©Revista Batey. Todos los Derechos Reservados 84 La importancia de la raza y el racismo
en la consideración de los procesos migratorios en el estado Español
Ubaldo Martínez Veiga, Antropólogo Social
Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid, España.[email protected]
Resumen: Este estudio reexamina los datos recogidos y publicados en 2000 sobre El Ejido, Almería, España, de cara a reinterpretarlos desde la perspectiva del racismo. Se enfoca sobre el racismo institucional y describe a la población española persiguiendo y cometiendo actos violentos contra la población trabajadora de origen marroquí. Estos acontecimientos han sido justificados por los españoles usando una ideología racista que tiene una larga tradición histórica en Europa. El artículo favorecerá una discusión que considere el racismo en España, un tema a menudo olvidado hasta la fecha por los estudiosos españoles, debido a que niegan su existencia.
Palabras clave: Inmigración, Racismo, Racismo Institucional, Contingente de trabajadores.
Abstract: This study examines data collected and published in 2000 on El Ejido, Almería, Spain, in order to reinterpret them from the perspective of racism. It focuses on institutional racism and describes the Spanish population chasing and committing violent acts against the working people of Moroccan origin. These events have been justified by the Spaniards using a racist ideology that has a long tradition in Europe. The article will encourage a discussion that considers racism in Spain, an issue often overlooked to date by Spanish scholars, because they deny its existence.
Keywords: Immigration, Racism, Institutional Racism, Contingent workers
Para comenzar quiero traer a colación dos historias o datos que pueden servir de introducción.
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días antes de las elecciones de 1979 decía que el Reino Unido “había sido inundado por inmigrantes con culturas ajenas.” Posteriormente en un programa de la BBC (Radio 4), un oyente negro le dijo que tenía que retirar estas palabras y ella respondió que no, y dijo que “alguna gente piensa que están inundados al ver que las calles, en las que han vivido durante mucho tiempo, ahora son bastante diferentes.” Los periódicos hicieron muchos comentarios pero es interesante que el “Sun” diga que está muy bien que los Tories intenten endurecer las reglas que gobiernan la inmigración porque las propuestas son justas, responsables y humanas. Estas son distintas de las propuestas de Frente Nacional que es un partido racista que promueve el odio a la gente negra basándose en miedos y prejuicios irracionales. Desde este punto de vista el racismo, atributo de los defensores del Frente Nacional es un conjunto de creencias irracionales. Sin embargo, una consideración dura de la inmigración es algo diferente, es algo realista y racional, basado en hechos y argumentos y no tiene nada que ver con los prejuicios. El afirmar que estamos inundados por los inmigrantes es un simple hecho y por ello el partir de este tipo de hechos es racional, razonable, y por ello no es racista. Lo único que hay que preguntar es: ¿Se trata realmente de hechos? Esta discusión entre El Diputado del Común y el Alcalde de Las Palmas no parece avalar la idea de que se trata de hechos. Sea lo que sea, es interesante subrayar que estos datos sirvieron de punto de partida para uno de los libros más importantes sobre el racismo que apareció en Europa en los últimos años. Se trata del libro del filósofo británico Martin Barker, (1981).
Lo primero son dos historias, lo segundo son los datos, que podríamos clasificar de infraestructurales. Si se toman los datos ofrecidos por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y la EPA del último trimestre de 2006, a finales de este año, y tomando como objeto de análisis el continente de origen de los inmigrantes, se descubre fácilmente que África es el lugar de origen de donde los trabajadores inmigrantes tienen una mayor tasa de contratos temporales y la menor tasa de contratos indefinidos. La tasa de contratos indefinidos es del 30.53 %, lo cual es menos de la mitad de la tasa de contratos indefinidos de los trabajadores totales del Estado que es del 66.2 % y los contratos temporales representan también más del doble de los contratos temporales de la población total.
Si se compara la tasa de temporalidad por países de origen y no continentes, encontramos que Marruecos tiene la tasa de temporalidad más alta entre las diez naciones con una inmigración más grande hacia España. Se trata del 67.84 %. Todo el mundo está de acuerdo en que, entre otras cosas, una variable fundamental para explicar esta tasa de temporalidad es el tiempo de permanencia en España. Pues bien, esta correlación falla en el caso de Marruecos que es una de las poblaciones que más tiempo lleva en el país. Es verdad que la tasa de temporalidad está correlacionada con el tiempo de estancia en España en otros casos como en el caso de los bolivianos con un 67.69 % o de los ecuatorianos con un 59.76 %.
Es importante subrayar que las 3 poblaciones: la población subsahariana y la marroquí (africanos los dos), que son los que según se dice producen avalancha o avalancha más importante, son precisamente aquellos que tienen un mayor número de contratos temporales en su trabajo.
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minas de antracita en Pensilvania en el año 1900 y 1902 como un gran conflicto de razas, por una parte la raza que habla inglés (la mayoría de ellos alemanes), y la que no y que eran los eslavos, (que estaban constituidos en un 20 % de italianos) y que eran a la vez los invasores y los que hacían la huelga.
La invasión de la raza eslava en contra de la raza que habla inglés, traía consigo el suicidio de la raza que era el gran peligro según Warne y muchos de los que se movían alrededor de este círculo de ideas como Theodore Roosevelt.
Pero vayamos al caso que queremos analizar y que es lo que ocurre en El Ejido.
Febrero del 2000, el racismo se explicita
Para comenzar a explicar los acontecimientos que tuvieron lugar durante los días 5, 6 y 7 de febrero del 2000 en El Ejido, quizás sea conveniente ofrecer la descripción de algunos elementos que sirven de contexto y para ello retrotraerse un poco en el tiempo, dos meses antes, al 2 de diciembre de 1999. En ese día tuvo lugar una reunión de la Mesa Hortofrutícola almeriense a la que asistieron representantes del Gobierno Central, de la Junta de Andalucía, de la Diputación de Almería y de varios ayuntamientos. También estuvieron presentes las organizaciones empresariales, los Sindicatos y la Cámara de Comercio (La Voz de Almería, 3 diciembre 1999: 3). En esta reunión se lleva a cabo un análisis de la situación económica de la producción hortofrutícola y se discute ampliamente que hay que evitar absolutamente que la Unión Europea trate de utilizar, como viene haciendo “la agricultura intensiva de frutas y hortalizas como moneda de cambio en el tratado pesquero con los marroquíes.” Según las estimaciones ofrecidas por Gabriel Barranco, presidente de la Alhondiga “la Unión” del Ejido, las pérdidas de la agricultura almeriense a raíz de los acuerdos entre Marruecos y la Unión Europea de 1995 llegaron a 30.000 millones de pesetas en la campaña 1998-1999 y podían llegar a ser de 70.000 millones de pesetas en la campaña de 1999-2000.
La razón básica de estas pérdidas se encuentra, según los empresarios agrícolas, en que los cupos de exportación de Marruecos a la UE han sido ampliados. Por otra parte, la llegada de las exportaciones marroquíes coinciden con los momentos punta de la llegada de los productos almerienses a los mercados y, por último, los agricultores almerienses se quejan de que el volumen de las exportaciones marroquíes superó con mucho lo permitido por los acuerdos sin que se haya llevado a cabo ninguna inspección. Por todo ello se convoca una manifestación para el 15 de diciembre que se pretende que sea “la mayor movilización cívica de la historia de esta provincia,” (La Voz de Almería, 3 diciembre 1999: 2).
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España y su Gobierno, y por eso tenemos que movilizarnos porque esta situación tiene que dar un cambio radical,” (La Voz de Almería, 3 diciembre 1999: 3).
En el fondo, lo que aquí se está planteando es que hay que unirse desde dentro para enfrentarse a algo que viene de fuera del país y de la propia región almeriense cual son los productos hortofrutícolas marroquíes. Dentro de esta lucha contra lo que viene de fuera se engloban las demandas en contra del gobierno español que no defiende a los agricultores de esos peligros. En última instancia se difunde la idea de Almería como una zona asediada por la llegada de los productos extranjeros, y ante una situación como esta se empiezan a oír voces que defienden una cierta encapsulación. Refiriéndose a Marruecos, el secretario provincial de la COAG, Eduardo López, llega a decir: “yo no quiero libre comercio, no estoy de acuerdo en competir en las condiciones en que ellos quieren competir,” (La Voz de Almería, 27 enero 2000: 2).
