Reseñas
José MANUEL LUCÍA NÍEGÍAS, Literatura románica en Internet. Los textos. Madrid: Castalia, 2002, 464 pp., ISBN 84-9740-022-4.
entre las que ocupan un primer lugar Intemet, la comunica ción electrónica y el trabajo en redes con colegas, lleva a manejar enormes masas de datos. De acuerdo con Lucía Megías, “Intemet se caracteriza por una capacidad (casi) sin límites de almacenaje y difusión de infom1aciones y por su (casi) completa libertad (que a otros les gusta llamar anarquía) tanto de acceso como de introducción de datos” (p. 13). Efectivamente, es posible acceder a índices, revistas periódicas, publicaciones escaneadas, textos electró nicos por medio de buscadores de fácil manejo para cualquier intere sado. Pero, como observaba ya hace una década Terry Belanger, “without navigational aids, the Internet is not so much an information highway as an ocean of incoherent data” (“The Materiality of a Book”, en Literaty Texts in an Electronic Age, ed. Brett Sutton, Urbana: University of Illinois at Urbana-Champaign, 1994, p. 190).
La superabundancia de información en la red impone, pues, la necesidad de manejar herramientas de búsqueda (como motores, buscadores y metabuscadores) y filtros de contenidos de distinto nivel de especificidad que eviten la penosa tarea de recorrer información basura. En el contexto esbozado, Lucía Megías se propone con este primer volumen de Literatura románica en Internet ofrecer algo más que una guía de direcciones para acceder a textos románícos, aportan do en cada caso información bibliográfica que permita anticipar las
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condiciones y la calidad de los materiales a consultar -aspecto que se ha considerado como principal criterio de selección—, así como co mentar-ios sobre sus posibilidades y carencias. Para un segundo volu men, promete el autor concentrarse en “información sobre las distintas herramientas que pueden encontrarse y consultarse en la red para trabajar, analizar o comprender la literatura románica” (17).
Debido al carácter necesariamente selectivo de la obra, el autor explicita sus criterios que consisten en excluir las páginas personales y los sitios en lo que se presentan materiales específicos para determi nadas asignaturas universitarias, concentrándose en proyectos de ma yor envergadura y aquellos relacionados con centros de investigación.
Uno de los impactos más significativos de la revolución electró nica e informática para quienes se interesan en los estudios textuales
tiene que ver con la edición de textos literarios y el concepto de
“hipertexto". Al respecto observa Lucía Megías que Intemet “ofiece unas posibilidades impensables hace tan sólo unos años: a un tiempo, gracias a un sistema de enlaces o hipervínculos que tampoco tiene que ser muy complicado, podemos consultar los borradores o primeras ver siones autógrafas de un texto, los testimonios (manuscritos o impresos) que han transmitido una obra, la edición que, como hipótesis de trabajo, un científico ofrece, los textos (del mismo autor o de otros) que ilurni nen el texto o parte de él, estudios, análisis léxicos, herramientas para acercamientos lingüísticos como concordancias... y además, la posibili dad de establecer una comunicación directa con el responsable o res ponsables del proyecto de edición gracias al correo electrónico” (p. 15). El autor insiste en estos planteos al final de su Introducción, donde presenta un sugerente modelo hipertextual de edición crítica que saca provecho de los dos rasgos que caracterizan la Intemet: la libertad y la falta de límites. Así será posible, por ejemplo, aunar las transcripciones paleográficas de los diversos testimonios conservados, los facsímiles y el texto crítico, además de contar con distintas herramientas para su estudio (como programas de colación, glosarios, etc.), sin dejar de lado los estudios sobre la obra y su contexto cultural.
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ficos o temáticos. En cada caso se indica el nombre del portal, el de sus responsables, la fecha de creación y de actualización, y un listado de contenidos. Estos parámetros descriptivos se aplican al resto de las secciones. Hay que agregar que, en todos los casos que hemos tenido ocasión de corroborar, se comprueba que la información provista por Lucía Megías es correcta y actualizada.
El siguiente capítulo está dedicado a las “Bases de datos textua les”, que pueden ser estáticas o interactivas. El tercero se ocupa de las “Bibliotecas telemáticas”, en las que “se albergan textos en ediciones digitales (en ocasiones, sin indicaciones bibliográficas) con posibili dades (optativas) de descarga en diferentes formatos [...], con apoyo de facsímiles e iconografía de diversa naturaleza” (p. 83). Por último, el capítulo más extenso reúne referencias a “Textos” románicos, desde los orígenes hasta finales del siglo XV, organizados en nueve catego rías: a) “Textos románicos de los orígenes”, b) “Epica”, c) “Lírica”, d) “Ficción extensa”, e) “Ficción breve”, f) “Literatura alegórica y didác tica”, g) “Literatura religiosa y hagiográfica”, h) “Teatro” e i)
“Historiografía”. El volumen se complementa con útiles índices de autores, de obras y de investigadores y centros de investigación, pre parados por Ronda Vázquez Martí y Aurelio Vargas Díaz.
En el mundo académico contemporáneo, cuando el fantasma de la muerte del libro, en su forma tradicional, parece haberse disipado, un trabajo pionero en el ámbito hispánico como el que presenta Lucía Megías merece la más fervorosa recomendación. Si bien es cierto que, instalada la lógica nueva que acompaña Internet, según la cual la información en la red es inestable, pudiendo desaparecer o modificarse en cualquier momento, un “libro” que sirva de guía para ordenar el “océano de datos incoherentes” está condenado a la obsolescencia, Literatura románica en Internet, obra que requerirá de periódicas ac tualizaciones, viene a llenar un vacío y se constituye en provechosa herramienta de trabajo.
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CONCEPCIÓN COMPANY Y CHANTAL MELIS, Léxico histórico del español
tie México. Régimen, clases funcionales, usos sintácticos, frecuencias y variación gráfica. México, Universidad Nacional Autónoma, 2002 (Instituto de Investigaciones Filológicas, Ediciones del Centro de Lin güística Hispánica. Serie Documentos Lingüísticos de la Nueva Espa ña, 2). xxii + 952 + xciii pp.
Hace poco menos de un decenio celebrábainos desde las pági nas de esta revista la aparición de los Documentos lingüísticos de la Nueva España. Altiplano-Central (México, UNAM, 1994), publicados por Concepción Company con la solvencia y el rigor que son propios de su quehacer cientifico (v. Incipit XIV, 1994, pp. 330-36). Tras releer hoy esas líneas advertimos que no han perdido vigencia las consideraciones con que exponiamos la novedad y la necesidad de aquella rica recopilación documental, nacida a instancias de las reco mendaciones del VIII Congreso de la Asociación de Lingüística y Filologia de América Latina (Tucumán, 1988), y apenas precedida por los Documentos para la historia lingüística de Hispanoamérica. Si glos XVI al XVIII (comp. por Beatriz Fontanella de Weinberg, Ma drid, RAE, 1993). A sabiendas de estar transgrediendo los límites de una reseña, pero a modo de justo paréntesis, no queremos olvidar que a la par de una creciente y variada bibliografia sobre el español de América producida desde entonces, la especialidad ha perdido con la muerte en México de Juan M. Lope Blanch a uno de sus más entusias tas propulsores.
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cano, en particular el rastreo diacrónico de los aspectos fonológicos, morfológicos, sintácticos y léxicos de esta modalidad hispanohablante en su período colonial”. Con estas palabras quedan también anuncia dos los“ límites cronológicos y diatópicos del Léxico, si bien en este sentido debe señalarse que la documentación recogida se circunscribe, como el título de los Documentos lo anticipaba, al Centro-Altiplano mexicano (Ciudad de México y estados de Puebla, Querétaro, Tlaxcala, Guanajuato, Michoacán y Morelos).
El repertorio de Company y Melis consta de 6756 entradas, para las que (como en el ya clásico Léxico hispanoamericana de Peter Boyd-Bowman) no se proporcionan definiciones -no es un dicciona rio- sino aquellos contextos de uso que mejor ilustran cada voz en su significado y entorno sintáctico, dando cuenta a la vez de todas las formas gramaticales documentadas en el corpus. El promedio de los ejemplos seleccionados corresponde al diez por ciento del total de ocurrencias. Las entradas respetan la forma ortográfica actual si la palabra se registra en algtmo de los quince diccionarios que se utilizan como base (Academia, Covarrubias, Autoridades, Corominas, Cuervo, Moliner, de mejicanismos, etc.), criterio sensato que procura ayudar al usuario en una consulta rápida. En los demás casos, paniculannente en el de los indigenismos, la entrada se abstiene de actualizar la forma del documento. No obstante, todas las formas presentes en la fuente, cuyos criterios editoriales de transcripción se mantienen, se incluyen igualmente bajo la entrada, puesto que aparecen en los fiagmentos que sirven de ejemplo, los que a su vez, salvo excepcionales casos de contigüidad semántica, se disponen siguiendo los criterios alfabético y cronológico. Este último puede devenir así guía útil para advertir el movimiento evolutivo de los significados.
