LA ALEXITIMIA
OIHANA ORMAETXEA
Master en Psicología Clínica y de la Salud
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INDICE
INTRODUCCIÓN ... ...5
ASPECTOS TEÓRICOS .. ...6
● Concepto y desarrollo histórico ...6
● Clínica de la alexitimia ... 10
Rasgos esenciales y accesorios... 10
El procesamiento de estímulos emocionales en la alexitimia ... 12
Alexitimia y personalidad ... 15
• Prevalencia ... ... 17
• Etiología ... ... 19
Hipótesis con base neurobiológica ... 20
Hipótesis con bases cognitivo-afectiva ... 22
Otras hipótesis. ... 25
● Alexitimia, ¿estado o rasgo? ... 28
ALEXITIMIA Y DSM-IV ... ... 31
• Eje I ... ... 32
Trastornos del estado de ánimo ... 32
Trastornos de ansiedad ... 33
Trastorno de pánico y trastorno de ansiedad generalizada 33 Trastorno por estrés postraumático ... 34
Alexitimia y estrés ... 36
Trastornos de la conducta alimentaria ... 37
Trastornos de inicio en la infancia o la adolescencia ... 39
Síndrome de Asperger ... 39
Abuso de sustancias ... 42
Trastornos somatomorfos ... 45
• Eje II ... 47
• Eje III ... 49
Factores psicológicos que afectan al estado físico ... 49
• Eje IV ... 53
Problemas de relación: relaciones de pareja ... 53
EVALUACIÓN ... 56
Escalas y cuestionarios... 56
Otros instrumentos ... 64
PROPUESTA DE TRATAMIENTO ... 66
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Qué es la alexitimia ... 69
Emociones ... 71
Funciones de las emociones y por qué es importante expresarlas...75
• Entrenamiento en habilidades sociales ... 78
Elementos de la habilidad social ... 78
Asertividad ... 81
• Entrenamiento en identificación de emociones ... 83
Vocabulario emocional ... 83
Expresión facial y reconocimiento de las emociones ... 85
Exposición ... 91
Algunas notas sobre el tratamiento ... 92
CONCLUSIONES ... 93
ANEXOS ... 96
Cuadro resumen de los instrumentos de evaluación ... 94
Escala de alexitimia para observadores (OAS) ... 98
Escala de alexitimia de Toronto (TAS-20) ... 102
Cuestionario de alexitimia en línea (OAQ-G2) ... 106
Introducción
Los seres humanos necesitamos expresar nuestras emociones (alegría, tristeza, enfado, hostilidad) y lo hacemos en estrecha vinculación con el contenido considerado culturalmente adecuado. Además de actores sociales, somos participantes culturales, y las normas y los valores legitimados en nuestro universo cultural de pertenencia (real o asumida) actúan como criterios de referencia permanentes. Sólo cuando los procesos de inhibición alcanzan una intensidad extrema e impiden la gratificación, la adaptación y la integración con los propios valores, es posible suponer que van a generar no sólo malestar subjetivo sino también alteraciones psicopatológicas severas (Castilla del Pino en Teoría de los
sentimientos, 2001).
Estas palabras sobre los sentimientos me sirven como introducción para la tesina que presento a continuación, ya que además de subrayar la importancia de la expresión de las emociones como algo inherente al ser humano matizan muy acertadamente el hecho de que no necesariamente la inhibición de las emociones tiene porque suponer un malestar para la persona. Sin embargo, si bien es cierto que debemos tener cuidado con no patologizar por sistema las diferencias de cada uno en el grado de expresión de las emociones también es cierto que el compartir nuestros sentimientos con los demás supone una importante fuente de gratificación y por qué no, de crecimiento personal.
Esta tesina trata precisamente de eso, de la incapacidad para expresar los sentimientos, concretamente de la alexitimia, que significa literalmente 'falta de palabras para los afectos'. Es un constructo teórico que a pesar de su relevancia en el ámbito de la psicología por sus implicaciones tanto en la salud psicológica como física ha sido relativamente poco estudiado, hecho que no deja de ser llamativo si tenemos en cuenta la importancia indiscutible que las emociones tienen en el ámbito de la psicología. Por ello he considerado interesante desarrollar la tesina entorno a este tema, recogiendo información sobre los aspectos teóricos de la alexitimia (historia, clínica, etiología, relación con diversas patologías y evaluación) y proponiendo una aproximación a un posible tratamiento de este síndrome.
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ASPECTOS TEÓRICOS
CONCEPTO Y DESARROLLO HISTÓRICO
La alexitimia se refiere a un estilo cognitivo caracterizado por la dificultad para verbalizar estados afectivos y diferenciarlos de sensaciones corporales, falta de capacidad introspectiva, tendencia al conformismo social y a las conductas de acción frente a situaciones conflictivas (Sivak y Wiater, 1997). Se trata más bien de un tipo de sintomatología que puede aparecer en personas con una amplia variedad de diagnósticos clínicos. No todas las personas tienen el mismo grado de afectación, por lo que es importante no considerarla como un síntoma de ‘todo o nada’ (Paula-Pérez, I.; Martos-(Paula-Pérez, J.; Llorente-Comí, M.; 2010); para Lolas (1978) estaría situada en un extremo del continuum descriptivo de la comunicación de significado emocional. La alexitimia no aparece como constructo en las clasificaciones psiquiátricas, como el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales
(DSM-IV), pero ha demostrado tener un valor heurístico importante, aceptado por la
comunidad científica (Paula-Pérez, I.; Martos-Pérez, J.; Llorente-Comí, M.; 2010).
En la Conferencia Europea de Investigaciones Psicosomáticas de Heildeberg en 1976, es aceptada la alexitimia como constructo especialmente aplicado a la psicosomática, y a partir de ahí el término se utilizó para referirse a un constructo multidimensional de la personalidad (Nemiah et al. 1976) caracterizado básicamente por:
- Dificultad para identificar y describir sentimientos.
- Dificultad para distinguir entre sentimientos y sensaciones corporales de la activación emocional.
- Procesos imaginarios constreñidos evidenciados por una pobreza de fantasías.
En el apartado “Clínica de la alexitimia” explicaré más en profundidad los rasgos característicos de la alexitimia. Autores norteamericanos y alemanes investigaron y llamaron al concepto de diferentes maneras: timopraxia, agnosia interoceptiva, dis-simbolia (Rof Carballo, 1984). Según Bodni (1991), la alexitimia consiste en una especie de dislexia de los afectos y no se trataría de que el sujeto no sienta o no tenga afectos, sino de que, pese a su intensidad, no discrimina matices.
La aparición del constructo alexitimia fue consecuencia de observaciones clínicas realizadas inicialmente sobre pacientes con alguna de las siete enfermedades psicosomáticas clásicas. Las observaciones y conceptualizaciones iniciales parten principalmente de un esquema referencial psicoanalítico y se empiezan a investigar sistemáticamente en la década de los 70, cuando Nemiah y Sifneos examinaron 21 entrevistas transcritas con pacientes psicosomáticos en las cuales se les estimulaba para la asociación libre y el relato de los sueños (Otero, 1999), aunque diversos autores habían trabajado décadas antes en este sentido. Observaron en estos pacientes una dificultad para expresar sus estados afectivos con palabras, así como para diferenciar sensaciones corporales de afectos (Espina, 1998).
Lo consideraron una perturbación cognitivo-afectiva que denominaron alexitimia (del griego a: “falta”; lexis: “palabra”; thymos: “afecto”), que significa literalmente “sin palabras para los sentimientos”. El concepto fue introducido en la literatura científica por P. Sifneos, J. Nemiah y colaboradores del Beth Israel Hospital de Boston, Estados Unidos (Sivak y Wiater, 1997).
Debido a que la alexitimia fue observada inicialmente en algunos pacientes con trastornos psicosomáticos los estudios sobre el constructo han tratado primero de examinar su relación con la psicosomática y de explicar su génesis, pero como también fue hallada en sujetos sin enfermedades somáticas los estudios se han orientado hacia las relaciones entre cogniciones y emociones (Sivak y Wiater, 1997). De hecho, debido a que, como he mencionado antes, las observaciones que condujeron a la elaboración del constructo fueron inicialmente realizadas en pacientes con alguna de las siete enfermedades psicosomáticas clásicas (Nemiah y Sifneos, 1970) muchos autores asumieron erróneamente la existencia de una
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relación etiológica específica entre alexitimia y enfermedad psicosomática (Sifneos, Apfel y Frankel, 1977). Sin embargo en la actualidad se piensa que la alexitimia está extendida tanto en las poblaciones con trastornos psicosomáticos como en las que no padecen dichos trastornos (Rodrigo y Luisiardo, 1992).