De todas maneras, el martes 25 de enero, agricultores andaluces entre los que había bastantes del Ejido bloquearon el puerto de Algeciras. Al día siguiente doscientos agricultores bloquearon el puerto de Almería para impedir la salida de camiones marroquíes con frutas y verduras. En un momento determinado saltan las vallas del puesto fronterizo y encuentran unos remolques que están en el muelle y los abren buscando tomates. Cuando encuentran mandarinas las tiran al mar. Es importante subrayar, por lo que más tarde vamos a exponer, que realmente de lo que se trata en estas manifestaciones es en última instancia de cortar las comunicaciones con el exterior.
Todas estas manifestaciones fueron interpretadas, tanto en la prensa como entre los propios agricultores como la guerra del tomate. Esta fijación con este producto tiene que ver con dos elementos distintos. En primer lugar, es evidente que la competición del tomate marroquí con el almeriense es muy fuerte tanto desde el punto de vista del precio como de la época de la producción o comercialización. Pero también hay otro elemento que es fundamental. Se trata de una dimensión económica y simbólica que tiene el tomate como mercancía. Entre todos los productos de la agricultura intensiva almeriense, el tomate es el que da mayor rendimiento por unidad de territorio. Por otra parte, este producto es el que más mano de obra requiere. Los agricultores tienen que tomar decisiones importantes acerca de plantar o no tomates, o sobre la cantidad a plantar, en base a las ganancias por la producción y la cantidad de mano de obra marroquí que hay que emplear. Dado que, parafraseando a Marx, el tomate lleva dentro una cantidad grande de trabajo marroquí “incorporado”, los agricultores ven como una contradicción que sea el propio tomate marroquí el que hace la competencia al almeriense. De hecho, es fácil establecer un paralelismo, inconsciente a veces, entre la “invasión” de los tomates marroquíes en los mercados españoles y europeos y también la “invasión” de los trabajadores marroquíes en los mercados de trabajo españoles.
En este contexto, el sábado 22 de enero del 2000 fueron asesinados dos agricultores por un inmigrante marroquí que, al parecer, trabajaba para uno de ellos.
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una concentración pacífica en la plaza mayor del Ejido a las 12 de la mañana del domingo siguiente.
Al día siguiente la organización agraria COAG anuncia que planea una manifestación para mostrar el rechazo por la muerte de los dos agricultores, entre los cuales uno era miembro de esta organización. La manifestación se propone para el sábado siguiente pero se está a la espera de la fecha de la otra manifestación para llevarla a cabo conjuntamente.
La COAG lanza una serie de acusaciones contra los inmigrantes. En primer lugar, se afirma que “existen constantes amenazas hacia los agricultores por parte de trabajadores inmigrantes,” incluso se habla de amenazas de “arranque de plantaciones si los agricultores no acceden a firmar tanto el contingente como la documentación para obtener el subsidio de desempleo.” También se “suman amenazas por parte de los trabajadores inmigrantes a los agricultores exigiéndoles que les firmemos documentación que permita traer a sus familiares a España.” A todas estas declaraciones acusatorias que reproducimos de la Voz de Almería (21 enero 2000: 30) hay que añadir algunas peticiones por parte de los agricultores que tomamos del mismo periódico. Se dice que “los agricultores se sienten impotentes y desprotegidos y por ello solicitamos una mayor dotación en las zonas de los invernaderos por parte de las Fuerzas de Seguridad.” El Secretario de COAG, Antonio Oliver, añade que “desde la organización agraria exigimos una respuesta oficial por parte de la Administración y pedimos que aquellos inmigrantes, que no tengan contrato de residencia o de trabajo en firme, sean repatriados a sus lugares de origen.”
Efectivamente, el domingo 30 de enero del 2000 se llevó a cabo una manifestación en El Ejido en la que se concentraron entre 8.000 y 12.000 personas. Allí estaban representantes de los partidos políticos y la Corporación Municipal. Ante todo este público, se leyó un manifiesto. Dentro de él se pedían “actuaciones decisivas a la administración para evitar la presencia de inmigrantes ilegales” y también se afirmaba: “echamos de menos los manifiestos ahítos de indignación de los escritores pseudoprogresistas, que están dispuestos a disparar cuando los hechos se acomodan a su esquizofrénica visión de la realidad. Echamos de menos algunos medios de comunicación nacionales que raudos están a difamar a nuestro pueblo, más nunca, no ya a defenderlo, sino ni siquiera a comprenderlo,” (La Voz de Almería, 31 enero 2000: 2). Aparece aquí, de nuevo y aplicada a los periodistas nacionales, algo que aparecía antes con respecto a Marruecos e incluso al Gobierno Central Español, la idea del pueblo que está asediado, vilipendiado e incomprendido por algo que viene de fuera y que es bastante fácil de presentar como una especie de enemigo exterior que acosa y asedia al pueblo.
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aspectos muy centrales. En primer lugar se acusa a la Asociación de “Mujeres Progresistas” de que “únicamente insista en los derechos de los inmigrantes y no en las obligaciones que estos tienen.” Se da una sintonía total entre lo que dicen los agricultores y lo que había afirmado hace unos días antes el Alcalde. Pero, quizás lo más importante es que se da un paralelismo total ente lo que se afirma con respecto a los inmigrantes dentro de El Ejido y lo que se afirma con respecto a Marruecos en general. Si se observa lo que decía Juan Cantón sobre las relaciones comerciales con Marruecos y lo que los agricultores de El Ejido afirman con respecto a las ONGs que apoyan a los inmigrantes aparece un paralelismo sorprendente que no hay que ser un estructuralista extremo para comprender.
Juan Cantón decía refiriéndose a Marruecos: “Sabemos que hay derechos pero que ellos también cumplan con lo pactado.” Las mujeres y agricultores ejidenses decían que las ONGs daban“una difusión desmedida a los derechos de los inmigrantes pero que no se habla igual de sus obligaciones.”
De todas maneras, estos ataques verbales a las dos ONGs representan en gran medida un intento de romper los puentes entre población inmigrante - población nativa, que ellas propiciaban. Además de esto, estos ataques verbales se van a convertir ulteriormente en otro tipo de ataques. Posteriormente, las familias de los agricultores asesinados deciden llevar a cabo una marcha por el pueblo que fue seguida por gran parte de los asistentes. En esta marcha, verdadera toma del centro de la ciudad por los manifestantes, se persiguió hasta su casa a un marroquí que pasaba cerca de la manifestación. Cuando se pasaba por la calle Almería, que es un lugar en donde se concentran los inmigrantes, cualquier letrero en árabe era abucheado por los que marchaban por allí e incluso se corearon insultos como “Hijos de puta” o “Justicia sí, asesinos no.” Con esto se muestra que, al menos desde el punto de vista verbal no se trataba de una manifestación tan pacífica como se quiso presentar. De hecho, como enseguida se va a mostrar, esta manifestación es básicamente una preparación para los acontecimientos que se van a narrar a continuación.
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personas que vienen de fuera y que lo pueden atacar. Por otra parte, obviamente, el corte de carreteras simboliza el intento de reforzar la unidad interna de los habitantes de El Ejido ante los enemigos. En conjunto se produce una reactivación de lo que podíamos designar con el término de mini nacionalismo en contra de lo de fuera, de lo extranjero. Se trata de una exaltación de los valores y realidades locales que, como toda exaltación de los localismos, se llevan a cabo por oposición a lo de fuera, ya se trate de los marroquíes o lo que, en general venga de fuera. El corte de las vías de acceso tiene todas esas connotaciones que posteriormente se irán desarrollando, como si se tratase de una especie de tragedia.
