Los recursos naturales estratégicos como factor de
conflictos internacionales
Federico Alejandro de Singlau
1Resumen
Actualmente se verifica una mayor conflictividad internacional ligada al acceso o posesión de ciertos recursos naturales considerados estratégicos, especialmente en el caso del agua dulce y de hidrocarburos como el petróleo y el gas natural. Al mismo tiempo, puede preverse que estas disputas se incrementarán en el futuro a medida que aumenten la demanda y dichos materiales vitales escaseen, adquiriendo los conflictos diferentes manifestaciones y distintos grados de violencia. A consecuencia de ello, las políticas de seguridad de los Estados y el uso de la fuerza en el sistema internacional estarían cada vez más vinculados a este tipo de conflictividad.
Palabras clave: recursos naturales estratégicos - conflictos - seguridad
Introducción
La presente investigación abordó la te-mática de los recursos naturales estratégicos como factor de conflictos internacionales, sien-do el petróleo, el gas natural y el agua dulce los recursos implicados. Se buscó alcanzar los si-guientes objetivos:
Describir la situación actual de los re-cursos naturales estratégicos en el mundo;
Analizar las implicancias de dicha si-tuación y las perspectivas en el corto/mediano plazo para la dinámica mundial en las cues-tiones de seguridad;
Relacionar la escasez de recursos con
la emergencia de conflictos internacionales, especialmente en regiones inestables (consi-derando antecedentes históricos y situación actual);
Determinar si la Argentina está llevan-do a cabo previsiones ante la posibilidad de verse envuelta en este tipo de conflictos.
La hipótesis que guió la investigación sos-tiene que en el futuro próximo los conflictos internacionales estarían más relacionados a la escasez de recursos naturales estratégicos que en la actualidad. Se tomaron como varia-bles la escasez de recursos naturales estraté-gicos y los conflictos internacionales deriva-dos de ella. Respecto a la primera variable, se
1Facultad de Ciencias Jurídicas de la UCaSal.
consideró la insuficiencia de los recursos energéticos necesarios para asegurar el desa-rrollo económico de todos los Estados, y la es-casez relativa de agua dulce para satisfacer las necesidades humanas básicas y los requeri-mientos del desarrollo. Se consideraron las dimensiones geopolítica, económica y geoes-tratégica. En cuanto a la segunda variable, el estudio se centró en las situaciones en las que se verifica una contraposición de intereses en-tre unidades políticas en torno a los recursos, considerando las dimensiones económica, po-lítica, estratégica y militar de los conflictos.
Para corroborar la hipótesis se llevó a cabo un trabajo descriptivo-correlacional, y se utili-zaron las técnicas de recopilación de datos, ob-servación y análisis documental y estadístico.
El marco teórico: realismo y recursos naturales estratégicos
El marco teórico general de la investiga-ción estuvo determinado por el paradigma rea-lista de las relaciones internacionales. Ya que en la tesis se abordaron cuestiones referidas a las interrelaciones entre Estados, este para-digma resultó adecuado por tratarse de una cosmovisión centrada en explicar las relacio-nes de poder entre los Estados y la conflic-tividad inherente a las mismas, y que presen-ta las siguientes características: enfoque estato-céntrico; consideración del interés na-cional, la seguridad y el poder como variables explicativas de la actuación internacional de los Estados; y caracterización de la política in-ternacional como una lucha de poder en un entorno anárquico, en el que priman los inte-reses contrapuestos.
Dentro del realismo clásico se recurrió a los aportes de Hans Morgenthau, quien des-tacó la importancia de los recursos en relación al poder nacional, como factor de relativa esta-bilidad y de gran influencia en el poder de un
Estado con respecto al de otros. El padre del realismo clásico destacó una constante en la conducta de las potencias industrializadas: al constatar que el poder nacional se torna cada vez dependiente del control de las materias pri-mas tanto en paz como en guerra, buscan autoabastecerse o controlar el acceso a las fuen-tes de los recursos que no poseen (1986: 148). También se estimaron pertinentes los apor-tes del neorrealismo, adaptación del realismo clásico al contexto de post-Guerra Fría. Se pres-tó particular atención al trabajo de Kenneth Waltz, en cuya visión el comportamiento de las unidades en el sistema internacional es mejor explicado por las imposiciones de la estructura que por las características de cada una de ellas, como sostenía el realismo clásico. En cuanto a la conducta ante la escasez de recursos estratégi-cos, el pensamiento de Waltz indica que, aun-que el interés internacional debería primar so-bre el de las unidades, las soluciones a los pro-blemas globales dependen de políticas naciona-les (1992: 160). Cada Estado decide cómo afron-tar la escasez de recursos estratégicos, aún cuan-do opte por el tratamiento multilateral de la cues-tión, ya que no existen organismos internacio-nales que los obligue a negociar soluciones para los problemas comunes.
El marco teórico estuvo determinado tam-bién por el trabajo de otros autores realistas y neorrealistas que destacan a los recursos natu-rales estratégicos como factores de conflictos.
