TEMA 6. EL FEUDALISMO.
1. Introducción
Llamamos feudalismo a la organización política, social y económica que hubo en gran parte de Europa durante la Edad Media. El feudalismo se refiere a todos los aspectos de la sociedad de esta época: qué grupos había y cuáles eran los más poderosos o los más débiles, quiénes mandaban y cómo lo hacían, cómo conseguían sus alimentos y riquezas y cómo las repartían…
todas esas características estaban determinadas por esto que llamamos “feudalismo”.
2. La formación del feudalismo.
Tras la caída del imperio romano, la civilización, tal y como se conocía hasta entonces, desapareció en Europa occidental. En su lugar aparecieron poco a poco formas de organización nuevas que con el tiempo formaron el feudalismo.
En el siglo III después de Cristo aún existía el Imperio Romano pero estaba en crisis y la civilización romana se estaba deteriorando rápidamente. En esa fecha las familias más ricas comenzaron a abandonar las ciudades; huían de los recaudadores de impuestos, que eran cada vez más altos, y de los ataques de los bárbaros y se refugiaban en sus villas del campo, donde podían llevar una vida autosuficiente y retirada. Se llevaban a sus esclavos y clientes, que eran muy numerosos, y dependían de ellas.
Las villas se hicieron cada vez más grandes y poderosas. Sus señores permitieron que sus esclavos tuviesen pequeñas parcelas de tierra en las que poder vivir con más independencia y criar sus propias familias, aunque siguieran
siendo sus siervos; las viviendas de los señores se convirtieron en pequeñas fortalezas, rodeadas de murallas, en las que sus familias y los siervos podían refugiarse en caso de necesidad.
Mientras tanto, las ciudades siguieron vaciándose, decayó el comercio, los caminos se hicieron inseguros. Además, cada vez había más invasiones de pueblos bárbaros.
Muchos campesinos libres, que eran
dueños de su propia tierra, decidieron encomendarse al señor más próximo y se convertían en sus siervos a cambio de su protección. Poco a poco, los señores de las villas se convirtieron en autoridades para todos sus siervos y para todos los hombres libres de su entorno.
Más tarde, en el siglo V d. C., los pueblos bárbaros invadieron el Imperio Romano de Occidente. Los guerreros elegían a su rey entre ellos; cada vez que un rey moría o era incapaz para el cargo, se reunían y elegían al que creían más adecuado, siempre según su valor y capacidad para la guerra; consideraban a ese rey elegido como un compañero, un igual, y no creían que el hecho de ser rey le convirtiese en una persona sagrada ni nada por el estilo.
Entre los guerreros bárbaros, incluido el propio rey, había relaciones de vasallaje, en las que los guerreros de menor categoría, los caballeros, se hacían vasallos de otros, los nobles y estos se hacían vasallos a su vez del rey; el vasallo reconocía la superioridad de su señor y prometía servirle a cambio de que este le diera medios para vivir y le protegiera. El señor, que muchas veces era el propio rey, entregaba al vasallo un regalo: una espada, un caballo, una cantidad de dinero y, sobre todo, una tierra, a la que se llamaba “feudo”, de donde viene la palabra “feudalismo”. El vasallo podía aprovechar su feudo y vivir de él y tener a los campesinos que allí estaban como siervos; de esta forma se convertía en un señor como los de origen romano que tenían villas y siervos. A cambio, tenía que ser fiel a su señor, acompañarle en la guerra y socorrerle, incluso con dinero, si lo necesitaba y no podía ser vasallo de otro señor
La relación de vasallaje se establecía en una ceremonia solemne llamada “homenaje”; el vasallo se arrodillaba y juntaba sus manos en señal de respeto y el segundo le abrazaba y besaba como gesto de protección y le entregaba un anillo o un vestido que simbolizaba el feudo que le entregaba. Este contrato era personal, pero con el tiempo se fue haciendo hereditario, es decir, que los descendientes de un vasallo y los descendientes de su señor conservaban los mismos compromisos que habían jurado sus antepasados, así como la propiedad de los feudos, que también se hicieron hereditarios.
Cuando los reyes no tenían tierras para recompensar a sus vasallos, les daban derechos sobre las personas que vivían en las tierras que ya les había dado en feudo, derechos que en principio solo podía tener un rey: a recaudar impuestos, a hacer leyes e imponer multas e incluso a acuñar monedas. Cuando esto sucedía, los nobles llegaron a ser casi soberanos en sus feudos y los reyes perdieron mucha autoridad.
Los reyes y otros nobles también daban tierras a comunidades de religiosos o monasterios, los monjes se comprometían a cuidar los sepulcros de la familia y rezar por sus almas y a cambio tenían los mismos derechos que un noble sobre su feudo.
3. La economía feudal
Durante la época romana, la mayor parte de la riqueza procedía de la tierra, es decir, de la agricultura, la ganadería y la minería, pero también la artesanía y el comercio eran muy importantes y generaban mucha riqueza. Al final del imperio romano las ciudades se quedaron casi vacías y la artesanía y el comercio decayeron. La economía se volvió eminentemente agraria y así siguió siendo durante casi toda la Edad Media.
Los feudos o señoríos producían todo lo que necesitaban las gentes que vivían en él:
cereales, legumbres, forraje para el ganado, algunas frutas y hortalizas, etc.; los campesinos y algunos artesanos elaboraban las herramientas, los vestidos y todas las cosas que eran necesarias para la vida. El comercio era muy poco frecuente y casi siempre consistía en el trueque, el cambio de unas mercancías por otras.
El feudo tenía varias partes: por un lado estaba la reserva señorial o dominical, la tierra que era solo del señor y su familia; en la reserva estaba el castillo y había zonas de monte, donde el señor salía a cazar; también había tierras con cultivos. Los siervos debían acudir con cierta frecuencia a la reserva para realizar trabajos para el señor como reparar el castillo o cuidar las tierras.
El resto del feudo, la parte más extensa, estaba formado por los mansos, las tierras en las que vivían los siervos; los mansos estaban divididos en pequeñas parcelas, cada una era de una familia de siervos, pero sobre la que el señor feudal tenía también cierto derecho de propiedad. Los siervos debían pagar por ocupar esa tierra con una parte de su cosecha o del fruto de su trabajo.
En el feudo podía haber también una o varias aldeas en las que vivían campesinos y artesanos, que también eran siervos del señor y estaban obligados a pagar con parte de su trabajo.
El señor feudal no solo recibía estos pagos en frutos o en trabajo; en muchos casos (si así se lo había permitido el rey, a él o a sus antepasados) recaudaba impuestos y cobraba multas y derechos por usar determinados caminos o cruzar los puentes;
además, era el único que podía tener un molino o un lagar y cobraba a los campesinos que acudían a ellos a moler su trigo o prensar sus uvas.
La moneda casi no se utilizaba porque apenas se practicaba el comercio; los nobles eran ricos pero su riqueza consistía sobre
todo en los frutos que recibían de sus siervos y en el derecho que tenían a disponer de su tiempo y su trabajo.