F. Lolas (Lolas y col. 1989) realizó una revisión histórica de antecedentes del concepto alexitimia que se presenta a continuación:
1895 Freud Diferencias entre psiconeurosis y neurosis actuales (neurosis de angustia, neurastenia e hipocondría)
1924 Ferencz i
Pacientes en los que no se hallaba fantasía investida de afecto. Modelo defensivo –represión del material psíquico y supresión del afecto-.
1933 Zilboor g
Modelo: regresión a estado de indiferenciación psique-soma, negación y represión.
1948 Ruesch “Personalidad infantil”: insuficiencia de capacidad comunicacional, restricción de la fantasía, dependencia objetal, conducta social hiperadaptada.
1949 McLean Conexión inadecuada entre sistema límbico y neocórtex.
1958 Shands “Pacientes difíciles”: dificultad de describir sentimientos, escaso uso de “yo”. Determinaciones culturales.
1963 Marty “Pensamiento operatorio”, reduplicación proyectiva. Modelo deficitario.
1969 Sifneos Nemiah
“Alexitimia”. Modelos neurobiológicos, psicodinámico y cultural.
1979 Krystal Alexitimia como trastorno cognitivo, afectivo y relacional.
El concepto de alexitimia ha sido duramente criticado desde múltiples y variados campos, tachándose de inapropiado, poco representativo y no válido. No obstante, se considera, incluso por los mismos autores que lo critican, como un concepto ventajoso pues comunica, en una sola palabra, una serie de rasgos clínicos que subyacen en determinados trastornos o pacientes (Cerezo, García-Moja, Gándara y Hernández, 1988).
Estas son las principales críticas que ha recibido el constructo:
- Relación entre alexitimia y enfermedad psicosomática, ya que la mayoría de los investigadores están de acuerdo en que no todos los pacientes psicosomáticos muestran características alexitímicas (Von Rad, Lolas, 1982).
- Ausencia de datos empíricos. En lugar de evaluar cuidadosamente el constructo muchos autores especularon sobre el papel que juega la alexitimia en la formación de síntomas somáticos. Es decir, interpretaron los resultados de los trabajos como si la validación del constructo estuviera ya establecida (Otero, 1999).
- Dimensión estructural de la alexitimia. Debería estudiarse no como una estructura, sino como una dimensión cuantitativa de la comunicación de significado emocional que ayude al diagnóstico, pronóstico y tratamiento (Lolas, 1989).
Las principales críticas al constructo inicial de alexitimia alentaron a los investigadores a abrir nuevos caminos para intentar la clarificación del constructo, planteándose su estudio en un amplio abanico de patologías. Así, en la literatura encontramos investigaciones en las que se han descrito características alexitímicas en un amplio rango de psicopatologías (Otero, 1999). Más adelante se expondrá con más detalle la relación entre alexitimia y ciertos trastornos psicológicos.
A pesar de las críticas antes señaladas, en los últimos años han aparecido múltiples trabajos que destacan el valor heurístico del concepto de alexitimia y su papel como estímulo de la investigación empírica (McDougall, 1982; Lesser, 1985; Taylor, 1987).
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CLINICA DE LA ALEXITIMIA
Si se entiende la alexitimia como una alteración de la personalidad, siguiendo a Krystal (Krystal, 1979; Krystal y col., 1986) se pueden diferenciar tres áreas de trastornos:
- Cognitivo: las dificultades para simbolizar no corresponden a una limitación intelectual, sino que utilizan los símbolos como signos, sin creatividad y sin integrarlos en un contexto personal, lo cual forma parte del ‘pensamiento operatorio’ (Marty y M’Uzan, 1963).
- Afectivo: se refiere a la dificultad de diferenciar las sensaciones corporales de las emociones y para verbalizar estas últimas; relacionado con esto destaca la ausencia de expresividad emocional y actuaciones impulsivas inesperadas.
- De las relaciones interpersonales: la dificultad para empatizar ocupa un lugar predominante.
Rasgos esenciales y accesorios
Krystal (1979) califica los rasgos que caracterizan la alexitimia en esenciales y accesorios. Los esenciales constituyen el núcleo del trastorno y los accesorios se dan en gran parte de los casos.
Rasgos esenciales
• Pensamiento simbólico reducido o ausente: es utilitario, minucioso y está centrado en el exterior, no expresando sus motivaciones, deseos, tensiones o sentimientos.
• Limitada capacidad para fantasear: existe una inhibición de la capacidad de la fantasía como realizadora de deseos, lo cual les impide la representación de
los impulsos y la simbolización de las tensiones como un paso previo a la acción.
• Dificultad para expresar sus propios sentimientos con palabras: el término ‘alexitimia’ se refiere a este aspecto. Por ser personas que tienen muy poco contacto con su realidad psíquica, se encuentran limitadas para diferenciar estados emocionales, así como también para localizar sensaciones y experiencias corporales, por lo que expresan sus demandas en términos físicos, manifestándose incapacitadas para verbalizar.
Rasgos accesorios
• Alto grado de conformismo social: son personas aparentemente bien adaptadas, pero como señala McDougall (1987) se trata de una “pseudonormalidad” o una “pseudoadaptación social”, pues su comportamiento es muy rígido y dependiente de las convenciones sociales.
• Relaciones interpersonales estereotipadas: la capacidad para relacionarse con otros se encuentra deteriorada según Krystal (1979), por un trastorno de capacidad de empatía. Las relaciones sociales que establecen suelen ser estereotipadas, muy dependientes o evitativas.
• Impulsividad como expresión de conflictos: pueden llegar a la expresión afectiva descontrolada por no poder elaborar los conflictos previamente.
• Personalidad inmadura (Ruesch, 1948): no desarrollan una adecuada individuación, lo cual está asociado a su deficiente expresión simbólica.
• Resistencia a la psicoterapia tradicional: por la incapacidad de relacionar sus trastornos fisiológicos con sus conflictos, de discriminar sensaciones corporales de sentimientos y como consecuencia de su incapacidad para simbolizar, es difícil que puedan realizar la introspección necesaria para
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cualquier tipo de psicoterapia que pretenda descubrir los mecanismos profundos de su trastorno (Krystal, 1979).
Según Pedinielli (1992) los sujetos alexitímicos tienen una representación cognitiva de informaciones afectivas que reconocen y responden de manera apropiada a las convenciones lingüísticas que tienen que ver con las emociones, y poseen códigos motores necesarios para la ejecución ordenada de expresiones de emociones, pero no existe en ellos conexión entre la experiencia afectiva y la comunicación de ésta.
En este sentido cabe destacar la dificultad que manifiestan las personas con alexitimia para reconocer estados emocionales que están sucediendo. La mayoría de ellas pueden tener una sensación de incomodidad, de que algo está cambiando somáticamente (rubor, cosquilleo en el estómago, aumento de la tasa cardiaca, etc.), pero cuando se le pide que explique sus sentimientos, la persona no tiene palabras que ofrecer. A menudo, el sujeto malinterpreta la expresión física de lo emocional como una expresión física de enfermedad (las lagrimas pueden ser un defecto del lagrimal, la ansiedad en el estómago una apendicitis…). Además, los estados emocionales pueden atribuirse a influencias ambientales adversas (cambios en la presión atmosférica etc.). Es como si hubiera una falta de relación que permita a la imaginación formarse un cuadro de la situación emocional (Paula-Pérez, Martos-Pérez y Llorente-Comí, 2010).
El procesamiento de estímulos emocionales en la
alexitimia
Por conceptualizarse la alexitimia principalmente como un trastorno emocional en el procesamiento de la información afectiva, así como en la regulación de los afectos (Taylor, Bagby y Parker, 1997), considero interesante presentar un apartado sobre el procesamiento de estímulos de carácter emocional de las personas alexitímicas. A pesar de que en algunos trabajos sobre la alexitimia la información que desarrollo a continuación aparece incluida en el apartado de etiología de la alexitimia, encuentro más oportuno presentar las siguientes características como
distintivas del constructo más que como factores originarios, pues en dichos trabajos no queda claro en mi opinión si son causantes o consecuencias del trastorno.
