

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Marco Referencial Teórico

En la actualidad, el sistema educativo y social han manifestado la importancia de proporcionar una educación integral en las personas en general para que se propicie un desarrollo de todas las dimensiones del ser humano; sin embargo este propósito se ha quedado simplemente en retórica porque en la práctica se hace énfasis en el desarrollo de contenidos y en la adquisición de destrezas académicas, descuidando la formación valorativa, el desarrollo personal, el desarrollo de la corporalidad, la dimensión cultural y social, y consecuentemente el desarrollo adecuado de las emociones. En los adolescentes, este hecho no se manifiesta de manera aislada, al contrario, aunque es bien sabido por la mayoría de las personas, esta etapa constituye cambios trascendentales para cada quien, lo cual se podría constituir como uno de los periodos del desarrollo humano en el que la mayoría de esfuerzos a nivel educativo se enfocan a contribuir no sólo en la creación de habilidades intelectuales, sino que también se manejara con la misma importancia las destrezas afectivas que pudieran ofrecer a los adolescentes un sin número de estrategias para afrontar con asertividad el mundo circundante y sus propias emociones y de esta manera disminuir los altos porcentajes de problemáticas como la depresión que actualmente afectan la mayoría de las culturas a nivel mundial.

La adolescencia es una etapa que se presenta con características bien definidas en el gradual desarrollo del hombre, aparece como un salto importante entre la infancia y la adultez; para algunos autores, la adolescencia se considera como el segundo nacimiento, ya que el joven necesita resolver los problemas de ser en función de sí mismos y en relación a su grupo familiar, los cambios que ocurren en este momento son tan

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significativos que resulta útil hablar de la adolescencia como un periodo diferenciado del ciclo vital humano.

Es muy difícil precisar el concepto de adolescencia ya que existen diversos puntos de vista con respecto al mismo que van desde aquel que lo ve como una aportación o condicionamiento de la cultura, hasta el que la considera como una etapa natural en el desarrollo del ser humano. (Ardila, L.,2007, p. 3)

Al respecto, algunos autores definen a la adolescencia de la siguiente manera:

Stanley Hall (1916) define la adolescencia como un nuevo nacimiento; los rasgos humanos surgen en ella más completamente; las cualidades del cuerpo y del espíritu son nuevas; el desenvolvimiento es menos gradual y más violento. El crecimiento proporcional de cada año aumenta, siendo muchas veces el doble del que correspondería y aun más, surgen funciones importantes hasta ayer inexistentes. Por su parte, Henry Pieron define esta etapa como el período de la vida que coincide en el despertar del sexo, fenómeno que domina la pubertad. Esto es, para los organismos femeninos y masculinos, teniendo en cuenta cierta oscilación en el tiempo, una fase de crisis orgánica y afectiva de efervescencia, en la cual las interferencias hormonales, las modifica de las tendencias que suscitan reacciones a veces muy vivas y sorprendentes.

La OMS la define como el periodo de la vida en el cual se adquiere capacidad reproductiva, cambian los rasgos psicológicos de la niñez y se consolida la independencia socio-económica. Se estima que una de cada cinco personas en el mundo es adolescente.

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Partiendo de las definiciones anteriores se puede decir que es el lapso comprendido entre la niñez y la edad adulta. De acuerdo con Ardila, L.M. (2007) sobre el inicio de la adolescencia:

En nuestro mundo occidental comienza alrededor de los 12 o 13 años y termina alrededor de los 19 ó 20. Su comienzo lo anuncia la aparición de la pubescencia o pubertad, aunque en las mujeres siempre es más prematuro, estadio que se caracteriza por el crecimiento fisiológico y la madurez de las funciones reproductivas de los órganos sexuales primarios acompañados de caracteres sexuales secundarios, concluyendo con la pubertad, que significa que el individuo es ya capaz de reproducirse. (p.3)

Sin embargo no se puede equiparar a un niño de 13 con uno de 18 años; por ello se habla de “adolescencia temprana” entre los 11-14 años (que coincide con la pubertad), y luego de un segundo periodo de “juventud” o “adolescencia tardía” entre los 15-20 años; su prolongación hasta llegar a la adultez, dependerá de factores sociales, culturales, ambientales, así como de la adaptación personal. (Marquez L., Phillippi A. 1995).

Lo que explica la adolescencia es ese conjunto de características propias, de experiencias, cambios y problemas comunes como son los cambios anatómicos y fisiológicos en la pubertad, la necesidad por lograr la propia identidad así como ser alguien en la sociedad. Los cambios en la adolescencia son de una graduación acelerada, a causa de ello pueden presentarse dificultades que surgen en las relaciones del adolescente con el adulto ya que éste sigue viéndolo como niño y lo trata como tal, en cambio en el adolescente se manifiestan emociones a causa de sus cambios hormonales y físicos que lo hacen sentir que posee la capacidad de un adulto y si sus

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intereses son ignorados y menospreciados, fácilmente se sentirá agredido y dará una respuesta agresiva, generándose así el conflicto. Al inicio de esta etapa se presenta el cambio hormonal, unas glándulas se desarrollan mientras que otras se atrofian. El equilibrio y la madurez del adolescente, dependerá de que estos cambios se realicen normalmente. (Ardila, L.M., 2007, p. 7). Al respecto, A. Petrovsky (1981) plantea: El inicio de la reestructuración del organismo está ligado a la activación del funcionamiento de la hipófisis, en especial de su porción anterior, cuyas hormonas estimulan el crecimiento de los tejidos y el funcionamiento de otras importantes glándulas de secreción interna (sexual, tiroides, suprarrenal). Su actividad conjunta determina múltiples cambios en el organismo del niño, entre ellos los más evidentes: el “salto” en el crecimiento y la maduración sexual (desarrollo de los órganos sexuales y aparición de los caracteres sexuales secundarios). El periodo en que estos procesos se hacen más intensivos es entre los once y los trece años para las chicas, y entre los trece y los quince para los muchachos. En nuestra época se observa una aceleración del desarrollo físico y la maduración sexual y por eso ya a los nueve o diez años puede iniciarse en las niñas la actividad de las glándulas sexuales y la formación de las glándulas mamarias, mientras que a los diez u once algunas se encuentran en el estadio de comienzo de la maduración sexual (los muchachos entre los doce y los trece años). (p. 122)

Crecer es una característica destacada de la pubertad, el brote o estirón de la pubertad es una de las características fundamentales de la adolescencia. Tiene una duración de 3 a 4 años con un promedio de 24 a 36 meses. Está caracterizado por un rápido crecimiento del esqueleto, llamado punto de velocidad máxima (PVM) que se manifiesta por un

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aumento rápido de la talla o crecimiento lineal de aproximadamente 8 cm en la mujer y unos 10 cm en el varón. Es seguida por una desaceleración o enlentecimiento progresivo del crecimiento lineal hasta que se detiene por la fusión de las epífisis de los huesos largos como consecuencia hormonal.

