La Visión Integral
Introducción al revolucionario enfoque
sobre la vida, Dios y el Universo
Con especial agradecimiento al personal del Integral Institute, cuyo infatigable esfuerzo, inteligencia y creatividad están convirtiendo la visión integral en una realidad para todos los que deseen sumarse a esta aventura integral.
Capítulo 1
INTRODUCCIÓN
¿Cómo podemos navegar
a través del siglo XXI?
¿Cómo dar sentido a nuestra vida
y a nuestra conciencia?
¿Qué pensarías si les dijera
que disponemos de un mapa global de
nosotros y de nuevo mundo
en el que nos encontramos
DURANTE LOS ÚLTIMOS TREINTA AÑOS hemos asistido a la emergencia de un hecho histórico sin precedentes: la posibilidad de acceder a todas las culturas del mundo. En el pasado, la persona que nacía en el seno de la cultura china, pongamos por caso, se hallaba muy probablemente condenada a pasar su vida entera sumida en esa cultura, sin moverse de su provincia y viviendo, amando y muriendo, muy a menudo, en una pequeña parcela de tierra y, en muchas ocasiones, hasta en la misma choza. Pero la movilidad geográfica del hombre actual es mucho mayor y casi cualquiera tiene la posibilidad de estudiar todas las culturas conocidas del planeta. Y es que, en la aldea global, todas las culturas están abiertas a las demás.
Que el conocimiento sea hoy en día global significa que, por primera vez en la historia, cualquier persona cuenta con la posibilidad de acceder al conocimiento acumulado por el ser humano, es decir, al conocimiento, la experiencia, la sabiduría y las reflexiones recopiladas por las grandes civilizaciones, tanto premodernas como modernas y postmodernas.
¿Qué sucedería si tuviésemos literalmente en cuenta lo que las distintas culturas han dicho acerca de las potencialidades del ser humano? ¿Qué sucedería, dicho de otro modo, si colocásemos sobre la mesa todo lo que se ha dicho sobre el desarrollo espiritual, el desarrollo psicológico y el desarrollo social? ¿Qué sucedería s, teniendo en cuenta todo el conocimiento del que actualmente disponemos, tratásemos de esbozar las claves esenciales del desarrollo humano? ¿Qué sucedería? ¿Qué sucedería, sí basándonos en las conclusiones de los grandes estudios interculturales, apelásemos a las grandes tradiciones del mundo para esbozar un mapa completo, global y omniinclusivo, es decir, un mapa integral, que incluya los elementos más interesantes que todos ellos nos proporcionan?
¿Les parece acaso una tarea compleja, difícil o desalentadora? En cierto modo lo es, pero desde otra perspectiva, sus
resultados son sorprendentemente sencillos y elegantes. Es mucha la investigación llevada a cabo, en las últimas décadas, para tratar de esbozar un mapa integral del potencial humano. Este mapa maneja todos los modelos y sistemas conocidos del crecimiento humano – desde los elaborados por los chamanes y sabios de la antigüedad hasta los revolucionarios descubrimientos realizados por la ciencia cognitiva– y resume sus principales descubrimientos en cinco grandes elementos que nos proporcionan las claves necesarias con las que alentar la evolución del ser humano.
Demos la bienvenida al Enfoque Integral.
UN MAPA INTEGRAL O COMPREHENSIVO
¿Cuáles son esos cinco elementos? Nosotros los llamamos cuadrantes, niveles, líneas, estados y tipos que, como veremos, no son meros conceptos teóricos, sino aspectos de la experiencia que, como cualquiera puede verificar, reflejan el perfil fundamental de su propia conciencia.
¿Cuál es la utilidad de un mapa integral? En primer lugar, e independientemente de que nos movamos en los ámbitos de la empresa, de la medicina, de la psicoterapia, del derecho, de la ecología o de si, simplemente, estamos sumidos en la vida y el aprendizaje cotidiano, el mapa integral nos ayuda a “no soslayar ningún aspecto importante”. Y es que cuanto más preciso sea el mapa que utilicemos al sobrevolar las Montañas Rocosas, pongamos por caso, menos probable será que nos estrellemos. Así pues, el enfoque integral garantiza el uso de todos los recursos disponibles para enfrentarnos a cualquier situación, aumentando así nuestra probabilidad de éxito.
Si, en un segundo lugar, aprendemos a emplear estos cinco elementos de nuestra conciencia, –que, no lo olvidemos, se hallan presentes en cualquier evento–, podremos valorarlos, ejercitarlos y
usarlos más eficazmente y acelerar, en consecuencia, el proceso de crecimiento y desarrollo hasta modalidades más amplias y profundas de ser. La familiarización, pues, con los cinco elementos propuestos por el modelo integral nos ayuda a orientarnos más rápida y fácilmente en este apasionante viaje de descubrimiento y despertar.
El enfoque integral, en suma, nos ayuda a vernos a nosotros y el mundo que nos rodea de un modo más exhaustivo y eficaz. Pero hay que reconocer desde el mismo momento de partida que, por más integral que sea, un mapa no deja de ser más que un mapa. No obstante, aunque no bebemos confundir el mapa con el territorio, nadie quiere disponer de un mapa inexacto o defectuoso. ¿Querría acaso sobrevalorar las Montañas Rocosas con un mapa equivocado? Por más, pues, que el mapa integral no sea más que un mero mapa, se trata del más completo y exacto que tenemos.
¿QUÉ ES UN SOI?
Un SOI es tan sólo sistema operativo integral. En una red informática, el sistema operativo es la infraestructura que facilita el funcionamiento de los distintos programas. Hablar, por tanto, de un sistema operativo integral o SOI es otro modo de referirnos a un mapa integral. Quien se vea obligado a utilizar algún tipo de “software” –ya sea en el ámbito de los negocios, del trabajo, del juego o de las relaciones– querrá disponer del mejor sistema operativo. Ésa es precisamente la función que cumple el SOI el cual, al tener en cuenta todos los aspectos, permite el uso de los programas más eficaces, lo que también pone de relieve la naturaleza global e inclusiva del modelo integral.
Asimismo exploraremos el uso probablemente más importante del mapa o sistema operativo integral. El hecho de que un SOI sirva para indexar cualquier actividad –desde el arte hasta la danza, el mundo empresarial, la psicología, la política, la ecología o
la espiritualidad– facilita además la interconexión entre todos esos dominios. De este modo, el uso del SOI dota al mundo empresarial, por ejemplo, de la terminología necesaria para comunicarse con la ecología que, a su vez, puede comunicarse con el arte que, a su vez, puede comunicarse con el derecho que, a su vez, puede comunicarse con la poesía, con la educación, con la medicina y con la espiritualidad, algo inaudito hasta ahora en la historia de la humanidad.
El uso de un enfoque integral –es decir, el uso de un mapa o de un sistema operativo integral– puede acelerar espectacularmente el conocimiento inter– y transdisciplinar y ha facilitado la creación de la Integral University, la primera comunidad de aprendizaje realmente integral. Y, en lo que respecta a los ámbitos de la religión y la espiritualidad, el uso del enfoque integral ha permitido asimismo la fundación del Integral Spiritual Center, un foro que aglutina a algunos de los principales maestros espirituales de todas las grandes religiones del mundo y que no sólo sirve para intercambiar opiniones, sino también para “enseñar a los maestros”, dando así lugar a uno de los eventos de aprendizaje más extraordinarios imaginables. Más adelante volveremos sobre este punto e indicaremos el modo en que el lector puede participar, si lo desea, en esta extraordinaria comunidad.
Pero todo ello comienza con los cinco elementos que esbozan el perfil fundamental de nuestra conciencia.
Capítulo 2
LOS PRINCIPALES
¿Cuáles son,
en este preciso momento,
los aspectos fundamentales
de mi conciencia
Una visita guiada
a los ingredientes fundamentales
En la Introducción hemos dicho que los
cinco elementos fundamentales del modelo
integral se hallan disponibles ahora mismo en
su conciencia. Por tanto, podríamos describir
este libro como una visita guiada a su propia
experiencia. Le invitamos, pues, a que nos
acompañe y tome buen nota de algunos de los
rasgos distintivos de su conciencia.