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Por último queremos insistir en un fenómeno que, dentro de esta movilización multitudinaria de los nativos contra los inmigrantes, ha tenido una importancia fundamental. Nos referimos a los rumores. Stanley Tambiah (1996: 282) ha estudiado muy detenidamente los movimientos masivos y la violencia colectiva de unos grupos étnicos con respecto a otros en el Sur de Asia y describe muy bien el fenómeno de los rumores. “Los rumores dice él, aunque frecuentemente son plantados y diseminados por agentes provocadores, generalmente aparecen y no pueden ser atribuidos a fuentes culpables definidas frecuentemente los rumores más inflamatorios y horribles son circulados por los agresores con respecto a las víctimas (aunque en un estadio posterior las víctimas a su vez cuentan sus historias de horror a las autoridades). En tumultos que duran pocos días, los rumores empiezan a circular el primer día y producen su peor impacto en el segundo, y ordinariamente en el segundo y tercer día es cuando se cometen las mayores brutalidades... que se justifican como represalias”. No queremos seguir mecánicamente las observaciones del gran antropólogo, pero es curioso que hay un dato en estos sucesos del Ejido que puede aclarar algunos elementos del comportamiento. Tomamos directamente las palabras de la Voz de Almería (7, febrero, 2000:2). “Hacia las dos de la tarde se hizo circular el rumor de que habían sido envenenados los depósitos de agua potable y el Ayuntamiento de El Ejido, en prevención, ordenó el vaciado de todos estos depósitos. A lo largo de toda la jornada se hicieron circular otros rumores relacionados con nuevos asesinatos que no llegaron a confirmarse a lo largo del día.” El primer rumor acerca del envenenamiento de las aguas parece que se transmite bastante porque días más tarde cuando los niños de un colegio de la Mojonera, municipio adyacente al Ejido, van a clase llevan botellas de agua porque “los marroquíes envenenaron las aguas,” (Ideal, 13 de febrero 2000: 1).
Aunque puede parecer una pedantería no podemos por menos de traer a colación lo que de los judíos decía a mediados del siglo XIV la Chronique de Guillaume de Naugis “quod ipsi puteos et aquas infecerant et aerem corrumperant” “ellos infectaron los pozos y aguas y corrompieron el aire”. Como es bien sabido, se trata de una situación en la cual la llamada peste negra hacía estragos en Europa y la acusación contra los judíos de que ellos eran los causantes al infectar el agua y corromper el aire era una justificación para los frecuentes pogroms que contra esta minoría étnica tuvieron lugar en aquel entonces. El texto que nosotros tomamos de la obra de Julio Valdeon (2000:26) indica que el rumor extendido en el Ejido acerca del envenenamiento de las aguas por parte de los marroquíes coloca, al menos simbólicamente, los ataques que se producen en esta ciudad contra la población inmigrante en continuidad con aquellos pogroms medievales. Aunque la acusación de envenenamiento de las aguas puede impresionar por su larga tradición histórica, quizás otros rumores, como los referentes a otros asesinatos, tuvieron más efectividad en enardecer a la gente que estaba dispuesta a atacar a la minoría inmigrante.
El influjo de las instituciones municipales y el Racismo Institucional
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que es llamativo es que en el momento en el que el propietario deja de cobrar la renta interviene el alcalde que decide en abril de 1995 desalojar la casa y para ello hace que la policía municipal entre en ella y obligue por la fuerza a que los inmigrantes la abandonen. Las razones que se dan para el desalojo tienen bastante interés aunque todas tienen que ver con la higiene, y es interesante constatar como los problemas acerca de la higiene empiezan a plantearse siempre cuando los propietarios dejan de cobrar la renta. Da la impresión de que existe algo así como la idea de que mientras se pague la renta por las casas el fenómeno está controlado, regulado y que, en el momento en que la renta desaparece, la casa deja de estar controlada y regulada y entonces “aparecen” los problemas de higiene.
Es interesante ahondar un poco en estas explicaciones higiénicas. A raíz del desalojo de los inmigrantes un técnico del ayuntamiento hace un análisis de las instalaciones sanitarias que “consisten en un cuarto de baño formado por retrete, un lavabo desmontado y una ducha, situados en la planta alta de la vivienda, sin que estos elementos dispongan de desagüe, por lo que vierten directamente en la planta baja a un pequeño espacio protegido con tablones y placas. En dos de las dependencias de la planta baja existe además una manguera con una ducha acoplada,” (La Voz de Almería, 28 marzo 1995). Por lo que hemos podido observar, estas instalaciones son bastante mejores que las que se dan en la mayoría de los cortijos. De hecho en un primer momento la casa se cierra y se pone policía a la puerta. Posteriormente se arregla la casa pero no se permite que los inmigrantes vuelvan a ocuparla. Lo que ocurre a raíz del desalojo es que la mayoría de los inmigrantes se instalan a vivir con otros en “cortijos” cuyas facilidades sanitarias son bastante peores de las que se daban en la “casa blanca”. Un número de estos inmigrantes, que oscila entre 18 y 25 se encierran junto a representantes de diversos sindicatos y asociaciones (CCOO, Almería Acoge) en la Iglesia de San Agustín. El encierro dura casi dos semanas y al final los trabajadores abandonan la iglesia debido a que algunos jóvenes de la población arrojan un garrafón de gasolina al que previamente le han prendido fuego. Es importante subrayar que en este momento se produce en este lugar un fuerte movimiento social de protesta por “la situación del alojamiento” de los inmigrantes. Es fácil comprender por qué esto tiene lugar en el Ejido y no ocurre en otros pueblos vecinos. Ante una situación como esta es importante entender la actuación de “la totalidad de las Asociaciones ciudadanas radicadas en San Agustín.” Estas, junto con la Junta Local presentan un manifiesto que se puede resumir del modo siguiente:
1.-Comisiones Obreras y Almería Acoge han promovido “el cambio de los inmigrantes ilegales que había en la Iglesia por inmigrantes legales”
2.-“La participación de inmigrantes en las labores agrícolas es una necesidad para la propia actividad de nuestros invernaderos, y en este sentido no solo son bienvenidos los trabajadores extranjeros sino que claramente necesitamos de ellos”
3.- “el número de inmigrantes llega en una proporción que no se corresponde con las necesidades reales”
4.- “esto se traduce en la existencia ilegal de muchos de estos extranjeros.”
5.-“Esta situación de ilegalidad es un caldo de cultivo óptimo para la marginación y la delincuencia”
6.-“dejar claro que nos consta que las aparentes coacciones con armas y líquidos sobre los encerrados en la iglesia se debieron a peleas entre los propios inmigrantes...”
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El último punto llama la atención en cuanto que muestra la oposición de las asociaciones ciudadanas a la vuelta de los inmigrantes a la “casa blanca”. De hecho a estos inmigrantes les es negada toda posibilidad de habitar en el núcleo del barrio. Al desalojar la Iglesia los sindicatos y asociaciones solicitan de la junta local un edificio que había sido construido para instalar un mercado. Este edificio estaba vacío, y vacío sigue hasta ahora. Los inmigrantes que habían ocupado la Iglesia no pueden encontrar ningún alojamiento ni en el barrio ni en los cortijos fuera y tienen que buscar alojamiento en Almería a más de 20 kilómetros del barrio. Se trata con toda claridad de un fenómeno de alejamiento de la población inmigrante del núcleo de la población, de un auténtico apartheid con un agente que trata de conseguirlo, la junta local y las asociaciones ciudadanas nativas.
Se da un último dato que puede servir para comprender todo el proceso en su conjunto. A raíz del encierro en la iglesia, el Alcalde del Ayuntamiento del Ejido se reúne con la Asociación de Jóvenes Agricultores Andaluces para tratar de plantear y dar solución a los problemas que presentan los inmigrantes. En la discusión se llega al convencimiento de que los inmigrantes no pueden vivir en el pueblo porque causan problemas y además parece más conveniente que vivan cerca de los invernaderos. De esta manera van a estar mucho más cerca de su trabajo y no tienen que gastar en transporte. Para conseguir esto, el ayuntamiento ofrece una subvención “a fondo perdido” para que los agricultores reformen los “cortijos” y así los inmigrantes puedan vivir cerca de su trabajo. Aparece aquí claramente demostrado como la exclusión de los inmigrantes de la vivienda en el centro del pueblo, o la creación de lo que hemos designado como “bantustanes,” es un fenómeno que tiene unos agentes claramente identificados.
