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JESÚS Y LA MUJER SAMARITANA Juan 4:1-42

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JESÚS Y LA MUJER SAMARITANA

Juan 4:1-42

En esta oportunidad, veremos una las historias más interesantes que encontramos en las Sagradas Escrituras, en la cual nuestro Señor Jesucristo enseña al mundo la grandeza de su poder para darle al hombre todo cuanto necesita para estar saciado espiritualmente. Si comenzamos nuestro estudio desde el (v. 1) podremos entender cuál fue el propósito del Señor: “4:1 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 4:2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 4:3

salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea”.

Jesús habría de enfrentarse con los fariseos que ahora estaban preocupados por él, ya que estos maestros de la ley vieron que Juan había cedido el ministerio a Jesús. Si leemos Juan 1:19, veremos que desde que Juan comenzó a predicar el reino de Dios, los fariseos comenzaron a investigar si él era el Mesías, pero Juan les testificó siempre que él no era el Cristo; por lo que ahora, que ellos observaban que los discípulos de Jesús sobrepasaban los discípulos de Juan, tenían más que razón para estar preocupados y pensar que Jesús fuera el Cristo, ya que en Juan 1:26 el mismo Juan les declaró que el Cristo ya estaba en medio de ellos.

Jesús, por tanto, salía del campo de batalla, y se dirigía a testificar entre los samaritanos que también eran parte del pueblo de Israel, ya que sabemos que los samaritanos tenían, en cierta forma, sangre israelita. Notemos que el (v. 4) dice: “4:4 Y le era necesario pasar por Samaria”.

Jesús no quería provocar una crisis prematura en la Palestina, ya que él daría su vida en la hora precisa - Juan 10:17,18; 13:1; 14:31, por lo que en este momento tenían que salir de Judea, y por esto decidió volver a Galilea donde inició su ministerio, pero lo haría pasando por Samaria. Aquí se encontraría con una mujer samaritana, a quien él enfrentaría para testificarle de la obra que el Padre le había encomendado, como él mismo dijo a sus discípulos en (4:34): “4:34

Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”.

Veamos, pues, esta gran obra en la vida de la samaritana por medio del bosquejo que sigue:

I. EXPERIMENTÓ UN ENCUENTRO PERSONAL II. EVIDENCIÓ LO QUE HABÍA EN SU INTERIOR III. DEJÓ QUE JESÚS LE DIERA DEL AGUA VIVA

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I. EXPERIMENTÓ UN ENCUENTRO PERSONAL

(Jn. 4:4-14)

A. APARICIÓN DE LA MUJER

1. Después que el apóstol Juan nos muestra las circunstancias y el escenario geográfico dentro del cual se han de desarrollar estos eventos, nos declara la manera en que esta mujer aparece en la escena de los hechos. Ya él mismo había declarado que le era necesario pasar por Samaria, algo que se hacía extraño a los discípulos pues la ruta de los judíos para ir de Judea a la Galilea se hacía pasando por Perea y Decápolis para evitar a los samaritanos. Pero el texto nos dice:

4:4 Y le era necesario pasar por Samaria. 4:5 Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. 4:6 Y estaba allí el pozo de Jacob.

Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta”.

2. Jesús tenía el propósito de hacer llegar el evangelio a sus coterráneos, los que una vez fueron parte de la nación de Israel, por tanto, escogió a esta mujer para hacer su labor. El texto nos dice: “4:7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber”. Jesús de inmediato que ve a esta mujer, conociendo los propósitos de Dios, la aborda y le pone conversación con el fin de lograr su objetivo.

3. Aunque Jesús muestra su condición humana de satisfacer su sed, pero su objetivo principal era predicarle el evangelio a esta mujer, a quién él habría de salvar y convertiría en canal de salvación para muchos samaritanos. Según el (v. 8) Jesús estaba solo con ella. “4:8 Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer”. Por esto era una muy buena oportunidad para enseñarle el camino de la salvación y evidenciar en ella lo que le impedía encontrarlo.

B. PROPÓSITO DE LA CONVERSACIÓN

1. En el (v. 9) encontramos que el propósito de Jesús estaba centrado en que esta mujer se interesara en el tema que él trataría, por esto le pidió agua para beber para crear un punto de contacto. Jesús sabía que esta acción iba a causar impacto en ella, pues siendo él judío y ella samaritana, se

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puede entender que esta acción traería una reacción en ella que de inmediato daría al Señor la pauta para continuar la conversación.

2. La samaritana se extraña en gran manera y le responde (v. 9):

4:9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. La razón de su extrañeza era muy simple, pues desde el tiempo de la muerte de Salomón, cuando se dividió el reino, los judíos y los samaritanos no se trataban entre sí, primero por el simple hecho de que Samaria fue la capital del Reino del Norte en la división del Reino Unido de Israel, y en segundo lugar porque al caer este reino en manos de los asirios, éstos llevaron a Samaria lo peor de todas las naciones conquistadas por ellos, para que se mezclasen con lo poco que quedaba de los Israelitas después de su dispersión y eliminación de casi todas las familias, resultando ser los samaritanos una raza mestiza y menospreciada por los judíos.

