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Spagnolo Socio sanitario V anno

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SPAGNOLO PROGRAMMA V ANNO

SOCIO-SANITARIO

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Legislación y ética Sanitaria

-

Principios Fundamentales de la Bioética

-

Constitución y Salud

-

Ley General de Sanidad

-

Definición de Salud Pública

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Salud y Ambiente

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Salud Ocupacional

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Desigualdades Sociales

-

Programa Social

-

Síndrome

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Síndrome di  Down

-

Sordera

-

Trastorno

-

Trastorno de Personalidad

-

Timidez

-

Violencia

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LEGISLACIÓN Y ÉTICA SANITARIA

CONSIDERACIONES GENERALES DE ÉTICA

Análisis etimológico

La palabra ética procede del término griego “ethos”, que significa carácter, modo de ser, hábito. Los romanos tradujeron ese término por “mos”, en plural “mores”, dándole el significado de costumbre, entendiendo esta como el conjunto de reglas o normas de conducta adquiridas por el hábito. De mores deriva la palabra moral, razón por la cual a la ética se le denomina también filosofía moral.

Ética y moral son conceptos que pueden utilizarse como sinónimos, si bien en el momento actual se utiliza más el término ética, quizá por las connotaciones de carácter religioso de la palabra moral.

Bioética: ciencia que se ocupa del estudio de los problemas éticos que se plantean en las ciencias de la salud.

Valores morales

La mayoría de los autores utilizan el término valor para describir las creencias, las actitudes, las motivaciones, los objetivos elegidos libremente después de una reflexión, y que conllevan una conducta determinada.

Los valores específicamente morales, como la honestidad, la justicia, etc. presentan una serie de características que los diferencian de otros valores y que pueden resumirse en:

• dependen de la libertad humana; mientras que no todas las personas

no pueden ser bellas, si pueden ser moralmente buenas

• son, por tanto, cualidades de las personas, de sus acciones o de su

forma de relación

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• son necesarios para que podamos vivir en el mundo como personas

humanas

Obligatoriedad moral

La moral surge cuando el hombre pasa a formar parte de un colectivo o comunidad, y determina la aparición de una serie de normas, que pretenden asegurar la concordancia entre la conducta de cada individuo y los intereses de la sociedad

El comportamiento moral del hombre se analiza a través de los actos humanos, que, como individuo social, realiza de forma voluntaria, calificables moralmente porque respetan o inflingen normas con un valor ético. Actos morales serán por tanto las acciones que el hombre realiza de modo consciente, libre y voluntariamente y que pueden ser calificadas como buenas o malas, justas o injustas, honestas o deshonestas, según el correspondiente código de la comunidad.

Las normas morales son una parte del conjunto de normas que rigen la conducta humana. Las crea y modifica la propia sociedad, y las mismas se cumplen mediante convencimiento interno de las personas. Es la voluntad del individuo lo determinante, sin que exista ningún elemento interno de coacción que nos obligue a su cumplimiento.

La ética responde a la necesidad social de regular las acciones entre los hombres, mediante una determinada forma de comportamiento modificable en función de los cambios de la propia sociedad, motivo por el cual en cada época surgirán códigos morales más o menos diferentes.

RELACIONES ÉTICA-LEY

El profesor Sánchez Vázquez, define la ética como la ciencia que estudia el comportamiento moral de los hombres en sociedad.

La palabra ley en el diccionario esta definida como norma o disposición dictada por la autoridad, para regular las relaciones de los hombres dentro de un Estado. Siendo el Derecho la ciencia que se preocupa del estudio de las leyes y de su aplicación. Los actos que el hombre como individuo social realiza van a ser enjuiciados en función de los principios y valores vigentes en ese momento en la sociedad. Estos principios y valores (la

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bondad, verdad, vida, justicia, igualdad,...) son asumidos por las personas a través de su razón y voluntariamente, y orientan su conducta hacia una determinada forma de comportamiento, existiendo de alguna forma una conciencia moral común que nos permite realizar toda una serie de valoraciones y elecciones a lo largo de nuestra vida, siendo a través de sus actos cuando las personas ponen de manifiesto su propio orden de prioridades. En una sociedad democrática basada en la libertad y autonomía de sus miembros esta serie de principios y valores dominantes en la sociedad se van a plasmar en la Constitución del Estado, configurándoles como derechos fundamentales (d. a la vida, a la libertad, ...) y sobre la base de ellos se promulgan leyes respaldadas por la mayoría.

Las Constituciones asumen una serie de valores que las sociedades correspondientes estiman relevantes, por tanto, no son buenas o malas, todo lo más podrán ser acertadas o erróneas en cuanto a lo que los legisladores hayan plasmado como adecuado a las convicciones comunitarias

Las normas morales o principios éticos les crea la propia sociedad como medio de regular las relaciones entre los individuos, respetando los actos de las personas cuando estos no afecten a otras personas o a intereses colectivos, en cuyo caso y al margen de sus propios criterios, entran en juego las normas legales creadas igualmente por la sociedad, pero que son de obligado cumplimiento y no caben juicios de valor sobre las mismas, aunque se discrepe en el ámbito individual estamos obligados a cumplirlas.

Ética y Derecho evolucionan de forma paralela a la sociedad y su desarrollo va unido al desarrollo de los Derechos Humanos.

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PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA BIOÉTICA

Principio de la Autonomía

La autonomía es una facultad o condición sustantiva de la realidad humana. Todo ser humano debe ser considerado y respetado como un sujeto autónomo responsable de sus propias decisiones.

Una acción es autónoma cuando cumple tres condiciones:

• intencionalidad, acción querida

• conocimiento, comprensión adecuada y completa

• ausencia de control externo (coerción, manipulación, persuasión)

El principio de autonomía implica respetar las decisiones de los individuos, siempre que estas puedan considerarse autónomas, y al mismo tiempo supone que las personas cuya autonomía esta disminuida deben ser objeto de protección.

Principio de Beneficencia

Tiene su origen en la tradición médica y en el criterio del bien del enfermo. Este principio significa hacer el bien o ayudar a los demás en sus necesidades, siempre que voluntariamente lo pidan o lo acepten.

En el ámbito sanitario nos obliga a buscar el bien del paciente, a asegurar su bienestar con toda clase de ayuda posible.

El principio de beneficencia se explicita a su vez en dos reglas:

• El principio de no-maleficencia, que se traduce en que ninguna

actuación puede dañar a los pacientes.

• La obligación de extremar los posibles beneficios y minimizar los

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El principio de beneficencia esta íntimamente ligado al principio de autonomía, por lo tanto la autonomía va a delimitar todo aquello que la persona considera beneficioso.

Principio de justicia

El término justicia ha sido definido por multitud de autores a lo largo de la historia; Ulpiano, jurista romano del S.III, la definió como “la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su propio derecho”.

En el ámbito sanitario la salud se considera un bien tan especial que sólo es éticamente aceptable si redunda en bien de todos, no sólo de la mayoría; la justicia definida en términos de igualdad sería “el adecuado nivel de asistencia para todos”.

Las autoridades sanitarias de un país tienen la obligación de canalizar los limitados recursos con los que cuentan, de modo que produzcan el máximo beneficio sanitario en la comunidad, actuando bajo un criterio de justicia distributiva, basándose en un análisis coste-beneficio.

Ahora bien, el marco de justicia en bioética es el de la universalización de la atención sanitaria como una exigencia básica ya que un bien como la salud no puede dejarse a los vaivenes del mercado en una sociedad justa.

El respeto a estos principios permite, mejor que cualquier otro sistema, dar solución a los problemas propios y específicos de las ciencias de la vida.

