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Ars amandi ; a propósito de El manto y la corona de Rubén Bonifaz Nuño

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Carlomagno Sol Tlachi

Ars amandi; a propósito de

El manto y la corona de Rubén

Bonifaz Ñuño

Al hablar de poesía se traiciona en gran medida la esencialidad de esta ya que ante tal hecho se termina recortando considerablemente sus aristas. Las limitantes siempre estarán presentes toda vez que uno se acerque a la poesía, ya que existe una gama complicada y rica de matices detrás del poema que nos lleva, incluso, a considerar la existencia de muchos más tan sólo soslayables. La riqueza intuitiva del poema va íntimamente ligad.i .1 l.i posibilidad de un significado plural. Hecho que nos lleva a tomar en cuenta la imposibilidad de una sistematización totalizante del sentido. Aquí reside una gran virtud del poema. La primera es que el poema en sí es su propia referencia, la segunda es su carácter ilimitado. El trabajo del crítico se ubica en la parcelación del sentido de la obra.

Nuestro interés se cifra, tan sólo, en el carácter amoroso del libio /•.'/ mmtto y la corona de Rubén Bonifaz Ñuño en que la experiencia de amar está pro-fusamente matizada en un tener y no tener, en un creer que se tiene sin tener o en un tener más allá de lo que se tiene, etc.; pero evidentemente trasciende de la terrenalidad a la no terrenalidad para volver de nuevo a la terrenalidad.

Al adentrarnos en el cuestionamiento del mundo podemos percibir que generalmente la opinión popular no es en la que está la razón y el sentido. Ese saber general se ha conformado con algunos "conocimientos" que no han nacido de un proceso propio de ensayo y error, simplemente han sido recibidos suponiendo que alguien ya se tomó esa molestia de considerar un proceso que ha dado como resultado un saber.

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profesio-128 Carlomagno Sol Tladu nistas eficientes, mas no para ser buenos hijos, buenos padres, buenos amantes. La educación formal, la institucionalizada, se encarga de integrar al hombre a una organización social en que se ha dejado atrás a la familia y a las relaciones afectivas, en que la educación "no formal" - c o m o suele lla-marle la pedagogía- tenga el mismo interés que aquélla.

Este desequilibrio trasciende así a todos los ámbitos en que se quiera ver hasta qué grado afecta lo que el propio ser humano ha podido alcanzar para no lograr el "ser humano integral". La balanza está más inclinada hacia y para la producción técnica y científica que para el provecho humano; más bien se diría que se caracteriza por estar en contra del ser humano: vivimos un hiperdesarrollo científico-tecnológico ante un subdesarrollo humano. Podemos observar que el fracaso de las instituciones religiosas en materia de provecho humano tal parece que se debe al proselitismo que las caracteriza y que resulta ser semejante al mismo que motiva a las instituciones políticas.

Parte de la explicación del desequilibrio se debe a que no es una pro-blemática tan sencilla como parece. Quizás en gran medida la respuesta a la existencia de la educación formal sea la multiplicidad de asideros que tiene para su propia formalización, requisitos que no resultan tan obvios, por ejemplo, para el hecho de amar. El amor no es un sentimiento fácil para nadie sea cual fuere el giado de madurez alcanzado.

Y es posible que sean, las labores que humanizan, las más arduas por lo que resultan ser inabordables para la mayoría de los seres humanos. A cual mas no sucumbe. Sin embargo, sucede que -a pesar de lo antes dicho y com-parado con el conocimiento cienüfico, que resulta aportar conocimientos útiles para el ser humano- el arte en general extrae un conocimiento todavía más útil por medio de procedimientos más sutiles de esta inmensa e incom-prensible realidad. En muchas ocasiones a pesar de que parezca que el arte vaya por el camino contrario a aquel en que sólo puede darse crédito a lo que es medido y pesado, resulta que de un proceso paradójico es más posi-ble advertir la presencia de los contrarios para lograr una relación analógica, por ejemplo, de la poesía con el mundo mágico y simbólico, con el mundo en el momento de su creación en que se puede presenciar la luminosidad en que se ven por primera vez las cosas y se nombran por primera vez.

En el Banquete, Platón pone en boca de Aristófanes un relato sobre el hombre integral, que fue completo y redondo, y que, en castigo por su arrogancia, fue cortado en dos. La leyenda claramente representa el amor como un esfuerzo del hombre por regresar a la más completa y vivida pleni-tud niasi ulina-femenina.

