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UNA MIRADA AL PASADO. ENERO 2023 Albert Biete

EL RINCON DE LOS LIBROS

VADEMECUM D’ÉMANOTHÉRAPIE (RADONTHÉRAPIE ET THORONTHÉRAPIE)

Fig. 1. Portada del Vademecum sobre Emanoterapia (Radonterapia y Toronterapia) de Gasquet, Godin y Sordeau, publicado en París en 1933 por Norbert Maloine Ed. Med.

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En esta edición presentamos este librito, en realidad vademécum, tiene solo 27 páginas, dedicado a la emanoterapia, o sea a la terapéutica mediante los gases radiactivos como el radon o el toron, producidos por el radium y el torio. Fue escrito por tres autores franceses, el Dr. P. Gasquet, cirujano honorario de los hospitales de Menton y Mónaco, el Dr. M. Sourdeau, electro-radiólogo del hospital de Mans y el Dr. L. Godin, profesor en la Escuela Práctica de Altos Estudios (Física biológica). La obra fue editada por Ediciones Médicas Norbert Maloine y publicada en París en 1933. En la parte inferior de la portada figura el precio: 7 francos. Impresa en hoja de gran tamaño (holandesa), papel satinado y buena tipografía que se lee con facilidad. Incorpora numerosas tablas y curiosamente, a la derecha de la página suele colocar una columna con frases de científicos conocidos relacionadas con el tema.

En la primera página los autores transcriben el resumen de una sesión de 13 de junio de 1932 de la Academia de Ciencias de Francia titulada “Aplicaciones médicas de las emanaciones radiactivas”, presentada por el Prof. D’Arsonval. En ella recuerda las dificultades de obtención de la emanación o radon a partir de una disolución de sales de radium. Comenta que un ayudante suyo, Georges Vaugeois, ha resuelto en 1925 el problema mediante el diseño de un aparato transportable que incorpora una fuente sólida. Ello ha permitido la expansión de esta modalidad de tratamiento radiactivo que se desarrolla en el vademécum que comentamos.

Citan los autores una frase pronunciada por el Prof. D’Arsonval en el I Congreso de Electricidad, celebrado en 1881: “Estoy persuadido que la terapéutica del futuro solo empleará como agentes curativos modificadores físicos (calor, luz, electricidad) u otros agentes todavía desconocidos”. Pese a la excesiva afirmación que el tiempo no ha confirmado, pocos años después Roentgen descubría los rayos X y se iniciaba al poco tiempo la radioterapia que, tras 125 años, tiene plena vigencia y utilidad, al igual que muchos agentes físicos.

Se inicia el texto con un recordatorio de las diferencias entre la emanoterapia y la radiumterapia, destacando que son dos ramas de la curieterapia. Nos explican los autores que la radiumterapia utiliza dosis altas y persigue efectos destructores, por el contrario, la emanoterapia, en sus dos formas de radonterapia y toronterapia, utiliza dosis bajas y busca efectos excitantes.

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Fig.2. Tabla en la que se describen las principales diferencias entre la Radiumterapia y la Emanoterapia. En esta última se distinguen dos modalidades según se utilice el

radon o el toron (emanación del Torio).

La emanoterapia natural se inició con el uso de aguas termominerales que contenían radon disuelto. Pronto nació la emanoterapia artificial a partir de la obtención del gas radon a partir de las sales de radium. His, en el Instituto del Radium de Berlín, inició en el primer tercio del siglo XX los tratamientos por inhalación, seguido por otros autores, principalmente franceses, que exploraron otras vías de administración, tales como la digestiva, cutánea, mediante inyecciones, etc.

Después de una introducción sobre los conceptos de la radiactividad y las radiaciones, los autores dedican unas páginas a las vías de absorción de las emanaciones radiactivas y la posología. Destacan las diferencias de vida media, o más exactamente períodos de semidesintegración, entre el radon (4 días) y la emanación del torio, que denominan toron (54 segundos) y describen el organotropismo y las vías de eliminación. Dedican después un par de páginas a la descripción de los generadores, principalmente el diseñado por Vaugeois y las diferencias entre los del radon y toron.

