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Modelo teórico sobre el voto: el significado como eje entre factores sociales y personales

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 120

MODELO TEÓRICO SOBRE EL VOTO: EL

MODELO TEÓRICO SOBRE EL VOTO: EL

SIGNIFICADO COMO EJE ENTRE FACTORES

SIGNIFICADO COMO EJE ENTRE FACTORES

SOCIALES Y PERSONALES

SOCIALES Y PERSONALES

Theoretical model about voting: Meaning as axis between social and personal factors

Modelo teórico sobre o voto: o significado como eixo entre fatores sociais e pessoais

Carlos Ascencio Garrido – Universidad Católica Silva Henríquez

Endereço para correspondência: Escuela de Psicología Universidad Católica Silva Henríquez.

General Jofré 462, Santiago, Chile

[email protected]

Carlos Ascencio Garrido

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 121

Resumen

El objetivo del presente artículo es presentar los elementos básicos de un modelo teórico que describa el proceso de elección y el voto como un constructo social comprensible desde la psicología. Para lo anterior, se hace un recorrido teórico desde las diferentes aproximaciones, sociales e individuales, que se han realizado para explicar este fenómeno. Posteriormente se presenta un modelo integrativo que rescata el rol de la construcción de significado como eje articulador entre los factores sociales/culturales y los procesos cognitivos. Se reflexiona finalmente sobre la construcción del significado como un punto que rescata la particularidad histórica y contextual de la política, en particular la chilena, para poder generar una visión coherente del voto.

Palabras-clave: voto, modelos teóricos, psicología política.

Abstract

The aim of this article is to present the basic elements of a theoretical model describing the election process and voting as a social phenomenon from a psychological perspective. In order to do this, a theoretical exposure is made from the different approaches that have been made to explain this phenomenon. Subsequently an integrative model that rescues the role of the construction of meaning as the link between social/cultural factors and cognitive processes is presented. Finally, A reflection is made, on the construction of meaning as a point that rescues the particular historical and political context, particularly in Chile, to generate a coherent vision of vote.

Keywords: voting, theoretical models, political psychology.

Resumo

O objectivo do presente artigo é apresentar os elementos básicos de um modelo teórico que descreva o processo de eleição e o voto como um constructo social compreensível desde a psicologia. Para o anterior, faz-se um percurso teórico desde as diferentes aproximações, sociais e individuais, que se realizaram para explicar este fenómeno. Posteriormente, apresenta-se um modelo integrativo que resgata o papel da construção de significado como eixo articulador entre os factores sociais/culturais e os procesos cognitivos. Reflexiona-se finalmente sobre a construção do significado como um ponto que resgata a particularidade histórica e contextual da política, em particular a chilena, para poder gerar uma visão coerente do voto.

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 122 El voto es un comportamiento que vincula a la persona ante una comunidad con la

cual comparte la decisión de elegir representantes que dirijan y administren los recursos

compartidos, dando un sentido al espacio común y entregando una interpretación de las

condiciones sociales, exteriores e interiores, para una sociedad enmarcada en un país en

particular. Se entiende como una expresión de soberanía popular, una forma

reglamentada de intervenir en el desarrollo de políticas públicas y en los valores que

sustentan a esta comunidad (Ascencio, 2008).

La explicación del voto es un tema de larga data y tradicional en el campo de

investigación de la psicología política. Lo reiterativo de las elecciones en las

condiciones que ofrece una democracia estable, la aparente simpleza de una elección

entre un escaso número de opciones y la importancia social del acto en sí mismo

podrían explicar en parte la frecuencia con la cual este tema es considerado en la

literatura especializada (Quattrone & Tversky, 1988).

Al realizar una revisión panorámica de los diferentes modelos teóricos que han

tratado de explicar de forma completa el voto, es posible encontrar visiones que han ido

abarcando cada uno de los aspectos relevantes que inciden, predicen o condicionan el

proceso de toma de decisiones en este acto social (Montecinos, 2007). Desde los

aspectos institucionales e incluso geográficos, hasta el proceso de socialización,

fidelización y los factores específicamente psicosociales, como la actitud y los procesos

asociados a la toma de decisiones, tales como los heurísticos y las evaluaciones de costo

beneficio, en una visión económica y racional; todos ellos han sido analizados por cada

uno de estos modelos. A continuación se expondrán algunos de los elementos más

destacados de estas construcciones teóricas, para luego articularlos en un modelo