La obra de Michael Klare, especialista es-tadounidense en estudios de seguridad inter-nacional, resultó fundamental como sustento del trabajo. Klare sostiene que la disputa por recursos naturales es una característica cada vez más importante en el panorama mundial, ya que son valiosos y confieren poder y riqueza a quienes los poseen. Estas disputas plantean un peligro creciente para la paz y estabilidad en ciertas regiones, y mientras no se les en-cuentra solución constituirán el rasgo más
tacado del entorno internacional de seguridad (2003: 11-15).
Observa cambios en el entorno de seguri-dad, tomando como parámetro la situación de Estados Unidos desde el fin de la Guerra Fría: entre los objetivos que empezaron a dominar su agenda estratégica ninguno tuvo mayor gra-vitación en su política militar que el de garanti-zar el acceso a fuentes externas de recursos vitales (Klare, 2003: 22). Esto se debe a una visión economicista de la seguridad, ya que se produjeron cambios en los parámetros defini-torios del poder de los Estados, cada vez más asociados al dinamismo económico y la inno-vación tecnológica que al poder militar.
Todos los actores importantes del sistema internacional vienen adhiriendo a este econo-micismo: Rusia concedió mayor importancia a la seguridad de sus yacimientos de crudo y minerales; China y Japón modificaron sus po-líticas de seguridad para adaptarlas a las nue-vas prioridades económicas y un proceso si-milar se verifica en el sudeste asiático, en el Golfo Pérsico y en la Cuenca del Caspio (28-30). Otros factores explican la preponderancia actual de los recursos naturales en los asuntos mundiales:
1. El crecimiento exponencial de la demanda. 2. La probable aparición de carencias. 3. La disputa por las fuentes de suminis-tro (34-41).
La combinación de estos factores genera un entorno inestable y conflictivo. Cabe esperar que las disputas por los recursos críticos des-emboquen a menudo en enfrentamientos arma-dos, porque cuando los Estados perciben que está en juego algo esencial para el bienestar eco-nómico o la supervivencia, no están dispuestos a soluciones de compromiso o a dejar las cues-tiones libradas al mercado y sus ajustes (45).
Los recursos disputados
En la primera parte de la investigación se constató la existencia de un grupo definido de recursos naturales caracterizados por la com-binación de una serie de factores que les dan un status particular. Dentro de dichos factores puede realizarse la siguiente subdivisión: por un lado aquellos ligados al uso que hace el hom-bre de los recursos en cuestión, y por otro lado factores sobre los cuales el hombre no tiene influencia. Respecto al primer conjunto, pue-de pue-decirse que los recursos pertenecientes al grupo abarcado por la investigación se carac-terizan por tener importancia decisiva debido a su contribución al desarrollo y vigor econó-mico de los Estados y al bienestar y calidad de vida de sus poblaciones. En cuanto al segundo conjunto, abarca hechos físicos ligados al as-pecto cuantitativo (los recursos naturales no renovables son finitos, y los recursos renova-bles están sujetos a índices de reposición) y geográficos (las reservas están distribuidas desigualmente en la superficie y subsuelo te-rrestres). De la interacción entre el factor hu-mano referido al uso de los recursos y el hecho físico de su finitud resulta el surgimiento de distintos grados de escasez.
Las cualidades mencionadas dotan a cier-tos recursos de jerarquía superior a la del res-to, lo que lleva a que los Estados concedan gran importancia al aprovisionamiento de estos re-cursos y busquen asegurarse un flujo cons-tante, garantizado y suficiente de ellos.
go-zan de una dotación abundante de dichos re-cursos. Los mismos son el petróleo, el gas na-tural, y el agua dulce.
Se verificó que, si bien la problemática de fondo es la misma en todos los casos, la situación de cada recurso es particular. La primera distin-ción que debe hacerse es entre la circunstancias que rodean a los hidrocarburos –recursos natu-rales no renovables y escasos- y las relativas al agua dulce, recurso parcialmente renovable (en el caso del agua que se encuentra en circulación en el ciclo hidrológico) y sujeto a una escasez relativa por su desigual distribución. Además, las perspectivas de sustitución varían de un re-curso a otro, ya que el petróleo y el gas son sus-ceptibles de ser reemplazados por otras fuentes energéticas -aunque a costos altos por el mo-mento, y con dificultades técnicas-, mientras que el agua dulce no tiene sustitutos, lo que la con-vierte no sólo en un recurso estratégico, sino tam-bién crítico.
En cuanto a las características comunes, el trabajo permitió determinar que:
Para cada recurso analizado se verifi-can una serie de condiciones que los convierte en recursos naturales estratégicos: cierto gra-do de escasez (fluctuangra-do desde una escasez relativa, como en el caso del agua dulce, a se-rias perspectivas de agotamiento, como en el caso del petróleo), baja o nula posibilidad de reemplazo y desigual distribución en el plane-ta, con alto grado de concentración en pocas regiones en el caso de las reservas de hidro-carburos.