Desde el ámbito disciplinar de la psicología de la emoción se ha interpretado la alexitimia como un fenómeno de carácter predominantemente cognitivo (Martínez-Sánchez y Fernández Castro, 1994), potencialmente capaz de ofrecer información en torno a las relaciones entre emoción y cognición (Martínez-Sánchez, 1995). Diversos estudios que han validado experimentalmente gran parte de las premisas conceptuales que subyacen al constructo apuntan a la existencia de una serie de disfunciones en el procesamiento de información emocional (Martínez-Sánchez, 1999).
1. Dificultad para procesar información afectiva de carácter no lingüístico. Esta alteración es especialmente manifiesta a la hora de identificar información emocional transmitida a través de expresiones faciales (McDonald y Prkachin, 1990). Este mismo hecho ha sido observado por Parker, Taylor y Bagby (1993), quienes presentando nueve fotografías de nueve emociones distintas encontraron que la tarea era más difícil para los alexitímicos.
2. Dificultad para discriminar entre distintos estados emocionales. Bagby, Parker, Taylor y Acklin (1993) empleando tareas en las que se utilizan descriptores verbales del estado de ánimo mostraron que los alexitímicos presentaban mayores dificultades para distinguir entre diversos estados afectivos (Martínez y Ortiz, 2001).
3. Déficit en el procesamiento verbal de estímulos emocionales. Lamberty y Holt (1995) observaron alteraciones específicas en el desarrollo de las habilidades verbales relacionadas con la descripción de estados emocionales complejos en sujetos con altos niveles de alexitimia. De la misma manera, Núñez, Valdés, García y Marcos (1986) aprecian una menor inteligencia verbal (medida con la subprueba de Wechler), aunque no estadísticamente significativa en un grupo de alexitímicos.
4. Patrones atencionales específicos de la información emocional. Utilizando una
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(1997) comprobaron que los sujetos con altos niveles de alexitimia tenían dificultades para procesar estímulos emocionales en la tarea, siendo menos selectivos a los estímulos que evocaban activación emocional que los sujetos con bajos niveles de alexitimia; es más, en otro estudio se comprobó cómo este efecto es especialmente acentuado ante estímulos descriptores del estado de ánimo (Martínez y Ortiz, 2001).
5. Procesamiento no simbólico de la información visual. Montreuil y Jouvent (1989) desarrollaron una prueba basada en el modelo del ‘Procesamiento distribuido en Paralelo’ (Rumbelhart y McClelland, 1986) y en el experimento que realizaron los resultados mostraron que un grupo con alteraciones psicosomáticas y altos niveles de alexitimia analizaba la información de manera inmediata, lógica y no simbólica, de acuerdo con las características de los alexitímicos (Montreuil, Jouvent, Carton, Bungener y Widlocher, 1991). Los autores interpretan estos resultados sobre la base de la hipótesis de la existencia de una “comisurectomía funcional” (Martínez y Ortiz, 2001).
6. Dificultades en la propiocepción visceral de las manifestaciones fisiológicas
asociadas a la activación emocional. Se ha puesto de manifiesto la falta de
fiabilidad de los alexitímicos para estimar diversos parámetros físicos asociados a la activación emocional, tales como la tasa cardiaca (Näring y van der Staak, 1995; Sachse, 1994) o el nivel general de activación (Martínez- Sánchez, Ortiz y Ato, 2001).
7. Patrones específicos de activación cerebral en respuesta a estímulos
afectivos. Tanto Parker, Taylor y Bagby (1992), como Berembaun y Prince
(1994), atribuyen las deficiencias de los alexitímicos para interpretar la información emocional relevante a una disminución de la actividad cerebral hemisférica derecha. Estos hallazgos concordarían con evidencias anteriores (Martínez y Ortiz, 2001).
Alexitimia y personalidad
Por otro lado resulta muy interesante el estudio de la relación entre alexitimia y algunas variables de personalidad. Son numerosas las investigaciones realizadas sobre este tema, y se ha constatado que globalmente el perfil de los sujetos que presentan altos niveles de alexitimia se caracteriza por (Velasco, 2000):
• Tendencia a somatizar.
• Patrón de expectativas y atribuciones orientado hacia el locus de control externo.
• Altos niveles de ansiedad cognitiva, fisiológica y motora, y depresión.
• Actitud predominantemente negativa hacia la expresión emocional y patrón de pensamiento operatorio-concreto.
• Menor autoconciencia respecto de los aspectos internos y externos. • Bajos niveles de deseabilidad social.
• Peor balance afectivo.
• Menor apoyo social objetivo y subjetivo y utilización de formas evitativas de afrontamiento.
Cada vez con mayor fuerza se está imponiendo una nueva tendencia en la investigación sobre alexitimia: el estudio de las relaciones entre ella y los modelos de personalidad basados en los rasgos (Velasco, 2000). En esta línea de investigación, Parker, Bagby y Taylor (1989) intentaron establecer las relaciones entre alexitimia y el modelo de los tres factores de Eysenck, constatando que correlaciona positivamente con neuroticismo, lo cual es congruente con las evidencias empíricas que plantean que tanto los individuos neuróticos como los alexitímicos presentan altos niveles de somatización y disforia. Cabe señalar que si bien el neuroticismo y la alexitimia se caracterizan por la presencia de sintomatología somática, los sujetos con una alta puntuación en neuroticismo tienen tendencia a expresar directamente sus emociones en relación con su estado subjetivo, contrariamente a los sujetos que presentan una puntuación global elevada en alexitimia (Velasco, 2000).
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Los autores ya mencionados encontraron además que la alexitimia correlaciona negativamente con el factor extraversión, mientras que para psicoticismo la correlación fue positiva y sensiblemente más baja. La correlación negativa entre alexitimia y el factor de extraversión es compatible con la idea de que los individuos introvertidos muestran dificultades para comunicar sus emociones y son percibidos por los otros como emocionalmente distantes (Parker, Bagby y Taylor, 1989).
Por otro lado Pandey y Mandal (1996) obtuvieron en su investigación unos resultados muy similares, aunque estos autores interpretan los hallazgos en términos de activación emocional (arousal). En los estudios llevados a cabo por Mann, Wise y Shay (1992) se encontraron resultados en cierta medida congruentes con los obtenidos en los estudios en los que se trabajó con el modelo de los tres factores: la alexitimia correlacionó de forma moderada y positiva con neuroticismo, y de forma débil y negativa con extraversión. Además, los resultados también indican que existe una relación entre alexitimia y la dimensión denominada apertura a la experiencia; como indican McCrae y Costa (1987) esta asociación es posible si entendemos la apertura como imaginación activa, sensibilidad estética, atención a los sentimientos internos, preferencia por la variedad, curiosidad intelectual e independencia con respecto a los juicios, y no como autorrevelación (self-disclosure).
En otro estudio realizado por Bagby, Taylor y Parker (1994) obtuvieron un patrón de resultados muy similar, pero cabe señalar que encontraron que la alexitimia correlacionaba negativamente con uno de los aspectos importantes del factor extraversión: el sentimiento de emociones positivas. Este resultado es congruente con la idea de que la alexitimia se caracteriza por una capacidad limitada para sentir emociones positivas. Una puntuación global elevada en alexitimia parece relacionarse con una tendencia a experimentar o sentir más intensamente la angustia emocional, una reducida experiencia con las emociones positivas, una limitación de la imaginación y una importancia baja hacia la vida emocional (Velasco, 2000).
PREVALENCIA
No existen prácticamente investigaciones sobre la tasa de prevalencia de la alexitimia en población general (Fernández Montalvo y Yárnoz, 1994) y llama la atención la variabilidad de resultados mostrados en los diferentes estudios. En la bibliografía sobre el tema se citan casi exclusivamente los estudios realizados por Blanchard et al. (1981) y Shipko (1982). En el siguiente cuadro se puede observar la mencionada variabilidad de datos obtenidos en diferentes investigaciones sobre la tasa de prevalencia de la alexitimia, que según estos resultados oscila entre el 3,5% y el 18,8%, siendo Parker quien encontró la tasa más alta en adultos sin patología situándola en casi un 19%.
