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Balcón. Buenos Aires. Núni. 2, 14 junio 1946:

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R E V I S T A S A R G E N T I N A S

Balcón.

Buenos Aires.

Núni. 2, 14 junio 1946:

EDITORIAL : El mensaje. (Pág. 1.) El problema de los pueblos de la Amé- rica hispana es el de lograr definir con precisión su propia fisonomía. Junto a

•este problema, que afecta al ser mismo de cada nación hispánica, la cuestión so- cial o el anhelo de autonomía econó- mica, con toda su importancia, pierden relieve.

La Argentina está hoy en sazón pro- picia de afirmar su personalidad propia.

No por una política de supremacía de cualquier clase, sino precisamente por la repetición no formulada de su voluntad de hacerse nación.

Por esto era pequeña aquella concep- ción política de los hombres de junio que pretendía reducirlo todo, simplemen- te, con una aventura de política social.

El mensaje del nuevo Presidente parece apuntar, en cambio, hacia más profun- dos y recios objetivos. Junto a aquel de la justicia social, el comienzo de la ex- celsa tarea de hacer que el país avance un paso más en la configuración de su propia personalidad.—(J. I. T.)

"V. TEDIN, Alberto: La revolución del Banco Central. (Pág. 4.)

Dos principios de ' orden económico, implícitos en las formulaciones del mo- vimiento nacionalista, tomaron cuerpo visible en el ambiente nacional argen- tino a partir de la revolución de junio:

recuperación económica y soberanía. El 3fran mérito del nacionalismo es haber

suministrado a tiempo la síntesis nece- saria en el plano de las ideas, que ha- bría de ser aclamada por el pueblo en las elecciones de febrero. Más pesa ésta que su defecto: la falta de capacidad de llegar por sí mismo al terreno de las realizaciones políticas concretas.

En la historia económica argentina hay dos cuestiones centrales en las que hacen todo lo posible por inmiscuirse los intereses internacionales: la organización del transporte, base de la economía de tráfico, que se traduce en la construc- ción y adquisición por capitales extran- jeros de las redes de ferrocarriles en abusivo daño de los principales centros económicos, y la organización bancaria y monetaria, base de la sana circulación dineraria, y que encuentra su expresión en la estructuración del Banco Central en 1935, suspendida por las mismas di- rectivas que dominaron y trazaron las líneas ferroviarias.

La conducción a la práctica por la revolución, de aquellos dos principios que e-j el comienzo sé señalaban ha determi- nado la recuperación por la auténtica economía nacional de este fundamental instrumento del Banco Central. Esta recuperación cierra, evidentemente, la etapa inicial de una verdadera revolu- ción plena de posibilidades. El uso ade- cuado del instrumento, su adaptación y perfeccionamiento conforme a las reali- dades nacionales son los presupuestos in- dispensables de una verdadera política económica argentina.—(J. I. T.) MEKVIKI.UÍ, Julio: Convivencia, e impe-

rialismo. (Pág-. 5.)

Comentando el discurso del Santo Pa- dre dirigido al Santo Colegio Cardenali- 433

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REVISTA DE REVISTAS

cío en 20 de febrero último, se plantea la cuestión de la futura organización de Francia e Italia a partir de las eleccio- nes, entonces a punto de celebrarse. Es- las dos naciones, como todas las de Europa, salvo España, se encuentran sumidas al juego de imperialismos des- póticos: el ruso o el anglosajón.

El imperialismo, dice el Pontífice, se opone a la convivencia porque es un ré- gimen de cosas y no de hombres. Y el drama del mundo lo constituye precisa- mente que el planeta se halle a merced de la voracidad de dos imperialismos igualmente nefastos e insaciables. En la posición de un mundo disputado por amos insatisíechos nuestra patria debe crear la forma vital de convivencia ar- gentina que nos defienda por dentro de ser presa del imperialismo ruso o del anglosajón. Tarca que sólo es posible afirmando la plena y profunda solidari- dad con los pueblos hispanos. Huyendo de los imperialismos, allí se ha refu- giado por ahora la civilización cristiana.

Y allí la Argentina y España, conscien- tes de su misión rectora, han de crear las nuevas formas de vida que vuelvan a imperar en Europa y América.—

(J. I. T.)

Núm. 3, 2i de junio de 1946:

EDITORIAL: La superstición de la letra.

(Pág. 1.)

El simple cambio de situación con arreglo a unas elecciones regulares y a un sistema y fórmulas democráticas ha bastado, por gracia de la hondura de los prejuicios nacionalistas, para que una sensación de alivio haya venido a sus- tituir a los sobresaltos de los últimos años. Lo más significativo del cambio de ánimo es que el nuevo Presidente de- mocrático es precisamente el inspirador y destinatario exclusivo de la revolu- ción de junio. Por esto se puede calar más hondo todavía a través de la con- tradicción en la vetusta beatería demo- crática que esto implica, anacrónica e incongruente y que acaso vaya a contri- buir en que este mismo Gobierno, lle- vado de rutina cómoda, continúe escu- dándose y justificándose tras la fachada de unas instituciones y formas políticas sin arraigo ya en nada ni en nadie y menos que en persona o grupo alguno,

en el pueblo nacional, considerado en.

su sentido más amplio.

Desde hace quince años en que la labor crítica, eficaz pero desordenada, de una avanzada intelectual, puso frente- a la atención distraída de los argenti- nos la preocupación por los problemas nacionales, ninguna medida política nue- va ha sido ensayada con seriedad y prudencia. Esta medida necesaria afec- tará no sólo y puramente a lo político, -ebasará sus límites; pero no lo oculte-- oíos, para su logro completo se requie- re, por lo monos, genialidad política esa suerte de inteligencia de la realidad concreta y presente de un pueblo, en cuya sutil y complejísima labor no de- ben interferir ni los buenos o malos sentimientos humanitarios, ni la fe su- persticiosa en reformas abstractas Ue-- vadas a cabo sólo desde el Estado.—

(J. I. T.)

Núm. 4, s8 junio X946:

EDITORIAL: El derecho a la esperanza.

(Pág. 1.)

Muchas circunstancias -interiores y exteriores— favorables v mui.has oca- siones propicias se percib-':n en el hori- zonte argentino para que, aun hallán- dose en futuro gran parte del proceso político iniciado en junio de 1943, se pueda adoptar legítimamente una acti- tud de fe en el destino actual del país.

Pero en el reciente mensaje presiden- cial, auténtico programa politice de in- mediato po-venir argentino, debe hacer- se una distinción lo más nítida posible entre las partes que enuncian y prometen reformas económicas y sociales y aque- llas otras en que. el nuevo mandatario ha tratado de dirigirse al sentir actual ele los argentinos. Y acaso, para escán- dalo de creyentes supersticiosos en las reformas técnicas, la estimación decidida y superior del pueblo argentino debe ir para aquel trozo del mensaje en que por primera vez desde hace muchos años un presidente argentino ha dado, sin te- mor de su clientela democrática, ex- presión justa a la conciencia r.acional.

Por no tomar ésta como base de la con- cordia de los distintos grupos sociales falló en tantos puntos la revolución de junio de 1943. Hoy es Ueg-ido el mo- mento de proceder a esta concordia que

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REVISTA ¡JE REVISTAS

alcance a todas las personas y grupos nacionales. Sólo partiendo de ella será posible iniciar y hacer efectivas las re- formas sociales y políticas que el país para avanzar necesita.—(I. J. T.) Cosmópotts. (Pág. 4.)

El 14 de junio pasado se reprodujo por cable el discurso pronunciado por D. Bernardo Baruch, presidente de la comisión de energía atómica de las Na- ciones Unidas. Según éste, la función de la Comisión se sintentiza ei; la elec- ción entre la vida y la muerte. Después, todo se centra en fomentar lo más posi- ble el temor suscitado por la calidad de la fuerza en jungo. La utilización de ésta se centra en poneila al servicio de la conquista contra "el temor"; el me- dio para ello sería, según Baruch, el castigo, un castigo atómico, infligido a los futuros criminales de guerra.

El odio a la guerra, elevado al rango de valor supremo, se extiende también

"al concepto de la soberanía nacional", y entonces aparece la figura monstruosa del super Estado, de Estado universal, del Imperium Mundi, tentación eterna de la soberbia humana, qiie-es el maca- bro símbolo de un orden internacional en el Imperio de Cristo.

El Sr. Molotof, con esa intrepidez apocalíptica del pueblo ruso, ya declaró que el Soviet tiene también muchas otras energías superiores a la energía atómica que no le permiten aceptar ame- nazas. Si el hombre de hoy y las nacio- nes cristianas, -entre tantos terrores y amenazas y atómicos castigos, no se sos- tuvieran en la Cruz y no se ampararan en la eternidad de la iglesia de. Cristo, no podrían vencer el pavor de mirar en qv>é manos se hallan al presente los ins- trrmentos más temibles del poder del rr.tmdo.-C/. / . T.)