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 123

Modelos teóricos sobre el voto

Modelos grupales/colectivos

Inicialmente, la aproximación teórica del voto surgida de las investigaciones de Paul

Lazarsfeld (1960) asume que el origen sociodemográfico, familia, amigos y las redes

sociales serían determinantes en la generación de la opinión política (Montecinos, 2007;

Pérez, 2006). La idea central a la base de esta teoría es que las personas crean sus

opiniones políticas a partir de las relaciones sociales que tienen en los grupos a los

cuales pertenecen por origen. El grupo social configura una identidad derivada de un

conjunto de creencias propias, a las cuales las personas adscriben por conformidad

(Pérez, 2006). Esto tendría como consecuencia que la decisión de voto no pasa por un

aspecto psicológico, sino más bien social, donde las diferentes clases sociales votan por

los candidatos que pertenecen a los partidos que defienden sus intereses (Eskibel, 2010).

Existen tres aspectos cuestionables asociados al análisis del modelo de Lazarsfeld.

En primer lugar, debería cambiar en la medida en que las clases sociales dejan de ser

una forma de agrupación relevante, en el contexto de una fragmentación y una

reestructuración donde las agrupaciones microsociales vuelven más complejo del

espacio social para el cual este esquema sería una simplificación excesiva y una

interpretación unidimensional (Montecinos, 2007). En segundo lugar, hace referencia al

comportamiento a veces incongruente de los votantes en relación con los grupos de

pertenencia, como el voto por candidatos que no pertenecen ni representan los intereses

de la clase al cual el sujeto pertenece. (Ascencio, 2008). El tercer factor cuestionable en

el modelo de Lazarsfeld es que considera a las demandas y necesidades de los grupos,

que determinan su adhesión a un candidato o coalición específica, como un conjunto de

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 124 Posteriormente a la publicación de las teorías de Lazarsfeld, se encuentra la

propuesta de la Escuela de Michigan, donde el equipo dirigido por Angus Campbell y

Warren Miller focalizan su mirada en elementos de carácter psicológico para

comprender la formación de las preferencias electorales de los votantes (Pérez, 2006).

Este modelo se centra en las actitudes, los mapas cognitivos sobre el medio político y

las percepciones como los puntos de partida de la toma de decisiones a nivel individual.

Sin embargo estos factores, lejos de ser de una interpretación personal de las

condiciones sociales, resultan ser el resultado de un largo proceso de socialización que

construye una identificación con un partido político, elaborada a partir de la pertenencia

a los grupos sociales de los cuales proviene o pretende pertenecer el votante (Campbell,

Converse, Miller, & Stokes, 1960).

En este sentido, las actitudes políticas terminan siendo solamente una forma de

expresión de una serie de valores que la persona posee, formados a través del proceso de

socialización y que determinan su afiliación hacia los partidos políticos (Campbell,

Converse, Miller, & Stokes, 1960). Estas agrupaciones actúan como intérpretes de las

necesidades de distintos grupos sociales a las cuales obedecen de la misma manera en

que han sido concebidos por el modelo de Lazarsfeld. La persona debería ser capaz de

identificar esta relación, adhiriendo al partido que muestre o que defienda los intereses

de su grupo (Montecinos, 2007).

Lo anterior implica que cuando el votante constituye su identidad en relación con el

referente (en este caso el partido) adquiere más contenido de la que inicialmente poseía,

mediante un proceso de ganancia que conlleva la complejización de su propia imagen

en relación con el medio social, incluyendo el contexto político en el cual se enmarcan

las elecciones, las cuales terminan siendo un medio y un terreno de expresión de esa

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 125 El modelo de la escuela de Michigan, al incorporar las actitudes como expresiones

contextualizadas o traducciones de una serie de valores obtenidos por medio de la

identificación partidaria, permite una mayor flexibilidad en la relación que existe entre

el grupo de pertenencia/referencia y la persona como intérprete de dicho grupo. Sin

embargo, se mantienen puntos críticos sobre la capacidad explicativa de esta

aproximación teórica. El primero de ellos es que se sigue considerando a la persona

como un intérprete de las visiones grupales, donde los elementos individuales de la

toma de decisiones son de menor importancia, ya que son expresiones situacionales de

valores previamente adquiridos. El grado de vinculación contextual de las variables

psicológicas como la actitud es relativa en función de las condiciones que se den

socialmente, las cuales deben ser traducidas y elaboradas por los partidos a través un

diagnóstico y un plan de acción a los votantes, de los cuales se pide solamente la

adhesión al proyecto político (Pérez, 2006).