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CONSTITUCIÓN Y SALUD

DERECHOS HUMANOS

Corresponden a los seres humanos por el mero hecho de serlo; en las sociedades pluralistas se aceptan unos determinados valores, derechos y actitudes, que se concretan en el respeto a los derechos humanos y que las sociedades están obligadas a potenciar.

Han sido reconocidos y aceptados históricamente, y es a partir de la II Guerra Mundial cuando los países aliados tratan de potenciarlos y asegurar la paz en base a la mayor protección de los derechos del hombre.

La Declaración Universal de Derechos Humanos fue aprobada el 10 de diciembre de 1948. Se basa en la concepción del hombre como portador de derechos derivados de su propia naturaleza humana y no por la concesión gratuita de ningún Estado, reconociendo el valor supremo de la persona a escala universal.

Se establece el principio de unidad de la comunidad humana internacional basado en la libertad, igualdad y fraternidad y no discriminación. Para la salvaguarda de estos derechos, la Declaración enuncia dos principios de suma importancia:

1.- estos derechos y libertades no podrán en ningún caso ser ejercidos sin respetar los derechos y libertades de los demás, la persona estará sujeta a las limitaciones establecidas por la ley.

2.- la presente Declaración no podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al estado, a un grupo o a una persona, para emprender o desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en ella.

Desde el punto de vista formal, la declaración no tiene carácter obligatorio, y no ha sido suficiente para abolir la injusticia social. Son muchos los países en que se siguen violando los derechos humanos, sin embargo se han realizado grandes esfuerzos en contra de la discriminación, el analfabetismo y la salud, quedando todavía mucho camino por recorrer.

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NACIMIENTO Y DESARROLLO DE LOS DERECHOS DE LOS ENFERMOS

El nacimiento de los derechos de los enfermos se enmarca en ese movimiento general a favor de los derechos humanos que comienza a partir de la II Guerra Mundial. A esto hay que añadir la creciente reivindicación de los valores de la individualidad, libertad y autonomía que se produce en la sociedad americana en la década de los 60, frente al cada vez más todopoderoso estado.

En el campo concreto de la sanidad, este proceso general se tradujo en potenciar la autonomía del enfermo frente al paternalismo de la medicina. En este contexto en 1969, la Comisión Conjunta de Acreditación de Hospitales norteamericana permitió a asociaciones de consumidores participar en la revisión de los reglamentos de los hospitales, elaborando en 1970 un documento con veintiséis peticiones, que se considera el primer código de derechos de los enfermos.

En 1973 la Asociación Americana de Hospitales aprobó su carta de Derechos de Paciente, que tuvo una gran repercusión y contiene doce puntos, que no son más que especificaciones del derecho general a la información y al consentimiento, derechos que se fundamentan en el principio ético básico de respeto a la autonomía del individuo.

Por primera vez en un documento importante de ética médica, al médico se le obliga bajo forma de derecho, a incorporar al paciente en el proceso de toma de decisiones y a reconocer su derecho a tomar la decisión final y empieza a tener amplia repercusión internacional.

En España en octubre de 1984 en Instituto Nacional de la Salud, puso en marcha un plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria. Su objetivo básico era la implantación de una carta de Derechos y Deberes de los Pacientes, cuya eficacia en todos estos años ha sido nula. Sin embargo la Sanidad Española toma partido por un modelo autonomista frente al viejo modelo paternalista, a pesar de que en el texto no están recogidos todos los derechos como el derecho a morir con dignidad o el derecho a la asistencia religiosa, o algunos de ellos no estén redactados correctamente.

Posteriormente la Ley general de Sanidad de 1986 incorporar en su articulo 10 el contenido de esta carta de derechos, con alguna

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modificación, por lo que el desarrollo del principio de autonomía adquiere por primera vez una formulación precisa en términos de derechos con un alto valor legal.

DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO

En 1924, durante la 5ª Asamblea de la Sociedad de Naciones Unidas se aprobó la 1ª Declaración de los Derechos del Niño.

Al finalizar la 2ª Guerra Mundial, la ONU aprobó por unanimidad la vigente declaración con la finalidad de que los niños puedan tener una infancia feliz y gozar en su propio bien y en el de la sociedad de los derechos y libertades que en ellas se enuncian.

En dicha declaración, promulgada en 1959, se enuncian una serie de principios pero que en la actualidad los mismos siguen sin ser efectivos, ya que en los países subdesarrollados, millones de niños sobreviven condiciones inhumanas, siendo las ONG`s quienes están llevando a cabo avances importantes en la atención y cuidados de los niños.

Carta Europea de los derechos de niños hospitalizados

En 1986, el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre una carta Europea de los niños hospitalizados, y en ese mismo año, el comité hospitalario de la CEE hace públicas unas recomendaciones sobre la hospitalización infantil; las cuales iban dirigidas tanto al personal sanitario como a padres y a los centros hospitalarios. Este texto se traduce la idea de que los niños cuando han de ser hospitalizados presentan unas características diferentes a las de los adultos, con la finalidad de protegerles ante la situación de internamiento en los centros. La psicología ha permitido conocer las diferentes formas de agresión, tensión y carencias a las que el niño está expuesto cuando está enfermo y alejado de su entorno familiar y natural. Esta situación reclama un aumento d los medios destinados a proteger sus derechos.

Contenido de la Carta Europea del niño hospitalizado

· El primer derecho del niño es el de no ser hospitalizado sin prescripción médica. La causa de hospitalización tiene que ser médica, no social, y siempre que no haya otras posibilidades de tratamiento.

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· Ser acogido con una atención individualizada. Es muy importante el contacto previo de los padres con el cuidador y la institución, a fin de conocer tanto el hábito hospitalario como las costumbres del niño.

· El niño tiene derecho a recibir información, que ha de estar adaptada a su edad, su desarrollo mental, su estado afectivo y psicológico, actuando siempre con tacto y delicadeza en lo que a los sanitarios corresponde.

· Al consentimiento a los cuidados se hace referencia en 5 artículos diferentes de la carta; lo que demuestra la gran preocupación que existe sobre el tema, y se insiste igualmente en la responsabilidad de las direcciones del hospital y del personal cuidador en este problema.

· En lo relativo a las condiciones de su estancia en el hospital:

• derecho a recibir cuidaos por personal especializado

• desde el punto de vista afectivo, el derecho indiscutible del niño del

niño a permanecer con sus padres.

· La organización, mobiliario y decoración de los lugares destinados a los niños deben permitir acciones de ocio, enseñanza de modo que el niño sea respetado, permitiéndole sus juguetes y la visita de sus amigos.

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LEY GENERAL DE SANIDAD

En la Constitución:

o Artículo 43: todos los ciudadanos tienen derecho a la protección de la salud

o Artículo 49

El 15 de Abril de 1986 se promulgó la ley general de sanidad (LGS), cuyo objetivo es crear un sistema de salud para que se cumplan los mandatos de los artículos 43 y 49, y para que al acceso a la atención y prestaciones sanitarias se realice en estado de igualdad.

Esta ley dice que: todos los españoles y extranjeros que se encuentren en el territorio nacional tienen derecho a ser atendidos. Establece los principios básicos de organización del sistema de salud; además contempla como se distribuye el territorio (áreas de salud, zonas de salud, etc.)

