Estudio Bíblico del Evangelio de Juan
Juan 4:1-42
“Jesús y la mujer samaritana en un pozo sagrado”
1. Introducción.
Este pasaje contiene una historia conmovedora y profundamente maravillosa. Pero para comprender toda la riqueza del pasaje hay que ahondar en el contexto político, social y religioso del Israel de los tiempos de Jesús. En el versículo 9 Juan escribe: “…Y es que los judíos y los samaritanos no se tratan entre sí”.
Él presupone que sus lectores conocen la historia entre judíos y samaritanos, y las razones por las que ellos no se trataban entre sí. Pero nosotros coño lectores modernos del cuarto Evangelio no necesariamente tenemos claras estad situaciones; por lo tanto necesitamos un poco de…
1.1. Trasfondo.
El Antiguo Testamento nos enseña en Génesis 12 que Dios llamó a Abraham y le prometió darle una gran descendencia y de esta descendencia hacer una gran nación (Génesis 12:1-3). Al final del libro de Génesis vemos que los descendientes de Abraham formaron doce tribus (capítulo 49). Y de esas tribus se conformó la nación de Israel. Su primer rey fue Saúl. Pero no fue Saúl quien consolidó el reino, sino el gran rey David. David hizo de Jerusalén la ciudad capital de su reino (2 Samuel 5:6-10) y además el centro religioso del reino de Israel (2 Samuel 6).
Después de David el reino de Israel llegó a su máximo esplendor y expansión bajo el mandato de Salomón, su hijo. Salomón construyó el magnífico templo de Jerusalén (1 Reyes 6) su fama de extendió (1 Reyes 10) pero el costo había sido el duro trabajo de sus súbditos.
Cuando el hijo de Salomón, Roboán, ascendió al trono el pueblo le rogó que les alivie el trabajo pesado. Pero el orgulloso Roboán rechazó su pedido con brusquedad. El resultado de esa decisión fue que todas las tribus del norte rechazaron el reinado de Roboán y al linaje de David y nombraron a un rebelde como su propio rey. El reino se dividió en dos (1 Reyes 12).
El reino del norte continuó llamándose “Israel” mientras que el reino del sur se llamó “Judá”.
Pero esta división fue en contra de la voluntad de Dios. Los israelitas que se separaron de Judá blasfemaron, adoraron otros dioses y becerros de oro (1 Re. 12), y se mezclaron con los asirios adoptando sus prácticas paganas (2 Re. 17) e hicieron de Samaria su capital.
Además de todas esas blasfemias, los samaritanos rechazaron los escritos de los profetas.
Rechazaron los libros de Samuel, Reyes, Crónicas, Proverbios y Salmos. También rechazaron el templo de Jerusalén como lugar de adoración y colocaron su propio templo en un monte en la ciudad de Siquem. Todas estas acciones provocaron la ira de Dios y el reino de Israel en el norte sería devastado (2 Reyes 17).
pueblos las heridas, el rechazo y el rencor que se tuvieron mutuamente. En los tiempos de Jesús los judíos y los samaritanos no se trataban entre sí y evitaban cualquier contacto posible.
Ora pidiendo la bendición de Dios para estudiar su Palabra.
2. Observando.
Lee Juan 4:1-15 y responde:
¿Cuál fue la razón por la que Jesús y sus discípulos retornaron a la región de Galilea? ¿Da Juan alguna pista?
¿Cuál es el “retrato” de Jesús que juan presenta en los versículos 4 al 6?
¿Quién fue hacia el pozo? ¿Quién inició la conversación y qué le pidió?
¿Cuál fue la respuesta y reacción de la mujer?
¿Qué le ofreció Jesús? Y ¿Cuál fue la respuesta de la mujer?
¿Qué tipo de “agua” le estaba ofreciendo Jesús a la mujer samaritana? ¿Era un agua física o espiritual?
En el versículo 15 ¿Comprendió la mujer de qué le estaba hablando Jesús?
Lee juan 4:16-30 y responde:
¿De qué manera cambia Jesús radicalmente el tema de su conversación con la mujer?
¿Cuál era la verdadera situación de la mujer samaritana? ¿De qué manera trató ella de desviar la atención sobre si misma?
¿Cuál fue la respuesta de Jesús sobre el tema del lugar de adoración?
