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PROYECTO MEMORIZARTE JÓVENES UNIDOS POR LA NO REPETICIÓN POR QUÉ ES IMPORTANTE LA MEMORIA?

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Academic year: 2021

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PROYECTO MEMORIZARTE

JÓVENES UNIDOS POR LA NO REPETICIÓN

POR QUÉ ES IMPORTANTE LA MEMORIA?

PROPÓSITO: Comprender la importancia de la memoria individual y colectiva como el rescate del pasado que

nos identifica y nos hace seres únicos, parte de una sociedad.

CONTEXTUALIZACIÓN: Este año te invitamos a emprender un recorrido por la memoria individual y Colectiva.

Todos los seres humanos contamos con un pasado, con eventos importantes que al recordar nos hacen

dibujar una sonrisa y que siempre harán parte de lo que somos, pero también existen en nuestra memoria

esos recuerdos tristes que a veces quisiéramos olvidar. Así como esas cosas buenas, también las dolorosas

nos hacen ser quienes somos, no las podemos borrar y al contrario, aceptarlas y elaborarlas nos permite

aprender de ellas y ser mejores personas. De la misma manera también las sociedades en su proceso de

construcción van acumulando recuerdos, que al ser colectivos se asumen, interpretan y expresan de manera

diferente, pero que se constituyen, al ser comunes, en el pasado identitario de esas comunidades.

GUÍA No. 1

POR QUÉ HABLAR DE MEMORIA?

Todos los seres humanos tenemos la capacidad de recordar, pero también de olvidar. Nuestro pasado nos

marca y en últimas define nuestra identidad. Construyamos juntos nuestro concepto de memoria y acordemos

cuál es el sentido que le daremos en esta travesía del recuerdo.

Las siguientes son algunas preguntas que nos permiten reflexionar primero individual y luego en grupo por

qué esta propuesta de trabajo se constituye en una mirada hacia nosotros mismos y hacia los demás,

estableciendo acuerdos frente al concepto de memoria, su importancia y la necesidad de recordar y a veces

también de olvidar.

1.

Para ti qué es memoria? ______________________________________________________

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(2)

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3. Crees que la memoria del computador es comparable con nuestra memoria, qué ventajas y desventajas tienen una y otra? __________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________________________________

RELACIÓN ENTRE MEMORIA, SENTIDOS Y EMOCIONES

Al evocar recuerdos nuestra memoria nos activa como seres humanos, involucrando emociones, afectos, pasiones y es a través de los sentidos

La siguiente actividad es propuesta por el Centro de memoria, paz y reconciliación para hacernos reflexionar frente a las conexiones entre la memoria, los sentidos y las emociones que como seres humanos despertamos al evocar los recuerdos.

PARA TENER EN CUENTA:

Durante el desarrollo de este proyecto deberás realizar lecturas y reflexiones, que te llevarán no sólo a

comprender los diferentes temas, sino que te permitirán hacerte tu propia idea de la realidad colombiana,

construyendo los argumentos que la sustenten.

LECTURA, ESCRITURA Y ORALIDAD… HERRAMIENTAS PARA LA VIDA

No olvides; durante el desarrollo de todas las guías; comenzar por subrayar las palabras desconocidas y elaborar tu propio glosario. Cuidando la ortografía y caligrafía. Esta práctica no sólo te ayudará a mejorar tu comprensión lectora, sino que enriquecerá tu vocabulario y te ayudará a expresarte mejor.

(3)

Lee atentamente el siguiente cuento de Jorge Luis Borges y responde las preguntas que aparecen a continuación

“FUNES EL MEMORIOSO”

Jorge Luis Borges, 1944 Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y vi un muchacho que corría por la estr echa y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: "¿Qué horas son, Ireneo?"". Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: 'Faltan cuatro minutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco". La voz era aguda, burlona. Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro. Me dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo, María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto. Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles. Los años 85 y 86 veraneamos en la ciudad de Montevideo. El 87 volví a Fray Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el "cronométrico Funes". Me contestaron que lo había volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la noticia me produjo. Me dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en la higuera del fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una, inmóvil, con los ojos cerrados.

