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ournetLA EUCARISTÍA TERNURA DEL AMOR
DE DIOS
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Título del original
Entretiens sur l´Eucharistie.
Charles Journet
© Socomed Médiation, 2000
Éditions Parole et Silence. 94100 Saint-Maur, Francia ISBN: 978-2-84573-018-2
La Eucaristía
Ternura del amor de Dios Charles Journet
Traducción: Norma Angélica Castañeda González Derechos © reservados a favor de:
Primera edición, enero 2011 ISBN: 978-607-7795-77-3 Con las debidas licencias Hecho en México
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Índice
Prólogo ... 5
Primera Parte La Eucaristía, corazón de la Iglesia y sacramento de su unidad ... 9
I La presencia corporal de Cristo sacramentado ... 11
Encarnación y Eucaristía ... 11
Discurso sobre el Pan de vida ... 13
El relato de la Institución ... 17
La transustanciación ... 19
Presencia sustancial, inmediata y presencia de signo, mediatizada ... 20
Cómo se hace presente Dios al mundo y al hombre, sin experimentar cambios en sí mismo ... 21
La transustanciación es un milagro inmenso ... 24
El acto de confesión de la fe católica ... 25
II La Misa, sacrificio y sacramento de Cristo ... 31
El acto redentor de Cristo, nueva Pascua ... 31
El aspecto sacrificial de la Misa ... 33
La comunión sacramental viene a incendiar
la unión por la fe y el amor ... 36 La Misa, presencia y ofrenda incruenta del
sacrificio cruento de la cruz ... 38 III La Iglesia, sacramento de la vida divina
comunicada ... 43 Los sacramentos de la nueva Ley ... 43 La sacramentalidad propia de la Iglesia: las grandezas de la jerarquía están al servicio de las grandezas de la santidad ... 45 La presencia corporal de Cristo encarnado,
corazón de la Iglesia militante ... 47 Segunda Parte
Meditaciones sobre la Eucaristía ... 53
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Prólogo
La Eucaristía se encontraba en el centro de la vida y el pen- samiento de Charles Journet. Todos estaban impresionados por su extraordinaria devoción (en el pleno sentido que tiene la palabra en Francisco de Sales) cuando celebraba la santa Misa. Él presidió –durante los últimos años de su vida– la procesión del Corpus Christi en un Carmelo que le era muy querido. En un momento dado, las monjas lo vieron comple- tamente absorto por la contemplación de la hostia.
En el texto de estas conversaciones dos palabras vuelven a menudo: el fuego y la dulzura. Éstas expresan la tonalidad espiritual, que es el conjunto del sentido pleno de la profun- didad del misterio de la Redención, y eco de una paz más que humana. Así leemos respecto a la Comunión: “la unión por ingestión no está en detrimento de la unión por la fe y el amor; al contrario, ella viene a incendiar la unión por la fe y el amor. La Comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo por ingestión es un proceso de absorción de Jesús, el Salvador, viniendo a incendiar en nosotros el amor para que podamos hacernos uno con él”. En cuanto al misterio del sacrificio de la Misa, nos encontramos con este magnífico comentario: “La cruz está conservada en la eternidad, es la estrella más espléndida de la misericordia divina; las cosas
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La Eucaristía Ternura del amor de Dios
que suceden aquí abajo siguen presentes en la eternidad di- vina. La ofrenda del Salvador es parte de un momento en el tiempo y de un punto en el espacio, y se adentró en la eter- nidad divina donde está siempre viva; y mientras el mundo subsista, Jesús, el Salvador, quien ahora está en la gloria, no quiere salvarnos de otro modo que a través de su cruz, y en un momento dado, hay un rayo de la cruz sangrienta que llega en medio de nosotros, pero envuelto en la suavidad del rito”.
Los textos de estas conversaciones corresponden a los últimos años de la vida del cardenal Journet. Los primeros, de 1974, reproducen las enseñanzas teológicas y espirituales impartidas a los sacerdotes. El vínculo indisoluble entre la Eucaristía y la Iglesia es vivamente puesto en evidencia. De hecho, la eclesiología católica es una eclesiología eucarísti- ca: “…La presencia real es la razón de ser de la permanencia de esta Iglesia en el espacio y el tiempo hasta la parusía”.
Las meditaciones, un poco anteriores, han sido extraídas de conferencias hechas para las monjas. Éstas toman, tal vez, la forma de aforismos de una pureza cristalina.
Las cuestiones concernientes a la Eucaristía, como sa- crificio y sacramento, ocuparon el espíritu del teólogo desde el principio de su actividad. Incluso es probable que estas cuestiones se le hayan presentado antes que aquellas relati- vas a la Iglesia. De eso da prueba la larga correspondencia, que data de 1922 a 1973, con Jacques Maritain.
La Eucaristía es uno de los temas importantes de sus in- tercambios; tanto el filósofo como el teólogo aportaron su preciada contribución.
En 1957, Charles Journet consagra una obra a la santa Misa, presencia del sacrificio de la cruz. Antes y después, él vuelve frecuentemente sobre el tema mediante artículos y folletos. Las preocupaciones pastorales nunca están au-
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Prólogo
sentes en el espíritu del teólogo: lo demuestra, en 1960, un pequeño catecismo sobre la Misa. Estas preocupaciones son inseparables, lo comprendemos sin dificultad, la preocupa- ción en relación a la integridad de la doctrina.
En 1966, un folleto retoma el texto de una conferencia impartida en Roma el año anterior: La presencia sacramen- tal de Cristo. Este texto, de una gran belleza, es una res- puesta de sensatez a la crisis provocada por las teorías de la transignificación1 y las amenazas que pesaban sobre la fe del pueblo de Dios.