¿Qué dijo finalmente la mujer y cómo le respondió Jesús?
¿Cuál fue la reacción de los discípulos de Jesús al verle hablando con una mujer samaritana?
Compara su actitud con la actitud de la misma mujer en el versículo 9.
¿Que hizo la mujer luego de su tiempo conversando con Jesús?
Ahora lee Juan 4:31-42
¿Cuál fue la preocupación inmediata de los discípulos de Jesús luego que la mujer regresara a la ciudad?
¿De qué tipo de comida se alimentaba Jesús? ¿De qué manera refleja su respuesta cuáles eran sus prioridades aquí en la tierra?
¿Cuál fue la respuesta general de los samaritanos de aquella ciudad a la persona de Jesús? ¿A que conclusión llegaron?
¿Qué fue lo que llevó a los samaritanos a tener la convicción de que Jesús es de verdad el salvador del mundo?
3. Profundizando.
El encuentro de Jesús con la mujer samaritana es presentado como un fuerte contraste de la visita de Nicodemo a Jesús. Ella representa y es todo lo contrario a Nicodemo. Una mujer, una samaritana, una persona de mala reputación, una persona con una vida pecaminosa evidente a sus vecinos. Pero la mujer samaritana sí responde a Jesús, se mantiene cerca de él y finalmente sus palabras llevarán a todos los samaritanos de la región a Jesús. Sus palabras representan un gran contraste al silencio de Nicodemo.
Lo primero que debe llamar nuestra atención es la afirmación de Juan en el versículo 4: “le era necesario pasar por Samaria…” ¡Los judíos evitaban viajar por Samaria! Entonces, cuando Juan dice que era necesario que Jesús viaje por Samaria podemos comprender que todo es parte del plan
Otro detalle que sorprende en este pasaje es que haya sido Jesús quien inició la conversación con la mujer. En aquellos días un varón nunca, bajo ningún concepto, hablaba con una mujer, era muy inapropiado ¡Sobre todo para un maestro de la Palabra de Dios!
Pero en este pasaje vemos a Jesús realizar todo este tipo de acciones que eran considerada a inapropiadas. Juan nos muestra de esta manera que Jesús es el Señor no solamente superior al templo y a las tradiciones y costumbres, sino que Él tiene autoridad para hacer estas cosas pues es el Mesías que ha venido a restaurar a su pueblo, la luz del mundo que ha venido a alumbrar en los lugares mas oscuros y recónditos de la tierra.
Versículos 7 al 26. Jesús habla con una mujer samaritana .
El versículo 7 dice que la samaritana fue a sacar agua al pozo. En aquella cultura el abastecimiento de agua era responsabilidad de las mujeres. Los pozos se habían convertido en el lugar de encuentro1. Allí es donde aprovechaban de verse y conversar. Sacar agua era una actividad agradable al mismo tiempo que una tarea necesaria para el abastecimiento de cada hogar.
Pero la mujer de nuestra historia va al pozo a mediodía (v. 6), una hora donde nadie estaría en el pozo debido a las altas temperaturas. El hecho que la mujer fue al pozo a mediodía nos da una fuerte indicación de su aislamiento social y su reputación delante de los demás samaritanos. Ella era una mujer con mala reputación.
Jesús le pide agua y la conversación gira en torno a este tema. Pero Jesús está intentando comunicarle una verdad espiritual de la misma manera como lo había hecho con Nicodemo y ella, igual que Nicodemo, no logra captar esto, su mirada y si pensamiento está en el agua física.
En el versículo 10 Jesús le habla de “Agua viva” que él puede darle. Esta expresión significa una corriente de agua, como un río o un manantial. El “agua viva” era el agua que está en movimiento.
Esta agua era muy valiosa por su pureza y por ser cristalina y se la reservaba para los lavamientos rituales para purificar a los adoradores.
El tema es que la mujer era natural de la región, ella conocía cada pozo y cada fuente de agua. En Siquem no habían arroyos ni ríos. Era tan seco y desértico que Jacob había tenido que excavar ese pozo para sus rebaños. Entonces no debe sorprendernos la extrañeza de la mujer ¿Cómo se atrevía ese intruso judío, que apenas conocía aquel lugar, a ofrecer un agua de la que nadie sabía nada?
