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Aportes de las Colonias a la Literatura Francesa

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Aporte de las Colonias a la Literatura

Francesa

Francia es hoy la segunda potencia colonial del mundo.

Sus colonias o paises bajo su protectorado, ocupan rnâs de doce

millones de kil6metros cuadrados, con una poblaci6n de

cin-cuenta y nueve millones de habitantes, extendida

principal-mente en Africa y en Asia.

El imperio actual es el segundo en fecha. A la formaci6n

del primero, contribuyeron Francisco I, Enrique IV,

Riche-lieu, Colbert y otros; pero factores diversos lo menoscabaron

y no es sino en el siglo xrx y durante la

III

Repûblica, cuando

sobre las bases de las posesiones conservadas, vemos

agrandar-se y florecer nuevamente el poderio francés en diversas partes

del globo, particularmente en Africa y en Indochina.

En las côlonias perdidas, la influencia francesa se

mantie-nen latente, dominando hasta hoy el idioma y el espiritu

fran-cés, evidenciado en todas las horas trâgicas de .su historia.

Tes-timonian este aserto. Canada, Santo Domingo, las Islas del

Vfento, la Isla de Francia, San Luis del Missisipi,

Nueva

Orleans, etc.

C O L O N / A S Y P R O T E C T O R A D O S En el Africa del Norte.

Arge]ia y los protectorados <le

Tûnez y Marruecos que forman la Francia africana.

En el Afrüa Occidental.

Mauritania, Senegal, Guinea,

Costa de Marfil, Dahomey, constituyen un vasto imperio de

mâs de cuatro millones de kil6metros .cuadrados.

En el Africa Ecualorial.

Gabun, Moyen, Congo,

Ouban-qui -Chari y los territorios del Tchad,

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LAS COLONlAS EN LA LITER.ATUR.A FRANCESA 345

El Camerun es un rnandato francés desde 1919.

En el Ociàno lndt'co. Las Islas àe Madagascar y la Reu-ni6n.

En el Pacifico. Las Islas de la Sociedad, de las cuales Tahiti es la principal. Las Marquesas, Gambier, Toubouaï; etc. Adernâs la Nueva Caledonia y dependencias y las Nue-vas Hébridas, mâs francesas que inglesas.

En Amfrica. Los lslotes de San Pedro y Miquelon, Gua-dalupe y Martinica y la Guayana Francesa, en América del Sur.

En Asia. Fué investida por la Sociedad de las Naciones, en 1922, de un mandato sobre los territorios de Siria y el Lîba-no. Posee, adernâs, la Indochina, Cochinchina, Camboja, Annam, Tonkin, Laos (protectorado) y Kuoang - Tcheou y algunas posesioncs en Canton y Chang - Hay.

En las India las ciudades de Karikal, Yanaon, Chander-nagor y Mahé.

El genio francés ha traspasado las fronteras y cruzado los mares para llevar a las regiones mâs apartadas y descono-cidas su cultura y su esfuerzo, transforrnando la tierra incul-ta e inhospiincul-talaria en centros de civilizaci6,n y de progreso que han contribuido en forma eficaz al engrandecimiento de Francia y a la hegemonia de que goza hoy.

Pero no solamente el imperio colonial es un factor positivo en la grandeza material de Francia. Su aporte es rnâs vasto porque alcanza al dominio espiritual y esas tierras maravillo-sas son una fuente inagotable de inspiraci6n para tantos escri-tores que han enriquecido las letras francesas.

Esparcidas las colonias en los cinco continentes, bajo to-dos los cielos, bajo toto-dos los climas y entre todas las razas, poseen Ios misterios y las multiples atracciones que brinda la naturaleza a cada latitud y asi se explica la sugesti6n que ejer-cen las selvas sombrfas del Africa e Indocliina, la belleza de las altas mont.anas del Atlas, la vegetaciôn lujuriosa de las zonas tropicales, la estepa infinita o el espejismo del desierto « Yo querfa poseer estas tierras, dijo Isabelle Eberhard, y ellas me han poseido, y en efecto, se sinti6 subyugada por Arge-lia, de la que hizo se segunda patria, y también por el Islam.

Cuando Pierre Benoit cre6 la Atlântida. no hizo sino simbolizar la atracci6n irresistible ejercida por el Africa p1isteriosa,

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346 INÉS ESPINACE MORALES

Africa del Norte, con una historia tan rica y en la cual han dejado sus huellas varias civilizaciones, desde Cartago, la pu-nica, hasta El Djezair, la bârbara, y Casablanca, la modema, qué de interés no ofrece a los escritores. Y asi, cada una de las colonias, ya por sus tradiciones, ya por sus costumbres.

·Es asi por qué cada colonia ha dado origen a una literatu-ra propia, debido a que los escritores tliteratu-ratan de expresar los caracteres locales de ella. Mas, aunque muy variados los te-mas, presentan un carâcter com(m considerados en el tiempo y siguiendo las diversas fases del progreso colonial.

Se puede hablar con propiedad de una producciôn colonial que ha nacido de las posesiones francesas y ocupa un lugar prominente en la historia de la literatura francesa contempo-rânea. Ella vive con igual intensidad, posiblemente menos apreciada; pero tan fuerte como la literatura metropolitana.

Si entre las obras literarias muchas no pueden considerar-se como maestras, todas pertenecen a la historia de las letras francesas.

La literatura colonial, geogrâficamente, ha sido clasifica-da como sigue:

Literatura Norte - Africana, Literatura Negra,

Literatura de Indochina,

Literatura de las Antillas, etc.

Las obras referentes a las colonias, aparecieron antes de 1870. Son generalmente relatos de viajes de los misioneros. comerciantes u oficiales encargados de velar por los intereses de -Francia en esas lejanas regiones. Algunos de estos libros, sin mayor interés hoy dia, fueron de gran utilidad para los conquistadores del siglo xrx y promovieron el espiritu publico hacia la magna obra de la colonizaciôn.

La expansion francesa se viô consolidada definitivamente a rnediados del siglo XIX y pueden distinguirse, desde entonces, tres fases en el desarrollo del irnperio colonial, y tres fases, tam-bién, en el de la producciôn literaria colonial.

Distinguimos prirnero, el periodo del descubrimiento. de la ocupaciôn y de la conquista. Corresponde a una literatura de descubrimiento y de conquista, representada por libros de via-jes, notas de ruta, carnets de can1pafia y de reportajes. Félix Dubois, en Tombouctou, la Misteriosa, tué uno de los primeros en dar a luz libros preciosos sobre <licha ciudad, vulgarizando

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tAS COLONIAS EN LA LIT RATURA FRANCESA 347

los manuscritos arabes sobre la civilizaci6n que floreciera en la Edad Media, en el nacimiento del Niger.

M. Trissot, escribe « Uo viaje a Marruecos, 1875». Pierre Loti; agregado al servicio cliplomâtico, junto a M. Patenôtre, relata en forma brillante una ernbajada a Fez y su libro vivo y chispeante, es el primero que despierta la curiosidad europea sobre Marruecos. André Chevrill6n visita Fez y su pluma describe en forma admirable Un crepusculo àe lslmn.

El periodo sîguiente, de reconocimiento met6dico y de organizaci6n, da origen a una literatura técnica y de documen-taciôn, producto de sabios, especialistas o vulgarizadores.

Muchas exploraciones de carâcter cientifico en sus princi-pios, se toman luego en politicas y el interés de conquista pospone al de investigaci6n.

Los oficiales que exploran nuevas regiones toman pose-si6n de ellas y en sus relatos dan a conocer las caracteristicas y particularidades de la regi6n conquistada.

D'Ollone, general francés, explor6 la Costa de Marfil. Mi-litar y escritor, estudi6 la vida de los indigenas y vacia sus im-presiones en su obra De la Costa de Mar;fil al Suàan.

P. Christian describe los deocubrirnientos franceses en Ma-rn1ecos en forma amena y minuciosa.

Lyautey ha dejado sus Cartas de Madagascar, el General Mangin Miradas sobre la Francia de Afri'ca, Rondet Saint Cosas de la Cochinchina Contemporanea y asi muchos otros li-bros de militares y particulares, sobre temas anâlogos.

