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Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II

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(1)MEM0RIAS. 9 Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II* Pedro Pablo Rosso** Agradezco a los organizadores del II Congreso Internacional sobre Filosofía Personalista la invitación a participar en esta publicación y la posibilidad de compartir con ustedes un tema que me ha interesado durante los últimos veinte años. Para ser más preciso, desde mi primera lectura de la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, de Juan Pablo II. Me refiero a las enseñanzas sobre educación universitaria de este gran papa. Durante el siglo pasado, varios pontífices se interesaron por la educación superior y le dedicaron diversos textos. Entre los que he tenido la oportunidad de conocer, me han impresionado, particularmente: la Constitución Apostólica Deus scientiarum dominus (sobre las universidades y las facultades de los * Ponencia presentada al II Congreso Philosophia Personae, sobre “Una Antropología para el Siglo XXI. La Filosofía Personalista”, realizado en Bogotá D.C., octubre 4 al 8 de 2010. ** Presidente de ODUCAL. Rector emérito Pontificia Universidad Católica de Chile.. Memorias páginas T2.indd 131. 03/09/2013 04:12:10 p.m..

(2) MEM0RIAS 132 - Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II Estudios Eclesiásticos), promulgada por Pío XI en 1931, y el llamado de Pío XII, en octubre de 1942, a los intelectuales e investigadores exhortándolos a construir un nuevo orden mundial basado en la justicia y en la paz. También, considero notable el libro Conciencia universitaria de Giovanni Battista Montini, futuro Paulo VI, dedicado a los estudiantes universitarios, en el cual se refiere a la experiencia universitaria como “una religión de la verdad”. Ahora bien, ninguno de estos grandes papas se interesó por la suerte de las universidades en la medida que lo hizo Juan Pablo II. A este respecto, podría afirmarse, sin duda, que las universidades fueron parte de su proyecto pastoral. Así parece revelarlo el hecho de que durante su pontificado, que se extendió por veintiséis años, sostuvo más de cien encuentros con comunidades universitarias de todos los continentes. Este interés revela, en primer término, algunas circunstancias biográficas. Karol Wojtyla hizo parte del mundo académico desde los inicios de su ministerio sacerdotal hasta su elección al pontificado. En los claustros universitarios el futuro papa vivió años muy felices e intelectualmente estimulantes, alternando las actividades docentes y pastorales con la investigación en el campo filosófico y teológico. Esta experiencia es mencionada en las secciones iniciales de la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, en los siguientes términos: Durante muchos años yo mismo viví la benéfica experiencia, que me enriqueció interiormente, de aquello que es propio de la vida universitaria: la ardiente búsqueda de la verdad y su transmisión desinteresada a los jóvenes y a todos aquellos que aprenden a razonar con rigor, para obrar con rectitud y para servir mejor a la sociedad. (Juan Pablo II, Ex CordeEcclesiae 1365-1375) Otra razón que explica el interés de Juan Pablo II por las universidades fue su visión crítica de la cultura contemporánea y su preocupación por la progresiva secularización y deshumanización que experimentaba. Desde esa perspectiva, consideró a las universidades del mundo como aliadas de la Universidad Católica de Colombia. Memorias páginas T2.indd 132. 03/09/2013 04:12:10 p.m..

(3) MEM0RIAS Pedro Pablo Rosso - 133. Iglesia en la tarea de rescatar “lo humano”. Esta idea la manifestó de la siguiente manera: la universidad, que por vocación es una institución desinteresada y libre, aparece como una de las pocas instituciones que en la sociedad contemporánea, junto con la Iglesia, es capaz de defender al hombre por lo que es; sin engaños, sin otra razón que la especial dignidad que posee y que lo hace merecedor de ser estimado por sí mismo. (Juan Pablo II, “Mensaje” Numeral 640-645 ) A esta consideración agregaría otra: “más profunda y universal, y es la pasión, que comparten la Universidad y la Iglesia, por la verdad y por el hombre; más precisamente: por la verdad del hombre” (Juan Pablo II). A partir de esta intuición luminosa, Juan Pablo II fue plasmando, paulatinamente, su notable magisterio, a través del cual invitó y exhortó al mundo universitario a optar por una apasionada y desinteresada búsqueda de la verdad. De acuerdo con sus convicciones metafísicas más acendradas, para el papa Wojtyla ese camino solo puede culminar en una revelación “de la verdad del hombre”. Tal vez, esta es la esperanza, expresada sutilmente en la frase “nacida del corazón de la Iglesia”, que escogió para iniciar la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae. Esperanza alentada por la vocación de servicio que inspira a las comunidades universitarias y por las energías intelectuales y morales, que han dedicado las universidades a la causa del auténtico progreso de la humanidad. Para Juan Pablo II esa solicitud universitaria por el hombre revela el temple intelectual y ético que anima a la institución universitaria, espíritu que, si pudiera transmitir al resto de la sociedad, contribuiría a humanizar la cultura. Al respecto afirma: Cualquiera que sea el campo de la investigación, del trabajo científico o creativo, quienquiera que aplique en él su ciencia, su talento y sus esfuerzos debería preguntarse en qué medida su obra forja primero Departamento de Humanidades. Memorias páginas T2.indd 133. 03/09/2013 04:12:10 p.m..