Autores Población Sujetos Alexitimia
Sifneos (1977) BIQ Adultos 15 6,0% Blanchard (1981)
SSPS
Estudiantes 230 5,2%
Shipko (1982) SSPS Adultos 27 7,0% Faryna (1986) AAS Estudiantes 244 6,8% Parker (1989) TAS General 101 18,8% Loiselle (1988) TAS Estudiantes 333 17,7% Sriram (1988) BIQ Adultos 116 4,3% Lindholm (1990) BIQ General 266 4,1% Fernández (1989)
TAS
General 40 7,5%
Pedinelli (1991) TAS Estudiantes 754 8,1% Leconte (1991)
SPSS-R
Estudiantes 754 12,1%
Norton (1989) SPSS Estudiantes 187 4,4% Norton (1989) MMPI Estudiantes 187 3,5%
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Sin embargo, dichas tasas se incrementan en determinadas poblaciones, llegando por ejemplo a tasas que fluctúan del 25% al 50% en pacientes en tratamiento por trastornos psicosomáticos (Cerezo et al., 1988). Para Parker (1989) son alexitímicos el 74,4% de pacientes con anorexia y el 49% de los toxicómanos, el 46,7% de pacientes con trastorno de pánico, frente a sólo un 12,5% de fóbicos.
En cuanto a la distribución por sexos, se ha encontrado una mayor tendencia por parte de los hombres a ser alexitímicos (Fernández-Montalvo y Yárnoz, 1994). Así, en los estudios de Blanchard (1981) y Shipko (1982) se encontraron unas tasas del 8% de varones alexitímicos frente al 1,8% de mujeres. Estos datos son convergentes con los estereotipos sexuales que sugieren que los individuos del sexo masculino dejan traslucir en menor medida sus emociones (Páez y Velasco, 1993). Asimismo, se ha encontrado en algunos estudios una mayor incidencia de la alexitimia en personas que pertenecen a un nivel socioeconómico bajo y con un nivel intelectual y educativo también bajo (Cerezo et al., 1988). La edad constituye también un elemento importante a tener en cuenta, ya que los individuos de mayor edad obtienen puntuaciones más elevadas en las escalas de alexitimia. La explicación puede radicar en que, a medida que el sujeto avanza en edad, se produce una reducción de la expresión espontánea (Páez y Velasco, 1993).
A pesar de los datos expuestos considero importante destacar la contrariedad de resultados a la hora de analizar la influencia de factores socioculturales en la prevalencia de la alexitimia. En este sentido me parece destacable el estudio realizado por Parker, Taylor y Bagby (1989) utilizando la Toronto Alexithymia Scale (TAS) (de la que se hablará en el apartado de evaluación), ya que en dicho estudio encontraron que la alexitimia no está asociada a la edad, sexo, nivel educacional, nivel económico, riqueza de vocabulario ni a la inteligencia.
ETIOLOGIA
La etiología de la alexitimia implica probablemente múltiples factores; si bien actualmente no existe una hipótesis explicativa consolidada sobre su origen (Martínez y Ortiz, 2001) son varios los modelos que intentan explicarlo. A continuación presento las hipótesis desarrolladas hasta la fecha, las cuales he agrupado de la siguiente manera:
-
Hipótesis con base neurobiológica.-
Hipótesis con base cognitivo- afectiva.-
Otras hipótesis.Bien porque defienden una alteración con base neurobiológica bien porque basan su explicación en argumentos que a mi parecer son explicables por medio de mecanismos de aprendizaje, son las dos primeras corrientes las que en mi opinión presentan modelos más sólidos. Por otro lado pienso que es coherente plantear una interrelación entre ambos modelos, ya que de la misma manera que las alteraciones neurobiológicas pueden alterar los procesos de aprendizaje éstos pueden también modular de alguna manera las estructuras neuroanatómicas.
Parece que se puede afirmar que hay evidencias de disfunción mental fisiológica, sobre todo en los casos más graves de alexitimia, sin embargo ésta en sí tampoco es prueba de la determinación genética del trastorno, pues el factor moldeador más importante de nuestro funcionamiento cerebral es el ambiente (Moral de la Rubia y col., 2001). De hecho, algunos investigadores han atribuido la alexitimia, en su totalidad, a factores ambientales (Haviland y cols, 1991; Hendryx y cols, 1991); Henderson (1994) y Lumley y cols. (1996) afirman que cuanto más traumático haya sido el ambiente familiar o más graves sean los estresores ambientales presentes, el sujeto presentará mayor grado de alexitimia y peor respuesta terapéutica, pues este ambiente habrá dejado su huella en el funcionamiento cerebral del sujeto, y no sólo en los rasgos expresivos o manifiestos.
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Aún así, cabe señalar que al parecer en la actualidad el tema de la clasificación etiológica de la alexitimia ha sido abandonado y se habla tan solo de grados de alexitimia con base fisiológica con independencia de su origen (Sifneos, 1996).
Hipótesis con base neurobiológica
El interés por la neurobiología de la alexitimia se deriva de la observación de la existencia de marcados rasgos alexitímicos en pacientes epilépticos tras practicárseles comisurectomías quirúrgicas totales o parciales (Septien et al., 1992), en sujetos con alteraciones del cuerpo calloso (Buchanan, Waterhouse y West, 1980), así como en lesionados en el hemisferio cerebral derecho (Voeller, 1986; Voeller, Hanson y Wendt, 1988). Estas teorías parten de dos modelos principales:
-
el que estudia la transmisión de información entre el sistema límbico y el neocórtex, según el cual sería un bloqueo del paso de los impulsos desde el sistema límbico a la corteza cerebral el que imposibilitaría el reconocimiento de las emociones.-
el que trabaja en la especialización hemisférica y del cual parten las siguientes hipótesis.Hipótesis del déficit en la transferencia interhemisférica
El modelo de especialización hemisférica afirma que la alexitimia podría deberse a una falta de comunicación entre los hemisferios cerebrales. Esta teoría se apoya en la posibilidad de que la emoción esté localizada en el hemisferio derecho (en la mayoría de personas diestras) y la expresión verbal en el hemisferio izquierdo. Esta supuesta falta de comunicación entre los hemisferios en sujetos alexitímicos produciría un déficit en la capacidad de articular verbalmente emociones (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000). Hoppe y Bogen (1977) observaron que en los
pacientes comisurectomizados total o parcialmente (“cerebro dividido”) había una capacidad disminuida para fantasear, simbolizar y soñar, por lo que propusieron que una “comisurectomía funcional” o inhibición de la actividad del cuerpo callosa podía ser el mecanismo básico de la alexitimia (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000). Estudios posteriores como los de Tenhouten y col. (1985, 1986) parecen confirmar parcialmente esta hipótesis, aunque autores como Lane et al (1997) han cuestionado estos estudios aduciendo que el patrón de respuestas descrito en estos trabajos podría también darse en otras patologías neurológicas (Martínez y Ortiz, 2001).
Por otro lado Zeitlin y col. (1989), en un estudio con veteranos de combate diagnosticados de estrés postraumático, observaron una asociación significativa entre alexitimia y falta de comunicación interhemisférica. Parece que algunos casos de alexitimia pueden ser mediados por una “desconexión funcional” de los dos hemisferios cerebrales en individuos neurológicamente intactos, pero según el propio autor estos resultados no pueden extrapolarse a individuos sin estrés postraumático (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000).
Disfunción en el hemisferio derecho
Autores como Cole y Bakan (1985) sugieren la existencia de una relación entre la activación del hemisferio derecho y la alexitimia. Partiendo de la idea de que la dirección (derecha o izquierda) de los movimientos laterales conjugados de los ojos que los sujetos realizan cuando están pensando en una pregunta es indicativa de una mayor activación de uno de los hemisferios, estos autores encontraron que es la lateralización izquierda la que correlaciona positivamente con la alexitimia (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000).
Posteriores trabajos también parecen apuntar la existencia de relaciones entre la alexitimia y alteraciones en el hemisferio derecho y la dominancia de la lateralización izquierda (Parker, Taylor y Bagby, 1992).
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Sin embargo, los resultados obtenidos hasta la fecha no son concluyentes ya que en su mayoría han empleado instrumentos de evaluación de la alexitimia con pobres propiedades psicométricas, careciéndose además de resultados derivados del empleo de técnicas de neuroimagen (Martínez y Ortiz, 2001).
El papel del córtex cingular anterior
Se sabe que el córtex cingular anterior (CCA) juega un importante papel en el procesamiento y respuesta emocional dada su implicación en la generación del reconocimiento consciente de los sentimientos, así como en la regulación de los componentes fisiológicos y expresivo-motores de la respuesta emocional. Desde ésta óptica la alexitimia estaría causada por un deficiente reconocimiento consciente de la emoción. En los casos más severos se daría una ausencia completa de experiencia consciente de emoción, mientras que en niveles más leves se produciría una atenuación de la experiencia afectiva (Martínez y Ortiz, 2001).