Terminado, podriamos decir, el proceso de la colonizaci6n y consolidado en las colonias el régimen administrativo y eco-n6mico, llega para ellas la era del progre.c;;o y del resurgimien-to, tanto material como espiritual. Periodistas, encargados de misiones oficiales y viajeros vienen a las colonias, y a las des-cripciones de los exploradores y estudiosos se sucede una pro-ducci6n diferente; es una literatura pintoresca, imaginativa, viva y amena, como la encontramos en el Rèy Leproso de P. Benoit, en El matrirnonio de Loti de Loti, en peliculas y en la obra teatral Mercado de Amor en .4rgelia.

Constantine y Lucienne Favre han dado al teatro en Pa-ris una obra dramâtica, cuya protagonista es Isabelle Eber-hard, escritora colonial. El nombre del l\1a1iscal Lyautey es evocado en esta obra; pues fué él quien dirigi6 los trabajos

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348 INÉS ESPINACE MORALES

para hallar los manuscritos de Isabelle, después de la inunda-ci6n de Ain - Sepra, donde ella pereci6 trâgicamente.

Siguiendo a los escritores, notamos clararnente la evolu-ci6n en su obra literaria. En sus principios primaba el inte-rés utilitario, luego la necesidad de dar a conocer los frutos obtenidos y mâs tàrde el anhelo de ofrecer una vision nitida y sugestiva del pais colonizado.

Entre los libros que coorresponden a la primera época, ano-tamos los que se refieren a la agricultura, como: Cosas de la ln-dochina Contempor/Jnea de Rondet Saint; los estudios hist6ricos, prehist6ricos, geol6gicos, étnicos o lingüisticos. Precisa ci-tar, tarnbién, los de vulgarizaci6n y propaganda, las monogra-fias generales, las notas documentales, los anuarios, los peri6-dicos y las peliculas. La lndochina francesa, Enciclopedt'a por la imagen (noticias documentarias y fotografias). Revistas: Africa, Tierra de Africa, etc., de la segunda época.

Toda esta literatura da a conocer la colonia en forma pre-cisa, dignificando la ciencia francesa, y representa la segunda imagen del pais, la imagcn inteligente que se suma a la primera. En la tercera época, la literatura turistica no carece de importrulcia; ma$, si el escritor turista no ha ohservado deteni-damente la colonia, caerâ en el exotisrno superficial que juzga por las exterioridades. Es menester, en consecuencia, mar-car la dife:-encia entre el escritor turista y el novelista colonial que procura dar una vision precisa, exacta y profuncla de la colonia.

« El escritor colonial, dice Sénéchal, debe mirar el munào en que vive, del que forma parte por dentro y tratar de darde él una imagen verdadera y ante todo psicol6gica. Log escrito-res coloniales viven sus libros antes de. escribirlos, ellos conocen la lengua del pais, las costumbres, la etnografia, se inician en el folklore y asimilan lentamente el alma indigena.» (Séné-chal. Las grandes corri"e·ntes de la literalura contonporânrn.)

Es el caso de un Roland Lebel ode habel Eberhard, cuya obra esta intimarnente ligada a su vida. Isahel penetr6 en el ambiente indigena y se perfeccion6 en el estudio de la lengua ârabe y del Islam. Yestida de caballero ârabe, recorri6 el sur de Constantinea, se instal6 en el Oued y vivi6 ampliamente la vida indigena. Visitô a caballo, dF::tenidarr.ente, las campiftas africanas y se casô a la musulmana con un oficial de spahis. !sahel viviô verdaderamentr sus libros impregnados de

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reali-1 LAS COLONlAS EN LA LITEJlATUltA FllANCESA 3 9

daè, de belleza

y de sabor local. En Pages d' l'slam

o

Trinar-deu.r, por cje.mplo, palpita el coraz6n de Argelia.

La literatura colonial modema .toma una nueva

orienta-ci6n que puede llamarse de penetraciôn y de cornprensi6n. Los

escritores nacen en el pais" han vivido alli largo

ticrnpo

apren-diendo su lengua y estudiando su historia y sus costumbres.

L6gicamcnte, serân ellos en las letras los verdaderos

represen-tantes de los mestizos ne.gros o amarillos y los personajes de

sus obras encamarân el genuino tipo colonfal con el alma de

su tierra. Tal es la géncsis del gr:m movirniento conocido con

el nombre de colonialismo», tendiente a combatir el exoti

-mo literario superficial de aquellos escritores viajeros o

turis-tas ya conocidos.

Esta es

la

obra de los escritorrs coloniales propiamente

dichos, nacinos en las colonias o que permanecieron en ella

largo tiempo, 'tales como Roberto Raudan, francés

de

Argelia,

y largarita Bosnard o los hermanos Lcblond, naturales

de

la

Reuni6n, que han realizado una obra colonial de verdadera

importancia y con ellos muchos otros.

Ha sido el

Afrfra del Norte,

sobre todo, la que por

circuns-tancias especiales: unidad étnica y politica, y predominio de la

lengua francesa, ha acentuado este movimiento literario local,

obra de la nueva raza francesa _que se desarrolla

alli

fuerte y

"igorosa bajo la influencia del clima

y

al contacto directo con

otras razas de las cuales toma loque constituye superaciôn.

En 1900 aparecen las primeras obras aut6ctonas

publica-das en diarios

y

revistas, tales como el

Akhbar de V. Barrucand,

donde colaborô Isabel Eherliard, y son èstos esfuerzos como la

avanzada literaria de loque es hoy una hermosa realidad.

Varias revistas han aparecido después:

Africa, Tierra de Africa, Argeli"a, Los Anales Africanos,

etc.

Se han creado prernios especiales, tanto en la l\.1etrôpoli

como en las Colûnias, para est .mular

su producci6n y en 1921

se instituyô el Gran Premic a la Iiteratura co]onial. Los

agra-ciados han ido, sucesivamente, Juan 11arquet, Mauricio

Le-glay (Mamiecos), Gaston Josef, André Demaison (Africa

Ne-gra), Louis Charbonneau, Leôn Lebel (A. O. F.), Clotilde

Chi-vas Baron (lndochina), Victor de SameSy

Jorge Groslier

(Carn-boja), Saint Flores (Congo), Jean Renaud (1 rruecos), G.

Delavignette, etc.

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350 tN:ks ESPINACE MORALES

Estos nomhres corresponden a algunos de los mejores es-critores coloniales. Tal distinci6n ha propendido al auge al-canzado por la literalura colonial. El premio que la -Acade-mia Goncourt concediô a René Maran (mestizo) por su noveîa Batouala, fué un poderoso incentivo que despertô el interés por las colonias del Africa Ecüatorial. Novefü:tas y poetas se dedican por entero a la labor de observaciôn y creaciôn de una literatura natural y consciente. El sujeto es el hombre, por-que quieren por-que su obra sea ante todo psicolôgica. Leon Le-bel <lice: .. que mediante la penetraci6n profunda del alma nati-va estos escritores han podido reconstituir en su verdadero valor local la mentalidad de las razas que apenas se conodan.»

La obra de imaginaciôn se inspira en documentos etnogrâ-ficos de positiva mérito cientffico y no es s6lo un estudio de las razas, sino de mâs trascendencia, porque realiza la conq1üsta moral de los pueblos colonizados en favor de Francia y es ésta la colonizaci6n intelectual. Los hijos de Francia en otras tierras sabrân amarla y respetarla y si, desgraciadamentt>, per-diera sus colonias, la pérdida serîa material, porque el espiritu francés perdurarâ siemprc. No sin raz6n Franci,i ha cuidado de sus colonias con interés progresista cultural y politico.

La lndochina y Madagascar han seguido al Africa del Nor-te en esNor-te movimiento del regionalismo, hecho que se justifica por la cultura alcanzada.

Paul Bonnetain y Hebert ,vil<l en Indochina son dos es-critores que profundizan el alma anamita.

En Madagascar, brillan por su lahor literaria los hermanos Leblond y con e11os Jean d'Esme, Pierre. Camo, Pierre Benoit, Pierre 1'1i11e y muchos otros.

·ros

TEA.fAS

El tema de la obra colonial es multiple. El material es inagotable y rada obra presenta una novedad o un motivo de manifiesto interés.