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El siguiente capítulo se titula “Acción biológica de las emanaciones radiactivas”. En él se describen en detalle las acciones y efectos sobre los principales órganos y sistemas. Bajo la premisa general de un efecto estimulante, que atribuyen a la oxidación y sedante, a la acción desintoxicante, describen los principales efectos. Así, los obtienen en procesos artríticos, enfermedades neurológicas (¡el detalle llega hasta por ejemplo la espondilosis pseudotabética de Babinsky!), anemias, uremia, hipertensión, hiperuricemia, asma, etc.

Por el contrario, no encuentran ningún efecto antiinfeccioso. Curiosamente también describen efectos positivos en los pacientes sometidos a radioterapia, principalmente en localizaciones ginecológicas o en las leucemias.

La última página, antes de la bibliografía, contiene las conclusiones. En ellas nos recuerdan los autores que la emanoterapia es un tratamiento de fondo, no de crisis o situaciones agudas y que tiene numerosas indicaciones por sus efectos sedantes, en casos de hiperfunción, o excitantes, en caso de hipofunción.

Método terapéutico hoy en día abandonado pero que nos recuerda los efectos antiálgicos y antiinflamatorios de las dosis bajas de radiación.

EL INSTITUTO NACIONAL DE CANCEROLOGIA DE COLOMBIA. BOGOTÁ

Según refiere E. Constantin en una comunicación presentada en el X Congreso Nacional de Cancerología de Colombia en 1993, el Dr. Esguerra utilizó por primera vez el radium en 1916 en el Hospital de San Juan de Dios de Bogotá. La indicación fue para un cáncer de cuello uterino y su experiencia le sirvió para defensar en 1920 su tesis doctoral sobre dicho tratamiento. En aquellos años muchos cancerólogos y radiólogos colombianos se formaron en Francia en la Fundación Curie, por lo que la influencia de la medicina francesa en Colombia fue considerable. De hecho, Regaud viajó a este país y durante su permanencia fue nombrado académico correspondiente de la Academia Nacional de Medicina y Doctor Honoris Causa.

Gracias al impulso de Regaud, surge el proyecto de creación de un Instituto Nacional del Radium en 1929. Después de numerosas vicisitudes y dificultades, principalmente económicas, se inaugura en Bogotá el nuevo edificio que albergará el Instituto Nacional del Radium, situado en la calle 1ª con carrera 9ª (inciso: en Bogotá calles y carreras son perpendiculares, similar a Manhattan con calles y avenidas). El edificio inicial, de apariencia racionalista o “art deco”, consta de tres plantas. En la baja se ubican los aparatos de radioterapia y radiología, consultas externas, administración y servicios generales. En la planta primera se ubican los laboratorios, biblioteca, comedor y la sección de Radium con las celdas o habitaciones radioprotegidas. En la segunda planta se disponen los quirófanos, hospitalización y residencia de las Hermanas.

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Los primeros años del nuevo Instituto no fueron fáciles. Dificultades las hubo de todo tipo: políticas y económicas, así como por parte de asociaciones y otros sectores profesionales que no veían con buenos ojos este proyecto.

Fig.3. Portada del magnífico libro del Dr. Efraím Otero, ex ministro de Salud, titulado

“70 años del cáncer en Colombia” y en el que se describe en detalle la historia del Instituto Nacional de Cancerología en el periodo de 1934 a 1999. Fue editado en

Bogotá por Mauricio Pérez Gil y I/M Editores.

El éxito del proyecto de creación y puesta en marcha del Instituto Nacional del Radium de Colombia se debe en gran medida al esfuerzo e ilusión del Dr. José Vicente Huertas.

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Médico de prestigio, fue presidente de la Academia de Medicina de Colombia y ministro de Instrucción y Salubridad Pública. Al final se consigue inaugurar en 1934. Otra problemática que requirió inversiones sucesivas fue la dotación tecnológica. Ya hubo numerosas discusiones acerca de la cantidad de radium a adquirir. No olvidemos el elevadísimo precio de este radioelemento en aquellos años. Al final se consiguió realizar la compra de dos gramos, diseñar el armario blindado para su custodia segura (¡no solo en el aspecto de radioprotección!) y finalmente realizar la instalación de una bomba de radium para teleterapia, sistema precursor de lo que, años más tarde, fue la teleterapia con las unidades de cesio y cobalto.

Fig. 4a. Telecurieterapia con dos gramos de radium instalada en el Instituto de Bogotá.

Estas unidades no llegaron a tener éxito debido al enorme coste del radioisótopo, su escasa manejabilidad y el bajo débito que alargaba mucho el tiempo de irradiación. 4b.