La criteriosa selección de los textos enmarcadores, a la vez que atenta a dar cuenta de diferentes construcciones y regímenes sintácticos, se complementa con la indicación de las variantes gráficas registradas, el número de apariciones de cada una de ellas y un guarismo de
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_ Tratándose de un léxico del español de México, las autoras han procurado dejar justa constancia de los lexemas y construcciones que constituyen peculiaridades de la variedad de ese país (rasgos dialectales, fenómenos diacrónicos y “los aspectos culturales que son propios del español de este país y juntos arman el retrato del español colonial mexicano” .
La obvia utilidad de una obra de este alcance y características se incrementa con la inclusión de nueve índices finales, que registran indigenismos, diminutivos, fenómenos de sandhí externo, voces au sentes en los diccionarios consultados, antropónimos, patronímicos y topónimos; el índice final hace constar el año a que corresponde cada documento del corpus, lo que otorga al Léxico independencia de con sulta con respecto a los Documentos dc base.
La incorporación de formas gramaticalizadas bajo entradas se paradas se decidió desde la perspectiva de un hablante de hoy, crite rio sensato para determinar su vitalidad e independencia. La inclu sión separada se guió por los criterios complementarios de forma, función y significado, que se explican y ejemplifican cuidadosamen te en las páginas introductorias (pp. XHI-XIX), de imprescindible lectura para el buen aprovechamiento de la obra, y para conocer el proceso de informatización y recuperación léxica que hizo posible volcar la información de los Documentos en las páginas que comen tamos (pp. XIX-XXI).
A simple titulo de sugerencia, nos permitimos recomendar que en una próxima edición se rescate del injusto olvido a que fue relega
do, y se incluya entre los diccionarios de consulta, el estupendo Amerikanistisches Wórterbuch de Georg Friederici (Hamburg, 1947), repertorio de indigenismos que en más de medio siglo no ha sido reemplazado con ventaja.
La calidad de la impresión del Léxico histórico del español de México condice con su ímproba e inteligente elaboración intelectual. Sólo resta desear que esta empresa sea imitada por los estudiosos del español de las otras regiones americanas, para ir asi completando en su descripción diacrónica el dilatado panorama lingüístico de nuestro continente.
José Luis Moure
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Catálogo de Manuscritos de la Biblioteca Universitaria de Salamanca. II Manuscritos I 680-2777. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2002, 1455 pp.
Tras la aparición en 1997 de la primera parte del catálogo de manuscritos de la biblioteca salmantina (I Manuscritos I -I 679bis), es digno de encomio este nuevo esfuerzo de Oscar Lilao Franca, Carmen Castrillo González y los colaboradores Pablo Andrés Escapa, Arantxa Domingo Malvadí, Arturo Jiménez Moreno, Ignacio Polo Cabezas y José Luis Rodríguez Gómez, que nos permite contar con la segunda parte de esta opera magna.
Los Catalogadores, consuetudinariamente modestos, no acos tumbran dar publicidad a su labor ni suelen presentarla en sociedad como otros libros, pero quienes dedican sus horas y desvelos a la investigación son conscientes de la relevancia de este trabajo para localizar los materiales de estudio, conocerlos en detalle y acceder a ellos con los datos correctos tanto para una consulta en sala como para el encargo de una copia. De aquí el interés de este nuevo tomo, que annoniza la calidad de la biblioteca que releva con la excelencia del trabajo de catalogación.
El primer tomo se había detenido en el ms. l679bis, para dar cuenta del acotado fondo primitivo de la biblioteca universitaria, las donaciones de ilustres doctores de esta casa de estudios como Juan de Segovia (1457) y Alfonso Ortiz (1497), y los volúmenes llegados de las disueltas bibliotecas jesuíticas, el convento dominico de San Esteban y los colegios menores salmantinos. Valga recordar que para estos fondos sólo se contaba hasta entonces con el Catálogo de los libros manuscritos que se conservan en la Biblioteca de la Uni versidad de Salamanca formado y publicado por órden del Señor
Rector de la misma (Salamanca, 1855, 75 págs.), comisionado a
Vicente de la Fuente y Juan Urbina. Este pequeño tomo ofrecía los datos básicos de autor, título, tamaño y número de folios, aunque no signaturas, y obviaba los volúmenes pertenecientes a los Colegios Mayores por el simple hecho de que en esta fecha aún se encontra ban alojados en la Biblioteca del Palacio Real.
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y dmante su permanencia en esta biblioteca “furent, peu a peu, reliés en pasta española et pourvus du grand ex-libris de Ferdinand VII avec, en-dessous, une cote á l’encre noire, du type VII E 3 (le chiffre romain indiquait la salle —la septiéme pour les manuscrits— la lettre
désignait l’armoire et le chiffre arabe la tablette).” (Beaujouan,
Manuscrits scientifiques médiévaux de l'Um'versité de Salamanque et des ses “colegios mayores”, Bordeaux, 1952, p. 4.8). De la sala sépti ma donde fiieron ubicados en primer lugar, los manuscritos pasaron, tras la muerte del Rey, a las nuevas estancias de la Biblioteca con otra signatura alfanumérica, aunque esta vez presidida por un número dos en arábigos para indicar su locación en la segimda sala. Por fin en 1931 recibieron un único número identificatorio, última signatura vá lida hasta que en 1954 el fondo fire restituido a la Universidad de Salamanca por conmemorarse el séptimo centenario de su fundación.
Una primera tabla de correspondencias entre la última referen cia de Palacio y la nueva de la Biblioteca salmantina fue publicada por Fink-Errera (“A propos des bibliothéques d’Espagne. Tables de concordances”, Scriptorium, 13, 1959, 89-118), mas la airada carta de respuesta de su entonces director, César Real de la Riva (“A propos des bibliothéques d’Espagne”, Scriptorium, 14, 1960, 338-339), reve ló que dichas concordancias estaban desde mucho antes en la Biblio teca Universitaria, preparadas por el personal bibliotecario para facili tar el servicio de sus lectores. También sabemos que el equipo de la Biblioteca se había empeñado en la descripción minuciosa de los có dices llegados de Palacio, labor que perdura en fichas bibliográficas que han servido al nuevo equipo, tal como se reconoce enla Introduc ción de este segundo tomo. Sin embargo, ni las tablas de correspon dencias ni los registros internos de la Biblioteca salmantina impidie ron que este episodio del traslado de fondos generase innumerables y repetidas confusiones en las descripciones bibliográficas modernas,
bien por identificar a un manuscrito con alguna de las signaturas antiguas de Palacio, bien por duplicar su presencia en una y otra
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1431), al que a partir de ahora conviene remitirse cuando se trabaje sobre estos fondos.
Para la descripción, se mantienen los criterios adoptados en la primera entrega pero se gana en detalle y precisión, al tiempo que se incluyen algimas correcciones y adiciones al primer volumen (págs. 1445-1455). La signatura topográfica es seguida por la descripción fisi ca y la detallada relación de contenidos (con incipit y explicit en los manuscritos hasta el s. XVI inclusive, o posteriores en caso de atribu ción problemática, y primeros versos de las composiciones poéticas), identificados con pericia y con información bibliográfica complementa ria, en especial de ediciones de manuscritos salmantinos o estudios que a ellos se refieren. Dado el valor de esta información tanto para el personal de la biblioteca como para quienes la consultan, sería de agra decer, ya que los Catalogadores destacan el carácter abierto y enmendable de su obra, el aviso o envío por parte de los investigadores de sus trabajos referidos a este patrimonio de la Biblioteca Universitaria.
En el primer tomo del Catálogo habían quedado por describir los manuscritos griegos, muchos de ellos de famosa estirpe, como los procedentes de la biblioteca de Hernán Núñez de Guzmán, “el Pinciano”. Ya se explicaba entonces que los manuscritos griegos eran objeto de otro proyecto de investigación y, por tanto, de una publicación independiente, mas no se dejaban saltos en la numeración corrida sino que en cada entrada de estas características se remitía a los repertorios de Charles Graux (Notices sommaires des manuscrits grecs d Espagne et Portugal, Paris, 1892), Antonio Tovar (Catalogvs Codicvm Graecorvm Vniversitatis Salmantinae, Salamanca, 1963) y, en casos puntuales, de Kristeller (Catalogus translationum et commentariorum, Washington, 1960-1992). En este segtmdo tomo se respeta el mismo criterio y a la signatura actual del códice griego siguen las signatnras antiguas y las referencias corres pondientes a la obra de Graux, único que los recoge, y de Kristeller.