El pasado glorioso del Africa del Norte, las civilizaciones que alli se han suceàido, la dive:rsidad de origen de los pueblos que la ,habitan, la mezcla de razas y la existencia de religioncs; el Sahara con sus espejismos y sus tribus Tuareggs, caballeros del desierto de costumbres extrafias; la selva y sus negros, se

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LAS COLONIAS EN LA LITERAtURA FRA. CESA 3 5 1

ofrecen ampliamente al espfritu del esrritor. (Sénéchal, Las grandes corrientes de la literatura cor.ternporfmea; Le6n Lebel, Estudios de Literatura Colonial.)

S O B R E L A L I T E R A T U R A D E k f A R R U

E-CO S

Las primeras obras referentes a Marruecos antes de la conquista, son principalmente relates rle embajadas o viajes (rescate de r2utivos cristianœ), de los que Leôn Lebel ha hecho un interesante estudio en su obra Literalura Colonial.

En Marruecos, de Pierre Loli, es el primer libro de verda-dero colorido que ha despertado la curiosidad met-ropolitana sobre este pais. Es una vision del antiguo lmperio musulman con todo el encanto de sus bellezas y en plena barbarie, con sus costumhres extrafias, desaparecidas al çontacto de la civiliza-ci6n europea. Es un desfile armonioso de cuadros pletôricos de interés. El Sultan y su corte, las mujeres recJusas y sus pintorescas terrazas, los estudiante religioso , el pueblo gue-rrero éon su fantasia y sus razzias, aparecrn ante nosotros en toda su esplendente realidad.

La obra literaria relacionada con las exploraciones y la conquista es muy vasta y no carece de importancia. Expo-nentes son Reconocimic,nto en Marruecos del conde de Foucauld, o la obra que se refiere al estudio de los indigem1c, En Tribu de E. Douté.

Después de la ocupaci6n, pucclen distinguirse tres corricn-tes en !a literatura: una guerrera, otra turistica y una tercera de imaginadôn, Marruecos en las Palmas de André Chevrillon. Los hermanos Leh.lond pintan la vida indigena en Rabat o las Jzords marroquies y en Marruecos o los seiiores del Atlas.

Antes del siglo XX son contactas las obraR de imaginaciôn. Solo después de la guerra europea aparecen las mas caracte-ristiras

El estudio Rabbin de Randau y El Conquù;tador de Emilio Holly, marcan las dos tendencias que caracterizan la literatura colonial, en forma general.

Claude Farrère escribe en esta época f i ombres nueoos, Juan Renaud Le bout du Rail, Eduardo de Key r La Baraka, Elisa Rahis La Andaluza.

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352 INÉS ESPI.NACE MORALES

El tema preferido es de carâctcr psicol6gico en el estudio de la poblaci6n indigena, de su mentalidad y de su vida intima. A Mauricio Leglay apasiona la vida de la poblaci6n bere-ber y en su obra Ytto describe la influencia de los «marabouts» en las montafias del Atlas. En esta ficci6n romântica, una joven simboliza a una de las f uerzas efectivas en la conquista de Marruecos. Es un relato lleno de vida y colorido cuya tesis es el estudio èel carâcter bereber en sus instintos y pasiones. La energîa rle mi heroina, dice Leglay, sale de los instintos de su raza y no de nuestra moral; presentândola de otra manera, habria debilidad y engafio, habria sido sacarl a del cu3dro en que se agrupan a su alrededor otras figuras que son tal vez mâs representativas dr. la mentalidad bereber. ·

Ytto es un libro indispensable para quien quiera poseer una idea exacta de esta parte de Marruecos y de su pueblo.

Corno jefe de inf Grmaciones en esta colonia, M. Leglay se consagr6 al estudio de esta raz a tan compleja, y viviendo su vida, pudo comprenderla y scntirla.

Mme. Lenz en El harem, entreabierto, serie de relatos y cuentos, nos ofrece la vida intima de las mujeres ârabes e indi-genas. Es un estudio psico16gico de su rstrecha mentalidad. Ternas similares enrontramos en: Ch. Geniaux, Sultanes marro-quies, G. Rouger, l'oetnas del Moghreb, Dr. Lemanski, Costum-bres arabes, Alberto Londrrs, Dante no habia vislo nada (Biribi). Es esta una rritica acerba de las .prisiones militares africanas. Juan Lorris, Georges Hardy, Louis Cros, André Maurois, Alice Barthou, J..1. Mahon y otros han tomado a Marruecos como una fuente de inspiraci6n. estudiândolo en todœ sus aspectos. Su labor es de encomiable interés.

ARGEL/A

Por su rustoria y su cultura, ha ejercido una verdadera atracci6n en los mâs grandes escritores. Flaubert, Daudet, laupassant, Gautier y otros, es decir todo un siglo de pro-ducci6n literaria sobre Argclia, una de las primeras colonias francesas, considerada como una prolongaci6n de Francia mâs allâ del Mediterrâneo.

:M. Taillart en Argelia en la literatura francesa, aporta un verdadero monumento literaiio. Es un estudio completo

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so-LAS COLONIAS EN LA LI'rERATURA FRANCESA 3 5 3

bre ésta literatura. Seg(m L. Lebel, es un libro indispensable para todos los aficionados a la literat.ura de Argelia. La obra de Taillart se completa con Ensayos de Bibliografias razonada hasta el afro 1924 que comprende mâs o menos tres mil ciento setenta y siete libros.

Leon Lebel. en Ensayos de literatura coloni"at, agrega las obras aparecidas posteriormente hasta 1928.

Entre los escritores contemporâneos, Roberto Randau es uno de los mas caracteristicos. Ha tratado especialmente el desarrollo de la nueva rnza francesa. Argelino de nacimiento, sufri6 en came propia la evoluci6n por él descrita. En su obra procura demostrar la diferencia que existe entre lot; fran-ceses metropolitanos y los de· Argelia que, en la colonia, son siempre mâ fuertes y vigorosos. Su primer libro sobre Arge-lia èespués de Rabbin, fué Los Colonos. Los hermanos Le-blond lo juzgan como el primer ensayo sobre la mentalidad argelina, consciente de su responsabilida<l voluntaria; podrfa llevar como sub - titulo "Corno se elahora una Raza'.Y.

Isc1bcl Eberhard, nacida faabel Nicolaievna, rusa musul-mana y nacionalizada francesa, vivi6 la mayor parte de su vida en Africa del Norte. Amante de los yiajes, recorri6 todos los paises del Islam, bas ta llegar al desierto, no obstante las difi-rultades que encontraba en Jas colonias, por su calida<l de rx-tranjera y por sus extrafias costumbœs. Visit6 las aldeas indi-genas, las hennandades religiosas y sus Saomyas, gozô de los sombrios oasis, habl6 a los leg:ionarios y «Mokhazni». Le placia frrcuentar cl puehlo y escuchar sus querellas y su len-guaje pintoresco. Nadie mâs capacitada, entom es, para pin-tar la vida arabe, porque como verdadera musulmana, ella supo vivirla y comprenderla. El traje masculino le permitfa pasar inadvertida y observar los sitios prohibidos a las muje-res y todos aquellos que consideraba de interés.

Randau, que fué su amigo, comprendi6 el valor de su per-sonalidad y ha dejado de ella retratos admirables.

Sus libros son un verdadero espejo de. la vida islâmica y del carâcter singular del puehlo arabe con sus extrafias costumbres, su poesia, sus misterios y sus estados -de alma. Todas sus impresiones son luminosas. Es el Africa latina y su razas di-versas la que desfila ante nosotros. El terna de sus libros Trimardeur, A la sombra calida del Islam, y ,Wes journaliers,

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354 INÉS ESPINACE MO ES

tienen la atracri6n de la realidad. Su estilo preciso, recio no admite confu iones. ·

La obra de Fernando Duchêne, Por las tribus bcrPbères y arabes de A rgeUa, es similar a la de lVfauricio Leglay en :rviarrue-cos y su objetivo es facilitar la colonizaci6n por un conoci-miento exacto del indigena y por la acci6n bienhechora de la civilizaci6n francesa. Su labor literaria es un ardiente Hama-do a los nativos, para que comprendan la obra progresista y cultural de Francia. Corno los de M. Leglay, sus libros estân cimentados en la observaci6n constante de la realidarl. La documentari6n que contiene es tornacia a mfnudo de lœ re-gistros administrativos.