El desalojo de inmigrantes que vivían en los núcleos urbanos de El Ejido es un fenómeno que se repite continuamente, pero estos casos han pasado desapercibidos porque no ha habido una respuesta por parte de los ciudadanos. La Voz de Almería describe un desalojo que tuvo lugar por parte del Ayuntamiento dentro del núcleo del Ejido el 2 de marzo de 1999. Allí se afirma que “esta no es la primera vez que se ha producido un desalojo de estas características. En otros puntos del Ejido-núcleo se ha actuado de la misma forma y las viviendas, casi siempre en estado insalubre o ruinoso, han sido demolidas por parte del Ayuntamiento,” (La Voz de Almería, 2 marzo 1999: 15).
Pero vayamos al análisis del desalojo del 2 de marzo. En el centro de El Ejido, en la Calle Reyes Católicos, había un garaje en donde vivían desde 1991 más o menos 20 o 25 personas. El lugar tenía una cierta notoriedad porque en un documental producido en 1996 por “Producciones el Cable,” y que se titulaba “Volando me tuve que ir,” se describe visualmente y con palabras la situación de los inmigrantes en este espacio. Este documental fue transmitido más de una vez por la televisión andaluza y por ello era bastante conocido. De alguna manera este garaje era como una especie de icono de las condiciones miserables de la vivienda de los inmigrantes pero a la vez representaba un símbolo de la integración, al menos espacial, de los inmigrantes dentro del núcleo urbano.
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Ayuntamiento siempre preocupado por el “status” regular o irregular de los inmigrantes, podría ser una ventaja, no parece tener importancia en el momento de desalojarlos.
De todas maneras, es importante constatar que, en la fecha antes mencionada, la policía municipal desaloja a los 22 inmigrantes y precinta la entrada al garaje. Esto se lleva a cabo en base a una orden judicial solicitada por el Ayuntamiento. Las razones aducidas para el desalojo son la necesidad de “adecentar el lugar” porque era un lugar antihigiénico e insalubre. Además, se da una razón de orden urbanístico en cuanto que se trata de concluir una calle “de la urbanización, del pabellón de Deportes y del parque municipal”.
Hay que subrayar la utilización de razones higiénicas que casi siempre se utilizan por las autoridades municipales cuando se trata de los desalojos. No se puede uno cansar de repetir que el 90% de los cortijos y naves tienen condiciones peores que las del garaje.
Los habitantes del garaje se quedan en la calle, y por la noche más de 100 inmigrantes se concentran en un solar vacío, en donde empiezan a hacer fuego para pasar la noche. Si en el desalojo de San Agustín los inmigrantes estaban apoyados por “Almería Acoge”, CCOO y la UGT, en este caso es Izquierda Unida y la Asociación de Mujeres Progresistas las que ayudan a los inmigrantes. Como es obvio, el Ayuntamiento no tenía la menor intención de implicarse en ayudar a buscar un alojamiento para los inmigrantes. En un primer momento, fueron alojados en la sede de “Almería Acoge” y de Izquierda Unida. El 5 de marzo los inmigrantes aprovechan la celebración del pleno municipal y ocupan la sala de plenos. Con la presión de las asociaciones, se consigue que se instalen unos días en una pensión pagados por el Ayuntamiento. Veinte días después del desalojo solo ocho entre los inmigrantes parecía que iban a poder trasladarse a una casa alquilada en el Ejido. Es interesante subrayar que esto se había conseguido “después de haber creado una comisión oficial” para buscar vivienda. Un mes después del desalojo, todavía no se había materializado el alquiler de la vivienda del Ejido, seis inmigrantes más habían encontrado una vivienda en el Parador, fuera del término municipal del Ejido y el resto todavía no había encontrado donde cobijarse.
Una situación como esta significa la negativa por parte de los propietarios de las viviendas a alquilarlos a los marroquíes, aunque había algún caso en el que esto se obtenía a través de subir de tal manera los precios que fuera imposible pagarlo.
La Comisión Oficial para buscar vivienda visitó seis inmobiliarias y consultó 35 pisos por teléfono sin ningún resultado. Incluso un miembro de esta Comisión me dijo que alguna vez, al ir a una urbanización y preguntar por el alquiler de una vivienda y explicar para quien era, decían que no se alquilaba. Cuando bajaban a la calle y miraban, veían que el cartel de “se alquila” había desaparecido. La Comisión manda un comunicado a los medios de comunicación cuyos puntos segundos y tercero transcribimos a continuación.
“Que el esfuerzo del grupo de trabajo constituido por dicha secretaría para realojar en viviendas de alquiler a estas 22 personas, así como el esfuerzo de las demás organizaciones de apoyo, ha puesto en evidencia la imposibilidad de encontrar alquileres y la negativa casi unánime de alquilar viviendas a inmigrantes, a pesar de la llamada de la Mesa de concienciación al tema”.
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Integración Social de los Inmigrantes de Almería a que convoque urgentemente al pleno de la Mesa con el fin de valorar los resultados del esfuerzo de la Comisión del Trabajo nombrada al efecto, y concretar las propuestas acordadas en la reunión. En segundo lugar exigimos del Ayuntamiento de El Ejido un mayor compromiso y una mayor colaboración en orden a que estos trabajadores por fin vean resuelto su problema del alojamiento”.
Como si se tratase de una especie de “eterno retorno de lo igual,” la FAVA repite por enésima vez que tiene un programa que se llama “Espejo del Mar” por el cual la vivienda que se alquila a los inmigrantes tendrá “un seguro del continente y del contenido y de responsabilidad civil, que será gratuito para los propietarios, suscrito con la compañía Mapfre. Esto ya existía cuando los acontecimientos de 1995 sin ningún resultado. Los desalojados del Ejido afirman en un comunicado: “No queremos tratos de favor, queremos pagar nuestro alquiler y vivir normalmente, pero si llamamos donde hay un cartel y nos dicen que no nos alquilan, ¿dónde vamos?” (La Voz de Almería, 4 marzo 1999: 16).
Ante una situación como esta y movidos por las circunstancias y protestas, el Alcalde y el gobierno municipal hacen una serie de propuestas para “resolver” el problema:
La primera consistiría en que el Ayuntamiento “subvencione el importe de las tasas e impuesto sobre construcciones, correspondiente a la reforma, rehabilitación o construcción de las viviendas que, según el planteamiento vigente en este municipio, se permiten hacer en las explotaciones agrarias.” Lo que queda claro en esta propuesta es que el ayuntamiento renuncia a todo tipo de planificación urbanística con tal de que las viviendas para los inmigrantes estén colocadas en los campos agrícolas y, por tanto, fuera de los cascos urbanos.
La segunda propuesta se refiere a la necesidad de que “las Administraciones Central y Autonómica, cada una dentro de sus competencias, subvencione la reforma, rehabilitación o construcción de estas viviendas”.
La tercera consistiría en regular el modelo de contrato de trabajo “y que se establezca en el mismo la cláusula de la oferta de la vivienda por parte del empleador a deducir del salario a pagar, y vinculado el uso de la vivienda a la duración del contrato, de tal modo que la extinción del contrato de trabajo lleve aparejado inexcusablemente el abandono de la vivienda por parte del trabajador...”
Esta tercera propuesta no deja de ser peculiar en cuanto que en un lugar en donde hay una incidencia bastante escasa de contrato de trabajo, el poner condiciones como la de la vivienda lo que conseguiría sería que se hagan todavía menos contratos de trabajo. El juntar vivienda y contrato de trabajo implicaría que los trabajadores o bien trabajan durante un largo período de tiempo con el mismo empresario o que se trata de trabajadores temporeros que llevan a cabo sus tareas durante dos o tres meses y después se van a su país. Ninguna de los presupuestos se cumple. La mayoría de los trabajadores no lo hacen por largos períodos para un mismo empresario. Tampoco se puede considerar temporeros a personas que llevan 12 o 15 años en al Ejido. De hecho la vinculación entre vivienda y trabajo de tal manera que esta sea pagada en especie, además de ser una vuelta al “truck system” contra el que los trabajadores han luchado desde los albores de la revolución industrial, es una manera perfecta de precarizar absolutamente el propio trabajo.