Las técnicas de la agricultura eran muy primitivas: se usaba el arado romano y había pocos animales de tiro; las parcelas se dividían en dos o tras partes y cada año se dejaba una sin cultivar (barbecho) para que se recuperara, de modo que los rendimientos eran muy bajos.
4. La sociedad.
La sociedad feudal estaba dividida en distintos grupos, cada uno con leyes, formas de vida y ocupaciones diferentes; estos grupos se llaman estamentos o estados.
Los nobles, entre los que estaba el rey, eran las personas que tenían títulos (marqués, conde, duque…) hereditarios, grandes propiedades y muchos privilegios que les distinguían del resto de la sociedad. Su función era la de defender a toda la sociedad con sus armas y ayudar al rey con sus consejos y servicio; despreciaban el trabajo manual y valoraban mucho las actividades guerreras y la caza. Procuraban mantener unidas sus propiedades y por eso solía heredar solo el hijo mayor; los hijos menores se dedicaban a la Iglesia. Dentro de este grupo se diferenciaban los caballeros, nobles de menor categoría que no tenían título pero que participaban de los privilegios y consideración de los nobles.
Los clérigos son las personas que están consagradas o especialmente dedicadas a la Iglesia;
siguen el ejemplo de Cristo y rezan y se sacrifican por el conjunto de la sociedad. Los clérigos seculares viven entre los laicos para apoyarles y guiarles en su vida religiosa y para administrarles los sacramentos que les ayuden a ir al Cielo.
Los clérigos regulares son los que viven en comunidad, en monasterios o conventos y sometidos a una regla de conducta (“regula”), que es distinta según cada orden y que establece sus actividades, oraciones, sacrificios, hábitos, etc. de los monjes. La orden más importante en estas fechas fue la de San Benito, cuya regla de conducta era “ora et labora”, reza y trabaja. La Iglesia tenía muchas propiedades, donadas por el rey y los nobles, en especial señoríos en los que cobraban derechos y rentas y ejercían el poder sobre los siervos que allí vivían.
El estamento del pueblo era el más numeroso; estaba formado por los campesinos, artesanos y comerciantes, cuya función en la sociedad era la de trabajar para dar sustento a todos los que la formaban. Una gran parte de este grupo estaba formado por siervos, es decir, que
tenían un amo o señor cuyas leyes debía obedecer y al que debía servir, algunos siervos incluso tenían prohibido abandonar el feudo en que habían nacido. Pero además había hombres libres, personas que solo obedecían al rey, y que vivían en las tierras que este no había entregado en feudo a ningún noble (tierras de realengo); en estas tierras se encontraba la mayoría de las ciudades que había en este tiempo.
5. El ejercicio del poder: la política.
En el feudalismo, el poder de hacer las leyes y juzgar los delitos no lo tenía una sola persona o una sola institución, como sucedía en Roma, sino que estaba repartido entre muchos grupos de personas.
Los nobles tenían autoridad en sus feudos: podían hacer las leyes y mandarlas ejecutar, juzgar los delitos e imponer las penas y las multas a los delincuentes y también podían recaudar impuestos. Además, los nobles solo podían ser juzgados por sus iguales (sobre todo por el rey) y, si eran condenados, sufrían penas y ejecuciones más honrosas.
El clero tenía sus propias leyes que tenían su origen en el derecho canónico y las disposiciones de los obispos y el Papa, y con ellas disponían de sus bienes y regían su conducta.
Los monasterios y grandes iglesias tenían muchos bienes y tierras sobre cuyos siervos tenían autoridad y derechos.
Muchas ciudades eran también soberanas en la Edad Media; los reyes les concedían leyes propias, llamadas fueros, que les daban privilegios, como el de no pagar o incluso cobrar impuestos, celebrar ferias, elegir su propio gobierno (concejo), etc.
Los reyes feudales tenían que respetar estas leyes y privilegios y no podían injerirse en los feudos o en las tierras de un monasterio o destituir el gobierno de una ciudad; eran derechos que habían sido concedidos en alguna ocasión por un rey y todos sus sucesores debían respetarlos. Por eso los reyes del feudalismo tenían muy poca autoridad;
sin embargo, siempre conservaron algunos derechos exclusivos, como el de tener la última palabra en un juicio, el de declarar la guerra y el de firmar la paz, que con el tiempo los reyes supieron aprovechar para aumentar su poder. Además, todos los nobles del reino eran de alguna forma vasallos de su rey y éste utilizaba los vínculos de vasallaje para contar con su ayuda militar y económica.
6. La cultura y la mentalidad de la época feudal.
La mayoría de las personas que vivieron en Europa occidental alrededor del año 1000 pertenecían a la Iglesia, es decir la comunidad de creyentes en Jesucristo y su mensaje.
Daban mucha importancia a la salvación de sus almas y querían asegurarse de que, cuando terminase su vida en este mundo, iban a tener otra vida, en el Cielo o el Paraíso, junto a los Santos y cerca de Dios. Incluso se extendió el temor de que, precisamente coincidiendo con el año 1000, el mundo se terminara y tuviera lugar el Juicio Final que anuncia el Apocalipsis, un libro de la Biblia. Entonces Cristo regresaría a condenar a los pecadores y llevarse a su lado a los buenos.
Para salvarse e ir al Cielo, los cristianos debían vivir siguiendo el ejemplo de Cristo y sus mandamientos, pero las personas corrientes, que trabajaban, se casaban y tenían familia, no podían llevar esa vida tan religiosa. Por ese motivo, los clérigos seculares, como los curas, se dedicaban a cuidarles y dirigirles, y hacían ceremonias o ritos para purificarlos y curar sus almas, como el bautismo, el matrimonio cristiano, la penitencia o la confesión. Estas tareas o funciones dieron mucho protagonismo a los clérigos que, como ya hemos visto, formaban un estamento muy importante de la sociedad feudal.
Los papas de Roma fueron adquiriendo cada vez más poder sobre los demás obispos e impusieron su autoridad y opiniones religiosas; además, el Papa Gregorio VII hizo que todos los reinos de Europa occidental tuvieran el mismo rito o ceremonia en la misa: el rito gregoriano, que solo permitía utilizar el latín.
Un monasterio de Borgoña, en Francia, el monasterio de Cluny, que pertenecía a la orden de San Benito, también hizo una reforma, que daba más importancia al trabajo manual de los propios monjes y a la explotación económica de sus tierras. En Europa occidental se fundaron muchos monasterios siguiendo la reforma de Cluny monasterios cluniacenses), que eran ricos, independientes y solo obedecían al Papa.