Actualmente se considera que el incremento en la velocidad de crecimiento es el primer signo de inicio puberal en las niñas, aunque es más fácil de visualizar dicho cambio en el botón mamario. El crecimiento corporal no es homogéneo, por lo general se aprecia una gradiente distal: proximal, es decir, los pies y las manos crecen antes que lo hacen las piernas y los antebrazos, y éstos lo hacen antes que los muslos y los brazos. La cadera crece antes que los hombros y el tronco, el cual se acompaña de epífisis vertebral transitoria. Todos los órganos participan en el estirón del crecimiento a excepción de la cabeza, el timo, el tejido linfático y la grasa subcutánea. El inicio del estirón es variable en edad, por lo que los padres o el adolescente pueden manifestar preocupación por una supuesta precocidad o retardo del crecimiento. Las necesidades nutricionales se hacen más intensas, hay dismetría fisiológica que causa cierta ‘’torpeza’’ motora, aumenta el metabolismo del calcio en el período de crecimiento rápido.

En las mujeres, durante la pubertad temprana, la ganancia de peso continúa siendo 2 kg por año, pero luego experimenta una aceleración que llega a un máximo después de alcanzar el punto de velocidad máxima de crecimiento, cuando en promedio aumentan entre 5,5 a 10,5 kg por año. En los varones el peso coincide con la talla, es decir, de 10 a 20 kg por año. El aumento de peso puberal viene a representar el 50% del peso ideal del individuo adulto.

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La grasa corporal total aumenta en la pubertad temprana para ambos sexos. Más adelante las niñas depositan grasa más rápida y extensamente que lo hacen los varones, con predominio en miembros superiores, tronco y parte superior del muslo. En condiciones normales, en ningún momento de la pubertad se espera que las niñas pierdan grasa, mientras que los varones en el crecimiento rápido, pierden grasa en los miembros y el tronco. La cabeza aumenta muy poco en tamaño, pero la cara se diferencia tomando aspecto de adulto, sobre todo por el reforzamiento mandibular, muy evidente en el varón y por los cambios en la nariz. Bajo las influencias de los andrógenos se establece también una diferencia en la parte anterior del cartílago tiroides y las cuerdas vocales que tienen el triple de longitud que en las niñas.

El crecimiento muscular es un hecho resaltante, especialmente mientras dura el estirón de la estatura, con predominio en el varón, sobre todo por la acción de los andrógenos que también influyen en la adquisición de la fuerza muscular. Por supuesto, el tamaño, la fuerza y la habilidad pueden no ser diferentes en un varón y una hembra, dependiendo de la actividad física que desarrollen.

El crecimiento de órganos y tejidos presenta mayores exigencias a la actividad del corazón. Este también crece, pero con mayor rapidez que los vasos sanguíneos, lo que puede causar perturbaciones funcionales en la actividad del sistema cardiovascular, que se manifiestan en palpitaciones, aumento de la presión sanguínea, mareos, dolores de cabeza, rápida fatigabilidad. (A. Petrovsky, 1981, p. 124)

En la adolescencia temprana y para ambos sexos, no hay gran desarrollo manifiesto de caracteres sexuales secundarios, pero suceden cambios hormonales a nivel de la hipófisis, como el aumento en la concentración de gonadotropinas (hormona

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foliculostimulante) y de esteroides sexuales. El primer cambio identificable en la mayoría de las niñas es la aparición del botón mamario. Se caracteriza por un agrandamiento en el tejido glandular por debajo de la areola consecuencia de la acción de los estrógenos producidos por el ovario. La edad de aparición es después de los 8 años, puede ser unilateral y permanecer así por un tiempo, o bilateral y casi siempre es doloroso al simple roce. Al avanzar la adolescencia, el desarrollo mamario, además de ser cuantitativo es cualitativo, la areola se hace más oscura y grande y sobresale del tejido circundante, aumenta el tejido glandular, se adquiere la forma definitiva, generalmente cónica y se desarrollan los canalículos. Puede haber crecimiento asimétrico de las mamas. El vello púbico, bajo la acción de los andrógenos adrenales y ováricos, es fino, escaso y aparece inicialmente a lo largo de los labios mayores y luego se va expandiendo. El vello púbico en algunos casos coincide con el desarrollo mamario y en otros puede ser el primer indicio puberal. Típicamente comienza a notarse a los 9 o 10 años de edad. Al pasar los años, el vello pubiano se hace más grueso y menos lacio, denso, rizado y cubre la superficie externa de los labios extendidos hasta el monte de Venus, logrando la forma triangular característica adulta después de 3 a 5 años (más o menos entre los 15 y 16 años de edad). El vello axilar y corporal aparece más tarde. Los genitales y las gónadas cambian de aspecto y configuración. Los labios mayores aumentan de vascularización y en folículos pilosos, hay estrogenización inicial de la mucosa vaginal, los ovarios y el cuerpo del útero aumentan en tamaño. Las trompas de Falopio aumentan después de tamaño y en el número de pliegues en su mucosa. Los labios menores se desarrollan, los labios mayores se vuelven luego delgados y se pigmentan y crecen para cubrir el introito. La vagina llega a 8 cm de profundidad y

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luego de 10 – 11 cm. Por efectos estrogénicos, la mucosa se torna más gruesa, las células aumentan su contenido de glucógeno y el pH vaginal pasa de neutro a ácido un año antes de la menarquía. Se desarrollan las glándulas de Bartolino, aumentan las secreciones vaginales, la flora microbiana cambia con la presencia del bacilo de Doderlein, la vulva sufre modificaciones en su espesor y coloración, el himen se engruesa y su diámetro alcanza 1 cm.

La menarquía, que es la primera aparición del ciclo menstrual, aparece precedida por un flujo claro, inodoro, transparente y bacteriológicamente puro que tiene aspecto de hojas de helecho al microscopio. La menarquía tiende a ocurrir a los 12 o 13 años, aunque puede aparecer en la pubertad avanzada.

En los muchachos, los testículos pre-puberianos tienen un diámetro aproximado de 2,5 a 3 cm, el cual aumenta obedeciendo a la proliferación de los túbulos seminíferos. El agrandamiento del epidídimo, las vesículas seminales y la próstata coinciden con el crecimiento testicular, pero no es apreciable externamente. En el escroto se observa un aumento en la vascularización, adelgazamiento de la piel y desarrollo de los folículos pilosos.

La espermatogénesis es detectada histológicamente entre los 11 y 15 años de edad y la edad para la primera eyaculación es entre 13 y 16 años. El pene comienza a crecer en longitud y también a ensancharse aproximadamente un año después de que los testículos aumenten de tamaño.

La maduración sexual y los cambios en el desarrollo físico del adolescente tienen mucha importancia en el surgimiento de nuevas formaciones psicológicas. En primer lugar, estas modificaciones, muy perceptibles para el propio adolescente, lo hacen

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objetivamente más adulto y son uno de los orígenes de la sensación de la propia madurez (basada en la idea de su semejanza con los adultos). En segundo lugar, la maduración sexual estimula el desarrollo del interés por el sexo contrario y la aparición de nuevas sensaciones, sentimientos y vivencias. El grado en que el adolescente se preocupa y concentra en esas nuevas sensaciones y vivencias, el lugar que ocupan las mismas en su vida dependen tanto de vastas condiciones sociales como de circunstancias concretas e individuales de su vida y educación, de las peculiaridades de su trato con la gente. Es normal para los adolescentes de ambos sexos el despertar de los primeros sentimientos románticos.

