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Aparicio, J. (2009). La memoria humana. Material de libro de texto en preparación para la clase de Memoria y aprendizaje. Universidad del Norte

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Aparicio, J. (2009). La memoria humana. Material de libro de texto en preparación para

la clase de Memoria y aprendizaje. Universidad del Norte

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LA MEMORIA HUMANA

Antes de comenzar a leer este capitulo, nos gustaría que dedicaras un momento a reflexionar sobre qué piensas acerca de tu memoria. Puedes usar como guía las siguientes preguntas:

- ¿Tienes memoria?

- ¿Qué pruebas puedes dar de que tienes memoria?

- ¿Cómo se crearon los recuerdos que ahora tienes en tu memoria, cuál fue su origen? - ¿Dónde están esos recuerdos ahora?

- ¿Todas las experiencias que vives quedan guardadas en tu memoria? - ¿De qué depende que algunas experiencias queden guardadas y otras no?

Cuando hacemos estas preguntas a estudiantes universitarios que no han estudiado cursos relacionados con la memoria, suelen responder lo siguiente:

“Sí, tengo memoria. Como prueba de que tengo memoria puedo decir que soy capaz de recordar vivencias del pasado que aunque ya no están presentes, puedo en este momento revivirlas en mi mente. Esos recuerdos se crearon a partir de la experiencia. Por medio de mis sentidos percibí lo que vivía y lo almacené en mi memoria. Esos recuerdos están ahora en mi memoria, la cual está en mi cabeza, en mi cerebro. Evidentemente no todo lo vivido queda grabado en mi memoria, eso depende de que tanta atención haya prestado en ese momento, o de cuántas veces la repasé mientras me la aprendía”

El objetivo de este capitulo será analizar en qué sentido las respuestas dadas desde la ciencia a estas preguntas pueden diferir y complejizar nuestra manera natural de comprender el funcionamiento de la memoria. Comenzaremos entonces reflexionando sobre la respuesta que la psicología ha dado a la pregunta de ¿qué es la memoria?

¿Una o varias Memorias?

Si revisamos la respuesta de nuestra estudiante, podemos inferir que en su modelo la memoria es concebida en singular, como un único “almacén” ubicado en el cerebro en el que quedan “grabadas” en forma de recuerdos, las experiencias vividas. También hay una clara referencia a la memoria como un almacén de experiencias del pasado. Esta concepción se corresponde con el modelo planteado por la psicología respecto a la memoria a largo plazo. Pero ¿existen otros tipos diferentes de memoria? ¿Qué pruebas se pueden aportar que nos permitan suponer que existen otros sistemas de memoria diferentes a nuestra memoria de largo plazo?.

En 1968 Richard Atkinson y Richard Shiffrin propusieron tres sistemas independientes de memoria que se diferenciaban por el tiempo en el que retenían la información: La memoria sensorial, la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo. Tener en cuenta el tiempo es una primera variación del modelo científico con respecto a nuestra concepción natural sobre la

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memoria. Lo que Atkinson y Shiffrin (1968) propusieron es que no sólo se puede hablar de la memoria cuando hay almacenamiento de recuerdos por largos periodos de tiempo. En realidad deberemos hablar de memoria cuando un sistema esté en capacidad de representar (volver a presentar) una información, tiempo después de que la fuente original de esa información ya no esté objetivamente presente. Sin duda, los recuerdos de la memoria a largo plazo cumplen con esta condición, pues nos permiten representarnos información que dejó de estar presente hace semanas, años o décadas. Pero como veremos a continuación, incluso esta condición se cumple para las llamadas memorias sensoriales (las cuales retienen cierta información por centésimas de segundo) y las memorias de corto plazo.

Con lo avanzado hasta ahora, podríamos decir que un sistema con memoria es todo aquel sistema que es capaz de retener información (de una fuente que ahora está ausente) por un periodo de tiempo variable. Reflexiona a partir de esta definición, si podríamos decir entonces que los animales, los computadores, las plantas, nuestro cuerpo, ¿tienen memoria?

