FRAY JUAN DE ZUMARRAGA Y JUAN
JOSE DE EGUIARA Y EGUREN.
UNA RAZA, DOS HOMBRES,
. . ^ s
UNA A C C I O N COMUN
Ernesto de la T O R R E V I L L A R
Unwexsidad Nacional Autónoma de Adexico
L A V I Z C A Í N A FUE U N A RAZA Q U E; 3. p a r t i r del descubrimiento de
A m é r i c a , p e n e t r ó por todo el continente. A M é x i c o llegaron los vascos en c o m p a ñ í a de C o r t é s , y desde ese momento h u b o tantos como mixes y huastecos. Se distinguieron por su recio y firme c a r á c t e r , su extraordinaria movilidad y a d a p t a c i ó n a la tierra, su enorme habilidad mercantil, espí-r i t u de cueespí-rpo, c a espí-r á c t e espí-r independiente y amplia estima de la l i b e r t a d .
M u c h o se ha escrito sobre ellos; largas n ó m i n a s que em-piezan en el siglo X V I y prosiguen en nuestros días se han elaborado y en ellas sobresalen numerosos nombres que de-j a r o n , como los navios en que v i n i e r o n , profundas estelas,
surcos germinales.
D e entre ellos he seleccionado dos figuras apasionantes, u n a que a c t ú a en forma preponderante en el siglo X V I , que o b r a transformando mente y espíritu y la otra surgida en la p r i m e r a m i t a d del siglo X V I I I y la cual valora los frutos
inte-lectuales y espirituales producidos en M é x i c o desde antes del descubrimiento hasta 1750. Distantes en el tiempo, esos dos hombres e s t á n hermanados por la sangre, el e s p í r i t u , la a c c i ó n c o m ú n , los ideales compartidos; por u n enorme amor a l a tierra mexicana, sus hombres y valores. Ambos luchan, en su propio campo y circunstancias, por el porvenir ventu-roso de M é x i c o .
Esos dos varones excepcionales son fray J u a n de Z u m á
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rraga y J u a n J o s é de Eguiara y Eguren. Veamos en apretada semblanza q u i é n e s fueron, q u é hicieron y cuáles los m é r i t o s que nos obligan a recordarlos.
El primero, hijo de J u a n L ó p e z de Z u m á r r a g a y Teresa de Lares (emparentada con el linaje de los Arrazola y T o r r e de M u n c h a r r á s ) nació en la villa de T a v i r a de Durango a fi-nes de 1468 o principios de 1469. A u n q u e de noble familia venida a menos, J u a n de Z u m á r r a g a , nombre que escogió en definitiva, recibió sólida y cristiana e d u c a c i ó n , que con-solidó al ingresar al noviciado franciscano de A r a n z a z ú y posteriormente al convento del A b r o j o vecino a Valladolid, en el cual t o m ó el h á b i t o y se o r d e n ó sacerdote. O c u p ó va-rios puestos dentro de los conventos observantes, como el de g u a r d i á n en A v i l a , definidor en la provincia de la Concep-c i ó n , y fue posteriormente provinConcep-cial de la misma en 1522¬ 1523 y g u a r d i á n del A b r o j o en seguida.
A h í lo conoció el emperador Carlos V , quien estimó saber ya virtudes de fray J u a n , por lo que el 12 de diciembre de 1527 lo p r e s e n t ó a Su Santidad como obispo de M é x i c o , " p o r los m é r i t o s y buena vida y ejemplo,. . . por lo que h a r á m u c h o fruto en la c o n v e r s i ó n de los indios naturales de aquellas partes y en su i n s t r u c c i ó n " . Y m á s a ú n , d i s p o n í a el monarca que partiese a su destino sin esperar las bulas n i consagrarse. El mes de agosto de 1528 se e m b a r c ó en Espa-ñ a y a r r i b ó a Veracruz el 6 de diciembre de ese mismo a Espa-ñ o , y pocas semanas d e s p u é s a la ciudad de M é x i c o T e n o c h t i -t l a n . Su primera labor fue organizar la Iglesia mexicana, a p o y á n d o s e tanto en fray J u l i á n G a r c é s Q_.P. —quien fue el p r i m e r obispo con sede en Tlaxcala-—, en los religiosos fran-ciscanos llegados en 1522 y 1524 y los dominicos que les ha-b í a n seguido y posteriormente en los frailes agustinos.