Muchos de los cambios físicos de la adolescencia son tan repentinos y notables, que varones y mujeres adquieren de ellos una aguda conciencia. Aunque en años anteriores los niños se mostraban perfectamente indiferentes en lo relativo a su aspecto personal, actualmente comienzan a visualizarlo con y sin ayuda del espejo. (Gesell, A. 1963) También continúa la maduración cerebral. La mielinización sigue su curso y el tiempo de reacción es más corto. Los adolescentes están en condiciones de aprender, conectar y refutar ideas mucho más rápido que los niños. El psicólogo francés Jean Piaget determinó que la adolescencia es el inicio de la etapa del pensamiento de las operaciones formales, que puede definirse como el pensamiento que implica una lógica deductiva.

Aproximadamente entre los once y quince años los adolescentes que han superado con éxito los anteriores estadios del desarrollo cognitivo comienzan a efectuar operaciones formales: un pensamiento altamente lógico sobre conceptos abstractos e hipóteticos, así como también concretos. El estadio de las operaciones formales es el

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estadio final del desarrollo cognitivo según la teoría de Piaget. Piaget afirmó que el desarrollo cualitativo alcanza su punto más alto en este estadio. Una vez dominadas las operaciones formales, sólo se produce un desarrollo cuantitativo. En otras palabras, una vez que los adolescentes han aprendido las operaciones precisas para resolver problemas abstractos e hipotéticos, el aprendizaje posterior se refiere únicamente a cómo aplicar estas operaciones a nuevos problemas.

El adolescente de pensamiento formal tiene la capacidad de manejar, a nivel lógico, enunciados verbales y proposiciones en vez de objetos concretos únicamente (pensamiento proposicional). Es capaz de entender plenamente, y apreciar las abstracciones simbólicas del álgebra y las críticas literarias, así como el uso de metáforas en la literatura. A menudo se ve involucrado en discusiones espontáneas sobre filosofía y moral, en las que son abordados conceptos abstractos, tales como justicia y libertad. Desarrolla estrategias de pensamiento hipotético-deductivo, es decir, ante un problema o situación actúa elaborando hipótesis (posibles explicaciones con condiciones supuestas), que después comprobará si se confirman o se refutan. Puede manejar las hipótesis de manera simultánea o sucesiva, y trabajar con una o varias de ellas.

La comprobación de las hipótesis exige la aplicación del razonamiento deductivo: capacidad de comprobar sistemáticamente cada una de las hipótesis establecidas, después de seleccionarlas y analizarlas. (Márquez L., Phillippi A., 1995 y Coleman J., 1980)

Durante la adolescencia el lenguaje continúa desarrollándose teniendo un mayor dominio de las estructuras sintácticas, frases más largas, incremento del vocabulario y

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uso de terminología más abstracta. Conjuntamente con esto, se va desarrollando un nivel de abstracción mayor, que facilita el desarrollo del pensamiento formal. (Piaget, J., 1972)

Piaget asumió que esta etapa ocurría en todos los individuos sin tener en cuenta las experiencias educacionales o ambientales de cada uno. Sin embargo, los datos de las investigaciones posteriores no apoyan esta hipótesis y muestran que la capacidad de los adolescentes para resolver problemas complejos está en función del aprendizaje acumulado y de la educación que ha recibido. (Hamel y Cols. 1985)

El efecto de los logros intelectuales del adolescente no está ilimitado necesariamente por el área de problemas específicos por resolver. En el proceso de exploración de estas nuevas capacidades el adolescente pierde realmente, algunas veces, el contacto con la realidad y siente que puede realizarlo todo sólo con pensarlo, en la esfera emocional el adolescente llega a ser capaz de orientar las emociones hacia ideales abstractas y no necesariamente hacia las personas. (Ardila, L.M., 2007)

De acuerdo con los estadios propuestos por J. Piaget, Lawrence Kohlberg (1970) plantea estadios más elaborados, construidos intencionadamente como una extensión del trabajo del primero, en función de confeccionar un conjunto de dilemas morales más complejos derivados precisamente por el desarrollo cognitivo. Por lo tanto, en la adolescencia se pasa del nivel convencional al nivel postconvencional. La moral convencional es la de la sumisión a las reglas o "moralidad del buen chico" (estadio 3) y de cumplimiento del deber (estadio 4). La nueva moral es, sin embargo, la de los principios morales asimilados; ahora se entiende la moralidad como coincidencia con baremos compartibles, derechos y deberes, y normas, pero solo en la medida en que

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sirven a intereses humanos o moralidad del contrato social (estadio 5) y moralidad de los principios éticos de conciencia (estadio 6). Para Kohlberg, el desarrollo cognitivo es un principio necesario para llegar a estos niveles de desarrollo moral, pero no suficiente, no alcanzando algunas personas nunca estos estadios. En éste nivel, las normas y los principios dirigen los actos morales del adolescente, antes que los grupos o, incluso, la sociedad como tal.

Son precisamente estos cambios, que hacen que el adolescente comience a tener plena conciencia de que está experimentando nuevas transformaciones hacia la vida adulta. La pretensión del adolescente en materia de nuevos derechos derivados por lo descrito por Kohlberg, se extiende principalmente a toda la esfera de las relaciones con los adultos. Comienza a resistirse a las exigencias que antes cumplía de buen grado; se ofende y protesta cuando limitan su independencia y, en general, cuando lo protegen, dirigen, controlan, le exigen obediencia, lo castigan, no consideran sus intereses, relaciones, opiniones, etcétera, como si fuera un “chico”. En el adolescente se exterioriza un sentimiento agudizado de la dignidad personal, se concibe como un hombre al que no se puede humillar, disminuir, privar del derecho a actuar con independencia. El tipo de relaciones con los adultos, vigente en la infancia (reflejo de la situación desigual del niño en el mundo de los mayores), se hace inaceptable para él, no concordante con su idea sobre el grado de su propia adultez. Lo singular de esta forma del desarrollo de la autoconciencia reside en que el adolescente rechaza su pertenencia a los niños, pero carece aún de la sensación de auténtico y cabal adulto, aunque tiende a ello y necesita que los demás lo reconozcan como tal. (Petrovsky, 1981, p. 131)

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Otras fuentes del sentimiento de adultez son sociales. Pueden surgir cuando en las relaciones con los adultos, el adolescente objetivamente no ocupa la posición de niño, participa en el trabajo y tiene obligaciones importantes. Una temprana independencia y la confianza de quienes lo rodean hacen del niño un adulto no sólo en el plano social, sino también en lo subjetivo. El adolescente también comienza a sentirse adulto en caso de que quienes él considera mucho mayores lo traten como a un igual. La misma sensación puede nacer como resultado de que el adolescente establezca la similitud entre él y una persona a la que considera adulta, según uno o varios parámetros (en conocimientos, en la fuerza, la viveza, la valentía). Es por esta razón que los adolescentes tienden al trato y la amistad con sus condiscípulos que gozan de respeto y autoridad. A partir de los 11-13 años la elección de compañeros se basa sobre todo en aspectos individuales del carácter. La simpatía en el momento de la adolescencia se dirige cada vez más hacia la personalidad total del otro; y tiene en cuenta, sobretodo, las cualidades afectivas del otro.

