Se accede a Peñaflor de Hornija, situada a 26 km al oeste de Valladolid, por la carretera local que une las poblaciones de Zaratán, Wamba y Peñaflor. La villa, que antiguamente pertene-ció al partido judicial de Mota del Marqués, se haya situada sobre una meseta bañada por el río Hornija del que toma su nombre, al igual que otros pueblos de la comarca.
Los restos prehistóricos y romanos que hay en este término e incluso en el interior de la población, nos indican el temprano asentamiento humano. Su ubicación escarpada y fácilmente defendible, se vio favorecida por un curso de agua cercano y buenas comunica-ciones, aunque la competencia de las poblaciones del valle, más feraces, mermó su desarro-llo posterior.
Su atractivo nombre –como ocurre también con Montealegre o Belmonte– es habitual entre los siglos XIIyXIII, en los cuales se buscaba atraer población. En 1205, para favorecer su desarrollo, Alfonso VIII donó al concejo las aldeas de San Salvador, Quiñón y Villafruela, otorgándole el fuero de Olmedo. Su nombre y dotación, así como el trazado regular de las calles, hacen decir a Reglero que se trata de una expresa fundación o puebla real, realizada por el rey hacia 1200 y paulatinamente favorecida por él. Si en la estimación de préstamos (ecle-siásticos) se atribuía a Peñaflor tan sólo 12 maravedís –cantidad más usual en una aldea que en una villa– se debía precisamente a su reciente fundación; con el tiempo sus ingresos se incre-mentarán. Su creación se ligaba al reforzamiento de la frontera castellano-leonesa, y chocaba con los intereses de Valladolid, con la que se llega a un acuerdo de amojonamiento en 1208, que afectaba a los términos y pastos.
La importancia de la villa como punto fuerte se manifiesta en el carácter militar de su igle-sia, con escasos vanos en la torre, y en la construcción de una muralla, cuyos restos, así como el trazado oval del antiguo paseo de ronda, aún se conservan. En la población se aprecia aún una calle más ancha que entraba por la parte oriental del muro defensivo y la dividía en dos barrios: el de Santa María al norte y el de El Salvador al sur.
A lo largo del siglo XIIIlos términos de Peñaflor se van despoblando, pasando a ésta su territorio. En 1253 Alfonso X otorgó este lugar a la villa de Valladolid, de la que pasó a depender en todos los aspectos. Reglero afirma que la donación se produjo en 1255, estan-do al frente del concejo de Peñaflor la reina Doña Violante. En toestan-do caso, perdida su auto-nomía, la localidad fue declinando, aunque en 1465 intentó resistir el poder de los mag-nates conjurados contra Enrique IV lo que provocó su ataque y la destrucción de parte de sus muros.
Estudio histórico: MROA
Bibliografía
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E
L PUEBLO ESTÁ ENCLAVADO en la llanura parámica de Torozos, encaramado sobre la ladera de un profun-do valle por cuyo fonprofun-do corre el río Hornija. Su case-río lo componen bajas viviendas de adobe y piedra, organi-zadas en torno a una calle mayor trazada de este a oeste. En el centro de una amplia y alargada plaza se encuentra la igle-sia del Salvador, por completo exenta y circundable.Hace ya varios decenios que el hundimiento de buena parte de su techumbre provocó una ruina progresiva y el consiguiente abandono del edificio para el culto. Actual-mente, sin embargo, todavía se mantiene en pie toda la caja muraria, de caliza de la comarca calzada con cuñas de arenisca, conformando un recinto cerrado en el que es posible reconocer las fases de un proceso constructivo ini-ciado en el siglo XIIy no finalizado hasta el siglo XVI.
Resultado de tan prolongada elaboración es una planta irregular, desequilibrada por los añadidos. Tiene dos naves, de las cuales, la septentrional es la principal; rema-tada en ábside semicircular con tramo presbiterial. La de la epístola, fruto de una ampliación posterior, es más estre-cha y se debió concebir con función accesoria ya que en su tramo final se yergue la torre, y en el correspondiente a
la cabecera se habilitó una sacristía, quedando, de este modo, restringido su desarrollo longitudinal a la luz del gran formero que la separa de la nave del evangelio.
Comenzóse a construir el templo por el ya referido ábside, datable en la decimosegunda centuria, aunque no antes de 1150. Es de sillares bien escuadrados, colocados predominantemente a soga en hiladas isódomas. Com-ponen un tambor liso, sin vanos ni elementos delimitato-rios, en el que, a falta de un desaparecido alero, aporta dinamismo la yuxtaposición del ligeramente sobresalien-te volumen cúbico del presbisobresalien-terio. El abovedamiento nos ha llegado intacto, merced a su perfecto despiece y al grosor de los muros, sobre los que descansa con inter-mediación de una imposta corrida. La bóveda con que se cubre el hemiciclo es de horno, y de cañón simple la de su tramo antecedente. Se encuentran separadas por un arco de medio punto que apea en semicolumnas adosadas a los muros. Por las desconchaduras del enlucido que enmascara los capiteles asoman grandes hojas lanceola-das y cóncavas que, situalanceola-das en los ángulos de la cesta, arrancan del astrágalo. La única visible en el capitel del lado de la epístola aloja una bola, mientras que las dos
Iglesia de San Salvador
del opuesto presentan nervadura axial y, entre ellas, dos esquemáticos caulículos entrecruzados, decorados en su interior con incisiones paralelas en sentido oblicuo. En los cimacios (prolongación de la susodicha imposta) se aprecian series de tretrafolias inscritas en círculos, en los frentes, y hojas como las de las cestas en las aristas. Todos los motivos tienen un estilo tosco y con evocacio-nes arcaicas, reforzado por la talla a bisel con que fueron labrados, que induciría a pensar en un adelantamiento de la fecha de factura antes dada. Las basas, por el contra-rio, la confirman, pues son áticas, con garras (ahora masas amorfas por el desgaste), que conectan el toro inferior al plinto, y escocia recortada en dientes de sie-rra, según un modelo que no fue utilizado por estas tie-rras hasta la segunda mitad del siglo XII.