Memoria sensorial

Observe durante 15 segundos la imagen de la derecha manteniendo fija su mirada en los cuatro puntos negros que están en el centro de la imagen. Luego cierre el libro y dirija su mirada a un fondo blanco y parpadee rápidamente. Si realizó la experiencia adecuadamente debió observar la imagen de un hombre barbado. ¿Por qué persiste en su visión una imagen que ya dejó de estar ante sus ojos?.

Neisser (1967) propuso que nuestro sistema visual está biológicamente preparado para mantener durante aproximadamente un cuarto de segundo, cada imagen visual que llega a nuestra retina. Denominó a este sistema, memoria sensorial Icónica (de ícono o imagen). La mejor analogía que podemos tener de cómo percibiríamos visualmente la realidad sin nuestra memoria sensorial icónica, es recordar cómo vemos la gente bailando cuando estamos en una discoteca con luces estroboscópicas encendidas. Diversas creaciones tecnológicas han hecho un uso muy creativo de esta particularidad de nuestro sistema visual. Entre ellas podemos nombrar el cine (al menos en su versión analógica), el cual es una sucesión de cuadros de imágenes que varían levemente unos a otros, y que proyectados a una velocidad inferior a un cuarto de segundo, “engañan” a nuestro sistema visual, haciéndonos percibir continuidad y movimiento. También podemos nombrar la magia visual de los fuegos artificiales que dejan su estela de luz sobre el oscuro cielo nocturno (centésimas de segundo después de que la pólvora se ha quemado), o la percepción de movimiento de las luces de los casinos en la ciudad de las Vegas o de las instalaciones eléctricas de la navidad.

Aparte del sistema visual, Neisser (1967) propuso que existe una memoria sensorial ecoica, para lo auditivo, y posiblemente memorias sensoriales específicas para cada uno de los otros sentidos. Sin duda, se ha dedicado mucha más investigación a nuestros sistemas visual y auditivo debido a que son los dos sentidos por medio de los cuales recibimos la mayor parte de la información proveniente del exterior.

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No nos detendremos a analizar con más detalle el funcionamiento de las memorias sensoriales, pues por su característica de memorias biológicas, están mucho más relacionadas con los procesos de sensación y percepción que con los procesos psicológicos superiores que son nuestro especial interés.

Las memorias sensoriales son sistemas biológicos que funcionan de manera automática. Pero ¿qué función cumplen?. Las mediciones neurológicas respecto al procesamiento de información en el cerebro han demostrado que el tiempo que las memorias sensoriales retienen la información es aproximadamente el mismo que necesita el cerebro para traducir y procesar las señales físicas que provienen del medio ambiente.

Sistema de Memorias de corto y largo plazo

Antes de seguir leyendo, dedica un momento a realizar el siguiente ejercicio, el cual es muy similar al utilizado en la prueba del WAIS. Pídele a alguien que te lea despacio y una sola vez cada grupo de datos (uno a la vez). Intenta reordenar mentalmente los datos construyendo una secuencia ascendente de números y letras. Por ejemplo, si aparece la secuencia 8-D-6-G-1, el resultado ordenado debería ser 168DG. Ve escribiendo los resultados en una hoja. Inténtalo ahora.

1. (H-1-8) 2. (V-1-J-5) 3. (7-N-4-L) 4. (K-2-C-7-S) 5. (5-P-3-Y-9) 6. (M-4-E-7-Q-2) 7. (W-8-H-5-F-3) 8. (6-G-9-A-2-S) 9. (R-3-B-4-Z-1-C) 10. (5-T-9-J-2-X-7) 11. (E-1-H-8-R-4-D) 12. (5-H-9-S-2-N-6-A) 13. (D-1-R-9-B-4-K-3) 14. (7-M-2-T-6-F-1-Z)

Si tu resultado concuerda con el encontrado por Miller (1956), el ejercicio debió resultarte fácil hasta las filas de cuatro datos y debió ser progresivamente más difícil a partir de cinco datos. Esta prueba mide tu memoria de corto plazo para estímulos verbales y en condiciones óptimas solemos tener la capacidad de almacenar entre cinco y nueve unidades de información a la vez.