No obstante, para demostrar este modelo habría que previamente confirmar, por un lado, que las lesiones en esta estructura están relacionados con el trastorno y por otro que los déficits en el reconocimiento consciente de la emoción en sujetos neurológicamente intactos son atribuibles a la activación predominante del CCA (Martinez y Ortiz, 2001).
Hipótesis con base cognitivo-afectiva
El papel del desarrollo afectivo temprano
El desarrollo individual en la capacidad para identificar y expresar emociones depende de los procesos tempranos en que en la interacción entre madre e hijo los niños comunican sus necesidades mediante expresiones no verbales. Esta interacción favorece el desarrollo de capacidades valorativas de los estados intra y extraorganísmicos (Martínez y Ortiz, 2001). Por otro lado, los niveles de expresión
emocional de los padres correlacionan significativamente con los expresados por sus hijos (Bornstein, Fitzgerald, Briones, Pieniadz y D’Ari, 1993).
Berenbaum y James (1994) indican que los jóvenes procedentes de familias que expresan en pocas ocasiones sus afectos positivos tienden a mostrar niveles superiores de alexitimia; además las madres con altos niveles de alexitimia tienen hijos más alexitímicos (Lumley, Mader, Gramzow y Papineae, 1996). A su vez, como explicaré más adelante, las influencias familiares en la expresión emocional están moduladas por factores sociales (Mesquita y Frijda, 1992).
Hipótesis de la alteración de la regulación del afecto
La regulación del afecto implica tres sistemas interrelacionados: a) el neurofisiológico (en el que están implicados el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino), que representa la dimensión biológica del afecto b) el conductual-expresivo y c) el cognitivo experiencial (en el que está implicado el neocórtex), que sería la dimensión psicológica del afecto. Así, la activación de alguno de estos sistemas modularía la activación de los otros dos (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000).
Por otro lado, son necesarias una serie de habilidades cognitivas (incluidas en el constructo “inteligencia emocional”) para darse el control y la autorregulación de las emociones en el que se verían implicados los tres sistemas mencionados. Estas habilidades incluyen la capacidad de ser consciente de las emociones y utilizarlas de forma adaptativa, y la capacidad para comprender las emociones de los demás y poder dar respuestas empáticas (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000).
De esta manera Taylor (1997) plantea que la alexitimia refleja el fracaso en la autorregulación de los afectos y la define en términos de características cognitivas, de modo que estas características reflejarían déficits tanto en el área cognitivo-experiencial como en el área conductual- expresiva del sistema de respuesta de las emociones (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000).
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Teorías del procesamiento cognitivo
Un creciente cuerpo de investigación propone la alexitimia como un trastorno cognitivo específico del procesamiento de la información emocional. Esta hipótesis se basa en algunas premisas ya validadas experimentalmente (Martínez y Órtiz, 2001). Como ya he explicado anteriormente, a pesar de haber encontrado esta información en textos referentes a la etiología de la alexitimia, he considerado que por su interés merecía un apartado específico (‘El procesamiento de estímulos emocionales en la alexitimia’), por lo que a continuación únicamente mencionaré los déficits en el procesamiento cognitivo de las personas alexitímicas:
-
Dificultad para procesar información afectiva de carácter no lingüístico.-
Dificultad para discriminar entre distintos estados emocionales.-
Déficit en el procesamiento verbal de estímulos emocionales.-
Patrones atencionales específicos de la información emocional.-
Procesamiento no simbólico de la información visual.-
Dificultades en la propiocepción visceral de las manifestaciones fisiológicas asociadas a la activación emocional.-
Patrones específicos de activación cerebral en respuesta a estímulos afectivos.Otras hipótesis
Teorías genetistas
El único trabajo en torno a la relación entre alexitimia y genética fue el llevado a cabo por Heiberg y Heiberg (1977), en el cual basándose en una muestra de gemelos monocigóticos y dicigóticos concluyen la existencia de un fuerte componente hereditario en la alexitimia. Sin embargo, este estudio ha sido criticado por el reducido tamaño de la muestra, la falta de control de las variables socioculturales y la semejanza de influencias ambientales a que se habían visto sometidos los sujetos (Martínez y Ortiz, 2001; Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000).
Inteligencia (hipótesis psicométrica)
Diferentes autores han hipotetizado sobre la posibilidad de que los sujetos alexitímicos presenten una inteligencia verbal inferior a los no alexitímicos basándose en las característica psicológica que definen al alexitímico como “incapaz de leer y expresar sus emociones” (Jódar, Valdés, Sureda y Ojuel, 2000). Sin embargo, otros autores apoyan la teoría de que el estilo de comunicación es lo que determina que los sujetos alexitímicos sean juzgados como poco inteligentes (Pierloot y Vinck, 1977). De hecho diferentes estudios llevados a cabo por los autores Taylor (1988), Parker (1989) y Bagby (1990) no encontraron correlaciones significativas entre alexitimia e inteligencia.
Teorías integrativas
Basándose en conceptos de la formación de símbolos y en los estados del desarrollo de Piaget, los autores Lane y Schwartz (1987) han elaborado una secuencia epigenética del desarrollo del afecto que implica una progresiva desomatización, diferenciación y verbalización de las emociones como capacidades cognitivas maduras (Espina, 1998).
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La función integrativa y comunicativa de los afectos estaría alterada en los alexitímicos, por lo que son vulnerables a un incremento de la tensión provocada por estados indiferenciados de activación emocional. El problema fundamental sería el déficit en el procesamiento cognitivo de las emociones independientemente de su fuente (Espina, 1998). Según estos autores, este déficit podría originarse tanto por variaciones de la organización cerebral como en los defectuosos patrones de intercambio afectivo durante el desarrollo infantil (Emde, 1988; Stern, 1984; Taylor, 1987, 1991; Edgcumbe, 1984; Osofsky y Eberhart, 1988).
Teoría sistémica
Autores como Onnis y DiGennaro (1987) proponen, a partir de la descripción de Minuchín de las familias “psicosomatógenas”, que la alexitimia es el síntoma de una familia que intenta evitar el conflicto y las tensiones emocionales bloqueando las emociones, provocando así que el síntoma somático sea el lenguaje de todo el sistema familiar (Espina, A., 1998).
Perspectiva sociocultural
Las teorías de corte sociológico defienden que la alexitimia es explicable a través de procesos de aprendizaje social, de determinación cultural de las emociones así como de factores socioculturales ligados a la expresión lingüística de las emociones y la sintomatología asociada a la activación emocional (Martínez y Ortiz, 2001).
Una línea de investigación vincula los rasgos alexitímicos a las características del medio social y Leff (1973) subraya que los sujetos en poblaciones urbanas son capaces de diferenciar más estados emocionales que los habitantes de zonas en vías de desarrollo (Martínez y Ortiz, 2001).
Las variaciones culturales también podrían influir en el nivel de alexitimia, ya que se sabe que la diferenciación entre síntomas físicos y sentimientos
frecuentemente no está presente en las culturas no occidentales (Martínez y Ortiz, 2001). Por otro lado, en las culturas colectivistas se valoran en menor medida los sentimientos internos, mientras que en las culturas individualistas los sentimientos internos (individuales) son más valorados; así, en las culturas colectivistas son mayores los déficits tanto para diferenciar entre sentimientos y sensaciones físicas como la incapacidad para expresar emociones (Markus y Kitayama, 1991; Scherer, Matsumoto, Wallbot y Kudoh, 1988).
Otra variable importante es la “diferencia de poder” (forma en que se acepta cómo se regula y contribuye desigualmente el poder en la sociedad), puesto que en las culturas con alta “distancia de poder” se espera de los sujetos que sean menos expresivos emocionalmente (lo contrario podría interpretarse como falta de respeto o muestra de subversión) (Martínez y Ortiz, 2001). Además, las personas socializadas en culturas con alta distancia de poder puntúan más bajo en las reacciones internas derivadas de las emociones negativas (lo cual implicaría un bajo perfil emocional) (Páez y Vergara, 1995) y atribuyen menor intensidad a las expresiones faciales emocionales negativas (Matsumoto, 1989).