CASAUBÓN, Juan: El dilema de los de- mocráticos. (Pág. 5.)

Los hechos sociales se han escapado de manos de los hombres. El hombre- masa y el dirigente, muchas veces tam- bién hombre-masa, han de supeditarse a factores que en un momento dado han podido ser suscitados por ellos mismos.

La división de hombres y pueblos en

la pasada guerra fue entre demócratas y comunistas, por un Jado, y "nazis" y similares, por otro; pero he aquí que al acabar aquélla, los hechos en la es- fera internacional, por la sola fuerza de ¡a situación, la Geografía y la eco- nomía, cambian totalmente- los térmi- nos de aquella división. La falta de visión y la miopía de listados Unidos e Inglaterra hace que se encuentren hoy en tina terrible paradoja: toda la pro- paganda que con carácter rusófilo ha- bían prodigado en aras de la amistad con el aliado reciente durante la guerra se ha vuelto ele. repente contra ellos mismos por ese cambio de los términos.

Rusia, en pleno ardor de conquista de pueblos, se encuentra con odiosas "quin- tas columnas" en todos los países que complacientemente las fomentaron en un tiempo. En estos países, además, hay, junto a ese sentimiento, una falta cié afición a otra guerra que hace mucho más inactivas las actividades rusas. En.

Rusia, en cambio, ni afición a los anglo- sajones, ni afición a lo liberal, ni mu- cho menos desgana por la guerra que les ha llevado al cénit de su poder.

Las consecuencias de estos hechos son obvias: los enemigos de ayer se aproxi- man cada vez más de prisa a sus dos amigos de hoy; esto explica todavía más cuestiones que la de la gravedad y parsimonia de los anglosajones en el caso español. Esto explicará que "na- zis" y "reaccionarios" a los que pensa- ron en exterminar definitivamente, pue- dan quizá, al calor de un conflicto con Rusia, ocupar un lugar de privilegio en esa lucha, por la tendencia natural en las contiendas de enfrentarse los extre- mos más decididos y acaso que sean esos "nazis" los que en este momento de la lucha, con su propia neutralidad, los que den el tono de acento predomi- nante de su campo. El intento de los anglosajones de que esta divergencia se plantee abiertamente lo más tarde po- sible. El día que tenga lugar, el dilema será más terminante: o Rusia con su campana, alcanza un éxito 5' el triunfo del comunismo es un hecho con «1 aplastamiento inmediato de la democra- cia, o fracasa y ocupan los odiados "na- zis" y "reaccionarios" la cabeza de la lu- cha antisoviética e imponen sus formas de vida; también aparecería claro por este lado el porvenir de la democracia.—

(J. I. T.)

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REVISTA DE REVISTAS

Derecho del Trabajo.

Revista crítica mensual de Jurispruden- cia, Doctrina y Legislación.—Buenos Aires.

Núm. i, enero 1946:

GATÍI PUJATO, Juan M.: Sobre el con- cepto del derecho del trabajo. (Pág. 5.) Prevalece en la doctrina una gran di- versidad de ideas respecto al con- cepto de esta disciplina jurídica, diver- gencia que llega a incidir hasta en su misma denominación o terminología.

Esta falta de uniformidad deriva del distinto criterio de. los autores con re- lación al contenido de esta materia, a su naturaleza jurídico-social o> a sus principios estructurales, o bien al di- verso grado de desarrollo alcanzado por la legislación vigente en cada país, cuando no se debo a motivos puramente subjetivos o puntos de vista personales.

En verdad, el Derecho del trabaja na- ció como una legislación tutelar o pro- tectora del débil frente al fuerte, del trabajador frente al patrón, procurando como finalidad esencial, de acuerdo con la feliz expresión de Gallart Folch,

"compensar con una superioridad jurí- dica la inferioridad económica del obre- ro", según la fórmula "desigualdad com- pensada con otra desigualdad". Existen algunos autores que llegan a un con- cepto sumamente limitativo, aunque comprensivo de la materia, pues, a pe- sar de centralizar su noción en torno al contrato de trabajo, extienden el conte- nido de aquélla a todas las relaciones jurídicas vinculadas en una u otra for-

ma con la mencionada institución base.

Para la caracterización o especificación de las normas y relaciones laborales existen dos criterios principales: el subjetivo y el objetivo. En virtud del primero, el contenido del Derecho se determina por la calidad o condición social de los sujetos que intervienen en la relación; en el segundo, en relación a la naturaleza íntima de las relacio- nes jurídicas que regula. Con las limi- taciones debidas puede definirse el De- recho del trabajo, en términos genera- les, como el conjunto de principios y de normas positivas que regulan las relaciones jurídicas derivadas de la prestación subordinada-retribuída de la actividad humana. Finalmente, el autor se ocupa de la relación entre el Dere- cho del trabajo y la previsión social, pata llegar a la conclusión de que los aspectos primordiales de la previsión social se hallan comprendidos, esencial- mente, dentro de las normas básicas del Derecho del trabajo, ya que, en lo fun- damental, las disposiciones de aquélla vienen a representar una prolongación o extensión de los efectos jurídicos de la relación de trabajo, más aun tenien- do en cuenta que la noción actual de trabajador se ha ampliado considera- blemente, equiparándose a la de la clase más numerosa y económicamente débil de la sociedad. Ello sin perjuicio, por cierto, de que oportunamente esta dis- ciplina social se separe e independice co- mo rama científica autónoma, aunque sin desvincularse totalmente, como ocu- rrirá también con el Derecho formal o procesal del trabajo, respecto del De- recho laboral de fondo o sustancial, se- paración esta última que ya se ha ope- rado en algunos países.—(H. M. C.)

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REVISTA DE REVISTAS

R E V I S T A S B O L I V I A N A S

Revista de Estudios Jurídicos, Políticos y Sociales.

Publicación de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Uni- versidad de San Francisco Xavier de Chuquisa ca.—Sucre.

Año VII, núm. 14, diciembre 1945:

GEIIKE, Carlos: El problema ontológico del Derecho. (Págs. 6-24.)

La ontülogía es la disciplina filosó- fica primera, puesto que el objeto de su estudio es el ser. El ser es la noción más amplia de nuestra conciencia, y no admite definición. Pero es suscep- tible de clasificación en diferentes for- mas, con realidad objetiva todas ellas, aunque con distintas condiciones de rea- lidad. La ontología, así, señala los ob- jetos reales e ideales, cuyo concepto y problemática estudia brevemente el autor. Al lado de los objetos aparecen los valores, que son como preferencias entre los seres, como atributos, positi- vos o negativos, del ser, polarizados en los concentos antitéticos: bueno-malo, hermoso-feo... La jerarquía de los va- lores no se lia establecido aún de ma- nera definitiva; Scheler, en esquema, presenta los valores útiles, vitales, es- pirituales y sagrados. Desde aquí, se concluye que la realidad se presenta en tres formas: realidad ciega e indife-

rente a los valores; realidad de los va- lores mismos, que forma el campo de la cultura, y realidad de los valores supremos, que constituye el valor re- ligioso. Sin embargo, 110 se rompe la unidad del ser porque todas las catego- rías ónticas coinciden en un punto esen- cial, el ser, y además hay un objeto en que se unifican todas las categorías del ser: el hombre.

Partiendo de ello, hay que señalar ei lugar del Derecho. Admitiendo la exis- tencia del objeto jurídica, hay que ver en qué parce de la realidad óntica se encuentra. Como 110 es en e! mundo na- tural, habrá de ser en el mundo ideal.

Dentro de éste se hallan los objetos lógicos y matemáticos, así como sus ciencias y valores. No siendo el Dere- cho matemáticas, será un objeto lógico, que contiene un valor. N"o es un valor puro, intemporal e inespacial, ideal, pero tiene un sentido de valor; es decir, per- tenece al mundo de la cultura en cuanto supone un puente entre el objeto real y el ideal; así se desprende de la com- paración de las notas de la cultura y del Derecho, como consecuencia de la cual llega el autor a las siguientes con- clusiones: 1.a, el Derecho es un obje- to de cultura y como tal se presenta como un complejo de significaciones;

2.*, el Derecho se nos presenta como un contenido histórico de la conducta humana valorizada; 3", en virtud de ello, el Derecho tiene una forma nor- mativa.— (P. A. C.)

R E V I S T A S C O L O M B I A N A S

Revista Javerlana.

Publicación de la Pontificia Universi- dad Católica Ja<veria,na».—Bogotá.

Núm. 120, noviembre .1945:

Vida nacional. (Pág. 214.)