Las personas que vivieron en la época feudal creían que también podían conseguir la salvación y entrar en el Cielo si tocaban, veían o quedaban muy cerca de alguna reliquia: la tumba o los restos de un santo o alguna prenda que tuviera relación con Cristo (la cruz, la corona de espinas, su ropa….). Acudían en peregrinación a los lugares donde estaban estos objetos sagrados, en especial a las ciudades de Jerusalén, donde vivió y murió Jesucristo, Roma,
donde murieron y están enterrados muchos mártires, y Santiago de Compostela, donde la tradición cuenta que está enterrado el apóstol Santiago.
7. El arte de la época feudal: el románico.
7.1. La arquitectura románica.
La iglesia románica era el lugar en el que, a través de los sacramentos, se aseguraba la Salvación y tato su forma como su decoración lo demostraban.
La planta más frecuente es la de cruz latina, característica de los territorios que estaban bajo la autoridad del papa de Roma, la Iglesia latina. Su forma evoca la de la figura de Cristo crucificado.
La planta de peregrinación es un tipo de planta de cruz latina que tiene un deambulatorio.
Tiene capillas radiales en el ábside e incluso en los brazos.
Tanto los clérigos como los fieles querían que la Casa de Dios fuese un lugar digno y hermoso, construido con muros de piedra y ricamente ornamentado. Los elementos constructivos proceden de Roma: arco de medio punto, bóveda de cañón, columnas y pilares; en ocasiones, cubren el crucero con una cúpula semiesférica y las naves laterales con bóvedas de arista.
La bóveda de cañón está reforzada por arcos fajones; como es de piedra, es muy pesada, se apoya en pilares o columnas muy gruesos o muros muy anchos, con pocas ventanas.
Sobre el crucero hay una cúpula, que se une al espacio cuadrado con trompas (bovedillas en las aristas) y, en épocas más avanzadas y por influencia bizantina, pechinas.
La construcción románica utiliza elementos como las líneas de imposta, columnillas adosadas o arcos ciegos para articular los muros y realzar la estructura del edificio. En el exterior, bajo el alero, los canecillos (pequeña esculturas que cubren las cabezas de las vigas) destacan la parte alta del muro.
Las puertas y ventanas están abocinadas y enmarcadas por filas de columnillas y arcos concéntricos o arquivoltas, de manera que al exterior resultan más grandes.
7.2. Las artes figurativas.
El tema más importante de la escultura y pintura de las iglesias es el triunfo de Cristo como lo describe el Apocalipsis de San Juan, como Pantocrátor (Todopoderoso), sentado sobre la bóveda celeste, bendiciendo y sosteniendo el Libro de la Ley, entre las letras alfa y omega.
También aparece como Cordero. La imagen de Cristo es imponente y distante,; está rodeado por una mandorla, más allá del tiempo y espacio terrenales.
Rodeando a Cristo aparece el Tetramorfos, los cuatro símbolos de los evangelistas, criaturas aladas con el aspecto de un hombre (San Mateo), un águila (San Juan), un toro (San Lucas) y un león (San Marcos) y que sostienen un libro, el Evangelio.
También pueden aparecer otros elementos del Juicio Final: a la derecha de Cristo los salvados y a su izquierda los condenados, junto a los que se describen con detalle e imaginación las penas del infierno.
En las zonas menos importantes de la iglesia aparecen la Virgen, los santos, escenas de la Biblia e incluso escenas cotidianas y cómicas.
Todas las superficies de la iglesia, tanto las paredes interiores como la de los muros
exteriores, estaban pintadas, y las esculturas estaban completamente policromadas. Encima y delante del altar se colocaban tablas pintadas
Las figuras se recortan sobre un espacio plano de un color saturado o con bandas de colores y sin paisaje, solo elementos aislados (árboles, a veces rocas) que son datos que permiten ambientar la escena.
El aspecto de las imágenes está muy influido por su significado: así, por ejemplo, las personas sagradas son de mayor tamaño, sobre todo Cristo, y es frecuente que las manos y los ojos, donde se concentra la expresión, sean también mayores.
Siguen esquemas geométricos que buscan la simetría y la sucesión regular de los elementos, más rígidos cuanto más sagrada es la imagen. La forma geométrica en la composición y en las figuras significa la naturaleza trascendente de lo que se representa y es obligada en la representación de Cristo y de la Virgen.
TEMA 7. LA EVOLUCIÓN DEL FEUDALISMO Y LA RECUPERACIÓN URBANA En Europa Occidental, entre los siglos XII, XIII, XIV y XV, hubo una serie de
transformaciones que hicieron que el mundo feudal, con su economía, sociedad y organización política, cambiasen y evolucionasen. Junto a él, también cambiaron la forma de ver el mundo y el arte de las gentes de esa época.
1. Los cambios económicos.
A finales del siglo XI, la economía de Europa occidental mejoró:
En lugar del barbecho, que dejaba una gran parte de las tierras sin cultivar, comenzó a utilizarse la rotación de cultivos, que consistía en alternar en una misma tierra legumbres, cereales y forraje, plantas que no consumen los mismos nutrientes o que incluso reponen los que otras consumen.
Además se pusieron en cultivo o roturaron tierras hasta entonces incultas, como bosques, pantanos o incluso terrenos antes ocupados por el mar, como los polders de los Países Bajos.
En lugar del arado romano, comenzó a utilizarse el arado
con ruedas y vertedera, que levantaba más la tierra; a las mulas y los caballos les empezaron a poner colleras y herraduras, para que pudiesen tirar de este tipo de arado y no resbalasen.
Las familias campesinas tenían cada vez más cabezas de ganado en sus establos, porque servían para tirar del arado, se podían alimentar de forraje y proporcionaban leche.
Además aparecieron los molinos de viento, que permitían moler la harina casi en cualquier sitio.
De esta forma, la agricultura y la ganadería se volvieron cada vez más productivas, de manera que ahora, una familia de cinco personas podía producir la comida que antes producía una familia de siete u ocho miembros; además, les sobraba parte de los productos (trigo, lana, huevos…) que podían vender.
Ya no hacían falta tantos brazos en el campo y algunos campesinos
prefirieron dedicarse a la artesanía e incluso el comercio, aprovechando que ahora la gente tenía algo de dinero que gastar.
Estos artesanos y comerciantes se
marchaban a las ciudades,
que hasta entonces habían estado muy vacías, y estas comenzaron a recuperarse y a crecer: la vida urbana se reanimó.
Los artesanos se organizaban en hermandades o gremios, cada uno de un oficio (zapateros, toneleros, curtidores…). Solo las personas que pertenecían al gremio podían ejercer el oficio y vender sus productos. Entraban en el gremio de pequeños, con seis o siete años, de aprendices de un maestro artesano, en cuya casa vivían y hacían pequeñas tareas; con dieciséis años, aproximadamente, pasaban a ser oficiales y su maestro les dejaba ayudarles en tareas más difíciles e incluso les pagaba un pequeño sueldo; cuando el oficial demostraba delante de todos los maestros del gremio que era capaz de hacer un objeto de ese oficio perfectamente, podía convertirse a su vez en maestro y poner su propio taller.
