Introducción
• La ética es una parte de la filosofía que reflexiona sobre la moral, y por eso recibe también el nombre de «filosofía moral». Igual que hay dimensiones de la filosofía que tratan sobre la ciencia, la religión, la política, el arte o el derecho, también la reflexión filosófica se ocupa de la moralidad y entonces recibe el nombre de ética
• Ética y moral se distinguen simplemente en que, mientras la moral forma parte de la vida cotidiana de las sociedades y de los individuos y no la han inventado los filósofos, la ética es un saber filosófico; mientras la moral tiene
«apellidos» de la vida social, como «moral
La verdad es que las palabras «ética» y
«moral», en sus respectivos orígenes griego
(éthos) y latino (mos), significan
prácticamente lo mismo: carácter, costumbres. Ambas expresiones se refieren, a fin de cuentas, a un tipo de saber que nos orienta para forjamos un
buen carácter, que nos permita enfrentar la vida con altura humana, que nos permita, en suma, ser justos y felices. Porque se
puede ser un habilísimo político, un sagaz empresario, un profesional avezado, un rotundo triunfador en la vida social, y a la vez una persona humanamente
Precisamente porque la etimología de ambos términos es similar, está sobradamente justificado que en el lenguaje cotidiano se tomen como sinónimos. Pero como en
filosofía es necesario establecer la distinción entre estos dos niveles de reflexión y lenguaje -el de la forja del carácter en la vida cotidiana y el de la dimensión de la filosofía que reflexiona sobre la forja del carácter-, empleamos
para el primer nivel la palabra «moral» y la palabra «ética» para el segundo.
Justamente por moverse en dos niveles de reflexión distintos -el cotidiano y el
¿Qué es eso de lo moral?
LA MORAL DEL CAMELLO
Por las playas valencianas, hace ya bastantes años, se paseaba un
cuerpo de policía a caballo, velando por la decencia de los trajes de los bañistas. La gente los llamaba «la Moral». Con esos antecedentes es fácilmente comprensible que la
pobre moral no tuviera muy buena prensa entre las gentes de a pie y que la identificaran con un conjunto de prohibiciones, referidas sobre
Parecía, pues, que la moral debía consistir en mandatos, encargados de amargar la
existencia al personal prohibiéndoles
cuanto pudiera apetecerles: cuanto más a contrapelo el mandato, más mérito en
cumplirlo. ¿Adónde iba la pobre moral con este cartel?
Naturalmente, no era esto la moral, ni lo es tampoco, pero así lo entendía la gente por razones sociales de peso.. entre otras,
porque así se lo habían enseñado. Por eso, cuando oían la palabra «moral» se les
La verdad es que si la moral fuera esto, no merecería la pena
dedicarle tantos libros, ni se
entendería tampoco por qué está tan de moda hablar de ella, a no ser que la humanidad sea
masoquista o ya no tenga en qué entretenerse. Pero corno no
ESTAR EN EL QUICIO
• Decía ORTEGA que para entender qué sealo moral es mejor no situarlo en el par «moral- inmoral», sino en la
contraposición, más deportiva, «moral-desmoralizado» .
• «Me irrita este vocablo, "moral" -nos dice en "Por qué he escrito El hombre a la
defensiva".- Me irrita porque en su uso y
abuso tradicionales se entiende por moral no sé qué añadido de ornamento puesto a la vida y ser de un hombre o de un pueblo. Por eso yo prefiero que el lector lo
entienda por lo que significa, no en la
Entonces se advierte que la moral no es una
performance suplementaria y lujosa que el hombre añade a su ser para obtener un premio, sino que es el ser mismo del
hombre cuando está en su propio quicio y vital eficacia. Un hombre desmoralizado es simplemente un hombre que no está en posesión de sí mismo, que está fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida, y por ello no crea, ni
fecunda, no hinche su destino»
Decir de alguien que es inmoral es acusarle de no someterse a unas normas, de lo
cual puede incluso sentirse orgulloso si no las reconoce como suyas; pero a nadie le gusta estar desmora1izado, porque
Por eso, está alta de moral una
persona o una sociedad -seguía diciendo con toda razón ORTEGA- cuando «está en su quicio y en su plena eficacia vital», cuando le
sobran agallas para enfrentar la
vida; está desmoralizado, por contra, el desquiciado, el que ha perdido la medida humana.
Hoy la moral es un artículo de primera necesidad, precisamente porque
nuestras «sociedades avanzadas», con todo su avance, están
• No sabemos qué hacer con los
inmigrantes, con los ancianos y los discapacitados; la corrupción acaba pareciéndonos bien con tal de ser nosotros quienes la practiquemos y, por supuesto, que no se nos
descubra; no sabemos dónde situar a los enfermos de sida ni cómo
valorar la ingeniería genética.
