PROGRAMA No. 0129
MARCOS
Introducción - Capítulo 1:1 - 3
En nuestro recorrido a través de la Biblia, nos dirigimos ahora una vez más al Nuevo Testamento. Y entramos en el terreno del evangelio según San Marcos. El evangelio de Marcos es cronológicamente el primer evangelio que fue escrito. Fue realmente uno de los primeros libros escritos en el Nuevo Testamento, no el primero, sino uno de los primeros. Probablemente fue escrito en Roma antes del año 63 después de Jesucristo. Este hombre Marcos, fue uno de los escritores del Nuevo Testamento que no era uno de los Apóstoles. Ahora, Mateo fue Apóstol y, por supuesto, Juan lo fue también. Lucas era un amigo íntimo del Apóstol Pablo. Juan Marcos fue quien salió con el Apóstol Pablo en su primer viaje misionero. Juan era su nombre judío mientras que Marcos era su sobrenombre en latín. Hechos, capítulo 12, versículo 12, nos dice: Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. Esa fue la ocasión en que Simón Pedro fue soltado de la cárcel. Realmente esta es la primera referencia histórica que tenemos sobre Juan Marcos en las Escrituras. Evidentemente, su madre era rica y una cristiana destacada en la iglesia de Jerusalén. Y al parecer la iglesia se reunía en su casa.
Juan Marcos era sobrino de Bernabé. Pablo nos informa de esto en su carta a los Colosenses, capítulo 4, versículo 10. Y al parecer, era hijo espiritual de Simón Pedro, porque cuando Pedro escribió su primera epístola, en el capítulo 5, versículo 13, dijo: La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan. El Evangelio según San Marcos por mucho tiempo ha sido considerado como el Evangelio de Simón Pedro. Creemos que hay evidencias que confirman tal punto de vista, pero éstas las consideraremos dentro de un momento. Script Ready / / AR Recorded / / SM Edited / / Checked / / Corrected / / Mastered / /
Juan Marcos se asoció con Pablo y Bernabé antes de su primer viaje misionero. En Hechos, capítulo 13, versículo 5, dice: Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante. Pero este hombre volvió atrás en Perge de Panfilia, y parece que Marcos era un poquito cobarde. No creemos que debamos defender a Juan Marcos por haber regresado, por haber vuelto atrás. Pudiera haber tenido alguna excusa, pero nos parece que él había fracasado. Sin embargo, es verdad que más tarde Juan Marcos salió bien.
Ahora bien, Pablo no quería llevar a Juan Marcos en su segundo viaje misionero, pero su tío Bernabé quería llevarlo. Parece que Bernabé era un buen tío y estaba dispuesto a perdonarle. En Hechos, capítulo 15, versículos 37 y 38, leemos: Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. Ahora, eso nos hace pensar que Pablo creía que Marcos había fracasado. En el versículo 39 del mismo capítulo 15 de Hechos, dice: Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre. En realidad, sabemos muy poco en cuanto al ministerio de Juan Marcos.
Lo que sí sabemos es que al fin Juan Marcos salió bien. El Apóstol Pablo, escribiendo su última obra, la segunda epístola a Timoteo, en el capítulo 4 y versículo 11, dice: Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. Siempre ha existido la pregunta de si Marcos forma parte de la historia del Evangelio o no. Y mientras estamos dirigiendo nuestra atención a este tema, quisiéramos aclarar que personalmente no creemos que haya base alguna para creer esto.
Se dice que este hombre Marcos recibió los hechos del Evangelio de Pedro. Otros dicen que recibió la explicación del Evangelio de Pablo. Estamos más dispuestos a aceptar lo primero. Ahora, ¿por qué hay cuatro Evangelios? En primer lugar, porque fueron escritos a diferentes grupos de personas. El Evangelio de Mateo fue escrito para la nación de Israel, especialmente para el hombre religioso. El Evangelio según Marcos fue escrito específicamente para el hombre
poderoso. Los romanos fueron los que gobernaron al mundo durante un milenio. Y el Evangelio de Marcos fue escrito para tales personas. Los romanos habían sojuzgado al mundo y realmente habían traído la paz, la justicia, las buenas carreteras, la ley, el orden, y la protección. Pero era una paz forzada. El pie de hierro de Roma pisaba al género humano, y tuvo que pagar el precio. Roma era una dictadura poderosa.