Los artesanos de un mismo oficio vivían en la misma calle o zona de la ciudad; ponían los mismos precios a sus productos y procuraban no competir entre sí; estaba mal visto el maestro que fabricaba más cosas o más baratas para hacerse más rico que otro maestro. Además, los miembros del gremio tenían un fondo de dinero para ayudarse mutuamente y compartían fiestas y devociones.
Los artesanos vendían sus productos en el taller, que era también una tienda, y la gente solía compra a los artesanos de su ciudad; pero también había comerciantes que iban de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad llevando productos de tierras lejanas. Solo podían entrar en la ciudad los días de mercado o feria, que solía ser un día a la semana, y siempre pagando un impuesto en la puerta. Algunas ciudades, como Burgos o Champaña celebraban ferias anuales de ganado, tejidos o vinos, a las que acudían comerciantes de zonas muy lejanas.
De esta forma, las rutas de comercio se animaron y estaban cada vez más frecuentadas;
seguían existiendo la Ruta de la Seda y la de las Especias y las rutas de comercio del Mediterráneo; además apareció una importante ruta en el Atlántico, entre las ciudades del norte de Alemania, Inglaterra y los Países Bajos, que formaron una asociación: la Hansa.
La moneda volvió a utilizarse; eran muy variadas (bizantinas, andalusíes, italianas…) que la gente reconocía y aceptaba por su valor en oro o plata. Además, apareció el papel moneda, un antecedente de nuestros billetes; eran documentos que el comprador firmaba
comprometiéndose a pagar y que el vendedor podía cobrar al cabo del tiempo o incluso entregar a otro comerciante para que lo cobrara a su
vez.
Sin embargo, no todo fue prosperidad a finales de la Edad Media: en el siglo XIV, a partir de 1348, una gran epidemia de peste se extendió por Europa;
comenzó en el Mar Negro y se extendió por todo el
Mediterráneo a través de los barcos y sus mercancías. En las zonas más próximas al mar y en las ciudades más pobladas murió hasta la mitad de la población, y la agricultura y demás actividades económicas decayeron. La enfermedad acusó la tensión entre pobres y ricos, que escapaban con más facilidad del contagio y amargó mucho la visión del mundo de las personas que la sufrieron.
2. Los cambios sociales.
La sociedad feudal, dividida en estamentos, siguió existiendo en los últimos años de la Edad Media, pero cambió mucho, debido sobre todo a estos cambios económicos.
Los nobles se dedicaban cada vez menos a la guerra y se volvieron más ociosos; muchos abandonaron sus castillos y feudos para irse a vivir a palacios en las ciudades, y se volvieron más refinados y cultos; para mantener su prestigio y posición gastaban mucho dinero en su casa, servidumbre y caballos y participaban en torneos que recordaban su época heroica.
Algunos clérigos se aficionaron también a la vida en la ciudad y olvidaban con frecuencia sus obligaciones y votos de pobreza o castidad, viviendo como los laicos y, cuando se trataba de altos cargos de la Iglesia, como auténticos príncipes. En cambio, algunas órdenes religiosas reaccionaron frente al poder que cada vez
mayor del dinero y decidieron ser pobres y vivir solo de las limosnas:
son las órdenes mendicantes, como las los franciscanos (fundada por San Francisco de Asís) o los dominicos (de Santo Domingo de Guzmán).
Pero el estamento que más cambió fue el pueblo. Antes, casi todos eran campesinos, y ahora había también burgueses, es decir, personas que vivían en las ciudades o burgos, dedicadas a los oficios propios de la ciudad: artesanos y comerciantes. Algunos comerciantes eran mucho más ricos que los nobles y se dedicaban incluso a prestar dinero con interés; así se convirtieron en los primeros banqueros, que prestaban dinero incluso a los reyes. Los burgueses defendían mucho el trabajo y el espíritu de sacrificio que les había llevado a hacerse ricos,
procuraban formarse y tener estudios, pero también apreciaban mucho la cultura y los placeres y llevaban una vida lujosa.
3. Los cambios políticos.
Como en pleno feudalismo, en los últimos siglos de la Edad Media el poder político estaba repartido.
Los nobles y los clérigos seguían teniendo independencia y soberanía en sus propios señoríos y hacían las leyes y juzgaban a los siervos que vivían en ellos. El rey respetaba este poder, que había ido pasando de padres a hijos.
Además, los nobles seguían unidos por vínculos o relaciones de vasallaje, que obligaba a los vasallos a ser leales y auxiliar a sus señores; los nobles importantes, que tenían muchos vasallos y muchos siervos, tenían más autoridad que los propios reyes.
Los clérigos, por su parte, se regían por leyes propias, que procedían del derecho canónico o instrucciones que daba el Papa, y que también escapaban de la autoridad del rey.
En determinadas ciudades, las personas que vivían en ellas también gozaban de gran
independencia; se trataba de ciudades que habían recibido leyes privilegiadas o fueros del rey y que les permitían elegir su propio gobierno, hacer sus leyes, cobrar impuestos a los
comerciantes que querían vender en ellas, celebrar ferias o incluso no pagar los impuestos al rey. En estas ciudades, los burgueses más ricos eran los que acaparaban el gobierno y tomaban las decisiones.
Sin embargo, los reyes de finales de la Edad Media consiguieron ir poco a poco ampliando su poder y autoridad.
Dirigieron guerras contra otros reyes e incluso contra los nobles de su reino para conseguir más tierras y hacerse respetar, como la Guerra de los Cien Años, entre los reyes de Inglaterra y Francia
y las Cruzadas, las guerras en Tierra Santa en las que participaron reyes de estos mismos países.
En estas guerras, utilizaban las relaciones de vasallaje para imponerse a los nobles de su propio reino, que eran muy soberbios y rebeldes.
Viajaban continuamente para dejarse ver entre sus súbditos y, como eran los jueces en última
instancia, juzgaban y hacían leyes siempre que podían; para llegar hasta el último rincón de su reino, nombraban jueces que los representasen en todas partes.
Pero sobre todo, se aliaron con los burgueses de las ciudades: estos les prestaban dinero para mantener a su ejército y funcionarios, y a cambio el rey escuchaba sus peticiones, atendía sus demandas de justicia y les dejaba participar en una asamblea que apareció en esta época: las Cortes o los Parlamentos, donde los representantes de los clérigos, los nobles y los burgueses discutían e incluso votaban las decisiones de gobierno.
4. La cultura y la religión al final de la Edad Media.
La religión y la cultura también cambiaron. Al principio de la época feudal todo el mundo se preocupaba por su salvación y decían que Dios era el centro de todas las cosas. A finales de la Edad Media, la gente seguía siendo muy religiosa, pero se interesaba más por el mundo que les rodeaba, lo estudiaba con curiosidad y disfrutaba de las cosas de la vida.