Todos resultan indispensables para el hombre, incidiendo directamente en su bien-estar y calidad de vida y en el desarrollo econó-mico. En el caso del petróleo y el gas, ambos tienen una participación muy grande en la matriz energética global, ocupando el primer y
el tercer lugar respectivamente, y representan-do conjuntamente cerca del 60% del total (AIE, 2010: 33).
Para todos los casos se verifica una cre-ciente tensión entre la oferta y la demanda, ge-nerada por la incidencia de fenómenos como el crecimiento poblacional, el calentamiento global, la degradación ambiental, la sobre-ex-plotación, y la mejora de la calidad de vida en los países emergentes con el consiguiente in-cremento de las necesidades de agua y ener-gía. La combinación de estos fenómenos se encuentra en el origen de una percepción de escasez de los recursos estudiados por parte de los Estados.
Para todos estos recursos se proyecta el aumento de los precios. En el caso del petróleo y el gas, debido al grado de agotamiento de las reservas de más fácil acceso y menores costos de extracción, a la creciente escasez y a la pro-gresiva competencia geopolítica por las fuen-tes de suministro. En el caso del agua, está cobrando difusión una visión que aboga por el tratamiento del recurso como bien económico comercializable.
La investigación permitió corroborar que las actuales reservas de petróleo, equivalentes a 1,3832 billones de barriles, están concentra-das principalmente en Medio Oriente (54,4% del total). Además, un 77,2% de las reservas pertenecen a los países miembros de la Orga-nización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) (BP, 2011: 6). Al ritmo de producción actual las reservas alcanzan para 46,2 años más, pero si se estima un aumento de la producción de 2% anual, se agotarían en 2045. Esto permi-te afirmar que si en las próximas tres o cuatro décadas no se encuentran combustibles alter-nativos baratos y eficientes, los países lucha-rán intensamente para hacerse con los rema-nentes de crudo.
Respecto al gas natural, se constató que es la materia prima energética de mayor expan-sión en las últimas cuatro décadas. Su situa-ción actual no encierra un alto nivel de conflic-tividad debido a que se estima que se encuen-tra en una etapa anterior a la del petróleo en su curva de producción. Sin embargo, no debe dejar de mencionarse que las rígidas caracte-rísticas inherentes a su comerciali-zación a través de gasoductos obligan a países produc-tores y consumidores a establecer relaciones energéticas bilaterales a largo plazo, existien-do siempre la posibilidad de chantaje por par-te de los primeros. En espar-te caso la vulnerabili-dad de los consumidores es alta y aumenta ante un mayor grado de dependencia externa.
Según los datos obtenidos, las reservas probadas de gas natural alcanzan aproxima-damente 187,1 billones de m3 (bmc), de las cuales un 40,5% se encuentra en Medio Oriente y un 33,7% en Europa y Eurasia (BP, 2011: 20). A los niveles de producción actuales las reser-vas durarían 58,6 años, pero de producirse un aumento promedio del consumo del 2% anual, las mismas se agotarían en 2057.
En los casos del petróleo y del gas los facto-res geopolíticos tienen mucha gravitación. La
mayor parte de las reservas se concentran en pocos países, muchos de ellos caracterizados por altos niveles de inestabilidad o por encon-trarse en regiones particularmente conflicti-vas, como Medio Oriente. Un riesgo de con-flictos ligado a la geopolítica está representado por el transporte. En el caso del petróleo, la mayor parte del comercio se realiza vía maríti-ma y a través de distintos estrechos que cons-tituyen puntos de estrangulamiento cuyo con-trol por parte de un Estado dotaría al mismo del poder de regular el flujo de crudo. En el caso del gas, las grandes distancias entre zo-nas productoras y consumidores lleva a que los gasoductos deban atravesar en muchos casos varios países antes de llegar a destino, lo que incrementa la posibilidad de conflictos.
En cuanto al agua dulce, esta se encuentra sometida a escasez relativa por su desigual dis-tribución geográfica. El impacto en la disponi-bilidad, localización, calidad y cantidad de agua de fenómenos tales como el crecimiento demo-gráfico, la contaminación, la sobreex-plotación y el cambio climático aumenta la conflictividad en torno al recurso. La combinación de estos factores llevó a determinar que el agua es un recurso estrechamente ligado al poder y que, en algunas regiones que padecen escasez, el con-trol del flujo de agua genera conflictos.
Los actores involucrados y sus interrelaciones
En la segunda parte de la investigación se identificó a los principales actores involucra-dos en interacciones conflictivas en torno a los recursos estratégicos, así como aquellos con mayor potencialidad de verse involucrados en conflictos. Esta identificación se logró a partir del análisis de las diferentes situaciones de distintos Estados en relación a los recursos seleccionados.
fluc-túan entre la cooperación y el conflicto, cuando el objeto afectado a dichas relaciones es un factor estratégico de poder, las interacciones tienden a ser conflictivas. Se verificó la exis-tencia de diversos actores estatales que parti-cipan de una intensa y cada vez más agresiva competencia por controlar y dominar unos re-cursos estratégicos cuya disponibilidad está disminuyendo.