(4) MEM0RIAS 134 - Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II su propia humanidad; luego, si hace que la vida del hombre sea más humana, más digna de él, desde todos los puntos de vista; y, por último, si en el marco del desarrollo, del que es autor, el hombre “se hace de veras mejor”, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados y a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda a todos. (Juan Pablo II, “Discurso”) Por lo tanto, consideraba que era de fundamental importancia la misión universitaria en el ámbito de la educación y, por ello, se sintió movido a invitarlas a educar a los jóvenes de una manera integral, conducente a la construcción de, un nuevo humanismo, abierto a la trascendencia y a sus valores, que son los que representan su fundamento más seguro” (Juan Pablo II, “Encuentro con la Universidad Católica de Chile” 1). Al respecto, manifestó que: El humanismo que deseamos promueve una visión de la sociedad centrada en la persona humana y en sus derechos inalienables, en los valores de la justicia y de la paz, en una correcta relación entre personas, sociedad y Estado, y en la lógica de la solidaridad y de la subsidiaridad. (Juan Pablo II, “Discurso a los participantes del jubileo”) Las enseñanzas de Juan Pablo II al mundo universitario constituyen un corpus de extraordinaria riqueza conceptual sobre la misión de las universidades y los desafíos que estas enfrentan en un mundo en transformación. La pregunta central que, en forma explícita o implícita, Juan Pablo II planteó a las comunidades universitarias del mundo fue: “¿qué persona prepara hoy la universidad?”1.. 1 Cfr. Juan Pablo II. “Celebración del Jubileo de los docentes universitarios”. Roma, 10/IX/2000 n.4. Impreso.. Universidad Católica de Colombia. Memorias páginas T2.indd 134. 03/09/2013 04:12:10 p.m..

(5) MEM0RIAS Pedro Pablo Rosso - 135. Las claves antropológicas Juan Pablo II enseñaba a las comunidades universitarias que la Iglesia no tiene un proyecto definido de universidad o de sociedad, pero tiene, en cambio, un proyecto de humanidad. No obstante, la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae y sus numerosos discursos a las comunidades universitarias aportan suficientes elementos como para esbozar proyectos universitarios bien definidos, en cuanto a la misión y visión que debería orientarlos, alentando, de paso, a las comunidades universitarias a realizar: “las reformas y adaptaciones que también esta antigua institución puede necesitar para adecuarse a los tiempos” (Juan Pablo II, “Discurso a los docentes”). Uno de los conceptos centrales en el magisterio universitario de Juan Pablo II es el concepto de persona humana. En la filosofía personalista cristiana cultivada por Karol Wojtyla y extensamente analizada por Buttiglione2, el ser hu1. mano es definido como persona para enfatizar el hecho de que es un ser distinto al mero individuo de una especie. En él radica una plenitud y una perfección particular. La libertad es uno de sus rasgos constitutivos. Las personas son creadas libres y pueden actuar movidas por la voluntad. En este actuar libre, la persona demuestra posesión y dominio de sí misma, es decir, manifiesta y experimenta la facultad dedominio sobre sus actos. Pero la plenitud de la persona no radica en esta autodeterminación, si no en la capacidad de someter su actuar a la verdad concerniente al bien. Entonces, más que autonomía e independencia, en el sentido utilizado por la Ilustración y por el racionalismo materialista, en el pensamiento de Juan Pablo II la libertad personal es una dependencia de sí mismo que busca un bien escogido a la luz de la verdad. La sumisión de la libre actuación a la verdad, concerniente al bien, se cumple a través de la conciencia, concebida como el aspecto esencial y constitutivo de toda la estructura dinámica que representa la persona y el acto. Entonces, solo mediante el acto moralmente bueno, a la luz de la verdad objetiva, puede realizarse el hombre. Vale decir, dirigirse como persona hacia su plenitud. De aquí, 2 Cfr. Buttiglione, Rocco. El Pensamiento de Karol Wojtyla. Madrid: Encuentro Ediciones, 1992. Impreso.. Departamento de Humanidades. Memorias páginas T2.indd 135. 03/09/2013 04:12:10 p.m..