_ En la crónica que sobre los aconte- cimientos nacionales e internacionales más destacados del mes ofrece la re-

vista se hace una alusión a las relacio- nes liispanocolombianas. Con motivo de la Fiesta de la Raza, el Ministro de España efi P>ogotá comunicó a los asis- tentes a la recepción en la Embajada de España que había recibido un cable deí Ministro español de Asuntos Exterio- res de España, por el que anunciaba que el Gobierno español, como home- naje a Colombia, se proponía editar la obra completa de la expedición botánica que presidió el sabio José Celestino 437

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HEVISTA DE REVISTAS

Mutis al reino de Nueva Granada. La obra consta de 3.000 planchas que se editarán a todo color. El Ministro, en su cable, afirmaba que la edición de esta magnífica obra demostraba "con hechos tan nobles y desinteresados la hermandad cultural de España y Co- lombia en el día de la Hispanidad". La crónica colombiana comenta así la do- nación española: "La noticia ha sido recibida por nuestros medios intelec- tuales con gran, entusiasmo y este ras- go contribuirá a estrechar más los la- zos culturales entre los dos países, pues en frase del Ministro Ojeda: "España es un país históricamente americano con residencia geográfica en Europa para enlazar el Océano Atlántico."—

•(J. A. C.)

ALVARKZ, S. J., Juan: Católicos del Norte y católicos del Sur. (Pági- nas 259-264.)

El autor hace referencia al libro del Padre Peter Masten Dunne, jesuíta norteamericano, A father views South America, en el que el Padre Masten se pregunta la razón de lo que llama de- cadencia espiritual de América del Sur, reflejada en la escasez de clero en toda la América hispánica. Frente a esta afirmación, el jesuíta norteamericano presenta el cuadro de los 37.000 sacer- dotes, 144.000 monjas y 139 universida- des de los católicos norteamericanos.

En cambio, Brasil, con sus 41 millones de habitantes, no dispone sino de 5.000 sacerdotes, y Guatemala sólo tiene 120 sacerdotes para sus 4 millones de almas.

El Padre Alvarez, reconociendo esta verdad intangible, no cree, como el Pa- dre Dunne y otros religiosos norteame- ricanos, que la situación de la América hispánica sea en realidad tan pesimista como la ven los católicos del Norte.

Frente a las opiniones de los católicos norteamericanos, que afirman que cu Norteamérica hay más vocaciones por- que el sacerdote está más en contacto con el pueblo y porque existe una clase media mejor cultivada, el autor del ar- tículo demuestra qtie esta visión es sólo

"turística" y que en América meridio- nal hay una clase media si no tan nu- merosa, "sí mucho más recia en su con- textura moral y política que. la de los

Padre Alvarez— recorrer la lista de los Jefes de Estado o de la jerarquía católica de América para convencerse de que en su máxima parte procede no de esa aristocracia criolla de los ma- nuales de historia norteamericanos, sino de la entraña misma de nuestro pueblo, del hogar modesto que vive como pue- de el Evangelio, de las familias nu- merosas que desconocen ciertos vicios refinados de otras partes y que con- servan todavía un carácter sagrado en- tre nosotros. Es ésta la obra cumbre de la civilización española y, desgra- ciadamente, no vivimos nosotros lo su- ficientemente orgullosos de esta he- rencia".

La Iglesia americana de estirpe his- pánica sufrió choques violentísimos con la expulsión de los jesuítas y con la infiltración de las ideas de la Enci- clopedia en el siglo xix. Pero los auto- res norteamericanos católicos, "en vez de admirar una Iglesia que en casi todos los países sufrió el siglo pasado la persecución 3' el despojo salvaje y, a pesar de todo, ha logrado sobrevivir y conservar casi intacto su rebaño, se entran por el camino fácil de las com- paraciones y se trata de abrumarnos con números y con ejemplos que no nos sirven porque el proceso orgánico nuestro difiere profundamente del de la Iglesia católica de los Estados Uni- dos". El Padre Alvarez continúa:

"Apenas salidos, o en vías de salir, de una situación caótica, la Iglesia ha pro- curado en América latina ir constru- yendo sus seminarios, trata de implan- tar la acción católica y se propone do- tar en la forma mejor sus equipos cul- turales. Ahí están sus obras del Semi- nario Pío Latino-Americano de Roma, está el Seminario de "Moctezuma en Nuevo Méjico, están ¡as Universida- des católicas de Santiago y l i m a y Bo- gotá y así otras instituciones y obras trascendentales en todos los campos de la actividad católica, que, dentro de la pobreza de nuestros recursos y de la escasez de personal, denotan un esfuer- zo casi heroico apreciabilísimo. Pero no tiene la culpa la Iglesia de que en Méjico no haya Seminarios; no hemos contribuido para nada en el laicismo que tuvo hasta hace poco la escuela argentina; sufrimos leyes persecutorias y limitadoras en otros, cuando no la benevolencia enguantada que estila la

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REVISTA DE REVISTAS

masonería en este siglo. Pero no por

•uso hemos arriado las banderas y te- nemos en este mismo siglo un martiro- logio que es la página más bella de esta historia latinoamericana y que pue- de servir de ejemplo al mundo entero.

Quizá esto pueda darles alguna idea a nuestros amigos del Norte de nuestra ..actitud defensiva y de nuestra descon- fianza en varios campos. Si fuéramos a responder con cargos a ciertas tachas que ligeramente nos señalan, recorda- ríamos a los católicos norteamericanos la frialdad y el poco coraje que de- mostraron ante la sangrienta persecu- ción mejicana. Ni hay para qné formu- larnos tampoco la pregunta de por qué países católicos han soportado tanto tiempo Gobiernos laicistas. Porque po- dríamos, a nuestro turno, preguntarles cuál es el papel que en la política de su país representa una fuerza tan for- midable como la católica. Pero no se trata de eso ni es liora de recrimina- ciones."

Otro punto que enjuicia el Padre Alvarez en su magnífico artículo "Ca- tólicos del Norte y católicos del Sur"

es la cuestión del proselitismo protes- tante. Ante este peligro, la Iglesia ca- tólica de la América hispánica ha dado ya la voz de alerta. Numerosos católi- cos norteamericanos no comprenden esto. Muy amigablemente y con cierto tono doctoral estos católicos aconsejan -a los católicos hispanoamericanos: No se exasperen; la emoción no resuelve nada; hay que ser tolerantes; eso es lo culto y lo civilizado. "Ahí está el ejem- plo de los Estados Unidos..." "No es- tamos de acuerdo", exclama el Padre Alvarez. "Increíble parece que haya historiadores que ignoren la manera cómo se formaron estos pueblos y que después de tanto ver y leer y aun afir- -mar que España mandaba a sus colo- nias lo mejor que tenía no sean capaces de una visión de conjunto para apre- ciar la obra realizada por la Iglesia católica durante tres siglos. En estos días totalitarios de verdades oficiales y de pensamiento estandardizado caen muy mal ciertas afirmaciones. Pero la verdad es que la epopeya católica de este continente ibérico no tiene cotejo en toda la historia de la Iglesia y ape- nas puede compararse con la mejor edad media benedictina. En ese senti-

<do, mejor es no intentar un cotejo en-

tre las dos porciones del hemisferio occidental." Los Estados Unidos son producto, en cambio, de una mezcla de catolicismo y protestantismo donde la tan hablada tolerancia no fue siempre una verdad intangible, como quieren presentar algunos manuales de Historia.

"Aquí entendemos la tolerancia no co- mo una actitud corderil que ha entre- gado todas las armas de defensa y como una renuncia total a la lucha. La entendemos como monseñor Eultoü Sheen, campeón excepcional del ideal católico de los buenos tiempos en los Estados Unidos, poniendo por sobre todo la verdad, respetando el error in- vencible, pero rompiendo todo velo de conveniencias hipócritas cuando detrás de ese velo se agazapa la mala fe."

Ante los reparos formulados a la labor de la Iglesia americana de estir- pe hispánica por los católicos norte- americanos, y entre ellos por el Padre Masten Dunne, el autor del artículo los rebate victoriosamente y afirma que los métodos norteamericanos en la acción social y católica no pueden ser copia- dos por los países de la América del Sur. El Padre Alvarez termina con es- tas palabras: "A los cuarenta años, dijo alguien, ningún hombre es discípulo de otro hombre. Y lo mismo le sucede al catolicismo latinoamericano, que ya pasa de los cuatrocientos años y tiene a su favor, a pesar de los pesares, una hoja de servicios dentro de la Iglesia de Cristo y realizaciones formidables de todo orden que no está dispuesta a renunciar por una falsa tolerancia con amigos y enemigos."—(J. A. C.)

VALTIERRA, S. J., Ángel: Hispanoamé- rica en el Concilio de Trento. (Pá- ginas 265-275.)