En el cristianismo, aparecieron nuevas interpretaciones sobre la fe y las normas que debía seguir un buen cristiano; algunos se atrevieron a criticar a las autoridades religiosas, porque no cumplían sus obligaciones y daban mal ejemplo. También aparecieron corrientes que decían que la religiosidad debía ser más íntima y sincera, con menos ceremonias.
El Papa y los obispos se sintieron amenazados por estas críticas; a las personas que se desviaban de la religión oficial los consideraban herejes y crearon un tribunal, la Inquisición, para juzgarlas y condenarlas. Luego eran los reyes de cada país los que se encargaban de aplicar los castigos, que muchas veces eran penas de muerte. Fueron muchas las tensiones en torno a la religión y la autoridad de los papas y obispos y en algunos casos provocaron auténticas guerras.
Para formar a sus sacerdotes y prepararlos para un mundo cada vez más complejo, los obispos fundaban colegios o estudios, lugares donde estudiaban los chicos que querían ser clérigos:
primero cursaban artes liberales, es decir, el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y luego el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música); después de las arte, estudiaban Teología. Estos estudios se fueron ampliando e incluyeron nuevas carreras: derecho y
medicina, y así se convirtieron en las primeras universidades.
Las universidades medievales estudiaban los escritos de antiguos sabios, como Aristóteles, y repetían lo que habían dicho sin atreverse a comprobar sus afirmaciones; así, durante mucho tiempo, enseñaban que la Tierra era el centro del Universo y que los planetas, la Luna y el Sol giraban a su alrededor (Geocentrismo).
5. El arte del final de la Edad Media: el gótico.
El arte de los siglos XIII, XIV y XV se llama gótico.
En la arquitectura gótica, en lugar del arco de medio punto y la bóveda de cañón, aparecieron los arcos apuntados y las bóvedas de crucería, formadas por el cruce de dos arcos apuntados. Estas bóvedas son mucho más ligeras y permiten hacer edificios mucho más altos y amplios, con grandes ventanas y pilares y
muros más delgados.
Las catedrales góticas tienen planta de cruz latina pero con los brazos más cortos y la cabecera más amplia;
también pueden tener planta basilical, sin brazos.
Las ventanas tienen vidrieras, con vidrios de distintos colores que transforman la luz natural y que hacían que los fieles imaginaran que la iglesia era el Cielo.
Las esculturas de las iglesias siguen representando el Apocalipsis, con el Pantocrátor y Tetramorfos, pero aparecen otros temas como la vida de Cristo y la Virgen o las vidas de los santos.
El arte dejó de ser exclusivamente religioso. Los reyes, los nobles y los burgueses ricos se hacían construir palacios y encargaban a los artistas que les hicieran retratos o sepulcros. Las ciudades levantaban edificios civiles, como los ayuntamientos o las lonjas.
De esta forma, la pintura y la escultura fueron abandonando las normas del arte sagrado (con figuras rígidas, fondos planos, geometría…) y las figuras se hicieron más naturales y con más movimiento, tiene expresión (ríen o lloran) y sus cuerpos están mejor proporcionados; los pintores y escultores observaban la realidad y la reproducían cada vez con más realismo.
TEMA 8. LOS REINOS CRISTIANOS MEDIEVALES EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
1. LA RESISTENCIA DE LOS CRISTIANOS FRENTE A LOS MUSULMANES Después de la invasión musulmana y cuando los musulmanes de Al-Ándalus controlaban casi toda la península, la única zona que no fue ocupada fue la región montañosa cantábrico-pirenaica del norte. Allí, los cristianos lograron frenar el avance musulmán y estos primeros focos de resistencia se convirtieron más tarde en los reinos cristianos de la península Ibérica.
En el año 722, las tropas de un líder cristiano llamado Pelayo (que probablemente era un noble visigodo) derrotaron a los musulmanes en una pequeña batalla cerca de Covadonga en Asturias. Este es el origen del Reino de Asturias del que Pelayo es considerado su primer rey. Unos veinte años más tarde, el rey de Asturias Alfonso I, que era yerno de Pelayo, hizo retroceder a los musulmanes y amplió los territorios del reino cuya capital se fijó en Oviedo. A principios del siglo X, el rey asturiano Alfonso III continuó la expansión y estableció la capital en León, con lo que el reino cambió de nombre y pasó a ser el Reino de León.
El Reino de Navarra (con capital en Pamplona) surgió en el siglo IX, cuando los navarros evitaron los intentos de dominio por parte de musulmanes y francos.
Los territorios cristianos aragoneses y catalanes cerca del Pirineo también quedaron
fuera del control musulmán y permanecieron muchos años bajo la protección y el
control del reino carolingio de los francos. Hasta el siglo XI con Ramiro I no se formó
el Reino de Aragón que, un siglo más tarde, creció con la incorporación de los territorios catalanes tras el matrimonio del Conde de Barcelona con la hija del rey aragonés.
2. EL NACIMIENTO DEL REINO DE CASTILLA
Durante muchos años, Castilla fue un territorio poco poblado que formaba parte del Reino de León y que, como hacía frontera con Al-Ándalus, sufría continuos ataques musulmanes (por este motivo se construyeron allí numerosas fortalezas y castillos defensivos). Castilla estaba entonces gobernada por un conde a las órdenes del rey de León.
Hacia el año 960, el Conde castellano Fernán González se hizo con el control de algunos territorios burgaleses, alaveses y segovianos para crear un gran Condado de Castilla hereditario y casi independiente. Sin embargo, este Condado de Castilla todavía siguió perteneciendo formalmente al Reino de León hasta mediados del siglo XI, cuando ya se convirtió en un reino completamente independiente. Más tarde, en el siglo XIII, el rey Fernando III de Castilla logró unir definitivamente las coronas de Castilla y León.
3. EL AVANCE DE LOS CRISTIANOS: LA RECONQUISTA
La reconquista, que duró casi ochocientos años, fue un enfrentamiento entre cristianos y musulmanes por motivos económicos (el control de las tierras de cultivo) y religiosos.
Entre el siglo VIII y el X, los musulmanes fueron superiores y los cristianos solo consiguieron ocupar territorios casi despoblados en la zona del Duero.
A partir del siglo XI los cristianos aprovecharon la debilidad musulmana y sus conflictos internos entre taifas para proseguir su expansión hacia el sur y conquistar Toledo (1085) y Zaragoza (1118).
En la segunda mitad del siglo XII los musulmanes, gracias a la llegada de los almohades, recuperaron la iniciativa y consiguieron frenar el avance cristiano.
Todo cambió en el siglo XIII cuando los reyes cristianos de Castilla, Aragón y Navarra
unieron sus fuerzas y derrotaron a los musulmanes en la decisiva batalla de las Navas
de Tolosa (1212) en Jaén, lo que facilitó a los castellanos la ocupación de los
territorios andaluces del valle del Guadalquivir. Poco después, el rey aragonés Jaime I
también conquistó Baleares y Valencia. Únicamente quedó en manos musulmanas el
reino nazarita de Granada.