Por c é d u l a dada en Burgos el 17 de j u n i o de 1528, el em-perador d e s i g n ó a Z u m á r r a g a protector de ios indios, difícil m i s i ó n que le atrajo la enemistad de colonos abusivos y de las autoridades judiciales que p e r m i t í a n esos abusos, p r i n c i -palmente de los miembros de la p r i m e r a Audiencia, encar-nizados enemigos de H e r n á n C o r t é s , de los indios del obispo Z u m á r r a g a y de los franciscanos.
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I n q u i s i d o r de la Nueva E s p a ñ a , muchos a ñ o s antes del esta-blecimiento formal de ese t r i b u n a l en 1571.
E n el a ñ o de 1547 el pontífice Paulo I I I elevó a metropoli-tana la silla episcopal, con lo cual fray J u a n q u e d ó constitui-do como p r i m e r arzobispo de M é x i c o , dignidad que o c u p ó m u y breve tiempo, pues consumido por excesivo trabajo y afanes apostólicos, falleció en la ciudad de M é x i c o el 3 de j u -n i o de 1548. Su muerte fue m u y se-ntida por todo el pueblo. F r a y Pedro de Gante, el lego flamenco, tío de Carlos V , al i n f o r m a r al emperador sobre ese hecho le decía: " V e i n t i c i n -co a ñ o s estoy -con este h á b i t o , estos naturales me m i r a n como padre. N u n c a he estado tan triste como el d í a de hoy, a causa de haber muerto el obispo Z u m á r r a g a , verdadero padre de estos naturales. Fue siempre m i c o m p a ñ e r o en tra-bajo con ellos. T r a b a j ó en la c o n v e r s i ó n y doctrina destos naturales, así en lo espiritual como en lo temporal d á n d o l e s limosnas. A causa de tantas limosnas y obras p í a s , así para casas de h u é r f a n a s , como en sustentar viudas y hacer enfer-m e r í a s entre los religiosos coenfer-mo entre los naturales, enfer-m u r i ó sin poder la merced pactada SL SU m a y o r d o m o . . . " .
Organizador de la Iglesia mexicana, a u t é n t i c o padre de los indios, su defensor insigne, promotor de la cultura, de los colegios para indios, mestizos y doncellas, de la U n i v e r s i -d a -d , -de la i n t r o -d u c c i ó n -de la imprenta, testigo -de la apari-c i ó n de la imagen de Nuestra S e ñ o r a de Guadalupe y apari- cons-t r u c cons-t o r de su p r i m e r a ermicons-ta, su acción escons-tá presencons-te en lo m á s positivo de nuestro desarrollo histórico.
J U A N J O S É DE E G U I A R A Y E G U R E N
E n vida paralela colocamos a este insigne personaje. Des-c e n d í a de familias v i z Des-c a í n a s estableDes-cidas en N u e v a E s p a ñ a desde los inicios del siglo X V I I o antes. Y a a mediados de
esta centuria encontramos en viejos documentos judiciales los nombres del c a p i t á n Pedro de Eguren y de dos familiares suyos, u n c a p i t á n Francisco de Eguren y u n religioso fran-ciscano fray Pedro de Eguren. Estos dos ú l t i m o s figuran como albaceas de los bienes del p r i m e r o , lo cual revela que
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eran personas confiables, serias en los negocios. T a m b i é n hallamos referencias al comerciante Nicolás de Eguiara, quien poseía bienes de fortuna nada d e s d e ñ a b l e s .