El concepto de memoria de corto plazo, es sin duda la primera ruptura radical con respecto a nuestra concepción natural de la memoria. Tal y como fue planteado por Atkinson y Shiffrin (1968) este sistema se encargaría de mantener pequeñas cantidades de información por breves periodos de tiempo. Según estos autores toda la información que termina almacenada en la memoria a largo plazo, ha debido pasar necesariamente por la memoria de corto plazo. Puede que ahora estés pensando que en realidad no es necesario considerar que el sistema de memoria a corto plazo sea independiente de la memoria a largo plazo, si no que este almacenamiento de corto plazo no es más que el inicio de una memoria de largo plazo fallida, que no llegó a consolidarse. En otras palabras, desde esta visión podríamos afirmar que todas las memorias de largo plazo son necesariamente en su inicio memorias de corto plazo, hasta tanto no pase el tiempo y podamos verificar si su almacenamiento es transitorio o duradero.

¿Qué pruebas tenemos entonces para suponer que las memorias de corto plazo y largo plazo son dos subsistemas diferenciados?. La primera evidencia provino del estudio de pacientes con daño cerebral. Si la memoria fuera un sistema único, y una persona presentara alteraciones en ella, el resultado sería un fallo general en su capacidad de almacenar nueva información y/o en su capacidad de recuperar los conocimientos ya almacenados. En lo que

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concierne a la distinción entre la memoria de corto y largo plazo, un paciente identificado como KF, fue un caso clave para empezar a afirmar que estos dos sistemas funcionan independientemente, de tal forma que uno de ellos puede averiarse y el otro puede seguir funcionando sin problema alguno. (Ver recuadro).

En 1970 los psicólogos Tim Shallice y Elizabeth Warrington describieron el caso de un paciente que denominaron KF, el cual había sufrido de una hemorragia cerebral que había destruido parte de su lóbulo parietal en el hemisferio cerebral izquierdo. Este paciente, podía recordar sin ningún problema experiencias almacenadas en su memoria a largo plazo, pero tenía serias dificultades para mantener activa en su memoria a corto plazo, información que recibía verbalmente. Por ejemplo, era incapaz de darle sentido a la siguiente frase “el hombre, al que el caballo pateo, murió”

Otra prueba de la independencia entre estos dos subsistemas, ha provenido recientemente de las investigaciones de la bioquímica cerebral. Eric Kandel, un neurofisiólogo que obtuvo el premio Nobel de Medicina en el año 2000, ha dedicado buena parte de su vida al estudio de la bioquímica y la genética molecular de los procesos de memoria y aprendizaje. Sus descubrimientos apoyan la idea de que a nivel microbiológico existen diferencias importantes entre los procesos que conducen a la formación de memorias de corto o largo plazo. Según los estudios de Kandel (2006) en los animales invertebrados, la clave a nivel neuronal para la generación de memorias de corto plazo está en la función de cuatro sustancias: la serotonina, el AMP cíclico, la quinasa A y el glutamato. Por su parte, la generación de memorias de largo plazo, implica un cambio que trasciende lo bioquímico, implicando lo genético y lo estructural. Kandel descubrió que una única aplicación de serotonina en una neurona sensorial de un molusco (lo cual imita al proceso sensorial de captación de un estimulo), aumenta la cantidad de AMP cíclico y de quinasa A al interior de la célula, que a su vez genera un aumento considerable del neurotransmisor glutamato, que es uno de los encargados de comunicar las neuronas sensoriales con las motoras. No obstante, cuando se aplica repetidas veces serotonina a la neurona sensorial, la función de la quinasa A cambia. Migra hacia el núcleo de la neurona, en donde estimula la producción de la proteína CREB 1, la cual activa algunos genes, hasta ese momento inactivos. El ARN mensajero viaja del núcleo de la neurona a la sinapsis y allí es activado por la proteína CPEB. Como consecuencia de este cambio genético, la célula neuronal desarrolla nuevas terminales que le conectan profusamente con otras neuronas. En síntesis podemos decir, que mientras que la memoria de corto plazo implica un cambio en el

funcionamiento de las neuronas, la memoria de largo plazo implica un cambio en su estructura.