4. LA REPOBLACIÓN DE LOS TERRITORIOS RECONQUISTADOS POR LOS CRISTIANOS
Mientras los cristianos luchaban contra los musulmanes también organizaron el reparto de los territorios reconquistados y el establecimiento de nuevos pobladores en ellos.
Entre los siglos VIII y X, en las tierras casi despobladas del valle del Duero y del Ebro, los reyes concedieron la propiedad de las tierras a los campesinos cristianos que se asentaban en terrenos abandonados y se comprometían a cultivarlos.
Durante los siglos XI y XII, la repoblación de los territorios reconquistados entre el Duero y el Tajo, así como al sur del valle del Ebro, fue organizada por los nuevos concejos municipales de las ciudades y aldeas creadas por decisión de los reyes.
A partir del siglo XIII y en las zonas de Badajoz, Ciudad Real y Andalucía, los reyes
permitieron que los nobles más poderosos que participaban en la guerra contra los
musulmanes y el clero se repartieran los territorios reconquistados y así se crearon
enormes latifundios.
5. LA DIVERSIDAD CULTURAL EN LOS REINOS CRISTIANOS PENINSULARES: CRISTIANOS, JUDÍOS Y MUSULMANES
Durante la Edad Media, vivieron en los reinos cristianos poblaciones con tres culturas y religiones diferentes: cristianos, musulmanes y judíos. En general, estas tres poblaciones no se integraban, ya que vivían en barrios separados, casi nunca se casaban entre ellos y cada grupo tenía sus costumbres diferentes. Sus relaciones eran tensas y conflictivas, aunque convivieron durante muchos años.
Los cristianos (que eran el grupo dominante) menospreciaban y discriminaban a judíos y musulmanes que, en ocasiones, fueron perseguidos con violencia.
Sin embargo, en el siglo XI se creó la llamada Escuela de Traductores de Toledo, que alcanzó su máximo desarrollo con el rey castellano Alfonso X el Sabio en el siglo XIII. Allí colaboraron intelectuales cristianos, musulmanes y judíos para traducir las obras científicas, filosóficas y literarias de griegos, romanos y orientales del idioma árabe al latín y, luego, directamente al castellano.
Las comunidades de religiosos en los monasterios cristianos se encargaron de preservar y trasmitir los conocimientos mediante la copia y conservación de libros manuscritos. En el siglo XI se inició un fuerte desarrollo cultural coincidiendo con el nacimiento de la lengua castellana (el texto escrito más antiguo que se ha encontrado en este idioma son las Glosas Emilianenses escritas en un monasterio de La Rioja) y a partir del 1200 se fundaron las primeras universidades (Palencia, Salamanca y Valladolid) en el Reino de Castilla. No obstante, durante toda la Edad Media, el latín fue el idioma usado en la enseñanza, la ciencia, la administración y la legislación.
Además, en el siglo IX tuvo lugar el descubrimiento de los supuestos restos del
apóstol Santiago en Compostela (Galicia) naciendo así esta ruta de peregrinación
religiosa que pronto atrajo a peregrinos cristianos llegados de toda Europa. El Camino
de Santiago adquirió una importancia decisiva para la difusión del arte y la cultura
europeas por la Península; asimismo, las aportaciones culturales de los reinos cristianos hispanos y la influencia de la cultura hispanomusulmana también llegaron al resto del continente europeo por esta ruta.
6. EL REINO DE CASTILLA: ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y ECONOMÍA 6.1. EL GOBIERNO
Castilla era una monarquía hereditaria y el rey era el centro del poder político, ya que gobernaba en todo el territorio, elaboraba las leyes, podía declarar la guerra y actuaba como máximo juez. El rey castellano estaba asesorado por la Curia Regia, una institución formada por un pequeño grupo de importantes consejeros nobles y eclesiásticos que ayudaban al rey a tomar las decisiones. Otra institución importante eran las Cortes, una asamblea con representantes de los tres estamentos sociales cuya función principal era la aprobación de nuevos impuestos, aunque también se podían presentar allí quejas y peticiones al monarca. Además, en el siglo XIV se crearon en Castilla una Audiencia (como tribunal supremo de justicia) y una Contaduría (para llevar la contabilidad de los gastos e ingresos del reino).
También hubo varias guerras civiles en Castilla durante la Edad Media, como la que enfrentó a finales del siglo XIV al rey Pedro I contra su hermanastro Enrique de Trastámara. Ambos se disputaban el trono castellano y el vencedor fue Enrique de Trastámara, que contaba con el respaldo de los nobles más poderosos. La guerra concluyó con el asesinato de Pedro I, de manera que Enrique se convirtió en el nuevo rey de Castilla y premió con tierras a los nobles que le habían apoyado.
6.2. LA ECONOMÍA
La agricultura y la ganadería trashumante ovina eran las principales actividades económicas en Castilla. En 1273 (cuando había más de 2.000.000 de ovejas) se fundó la Mesta, una poderosa asociación que agrupaba a los propietarios de grandes rebaños de ovejas, muchos de los cuales pertenecían a la nobleza y al clero. La Mesta fue protegida por los reyes castellanos, que concedieron importantes privilegios a los propietarios de ovejas como el uso de una red de caminos especiales (denominados
"cañadas" y que superaban los 1.000 km. atravesando casi toda la Península) y como el derecho para que el ganado se alimentara libremente de los pastos en las tierras que recorría (esto perjudicaba a los labradores, que siempre se quejaron de ello).
Los ganaderos obtenían importantes ganancias con la venta de lana a los comerciantes y fabricantes extranjeros de los Países Bajos e Inglaterra, donde la lana de las ovejas castellanas era muy apreciada por su alta calidad.
En las ciudades de Segovia, Ávila, Burgos, Toledo, Zamora, Palencia, Jaén y
Cuenca había importantes talleres dedicados a la fabricación de prendas textiles
hechas de lana (ropa, sábanas, mantas) para su venta en toda la Península.
La población total en Castilla no llegaba a los 4.000.000 de habitantes a finales de la Edad Media (las mortales enfermedades epidémicas, como la Peste Negra, impidieron que el número de habitantes aumentara).
7. LA CORONA DE ARAGÓN 7.1. ORGANIZACION POLÍTICA
La Corona de Aragón estaba formada por varios reinos (Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca) y cada uno tenía sus propias y distintas leyes e instituciones.
El rey de Aragón tenía el poder y estaba representado en cada uno de los distintos territorios por un lugarteniente general que solía ser un familiar del propio monarca y que actuaba en su nombre. También existían Cortes diferentes en Aragón, Cataluña y Valencia que participaban en la elaboración de las leyes y en la creación de nuevos impuestos. Además, existían varias instituciones que limitaban el poder del rey porque vigilaban para que se cumplieran las decisiones tomadas en las Cortes y porque vigilaban que el rey respetara siempre los fueros o leyes propias de cada territorio;
estas instituciones eran la Generalitat de Cataluña, la Generalitat de Valencia y el Justicia Mayor de Aragón.
