ARMANDODE MELO LISBOA
1. Las organizaciones no gubernamentales (ONGs) son mediadoras entre situaciones sociales concretas, movimientos sociales y organiza-ciones de base, y los gobiernos y las agencias internacionales. Son organizaciones intermediarias que, por no tener fines de lucro y dis-tinguirse del Estado, pertenecen tanto al campo de la sociedad civil como al tercer sector. Se dedican particularmente a actividades de asesoramiento, capacitación y elaboración de proyectos, donde bus-can asociaciones, actuando como eslabones de conexión entre lo local y lo global, como traductores de los anhelos de las realidades de base (Scherer-Warren, 1999; UNDP/PNUD, 1993). A pesar de que las ONGs no cuenten con un carácter representativo o un mandato, no hablen o actúen en nombre de terceros, sino en nombre propio, de hecho termi-nan adquiriendo una legitimidad que les trasciende, de modo que a través de ellas se produce un eco de la dinámica social más amplia.
Como ONG es un rótulo conocido pero impreciso, conviene, pri-meramente, llevar a cabo algunas distinciones. Los movimientos so-ciales son formas de acción colectiva en torno a demandas normalmente puntuales y localizadas, que cuentan con una intensa participación de sus miembros y poca institucionalización. Las orga-nizaciones de base u orgaorga-nizaciones populares son instancias demo-cráticas más permanentes y que representan los intereses de sus miembros. A pesar de que sus propósitos están, por lo general, limi-tados a una comunidad en particular, ellas pueden difundirse verti-cal y horizontalmente del nivel loverti-cal al regional, nacional e internacional. Las agencias son entidades de financiamiento que re-cogen recursos, generalmente en los países ricos, para aplicarlos en proyectos de desarrollo en los países más pobres. Las agencias de cooperación son intergubernamentales (vinculadas al sistema de las Naciones Unidas), gubernamentales y privadas, en este caso también son ONGs, muchas de ellas vinculadas a las iglesias.
Hay una infinita diversidad en el mundo de las ONGs, así como innumerables criterios de clasificación. Básicamente, ellas se dife-rencian territorialmente (encontramos desde débiles organizaciones locales hasta entidades estructuradas en vastas redes internaciona-les) o de acuerdo a sus líneas de acción (ellas actúan en todos los campos, tanto en campañas de emergencias, en la lucha por los dere-chos sociales como por un desarrollo justo y sustentable). Es impor-tante distinguir ONGs contra hegemónicas –que gestionan una política alternativa y promueven la transformación social– de ONGs hegemónicas –integradas a los discursos dominantes–. De un modo general, dado que no poseen autonomía financiera, las ONGs depen-den de recursos externos provenientes de agencias de cooperación, de instituciones privadas o gubernamentales. El origen de los recur-sos que aseguran el mantenimiento y la consecución de los objetivos de las ONGs es, invariablemente, una cuestión muy polémica, ya que puede condicionar la naturaleza de esas entidades así como el resul-tado político y social de sus acciones.
2. Se puede vincular el surgimiento y la evolución de las ONGs a la cuestión de la financiación para su creación y desarrollo. Buscando huir a los controles políticos que surgen cuando los financiamientos son realizados directamente por los gobiernos, las agencias internacionales buscaron canalizar, a través de las ONGs del Norte, recursos de ayuda para el desarrollo de actores no estatales. Ellas tenían, por lo tanto, la necesidad de encontrar contrapartes locales constituidas jurídicamente, capaces de ejecutar proyectos y prestar cuentas, lo que hizo que las agencias acuñaran su propia terminología ONG. Ello motivó su surgi-miento en los países del Sur. Las organizaciones no-gubernamentales para el desarrollo tuvieron un papel decisivo en la promoción de ONGs en los países periféricos. No obstante, muchas de ellas también surgie-ron a partir de antiguas prácticas asistencialistas o simplemente del for-talecimiento de los movimientos sociales y organizaciones de base.
Mientras el Estado apenas se limitaba a apoyar la economía capi-talista ya establecida, la actuación de las ONGs en la promoción del desarrollo en el campo económico, a través de fondos de microcrédito y del apoyo a miniproyectos alternativos y comunitarios, estimuló decisivamente las formas de economía popular. Ello contribuyó para catapultar la economía solidaria, ya que siempre tenían como objeto las iniciativas económicas con una fuerte identidad social.
La solidaridad internacional fue un importante elemento en el surgimiento de los centros de promoción del desarrollo, centros de educación popular y de los nuevos movimientos sociales pluriclasistas y autónomos en relación con los partidos. Y hoy todavía sigue sien-do decisiva para la existencia de ONGs en el Sur, dasien-do que la baja capacidad de autofinanciación de las ONGs del Sur, sin duda las vuelve aún más vulnerables. Hay países, como Kenya, donde las ONGs controlan entre 30 y 40% de los gastos en desarrollo, 40% de los programas de salud (Santos, 1999). Entre 1970 y 1990, las contribu-ciones de las ONGs del Norte hacia el Sur aumentaron de US$ 1 mil millón a 5 mil millones. Si se los suman a los fondos gubernamenta-les manejados por ellas, el monto total transferido por las ONGs del Norte llega a US$ 7,2 mil millones, pero este monto representa ape-nas el 13% de las asignaciones netas de toda la asistencia oficial, y sólo el 2,5% del total de recursos destinados a los países en vías de desarrollo, lo que parecen migajas (PNUD, 1993).