Respecto a los hidrocarburos, primero se identificó a los principales consumidores, para luego enfocar el análisis en aquellos que cu-bren una parte importante de su consumo con petróleo y/o gas importado (los países que pre-sentan alta dependencia externa). A partir de la dependencia de ciertos Estados se analizó cómo influye dicha situación en sus políticas de seguridad, visualizándose sus intereses res-pecto al suministro. El interés básico y común consiste en incrementar la seguridad energé-tica, entendida como la situación en la cual determinado Estado recibe un abastecimien-to suficiente, constante y garantizado de pe-tróleo y gas que satisface su demanda a un pre-cio razonable, habiéndose minimizado a tra-vés de medios políticos el riesgo de crisis ener-géticas (alteraciones prolongadas del equili-brio entre la oferta y la demanda susceptibles de generar desabastecimiento o interrupcio-nes del suministro).
Mediante la utilización de aportes teóri-cos provenientes del realismo y del neo-rrealismo se buscó determinar de qué manera y a través de qué estrategias los principales actores estatales del sistema energético inter-nacional procuran su seguridad energética. La identificación de los intereses de los consu-midores y de las estrategias y acciones elegi-das por ellos para alcanzarlos llevó a probar la existencia de una contraposición de intereses, reflejada en el desarrollo de una intensa com-petencia por el acceso y control de los recursos hidrocarburíferos externos. La percepción de
intereses contrapuestos lleva a los Estados a implementar estrategias neorrealistas anima-das por visiones de juego de suma 0, a través de las cuales se busca la maximización de la segu-ridad. Estas posturas cierran el camino a accio-nes cooperativas tendientes a la búsqueda de soluciones multilaterales a la problemática.
En cuanto al entorno en el que se llevan ade-lante las relaciones energéticas dentro del sis-tema internacional, se observa desde inicios de la década de 2000 un nuevo orden energético (un nuevo marco de relaciones en el campo de la energía), determinado principalmente por las nuevas condiciones geopolíticas que inciden en el suministro de petróleo y gas. Este nuevo or-den se caracteriza por una creciente competen-cia, especialmente entre las unidades más de-sarrolladas del sistema que presentan mayor dependencia externa en su abastecimiento (Klare, 2008: 27). La competencia se ve motiva-da, en buena medimotiva-da, por factores de índole psi-cológica, ya que juegan un papel importante las percepciones de los actores respecto a una se-rie de variables: la escasez de recursos hidrocarburíferos (esto apoyado por datos ob-jetivos respecto a la cercanía del pico de pro-ducción), la propia vulnerabilidad derivada de la dependencia de proveedores extranjeros, y el convencimiento sobre la necesidad de asegurar el abastecimiento en un contexto en el que otros grandes consumidores de energía persiguen el mismo objetivo.
Las unidades participantes de la compe-tencia tienden a adoptar políticas nacionalis-tas en detrimento de enfoques multilaterales; un ejemplo de ello es la Unión Europea, ya que a pesar del avance en muchas áreas en la adop-ción de políticas comunitarias, no se han lo-grado grandes progresos en el campo energé-tico, donde cada miembro adopta la política que estima más conveniente a la satisfacción de sus intereses.
como un juego de suma cero en el que las ga-nancias de un Estado son pérdidas de otros. La maximización de la seguridad energética por parte de un actor implicaría la pérdida de parte de ella para otro u otros. Esta visión pue-de inferirse en la competencia actual entre los consumidores más importantes: China y Es-tados Unidos.
Los grandes consumidores son algunos de los principales actores del sistema, ya que se trata de las potencias industrializadas tradi-cionales (Estados Unidos, Japón y la Unión Europea), a las que se sumaron recientemente los principales países emergentes: China e India. El poder estructural de estos países les otorga capacidad de determinación de las re-glas de juego en el sistema energético interna-cional, lo que implica que la actitud que tomen respecto a la búsqueda de la seguridad ener-gética se convertirá en la visión predominante, motivando a las demás unidades a adoptar vi-siones similares. Dichos actores desarrollan diferentes estrategias en busca de su propia seguridad energética, variando estas según el grado de agresividad que conlleven y los aspec-tos que abarquen. Existen estrategias que li-gan aspectos económicos con el ámbito estra-tégico-militar de la seguridad nacional (Esta-dos Uni(Esta-dos), mientras otras se orientan a as-pectos comerciales, económicos y geoestra-tégicos (Japón, Unión Europea). Se observa, sin embargo, que el fin último de los Estados es asegurarse un flujo suficiente de recursos energéticos que garantice el crecimiento eco-nómico. De esta forma, se vislumbra un nexo entre la disponibilidad de petróleo y gas y las estrategias llevadas a cabo por las principales
potencias para conservar sus posiciones de poder, y de las potencias en ascenso para cons-truirlas.
Ningún Estado dependiente de las impor-taciones de petróleo y/o gas deja de lado los asuntos energéticos en su política exterior, ya que todos buscan lazos estrechos con países que pueden proveerles los suministros nece-sarios. Para lograr ello los grandes consumido-res priorizan la diplomacia bilateral y el uso de instrumentos de presión en detrimento de las opciones cooperativas.