ALGUNOS DE LOS RASGOS CARACTERÍSTICOS del mapa integral se refieren a realidades subjetivas que ocurren en su interior, otras se ocupan de realidades objetivas que suceden en el mundo externo y otras, por último, tienen que ver con las realidades colectivas comunes que todos compartimos. Comencemos con las realidades subjetivas, es decir, con los estados de conciencia.
LOS ESTADOS DE CONCIENCIA
Todo el mundo está familiarizado con los grandes estados de conciencia, a saber: la vigilia, el sueño y el sueño profundo. Ahora mismo, usted se encuentra en un estado vigílico de conciencia (o quizás, si está fatigado, en un estado de ensoñación). Hay muchos tipos diferentes de estados de conciencia, entre los que cabe destacar los estados meditativos (inducidos por el yoga, la oración contemplativa, la meditación, etcétera), los estados alterados (como los provocados por las drogas) y una amplia diversidad de experiencia cumbre, muchas de las cuales pueden verse desencadenadas por experiencias tan intensas como hacer el amor, pasear por la naturaleza o escuchar una buena música.
Las grandes tradiciones de sabiduría (como el misticismo cristiano, el hinduismo, Vedanta, el budismo Vajrayana y la cábala judía) sostienen que los tres grandes estados naturales de conciencia –vigilia, sueño y sueño profundo sin sueños– encierran, si sabemos utilizarlos adecuadamente, un auténtico tesoro de sabiduría y despertar espiritual. A menudo creemos que el estado de sueño es menos verdadero, pero ¿qué ocurre cuando nos adentramos despiertos en él? ¿Y qué sucede cuando hacemos lo mismo en el sueño profundo? ¿Tiene todo ese algo que enseñarnos? En un sentido muy especial en este libro exploraremos los tres grandes estados naturales de vigilia, sueño y sueño profundo y veremos que pueden abarcar un amplio espectro de iluminación espiritual. Quizás
el lector haya oído hablar del satori, un término Zen que se refiere a una experiencia profunda de despertar que, según se dice, encierra los arcanos –los misterios últimos– del universo.
Pero en un nivel mucho más sencillo y mundano, sin embargo, todo el mundo experimenta estados de conciencia que, en ocasiones, nos proporcionan un impulso, una motivación y un significado muy profundos, tanto para uno mismo como para los demás. ¿No le parecería interesante tener la ocasión de conectar, cuando necesitase resolver un problema, con la intuición creativa o con la fuente de la experiencia “Ajá”? Con independencia de lo importantes o secundarios que, en una determinada situación, puedan ser los estados de conciencia, ningún enfoque integral puede permitirse ignorarlos. De este modo, cada vez que utilice un SOI se verá automáticamente impulsado a contemplar si ha tenido en cuenta todas estas importantes realidades subjetivas. Éste es un ejemplo del modo en que un mapa –en este caso, el SOI o mapa integral– puede ayudarle a descubrir un territorio que ignoraba que estaba ahí y proporcionarle las herramientas necesarias para desplazarse en él.
LOS ESTADIOS O NIVELES DEL DESARROLLO
Una de las cuestiones más interesantes de los estados de conciencia es que vienen y van. Aun las grandes experiencias cumbre o los estados alterados, independientemente de lo profundos que puedan ser y de lo maravillosas que sean las capacidades que las acompañan, aparecen, perduran un tiempo y acaban desvaneciéndose, es decir, son provisionales.
Pero, si bien los estados de conciencia son temporales, los estadios de conciencia son, por el contrario, permanentes. Los estadios son los hitos del proceso de crecimiento y desarrollo, y cuando uno alcanza un determinado estadio, se convierte en una adquisición duradera. Cuando el niño, por ejemplo, logra acceder a
los estadios lingüísticos del desarrollo, puede acceder de manera permanente al lenguaje. El lenguaje no es una experiencia cumbre que se halla presente en un determinado momento y desaparece en el siguiente. Y lo mismo podríamos decir de otros tipos de desarrollo. Cuando se estabiliza, pues, un determinado estadio del crecimiento y el desarrollo, el individuo puede acceder en el momento que lo desee a las capacidades propias de ese estadio –como, por ejemplo, una mayor conciencia, un amor más abarcador, una vocación ética más elevada, una mayor inteligencia o una mayor conciencia–, porque en tal caso, los estados pasajeros han acabado convirtiéndose en rasgos permanentes.
El lector que se pregunte por el número de estadios del desarrollo que existen debería recordar que el modo en que un mapa
Figura 1. Niveles: El desarrollo es envolvente
divide y representa el territorio real es bastante arbitrario. ¿Cuántos grados separan, por ejemplo, el punto de ebullición del agua de su punto de congelación? Si utilizamos una escala o un “mapa”, centígrado, serán cien los grados que separen el hielo del vapor, pero si empleamos una escala Fahrenheti, serán ciento ochenta (porque, en tal escala, el agua se hiela y hierve, respectivamente, a 32 y 212°C. Y si cree que uno de los mapas es más adecuado que el otro, estará equivocado, porque todo depende del modo en que decidamos dividir ese pastel.
Y lo mismo podríamos concluir con respecto a los estadios. Hay mil formas diferentes de desmenuzar el desarrollo y mil formas diferentes, en consecuencia, de concebir los estadios, y todas ellas pueden resultar igualmente útiles. El sistema de los chakras de la filosofía yóguica, por ejemplo, emplea una escala de siete estadios o niveles principales de conciencia; el famoso antropólogo Jean Gebser usa cinco (arcaico, mágico, mítico, racional e integral) y algunos modelos psicológicos occidentales hablan de ocho, doce o incluso más niveles de desarrollo. ¿Cuál de todos ellos es el correcto? Todos ellos, obviamente, lo son, porque todo depende del aspecto del crecimiento y el desarrollo que nos interese rastrear.
Los “estadios de desarrollo” se denominan también “niveles de desarrollo”, porque cada uno de ellos representa un nivel de complejidad y organización diferente. Cada uno de los distintos niveles sucesivos de la secuencia evolutiva que va desde los átomos hasta las moléculas, las células y los organismos, por ejemplo, refleja un mayor nivel de complejidad. Y debo decir que la palabra “nivel” no tiene, en este sentido, ningún significado crítico ni excluyente, sino que tan sólo señala la existencia de importantes cualidades emergentes que tienden a aflorar de manera discreta o cuántica y que esos saltos o niveles evolutivos son aspectos muy importantes de muchos fenómenos naturales.
Y lo más importante es que cuando queremos subrayar la naturaleza dinámica y fluida de esos estadios –uno de los ingredientes fundamentales del SOI–, nos referimos a ellos como olas. Hablando en términos generales, el modelo integral suele emplear entre ocho y diez niveles, estadios u olas diferentes del desarrollo de la conciencia porque, después de años de trabajar en este campo, hemos llegado a la conclusión de que usar más complica demasiado las cosas y emplear menos, por el contrario, las torna demasiado ambiguas. Nuestro enfoque destaca la importancia de las concepciones de estadios desarrollados por Jane Loevinger y Susann Cook-Greuter, la Dinámica Espiral de Don Beck y Christopher Cowan y los órdenes de la conciencia investigados por Robert Kegan, pero también tiene en cuenta muchas otras a las que, en caso de ser apropiado a la situación, podemos apelar.
A medida que nos adentremos en los detalles concretos, el lector advertirá claramente la importancia de los estadios. Pero centrémonos, por el momento, en un sencillo ejemplo que ponga de relieve lo que estamos diciendo.