De la misma manera, la idea de una lealtad partidaria como elemento necesario para

la generación de una identidad política, que ordene y estructure la forma en la cual el

votante toma decisiones y se vincule a la sociedad, es propia de un sistema que tiene a

los partidos políticos como actores fundamentales y ejes sociales de la participación

política. Esto podría ser válido particularmente en sistemas políticos donde estas

organizaciones tienen una mayor validación o donde están fuertemente posicionados

como referentes de opinión en la vida social.

En estas nociones teóricas es posible observar un fuerte predominio del grupo por

sobre el individuo. Los procesos psicológicos que pudieran ser observados o incluso

utilizados como factores explicativos del sufragio son solamente expresiones de clases

sociales, grupos de pertenencia e incluso de valores que son una construcción ante la

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 126 Modelos individuales

En una perspectiva individual, se pueden observar modelos que profundizan el

análisis sobre las dimensiones y factores personales que condicionan y dirigen el

proceso de votación. Entre dichos modelos cabe destacar el modelo de elección racional

y el modelo de toma de decisiones.

El primero de estos modelos, de Anthony Downs (1957), define a la persona como

un elector informado e interesado, el cual realiza una serie de operaciones mentales de

cálculo de costo y beneficio con miras a determinar el beneficio relativo que cada

opción de voto tenga para su vida en términos globales (Fernández de Mantilla &

Flórez, 2008). Este modelo se basa en suposiciones de racionalidad económica en los

procesos psicológicos responsables de la toma de decisiones, como asimismo una

independencia muy fuerte de los votantes respecto de las condiciones sociales en las

cuales se encuentran, donde los grupos de pertenencia o referencia y la clase social son

insignificantes en el proceso decisional en comparación con estas operaciones mentales

antes señaladas (Downs, 1957).

Este modelo posee ciertas condicionantes propias de su naturaleza racional, de las

cuales la más importante es que, para que se produzca un análisis racional y económico

de las alternativas de voto, es necesario que se procese la información cumpliendo con

los supuestos de la Ruta Central (Baumeister & Finkel, 2010). Para que lo anterior se

cumpla es necesario considerar a la persona como un votante objetivo, motivado en

buscar activamente información política y con pleno acceso a ella de forma no

distorsionada por los medios de comunicación. Es del todo evidente que en el caso de

las elecciones, aun siendo la motivación elevada por parte del sujeto e incluso aceptando

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 127 votante puede acceder y el tiempo disponible para esta tarea son escasos (Quattrone &

Tversky, 1988). Sin embargo Downs, al asumir esta imposibilidad de parte del votante,

señala que los partidos y los grupos de pertenencia actúan como informantes claves,

desde donde los sujetos obtienen información relevante para tomar decisiones (Downs,

1957).

Esta serie de condiciones hacen muy difícil la posibilidad de aplicación del modelo,

en particular desde una perspectiva actual de la sociedad, donde los mega-relatos

ideológicos dan paso a discursos fragmentarios y condiciones donde el acceso a la

información resulta parcial y sesgado por parte de los medios de prensa (Ascencio,

2008). Downs, sin embargo, señala que el costo de la información es compensado por

dos vías: la disponibilidad de información sin costo y el rol de los partidos como

traductores sobre los temas dominantes en la opinión pública (Downs, 1957).

Pese a lo anterior, esta aproximación modelo tiende a ser estable en el tiempo,

siendo capaz de predecir bastante bien el comportamiento electoral en variados

escenarios y para grandes grupos electorales. De la misma forma, es un modelo

ampliamente utilizado en contextos de segunda vuelta, donde las alternativas de voto se

deciden por evaluaciones de costo y beneficio, evitando el mal mayor y votando muchas

veces por la denominada “menos mala” de las alternativas disponibles (Downs, 1957).

Una última ventaja, que lo pone por sobre los modelos anteriormente señalados,

consiste en las sucesivas reelaboraciones de la perspectiva teórica sobre temas

particulares o desempeños particulares de coaliciones gobernantes, como el concepto de

voto castigo (Montecinos, 2007).

Bajo estas circunstancias que limitan la aplicabilidad del modelo de Downs, cuando

el procesamiento de la información no es sistemático, las personas tienden a tomar

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 128 & Gigerenzer, 2000). Estos modelos teóricos son muy utilizados a inicios de siglo,

producto de la creciente investigación que cuestiona, pero que a la vez complementa los

modelos basados en una racionalidad estrictamente económica para darle un énfasis más

psicológico al modelo.