Actualmente los gobiernos se involucran directamente en la tarea de obtención de acti-vos hidrocarburíferos, tarea que antes estaba reservada a las empresas. Para ello no sólo uti-lizan herramientas diplomáticas, sino también presiones e incentivos, siendo ejemplo de ello el estrechamiento de vínculos estratégico-mi-litares y el envío de armamento sofisticado. Esto provoca que las relaciones energéticas entre productores y consumidores se encuentren al-tamente militarizadas, lo que añade potencial conflictivo 2.
Los principales países exportadores, como Rusia y los miembros de la OPEP, desarrollan políticas nacionalistas que conducen al uso de los recursos estratégicos como instrumentos de poder. La convergencia entre las estrate-gias y acciones de productores y consumido-res lleva a una creciente politización de los mercados energéticos, lo que aumenta el po-tencial de conflicto, ya que se crean relaciones que dejan de ser meramente comerciales para añadir elementos de poder.
La investigación también permitió identi-ficar diferentes frentes en los que se
fiestan los conflictos: conflictos entre grandes potencias, conflictos Norte-Sur, conflictos pro-ductores-consumidores, competencia entre consumidores, entre otros.
También se verificó la formación de inci-pientes alianzas estratégicas de bloque. En el contexto de estas alianzas suelen vincularse los aspectos relativos a la energía con la segu-ridad y las cuestiones militares, reflejando la tendencia interna que se da en la actualidad en algunos de los principales consumidores, como los Estados Unidos.
En cuanto al agua dulce, se constató que de la misma manera que el acceso al petróleo y al gas constituye un interés prioritario para mu-chos Estados, para otros la principal preocu-pación está representada por la disponibili-dad de agua. Esto se verifica especialmente en países que carecen de un abastecimiento ade-cuado de este elemento vital, o cuyas principa-les fuentes de aprovisionamiento son trans-fronterizas y en tal carácter deben compartirse con otro u otros países, situación potencial-mente conflictiva.
Muchos Estados, ante la percepción de escasez, incluyen el acceso a los recursos hídricos o su protección en el ámbito de la se-guridad nacional, dotando al agua dulce del carácter de recurso estratégico susceptible de ser protegido incluso mediante el uso de la fuer-za, y cuyo control no sólo resulta vital para la nación sino que también puede ser utilizado como factor de poder.
Se procedió a identificar las regiones o países que carecen de un abastecimiento su-ficiente del recurso para satisfacer la deman-da de sus poblaciones. Desde el punto de vista regional, el norte de África y Oriente Medio son las zonas más afectadas por la escasez. En
Medio Oriente, Siria, Jordania, Israel y Yemen se encuentran en una situación de crisis abier-ta, mientras que la crisis es latente en Arabia Saudí, Irak y Kuwait. A estos países se suman Egipto y Libia, Estados norafricanos en situa-ciones también conflictivas. Las condisitua-ciones de estos países se explican por una serie de factores, como las características desérticas de buena parte de sus territorios y la escasez de precipitaciones y de fuentes superficiales (Fernández-Jáuregui, 1999: 185).
A estas regiones se suman algunos paí-ses africanos (Djibuti, Burkina Faso, Kenia, Ruanda y Burundi), una serie de países y te-rritorios insulares (Chipre, Sicilia, Cabo Ver-de, las Bahamas y otras islas del Caribe) y Malasia. Existe otro grupo de países que, si bien no sufren escasez, se encuentran en una situación de stress hídrico: Dinamarca, Polo-nia, Siria, Líbano, India, Pakistán, Corea del Sur, Eritrea, Etiopía, Somalia, Malawi, Zimbabue, Sud-áfrica, Lesoto y Haití. Por úl-timo, se considera que un tercer grupo (que incluye a Alemania, Bélgica, Inglaterra, Chi-na, Sudán, Níger, Nigeria, Uganda, Tanzania, Ghana, Togo y la mayoría de los ubicados en la región de Asia central) se encuentra en si-tuación de vulnerabilidad con respecto a la disponibilidad de agua dulce 3.
Los escenarios de los conflictos
La consideración de algunos casos llevó a determinar la importancia del petróleo, gas y agua en muchos conflictos contemporáneos, especialmente en zonas inestables. La inves-tigación permitió concluir que los recientes conflictos en Irak y Libia fueron muestras de las estrategias de las potencias para satisfacer
sus intereses petroleros.