El Dr. D. S. Gregory, lo ha expresado así: “El romano debía procurar, con un poder humano, el perfeccionamiento de la humanidad subordinando al individuo bajo la autoridad del estado, haciendo al estado universal. Para ello, debía tomar la forma de ley que era controlada por principios políticos, de los cuales un aprecio por la ley y la justicia era muy conspicuo. Robert D. Culver, en su libro sobre las profecías de Daniel, dice que el imperio romano le dio al mundo el tipo de paz que la “Liga de las Naciones” y ahora las “Naciones Unidas” tratan de darle al mundo. Este tipo de paz ya había sido probado por los romanos, y era una paz incitada por el mundo, forzada sobre el mundo, y guardada en las manos de un hombre muy poderoso. El mundo de hoy, por supuesto, busca de nuevo la venida de aquel hombre poderoso. El romano también buscaba ese tipo de persona.
Roma representaba un poder humano activo en el mundo antiguo, y conducía a una dictadura. El poder realmente era posesión de un solo hombre lo que era algo muy peligroso. Eso todavía hoy en día es algo peligroso. Y quisiéramos citar una vez más al Dr. Gregory con respecto a esto: “El romano – dice él – era el obrero más poderoso, el conquistador, el organizador, y el soberano. El hombre que era el César podía regir el cetro del imperio universal. El César y el cesarismo constituían el último resultado inevitable del desarrollo romano. Cuando al hombre se le había hecho sentir en lo más profundo de su ser que la justicia natural en las manos de un déspota humano era algo terrible para el hombre pecaminoso, el Espíritu Santo propone recomendar nuestra aceptación de Jesús de Nazaret como nuestro soberano y Salvador, el libertador esperado del mundo”. Hasta aquí la cita del Dr. Gregory. Estamos entrando en una posición cercana hoy al día en que habrá un estado policíaco mundial que será gobernado por un solo hombre. Será un reinando satánico sobre hombres pecaminosos quienes clamarán por la liberación. El único que podrá librarles será el Señor Jesús mismo cuando Él venga otra vez.
El Apóstol Pablo escribió a los romanos, en el capítulo 1, versículo 16, diciendo: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;. . . Aquel poder, amigo oyente, es el que puede extender la misericordia. En los días en que reinaban los Césares, el mundo suspiraba por la misericordia, pero todo lo que recibió fue poder. Era un tiempo cuando nadie se atrevía a resistir ese poder, porque resistirlo significaba la muerte misma. Era imposible huir de este poder, y nunca se podía salir de los límites de aquel poder. Fue en aquel tiempo cuando Dios envió un mensaje especial para aquel segmento de la población, y Juan Marcos fue su escritor.
Ahora, Juan Marcos nos da el relato del evangelio de Simón Pedro. La iglesia primitiva creía que eso era verdad y así lo sostuvo. Por ejemplo, Papias, uno de los primeros padres de la iglesia, anotó que Juan Marcos recibió su Evangelio de Simón Pedro, y quisiéramos citarle ahora. Dijo Papias: “Marcos, el intérprete de Pedro, escribió con mucho cuidado todo lo que él recordó, pero no según el orden de los discursos ni de las obras de Cristo”. Ahora, Eusebio dice que: “Tal luz de piedad resplandeció en las mentes de aquellos que oyeron a Pedro, que no quedaron satisfechos con oír una sola vez, ni con la doctrina no escrita, sino que seriamente imploraron a Marcos que les pusiera por escrito la doctrina que habían recibido mediante la predicación”.
Y así fue que recibimos el Evangelio de San Pedro por medio de Juan Marcos. Es un Evangelio de acción porque Simón Pedro era tal tipo de hombre. Es un evangelio de acción escrito para el hombre romano, un hombre de acción. Hagamos ahora una comparación de los cuatro evangelios. Mateo presenta a Jesús como el Rey, como el león.
Marcos presenta a Jesús como el Siervo (el Buey).
Lucas presenta a Jesús como el Hijo del Hombre (Cara del hombre).
En Marcos, Jesús pone a un lado el ropaje real de Su propia majestad y se ciñe el paño de servicio. El énfasis en Marcos es sobre el hacer y no sobre el hablar. Los milagros predominan en este Evangelio.
Los cuatro Evangelios también pueden ser comparados, considerándolos como diarios metropolitanos.
Mateo lleva los avisos y los anuncios -- “He aquí, el reino de los cielos se ha acercado”.
Ahora, Lucas lleva las ediciones extras -- los cánticos de la Natividad, las parábolas del buen samaritano y del hijo pródigo.
Juan, por su parte, escribe los editoriales -- acerca del discurso sobre el pan de vida, la luz del mundo, y el discurso en el aposento alto.
Marcos lleva los titulares excitantes -- “Jesús vino”, “Jesús solo”, y “ha resucitado”.
El versículo clave de este Evangelio de San Marcos lo encontramos en el capítulo 10, versículo 45; allí dice: Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.