No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latín. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los Comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propga en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, "del día 7 de febrero del año 84" y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes, acompañado de un diccionario "para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín". Prometía devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, f por g. Al principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad Parnassum de Quicherat y la obra de Plinio. El 14 de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente, porque mi padre no estaba "nada bien”. Al hacer la valija, noté que me faltaban el Gradus y el primer tomo de la Naturalis historia. El "Saturno" zarpaba al día siguiente, por la mañana; esa noche, después de cenar, me encaminé a casa de Funes.

En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atravesé el patio de baldosa, oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del capítulo XXIV del libro VII de la Naturalis historia. Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara. Me senté; repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso). Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882 y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etcétera. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entre sueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: "Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo". Y también: "Mis sueños son como la vigilia de ustedes". Y también, hacia el alba: "Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras". Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.

Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez. Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para la serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta

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balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferír el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente. Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrot ado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra. Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce, más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles. Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar.

a. Consulta sobre este autor argentino y escribe lo que más te llame la atención de él _________________________

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b. Quién era Irineo Funes? _______________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ ____________________________________________

c. Cómo eran los recuerdos de Funes? ______________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________

d. Por qué el autor afirma que Funes no es capaz de pensar? ____________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ e. Imagina que tu memoria es como la de Funes. Qué ventajas y que desventajas tendrías?__________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ f. Por qué se dice que la memoria del ser humano es selectiva?

__________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________

g. Crees que la memoria del computador es comparable con nuestra memoria, qué ventajas y desventajas tienen una y

otra? _____________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________

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EL OLVIDO

La palabra opuesta a la memoria es el olvido. El olvido nos quita la posibilidad de conocer nuestro pasado de

saber quiénes somos. Enfermedades como el alzahimer son de las más temidas por los seres humanos.

Imaginémonos por un momento que de pronto comenzamos a olvidar quiènes somos, dónde estamos,

quiénes son las personas que nos rodean, para qué sirven los distintos objetos que hacen parte de nuestra

cotidianidad.

Qué sentirías si sabes que vas irremediablemente a iniciar el proceso de perder tu memoria y sumirte en el

olvido?

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__________________________________________________________________________________________

__________________________________________________________________________________________

Cuando una persona pierde su memoria, necesariamente se vuelve dependiente de otros. No puede tomar sus

propias decisiones, es quizá esta la condición más triste y de mayor vulnerabilidad para un ser humano. Hoy la

ciencia lucha decididamente contra esta enfermedad; mientras tanto el alzahimer se sigue apoderando sin

piedad de más seres humanos y amenaza con convertirse en un problema de salud pública para las futuras

décadas.

Así como el olvido es tan funesto en los seres humanos; por lo menos en términos patólogicos; porque a nivel

de salud emocional nuestro cerebro es capaz de hacer olvidos selectivos necesarios para nuestra calidad de

vida; las sociedades se enfrentan a un reto similar pero con la condición casi tan inmisericorde como el

alzahimer, en la medida en que existen grupos de poder, clases dirigentes a quienes conviene borrar de la

memoria colectiva ciertos eventos que de ser conocidos por otras generaciones, posibilitarían el debate y la

interpelación a esos grupos privilegiados y no les permitiría perpetuarse en el poder. Sin embargo también es

cierto que las comunidades a veces al configurar sus memorias, estas sufren tensiones, lográndose imponer

sólo algunas y llevando al olvido otras que son necesarias para continuar como grupos.

A MACONDO TAMBIÉN LLEGÓ EL OLVIDO….

Lee el siguiente fragmento de Cien años de Soledad:

Un día la india Visitación descubre en Rebeca (la misteriosa niña, comedora de tierra, que llega a casa de los

Buendía cargada con un saquito con los huesos de sus padres) los síntomas de la peste del insomnio. La india,

que muchos años antes había escapado de su reino huyendo del insomnio, explicó a la familia que " lo más

terrible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio

alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que, cuando el

enfermo se acostumbra a sus estado de vigila, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia,

luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del

propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado”. Al cabo de varias semanas, no solo se habían

contagiado todos los habitantes de la casa, sino que los animalitos de caramelo fabricados por

Úrsula Iguarán por ser de mayor vulnerabilidad pagaron la peste por todo Macondo, pues el insomnio se

transmitía por vía oral. Para que la enfermedad no alcanzara a otras poblaciones de la ciénaga, Macondo fue

sometido a cuarentena. Los forasteros debían hacer sonar una campanita para que se supiese que estaban sanos,

y tenían prohibido comer y beber en Macondo. Llegó un momento en que los habitantes de Macondo se habían

habituado a esa situación excepcional y ya a nadie le preocupaba el insomnio. Pero... Un día [Aureliano] estaba

buscando el pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales, y no recordó su nombre. Su padre se lo

dijo: "tas". Aureliano escribió el nombre en un papel que pegó con goma en la base del yunquecito:

tas.