EGOCÉNTRICO,
ETNOCÉNTRICO
Y
MUNDICÉNTRICO
Veamos, para entender el significado de los niveles o estadios, un modelo muy simple limitado a tres estadios. Si consideramos el desarrollo moral, por ejemplo, veremos que, en el momento del nacimiento, el bebé todavía no se ha visto socializado por la ética y las convenciones de su cultura. Éste es el estadio preconvencional, también llamado egocéntrico porque, en él, la conciencia del niño se halla completamente absorta en sí misma. Sin embargo, a medida que el niño va incorporando las reglas y normas de su cultura, va desarrollándose hasta alcanzar el estadio moral convencional, también llamado etnocéntrico, porque gira en torno al grupo, tribu,
clan o nación en que se halla inmerso, excluyendo a quienes no forman parte de él. En el siguiente gran estadio del desarrollo moral, el postconvencional, la identidad del individuo se expande nuevamente hasta alcanzar el respeto y la preocupación por todas las personas, con independencia de su raza, color, sexo y credo, razón por la cual también se le conoce como estadio mundicéntrico.
También podríamos representar estos tres estadios como cuerpo, mente y espíritu, términos que si bien tienen muchas acepciones diferentes igualmente válidas significan, cuando se aplican específicamente a los estadios, lo siguiente:
El estadio 1, que se halla dominado por la realidad física ordinaria, es el estadio del “cuerpo” (empleando el término “cuerpo” en su acepción típica de cuerpo físico). Tratándose de un estadio en el que el sujeto se halla exclusivamente identificado con el organismo físico separado y con sus impulsos de supervivencia, también se le conoce como estadio del “yo” o estadio egocéntrico.
El estadio 2 es el estadio de la “mente” en el que la identidad se expande más allá del cuerpo ordinario aislado y empieza a establecer relaciones con los demás en función de valores, intereses, ideales y sueños compartidos. Cuando puedo emplear mi mente para asumir el papel de los demás –es decir, cuando puedo meterme en su piel y sentir lo mismo que ellos sienten–, mi identidad se expande desde el “yo” hasta el “nosotros” (y se produce, en consecuencia, un avance desde la postura egocéntrica hasta la etnocéntrica).
En el estadio 3, la identidad experimenta una nueva expansión, esta vez desde el “nosotros” hasta el “todos nosotros” (que conduce desde lo etnocéntrico hasta lo mundicéntrico). Aquí es cuando empezamos a advertir que, más allá de la extraordinaria diversidad individual y cultural, los seres humanos compartimos también notables similitudes. Descubrir lo que nos une representa, pues, un avance desde lo etnocéntrico hasta lo mundicéntrico al que
Figura 2. El desarrollo psicológico también es envolvente
podríamos denominar “espiritual”, en el sentido de que se refiere a cuestiones comunes a todos los seres sensibles.
Éste es un modo de entender el despliegue que conduce desde el cuerpo hasta la mente y el espíritu, donde cada paso representa un estadio, una ola o un nivel de desarrollo de la conciencia y el respeto que conduce desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico.
Más adelante volveremos a los estadios de la evolución y el desarrollo y los consideraremos desde diferentes perspectivas. Loa único que, por ahora, necesitamos entender es que el término “estadios” se refiere a los hitos progresivos y permanentes que jalonan el despliegue evolutivo de nuestro desarrollo. Cuando hablemos, pues, de estadios de conciencia, de estadios energéticos, de estadios culturales, de estadios de realización espiritual, de estadios del desarrollo moral, etcétera, estaremos refiriéndonos a los escalones fundamentales que van desplegando nuestras capacidades más elevadas, más amplias y más profundas.
De este modo, cada vez que empleamos un SOI nos veremos automáticamente impulsados a considerar si hemos incluidos los
estadios de cualquier situación, lo que incrementará
espectacularmente, con independencia de que contemplemos ese éxito en función de la transformación personal, del cambio social, de la excelencia laboral, del respeto por los demás o, tan sólo, de la satisfacción con la vida, nuestras posibilidades de éxito.
LAS LÍNEAS DEL DESARROLLO: ¿EN QUÉ
ASPECTOS SOY BUENO Y EN QUÉ ASPECTOS NO
LO SOY TANTO?
¿Ha advertido alguna vez lo irregular que es el proceso de desarrollo? Hay quienes, pese a haber desarrollado mucho el pensamiento lógico, por ejemplo, han logrado un desarrollo
emocional muy pobre. Hay otros que han logrado un elevado desarrollo cognitivo (y, en consecuencia, son muy inteligentes), pero un pobre desarrollo moral (y son personas malvadas y crueles). Y también hay quienes, por último, pese a sobresalir en inteligencia emocional, son capaces de sumar dos más dos.
Ésta es una noción que Howard Gardner popularizó con su conocido concepto de inteligencias múltiples. Los seres humanos disponemos de una amplia variedad de inteligencias (la inteligencia cognitiva, la inteligencia emocional, la inteligencia musical, la inteligencia kinestésica, etcétera) y la mayoría de la gente sobresale en una o dos de esas dimensiones, pero no se desempeña tan bien en las otras. Pero esto no necesariamente tiene que ser un problema, porque parte de la sabiduría integral consiste en descubrir en qué sobresalimos y cuál es, en consecuencia, la mejor y más profunda contribución y cuál es, en consecuencia, la mejor y más profunda contribución que podemos hacer al mundo.
Debemos ser conscientes tanto de nuestras fortalezas (es decir, de aquellas inteligencias en las que destaquemos) como de nuestras debilidades (es decir, de aquellos aspectos en los que las cosas no nos vayan tan bien o en las que incluso podamos tener alguna que otra patología). Y todo ello nos remite a otro de los cinco elementos esenciales mencionados anteriormente, las líneas del desarrollo o inteligencia múltiples. Ya hemos visto lo que son los estados y los estadios, pero ¿qué son las líneas o inteligencias múltiples del desarrollo?
Las inteligencias múltiples (entre las que cabe destacar la moral, la cognitiva, la interpersonal, la emocional y la estética) se denominan también líneas del desarrollo, porque evidencian un proceso de crecimiento y desarrollo, es decir, se despliegan a través de la serie de estadios progresivos que acabamos de esbozar.
Cada inteligencia múltiple, dicho en otras palabras, se desarrolla –o puede desarrollarse– a través de tres grandes estadios
(o a través de cualquiera de las secuencias de estadios presentadas por cualquier modelo evolutivo que, como ya hemos dicho con el ejemplo de los grados centígrados o de los grados Fahrenheit, pueden ser tres, cinco, siete, etcétera).
En este sentido, por ejemplo, la persona puede haberse desarrollado cognitivamente hasta el estadio 1, 2 o 3, y lo mismo sucede con las demás inteligencias. El desarrollo emocional sucede con las demás inteligencias. El desarrollo emocional hasta el estadio 1 implica la capacidad de experimentar emociones que giran en torno al “yo”, especialmente las emociones e impulsos ligados al hambre, la supervivencia y la autoconservación. En el momento en que uno se desarrolla emocionalmente y da el paso que conduce desde el estadio 1 hasta el estadio 2 (es decir, desde egocéntrico hasta etnocéntrico) se expande desde el “yo” hasta el “nosotros” y empieza a establecer vínculos y a comprometerse emocionalmente con sus seres queridos, con los miembros de su familia, con sus amigos cercanos y quizá hasta con toda su tribu o su nación. Y en el momento en que avance hasta el estadio emocional 3, desarrollará un respeto y una compasión que irán más allá de su tribu o nación e incluirán a todos los seres humanos, y aun a todos los seres sensibles, de un modo que bien podría calificarse de mundicéntrico.
Y recuerde que, al tratarse de estadios, su logro será permanente. Pero antes de que tal cosa suceda, sin embargo, todas esas capacidades son meros estados pasajeros que, en el mejor de los casos, le ayudarán a conectar con algunos de ellos y tener experiencias cumbre en las que su conocimiento y su ser se expandan provisionalmente, experiencias “¡Ajá!” que le permitirán tener vislumbres alteradas y profundas de sus potencialidades más elevadas. Con la práctica, no obstante, esos estados provisionales acaban convirtiéndose en estadios o rasgos permanentes de su propio territorio interior.