¡No hay agua viva en Siquem! No habían ríos ni arroyos ni manantiales, sólo ese pozo. Por eso ella le preguntó: ¿Eres acaso superior que Jacob que nos dio este pozo? (v.11).
Sin darse cuenta ella hizo la pregunta correcta. Jesús sí es superior a Jacob y el agua que él tiene es superior a cualquier agua de Siquem. En otro intento para que ella vea más allá del agua terrenal Jesús le dice en el versículo 14 que es un agua que lleva a la vida eterna.
De hecho, Jesús va mucho más allá de un cambio de muerte a vida. Él dice que el agua que él ofrece
1 En Génesis 24 leemos que el siervo de Abraham fue a buscar esposa para Isaac precisamente a un pozo y en Éxodo 2 leemos que también Moisés conoció a las hijas de Jetro en un pozo, una de las cuales llegó a ser su esposa. Y quizá el pasaje del Antiguo Testamento que más anticipa el encuentro de Jesús con la
samaritana es Génesis 21:8-21 donde Dios proveyó un pozo de agua para Agar y su hijo Ismael en el
será una fuente de agua que fluya para vida eterna (v.14). La misión de Jesús no es salvar solamente, Él quiere transformar las vidas y darles un propósito para vivir.
La mujer hace la petición correcta en el versículo 15: “Señor, dame de esa agua…”, pero ella está trancada en la idea de agua física, porque luego añade: “…para que yo no tenga sed ni venga aquí a sacarla.” Sigue pensando en el agua material.
En los versículos 16 al 18 el Señor cambia el sentido de la conversación radicalmente.
Sorpresivamente le pide a la mujer que busque a su marido y le llame. La respuesta de la mujer es que no tiene marido. Esto hubiera sido cierto si ella era viuda o si estaba divorciada, pero Jesús conoce la verdad de su vida. Jesús revela su capacidad divina, su conocimiento sobrenatural de la vida secreta de la mujer. Él le recuerda que ha tenido cinco maridos y el hombre con el que vive actualmente es su amante, el sexto hombre de su vida es un hombre con el que ella no está casada.
La mujer sorprendida exclama que Jesús debe ser un profeta y, en un intento por desviar la atención de sí misma lanza su último recurso para librarse de la vergüenza de su pasado (y su presente): En los versículos 19 y 20 ella toca el tema que había dividido y confrontado a sus dos pueblos por siglos: Dónde se debe adorar a Dios.
Para el tiempo de Jesús el templo que habían construido los samaritanos estaba destruido, lo único que quedaba era el monte donde había sido edificado. Por eso ella menciona el monte.
Pero Jesús no se involucra en los temas raciales ni políticos. Él habla de la verdadera adoración. En lugar de hablar con el enojo de un judío celoso, Jesús afirma que la salvación proviene de los judíos
¡No porque ser una raza mejor! ¡Tampoco porque los judíos habían sido mas fieles o mejores creyentes que los samaritanos! Sino porque la salvación, es decir el Cristo, el Mesías tenía que ser judío, tenía que ser un descendiente de David, de la tribu de Judá. Y Jesús le dice que ese debate entre samaritanos y judíos sobre el lugar de adoración está por terminar ¡Ambos lugares de adoración pronto quedarán obsoletos! En el versículo 24 Jesús dijo: “La hora viene y ahora es…”, esa hora se refiere al momento de su gloria, que en el evangelio de Juan es su muerte y resurrección. La hora de su muerte se acerca, pero los efectos salvíficos de su muerte ya empiezan a dar frutos (por eso el “ahora es”).
Los verdaderos adoradores son los que adoran “en espíritu y en verdad” ¿Qué quiere decir esto?
“Adorar en Espíritu” Se trata de una adoración que es posible únicamente por el Espíritu Santo de Dios. “Adorar en Verdad” quiere decir que es una adoración que sólo es posible por aquel que es la verdad. Jesús dice en Juan que Él es la verdad (14:6). Adorar en verdad es adorar en Jesús, por medio de Jesús, es la adoración que sólo Él hace posible.
La verdadera adoración, la adoración en Espíritu y en Verdad es una adoración al Padre, por medio del Hijo que es la verdad y en el Espíritu Santo.
En este punto la mujer ya se encuentra sin recursos para desviar la atención. Ella utiliza lo último que puede usar. Los samaritanos creían también en la venida del Mesías, la mujer hace el último
“Yo sé que el Mesías, llamado el Cristo, ha de venir; y que cuando él venga nos explicará todas las cosas.”