Planos del armario para guardar el radium del Instituto. 6 capas sucesivas de plomo, acero (una de ellas acorazado), amianto y corcho prensado. La protección no solo era

frente a la radiación sino al robo…. (imágenes reproducidas del libro citado del Dr. E.

Otero)

Las limitaciones de la telecurieterapia con radium hicieron aconsejable dotar al Centro con un amplio equipamiento de radioterapia externa. Había dos secciones de rayos X para tratamiento. Una estaba equipada con cuatro aparatos con tensiones de 200kV y la otra con dos de 180kV y un tercero para radioterapia superficial (rayos blandos o límite según terminología de la época). En relación a la organización de la consulta externa, la había de mañana y tarde. Tal como refiere textualmente su director, el Dr.

Huertas, en un informe datado hacia 1936-37: “A la matinal deben acudir los enfermos

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pobres de solemnidad, la cual se verifica alternadamente para hombres y mujeres…La consulta de la tarde es para pacientes de la clientela civil”. El organigrama inicial ya contemplaba dos secciones, la de Radiumterapia, dirigida por el Dr. Brigard y la de Roentgenterapia y Fisioterapia General por el Dr. Florez. Sorprendentemente, ya que ignoramos su significado real, había una segunda sección de radioterapia externa que se denominaba “Sección de Roentgenterapia Especial” y que dirigía el Dr. Iregui. Aparte, como es lógico, había varias secciones más: Medicina, Cirugía, Patología, etc. Los salarios, fijados por Decreto presidencial, eran de 300 pesos mensuales para los jefes de sección, similar al de un parlamentario. Además, tenían participación en los ingresos del Instituto. A modo de referencia, en la época un automóvil costaba alrededor de 500 pesos y el alquiler de un apartamento entre 50 y 80. No hace falta decir que estos emolumentos causaron la envidia de muchos colegas a lo que se sumó un cierto aislamiento debido a su dependencia exclusiva de la Universidad, hecho que se modificó años más tarde al pasar a Sanidad.

Fig.5. Izq: En la década de los 40 el Instituto, que todavía dependía de la Universidad Nacional de Colombia, publicaba una revista con temas de cancerología y radioterapia

escritos por su cuerpo médico. Der: La actual Revista Colombiana de Cancerología, en su número de diciembre de 2012, recogió en su portada fotos de revistas de diversas

épocas del Instituto. Actualmente es la portavoz oficial del mismo.

A partir de entonces el Instituto ha seguido creciendo y jugando un papel fundamental en el tratamiento del cáncer en Colombia. Edita la Revista Colombiana de Cancerología y ha organizado numerosos cursos y reuniones científicas nacionales e interamericanas Su nombre cambió a Instituto Nacional del Cáncer y en este libro del Dr. Efraím Otero,

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editado en 1999, se resumen detalladamente los primeros tiempos y todas las dificultades de su puesta en marcha y desarrollo a lo largo de 70 años de historia.

Fig.6. Fotografía de los profesores y asistentes a un Curso de Cancerología organizado por el Instituto con el patrocinio del Ministerio de Higiene. Bogotá, 1952

LA PASTA COLOMBIA Y LA CURIETERAPIA CON RADIUM

Fig. 7. Los moldes realizados con la pasta Colombia del Dr. Esguerra permitieron una optimización de la efectividad de la curieterapia con radium. En la etiqueta aparece el fabricante, Laboratorios Bruneau de París, así como la fórmula procedente del Instituto

del Radium de la Universidad de París. Esguerra no patentó su invención y la cedió al Instituto.

Siguiendo con la historia de la radioterapia en Colombia, el nombre de este país se asoció estrechamente a la curieterapia en la década de los años 20 del siglo pasado.

Efectivamente, el Dr. Alfonso Esguerra, del que ya hemos hablado, se hallaba en París,

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en la Fundación Curie, realizando una estancia formativa con el Prof. Regaud. El tratamiento de los epiteliomas cutáneos del área de cabeza y cuello tenía el problema de la inadecuada fijación y estabilidad de los tubos de radium, en especial si la neoplasia había producido alteraciones de la anatomía normal, ya de por sí irregular, en forma de ulceraciones o abultamientos. Todo ello provocaba inexactitudes y heterogeneidades en la dosimetría con las consecuencias que podemos colegir. Regaud le encargó a Esguerra buscar una posible solución. Después de numerosas pruebas, logra producir una pasta a base de una mezcla de parafina, cera de abejas y serrín finamente pulverizado, que se hace flexible y moldeable a una temperatura de 45-50 grados. Esta pasta puede aplicarse y adaptarse a la zona a tratar de una forma poco molesta para el enfermo, a la vez que se introducen en su espesor los tubos de radium en la disposición geométricamente adecuada para una óptima y homogénea irradiación. Al enfriarse el molde se endurece y ya no se deforma.