El Padre Valtierra inicia su docta disertación exponiendo las líneas gene- rales que informaron el Concilio de Trento. Después, ya dentro del tema propio de su ensayo, estudia la reper- cusión en Hispanoamérica de la con- vocatoria y del desarrollo del penúlti- mo Concilio ecuménico de la Historia.

A pesar de que el Cardenal Pacheco en una carta a Carlos V le decía:

"también parece necesario que vinieran algunos prelados de Indias, porque co- mo éste sea el primer Concilio general

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KEVISTA DE REVISTAS

que se hace después que se ganaroia de más que sería justo asistir a él", Amé- rica no pudo enviar un solo prelado a

¡as sesiones conciliares. Por entonces las Indias españolas tenían erigidas ly diócesis de vida pujante y de espí- ritu arrebatador. Muchos de sus pasto- res pretendieron acudir a Trento; pero las dificultades de los viajes y, sobre todo, el abandono en que quedaban las nacientes cristiandades impidieron sus apostólicos deseos. Por esta imposibili- dad física el Emperador Carlos V con- siguió un breve pontificio que eximía a los Obispos americanos de la obli- gación de asistir al Concilio de la Cris- tiandad. A pesar de todo, dos Obispos de las posesiones españolas iniciaron su viaje hacia la ciudad conciliar: D. Vas- co de Quiroga, Obispo de Michoacan, y D. Juan del Valle, Obispo de Popa- yán. Dificultades sin cuento impidieron que rindieran su visita a Trento.

Otro Obispo americano, aunque en- tonces no era pastor de ninguna dió- cesis de las Indias hispánicas, asistió a las reuniones del Concilio, Fray Fran- cisco de Benavides, que había sido Obispo de Cartagena de Indias y que después fue trasladado a Mondoñedo.

Como pastor de la diócesis gallega es- tuvo presente en las deliberaciones tri- dentinas.

La recepción de los cánones concilia- res en las diócesis americanas fue emo- cionante y ejemplar. Todos los fieles se adhirieron de corazón a las fórmulas aprobadas en el Concilio. Poco después de ser conocidas en América las tesis tridentinas, en todos los Concilios pro- vinciales celebrados por los pastores in- dianos, la primera ceremonia efectuada fue la adhesión de los Obispos a las últi- mas determinaciones eclesiásticas. En el primero de Lima —escribe un his- toriador—• "el Arzobispo, de rodillas, teniendo en la mano los decretos del Concilio, los puso luego sobre su ca- beza y proclamó su obediencia y suje- ción a la Iglesia y al Romano Pontí- fice, su cabeza, y así hicieron todos ios Obispos". El Padre Valtierra termina su interesante ensayo con estas pala- bras : "No podemos seguir las disposi- ciones de aplicación inmediata tan no- tables y curiosas que los Concilios pro- vinciales de toda América promulgaron siguiendo a Trento. Una cosa es cierta:

aquí Trento fue el alma espiritual

de América, y por la gracia de Dios sigue siéndolo hoy; cuando los Congresos eucarísticos de Lima, de Bogotá, de Buenos Aires proclaman con la voz de la hostia viva la supervi- vencia grandiosa del misterio del altar, uno de los ejes tridentinos; cuando al Pontífice de Roma se le oye con la más inconmovible veneración; cuando la Virgen morena de América reina con su inmaculado poderío... Trento fue en aquellos días y sigue siendo hoy el alma de nuestra mentalidad católica y de orientación religiosa que en su uni- dad mantiene unidos nuestros pueblos en unidad de fe y de cabeza visible."—

(I. A. C.)

GONZÁLEZ QUINTABA, S. j . , Guillermo:,

Bases esenciales de la Unión inter- americana. (Págs. 276-287.)

El autor del ensayo hace tres pre- guntas fundamentales para desarrollar su tema: ¿Tienen las naciones hispano- americanas un solo espíritu y una fiso- nomía espiritual inconfundible? ¿Cuál sería la base que permitiera una inter- pretación fiel del espíritu americano?

¿Cuáles son las bases fundamentales- para la mutwa comprensión de las Amé- ricas ?

Para responder a la primera pregun- ta el Padre González Quintana acumula- tres claros argumentos afirmativos:

Las naciones americanas tienen un solo espíritu gracias a su unidad de fe, de lengua y de mando durante tres centu- rias bajo el Imperio español. La pri- mera ha sido forjada, a pesar de gran- des períodos de persecución, en torno de la fe católica; la segunda tiene como- aglutinante el idioma castellano, pese a la existencia en grandes territorios suramericanos de la lengua lusitana, ya

"que la civilización portuguesa en sus puntos esenciales no difiere de la es- pañola" ; la tercera unidad de mando o de gobierno fue forjada por la depen- dencia conjunta del mundo hispánica del Gobierno de Espafia hasta los pri- meros años del siglo xix, dependencia que afianzó "más la acción de la cul- tura hispánica en nuestro continente y España con la fuerza indeleble de su espíritu adaptó y plasmó perennemente el carácter peculiar de nuestras insti- tuciones nacionales y sociales, dejando-

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REVISTA DE BEV1STAS

en ellas un ideal común y una forma sustancialmente idéntica en aspiracio- nes". ¿ Cuál ha sido el resultado de esta cultura hispánica en el mundo americano? El Padre González Quin- tana sintetiza así sus líneas generales:

i." Una tendencia resueltamente espi- ritual e idealista. 2.° Un predominio de

¡a lógica y de la pasión puesta al ser- vicio de esta lógica que hace difícil al español y al hispanoamericano el en- contrar un medio entre el sí y el no.

3.0 Un fuerte sentido del valor de la persona humana. 4.0 Una marcada afi- ción y facilidad para los estudios es- peculativos y literarios junto con cierta negligencia y falta de interés para los estadios prácticos. 3." Una gran rique- za y complejidad de vida psicológica, alimentada principalmente por la ima- ginación singularmente activa y un tem- peramento pasional y sensible, no en el sentido peyorativo de estas palabras; y 6." Paciencia, valor, desprendimiento y generosidad y a veces derroche de he- roísmo cuando lo exige la causa o el ideal a que se sirve.

Respecto a la existencia de una cul- tura indígena en América capaz de su- perar a la influencia española sobre los pueblos hispánicos, el Padre González Quintana opone un rotundo mentís. "Es inútil —escribe— e imposible buscar una característica común de Hispano- américa por este aspecto (el indigenis- mo precolombino), pues ni existió, ni menos existe aún, cuando la mayoría de sus habitantes pertenecen a la raza española o a la raza nueva que surgió de la unión legítima bendecida por !a Iglesia del indio y del español". Para el autor del artículo, el problema del indigenismo no define, pues, en sus ras- gos culturales a Hispanoamérica ni a sus naciones. Es, simplemente, un pro- blema interno, regional, no de cultura, sino social.

La segunda pregunta que se formula el Padre González Quintana es la si- guiente : ¿ Cuál es la base que nos per- mita la interpretación fiel de ese espí- ritu? Después de negar como bases ca- paces de interpretar a América su pro- greso industrial o económico o su ca- rácter "típico" de turismo (es "África a la mano" que para muchos extran- jeros es Suramérica), concluye el Pa- dre González Quintana que la "tínica base racional para interpretarnos es el

estudio <le las grandes causas históri- cas que han obrado durante largo tiem- po sobre nuestros pueblos y sus efectos reflejados en nuestras aspiraciones con- tinentales, nacionales, sociales e indivi- duales ; aspiraciones que pon legibles y concretas en nuestra historia, en nues- tro verdadero arte, tanto cuito como popular, en los libros de nuestros pen- sadores, en los movimientos auténticos de nuestros pueblos que expresan su te o su amor patrio, en la constitución y costumbres de nuestras familias, en los conceptos qne tiene el hombre del Sur de los grandes problemas humanos en- su actitud frente a la vida".

¿Cuáles son las bases fundaméntale?

para la mutua comprensión interameri- cana? La tercera pregunta formulada por el autor tiene una respuesta categó- rica en. el ensayo del Padre González Quintana: Queremos conservar nuestra, fe; queremos conservar nuestra lengua;

queremos conservar nuestra independen- cia soberana de naciones; cu el terreno.

internacional podemos y queremos unir- nos estrecha y fraternalmente con las naciones a quienes nos ligan lazos his- tóricos o geográficos; queremos que exista comprensión y respeto mutuo en- tre los países americanos... lil Padre González Quintana termina así su en- sayo : "La verdadera amistad se anuda, siempre entre los individuos y pueblo»

por invisibles, amplios y generosos va- lores del espíritu. La amistad frater- nal entre las dos Américas reposará, así lo esperamos, sobre esta única base- indestructible".— (J. A. C.)