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amandi; a propósito de El manto y la corona... 129

Una revisión somera acerca de la norma del amor la encontramos en M. Boss ("The norm of love -psychologic comments", en Meaning and content of sexual perversión). Sabemos que, desde el punto de vista de la psicología, antes de Freud, ésta no tomó en serio el fenómeno del amor. Es quizás Scheler quien sustenta algunas bases que proponen un análisis adecuada-mente científico del amor. Su crítica al psicoanálisis del amor de Freud es objetiva y concisa: "El gran error de la filosofía naturalístico-sensual de A. Schopenhauer y S. Freud -dice Scheler- es que considera el amor sexual como una superposición fantasiosa y secundaria del impulso sexual bruto, originada en la represión de los instintos".

Visto así, no debe extrañarnos que en esta situación la ciencia vaya del todo en contra del conocimiento profundo y antiguo del amor que han tenido los poetas y los místicos.

La propuesta de Scheler se sustenta en el "acto personal", y al definir a la persona como el centro de esos actos, ve tales cosas como los centros de acción que son capaces de lograr amor. Escribe Scheler: "En mi opinión, el significado más profundo del amor estriba en que se mueve en dirección a la formación del nosotros, de una unidad superior del nosotros, que puede existir en paz consigo misma y ser autosuficiente".

cuando algo modificas en las cosas que te cercan a diario, y al hacerlo sientes que estás abandonada,

que no hay nadie en tu mundo transformado, no padeces tú sola. Estoy contigo.

(170,4, w. 4-Hí))'

Dentro de esta línea, Jaspers describe la realidad del amor con mayor amplitud de trascendencia. Considera que el amor como una "actitud entusiasta" es absolutamente distinto de todas las actitudes posibles, ya que por medio de él encontramos la conquista de todas las fronteras y la comprensión activa y visionaria de los valores supraterrcnalcs en la

terre-' Todas las citas de El manto y la corona remiten a la recopilación de los pi Hileros libros de Rubén Bonifaz Ñuño denominada í)t otro modo lo mismo (México: H,Y, 1979. Col. Letrtl Mexicanas), lí'ulo que remite al Ars umantli II: 127-12H de Osidio: aliter \urpr wltluit ulrm Loi

números entre paréntesis, después de las citas. IIHIK.UI: página, número de poema de /•.'/ monto

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130 Carlomagno Sol Tlachi

nalidad. La p r o f u n d i d a d del ser se manifiesta d e s l u m b r a d a a través del poema.

Yo no sé qué belleza

alumbras, cuando llegas, a las cosas usuales, vistas, despreciadas.

Memore en torno de ti, cuando apareces, se aglomera una simple

belleza, una belleza que dormía en los objetos mismos, aguardándote.

[...]

Qué poblada de dicha

debes estar, pues así la derramas. ii no hay nada que toques en que algo no surja destellando gozo,

queriendo hacerse tuyo, IKTÍrifnriotc, (187, 17. w. 9-15, 21-25) Qué simple he sido, amiga; yo pensaba, antes de amarte, que te conocía.

No era verdad. Comprendo. Antes de amarte ni siquiera te vi; no vi siquici.i

lo que estaba en mis ojos: que tenías una luz v un dolor, y una belleza que no era de este mundo.

(168, 2, w . 19-25)

II a m o r -dice Jaspcrs- es un movimiento q u e hay d e n t r o d e n o s o t r o s , a través de todas las cosas c o l u n i a s (hacia un m u n d o objetivo y q u e regresa a BOtOtros), hacia lo absoluto y la totalidad. T o d o es i l u m i n a d o p o r ese

movimiento de amor."

Nadie quema \ci dos veces

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\rs amandi; a propósito de El manto y la corona... 131 sustentada a la sombra

de una corona límpida de oro. (173, 6, NV 1-5)

La tendencia se dirige hacia el todo. Dado que esa totalidad lamas puede-ser un objeto inmediato de la estructura intelectual humana, se ve a través de un objeto finito, que asume así una luz particular, o más bien representa ese atisbo del absoluto.

Me devuelves el tiempo, el dolor, los caminos, la alegría, la voz, el cuerpo, el alma, y la vida y la muerte, y lo que vive más allá de la muerte.