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se muestra claramente la idea directriz del Ayuntamiento que consiste ni más ni menos que en la diseminación, segregación y alejamiento de la vivienda de los inmigrantes con respecto a los núcleos urbanos. Si la “segregación” rompe los lazos con la sociedad en su conjunto, la diseminación rompe los lazos entre los propios inmigrantes.
Por último, y por si esto fuera poco, se desea que “la Administración Estatal adopte las medidas necesarias para intensificar la seguridad ciudadana en el ámbito rural, aumentando los medios personales y materiales de la Guardia Civil,” (La Voz de Almería, 10 marzo 1999).
No necesitamos entrar en los últimos acontecimientos de febrero del 2000 para comprender cómo lo que se está creando es una segregación espacial que fija, objetiva y perpetua la imposibilidad de la integración, de la defensa de los derechos más elementales de los inmigrantes. En última instancia se trata de colocarlos en su sitio, fuera, en la periferia. La comparación con lo que ocurría en Sudáfrica salta a la vista.
La descripción que acabamos de hacer fuerza a plantear un problema central, y enormemente debatido, aunque yo creo que es imposible entender lo que es el racismo si esto no se tiene en cuenta. Como se trata de un concepto muy discutido parece conveniente aclararlo ampliamente. Por otra parte, se trata de un concepto que ha tenido conexiones políticas inmediatas. Como esto ocurre siempre con el concepto de raza y racismo, hay que tener en cuenta que, según mi opinión, esta conexión no detrae nada del valor científico de estos conceptos sino todo lo contrario.
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Kwame Ture) y de Charles Hamilton (1967). Como el título del libro indica, los dos autores son dos teóricos del movimiento del “Black Power.” En este libro, desarrollan un análisis de la desigualdad racial y de la perpetuación del gueto en las ciudades norteamericanas como un preludio de la discusión de las estrategias políticas que los negros americanos deben seguir para enfrentarse a la opresión. Al principio del libro (pág. 4) se establece un contraste entre el “racismo institucional” (término que se introduce por primera vez en este momento), y el racismo individual. El racismo institucional está más encubierto y sutil y está asociado con instituciones perfectamente asumidas y establecidas en la sociedad. Ponen el ejemplo de los niños negros que mueren por falta de alimento y medicinas y la manera en la que los negros se encuentran en las casas peores y más dilapidadas en las ciudades. El racismo institucional se basa en “el influjo continuo y extendido de actitudes y prácticas en contra de los negros.” Con ello se refieren a la actitud de superioridad de los blancos que cruza toda la sociedad “a nivel individual e institucional de una manera abierta u oculta” (Carmichael and Hamilton 1968: 5). Lo que interesa a estos dos autores son los resultados, no las intenciones o la manera de operar de las instituciones.
Jenny Williams (1985: 325) resume bien los aspectos que son subrayados en la idea del racismo institucional:
la producción de la desigualdad racial en un conjunto amplio de instituciones en base a su funcionamiento ordinario;
la irrelevancia de las intenciones de las personas implicadas; el desarrollo histórico de la exclusión y opresión racial;
las relaciones entre las instituciones que traen consigo que las desigualdades se hagan acumulativas.
Aunque no se va a entrar a analizar muy detenidamente todos los aspectos, se puede subrayar que en la interpretación de Carmichael and Hamilton el “racismo institucional” es otra palabra para designar el colonialismo.
Otro fenómeno importante es el hecho de que la interrelación entre unas instituciones y otras trae consigo el reforzamiento de las desigualdades. Hay un capítulo del libro que se titula “Dynamite the Ghetto” en donde se afirma que “el problema central dentro del gueto es el circulo vicioso que se crea por la falta de casas adecuadas, de trabajos decentes y educación… las implicaciones extensivas del racismo institucional” (pág.156). Hay que subrayar la importancia central que en estos dos aspectos tiene la institución de la vivienda. Otro aspecto al que estos autores dan mucha importancia es al hecho de que las ideologías racistas tienen un papel en iniciar, sostener y justificar el dominio racial. Pero, el racismo no se refiere únicamente a las ideologías sino también a decisiones y políticas que sirven de hecho para subordinar a los negros.
Una vez que estos procesos están en marcha, es posible que la ideología, que estaba presente al principio, sea negada, como ocurre con mucha frecuencia.
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Derechos Civiles tenían como finalidad asegurar que se atacaba la discriminación, y, a la vez, se introducían propuestas para erradicar la pobreza y llegar a conseguir que los pobres, negros o blancos, alcanzaran un nivel mínimo de bienestar. En este momento, se descubre que, aunque el racismo era atacado y la discriminación, abierta y directa, era colocada fuera de la Ley, las poblaciones negras estaban en la cola de todo. Por esto, se dice que aunque el gobierno no estaba en manos de los racistas, las instituciones que eran normales, para el funcionamiento de la sociedad americana traían consecuencias desventajosas para los negros. Esto es ni más ni menos que “racismo institucional.” Como se puede observar, el concepto no deja de ser muy ambiguo, aunque yo creo que su utilización es absolutamente necesaria.
El sociólogo británico John Rex (1986), en un intento encomiable de clarificar el concepto, afirma que se dan al menos cuatro significados que se pueden aplicar al racismo institucional:
Aunque las instituciones no estén gobernadas por racistas psicológicos o por gente que cree en teorías racistas, pueden estar guiadas por un racismo inconsciente.
La discriminación con base racial existe pero es difícil de probar. La prueba más importante de su existencia está en los resultados, las desventajas de la minoría negra.
Las razones por las cuales les va tan mal a los negros en los procesos de mercado son difíciles de entender y sus resultados difíciles de rectificar a no ser interviniendo en los procesos de mercado.
La discriminación con base racial no existe pero lo importante es que los pobres discriminados sufren y que una gran parte de los negros están en estas circunstancias.
Hemos propuesto estos sentidos diversos ofrecidos por John Rex más por el éxito que tuvieron en un primer momento, que por su importancia en el momento actual.
Parece evidente que los sentidos 3º y 4º no están nada claros. Los dos primeros son bastante evidentes pero también se puede profundizar en ellos. En primer lugar parece claro que la idea del racismo institucional llama la atención sobre el hecho de que el racismo no solo se encuentra en los constructos ideales, o en las ideologías sino en las prácticas normales. Se trata de lo que Philomena Essed (1991:3) designa con el término de racismo de cada día. “El concepto del racismo de cada día va en contra de la idea, frecuentemente defendida, de que el racismo es un problema individual, la cuestión de ser o no ser racista. El criterio básico que distingue al racismo del racismo de cada día consiste en que éste incluye únicamente prácticas familiares, sistemáticas y recurrentes. El hecho de que las prácticas son repetitivas indica que el racismo de cada día está constituido por prácticas que pueden ser generalizadas. Dado que este racismo está inserto dentro de las prácticas ordinarias, incluye actitudes y comportamiento socializados. Finalmente, su naturaleza sistemática indica que el racismo ordinario incluye procesos acumulativos. Estas observaciones indican que este racismo se define en términos de las prácticas que tienen preeminencia dentro de un sistema. Hay que tener en cuenta que las practicas no son únicamente actos sino también relaciones complejas entre los actos y actitudes.”
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enmascarado se puede conceder que, a veces, las actividades no están presentes pero sus correlatos estructurales tales como la desigualdad, la discriminación y la subordinación están organizados por la línea de la raza. Incluida dentro de esta primera observación de Rex está la idea, presente desde el primer momento en el concepto de racismo institucional, según la cual la presencia de teorías racistas es necesaria y está siempre presente de una manera o de otra, pero en el análisis se da un cambio de óptica. Se da una relevancia menor a esta presencia de la ideología para fijarse en otros aspectos.