En el campo de la explicación del voto, los autores Gigerenzer, Lau y Redlawsk

realizan contribuciones más específicas que permiten elaborar modelos propiamente

psicológicos, basados en procesos cognitivos aplicados al ámbito de las elecciones

(Ascencio, 2008).

Las funciones que cumplen los heurísticos son tres: por un lado, conducen el

proceso de búsqueda de información, al ser guías que reducen la complejidad del

espacio electoral hacia temas que la persona considera como importantes (Gigerenzer &

Selten, 2001). Por otra parte determinan la profundidad del análisis, ya que conducen la

detención en la búsqueda, al ser criterios de suficiencia para la información entrante.

Finalmente, operan como reglas de decisión entre las alternativas de elección, haciendo

mucho más eficiente la racionalidad del votante (Lau & Redlawsk, 2001).

Lau y Redlawsk señalan la existencia de 5 heurísticos de decisión utilizados por las

personas al momento de elegir un candidato de su preferencia: el partido político, la

pertenencia del candidato a ciertos grupos de apoyo (endorsment), la viabilidad del

candidato u opción política, ciertas creencias ideológicas específicas que configuran lo

que se podría denominar como issue voting y la apariencia del candidato, vinculada a lo

agradable que el candidato parezca para el votante en cuestión (Redlawsk, 2004).

Como se puede observar, los modelos heurísticos en lugar de ser una revolución en

la forma de ver el fenómeno del voto, son un complemento muy apropiado para el

modelo de elección racional de Downs, limitando las aplicaciones y rellenando los

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 129 una elección política desde una perspectiva individual y cognitiva. Sin embargo, estos

modelos dejan de lado radicalmente el rol constructivo y delimitante que posee el

contexto social y los grupos de pertenencia en los cuales la persona se desenvuelve y se

forma sus posiciones políticas, las cuales incluso son relativizadas en función de una

idea de votante en extremo circunstancial, lo cual no se condice con los resultados de las

diferentes investigaciones, que hablan de un electorado estable y poco dinámico, cosa

que sería poco esperable en las condiciones que presentan estos modelos (Ascencio,

2008).

En un intento de construir una visión de mayor alcance, es que a continuación se

presenta un modelo de construcción propia, el cual trata de rescatar los aspectos sociales

y personales para la elaboración de una perspectiva que articule y de sentido a la

comprensión del voto.

Un modelo integrativo del voto en Chile

Un punto de arranque a la hora de proponer un modelo de comprensión del voto

surge, en primer lugar, de proponer una estructura teórica que le de sustento. La

estructura del modelo de Michigan resulta muy apropiada como para contener las

variables que podrían ser parte de un modelo de esta naturaleza. De la misma forma, la

lógica causal presente en los modelos de comportamiento racional de la teoría de

Fishbei y Ajzen proporcionan un marco amplio como para relacionar de forma

coherente y ordenada dichos factores (Ascencio, 2008). Esta estructura requiere sin

embargo ciertas precauciones a la hora de ser utilizada, dado que la causalidad

implicada en estos modelos no es del todo demostrable en los procesos de toma de

decisiones, donde la estructura de las variables evaluadas puede darse tanto antes como

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 130 Es importante asumir entonces un rol predictivo en un diseño de esta índole, por

cuanto la pretensión nomotética que se presenta en este punto podría llevar a la

suposición de una relación cronológica y causal, la cual no tiene fundamento empírico.

(Ascencio, 2008). La estructura del diseño teórico propuesto inicia considerando que el

proceso de votación es un acto individual, producto de una serie de operaciones

mentales, guiadas en un contexto específico a través de heurísticos que simplifican y

vuelven eficiente el acto de votar. Sin embargo, esta conducta implica una expresividad

valórica que se manifiesta a través de una serie de actitudes que resultan ser un

antecedente fundamental a la formación de heurísticos (Ascencio, 2008). Estas actitudes

son típicamente asociadas a temas de carácter contingente, como la aplicación de ciertas

políticas públicas (Pérez, 2006). Asimismo, las actitudes se ven dirigidas hacia la

persona del candidato y la coalición o el partido que le apoye (Campbell, Converse,

Miller, & Stokes, 1960).