3. El propósito de Jesús, al entablar con esta mujer la conversación que vemos en el texto, era realmente hermoso.

Él lejos del odio con que los trataban los de su nación, quería hablarle del don o regalo de Dios y hacerle saber quién era el que le ofrecía este don. Esto sería más impactante para ella, porque se tenía entendido que ningún judío se trataba con ningún samaritano. Esta acción de Jesús le haría ver a la samaritana que él era diferente a sus enemigos.

C. OFRECIMIENTO DEL DON

1. Ahora vemos en el (v. 10) como Jesús le responde ante su sorpresa: “4:10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva”. Esta respuesta del Señor llevaría a la samaritana a interesarse en la conversación que Jesús estaba tratando de poner para lograr su objetivo. Esto debe ser ejemplo para nosotros, para que nunca menospreciemos a nadie por su raza, posición social u origen, para predicarle la Palabra.

2. La samaritana al igual que Nicodemo y cualquiera de nosotros, creía que Jesús le estaba hablando dentro del

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contexto de las necesidades humanas, carnales y materiales y no desde el punto de vista espiritual como vemos ahora en los (vv. 11-12) cuando vemos su contenido: “4:11 La mujer le dijo:

Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? 4:12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?”De hecho, ella pensaría

“cuál sería el interés de este hombre desconocido que me pide agua y a la vez me ofrece otro tipo de agua de la cual yo no tengo conocimiento”. Esto la desconcertó.

3. Jesús le declara que su ofrecimiento es divino: “4:13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 4:14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”. ¡Qué gran ofrecimiento presenta Jesús con estas palabras! Tal fue este ofrecimiento, que ésta mujer se quedó perpleja y solo atinó a decir: “4:15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla”.

Jesús aprovechó esta petición:

II. EVIDENCIÓ LO QUE HABÍA EN SU INTERIOR

(Jn. 4:15-25)

A. JESÚS LE HACE EVIDENTE SU CONDICIÓN INTERIOR

1. En el (v. 15) notamos como se muestra que la samaritana quería del “agua viva” que le ofrecía Jesús, entendiendo que él hablaba de un tipo de agua como la que estaba en el pozo, que solo servía para cosas materiales, pero nunca preguntó qué debía hacer para obtenerla, por lo que Jesús se lo hace saber y le aclara su oferta.

2. Jesús le hizo una solicitud: “4:16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá”. Jesús deseaba que ella pudiese comprender, de qué él hablaba cuando le ofrecía el agua viva. Con esta petición, ella misma declararía su verdadera condición. Asimismo, como nos sucede a cada pecador cuando leemos la Biblia y ella misma nos evidencia el pecado que tenemos oculto. La mujer samaritana se quedó sin palabras ante la demanda de Jesús.

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3. Ella respondió de inmediato: “4:17a Respondió la mujer y dijo:

No tengo marido”. Más: “4:17b Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; 4:18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad”. La samaritana reaccionó al ser evidenciada en su pecado y de inmediato reconoció su condición delante del Señor.

B. JESÚS COMIENZA A TRAER LUZ A SU CONCIENCIA

1. De inmediato que Jesús le evidencia su pecado y la samaritana comienza a llenarse de la luz que da el Espíritu de Dios cuando somos iluminados por su Palabra dándonos convicción de pecado justicia y juicio, notemos como ella reacciona diciendo: “4:19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta”. Realmente esta mujer reconocía que quien hablaba con ella no era un ser común, ella había entendido que este hombre era diferente a los demás y más aún cuando había evidenciado su pecaminosa realidad.

2. La samaritana desea saber más del poder de Jesús, y le cuestiona sobre el lugar en que se debía adorar, entendiendo la pugna que había entre los samaritanos y los judíos desde el tiempo en que Jeroboam le había hecho altares altos para que el pueblo no descendiese a adorar en el templo de Jerusalén. Ahora le dice a Jesús: “4:20 Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Como vemos ella manifiesta interés en este tema, aunque podemos pensar que tal vez lo que quería era evadir la conversación con que tan directamente Jesús le había impactado.

3. Pudiéramos decir también que esta mujer ya estaba siendo afectada por la obra del Espíritu Santo, ya que, de hecho, ella siguió cuestionando a Jesús sobre la persona del Mesías del cual entendía vendría la luz que todo hombre necesitaba.

C. JESÚS DA RESPUESTA A SU NECESIDAD

1. Ahora en los (vv. 21-23): “4:21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 4:22 Vosotros adoráis lo que no sabéis;

nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 4:23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando

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los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”.

2. Primeramente, Jesús le aclara que lo importante no era el lugar de adoración, como se creían los samaritanos desde el tiempo de Jeroboam, el cual preparó como dijimos anteriormente, lugares de adoración fuera de Jerusalén para que el pueblo israelita no adorara en Jerusalén donde reinaba su enemigo Roboam el hijo de Salomón.

3. Jesús la lleva a entender lo que Dios realmente desea de los hombres con respecto a la adoración, y le dice que lo importante en esto es la actitud de nuestro corazón, y la obediencia a la verdad de Dios, entendiendo que la salvación viene de los judíos y es por esta vía que Dios enviará el objeto y el método de adoración que tendrá que primar en todo ser humano que desee adorar al único y verdadero Dios.