Ella piensa que tanto ella como Jesús tendrán que esperar la llegada del Mesías. Pero está a punto de llevarse otra sorpresa. Ella, sin saberlo acababa de describir a Jesús con las palabras precisas de quién es Él. Jesús le dijo:
“Yo soy, el que habla contigo.” (v. 26)
Esta es la primera vez que Jesús dice “Yo soy” en el evangelio de Juan. Debemos prestar mucha atención cuando Jesús dice “Yo Soy”. ¿Por qué? Porque esta expresión es el nombre de Dios.
En Éxodo, capítulo 3, Moisés habló con Dios, y él le preguntó cuál era su nombre. Dios le respondió:
«YO SOY EL QUE SOY.» Y añadió :«A los hijos de Israel tú les dirás: “YO SOY me ha enviado a ustedes.”» (Éxodo 3:13-14)
“Yo soy” es el nombre que Dios usó para revelarse a los israelitas en el Antiguo Testamento. Ahora Jesús le acaba de decir a la samaritana “Yo soy”. La mujer había ido en busca de agua, en una hora improbable porque esperaba no tener que encontrarse con nadie, porque ella llevaba una mala vida, una vida de pecado y ella era una paria, una excluida de la sociedad y terminó hablando con el Señor.
Cuando llegaron los discípulos la mujer no dice más palabras, sino que deja su cántaro, una poderosa imagen de que ella ya no necesita agua, mas bien parece que el agua viva de la que hablaba Jesús empieza a fluir de ella pues fue a la ciudad y habló con los hombres, sin nada que esconder declaró: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?” Y toda la ciudad fue a donde estaba Jesús.
Mientras tanto Jesús conversa con sus discípulos sobre sus verdaderas prioridades. Jesús utiliza un ejemplo agrícola para explicarles cómo opera el reino de Dios. No siempre se verán frutos inmediatos luego de proclamar las buenas noticias. A veces otros cosecharán. Dios había
“sembrado” y preparado el terreno durante todo el periodo del Antiguo Testamento por medio de los patriarcas y los profetas, ahora era el tiempo de cosechar.
Jesús les dijo en el versículo 35 que los campos estaban “blancos para la cosecha” ¿Quizá se refería a los samaritanos de la ciudad que venían vestidos de blanco? No hay forma de saber qué significa esta expresión en concreto, lo que sí es claro es que el tiempo para la gran cosecha de almas que creían en Jesús había llegado y el lugar para esta cosecha era Samaria.
Jesús se quedó con ellos dos días y muchos creyeron por las palabras de Jesús.
Los samaritanos al final declaran que no creen solamente por las palabras y el testimonio de la mujer, sino porque han ellos oyeron a Jesús (ver Romanos 10:17).
4. Aplicando
Este pasaje es sobre todo acerca de Jesús. Tiene un solo propósito: que sus lectores de den cuenta
que Él es el Mesías, el Cristo. Y que creyendo en el tengamos vida eterna.
Pero hay detalles particulares a este relato que deben alentarnos en nuevas dimensiones:
El amor de Jesús viajando por un lugar que cualquier judío evitaba es evidente. Pero se hace más evidente cuando leemos su conversación con la mujer y sus respuestas. Igual que con Nicodemo, Jesús es directo, es paciente y se revela a sí mismo delante de esta mujer. Y su mensaje es claro y el mismo: Sólo Jesús puede dar la vida eterna, sólo él puede transformar, sólo él puede dar esa agua viva que fluye para vida eterna.
¿Hemos creído en Jesús de la misma manera que la mujer samaritana y los samaritanos? Ellos no necesitaron presenciar un tipo de señal especial o milagrosa de parte de Jesús, el conocimiento de la mujer acerca de Jesús va creciendo mientras más habla con él. La mujer comenzó llamándole
“señor” (que es igual que decir “caballero”), luego le llamó “profeta” y al final “el Mesías, el Cristo”.
La aceptación de los samaritanos a la persona de Jesús es un poderoso ejemplo de fe sin demandar señales o milagros.
¿Qué nos enseña esto sobre el evangelismo y el amor que debemos tener para con los perdidos?
¿Les amamos de la misma manera que Jesús les ama?