(6) MEM0RIAS 136 - Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II entonces, la insistencia de Juan Pablo II en la relación entre verdad y libertad, manifestada en numerosos documentos, discursos y homilías, incluyendo su magisterio al mundo universitario. En este sentido, resulta ilustrativa su frase: el bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad. La cultura contemporánea ha perdido en gran parte este vínculo esencial entre Verdad-bien-libertad y, por tanto, volver a conducir al hombre, a redescubrirlo, es hoy una de las exigencias propias de la misión de la Iglesia, por la salvación del mundo. (Juan Pablo II, Spiritus) Por otra parte, para explicar el carácter personal de los actos humanos es necesario considerar su alteridad y captar las consecuencias del hecho de que ellos son realizados “junto con los demás”. Este elemento interpersonal de la comunidad humana y de los actos personales abre una dimensión en la que Wojtyla sitúa al amor como elemento axial. Cuando la acción está motivada por el bien común y nace de un amor de benevolencia, afirma a la persona del otro. De aquí, entonces, que la experiencia del amor, como realización de la libertad en el don de sí recíproco, constituya un camino hacia la plenitud personal y la realización del bien común querido por Dios. Este pensamiento antropológico, muy sucintamente descrito, se funde con la visión antropológica del Concilio Vaticano II para dar origen a lo que podríamos denominar “el pensamiento antropológico de Juan Pablo II”. En la Constitución Pastoral Gaudium et spes podemos encontrar un compendio de la antropología teológica que el santo padre hace tan profundamente suya. Particularmente, es significativo el siguiente texto: “En realidad, tan solo en el misterio del Verbo se aclara verdaderamente el misterio del hombre” (Concilio Vaticano II). En esta frase los Padres Conciliares establecen el principio iluminador de toda la antropología teológica posterior, incluyendo el magisterio de Juan Pablo II. Jesús, revelador del Padre y de su amor se manifiesta a sí mismo como el Hijo. Universidad Católica de Colombia. Memorias páginas T2.indd 136. 03/09/2013 04:12:10 p.m..

(7) MEM0RIAS Pedro Pablo Rosso - 137. Pero en esta misma revelación nos da a Conocer, también, lo que es el hombre, la dignidad de la persona humana y su vocación a la filiación divina. En Jesús se nos revela la humanidad perfecta. Este concepto es reiterado en otra frase de los textos conciliares que usará muchas veces Juan Pablo II: “Todo el que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se hace a su vez más hombre” (Concilio Vaticano II). En Redemptor hominis, su primera encíclica, Juan Pablo II se refiere extensamente a Gaudium et spes y al texto relativo al misterio del hombre revelado en el Verbo encarnado. Lo llama “maravilloso”, profundizando sus alcances mediante la presentación de una “antropología del amor” que tiene su dramática revelación en la Cruz de Cristo. En ella, nos dice: El Dios de la creación se revela como Dios de la redención, como Dios que es fiel a sí mismo, fiel a su amor al hombre y al mundo, ya revelado el día de la creación. El suyo es amor que no retrocede ante nada de lo que en él mismo exige la justicia. Y por esto al Hijo ‘a quien no conoció el pecado le hizo pecado por nosotros, para que en Él fuéramos justicia de Dios’. Si ‘trató como pecado’ a Aquel que estaba absolutamente sin pecado alguno, lo hizo para revelar el amor que es siempre más grande que todo lo creado, el amor que es Él mismo, porque ‘Dios es amor’. Y sobre todo el amor es más grande que el pecado, que la debilidad, que la ‘vanidad de la creación’, más fuerte que la muerte; es amor siempre dispuesto a aliviar y a perdonar, siempre dispuesto a ir al encuentro con el hijo pródigo, siempre a la búsqueda de la ‘manifestación de los hijos de Dios’, que están llamados a la gloria. (Juan Pablo II, Redemptor Hominis). La persona humana como sujeto y fin de la cultura Es esta visión de la persona humana la que anima el magisterio de Juan Pablo II sobre la misión de las universidades. En sus discursos a las comunidades Departamento de Humanidades. Memorias páginas T2.indd 137. 03/09/2013 04:12:10 p.m..