EL PSICÓGRAFO INTEGRAL
La Figura 3 (pág. 31) nos proporciona una forma muy sencilla de representar las líneas del desarrollo o inteligencias múltiples. Ese gráfico representa los tres grandes estadios (o niveles del desarrollo) y cinco de las inteligencias (o líneas del desarrollo) más importantes. No olvide que las distintas líneas se despliegan a través de los niveles o estadios principales del desarrollo, que pueden aplicarse a cualquier línea del desarrollo, como la moral, la sexual, la cognitiva, la espiritual, la emocional, etcétera. En este sentido, el nivel de una determinada línea índica simplemente la “actitud” del desarrollo de la conciencia alcanzado en esa línea, como cuando decimos: <<tal persona está moralmente muy avanzada>> o <<tal otra está muy desarrollada espiritualmente>>.
Figura 3. Psicógrafo
La Figura 3 refleja a una persona que si bien destaca en el desarrollo cognitivo y se diestra en el desarrollo interpersonal, no se mueve tan bien en el dominio moral y casi carece de inteligencia emocional. Otros individuos, por cierto, presentarían un “psicograma” bastante diferente.
El psicógrafo nos ayuda a identificar nuestras principales fortalezas. Y aunque es muy probable que usted ya sepa dónde destaca y dónde no, el enfoque integral le ayudará a perfeccionar el conocimiento de su perfil, a fin de poder tener más en cuenta sus fortalezas y sus debilidades, así como también las fortalezas y las debilidades de los demás.
El psicógrafo nos ayuda asimismo a determinar las desproporciones de nuestro desarrollo y, por ello, nos impide concluir que el hecho de no ser buenos en un determinado dominio sea extrapolable a todos los demás. Lo cierto es que es exactamente lo contrario, una realidad muy sencilla que, no obstante, suele ignorar más de un líder, político o maestro espiritual.
Ser “integralmente evolucionado” no significa destacar en todas las inteligencias conocidas ni haber alcanzado, en todas ellas, el nivel 3, sino, muy al contrario, conocer bien su psicograma para tener una imagen más integral de sí mismo que le permita planificar su futuro desarrollo. Esto significará, en algunos casos, fortalecer ciertas inteligencias que se hallan tan pobremente desarrolladas que generan problemas mientras que, en otros, supondrá resolver un problema o una patología seria en una determinada línea (como la emocional-sexual, pongamos por caso) y, aun en otros, se tratará simplemente de reconocer dónde se asientan sus fortalezas y debilidades para organizarse en consecuencia. Además, el uso de un mapa integral puede ayudarnos a interpretar más adecuadamente nuestro psicograma.
Estar “integralmente informado” no significa, pues, dominar todas las líneas del desarrollo, sino tan sólo ser consciente
de ellas. Siempre podrá, si luego quiere corregir algún desequilibrio, apelar a la Práctica Vital Integral (PVI), a fin de aumentar sus niveles de conciencia y desarrollo utilizando un tipo de “entrenamiento espiritual” (que veremos más detenidamente en el capítulo 6) que ha demostrado ser muy eficaz.
Quisiera hacer hincapié ahora en un punto importante. Ciertos tipos de entrenamiento psicológico y espiritual nos permiten acceder, desde el mismo comienzo, a un amplio espectro de experiencias corporales o estados de conciencia (como las experiencias cumbre, los estados meditativos, las visiones chamánicas, los estados alterados, etcétera). Siempre es posible, dicho de otra manera, acceder a muchos de los estados superiores de conciencia (vigilia-ordinario, sutil-onírico y causal-sin forma).
En ausencia, sin embargo, de la adecuada práctica y desarrollo, nadie puede acceder a las cualidades propias de los estadios superiores. Cualquiera, pues, puede tener una experiencia cumbre de los estados más elevados (como ver una sutil luz interior o experimentar una sensación son omnipresentes y siempre es posible tener, de ellos, una experiencia cumbre de un estadio superior (como tocar el piano como lo hace un concertista), porque los estadios se despliegan secuencialmente y su desarrollo requiere un tiempo considerable. Los distintos estadios se asientan sobre sus predecesores ateniéndose a una secuencia concreta imposible de saltar y, como sucede con el caso que va de los átomos a las moléculas, las células y los organismos, es imposible pasar directamente de los átomos a las células sin pasar antes por las moléculas. Ésta es una de las muchas e importantes diferencias que existen entre los estados y los estadios.
Pero la evidencia experimental ha puesto claramente de relieve que el acceso reiterado a los estadios superiores favorece un acceso cada vez más rápido y sencillo. Cuanto más nos zambullamos, dicho en otras palabras, en estados realmente
superiores de conciencia –como los meditativos, por ejemplo–, más rápidamente creceremos y nos desarrollaremos a través de los distintos estadios de conciencia. Y ello es así porque el ejercicio de los estadios superiores actúa como lubricante de la espiral del desarrollo que, al favorecer la desidentificación del estadio inferior, facilita la emergencia del siguiente estadio superior, hasta que uno pueda mantenerse en él de manera estable y continua, momento en el cual el estado pasajero acaba convirtiéndose en un rasgo permanente. Por eso, cualquier abordaje integral para la transformación (como, por ejemplo, la meditación) cuenta con prácticas que facilitan el acceso a los estados superiores.
Aunque uno no pueda, en suma, saltarse ningún estadio real, sí que puede acelerar su desarrollo apelando a diversos tipos de prácticas de estados, lo que convierte a la meditación y las prácticas transformadoras en un aspecto muy importante del enfoque integral.
TIPOS ¿CHICO O CHICA?
El siguiente elemento del “mapa global de tu territorio” es muy sencillo, porque cada uno de los componentes recién mencionados puede desarrollarse siguiendo una modalidad masculina o una modalidad femenina.
Los tipos simplemente se refieren a ítems que pueden estar presentes en casi todos los estados y en casi todos los estadios. Una tipología muy común, por ejemplo, es la de Myers-Briggs (que subraya la existencia de las modalidades de pensamiento, sentimiento, sensación e intuición), que puede hallarse presentes en casi cualquier estadio de desarrollo. Este tipo de “tipologías horizontales” puede ser muy útil, sobre todo cuando se combinan con los niveles, las líneas y los estadios.
Veamos ahora lo que todo ello significa con el ejemplo de los tipos “masculino” y “femenino”. En su influyente libro In a
Different VOice, Carol Gilligan señala que el proceso del desarrollo moral que atraviesan los hombres y las mujeres discurre por tres o cuatro grandes estadios a los que, siguiendo las conclusiones de muchas investigaciones científicas, denomina preconvencional, convencional, postconvencional e integral, una secuencia muy semejante, dicho sea de paso, a los tres sencillos estadios del desarrollo que hemos presentado hasta ahora, sólo que aplicados, en esta ocasión, al ámbito de la inteligencia moral.
Gilligan descubrió que el estadio 1 refleja una moral exclusivamente centrada en el “yo” (razón por la cual denomina egocéntrico al estadio o nivel preconvencional). El segundo estadio del desarrollo moral está centrado en el “nosotros” y refleja la expansión desde la identificación exclusiva con el yo hasta la identificación con todos los seres humanos que pertenecen a mi grupo (motivo por el cual denomina etnocéntrico, tradicional o conformista al estadio convencional). Con la aparición del tercer estadio del desarrollo moral, la identidad se expande de nuevo, en esta ocasión desde el “nosotros” hasta el “todos nosotros”, es decir, hasta todos los seres humanos (o incluso todos los seres sensibles), razón por la cual también se le conoce como estadio mundicéntrico. Por eso, en este estadio, el respeto y la compasión no sólo tienen que ver conmigo (egocéntrico) y con mi familia, mi tribu o mi nación (etnocéntrica), sino que se expanden a toda la humanidad, a todos los hombres y mujeres, independientemente de su raza, color, sexo o credo (mundicéntrico). Y si el desarrollo sigue todavía avanzando, llegamos al cuarto moral, al que Gilligan denomina integral…
Pero convendría señalar, antes de considerar las importantes conclusiones de su obra, su principal contribución. Según Gilligan, las mujeres y los hombres se desarrollan a través de esos tres o cuatro grandes estadios jerárquicos del desarrollo. Y quiero subrayar que la misma Gilligan califica a esos estadios como jerárquicos, en el sentido de que los más elevados muestran una mayor capacidad de
respeto y compasión, pero también señala que los hombres y las mujeres los atraviesan siguiendo una lógica diferente o, dicho con sus propias palabras, utilizan <<una voz diferente>>.