Timothy Tully y Jerry Yin del Laboratorio de Cold Spring Harbor en Nueva York, aportaron una prueba contundente de la importancia de la CREB 1 en la formación de memorias a largo plazo. En 1995 produjeron moscas con hipermemoria, manipulándolas genéticamente con el fin de mantener activada la CREB 1. Tomaban moscas y las entrenaban para huir de un cuarto perfumado en el cual recibían leves descargas eléctricas. A las moscas normales les tomaba diez o más sesiones aprenderlo. A las moscas manipuladas genéticamente les bastaba un par de ensayos para no volver.

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Kandel (2006) ha demostrado que estos cambios bioquímicos y genéticos que son la base de la memoria y el aprendizaje, son comunes en los diferentes niveles de la escala animal, de tal forma que podemos afirmar que la repetición de un estimulo es un mecanismo de memorización a largo plazo, eficaz tanto en moluscos e insectos, como en mamíferos. Estos hallazgos coinciden con la propuesta de Atkinson y Shiffrin (1968) de que existen subsistemas

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diferentes de memoria y de que el tiempo que la información permanezca activa en la memoria de corto plazo (a nivel biológico, la cantidad de serotonina producida por la estimulación sensorial repetida) es una variable fundamental para que se convierta en una memoria de largo plazo.

No obstante, el mismo Kandel (2006), ha argumentado que la complejidad biológica de los mamíferos, los ha llevado a poseer mecanismos de memoria y aprendizaje que implican un progresivo control interno de estos procesos y no sólo la respuesta contingente a estímulos ambientales. Esto nos obliga a considerar que esta explicación de los mecanismos biológicos de una memoria implícita, debe ser complementada con la presentación de un modelo de memoria explícita.

Sistemas y procesos de la Memoria

Párrafos atrás decíamos que un cambio importante en las ideas de nuestra estudiante universitaria sobre la memoria, debía ser pasar de considerar la memoria como un único almacén (la memoria de largo plazo) a considerarla como un conjunto de subsistemas (la memoria sensorial, la memoria de corto y largo plazo). Ahora vemos que es necesario un nuevo cambio en su modelo acerca de la memoria. Su idea de que los factores esenciales para la creación de una memoria de largo plazo son la percepción atenta de estímulos ambientales y la repetición de tales estímulos, parece encajar bastante bien con el modelo de una memoria implícita, pero deja por fuera la consideración del importante papel que juegan los procesos internos al individuo (cognitivos y afectivos) en la formación de recuerdos duraderos. Dicho de otra forma, la propuesta de la psicología de la memoria implica una nueva subdivisión, ya no de una estructura (la memoria a largo plazo) si no de un conjunto de procesos. La representación de sentido común que tiene nuestra estudiante sobre la memoria, implica considerarla tan sólo como un proceso de almacenamiento de recuerdos. La psicología cognitiva propone que existen tres procesos implicados en la memoria: la codificación, el almacenamiento y la

recuperación.

Aunque es común que en la literatura científica se hable de la distinción entre un sistema de memoria implícita y explícita (Froufe, 1997), nosotros creemos que es más adecuado referirnos a formas de codificación implícita o explícita. Dividir la memoria en implícita y explicita, implicaría poder sustentar que los sistemas estructurales que participan de uno y otro tipo de memoria son diferentes. No obstante, hasta donde sabemos actualmente, los subsistemas de memoria sensorial, a corto y largo plazo, están implicados de igual manera tanto en la creación de memorias explícitas como implícitas.