Veamos ahora las características del evangelio de San Marcos. Primero: “Jesús vino”. Marcos arraiga esta frase en la profecía de Isaías y en la proclama de Juan el Bautista. Jesús es presentado como el Siervo de Jehová. Esto da cumplimiento a la profecía de Isaías, capítulo 42, versículos 1 y 2, donde dice: He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles”. Bernard, en las Conferencias de Bampton en 1864, dijo en cuanto al Evangelio de Marcos: “Lo dicho por San Pedro a Cornelio ha sido considerado como un lema apropiado para este Evangelio: ‘Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, quien anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el
diablo’”. ¡Cristo anduvo haciendo bien! ¡Cuán desconcertante es que nosotros nos quedamos tan satisfechos con simplemente andar!
Leemos muchísimo hoy en día en cuanto a las protestas y las marchas; oímos hablar de los bienhechores, tanto políticos como predicadores. Todos hablan en cuanto a hacer el bien, pero no lo hacen. Simplemente están andando, pero no haciendo bien. El Señor Jesús vino en toda la gracia de Su humanidad y en la plenitud de Su deidad haciendo el bien. Pero este es solamente el principio del Evangelio. Él murió y resucitó; y no fue sino hasta entonces que Él dijo a los Suyos: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”. El Evangelio había sido completado. Hoy en día, éste es el Evangelio. Ahora, el estilo de Marcos es breve y brusco, pertinente y eficaz, corto y de lectura agradable. El Evangelio de Marcos es libre de toda verbosidad excesiva y va directamente al grano. Este es el Evangelio de acción y logro. Aquí Jesús no está adornado de palabras ni de narraciones, sino que está ceñido por la acción.
El Evangelio según San Marcos está escrito en un estilo simple. Está diseñado para el pueblo. Es interesante notar que la conjunción “y” ocurre más que cualquiera otra palabra en este Evangelio. Se dice que ocurre unas 1.331 veces. No las hemos contado, amigo oyente, pero si lo duda, pues, bien puede contarlas usted mismo. Francamente, si hubiéramos entregado una ponencia, un ensayo, un examen a la universidad con tantas “ies” entrometidas, pues, nos habrían calificado de cero. Sin embargo, es una palabra potente cuando se usa correctamente. Es una palabra de acción y significa que algo va a seguir. Hay muchos predicadores, especialmente entre los jóvenes, que hacen uso de la palabra “y”. Pero, el momento en que dicen “y”, amigo oyente, tienen que seguir diciendo algo más. No se puede dejar de hablar después de la palabra “y”. “Y” siempre denota más acción.
Marcos escribió este Evangelio en Roma evidentemente para los romanos. Los romanos eran muy activos y aprobaban el poder y la acción. Ellos querían saber la respuesta a esta pregunta: ¿Es poderoso Jesús para hacer el trabajo? Este Evangelio es lo suficientemente breve como para que un hombre que esté muy ocupado lo pueda leer. Se cita pocas Escrituras del Antiguo Testamento, y se explica las costumbres judías, lo cual da prueba adicional de que fue escrito
Mateo nos da una genealogía porque un rey tiene que tener una genealogía. Ahora, Marcos no nos da una genealogía porque un siervo no la necesita. Un siervo tiene que hacer el trabajo. Y vamos a ver esto en este Evangelio porque Jesús es presentado aquí de esa manera. Veamos ahora un breve bosquejo de este Evangelio según San Marcos. Encontramos aquí las credenciales de Cristo.
Primero, Juan presenta al Siervo. Esto se encuentra en el capítulo 1, versículos 1 al 8.
En segundo lugar, Dios el Padre identifica al Siervo. Marcos 1, del versículo 9 al 11.
En tercer lugar, la tentación inicia al Siervo. Capítulo 1, versículos 12 y 13.
En cuarto lugar, palabras y obras ilustran al Siervo. Marcos 1, versículo 14 hasta el capítulo 13, versículo 37.
Y esto se divide en dos secciones. Primero, ilustran al siervo por medio de milagros. Milagros de sanidad física; milagros sobre la naturaleza, o sea naturales. Milagros sobre demonios, o sea, espirituales; y la resurrección de entre los muertos; o sea, lo sobrenatural. También estas palabras y estas obras ilustran al siervo por medio de parábolas y enseñanzas. Primero, parábolas; segundo por enseñanzas misceláneas; y tercero, por incidentes. Y en quinto lugar, encontramos que la muerte, la sepultura, y la resurrección garantizan al siervo, y esto lo encontramos en el capítulo 14, versículo 1, hasta el capítulo 16, versículo 20. Todo esto, amigo oyente, a vía de introducción.