Fernandes (1994) reconoce que si “la ayuda oficial está marcada por el interés geopolítico”, también la cooperación no-gubernamen-tal está “directa o indirectamente vinculada a las estrategias interna-cionales de los respectivos gobiernos”. También el informe sobre el desarrollo humano del PNUD indica que “algunas ONGs no son tan no-gubernamentales como aparentan. Aunque oficialmente sean in-dependientes, pueden tener vínculos con el gobierno”.
3. Las ONGs, cuando se adaptan a las prioridades fijadas por las agencias del Norte, en vez de responder directamente a las necesida-des más urgentes de su propia realidad, reproducen los vicios de las antiguas relaciones de cooperación bilateral (que se pautan según el principio del “northern thinking for southern action”), pero ahora con una mayor capacidad de penetración (Max-Neef y Elizalde, 1989). Como las agencias controlan los criterios de evaluación, con reque-rimientos cada vez más estrictos para rendir cuentas, los donantes internacionales imponen patrones normativos que condicionan la orientación de las entidades civiles. “La autonomía en relación con los estados nacionales es a menudo lograda a costa de la dependen-cia en relación con los donantes extranjeros”, señala Santos.
Dado que son agentes de la modernidad, ellas son entendidas por Negri y Hardt (2001) como el frente de la intervención imperial. Para Petras (1999), las ONGs son la cara comunitaria del neoliberalismo,
son una forma de neoliberalismo que viene desde abajo y desde aden-tro, que despolitiza amplios segmentos de la población. Dado que sus programas no son de responsabilidad de los vecinos locales, sino de los donantes extranjeros, solapan las bases de la democracia. Es más, el crecimiento de las ONGs y del tercer sector en los años 90 coinci-de, no por casualidad, con el ascenso del neoliberalismo y con el agravamiento de la pobreza, surgiendo de un contexto de retracción, y no de avance, de las luchas sociales.
A pesar de las fuertes críticas, sospechas y acusaciones que pesan sobre las actividades de las ONGs, ellas han sido aceptadas como una voz legítima, con un prestigio cada vez más grande. Greenpeace, Am-nistía Internacional, Médicos Sin Frontera e Ibase (Instituto Brasileiro de Análises Sociais e Econômicas) son nombres con enorme poder de mo-vilización de la opinión pública. Su visibilidad creció enormemente con el ciclo de conferencias de la ONU de los años 90, a partir de Río-92, con las movilizaciones ciudadanas paralelas a las cumbres de las institucio-nes financieras internacionales y del G-8 (como en las recientes batallas de Seattle y Génova), y con la realización del Foro Social Mundial. Además, el monitoreo de los acuerdos firmados en las conferencias in-ternacionales ha ampliado los foros y las articulaciones entre las ONGs. Las ONGs definitivamente se incorporaron al escenario social.
4. Las ONGs constituyen un campo en intensa mutación. En Amé-rica Latina, durante el enfrentamiento con el régimen autoritario de los años 60 hasta los 80, las ONGs daban la espalda al Estado y al mercado. En los países del Sur, por lo general, ellas acompañaron el movimiento por los derechos humanos y las reformas democráticas, enfatizando temas como la educación y la organización popular.
El derrumbe de las dictaduras militares y la llegada de las políti-cas neoliberales alteran profundamente el contexto donde se inser-tan las ONGs, incluso haciendo que cambien su identidad y construyan nuevas formas institucionales. Cambios en el campo de la coopera-ción internacional para el desarrollo, especialmente en Europa en la década del 90, conllevaron a una concentración de la asignación de los recursos en África y en Europa del Este, reduciendo los montos de América Latina, además de dar prioridad, dentro de ésta, a los países y regiones más carenciados.
Las nuevas generaciones de ONGs dan prioridad a temas como gé-nero, etnicidad, ecología y SIDA. La modernización de la filantropía
empresarial, acercándose a una perspectiva de la economía social, tam-bién ha llevado a que las empresas lleven a cabo acciones de respon-sabilidad empresarial a través del formato de una ONG. Luego, empiezan a existir organizaciones no-gubernamentales muy cercanas al sector capitalista. El mismo concepto de tercer sector, a medida que gana proyección, dificulta la diferenciación con las ONGs comprometidas con el cambio social, diluyendo su fuerza. Crecen las exigencias de más profesionalismo organizacional, lo que hace que muchas organi-zaciones den prioridad a un enfoque gerencial (Armani, 2002).
Pero también existe una acción conjunta más amplia, agendas y redes comunes, consolidándose entidades representativas del sector, como ABONG (Asociación Brasileña de ONGs). Otra novedad es que la reforma del Estado, abierta a la participación ciudadana, motivó a que las ONGs tomen una parte sustancial de los fondos públicos asignados al área social, abriendo muchas asociaciones con los di-versos niveles del Estado. Dado que están habilitadas para gerenciar programas sociales, las ONGs pasan a ser parte del paisaje de las políticas sociales, creando una profunda crisis en lo que se refiere al papel e identidad de dichas organizaciones.
Bibliografía
Armani, D., O desenvolvimento institucional como condição de sustentabilidade das ONGS no Brasil, 2002.
Fernandes, R. C., Privado porém público, Rio de Janeiro, Relume-Dumará, 1994.
Max-Neef, M., Elizalde, A., “Introducción”, en Max-Neef, E. (org.), Sociedad civil y cultura democrática, Santiago, CEPAUR, 1989 Negri, A., Hardt, M., Império, Rio de Janeiro, Record, 2001.
Petras, J., Neoliberalismo: América Latina, Estados Unidos e Europa, 1999.
Santos, B. de Sousa, “Para uma reinvención solidaria e participativa do Estado” en Pereira, W., Sola (orgs.), Sociedad e Estado em transformacción, 1999.
Scherer-Warren, I., Cidadania sem fronteiras, 1999. UNDP/PNUD, Human development report 1993.