A la base de las actitudes se encuentra una serie de valores adquiridos por medio de

la socialización, los cuales encuentran una traducción en dos vías: de parte de los

partidos que intentan canalizar las demandas de un grupo social determinado, como por

parte de los electores que realizan un proceso de contraste de estas traducciones

ofrecidas por los grupos sociales de pertenencia o los partidos de adhesión con los

propios (Campbell, Converse, Miller, & Stokes, 1960).

Los valores, manifestados a través de una serie no ordenada ni jerarquizable a priori

de creencias ideológicas, son producto de la interacción del individuo con un grupo de

actores sociales relevantes durante el proceso de socialización, el cual estructura de

forma compleja estas creencias mediante procesos de identificación y construcción de

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 131 Sin embargo, esta serie de valores no son reproducidos de forma automática por el

votante (Lau & Redlawsk, 2001). Es en este punto donde resulta imprescindible utilizar

algún tipo de mediador entre la estructura de procesos cognitivos, en particular aquellos

referidos a la expresión de actitudes, al cálculo de costos y beneficios y a la utilización

de heurísticos.

En este nivel, el modelo supone que la construcción de significados tiene un rol

mediador traduciendo las creencias grupales para la comprensión del mapa

político/social. Esto queda expuesto en la siguiente figura:

Figura 1. Modelo integrativo propuesto para el análisis del voto en Chile

Existen diferentes formas de entender el concepto de significado desde las ciencias

sociales y en particular la psicología, dentro de las cuales se considerarán la

aproximación de Bruner y la noción de conceptos y representación proposicional de

Johnson-Laird, la cual proporciona la estructura cognitiva que se utilizará como soporte

de la interacción entre significado y procesos cognitivos.

La construcción teórica de Bruner respecto del significado implica una negociación

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 132 significado implica un origen biológico, vinculado a una capacidad innata de la persona

para comprender, como asimismo un origen cultural que provee de una serie de sistemas

simbólicos, permitiendo a las personas construir los significados sobre las cosas a partir

de una serie de elementos compartidos (Arcila Mendoza, Mendoza Ramos, Jaramillo, &

Cañón Ortiz, 2010).

Las funciones del significado son las de comprender los contenidos culturales, como

también participar y pertenecer a una cultura en particular. Esto en el ámbito de la

política implica otorgar un sentido al campo social particular en el cual se desenvuelve

la experiencia social, como de la misma forma entender el sentido de las condiciones

contextuales y de las intervenciones que los diferentes actores pretendan realizar

(Bruner, 2006), pero por otro lado favorecen la construcción de un yo que es de

naturaleza transaccional. Esto sintoniza muy bien con la idea de que a través de los

significados se produzca la construcción de una serie de valores que delimiten una

identidad social y política particular, los cuales son antecedentes de tipo inmediato a la

formación de actitudes específicas que delimiten el proceso de toma de decisiones en el

voto (Arcila Mendoza, Mendoza Ramos, Jaramillo, & Cañón Ortiz, 2010).

En otras palabras, la noción de Bruner resulta fundamental para delimitar el

concepto de significado en dos ámbitos: Permite entender la formación de un marco

comprensivo para el ambiente político y por otro lado permite comprender la formación

de valores y posteriormente actitudes que delimiten el rango de acción de los heurísticos

usados posteriormente como claves de decisión.

Sin embargo, es necesario describir de forma teórica como se vincularía una

descripción del significado con una estructura de operaciones mentales. La segunda de

las aproximaciones propone un énfasis propiamente cognitivo sobre la estructura más

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 133 Comenzando entonces con esta noción, hay que señalar que la visión tradicional de

la psicología cognitiva señala que la habilidad básica del ser humano es la capacidad

para representar elementos del medio externo a través de símbolos, los cuales son

combinados a través de operaciones mentales, obteniéndose productos conductuales o

de índole mental (Leahey, 2005). Esta representación puede ser de tres tipos: icónica,

conceptual y proposicional. Estas propiedades delimitan física, cronológica y

conceptualmente al objeto, a la vez que permiten una organización dinámica del

conocimiento sobre el mismo, elaborando redes que se activan de forma preferente cada

vez que la persona evoca o interactúa con el elemento representado (Johnson-Laird,

1983).