A partir de las evidencias de la influencia de factores sociales en la expresión de las emociones (Fernández, Carrera, Sánchez, Páez y Candia, 2000; Páez y Vergara, 1995) se ha sugerido que la inteligencia (Basabe, Celorio, De la Vía, Echebarría, Hormaza y Páez, 1989), el nivel educativo y el estatus socioeconómico (Borens, Grosse- Schulte, Janesch y Kortemn, 1977) estarían asociados a la alexitimia, pero estudios posteriores han cuestionado esta relación (Kauhanen, Kaplan, Julkunen, Wilson y Salonen, 1993; Kirmayer y Robins, 1993; Parker, Taylor y Bagby, 1989).
Por último cabe mencionar que existen evidencias contrarias a la consideración de la alexitimia como constructo cultural, basadas principalmente en datos obtenidos en estudios transculturales con muestras clínicas y no clínicas (Martínez-Sánchez y Ortiz, 2000).
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ALEXITIMIA, ¿RASGO O ESTADO?
Esta pregunta ha suscitado un amplio debate entre los investigadores, y la mayor parte de ellos acepta la distinción entre alexitimia primaria y alexitimia secundaria (Velasco, 2000). Freyberger (1977) fue el primer autor que introdujo la distinción entre alexitimia primaria y secundaria. La alexitimia primaria es para este autor el resultado del bloqueo temprano en el desarrollo afectivo del niño y tendría un significado etiológico de predisposición personal cognitivo-afectiva (Freyberger, 1985). De esta manera, se consideraría una estructura de la personalidad de carácter constitucional y por lo tanto muy difícil de modificar (Freyberger, 1977).
El término alexitimia secundaria fue introducido por Freyberger (1977) a partir de la observación de características alexitímicas en pacientes con cáncer, en trasplantados renales y en enfermos ingresados en unidades de cuidados intensivos. Podría considerarse una reacción transitoria específica que acompaña o permanece tras una situación de enfermedad orgánica, un traumatismo importante o determinadas situaciones de conflicto en cualquier sujeto, que puede desaparecer cuando la situación remite (alexitimia secundaria aguda) o puede ser un estado permanente en pacientes cuya enfermedad o cuyo traumatismo tiende hacia un desarrollo crónico (alexitimia secundaria crónica). En definitiva, la alexitimia secundaria sería un estado emocional al que se llega por influencias ambientales y que por lo tanto puede ser modificado (Freyberger, 1985).
Para los autores que defienden esta distinción la alexitimia no es un fenómeno de todo o nada (Taylor, 1984; Shipko, 1982; Von Rad, 1984; Fukunishi, 1997), sino que cualquier individuo podría reaccionar en determinadas situaciones de un modo alexitímico tras experiencias de extrema tensión, aunque algunos lo manifestarán como una característica predominante y otros como una manifestación pasajera (Otero Rodríguez, 1999). Incluso, como apunta Sandín (1996), al igual que otros constructos de elevado contenido emocional, podría poseer ambas dimensiones (rasgo y estado) y es posible que en determinados pacientes sea un rasgo, con una base constitucional y en otros un estado modificable (Espina. 1998)
Algunos autores consideran que las características alexitímicas pueden, en general, ser consideradas estables (Velasco, 2000) y son numerosos los estudios
que parecen confirmar esta posición, por lo que a continuación se presentan algunos de ellos.
Salminen, Saarijärvi, Äärelä y Tamminen (1994) concretaron una serie de evaluaciones psiquiátricas, incluyendo una escala para medir la alexitimia, en el momento de admitir a los pacientes en el hospital. Tras un seguimiento que duró doce meses, se constató para el conjunto de la muestra una disminución en la puntuación referida al malestar psicológico, así como a la depresión y a la ansiedad, en tanto que el nivel de alexitimia permaneció estable.
Schimdt y cols (1993) utilizaron la Escala de Alexitimia de Toronto (TAS) para investigar la alexitimia en un grupo de mujeres con trastornos alimentarios con un intervalo de 10 semanas antes y después del tratamiento farmacológico. A pesar de que después de 10 semanas de tratamiento hubo una mejoría significativa en la patología alimentaria, no hubo cambios significativos en la puntuación del TAS (Martínez-Sánchez, Ato-García y Ortiz-Soria, 2003). Otros datos que sostienen la idea de que la alexitimia no es una reacción ante el estrés emocional son los obtenidos en un estudio de un año de seguimiento con pacientes psiquiátricos dados de alta, en los que el nivel de alexitimia se mantuvo estable durante el año de seguimiento a pesar de que el malestar psicológico había disminuido significativamente (Cohen et al., 1994). Estos hallazgos son consistentes con otro estudio con pacientes con dependencia al alcohol en el que se encontró que si bien disminuyó su puntuación en depresión después de un tratamiento exitoso no ocurrió lo mismo con la puntuación en alexitimia (Haviland et al., 1988).
Resultados similares se obtuvieron en una investigación llevada a cabo en 2001 por Luminet, Bagby y Taylor para estudiar la estabilidad de la alexitimia en pacientes que recibieron un programa de tratamiento para la depresión mayor y antidepresivos durante 14 semanas (Martínez-Sánchez, Ato-García y Ortiz-Soria, 2003).
Parece por tanto que habría que considerar la alexitimia como un punto extremo dentro de una dimensión continua de personalidad (Taylor y col., 1997), más que como una consecuencia del estrés psicológico (Martínez-Sánchez y cols ,1998).
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A pesar de las evidencias que parecen demostrar que la alexitimia es un rasgo estable de la personalidad me parece interesante comentar el estudio llevado a cabo por Merino, Godás y Pombo en 2001, cuyo objetivo era examinar la prevalencia de la alexitimia en una muestra no-clínica de sujetos con actitudes alimentarias anómalas. En dicho estudio se pone de manifiesto que si bien los estudios coinciden a la hora de señalar que las personas que padecen algún tipo de trastorno alimentario son más alexitímicas, estas características no están presentes en adolescentes con riesgo de padecer la patología alimentaria. Con lo cual se podría establecer que la alexitimia podría aparecer con el deterioro físico, cognitivo y personal que conlleva la patología alimentaria, pero no estaría presente al inicio de la misma (Merino, Godás y Pombo, 2001), siendo pues una alexitimia secundaria, o lo que es lo mismo, un estado reactivo al propio trastorno alimentario.
En mi opinión, para que la alexitimia sea considerada como tal es necesario encontrar en la historia del paciente cierta estabilidad de las características alexitímicas. De no ser así, encuentro más correcto hablar de una reacción a una situación estresante, por lo que sería un estado pasajero que no necesariamente causaría malestar en sí mismo, sino que podría responder a una dificultad del sujeto de manejar dicha situación, sin que ello suponga un rasgo de personalidad ni indique que en otras situaciones se vayan a dar dichas características. De esta manera encuentro más coherente considerar la alexitimia como un rasgo estable de la personalidad, es decir, primaria, y dejar el término ‘alexitimia secundaria’ como un concepto que puede ser útil para comprender el modo de afrontamiento de una persona ante una situación estresante o traumática, pero no considero que sea una entidad en sí misma ni recoja adecuadamente todos los matices del término alexitimia.
ALEXITIMIA Y DSM-IV
La regulación emocional es un aspecto del proceso afectivo que tiene importantes implicaciones para la psicopatología; de hecho, existe evidencia de que la psicopatología estaría relacionada con la habilidad de regular los afectos, y que esta habilidad a su vez dependería de la capacidad de un sujeto de diferenciar las emociones que posee (Silva, 2005), por lo que cabe esperar que la alexitimia, en tanto déficit en la regulación emocional, tenga una correlación importante con diversos trastornos.
De hecho, se ha comprobado que la alexitimia aparece en diferentes patologías, especialmente psicosomáticas, toxicomanías y trastornos de la alimentación. Esto es coherente con el constructo, pues la teorización resalta la derivación de los afectos a los somático o la salida impulsiva ante situaciones estresantes que no se pueden manejar mediante una adecuada toma de conciencia y expresión de afectos, lo cual es característico de estos trastornos (Espina, 1998).
Además de los trastornos mencionados, existen investigaciones en las que se han descrito características alexitímicas en pacientes con un amplio rango de psicopatologías (Otero, 1999): pacientes con adicciones (Finn et al., 1987; Taylor et al., 1990; Pinard et al., 1996; Loas et al., 1997), depresión (Blumer y Heilbronn, 1982; Fisch, 1989; Taiminen et al., 1996; Loas et al., 1998), trastorno de pánico (Parker, 1993; Zeitlin y McNally, 1993) o trastornos de estrés postraumático (Zeitlin, McNally y Cassiday, 1993; Berenbaum, 1996).