La codificación implícita

Según Schunk (1996) la codificación es el proceso de incorporar nueva información en el sistema de procesamiento. Según esta definición, podemos afirmar que tanto los moluscos como los mamíferos tienen la capacidad de codificar información. La diferencia entre estas dos especies estaría en que la primera realiza dicho proceso de manera implícita, no consciente, mientras que en los mamíferos (y especialmente en los seres humanos) este proceso puede suceder tanto de manera implícita como explícita. En el caso de los humanos, existen abundantes pruebas de pacientes con amnesia anterógrada que son incapaces de codificar y

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almacenar nueva información de manera explícita, pero conservan intacta su capacidad de aprender implícitamente. Warrington y Weiskrantz (1978) utilizando el modelo del condicionamiento clásico, presentaban repetidas veces a un grupo de pacientes con amnesia anterógrada, una luz seguida de una ráfaga de aire en un ojo. De forma refleja el ojo se cierra ante una ráfaga de aire, pero estos pacientes después de repetidas experiencias de la luz seguida de la ráfaga, fueron condicionados a cerrar su ojo ante la sóla presentación de la luz. Sin embargo, cuando se les preguntaba para que usaba el médico la linterna que tenía en su mano, eran incapaces de responder acertadamente.

El primero en reportar un caso de memoria implícita preservada en pacientes con amnesia anterógrada, fue el Neuropsiquiatra Claparéde. De manera anecdótica él cuenta que en una las clínicas en las que trabajaba había una paciente amnésica que era incapaz de recordar cualquier cosa sucedida recientemente, de tal forma, que la saludaba siempre como si fuera la primera vez que lo veía. Claparéde decidió en varias ocasiones jugarle una broma. Se colocó una tachuela en su mano, la cual aguijoneaba a la pobre mujer cada vez que le daba la mano. Para sorpresa de Claparéde, un día la mujer se rehusó a saludarlo dándole la mano, aunque era incapaz de explicar por qué no quería hacerlo.

Tulving y Schacter (1990) propusieron que la codificación implícita se evidencia en situaciones de priming y es fundamental en el aprendizaje de destrezas o habilidades motoras básicas, en la identificación de patrones de sucesos y en la codificación de conocimientos procedimentales por asociación (como en el condicionamiento clásico).

Según Baddeley, Eysenck y Anderson (2009) el priming es aquel fenómeno en el cual la presentación de un ítem influye en el procesamiento de un ítem subsecuente haciendo más fácil procesarlo (priming positivo) o más difícil (priming negativo). El efecto priming suele suceder al margen de la conciencia y parece estar vinculado con la forma en la que funciona la memoria a corto plazo. Según Anderson (1990), este fenómeno se presenta debido a los diferentes niveles de activación de la información que está ingresando en el sistema de procesamiento de información o de la que ya está almacenada. En el priming cierta información está preactivada ya sea por su adquisición reciente o porque esta relacionada con la información activa en ese momento, lo cual aumenta la probabilidad de ser activada en comparación con otra información no relacionada. Afirmamos que el priming es un fenómeno propio de la codificación implícita, pues diversas investigaciones con pacientes con amnesia anterógrada demuestran que a pesar de sus fallos en la codificación explícita, estos pacientes presentan el efecto priming, el cual sólo es posible si el sistema ha codificado (aunque sea implícitamente) información presentada con anterioridad. Warrington y Weiskrantz (1968) presentaron a un grupo de pacientes con amnesia anterógrada, un listado de palabras y les pidieron memorizarlas. Cuando pasados unos minutos, les solicitaron recordar esas palabras o identificar en una lista nueva las palabras que habían memorizado, los pacientes obtuvieron un pobre rendimiento. Sin embargo, cuando se les pidió “adivinar” ciertas palabras a partir de la presentación de sus letras iniciales, los participantes sugerían con una mayor probabilidad aquellas palabras que habían aparecido en la lista que se les había pedido memorizar. Estos resultados sugieren, que aunque no fueran conscientes de ello, su sistema de memoria había codificado de manera implícita estas palabras, dejándolas preactivadas en el sistema, aumentando así la probabilidad de ser recuperadas.

Por su parte, la codificación implícita por condicionamiento clásico, fue ejemplificada en las dos situaciones que presentamos con anterioridad de la investigación de Warrington y Weiskrantz (1978) con la linterna, y en la anécdota de Clarapéde con su paciente amnésica. En

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estos dos casos se ponen de manifiesto los principios de la teoría propuesta por el Fisiólogo Ruso Iván Pavlov (1927), sobre el condicionamiento clásico. Si precedimos repetidas veces un estimulo neutro (el sonido de un timbre) de un estimulo incondicionado (carne en polvo), lograremos que ese estimulo neutro adquiera la capacidad de evocar en un perro la misma respuesta de salivación (respuesta condicionada) que originalmente sólo provocaba la comida (salivación como respuesta incondicionada).