Con el desarrollo de la madurez las posibilidades asociativas se multiplican, y las relaciones sociales se descubren mejor. El adolescente no sólo tiene la necesidad de encontrar un amigo, sino, que de hecho se hace capaz de vivir la amistad dado que tiene la capacidad de sociabilidad.

En la sensibilidad social se distingue entre: sensibilidad ante la persona, y la sensibilidad a las normas del grupo. Son estos dos aspectos los que se manifiestan en las relaciones con los otros, como más característicos en la adolescencia. La amistad juvenil permite que se tome conciencia de la realidad del otro, se forman actitudes sociales, se toma experiencia en las relaciones interpersonales. Si las amistades

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juveniles contribuyen a un aprendizaje de las relaciones interpersonales, el pertenecer a un grupo o a una banda puede aparecer como un aprendizaje de la vida en sociedad. La influencia del grupo de iguales parece decisiva en la adolescencia, en cuanto al sentimiento de pertenencia a un grupo y a la identificación con las actividades propias de ese grupo, como son diversiones, gustos, forma de vestir, música,... Estas influencias se complementan con las ejercidas por los padres en temas relacionados con valores, estudios, futuro, etc.

Por tanto en el periodo adolescente el grupo de iguales cumple un importante papel porque proporciona un entorno en el que los adolescentes ven reforzada su autoestima, en el que pueden experimentar y practicar su nuevo rol, compartir sus nuevos intereses, así como también aprender nuevas habilidades para relacionarse. Este contexto (grupo de iguales) representa además un microsistema relacional estable en un periodo de cambio, que les sirve de referencia en su búsqueda de autonomía e identidad.

Sin embargo, todos estos cambios no actúan de manera aislada e independiente, sino que por el contrario, una de las bases fundamentales que a su vez actúa como consecuencia de estas modificaciones físicas, psicológicas y sociales es el deslumbramiento sorpresivo ante lo que está pasando en sí mismo, coincidiendo con las súbitas transformaciones biológicas del brote puberal y el sentir de nuevas fuerzas y una manera del ser existencial, “una nueva cenestesia”, trae como consecuencia un afán intenso de preguntarse y de detenerse a pensar sobre sí mismo, a examinarse sobre sus posiblidades, sobre sus nuevas sensaciones, sobre sus actitudes, y como corolario, a compararse y a interrogarse con respecto a otros individuos y a otros sexos. Las expresiones de esta autorreflexión son diversos modos de conducta típicos del

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adolescente, los cuales, cuando son algo intensos, pueden formar parte de cualquier cuadro patológico, pero casi siempre son motivo de preocupación de los padres o representantes del adolescente. (Barrera, G y Kerdel, O., 1978, p. 54)

Diversos motivos de preocupación no son más que el lenguaje de este afán introspectivo y de ese deseo constante de hacerse sentir a toda costa por las personas que les rodean; tales como por ejemplo: ensimismamiento o autorreflexión, lo cual se manifiesta por la actitud pensativa, taciturna, poco comunicativa y casi hermética tan frecuente en el adolescente, pudiendo arribar a cuadros más extremos como la depresión. La depresión es uno de los más comunes y más serios problemas de la salud mental que enfrenta la gente hoy en día. Millones de personas en el mundo sobreviven en medio de la depresión. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que la depresión se convertirá en el año 2020 en la segunda causa de incapacidad en el mundo, detrás de las enfermedades isquémicas (infartos, insuficiencia coronaria, accidente cerebrovascular) mientras que en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar. (Antonini, C., 2008)

En la actualidad, 121 millones de personas sufren depresión y la carga que representan las enfermedades depresivas está aumentando. La OMS advierte que una de cada cinco personas llegará a desarrollar un cuadro depresivo en su vida, y este número aumentará si concurren otros factores como enfermedades médicas o situaciones de estrés. A nivel mundial, la incidencia de esta enfermedad es hasta dos veces más alta en las mujeres que en los hombres. También se observa que la depresión afecta cada vez más a los niños y jóvenes donde la depresión mayor se da entre un 2% y un 4% y el trastorno distímico entre un 8% y un 6% en los países del primer mundo.

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El DSM-IV indica que los trastornos afectivos de la infancia y la adolescencia tienen los mismos aspectos esenciales que los trastornos afectivos de los adultos, con dos excepciones. En primer lugar, el estado de ánimo principal ha sido modificado en niños y adolescentes para permitir la inclusión del síntoma de irritabilidad como un equivalente depresivo en jóvenes, mientras que en adultos y ancianos la irritabilidad no se considera un criterio diagnóstico especifico que pueda contribuir al diagnóstico de depresión.

En segundo lugar, en vez de mantener una adherencia estricta al criterio de pérdida de peso para niños y adolescentes, y dado que se espera que un niño o adolescente con un desarrollo normal seguirá creciendo a lo largo de la mayor parte de la adolescencia, el DSM IV-TR especifica que un paciente pediátrico puede presentar el criterio de falta de apetito y alteración del peso por no alcanzar el peso y altura esperados normalmente. Los niños raramente presentan hipersomnia durante episodios depresivos, y los niños y adolescentes pueden ser menos susceptibles a síntomas psicóticos tales como las ideas delirantes durante el curso de un episodio depresivo cuando se comparan con adultos o ancianos; sin embargo en general, la manifestación sintomática no es fácilmente distinguible entre adultos y jóvenes. (Kovacs, 1996)

Desde una perspectiva clínica, el término depresión se utiliza en tres sentidos: síntoma, síndrome y enfermedad.

La depresión como síntoma es una afección del estado de ánimo que engloba sentimientos negativos tales como tristeza, desilusión, frustración, desesperanza, debilidad, inutilidad, y puede formar parte de la clínica de otros trastornos psíquicos. En

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un sentido amplio puede ser caracterizado por la vivencia de tristeza o de "sentirse deprimido".

La depresión como síndrome agrupa un conjunto de síntomas psíquicos y somáticos (tristeza patológica, inhibición, sentimientos de culpa, minusvalía y pérdida del impulso vital) que configura el diagnóstico clínico y psicopatológico.

La depresión como enfermedad configura una entidad nosológica que es definida a partir del síndrome clínico y en la que puede ser delimitada una etiología, una clínica, un curso, un pronóstico y un tratamiento específico.

El Comité para la Prevención y Tratamiento de las Depresiones (PTD) define la depresión como un síndrome que agrupa síntomas somáticos y síntomas psíquicos en torno a un núcleo central, en el que se encuentran la tristeza patológica, la pérdida de impulsos, el vacío, etc., que determina un estado de ánimo de tipo negativo característico. Se establece sobre un trastorno biológico en el que intervienen fundamentalmente alteraciones de la neurotransmisión a nivel de la sinapsis del SNC. Esta alteración, puramente funcional, es reversible y puede ser recurrente.