A continuación presento la relación entre alexitimia y diversos trastornos psicológicos recogidos en el DSM-IV.
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EJE I
TRASTORNOS DEL ESTADO DE ANIMO
Trastorno depresivo
Aunque algunos autores han referido que la alexitimia se relaciona de forma positiva tanto con la ansiedad como con la depresión (Bagby, et al., 1994; Hendryx, Haviland y Shaw, 1991; Taylor, et al., 1992), los resultados son aún escasamente conclusivos, ya que en no pocas ocasiones se han aportado resultados contradictorios (Haviland, Shaw, Cummings y MacMurray, 1988; Wise, Mann y Epstein, 1991).
Una posible razón de estas discrepancias podría radicar en que las diferentes dimensiones de la alexitimia se relacionan de forma diferente con dichos estados emocionales (Sandín y cols., 1996). Hendryx et al. (1991) constataron que únicamente las dimensiones referidas a las dificultades para identificar y comunicar sentimientos se asocian de forma positiva con la depresión, y Bagby et al. (1994) encontraron que era la dificultad para expresar emociones la dimensión que correlacionaba de forma positiva con el estado depresivo. Los hallazgos que confirman que es la dimensión describir/expresar emociones la que tiene mayor asociación con la depresión parecen razonables si tenemos en cuenta que una de las características distintivas de la depresión es el bajo afecto positivo, más que la presencia de afecto negativo (Joiner, Catanzaro, Laurent, Sandín y Blalock, 1996).
Por otro lado, aun asumiendo que la alexitimia parece relacionarse de forma positiva con las facetas negativas de la emoción (e. g. neuroticismo, afecto negativo), y negativamente con las facetas positivas (e.g., extraversión, afecto positivo) (Bagby et al., 1994; Parker, Bagby y Taylor, 1989; Sandín et al., 1995), no está claro si la alexitimia puede predecir los estados emocionales negativos futuros, entre ellos la depresión. Sandín y cols. (1996) hallaron que la alexitimia puede predecir en el tiempo futuro el estado de ánimo depresivo, sin que ello implique
asumir una relación de causa-efecto, es decir, que la alexitimia sea una causa real de las reacciones emocionales, ya que en ocasiones se ha especulado que la alexitimia podría también ser una consecuencia de la depresión (Sandín y cols., 1996).
TRASTORNOS DE ANSIEDAD
Trastorno de pánico y trastorno de ansiedad generalizada
Las manifestaciones sintomatológicas del trastorno de pánico incluyen aspectos que parecen muy cercanos a las características alexitímicas, aunque solo muy recientemente se han realizado algunas investigaciones en torno a la relación entre alexitimia y trastorno de pánico (Gutiérrez Maldonado, J. y Arbej Sánchez, J., 2005).
Autores como Barlow (1988) han propuesto que las personas que padecen un trastorno de pánico intentan evitar las sensaciones corporales y reducen sus experiencias emocionales. Clark (1986) desarrollo un modelo cognitivo del pánico en el que las interpretaciones catastróficas de las sensaciones corporales son un factor crucial para el inicio y mantenimiento del trastorno; todo ello parece indicar que la alexitimia está relacionada con el trastorno de pánico (Maldonado y Arbej Sánchez, 2005).
Cabe destacar que según Parker y col. (1993) la alexitimia es un rasgo de personalidad teóricamente relacionado con los desórdenes por pánico, pero no con otros trastornos de ansiedad excepto en el desorden por estrés postraumático. Consideran la inhabilidad de pacientes con trastornos por pánico para relatar sus experiencias de pánico en relación con un desencadenante psicológico y su tendencia a focalizar selectivamente en una o más de sus sensaciones somáticas a través de circuitos autonómicos factores predictores de una fuerte asociación entre el trastorno de pánico y la alexitimia (Sivak y Wiater, 1997).
En un estudio realizado por Zeitlin y McNally (1994) encontraron que los pacientes del grupo de trastorno de pánico obtuvieron puntuaciones significativamente más altas en alexitimia; Parker, Taylor, Bagby y Acklin (1993) por un lado y Jokamaa y Leopola (1994) por otro hallaron resultados parecidos, concluyendo que los rasgos alexitímicos juegan un papel importante en el trastorno de pánico, aunque existen también estudios que muestran resultados contradictorios al respecto.
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Cabe destacar la conclusión expuesta por Fukunishi, Kikuchi, Wogan y Takubo (1997) en un estudio en el que incluyeron un grupo de pacientes con fobia social, ya que proponen que la alexitimia que muestran tanto los pacientes con trastorno de pánico como los de fobia social es secundario al estado clínico del paciente y es de carácter reversible. Esta idea me parece coherente con el planteamiento hecho por Gutiérrez y Arbej (2005) en el que apuntan a que en el trastorno de pánico el temor a las propias sensaciones corporales y la focalización de la atención en éstas puede dificultar la identificación de las propias emociones y su expresión a otras personas. Desde este punto de vista, las características alexitímicas de las personas con trastorno de pánico podrían interpretarse como conductas de evitación de la activación emocional (Gutiérrez y Arbej, 2005), hipótesis que se ve apoyada por el trabajo de Devine, Stewart y Watt (1999) en el que encontraron correlación significativa entre las medidas de alexitímia y las de sensibilidad a la ansiedad en población normal.
Por lo que se refiere a la posible relación de la alexitimia con el trastorno de ansiedad generalizada, Schut, Castonguay y Borkovec (2001) encontraron una mayor alexitimia en los sujetos que presentaban trastorno de ansiedad generalizada que los del grupo control, confirmando la hipótesis de que las preocupaciones en ese trastorno cumplen la función de evitación de experiencias afectivas (Gutiérrez y Arbej, 2005).
Trastorno por estrés postraumático
Krystal, que tuvo conocimiento de la relación entre alexitimia y estrés postraumático a partir de supervivientes de campos de concentración, estudió dicha relación junto a Giller y Cicchetti (1986) evaluando el nivel de alexitimia en diferentes grupos de pacientes y encontraron mayor grado de alexitimia en pacientes internados con estrés postraumático. En esta misma línea, según Glynn y col. (1995), muchos veteranos de guerra con estrés postraumático presentan alexitimia, por lo cual tendrían grandes dificultades para comunicar sus experiencias.
Otras líneas de trabajo apuntan más a las correlaciones neurobiológicas entre el desorden por estrés postraumático y la alexitimia (Sivak y Wiater, 1997). McGhee y col. (1992), que plantean la relación entre alexitimia y estrés, observaron que la relación noradrenalina-cortisol está aumentada en el desorden por estrés postraumático; si la alexitimia puede resultar de una situación de estrés abrumador, debería esperarse una correlación positiva entre la severidad de la alexitimia y un grado aumentado de la relación simpático-medula adrenal-hipotálamo-hipófisis adrenal (Sivak y Wiater, 1997).
En otro trabajo, Fukunishi y cols. (1994) evaluaron síntomas de estrés postraumático y alexitimia en un grupo de 24 pacientes quemados, víctimas de incendio. De esos pacientes algunos en etapa crónica después de diez meses del incendio mostraban altos grados de alexitimia. Además de los síntomas de estrés postraumático se hallaron actitudes de evitación y bloqueo emocional, que pudieron ser relacionados de modo significativo con los rasgos alexitímicos. Estos datos permiten plantear la posibilidad de que la alexitimia constituya un estado reactivo evidenciable cuando el bloqueo emocional aparece como síntoma del desorden por estrés postraumático (Sivak y Wiater, 1997).
Zeitlin y col. (1993) compararon puntajes de la Toronto Alexithymia Scale en 12 víctimas de violación sexual con estrés postraumático, 12 víctimas de violación sin estrés postraumático y 12 sujetos que no hubieran presentado trauma. Las víctimas mostraron puntajes mayores, y los sujetos con sucesivos hechos traumáticos por abuso sexual infantil reiterado (estrés crónico) presentaban puntajes más altos que aquellos que habían presentado un solo episodio. Según estos autores, puede concluirse que elevados índices de alexitimia proveerían un soporte adicional a la hipótesis de que la alexitimia tendría la función de un mecanismo de bloqueo de afectos dolorosos (Sivak y Wiater, 1997).