Artículo 10 de la LGS. Recoge los derechos:

1 al respeto de su personalidad, dignidad humana e intimidad, sin que pueda ser disminuido por razones de tipo social, sexo, económica, político o cultural (El artículo 14 dice que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley)

2 a la información sobre los servicios sanitarios

3 a la confidencialidad de toda la información relacionada con su estancia en las instituciones públicas y privadas que colaboran en el sistema público

4 a ser advertidos si los procedimientos sanitarios que se apliquen pueden ser usados en un proyecto docente o de investigación

5 a que se le dé información completa y continuada sobre su proceso asistencial

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6 a la libre elección entre las opciones que se le presenten y a su previo consentimiento para la realización de cualquier intervención, excepto cuando suponga un riesgo para su salud, cuando no este capacitado para tomar decisiones (en cuyo caso le corresponderían estas a sus representantes legales) o cuando la urgencia no permita demoras por riesgo de causar lesiones irreversibles o riesgo de fallecimiento.

7 a que se le asigne un médico que será su interlocutor con el equipo asistencial

8 a que se le extienda un certificado acreditativo de su estado de salud (informes de alta)

9 a negarse al tratamiento, en cuyo caso habrá de solicitar el alta voluntaria

10 a participar a través de las instituciones comunitarias en las actividades sanitarias

11 a que quede constancia por escrito de todo su proceso, al finalizar la estancia en la institución sanitaria, el usuario recibirá el informe de alta

12 a utilizar vías de reclamación y de propuesta de sugerencias y recibir respuesta por escrito en los plazos que se establezcan reglamentariamente

13 a elegir el médico y a los demás titulados sanitarios de acuerdos a las condiciones contempladas por la ley

14 a obtener los medicamentos y productos necesarios para la salud

15 a ejercer los derechos 1, 3, 4, 5, 6, 7, 9, y 11 cuando se les preste atención en centros privados

Artículo 11 de la LGS: con respecto a las obligaciones de los usuarios con las instituciones y organismos del sistema sanitario.

1 cumplir con las prestaciones generales de naturaleza sanitaria comunes a toda la población

2 cuidar las instalaciones y colaborar e al mantenimiento de la habitabilidad de las instituciones sanitarias

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3 responsabilizarse del uso adecuado de las prestaciones ofrecidas por el sistema sanitario

4 firmar el documento de alta voluntaria en los casos de falta de aceptación del tratamiento.

CONSENTIMIENTO FIRMADO

Definición: El consentimiento informado es un proceso gradual dentro de la relación entre el paciente y el profesional sanitario, donde el usuario acepta o rechaza los procedimientos diagnósticos y/o terapéuticos, después de haber recibido información en cantidad y calidad suficiente para poder decidir.

Es un derecho y un deber avalado por las leyes y códigos deontológico profesionales y, por tanto, de obligado cumplimiento.

Validez del proceso

Para Que este proceso sea válido, deberá cumplir unas condiciones:

Capacidad: el paciente deberá ser capaz para otorgar su

consentimiento. Si carece de esta cualidad de forma permanente o transitoria, se recurrirá a un familiar o allegado en la siguiente relación; cónyuge o pareja, padres, hijos, hermanos.

Ausencia de coacción: cualquier autorización obtenida mediante

coacción no es válida. Es preciso evitar la posición dominante dentro de la relación clínica cuando se informa y se desea obtener el consentimiento en cualquier procedimiento.

Persuasión: tampoco es válido éticamente el consentimiento

obtenido mediante la persuasión, hay que insistir en la libre decisión del paciente al otorgarlo.

Información en cantidad y calidad suficientes: si la información es

confusa, escasa o por el contrario prolija, con abundantes términos incomprensibles u otros defectos, no cumple su función, y la elección del paciente no cumple su función.

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Quién informa

El médico responsable del paciente preferentemente. También el solicitante de una técnica o proceso diagnóstico. La enfermera en los términos que la competen: si son técnicas realizadas en colaboración, los aspectos relativos a la duración del proceso, colaboración requerida, molestias,...

A quién informa

Al paciente capacitado o al familiar o allegado en la relación preferente citada con anterioridad. Hay que tener presente que es el paciente el principal destinatario de la información, y que puede negarse a que se informe a sus familiares.

De qué informa

La información ofrecida deberá ser suficiente tanto en cantidad como en calidad para poder decidir. Si es una técnica o procedimiento se describe el mismo, los riesgos, los efectos secundarios, alternativas si las hubiere, etc. Es deseable que la información sea personalizada, es decir, adaptada al paciente y a las circunstancias que concurren en esa situación.

Dónde informa

Preferentemente en un lugar adecuado para preservar la intimidad del paciente.

Situaciones en las que no procede la obtención del consentimiento

• Urgencia vital

• “Excepción terapéutica”: en ciertos casos el facultativo considera que

la información proporcionada al paciente podría ser perjudicial para el mismo. Esta circunstancia deberá ser convenientemente justificada.

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• Rechazo explícito de la información: en estos casos debe hacerse

constar por escrito en la historia clínica la negativa del paciente a ser informado.

• Procedimientos especiales: los que ya posean un documento propio

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Definición de Salud Pública

La salud pública es la disciplina encargada de la protección de la salud a nivel poblacional. En este sentido, busca mejorar las condiciones de salud de las comunidades mediante la promoción de estilos de vida saludables, las campañas de concienciación, la educación y la investigación. Para esto, cuenta con la participación de especialistas en medicina, biología, enfermería, sociología, estadística, veterinaria y otras ciencias y áreas.

• El desarrollo de la salud pública depende de los gobiernos, que

elaboran distintos programas de salud para cumplir con los mencionados objetivos. Entre las funciones de la salud pública, se encuentran la prevención epidemio-patológica (con campañas masivas de vacunación gratuita), la protección sanitaria (control del medio ambiente y de la contaminación), la promoción sanitaria (a través de la educación) y la restauración sanitaria (para recuperar la salud).

• Los organismos de la salud pública deben evaluar las necesidades de

salud de la población, investigar el surgimiento de riesgos para la salud y analizar los determinantes de dichos riesgos. De acuerdo a lo detectado, deben establecer las prioridades y desarrollar los programas y planes que permitan responder a las necesidades.

• La salud pública también debe gestionar los recursos para asegurar

que sus servicios llegarán a la mayor cantidad de gente posible. La salud pública no puede ofrecer servicios de avanzada para ciertas personas y descuidar las condiciones de salud del resto, ya que parte de un principio comunitario y no personal. Al depender del Estado, la salud pública no debería hacer distinciones entre los habitantes de una misma región.

• La percepción general acerca de la efectividad de los sistemas de

salud pública varían considerablemente de acuerdo al país. Dos ejemplos de situaciones opuestas se dan en Argentina y Gran Bretaña. Los ciudadanos argentinos ubican la salud pública entre las características más lamentables de su nación. Incluso en épocas de crisis, muchas personas prefieren pagar altísimas sumas de dinero a una obra social antes que poner un pie en un hospital público. A

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simple vista, dadas las tristes condiciones en las que se encuentran dichos edificios y la mala atención que las caracteriza, nadie podría cuestionar dicha actitud. Sin embargo, no son pocos los casos de mala praxis en clínicas privadas, así como de faltas de consideración que ponen en duda la condición humana de algunos de sus profesionales.

• Si bien generalizar nunca es el mejor camino, la salud pública en

Argentina tiene demasiados puntos negativos, siendo el más notable la falta de higiene de muchos hospitales, la cual se aprecia apenas cruzada la puerta de entrada. Resulta comprensible que una persona enferma no tenga intenciones de ser atendida en un centro donde respirar puede provocarle náuseas.