El índice General y los de Títulos, Copistas, Posesores y usua rios, Incipits, Primeros versos, Códices datados, Códices datables, Pro cedencias, Antiguas signaturas y Tejuelos, así como un buen sistema de referencias internas, son de gran utilidad y aligeran las búsquedas
con eficiencia y precisión. ‘
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nuevo instrumento de consulta y con los valiosos fondos salmantinos, a la espera de una ampliación del catálogo electrónico donde también poda mos contar con esta información, dado que el Catálogo Fondo Histórico (hasta 1830) que puede consultarse en la página de Bibliotecas de la Universidad de Salamanca ya permite acceder a la sección de impresos.
Georgina Olivetto Universidad de Buenos Aires
SECRI T
RUBÉN FLORIO (ed.), Waltharius. Edición revisada, introducción, co mentario y traducción castellana. Madrid-Bellaterra, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Universitat Autónoma de Barcelona, 2002 (Colección Nueva Roma n° 17), 195 pp.
La colección Nueva Roma edita textos vinculados con el mtmdo de Bizancio, la “Nueva Roma”, textos griegos y latinos que revelan el mundo medieval aún hoy bastante desconocido. En este caso, el profe sor Rubén Florio, latinista que ejerce su labor como docente e investiga dor en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca), ha tenido la paciencia de gestar una nueva edición del Waltharius, una epopeya datada entre los siglos 1x y x, que se hace particularmente interesante no sólo por sus ecos históricos sino especialmente por sus reelaboraciones y alusiones de la literatura precedente, sea la latina clásica o la bíblica y cristiana, más influjos de las tradiciones germánicas.
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la inserción de valores cristianos. Es destacable, además del tratamiento de estos aspectos, el estudio de los personajes (pp. 26-34) y el de la estructura intenta del poema (pp. 34 ss.), donde sobresalen las apunta ciones sobre lo iniciático y los motivos, temas y símbolos preponderan tes. El “ansia insaciable de exhaustividad”, que destaca el prologuista en el editor, ha dado lugar a un manejo admirable de bibliografia, que es doblemente meritorio, si tenemos en cuenta las habituales dificulta des que afronta la investigación en nuestro país en este aspecto, y que permitió enriquecer la tarea de comentario del texto. El fruto es una edición muy valiosa para el conocimiento de la obra y para seguir desbrozando ese mundo que aún llamamos 'medieval'.
Además de esta presentación ‘global’ del texto y sus problemas, otra aportación realizada por el editor es el ofrecer una edición bilin güe en la que el texto latino se halla “revisado”, es decir, sigue la editio maior de Strecker en MGH, pero introduce modificaciones: incorpora el prólogo de Geraldo, sigue en ocasiones la puntuación de D'Angelo en vez de la de Strecker o se aparta de ambas. De tal modo, el editor opta por uno de los métodos usuales: no revé los manuscritos para hacer una constitutio textus (aunque describe los dos grupos de la tradición bífida, de cuatro y siete testimonios, incluyendo en uno de estos últimos varios fragmentos), sino que hace un discernimiento crítico a partir de las ediciones existentes. Hay indicaciones de esta tarea en las notas al texto latino, como ser: que asume “resumpsit” frente a “resumit” de D'Angelo (v. 616); “revocare. Memento” (con
minúscula por error), enmienda de D'Angelo, frente a “revocare memento” de Strecker (v. 619); “coepit” en lugar de “cepít” de
D'Angelo (v. 675); “lassus” por “laesus” de D'Angelo (v. 1031). En
cuanto a la supresión del v. 652, ya en Strecker pero evitada por
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En las notas al texto también incorpora el editor las referencias a las “huellas virgilianas” ya señaladas por Strecker pero limitándolas “a contactos muy evidentes, casi de valor centonal” (p. 66). Es muy valio so, para la ponderación de la cultura del autor y de su intento por insertar la obra en una tradición y, asimismo, para ejemplificar la ten dencia al centón en la literatura medieval, el incorporar en las notas al texto las “citas”, ecos y adaptaciones de ouas obras, entre cuyos autores sobresalen en fiecuencia Virgilio, Prudencio, Ermoldo, Ovidio, Aldelmo, Lucano, Juvenco, Sedulio, además de diversos libros de la Biblia y de autores menos difimdidos como Abón de San Germán o Coripo.
Asimismo la versión castellana del texto es el resultado de la aplicación de una teoría de la traducción que F lorio expone claramen te (pp. 65-66): privilegia la intelección, opta por la prosa, no intenta un 'estilo épico’, hace una traducción “libre” salvo en .“aspectos pro pios del mundo medieval, sin correlación en el moderno” (p. 65). La traducción es fiel a estos principios personales y debidamente señala dos. Desde nuestro punto de vista, también personal, disentimos en algimos detalles; por ejemplo, no indicar el objeto de “abandonar” (13 1:15), traducir “de rubro metallo” por “de oro áureo” (131 :27), que parece innecesariamente 'infiel' y tautológico; traducir verbos por verboides (“secedamus eique locum praestemus” v.l l l6 = “apartémo nos, dándole ocasión...”) o viceversa (“vergebat Phoebus [...] signans...” w.1 130-1 = “Febo se inclinaba [...] e ilumina...”, donde se genera un desacuerdo de tiempos inconveniente), o adjetivo por adverbio (“soli” v. 1146 = “solo ellos” en vez de “ellos solos”). A pesar de esto, la versión logra el propósito de ser clara.
Hacemos un pequeño comentario a raíz de la acertada indica ción de Florio sobre el uso de “héroe” con “sentido burlón y sarcásti co” (p. 31) aplicado al rey Guntario, mientras que se le dice “héroe” en sentido positivo a todo otro guerrero. En apoyo de su interpretación de que Guntario ofrece un contraste de las virtudes heroicas y repre senta “un tipo social nuevo, el del gobernante inescmpuloso, domina
do por la avaricia, egoísta, que [...] no vacila en manipular a sus súbditos con tal de lograr objetivos personales”, señalamos que
Niermeyer, en su diccionario de latín medieval p. 487, observa sobre
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seigneur / lord”). Es posible, pues, que aquí el poeta esté jugando con este otro valor de heros, indicando con él al ‘señor, patrón, rey’, que puede tener los rasgos de Guntario arriba indicados y no los de un héroe en sentido estricto.
En el comentario al v. 553, totalmente correcto, se habría refor zado la interpretación de qui / hic = Dios, mediante la cita de algún pasaje del “contexto bíblico” mencionado, pues ciertamente es fre cuente en la Biblia el uso de confundere referido a Dios (por ejemplo en Gén.1l:9, Salmos 55:10, Prov. 22:12, Sab. 1:3, I Corintios 1:27).
Merece también un comentario la nota al verso 1266. Muy escuetamente dice el editor “sopharis] probable traducción de
'sophistice loqui' (Si. 37.23: ‘qui sophistice loquitur odibilis est')”. Ciertamente el verbo sophor no aparece registrado en los diccionarios; sí aparece sophisticare 'engañar' y sophisticari 'desplegar falsa habi lidad’. Florio propone, pues, que el verbo sophor sea una adaptación del giro sophistice loqui, versión latina del griego sophízomai, el cual aparece en varios lugares de la Septuaginta (Eclesiastés, Proverbios, Salmos, 1 Reyes, 3 Reyes, Sabiduría-Sirax). En esos lugares, la ver
sión latina traduce el verbo griego usando frases variadas como “sapientiae dedi operam”, “sollicitus fiJi”, “sapias”, “sapiens efficiar”, “estote sapientes”, “sapientiam praestans”, “prudentiam doceret”, “prudentem fecisti”, “intellexit”, “erat sapientíor”. Pero en Sirax 37:23 traduce sophizómenos como “qui sophistice loquitur”. De este giro habría originado, el autor del Waltharíus, una forma neológica que combina la raíz de ese adverbio con la forma deponente del verbo loquor: sophor. La propuesta de Florio es plausible.
Como lo sugiere el término, el 'estilo' es algo tan personal que no admite más que comentarios subjetivos. En calidad de tales señala mos algunos usos que detuvieron nuestra lectura: “La existencia de un poema [...] contiene la leyenda de Valtario” (p. 20), “haber pasado desapercibido” (p. 27; cf. 36:25), “resabio de acciones” (p. 34; cf. 43:12, 53:16), “se ha venido en llamar” (p. 64), “dejemos a los caba llos paciendo” (p. 169), “aquí y allá” (p. 171).
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80 títulos incluidos en las notas a la introducción y al texto sobre diversas temáticas históricas, literarias, lingüísticas y culturales, que sirven de apoyo y enriquecen la interpretación y el comentario. Quizás hubiera sido más práctico para su mención y para la información del lector incluir, con el mismo sistema de referencias, un apartado “bi bliografía general” en la lista de pp. 67-74. De todos modos, es noto rio y loable el ingente esfuerzo realizado por el editor en este aspecto del manejo e incorporación de los estudios pertinentes.