Esos dos apellidos lograron unirse y así aparece hacia 16.94 otro capitán,. Nicolás de Eguiara y Eguren, que con-trae en ese a ñ o esponsales con M a r í a de Elorriaga y Eguren, h a b i é n d o s e l e s dispensado el tercer grado de consanguinidad que t e n í a n . De su m a t r i m o n i o procedieron varios hijos: Juan J o s é , nacido el 16 de febrero de 1696 en la ciudad de M é x i c o y sus hermanos, Nicolasa Ignacia, Francisco A n t o -nio, M a n u e l J o a q u í n , Rafael A g u s t í n y Francisco Felipe. Nicolasa Ignacia fungió como madre de sus hermanos al fa-llecimiento temprano de la madre. Todos ellos, menos Fran-cisco Felipe que tuvo una hija cuidada por los tíos, optaron por el estado eclesiástico. Francisco A n t o n i o fue rector del Real Colegio de San J u a n de L e t r á n , creado para la forma-ción de los mestizos en el siglo X V I . D o n M a n u e l J o a q u í n fue licenciado en teología, notable predicador, cura de la pa-rroquia de Santa Veracruz, una de las m á s importantes de la ciudad de M é x i c o , y t a m b i é n el hermano m á s allegado a Juan J o s é y c o m p a ñ e r o en sus afanes culturales y apostólicos.
Todos los hermanos Eguiara recibieron buena y recia e d u c a c i ó n y la influencia espiritual y formativa de la C o n -g r e -g a c i ó n del O r a t o r i o de San Felipe N e r i , al cual fueron m u y adictos. J u a n J o s é , al llegar a los a ñ o s requeridos, i n -gresó al Colegio de San Ildefonso, en el cual siguió los cursos de artes y posteriormente en el Colegio M á x i m o de San Pe-dro y San Pablo, t a m b i é n de los j e s u í t a s , de filosofía. C o n sólida v o c a c i ó n religiosa y para el estudio, p r o s i g u i ó su for-m a c i ó n en la Real y Pontificia Universidad en donde obtuvo en 1709, cuando sólo t e n í a trece a ñ o s , el grado de bachi-ller en artes. Poco d e s p u é s , habiendo recibido las ó r d e n e s menores, obtuvo el grado de bachiller en teología el 29 de abril de 1712.
Su arraigada aplicación al estudio, preclara inteligencia y capacidad de razonamiento y e x p r e s i ó n , le posibilitaron ha-cerse cargo en calidad de sustituto de diversas c á t e d r a s de r e t ó r i c a , P r i m a de T e o l o g í a y P r i m a de Sagrada Escritura, las que profesó de 1713 a 1722 en la propia U n i v e r s i d a d . E n
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el a ñ o de 1713, a los diecisiete a ñ o s , recibió J u a n J o s é de E g u i a r a y E g u r e n las ó r d e n e s sagradas y una capellanía que le p e r m i t i ó v i v i r con decoro. Antes de recibir el diaconado y a se d i s t i n g u í a como orador sagrado.
En 1715 obtuvo,Jos grados de licenciado en sagrada t e o l o g í a y en j u n i o del mismo a ñ o el de doctor en teología. A p a r t i r de 1713 y hasta su muerte, ocurrida en enero de
1763, J u a n J o s é estuvo ligado a la U n i v e r s i d a d de M é x i c o , en l a que fue c a t e d r á t i c o , conciliario y rector de la misma el a ñ o de 1749-1750. D u r a n t e largos a ñ o s explicó P r i m a y V í s p e r a s de T e o l o g í a , y de la " r e i n a de las ciencias" hizo su especialidad. Por su enorme experiencia en la c á t e d r a , sus a m p l í s i m o s conocimientos y su alta capacidad expresi-va, y dada la necesidad de contar con u n texto sobre teolo-g í a positiva que pudiera aplicarse a los estudiantes de la U n i v e r s i d a d , el s e ñ o r Eguiara antes de 1740 inició la redac-c i ó n de u n a u t é n t i redac-c o tratado teológiredac-co que d e n o m i n ó Dilectae Dissertationes Mexicanae, integrado por tres amplios v o l ú m e -nes, de los cuales sólo el p r i m e r o se editó en M é x i c o , en el a ñ o de 1746.