• Del otro lado del mapa, se encuentra el Servicio Nacional de Salud

británico (National Health Service o NHS). En primer lugar, todos los habitantes de Gran Bretaña, tengan o no sus papeles en regla, tienen derecho a dicho sistema sanitario, y el proceso de alta es relativamente sencillo. Contrario al caos propio de la falta de organización, a cada ciudadano se le asigna un médico de cabecera (General Practitioner o GP), que será el primer profesional a contactar. Éste se encarga de evaluar a sus pacientes y, en caso de así necesitarlo, de derivarlos a un especialista. Cabe aclarar que muchas de las cuestiones más comunes, como la prescripción de medicamentos y el diagnóstico de trastornos menores, no requieren de una derivación.

• Los hospitales británicos cuentan con instalaciones, equipos y un

nivel de mantenimiento que en Argentina sólo se ven en una clínica privada. Además, dado que a cada persona le corresponde un centro en particular, las largas esperas para ser atendido son muy raras, sin contar que generalmente el número de asientos disponible es suficiente para el volumen de visitas diarias.

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Salud y ambiente

El término ecosistema, acuñado en el decenio de 1930, puede definirse como un sistema de relaciones dinámicas interdependientes entre los organismos vivos y su ambiente. Es una entidad limitada que ha adquirido mecanismos estables propios y un balance interno que ha evolucionado a través de los siglos. Dentro de un ecosistema estable una especie no elimina a otra porque si no desaparecerían las fuentes de alimento de las especies de depredadores. Los ecosistemas con un buen equilibrio y estabilidad sobrevivirán mejor. No puede existir un ecosistema donde una gran cantidad de materiales y energía se consuman por parte de una especie sin privar a otras y poner eventualmente en peligro la viabilidad de todo el ecosistema. De forma similar, la capacidad del ecosistema para absorber desechos y para recuperar el suelo y el agua dulce no es ilimitada. A determinado grado una carga externa puede limitar la resistencia del ecosistema, lo que puede provocar un cambio drástico en él o su colapso. La ecología moderna del siglo XX (en relación con las teorías contemporáneas de caos, por ejemplo) asume que esa incertidumbre, su complejidad y la capacidad para el cambio debe ser sostenible.

Así como el concepto de homeostasis (la capacidad de los sistemas del cuerpo humano para funcionar en una manera coordinada para asegurar la constancia de sus funciones internas) ahora es comprendido y aceptado de forma general, estos complejos mecanismos de compensación parecen aplicarse al ecosistema de la misma manera.

DEFINICIONES DE SALUD Y AMBIENTE

En la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, la salud se define como “un estado de completo bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o incapacidad” (1948). Esta es la más usual y conocida definición moderna de salud. Los conceptos de enfermedad, incapacidad y muerte tienden a ser mucho más fáciles de identificar para los profesionales de la salud que el concepto de salud. Como resultado, las ciencias de la salud han sido en su mayor parte ciencias de las enfermedades, puesto que han centrando mucho más su atención en el tratamiento de las enfermedades y las lesiones que en mejorar la salud. En algunos idiomas, distintos términos como

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“tratamiento de la enfermedad” y “cuidado de la salud” son de uso común, pero desafortunadamente esta diferencia resulta imprecisa en el idioma inglés.

De manera similar, se han propuesto definiciones inclusivas de ambiente, dentro del marco de la salud. El ambiente fue definido (1995) como “Todo lo que es externo al individuo humano. Puede clasificarse en físico, químico, biológico, social, cultural, etc., cualquier cosa o todo lo que puede influir en la condición de salud de la población’’. Esta definición se basa en la noción de que la salud de una persona está determinada básicamente por dos factores: la genética y el ambiente. Los padres de un individuo aportan los factores genéticos (los genes), constituidos por el ADN en cada célula del cuerpo. Los genes existen desde que el embrión se forma y cambian con poca frecuencia durante el curso de la vida.

Si un gen cambia (como en el caso de una mutación), puede conducir a la muerte de una célula o al cáncer. Algunos estudios sugieren que los genes tienen incorporado un “reloj de autodestrucción”, por lo que el cuerpo puede funcionar de forma adecuada por un tiempo limitado. El límite para la mayoría de los individuos está dentro de los de 70 a 100 años. El material genético es uno de los factores importantes que determinan cómo es afectado el individuo por la expo sición ambiental.

Mientras que todos los individuos tendrían problemas si son sometidos a exposiciones lo suficientemente altas de un peligro ambiental, algunas personas resultan afectadas a exposiciones menores debido a que poseen factores de riesgo, afecciones concomitantes o preexistentes, y otras personas son afectadas a exposiciones aún menores debido a una susceptibilidad heredada. (Vea Factores inher entes en epidemiología ambiental, Jedrychowski y Krzyzanowski, 1995, para análisis adicional.) Las condiciones de vida y de trabajo pobres y la carencia de educación son los impedimentos más importantes para la salud. A través de los años se ha llegado a la conclusión que no se pueden alcanzar logros en la salud si no se hacen cambios sustanciales en las condiciones económicas y sociales. La política de “Salud Para Todos” de la Organización Mundial de la Salud (OMS), establecida en la conferencia de Alma-Atá en la antigua URSS en 1978, está orientada al propósito de ofrecer servicios de salud integrales en estas esferas. La declaración final dispuso que el objetivo de gobiernos, organizaciones internacionales y de la comunidad mundial sería “la obtención por parte de todas las personas del mundo en el año 2000 de un nivel de salud que les permitirá tener una vida social y económicamente

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productiva”. De forma clara pudo verse que esto podría lograrse únicamente mediante un uso pleno y adecuado de los recursos:

“La salud es posible únicamente donde los recursos están disponibles para resolver las necesidades humanas y donde el ambiente de trabajo y de vida esté protegido de las amenazas a la vida, las contaminaciones, los peligros físicos y los patógenos.” (OMS).

La degradación y la contaminación ambiental tienen un impacto enorme en la vida de las personas. Cada año, cientos de millones de personas sufren de enfermedades respiratorias asociadas con la contaminación externa y de interiores del aire. Centenares de millones de personas se exponen a peligros físicos y químicos innecesarios en el lugar de trabajo y el ambiente general. Medio millón mueren como resultado de accidentes de tránsito. Cuatro millones de niños mueren cada año de enfermedades diarreicas, en su mayor parte como resultado de agua o alimentos contaminados. Centenares de millones de personas sufren morbilidad por parásitos intestinales. Dos millones de personas mueren de malaria cada año, mientras 267 millones de personas la padecen en cualquier época. Tres millones de personas mueren cada año de tuberculosis y 20 millones están enfermas de este mal. Cientos de millones sufren desnutrición. Potencialmente, todos estos problemas de salud pueden prevenirse.

La responsabilidad para proteger y promover la salud se extiende a todos los grupos en la sociedad. La responsabilidad de la salud no es sólo de los profesionales que tradicionalmente cuidan de la salud pública (médicos, enfermeros, funcionarios de seguridad sanitaria e ingenieros sanitarios) quienes procuran curar la enfermedad, cuidar a los enfermos, eliminar los patógenos y reducir los daños.

La salud es ahora claramente responsabilidad de proyectistas, arquitectos, profesores, patrones, gerentes industriales y todas las otras personas que influyen sobre el ambiente físico o social.