Y ahora, vamos a entrar en el estudio de capítulo 1 de San Marcos. En este capítulo, Juan anuncia y bautiza a Jesús. Jesús es aprobado por el Padre; es tentado por Satanás. Principia Su ministerio en Galilea. Llama a cuatro discípulos. Echa fuera los demonios; sana a la suegra de Pedro; ora y sana a un leproso. Probablemente hay más contenido en este capítulo de Marcos, que lo que hay en cualquier otro capítulo en toda la Biblia. Compárelo por ejemplo con Génesis, capítulo uno. Abarca este capítulo el ministerio de Juan el Bautista después de volver nuestra atención al Antiguo Testamento, a las profecías de Isaías y de Malaquías. Incluye el primer año
del ministerio de Jesús, luego siguiéndole paso a paso en sus actividades de un sábado muy ocupado. Concluye el capítulo con la obra poderosa de Cristo al sanar al leproso. Aquí veremos que a pesar de la tensión de su vida activa, Jesús siempre apartó tiempo para la oración.
Este capítulo tan lleno de contenido se hace notable por la ausencia de una genealogía, la cual es un aspecto tan sobresaliente en el Evangelio según San Mateo. Ya hemos declarado por qué no se halla la genealogía de Jesús en San Marcos. Un rey necesita una genealogía; pero un siervo necesita referencias, y no una partida de nacimiento. Para el siervo, no es cuestión de Sus antepasados, sino de sus acciones. ¿Es capaz o no de hacer el trabajo? El Siervo de Jehová se señala aquí por Sus logros. Además de esto, a los romanos y a los otros pueblos gentiles, no les importaría la genealogía de Jesús, la que databa desde Abraham.
Al comenzar el estudio del texto de este Evangelio, vamos a pedirle a Dios que nos ponga en una relación vital con Jesús. Vamos a contemplar al Señor Jesucristo. El Dr. A. J. Gordon escribió: “La mirada salva, pero la contemplación santifica”. Consideremos ahora las profecías con respecto a la vida de Juan el Bautista. Leamos los primeros tres versículos de este capítulo 1 de San Marcos:
1
Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. 2Como está escrito en Isaías el
profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino
delante de ti. 3Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas. (Mar. 1:1-3)
Este no es el principio de Juan, ni de Jesús. Es el principio del Evangelio cuando el Señor Jesús vino a esta tierra y murió en una cruz y resucitó. Ese, amigo oyente, es el Evangelio. Hay tres principios que se registran en las Escrituras. Y vamos a anotarlos en orden cronológico:
Primero: En el principio era el Verbo. . . (Juan 1:1). Esto vuelve a un principio sin fecha, un principio antes de todo tiempo. Aquí la mente humana sólo puede andar a tientas. Es lógico más bien que cronológico, porque, en nuestra opinión, tenemos que tener algún punto de partida en alguna parte del pasado para poder tener una base o principio. Si vemos un avión en el aire,
suponemos que debe haber un aeropuerto en alguna parte. Pueda que no sepamos donde está, pero sabemos que el avión despegó de algún lugar. Así mismo, cuando miramos alrededor, al universo, sabemos que partió de algún lugar y que en alguna parte hay un Dios. Pero no sabemos nada en cuanto a aquel principio. Dios sale de le eternidad para encontrarnos. Nosotros simplemente pensamos en alguna parte donde Él puede encontrarse lo más lejos en el pasado que podamos recordar, y tenemos que admitir que Él ya existía aún antes de eso.
En segundo lugar: En el principio Dios creó los cielos y la tierra. (Gén. 1:1). Aquí es donde pasamos de la eternidad al tiempo. Sin embargo, aunque muchas personas han tratado de fechar a este universo, ningún hombre hasta el momento ha podido medir el tiempo exacto de su existencia. Las suposiciones de los hombres han variado desde los seis mil años hasta los tres billones de años o más. Bien podríamos volver aún más allá de lo que alguien pueda suponer. El universo probablemente ha estado aquí por un tiempo larguísimo. Conocemos tan poquito ahora, pero cuando lleguemos a la presencia de Jesucristo, donde conoceremos aun como somos conocidos, nos daremos cuenta de cómo hemos visto, como por un espejo, oscuramente. Estamos seguros que nos admiraremos de nuestra torpeza e ignorancia. Nuestro Dios, amigo oyente, es un gran Dios. Él tiene tiempo en abundancia.
Y aquí vamos a detenernos por esta ocasión. Continuaremos estudiando el capítulo 1 del evangelio según San Marcos, Dios mediante en nuestro próximo programa. Antes de despedirnos, le recordamos solicitar sin demora las notas y bosquejos que hemos preparado para ayudarle en este estudio y son sin costo alguno para usted. Solicite este material a la dirección que le proveeremos en un momento. Será, pues, hasta entonces, ¡que el Señor le bendiga es nuestra ferviente oración!