Dejamos para el final las anotaciones relativas al aspecto formal; dado que se ha añadido una “fe de erratas”, agregamos a esa pequeña lista algún error que podrá ser subsanado en Lma reedición o segtmda impre sión: “su hijos” p.23:2; “considera g la pietas” nota 15; “representa al mundo” p. 31:22; “debiera considerarse al pasaje” 32:10; “lograr algo más g; lo que logra” p. 37:4; en la forma griega de enypnign se deslizó una sigma (n. 48), así como en la de kagaphygóntes se escribió una iota (nota al v. 120); “glucubraciones” (n. 49); “insistir una vez más (en) que...” (57:14); “según a quien” (58:l); “Stad(t)bibliothek” 64:3; “tres partes [...] contiene(n)” 64:9; “tm cuago grupo” 64:33; “Lateingïschas” 67:9; “véa(n)se” 85 nota 36; “Cirno / Cimón” 121 nota 475; “lo que propuso (a) Valtario” 133:2. En la nota 91 de la introducción, la indica ción de la fecha de la obra de Roberts no respeta el método usual en el resto del libro. Hay algunas comas de más (por ejemplo p. 63:22-23; 77:6; 83:n.l1,4; 85:n.34,6; 89:12; 91:5; 105118; 107:n.320,l; l45:l4y 19; 159227; 167:1097,l-2, etc.). Fallas de imprenta son la ausencia de punto final (187:lO) o de línea divisoria (p. 88). Nada de esto —inevitable en
toda publícación— desmerece el trabajo ni el resultado.
Por el contrario, nos es grato poder elogiar la labor y valorar el logro final, que se suma a las otras aportaciones también valiosas de esta colección. Recomendamos esta obra a todos los interesados en el mundo medieval, sea del ámbito latino como del bizantino y de las lenguas vemáculas, dado que su contenido resulta iluminador para el conocimiento de ese período y de los vínculos entre esos ámbitos y, además, su presentación es enriquecedora para quienes acceden al texto.
Pablo A. Cavallero Universidad de Buenos Aires
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ALICIA ESTHER RAMADORI, Literatura sapiencial hispánica del siglo JHII. Bahía Blanca: Universidad Nacional del Sur, 2001. 256 pp., ISBN 987-9281-67-5.La llamada “Literatura sapiencial” o “Literatura de castigos” ha ido ganando terreno en los estudios hispánicos. Es que poco a poco se ha ido advirtiendo que estas colecciones, tenidas por obras de segundo orden y de escaso interés, han sido los tratados sobre los cuales se instruyó a la nobleza y a la clase gobernante. Y hasta podríamos decir que es en ellas donde se puede tener condensado de una forma más pura, sin tanto relato anecdótico ni materia decorativa, el pensamiento político de la realeza castellana. Era necesario, sin embargo, que ar duos trabajos se llevaran a cabo, tal como la requisa de manuscritos en bibliotecas de toda Europa, ediciones solventes o estudios que permitieran conocer el desarrollo de esta corriente. Es por eso que un trabajo como el que aquí lleva a cabo Alicia E. Ramadori necesitaba de esas etapas previas. Porque el propósito del libro que nos presenta no es ya reconstruir un panorama fragmentado y resquebrajado por el paso de los siglos, sino estudiar y advertir las posibilidades artísticas que estas obras contienen. Adelantamos que éste será uno de los lo gros del libro: advertir que las estrategias didácticas y los propósitos moralizadores no están reñidos con el modelaje de las obras como materia artística. En definitiva, se nos propone determinar en qué consiste en la Castilla del siglo XIII esa “estética sapiencial” de la que alguna vez se habló para la literatura escolástica.
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Así entran dentro del estudio Bocados de oro, Libro de los buenos proverbios, Poridat de las pofidades, Secreto de los secretos, Flores de filosofia, Libro de los cien capítulos y Libro de los doze sabios. Esta mos ante obras que han jugado un papel importante en la conformación de la prosa castellana. Pero ——insisto en esto- no las tratará como monumentos arqueológicos, sino que se propondrá estudiar las estrate gias díscursivas en función de la conformación literaria del texto. Y para ello se valdrá del método estilístíco que le servirá para destacar y analizar los valores artísticos de cada una de ellas.
Sentadas las bases del estudio, se comienza con el tratamiento del corpus. En principio se lo contextualiza histórica y culturalmente en el periodo del rey Alfonso X, puesto que, aunque sea dificil la datación de estas obras, dos de ellas, Bocados de oro y Libro de los buenos prover bios, fueron usadas y citadas en la Partida II y en la General Estaria. También estas obras se ubican dentro del caudal de autores clásicos cuya difusión se produjo en el renacimiento cultural de los siglos XII y XIII. Los sabios griegos eran utilizados como figuras simbólicas de la sabiduría para transmitir modelos éticos. Es por eso que dentro de este contexto la principal intención didáctica de esta literatura se centra en la transmisión de la sabiduría. Y ella se produce fundamentalmente dentro de una concepción laica y científica del saber que se advierte en tres aspectos: la adecuación de las figuras ejemplares a modelos laicos, como es el caso de Alejandro Magno, la valoración de la fama terrena y la exaltación de la enseñanza y sabiduría escolares. También se presta atención al contexto literario que fomento el surgimiento de estas obras. Dentro de la literatura del siglo XIII es muy frecuente la presencia del “héroe sabio”, como, por ejemplo, ofrecen el Libro de Apolonio y el Libro de Alexandre. A ello debe sumársele la cuentística que tiene estrechos lazos con la “literatura sapiencial”.
Reseñas 197
corpus a otro y su naturaleza proteica que le permite integrarse en estructuras mayores. Divide a este variado corpus en tres categorías: textos compilatorios (Bocados, Buenos proverbios), textos discursivos (Poridat, Secreto, Flores y Cien capítulos) y mixtos (Doze sabios).
Hasta aquí se desarrolla la presentación del corpus. Los capítu los III, IV y V llevarán adelante el propósito fundamental del libro. El primero de ellos está destinado a estudiar los textos compilatorios. De este grupo, sus dos componentes presentan casos diferentes de textos compilatorios. Bocados se organiza en veinticuatro capítulos que po seen una sucesión cronológica. En ellos, además, se sigue el esquema de las biografías alejandrinas. Estos dos rasgos muestran que la obra no es una mera aglutinación de elementos heterogéneos. Las biogra fias sirven de marco para insertar diversos tipos de sentencias bajo la técnica de la “coordinación”. En Buenos proverbios el elemento aglu tinante no será la biografia sino la leyenda de Alejandro Magno y, dentro de ésta, las cartas. Así, sobre la base de este esquema se inser tan sentencias coordinadas. Dos variantes dentro de un mismo modelo que muestra la flexibilidad del mismo.
El próximo capítulo se ocupa de los dos modelos restantes. Pero ahora, a diferencia del caso anterior, la naturaleza de las obras le lleva a estudiarlas en parejas confrontadas.
Poridat, por ejemplo, posee una naturaleza discursiva que hace que sus sentencias se subordinen al desarrollo del tema o idea central. Mientras que el modelo anterior se regia por el patrón de la coordina
ción, éste lo hará por el de la subordinación. El cotejo de las dos
versiones del Sirr-al-asrár (Secreto y Poridat) permite conocer más a fondo la organización de cada obra. Como en el caso anterior, se pre senta un mismo modelo, pero con variaciones. En el discurso de Secreto los consejos están integrados entre sí y la obra gana de este modo en coherencia interna. Habría que preguntarse si tal vez esto no se deba a la extensa difusión que tuvo esta versión en círculos eruditos.
El cotejo de Flores y Cien capítulos vuelve a demostrar no sólo la dependencia entre ambas obras, que la crítica ya había señalado, sino que la segunda es una ampliación de la primera. Y deja en claro que dicha ampliación está dictada por un deseo de difundir nuevos contenidos ideológicos que se plasman en Cien capítulos.
198 Incípit, XXIII (2003)
que se integran al discurso. Pero habría que pensar si no es ella misma un texto dual y, por tanto, contrastivo. De todas fomias, Ramadori señala que la mayor novedad de esta obra es la de agregar un epílogo que con el prólogo constituye un marco para el texto.
Se llega finalmente al corazón del estudio (capítulo V): aquél que llevará a cabo un análisis estilístico de esta literatura. Es aquí donde se realiza un pormenorizado estudio de los elementos estructu rales de las sentencias que permite conocer su constitución: la coordi nación, las estructuras binarias y ternarias, el paralelismo, la parano masia, las metáforas y las expresiones binarias, etc. El análisis no se detiene en una mera observación de técnicas sino que sirve para ob servar, en especial en el caso de las metáforas y las similitudes, cómo se proyecta toda la cultura de la Edad Media en esas imágenes. El capítulo deja en claro que las sentencias son fruto de un “núlieu” cultural y literario del cual se hacen eco.