La lógica masculina (la voz de los hombres) tienden a centrarse en la autonomía, la justicia y los derechos, mientras que la lógica femenina (la voz de las mujeres) lo hace basándose en la relación, el respeto y la responsabilidad. Por eso los hombres tienden hacia la actividad, se atienen a reglas, miran y son individualistas, mientras que las mujeres, por su parte, tienden hacia la comunión, establecen vínculos, tocan y son más relacionales. Uno de los ejemplos favoritos de Gillgan afirma que, cuando los niños juegan con las niñas, aquellos dicen: <<¡Juguemos a los piratas!>>, mientras que estás responden: <<¡Juguemos a que somos vecinos!>>, a lo que los niños replican: <<¡No, no! ¡Juguemos a los piratas!>>, y éstas concluyen: <<¡Muy bien, pero jugaremos a piratas que son vecinos!>>.
Los niños no quieren jugar al béisbol con las niñas, porque sus voces son tan discordantes que, en ocasiones, resulta hilarante. Hay niños que, cuando juegan al béisbol y lanzan fuera su tercer strike, rompen a llorar, mientras los demás esperan impertérritos hasta que se serene. Después de todo, las reglas son las reglas y, en este caso, hay una regla que dice: <<A los tres strikes, te quedas fuera>>. Gilligan señala que si, en tal caso, hay una niña presente, suele decir algo así como: <<¡Vamos! Dejadle tirar una vez más!>>, como si, ante el llanto, la chica quisiera naturalmente ayudar, conectar y curar, algo que suele enfurecer a los chicos, que consideran ese juego como una iniciación al mundo de las reglas y de la lógica masculina. En este sentido, Gilligan afirma que los niños no dudan en lastimar los sentimientos para salvar las reglas mientras que las niñas no tienen empacho alguno en quebrantar las reglas para no herir los sentimientos de nadie.
Con una voz diferente. Los hombres y las mujeres se desarrollan a través de los tres o cuatro estadios del desarrollo moral (que va desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico, lo mundicéntrico y lo integral), pero lo hacen con una voz diferente y emplenado, en consecuencia, una lógica diferente. Gilligan denomina concretamente a los estadios jerárquicos que atraviesa el desarrollo moral femenino como egoísta (egocéntrico), respeto (etnocéntrico), respeto universal (mundicéntrico) e integral. ¿Por qué Gilligan (que ha sido tan mal comprendida en este punto) señaló que estos estadios son jerárquicos? Porque cada estadio superior muestra una mayor capacidad de respeto y compasión (un ejemplo que pone claramente de relieve que no todas las jerarquías son malas).
Ahora bien, ¿Cuál es el estadio 4, el estadio integral? Según dice Gilligan, en el cuarto y más elevado estadio del desarrollo moral, las voces masculinas y las voces femeninas se hallan presentes en cada uno de nosotros y, en consecuencia, tienden a integrarse. Pero con ello no quiere decir que, en ese estadio, empiecen a desdibujarse las distinciones que existen entre los masculino y lo femenino y la persona se convierta en un ser amorfo, andrógino y asexual porque lo que sucede, de hecho, es precisamente lo contrario y los rasgos masculinos y femeninos llegan incluso a intensificase. Lo que todo eso significa, muy al contrario, es que, aunque le individuo siga actuando de un modo predominante masculino o predominante femenino, empieza a establecer una relación más amable con ambas facetas de su ser.
¿Ha visto alguna vez un caduceo (el símbolo de la profesión médica) se trata (como pude verse en la figura que presentamos a continuación) de un bastón coronado por un par de alas en el que se entrelazan dos serpientes ascendentes. El bastón representa la columna vertebral y los puntos que se entrecruzan las dos serpientes simbolizan los chakras que jalonan el ascenso por la columna vertebral. Las serpientes también constituyen una representación de
las energías solares y lunares (o masculinas y femeninas) de cada uno de los chakras.
Caduceo
Éste es el punto realmente crucial, porque los siete chakras, que no son más que una versión más compleja de los tres estadios o niveles, representan los siete niveles de conciencia y energía diferentes de que disponen todos los seres humanos. Los primeros tres chakras (alimento, sexo y poder) se corresponden aproximadamente con el estadio 1; los chakras cuarto y quinto (corazón, relación y comunicación) reflejan aproximadamente el estadio 2, y los chakras sexto y séptimo (psíquico y espiritual) constituyen el epítome del estadio 3. Lo importante aquí es que, según las tradiciones, cada uno de esos siete niveles presenta una modalidad, tipo o “voz” masculina y una modalidad, tipo o “voz” femenina. Pero ello no quiere decir, en modo alguno, que lo masculino sea mejor que lo femenino ni viceversa, sino tan sólo que se trata de dos modalidades equivalentes que se hallan preentes en todos los niveles de conciencia.
Lo único, pues, que todo esto significa es que existe una versión masculina y una versión femenina del chakra 3 (el chakra egocéntrico, que gira en torno al poder) y que, en el nivel correspondiente a ese chakra, los varones tienden a ejercer el poder
de manera independiente (<<¡A mi manera o carretera!>>, mientras que las mujeres tienden a ejercerlo de manera colectiva o social (<<¡O se hace a m modo o dejo de hablarte!>>. Y lo mismo podríamos decir con respecto a los demás grandes chakra, caa uno de los cuales posee una dimensión solar (o masculina) y una dimensión lunar (o femenina) que son igualmente importantes y no podemos, en consecuencia, ignorar.
Adviértase sin embargo que, en el séptimo chakra, las serpientes masculina y femenina tienden a diluir en su fundamento o fuente. Por eso, a la altura de la coronilla las dimensiones masculina y femenina literalmente se funden y se convierten en una. Eso fue lo que descubrió Gilligan en su investigación del cuarto estadio del desarrollo moral, donde se integran las dos voces de cada persona y se da una paradójica fusión entre la autonomía y la relación, los derechos y las responsabilidades, la individualidad y la comunión, la sabiduría y la compasión, la justicia y la misericordia y, en suma, lo masculino y lo femenino.
Pero nos interesa destacar que el uso de un SOI es la mejor garantía para tener en cuenta, en cualquier situación –tanto en nosotros mismos como en los demás, en una organización o en una cultura– la modalidad masculina y la femenina y ser, de ese modo, los más integrales e integradores posible. Y en el caso de que uno crea que no existen grandes diferencias entre lo masculino y lo femenino –o que esas diferencias no son tan importantes –puede llegar incluso a equipararlas. Lo único que hay que hacer, tanto en uno como en otro caso, es asegurarse de no soslayar la modalidad masculina ni la femenina.
Son muchas las “tipologías horizontales” a las que podemos apelar en un SOI global (como la de Myers Briggs, el eneagrama, etcétera) y el enfoque integral las tiene a todas en cuenta. Los tipos son tan importantes como los cuadrantes, los niveles, las líneas y los estados.
CHICO MALO, CHICA MALA
También conviene señalar la existencia de versiones sana y de versiones enfermizas de cada uno de los tipos. Pero debemos aclarar, en este sentido, que afirmar que alguien se halla atrapado en una modalidad insana no es una forma de juzgarte, sino un intento de entenderle para fomentar así una comunicación más clara y eficaz.
Los distintos estadios del desarrollo presentan, pues, una dimensión masculina y una femenina, pero cada una de ellas, también puede ser saludable o enfermiza (algo a lo que, en ocasiones, nos referimos como “chico malo, chica mala”). Y ésta es, obviamente, otra forma de tipología horizontal que resulta muy útil.