Al criticar en su ohra los defectos de los musulmanes, no desconoce sus gestos ncbles y sus elevados sentimientos y esas criticas no son perdidas por Jos indigenas, porque debido a ellas, procuran corregir sus taras y defectos. En lo que con-cieme a la inforioridad de la mujer, moral y juridicarnente Kabyle, puede decirse que ha obtenido un franco éxito. En sus obras Thamil'la, Kamir y la Rek'ba, en su mayor parte :iborda con interés este tema.

En Los montes eternos Duchêne estudia el problema del fatalismo musulman que tanto se opone al progreso por el res-peto a las viejas tradiciones que nada ni nadie puede quebran-tar. Es una obra apasionada en que palpita el alma Kabyle, orgullosos habitantes de la montafia altiva y fatalista. Es la vida de las tiendas con su ritmo siempre inmutablc. La Rek' ba es la ley del talion, costumbre Kabyle desarrollada en forma admirable.

Para ellos, la vcnganza es una lcy fatal. Elocuente es la estrofa de Duchêne:

Aiguise ton couteau, martelle la br!lle: Le sang ne doit pas crier

Baya a succombé. C' etait écrit Nul ne peul retarder sor. heure.

Elle était jolie Baya. Oi'l donc est -elfr? A,f ais enlemfs -tu crier son sang?

Aigzdse ton cm,teau, marte/le ta balle: Le sang ne doit pas crier . . . . .

Todos los problemas que e oponen a la civilizar.i6n, son tratados por Duchêne, guiacto por el interés en realizar una

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LAS COLONIAS EN LA LITERATURA FRANCESA 35S

obra doblemente util desde el punto de vista estético y social. Charles Hagel, Brumitclzes y el Kabyle; Charles Geniaux, Bajo las higueras del Kabylie; Luis Bertrand, Pepete y Balthazar; La sangre de las razas, etc., he ahi otras tantas obras argelinas. Entre las mujeres se destacan: Magali Boic,nard, La Kahe-na, La Vandale; Elisa Rahis, S11,hada la marroqui, Los judios o la hija de Eleazar y Maximiliana HelJer.

T U N E Z

Tunez ha contribuido también con un valioso material al auge de ]a literatura francesa.

En este pais subsisten aun los vestigios de la civilizaci6n r0mana: monamentos, ciudades, acueductos, rutas, pozos, plan-taciones, etc. Esas ruinas impcncntes ejercen una poderosa atracci6n en escritores y peregrinos del arte que acuden tras la evocaci6n del glorioso pasado. Sobre ellas amhulan lac, t(micas blancas que perpetuan al hombre ya ido. No son las ruinas occidentales que al contacta de la civilizaci6n han per-dido toda su atracci6n. AIH, junto a las viejas ciudadGS, los escritores franceses, han producido verdaderas obras de arte literario que honran las letras francesas.

Es Chateaubriand que evoca en Los Martires la brillante epopeya cristia a. Es Flaubert, cuya poderosa imaginaci6n reconstituye sobre ruinas desprcciables la soberbia Cartago de Salambo, su obra magistral.

Es, en fin, Louis Bertrand, quien describe las antiguas ciudades romanas en El libro del klediterrfmeo y en esta pro-ducci6n no s61o abarra el problema de la colonizaci6n, sino también el cultural.

George Duhamel con agra a Tunez su obra El Principe Jaffar y G. de la Fouchardière En el pais de los camellos.

El general :Mangin, en Miradas sobre la Franc1:a de Africa, relata en forma brillante la conquista de Tûnez por los france-ses, precedida de una breve historia del pais.

Victor Cherbuliez da a luz La vocaci{m d_el Conde Ghislaù1, Magali Boisnard, escritora aut6ctona, Riahnà, A. Nicolâs, Ho-ras de Africa, Isabel Eberhard, A la sombra calida del Islam, Myriam Harry, Tunez encantada. Escritora de exquisita sen-sibilidad, su gusto y talento artistico se plasmaron en una obra grande y bella. Recorri6 todo el pais, partiendo de Kairoua

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356 INÉS ESJ>INACE MORALES

y sus irnpresiones tienen belleza,colorido y realidad. Es so-berbia su descripciôn de la gran mezquita de Sidi -Okba. uno

de los antuarios del Islam, la del Coliseo de El - Djem, anti-guo Tysdrns de los romanos y uno de los ultimos monumentos de su imperio y la de la historia de la Kalzena, reina judia del Aurés que coll'batiô a la cabeza de las tribus bereberes con-tra Ios arabes.

En un lenguaje impregnado de poesia, extremadamente flexible, Myriam Harry cxhàla tcdo el lirismo de su al ma de-licada.

En La Divina Canci{m aborda otros aspectos de la vida colonial: la influencia ejercida por esas tierras de sol sobre los soldados. Es un tema similar al de Pierre Benoit en

Erro-mango o Lichtemberger en Le Djin. A la imagen exterior del pais que encontrnmos en Tune2 encantada se agrega la imagen psicolôgica del pueblo de Tûnez, arabes y bereberes en Kalzi-. nor de Vîctor de Sames. lmagen muy diferente de la que

ofrecen otros escritores sobre el caracter arabe. Nada de in-môvil en los actos, al contrario, un ser apasionado, inquieto, extremadamente sensible a los sentimientos: amor, odio y

am-biciones, llevados al extremo.

Ser supersticioso que crce en los hechizGs, presagios de adi .. vinas y bnijas. Sames completa la obra de Leglay y Duchêne sobre bereberes y arabes con realismo murho mas acentuado.

l\lluestra al indigena pobre de nuestros dîas que cultiva su tic-rra y Jucha por el pan cuotidiano. Este Jihro da un

conoci-miento mas completo sobre el pueblo africano del Norte, estu-diado en sus aspectas mâs variacios. Sames viviô largo tiem-po entre los nativos y pudo adentrarse en sus costumbres y sen ..

timientos sin perder los detalles que puedan rrvelar la vida de esos seres tan hunrnnos como nosotros, con sus vicios y Yir-tudes, que él interpreta en un estilo fâcil y liviano que alcanza

al lirismo en las descripciones del paisrije con las bellezas de pais.

E L S A H A R A

Estos ultimos afios, la curiosidacl y el interés de los escri-tores por· el Sahara ha crecido, y el gran èesierto es un colabo-rador silenrioso en el aporte del imperio a la literatura francesa.

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LAS COLONIAS EN LA LITERATURA FRANCESA 357

mântica, describe en forma admirable el embrujo del desierto. La misteriosa Antinea, simboliza a esa fuerza poderosa que atrac y que subyuga aun a ios seres mâs valientes y decididos. Eugenio Fromentin, pintor y escultor, quien con su pale-ta y su pluma nos ha dejado soberbias creaciones. Sus impre-siones sobre el Sahara y sus moradores, los T uareggs,

caballe-ros del dcsierto; son brillantes y utiles a su patria p-0r el inte-rés cientifico, literario y politico que contienen.

Isabel Eberhard, que vivi6 largo tiempo entre las tribus nomades deJ Sur Constantino, procura igualn ente dar una ima-gen fiel de los naturales y de los lugares que tanto le agradaron. ·

Destinada a emprender una vida errante con un a.mor inna-to de lihertad y de los espacios infinitos, lejos de la sociedad contemporânea, supo captar la belleza del amanecer en el de-sierto: «ninguna palabra, dire Isabel, podria expresar el en-canto unico de estos instantes en la gran paz de las arenas,;

«quien no ha abierto los ojos en el desierto, no sabe todo lo que puede contener de inefable, la beJleza terrestre de una maiiana... (A la s01nbra calida del Islam.)

En segujda nos habla de los Ksours, ciudades de los oasis, de las tribus del Sahara y de los gitanos del desierto.

G. Donnet, En el Sahara; A. Chevrillon, Los puritanos del Desierto; Mme. Maraval Bertoin, Los ca1zlos del Hoggar; Ro-hcrt Raynaud, La novela del Sahara; Fernando Foureau y Pie1re Mille son valores efectivos en la literatura del Sahara.