Tomo XXV, nám. 12 x, febrero 11)46.-

ANDRADE VALUERRAMA, VICENTE, S. J.:

La acción social católica en las Amé- ricas. El segundo Seminario ínter- americano de Estudios Sociales. (Pá- ginas 45-51.)

El articulista se refiere al Congre- so celebrado en la Habana. Destaca que Cuba, a pesar de llevar cincuenta aííop bajo el influjo •—bueno o malo— de los Estados Unidos, "ha conservado ín- tegramente su carácter liispano-ameri- cano". Señala que 87 representantes de 24 naciones libres se sintieron desde el primer momento hermanos, "sin que las diferencias de lengua o de menta- 44 í

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KEVISTA DE REVISTAS

Iidad pudieran en nada mermar el sen- tido de fraternidad católica que a to-

•dos nos unía". "El sentido de unidad era superior aun que el que acerca a los científicos en sus reuniones inter- nacionales".

La primera reunión de este género se celebró ya en 1942 —fines de agosto— en Washington, pero no alcanzó la dimen- sión continental que ésta de Cuba. En ella las autoridades del país ofrecie- ron su colaboración: el propio Presi- dente Grau San Martín recibió y salu- dó cordialmente a los delegados. El ar- ticulista señala el resurgimiento cató- lico en las clases altas de Cuija.

Más que Congreso, la reunión de la Habana fue un seminario donde hom- ares de estudio analizaron y discutieron los diversos temas propuestos: propie- dad, agricultura, movimientos sindica- les, relaciones industriales e internacio- nales, resoluciones de Chapultepec, Bretton Woods y San Francisco, méto- dos de la Acción Social Católica. Hubo particular riqueza de opiniones sobre cómo ha de ser la acción sindical:

¿confesional?, ¿neutra? Se fijaron co- mo objetivos la propiedad familiar, el cooperativismo agrario, el salario fa- miliar y la atemperación del contrato de trabajo con el de sociedad, el ro- bustecimiento de la vida económica de las naciones débiles y la colaboración internacional a través de las entidades económicas y sociales de la nueva Or- ganización Internacional, solidaridad continental de los movimientos socia- les católicos. Como medios prácti- cos se señalaron: creación de ofici- nas de coordinación de todos los es- fuerzos católicos en el terreno social en cada país; difusión de la enseñanza social católica; participacióti activa de los católicos en las organizaciones pro- fesionales; oficina interamericana de acción social católica, que hará efecti- va la solidaridad continental de los ca- tólicos en el terreno social.

Los ejemplos de Colombia, Costa Rica y Canadá sirvieron para probar cómo se puede, lograr la creación de fuertes estructuras sindicales de índole cató- lica. El autor da a continuación el tex- to completo de las resoluciones toma- das en este Segundo Seminario Cató- lico Interamericano.—(B. M.)

Tomo XXV, tuínt. 122, marzo 1946:

Bajo el signo de la propaganda. (Pá- ginas 65-67.)

El editorialista empieza por afirmar que vivimos bajo el imperio de la pro- paganda. Es el fenómeno más impor- tante del mundo moderno. "Los inven- tos han multiplicado los medios de co- municación en tal forma, que vivimos en una absoluta indistancia." "Nues- tros cinco sentidos sufren el asedio constante de una comunicación calcu- lada para influir en la conciencia."

"La puerilización general y ese some- timiento a una propaganda sin cuartel en todos los órdenes, es el fenómeno más alarmante para quien se preocupa por el destino del hombre y por el por- venir de los pueblos." Lo que nos debe preocupar no es en sí misma la pro- paganda, sino el uso que de ella se haga. El autor señala "los peligros que para la auténtica cultura y para la de- mocracia ideal que todos soñamos en- trañan el cine y la radio y el impreso gráfico multiplicado hasta el infinito".

"Parece que el tiempo para pensar se hubiera acabado; ya no existe el ocio creador...; la inteligencia se ha estan- dardizado, inhibida para formarse una idea objetiva de los acontecimientos y de las cosas." Prensa, radio, cine, tea- tro, literatura y hasta poesía se han con- vertido en medios de propaganda y en instrumentos de determinados movi- mientos. "Fruto de esta lucha es el caos intelectual y el relativismo en to- dos los órdenes." El pobre hombre mo- derno es dominado como un autóma- ta sin inteligencia reflexiva ni libertad.

"La noción de verdad como algo eter- no y absoluto se abandoia, para creer todos los días en la verdad que impon- gan totalitariamente el interés, el di- nero, la ambición o el odio de quienes manejan a su talante la opinión." "Se vive al día en todos los órdenes y (el hombre) se entrega desesperado a las fuerzas ciegas del subconsciente y del instinto." "Desposeído el hombre desde su adolescencia de la prerrogativa inte- lectual, acentuada torpemente la vida de los sentidos, exaltado hasta la dis- tensión dolorosa el sistema nervioso, se va haciendo cada, vez más impulsivo, más sensitivo, más preparado para ser presa de los peores instintos." "El mim-

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do antiguo conoció dos categorías de hombres: los señores y los esclavos."

"Tan abominable teoría se verifica in- conscientemente en el mundo contem- poráneo: vamos hacia la esclavitud de la inteligencia."

"La defensa del hombre es uno de los primeros deberes de nuestro tiem- po : defensa contra el "slogan", contra los mitos, contra la falsa mística."—

(B. M.)

Christopher: Europa, socie- dad da naciones. (Págs. 68-75.) El problema de las relaciones mutuas de los Estados europeos y de las par- tes al todo ha sido siempre la cuestión por excelencia en todos los intentos en- derezados a un orden internacional; por- que la idea de Europa ha entrado co- BIO un supuesto en toda discusión in- ternacional. "Rara vez se la define y, cuando se hace, ha sido de modo su- perficial. Eu tiempos pasados tío era cuestión trascendental, porque la comu- nidad internacional era mirada como algo idéntico a la comunidad europea;

pero tal situación ha ido cambiando en el transcurso del siglo xix con la in- dependencia de las Américas y luego con el desarrollo del estatuto interna- cional de las potencias independientes de Asia. "Pero Europa siguió siendo el centro y el patrón del sistema inter- nacional y cuando la Sociedad de Na- ciones quedó fundada en igig como organismo mundial, no tué tanto la creación de un sistema nuevo, cuanto la culminación del proceso de expan- sión europea y la aplicación del siste- ma internacional europeo al resto del orbe." El Tratado de. Versalles, cen todo, falló al tratar de establecer un or- den europeo. El viejo sistema de equi- librio de potencias y :;1 concierto de Europa quedó abandonado, pero DO ha- bía en él nada nuevo para Europa co- mo sociedad de naciones. Europa ya no estaba suficientemente unida como para conducir el mundo, y el mundo no es- taba lo bastante organizado para im- poner orden en Europa. "Y, como con- secuencia, en vez de ser centro del or- den mudial, Europa se convirtió en el foco del desorden internacional." Así, muchos países sienten que no sólo ha puesto en almoneda Europa su condi-

ción de jefe universal, sino que ya no existe como sociedad de Estados o como una unidad de cualquier orden que se quiera imaginar. Según ellos, la jefatura del mundo ha pasado a los grandes Estados mundiales: U. R. S. S,.

Estados Unidos, Imperio Británico; y contemplan a Europa alg~o así como Europa miraba a los Balcanes en el siglo x i x : una región de pequeños Es- tados en revuelta que deben ser pacifi- cados por las grandes potencias. "Por falsa que esta idea sea, no cabe duda de que los acontecimientos de los últi- mos diez años han arrastrado a Euro- pa más bajo que en ninguna época de su historia, y que ahora que lá guerra termina, su suerte está en ias manos, no de las grandes potencias continen- tales como en el pasado, sino en las de las nuevas potencias mundiales que en su mayor parte son extraeuropeas."

"Esto es probablemente inevitable, pero eso mismo hace necesario que la opinión pública de los países aliados despertara con ojos muy abiertos a las consecuencias que esto entraña y que cayeran en la cuenta de la necesidad de un genuino convenio europeo, y no tan sólo un convenio mundial confor- me a los intereses de potencias no eu- ropeas, en los cuales se contemplan ios problemas europeos desde un punto de vista no europeo". Existe un verdadero peligro en ello, "porque Rusia está se- parada de Europa por hondas diferen- cias ideológicas; América está todavía padeciendo el influjo de tradiciones aislacionistas y 110 intenvencionistas en la política del mundo viejo; Inglaterra mantiene mucho de su insularidad tra- dicional ; mientras que las tres estu- vieron unidas tan sólo en su determi- nación de detener de una vez por to- das la amenaza a su seguridad, que provenía del fortalecimiento y agresi- vidad de las potencias del Centro de Europa." "Naturalmente, todas ellas atribuían a Alemania la responsabili- dad de esto; pero tantos son los Esta- dos europeos que quedaron envueltos ya por alianza, ya por colaboración, por capitulación o por neutralidad, que existe el peligro en los sentimientos antigermanos, antifascistas o contra el Eje que abrigan los aliados y que con- ducen a mi enajenamiento de simpatía y comprensión por parte de Europa como un todo, y a un resentimiento

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correlativo entre los países de Europa por nuestra indiferencia y poco interés respecto a sus problemas e ideales."