Me lo devuelves todo encarcelado en la apariencia

de una mujer, tú misma, a la que amo. Volviste poco a poco, despertaste, y no te sorprendiste

de encontrarme conuco. Y casi pude ver el último peldaño del secreto que subías al domír. pues abriste

—muy despacio, muy plácidos— tus ojos adentro de mis ojos que velaban.

(191, 18, w. 100-115)

Innegable resulta este enfoque fenomenología) del amor, incluso estas for mulaciones, al no ser interpretaciones especulativas, sino solo descripciones de hechos realmente experimentales del amor, constituyen lanía realidad como cualquier teoría de un científico exacto.

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132 Carlomagno Sol Tlachi por intereses de o r d e n económico y moral". Es esta la p r i m e r a sociedad; la segunda es la familia.

No es posible considerar q u e los a m a n t e s estén d e s l i g a d o s d e las rela-ciones sociales en su dimensión espacio t e m p o r a l .

Ciertamente que las relaciones amorosas humanas tienen u n a dimensión antropológica-social; pertenecen a la esfera íntima de los amantes, pero tienen al mismo tiempo una significación social eminente. Para poder afirmarse a sí mis-mas, el amor y la necesidad de dicha no pueden prescindir del mundo, no deben

escapar del mundo, deben permancer siempre mundanas*

Así, el poeta, dada la m o d e r n i d a d de la creación poética e n q u e la lengua coloquial y el e n t o r n o cotidiano han pasado ya a f o r m a r p a r t e del lenguaje poético, a p a r e n t e m e n t e trivializa a éste p a r a h a c e r m u n d a n a la relación amorosa.

O imaginarte en un mercado, pesada, densa, sola,

con ocho meses ya de embarazada, quejándote del precio

de las papas que compras, con que üenes que hacerme la comida.

(179, 11, w . 7-12) Cuando coses tu ropa,

cuando en tu casa bordas, inclinándote muy adentro de ti, mientras la plancha se calienta en la mesa,

y parece que sólo te preocupas por el color de un hilo, por el grueso

de una aguja, ¿en qué piensas? ¿Qué invisibles presencias te recorren, que te vuelven, más que nunca, intocable?

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Ars amandi; a propósito de El manto y la corona... 133

El poeta advierte q u e es indispensable que el amor deba abrir sus puertas al mundo, que cuando dos se cubren bajo su amor y n o preguntan por nada más que por sí m i s m o s hacen miserable su amor. Cuando los amantes se encuentran ante las puertas cerradas se destruye el amor y la felicidad. La dimensión antropológica-social resulta inexorable.

Como no estamos solos en el inundo, y miramos afuera, y nuestra isla de amor está comunicada por puentes incontables con las necesidades, las tristezas, el dolor de las gentes;

[•••]

Me has pedido que piense

en combatir; que tome, por mi orgullo y por tu amor, mi sitio,

mi lugar de soldado en la amargura de los ejércitos humanos.

[-..]

Estoy aquí, diciéndote

que no he olvidado lo que debo; y estoy contento, porque corro

mis riesgos junto a ti. Porque a mi izquierda y a mi derecha estás luchando,

y porque sé que cuando vuelva a descansar mis brazos, a cerrarme las recientes heridas,

ya no será para estar solo.

(209-210, 34, w. 1-6, 13-17, 20-28)

Esta dimensión resulta ser también motivo de reclamo y, si de por m e d i o se da la separación (ficticia, real o momentánea), es razón de desdicha:

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134 Carlomagno Sol Tladu que sin saber quién eres te acompañan,

que te preguntan, que te obligan a que pienses en ellos,

a que vivas por ellos y me olvides? (205-206, 30, w. 26-32)

El amor es la unión de dos fuerzas con el objeto d e hacer frente al mundo. Un amor sólo puede ser soportado por dos cuando las puertas que dan al mundo están abiertas. La unión amorosa restablece las bases originales que sustentan al espíritu humano, es decir, las del crecimiento. Cuando dos personas con conocimiento de causa deciden amarse fundan su amor en el crecimiento espiritual, en el apoyo del uno con el otro para aproximarse al proyecto que se tiene para sí como individuo y como ente que ama, pues basta con tan sólo mirar alrededor para darse cuenta de que el mundo tal y como está hecho por nuestra civilización destruye el amor y la felicidad. La realización del amor requiere de un esfuerzo que va más allá de los hábitos de la vida cotidiana, más allá de la vida estable-cida en un mundo en que se dan por supuestos los conocimientos, los sentimientos, etc. Se trata de la voluntad de dar sentido a la voluntad de amar.