El número de habitantes en toda la Corona de Aragón no llegaba a los 900.000 a finales de la Edad Media.
7.2. LA EXPANSIÓN TERRITORIAL DE ARAGÓN POR EL MEDITERRÁNEO El rey aragonés Pedro III (1276-1285) inició una política agresivamente expansionista por el mar Mediterráneo al apoderarse (con el apoyo de una flota de 150 barcos) de la isla de Sicilia. Algunos años después también fueron ocupadas las islas de Córcega y Cerdeña. Todas estas anexiones proporcionaron a Aragón el control de importantes rutas marítimas comerciales.
Con el rey Jaime II (1291-1327) la expansión aragonesa por el Mediterráneo continuó gracias a la participación de casi 15.000 soldados mercenarios a sueldo conocidos como almogávares que, dirigidos por Roger de Flor, realizaron expediciones de conquista y saqueo por Grecia, Albania y Turquía.
El último gran éxito del expansionismo aragonés en el Mediterráneo llegó con el rey
Alfonso V, que conquistó Nápoles en 1443 luchando contra franceses e italianos. A
partir de este momento, se establecieron en Nápoles muchos comerciantes catalanes
dedicados a la exportación e importación de diversos productos (sal, cereales y telas
de seda, lana y algodón) en barcos.
La península Ibérica a finales de la Edad Media
Coronación de Enrique II de Trastámara como rey de Castilla en 1367
TEMA 9. LA POBLACIÓN
1.- LA DEMOGRAFÍA es la ciencia que estudia la población, sus características, su distribución espacial y su evolución a lo largo del tiempo.
Para estudiar la población son necesarios datos fiables, que son muy útiles para los gobiernos, pues deben atender las necesidades de los ciudadanos, así como para las empresas que desean conocer las características de sus posibles clientes.
En España el organismo oficial que se ocupa de contar la población y estudiar sus características es el Instituto Nacional de Estadística (INE) que publica periódicamente los datos de la población española.
2.- LOS DATOS DEMOGRÁFICOS
Los datos demográficos más importantes son:
La población total o absoluta de un territorio.
La densidad de población es la relación entre la población de un territorio y su superficie:
Dp= Población total = x hab/ km² superficie km²
La natalidad es la relación entre los nacimientos y la población total:
Tn= número de nacidos x1000 = x‰
Población total
La fecundidad es la relación entre el número de nacidos y el de mujeres en edad fértil, que se considera entre 15 y 49 años:
Tf= número de nacidos x1000 = x‰
nº mujeres 15-49
La mortalidad es la relación entre los fallecidos y la población total:
Tm= número de fallecidos x1000 = x‰
Población total
La mortalidad infantil es la relación entre los fallecidos de menos de un año y los nacimientos registrados en ese año. Indica fielmente el grado de desarrollo de un territorio.
Tmi= número de fallecidos menores de 1 año x1000 = x‰
nº nacidos vivos en ese año
Todas estas tasas demográficas se calculan en ‰ para poder comparar las características de unas poblaciones con otras, sin importar su tamaño: en 2013 Andorra tenía 79.218 habitantes, mientras que la República Popular China tenía 1.357.000.000 habitantes.
La esperanza de vida al nacer es el número de años que una persona nacida en un lugar y año determinado puede vivir.
El crecimiento de la población se compone de dos variables:
a) El crecimiento natural o vegetativo = Nº de nacidos - Nº de fallecidos x 100 = x%
Población total b) El saldo migratorio = inmigrantes – emigrantes
El crecimiento real es la suma del crecimiento vegetativo y del saldo migratorio.
Finalmente es importante conocer la distribución por sexo y edad de la población, que se representa a través de gráficos llamados pirámides de población:
o los varones se representan a la izquierda, y las mujeres a la derecha o el eje vertical del gráfico se divide en grupos de edad de 5 en 5 años
o el eje horizontal representa el % de población de cada grupo de edad y sexo o si la base es amplia, indica una alta natalidad y una elevada proporción de población
joven
o si la base es estrecha, muestra una disminución de la natalidad
o si las barras de las edades de más de 65 años son amplias, indican una esperanza de vida alta
3.- LA EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN MUNDIAL
A lo largo de la Historia, la población humana no ha dejado de crecer. El primer gran salto demográfico se produjo con el descubrimiento de la agricultura y la ganadería en la llamada “Revolución Neolítica”.
Se calcula que la población mundial pasó de 1 millón a 8 millones de habitantes entre el 10.000 a.C. y el 8.000 a.C.
Hasta el siglo XIX (en 1800 había unos 1.000 millones de habitantes) la población aumentó lentamente debido a que, aunque había muchos nacimientos, también se registraba una muy alta mortalidad por la frecuente escasez de alimentos, el atraso de la medicina, y acontecimientos como guerras,
inundaciones, sequías o epidemias, que hacían aumentar las defunciones, impidiendo un crecimiento de la población muy rápido.
A partir del siglo XIX, en los países desarrollados tuvo lugar la Revolución Industrial, que provocó numerosos avances en la producción, conservación y transporte de alimentos, así como en la medicina.
La consiguiente reducción de la mortalidad (más bien su aplazamiento) hizo crecer rápidamente la población de estos países, que enviaron a buena parte de sus nuevos habitantes a invadir y colonizar otros continentes. En 1900 había ya 1.650 millones de habitantes.
Durante el siglo XX se aceleró el crecimiento de la población mundial: en 1960 alcanzó los 3.000 millones de habitantes y llegó a 6.000 millones en el año 2.000. Los demógrafos llamaron a este fenómeno explosión demográfica.
En 2011 se superaron los 7.000 millones de habitantes, y se calcula que en 2050 seremos más de 9.000 millones de habitantes en nuestro planeta.
En el siguiente mapa vemos que se prevé que la población de Europa disminuya ligeramente entre 2011 y 2050, mientras que la del continente africano crecerá a más del doble. Esta situación generará
problemas en los dos casos: en África, la producción de alimentos y el crecimiento de la economía serán seguramente insuficientes para atender las necesidades de su creciente población, mayoritariamente joven; mientras que en Europa podrían faltar jóvenes para mantener su sistema económico.
4.- LAS ZONAS MÁS POBLADAS
Este mapa representa la densidad de población en 2010. Como podemos observar, las zonas más pobladas son las de escasa altitud cerca de las costas, mientras que las áreas con escasa población coinciden con áreas montañosas o desérticas.
5.- LA POBLACIÓN DE LOS PAÍSES EN DESARROLLO
Se caracteriza por una elevada natalidad, que provoca un crecimiento demográfico por encima del 2%
al año. Los factores que explican el elevado número de nacimientos en estos países son:
La influencia de la religión, que suele rechazar los métodos anticonceptivos.
La situación de la mujer, con menos derechos y a menudo sometida a la voluntad del marido.
La consideración de los hijos como ayuda en el trabajo del campo.
La elevada mortalidad infantil, por lo que las familias tienden a tener más hijos.