Lo interesante de estos procesos de codificación implícita, es que son la base de un porcentaje muy importante de los aprendizajes que llevan a cabo, no sólo los pacientes con problemas de amnesia, sino también cualquier ser humano sin alteraciones. Sin ellos, sería muy costoso, cognitivamente hablando, adquirir miles de conductas y habilidades esenciales para la vida.

Reber (1992) señala una serie de características que hacen muy especial a este sistema de codificación implícita. Tiene un menor grado de vulnerabilidad a las enfermedades y al deterioro mental que los procesos explícitos. Es influido escasamente por variables como el estrés. Emerge más temprano en el desarrollo que los procesos explícitos, y permanece relativamente intacto con el envejecimiento. Posee una menor variabilidad en sus manifestaciones, es decir, es más universal. Es independiente de las capacidades psicológicas superiores como el pensamiento y por último, es común a diversas especies a lo largo de la escala animal.

La codificación explícita

Desde hace décadas, los psicólogos cognitivos han presentado resultados de investigaciones que demuestran las variaciones que supone para los procesos de memoria y aprendizaje la intervención de procesos cognitivos explícitos. Como ya anotamos, Miller (1956) propuso inicialmente que la memoria de corto plazo era capaz de almacenar entre cinco y nueve unidades de información. Podríamos decir que este dato es producto de las restricciones biológicas específicas de nuestra especie, las cuales se configuraron como resultado de miles de años de evolución. No obstante, es claro que a partir de mecanismos psicológicos explícitos, los seres humanos podemos superar esas restricciones utilizando una estrategia de empaquetamiento de información que amplía enormemente estas limitaciones. Veamos un ejemplo.

Trate de memorizar la secuencia de letras que le presentamos a continuación. Coloque una hoja sobre el libro dejando sólo descubierta la primera letra de la secuencia. Añada una letra cada vez, desplazando la hoja hacia la derecha. Repase las letras mentalmente cada vez y deténganse en aquel punto en el que cometa errores en el repaso de la secuencia.

L P D L E P F I H A E L B

¿Cuántas letras alcanzó a mantener activas en su memoria de corto plazo? Si Miller tenía razón debió ser un número inferior a nueve letras. Ahora le presentaremos las mismas 13 letras agrupadas.

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Es posible que de esta manera facilitemos la repetición mental de esta información, pero es presumible que si dentro de unas horas le preguntamos por estas letras usted las haya olvidado. Aunque estén agrupadas, son combinaciones sin sentido, así que su sistema de memoria no tendría porque almacenarlas de manera duradera. No obstante, no pasaría lo mismo si le presentamos las mismas trece letras organizadas de la siguiente manera:

A P P L E D H L F B I LG

Esta última tarea, reduce las trece unidades de información a sólo 4, por la vía de dotarlas de significado. Este proceso, sólo puede llevarse a cabo si poseemos un sistema de memoria explícita que bajo el control voluntario nos permita asociar los estímulos presentes con información previamente almacenada en la memoria de largo plazo.

Esta misma idea fue planteada de otra manera por los psicólogos Craik y Lockhart (1972). Ellos cuestionaron la propuesta de Atkinson y Shiffrin (1968), de que el factor más importante para generar memorias de largo plazo era el tiempo que permaneciera activa la información en la memoria de corto plazo. En el caso del procesamiento explícito de información, parece que es más importante la profundidad con la que se procesa la información que el tiempo. Ellos propusieron tres niveles explícitos de procesamiento de la información: el nivel visual, el fonológico y el semantico. De los tres, es el procesamiento semantico, el que genera con mayor probabilidad la creación de recuerdos duraderos.