Finaliza la autora expresando el deseo de que su obra ayude a considerar como tm género particular a las colecciones sapienciales en el contexto de la literatura didáctica medieval. Y, personalmente, creo que su libro ayuda a apreciar esta faceta de las colecciones de senten cias hasta el momento no percibida. Creo que ya se había llegado a 1m punto de los estudios sobre este tema en el cual era necesario percibir el costado artístico de estas colecciones. Pero no como obras literarias hedonistas, sino una estética subordinada a las estrategias didácticas. Se trata de un género que une didactismo y expresión artística, un maridaje que vamos a encontrar frecuentemente en los siglos siguientes.
Hugo O. Bizzarri Université de Fribourg (Suiza)
MANUEL AMBROSIO SÁNCHEZ SÁNCHEZ. La primitiva predicación hispá
nica medieval. Tres estudios. Salamanca: Publicaciones del Seminario de Estudios Medievales y Renacentistas (SEMYR), 2000, 233 pp., ISBN 84-92035-5-0.
Reseñas 199
que se desarrollará a partir del siglo XIII. Los tres estudios coinciden en el intento por deslindar la modalidad oratoria homilética del ser món universitario, prevaleciendo el tratamiento de cuestiones afines basadas en el carácter, uso y recepción de los textos homiléticos.
200 I ncípit, XXIII (2003)
traducidas del latín como un testimonio más de un procedimiento homilético bastante difundido en el espacio y en el tiempo del Occiden te cristiano. El minucioso análisis para arribar a estas conclusiones extiende las usuales indagaciones lingüísticas a iluminadoras preguntas sobre su propósito y la entidad de sus destinatarios.
En el segimdo estudio, “De homiliarios medievales: el ms. 49 del Archivo de la Catedral de Pamplona” (pp. 39-162), Sánchez Sánchez también delimita inicialmente el ámbito de su interés, más ligado a los estudios de contenido y la determinación de fuentes que a las cuestio nes lingüísticas. El códice en cuestión es el n° 49 del Archivo de la Catedral de Pamplona; paleográficamente puede fecharse en el siglo XV, aunque en el códice se reúnen dos bloques de piezas diversos. Luego de inventariar las piezas, estableciendo de esta forma el marco necesario para consideraciones futuras, da cuenta de la peculiar orga nización de estas 158 homilías: la sucesión de homilías escritas en latín está interrumpida por un conjunto de homilías en dialecto nava rro. Ambas series latinas tienen entidad propia, pues ofiecen un mues trario coherente y completo de los tres tipos de textos que debe reunir todo horniliario o serrnonario. No ocurre lo mismo con la serie roman ce, de carácter más precario. Obviamente no hay correlato entre las homilías latinas y las romances, lo que revela que no existe un propó sito definido —por parte del compilador- de interconectarlas. Ante la problemática organización de piezas del códice 49 de Pamplona, Sánchez Sánchez encuentra la respuesta en el estudio de las fuentes, determinando la filiación de la rnacroserie latina en su cotejo con las Flores evangeliorum in circulo anni. Más confusa resulta la determi nación de filiación de las homilías que integran la serie romance,
aunque postula sin lugar a dudas que se trata de la traducción al
Reseñas 201
do y siguiendo un modelo exegético que se remonta a los Padres de la Iglesia. El sermón escolástico se cent1'a en el análisis de un thema, elegido y desarrollado de acuerdo con una compleja casuística. La homilía, en cambio, no sigue una preceptiva escrita, sino la realidadde un uso que se va adquiriendo con los siglos. En virtud de su
utilización, los horniliarios (colecciones o recopilaciones de homilías entre los siglos VH-XH) pueden dividirse en dos grandes grupos: patrísticos, utilizados en el oficio litúrgico, y carolingios, por lo gene ral concebidos para el uso pastoral o la lectura personal. Luego de un necesario deslinde teórico y situacional, analiza el contenido de las homilías de Pamplona y distingue en ellas una perspectiva claramente ascética, con exhortaciones a cultivar la humildad y la misericordia, la caridad, la hospitalidad o la limosna, e insistencias en el apartarniento del mundo. La inadaptación de estos textos a los intereses de un auditorio seglar hace suponer a Sánchez Sánchez un auditorio monás tico para estas homilías en particular. Su afán por situar el conjunto de las homilías del códice pamplonés en su marco genérico se completa con una serie de Apéndices donde se cotejan versiones y posibles traducciones. La postulación de que cualquier valoración de las homilías debiera hacerse atendiendo al contexto en el que surgieron echa en tierra los juicios anacrónicos, los criterios equivocados y el énfasis en cuestiones de autoría frente al obvio carácter impersonal y patrimonial de los textos de la predicación medieval, a la vez que subraya la necesidad de revisar las tesis establecidas sobre estas colecciones.
202 Incipit, xxm (2003)
- identificado. El cotejo se lleva a cabo inventariando las piezas del ms. Aem. 60 y remitiendo al ms. de Silos, señalando los casos en que ambos testimonios se separan en algo más que en lecturas puntuales y añadiendo ilusu-ativos comentarios sobre el contenido de estas piezas. Después de estudiar el sentido y el posible uso de los textos en estos códices, Sánchez Sánchez analiza de qué manera las glosas y las anotaciones pueden condicionar o modificar su carácter. El códice Aem. 60 y el Add. 30853 coinciden en presentar algtmos de los textos latinos que contienen acompañados de glosas, es decir, formas léxicas equivalentes pero de comprensión más sencilla. Prácticamente todos los estudiosos concuerdan en que dichas glosas sirven para facilitar la comprensión del texto. En un contexto donde glosar constituye una práctica extendida, lo que singulariza a estos dos códíces es la presen cia de un buen número de glosas en lengua romance, y e_n el caso del emilianense, además, de dos en vascuence. Por otro lado, el códice de San Millán se destaca del códice de Silos y del resto, por la compleji dad y variedad de las anotaciones. Para Sánchez Sánchez las glosas emilianenscs, con la altemancia del romance primitivo y del latín, pueden verse como un precedente de la traducción a las lenguas vul gares de diversas Compilaciones homiléticas, del tipo de las de Organya. Finalmente, Sánchez Sánchez ofrece una completa bibliografia sobre el tema de la predicación hispánica medieval y un práctico índice onomástico. En su conjunto, los trabajos reunidos en este volu men constituyen un valioso aporte al estudio sistemático de la historia de la predicación, que profumdiza lo desarrollado hasta hoy.
Carina Zubillaga Universidad de Buenos Aires
SECRI T
SANTIAGO LÓPEZ-RÍOS. Salvajes y razas monstruosas en la Literatura Castellana Medieval. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1999, 258 pp., ISBN 84-7392-431-2.
Reseñas 203
doctoral defendida por Santiago López-Ríos en la Universidad
Complutense de Madrid y que fuera merecedora del Premio Extraor dinario de Doctorado en el Curso 1996-97. La misma, posteriormente revisada, ampliada en algunos aspectos y actualizada en la bibliogra fia, conforma el volumen que hoy nos ocupa.
El trabajo de López-Ríos se estructura básicamente sobre tres ejes metodológicos, entrelazados idénticamente para la confección de cada uno de los capítulos que componen su libro: l) el rescate de citas literarias pertenecientes a textos hispánicos que incluyen menciones al hombre salvaje, en algunos casos emitidas u olvidadas por parte de quienes lo antecedieron en el estudio del tema; 2) la enmienda de opiniones confusas o poco convincentes acerca de la definición de “hombre salvaje” y las discusiones surgidas al respecto; 3) los aportes novedosos a los que llega luego de su investigación, que en algunos casos incluyen ideas para desarrollar en trabajos futuros.
En primer lugar, parte de la hipótesis de que en la Edad Media
hispánica no existía un concepto claro acerca de la definición y
características de los “hombres salvajes”. Esta situación generó pro blemas en los estudios literarios, que en muchos casos no hicieron más que aumentar la confusión, ejemplificando con casos incorrec tos o creando nuevos “tipos” de salvajes, más ligados a la mentali dad moderna que a la medieval que los había generado. Asimismo, López-Ríos busca distinguirse de estudios anteriores, frecuentemen
te dedicados al estudio de conjunto del tema (lo cual en muchos
casos redunda en generalidades) o a la investigación del asunto en
forma diacrónica, que si bien puede resultar útil para un primer
acercamiento a la cuestión, resulta insuficiente a la hora de contar con datos exhaustivos sobre un período histórico determinado como
es la Edad Media. Deja claro también su voluntad de trazar una
mirada propia sobre el tema, que frecuentemente lo distancia de los estudios más renombrados, incluidos aquellos que analizan al hom
bre salvaje y las razas monstruosas desde la perspectiva de la
“alteridad” —tan en boga en los últimos años—, o desde una mirada antropológica.