(8) MEM0RIAS 138 - Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II académicas, presentará reiteradamente estas ideas derivadas de una visión antropológica que propone el misterio del Verbo como clave para revelar el misterio del hombre y, a su vez, a Cristo como camino de perfección. Las culturas se construyen a partir de una determinada concepción de la persona humana y, a su vez, la cultura es determinante en la formación de las personas. A pocas semanas de haber asumido el Ministerio Petrino, dirá a los miembros del Colegio Cardenalicio que en el ámbito de la cultura: “se juega el destino de la Iglesia y del mundo en lo que resta del siglo XX” (Juan Pablo II, “Discurso en la clausura”). Sobre esta base conceptual fundará algunos de los aspectos centrales de su magisterio a los educadores, incluyendo a los docentes universitarios. Juan Pablo II nos enseña que la persona se “hace a sí misma” espiritualmente en la cultura y contribuye, a su vez, al enriquecimiento de la misma. Aunque las manifestaciones culturales son múltiples, la cultura es, en cierto modo, única y una, ella le permite al hombre vivir en una forma auténticamente humana, conforme a su naturaleza y a su dignidad. De aquí deriva una conclusión cuya trascendencia para la educación superior es indudable: La tarea primaria y esencial de la cultura, en general, y de cada cultura es la educación. La educación consiste básicamente en que el hombre se haga más humano, que pueda ser más y no solo que pueda tener más, y que, en consecuencia, mediante todo lo que él tiene, sepa siempre más plenamente ser hombre. Para esto es necesario que el hombre sepa ser más no solo con los otros pero también para los otros. La educación tiene una importancia fundamental para la formación de las relaciones interpersonales y sociales. (Unesco) Por consiguiente, la educación no puede ser concebida como una mera capacitación instrumental para determinada praxis. Vale decir, como el proceso de adquisición de un tener. Por el contrario, Juan Pablo II centra el proceso educativo en la persona, como fin, y en su perfeccionamiento espiritual. Universidad Católica de Colombia. Memorias páginas T2.indd 138. 03/09/2013 04:12:11 p.m..

(9) MEM0RIAS Pedro Pablo Rosso - 139. Para el santo padre: La cultura es del hombre. En el pasado, cuando se pretendía definir al hombre, casi siempre se hacía referencia a la razón, a la libertad o al lenguaje. Los recientes progresos de la antropología cultural y filosófica, demuestran que se puede obtener una definición no menos precisa de la realidad humana refiriéndose a la cultura. Esta caracteriza al hombre y lo distingue de otros seres no menos claramente que la razón, la libertad y el lenguaje. (Juan Pablo II, “Discurso a los profesores universitarios y hombres”) Es decir, la cultura determina una manera de ser de la persona humana. Este concepto había sido previamente tratado por Karol Wojtyla y definido en los siguientes términos: “La prioridad del hombre como sujeto esencial de la acción humana, esto es, la prioridad en sentido metafísico, está ligada a la idea de praxis en el sentido que el hombre decide sobre ella” (Miguens 104). Vale decir, según el concepto tomista operare sequitur esse, del cuál se deriva el primer desafío planteado a la universidad: “La universidad no solo está destinada a desarrollar el conocimiento, sino también a formar a las personas” (Juan Pablo II, “Discurso a los profesores universitarios y hombres”). A formarlas integralmente, intentando cumplir un objetivo que Juan Pablo II define como “esencial y teleológico”, el cual es: la formación global de la persona humana, vista tanto en su dignidad constitutiva y originaria como en su fin […] Es a partir de esta concepción que la sociedad y la Iglesia solicitan a la Universidad que sus programas de estudio permitan la formación de personas con una nueva apertura y actitud. No desea solo especialistas encerrados en sus campos específicos del saber, de la cultura, de la ciencia y de la técnica, sino constructores de humanidad, servidores de la comunidad de hermanos, promotores de la justicia por su orientación a la verdad. En una palabra, hoy, como siempre, son necesarias las personas con cultura y conocimientos, que sepan poner los valores de la Departamento de Humanidades. Memorias páginas T2.indd 139. 03/09/2013 04:12:11 p.m..