Fig. 8. Envase y muestra su contenido: Molde ya prefabricado de pasta Colombia para una aplicación de curieterapia en párpado izquierdo. También se suministraban las cintas para asegurar la fijación y estabilidad del molde. (Imagen procedente del texto

que se comenta del 70 aniversario del Instituto de Cancerología de Bogotá).

El éxito de este molde fue grande y se presentó en un congreso celebrado en Estrasburgo en 1923. Esguerra se niega a que sea patentado, rechazando los ofrecimientos de la industria, ya que considera que su invención pertenece a la Fundación Curie y así pueda ser de uso general, hecho que sucede rápidamente.

Impone, eso sí, una única condición: que la pasta lleve el nombre de su país: Colombia.

A su regreso a Bogotá en 1926 inicia la curieterapia con radium en el Hospital de San Juan de Dios y años más tarde en el Instituto del Radium. Vemos como esta modalidad

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de braquiterapia, la plesioterapia, gana en eficacia y precisión dosimétrica gracias a la pasta Colombia. Todavía yo recuerdo haber trabajado con ella en la década de los 70 y principios de los 80 con los Dres. Tuca, Craven-Bartle y Sarró en el Servicio de Oncología del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona.

EL RINCON FILATELICO: Dr. Alvaro Alvim

Fig. 9. Superior: Sello de Brasil emitido el 19 de diciembre de 1963, conmemorativo del centenario del nacimiento del Dr. Alvaro Alvim, pionero de la radiología y radioterapia en Brasil. Inferior: Foto que sirvió para diseñar el sello en que el Dr. Alvim, ya con las

manos amputadas, está realizando una exploración radiológica.

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Alvaro Alvim nació en 1863. Desde su infancia sintió vocación por la medicina. Estudió en la Facultad de Bahia, licenciándose en 1887. Interesado en la Electrología, se desplazó a París el trienio 1895-97, donde entró en contacto con los primeros pasos de los recientemente descubiertos rayos X. De vuelta a Brasil, funda el Instituto de Electrología y Radiología, en el que se realizan los primeros exámenes radiológicos y tratamientos con radioterapia. Las radiografías de unas siamesas, que permitieron a los cirujanos separarlas con éxito, le proporcionaron cierta fama. En 1905 volvió a París para ser durante un tiempo alumno de María Curie y poder tratar enfermos con radium a su vuelta. Durante la primera guerra mundial se vio imposibilitado de adquirir tubos de RX a Francia o Alemania, por lo que ideó una técnica de reciclaje de los ya obsoletos.

Este procedimiento le causó una irradiación excesiva de las manos. Hecho insólito, volvió a París y le trataron las úlceras radiógenas con radium, aparentemente con buenos resultados iniciales. Poco tiempo después, como era esperable, hubo que amputarle varios dedos y un año más tarde, en 1924, las dos manos. Pese a ello, siguió trabajando como radiólogo y radioterapeuta hasta su fallecimiento en 1928. Brasil le proclamó “mártir de la ciencia”, título que se reproduce en la leyenda del sello.

El sello que presentamos se emitió en el día del centenario de su nacimiento, 19 de diciembre de 1963. Es horizontal, de color azul grisáceo. En el lateral izquierdo figura el emisor, Correios do Brasil, seguidos del nombre y el título de “Màrtir da Ciència”. En la zona más inferior y con caracteres grandes, el valor facial: 8 cruzeiros. A la derecha, imagen del Dr. Alvim realizando una exploración radiológica en que pueden observarse los muñones de sus antebrazos mientras sujeta la placa. Impreso en la Casa de la Moneda de Brasil, con bastante mala fortuna, ya que la calidad del grabado e impresión es muy pobre.

Curiosamente, he podido localizar la foto del Dr. Alvim que sirvió para reproducirla en el sello que comentamos.

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