Con el objeto de llevar a cabo su investigación, López-Ríos desarrolla los siguientes contenidos a lo largo de su trabajo:
204 lncípit, xxm (2003)
dición oral en la Edad Media hispánica; Serranas y mujer salvaje; el ' Caballero Salvaje): pp. 15-100;
Capítulo II: Razas monstruosas en la Antigüedad y en la Edad Media (Panorama general —enciclopedias-; Leyenda de Alejandro y Conclusiones): pp. 101-146;
Capítulo III: Descripciones de pueblos peludas en la tradición de razas monstruosas (‘Joromandas’ y ‘homines agrestes’ peludos; Los ‘Pilosi’ de la Biblia; Los gorilas del Viaje de Hannón; El motivo del hombre salvaje en la leyenda de Alejandro; Los hombres salvajes en El Victoríal): pp. 147-179.
El estudio se cierra con las Conclusiones (l 81-188), un Apéndi ce Documental (189-228) que incluye transcripciones de las obras mencionadas (fundamentalmente en latín y en castellano) y una Bi
bliografia de más de 500 entradas.
Cada capítulo del libro se destaca por estar ampliamente docu mentado con citas, transcripción y comentario de pasajes de textos que ilustran la temática a analizar en cada caso. Es por ello que el presente estudio va conformando una suerte de “manual temático” en el cual las abundantes referencias bibliográficas dan cuenta no sólo de las lecturas eruditas del autor (y por lo tanto del estado de la cuestión en todos los órdenes), sino de la exhaustividad con que se ha abordado cada punto. Al respecto, hubiera resultado de suma utilidad la inclu sión de un índice analítico para facilitar el rastreo del caudal de infor mación. También resulta poco explicable la decisión (¿económica?, ¿editorial?) de quitar el apéndice documental iconográfico que origi nariamente formaba parte de la tesis doctoral. Debido a ello, las nu merosas referencias dadas por el autor acerca de la resolución visual para un fenómeno tan vasto (en manuscritos iluminados, arquitectura, tapices, heráldica) no pueden ser confrontadas con las imágenes co rrespondientes en un tema en el que el arte parece haber cumplido un papel importantísimo, según afirma el mismo López-Ríos: “no esta mos sólo ante una tradición literaria, sino también artística” (p. 186).
Reseñas 205
bre salvaje” y el dedicado a las “razas monstruosas”. Seguramente este desparejo desarrollo se deba a que la base del mismo es la tesis doctoral titulada inicialmente El motivo del hombre salvaje en la tradición caste llana medieval de las razas monstruosas. Esta situación se advierte en el uso de la bibliografia, por ejemplo, en el caso del clásico libro de Kappler (Monstruos, demonios y maravillas a fines de la Edad Media, Madrid: Akal, 1980), que si bien aparece mencionado en el apartado bibliográfico final, lo encontramos citado sólo una vez (p. 42, n. 105), cuando se trata de un texto que ya desde su título anuncia la relación estrecha con el tema de las razas monstruosas, a las que clasifica en una rigurosa taxonomía. También observamos la ausencia de Vladimir Acosta, quien en el capítulo “El imaginario antropológico medieval”, (pp. 125-290 de La humanidad prodigiosa, Caracas: Monte Avila Edi tores, 1996) dedica alrededor de 160 páginas al tema del hombre salva je. Entendemos que tal vez la línea crítica de este último, ligada a lo antropológico cultural, se diferencie de la filológica llevada adelante por López-Ríos, pero tratándose el presente de un estudio exhaustivo sobre el tema del salvaje y las razas monstruosas, hubiera sido conve niente no eludirlo en la bibliografia general.205 Incipit, XXIII (2003)
Alexandre o del encuentro con el hombre peludo inserto en la IV Parte "de la General Estaria.
En cuanto a los aportes más significativos dentro del libro, resultan de especial interés el análisis del episodio de las serranas en el Libro de Buen Amor, así como también la dilucidación del signifi cado del “caballero salvaje”, tipo juglaresco afin a los gladiadores que se ganaba la vida ofreciendo espectáculos en los que luchaba con otros a los que había retado previamente.
Estamos, definitivamente, en presencia de un trabajo laborioso y útil que ilumina un tema caro al arte y la literatura de la Edad Media castellana. Luego de cerrar el libro, se siente la gratitud habitual hacia ese tipo de trabajos que, tras haber disfrutado de su lectura, nos brin dan la alegría de haber aprendido placenteramente cosas nuevas.
María Mercedes Rodríguez Temperley SECRIT- CONICET Universidad Nacional de La Plata
FELIPE B. PEDRAZA JIMENEZ, RAFAEL CAÑAL v GEMA GÓMEZ RUBIO (edi
tores), «La Celestina». V Centenario (1499-1999). Actas del Congre so Internacional. Cuenca: Colección Corral de Comedias, 1, Edicio nes de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2001, 596 pp. ISBN 84 8427-133-1.
Celebrado en 1999 en Salamanca, Talavera de la Reina, Toledo y La Puebla de Montalbán, con ocasión del V Centenario de la prime ra edición, el Congreso Intemacional de La Celestina reunió a muchos de los más destacados investigadores de esta materia. El grueso volu men comienza con doce ponencias de especialistas y continúa con 31 comunicaciones, divididas en cuatro ejes temáticos: «Cuestiones tex tuales»; «Estructura, sentido y género»; «Ecos literarios y artísticos» y «Entomo histórico-social».
Rgseñas 207
relaciones sociales, la violencia, en una ciudad que, aunque no sea nombrada explícitamente, constituye el prototípico contexto urbano castellano del albor de la modernidad. Varias comunicaciones abordan la cuestión del contexto social. Se destacan las de Inés Valverde Azula («Testimonios documentales del autor de Celestina en Talavera de la Reina»), Juan Ramón Palencia Herrejón («Criados y prostitutas en
Toledo en torno al 1500») y Miriam Pacheco López («Procesos
inquisitoriales en Talavera de la Reina contra la hechicería: sus para lelismos con La Celestina»).
Dos ponencias versan sobre el problema de la identidad de Fernando de Rojas y la autoría de La Celestina. En la primera, «Iden tidad de Fernando de Rojas», Nicasio Salvador Miguel, tomando como punto de partida dos procesos (el de 1584 y el de 1616) en calidad de fuentes biográficas, discute las tesis de Gilman y hace un recorrido por los datos disponibles referidos al nacimiento de Rojas en la Puebla de Montalbán, a su condición social, sus estudios y su profesión de jurista, a su función de alcalde en Talavera de la Reina y a su testa mento. Estos datos serían suficientes para contextualizar la redacción de La Celestina, siendo ésta con toda probabilidad la única obra que escribió Fernando de Rojas, quien factiblemente no haya continuado
su actividad literaria. ,
En segundo lugar, Miguel, Angel Pérez Priego estudia en «Mena y Cota: los otros autores de «La Celestina»», las posibilidades de autoría de estos dos escritores. La T ragicomedia (no así la Comedia) menciona, tanto en la carta del autor como en las coplas acrósticas, a Juan de Mena y a Rodrigo Cota como posibles autores de la primera obra (primer Auto). Pérez Priego analiza con detenimiento ambos casos. Si bien la atribución a Juan de Mena es poco verosímil por su lejanía en el tiempo (Mena ha muerto ya en 1456), su obra ha influido mucho en La Celestina y es posible rastrear sus préstamos: desde versos enteros y formas del tratamiento del mito, hasta el concepto del amor y de la «mudable fortuna». Mena es el gran referente literario castellano de la época y La Celestina está elaborada con abundantes materiales literarios (tiende a «literaturizar» episodios o conceptos como, por ejemplo, la descripción de la actividad de la hechicera), por lo que este autor es citado como autoridad con la cual se quiere
208 Incípit, xxm (2003)
do, si no es por algunos interesados en darle fama (toledanos de en tonces como Alonso de Villegas, o bien editores modernos como Fran cisco Cormellas). Y, justamente, se lo conoce más después de la falsa atribución de La Celestina a su pluma.
Cuatro trabajos están dedicados a problemas ecdóticos. La po nencia de Patrizia Botta, «La última década de labor ecdótica sobre La Celestina», trata del complicado caso de tradición textual de la obra, debido a la cantidad de testimonios conservados; a la cantidad de variantes semánticas, lingüísticas y gráficas de distinta naturaleza; a las múltiples redacciones de la obra, y a los retoques de mano edito rial, desde un renglón hasta un Auto entero. Botta polerniza con la predilección modema por la edición de Valencia 1514 (en lugar de Zaragoza 1507, que sería más fiable), lo que prueba que La Celestina se ha venido editando más por tradición editorial que por experiencia directa y material de las ediciones antiguas. Asimismo, cuestiona en muchos puntos la edición crítica de Russell de 1991. El trabajo da noticia de las ediciones facsímiles de los últimos años y menciona de manera especial el Manuscrito de Palacio (ms. H 1520 de la Bibliote ca de Palacio, que contiene un fragmento del Auto I de la obra), «verdadera vedette del medíevalismo de este fin de siglo» (p. 107), en tomo al cual la crítica de la última década ha sentado el debate.
fiieseñas 209
de la Iglesia («La portada de las ediciones de la Comedia y el Manus crito 1520 de Palacio: evolución textual de La Celestina»).