INTERACCIÓN HUMANA CON EL AMBIENTE

La salud humana finalmente depende de la capacidad de una sociedad para mejorar la interacción entre las actividades humanas y los ambientes físico, químico y biológico. Esto debe hacerse de manera que se salvaguarde y promocione la salud humana, pero sin amenazar la integridad de los sistemas naturales de los cuales depende el ambiente. Los ambientes físico y biológico incluyen todo, desde los ambientes

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inmediatos de trabajo y el hogar hasta el nivel regional y nacional y, desde luego los ambientes globales. Esto incluye mantener un clima estable y la continua disponibilidad de recursos ambientales seguros (suelo, agua potable, aire limpio). Así como también el funcionamiento continuo de los sistemas naturales que reciben los desechos producidos por las sociedades humanas, sin exponer a las personas a patógenos y sustancias tóxicas y sin comprometer el bienestar de futuras generaciones.

El concepto de desarrollo sostenible indica la necesidad de una economía moderna que no dañe el ambiente, de forma tal que no limite las oportunidades de las futuras generaciones. Así, la Comisión Mundial sobre el Ambiente y Desarrollo (WCED) en el informe Nuestro Futuro Común, define el desarrollo sostenible como “El desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades ” (OMS, WCED, 1987). La salud, que involucra el desarrollo pleno del potencial humano, requiere tanto de una economía adecuadamente próspera, como de un ambiente viable y una comunidad sana (Dean y Hancock, 1992).

Toda la actividad económica debería asegurar que el ambiente sea sostenible y que no destruya el capital humano y social ni los recursos de la sociedad. Los beneficios de una actividad económica necesitan ser distribuidos de forma equitativa, tanto dentro como entre las naciones, sociedades y comunidades. Esto conduce al importante concepto de participación como una parte integral de un desarrollo sostenible.

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Salud Ocupacional

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud ocupacional como una actividad multidisciplinaria que promueve y protege la salud de los trabajadores. Esta disciplina busca controlar los accidentes y las enfermedades mediante la reducción de las condiciones de riesgo.

La salud ocupacional no se limita a cuidar las condiciones físicas del trabajador, sino que también se ocupa de la cuestión psicológica. Para los empleadores, la salud ocupacional supone un apoyo al perfeccionamiento del trabajador y al mantenimiento de su capacidad de trabajo. Los problemas más usuales de los que debe ocuparse la salud ocupacional son las fracturas, cortaduras y distensiones por accidentes laborales, los trastornos por movimientos repetitivos, los problemas de la vista o el oído y las enfermedades causadas por la exposición a sustancias antihigiénicas o radioactivas, por ejemplo. También puede encargarse del estrés causado por el trabajo o por las relaciones laborales.

Cabe destacar que la salud ocupacional es un tema de importancia para los gobiernos, que deben garantizar el bienestar de los trabajadores y el cumplimiento de las normas en el ámbito del trabajo. Para eso suele realizar inspecciones periódicas que pretenden determinar las condiciones en las que se desarrollan los distintos tipos de trabajos. Es importante tener en cuenta que la precariedad del empleo incide en la salud ocupacional. Una empresa que tiene a sus trabajadores en negro (es decir, que no cuentan con cobertura médica) y que presenta un espacio físico inadecuado para el trabajo pone en riesgo la salud de la gente.

Programas de salud ocupacional

Para asegurar un buen ambiente laboral, seguro y estable, se desarrollan programas de salud ocupacional, compuestos de una serie de planes que giran en torno a la salud de los empleados.

De acuerdo al tipo de necesidad que atiendan, estos planes pueden ser:planes de higiene (relacionados con la asepsia y la seguridad en torno a las cuestiones higiénicas), planes de seguridad (aseguran la vida de los

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empleados en aspectos relacionados con riesgos o accidentes) y planes de medicina preventiva (acciones que tomará la empresa a fin de mantener a su personal informado en todo aquello que sea necesario a fin de prevenir cualquier tipo de enfermedad). Todas ellas tienen como objetivo prioritario mantener y mejorar la salud de los empleados dentro del ambiente laboral.

Lo fundamental en la salud ocupacional es asegurar un alto grado de bienestar mental, social y físico para los trabajadores y prevenir toda clase de accidentes e imprevistos; asegurando un lugar de trabajo sin elementos nocivos para su salud y otorgando la seguridad del empleo, siempre y cuando el trabajador cumpla con los requisitos que se le han encomendado. A la hora de ingresar en un nuevo empleo, los individuos son sometidos a un exámen médico, a través del cual se establece cuáles son sus condiciones físicas y mentales a la hora de asumir el contrato con dicha compañía. Pasado un tiempo, se repetirá el examen y, si resulta existir alguna anomalía en la salud del individuo que pudiera estar relacionada con el trabajo, la salud ocupacional se encarga de ayudarlo. Algunas de las complicaciones que se encarga de tratar y prevenir la salud ocupacional son:

* torceduras o quebraduras que pueden devenir de la realización de movimientos repetitivos;

* problemas en los oídos a causa de los exacerbados ruidos;

* problemas en la vista provocados por una sustancia o fijación indebida de este sentido;

* Enfermedades en los órganos internos a causa de inhalar o estar en contacto con sustancias nocivas para el organismo;

* enfermedades causadas por una exposición prolongada a la radiación;

* otro tipo de enfermedades o complicaciones por haberse expuesto a diversas sustancias o elementos.

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DESIGUALDADES SOCIALES EN SALUD

Introducción

La investigación científica ha puesto de manifiesto durante las dos últimas décadas el enorme impacto que tienen sobre la salud determinantes sociales como son la renta, la pobreza, el desempleo, la precariedad laboral, la calidad de la vivienda, el barrio de residencia, el nivel educativo, la clase social, el género, entre otros; manifestándose en desigualdades en salud muy diversas (Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud, 2009; Marmot & Wilkinson, 2006; Wilkinson, 1996). Los estudios muestran que la salud difiere mucho y sistemáticamente entre los distintos grupos sociales. Por ejemplo, los individuos con niveles socioeconómicos más altos tienden no solo a tener más esperanza de vida, sino también a tener menos enfermedades crónicas, más años vividos libres de discapacidad y mejor salud autopercibida, en comparación con los individuos con niveles socioeconómicos más bajos.

La consideración más concisa, accesible y conocida de este fenómeno fue articulada por Margarita Whitehead a principios de los años 1990, quien valoró las inequidades en salud como diferencias en la salud que son innecesarias y evitables, además de ser consideradas desleales e injustas. La prueba fundamental para saber si las diferencias en materia de salud son o no injustas depende, en gran parte, de si las personas escogen libremente la situación que produce una mala salud o si está fuera de su control; es decir, el criterio utilizado para definir una situación como injusta es el grado de libertad que se pone en juego. Concretamente, Whitehead explica que la equidad en salud implica que, idealmente, cada persona debería tener una oportunidad justa de lograr su potencial de salud completo y, más pragmáticamente, que nadie debería ser perjudicado de alcanzar este potencial, si puede ser evitado.

A pesar de que el término desigualdad en salud se utiliza de manera común en algunos países para indicar sistemáticas, evitables e importantes

diferencias, existe cierta ambigüedad con relación a este término, ya que a veces es utilizado para transmitir un sentimiento de injusticia, mientras que otras veces se utiliza para referir desigualdad en un sentido puramente matemático. Además, a esto se le añade el problema de la traducción en algunos idiomas, que solo disponen de una palabra para cubrir tanto la

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desigualdad como la inequidad. Para evitar confusiones, los expertos en esta materia utilizan ambos términos, inequidad y desigualdad, como

sinónimos. Paula Braveman (2006) asume la valoración moral negativa del término desigualdad y propone que una desigualdad en salud es un tipo especial de diferencia en salud, o en los factores con mayor influencia sobre la salud, que podrían ser potencialmente moldeados por la política; es decir, es una diferencia en la cual los grupos socialmente desaventajados (tales como pobres, minorías étnicas, mujeres…) sistemáticamente experimentan peor salud o mayores riesgos de salud que los grupos más aventajados.

