CAPÍTULO
OCHO
J
ESÚS Y LAS LEYES MORALES
DEL ANTIGUO PACTO
En éste capítulo veremos una marcada diferencia en la forma en la cual Jesús trataba las leyes morales del antiguo pacto, en contraste con la forma en la cual consideraba las leyes rituales. Quizás las mejores ilustraciones de esto se encuentran en el Sermón del Monte en Mateo 5.
Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal.” Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno de fuego (Mt. 5:21, 22).
Aquí Jesús se refiere al sexto mandamiento con su interpretación rabínica. Note cómo Jesús empieza con la ley moral del antiguo pacto, la cual en sí misma, es de hecho bastante limitada en su alcance, pues trata sólo con el asesinato. Él entonces contrasta Su enseñanza la cual expande grandemente el alcance de ésta ley moral al mostrar que las malas pasiones del enojo y el hablar con furia e insultos, son pecados que cuando se cometen traen culpa merecedora del infierno de fuego. En otras palabras, Jesús toma ésta ley moral del antiguo pacto y la expande del acto de asesinato al principio de las emociones de enojo y el hablar insultante. ¡Éste no es un cambio pequeño! Al
hacer esto Jesús eleva la norma moral muy por encima de la ley del antiguo pacto.
En Mateo 5:27, 28 Jesús hace la misma cosa con el séptimo mandamiento.
Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio.” Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón.
Otra vez, Jesús cita la ley moral del antiguo pacto y entonces contrasta Su enseñanza, la cual modifica y
expande el acto de adulterio según el antiguo pacto para abarcar incluso el principio de una mirada o pensamiento lujuriosos.
De especial interés es Mateo 5:33–37 donde Jesús se refiere a la ley de los juramentos que se encuentra en Números 30:1–15 y Deuteronomio 23:21–23. Pongo esto en la sección de la “ley moral” porque hacer un juramento (promesa) a Dios es ciertamente un acto moral y debe ser visto como una expansión de “no des falso testimonio en contra de tu prójimo” que, por sí mismo, es muy limitado en su alcance.
También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor.” Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. Cuando ustedes digan “sí,” que sea realmente sí; y cuando digan “no,” que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno (Mt. 5:33–37).
Concedido, los judíos de los días de Jesús estaban abusando de los juramentos, sin embargo, una lectura cuidadosa de la declaración anterior comparada con la ley del antiguo pacto indica que Jesús está condenando algo permitido, incluso aprobado, en la ley del antiguo pacto.
Si le haces una promesa al SEÑOR tu Dios, no tardes en cumplirla, porque sin duda él demandará que se la cumplas; si no se la cumples, habrás cometido pecado. No serás culpable si
evitas hacer una promesa. Pero, si por tu propia voluntad le haces una promesa al SEÑOR tu Dios, cumple fielmente lo que le prometiste (Deut. 23:21–23).
No hay ningún indicio en la ley, que hacer un juramento sea malo o incluso indeseable. Note el siguiente relato sobre Jefté.
Entonces Jefté, poseído por el Espíritu del SEÑOR, recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mizpa de Galaad, y desde allí avanzó contra los amonitas. Y Jefté le hizo un juramento solemne al SEÑOR: «Si verdaderamente entregas a los amonitas en mis manos, quien salga primero de la puerta a recibirme, cuando yo vuelva de haber vencido a los amonitas, será del SEÑOR y lo ofreceré en holocausto» (Jue. 11:29–31).
Jefté se horrorizó al ver a su hija salir para darle a él la bienvenida. Él la envió lejos para llorar por dos meses y entonces leemos,
Cumplidos los dos meses volvió a su padre, y él hizo con ella conforme a su juramento…(Jue. 11:39).
Hebreos 11:32 enlista a Jefté en el salón de la fama de la fe.
Por tanto, hacer juramentos en y de sí mismo estaba aprobado por la ley.1 Sin embargo, Jesús, contrasta Su
mejor enseñanza sobre los juramentos. Ésta mejor
enseñanza corrigió el abuso que algunos de los judíos de los días de Cristo estaban haciendo en lo relacionado a hacer juramentos. También simplificó el principio de los juramentos a simplemente decir la verdad.
En Mat. 5:43–48 Jesús dijo,
Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.” Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen
1 Vea también Deut. 6:13; 10:20 donde hay un mandato para “jurar por
eso hasta los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.
Mientras que la Escritura no dice, “odia a tu enemigo”, no debemos ser muy rápidos para condenar a los líderes judíos por enseñar esto, porque podía implicarse de otras porciones de la ley. Hay muchas declaraciones en la ley que muestran una distinción en la naturaleza moral y ética de cómo un israelita debía tratar a otro israelita, en comparación a cómo debía tratar a un extranjero. Por ejemplo,
No le cobres intereses a tu hermano sobre el dinero, los alimentos, o cualquier otra cosa que gane intereses. Cóbrale intereses a un extranjero, pero no a un hermano israelita…(Deut. 23:19, 20).
Jesús contrasta Su ley del amor con la del antiguo pacto. La ley del antiguo pacto enseñaba que uno debía amar a su prójimo judío. Sin embargo, Jesús modificó y expandió ésta ley más allá de los límites geográficos y étnicos para abarcar ¡incluso a los enemigos extranjeros que nos persiguen!
Al hacer esto, Jesús se aleja del antiguo pacto que tenía un centro Israelita/Palestino, hacia el nuevo pacto que venía y tenía una aplicación para todas las nacionalidades del mundo. Mientras que el nuevo pacto no llegó con toda su fuerza sino hasta la muerte y resurrección de Cristo, la enseñanza de Cristo anticipaba éste cambio.
Mientras que hay muchos otros ejemplos que se podrían dar,2 ahora podemos hacer un resumen general de la actitud de Cristo hacia las leyes morales del código mosaico.
Resumen: Cristo y la ley moral del antiguo pacto
1. Jesús se sintió libre para modificar y expandir las leyes morales del antiguo pacto.
2. Las dimensiones morales y éticas de la ley de Cristo están tan por encima de las leyes morales del antiguo pacto, que Jesús pudo contrastar Su enseñanza moral con las leyes morales del antiguo pacto.
3. Jesús modificó y expandió las leyes morales del antiguo pacto cambiándolas de reglas legales a principios morales y éticos.
4. Jesús modificó y expandió el alcance de las leyes morales del antiguo pacto llevándolas a ser leyes más allá de sólo para Israel hacia principios morales y éticos para toda nación, pueblo y cultura.3