A F R I C A N E G R A (A. O. F.)

Para iniciar un estudio sobre la literatura negra, el libro dd genernl Mangin, Aiiiadas sobre la Francia de Africa, es de swna importancia. l\foy hien clocumentado, su obra es sôti-da, clara y precisa, inforrrândonos del paîs y de sus diferen-tes razas, de sus cost umbres, de sus creencias y extrafio ca-râcter. Aparte del relato histôiico c!e la conquista, en que pro-cura demostrar que el negro puede cr un eycelente soldado. siempre que reciba una buena t:duracién militar. El pudo constatarlo en la gran guerra al mando de sus tropas ncgras. El Africa negra no es avara con la literat.ura colonial. Algunos escritores sr inspiran en las bellezas del pais. El n a-terial r.s inagotable.

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358 INÉS ESPINACE MORALES

El Africa·Ocr.idental en la literatura francesa, (premio de la lit.eratura colonial) de Roland Lebel, es un esfuerzo valioso en la producciôn iiteraria de lengua francesa del Oeste - Africa-no. E l libro del Pais Negro nos revela el secreto que ha ins-pirado a tantos escritores.

Robert Randau, autor que ya conocemos, es uno de k,s principales repre.sentantcs de esta literatura. El esèritor per-maneci6 largo tiempo en misi6n oficial. En Los Exploradores pinta tipos creados por la colonia y desrribe la ohrd magnifi-ca rmagnifi-calizada por los franceses, conquistadores o colonos.

E l comandante y -los Foulbésl,, Aventuras en el Niger>, Las lerrazas de 1'0!1mbouctow, A la sombra de un baobad, Le Chef de Porte Plume, forman una serie r!.e obras sobre Africa.

Pif'rre Loti, La novela de un Spahi; F. Dubois, En el con-tinente negro, Toumbouctou la misteriosa; Guillaumet, Cuadros sudaneses; lv1me. Bonne tain, Una f rrmcesa en el Sud an; Paul Bonnetain, En la se!IJa; Pouis Proust, Visù5n de Afrfra; M. Delavignette, El Africa Occidental ·y los campesinos negros, forman un selecto grupo de: escritores sobre el Africa negra.

Lucie Couturier, pintora de talento y critico de arte, con-sagr6 a los soldados negros que fueron a Francia para la Gran Guerra, dos obras de palpitante actualidad: Los desconocidos en rni casa y M·is desconocfrlos en su casa.

Bakary - DialJo, escritor negro, escribi6 Fuerza -Bondad, y André Demaison, funrionario de las colonias africana , Dia-to, interesante novela negra que nos revela muchos aspectas ,·erdaderamente inte1 esantes sobre la vida negra.

Escribe Demaison, •Con la experiencia dr. quince afios en Africa, acumulando material muy abundante sobre <licha civi lizaci6n que, aunque primitiva, es cornp!icada e interesante, él ha comprendièo la mentalidad de los pueblos diversos que habitan estas regiones, porque asimil6 sus lenguas, pudiendo asi captar los rasgos esenciale de la raza en su constante fa-miliaridad. Diato, el hombre que muri6 por tener tres muje-res, es el protê.gonista de la novela, la que no persigue otro objeto que el de dar a conocer en toda su realidad la vida singu-lar de los pueblos negros: Dio/as, Onol.ofs, Toucoulares, So-rinkes, Mandingues, etc. Demaison considera, también, cl progreso alcanzado por la civilizaciôn eurooea en Africa.

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LAS COLONIAS EN I.A LITERATURA FRANCESA 359

Pierre Mille y André Demaison enf ocan un tema muy original y novedoso: el amor de una mujer blanca por el negro, en contraste con otros P.scritores que escriben del hombre blan-co atraido por la mujer de blan-color.

La mujer

:v

el hombre desnudo presenta el choque de las razas en un anâlisis minucioso y da interés psicol6gico y social

al estudio de la mentalidad empirica en el indîgena que vive prisionero de la naturalcza y vktima de su crcencias f etichis-tas, de los espfritus, de las supersticiones y de la ignorancia.

La tribu, el clan y IRs costumbres negras, han sido

admira-blemente descritas por muchos escritores.

André Gide, en su obra Vue/ta del Tchad, describe en forma muy pintoresca a los pueblos negros, los grandes rios del Afli-ca, la selva con su vegetaciôn exuLerante y la fauna rira y va-riada. De cada tribu, da a conocer deta!les curiosos sobre sus costumbres. Corno pintura exterior del pais, su obra es sobre-saliente y de valor rientifico.

EL AFRICA ECUATORIAL FRANCESA

El Afrira ecuatorial franGesa tiene seduccionrs propias para el escritor estudioso. Sus razas primitivas, las mas pri-mitivas del mundo, tales como las agrupaciones del Congo, del Oubangué, del Chari y del Logon, han inspirado a muchos escritores. Pueden citarse por su valor cientifico y literario: Doctor Adrian Cureau, Las sociedades primitfras del Africa ccuato,,,ial; Savorgnan de Brazza, M. L. y Levy Brühl, miem-bro del Instituto y profesor de la Sorbona, Lasfunciones

men-trlles

en las sociedadcs ir.feriores;

Aiberto Schv.eitzer,

En cl

lin-dero de la selva virgen; Mauririo Delaf os e, Broussards o los estados de olrna de un colonial; Julian Maigret, 1'am - Tom; Ge-neral Baratier,

En el Congo,

Hada el Nilo.

René .rvtaran, novelista nacido en las AntiJlas, debe su ce-lebridad a su infatigable labor en ddcnrn de los negros de lo dos mundos. Su estudio Leyendas del Oubangui -Chari, sig-nifica trece afios de paciente observaci6n entre lo Bandas del

Oubangui y los Saras del Tchad.

Esta obra es un estuèio comparativo de las diferentes tribus, completo y documentado sobre la organizaci6n del pue ..

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360 INÉS ESPINACE MORALES

blo negro en el cm'll describe sus creencias, mitologia, costcm-hres, folklore, etc.

',[Siendo el hombre funci6n dC'l suelo que lo vi6 nacer, la raza negra, è.ice Maran, es tan compleja coœo la blanca o la amarilla, no pudiendo unificârsela para estudiarla.-'

Su libro impresicna por la exactitud y la belleza del estilo. En

Batoualr.,

novela negra, Maran hacr. una defensa a los ne-gros, critirando la administraci6n colonial. Corno cuadro de costumbres, es muy apreciahle, aunque el terna es gemelo al de su obra Leyendas riel Oubangui - Chari. La ficci6n en esta obra estâ muy bien concebida; sin embargo, es demasiado rea-lista y obscena. F.n ciertas descripcione , hay escenas de ex-tremada crudeza, como la fiesta de las Gan'Zas (de la circunci-si6n). Pierre l\tlille describe los mismos hechos sin ofender el buen gu-:;to. En c ta novela abt.œdan las palabras nativas, haciéndola incomprensiblc para les profanos en las lenguas negras. No obstante, René 1\1aran es considerado como un vaJor positivo en las letras, por su colaboraci6n efectiva en la literatura regional.

i \ t ! A D A G A S C A R

El General l\·1angin, distinguido militar y escritor de talen-to, da a conocer en un brillante relate las fluctuaciones de la poHtica francesa en la Isla, siguiendo todas las fases de la con-qui ta, hasta la ocupaci6n definitiva de ella por los franceses, destacando !as figuras de Gallieni y de Duchêne y de todos aque.llos militares que lucharon por la causa de Francia, entre ellos Lyautey, tan conocido en las letra$ por su obras Cartas de Tonkin y de A-fadagascar y En el Sur de Madagascar.

Los hermanos l.eblond, fecundos. escritores naridos en la Reuni6n, aportan a la literatura sus estudios sobre la ic;Ja Mau-ricio, de l\1adagascar, sobre Egipto y Africa del Norte. En füS obras Sarabanda, Los Sortilcgz"os, Ullysse Cafre, EstrellaF-, Fetz"ches y otra , rlescriben las costumhrc de las razas asiâtiras. Deben agregarse a éstas, L'01ud, E l :secrrlo de las trajes, Arge-lia, El milagro de la Raza y La isla de fadagascar. Las ohras citaclas llevan el espiritu de dos hijo precbros de la Rcuniôn, que dieron su inteligencia 81 e$tudio <le las ruesticmes colonia.