Debido a la deficiente alimentación, atención sanitaria insuficiente, frecuentes conflictos armados, y al limitado acceso a agua potable, la mortalidad es elevada. Otros rasgos que caracterizan a la población de estos países son :
La esperanza de vida es baja, en muchos países africanos ronda los 50 años.
Las mortalidad infantil es elevada.
La población es predominantemente joven, y el número de ancianos, bajo.
Los problemas a los que se enfrentan las sociedades menos desarrolladas son enormes:
El gran crecimiento de la población hace difícil el abastecimiento de alimentos y agua potable.
El crecimiento económico es más lento que el demográfico, lo que deja a muchos jóvenes en paro.
Los servicios sanitarios y educativos son insuficientes.
6.- LA POBLACIÓN DE LOS PAÍSES DESARROLLADOS
Se caracteriza por una elevada esperanza de vida, escasa natalidad y crecimiento demográfico bajo o incluso negativo. Estos rasgos hacen que las sociedades desarrolladas experimenten un proceso de envejecimiento de la población.
Los factores que explican estas características son:
Un nivel de vida que permite una buena alimentación y acceso a agua potable.
La existencia de sistemas sanitarios universales y eficaces.
La escasa mortalidad infantil hace que las familias tengan menos hijos.
La incorporación de la mujer al mundo laboral y la mejora de sus derechos.
El acceso a métodos anticonceptivos.
El elevado precio de la vivienda y el paro retrasan la edad de los matrimonios.
Los hijos suponen muchos gastos, ya que se aspira a darles todo tipo de comodidades.
La menor influencia de la religión.
7.- LAS POLÍTICAS DEMOGRÁFICAS
Mientras que unos países sufren los problemas de un rápido crecimiento de la población, otros se enfrentan a los que provoca el envejecimiento de la población. Las medidas que los gobiernos ponen en práctica para evitarlos constituyen la política demográfica.
En los países desarrollados con población envejecida, nos enfrentamos al aumento del gasto en
pensiones y atención sanitaria para los ancianos, lo que puede provocar dificultades en la economía. Las medidas que adoptan algunos gobiernos intentan favorecer los nacimientos: son políticas natalistas.
Entre esas medidas están:
ayudas a las familias numerosas
subvenciones para el mantenimiento de los hijos
multiplicación de los servicios de guardería
permisos de maternidad o paternidad para el cuidado de los hijos más pequeños
En los países con rápido crecimiento de la población, las políticas de los gobiernos intentan frenar la natalidad con medidas que favorecen la planificación familiar, son políticas antinatalistas.
El caso de China
Ante el enorme crecimiento de su población, que alcanzó los 1.000 millones de habitantes en 1979, el gobierno chino promulgó la “Ley del hijo único”, por la cual las parejas chinas sólo podrían tener un único hijo, o, en zonas rurales, dos si el primero había sido una niña. Si una pareja tenía más de los hijos autorizados, podía recibir una multa, perder la vivienda, o ser despedidos de su trabajo. Se llevaron a cabo campañas de esterilización entre mujeres (sobre todo) y hombres, y aumentaron enormemente los abortos, a menudo forzados por las autoridades.
El resultado fue la bajada de la fertilidad desde los 6'1 hijos por mujer en 1961 a los 1'8 de la actualidad. Pero también se produjeron efectos no previstos: culturalmente, las familias chinas prefieren tener hijos varones, por lo que los abortos selectivos y los abandonos de niñas han sido muy frecuentes. Así, nacen 118 niños por cada 100 niñas, lo que ha desembocado en dificultades para encontrar pareja para millones de hombres chinos.
Ante el previsible envejecimiento de la población china, en 2015 el Gobierno ha relajado la “política del hijo único”, y permite a las parejas que lo solicitan tener dos.
8.- LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS
Son los desplazamientos de la población desde su lugar de origen a otro lugar por motivos distintos del turismo o el ocio. Los términos emigrante e inmigrante designan a la misma persona, sólo se
diferencian por el lugar desde el que se observa.
Las migraciones pueden producirse dentro de un país o producirse a escala internacional; serán entonces migraciones interiores o externas.
Los motivos de las personas para abandonar su lugar de origen pueden ser variados:
Migraciones laborales: muchas personas se desplazan para conseguir un trabajo, o mejores condiciones y oportunidades laborales.
Catástrofes naturales: la destrucción provocada por huracanes, terremotos inundaciones o sequías pueden forzar a muchas personas a abandonar su lugar de origen.
Guerras y persecuciones: los conflictos armados y las persecuciones por motivos políticos, religiosos, etc. desplazan a millones de personas en todo el mundo, son los refugiados.
También podemos clasificar las migraciones por su duración:
Definitivas: son los desplazamientos de personas que se asientan en un nuevo lugar sin perspectivas de volver al de su nacimiento..
Muchos jóvenes se trasladan a ciudades o países lejanos para estudiar en centros que no existen en su lugar de origen. Estos desplazamientos pueden durar varios años.
Estacionales: son los movimientos de trabajadores que acuden a zonas en las que encuentran trabajo durante unos meses, como en muchas tareas agrícolas, en zonas turísticas o en estaciones de esquí.
Consecuencias de las migraciones:
a) En los territorios de partida:
La mayoría de los emigrantes son personas jóvenes, en edad de trabajar, por los que en los lugares de donde salen disminuye el paro.
También disminuyen la actividad económica y el consumo, al disminuir la población.
Se marchan de su lugar de origen personas de todas las condiciones sociales; entre ellas también profesionales con titulación superior, que ejercerán su trabajo en otro país que no ha gastado dinero en su formación: es la fuga de cerebros.
Aumenta la edad media de los territorios emisores, con el consiguiente envejecimiento de su población.
b) En los territorios de llegada:
Aumenta la población joven y en edad de trabajar, por lo que la actividad económica, la recaudación de impuestos y el consumo suben.
Junto a trabajadores con pocos estudios, llegan también profesionales de alta cualificación, lo que hace más competitivas a las empresas del país receptor de inmigrantes.
La población rejuvenece, al bajar la edad media de la población.
La cultura de estas zonas se hace más diversa y rica.
También pueden surgir problemas:
o los inmigrantes pueden estar en situaciones de ilegalidad, “sin papeles”, lo que les obliga a aceptar trabajos mal pagados o en la economía sumergida.
o Algunos inmigrantes tienen problemas de adaptación por el idioma, las costumbres o la religión, lo que dificulta su integración en la sociedad que les recibe.
o Los inmigrantes tienden a vivir en los mismos barrios, que pueden llegar a convertirse en guetos.
o Las sociedades que reciben inmigrantes deben prever los servicios que la nueva población va a demandar: sanidad, educación, vivienda, etc. para que no se saturen o escaseen.
o Algunas personas ven a los inmigrantes como una amenaza, y rechazan la presencia de inmigrantes con actitudes xenófobas o, incluso, racistas.