En el caso de la guerra de Irak, iniciada en 2003, uno de los principales intereses de Esta-dos UniEsta-dos en la contienda fue colocar en el poder a un gobierno democrático pro-occiden-tal que iniciara la apertura del sector petrolero del país e impulsara la recuperación y amplia-ción de la producamplia-ción4. A simple vista puede considerarse que las rondas de licitaciones que llevó a cabo la autoridad hidrocarburífera iraquí luego de la guerra no favorecieron a las empre-sas norteamericanas. Sin embargo, al tratarse el crudo de un producto que se comercializa libremente en un mercado global, un incremen-to importante en la producción de cualquier proveedor redunda en una mayor oferta dispo-nible para todos los consumidores, y por lo tanto en una mayor seguridad de abastecimiento, por lo que puede decirse que en largo plazo Esta-dos UniEsta-dos finalmente alcanzará su cometido. En la cuestión de Libia, la OTAN intervi-no bajo mandato de la ONU en base al princi-pio «deber de proteger». Sin embargo, en las acciones de países como Francia e Italia se vislumbraron intereses subyacentes en el sec-tor petrolero libio, ya que buscaron obtener a cambio de su accionar trato privilegiado por parte del nuevo gobierno de Trípoli para sus empresas.
En el caso del agua, la historia presenta ejemplos de disputas por recursos hídricos compartidos, y actualmente existen múltiples disputas en torno a los mismos. La conflicti-vidad es mayor en las regiones en las cuales se verifica una situación de escasez o stress hídrico, es decir, allí donde la disponibilidad del elemento no alcanza a satisfacer los reque-rimientos mínimos según parámetros estable-cidos por la Organización Mundial de la Salud.
Existe una tendencia al incremento de las dis-putas a medida que aumenta la demanda de agua por la mejora en los niveles de vida y de fenómenos como el boom poblacional y el cam-bio climático y sus consecuencias sobre la dis-ponibilidad y distribución de las reservas (Welzel, 2010: 62).
En las disputas generalmente se entremez-clan cuestiones políticas, económicas, religio-sas o asuntos de límites. Esto no implica, sin embargo, que el agua no haya jugado un papel importante y principal en cada una de estas contiendas.
En la mayoría de los conflictos interesta-tales en torno al agua se observan posiciones que podrían aparentar ser extremas, irra-cionales e insostenibles, pero que sólo pueden explicarse desde la consideración que países como Egipto o Israel tienen respecto a su pro-visión de este elemento vital: se trata para ellos de un recurso estratégico y crítico, y el hecho que fluya hacia sus territorios desde otros paí-ses con interepaí-ses contrapuestos los lleva a con-siderarlo además un asunto de seguridad na-cional. Esto significa que están dispuestos a utilizar la fuerza en caso de verse privados del agua en la cantidad y calidad que estiman les corresponde a causa de acciones de los países río arriba. Uno de los principales motivos por los cuales Israel protagonizó enfrentamientos béli-cos con sus vecinos árabes fue la construcción de obras de aprovechamiento hídrico por parte de estos, lo que Tel Aviv consideró perjudicial para sus intereses vitales (Klare, 2003: 211).
Si bien hasta el momento la mayoría de los conflictos se dio entre países que comparten recursos, no debe descartarse la posibilidad que un contexto futuro de escasez los países que se vean más afectados por la falta de agua
y que tengan una capacidad militar suficiente emprendan acciones para adueñarse de los recursos hídricos de otros países.
La situación de Argentina
En cuanto a la situación de la Argentina, nuestro país no es ajeno a las tendencias que se dan a nivel planetario. Se encuentra en una región que se presenta como posible escena-rio de futuros conflictos por los recursos natu-rales estratégicos, ya que posee una de las servas de agua más importantes y grandes re-servas de petróleo (237,2 miles de millones de barriles, 17% del total) y gas natural (7,4 billo-nes de m3) (BP, 2011: 6, 20).
El análisis de los principales datos del sec-tor hidrocarburífero argentino permitió verifi-car una situación crítica provocada por caída de las reservas y de la producción en la última década, lo que combinado con una demanda creciente provocada por un crecimiento soste-nido llevó a una pérdida del autoabastecimiento energético. Se presenta como solución la al-ternativa de incrementar las actividades explo-ratorias. Debido a que el sector se encontraba privatizado esto sólo podía realizarse a través de incentivos a las empresas para que realicen inversiones. El Estado nacional emprendió este camino implementando los programas Gas y Petróleo Plus.
Un incremento de las reservas debería re-sultar de mayores incentivos a la inversión pri-vada (incluyendo un reajuste de los precios internos, como parece vislumbrarse actual-mente a través de la política de quita de subsi-dios implementada por el gobierno nacional), y/o de una fuerte política exploratoria onshore (tierra adentro) y offshore (costas afuera) por parte de ENARSA y la parcialmente re-estatizada YPF.
De fracasar en el intento por incrementar sus reservas, Argentina deberá implementar
estrategias alternativas para obtener seguridad energética, como el fortalecimiento de los vín-culos energéticos con otros países. En vistas de lo expuesto respecto a la situación de Bolivia, nuestro país deberá buscar proveedores alter-nativos. Hay que decir, sin embargo, que la cons-trucción de infraestructura importadora que conecte a la Argentina con este país resulta in-viable por los altos costos que implicaría la cons-trucción de un gasoducto que cubra la enorme distancia entre ambos países.