Así

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estuvo seguro de no olvidarlo en el futuro. No se le ocurrió que fuera aquella la primera manifestación del

olvido, porque el objeto tenía un nombre difícil de recordar. Pero pocos días después descubrió que tenía

dificultades para recordar casi todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de

modo que le bastaba con leer la inscripción para identificarlas. Cuando su padre le comunicó su alarma por

haber olvidado hasta los hechos más impresionantes de su niñez, Aureliano le explicó su método, y José

Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde la impuso a todo el pueblo. Con un hisopo

entintado marcó cada cosa con su nombre:

mesa,

silla

,

reloj

,

puerta,

pared

,

cama

,

cacerola

. Fue al corral y

marcó los animales y las plantas:

vaca

,

chivo

,

puerca

,

gallina

,

yuca

,

malanga

,

guineo

. Poco a poco, estudiando

las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas

por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explícito. El letrero que colgó en la

cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a

luchar contra el olvido:

Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la

leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche.

Así continuaron viviendo en una

realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio

cuando olvidaran los valores de la letra escrita.

En la entrada del camino de la ciénaga se había puesto un anuncio que decía

Macondo

y otro más grande en

la calle central que decía

Dios existe

. En todas las casas se habían escrito claves para memorizar los objetos y

los sentimientos. Pero el sistema exigía tanta vigilancia y tanta fortaleza moral, que muchos sucumbieron al

hechizo de una realidad imaginaria, inventada por ellos mismos, que les resultaba menos práctica pero más

reconfortante. Pilar Ternera fue quien más contribuyó a popularizar esa mistificación, cuando concibió el

artificio de leer el pasado en las barajas como antes había leído el futuro. Mediante ese recurso, los insomnes

empezaron a vivir en un mundo construido por las alternativas inciertas de los naipes, donde el padre se

recordaba apenas como el hombre moreno que había llegada a principios de abril y la madre se recordaba

apenas como la mujer trigueña que usaba un anillo de oro en la mano izquierda, y donde una fecha de

nacimiento quedaba reducida al último martes en que cantó la alondra en el laurel. Derrotado por aquellas

prácticas de consolación, José Arcadio Buendía decidió entonces construir la máquina de la memoria que una

vez había deseado para acordarse de los maravillosos inventos de los gitanos. El artefacto se fundaba en la

posibilidad de repasar todas las mañanas, y desde el principio hasta el fin, la totalidad de los conocimientos

adquiridos en la vida. Lo imaginaba como un diccionario giratorio que un individuo situado en el eje pudiera

operar mediante una manivela, de modo que en pocas horas pasaran frente a sus ojos las nociones más

necesarias para vivir. Había logrado escribir cerca de catorce mil fichas, cuando apareció por el camino de la

ciénaga un anciano estrafalario con la campanita triste de los durmientes, cargando una maleta ventruda

amarrada con cuerdas y un carrito cubierto de trapos negros. Fue directamente a la casa de José Arcadio

Buendía.

Visitación no lo conoció al abrirle la puerta, y pensó que llevaba el propósito de vender algo, ignorante de

que nada podía venderse en un pueblo que se hundía sin remedio en el tremedal del olvido. Era un hombre

decrépito. Aunque su voz estaba también cuarteada por la incertidumbre y sus manos parecían dudar de la

existencia de las cosas, era evidente que venía del mundo donde todavía los hombres podían dormir y recordar.

José Arcadio Buendía lo encontró sentado en la sala, abanicándose con un remendado sombrero negro, mientras

leía con atención compasiva los letreros pegados en las paredes. Lo saludó con amplias muestras de afecto,

temiendo haberlo conocido en otro tiempo y ahora no recordarlo. Pero el visitante advirtió su falsedad. Se sintió

olvidado, no con el olvido remediable del corazón, sino con otro olvido más cruel e irrevocable que él conocía

muy bien, porque era el olvido de la muerte. Entonces comprendió. Abrió la maleta atiborrada de objetos

indescifrables, y de entre ellos sacó un maletín con muchos frascos. Le dio a beber a José Arcadio Buendía una

sustancia de color apacible, y la luz se hizo en su memoria. Los ojos se le humedecieron de llanto, antes de

verse a sí mismo en una sala absurda donde los objetos estaban marcados, y antes de avergonzarse de las

solemnes tonterías escritas en las paredes, y aun antes de reconocer al recién llegado en un deslumbrante

resplandor de alegría. Era Melquíades.

(Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, Alfaguara, Colección "Biblioteca" de Gabriel García Márquez, Madrid, 1982, pp. 49-51)

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1. Quién llevó la peste del olvido a Macondo_______________________________________

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2. Cómo hubieras actuado si estuvieras en el lugar de José Arcadio Buendía para atacar la peste? ___

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3. Por qué Pilar Ternera decidió leer el pasado y no el futuro? ___________________________

_________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________

4. Cómo se curó Macondo de la peste del olvido? ____________________________________

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5. Cómo interpretas el pensamiento de Melquiades: “

Se sintió olvidado, no con el olvido remediable del

corazón, sino con otro olvido más cruel e irrevocable que él conocía muy bien, porque era el olvido de la

muerte” _____________________________________________________________________________

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6. Cuando alguien cercano a nosotros muere. Crees que es bueno mantenerla viva en nuestro

recuerdo o sería mejor olvidarla para no sufrir el dolor de su pérdida? ___________________________

_________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________

7. Muchos jóvenes como tu han perdido seres queridos a causa del conflicto armado. Si fueras uno de

ellos crees que sería bueno conservar la memoria de lo que fueron. Si consideras que si, cómo lo harías? ______________________________________________________________ _________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________

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PROYECTO MEMORIZARTE

“JÓVENES UNIDOS POR LA NO REPETICIÓN”

QUÉ RELACIÓN TIENE LA HISTORIA Y LA MEMORIA?

PROPÓSITO:

Pide a dos adultos; un familiar o conocido y a un profesor que haya vivido su juventud en la década de los 80,

realizar la siguiente lectura…

SE PUEDE VIVIR AL MARGEN DE LA HISTORIA?

He ido descubriendo poco a poco que crecí al margen de la historia, que en mi adolescencia y juventud sucedieron hechos fundamentales para la historia del país y que yo no me enteré de ellos. La pregunta es cómo pudo pasar eso.

He tenido que trabajar desde muy joven, eso quiere decir desde los 16 años, también estudiar. Transitaba por los mismos lugares en días largos que comenzaban a las 5 am. y terminaban a las 10 u 11 pm. En los ratos libres había que estudiar o buscar alguna forma para fugarse de tantas

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obligaciones, la televisión era una de ellas. ¿Que si no veía noticieros? si claro, algunos, aunque debo reconocer que no eran mi programa favorito. Tantas noticias malas en medio de mi cansancio me abrumaban. Entonces era mejor ver una película. Con ellas aprendí quiénes eran los malos y quiénes los buenos. Los rusos eran generalmente los malos, con acentos extravagantes, rostros duros, inclementes. Los buenos eran los americanos, el hombre nuclear y la mujer biónica lograban destruir todos los planes de los malos. Sus cuerpos mutilados habían podido ser reconstruidos con piezas electrónicas que los convertían en sujetos muy efectivos en su trabajo de espionaje. El hombre del millón de dólares en 1985 (una gran suma hoy y mucho más para la época) era el hombre nuclear, una pieza clave para aquellos que buscaban ejercer el control político, militar y cultural sobre la América entera. Eso les concedía el derecho de arrogarse su nombre. Los americanos eran ellos, nosotros o por lo menos yo, era colombiana.

La escuela política de las series se complementaba muy bien con la educación escolar. La historia era un acumulado de nombres de personas y lugares muy lejanos, que en poco o nada tenían relación conmigo. Los indígenas eran un relato del pasado, derrotados y extinguidos por los españoles se veían apenas como un asomo de lo que hubiéramos podido ser. Los negros habían llegado como esclavos, habían sido cazados y traídos como animales hasta América para realizar el trabajo duro de las minas. Ese relato de derrota detrás del cual no había sino la historia de otro buen salvaje, alimentaba una sociedad racista cuyos modelos de civilización eran los europeos y los “americanos”. Nunca se cuestionó en la escuela en la que aprendí el que aquellos que habían esclavizado, explotado y exterminado culturas fueran precisamente los modelos, aquellos a los que se debía mirar para encontrar el relato de progreso y “cultura”.