(10) MEM0RIAS 140 - Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II conciencia por sobre cualquier otro valor y cultivar la supremacía del ser sobre el parecer. La causa del hombre será servida si la ciencia es aliada de la conciencia. (Unesco) En ese sentido, el pensamiento del santo padre no deja lugar a dudas. Como afirmó en su discurso a la Unesco (Unesco), en el proceso educativo ha ocurrido una desviación unilateral hacia los aspectos instructivos en desmedro de aquellos verdaderamente educativos. Esto redunda en un acrecentarse del “tener” del hombre en desmedro de su “ser”, lo que representa “una evolución alienante en el sentido que la persona misma es progresivamente eclipsada” (Unesco). Pero no es posible discernir entre lo que corresponde al orden del ser y del tener sin una perspectiva metafísica que intente definir la “verdad del hombre”. Es en este aspecto donde las filosofías materialistas solo pueden ofrecer valoraciones ideológicas y convenciones sociales emanadas de un consenso. La filosofía personalista de Wojtyla sostiene que un elemento decisivo es la prioridad de la persona sobre la praxis. Es decir, el hecho de que en sentido metafísico la praxis supone al hombre como sujeto y nunca lo contrario. Una aclaración ulterior de este concepto está contenida en la frase: “La cultura debe ser a medida de la persona humana, superando las tentaciones de un saber plegado al pragmatismo o disperso en las infinitas expresiones de la erudición y, por tanto, incapaz de dar sentido a la vida” (Juan Pablo II, “Discurso a los docentes”). Otro problema de las universidades contemporáneas deriva de la fragmentación del saber resultante de la especialización y de la multiplicación consiguiente de las disciplinas. Al respecto, Juan Pablo II considera necesario que las universidades intenten superar esa realidad “buscando la conexión y la síntesis de la verdad sobre el hombre y en el servicio al hombre” (Juan Pablo II, “Encuentro”). En consecuencia, en el pensamiento del santo padre, la fragmentación del saber contribuye a eclipsar la pregunta sobre la verdad del hombre e, inevitablemente, desde la óptica de las distintas Universidad Católica de Colombia. Memorias páginas T2.indd 140. 03/09/2013 04:12:11 p.m..

(11) MEM0RIAS Pedro Pablo Rosso - 141. disciplinas, suelen inducir concepciones reduccionistas de la persona humana. Concretamente, una concepción puramente biológica, psicológica, social, histórica, económica, antropológica e incluso artística de la persona, eclipsan la visión de lo humano y de su misterio, evitando la pregunta sobre el sentido trascendental. Lo anterior está explícitamente expuesto en una homilía realizada en la Universidad de Lublin: Todo es un concepto muy cercano al de universitas. Universitas es un ambiente particular orientado al conocimiento del todo. Al sujeto universitas corresponde el objeto universum. Esta orientación, esta aspiración está estrechamente vinculada al hombre de todos los tiempos, a la naturaleza misma del intelecto humano. Intellectus est quodammodo omnia (De cierta manera, el intelecto humano es todo –Santo Tomás–). De hecho, todo lo que, de algún modo existe es dado como tarea al conocimiento humano, es decir al intelecto humano. El intelecto humano está orientado hacia esa realidad, ya sea bajo el aspecto de su universalidad (todo), ya sea bajo el de la diversidad. Las instituciones que llevan el nombre de universidad anuncian con su propio nombre esta verdad fundamental sobre el hombre, sobre el conocimiento humano. Toda la realidad es dada al hombre como tarea bajo el aspecto de la verdad. Al mismo tiempo la universidad habla de una cierta deuda del hombre con respecto a toda la realidad diversificada. Este es la deuda de la verdad. El hombre debe al mundo la verdad. El hombre extingue esta deuda mediante el conocimiento de la verdad sobre el mundo, sobre la realidad, sobre el Creador y la creación, y al mismo tiempo, él se realiza a sí mismo. Justifica su intelectualidad en todo el cosmos. (Juan Pablo II, “Homilía”) A la tarea del docente universitario dedicará estas hermosas palabras con las cuales quisiera concluir este texto: El docente es un maestro. No transmite el saber como si fuera un objeto de uso y consumo, sino que establece ante todo una relación Departamento de Humanidades. Memorias páginas T2.indd 141. 03/09/2013 04:12:11 p.m..

(12) MEM0RIAS 142 - Persona y educación universitaria en las enseñanzas de Juan Pablo II sapiencial que, aun cuando, por el número demasiado elevado de estudiantes, no pueda llegar al encuentro personal, se convierte en palabra viva antes que en transmisión de nociones. El docente instruye, en el significado originario del término, es decir, da una aportación fundamental a la estructuración de la personalidad; educa, según la antigua imagen socrática, ayudando a descubrir y activar las capacidades y los dones de cada uno; forma, según la comprensión humanística, que no reduce este término a la consecución, por lo demás necesaria, de una competencia profesional, sino que la encuadra en una construcción sólida y en una correlación transparente de significados de vida. (Juan Pablo II, “La libertad de investigación” 2). Bibliografía La bibliografía correspondiente se ha ubicado al final del libro.. Universidad Católica de Colombia. Memorias páginas T2.indd 142. 03/09/2013 04:12:11 p.m..

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