Respecto a la disputa con Gran Bretaña por la exploración de hidrocarburos en la zona de la plataforma continental cercana a Malvi-nas, debe esperarse que las tensiones políti-co-diplomáticas se agraven en caso de descu-brirse mayores volúmenes de combustibles fósiles, y cuando los yacimientos hallados en-tren en explotación.
Además, la pérdida del autoabastecimiento combinada con un cada vez mayor déficit in-terno de gas provocó tensiones en la relación bilateral con Chile entre 2004 y 2008, debido al desvío de importantes volúmenes de gas que debían ser exportados a ese país para satisfa-cer la demanda nacional. Se puede vislumbrar además, en este contexto, una competencia con Brasil por el gas boliviano. Si bien ambos paí-ses sumaron capacidad de regasificación para cubrir parte de su demanda a través de la im-portación de gas natural licuado, este producto presenta precios 100% superiores al del gas importado vía terrestre, lo que hace que su compra no resulte rentable.
instru-mentar un marco jurídico adecuado de pro-tección, y luego continuar avanzando en la co-operación internacional respecto a las aguas transfronterizas, teniendo en cuenta que las mayores reservas del país, la cuenca del Plata y el Sistema Acuífero Guaraní (SAG), son com-partidas con otros países.
Se probó la existencia de numerosos focos de conflictos para Argentina respecto a los re-cursos naturales. Es así que sólo recientemente se resolvió el problema de delimitación con Chile en la zona de Hielos Continentales, área con importantes reservas estratégicas de agua dulce. Cabe destacar, sin embargo, que desde entonces no se realizaron grandes avances en las tareas de demarcación 5. A esto se suma la controversia con Uruguay en relación a la ins-talación de las plantas de celulosa. Teniendo en cuenta este antecedente, no debe descar-tarse la posibilidad que se desencadenen con-flictos en torno al SAG.
Se observaron contradicciones en la polí-tica argentina relativa a los recursos estratégi-cos, ya que si bien en la última década se pro-dujo un intento de securitización de las cues-tiones relativas a ellos, el marco jurídico de protección es débil.
Recientemente se dio impulso a la defensa de los recursos como una de las misiones prin-cipales de las Fuerzas Armadas (lo que se plas-mó en el Plan Ejército Argentino 2025 - PEA 2025), pero finalmente no se realizaron los avan-ces neavan-cesarios para implementar los planes diseñados. Pese al reconocimiento de la
po-tencialidad que Argentina se vea afectada di-rectamente por una mayor conflictividad en torno a los recursos naturales, el país aún no se encuentra preparado para afrontar situaciones de este tipo.
De avanzar hacia una reorganización del Ejército en base a una hipótesis de guerra por recursos, la Argentina no debería descartar la posibilidad de disputas con sus vecinos por los recursos del SAG, como se contemplaba en el PEA 2025. El conflicto con Uruguay por las plantas de celulosa demostró que pese a los avances de las últimas dos décadas en la inte-gración regional, no debe descartarse la posi-bilidad que surjan conflictos por intereses con-trapuestos percibidos por las partes como irre-conciliables. Quedó demostrado, tras las de-claraciones recientes de Tabaré Vázquez 6, que el uso de la fuerza contra un país vecino y socio del MERCOSUR aún puede ser una de las op-ciones ante conflictos por los recursos com-partidos.
Ante un contexto de mayor escasez, crece-rá la importancia estratégica de los abundan-tes recursos naturales de la Argentina. En un entorno de desarrollo pacífico estas ventajas naturales servirían para posicionarnos como uno de los primeros productores de materias primas estratégicas. Sin embargo, las perspec-tivas de incremento de las disputas por recur-sos naturales llevan a suponer que el país po-dría encontrarse en el centro de la conflic-tividad.
5 Sergio Gabriel Eissa. «Hielos Continentales. La política exterior argentina en los‘90». Centro Ar-gentino de Estudios Internacionales. Pp. 56-57. En: http://www.caei.com.ar/ebooks/ebook45.pdf (21/ 07/12)
Conclusiones
La investigación permitió demostrar, en base al análisis de antecedentes y la proyec-ción de las tendencias actuales, que los con-flictos por recursos naturales estratégicos no solamente existen, sino que se intensificarán en el futuro debido a las necesidades crecien-tes de materiales vitales por parte de un mayor número de Estados y la escasez de dichos re-cursos.
Vale aclarar que no se puede identificar los conflictos por los recursos aquí analizados ex-clusivamente con enfrentamientos bélicos, ya que el conflicto se produce en distintas moda-lidades, de las cuales la guerra es la más extre-ma. Lo que sí estamos en condiciones de afir-mar es que existe la posibilidad real que se produzcan enfrentamientos armados por los recursos naturales estratégicos, como sucedió en el pasado y en épocas bastante recientes. En un contexto de creciente escasez de esos materiales, la probabilidad de enfrentamientos bélicos será mayor (y de hecho ya existen), como también las hostilidades que no incluyan el uso de la fuerza, en los campos económico-comer-cial, político y diplomático.