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LAS COLONIAS EN LA LITERATURA FRANCESA 361

les en sus diferente aspectos, raz.a, ambiePte, lengua, i:ostum-bres, etc., permit.iéndoles realizar una labor prolifica y de rr.éri-to indiscutible.

Je2n d'Esme, nacido tamhién en la Reuni6n, ha publicado $US hcrmosos libros Los Barbarns y La Isla Roja, inspirados en Madagascar y Abisinia.

P. Camo fué el creador de la pdn:era revista en JJiadagas car: 18 de latitud Sur (desaparecida). Escribi6 también: Les livres de regrets, 'cadtncias y Sefiora de la Rombière, gran drama de Tanamaribe.

A A.. Garenne pertenecen:

J

alina y Lo selva tragica. Ch. Renel, jefe de la enseiianza en Madagascar, consagr6 vmias novelas poéticas a la gran isla, de la que supo coger el folklore. Suyas son: La raza desconocida, La costumbre de los antiguos, Cuentos de fadaf!.ascar y La l1#a de la isla roja.

Conocidos escritores on tambiéTl:

Pierre JvJille, gran escritor colonial: RM1taky y keloka y Sl'-bre la vasta tierra .

.'M. G. Grandidier: Cuarenta an.os de historia de MadaJ!,as-ca-r, en que evoca la acci6n continua y ferviente rle de Villier, Duchêne, Gallieni, etc.

E. F. Gautier, eminente esclitor conteroporâneo, jefe de ensefianza én ,l\.1adasgascar, tiene un notable estudio sobre las razas.

En vfspera de la exposici6n de Parîs (1933), los hermanos Leblond, publicaron (en el 1'.1ercure de France), su he.rmœo articulo: Madagascar, pais de lo rnarm;illoso. En él evocan su rico pasado, su historia colonial y de c6mo las ambiciones de otrœ paises flotaban sobre la ic,Ja. Los Leblond describen con admiraci6n el pais esplendoroso, cuya sugesti6n es mas pode-rosa que la de Nueva Guinca, y de la cxubt>rante Bomeo, cuna de las artes primitivas. Analizan en seguida las razas que la hahitan, inteligentes, viva y sensibles y las mas inclustrio-sas y rlisciplinadas del mur.do indfgena.

Acostumbrados al estudio corr parativo de las raza , los escritores han podid0 apreciar a los nativos de Madagascar, subrayando sus cualidades bellas, su inteligencia y su amoral progreso y al estudio. Su obra es con justicia reconocida y ocupa un lugar preferente en las letra francesas, tanto por su fondo, como por la belleza del estilo.

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362 INÉS ESPlNACE MORALES

LA REUNION

Hablar de La Reuni6n e hciblar de la pequena Francia

perdida èn la inmensidad dd Oréano Indico. Es ella la cuna

de una nucva raza francesa, plet6rica de vida, de gracia

y

de

fuerza, nacida en un suelo generoso

y

bajo un cielo limpide

y

sereno. Nunca separadc1. en el espiiitu de la vieja tierra

ma-terna, los burboneses han vivido rn todo tiempo unidos a los

sentimientos franceses.

Julio Herman, publicista contemporâneo, ha dado a l .s

ciencias libros documentarios sobre la colonizaci6n francesa.

En

Colonizacion de la Isla Bourbon,

estudia la raza crioHa

de La Reuni6n, destacando el hecho de que esta isla estaba

desprovista de poblaci6n aut6ctona a la llegaàa de los

france-ses, de manera que, no ob tante la diversictad de razas

quelle-garon después, la isla ha conservado la influencia recibida de

la civilizaci6n francesa. De aqu1 que la idiosincrasia de los

burboneses sea tan semejante a la francesa

y

de que

st1

acci6n

civilizadora sea paralela a la

que

ejercc Francia en el mundo

entero.

La influencia de La Reuni6n en la literatura francesa es

considerable. Tierra dilecta, ha dado muchos escritores que

han vertido toda la inspiraci6n

y

el exotismo de su alma

crio-lla en versos lîricos

y

apasionados.

Es Leco:ite de Lisle, uno de loc:, mas ilustres pœtas de

Francia. i\1aravilloso pintor de la n2turaleza

y

cu1tor de la

belleza plâstica llevada al panteismo. Fué un jcfe del

Par-naso y defensor de la teoria de Gautier, del arte por el artP., y

de la indiferencia moral frente al subjetivismo romântico.

Consagrado a la pintura ex6tica, son incompJra1:>les sus

de:')cripciones de la fauna y de la flora tropical, evocarlas en

toda su grandeza.

Quien haya lefdo en

Los poemas barbaros

sus estrofas a

los elefantes, puede concebir c6m9 Lisle abe dar vida

y

ani-rnaci6n a los animales

y

a las plantas. Su ardiente

inspira-ci6n, capta toda la belleza de su isla encantadora en los versos

admirables

La Bernica

de

Los poenzas bétrbaros.

A pcsar cie su aparente indiferencia, es de una delicada

sen-timentalidad, cuando canta a la naturaleza:

Il est un)ieu au

(20)

LAS CôLONIAS EN LA LITERATURA FRANCESA 363

rève hospitalier, exclé1ma él, porquf. amaba la soledad de los pêisajes, promisores al ensuefio, y mâg lejos, On y

peut

ouMier. t!,Qué deseaha olvidar?· Acaso alguna inquietud lo atormen-taba!

Los bourbonese sienten, y c:on rnzôn, el orgullo de haber dado a la Francia este gran poeta del Imperio.

Le6n Dierx, nacido también en La Reuni6n, es otro de los grandes poetas del siglo X.IX, y sus versos s0n sentidas palpi-taciones del alma criolla.

Eduardo He!:vé, hijo t3mbién de La Reuniôn, es un nota-ble escritor y publicista, miembro de la Academia Francesa y jefe del pericidismo. Escribi6 especialmente sobre las viejas colonias.

Marius y Ary Leblon<l, hermanos de selecci6n y no de angre, o ean, Jorge Athénas y Aime Mrrlo, son doR valiosos exponentes <le la Jiteratura colonialista. Su Antologia Colo-nial es una obra de aliento, escrita con profnsiôn de conoci-mientm: de la producciôn colonial. Cada trozo es selecto y sugiere una imagen de la colonia o de las razas qne ellos moti-van. Es una obra indispensable y de ver<ladero mérito lite-rario para todos los amantP.s de esta literatura.

El vizconde de Parrny es otro valor conocido entre los poetas de La Reuni6n.

El aporte de esta colonia a las letras franresas es obra de una pléyade de grandes escritores, in:pregnados de exolisrro innalo y de espüitualidad francesa. Es la élite intelectual de La I<euni6n.

L A I N D O C H I N A

Puedr. decirse que la Indochina ha conquistado a sus con-quistadores, encontrando :fieles ali<1dos en los soldadcs o fun-cionari0s que han llegado hasta ella.

Después del Afdca del Norte, es la !ndochiua la que ha proporcionado el mas valioso aporte Jiterario a la Francià. Precisa considerar que entre rstos escritores rnuchos no tienen otra forrnaci6n estética que la que han recibido en las esc:uelas de Anarn, Tonkin y Laos, la Conchinchina o Cairboja.

Cno de los primeros escritores franceses de la !ndochina fué A. de Poüvourville (l\,tatgioi), con sus novelas Anam

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san-364 INÉS ESPINACE MORALES

grienta, La quinta feiù:idad y sus ensayos hist6ricos La Greffe, que hac<' notar la facultad de asimilaci6n entre los an arillos. Representan a esta litrratura: Jean Ajalbert, de !a Academia Goncourt, Sao -van

Di

(sobre las costumbres del Laos), y Raffin Su -Su.

Raul Bonnetain, exétiro pinto:- y esrritor francés, que ha penetrado el alma anamita con sus obras El Opio y En Tcmkin. Emile Nolly, con Hien ic Maboul, La barca anamita y otras.

Henry Darguerche.s, cuya obra Kilometro 2:; es la epope-ya a la Kipling del Ferrocarril de Yunnan.