Si la e n s e ñ a n z a en la U n i v e r s i d a d y la f o r m a c i ó n intelec-t u a l y espiriintelec-tual de los sacerdointelec-tes represenintelec-taron sus preocu-paciones mayores, t a m b i é n hay que mencionar que Eguiara o c u p ó dentro de la a d m i n i s t r a c i ó n eclesiástica cargos rele-vantes. Por rigurosa oposición obtuvo la c a n o n j í a magistral de l a catedral de M é x i c o en octubre de 1747 y ejercía como e x a m i n a d o r sinodal del Arzobispado, calificador del Santo O f i c i o de la I n q u i s i c i ó n , visitador de la Real Capilla de la U n i v e r s i d a d , c a p e l l á n de las monjas capuchinas, teólogo de c á m a r a y consultor del arzobispo R u b i o y Salinas, diputado del Seminario Conciliar, m i e m b r o de la C o n g r e g a c i ó n de San Pedro y otros puestos igualmente honrosos.
Sus m é r i t o s como teólogo, orador sagrado, virtuoso ecle-siástico y hombre de enorme c u l t u r a le ganaron el favor real y l a d e s i g n a c i ó n por Real Decreto de Obispado de M é r i -da de Y u c a t á n , de fecha 30 de septiembre de 1751, y el envío de las Bulas Ejecutorias el 12 de marzo de 1752, m i t r a que r e n u n c i ó el 6 de j u l i o de 1752 por razones de edad, salud y p o r estar entregado t o t a l m e n t e a l a e l a b o r a c i ó n de l a
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Bibliotheca Mexicana, que sería m u y útil para reconocer la obra cultural y espiritual de E s p a ñ a en A m é r i c a .
L i g a d o activamente a la comunidad v i z c a í n a , J u a n J o s é , dentro del O r a t o r i o externo que los filipenses t e n í a n , confir-m a b a en sus creencias a confir-muchos confir-mieconfir-mbros de esa coconfir-muni- comuni-dad y cooperaba en las obras pías y culturales de la C o f r a d í a de A r a n z a z ú , de la que fue rector. Justamente el a ñ o de
1732, en la j u n t a presidida por él, la C o f r a d í a decidió crear u n colegio destinado a la e d u c a c i ó n de doncellas, que si bien les p r o p o r c i o n a r í a sólida i n s t r u c c i ó n religiosa, no sería u n plantel regenteado por el clero sino una i n s t i t u c i ó n que, a pesar de contar con el patrocinio real y la ayuda e c o n ó m i c a de los v i z c a í n o s novohispanos, que los h a b í a m u y ricos, se m a n e j a r í a por sus propios estatutos y constituciones, con en-tera independencia, y p e r m i t i r í a a sus educandas formarse cultural y moralmente sin las limitaciones que el claustro i m p o n í a . El 31 de j u l i o de 1734 se puso la p r i m e r a piedra del Colegio de San Ignacio de Loyola o de las V i z c a í n a s , como se le conoció de ordinario. Sus constituciones fueron redactadas por el señor Eguiara y el colegio e m p e z ó a fun-cionar el a ñ o de 1754, y fue una de las instituciones clave para la e d u c a c i ó n de n i ñ a s y j ó v e n e s novohispanas.
J u a n J o s é Eguiara y Eguren fue u n estudioso infatigable, h o m b r e de vastos horizontes, y su saber no tuvo límites. D o -m i n a b a la filosofía, la teología, las escrituras y el conocim i e n t o h u conocim a n í s t i c o . P e r t e n e c i ó a una g e n e r a c i ó n i conocim p o r t a n -t í s i m a de humanis-tas como el padre Vicen-te L ó p e z , el padre Ignacio Luis Vallarta, ambos de la C o m p a ñ í a ; de Cayetano de C a b r e r a y Q u i n t e r o y A n d r é s de Arze y M i r a n d a , cuya i m p o r t a n c i a en las letras novohispanas se ha puesto de relie-ve. Esa g e n e r a c i ó n poseía u n denominador c o m ú n , a d e m á s de su cultura: su amor a M é x i c o , su destacado nacionalis-m o , el orgullo de pertenecer a u n p a í s que si bien se h a b í a formado con base en los valores de la civilización europea t r a n s m i t i d a por E s p a ñ a , t a m b i é n h a b í a heredado de las se-culares culturas precolombinas numerosos valores intelec-tuales y espiriintelec-tuales, que los criollos h a b í a n valorado y de los que se s e n t í a n orgullosos.