Para la mayoría de la gente el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que el pro-blema sea cómo lograr que se los ame, cómo ser dignos de amor.

En Ovidio el ars amatoria tiene una finalidad didáctica y colmada de li bertad excesiva, y en Rubén Bonifaz Ñ u ñ o es luminosa y expresa la admiración del poeta por la juventud y el amor como entidades capaces de generar diferentes sentimientos tales como la dicha, el dolor, la ale-gría, la luz radiante, la solidaridad humana, el misticismo hermético, la cabala y la teosofía, entre otros. Así, desde el libro Poemas de amor, hasta libros como Del templo de su cuerpo (ya no incluido en la recopilación de su obra poética bajo el título De otro modo lo mismo), p a s a n d o por £/ manto y la corona, existe una gradación que refleja un proceso siempre ascendente hacia latitudes en que por ejemplo han llegado a una subli-mación tal que en el poemario Del templo de su cuerpo encontramos que

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Ars amandi; a propósito de El m a n t o y la corona... 185

cada uno de los grupos de poemas, numerados con romanos, corres-ponde a cada una de las sephira (sephira = generatriz y síntesis de las diez sephira).4 De tal manera que las sephiroth (hebr. plural de sephira) son las diez emanaciones de la deidad; la más elevada está formada por la con-centración del Ain-Soph Aur (AINSOPH [en Soph o Ain Suph] • lo ilimitado, lo infinito; el anciano, de todos los ancianos, el Eterno, la Causa Primera; la Deidad es no-cosa, es innominada. Ain = nada) la luz infinita que se reconcentra en la Corona [KETEHER].

La Corona (KETEHER), en realidad ocupa el primer lugar por ser la su-blime, pero es la más difícil de alcanzar. .Así pues, la primera en orden de ascenso o iniciación es MAUUO-H, de tal manera que las Puertas de BINAH O Conocimiento son las siete sephiroth inferiores contando de adelante hacia atrás hasta llegar a CHESED.

Desde El manto y la corona podemos observar la presencia de esa luz que irradia la presencia de la corona como símbolo del amor. Podemos advertir que la obra de Rubén Bonifaz Ñuño es un trabajo coherente y sólido desde sus inicios. Así, es posible advertir el hecho de que ha sido consecuente no sólo en esta evolución espiritual que estamos señalando, sino desde la cimentación de su ars poética incluida en Estudios, uno de sus prima os libros.

4 Cada sephira produce por emanación otra sephira. Los nombres de las diez sephirot son:

la. KETHER, la Corona (primero y supremo); 2a. CHOKMAKH, Sabidiiiii;

Sa. BINAH, Inteligencia o Conocimiento o Entendimiento; 4a. CHESED. Misericordia;

5a. GEBURAH, Poder;

6a. TIPHERETH, Belleza; 7a. NETZACH, Victoria;

8a. HOD, Esplendor; 9a.jESOD, Fundamento; 10a. MA1.KUTH, Reino.

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136 Carlomagno Sol Tlada

La labor poética de Bonifaz Ñ u ñ o revela c o h e s i ó n d e b i d o a u n vértice al q u e convergen diferentes líneas d e su q u e h a c e r p o é t i c o y q u e se debe a la presencia femenina. Es decir, para el ser h u m a n o hay u n canal p o r medio del cual p u d i é r a m o s decir q u e se le i n c o r p o r a el m u n d o ; los ejemplos son v a r i a d o s : a L ó p e z V e l a r d e p o r m e d i o d e su fe y el e r o t i s m o , a Efrén Rebolledo, p o r m e d i o del e r o t i s m o , a C u e s t a p o r m e d i o del conocimiento álgido, a Ñ e r v o p o r m e d i o del d o l o r y la m i s e r i c o r d i a , e t c . A Rubén Bonifaz a través d e la mujer p u e d e llegar a u n a s u b l i m e evolución espi-ritual.

H o m b r e y mujer constituyen el mejor l a b o r a t o r i o d e a l q u i m i a en que los contrarios se c o m p l e m e n t a n para o b t e n e r o r o p u r o . En realidad, mucho de la influencia clásica hay en Bonifaz Ñ u ñ o : la figura clásica del a m o r está depositada en la j u v e n t u d , a ella le es i n h e r e n t e u n a "segunda naturaleza", la del amor.