Concretamente, esta autora resalta tres aspectos básicos en este fenómeno: en primer lugar, que las diferencias se producen entre los grupos más aventajados socialmente (con posiciones más altas en la jerarquía de riqueza, poder y/o prestigio) y todos los demás; en segundo lugar, que las diferencias son sistemáticas y, por último, que pueden ser modificadas por la política.

Los últimos informes dedicados a las desigualdades sociales en salud señalan las desigualdades socioeconómicas y de género en salud como dos de las desigualdades más frecuentes y con peores repercusiones en la sociedad (Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud, 2009;

House of Commons Health Committee, 2009).

Desigualdades socioeconómicas en salud

Niveles bajos en algunos marcadores socioeconómicos como el nivel adquisitivo, la clase social ocupacional o el nivel de estudios de las personas están relacionados con una peor salud, expresada tanto en cifras de mortalidad como en la salud percibida o en los indicadores objetivos de salud. Benach, Daponte, Borrell, Artazcoz y Fernández (2004) resumen en seis los rasgos generales de las desigualdades en salud de especial interés en la literatura, tal y como se explican a continuación:

1. Ubicuidad, en el sentido de que las desigualdades en salud están presentes en prácticamente todos los países donde se han estudiado, expresándose en el territorio, en los municipios y en los barrios según clases sociales, géneros y etnias.

2. Consistencia, ya que la mayoría de estudios encuentran resultados muy similares.

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3. Magnitud, de modo que existe una gran magnitud en las desigualdades no solo cuando se comparan países en distinto grado de desarrollo, sino que, en los países más desarrollados económicamente, los ciudadanos en mejor posición socioeconómica y quienes viven en las áreas más privilegiadas de los distintos barrios o comunidades tienen mucha mejor salud que la población más desfavorecida.

4. Gradualidad, es decir, no existe un dintel a partir del cual empeore la salud, sino que las desigualdades se extienden a lo largo de toda la escala social, empeorando progresivamente la salud de los ciudadanos a medida que se desciende en la escala social, en el nivel de riqueza o en la educación. De este modo, no solo aquellos individuos en situación de pobreza tienen una salud más pobre que aquellos con unas circunstancias más favorables, sino que, además, quienes tienen un nivel socioeconómico más alto disfrutan de mejor salud que aquellos que se encuentran justo por debajo de ellos.

5. Crecimiento, en cuanto que las desigualdades en salud no se reducen, sino que se mantienen o tienden a aumentar, debido a que los indicadores de salud y de mortalidad mejoran más en las clases más privilegiadas.

6. «Adaptabilidad», en el sentido de que los grupos sociales más privilegiados se benefician antes y en mayor proporción de las acciones e intervenciones sociales y sanitarias dirigidas a mejorar la salud, ya sea en el uso de los servicios sanitarios, en la utilización de los servicios preventivos o en la adquisición de estilos de vida que comportan un riesgo para la salud.

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Programa Social

Un programa puede ser un listado de temas, una planificación, el anticipo de algo o un proyecto. Social, por su parte, es el adjetivo que califica a aquello vinculado a la sociedad (la comunidad de personas que mantienen interacciones y comparten una cultura).

Puede decirse que un programa social es una iniciativa destinada a mejorar las condiciones de vida de una población. Se entiende que un programa de este tipo está orientado a la totalidad de la sociedad o, al menos, a un sector importante que tiene ciertas necesidades aún no satisfechas.

La mayoría de los programas sociales son desarrollados por el Estado, que tiene la responsabilidad de atender las necesidades de todas las personas. Un gobierno, de este modo, puede poner en marcha planes que busquen garantizar el acceso a la educación, campañas de prevención para cuidar la salud o iniciativas para combatir la desnutrición infantil.

Debido a la ineficacia del Estado, es frecuente que la sociedad civil impulse sus propios programas sociales a través de organizaciones no gubernamentales y diversos tipos de asociaciones.

Supongamos que las autoridades de una ciudad se proponen reducir la incidencia de las enfermedades de transmisión social en la comunidad. Para minimizar las posibilidades de contagio, impulsan un programa social que consiste en la entrega gratuita de preservativos y en la realización de charlas públicas a través de las cuales diversos especialistas explican a la gente cómo se pueden prevenir esta clase de enfermedades.

Otro ejemplo de programa social aparece cuando una ONG reparte semillas en poblaciones rurales de bajos recursos y dicta cursos gratuitos para enseñar a cultivar alimentos.

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Síndrome

Un síndrome se caracteriza por agrupar diversos síntomas que caracterizan a una determinada enfermedad o bien describe al grupo de fenómenos propios de una situación específica.

A nivel médico, se entiende por síndrome a un cuadro clínico que merece ser examinado por tener un cierto significado. Gracias a sus particularidades, que funcionan como datos semiológicos, posee una cierta identidad, con causas y etiologías particulares.

Como ejemplo, podemos citar al síndrome de Down, un defecto de tipo congénito que se origina por la aparición de una repetición exacta de todo o parte del cromosoma 21 en el organismo. Quienes están afectados por este trastorno, denominado también como trisomía 21, experimentan retraso mental, son propensos a sufrir problemas cardiológicos y presentan rasgos faciales determinados.

El síndrome de Asperger, por su parte, es un trastorno generalizado que repercute en el desarrollo. Los individuos afectados por este síndrome sufren fallas en su inteligencia interpersonal (empatía), por lo que no son capaces de identificar los estados emocionales ajenos.

Asimismo tampoco podemos pasar por alto mencionar el conocido Síndrome de Tourette. Este recibe el nombre del doctor que lo diagnosticó por primera vez en el año 1885, Georges Gilles de la Tourette. En concreto, se establece que aquel es un trastorno de tipo neurológico, de carácter hereditario, que se caracteriza porque quien lo padece cuenta con la emisión de tics y también con una serie de movimientos involuntarios y de tipo repetitivo.

De la misma forma también hallamos el Síndrome de Guillain-Barré. Este afecta a lo que es el sistema nervioso periférico que es atacado por el sistema inmunológico de la persona. Mucho desconocimiento existe acerca de porqué unos individuos sufren este trastorno y no otros. Sin embargo, lo que sí está perfectamente delimitado es que quien lo padece ve disminuir de manera notable su capacidad en cuanto a experimentar sensaciones y

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sufre de debilidad muscular. Ningún tipo de cura es el que se ha descubierto hasta el momento de este trastorno que sí tiene diversos tratamientos para disminuir o ralentizar la enfermedad.

A todos estos tipos de trastornos habría que añadir igualmente el Síndrome de Rett que es de clase neurológica y con base genética. El género femenino es en su mayoría quien se puede ver afectado por aquel que se manifiesta siempre antes de los 4 años y que se traduce en una importante discapacidad por parte de quien lo sufre. En concreto, se manifiesta en retraso mental, pérdida de las distintas capacidades y retraso en la adquisición del lenguaje.

El síndrome de abstinencia, asimismo, se reconoce a partir de síntomas manifestados a raíz de la disminución o suspensión repentina de la ingesta diaria de la sustancia por la cual se experimenta dependencia. Es usual, por ejemplo, en los drogadictos que deciden frenar el consumo.

Por último, podemos destacar al síndrome de Estocolmo, que se produce cuando una persona secuestrada termina por comprender las razones de sus captores y establece un vínculo afectivo con ellos. Recibe su nombre por un hecho sucedido en la capital sueca en 1973; en un robo al banco Kreditbanken, los delincuentes mantienen como rehenes a los empleados durante seis días. Cuando los captores se entregan, las cámaras advierten que una de las víctimas besaba a su captor. Más adelante, en el juicio, los secuestrados defendieron a los delincuentes.