Craik y Tulving (1975) presentaron a los participantes de un experimento, tres tipos de tareas, sin avisarles que era una prueba para evaluar su memoria. La primera consistía en valorar si un grupo de palabras que les eran presentadas estaban escritas en letra mayúscula o en minúscula (tarea visual). La segunda prueba consistía en determinar si un conjunto de palabras presentadas en parejas, rimaban entre sí (tarea fonológica). La última tarea, consistía en valorar si una palabra presentada encajaba con sentido en una frase. Por ejemplo:¿la palabra carro encaja en la siguiente frase? Los astronautas del Apollo fueron a la Luna en un _________. (tarea semántica) Los resultados mostraron que las palabras que los participantes más recordaron fueron las involucradas en la tarea semántica. Recordaron algunas de las palabras de la tarea fonológica, y muy pocas de la tarea visual.

En estos dos casos expuestos queda claro que en el caso de los seres humanos existe un sistema de procesamiento explícito, que complementa las características del sistema implícito. Lo maravillo de este sistema de codificación es que nos permite controlar a voluntad qué información deseamos codificar y cual no. Utilizando este sistema, dejamos de estar expuestos como los animales inferiores, a las reglas que rigen su codificación: intensidad y permanencia del estimulo, novedad, incongruencia, relación con placer o displacer, e importancia para la supervivencia. Pero ¿Qué estructura lleva a cabo esta codificación explícita?. Es necesario dar un paso más en la especialización que es característica de los modelos científicos.

La memoria de Trabajo

Antes veíamos que el almacén único que era la memoria de largo plazo, debió ser subdividido en tres subsistemas (memoria sensorial, de corto y largo plazo) y que un único proceso de almacenamiento, debió ser subdividido en tres subprocesos (codificación, almacenamiento y recuperación). Ahora veremos que la psicología cognitiva nos propone una

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nueva subdivisión. La subestructura que Atkinson y Shiffrin (1968) llamaron memoria de corto plazo es reconceptualizada por Baddeley y Hitch (1974) como un sistema de memoria de trabajo, conformado por un ejecutivo central y dos procesos esclavos: El lazo articulatorio y la agenda visoespacial [Recientemente Baddeley (2000), añadió un tercer subsistema: el buffer episódico]

La propuesta de Baddeley y Hitch (1974), surge por varias razones. De nuevo la evidencia neuropsicológica nos presenta casos que no pueden ser explicados desde la teoría original de la memoria a corto plazo. El paciente KF estudiado por Shallice y Warrington (1970) mostraba un deterioro específico en su capacidad para codificar y almacenar explícitamente información que le era presentada verbalmente, pero en cambio, no presentaba ninguna dificultad con tareas visuales. Si el subsistema de memoria a corto plazo fuera una unidad indivisible, un daño en él provocaría repercusiones severas en actividades cognitivas complejas tales como el razonamiento y la comprensión. No obstante, tal y como demostraron Vallar y Shallice (1990) algunos de sus pacientes con problemas de codificación explícita de ciertos tipos de información, se desempeñaban eficientemente como secretarias o taxistas. Baddeley (2009) propone además que un cambio importante entre el modelo de memoria de corto plazo y el de memoria de trabajo, fue pasar de considerar a este subsistema de memoria como un lugar (un almacén) al que debe moverse la información proveniente de la memoria sensorial o de la memoria a largo plazo, a considerarlo como un proceso que mantiene activos los símbolos con los que se está trabajando en determinado momento bajo control voluntario.

Según Baddeley (2009) el ejecutivo central es un sistema atencional de control voluntario y toma de decisiones. Su función es gestionar los subsistemas de memoria sensorial, de corto y largo plazo, determinando a que estímulos sensoriales atender, que información será mantenida activa en la memoria de corto plazo, o cual información será activada en la memoria a largo plazo. Para mantener activa la información en la memoria a corto plazo, cuenta con dos subprocesos a su servicio: la agenda visoespacial (encargada de mantener activa información visual y espacial) y el lazo articulatorio (el cual puede ser usado para mantener activa información de tipo verbal). Existe un tercer subproceso, el buffer episódico, el cual se encarga de gestionar la relación entre la nueva información codificada y la información ya almacenada en la memoria a largo plazo. También sirve de enlace entre la información procesada por el lazo articulatorio y la agenda visoespacial. En la siguiente gráfica podemos ver la relación entre estos subprocesos.