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l a cultura europea y de la i n d í g e n a definía y d i s t i n g u í a su c u l t u r a . S e n t í a n que la c r i s t i a n i z a c i ó n de los pueblos india-nos se h a b í a facilitado por el hecho milagroso de la a p a r i c i ó n de Nuestra S e ñ o r a de Guadalupe, bajo cuyo patrocinio se h a b í a n desarrollado una sociedad y una cultura que t e n í a n pleno derecho a manifestarse. E l nacionalismo de ese grupo y de toda la sociedad criolla descansaba en su profundo sen-t i m i e n sen-t o guadalupano.
Eguiara y E g u r e n , considerado como uno de los oradores sagrados m á s destacados de su tiempo, fue gran guadalupa-nista. El n ú m e r o de sus p a n e g í r i c o s guadalupanos fue m u y a m p l i o y algunos de ellos son de gran altura. L a a p a r i c i ó n de la virgen en el Tepeyac representa para Eguiara el mo-m e n t o mo-m á s significativo del encuentro de las dos raigamo-mbres culturales que definen a M é x i c o y a los mexicanos. Para E g u i a r a t a m b i é n , y esto es m u y significativo, la cultura sólo se puede formar por medio de una fusión y una labor cons-tante del intelecto y del e s p í r i t u . Esas dos ideas primordiales representan la base, la filosofía de su ardua labor intelectual cristalizada e'n la e l a b o r a c i ó n de su Bibliotheca Mexicana, cuyo p r i m e r volumen escrito en c o r r e c t í s i m o latín a p a r e c i ó en M é x i c o en el a ñ o de 1755, salido de una imprenta que esta-b l e c i ó j u n t o con su hermano M a n u e l J o a q u í n , la cual llevó el nombre de Nueva I m p r e n t a de la Bibliotheca Mexicana.
Esta obra, " S u m m a de la cultura m e x i c a n a " , s u r g i ó como respuesta honda y razonada a una i m p u t a c i ó n dolosa e ignara de u n notable publicista e s p a ñ o l , M a n u e l M a r t í , d e á n de Alicante, quien hizo suyas opiniones anteriores que afirmaban que A m é r i c a era u n continente desprovisto de c u l t u r a , que en M é x i c o no existía i n s t i t u c i ó n . C o m o lo ha demostrado plenamente A n t o n e l l o G e r b i en su obra: La ca-lumnia de América, intelectuales europeos acusaron sin funda-m e n t o ai Nuevo M u n d o de no poseer cultura alguna, acha-cando a E s p a ñ a la ignorancia en que vivían los americanos.