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Síndrome de Down

El denominado síndrome de Down aparece en uno de cada 800 individuos, una estadística que demuestra que se trata de uno de los defectos congénitos genéticos más comunes. Se trata, según los expertos, de una combinación de defectos, con retraso mental, rasgos típicos, inconvenientes cardíacos y otros trastornos para la salud.

Este síndrome se genera a partir del desarrollo de una copia extra del cromosoma 21 o bien de una porción de él. Esta enfermedad debe su nombre a John Langdon Haydon Down, quien describió esta alteración genética en el año 1866. De todas maneras, hay que decir que el primer investigador en advertir que el síndrome era ocasionado por una transformación del cromosoma 21 fue Jérôme Lejeune.

Por lo general, cada sujeto posee 23 pares de cromosomas (es decir, 46 cromosomas en total). El par está formado por un cromosoma que hereda del óvulo de la madre y otro del espermatozoide de su progenitor. Los afectados por síndrome de Down tienen un cromosoma 21 demás, o sea que poseen 47 cromosomas en total. Este trastorno se conoce también como trisomía 21, ya que los individuos tienen tres cromosomas 21 en lugar de dos.

Entre las características principales que definen a una persona que padezca este síndrome podemos exponer que se encuentran un perfil facial de tipo plano, cuello corto y ancho, un paladar de tipo ojival, una notable separación entre el primer y el segundo dedo del pie, pliegues de piel en lo que es el canto interno de los ojos y una notable desviación en lo que es el quinto dedo de la mano.

Hay que exponer además de todo lo citado que existe un amplio número de patologías que se asocian con quienes padecen este citado Síndrome de Down. En concreto, entre las más frecuentes se encuentran las cardiopatías congénitas de diversa índole, trastornos en la visión, alteraciones de tipo gastrointestinal o trastornos en lo que es la audición.

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Los especialistas afirman que los niños con síndrome de Down pueden llevar una vida similar a la de cualquier infante, aunque demoren más en aprender las cosas. En las últimas décadas, la sociedad ha tomado una postura inclusiva respecto a los afectados por este trastorno, y mucha gente con síndrome de Down se ha incorporado incluso al mercado laboral.

Cabe destacar que el síndrome de Down no puede ser curado ni existen formas de prevenirlo.

Es reseñable que a lo largo de la historia muchas han sido las obras artísticas, cinematográficas y literarias, que han abordado este defecto congénito y genético. En el caso del cine, por ejemplo, podemos destacar producciones como Vida y color. En el año 2005 fue cuando Santiago Tabernero estrenó este film que gira entorno a un adolescente que cuenta con una amiga con síndrome de Down que ha sufrido mucho en la vida y de la que aprenderá multitud de cosas.

En el ámbito literario, por su parte, nos encontramos con trabajos tales como La niña que nunca creció de Pearl S. Buck, El mensaje de los

pájaros de Joan Manuel Gisbert, Flores para Algernon de Daniel Keyes o

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Sordera

El concepto de sordera se utiliza para nombrar a la falta o a una limitación de la capacidad de oír. Dicha discapacidad puede ser absoluta (lo que se conoce como cofosis) o sólo parcial (en este caso, se habla de hipoacusia).

Existen diversos motivos que pueden llevar a una persona a desarrollar una sordera. En algunos casos se hereda y está presente desde el nacimiento, mientras que en otros es una condición adquirida a partir de un impacto o golpe, una enfermedad o incluso por estar expuesto, durante un tiempo prolongado, a estímulos auditivos muy fuertes.

Cada persona, por lo tanto, puede sufrir distintos grados de sordera, que se establecen de acuerdo a una evaluación de audiometría. Lo que posibilita este test es determinar si el sujeto tiene problemas al captar la frecuencia o la intensidad del sonido. Los resultados que arroje la audiometría permitirán al experto saber si el individuo sufre una sordera severa, moderada, leve, etc.

Cabe destacar que la pérdida de la capacidad de oír puede producirse por problemas localizados en diferentes partes del sistema auditivo. El daño, de este modo, puede encontrarse en el oído exterior, el oído medio, el oído interno o hasta en el cerebro.

Existen varias clasificaciones de la sordera en función de diversos criterios. Entre las más relevantes se halla la que se acomete en base al momento en el que se adquiere dicha pérdida auditiva. En concreto, según ese elemento nos encontramos con la sordera prelocutiva, que es la que una persona adquiere antes de cumplir tres años, y con la sordera postlocutiva que es la que un individuo experimenta cuando ya ha desarrollado lo que es el lenguaje.

Siguiendo en materia de clasificación podemos establecer que existe una segunda que, en este caso, se determina tomando como punto de partida el grado de intensidad de la citada sordera que sufre una persona. Así, la misma establece la existencia de los siguientes tipos:

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Leve. Supone una pérdida de audición entre los 20 y los 40 dB lo que dificulta la comunicación del individuo en lugares ruidosos pero no impide su desarrollo en materia de lenguaje.

Media. Entre 40 y 70 dB pierde el paciente en esta clase de sordera que hará mucho más difícil la adquisición y desarrollo del lenguaje por lo que se hará necesario el uso de una prótesis y la ayuda de un logopeda.

Severa. La pérdida se sitúa entre los 70 y los 90 dB. En este caso la persona tiene serios problemas en materia de comunicación hablada y necesitará el uso de la lectura labial.

A estas tres clases se uniría también la sordera profunda, que hace vital la utilización de audífonos o el implante coclear, y la cofosis, que es la pérdida total de la audición.

La discapacidad vinculada a la sordera puede tratarse mediante audífonos u otras prótesis auditivas. El audífono consta de un micrófono que transforma la señal acústica y la convierte en una señal eléctrica, y de un auricular que completa el camino inverso (pasa de la señal eléctrica a la señal acústica). Lo que permite este sistema es amplificar selectivamente la señal eléctrica, permitiendo que la persona la escuche.

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Trastorno

En el latín es donde podemos establecer que se encuentra el origen etimológico de trastorno, un término que está conformado por la suma de dos vocablos latinos. Así, es fruto de la unión de trans- que es sinónimo de “al otro lado” y del verbo tornare que puede traducirse como “girar o tornear”.

El término trastorno tiene diferentes usos. Puede hacer referencia a una alteración leve de la salud o a un estado de enajenación mental, por ejemplo. Trastorno es, por otra parte, la acción y efecto de trastornar (invertir el orden regular de algo o perturbar el sentido o la conducta de alguien).

Un trastorno psicológico, por ejemplo, hace referencia a un desequilibrio del estado mental de una persona. Por lo general, quien sufre de este tipo de trastornos acude a un especialista (el psicólogo) para recibir tratamiento (a través de la psicoterapia y otras técnicas).

En el caso de los citados trastornos psicológicos podemos determinar que los mismos se pueden clasificar en dos grandes categorías. Por un lado estarían los trastornos psicóticos, que son aquellos que se caracterizan porque la persona que los padece sufre alucinaciones, una importante alteración afectiva especialmente a nivel de relaciones y también delirios. La esquizofrenia es quizás el trastorno de este tipo más significativo.

Por otro lado, estarían los llamados trastornos neuróticos. Estos se definen porque el paciente condiciona no sólo su pensamiento sino su realidad y sus relaciones sociales. A este punto llega por culpa de determinadas fobias o a la ansiedad, entre otras cuestiones.