La edificación de la nave no se realizó de manera inme-diata, sino que quedó postergada hasta el siglo XIII, coinci-diendo con un momento en el cual la localidad adquirió cierta relevancia. Subsisten de esta fase constructiva, estilís-ticamente de transición, dos tramos abovedados de la nave y todo el muro del evangelio. Son los contiguos a la cabe-cera, de la que sobresalen en todas sus dimensiones. Pre-sentan sendas bóvedas de crucería con nervios de sección cuadrangular, tímidamente apuntados, entre fajones de apuntamiento más evidente. Recogen los empujes, en ambos casos, pilastras lisas (sólo molduradas con listel a la altura de la línea de imposta absidal) adosadas a los muros, del mismo perfil que los perpiaños y cruceros, no reforzadas en el exterior por los habituales contrafuertes.
En la zona de conexión con el presbiterio se eleva una sencilla espadaña de remate triangular coronado con una crucecita, calada por una esbelta tronera ojival, de inequí-voca influencia cisterciense.
Coinciden en el muro del evangelio dos características singulares: el uso de mampostería para la composición de los paramentos y la ubicación de la portada en la fachada septentrional.
La utilización de mampuestos calizos en la cara vista de la citada fachada, la principal de la iglesia, donde ade-más está la puerta de acceso, sólo se explica si hubiera estado revocada y protegida por un pórtico. En una foto-grafía de 1921, publicada en el Catálogo Monumental, puede verse, en efecto, un porche columnado (cuya pre-sencia hoy sólo nos revelan algunos mechinales) que, tal vez, no fuera el primigenio pero que, en todo caso, ocu-paría su mismo lugar, ocultando la tosquedad o salva-guardando el enlucido de la pared. Los intercolumnios estaban tabicados, formando al menos una estancia (¿sacristía o capilla?) a la que se accedería por un vano, actualmente cegado, desde la nave.
A partir de los tramos abovedados y hasta la esquina noroeste este muro es más bajo, como si nunca hubiese esta-do preparaesta-do para recibir bóvedas. De él sobresale, en su lienzo central, la portada, bajo una hilera de canes sin deco-rar que antaño soportaron un tejaroz. Es de tal pureza for-mal y parquedad ornamental que resulta inevitable remitir su origen al influjo de las obras del Cister. Consta de dos arquivoltas apuntadas, de arista viva, y arco de ingreso con tendencia semicircular (aunque un retallado del intradós de su clave parece agudizarlo), que voltean sobre jambas, con la sola intermediación de una imposta de nacela lisa.
En los siglos XV y XVI se acometieron las reformas y ampliaciones del edificio hasta darle la fisonomía que ahora reconocemos en las ruinas. El muro de la epístola fue sustituido por un gran arco formero, comunicante con una nueva nave por la que el templo se ampliaba hacia el sur. En su cabecera se habilitó una sacristía, de escaso inte-rés arquitectónico. A los pies, se erigió con excelente sille-ría una potente torre, originariamente de tres cuerpos y no concluida hasta 1660, según nos informa una inscripción labrada en su base. De estos momentos deben datar las techumbres, posiblemente de madera, en la actualidad hundidas, y un coro alto del que no quedan sino las hue-llas de su anclaje al hastial de poniente.
Texto: FRB - Planos: JAHP - Fotos: JLAO
Bibliografía
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Planta
Alzado norte
T
RAS LA RUINA DEL VECINO TEMPLO DEELSALVADOR, en la actualidad es ésta la iglesia parroquial, con la advocación de Santa María de la Expectación. La parte más antigua del edificio data del siglo XII, pero en su mayor parte se trata de una construcción de la primera mitad del siglo XVI. La iglesia es de una sola nave que se ensancha en la zona del presbiterio. La capilla mayor, al igual que la sacristía, se cubre con bóvedas de crucería con terceletes. La cubierta de la nave consiste en una curiosa bóveda de cañón con dieciséis fajones sustentados por ménsulas. En algunas de ellas se aprecia talla románica y marcas de cantero. La parte baja de esta bóveda es de mampostería mientras que el aparejo de la parte superior es de sillar bien trabajado. Esta extraña estructura, realiza-da en el siglo XVIII, es conocida en la región como "la bodega" debido a su semejanza con este tipo de construc-ciones. En el lado de la epístola se encuentra la portada adintelada cobijada por un pórtico de madera sostenido por seis columnas de piedra.Los únicos restos de época románica subsistentes son la puerta ubicada en el lado norte, que en la actualidad permite el acceso al baptisterio, datada a comienzos del
siglo XIII, y una sencilla hilera de canecillos reaprovecha-dos mayoritariamente geométricos. Estos se encuentran en la cornisa de una dependencia secundaria construida con mampuesto al norte del templo aprovechando el ángulo que formaba la sacristía. Son de formas sencillas (proa de nave, hojas acogiendo bolas, cruz patada, figu-ras zoomorfas, etc.) y de talla bastante tosca. Entre todos ellos llama la atención el situado en uno de los extremos de la cornisa, que es decorado con dos columnillas enmarcadas por un rectángulo. Se desconoce cual era la ubicación original de estos canecillos que fueron reutili-zados cuando se construyó esta dependencia en época mucho más moderna.
Texto: JLSGG - Fotos: JLAO
Bibliografía
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