De este modo, el principio masculino sano tiende hacia la autonomía, la fortaleza, la independencia y la libertad, mientras que su versión insana o patológica tiende a infravalorar o supravalorar esas virtudes, en cuyo caso, la autonomía se convierte en alienación, la fortaleza en dominio, la independencia en temor patológico la compromiso y la relación no conduce hacia la libertad, sino que se convierte en un impulso hacia la destrucción que deja al individuo sumido en el miedo.
Y algo parecido ocurre también con la modalidad femenina. Así, donde el principio femenino sano tiende hacia la relación, el flujo, el respeto y la compasión, su modalidad enfermiza acaba naufragando en cada una de esas dimensiones. En tal caso, en lugar de mantener las relaciones, se pierde en ellas, y en vez de alentar el desarrollo de un yo sano en comunión con los demás, pierde el yo y se confunde con las relaciones en que se halla sumido. Entonces es cuando la conexión acaba convirtiéndose en fusión, el flujo en pánico y la comunión en una auténtica empanada. Por este motivo, la modalidad femenina insana no encuentra la plenitud en la relación, sino el caos, en la fusión.
El empleo de un SOI nos permite identificar las dimensiones sanas y enfermizas de las modalidades masculina y femenina operando en nosotros mismos y en los demás. Pero lo más importante es que las distintas tipologías resultan útiles porque nos ayudan a entendernos y a comunicarnos con los demás. En resumen, hay versiones sanas y versiones enfermizas de cualquier tipología, y no hay que entender que subrayar las modalidades insanas sea un modo de juzgar a las personas sino, muy al contrario, de entenderlas y alentar una comunicación más clara y eficaz.
ESPACIO SUFICIENTE PARA MUCHOS CUERPOS
Señalemos ahora un último punto relativo a los estados de conciencia antes de pasar a esbozar una conclusión integral.
Los estados de conciencia no cuelgan incorpóreamente del aire, sino que, muy al contrario, cada mente tiene un cuerpo. Con ello queremos decir que cada uno de los distintos estados de conciencia, posee un correlato energético sentido, un sentimiento encarnado, un vehículo concreto que le proporciona el soporte en que se asienta.
Veamos un ejemplo sencillo procedente de las tradiciones de sabiduría. Cada uno de nosotros dispone de las posibilidades de acceder a tres grandes estados de conciencia –vigilia, sueño y sueño profundo–, razón por la cual las distintas tradiciones afirman que cada uno de nosotros posee tres cuerpo a los que suelen denominar cuerpo ordinario, cuerpo sutil y cuerpo causal.
¿Quiero decir acaso que yo tengo tres cuerpos? ¿Está tomándome el pelo? ¿No basta con un solo cuerpo? Tengamos en cuenta que para las tradiciones de sabiduría, el término “cuerpo” se refiere a una modalidad de experiencia, es decir, a una sensación energética. Así pues, existe una experiencia ordinaria muy sutil o causal a las que los filósofos denominan “realidades
fenomenológicas”, o sea, realidades que se presentan ante nuestra conciencia inmediata. Ahora mismo, por ejemplo, usted tiene acceso a un cuerpo ordinario y su energía ordinaria, a un cuerpo sutil y su energía sutil y a un cuerpo causal y su energía causal.
Ilustremos con un ejemplo lo que queremos decir con todo ello. En este mismo sentido y, como tal, es consciente de su cuerpo ordinario (es decir, del cuerpo físico, material y sensoriomotor). Cuando está soñando, sin embargo, el cuerpo físico ordinario paree desvanecerse. Por eso, cuando es consciente del sueño no tiene un cuerpo ordinario de materia densa, sino un cuerpo sutil de luz, energía, sentimientos e imágenes fluidas. En el estado onírico, la mente y el alma quedan libres para imaginar, a su antojo, mundos inmensos que no se hallan limitados para imaginar, a su antojo, mundos inmensos que no se hallan limitados por las realidades sensoriales ordinarias, sino que van mucho más allá hasta llegar, de manera casi mágica, a otras almas, otras personas y otros lugares, imágenes descabelladas y resplandecientes que se mueven siguiendo el ritmo de los deseos de su corazón. ¿Qué tipo de cuerpo tiene usted en el sueño? Un cuerpo sutil compuesto de sentimientos, imágenes y luz. Así es, al menos, como uno lo siente cuando está soñando. Y hay que decir que los sueños no son “una mera ilusión”, porque el sueño al que se refirió Marin Luther King Jr., cuando dijo <<He tenido un sueño>>, ejemplifica perfectamente el poder de la ensoñación visionaria en la que la mente y el cuerpo sutil quedan libres para remontarse hasta sus potencialidades más elevadas.
Como usted pasa del estado de sueño con su cuerpo sutil hasta el estado de sueño profundo o sueño sin sueños, incluso los pensamientos y las imágenes parecen desvanecerse y sólo queda una inmensa vacuidad, un espacio sin forma que se encuentra más allá de cualquier “yo” o ego individual. Según las grandes tradiciones de sabiduría, en este estado –que se asemeja a un simple, espacio vacío o nada–, nos hallamos, de hecho, sumidos en un inmenso reino sin
forma, una gran Vacuidad o Fundamento del Ser, una expansión de conciencia que parece casi infinita. Y junto a esta expansión casi infinita de la conciencia, existe un cuerpo o energía igualmente infinito, el cuerpo causal, el cuerpo de la experiencia más elevada y sutil posible, un vasto espacio sin forma del que pueden emerger todo tipo de posibilidades creativas.
Aunque son muchas, por supuesto, las personas que no experimentan de un modo tan pleno este estado tan profundo, las tradiciones, se muestran unánimes en cuanto a la posibilidad de adentrarnos plenamente conscientes en este estado sin forma y en su cuerpo causal y actualizar, de ese modo, su extraordinaria capacidad de alentar el desarrollo y expandir nuestra conciencia.
De la misma manera, en este caso el empleo de un SOI nos recuerda la necesidad de tener no sólo en cuenta nuestras realidades vigílicas, sino también los sueños, las visiones y las ideas innovadoras del estado sutil, así como el fundamento abierto y sin forma preñado de posibilidades que constituye la fuente de toda creatividad. El punto más interesante del enfoque integral, es que expande nuestro abanico de potencialidades para permanecer en contacto con el mayor número de posibilidades y no desaprovechar ninguna oportunidad de solución, crecimiento y transformación.
CONCIENCIA Y COMPLEJIDAD
¿Le parece demasiado “chocante” la idea de los tres cuerpos? Recordemos que se trata de realidades fenomenológicas, es decir, de realidades experienciales. Pero también podríamos decir lo mismo de un modo mucho más sencillo –y arraigado en las ciencias duras– afirmando que cada nivel de conciencia interior va acompañado de un nivel de complejidad física exterior y que, cuanto más elevada es la conciencia, más complejo es también el sistema que la alberga.
En el caso de los organismos vivos, por ejemplo, el tallo cerebral reptiliano va acompañado de una rudimentaria conciencia interior conformada por impulsos básicos como la necesidad de alimento, las sensaciones fisiológicas y las acciones sensoriomotoras (es decir, todo lo que anteriormente hemos calificado como “ordinario” o centrado en el “yo”). En el momento en que nos adentramos en el más complejo sistema límbico de los mamíferos,
Figura 4. Complejidad creciente significa conciencia creciente las sensaciones básicas se expanden hasta llegar a incluir los sentimientos, los deseos, los impulsos y las necesidades a incluir los sentimientos, los deseos, los impulsos y las necesidades emocionales y sexuales (iniciando, en consecuencia, lo que llamamos experiencia sutil o cuerpo sutil, que nos permite expandirnos desde el “yo” hasta el “nosotros”). A medida que la evolución prosigue hasta estructuras físicas todavía más complejas, como el cerebro trino y su
neocórtex, la conciencia experimenta una nueva expansión que nos expande hasta una conciencia mundicéntrica que nos incluye a “todos nosotros” (y nos permite empezar a conectar con lo que denominamos cuerpo causal).