En general, cualquier persona deprimida es probable que presente un conjunto de síntomas y signos que se pueden concretar en 5 grandes núcleos básicos:

Síntomas anímicos

La tristeza es el síntoma anímico por excelencia de la depresión. Pero aunque los sentimientos de tristeza, abatimiento, pesadumbre o infelicidad son los más habituales, a veces el estado de ánimo predominante es la irritabilidad, sensación de vacío o nerviosismo. Incluso en casos de depresiones graves el paciente puede llegar a negar sentimientos de tristeza, alegando con aparente inmutabilidad que ahora es incapaz de

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tener ningún sentimiento; en estos casos es normal que los pacientes digan que les es imposible llorar.

Síntomas motivacionales y conductuales

La anhedonia o pérdida de la capacidad de disfrute es junto con el estado de ánimo deprimido el síntoma principal de un estado depresivo. Levantarse de la cama por las mañanas o asearse pueden convertirse en tareas casi imposibles y, en muchos casos, se abandonan el estudio, trabajo, etc. en su forma más grave este tipo de inhibición conductual se conoce como retardo psicomotor, un enlentecimiento generalizado de las respuestas motoras, el habla, el gesto, y una inhibición motivacional casi absoluta. Síntomas cognitivos

El rendimiento cognitivo de una persona deprimida está afectado. La memoria, la atención y la capacidad de concentración pueden llegar a resentirse drásticamente incapacitando su desempeño en tareas cotidianas. Pero aparte de estos déficit formales, el contenido de las cogniciones esta alterado, la valoración que hace una persona deprimida de sí misma, de su entorno y de su futuro suelen ser negativas. La autodepreciación, la autoculpación y la pérdida de autoestima suelen ser contenidos claves de las cogniciones de estas personas.

Síntomas físicos

Un 70 u 80% padecen problemas de sueño. Normalmente se trata de insomnio (problemas para quedarse dormido, despertares frecuentes a lo largo de la noche, o despertar precoz), si bien en un pequeño porcentaje puede darse hipersomnia. Otros síntomas físicos son: fatiga, pérdida de apetito, disminución del deseo y la actividad sexual que, en los hombres incluso puede acompañarse de problemas en la erección.

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También los deprimidos se quejan con frecuencia de molestias corporales difusas: dolores de cabeza, de espalda, náuseas, vómitos, estreñimiento, micción dolorosa, visión borrosa, etc.

Síntomas interpersonales

Una importante característica de las personas deprimidas es el deterioro en las relaciones con los demás. Estos pacientes normalmente sufren el rechazo de las personas que les rodean, lo que a su vez reactúa aislándoles aún más. Esta área puede ser el foco de interés en el futuro, puesto que un funcionamiento interpersonal inadecuado en estos pacientes ha mostrado ser un buen predictor de un peor curso de la depresión.

El DSM-IV plantea los siguientes niveles de gravedad para la depresión:

Ligero: para cuadros en los que existan pocos síntomas más que los mínimos requeridos para el diagnóstico, y el deterioro laboral o social existe pero es pequeño.

Moderado: deterioro social moderado.

Grave no psicótico: presencia de bastantes síntomas más que los mínimos requeridos y además existencia de un deterioro marcado ocupacional, social o interpersonal.

Con características psicóticas: episodios en los que existen delirios o alucinaciones. En este caso conviene señalar, si es posible, si estos síntomas son congruentes con el estado de ánimo (delirios de pobreza o enfermedad, o voces inculpatorias) o incongruentes (delirios de persecución, inserción de pensamiento, etc.): se supone que el tipo de síntomas psicóticos puede afectar el curso general del trastorno.

En remisión parcial: estado intermedio entre “ligero” y “en remisión total”.

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Lo que podemos observar en las personas es que su conducta, su pensamiento y sus emociones están alteradas, por lo que encontraremos; una persona negativa en su forma de enfrentar el mundo y su cotidianeidad, así como su futuro; negativismo respecto a sí mismo/a y hacia los demás, desesperanza, disminución en la capacidad de autocuidado o en la de brindar cuidado a los otros; su forma de relacionarse con los demás se altera, disminuye su calidad de vida, así como la calidad del trabajo que la persona está acostumbrada a sobrellevar y empeora su condición física en general. (Fernández, A. 1998).

En algunas ocasiones las personas intentarán disfrazar estas características de la enfermedad, por lo que se pueden encontrar algunas variantes en las descripciones anteriores, tales como no comentar que se siente triste, decaída y deprimida; pero las demás personas si observan cambios en su conducta y ánimo habitual; se nota anhedonia importante, se aíslan poco a poco, intentan esconder sus pensamientos negativos, hay un comportamiento autodestructivo que lo quieren disimular; por ejemplo, rehusar frecuentemente a participar en actividades, si la persona sufre de alguna enfermedad rechaza la medicación, mucha irritabilidad, múltiples quejas somáticas sin fundamento aparente. Y en niños/as y adultos mayores puede pasar desapercibida debido a la atipicidad de la población.

Aarón Beck, teórico de la Terapia Cognitiva (Beck, 1970) hace mucho énfasis en el potencial de estas personas para percibir negativamente el ambiente y los acontecimientos que le rodean. Por su parte, Lynn P. Rehm (en

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Caballo y cols., 1998), quien lleva diecisiete años realizando investigaciones sobre depresión, encontró los siguientes componentes psicológicos:

1. Las personas con depresión atienden selectivamente a acontecimientos negativos de sus vidas (lo que Beck llama abstracción selectiva).

2. Atienden selectivamente a las consecuencias inmediatas, y no a las demoradas, de su conducta.

3. Establecen exigentes patrones de evaluación para su conducta, a menudo son perfeccionistas y ven que su conducta nunca es tan buena como debería ser, se rigen por el “todo o nada”, y esta evaluación se aplica más a sí mismos/as que a los demás.

4. Tienden a hacer atribuciones internas en el caso de acontecimientos negativos y atribuciones externas en el caso de sucesos positivos.

5. Se autoadministran recompensas contingentes insuficientes.

6. Se autoadministran un castigo excesivo, esto debido a una fuerte culpa y autocrítica.

En los factores predisponentes se encuentran: episodios depresivos previos, historia familiar de depresión, estrés severo o inesperado. El reporte de la OMS (2001) informa que estudios en el campo de la psicología ha mostrado que ciertos tipos de trastornos de conducta, tales como la ansiedad y la depresión pueden resultar cuando la persona fracasa al intentar lidiar o enfrentar adaptativamente los eventos de la vida diaria.

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El Manual de Diagnóstico Estadístico de los trastornos mentales (DSM – IV, 1994) clasifica el episodio depresivo mayor de la siguiente manera:

A. Al menos cinco de los síntomas siguientes han estado presentes durante un período de dos semanas y representan un cambio respecto al funcionamiento previo; al menos uno de los síntomas tiene que ser un estado de ánimo deprimido o una pérdida de interés o de capacidad para el placer. 1. Estado de ánimo deprimido, durante la mayor parte del día, casi todos los

días.

2. Una notable disminución del interés o del placer en todas, o casi todas las actividades.

3. Pérdida significativa del peso, sin seguir una dieta, o aumento de peso, o aumento o disminución del apetito casi todos los días.

4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.

5. Agitación o enlentecimiento psicomotor (observable por los demás). 6. Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.

7. Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva o inapropiada (casi todos los días).

8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi todos los días.

9. Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio o un intento de suicidio. B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto.