Otras ponencias analizan cuestiones de sentido e intencionalidad en La Celestina. En la ponencia «Llantos y .‘Llanto’ en La Celestina», Emilio de Miguel Martínez analiza los lamentos hechos ante los per sonajes muertos, especialmente el llanto de Pleberio al final de la obra. Después de recorrer el llanto «interesado» de Celestina, el llanto «omitido» de Calisto, el llanto «plañidero» de las muchachas y los criados y el llanto «doble» de Melibea (por su amado y por si misma), en los que el autor de La Celestina utiliza las reacciones ante los muertos para caracterizar a los vivos, se analiza el llanto de Pleberio como el más individual y el más sincero de todos. Con quejas que rozan lo herético y una exposición abierta de vivencias y dudas, el llanto muestra a un padre, quebrado por el dolor, que es «uno de los personajes más creíbles de la literatura dramática española» (p. 188). A la luz de este pasaje final se debe releer la totalidad de la obra, ya que a través del soliloquio de Pleberio se asoman al escenario las ideas de Rojas mismo como autor.
Eukene Lacarra, en su ponencia «Enfennedad y concupiscen cia: los amores de Calisto y Melibea», se pregunta si existe una verda dera reprobatio amorís o si, más bien, las proclamaciones prelimina res de la obra han servido simplemente de reclamo para que editores y correctores aseguraran su éxito comercial. Mediante un examen de los paratextos y una pesquisa de los conceptos de enfermedad y concupis cencia vigentes en el siglo XV, Lacarra analiza el desarrollo de la relación amorosa de los personajes. Así, mientras el rasgo principal de Calisto es la falta de moderación (templanza) en todos los aspectos, el conflicto de Melibea parece ser el de la intolerancia que la sociedad muestra ante la sexualidad femenina. Demostrando la coincidencia de los conceptos de enfermedad, amor y concupiscencia, se concluye que, efectivamente, la obra responde a sus intenciones iniciales de reprobar el amor mundano.
210 Incípit, XXIII (2003)
(usadas irónicamente por los personajes). Por otro lado, el juego con ‘tradictorio del lenguaje que devela la falsedad de Celestina y los sir vientes. En este caso, mientras el empleo de «sentencias filosofales» manifiesta la intención capciosa de Celestina, el refranero, sin embar go, demuestra la verdad de su pensamiento. La acción misma de los personajes entraña una enseñanza implícita. Así, Calisto, que comien za su trayecto como personaje cortés, termina tomando el «camino anticortés» del recurso a una alcahueta, ante la cual llega a postrarse: es la parodia del amante cortés en una escena altamente didáctica.
El estudio de la retórica en la obra ocupa un lugar importante en las Actas. «‘Fablar segtmt la arte’ en La Celestina» es el principal estudio dedicado a esta problemática. En esta ponencia Carmen Parri lla expone la fundamental influencia de la retórica y la dialéctica en el discurso celestinesco, indagando de qué manera «la tectónica dialo gante de la obra de Rojas puede derivar del arte sermocinal que es la Dialéctica, algunos de cuyos términos pueden rastrearse en el lenguaje de la T ragicomedia» (p. 234), hasta el punto de que los procedimien tos de ridiculizacíón de un personaje como Calisto se llevan a cabo mediante «recetas dialécticas» extraídas de las Refutaciones sofistícas y otros textos del Organon aristotélico, de gran difusión universitaria. La Celestina, como lo ha proclamado su mismo autor, es una obra de contienda y lucha en todos sus aspectos, que dispone su discurso «segimt la arte», mediante un mecanismo retórico-dialéctico.
Reseñas 21 1
Por último, la ponencia de Joseph Snow, «Los estudios
celestinescos: 1999-2099», pondera las futuras proyecciones artís ticas y críticas en torno a La Celestina. Snow examina tres etapas de recepción. La primera, de 1499 hasta 1822 (vísperas de su pri mera publicación en España desde 1633), está caracterizada por las traducciones, adaptaciones y continuaciones de la obra, por su pe riodo de «best-seller» en el siglo XVI y principios del XVH, que la convierte en un verdadero clásico. La segunda etapa comienza con
la reimpresión de la obra en 1822, a la que siguen la elogiosa reseña de José María Blanco White y la aceptación de Moratín,
que le dan un verdadero impulso para una nueva «vida editorial». La Celestina es así elevada al panteón de las primeras obras. Una tercera etapa se inicia con la primera edición moderna «crítica» de La Celestina, la de Eugenio Krapf (Vigo, 1899-1900), con estudio preliminar de Menéndez y Pelayo. Snow hace un recorrido com pleto por todas las manifestaciones artísticas surgidas de La Celes tina, y también por los acercamientos críticos a la obra, durante el siglo XX: estudios académicos, representaciones (incluidas las ci
nematográficas), ópera y ballet, plástica, traducciones a más de
diez idiomas. No se dejan de mencionar las entradas de diccionario —»celestina», «celestinazgo»-, las páginas web, y la creación de
una revista académica enteramente dedicada a la materia,
Celestinesca. En cuanto a la proyección futura, se señalan varias «puertas de acceso» a la obra, para una cuarta etapa de recepción. Snow insiste en la discutida cuestión de 1a autoría: se suele admitir con demasiada facilidad a Rojas como autor, a pesar de un curioso silencio en torno a él en la primera época de difusión de la obra. También advierte la necesidad de una revisión crítica del retrato de Rojas hecho por Gílman (1978), de un profundo estudio de la rela
ción de Rojas con humanistas como Alonso de Proaza y con el humanismo en general, tanto italiano como español. En conclu
sión, es obligación de la futura crítica continuar indagando en las profundidades humanas de la obra: «En Celestina penetramos en un mundo menos que noble, cuyas intenciones y verdades sobre la capacidad de mal que reside en cada ser humano, nos pueden ins pirar, simultáneamente, admiración y horror» (p. 130).
212 Incipit, XXIII (2003)
La Celestina en los últimos años, podemos advertir la plena vigencia de la obra tanto en su atractivo humano (para el lector en general), como en sus aspectos técnicos, abordados una y otra vez por la crítica.
Santiago Disalvo Universidad Nacional de La Plata
«Tratado que hizo Alarcón», Alquimista del arzobispo Alonso Carri Ilo. Edición y estudio de Pedro M. Cátedra, Salamanca: Publicaciones del SEMYR, 2002, 65 pp., ISBN 84-932346-1-3.
En este libro, Pedro M. Cátedra edita el Manuscrito N° 248 de la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, creada recientemente en la Universidad Complutense de Madrid, cuyos fondos bibliograficos permanecían inaccesibles hasta hace poco. Se trata de un volumen in 4°, encuademado en pergamino, que contiene dos obras: en primer lugar el Tratado, escrito en letra cursiva de la primera mitad del siglo XVI, donde consta como autor Fernando de Alarcón, criado de Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, y a continuación, escritas en letra góti ca redonda, varios decenios después de la muerte de Alarcón, una serie de preguntas y respuestas.
Cátedra advierte que, de ser obra del propio Alarcón, el Tratado plantearía nuevos interrogantes acerca del papel político que desem peñó realmente este controvertido personaje. Por consiguiente, a los efectos de determinar si la obra es auténtica, divide el estudio prelimi nar en tres partes.
Reseñas 2 1 3
Cátedra no ha obtenido datos anteriores a 1472, y descarta que los homónimos ya estudiados por _otros investigadores puedan identi ficarse con este Femando de Alarcón, o que pueda verificarse el des empeño que Alonso de Palencia, su más acérrimo detractor, le adjudi ca como alquimista en Valencia. En 1473 Carrillo introduce a Alarcón en la corte de Isabel, donde compite con el franciscano Alfonso de Burgos en el consejo de la princesa. Cuenta Palencia que la confusión en palacio era tal que Isabel resolvió desterrar a aquellos. De esta época afirma Cátedra que proviene el enfrentamiento personal entre Palencia y Alarcón, que llevó al historiador a adjudicarle muchos de los errores o maquinaciones de otros grandes más intocables. En cual quier caso, el testimonio de los cronistas es indicio del carácter intri gante de Alarcón, que murió degollado en las justicias ejemplares que siguieron a las cortes celebradas en Toledo en 1480.