Hay una figura central en el antirracismo británico, Ambalvaner Sivanandan, cuya evolución teórica y práctica muestra perfectamente este cambio. Se trata de un teórico y activista nacido en Sri Lanka que fue director del “Institute of Race Relations” y de la revista “Race and Class.” Este autor, que tuvo una importancia clave en el análisis de los fenómenos del racismo, explica perfectamente cómo ha tenido lugar un cambio importante en su propia interpretación del fenómeno. En un primer momento él defendía que el racismo “era una ideología explicita y sistemática de superioridad racial.” Posteriormente empezó a interpretar el racismo poniendo el énfasis en algo distinto, y empieza a considerarlo como “estructuras e instituciones que tienen poder para discriminar,” (David Dale, 1986). En un artículo, hoy clásico, Sivanandan (1976), afirma que el racismo institucional era el problema de este tiempo. Con ello, el concepto propuesto por Carmichael y Hamilton adquiere más importancia en Europa. Sivanandan analizaba las leyes británicas de inmigración de 1962-1971 y mostraba como estas quitaron “la discriminación del mercado y le dieron la sanción del estado. Hicieron el racismo respetable, institucionalizándolo, pero, al llevar a cabo esto, también aumentaron las consecuencias políticas y económicas del racismo” que se hacen mucho más visibles.
Pero, en esta consideración del racismo como racismo institucional se produce una transformación, o una consideración nueva de un aspecto que no se había tenido en cuenta con tanto interés. El racismo se piensa “como un fenómeno que tiene más que ver con el poder que con los prejuicios.”
La ideología racista es un producto social que tiene efectos, únicamente a través de sistemas de acción que la generan y articulan en la política gubernamental, en los sistemas de contratación de los trabajadores, en la organización de la vivienda o en los sistemas educativos porque es una construcción ideológica que está basada en unas estructuras de poder que se expresan en actuaciones concretas. El racismo es una estructura ideológica y un proceso, en el cual las desigualdades que se dan dentro de la estructura social se ponen en relación, de un modo determinístico con factores biológicos y/o culturales que se atribuyen a aquellos que se considera que pertenecen a una raza o a un grupo étnico distinto.
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Si se trata de concretizar lo que se acaba de decir, podemos referirnos a lo que se ha descrito de la situación habitacional de los marroquíes en El Ejido. Como ya se ha visto, la política municipal consistía siempre en favorecer la “dispersión” de los marroquíes en el campo, lejos de la población. Si se quiere preguntar por las razones para esta política, quizás sea conveniente traer a colación algo que ocurrió después de los acontecimientos de febrero del año 2000 que se han descrito antes. A raíz de la persecución a la que fueron sometidos los trabajadores marroquíes, muchas de las chabolas y casas en las que habitaban fueron destruidas y la población inmigrante tuvo que dispersarse por los campos y las montañas que se encuentran alrededor del pueblo. Ante una situación como esta, tanto representantes de las autoridades provinciales, como los sindicatos y otras fuerzas de la sociedad civil, pensaron en solicitar de la Cruz Roja la construcción de un campamento para alojar a los inmigrantes que se habían quedado sin lugar de habitación.
Todos estos representantes solicitaron del Ayuntamiento que les cediera temporalmente un terreno para poder hacer el campamento. El Alcalde afirmó que no se puede ceder un terreno porque no hay, lo cual es manifiestamente falso, y saltaba a la vista de cualquiera que quisiera mirar. Ante una situación como esta, un empresario de El Ejido se pone en contacto con algunos de estos representantes, en concreto con el Secretario provincial de Comisiones Obreras, para decirle que él estaba dispuesto a ceder un terreno para que se construyera el campamento. Esto me lo confirmó a mí el representante en cuestión y el empresario también me lo dijo. Sin embargo, por la tarde de aquel mismo día, el empresario tuvo que llamar a los representantes para retirar su oferta, porque “las presiones habían sido enormes.” Al no haber un terreno en el que se pudiera colocar el campamento, el Alcalde aprueba que no se construya y lo justifica porque si se construyera un campamento en el pueblo, se construiría un gueto. Encontramos aquí tres fenómenos favorecidos por las instituciones municipales, y alguno de ellos también promovido por los propios nativos de El Ejido. En primer lugar se promueve la colocación de los inmigrantes en lugares alejados del centro de la población. En segundo lugar, se da un rechazo de los inmigrantes como vecinos, en cuanto que, como ya se ha visto, los nativos se niegan o ponían muchas dificultades para alquilar la vivienda a los inmigrantes marroquíes. En tercer lugar se da una política manifiesta de dispersión de la población inmigrante en los campos, la municipalidad habla de “diseminación.”
Esto se justifica con la observación de que la concentración de los inmigrantes trae consigo la creación de guetos.
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La segunda consideración de John Rex tiene mucha importancia, ya la hemos propuesto un poco antes, pero no parece inconveniente volver a repetirla: “La discriminación con base racial existe, pero es difícil de probar. La prueba más importante de su existencia está en los resultados, en el sentido de las desventajas que sufren los negros, las minorías.”
Se trata de un aspecto que ya estaba presente en las explicaciones de Carmichael y Hamilton y que ha sido criticado sin razón, según mi modo de ver. Quizás la crítica más sostenida sea la de Jorge García (1999). Este filósofo norteamericano ofrece una interpretación estrictamente individualista del fenómeno del racismo. De acuerdo con García, “el racismo dentro de las personas individuales tiene una mayor importancia de carácter moral y en la explicación, y el racismo institucional aparece y tiene importancia porque las actitudes racistas (los deseos, fines, esperanzas, temores y planes) infectan el razonamiento, la toma de decisión y la acción de los individuos no solo en su comportamiento privado sino también cuando crean y ejecutan las políticas de las instituciones dentro de las que operan.” Este es el punto de vista, según el cual “el racismo individual tiene importancia (y se produce quizás) únicamente cuando contribuye al racismo institucional que subyuga a un grupo racial.”
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Tanto el racismo individual como el racismo que está dentro del corazón de las gentes, como dice García, son muy difíciles de analizar o incluso de descubrir. Las razones son muy sencillas y tienen que ver con lo que se ha dado en llamar el nuevo racismo.
El nuevo racismo se caracteriza por la minimización o incluso ocultación absoluta del racismo en cuanto tal.
Refiriéndose a los Estados Unidos, D. Kinder y L. Sanders, (1996) dicen que hay pocas cuestiones que generen tanto conflicto en la historia de Estados Unidos como las relaciones de raza, y sin embargo muy pocos americanos blancos piensan que las relaciones raciales son un tópico que les atañe. Pero la misma observación ya era ofrecida por Gunnar Myrdal, (1944: 37) ya en el año 1944, “uno puede pasarse semanas hablando con gente blanca de toda condición y oye constantemente hablar del racismo de otra gente, pero es muy raro encontrar alguien que se identifique con este problema.”
Quizás sea conveniente traer el testimonio de otras dos teóricas del racismo en Estados Unidos. Jennifer Hochschild (1995) que hace un estudio muy pormenorizado del problema del conflicto racial y llega a la conclusión de que la mayoría de los Americanos blancos no pueden entender por qué hay tanto interés y preocupación por él. Por último, es muy interesante traer a colación la interpretación de Mary Jackman (1994: 137) que dice que “la desigualdad racial se reproduce sin la participación de los individuos blancos, y ocultada de su vista.” Si la desigualdad racial se reproduce sin la participación de…individuos blancos, entonces es difícil comprender como se puede partir del racismo individual, como afirmaba García. Da la impresión de que si se parte de esto no se encuentra absolutamente nada.
Si de esta negación del racismo, al menos a nivel individual, pasamos a los mecanismos por los que estos fenómenos tienen lugar así como a los cambios que caracterizan lo que se puede llamar racismo actual, sin entrar demasiado a definir este término, se pueden distinguir los siguientes elementos. Según el sociólogo puertorriqueño Eduardo Bonilla-Silva, 2003), el nuevo racismo tiene cuatro marcos de referencia: un liberalismo abstracto, naturalización, racismo cultural y la minimización del racismo. El liberalismo abstracto defiende la igualdad de oportunidades para todos, y esto se hace de una manera descontextualizada sin tener en cuenta para nada las situaciones de partida o las situaciones de injusticia institucional en las que los grupos pueden encontrarse.