C. Los síntomas causan un malestar o deterioro clínicamente significativo en el funcionamiento social, laboral o en otras áreas importantes.

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D. Los síntomas no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia psicoativa o a una enfermedad médica.

E. Los síntomas no se explican mejor por el duelo (p. Ej., después de la muerte de un ser querido, los síntomas persisten más de dos meses o se caracterizan por un notable deterioro funcional, una preocupación mórbida con la inutilidad, ideas suicidas, síntomas psicóticos o enlentecimiento motor).

El Trastorno depresivo mayor es el que se emplea para describir a una persona que presenta un episodio depresivo mayor y además cumple una serie de condiciones adicionales:

• Nunca ha tenido un episodio de manía o de hipomanía (en cuyo caso estaríamos frente a un trastorno bipolar); y

• No se trata de un caso de esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, o un trastorno psicótico, es decir, no se trata de un problema “jerárquicamente” superior a los trastornos del estado de ánimo.

Sólo se pueden diagnosticar dos tipos de Trastorno depresivo mayor:

• De episodio único: para aquellos que el episodio actual sea el único que hallan tenido en sus vidas.

• Recurrente: para aquellos casos en los que ha habido por lo menos algún otro episodio depresivo mayor en su vida)

El curso de la depresión mayor es muy variable. Aunque la mayor parte de las personas que sufren un episodio depresivo acaban recuperándose en 1 o 2 años, aproximadamente un 15% de los casos va a tener un curso crónico (2 años o más deprimidos), en concreto,

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el 18% de los pacientes con depresión permanecería deprimido tras dos años de seguimiento, y el 10% estaba aún deprimido al cabo de 5 años.

Factores que incrementan la probabilidad de la recurrencia y/o recaídas en la depresión: • Trastorno bipolar

• Antecedentes de cronicidad previa • Número de episodios previos • Gravedad del episodio inicial • Mala respuesta al tratamiento agudo. • Comienzo tardío del primer episodio • Mayor edad

• Pocas semanas o meses desde el último episodio • Presencia de estresores psicosociales crónicos. • Presencia de distorsiones cognitivas no tratadas.

El mayor riesgo de recaídas está en los primeros meses después de recuperarse de un episodio depresivo. El primer año constituye un período de alto riesgo, pero a medida que transcurre el tiempo sin que haya una recaída, la posibilidad de otro episodio es cada vez menor. La existencia de varios episodios previos de depresión en el curso de la vida hace que la probabilidad de recaída sea también mayor. Otro importante predictor de recaídas es el tipo de depresión: las depresiones secundarias tienen un peor pronóstico que las primarias.

Por último, los casos en los que hay síntomas psicóticos, especialmente si son incongruentes con el estado de ánimo, se recuperan más lentamente que los deprimidos

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sin síntomas psicóticos, aunque a largo plazo sus tasas de recuperación son prácticamente iguales.

Episodio Depresivo Mayor Melancólico (DSM-IV)

El DSM-IV propone que un episodio depresivo puede tener características de “melancolía” cuando ocurren una serie de síntomas. No obstante aunque persiste este subtipo de clasificación en todos los sistemas diagnósticos, hay dudas sobre su validez. En general el patrón de melancolía no implica mayor gravedad ni una causa diferente, sino mayor componente de síntomas vegetativos y anhedonia. Este tipo se presenta: A. Durante el período peor del episodio actual:

a) Pérdida de placer generalizada, o

b) Falta de reactividad ante estímulos positivos.

B. Presencia de por lo menos TRES de los siguientes síntomas: 1) Cualidad diferente del estado de ánimo.

2) Normalmente peor por las mañanas. 3) Insomnio tardío.

4) Retardo o agitación psicomotriz.

5) Anorexia significativa o pérdida de peso. 6) Culpa excesiva o inapropiada.

Trastorno Distímico (DSM-IV)

Se trata de estados depresivos muy prolongados, prácticamente crónicos, que sin llegar a cumplir los criterios del” episodio depresivo mayor” se caracterizan por la presencia de síntomas depresivos:

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A. Estado de ánimo deprimido prácticamente todo el día, y más días presente que ausente, durante al menos DOS AÑOS.

B. Presencia de al menos TRES de los siguientes síntomas, que acompañan este estado de ánimo:

1) Baja autoestima, baja autoconfianza o sentimientos de inadecuación. 2) Pesimismo, desesperación o desesperanza.

3) Pérdida generalizada del interés o placer. 4) Aislamiento social.

5) Fatiga o cansancio crónicos.

6) Sentimientos de culpa o repaso del pasado. 7) Sensación de irritabilidad o ira excesivas. 8) Eficacia general disminuida.

9) Problemas de concentración, memoria o indecisión.

• Durante esos 2 años, no ha habido un período de más de dos meses libre de los síntomas de A y B.

D. En los primeros dos años del trastorno no hubo un episodio depresivo mayor, de modo que el trastorno no puede considerarse un trastorno depresivo mayor crónico o en remisión parcial.

E. Nunca ha habido un episodio maníaco o hipomaníaco.

F. No ocurre exclusivamente en el curso de un trastorno psicótico como esquizofrenia o trastorno delirante.

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La diferencia fundamental con los trastornos depresivos mayores es que los distímicos muestran una sintomatología de tipo semejante pero menos grave, más sostenida en el tiempo, y rara vez requiere hospitalización.

Un aspecto importante en el diagnóstico de la distimia consiste en efectuar una adecuada exclusión de otras posibilidades diagnósticas. En primer lugar, una distimia no es un estado de depresión subsindrómica tras experimentar un trastorno depresivo mayor. Por ejemplo: si la primera experiencia de trastorno afectivo de un paciente fue un trastorno depresivo mayor hace tres o cuatro años y aunque mejoró mucho nunca se ha mejorado del todo, no nos encontramos frente a un caso de distimia -aunque cumple los criterios A y B- sino en un caso de trastorno depresivo mayor en remisión parcial. Otro aspecto a tener en cuenta es que, al tratarse de un trastorno depresivo, el paciente nunca ha debido tener en su vida un episodio de manía o hipomanía. Finalmente se requiere que este cuadro no sea debido a trastornos psicóticos ni al uso de medicamentos o drogas.

Por definición, la distimia se diagnostica como un cuadro caracterizado por la persistencia de prolongada de síntomas depresivos que, en ocasiones, en períodos de exacerbación de síntomas, puede llevar a la manifestación de un episodio depresivo. Los datos de recuperación de la distimia son, en consecuencia, peores que los de la depresión. Por ejemplo, los distímicos tienen una tasa de recuperación en torno al 40% al cabo de un año, mientras que los pacientes con depresión mayor era casi del doble (un 75%) en ese mismo período. Por otro lado los pacientes con depresión doble se recuperan antes del episodio depresivo que los pacientes que sólo presentan episodios depresivos mayores, las recaídas son más rápidas que en estos últimos, lo que indica que

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en las depresiones dobles, los cambios son más rápidos pero las mejorías más transitorias.

Trastorno depresivo no especificado.