Si bien en muchos conflictos los recursos naturales estratégicos fueron un factor impor-tante o principal, en la mayoría de los casos exis-tieron otras razones que llevaron a la guerra.
Ante el panorama que resulta del trabajo, se puede concluir que la única manera viable de aplacar los conflictos actuales y los que se avecinan en torno a los recursos naturales es el incremento de la cooperación interestatal (por otro lado, la cooperación no elimina el conflic-to, sino que lo transforma). Esto exigiría un
consenso en torno a la necesidad de impulsar un cambio de paradigma en las relaciones hombre-mundo, en el que se otorgue priori-dad a la conservación del medio ambiente y se deje de lado el actual modelo de desarrollo ba-sado en el uso intensivo de combustibles fósi-les. El análisis de los datos respecto a hidro-carburos nos lleva a concluir que dicho modelo resulta intrínsecamente insostenible, debido a la combinación de dos factores:
la dotación de recursos del planeta no resultaría suficiente para cubrir las necesida-des de necesida-desarrollo, según el modelo actual, de todos los países;
la degradación ambiental que supone el modelo, con crecientes emisiones de gases efecto invernadero por consumo de combusti-bles fósiles, hace insostenible que todos los países emprendan un proceso de desarrollo basado en él.
Dos fenómenos actuales tienen gran im-portancia para el aumento de la conflictividad en torno a los recursos naturales: el crecimiento poblacional y el cambio climático por causas antropogénicas. En noviembre de 2011 la po-blación mundial alcanzó 7.000 millones, y se espera que a mediados del siglo XXI llegue a 9.000 millones7. A su vez, el cambio climático podría llevar al colapso a muchas sociedades, especialmente a las menos desarrolladas y por tanto menos dotadas de capacidad para afron-tar sus consecuencias.
Si bien el desarrollo de negociaciones multi-laterales parecería ser la única manera de mi-tigar los conflictos por recursos estratégicos, para que esto suceda debería generarse un consenso entre los Estados que permita privi-legiar el bien común internacional sobre los
intereses particulares. Sin embargo, ello no resulta posible en un sistema en el que cada unidad actúa en base a la búsqueda de su inte-rés, seguridad y acrecentamiento de poder en relación al resto, tal como plantea el paradigma realista de las relaciones internacionales.
Finalmente, la investigación permitió cons-tatar un aumento de la conflictividad en torno a los recursos que empezó a gestarse desde ini-cios de la década de 2000, por lo que fue corro-borada la hipótesis planteada. Las perspecti-vas permiten prever, fehacientemente, que es-tas dispues-tas, en sus diferentes manifestacio-nes y con distintos grados de violencia, se in-tensificarán debido a una mayor competencia interestatal por la posesión de materiales vita-les en un contexto en el que los países verán amenazados no sólo su desarrollo sino tam-bién su supervivencia. Éste constituirá el ras-go central de la conflictividad internacional, por lo que la seguridad nacional de los Estados y el uso de la fuerza estarán centrados necesaria-mente también en él.
Referencias bibliográficas
Libros
Klare, Michael. Guerras por los recursos: El futuro escenario del conflicto global. Barcelona: Ediciones Urano, 2003. Klare, Michael. Sangre y petróleo: Peligros y
consecuencias de la dependencia del crudo. Barcelona: Ediciones Urano, 2006. Klare, Michael. Planeta sediento, recursos menguantes. Barcelona: Ediciones Ura-no, 2008.
Morgenthau, Hans. Política entre las nacio-nes: La lucha por el poder y la paz, 6ª edición revisada por Kenneth W. Thompson. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1986.
Waltz, Kenneth. Teoría de la Política Interna-cional. Buenos Aires: Grupo Editor La-tinoamericano, 1992.
Welzer, Harald. Guerras Climáticas. Por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI. (Traducción de Alejandra Obermeier). Madrid: Katz Editores, 2010.
Artículos e informes
Agencia Internacional de la Energía. Key World Energy Statistics 2010. París: Soregraph, 2010.
BP. BP Statistical Review of World Energy 2011. Londres, junio de 2011. En: http:// www.bp.com/liveassets/bp_internet/ g l o b a l b p / g l o b a l b p _ u k _ e n g l i s h / r e p o r t s _ a n d _ p u b l i c a t i o n s / statistical_energy_review_2008STAGING/ local_assets2010_downloadsstatistical_ review_of_world_energy_full_report_
2011.pdf
Carlos A. Fernández-Jáuregui. «El agua como fuente de conflictos». Revista CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 45-46, 1999, pp. 179-194. En: http://www.cidob.org/ en/content/download/5577/54627/file/45-46jauregui.pdf
Federico Steinberg. «La nueva geopolítica de los hidrocarburos y las Relaciones Inter-nacionales». Revista Análisis del Real Instituto Elcano, n° 122/2008, 10 octubre de 2008. En: http://www.realinstitutoel cano.org/wps/portal/rielcanocontenido? W C M _ G L O B A L _ C O N T E X T = / Ecano_ es/Zonas_es/ARI122-2008 PNUMA. «Vital Water Graphics. An Overview