L a a c u s a c i ó n de M a n u e l M a r t í p r o v o c ó en la intelectuali-dad americana profundo dolor y u n clamor general de pro-testa. Para rebatirla, J u a n J o s é de Eguiara y Eguren a c e p t ó ser el portavoz de la inteligencia criolla, y e l a b o r ó como res-puesta u n c a t á l o g o razonado y completo de los valores
esen-4 6 0 ERNESTO D E L A T O R R E V I L L A R
cíales de la cultura mexicana y de sus principales creadores, consignando la n ó m i n a de su p r o d u c c i ó n y los trabajos espirituales y morales efectuados por cada uno de ellos. A p o y á n -dose en el ejemplo de las obras europeas que s e ñ a l a b a n los aportes de cada n a c i ó n , principalmente de las nutridas Bi-bliotecas, Hispana Vetus y Nova de Nicolás A n t o n i o , e l a b o r ó igualmente una lista en l a t í n de los autores, e n u m e r á n d o l o s por su nombre de pila, y luego de realizar minuciosas y fati-gantes b ú s q u e d a s en archivos y bibliotecas, r e d a c t ó su Bi-bliotheca Mexicana. U n a amplia serie de prólogos o anteloquia la inician, en los cuales sintetiza magistralmente su pensa-m i e n t o , la filosofía que sustenta la obra, y valora las raíces duales de la cultura mexicana. Es una " S u m m a " porque presenta en apretado ramillete cuanto de valioso, intelectual y espiritualmente dio M é x i c o desde las etapas p r e h i s p á n i c a s hasta el a ñ o de 1750. Se trata de u n elogio y defensa apasio-nada de la cultura mexicana, concebida y realizada por el v i z c a í n o - n o v o h i s p a n o J u a n J o s é de Eguiara y Eguren, uno de los hombres m á s sabios y positivos que ha tenido M é x i c o .
U n a vez realizadas estas semblanzas, procedamos a efec-tuar las semejanzas que hermanan a Z u m á r r a g a y a Eguiara y E g u r e n en una obra c o m ú n .
S e ñ a l a d o el origen v i z c a í n o de nuestros dos prohombres, sabedores de que por su sangre y e s p í r i t u c o r r í a n elementos afines y que ambos p o s e í a n profundo y decidido sentimiento religioso que los llevó a formar parte de la Iglesia, a ñ a d a m o s que fue por sus reales m é r i t o s y acción positiva como acce-dieron paulatinamente a los m á s importantes cargos religio-sos. Z u m á r r a g a a c e p t ó por obediencia la m i t r a mexicana y estuvo a punto de renunciar su elevación arzobispal. Eguia-ra, para efectuar su elogio y defensa de la cultura mexicana, fruto de espíritu e intelecto, r e c h a z ó la m i t r a de M é r i d a de Y u c a t á n , la que h a b í a ocupado anteriormente otro descen-diente de v i z c a í n o s , J u a n Ignacio de C a s t o r e ñ a y U r s ú a , t a m b i é n c a t e d r á t i c o universitario y creador de la Gazeta de México en 1722, que fue el p r i m e r p e r i ó d i c o regular estable-cido en M é x i c o .
Z u m á r r a g a fue hombre v e r s a d í s i m o en la filosofía y teolo-gía de su tiempo. A c e p t ó dentro de la Iglesia que se
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b a ideas procedentes de los ideólogos m á s importantes de su t i e m p o , como Erasmo y Luis Vives, sin perjuicio de su orto-d o x i a . F o m e n t ó el cultivo orto-de la teología, la p r e p a r a c i ó n orto-de obras y síntesis de ellas como fueron sus Doctrinas, y se preo-c u p ó por la f o r m a preo-c i ó n de u n preo-clero ilustrado y virtuoso. E g u i a r a cultivó rigurosamente la teología y escribió i m p o r -t a n -t í s i m o -tra-tado sólo comparable con la obra -teológica del padre Francisco Javier Alegre, escrita varias d é c a d a s m á s tarde. C u i d ó de la f o r m a c i ó n del clero mediante la funda-c i ó n de la Afunda-cademia Neriana funda-consagrada a ese fin, la funda-cual produjo honda t r a n s f o r m a c i ó n sacerdotal.
Si nuestro p r i m e r obispo estuvo interesado en la defensa de los indios, Eguiara realizó la mejor defensa de su cultura. Recordemos c ó m o Z u m á r r a g a f o m e n t ó la e n s e ñ a n z a de las humanidades a los naturales y creó el Colegio de la Santa C r u z de Tlatelolco en el cual los indiezuelos a p r e n d í a n l a t í n y griego. Las doncellas encontraron en Z u m á r r a g a u n pro-tector decidido de su cultura. Para ellas estableció u n cole-gio, auxiliado por fray Pedro de Gante y t a m b i é n para ellas trajo de E s p a ñ a a las primeras educadoras y luego a las reli-giosas concepcionistas. Eguiara a su vez sostenía particular-mente la e d u c a c i ó n de numerosas doncellas y a su i n t e r é s por la e d u c a c i ó n femenina se debe la creación del Real Colegio de San Ignacio o de las V i z c a í n a s efectuado hacia la m i -tad del siglo X V I I I .