Permite dar nombre a aquellos trastornos depresivos que el clínico juzga que no se adecuan bien ni al concepto de trastorno depresivo mayor ni al de distimia. El DSM-IV incluye diversos tipos de depresiones que pueden ser clasificadas en este apartado: • Trastorno disfórico premenstrual: síntomas depresivos casi sistemáticos que se

dan durante la última semana del ciclo menstrual y que remiten en los primeros días de la menstruación.

Depresión pospsicótica en la esquizofrenia: aparición de un episodio depresivo mayor durante la fase residual de los episodios esquizofrénicos.

Depresión menor: Trastorno en el que se cumplen las dos semanas requeridas de síntomas para el episodio depresivo mayor, pero sin embargo se dan menos de los cinco síntomas requeridos para este diagnóstico

Trastorno depresivo breve recurrente: trastorno caracterizado por la presencia de cortos episodios depresivos -con una duración entre dos días y dos semanas- produciéndose al menos una vez al mes durante los 12 meses.

Trastornos Bipolares Síntomas de la Manía

En sus manifestaciones más leves (hipomanía), la manía es en cierta medida lo contrario de la depresión. Sin embargo, cuando comienza ser problemática clínicamente, la manía no es exactamente contraria a la depresión. Aunque hay casos en los que un estado de alegría desbordante inunda al paciente, en la mayoría se mezclan estados de

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irascibilidad, a veces explosiva y furiosa. La característica fundamental de la manía es la expansividad anímica y cognitiva.

Las personas afectadas por este trastorno están imbuidas de una sensación y omnipotencia. Son más productivas de lo normal en ellas y más apasionadas. Pero estos días felices duran poco. Pronto la rapidez de pensamiento se convierte en pensamiento apresurado, atropellado. Las ideas se remolinan. La sexualidad y en general el nivel de energía aumenta y e razonamiento se deteriora. Se formulan planes grandiosos. Cuando la persona maníaca se enfrenta la resistencia y objeciones de los demás, se vuelve irritable, hostil, paranoide, agresiva y, a veces, psicótica. Raramente esa agresividad desemboca en una abierta agresión. Las consecuencias de esta energía maníaca pueden ser terribles: perdidas amorosas, de trabajo o económicas.

Se comparten algunos síntomas característicos de los estados depresivos: problemas de sueño, trastornos del apetito o de la ingesta.

Trastornos bipolares I y II

Los bipolares I son personas que presentan o han presentado alguna vez en su vida algún episodio maníaco. El estado de ánimo actual de un bipolar I puede ser, sin embargo, maníaco, depresivo, hipomaníaco o bien una mezcla heterogénea de componentes depresivos y maníacos (mixtos). Esto es lo que distingue a los subtipos del bipolar I. Cabe la posibilidad de que la persona tenga en la actualidad un episodio maníaco y nunca haya tenido un episodio depresivo; en este caso existe una categoría adicional: “bipolar I, con episodio maníaco único”. En cuanto a los bipolares II, se trata de personas que, habiendo padecido episodios depresivos hipomaníacos, nunca han padecido un episodio completo de manía.

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Los pacientes bipolares presentan más episodios afectivos a lo largo de la vida (una media de unos 8 episodios) que los pacientes unipolares. En los trastornos bipolares los episodios tienen menor duración que en los unipolares (unos 4 meses cada uno). Es interesante resaltar que la duración del episodio maníaco o depresivo no depende de la gravedad de los síntomas presentes en el episodio.

Trastorno Ciclotímico

La ciclotimia se caracteriza por presentar un patrón semejante a los trastornos bipolares pero con una sintomatología menos grave y más continua a lo largo del tiempo. Normalmente el paciente ciclotímico presenta periodos breves (entre 2 y 6 días) con depresión y euforia alternantes. También normalmente existe un “equilibrio” entre síntomas depresivos e hipomaníacos, aunque en algunos pacientes pueden predominar más unos sobre otros (más frecuentemente la depresión sobre la hipomanía). En su diagnóstico debe tenerse en cuenta:

A. Numerosos periodos con síntomas hipomaníacos y numerosos períodos con estado de ánimo deprimido o perdida de placer (pero sin llegar nunca a satisfacer los criterios de Episodio depresivo mayor) durante al menos 2 años.

B. Durante esos dos años no ha habido un período de más de 2 MESES libre de los síntomas de A.

C. Nunca se han cumplido criterios de Episodio depresivo mayor.

D. En los dos primeros años del trastorno no ha existido un episodio maníaco.

E. Los síntomas de A no son explicables por un trastorno psicótico como Esquizofrenia o Trastorno delirante.

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De acuerdo con A. Polaino (1988) el diagnóstico de depresión infantil constituye un importante reto, en primer lugar, porque la nosología, respecto de la depresión en el adulto, actualmente vigente, no puede trasladarse sin ninguna matización al ámbito infantil; más aún si se hiciera se incurriría en una forzada extrapolación. La depresión infantil es otra cosa muy distinta (al menos sintomatológicamente) que la depresión en el adulto. En segundo lugar, porque la edad es una variable no solo interviniente sino moduladora, del modo en que se manifiesta sintomatológicamente la depresión en el niño. (p. 38)

Una de las características comunes de la depresión es que en las adolescentes del sexo femenino, sobre todo a partir de los 12 años, tienden a presentar sintomatología depresiva más frecuentemente que los varones (del Barrio, 1997), la proporción se suele establecer en tres niñas por cada niño, antes de la pubertad no suelen encontrarse estas diferencias. Las hormonas sexuales femeninas parecen modular de alguna manera el desarrollo y la gravedad de los cuadros depresivos en las mujeres. Los cambios en la vida y los cambios hormonales asociados con la mestruación, embarazo, aborto, período postparto y menopausia, pueden contribuir o ser factores detonantes de la depresión. Las causas de la depresión infantil son múltiples y en la mayor parte de las ocasiones se superponen. Hay un conjunto de elementos que se podrían llamar patógenos y que se suman o interactúan entre sí. En ellos se encuentra la explicación del desencadenamiento de toda conducta desajustada, entre las que, por supuesto, se encuentra la depresión. Estos factores pueden ser tanto de carácter personal como social y en la mayor parte de los casos una combinación de ambos.

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Algunas de las causas se refieren principalmente al sujeto, tanto desde un punto de vista estrictamente físico como psicológico, y otros al entorno. Con respecto al individuo, la personalidad y su conjunto de estructuras orgánicas pueden desencadenar tanto conductas normales como patológicas; por ejemplo los sujetos introvertidos, poco sociables y retraídos corren más riesgo de llegar a ser deprimidos que los extrovertidos (Hills y Argyle, 1998). Además los niños con un temperamento difícil tienen una mayor probabilidad de desarrollar problemas de conducta y todos los especialistas han subrayado la mayor representación de este grupo en la población infantil clínica. La investigación entre temperamento y depresión tiene una menor envergadura de investigación que otros temas. La razón de esto es probablemente la dificultad que hay en la evaluación del temperamento infantil usando como fuente los niños, en la mayor parte de las ocasiones son los padres los informantes. La baja concordancia que se encuentra entre los informes dados por los adultos y niños en todo lo referente a emociones añade una dificultad a investigar este tema. Sin embargo, los datos apuntan a que una baja sociabilidad y una alta emocionalidad suponen un riesgo mayor para la aparición de la depresión infantil.