Tras esto el autor pone la compren- sión de Europa como primera tarea y premisa para el orden y seguridad in- ternacionales. "Una Europa desinte- grada quiere decir un mundo desinte- grado, y un lugar propicio para los mismos males que fueron culpables de la presente guerra." Porque todavía hoy —añade el autor— Europa sigue siendo el centro por excelencia de la población mundial, así como el más rico y cultivado campo de la tierra.

"Y es también, no obstante sus disen- siones y contiendas, el grupo estatal de mayor relación e interdependencia."

Cada país europeo depende de sus ve- cinos hasta un grado que se ignora en Asia y en África y que apenas par- cialmente se logra en América.

El autor pasa luego a ponderar el

"resultado de este proceso y la pre- sente constitución de la sociedad eu- ropea". El carácter que más llama la atención cuando se piensa en Europa es su diversidad y variedad. "No es en- teramente continente, sino una exten- sión peninsular de la gran masa te- rráquea que se llama Eurasia." "Es de hecho un Continente por la mano del hombre, una creación histórica, in- vento griego." "Europa es una sociedad regionalista en extremo y casi cada país de Europa ha logrado la unión con di- ficultades enormes, y eso muy recien- temente." El autor trae, por vía de ejemplo de este regionalismo esencial de Europa los casos de Yugoslavia, Es- paña, Italia y Suiza. "Sólo cuando nos acercamos a la llanura del noroeste de Alemania topamos un tipo diferente de panorama y un molde social distin- to, y de ahí hacia el Este. Ja diversi- dad se trueca en uniformidad, y el in- flujo de la gran masa de tierra del centro se va acentuando cada vez más:

es que Europa nunca ha tenida una frontera oriental." La estepa rusa del Sur fue colonizada por el mismo tiem- po en que lo fue Ohío; y Odesa es- contemporánea de Cincinatti o Cleve- land. Habla después el autor del agudo contraste que hasta la guerra de 1914 existía entre la Europa oriental y la occidental. "I,a primera estaba domi- nada por cuatro imperios militares, im- puestos a una niasa de países y pro-

vincias subyugadas; mientras que la- segunda estaba formada por un núme- ro crecido de países independientes."

Muchos de nuestros actuales problemas europeos echan sus raíces en esta si- tuación. El autor rechaza la tesis, mar- xista de que el colapso general de Eu- ropa se deba a las consecuencias del sistema capitalista; sostiene que se debe más bien a eso dualismo europeo:

al derrumbamiento de !os cuatro gran- des imperios militares de la Europa oriental y a los cambios de largo al- cance que supone la construcción de un nuevo sistema político que vino a re- emplazarlos. El disturbio, que empieza en la Europa oriental con la revolución turca de 1908 y la rusa, aunque abor- tada, de 1903, se corre después a la Europa occidental "La fuente real de guerra mundial la encontramos en la.

desintegración de los imperios milita- res, desintegración que les llevó a pre- ferir los riesgos de la guerra a que es- taban acostumbrados antes que los riesgos de cambios políticos que ame- nazaban la base de su potencia." La caída de esos imperios trajo consigo dos grandes cambios: la resurrección de las nacionalidades sumergidas de la Europa oriental y de un nuevo tipo de Estado colectivo que llamamos to- talitario. Esto se debió, en parte, a la dificultad de adaptar las formas de democracia parlamentaria a las condi- ciones totalmente diversas de la Europa oriental, y, en parte, a la superviven- cia de las tradiciones de antiguos Es- tados militaristas y su readaptación a las circunstancias de la nueva edad. "La democracia liberal fue creada para re- solver las necesidades de una clase me- dia próspera que sabía apreciar la li- bertad personal, la propiedad priva- da y la iniciativa privada." El autor señala la influencia decisiva que han tenido la Alemania nazi y la Rusia so- viética para la actual crisis de Euro- pa. Sobre todo, para la suerte de los pequeños países orientales. "Si la causa de estos países queda abandonada y se les deja en posición de Estados vasallos de las grandes potencias sobrevivientes, es inútil pensar que las consecuencias de tal decisión (o mejor, indecisión) quedarán limitadas a la Europa orien- tal; ello significaría que la causa de Europa en conjunto queda abandonada y con ella la causa del orden interna-

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«ional y de la paz del mundo." La re- construcción del sistema internacional de Europa oriental a base de indepen- dencia nacional es la única política que lograría unir a las grandes potencias (Rusia y los angloamericanos). La suer- te de la Europa oriental —viene a decir Dawson— determina la suerte de la Europa occidental. El mundo es de- masiado pequeño, como enseñó la últi- ma guerra, para localizar un conflicto, y el estatuto neutral no es ninguna protección contra la política de domi- nación.

"Actualmente suele decirse que ya pasó el tiempo de las pequeñas poten- cias y que la guerra total y el plan económico totalitario convierte en una anomalía su supervivencia.." "Pero ¿es que las grandes potencias se encuentran en posición más fuerte?" "Quiero decir, las viejas potencias de Europa oc- cidental en frente de los Estados totali- tarios mundiales. Inglaterra resulta la menos típica en este caso, debido a sus fuertes vínculos con el mundo no euro- peo; pero Francia, el ejemplo clásico de viejo tipo de gran potencia continental, corrió igual suerte que Bélgica, Holan- da y Dinamarca." "Italia, la potencia equivalente del lado del Eje, demostró una inseguridad semejante." "Sólo co-' tno partes de un gran todo lograrán los Estados occidentales de Europa sobre- vivir, sean grandes o pequeños." Y así vuelve el autor a su punto de partida:

Europa es una sociedad de países, y puede sobrevivir como tal únicamen- te. Fustiga las propagandas que se con- centran en la ideología de Estado y Nación. El nacionalismo europeo, con su prejuicio de autarquía es otra re- mora para la implantación de una so- ciedad europea.

Después de referirse a los propósitos internacionales de la Santa Alianza y de la Sociedad de Naciones, el autor se pregunta: "¿Es posible que la gue- rra que acaba de terminar logre un progreso definido hacia la organiza- ción de Europa como unidad orgánica?"

Aunque no se adviertan los síntomas de eso, "la lógica de los acontecimien- tos —añade— va señalando cada vez con más decisión ese camino". "Dos conclusiones ... pueden sacarse de la historia de estos últimos años: una es que la posición de los pequeños Estados

•de Europa se ha hecho imposible desde

un punto de vista militar y de la polí- tica fuerte, porque no hay Estado pe- queño que pueda hacer frente a la guerra total y contra los métodos reunidos de presión económica y psi- cológica; la segunda es que desde el punto de vista moral y cultural la po- sición de los Estados pequeños es tan fuerte como nunca, de forma que aun una guerra total con pleno éxito no lo- grará imponerse a la voluntad nacional del menor y más débil de los listados europeos." "Parece, pues, claro que Eu- ropa tiene que hallar alguna forma de organización que salvaguarde el ser na- cional y la libertad social de los paí- ses pequeños por una especie de federa- ción o algún sistema de alianzas per- manentes para la mutua seguridad." El autor augura que si no se llega a esa forma de Europa, ésta será destruida en una guerra total.—(B. M.)

GANDOLFO, RAFAEL: Misión y legado de Europa, (Págs. 76-83.)

"Europa ha muerto —comienza di- ciendo el articulista— 3' es hora de re- coger su herencia espiritual." "Ha muerto porque su unidad está rota y no puede hablarse más de ella sino como una turbia mezcla de razas y pueblos sin común ascendencia espiri- tual y sin respeto a los mismos valo- res." "A nosotros, lejanos en el tiempo y en el espacio —el autor es america- no— de aquella antigua Europa, nos toca inclinarnos sobre sus despojos y entrever en ellos a través de sus im- puras apariciones el resplandor peren- ne de su^ gloria."