La relativa abundancia de los escritos de Charles Jour- net acerca de la Eucaristía no hace, sin embargo, superflua la publicación de las presentes conversaciones. Ciertamente éstas recuerdan los puntos esenciales de la doctrina de la fe.
Pero son también y sobre todo, un testimonio de la vida y de la oración de un gran contemplativo. Nos gustaría transcri- bir aquí, entero, el conmovedor diálogo interior que se lee en las meditaciones: “Pues claro que sí, pobre hijo mío. No tengas miedo de todas tus imperfecciones pasadas o presen- tes, de todas tus sombras, de todas esas cosas…No tengas miedo: yo soy quien te llevo en mis brazos, quien te estrecho contra mi corazón”.
No dudamos que estas páginas, abrirán los corazones para recibir “el impacto de la presencia corporal del Verbo”.
Georges Cottier, O.P.
1 N. del T.: Con los términos transfinalización o transignificación, aplicados a la Euca- ristía, entendemos el hecho de dar al pan y al vino una finalidad o una significación que sobrepasan su finalidad o significación ordinarias: www.mercaba.org/La Eucaristía como presencia real.
P
rimeraP
arteLa Eucaristía, corazón de la Iglesia y sacramento de su unidad
Conversaciones extraídas del retiro predicado
en septiembre de 1974, en el Salesianum (Roma),
por el cardenal Journet.
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I
La presencia corporal de Cristo sacramentado
Encarnación y Eucaristía
Me gustaría hablar de lo que constituye el corazón de nuestra vida cristiana: la Eucaristía. ¡Qué profundo misterio de amor, y desde luego, cómo es desconocido!
¿Quién podría decir que ama la Eucaristía tanto como se- ría preciso amarla? En ciertos momentos, sí nos parece ver- lo: esto es más que creer; y en otros momentos, nos vuelve a absorber el tumulto de asuntos interiores y exteriores.
Cuando fue necesario salvar el mundo –ya que, después de la noche de la caída, Dios no olvidó a los hombres caídos, él les envió gracias por anticipado, las gracias crísticas, por supuesto, en consideración de la pasión futura del Salvador–
y cuando se hizo necesario instaurar la salvación del mundo,
“La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”;
se precisó no solamente la presencia invisible de la Santísi- ma Trinidad para velar sobre el mundo, sino que fue necesa- ria la presencia corporal en el mundo del Verbo hecho carne.
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La Eucaristía Ternura del amor de Dios
La Encarnación tenía por fin esta presencia corporal de Dios en el seno de la historia. “Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único”.
En el momento de la Ascensión, cuando Jesús había cumplido su obra redentora en la cruz, ¿nos va a ser arranca- da la presencia corporal del Salvador, en la cual se centra la salvación universal del mundo? Puesto que Cristo se va, no puede sufrir más. Pero si esto no fuera imposible, si pudiera ofrecerse una posibilidad de que estuviera aún presente para nosotros corporalmente, no tal y como está ahora en la glo- ria eterna del Padre, con sus apariencias propias y naturales bajo las cuales resplandece en los cielos; no tal como está en la gloria que rodea su cuerpo nacido de la Virgen María, sino bajo otras apariencias prestadas, ajenas.
¿De verdad el amor de Dios, que llegó a estar en medio de nosotros por la Encarnación, no iba a permanecer dicho amor entre nosotros, por medio de la Eucaristía? ¿Acaso a la gran definición de la fe católica de Calcedonia no correspon- dería la definición del Concilio de Trento? La una y la otra están vinculadas. Los que empiezan a dudar de la Eucaristía, empiezan a vacilar y poner en duda también la existencia del Verbo hecho carne. Tal vez ellos hablaron de la divinidad de Jesús: la realidad del misterio ya la habrán negado en su co- razón. Un lazo profundo siempre une estos dos misterios.
Esta cuestión –si su amor era lo suficientemente grande para venir entre nosotros, su amor lo llevaría a permanecer en medio de nosotros–, es un sueño, un sueño de amor de la Iglesia, respondiendo a la ternura del amor de Dios. ¿Acaso ese sueño se ha realizado?
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egundaP
arteMeditaciones sobre la Eucaristía
Estos textos fueron extraídos de conferencias pronunciadas por el cardenal Journet a una comunidad monástica, en el curso de los años
1972 y 1973.
Ellas forman una profunda meditación evangélica, fiel eco del retiro precedente.
(Cfr. El sacrificio de la Misa, Turín 1976, Dise-
ño de G. Gallois, textos de C. Journet).
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Meditaciones sobre la Eucaristía
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Un misterio, una presencia, llena la más pobre de las iglesias católicas. Ella está habitada, no vive del vaivén que le aca- rrean las multitudes, ella misma es fuente de vida y de pureza para los que franquean su recinto. Ella posee la presencia real, la presencia corporal de Cristo, el lugar donde el amor supremo tocó nuestra naturaleza humana, para contraer con ésta nupcias eternas. El foco de irradiación capaz de iluminar el drama de todos los tiempos y de la aventura humana.
Una aceptación anticipada de todo lo que él podrá decir y hacer, en una total confianza en Dios, un total don de mi inteligencia y de mi amor a lo que sucederá, cualquier cosa de la que pueda tratarse. Yo digo sí de antemano.
Los que aceptan sin comprender, y saben en el supra- consciente de su ser que se trata de algo inmenso, ésos están en la verdad.