Este sencillo ejemplo ilustra perfectamente el hecho de que la conciencia interior creciente va acompañada de un aumento de la complejidad externa de los sistemas que la albergan. En este sentido, el uso de un SOI nos permite advertir los niveles interiores de conciencia y los correspondientes niveles exteriores de complejidad física de modo que, al incluirlos a ambos, disponemos de un enfoque mucho más equilibrado e integrador. En breve
veremos exactamente lo que todo esto significa.
Capítulo 3
¿CÓMO ENCAJA
TODO ESTO?
¿Cuáles son,
las pautas que conectan?
Comenzaremos con…
…las cuatro dimensiones
o perspectivas profundas
que unifican su universo
Si no señalásemos el modo en que se
relacionan
los
distintos
componentes
mencionados,
nuestro
SOI
–y,
en
consecuencia, el modelo integral–, no
tendríamos “totalidades”, sino simples
“montones”. ¿Cómo se articulan, pues, los
distintos elementos mencionados? Una cosa
es colocar simplemente sobre el tapete todas
las piezas descubiertas por la investigación
intercultural
y
decir
<<¡son
muy
importantes!>>, y otra muy distinta, por
cierto, esbozar las pautas que realmente las
conectan. Descubrir, por tanto, las pautas
profundas que conectan todos estos
elementos es uno de los principales logros del
enfoque integral.
EN ESTA SECCIÓN esbozaremos brevemente las pautas a las que, en ocasiones, nos referimos como OCON, una abreviatura de “omnicuadrantes, omninivel, omnilínea, omniestado y omnitipo” que, junto a los cuadrantes (que no tardaremos en ver), constituyen los distintos componentes que ya hemos mencionado. OCON es tan sólo otro término con el que calificamos un SOI o mapa integral, pero que solemos emplear para referirnos a este enfoque concreto.
Al comenzar esta introducción dijimos que los cinco componentes del modelo integral son ítems a los que cualquier conciencia puede acceder en cualquier momento, y esto es algo que también se aplica a los cuadrantes.
¿Se ha dado usted cuenta de que todos los idiomas importante pronombres que se refieren a la primera persona, la segunda persona y la tercera persona? La primera persona tiene que ver con “la persona que habla” e incluye términos como yo, mí y mío (en singular) y nosotros, nos y nuestro (en plural). La segunda persona se refiere a “ la personas o cosa de la que se habla” e incluye términos tales como él, ella, le, ellos, ellas, eso y su.
Si, por ejemplo, le hablo de mi choche nuevo, “yo” soy la primera persona, “tu” eres la segunda persona y el coche nuevo (o “ello”) es la tercera persona. Ahora bien, cuando usted y yo nos comunicamos, lo hacemos usando la expresión “nosotros” como ilustra, por ejemplo, la frase <<nosotros estamos comunicándonos>>. Técnicamente hablando, “nosotros”, se refiere a la primera persona del plural, pero si usted y yo nos comunicamos, este “nosotros” está formado por su segunda persona y por mi primera persona. Por eso, la segunda persona suele indicarse, a veces, como “usted/nosotros” o “tú/nosotros” y, en otras, simplemente como “nosotros”.
Simplificando, pues, podríamos resumir la primera, la segunda y la tercera persona como “yo”, “nosotros” y “ello”.
Tal vez todo esto le parezca trivial y hasta aburrido, pero sigamos adelante con nuestra explicación. ¿Qué le parecería si, en lugar de hablar de “yo”, “nosotros” y “ello”, hablásemos de la Belleza, la Bondad y la Verdad? ¿Qué pensaría si le dijese que la Belleza, la Bondad y la Verdad son, todos y cada uno de los instantes, dimensiones de su propio ser en todos y cada uno de los diferentes niveles de crecimiento y desarrollo? ¿Y qué le parece la afirmación de que la práctica integral puede llevarle a descubrir dimensiones cada vez más profundas de su Bondad, de su Verdad y de su Belleza?
¿No empiezan ahora a ponerse las cosas un poco más interesantes? La Belleza, la Bondad y la Verdad son versiones diferentes de los pronombres de primera, segunda y tercera persona que se hallan presentes en todos los grandes idiomas, dimensiones muy verdaderas de una realidad a las que el lenguaje ha acabado adaptándose. La tercera persona (o “ello”) se refiere a la verdad objetiva que suele investigar la ciencia. La segunda persona (o “tú/nosotros”) se refiere a la Divinidad o al molde en que nosotros – al modo en que usted y yo– nos relacionamos, es decir, lo hacemos de manera respetuosa, sincera y digna o, dicho en otras palabras, a la moral básica. Y la primera persona tiene que ver con el “yo”, con la expresión de uno mismo, con el arte, la estética y la belleza que está en el ojo (o “yo”) del espectador.
Así pues, las dimensiones del “yo”, del “nosotros” y del “ello” se refieren, respectivamente, al arte, la moral y la ciencia, al yo, la cultura y la naturaleza o a la Belleza, la Bondad y la Verdad. (Por alguna razón, los filósofos siempre se refieren a ellas en el mismo orden de Bondad, Verdad y Belleza, pero el lector puede emplear, obviamente, la secuencia que más le guste).
El caso es que cada evento del mundo manifiesto posee estas tres dimensiones. Por eso podríamos considerar cualquier evento desde el punto de vista del “yo” (es decir, el modo en que
personalmente lo veo y lo siento), desde el punto de vista del “nosotros” (es decir, el modo en que no sólo lo veo yo, sino que también lo ven los otros) y desde luego el punto de vista del “ello” (es decir, de los hechos objetivos del evento). Cualquier visión que aspire a ser integral debe reconocer, pues, todas estas dimensiones, lo que nos permitirá contar con una visión más exhaustiva y eficaz que tenga en cuenta tanto el “yo” como el “nosotros” y el “ello” o, dicho de otro modo, tanto el yo como la cultura y la naturaleza.
Si nos olvidamos de considerar la ciencia, el arte o la moral, soslayaremos algo muy importante, lo que acabará provocando algún que otro desajuste. Si el yo, la cultura y la naturaleza no se liberan juntos, no lo harán de ningún modo. Las dimensiones del “yo”, del “nosotros” y del “ello” son tan básicas que las llamamos los cuatro cuadrantes y las consideramos como uno de los fundamentos del enfoque integral o SOI (no olvide que los “cuatro” cuadrantes se obtienen separando el “ello” singular del “ello” plural). Veamos ahora unos pocos diagramas que pueden ayudarnos a aclarar esta cuestión.
Figura 5. Los cuadrantes
La Figura 5 resume esquemáticamente los cuatro cuadrantes y representa: el “yo” (el interior de lo individual), el “ello” (el exterior de lo individual), el “nosotros” (el interior de lo colectivo) y el “ellos” (el exterior de lo colectivo). Dicho en otras palabras, los cuatro cuadrantes –que son las cuatro perspectivas fundamentales de cualquier evento (o las cuatro formas básicas de contemplar cualquier cosa) –representa sencillamente el interior y el exterior de lo individual y de lo colectivo.
Las Figuras 6 y 7 muestran detalles de los cuatro cuadrantes. (No debemos preocuparnos, en esta introducción básica, por los
Figura 6. Algunos detalles de los cuadrantes
términos técnicos empleados. Bastará simplemente con echar un vistazo a los diagramas para hacernos una idea global de los distintos
ítems con los que podemos encontrarnos en cada uno de los cuadrantes).
En el cuadrante superior-izquierdo (el interior de lo individual) nos encontramos con los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones, etcétera, inmediatos (descritos en términos de la primera persona). Pero si contemplamos nuestro ser individual desde el exterior, no tanto en términos de la conciencia subjetiva como de ciencia objetiva, descubriremos la presencia de neutotransmisores, un sistema límbico, un neocórtex, complejas estructuras moleculares, células, sistemas orgánicos, ADN, etcétera, descritos en los términos objetivos propios de la tercera persona (“ello” y “ellos”). El cuadrante superior-derecho) es, por tanto, el aspecto general de lo individual contemplado desde el exterior, l que suele incluir su comportamiento físico, sus componentes materiales, su materia, su energía y su cuerpo concreto, ítems, todos ellos, a los que podemos referirnos desde la modalidad objetiva propia de la tercera persona o “ello”.