Sistema multicomponentes de la Memoria de trabajo

Ejecutivo central

ce

Agenda

visoespacial episódico Buffer articulatorio Lazo

Información visual,

espacial y semántica Memoria de largo plazo Información episódica Información verbal

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A nuestro juicio el modelo de memoria de trabajo, explica de manera adecuada los fenómenos de la memoria que son particulares de los seres humanos. Este modelo articula adecuadamente las propuestas estructural y funcional de la memoria. Como ya dijimos la memoria de trabajo se encarga de gestionar los diferentes subsistemas de memoria sensorial, de corto y largo plazo. Pero a su vez ella es la responsable de gestionar los procesos de codificación explícita de la información semántica y episódica que es almacenada en la memoria de largo plazo, y también es la encargada de activar (por medio del ejecutivo central y el buffer episódico) la información ya almacenada en la memoria a largo plazo. De esta forma, la memoria de trabajo se constituye en el modelo de la memoria más alejado de nuestra idea de sentido común. Nuestra memoria no es sólo un almacén de recuerdos del pasado que han sido adquiridos por sistemas de codificación implícita basados en la repetición de las experiencias. Nuestra memoria es más bien, un conjunto de estructuras y procesos que nos permiten codificar y almacenar conocimientos implícita y explícitamente, de tal forma, que viviendo en el presente de nuestras sensaciones, podemos viajar atrás en el tiempo para recuperar conocimientos ya almacenados, o de manera más sorprendente aún, proyectarnos al futuro.

Baddeley (2009) propone que en el estudio de la memoria debemos escapar del reduccionismo, que propone constreñir cada explicación al nivel anterior: La psicología social en términos de psicología cognitiva y esta a su vez, en términos fisiológicos, que deben ser reducidos a la bioquímica cerebral y en último lugar a las moléculas físicas que componen los genes. Como nos mostró claramente Kandel (2007) los procesos de memoria están sustentantados en cambios bioquímicos y genéticos. No obstante, estos cambios pueden ser generados por estímulos externos (como sucede en todos los animales, incluyendo al hombre) o por procesos internos, de naturaleza mental. Estos últimos ya se manifiestan de manera primigenia en buena parte de los mamíferos, pero sin duda, alcanzan su máxima expresión en el hombre. El dualismo cartesiano que separaba el cuerpo de la mente, debe ser superado no sólo en la dirección de reconocer que todos los procesos psicológicos tienen un correlato biológico, sino también, en el sentido de aceptar que lo mental puede a su vez modificar lo biológico. Uno de los más importantes descubrimientos de Kandel (2007) en sus investigaciones sobre las bases biológicas de la memoria, es el reconocimiento de que los genes no determinan el comportamiento de forma exclusiva, pues ellos pueden ser modificados por experiencias que provienen por vía del aprendizaje. Por ejemplo, un estudio reciente (falta cita) demostró que a diferencia de lo que se creía en años anteriores, el cerebro sigue modificándose hasta edades avanzadas. Al hacer un seguimiento longitudinal del hipocampo en taxistas de la ciudad de Londres, se hizo evidente a través de Resonancias magnéticas funcionales, que el hipocampo aumentaba de tamaño. Esta es una clara prueba de que el aumento de conexiones cerebrales no sólo está programado genéticamente para producirse en los primeros años de vida, sino que es posible que ocurra a lo largo de toda la vida como resultado del aprendizaje. Sin duda esta es una alentadora noticia pata todos aquellos que nos dedicamos a la enseñanza.

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Propuesta de un modelo integrador de la memoria humana

Memorias sensoriales Memoria de corto plazo Memoria de largo plazo

Memoria de trabajo Memoria sensorial ecoica Memoria sensorial icónica Ejecutivo central Lazo articulatorio Agenda Visoespacial Búfer episódico

Referencias

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