A continuación el autor estudia las creaciones culturales de Europa desde que aparece su primera expresión en Grecia. "Alma sensible a la belleza, que es antes que nada orden y medida, be- lleza plenamente racional: he ahí la primera faceta del espíritu helénico." El griego creó la ciencia (del mundo exte- rior) y descubrió el valor propio de la razón científica." "Otros pueblos, como el chino, el egipcio y el hindú, se ha- bían iniciado ya en el conocimiento de, la naturaleza y del hombre; pero en todos ellos el esfuerzo intelectual esta- ba como violentado por intenciones mo- rales, políticas o religiosas." "Sólo el griego alcanzó el sentido del valor ab- 445

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soluto que tiene el conocimiento como tal." Pero, por lo mismo, el griego no concibió una ciencia práctica, esto es, utilitaria, al estilo moderno. Su ciencia tiende a una contemplación. Los griegos no hacían distinción entre ciencia po- sitiva y filosofía, como hoy se distin- gue. "En la cultura griega se produce por primera vez en la historia una autoconciencia del hombre y el senti- miento de su destino como irreductible al de la simple naturaleza." Pero el hombre para el griego es un "presente"

histórico; no tiene su consumación en un estado ultrate.rreno. Aunque "el grie- go conocía la angustia ante la muerte, como lo dicen conmovedoramente las maravillosas figuras de sus estelas fu- nerarias." Pero la mayoría de estas aportaciones helénicas "se quedaron en un plano teórico, sin trascender a la vida práctica." Así ocurrió con los gran- des sistemas de moral y de política: no se tradujeron en una legislación ni me- nos en las costumbres del pueblo grie- go. "Sólo Roma, al crear el derecho, descubrió la primera norma universal de moralidad externa." "El gran mundo greco-romano sólo fue un preludio de Europa." El mundo europeo surge en los primeros siglos de la Edad Media,

"complicada resultante de elementos la- tinos, celtas y germanos". El medievo europeo funde íntimamente los elemen- tos tomados del mundo greco-romano o de la revelación cristiana con los ele- mentos sacados de su propia alma, pre- ferentemente germánicos. El contenido cristiano es más ax'm que un fermento del medievo; es su alma inspiradora e informadora. Aunque el teólogo medie- val parece aceptar la concepción filosó- fica de Grecia (Aristóteles), es sólo una apariencia; el universo medieval no está en la misma relación ontológica con Dios que el universo helénico, ni en la misma relación ética con el hombre.

"Este mundo visible ya no es como para el griego el perfecto y adecuado reflejo de la divinidad; es solamente una entre las infinitas posibles expre- siones de su esencia." La clara in- fluencia de la creación ex nihilo se advierte en esta concepción. Para el me- dieval existe una neta trascendencia de Dios sobre el mundo. El autor señala cómo el cristianismo perfila el con- cepto de Dios y del pecado. La con- cepción del mundo y de la vida para

446

el medieval está ciada por el anhelo de crear un mundo que sea para el hombre preparación 1' aspiración al reino de Dios. Así acentúa al mismo tiempo el occidental su rasgo típico: la libertad.

"Se ha despertado para siempre en su alma una conciencia del "tiempo" co- mo estado transitorio y preparatorio de la eternidad. En toda su obra se siente palpitar el sentimiento vivo de la fuerza creadora del espíritu. El mun- do medieval prueba dos cosas de for- midable proyección histórica: "que sea posible una cierta encarnación terrestre de las exigencias universales de un Dios trascendente al mundo, encarna- ción que fue hecha con la unidad de los pueblos cristianos en el seno de ja cristiandad; lo segundo que probó la Edad Media fue la trascendencia del ideal cristiano y su capacidad informa- dora frente a la multiplicidad de cul- turas nacionales o particulares." El tránsito del medievo a la Edad Moder- na significa una ganancia y una pérdi- da. Ganancias: invención de la cien- cia matemática y experimental de la naturaleza, descubrimiento de la técni- ca, aumento del nivel medio de bienes- tar material, defensa más efectiva con- tra las amenazas a la existencia bioló- gica del hombre, divulgación del saber práctico y del saber erudito... "Pero ninguna de esas cosas compensa la gra- dual disminución, acaecida en el euro- peo, del sentido estimativo de los va- lores religiosos y morales más altos."' La aparición de la burguesía y de los nacionalismos absolutistas de tipo fran- cés, así como el individualismo protes- tante y el sensualismo renacentista co- rrompieron en su raíz misma el mo- vimiento liberador de las energías eu- ropeas. El articulista analiza después las principales aportaciones del mundo europeo moderno: eliminación de la dualidad esraritu-ser (idealismo), univer- salidad e infinidad del espíritu (Hegel), descubrimiento de los límites concretos en que se mueve necesai-iamcnte todo espíritu finito. Pero el mundo moderno ha pasado de un sentido heroico de la vida en los siglos xvi, xvrt y x r a i a un mercantilismo craso en los siglos xix y x x : su espíritu se debate en las tinieblas y su lenguaje es la música.

Pero la autoconsciencia del hombre lia alcanzado su máximo análisis: una in-

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satisfacción general domina al europeo moderno. La melancolía es su Ángel.

Con el siglo xix el europeo abandona el intento de divinizar o siquiera hu- manizar al hombre; sueña solamente en una exacta distribución de la propie- dad y de la riqueza y elimina la posi- bilidad misma de los valores espiritua- les mediante la científica inmersión del hombre en la materia: marxismo.—•

(B. M.)

DANJEJ. HENAO HKXIO: LOS partidos

social-caiólicos en Europa. (Páginas 106-H3.)

Desde Suiza inicia el articulista esta serie de trabajos sobre temas sofciales vistos a la luz de las doctrinas católi- cas. Comienza en este primer artículo por el Movimiento Republicano Popu- lar de Francia y anuncia otros sobre la Democracia Cristiana en Italia, Par- tido Socialcatólico y Unión Democrá- tica en Bélgica, Partido Popular en Austria, etc. Señala como denominador común de estos movimientos políticos su empeño por traer soluciones católi- cas al gran problema social derivándo- las de las Encíclicas papales. Kl Movi- miento Republicano Popular en Fran- cia y sus antecedentes: el éxito ines- perado de este partido fue recibido en Francia misma con general admiración.

El 33 por 100 del electorado reunió a su favor en las Constituyentes, mien- tras otros partidos históricos eran ba- rridos, como el radicalsocialista. ¿ Por qué? Porque el M. R. P. traía en su programa soluciones a las graves inte- rrogantes de ía hora, sobre todo en ma- terial social.

Sus antecedentes: A) Ya desde muy antiguo los católicos franceses se pre- ocuparon por formar un frente común, quitándose de encima el sambenito de reaccionarios. Rompieron todo compro- miso enojoso: monarquía, totalitarismo, clericalismo. La Iglesia por la voz de sus Pontífices ha estad.o alerta a en- cauzar estos movimientos. Así sucedió con el grupo "L'Avenir", formado a raíz de la revolución de 1830 por Lam- menais, Lacordaire, Montalembert. y De Coux, para oponerse a la laización practicada por el Estado, que hubo ds ser condenado desde el Vaticano por sus doctrinas liberales. B) Montalembert y

Lacordaire no cejaron, aunque recon- ciliados con la Tglesia, en su empeño, y a raíz de la revolución de 1848 fun- daron, con Ozanam, los periódicos L'Ere Nowvelle y Le Correspondnnt. Sus campañas se dirigían contra los que se servían de la Iglesia para sos fines políticos particulares: Napoleón III y los suyos. C) El Conde Alberto De Mun y el Marqués de -la Tour du Pin, unen sus voluntades, tras la derrota de Sedán en 1870, para un movimiento ca- tólico de amplia envergadura social, inspirado en las enseñanzas del gran arzobispo de Maguncia, Keíteler; su fondo era un corporativísimo ecouónii- cosocial. Pero la división de los cató- licos franceses en realistas y republica- nos dio al traste con este movimiento.

D) Otras corrientes substituyeron la acción social de De Mun, pero con me- nos brillantez: La Acción liberal de M. Piou; "Le Sillón", de M. Marc Saignier, quien bacía de la democracia la piedra de toque de toda acción cató- lica y que fue condenado por Pío X.

E) La Acción Francesa fue una reac- ción contra este exceso democrático, pero ixicidió en excesos, bien sabidos, y fue también condenada desde Roma.

El programa del M. R. V. Con este epígrafe estudia el articulista el conte- nido de dicho Movimiento. Lo reduce a seis puntos: 1) En lo internacional, adopta la Carta del Consejo Nacional de Resistencia (oposición a toda su- jeción política o económica al extran- jero, participación en una política que asegure la solución pacífica de los con- flictos, colaboración en una política in- ternacional que asegure ixna mejor re- partición de las riquezas); 2) En la po- lítica interna, sostiene en lo social un estrecho parentesco con la política so- cial de lá Iglesia, definida en las En- cíclicas Rcrum Novarum y Quadrar gessimo anno, y aboga por una organi- zación de la producción con vistas a la utilidad social, así como por el ac- ceso de todos a la propiedad familiar y personal; reclama igualmente que en las empresas el trabajo sea asociado a la gestión y al provecho; postula una política familiar que permita al jefe de familia educar a sus hijos en con- diciones morales y materiales mejores;

en lo económico demanda la supresión1

d", las grandes feudaidades económi- cas y la nacionalización de las empre- 44/

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REVISTA DE REVISTAS

ssas que por su dimensión y funciones se han convertido en servicios de in- terés nacional (agua, gas, electricidad, transportes, segur os, bancos), aunque -se cuida de distinguirla de la estatiza- ción, conforme a las enseñanzas ponti- ficias ; en lo que respecta a la forma del Estado, el M. R, P. rechaza toda suerte de totalitarismos; pero desea un gobierno fuerte, emanación de la sobe- ranía popular y responsable ante la na- ción.—(B. M.)