El conjunto de afecciones psiquiátricas que modifican el normal desarrollo de las relaciones interpersonales es conocido como trastorno de personalidad. Los psicólogos creen que existen distintos factores genéticos y ambientales que pueden suscitar la aparición de ese trastorno, que altera el patrón complejo de características psicológicas que definen a un individuo.

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El trastorno bipolar es una alteración del estado del ánimo de un sujeto que pasa de la fase de depresiva (periodos de depresión repetitivos) a la fase maníaca (periodo de gran euforia) de forma sucesiva. Se origina por un desequilibrio químico en los neurotransmisores.

Los trastornos alimentarios son aquellas enfermedades que se manifiestan a través de una conducta alimentaria y que suponen el reflejo de otros problemas, como la distorsión de la propia imagen corporal y la adquisición de ciertos valores mediante el cuerpo.

La bulimia y la anorexia, por ejemplo, son dos de los trastornos alimentarios más usuales y que afectan a miles de personas en todo el mundo. La primera se puede definir que es trastorno que tiene toda persona que se da atracones comiendo y que luego, para poder contrarrestar todo lo que ha ingerido y evitar engordar, se provoca el vómito o recurre a la ingesta de laxantes. La anorexia, por su parte, se define por el hecho de que la persona que tiene este trastorno come muy poco, o nada, y además para seguir bajando de peso realizando innumerable ejercicio físico, se provoca también el vómito…

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Trastorno de Personalidad

Un trastorno de personalidad está determinado por un conjunto de afecciones psiquiátricas que alteran el curso normal de las relaciones interpersonales. Aunque su causa no puede ser determinada con exactitud, los especialistas hablan de la existencia de diversos factores genéticos y ambientales que contribuyen a su desarrollo.

La personalidad es un patrón complejo de características psicológicas que definen a un individuo. A partir de su personalidad, una persona da significado a su entorno, construye su propia imagen e interactúa con el medio. Cuando aparece un trastorno de personalidad, el sujeto no puede adaptarse a las diferentes situaciones de la vida cotidiana, ya que su personalidad se vuelve inflexible y funciona de forma distorsionada.

Dos de los principales componentes de la personalidad son el temperamento (que es innato y no se puede modificar pero sí controlar) y el carácter (que se forma con la experiencia). Las fallas en el desarrollo de la persona inciden en el temperamento y en el carácter y pueden derivar en un trastorno de personalidad.

La ansiedad, la depresión, el elevado nivel de estrés y los ataques de pánico pueden ser síntomas de estos trastornos.

Entre los distintos tipos de trastornos de la personalidad aparecen los antisociales, histriónicos, obsesivo-compulsivos, evasivos, narcisistas, esquizoides y paranoicos.

Los especialistas dividen estos trastornos en tres grandes tipos: Grupo A, donde incluyen los desórdenes excéntricos; Grupo B, que abarca los desórdenes dramáticos, emocionales o erráticos; y Grupo C, para los trastornos ansiosos o temerosos.

El tratamiento de los trastornos de personalidad incluye las psicoterapias y el uso de fármacos. El suministro de remedios varía de acuerdo al tipo de trastorno y a la reacción del paciente.

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Timidez

La noción de timidez se adjudica a alguien que suele ser antisociable y poco demostrativo. Se trata de un rasgo de la personalidad que influye en el comportamiento y condiciona las relaciones interpersonales, además de ponerle un límite al desempeño social del individuo.

Analizando el término desde una perspectiva etimológica, podemos decir que procede del concepto latino timidus, que significa temeroso. En el diccionario de la Real Academia Española, se amplía el concepto, expresando que tímida es aquella persona encogida, corta de ánimo y a quien le cuesta muchísimo relacionarse.

Si bien es un término que suele utilizarse cotidianamente es necesario aclarar que existen dos tipos de timidez: la esperable a ciertas edades y situaciones, que no llegan a bloquear al individuo, y la crónica, que impide que la persona se relacione con normalidad. Para superarla, los especialistas recomiendan técnicas de relajación, rechazar las ideas irracionales, concentrarse en los pensamientos no deseados y mostrar una conducta convincente.

Se trata de un sentimiento de impotencia al tener que realizar una determinada acción delante de otra persona, un miedo crónico que procede de una absoluta desconfianza en sí mismo y en los que lo rodean. Se manifiesta como una impresión de inseguridad y vergüenza hacia uno mismo que puede experimentarse frente a un episodio nunca antes atravesado y de alcance social. Esta sensación obstaculiza las conversaciones y los acercamientos en general.

El psicólogo Brian G. Gilmartin ha impulsado hace ya tiempo el concepto de timidez amorosa para describir un tipo específico de timidez crónica severa. Quienes la sufren se incomodan en circunstancias informales que involucran a potenciales compañeros románticos o sexuales.

La timidez, asimismo, está vinculada a los conceptos de introversión y extroversión, propuestos por el reconocido médico Carl Gustav Jung. Este psiquiatra y psicólogo, según se cuenta, consideraba la introversión como

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una actitud basada en la focalización del interés en torno a los procesos internos del sujeto, mientras que la extroversión es la postura contraria. Quienes son tímidos evidencian un predominio de la introversión. Para Jung, la situación ideal es el equilibrio, la flexibilidad para adaptarse al momento y al entorno.

En la timidez se produce un desdoblamiento del individuo: por un lado, el yo observador; por el otro, el yo actor. Este último es el que realiza una acción premeditada, cuyo objetivo es generar una opinión positiva en los que lo escuchan. De este modo el individuo consigue proyectar en los otros el concepto que él mismo tiene de sí mismo de una forma irónica y generalmente amenazante.

Causas y desarrollo del trastorno

La etapa clave en la que aparece la timidez es entre los cinco y los siete años de edad. En ese momento se manifiesta como miedo a uno mismo. Posteriormente, durante la adolescencia, se vuelve un mecanismo sistematizado; esto se debe a que el individuo tiene una mayor consciencia de sí mismo y comienza a actuar en consecuencia para conseguir una imagen favorable entre las personas con las que se relacione. Esta última etapa es primordial para definir el tipo de timidez que tiene la persona; puede ser la normal de un joven que comienza a madurar y a comprender más de su entorno y de su lugar en el mundo, o puede ser una afección crónica que lo lleve a aislarse.

Aquellos padres que no permiten que sus hijos afronten situaciones correspondientes a su edad y los sobreprotegen para evitarles la frustración, el temor o el fracaso, fomentan el desarrollo de la timidez. Del mismo modo, aquellos que los obligan a realizar demostraciones frente a las visitas o que los comparan con sus hermanos, provocándoles vergüenza y frustración. Por último, la falta de comprensión, el sentirse ridículo ante el resto (a causa de burlas o reprimendas que le dañen profundamente) o el no conseguir adaptarse a los cambios propios del paso de la infancia a la adolescencia, también son factores que facilitan el desarrollo de la timidez.

La importancia de los padres

La timidez es un trastorno que, como muchos otros, puede evitarse. Para ello es fundamental que los padres eviten con sus hijos actitudes como:

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• Intolerancia: es indispensable dialogar acerca de lo que a ellos les

daña o les frustra con total apertura;

* Severidad sistemática: es necesario mostrar flexibilidad en las decisiones y aceptar que se comentan errores;

* Constantes prohibiciones: las constantes prohibiciones fomentan la introversión y atentan contra la sensación de libertad;

* Castigos y humillaciones: los retos violentos o agresión física, sobre todo frente a terceros, fomentan el desprecio por ellos mismos; lo mejor es educar desde el respeto y buscar que el niño comprenda la postura del adulto sin sentirse inferior.

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