RELACIÓN DE LA INGENIERÍA CON LA HISTORIA EN EL PROCESO DE RESTAURACIÓN DE LOS EDIFICIOS HISTÓRICOS
Fernando Peña Mondragón 1 y Rafael García Córdova2
RESUMEN
La restauración de edificios históricos es un campo multidisciplinario en el cual intervienen disciplinas aparentemente disímbolas entre sí: Arqueología, Arquitectura, Historia, Ingeniería, Restauradores de Arte, etc. Sin embargo, cuando un ingeniero se enfrenta a un trabajo de esta índole, generalmente se interrelaciona únicamente con el arquitecto quien es el que le marca las pautas a seguir. Lamentablemente, esta falta de integración, entre las distintas disciplinas que intervienen en un proceso de restauración, provoca que, algunas veces, el proyecto estructural no se apegue a los lineamientos básicos de la conservación de edificios históricos. Los cuales se encuentran estipulados, primero en modo general en la “Carta de Venecia” y después en modo particular en la Carta de ICOMOS. En este trabajo se muestra como la Ingeniería y la Historia deben interactuar estrechamente durante un proceso de restauración para evitar que el proyecto estructural afecte la memoria histórica del edificio a intervenir.
ABSTRACT
The restoration of historical buildings is an interdisciplinary operation in which are involved different disciplines: Archeology, Architecture, History, Engineering, Restoring of Art, etc. However, when an engineer faces a work of this nature, he is generally interrelated only with the architect who is the one that marks him the rules to follow. Regrettably, this lack of integration among the different disciplines causes that, sometimes, the structural project doesn't attach to the basic points of the conservation of historical buildings. They are specified, first in general way in the Venice Charter and later in particular way in the ICOMOS Charter. This paper shows how the Engineering and the History must interact closely during a restoration process in order to avoid that the structural project affects the historical memory of the building.
INTRODUCCIÓN
La restauración de edificios históricos es un campo multidisciplinario en el cual intervienen disciplinas aparentemente disímbolas entre sí: Arqueología, Arquitectura, Historia, Ingeniería, Restauradores de Arte, etc. Sin embargo, cuando un ingeniero se enfrenta a un trabajo de esta índole, generalmente se interrelaciona únicamente con el arquitecto quien es el que le marca las pautas a seguir. Lamentablemente, esta falta de integración provoca que, algunas veces, el proyecto estructural no se apegue a los lineamientos básicos de la conservación de edificios históricos. Los cuales se encuentran estipulados, en modo general en la “Carta de Venecia” y en modo particular en la Carta de ICOMOS.
Una de las actividades del Ingeniero Civil, dentro del proceso de restauración, es el proyecto estructural. Este proyecto debe proveer a la estructura de un cierto grado de seguridad ante las distintas cargas que puedan actuar en ella, pero sin modificar la identidad propia del edifico histórico. Esta identidad no solo la da el estilo arquitectónico con que fue construido el edificio, sino también todos los hechos históricos de los que ha sido testigo. Sin embargo, para que se desarrolle un buen proyecto estructural se debe tomar en cuenta no solo la identidad del edificio, sino también conocer todas las alteraciones, usos, daños, intervenciones, etc. que ha
1 Investigador de Postdoctorado, Instituto de Ingeniería, UNAM. Apartado Postal 70-642, Coyoacán, 04510 México, D.F. Teléfono: (55)562-23471; Fax: (55)562-23468; [email protected]
sufrido la estructura a lo largo de su vida. Es decir, es necesario realizar una descripción histórica de la estructura del edificio.
El tomar en cuenta la identidad histórica del edificio, así como conocer los diferentes cambios que ha sufrido la estructura a lo largo del tiempo hacen que el ingeniero entre en un campo que no es el suyo: la Historia. Es aquí donde entra el historiador para apoyar en los trabajos de restauración de un edificio histórico. Sin embargo, es necesario que exista una interrelación entre el historiador y el ingeniero, para que el trabajo del primero le sea útil al segundo.
En este trabajo se muestra como ambas disciplinas deben interactuar estrechamente durante un proceso de restauración, mediante el análisis de la Carta de Venecia. Se hará, también, un breve análisis de la Carta de ICOMOS. Con base en estos análisis, se identificarán los puntos básicos que deberá llevar la descripción histórica del edificio para que le sea de utilidad al Ingeniero para realizar el proyecto estructural.
EL PROCESO DE RESTAURACIÓN
Generalmente se confunde como sinónimo el concepto de Edificio Histórico con el de Monumento Histórico; sin embargo, existe una diferencia fundamental. Esta diferencia hace que dependiendo del tipo del inmueble será el proceso de restauración a seguir.
De este modo tenemos que, los Monumentos Históricos son estructuras de un importante “Valor”, de tal manera que hace necesario garantizar su preservación (Figura 1.a). Es decir, intrínsecamente poseen un cierto valor que puede ser: Histórico, Cultural, Arquitectónico, etc. Por lo tanto, su pérdida o su modificación se consideran como irreparable e insustituible. Este valor intrínseco puede ser: arquitectónico, histórico, estético, económico, social, político, religioso, etc.; o una combinación de ellos.