Siguiendo al DSM-IV el diagnóstico de trastorno por estrés postraumático incluye entre sus criterios el de 'embotamiento de la reactividad general del individuo' (criterio C), y dentro de éste el síntoma 'restricción de la vida afectiva', entre otros. De esta manera, tal vez sería más correcto hablar de desarrollo de características alexitímicas en los pacientes que sufren estrés postraumático más que de una relación directa entre ambos síndromes. Así, ambos síndromes pueden compartir
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ciertas características sin que ello suponga que el trastorno de estrés postraumático lleve al desarrollo del cuadro alexitímico completo, por tanto tal vez se trate más bien de similitudes entre síntomas de uno y otro cuadro.
Alexitimia y estrés
Diversos estudios han descrito la frecuente asociación entre los trastornos asociados al estrés y la alexitimia (Martínez-Sánchez, 1999). A raíz de esta observación, Martin y Phil (1985) formulan la denominada “hipótesis del estrés”, que sostiene que la presencia de características alexitímicas supone un factor de riesgo capaz de agravar las repercusiones patógenas del estrés, propiciando las condiciones favorables para el desarrollo de trastornos que cursen con estrés. El proceso acaecería, en situaciones de adaptación, por la confluencia de una serie de procesos:
1. La limitada conciencia afectiva y el patrón de afrontamiento orientado a la acción, junto a la dificultad para diferenciar los sentimientos de las sensaciones corporales que acompañan a la activación emocional, favorecen la amplificación, retroacción y el prolongamiento de los componentes somáticos de la activación emocional (Lane y Schwartz, 1987).
2. Las deficiencias en la habilidad para modular el nivel de activación simpática y reaccionar de manera adecuada (homeostática), en el plano cognitivo, fisiológico y conductual, que permita la resolución y el afrontamiento adecuado del estado emocional displacentero.
3. La disociación entre respuestas fisiológicas y subjetivas incapacitan al sujeto para percibir la activación como una señal interna indicadora de la existencia de procesos de adaptación; por tanto, el sujeto tendería a seguir expuesto a sus efectos patógenos al carecer de la información precisa, no sólo para realizar un afrontamiento dirigido a la emoción, sino también hacia el problema, o en su caso para poner en marcha estrategias de evitación o huida (Martínez-Sánchez, 1999).
TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA
La literatura en el área de los trastornos alimentarios ha sugerido una relación entre anorexia nerviosa y emociones. Aunque de momento son pocos los trabajos llevados a cabo con el propósito de examinar directamente la relación entre trastornos alimentarios (TA) y alexitimia, los resultados de este grupo de investigaciones coinciden a la hora de señalar que las personas que padecen algún tipo de trastorno alimentario son más alexitímicas que aquellas que pertenecen al grupo control (Merino, Godás y Pombo, 2002).
Bruch (1962, 1973, 1982) sugirió que la dificultad para discriminar y expresar sentimientos, así como para diferenciar estados emocionales y sensaciones corporales, constituyen un déficit central en los TA. Estudios posteriores han confirmado la relación entre alexitimia y TA (Bourke et al., 1992; Cochrane et al., 1993; Corcos et al., 2000; De Groot, Rodin y Olmsted 1995; Guilbaud, Corcos, Chambry, Paterniti, Flament y Jeammet, 1999; Jimerson et al. (1993); Rastam, Gillberg, Gillberg y Johanson, 1997; Schmidt et al., 1993; Taylor, Bagby y Parker, 1991; Taylor, Parker, Bagby y Bourke, 1996). Taylor et al. (1996) afirman que en los TA aparece un déficit en el procesamiento cognitivo de la emoción, pero no en el estilo cognitivo operatorio.
Estos datos nos llevan a pensar en la alexitimia como un rasgo de personalidad estable en los pacientes con TA (Merino, Godás y Pombo, 2002). Por otro lado, Bourke et al. (1992) y también Jimerson et al. (1994) afirman que en los TA la alexitimia es un rasgo de personalidad y no consecuencia de la cronicidad ni de la desnutrición.
No obstante, a pesar de las evidencias existentes, y aunque parece menos probable, podría ser que las dificultades que atraviesan estos pacientes les lleven a bloquear las emociones y recurrir a un pensamiento externamente orientado como forma de combatir el estrés, siendo entonces la alexitimia un estado reactivo (alexitimia secundaria), como planteaba Freyberger (1977). Esta hipótesis toma fuerza si atendemos a los resultados de trabajos como el de Merino, Godás y Pombo (2002) en el que se examinaba la relación entre las actitudes alimentarias y las características alexitímicas en muestras no clínicas. Éste y otros trabajos como los
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de Schmidt et al. (1993), Cochrane et al. (1993) o Taylor et al. (1996) muestran que si bien la alexitimia correlaciona positivamente con las características cognitivas y psicológicas de pacientes con algún tipo de trastorno alimentario no correlacionaría con los comportamientos de alimentación, es decir, no está presente en adolescentes con riesgo de padecer la patología alimentaria. De esta manera se podría establecer que la alexitimia podría aparecer con el deterioro físico, cognitivo y personal que conlleva el TA pero no estaría presente al inicio de la misma (Merino, Godás y Pombo, 2002).
Sobre la relación entre alexitimia, familia y trastornos alimentarios Dahlman (1996) halló que las madres de hijas con TA eran más alexitímicas que las madres del grupo control sin patología. Estos hallazgos fueron confirmados en el estudio llevado a cabo por Espina et al. en 2001, en el que se encontró que en las madres de hijas con TA (de los tres grupos: anorexia nerviosa restrictiva, anorexia nerviosa subtipo bulímico y bulimia nerviosa) las puntuaciones del TAS-20 (Toronto Alexithymia Scale) y sus factores (1. Dificultad para identificar sentimientos 2. Dificultad para describir sentimientos 3. Pensamiento orientado externamente) eran más elevadas que en el grupo control, todo lo cual permite afirmar que la alexitimia es una característica de las familias con TA, especialmente las madres (Espina, Ortego, Ochoa de Alda y Alemán, 2001).
Siguiendo con el estudio de Espina (2001), se encontró que los padres del grupo de bulimia puntuaban más alto en los tres factores, mientras que las madres tenían mayor dificultad para describir los sentimientos (factor 2) y su pensamiento era externamente orientado (factor 3). En una revisión de los estudios controlados sobre las relaciones familiares en TA (Espina, Pumar, García, Santos y Ayerbe, 1995) se concluye que las familias de bulímicas eran más hostiles, desligadas e impulsivas, los padres no eran empáticos y presentaban déficit en la crianza (Espina y cols., 2001).
Estas afirmaciones se asocian a la afirmación de Onnis y Di Genaro (1987) de que la comunicación a través de la conducta alimentaria, según se plantea desde la terapia familiar sistémica (Minuchin et al. 1978), puede ser la salida necesaria en familias en las que existe una dificultad para conectar con el mundo emocional.
TRASTORNOS DE INICIO EN LA INFANCIA, LA NIÑEZ O LA
ADOLESCENCIA
Síndrome de Asperger
Cada vez cobra más fuerza la hipótesis de que la alexitimia es uno de los constructos que mide de una manera precisa y científica las diferencias emocionales inherentes al síndrome de Asperger (SA) (Paula-Pérez, Martos-Pérez y Llorente-Comí, 2010). En un estudio sobre la alexitimia llevado a cabo por Moral de la Rubia y Retamales Rojas en 2001 se plantea la hipótesis de alguna relación entre el concepto de alexitimia y el síndrome de Asperger. Llama la atención la relación entre los síntomas prototípicos de la alexitimia y los del SA en cuanto a:
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Alteraciones cognitivas: problemas de introspección, pobre capacidadimaginativa, pensamiento concreto y operatorio y sensación de afecto plano.
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Alteraciones de las relaciones interpersonales: dificultades para identificaradecuadamente sus propios sentimientos, pobre comunicación verbal de su estrés emocional a otras personas, dificultades para ver a los demás como fuente de ayuda, preferencia por estar solos y evitar a la gente o carencia de interés por las personas que le rodean.
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Alteraciones del discurso y el lenguaje: dificultades en el uso de metáforas,lenguaje plano y basado en hechos. Casi ausencia completa de pensamientos basados en actitudes interiores, sentimientos, deseos.
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Alteraciones del comportamiento no verbal: dificultades para identificar lasemociones a través de los gestos faciales y de la comunicación no verbal (Paula-Pérez, Martos-Pérez y Llorente-Comí, 2010).