• Y todo esto es síntoma de la falta de vitaminas y de entrenamiento,
propia de equipos que ya sólo saben jugar a la reacción, a la defensiva, pero se sienten incapaces de atacar porque están bajos de forma, les
Moralita: no «moralina»
• ¿Y por qué no nos entrenamos? En definitiva, porque aunque la ética está de moda y todo el mundo habla de ella, nadie acaba de creerse que es importante, incluso esencial, para vivir. Sea por lo de la policía de la playa o por la moral del camello, en el fondo a la gente le parece que eso de la moral es simple
OTROS VOCABLOS
TERMINADOS EN
«INA»
• En realidad «moralina», si miramos el diccionario, viene de «moral», con la
terminación «ina» de «nicotina», «morfina» o «cocaína», y significa «moralidad
inoportuna, superficial o falsa». A la gente le suena en realidad a prédica empalagosa y ñoña, con la que se pretende perfumar una realidad bastante maloliente por
putrefacta, a sermón cursi con el que se maquilla una situación impresentable. Y es verdad que la mola se puede
instrumentalizar, convirtiéndola en
«moralina», pero también es verdad que es posible instrumentalizar la política,
• ¿Hay cosa más falsa y nociva que la «politiquina», ese dar a
entender que la salvación viene de la política y de los políticos, que por eso se arrogan poderes casi omnímodos y acaban
devorando a la sociedad civil? • ¿Hay cosa más engañosa que la
«cientifina» , esa fe ciega e
irracional en las palabras de los científicos, buenos o malos, corno si fuera de ellas no hubiera
• ¿No huele bastante mal una
realidad que se trata de encubrir únicamente con la colonia del
derecho, corno si crear leyes sin cuento, juridificar la sociedad
hasta las entrañas, fuera la solución a todos los males?
• ¿Y no es una droga bien dura la «economicina», esa cháchara petulante de economistas de
pacotilla, que nos quieren hacer creer que su ciencia es lo único serio en el mundo, y que todo lo demás -la solidaridad, la justicia, la esperanza- son ñoñerías y
• Ciertamente, a todos los saberes humanos se les puede añadir la terminación «ina» cuando se les instrurnentaliza para
conseguir prebendas individuales o grupales y, por contra, todos tienen mucho que aportar cuando se intenta
alcanzar, con toda modestia, aquello que cada uno puede ofrecer.
• Pero no deja de ser curioso que sólo a la moral se le añada esa humillante
terminación, corno si sólo ella pudiera
degenerar en un producto pernicioso. ¿No será que, tomada en serio, nos obliga a cambiar nuestra forma de vida, y no
estamos en exceso por la labor? ¿No será que la moral más tiene naturaleza de
ELOGIO DE LA MORALITA
• La «moralita» -decía ORTEGA- es un explosivo espiritual, tan
potente al menos corno su
pariente la dinamita. No se fabrica con pólvora, claro está, sino con la imagen de lo que es un hombre -varón o mujer- en su pleno quicio y eficacia vital, con el bosquejo de lo que es un comportamiento
verdaderamente humano.
• En las escuchas no autorizadas por un juez con razones contundentes, en el terrorismo criminal, en los pactos
políticos ajenos a la voluntad de los votantes, en los medios de
comunicación a los que no importa informar sino sólo vender, en la
endogamia universitaria... En todos esos puntos estratégicos que, al saltar por los aires, irían abriendo camino para una
convivencia más presentable. ¿Y por qué no lo hacemos?
• Entre otras razones, porque resulta muy sencillo desactivar la moralita, privarla de su potencial revolucionario. Basta con llamarla «moralina», decir que es cosa ñoña y empalagosa, propia de mujeres, para que pierda toda su fuerza
• Y se dice aquello de «no me digas que me vas a salir ahora con problemas de
conciencia: aquí lo que importa...». Aquí lo que importa es conservar el poder; aquí lo que importa es el pueblo, caiga la persona que caiga; aquí lo que importa es ganar dinero; aquí lo que importa es que entren los de casa y no los de fuera. Y todo lo demás es estúpida moralina.
• La perversión de las palabras es la más grave de las perversiones. Cuando a la
escucha no autorizada llamamos «seguridad del Estado» -así llamaban también en
Argentina a las desapariciones-, cuando justificamos el asesinato terrorista
recurriendo a la «defensa del pueblo», cuando convertimos la difamación en libertad de expresión y la endogamia universitaria en «autonomía de la
universidad», entonces hemos trucado todos los perfiles de la realidad y nos
• Ciertamente, la realidad acaba
siendo inapelable y vuelve por sus fueros, a pesar de todos los intentos de manipulación. Pero ya han
quedado en la cuneta sin remedio intimidades violadas, muertos,
difamados, excluidos, esperanzas e ilusiones y una sociedad
desmoralizada. Por eso es
importante ir poniendo cargas de moralita revolucionaria en puntos estratégicos de nuestra vida