RICARDO PATTÉE: La cuestión española y el libro del ex embajador Hoyes.

(Págs. 99-105.)

Transmitimos textualmente a conti- nuación el artículo del ilustre escritor norteamericano, habitual colaborador de la Revista laveriana, Ricardo Pattée:

"Hasta la fecha he logrado hacer un verdadero milagro: escribir sobre temas internacionales en un número crecido de revistas y periódicos sin apenas to- car más que de soslayo el problema de España. Y no ha sido por querer evi- tar las escabrosidades envueltas en cuestión tan difícil y compleja. Res- ponde, en primer lugar, a una convic- ción muy profunda de que bien poca cosa sé de lo que pasa en España. To- dos dependemos de la prensa diaria, de las noticias que nos facilitan las agen- cias reconocidas y, a estas alturas, es- tamos todavía sin saber a punto fijo muchas cosas que son necesarias saber para formular un juicio o sustentar un criterio en materia tan peliaguda. Allá hace unos meses muchos periódicos nos decían que la frontera franco-española estaba literalmente infestada de maquis españoles, que estaban cerca de un le- vantamiento en masa. Luego, un re- portero norteamericano fue a esa zona e informó con bastante precisión de que en todo su recorrido no había tropeza- do con uno solo que podría ni remota- mente llamarse maqui. Y así sucede con la mapor parte de las cosas. He encontrado hasta dificultad para ave- riguar a ciencia cierta una cosa tan sen- cilla como c! estado de la vida diarin en Madrid. Algunos afirman que todos andan mendigando mendrugos de pan

•de puro hambrientos. Otros afirman que en España se come regiamente.

Pues si las cosas se. contradicen tanto 448

en lo ínfimo y en lo insignificante,

¿ qué diremos de lo internacional ? Probablemente nunca se ha dado el caso de una campaña más sistemática contra un régimen o un sistema de gobierno que la que se. está llevando a cabo contra el gobierno del general Franco. Nunca las fuerzas todas de la opinión pública se han juntado para arremeter con mayor encono y denue- do contra una nación, como tampoco la movilización universal de órganos de opinión pública para socavar, desacre- ditar y, finalmente, derrocar el régi- men que preside el caudillo en Ma- drid. Con esa tergiversación de valores y de términos que es la característica de. la época de maravilloso confusionis- mo en que vivimos, se ha pretendido presentarnos un cuadro sin claroscuros de especie alguna; de una España san- grienta y selvática contra un movimien- to republicano en el exterior, distingui- do por una pureza inmaculada y una ejecutoria tan limpia que ninguna man- cha en él se encuentra. Aprovechando el apasionamiento de la hora en que las infamias, las injurias y las difama- ciones más estupendas pasan por ex- presiones parcas y moderadas, los ene- migos de la España nacional han sabido crear un estado de ánimo que es harto peligroso y hasta amenazante para to- dos los que creemos todavía en lo que llamamos la civilización de Occidente.

Claro está que cualquier afirmación que pretenda frenar un poco este pa- roxismo de odio y de calumnia se tilda de fascista; supongo que el lector poco benévolo de estas líneas me llama- ría como he sido llamado ya tan- tas veces, lo que me tiene sin cuida- do, agente viajero del falangismo y deí fascismo. Sin embargo, puede ser útil aclarar que el análisis que quiero hacer del libro del ex embajador de los Estados Unidos en Madrid, Garitón J. II. Iíayes, no responde a ninguna idea de propaganda; no he sido sub- vencionado por la Falange española ni tiene qtie ver con ningún deseo de. con- graciarme con los que gobiernan a Es- paña actualmente. Responde simple- mente a una necesidad intelectual de proclamar las virtudes de un gran nor- teamericano que vivió tres años en Ma- drid, en íntimo contacto con su gobier- no, que conoció a fondo sus asuntos y su actuación internacional y que, con

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una honradez que le ensalza ante los ojos de cualquier persona medianamen- te sensata, ofrece a! lector sus impre- siones y conclusiones.

El libro de llaves, llamado, Wartime Mission in Spain, es una obra valiente.

Y digo valiente, porque hoy en día lo es ir contra la corriente de izquierdis- mo y de írentepopularismo que pade- cemos actualmente. La práctica desho- nesta de llamar "fascista" a cualquier persona que opte por una posición más objetiva, condena a mucha gente recta y honrada al silencio, pues prefieren no decir nada a que se les caiga encima este alud de crítica y de epítetos. El Dr. Hayes, profesor de Historia e ilus- tre historiador, al fin se ha arriesgado a ir contra esta corriente en un libro que es admirable por su estructura y por su documentación. Desde luego, la prensa izquierdista de los Estados Uni- dos le ha devorado. Revistas como The Nation, P. M. y otras de la misma es- tirpe, han rugido de colera. El mismo Dr. Hayes en una de sus páginas advier- te que para la gente de la mentalidad de los que dirigen The Nation nada sino una declaración de guerra a España les podría satisfacer. Y así y con todo, el ex embajador se ha lanzado a decir su verdad. Y esta verdad no es un ale- gato ni a favor ni en contra. Brilla en sus páginas un afán evidentísimo para presentar exactamente lo que vio y lo que conoció sin cortapisas ni ta- pujos. Y lo que más convence del li- bro es que no es un elogio del Cau- dillo, ni es una diatriba contra él. Sos- pecho para mí que el general Franco, como cualquier otro Jefe de Estado o director de una política nacional, ha tenido sus flaquezas, sus indecisiones, sus errores y hasta sus dislates, si se quiere. Ha rectificado y ha cambiado.

El cambiar en un régimen no es cri- men, sino señal de virtud, si las cir- cunstancias lo imponen. Por eso es útil que señalemos muy a la ligera algunos de los aspectos más sobresalientes de este libro. Ojalá que pronto haya una traducción española que lo ponga al alcance de la masa de los lectores his- panoamericanos. También es preciso re- conocer que. por ser el autor un católico eminente de Estados Unidos, una por- ción considerable del público rechazará sus conclusiones como dictadas por el Vaticano o susurradas a su oído por

el mismísimo Santo Padre. Así anda- rnos los católicos hoy día. Nada que digamos puede ser la consecuencia de mi estudio concienzudo y objetivo de las cosas. Todo lo que se diga en con- tra nuestra tiene que ser verdad, porque

¿no somos los instrumentos ciegos de la reacción? Tal vez debíamos dar gra- cias a Dios por el favor que nos hace de permitir que se nos calumnie im- punemente, pues así se fortalece el es- píritu y se crece en virtud. Sin em- bargo,, es maravilloso que mi mundo que vive perpetuamente horrorizado por lo que cree ser la tiranía y la im- posición del Gobierno español, nada siente ni se preocupa por la política de exterminio que sigue el mariscal Tito contra los católicos de Croacia.

Durante los últimos meses he seguido con especial empeño la gran prensa diaria, especialmente la de Estados Unidos, y mientras veo día tras día relaciones pormenorizadas de las infa- mias cometidas por el régimen español contra los amantes de la libertad y de la democracia, no he visto todavía una sola protesta por parte de los no ca- tólicos contra aquel flamante demócrata que se llama Tito, que obra con fuego y hierro en tierras yugoslavas contra nuestros correligionarios. Claro está que 61 solamente anda extirpando a los re- accionarios que entorpecen la marcha de la democracia. Y seguramente to- dos aquellos infelices que han sido bru- talmente exterminados no fueron más que saboteadores y colaboracionistas, partidarios tal vez de Mihailovich.

Pero volvamos al tema del libro del Dr. Hayes. Después de reflexiones acer- ca de su designación como embajador por el Presidente Roosevelt, designa- ción que respondía al deseo de evitar que España se encontrase envuelta en la guerra, el conocido catedrático de la Universidad de Columbia llegó a Ma- drid en el momento crítico de mayo de 1942. La presentación de credenciales filé la primera revelación que dejó sor- prendido al nuevo embajador. En su discurso de presentación hizo algunas observaciones que podrían llamarse con- trarias a la idea de una "economía autárquica". Condenó en términos algo solapados, pero imposibles de tergiver- sar, el sentido de la economía totali- taria tal como se practicaba por las na- ciones del Eje. Estas observaciones me- 449

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