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en las cúspide estarían los nativos que tienen todos los derechos en cuanto que los poseen desde el principio. Si esto es así, la única posibilidad es seguir estrictamente el orden. Es importante subrayar cómo, si se defiende este punto de vista, cómo hace el ministro, es imposible aplicar ningún tipo de medida que tenga en cuenta las mayores o menores necesidades de aquellos a los que las medidas de satisfacción de las mismas han de ser aplicadas. Se da un criterio que se aplica de un modo abstracto, y, según este hay que seguir un orden riguroso en donde las necesidades de los nativos han de ser satisfechas las primeras y posteriormente son los inmigrantes los que por un riguroso orden de llegada pueden tener acceso a los recursos necesarios. Si se sigue este orden abstracto cualquier actuación de discriminación positiva se hace imposible. Además parece evidente que, por debajo de este planteamiento, hay roda una teoría que nunca se hace explicita pero que consiste en la idea según la cual la condición de nativo, y en nuestro caso la condición de blanco es algo así como una propiedad que se parece bastante a otros tipos de fenómenos de propiedad. Esta forma de propiedad es lo que permite apropiarse de los derechos por parte de los nativos que ellos detentan de una manera exclusiva, y ellos y sus representantes elegidos pueden otorgarlos, ordinariamente con cuentagotas, a los inmigrantes. Normalmente, la explicación que se da para este fenómeno, suele ser la que da el ministro Corbacho. “¿Qué se han creído? Acaban de llegar y ya quieren tener todos los derechos.”
Una jurista Afroamericana, Cheryl Harris (1993) publicó un artículo ya hace tiempo en donde explica perfectamente todos estos problemas aplicados a los Estados Unidos. Se trata de un trabajo básico, pero es muy largo, (más de 80 páginas), y muy difícil de resumir. Por ello voy a tomar los elementos fundamentales. Según Harris, en los Estados Unidos, la blancura, o sea el hecho de ser blanco, (lo cual como es bien sabido no es algo precisamente fácil de dirimir), es una propiedad. Esta característica permitía la subyugación de la población negra que era tratado como objeto de apropiación de los blancos. La esclavitud como un sistema de propiedad privada permitía la unión de la identidad blanca y la propiedad. Dado que el sistema de la esclavitud dependía e iba unido a la identidad racial, el ser blanco se convierte en algo crucial. El ser identificado como blanco se identifica con la propiedad de ser blanco.
“La posesión, es decir el acto necesario para establecer las bases de los derechos de propiedad, se definía como incluyendo únicamente las prácticas culturales de los blancos. Esta definición estableció el fundamento para la idea de que la blancura (lo que poseen únicamente los blancos) tiene valor y es propiedad,” (Harris 1993: 1721). La propiedad de la blancura representa propiedad de unos derechos, entre otros, derechos de propiedad sobre otras personas, los Negros.
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Aplicando estas observaciones, realmente geniales, de Harris, es evidente que en el caso al que nos referimos la esclavitud no está presente. Sin embargo, se puede decir que la ciudadanía o la condición de nativo se presentan como una propiedad originaria de unos derechos que están en manos de la población nativa. Esta propiedad tiene muchas características, pero entre ellas la característica fundamental es precisamente el derecho de excluir a algunas de las poblaciones extranjeras de algunos derechos fundamentales, a veces para siempre o por un tiempo determinado. La exclusión de estas poblaciones se justifica en base a que hace muy poco tiempo que han llegado y por ello no pueden exigir, tienen que colocarse en la cola. Desde este punto de vista, ni siquiera las políticas de discriminación positiva son aplicables porque irían en contra de un derecho absoluto del liberalismo, el derecho al primer poseedor, que el ministro Corbacho defiende a capa y espada.
Harris, (1993: 1778), explica todo este problema cuando dice que la “ley expresa la concepción dominante de “los derechos” de la “igualdad”, “propiedad,” “neutralidad” y “poder;” los derechos significan escudos contra la interferencia; igualdad significa la igualdad formal, propiedad significa las expectativas que han de ser protegidas, neutralidad significa la distribución existente, que es natural; y el poder es el mecanismo para guardar todo esto”…. Esto muestra la ilusión de que la distribución original o presente del poder, la propiedad y los recursos es la resultante de los que es “justo” y del “mérito.”
La segunda característica tiene que ver con la “naturalización” de las diferencias raciales. Con ello, se quieren decir bastantes cosas. La primera sería que la subordinación y la exclusión de los grupos es algo que tiene que ver con la naturaleza. Este punto de vista no aparece, se enmascara. Frecuentemente se dice que la segregación espacial o la segregación en las escuelas son “natural” o “es lo que hay.” Se suele afirmar que esta segregación no es culpa de nadie en cuanto que la gente se junta con quien quiere, y esto quiere decir con la gente de su grupo. Cuando se pregunta por las razones por las que no se alquilan pisos a los marroquíes la respuesta es frecuentemente que cada uno puede alquilar a quien quiera sin que nadie pueda obligarle a alquilar una habitación o un piso a alguien que no se quiere, “faltaría más”….Cuando se habla de “naturalización” dentro de esta forma de racismo se trata de algo bastante banal, no de la afirmación fuerte de que la base de la segregación hay que buscarla en la naturaleza de los grupos o en sus aspectos biológicos distintos sino de que este fenómeno no depende de ninguna persona en concreto y que tampoco las personas actúan de una manera determinada porque tienen un “gusto por la discriminación” como diría Gary Becker. Más bien se trata de afirmar que esto es lo ordinario, lo que se hace siempre, sin que haya ninguna razón para criticarlo.
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de un pseudo-materialismo.” Se trata de una idea absolutamente fascinante en cuanto que lo que se está afirmando aquí es que la introducción de la idea de la naturaleza dentro de las relaciones sociales, que es lo que lleva a cabo la idea de raza, lo que produce es ocultar las relaciones sociales que están presentes en los fenómenos raciales.
El tercer marco de referencia es el racismo cultural Esta idea fue propuesta muy claramente por Etienne Balibar (1990), en un artículo publicado por primera vez en 1988 en donde se pregunta si efectivamente existe un neo-racismo y responde afirmativamente.
Ya P. A. Taguieff (1984, 1986, y 1988), sostiene que existen dos tipos de racismo. El primero es el más antiguo, contemporáneo del periodo colonial, culmina en el nazismo y está declinando ahora. Este naturaliza a los otros con vistas a confinarlos definitivamente en una inferioridad biológica y con ello justifica el dominio sobre ellos e incluso su exterminio. El segundo, que se desarrolla en la segunda mitad del siglo XX, es un racismo de la diferencia entre las culturas que va dirigido a la expulsión de los otros, y está legitimado por la imposibilidad de que coexistan. El racismo afirma que quiere preservar la integridad de la cultura occidental amenazada por la avalancha de los extranjeros en Europa.
Por una parte, hay muchos elementos en estas observaciones que son exactos y que vamos a utilizar posteriormente. Pero, como toda la obra de Taguieff, presenta una tendencia excesivamente tipologizante, a partir de la cual se diseccionan los diversos aspectos de esos fenómenos complejos y confusos que son la raza y el racismo. La diferencia entre un racismo “naturalizante” y otro “diferencialista” fue planteada hace tiempo por otra investigadora francesa, Colette Guillaumin, (2002, 1ª edn. 1972), pero se presenta de una manera mucho más matizada. “En un primer estadio raza es exactamente igual a cultura (en el sentido de grupo social). Esto estaba claro en el pensamiento del siglo XIX que en su conjunto es racista. La palabra raza designaba una totalidad somático-social y se utilizaba también cuando se trataba únicamente de lo social. Dentro de la referencia somática generalizada se daba una indiferenciación debida a una elucidación insuficiente del concepto. Hoy estamos en un segundo estadio en el que la disociación entre lo somático y lo social se entiende perfectamente. Pero al impacto del sentido doble que engloban indistintamente la categorización somática y social no ha desparecido.”
De alguna manera, lo que Guillaumin afirma es que hay como dos estratos en la concepción de la raza. La primera es la de la antropología física que se refiere a los caracteres somático-hereditarios y la otra que es la del pensamiento social del siglo XIX que designa con este término conjuntos culturales. Se trata de elementos que están unidos de una manera sincrética, es decir que no se trata de ninguna articulación entre estos elementos sino de una yuxtaposición que no se mantiene de una manera constante, pero que también impide la periodización de la noción de raza y racismo como si hubiera habido un periodo en el cual estos términos se refieren a aspectos de tipo somático, y otro en el cual las referencias eran básicamente culturales. Más bien hay que decir que la aplicación y uso de la ideología racial y racista es bastante inconsistente.