El aspecto general de nuestro organismo cuando lo contemplamos desde el exterior, es decir, desde una perspectiva objetiva (“ello”), parece compuesto de materia, energía y objetos cambia, mientras que cuando lo contemplamos desde el interior, los neurotransmisores, los sistemas límbicos, el neocórtex, la materia y la energía dejan paso a los sentimientos, los deseos, las visiones interiores y la conciencia descritos desde la inmediatez de la primera persona. ¿Cuál de ambas visiones es la correcta? Obviamente, desde una perspectiva integral ambas lo son. Se trata, por así decirlo, de dos visiones diferentes de la misma cuestión que, en este caso, es usted mismo. El problema aparece cuando tratamos de negar o soslayar alguna de estas perspectivas. De ahí que insistamos en que cualquier visión que realmente aspire a ser integral deberá asegurarse de tener en cuenta los cuatro cuadrantes.
Figura 7. Los cuadrantes centrados en el ser humano
Pero todavía no hemos acabado de esbozar todas las conexiones que existen. El lector advertirá fácilmente que cualquier “yo” está en relación con otros yoes, lo que significa que cada “yo” es un miembro que forma parte de numerosos “nosotros”. Y este “nosotros” nos e refiere tanto a la conciencia individual o a la conciencia subjetiva como a la conciencia grupal (o colectiva) y a la conciencia intersubjetiva o, dicho en un sentido más amplio, a la cultura, es decir, a la dimensión representada por el cuadrante inferior-izquierdo. Y, del mismo modo, cada “nosotros” posee también una faceta exterior, es decir, el aspecto que presenta contemplando desde el exterior, algo a lo que nos referimos como cuadrante inferior-derecho y que tiene que ver con la dimensión del
mundo, con sus valores y sentimientos compartidos, etcétera), mientras que el cuadrante inferior-derecho se refiere a la dimensión social (o las formas y conductas exterior del grupo que suelen estudiar ciencias de la tercera persona como la teoría sistémica).
Conviene insistir de nuevo en que los cuatro cuadrantes se refieren simplemente al interior y el exterior de lo individual y de lo colectivo y que, si queremos ser realmente integrales, deberemos incluirlos a todos.
UNA VISITA A LOS CUADRANTES
Hemos llegado ya a un punto en el que podemos empezar a ensamblar las piezas que componen el rompecabezas integral, es decir, los cuadrantes, los niveles, las líneas, los estados y los tipos. Comencemos, pues, con los niveles o estadios.
Todos los cuadrantes muestran algún tipo de crecimiento, desarrollo o evolución, es decir, todos se despliegan siguiendo algún tipo de estadios o niveles de desarrollo. Y con ello no estoy refiriéndome a una escalera, sino a un modo mucho más fluido, a modo de olas del desarrollo. Esto es algo que todo el mundo puede advertir en el mundo natural, desde los distintos estadios del crecimiento y el desarrollo que atraviesa una bellota hasta convertirse en roble hasta la secuencia definida de estadios que atraviesa el óvulo hasta transformarse en un tigre siberiano adulto.
Y lo mismo sucede, como acabamos de ilustrar, en el caso del ser humano. En el cuadrante superior-izquierdo o “yo”, por ejemplo, el avance se manifiesta atravesando una serie de estadios que van desde lo egocéntrico hasta lo etnocéntrico y lo mundicéntrico o, dicho de otro modo, desde el cuerpo hasta la mente y el espíritu. En el cuadrante superior-derecho, la energía se despliega fenomenológicamente desde lo ordinario hasta lo sutil y lo causal. En el cuadrante inferior-izquierdo, el “nosotros” se expande
Figura 8. OCON
desde lo egocéntrico (“yo”) hasta lo etnocéntrico (“nosotros”) y lo mundicéntrico (“todos nosotros”). Esta expansión de la conciencia grupal es la que facilita la expansión de los sistemas sociales – cuadrante inferior-derecho–, desde los simples grupos hasta los sistemas complejos como las naciones y, finalmente, los sistemas globales. En la Figura 8 (pág. 23) representamos estos tres sencillos estadios en cada uno de los cuatro cuadrantes.
Pasemos ahora de los niveles a las líneas. Las líneas del desarrollo se producen en los cuatro cuadrantes, pero como estamos centrándonos en el desarrollo personal, podemos advertir que algunas de ellas aparecen en el cuadrante superior-izquierdo. Como ya hemos visto, existen una buena decena de inteligencias múltiples o líneas diferentes del desarrollo, de entre las cuales cabe destacar las siguientes:
• La línea cognitiva (la conciencia de lo que es) • La línea moral (la conciencia de lo que debería ser)
• La línea emocional o afectiva (el espectro completo de las emociones)
• La línea interpersonal (el modo en que nos relacionamos socialmente con los demás)
• La línea de las necesidades (ilustrada por la jerarquía de necesidades de Maslow)
• La línea de la identidad del yo (o “¿quién soy yo?”, evidenciada por el desarrollo del yo de Loevinger)
• La línea de la estética (o la línea de la expresión de uno mismo, de la belleza, el arte y el significado sentido) • La línea psicosexual que, en su sentido más amplio,
abarca el espectro completo de Eros (desde ordinario hasta sutil y causal)
• La línea espiritual (donde el “espíritu” no sólo es considerado como fundamento y estadio más elevado, sino también como una línea individual del desarrollo)
• La línea de los valores (o de lo que la persona considera más importante, una línea estudiada por Clare Graves y popularizada por la Dinámica Espiral)
Todas estas líneas del desarrollo pueden desplazarse a través de los distintos niveles o estadios básicos y todas ellas, en consecuencia, pueden verse incluidas en el psicógrafo. Si usásemos mapas como los de Robert Kegan , Jane Loevinger o Clare Graves, por ejemplo, tendríamos cinco, ocho o incluso más niveles de desarrollo, con lo que podríamos seguir el despliegue natural de las líneas o corrientes de desarrollo. Conviene insistir de nuevo en que no se trata de cuál de esos modelos es correcto y cuál está equivocado, porque todo dependen del grado de “resolución” o “complejidad” que necesitamos para entender mejor una determinada situación.
En la Figura 3 ya hemos presentado un ejemplo del psicógrafo, pero veamos ahora (en la Figura 9) la versión que utiliza la Escuela de Negocios de Notre Dame en su aplicación del modelo OCON a la enseñanza del liderazgo integral.
Figura 9. Otra versión del psicógrafo
Como ya hemos dicho, las líneas del desarrollo aparecen en todos los cuadrantes. Acabamos de ver lo que ocurre en el cuadrante superior-izquierdo, pero, en el cuadrante superior-derecho, una de las líneas más importantes referida a los seres humanos es la línea de la materia-energía corporal que abarca, como ya hemos visto, desde la energía ordinaria hasta la energía sutil y la energía causal. En cuanto a la secuencia del desarrollo, esto se refiere a la adquisición permanente de la capacidad de gestionar conscientemente los componentes energéticos de su ser (porque, en caso contrario, sólo se presentarían como estados provisionales). El cuadrante superior-derecho también se refiere a la conducta, acciones y movimientos exteriores de mi cuerpo objetivo (desde el ordinario hasta el sutil y causal).
En el cuadrante inferior-izquierdo, el desarrollo cultural se despliega en forma de olas que van desde lo que el genio pionero de Jean Gebser denominó arcaico hasta mágico, mítico, mental, integral e incluso superior. En el cuadrante inferior-derecho, la teoría sistémica se ocupa de la evolución de los sistemas sociales colectivos (que, en el caso de los seres humanos, va desde el