4. Jesús aprovecha la oportunidad para declararle la verdadera esencia de Dios y lo que él espera de aquellos que le adoran:

4:24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 4:25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas”. Para Jesús, era sumamente importante que esta mujer entendiera la realidad espiritual de Dios y el concepto escritural de la verdadera adoración.

Vemos aquí a la samaritana, hablando del Mesías y notamos como Jesús le responde, acercándola con esto a la salvación de su alma: “4:26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo”.

Esto llevó a la samaritana no solo hacia su salvación, sino a compartirla con los suyos.

Aquí vemos como la samaritana:

III. DEJÓ QUE JESÚS LE DIERA DEL AGUA VIVA

(Jn. 4:27-29)

A. LA SAMARITANA EXPERIMENTÓ UN CAMBIO DE ACTITUD

1. Después que el texto nos narra la llegada y admiración de los discípulos, se deja claro la manera en que la samaritana manifestó su cambio. “4:27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo,

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ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?” No obstante, la Samaritana ya había sido salva y por esto nos dice el texto: “4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 4:29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? Lo narrado aquí evidencia que ella creyó de inmediato en la persona de Jesús como profeta y como Mesías. Esta mujer en su gozo, olvidó su propósito inicial, buscar agua en el pozo de Jacob.

2. De inmediato fue a la ciudad de Sicar y testificó a los samaritanos de lo que ahora era su propósito actual, derramar el agua espiritual de la que había recibido del Mesías a todos sus coterráneos, la cual se había convertido en ella, en una fuente de agua que salta para vida eterna, (v. 14 y Jn. 7:37- 38).

3. La Samaritana declaró a todos lo que Jesús le había evidenciado, dando testimonio de su pecado y de la salvación que experimentó al recibir el agua viva que ofrecía Jesús. Esto fue lo que operó el cambio de actitud en esta mujer pecadora. Por esto el texto nos dice: “4:30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él”.

B. LA SAMARITANA DIO FRUTO DE SALVACIÓN

1. Mientras la samaritana hace su labor de evangelismo Jesús tiene una conversación con sus discípulos para que entendieran cuál era la labor para lo cual él había venido a la tierra: “4:31 Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo:

Rabí, come. 4:32 Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. 4:33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? 4:34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 4:35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. 4:36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. 4:37 Porque en esto es verdadero el dicho:

Uno es el que siembra, y otro es el que siega. 4:38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores”.

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2. Ahora podemos notar en la samaritana el fruto evidente de una conversión genuina. Esta mujer arrepentida daba de inmediato fruto para Dios como vemos ahora en la narración del texto cuando nos expresa: “4:39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho”.

3. Jesús más adelante diría: “Por sus frutos los conoceréis” y de cierto, esta mujer ganó otras almas que vinieron a Jesús, tan solamente por el testimonio que dio a sus conciudadanos, como podemos ver en él. Lo más impactante de ella fue la manera en que testificó de Jesús al mostrar a muchos de los samaritanos de aquella ciudad, sobre su experiencia de salvación, Esto provocó que los samaritanos, a quienes ella testificó, quisieran saber de Jesús.

4. Con tan solamente su testimonio, esta mujer fue luz para su pueblo y esperanza para los pecadores que vinieron al arrepentimiento. Por esto todo pecador salvado tiene que testificar y entender que esto es un mandato de Dios para sus hijos, de lo cual la mujer samaritana fue ejemplo y será evidencia de juicio en el tribunal de Cristo, para todos aquellos que se niegan a testificar de Cristo.

C. LA SAMARITANA LLEVÓ A MUCHOS A JESÚS

1. Lo importante no era que los hombres pusieran su vista en ella, sino que ellos fueran por sí mismos a Jesús como nos declara el texto al decir: “4:40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días”.

Su testimonio les atraería al Cristo, quien ofrecía el agua de vida.

2. Jesús estaba siempre con los que querían estar con él. Para que los que se enfrentasen con la Palabra, tuvieran mayor convicción de su propia condición, así lo evidencia el testimonio de aquellos hombres a quienes Jesús mismo les predicó: “4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él”.

3. Esta debe ser nuestra predicación, llevar al incrédulo a enfrentarse con la Palabra de Dios. Es decir: “Yo te puedo enseñar de mi testimonio, pero mayor efecto habrá en tu vida

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cuando yo te hable de lo que puede hacer Jesús en la tuya, mostrándotelo por su Palabra”. Así también me dirás como los samaritanos dijeron: “4:42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo”.

CONCLUSIÓN Y APLICACIÓN:

La historia de la mujer samaritana es una historia de bendición para todos aquellos que hemos gustado del agua de vida. Esta porción de la Palabra de Dios, nos debe motivar a dar el más puro y fiel de los testimonios, principalmente de lo que Jesús ha hecho en nuestras vidas, y debe llevarnos a mostrar a todos lo que Jesús puede hacer en la vida de otros que estén la disposición de ser testigos de su obra. Recuerda, Dios quiere bendecirte a ti también.

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