Este g e r m e n de evolución espiritual c o n t e n i d o en El manto y la corona es el a m o r que no se encierra en sí mismo. A q u í la pareja e d é n i c a ha quedado atrás; porque, si bien Adán y Eva en el paraíso r e s u m e n el ideal d e la pareja de e n a m o r a d o s que quieren el m u n d o para sí m i s m o s , e n e s t e libro el amor trasciende a la pareja para e x t e n d e r en el a m o r q u e es ella, la a m a d a , hacia la humanidad:

¿Oyes, acaso, en sueños,

que te busca una voz desamparada; sientes, durmiendo, que no es justo que tú descanses, mientras alguien trabaja, mientras alguien se consume de enfermedad, mientras alguno, que tú pudiste amar, está muriendo?

(188-189, 18, w . 27-33) Trabajo tuyo y mío

es abrir las ventanas, las opacas paredes, asomarnos a las cosas, y no quedar en paz, no ser felices mientras haya tristeza, mientras haya algo que no esté hecho, mientras llore sentado en una calle, entre las gentes, un perro abandonado.

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Ars amandi; a propósito de El manto y la corona... 137 Por medio del a m o r el p o e t a p u e d e c o n t e m p l a r la luz inagotable q u e revela la gloria, el brillo, la belleza q u e es j u v e n t u d , q u e es amor:

En mí, para mí solo, deslumhrado, ciego de tanta lumbre.

Y el prodigio de todo ha sido mío. (203, 28, w . 31-33)

que, d e n t r o d e esta t r a n s i t o r i e d a d q u e nos define, nos da la j u v e n t u d c o m o la mejor dádiva. El m a n t o d e la j u v e n t u d se c o r o n a con el a m o r , y en ella misma está a d v e r t i d a o implícita la vejez destructora, el ultraje de la vida.

Y cuando me haga viejo,

y engorde y quede calvo, no te apiades de mis ojos hinchados, de mis dientes postizos, de las canas que me salgan por la nariz. Aléjame,

no te apiades, desuéllame, le pido; hermosa entonces, joven como ahora, no me ames; recuérdame

tal como fui al cantarte, cuando era yo tu voz y tu escudo,

y estabas sola, y te sirvió mi mano. (186, 18, w. 3 M 5 ) Entonces, carcomido yo por dentro, mordido, atroz, deshilacliado, seré una bolsa de pellejo

llena de hiél, de dientes, de cansancio; una bolsa risible, con miradas que recuerden las mías; con palabras inútiles, silencios; con movimientos, pasos.

Si tu piensas en mí, si tu me buscas alguna vez, podrás hallarme hundido, huyendo de la sombra de cuanto pueda recordarte.

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138 Carlomagno Sol TZodb

El anhelo del poeta es q u e m a n t o y c o r o n a se q u e d e n i n t a c t o s a n t e el paso del tiempo. A través del p o e m a r i o la vista está p u e s t a e n la c o r o n a y en los destellos que e m a n a n de ella:

Nadie querría ver dos veces

la silla en que te sientas, porque nadie la mira como es: alta, clarísima; sustentada a la sombra

de una corona límpida de oro.

(173, 6, w . 35-45) «En dónde, dime, entonces

esconderías el amor, tu orgullo de estar perdidamente loca, tu corazón infatigable,

tu corona de llamas, tu costumbre de estar haciendo luz a todas horas?

(179, 11, w . 31-36) Y al amor has podido

-entregándote, amando, consintiendo-vencer, tú, la vencida, la entregada. Lo hiciste rosa tuya, tu instrumento de poder, tu corona, tu bandera ya para siempre victoriosa.

(194, 20, w. 30-35)

Así mismo el m a n t o c o r o n a d o con el a m o r es la j u v e n t u d invicta: Amiga a la que amo: no envejezcas.

Que se detenga el tiempo sin tocarte; que no te quite el manto

de la perfecta juventud. Inmóvil junto a tu cuerpo de muchacha dulce

quede, al hallarte, el tiempo. Si tu hermosura ha sido

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amandi; a propósito de El manto y la corona... 139 con el amor me ha dado

la certidumbre de la dicha, la compañía sin dolor, el vuelo, guárdate hermosa, joven siempre.

(185, 16, w . 1-12) Bien despierto hay que estar para mirarte. Para ver, al pasar, que estás vestida con un manto real, en el que ocultas tu incandescente soledad de lámpara, y tu fuerza purísima, y el vuelo de tus alas de pájaro encerrado.

(198, 24, w . 19-24)

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