Las operaciones mentales de asociación entre representaciones proposicionales

serían entonces los motores del comportamiento, lo cual excluiría explícitamente la

elaboración del contenido como un elemento relevante. El modelo mecanicista se

expresa en la concepción del funcionamiento psicológico, pero deja de lado la

dimensión asociada al sentido por considerarla innecesaria para la explicación de la

conducta (Leahey, 2005). La solución que se propone para que el modelo teórico sobre

el voto concilie los elementos sociales y los procesos psicológicos individuales parte de

los siguientes postulados:

1. Los conceptos que se manejan en las representaciones cognitivas de los

individuos corresponden a unidades de significado negociadas con los grupos de

origen, con el contexto social y político, como referente necesario de ser

traducido y con las redes de asociación que la persona posee en su entorno

inmediato. Conceptos como la tendencia política, el voto, la democracia o la

probidad son elaborados por la persona, pero decantados a partir de un largo y

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 134 esquemas que dan sentido a estas categorías van cambiando. Por ejemplo, el

significado del voto cambia a lo largo de la vida de una persona que inicialmente

logra el derecho a voto en el año 90, con el retorno a la democracia, pero que

posteriormente lo puede ver como una imposición hasta la noción de voto

voluntario, que genera la idea de un votante-cliente actual. Todos estos cambios

se ven influidos por la variación en la cultura y la opinión pública sobre el voto.

2. Las representaciones proposicionales, surgidas de la negociación entre el

individuo y la cultura (mediatizada por los actores sociales antes descritos), se

organizan en dos grandes temas: La comprensión y significación de los

elementos del medio social particular, permitiendo la generación de un campo

cognitivo sobre la realidad política; y la expresión y organización de valores que

fundamenten la formación y uso de actitudes que posteriormente sirvan de guía

a procesos contingentes de decisión. En el caso de los votantes chilenos, la

familia, el colegio, las instituciones de educación superior e incluso el grupo de

amigos y el trabajo son escenarios donde se construye, se negocia y se tensiona

la expresión de estos elementos antes señalados.

3. Las representaciones proposicionales no son solamente ciertas en función de la

estructura, sino de los contenidos de la representación, los cuales adquieren

sentido en la medida que no solamente presenten una forma análoga a la

realidad, sino que refieran correctamente al resultado de la negociación entre la

persona y la cultura en relación con el contenido del significado. Esto implica un

doble criterio de verdad, asociado tanto a la estructura formal sintáctica de la

representación como al contenido. Ambos elementos se negocian en los

escenarios sociales compartidos, donde se pone a prueba la capacidad de

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 135 Gobierno y Estado, sino también la posibilidad de asignar elementos y juicios de

valor a ambos elementos, producto de la negociación que se da entre la persona

y su medio social.

A manera de epílogo y propuesta. La realidad chilena como marco de construcción

La cultura política chilena presenta particularidades que son lo suficientemente

específicas como para cuestionar la aplicación de modelos estandarizados en la

explicación del voto, como los presentados con anterioridad. Estas particularidades se

reflejan en construcciones sociales que son traducidas por grupos de pertenencia, de

interés, partidos políticos y que presentan un escenario único, el cual va mutando de

forma muchas veces inesperada, pero que demanda una elaboración por parte de estos

grupos para dar sentido a lo que se observa en este escenario.

En un contexto cada vez más concreto, resulta difícil proyectar la idea de un modelo

teórico que pueda ser aplicado en cada caso sin considerar una dimensión vinculada al

sentido de la acción. En particular en Latinoamérica, donde se podría decir que gran

parte de los significados asociados a la comprensión del espacio político son

relativamente recientes y por tanto muy mutables. Estas condicionantes deberían ser

consideradas íntegramente para la elaboración de una aproximación teórica que pueda

dar cuenta de forma global de este tipo de situaciones. En el caso particular chileno,

existen diferentes formas de entender el espacio político, tanto aquellas heredadas de la

dictadura que en algún momento delimitó y llenó el ámbito de la política, como aquellas

derivadas de la construcción del significado de lo político en el período de transición

que cubrieron los gobiernos de la Concertación de partidos por la democracia. Estas

formas diferenciadas de construir tanto valores como comprensiones de la política

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Revista Sul Americana de Psicologia, v5, n1, Jan/Jul, 2017 136 construcciones dinámicas que se van dando en la medida en que van cambiando las

condiciones sociales y temporales de la política chilena, en base a estos ejes

articuladores. Se hace necesario entonces poder generar una aproximación teórica que

respete estas condiciones y le entregue el rol que corresponde a la construcción de

significados en este ámbito.

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Submissão: 28/12/2016

Referencias

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