A pesar de todo esto, hay momentos en que, por razones diversas, se subrayan los aspectos culturales y en otros momentos los somáticos. Esto es precisamente lo que planteaban autores como Martin Barker, (1981), o el propio Balibar que acabamos de citar, y de quien vamos a tomar algunos elementos de análisis.
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migración ha estado presente, mucho antes de estos momentos, en la configuración de los fenómenos raciales. Por ofrecer un único dato, hay que considerar que en los Estados Unidos a partir de 1740 cuando el Parlamento promulga la ley general de naturalización, los negros son considerados como no americanos. “El requisito de la blancura...no fue debatido en absoluto. Esta determinación legal, propuesta perennemente en la legislación subsiguiente, hasta la guerra civil, excluía no solo la gente de descendencia africana, especialmente los mulatos de Santo Domingo (Haití) que empezaron a venir a los Estados Unidos como refugiados después de la Revolución, sino también los Indios americanos que podían hacerse ciudadanos únicamente por medio de un tratado. “Blanco” significaba, claramente, exclusivamente blanco, y cuando los asiáticos aparecen en escena en los 1840, los tribunales determinan inmediatamente que, por supuesto, no son aceptables para la nacionalización,” (A Zolberg, 2006). Como el texto de Zolberg muestra, en el caso de los Estados Unidos racismo e inmigración están presentes desde el principio. A pesar de esto, pensamos que es importante analizar esta relación que en estos momentos ha adquirido una gran relevancia.
Para ello, vamos a volver a Balibar (1990: 32-33). “Ideológicamente,” dice “el racismo actual, centrado entre nosotros sobre el complejo de la inmigración se inscribe en el cuadro de un racismo sin razas….un racismo cuyo tema dominante no es la herencia biológica, sino la irreductibilidad de las diferencias culturales; un racismo que, a primera vista no postula la superioridad de ciertos grupos o pueblos en relación a otros, sino únicamente lo dañino que es destruir las fronteras, la incompatibilidad de los géneros de vida y las tradiciones: lo que se ha llamado con razón un racismo diferencialista.”
Con esto, Balibar quiere decir que este tipo de racismo se basa en la consideración de que las razas no existen y de que, de todas maneras, el comportamiento de los individuos o sus actuaciones no se explican por la “sangre” ni por los genes sino por su pertenencia a culturas históricas, diferentes entre sí. En este caso “la cultura puede funcionar como una naturaleza, en articular como una manera de encerrar a priori los individuos y grupos en una genealogía, una determinación de origen inmutable e intangible,” (Balibar 1990: 34).
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son racistas. Esta ideología que proclama el cerrar los ojos con respecto a la raza juega un papel fundamental en mantener la hegemonía de los blancos. La idea de la sociedad para la que la raza es irrelevante se basa en principio en la idea de la igualdad, y en ello está su fuerza. Lo que se pasa por alto – o se enmascara sin más - es la persistencia de la estratificación racial y el papel fundamental de las instituciones sociales en la reproducción de la desigualdad social. Como se puede observar de lo que se trata de negar es el racismo institucional. En esencia, este tipo de sociedad no es una utopía en la cual la desigualdad racial ha sido eliminada. Se trata de un discurso en el cual no se permite plantear los problemas de la raza, excepto para condenar, a veces, actos de racismo individual que es el único racismo que, a regañadientes, se admite. Dentro de este discurso, la desigualdad se explica como la resultante de algún fallo individual o social, nunca como la persistencia del racismo, y, por esta razón, se presenta como un problema que no requiere un cambio estructural.
Si se tiene en cuenta que el caso que estamos analizando se refiere a El Ejido y a la situación de los marroquíes, quizás convenga hacer referencia a ello. Cuando tiene lugar la persecución y ataque a los marroquíes en El Ejido, el Alcalde (La Voz de Almería, 6 febrero 2000) afirma que “es importante dar un mensaje de tranquilidad. Yo lamento que se me haya criticado tanto por mi opinión negativa hacia ella (Ley de Extranjería 4/2000) porque en estos momentos desearía haberme equivocado en mis declaraciones, y que no se hubiera repetido este hecho, pero desafortunadamente todos los grupos que han aprobado la nueva ley han hecho que se favorezca una avalancha de inmigrantes buscando regularización, en suma, han hecho que entraran personas de toda clase de índole que sólo han hecho aumentar la confusión.” Encontramos aquí expuesta la idea de la avalancha de los inmigrantes que como ya hemos visto tiene originariamente unas connotaciones claramente racistas. En segundo lugar se presenta aquí la idea de que la avalancha es de “personas de toda clase y condición que sólo han hecho aumentar la confusión.” Estas declaraciones se llevan a cabo en el día del entierro de la joven Encarnación. Este día es uno de los momentos álgidos de la persecución de los nativos con respecto a los inmigrantes. En este día, lo que se dan son bandas de nativos que se dedican a la “caza del moro” y a la destrucción de sus propiedades. Pero lo que es más importante es que cuando se trata de explicar en qué consisten estas personas “de toda clase y condición que sólo han hecho aumentar la confusión” se afirma en otro lugar de la entrevista que “solo se va a conseguir que cada vez sea más fácil que lleguen más sinvergüenzas.” No cabe la menor duda en la consideración de los marroquíes como “una avalancha de inmigrantes que buscan papeles, entre los que hay muchos sinvergüenzas.”
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ser analizado en otra ocasión con más detenimiento, puede ser considerado como un aspecto, muy importante en muchos casos, de racismo cultural. Por una parte, la idea de la avalancha tiene una relación clara con la idea de nación que, con la llegada de “tanta” gente, se diluye o corrompe. Por otra parte la nación ayuda a pensar “la cultura como algo que funciona como una naturaleza, en particular como una manera de encerrar a priori a los individuos o grupos en una genealogía, una determinación de origen inmutable e intangible,” (Balibar 1990: 34).
El último elemento o aspecto que caracteriza a lo que llamamos racismo actual es la minimización o negación del racismo. Se trata del fenómeno de enmascarar u ocultar los fenómenos de carácter racista, incluso en el mismo momento en que se están produciendo. Como estamos hablando de los acontecimientos de El Ejido es quizás importante comprender como esto tiene y tuvo lugar allí.
El todavía Alcalde de El Ejido, el Señor Enciso, respondía en un periódico (Almería Actualidad, 9 octubre 2008) a las preguntas del periodista en el sentido de si se acuerda de “aquellos tiempos en los que sus, ahora, amigos socialistas le llamaban “fascista” “xenófobo” y otras lindezas y la respuesta es muy reveladora. “No solamente los socialistas,” decía, “sino muchos más grupos, nos tildaron a los ejidenses de racistas y xenófobos. Pero creo que poco a poco se ha ido entendiendo lo que ocurrió en El Ejido y ha ido retrocediendo esta imagen.” Parece evidente que se da una respuesta en el sentido de minimizar y enmascarar el carácter de los acontecimientos de febrero de 2000. Sin embargo, se puede pensar que en todo esto influye que hace ya más de ocho años que ocurrió. Por ello, parece interesante analizar las explicaciones de tipo exculpatorio que se daban en aquellos días por parte del Alcalde y otras autoridades. El Alcalde afirmaba que “no se pueden utilizar hechos aislados para cargar las tintas y acusarnos de ser un pueblo racista,” (La Voz de Almería, 9 febrero 2000).
Lo que el municipio parece querer decir es que se trata de unos hechos esporádicos que no duran mucho en el tiempo y que por ello no son permanentes. Estos hechos son obra de individuos y por ello no se puede “acusarnos de ser un pueblo racista.” Se trataría de hechos puntuales, sin continuidad, llevados a cabo por un pequeño grupo de descerebrados (esto siempre se dice con la boca pequeña y en privado). Hay que fijarse en que se está insistiendo en que se trataba de fenómenos aislados de individuos que no representan a la colectividad. Es obvio que se afirma que es posible que haya habido casos de “racismo individual” pero nunca ningún fenómeno de tipo estructural, ningún fenómeno de racismo institucional.