Recuerdo cuando vi la primera pedrea en la universidad pública a la que asistía para obtener mi licenciatura. Había un grupo de muchachos encapuchados que se sostenían unos sobre otros para colgar la bandera de los maoistas en la plaza central. Luego estaba la cerca que dividía a los policías de los estudiantes. Unos tiraban piedras y los otros gases. Luego venían los petos, las explosiones que hacían correr a aquellos que como yo, tenían miedo y que no entendían muy bien aquella confrontación que más parecía un montaje teatral. Luego me enteraba de que habían herido a algunos estudiantes con balas de cuya procedencia poco se hablaba. Pero ni siquiera eso lograba conmoverme de verdad, no había mucho tiempo para preguntar, había que salir a trabajar, había que hacer las tareas que también eran ajenas a lo que estaba pasando.

Fue en las reuniones de pola y café en los huecos entre clases, que empecé a escuchar otros relatos sobre otra historia de la cual y como ya lo había dicho, no tenía idea. La historia llegó de la mano con los amigos y el amor. Había otros jóvenes que parecían haber crecido en otro país. Ellos traían canciones de Silvio, de Serrat, de Pablo Milanés, de Alí Primera… que no sonaban en la radio. Traían historias de los comunistas, de las protestas de los estudiantes, de los obreros que con sus movimientos luchaban por una sociedad distinta.

En todo este relato, la literatura había sido mi mejor refugio. A través de ella descubrí los mundos simultáneos, paralelos, los intersticios por donde se fuga la realidad. A través de ella encontré la novela histórica que me acercaba a las emociones y las pasiones de personajes que nunca imaginé

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que hubieran podido vivir de verdad. Las historias escondidas de los cimarrones, de los grandes emperadores negros me sorprendieron y conmovieron. Los contrastes entre la América medieval y la Europa renacentista llegaron también a través de los encantos de una mujer como Genoveva Alcocer, la Tejedora de coronas. Una mujer que vive la pasión en el cuerpo y en las ideas, que no tiene que dislocarse o desmembrarse para ser.

Y de la mano de los libros, de los amigos y del amor llegó la otra historia. Con asombro escuchaba sus relatos, con angustia me preguntaba en dónde estaba yo cuando sacaban a las gentes de sus casas autorizados por el Estatuto de seguridad. Un Estatuto que permitía que la policía y los militares desaparecieran a estudiantes, obreros y activistas sociales que participaban en marchas y protestas, que luchaban por sus derechos y que hoy solo cambia de traje con el fuero militar.

¿En dónde estaba yo cuando se tomaron el Palacio de Justicia, cuando la masacre de la UP? ¿Por qué supe que cosas como esas pasaban en otros países y no en el mío?

Es posible crecer al margen de la historia pero no es posible no ser avasallado por ella, y más aún cuando no se es consciente de la misma. Y es que a partir de cada uno de nosotros se puede contar la historia del mundo. Somos un entrecruzamiento de hilos, de tensiones históricas. Es lo que he ido aprendiendo poco a poco o mejor aún, de forma vertiginosa para recuperar un poco de los años de inconciencia, como el haber crecido con un modelo de familia, de patria, de ley y de fe que creía únicos y que no me dejaban escuchar otros relatos nacidos de otras experiencias, geografías, relaciones.

Se suele buscar aquello que más nos hace falta. Hoy busco mi memoria y la memoria de esos otros que como yo, no aparecen en la historia. De esos que se van diluyendo entre el modelo de producción y consumo, que se van convirtiendo en una pieza que se desecha por el desgaste y que cae en los basurales de la historia. Esa búsqueda me ha permitido encontrar muchos puntos de encuentro, de entrecruzamiento entre las historias de los muchachos y las muchachas de mi generación que luchaban por condiciones más dignas para obreros que como yo, pasaban sus días atrapados en largas jornadas de trabajo y estudio, buscando el mañana del cual les habían hablado sus padres, aquellos que también habían postergado sus sueños para que sus hijos un día los cumplieran.