Victor Le Lan: Ensayo sobre la l1ïeraluia de lndoclzina. Pierre Benoit: El Rey leproso, (Gran premio del Asia F.). Myriam Harry, que vivi6 largo tiempo en Asia, ha publica-do varias novela8 exéticas, muy pintorescas y de un vh·o interés: Tramban -Pham, El hombre de las diez cuiias, La isla de la vo!uptuosidad, etc.

Jorge Groslier, La ruta del 112.as fuertc.

Herbert "'ïld, gran premio francés del Asia. El Conquis-tador, En los repliegues del Dragon y Otra Rr:za.

Jean Marquet, (premio de la Uteratura colonial), Del arrozal a la A-fol'}tafi.a, De la aldea a la ciudad y El amarillo

y el blanco.

Rolando Dorgelès: La ruta 11zaudarina.

Mme. Chivas Baron, (Premio de la literatura colonial), Tres mujeres qnamitas, Confidencias de 111esliZf!, Cuaztos y lc-yendas de Anam y· muchas otras.

Paul Claudel: Conocùniento del Este.

G. d'Esme, P. Mille, M. Olivant, A. Judanthor, Roland Maller, Paul Collard y muchos otros.

Ernesto Crayssac y Eugenio Pujarniscl, son Ios mas fa-mosos cronistas de las letras de Indochina; El Bonzo y El Pira-ta y La boca sellada.

Mauricio Rondet Saint, ilustre publicista en Cosas de la lndocliina contenipor{mea, ha dado una impre8i6n muy vasta y completa sobre el imperio amarillo. Es una vision de conjun-to, que sin ser un trabajo imaginativo, destinado especialffen-te a agradar al lector, es de un gran valor para la literatura colonial. Sensible a las maravillas de la naturaleza, ha cogido los multiples matices de las bellezas de Indochina, haciendo un anâlisis minucioso de todo cuanto puedc constituir una

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ratrac-LAS COLONIAS EN LA LITERATURA FRANCESA 365

ciôn para el viajero, el turista o el escritor. Un lugar especial asigna al arte singular del pais y a !as industrias maravillosas, familiarizando al lector con el conocimiento de la vieja civili-zaci6n anamita, tan refinada, exquisita y delicada y cuyas hue-llas se encuentran diseminadas a Jo largo del pars, como Jas tumbas de los Emperadores, en Jas cuales se destaca la anno-nia y perspectiva de las ciudades mortuorias.

El sentido de la bclleza, Indochina lo ha poseido siempre en alto grado y hallândose adormecida, despierta hoy al con-tacto de la civilizaciôn francesa.

Pierre Benoit en El Rey leproso y Pierre Loti en Peregri-nos · de Angkor han legado concepciones soberbias, y frente a las ruinas imponentes dan vuelo a su fantasia, y de la inspira-ci6n ardien te de Benoit brota una de sus obras mâs bellas, con el encanto misterioso del paraiso anamita. En esta obra da vida a una de las maravillas del Imperio amarillo, esa ciu-dad formidable en ruinas, cuyos muros encerraron en otros tiempos todo el fausto del Imperio Kmer. Benoit es acucioso en los detalles para animar el cua1ro de esas ruinàs maravillo-sas, en forma clara, precisa, pir<oresca y armoniosa. Descri-be, al mismo tiempo, las cos'_umbres y ritos del pueblo de Camboja, los ultimos despojos de la imponente civilizaci6n Kmer, se detiene en la descripci6n de las bailarinas reales (esposas del rey) y en sus danzas sagradas. Es el arte de Camboja, encam?.do en estas bellas y fragiles bailarinas que simbolizan a los héroes de las leyendas del Rahamayana y al refinado espiritu de la raza. Corno tesoro literario colonial, es esta obra de inestimable valor espiritual y de c:ultura gene-ral, no solo para Francia, sino para el mundo entero.

Loti, el célebre escritor, fué uno de los primeros en descri-bir Jas ruinas de Angkor. Su libro Peregrino de Angkor es vivo y pintoresco y las descripciones poseen tcda la belleza que sabe darles su exquisita sensibilidad de paisajista. Es un bellisimo libre poético, con la distinci6n valiosa de haber lla-mado la atenciôn del mundo sobre Camtoja y sus preciadas reliquias de arte.

LA INDIA

La India, donde la Francia cuenta con a!gunas posesiones, ha inspirado a Teofilo Gautier. El grande maestro del arte

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36Ô IN_ÉS ESPL ACE MORALES

por el arte ha captado con su pupila de pintor los multiples matices del arte indigena, del cual nos ha dejado una visi6n clara en El Arte Indu.

André Chevrillon, gran escritor francés, ha consagrado su pluma a los grandes genios asiâticos, en sus libros sobre Judea, el Ejipto, la lndochina y la lndia.

Pierre Loti escribi6 !sobre este pais Prop/Jsitos de Exflio, de inspiraci6n hindu.

AFRICA ORIENTAL.--LA SOMALJA Para los franceses la Somalia se reduce a Djibouti, que es la unica escala francesa entre la Francia y· la Indochina.

Rondet Saint y Rolando Dorgelès dedican algunos capi-tulos en sus libros y describen el puerto, la aldea negra, las cos-tumbres extrafias de los etiopes. Ellos destacan todo aque-llo que puede darle valor a la Somalia francesa.

El representante tipico del Africa Oriental es el erninen-te escritor y periodista francés, Henry de Monfreid, quien, habiendo vivido muchos afios en las costas del mar Rojo, ha podido estudiar las costumbres y penetrar en cl al ma de las razas de Somalia. Entre sus obras mâs celebradas e impresio-nantes, tenemos: El drama etiope, Los secretos del niar Rojo, El Jwrnbre de la rnano corlada, consagrado a su héroe preferido, Abdi, compafiero de luchas y peligros. Es una de las grandes canciones de gesta dedicada al bueno y fiel Abdi.

El segundo volumen de El nù-îo salvaje es una verdadera obra maestra.

Monfreid es uno de los grandes escritores coloniales con-temporâneos.

La Croissière du Hachichi es otra de sus obras de ins-piraci6n af ricana.

Hemos visto que hasta las mâs pequefias de las colonias contribuyen al enriquecimiento de las letras f1ancesas. propor-cionando a los escritores precioso material para sus concepciones.

LA S .4 N T I L L A S

En Noviembre de 1938, con ocasi6n del tricentenario de las An tillas francesas, .:l\1arius y Ary Leblond, recuerdan la influen-cia antillana en la literatura y en el artc. Influencia tanto

(24)

LAS COLONIAS EN LA LITERATURA FRANCESA 367

mâs poderosa cuanto que ellas dieron dos grandes reinas a la

corona de Francia.

Françoise D'Aubigné, duquesa de Maintenon, conservo

una impresion imperecedera de su estadia en Amé_rica y de los

melancolicos dias de su juventud, que con honda filosofia

acep-taba, elevando su espiritu fuertemente hacia Dios.

La religion contribuye también a la expansion colonial,

y mucho antes que

Les Natches,

en los c·omienzos de la

litera-tura exotica.

El padre Labat, autor del

Viaje a las islas francesas de América,

es una figura imponente y admirable cronista de las

costumbres antillanas.

Josefina de Beauharnais debiô sus éxitos en la Corte

Im-peria! a sus fil)as maneras criollas. Su gracia, su belleza y su

coqueteria de mujer hermosa y admirada ejercieron una

pode-rosa influencia en las costumbres, en las modas, en las

cancio-nes y en todas las frivolidades cortesanas,

El mérito del

Genio del Crt"stlanismo

no lo fué por las

con-sideraciones metafisicas de Chateaubriand, sino por la belleza

indiana de Atala.

Lamartine y Saint -Beuve han proclamado todo lo que

la poesia romântica debe a las Antillas.

Marcelina Desbordes - Valmore, durante su estadia en La

Guadalupe, conociô las tempestades tropicales. Poetisa de

alma sensible, fué admirada por su talento. Su viaje a La

Martinica ]a impresiono hondamente y por toda su vida. En

Elegias y Poesias nuevas

y en los versos

La viellée

du

negre

puede apreciarse la atraccion que en ella ejercieron las islas.