En la segunda parte («Una intrigante y típica personalidad reli giosa»), Cátedra intenta desentrañar el misterio de la personalidad de un hombre que, de no haber sido por el odio de sus rivales, tal vez hubiera permanecido totalmente desconocido. Considerando el Trata do y el contexto de ajustes espirituales de la segtmda mitad del siglo XV, es interesante considerar los intereses alquímicos y naturalistas que le endilga Palencia como otro elemento con que recarga su invec tiva, utilizando la animadversión general contra grupos emergentes revolucionarios politicos o religiosos, como los fratícelli u otras co rrientes espirituales afines. Partiendo del relato de Palencia, Cátedra analiza las acusaciones contra Alarcón (vagancia, lujuria) y sus cos tumbres (el uso de hábito y de báculo), y concluye que, como otros religiosos de la época, utilizó su acción pastoral en favor de una causa política, lo cual comporta una manifestación de su espiritualidad, y que la perspectiva de los historiadores isabelinos de origen converso contra Alarcón y su señor acaso no sólo se deba a que pertenecían a bandos diferentes.
214 lncipit, xxm (2003)
adscribe Cátedra el Tratado, y aduce que si Alarcón fue su autor, además de un intrigante consejero, también pudo haber sido un escri tor capaz, como otros del círculo de Carrillo. Desde este punto de vista puede observarse una tensión entre tradición y originalidad en la introducción de esta obrita, pues, aunque los tópicos y los motivos no son nuevos, «el aire del texto es bastante fi-esco» (p. 37). La figura ción de Palencia parece, pues, no concordar con el autor del Tratado, mucho menos con un reo que escribe a punto de ser ajusticiado. Qui zás unarazón más de su inquina haya sido una probable competencia literaria en el ámbito de la corte.
En cuanto a las preguntas y respuestas que cierran el manuscri to, además de pertenecer a otra mano, reflejan una experiencia social muy distinta a la del Tratado. Podría decirse que esconden un espíritu cínico más acorde con el Alarcón diseñado por Palencia, _o que se trata del legado de un Femando de Alarcóndesengañado, como si se tratara de las mandas de su testamento. No obstante, Cátedra prefiere evitar estas conjeturas, puesto que a partir del manuscrito nada puede saber se de la ideología de Alarcón ni de su capacidad literaria. Por estos motivos, duda de la autenticidad del Tratado, el que tal vez se trate de «una falsificación no demasiado tardía que se justificara en el ambien te de la recuperación y limpieza de la memoria de Carrillo, que parece evidente en la Alcalá de los primeros decenios del siglo XVI» (p. 39).
Marcelo Rosende Universidad de Buenos Aires
PEDRO M. CÁTEDRA, Poesía de Pasión en la Edad Media. El «Cancio nero» de Pero Gómez de Ferrol. Salamanca, Publicaciones del SEMYR, 2001, 501 pp., ISBN 84-920305-8-5.
Pedro Cátedra denomina Cancionero de Pero Gómez de Ferrol a una sección del manuscrito 2139 de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, procedente de la biblioteca del Colegio de Cuenca y descripto por el autor como un libro in-cuarto, de 161 folios, que consta de una serie de cuadernillos de composición variable.
Reseñas 21 5
Comendador Román, permaneció desconocido hasta hace no mucho tiempo. El trabajo, según Cátedra, sólo pretende recuperar la obra de este poeta gallego «de la decadencia», aunque desde el comienzo puede el lector percibir que su labor no se agotará en la mera edición crítica y análisis de su obra, la Santa Pasión. Por el contrario, podría mos definir al libro que aquí reseñamos como una valiosa excusa para analizar con sumo detalle y exquisita erudición el corpus textual de la poesía pasional en gran parte de la Europa de la Edad Media y revisar algunas de las ideas recibidas acerca de este género.
En cuanto a los criterios de edición utilizados, dice el autor en el capítulo I de la primera parte de su trabajo que ha optado por una edición sinóptica de la Santa Pasión de Gómez de Ferrol, en la que consta una transcripción semi-paleogáfica y una edición que denomi na «interpretativa». Estas son presentadas al lector en el capítulo II.
En la segunda parte del libro, es decir, en los caps. III y IV, Cátedra revisa minuciosamente los supuestos cronológicos del naci miento del género, sus fuentes de inspiración, y la recepción de las obras pasionales, para llegar finalmente al estudio de la Santa Pasión y su relación con las diferentes Pasiones castellanas.
Se ofrece en el capítulo III una pormenorizada revisión históri ca del surgimiento del género, teniendo en cuenta los medios de per cepción y recepción promovidos por los eclesiásticos, quienes según el autor, se beneficiaron de las posibilidades textuales y orales relacio nadas con la liturgia o el sermón, pero también con la lectura personal o colectiva. En este universo, la Pasión de Cristo se constituía como centro de gravedad.
216 lncipít, XXIII (2003)
Resulta de sumo interés el apartado acerca de la liturgia y devo ción privada, en el que Cátedra destaca el interés por la difusión y práctica de los libros de las Horas de la Cruz, ya que en la estructura de la Santa Pasión puede entreverse un corsé horario. En esta sección del libro se mencionan los dos pasionales ofrecidos por el Arcipreste de Hita a Santa María del Vado, en el Libro de Buen Amor. Según el autor, Juan Ruiz sería deudor de esta tradición y ambas composiciones estarían en relación con los modelos de los cantos marianos rememorados en su trabajo; pero paralelamente se interroga acerca de la posibilidad de situar en ese lugar una cofradía reconocida en el ámbito jurídico del arzobispado de Toledo. A modo de poesia pasio nal por encargo, estarian entonces estos textos funcionando en el can to público de las devociones de todas las clases de fieles que acudie ran a la ermita de Santa María del Vado. En este sentido, el capítulo se cierra con una reflexión del autor acerca del hecho de que las diversas modalidades textuales del tema de la Pasión logren fertilízarse mutuamente, dado el carácter utilitario de los textos, permitiendo en ella la comunicación y el intercambio de géneros con similar función catártica.
El capítulo IV se aboca al análisis del texto de Gómez de Ferrol a la luz de diferentes aspectos de las principales Pasiones castellanas del siglo XV como la Pasión trobada de Diego de San Pedro, las Coplas de la Pasión del Comendador Román, y la Pasión de la Aca demia entre otras, con el objetivo de encontrar un cierto grado de
cohesión genérica, asi como un común denominador narrativo,
estilístico y temático entre ellas. Según el autor, este arraigo del género en la Península Ibérica, podría ser muy anterior al último tercio de siglo XV, cuando se datan estas principales muestras del género.
Luego de una sinopsis de la Santa Pasión, comienza un exhaus tivo primer análisis individualizado de la obra, que deviene luego estudio comparativo de los textos pasionales antes mencionados con el de Gómez de Ferrol y define al texto como discordante de la gene ralidad «por su elaboración y desigual reparto estructural» y «por la depuración del propio mensaje espiritual y contemplativo». (p. 418)
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o un nuevo público, y que estos textos pasaron a la imprenta en el último tercio del siglo XV, transformándose de este modo en «pro ductos especialmente privilegiados en la historia del libro impreso». (p. 314)
Luego de dedicarse a estudiar la métrica, la rima y el léxico del poema en cuestión y precisar detalles últimos, se cierra esta segunda parte con la confimiación por parte del autor de la existencia de un género poético pasional que los poetas castellanos del siglo XV reno varon, retomando diferentes modalidades literarias de la pasión.
La tercera y última parte del libro está constituida por apéndices y un extenso listado bibliográfico, indispensable para todo el que quiera adentrarse en la investigación de este tema.
Para finalizar y como expresamos desde un principio, este tra bajo de Pedro Cátedra excede la simple edición crítica y análisis de la obra del poeta ferrolano. El libro es un riquísimo y vasto compendio y un pormenorizado análisis de los frutos del género pasional no sólo en la península Ibérica, sino también en el ámbito de 1a Romania, que hace gala de una gran erudición y una claridad expresiva que permite al lector recomponer la historia y el desarrollo de la poesía pasional en la Edad Media.
Gimena del Río Universidad de Buenos Aires
GONZALO FERNÁNDEZ DE ÜVIEDO, Claribalte. Estudio preliminar, edición
crítica, notas e índices de María José Rodilla León. México: Universi dad Autónoma Metropolitana — Unidad Iztapalapa, 2002, 353 pp.
Nombrada por casi todos los biógrafos y críticos por ser la primera obra publicada del cronista de Indias, el Claribalte es hoy, sin embargo, una obra desconocida. Los bibliófilos la han catalogado, los estudiosos del género caballeresco la han mencionado y han dado algima pauta sobre sus modelos, pero estas alusiones de pasada de muestran que no ha sido estudiada (p. 9).