He escuchado historias no contadas por la Historia oficial de muchachos y muchachas de mi generación y de generaciones posteriores que luchan por reivindicar la memoria de sus padres asesinados por sus ideas políticas. De amigos con hermanos desaparecidos, torturados y asesinados sin un juicio. De padres y madres que llevan más de treinta años hablando de sus hijos desaparecidos. De madres que en la mañana se han despedido de sus hijos y que de un día para otro aparecieron asesinados en combates imaginarios, y que luego fueron presentados como jefes de bloques guerrilleros. Madres, padres, hermanos y hermanas, hijos e hijas, abuelas que ayer y hoy solo piden justicia.

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No hay héroes en mi relato personal. Mis padres hacen parte de esa gran masa que ha buscado sobrevivir y que hoy como ayer luchan a empujones por mantenerse en un trabajo a costa de su propia vida y de la misma labor que ejercen.

Se puede vivir al margen de la historia, algunos movidos por las circunstancias, otros por decisión propia, porque sienten que es suficiente con ser un buen ciudadano, y otros porque no quieren que haya cambios en una sociedad en la que están tan bien acomodados.

Pero allí adentro y afuera, delineada en nuestros gestos, hábitos, en la forma como habitamos el tiempo y el espacio está la memoria. Hay memorias que se creen solitarias hay otras colectivas que se han construido con los que se han compartido sueños y luchas. Y es que la memoria, privada y muchas veces reprimida, silenciosa e insignificante guarda los secretos más significativos de una sociedad. Pero para darle sentido a esta afirmación es importante empezar a entender que entre nuestra memoria personal y la de los otros lejanos o cercanos en tiempo y espacio, se extienden grandes e inmensos caminos a través de los cuales podemos ir reconociendo condiciones históricas. Entre las huelgas de los obreros a comienzos de siglo XX en Estados Unidos y que dejaron cientos de obreros muertos, entre la nueva canción latinoamericana en los 70s y 80s, entre los jóvenes que deambulan por las calles sin destino y aquellos que buscan en el arte otras formas de vivir y de contar lo que les pasa, entre los paros de los campesinos del Cauca, del Catatumbo… hay una historia de explotación. De aquellos que le apuestan su vida al sistema de producción y consumo, he aprendido el individualismo, de aquellos que han compartido sus sueños con otros y que han luchado por una sociedad más justa, he aprendido la solidaridad. Hay una larga acumulación de relatos contados a medias, de estrategias geopolíticas que tienen la capacidad de determinar la función de un territorio por encima de aquellos que lo habitan, estrategias que han dejado miles de desaparecidos, de asesinados, de campesinos sin tierra que no eran conscientes de la inclemente la lucha por el poder.

La memoria ha sido otro de los caminos a través de los cuales he llegado a entender que lo que me pasa a mí hace parte de la Historia, esa que se escribe con mayúscula y de la cual tantas veces me sentí expulsada por no tener un gran apellido o por no ser una de sus protagonistas. Esa memoria que hoy requiere con urgencia empezar a contarse y a escucharse, para no seguir condenando al olvido a millones de seres humanos que desde siempre, han hecho parte de la masa deleznable, del presupuesto de pérdidas que tienen contemplado los que tienen el poder económico y político, pero cuyo heroísmo debe hacer parte de nuestra historia, porque allí entre las memorias de los que han creído en utopías están condensados los sueños de nuestra humanidad.

Mónica Álvarez. (CMPR)

Luego de realizada la lectura. Pídele a tu entrevistado responderte estas preguntas, puedes incluir otras que te

parezcan pertinentes:

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2.

Crees que es bueno vivir al margen de la realidad histórica de tu tiempo?, Por qué? ________________

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3.

Menciona el hecho histórico que más recuerdas? ___________________________________________

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4.

Podrías ubicar ese hecho en el tiempo y el espacio? _________________________________________

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5.

Recuerdas dónde estabas?, con quién o haciendo qué? Cuando te enteraste del acontecimiento:_____

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__________________________________________________________________________________________

6.

Crees que es importante reconstruir y conocer la memoria de las personas que han muerto en

Colombia por defender sus ideas políticas o será mejor olvidarlo para no tener malos ejemplos y vivir

tranquilos?

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HISTORIA Y MEMORIA

1.

Para ti qué es Historia? ______________________________________________________

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2. Consulta la definición del término Historia _______________________________________ __________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________

3. Compara los conceptos

HISTORIA MEMORIA

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SEMEJANZAS

Referencias

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