La autoeficacia es otro factor que se relaciona al respecto; el concepto que pretende explicar las condiciones que debe reunir un sujeto para ser competente en la solución de los problemas que se le presentan. Cuando se es eficaz la probabilidad de ser feliz se multiplica puesto que solucionar problemas no sólo facilita la vida sino que acrecienta la satisfacción con uno mismo; el enfrentamiento con los problemas de la vida genera una determinada situación emocional: el éxito proporciona contento y el fracaso abatimiento.

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Los trabajos de Caprara y Col (1998) muestran cómo el rendimiento académico, la autoeficacia y la depresión forman una triada muy consistente.

La autoestima es otro factor que contribuye al funcionamiento normal o no en los individuos. Es muy importante que el niño, desde el principio sepa conocerse a sí mismo y sea capaz de valorar sus cualidades y limar sus defectos. Sentirse querido y valorado es la semilla de una apreciación positiva de sí mismo, además el conocimiento objetivo de las capacidades y posibilidades de un niño es el principio para lograr mantener ese equilibrio. Cuando la autopercepción es negativa no es raro encontrar sentimientos de tristeza, desesperanza y aún de depresión. Los deprimidos en general, y también los niños, tienden a hacer juicios en los que se sienten responsables de las cosas que van mal, este es un estilo atributivo característico de la depresión. (Seligman, 1975). El afrontamiento adecuado a las adversidades es otro elemento importante para resistir los embates de la adversidad y generar estrategias que permitan el enfrentamiento a la realidad que representa una amenaza. La frustración de un deseo puede generar agresividad, por tanto enseñar a un niño técnicas de resistencia puede producir un tipo de educación que evite la sobreprotección.

También es necesario tener en cuenta que la depresión puede tener unas bases biológicas. Esta tiene su origen en una disfunción de los mecanismos neurofisiológicos que regulan la conducta ya sean éstos de carácter hereditario o adquirido. Recientes estudios han encontrado una correlación muy moderada entre síntomas depresivos en gemelos monocigóticos. (Eley y Stevenson, 1999)

Muchos expertos han señalado que la sociedad juega un papel fundamental en la explicación de estos fenómenos como la depresión. La adecuación del control

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emocional de un niño o un adolescente tiene que ver con su educación sentimental que el entorno familiar lleva a cabo desde la cuna. Hay dos rasgos familiares que guardan una estrecha relación con la depresión: la estabilidad y la afectividad. Cualquier carencia en ellas puede desencadenar la aparición de la depresión infantil y ello no sólo si se dan en épocas precoces sino también durante la adolescencia. (Olsson et al, 1999)

El incremento de los conflictos familiares es una de las causas relacionadas con la depresión en jóvenes (Hammen y Cols, 1999). La irritabilidad en los niños puede conducir a frecuentes interacciones insatisfactorias con los padres o hermanos. Los conflictos pueden aparecer por el incremento de problemas académicos en los niños, y los padres pueden alarmarse, preocuparse o, con frecuencia, enfadarse a causa del empeoramiento en el rendimiento académico. Pueden aparecer disputas relacionadas con los roles familiares cuando un niño con depresión grave es incapaz de mantener determinadas funciones que previamente le han sido asignadas o que el mismo ha asumido. (Verbitz, T., Petteno, L. y Muriana E., 2007)

También la aparición de acontecimientos vitales en la vida del adolescente puede estar asociada a la depresión. Es evidente que los acontecimientos negativos producen en la mayor parte de las personas un malestar de carácter transitorio. Cuando ese malestar se convierte en duradero y crónico puede llegar a transformarse en una depresión. La relación entre experiencias negativas y depresión en niños se ha encontrado constantemente en investigaciones españolas y extranjeras (Mazza y Reynolds, 1999; Moreno y del Barrio, 1995)

Ya se ha mencionado la importancia de considerar las características personales como la extroversión, pero la sociabilidad se aprende y puede o no estar potenciada por

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el entorno (Schneider, 1999). Quizás un mundo desarrollado fomenta la soledad, porque proporciona los recursos necesarios para la independencia; pero como él es un ser esencialmente sociable la carencia de una relación intensa con los otros le produce una profunda insatisfacción. La mayor parte de los investigadores del tema han encontrado que la dificultad de comunicación social, el fracaso en la tarea de hacerse amigos, el rechazo de los compañeros guarda una alta correlación positiva con la depresión infantil. (del Barrio, 1997)

Otros elementos relacionados con las causas y consecuencias de la depresión pueden estar relacionados con el bajo rendimiento académico, los problemas de absentismo y fracaso escolares son problemas concomitantes comunes en niños y adolescentes con depresión (Hammen y Cols, 1999), aunque también pueden ser la causa principal de este tipo de problemáticas. En niños, adolescentes y adultos generalmente se acepta que los componentes cognitivos de los síndromes depresivos dificultan extremadamente el mantenimiento de un nivel académico o rendimiento profesional normales. Las personas jóvenes con depresión a menudo experimentan problemas a causa de una disminución del interés subjetivo en el progreso académico, tienen dificultades para concentrarse y prestar atención tanto en clase como a la hora de hacer los deberes en casa, y manifiestan una pérdida de la energía y motivación requeridos para el éxito académico y hasta dejan completamente de asistir a la escuela; la depresión clínica es uno de los diagnósticos psiquiátricos más comunes entre la población de jóvenes que se niegan a ir al colegio.

Otra de las cuestiones importantes es tener en cuenta que no es extraño, especialmente en adolescentes, que el primer motivo de consulta de la depresión sea una

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crisis suicida. Las crisis pueden ser el resultado directo o indirecto de la expresión de pensamientos o ideas suicidas, o de una forma de comportamiento autolesivo, que oscila desde la autolesión no suicida (por ejemplo, hacerse rasguños superficiales en la piel de las muñecas) hasta atentados graves contra la propia vida, acompañados de un deseo expreso de morir.

Los síntomas afectivos pueden ser anteriores, simultáneos o posteriores a un periodo de consumo o abuso de sustancias ilícitas en niños y adolescentes. El consumo y abuso de marihuana entre adolescentes con depresión es habitual, y su descubrimiento por parte de las autoridades o figuras parentales puede dirigir al niño en cuestión a algún tipo de consulta o tratamiento en salud mental.

De acuerdo con todo lo planteado anteriormente, en la actualidad como una alternativa de atención a estos fenómenos se recurren a las acciones psicoeducativas que promueven la atenuación o eliminación de estas dificultades en los educandos.

Cuando se refiere a la Psicoeducación, se convoca la idea de dos ámbitos (salud-educación) que están relacionados inextricablemente. Toda práctica en el campo de la educación es una práctica socio sanitaria: se trata de un trabajo intelectual mediatizado por los decires singulares de los diversos protagonistas, los episodios cotidianos, los hechos y los acontecimientos que objetivan y materializan una realidad inaprensible de otro modo.

De acuerdo con Hogarty (1986), la psicoeducación “Consiste en una aproximación terapéutica en la cual se proporciona a los familiares de un paciente información específica acerca de la enfermedad, y entrenamiento en técnicas para afrontar el problema”. Esta propuesta parte de la creencia de que los familiares generalmente son

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