Z u m á r r a g a efectuó actos inquisitoriales para la defensa de la ortodoxia, Eguiara a c t u ó como censor del Santo Oficio con u n e s p í r i t u amplio y abierto. E l primer obispo a p o y ó la e n s e ñ a n z a de las artes a los i n d í g e n a s , principalmente de la m ú s i c a , lo que se realizaba en el Colegio de San J o s é de los Naturales. Eguiara, a t r a v é s de su a c t u a c i ó n en el oratorio externo, apoyaba los actos y funciones musicales con los que se e m b e l l e c í a e incrementaba la fe de los asistentes.
A l franciscano nacido en Durango se debe la introduc-c i ó n , hoy haintroduc-ce introduc-cuatrointroduc-cientos introduc-cinintroduc-cuenta a ñ o s , de la i m p r e n t a en M é x i c o , medio invaluable de difusión de la cultura. Eguiara y Eguren a d q u i r i ó m o d e r n í s i m o y completo taller de i m p r e n t a que estableció en M é x i c o hacia 1750, destinado a i m p r i m i r su maravillosa síntesis de la c u l t u r a mexicana
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y en la que se editaron obras trascendentes de la inteligen-cia criolla.
A m b o s m a n t u v i e r o n c o h e s i ó n con su grupo de origen. E l s e ñ o r Z u m á r r a g a favoreció la venida de numerosos vizcaí-nos a M é x i c o , y ya a q u í los a y u d ó y e s t i m u l ó . D o n J u a n J o s é t r a b a j ó pastoral, social y culturalmente con su grupo, los aconsejó como en el caso de la creación del colegio de las V i z c a í n a s y les d i s p e n s ó siempre auxilio y d i r e c c i ó n .
Y para no alargar indefinidamente esta lista de paralelas, diremos que fray J u a n de Z u m á r r a g a fue testigo de calidad de la a p a r i c i ó n de la imagen a r q u e t í p i c a de Nuestra S e ñ o r a de Guadalupe al llevarle el neófito J u a n Diego su t i l m a repleta de flores. E l fue el p r i m e r o que la c o n t e m p l ó a d m i r á n -dose de ese portentoso hecho y fue t a m b i é n el que hizo cons-t r u i r la p r i m e r a ermicons-ta consagrada a albergar la milagrosa imagen. Por su parte, J u a n J o s é de Eguiara y Eguren fue el guadalupanista m á s insigne del M é x i c o colonial, el m á s fer-voroso, l ú c i d o y convencido. G r a n orador, a él c o r r e s p o n d i ó muchos a ñ o s hacer el p a n e g í r i c o de Nuestra S e ñ o r a , tanto en su iglesia del Tepeyac como en la Catedral de M é x i c o . El n ú m e r o de sus oraciones guadalupanas es crecido y en ellas se perfila perfectamente el espíritu guadalupanista que yace en el fondo de todos los mexicanos, que sustenta sus creencias y que apoya su sentimiento nacionalista. Base an-gular del catolicismo mexicano, la V i r g e n de Guadalupe ha-lla en esos dos hombres dos enormes hitos que enmarcan a la perfección el desarrollo de la historia de M é x i c o .
Tales son, a grandes rasgos, los paralelismos que halla-mos entre dos varones que fueron v i z c a í n o s , uno de origen y otro de sangre y e s p í r i t u , fray J u a n de Z u m á r r a g a y J u a n J o s é de Eguiara y Eguren, quienes pusieron la base de la fe
y de la cultura en M é x i c o y a quienes c o r r e s p o n d i ó hacer la defensa de los indios y su civilización, de su acción pensante y conducta espiritual, bases indestructibles de su derecho a la libertad y a u n desarrollo independiente.