José Maria de Heredia y Leconte de Lisle crean un

Hima-laya criollo, al mismo tiempo que otro antillano llegaba a ser

el inmortal Chassériau. Basta citar estos nombres para

reco-nocer lo que el renacimiento del Siglo xx debio al colonialismo.

En

Fuerza enerniga

de Johon Antoine Nan (Premio

Gon-court) encontramos la vision mâs exact.a del archipiélago

Ca-ribe. Nan dedicô a las Antillas poemas y novelas de

acen-tuado lirismo, tales como

Le Preteur d'Amour.

Leon Hennique, nacido en la Guadalupe, escritor de viva

imaginacion, en su obra

Poeuf

comunica las impresiones de

un blanco en las Antillas.

La Guayana inspira a Jean Gabonot sus novelas

Qué

(25)

368 INÉS ESPINACE MORALES

Las prisiones han dado tema para estudios y novelas de interés. Louis Ronbaud, Le Fevre, Merlet, Alberto Londres, Lafond - Laderat, Paul Mauran, etc. pertenecen a este grupo. Aun hoy dia se desarrolla una escuela antillana con Innine Rouanette, autora de Sonson la M artiniquè, Teresa Herpin, Odette Arnaud, Marta Oublié, Enriqueta Cé1arié, Victor Gau-trez y muchos otros que representan la influencia antillarta en la literatura francesa.

LA OCEAN/A

Hablar de la Oceania es hab1ar de Tahiti, esa isla encan-tadora donde vivi6 el gran pintor Gauguin y donde encontrara la tierra prometida para su arte.

Victor Ségalem capt6 la imagen de este pueblo antes que la civilizaci6n hiciera desaparecer su admirable pasado. Los Inmemoriales es su obra de mâs interés.

Daniel Riche, La selva trftgica; G. Andoux, Leyendas cana-rias; Jean Dorsene, Maurura Tahiti, Louis Cros, Ch. Lecote, M. Olivaint, Pien·e Benoit, son valores conocidos por su apor-te generoso en la liapor-teratura francesa.

Mat1,·monio de Loti, de Pierre Loti, es un verdadero docu-menta hist6rico sobre la raza mahori. Es un libro analitico de la vida indigena, bajo todos sus aspectos, escrito con carifio y agudeza de observaci6n en todos los detalles.

Loti visit6 las aldeas del interior, apartadas de toda civi!i-zaci6n colonial, para estudiar sus rasgos esènciales, vivi6 entre los nativos y supo comprenderlos. Penetr6 en el alma de la raza y sus complejidades no tuvieron secretos para el psic6logo y el critico. Es por eso que sus novelas atraen y seducen y aun cuando el tema no posea originalidad, cautivan por la be-llezadel estilo, y por esa atracci6n extra.fia y ex6tica de Rahar(1, dulce y encantadora, prototipo de las mujeres de su raza.

Loti en su novela se ha superado. Cada descripci6n es una filigrana.

Las cartas de Gauguin a su esposa proporcionan, también, antecedentes preciosos sobre la isla que lo subyugara, en tal forma que rompi6 por ella todas las vinculaciones con Euro-pa y su familia. Tal es la contribuci6n a la literatura francesa de Tahiti, la ex6tica adormecida por las cadencias de sus danzas extrafias y rnisteriosas.

(26)

LAS COLONIAS E:-- LA LITER_ATURA FRANCESA 369

S Y R I A Y L I B A N O

Tierra dilecta a los franceses por su influencia politica,

desde los tiempos de Carlo Magno (Protecci6n de los subditos

cristianos de Haroun al Raschid). De la edad rr:edia datan

los vestigios de la civilizaci6n francesa diseminados en el

sue-lo sirio; castilsue-los imponentes que se yerguen en las n:ontafias

y pregonan el espiri tu progresista de· los sefiores feudales.

Pierre Benoit, cêlebre novelista colonial, titular del

pre-mio de las colonias, evoca ese pasado en

La Castel/ana del Li-bano,

de indiscutible mêrito literario, por la originalidad del

tema y por los di versos aspectos que de él estudia;

conocimien-tos utiles sobre la politica colonial, observaciones sobre la

ma-nera de propender al auge de este pais de protectorado, y sobre

todo por las admirables descripciones de las obras de arte

rni-lenarias, que han desafiado a los siglos, obra del genio francés.

Varias paginas consagra a esas fortalezas de granito,

destina-das unas a la vigilancia de la costa, y Qtras a la defensa de la

gran via tradicional que por Antioquia, Alep, Haura, Honis y

Damasco, llevaba a Jerusaiem. Varias dedica a la

descrip-ci6n de los viejos castillos construidos por los cruzados. Eran

aquellos los tiempos del primer imperio, que no podia perecer

porque lo animaba el genio y el espiritu françés.

Siria es hoy posesi6n francesa, de habla francesa, debido a

la marcada influencia francesa en otras edades, posiblen:ente

no comprendida, entonces, por Godefroy de Bouillon, de los

Lusignan, de los Condes de Flandes, de Courtenay, de San

Luis y de tantos otros.

En la obra de Benoit tiene perfiles sobresalientes la

figu-ra distinguida de Lady Stanhope, junto a otfigu-ras mujeres

supe-riores, que, como en todos los tiempos, han tenido

interven-ci6n directa en la politica ârabe.

Ah!, dit

-

i'l, qui pourra ja-mais dfre l'o7gueil qui dut étuindu Lady StanlzoPP, le jour ou dans Palmyre, quarante mille Bédouins la saluèrrnt comme leur Souveraine.

Todos estos pasajes y evocaciones, presentados en el estilo

hello y puro de Benoit, hacen su obra de inestimable valor

lite-rario.

Myriam Harry, en

Amina ma Colombe,

se ocupa también

del protectorado Sirio, en su contacto con la civilizaci6n

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370 IKÉS ESPJNACE MORALES

cesa y de la predisposici6n del pueblo para percibirla. Es una obra pintoresca, matizada de sahor local, que acusa el profundo conocimiento de la escritora, de las costwnbres sirias. Es el diario de una princesa musulmuna, de una desencantada mo-dema, que goza de todas las ventajas de la civilizaci6n, pero a quien la vida se le hace odiosa, porque, a pesar de la evolu-ciôn experimentada por quienes la rodean, ella no puede olvi-dar sus tradicioneas ancestrales.

El objetivo de Myriam Harry, como el de Duchêne en Kmnir, es el de conseguir la emancipaci6n completa de la mu-jer musulmana, estudiando en la sociedad siria todos los com-plejos problemas derivados de la civilizaci6n, que necesaria-mente la afectan, y de los peligros que acechan a la mujer mu-sulmana en esa época de transici6n .

.rv'.Iarguerite Geesterlink, en E l Oro del Lfbano, se ha ins-pirado en la historia siria: la lucha de los am1enios y los turcos, realzando la belleza del Taurus y del Ubano, aldeas situadas en las montafias.

Otros escritores franceses que se han inspirado en Siria:

P. Loti El Desierto, Chateaubriand lti·nerario de Paris a

Jeru-salnn, Lamartine Viaje al Oriente, Henry Bordeaux En la montana de los Drusses, Jamilé bajo los cedros, René Bazin

Croquis de Franéia y de Or:iente, l\,1aurice Barrés El jardin en el Oronte, Paul H. Bordeaux En la Ruta de Pabnira, Lady Stan-hope en Oriente, Ge9rge de la Fouchardière A la bûsqueda de un Dios, I. I. Tharaud El Camino de Damasco, R. Dorgelès Bajo la tienda beduina, E. de Keyser A la sombra del Carmelo,

Pie-rre Benoit Los pozos de Jacob, Rolando Dorgelès La caravana

sin camellos y muchos otros.

P A L E S T I N A - ] E R U S A L E M

A pesar de no ser una coloniâ francesa, no solo ha dado material abundante a su literatura. Ha dado mucho mâs en una de SUS hijas de selecci6n formada en $U seno, propiciO a} desarrollo de la imaginaci6n, a la agudeza de !os sentidos y a la formaci6n espiritual. Es ella Miryam Harry, la escritora que ya conocemos. Es ella Siona «la Petite Fille de Jerusa-lem>, «la petite Rose de Saron , la protagonista de su obra encantadora; una autobiografia poética de su infancia, que se

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