Por su parte, un Edificio Histórico es aquel que se encuentra dentro de un área urbana que tiene un cierto “valor cultural”; como pueden ser los Centros Históricos (Figura 1.b). Este tipo de edificaciones no son en sí monumentos; ya que, si se saca fuera de contexto pierde totalmente su valor. El cual, lo posee únicamente en conjunto con otra serie de edificaciones históricas. Por lo tanto, la pérdida o modificación de este tipo de construcciones no representa una pérdida irreparable. Se tendría una pérdida irreparable, cuando toda el área urbana que tiene un valor cultural se haya perdido.
a) Monumento Histórico b) Edificios Históricos Figura 1. Construcciones históricas
Por otro lado, cuando se plantea un proyecto de intervención, el ingeniero debe tomar en cuenta los siguientes puntos:
- Identificación de los tipos de falla o del daño que presentan las estructuras
- Diagnóstico de la seguridad estructural; es decir, si el daño que presentan es crítico, moderado, leve o nulo
- Finalmente se da una evaluación de la eficacia de los procedimientos de refuerzo. La cual debe incluir varios parámetros como son: economía, seguridad, funcionalidad, preservación de los valores artísticos, facilidad de construcción, etc.
Resumiendo, se le debe de dotar a la construcción histórica de una seguridad mínima, pero no solamente desde el punto de vista estructural, sino también histórico – cultural. Es decir, en una construcción histórica no debemos únicamente de enfocarnos en evitar daños estructurales como en un edificio moderno (Figura 2.a); sino también, debemos evitar dañar el contenido cultural intrínseco de estas construcciones (Figura 2.b).
a) Daño estructural b) Daño artístico y cultural Figura 2. Diferentes tipos de daño
Al realizar una intervención en este tipo de estructuras es necesario utilizar un “criterio” específico de intervención, el cual generalmente es más amplio que para un edificio moderno, ya que se debe tener en cuenta, que:
- El valor cultural se debe preservar
- Los métodos y técnicas utilizadas sean las adecuadas
- Las formas estructurales y arquitectónicas son diferentes a las actuales, por lo tanto necesitan de un tratamiento diferente
Para poder especificar los criterios a utilizar en una edificación histórica, podemos hacer una clasificación, de acuerdo a su estructura en: edificios e iglesias. La estructura de los edificios consta de muros de carga, sobre los que se apoyan vigas de madera que conforman el sistema de piso, el cual no se puede considerar como un diafragma rígido. Los espesores de los muros tienden a reducirse en los niveles superiores; así como también, presentan diversas aberturas en todo el inmueble (Figura 3.a). Por otro lado, las iglesias típicas están formadas por muros con pocas aberturas. La cubierta es de bóveda, que puede ser de cañón, con lunetos, vahída, etc. Presentan una cúpula principal con linternilla y cupulín. En la fachada se tienen una o dos torres con su campanario (Figura 3.b).
Por otra parte, conservación y restauración tampoco son sinónimos. La conservación se puede definir como la acción para prevenir el deterioro del patrimonio de un lugar. En los edificios históricos esta acción tiene como fin la continuidad de ellos para que sigan existiendo. El proceso de conservación se debe apegar a una ética y criterios que busquen no alterar los elementos que forman parte de la identidad del inmueble como son: elementos arquitectónicos, históricos, constructivos, materiales, etc. En cambio, la restauración se puede definir como la intervención del hombre en los edificios o monumentos históricos con el propósito de devolverlos al estado anterior en que estos se encontraban, antes de sufrir un deterioro. En esta acción se debe también seguir una ética y criterios que busquen conservar y revelar los valores intrínsecos del edificio, respetando su identidad y evitando la producción o creación de elementos nuevos.
a) Edificios b) Iglesias Figura 3. Estructuraciones típicas de inmuebles históricos
En los procesos de restauración se han utilizado diversos criterios a lo largo de la historia, los cuales han variado de acuerdo a la época, lugar y sociedad. Los resultados del cambio de criterios han sido de diversa índole. Algunos edificios han sido respetados y otros no. La homogenización de los criterios a utilizar en las acciones de conservación y restauración se llevó a cabo hasta el siglo XX. Primeramente con la Carta de Atenas y posteriormente con la Carta de Venecia.
LA CARTA DE VENECIA
En la primera mitad del siglo XX se presentaron algunos acontecimientos que aceleraron la necesidad de contar con un documento que marcara los principios y criterios para las acciones de conservación y restauración. En 1964, el gobierno italiano invitó a arquitectos y técnicos de restauración a reunirse en Venecia, del 25 al 31 de mayo, en el II Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos. Esta reunión fue atendida por cerca de 600 participantes provenientes de 61 países y representantes de organizaciones internacionales vinculadas, de alguna forma, con la conservación y restauración del patrimonio cultural, como: la UNESCO, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) y el Centro Internacional para el Estudio de la Preservación y la Restauración de la Propiedad Cultural (ICCROM).
Fue aquí donde los profesionales se pusieron de acuerdo en crear un documento que estableciera los principios y homogenizara las normas básicas de conservación y restauración de edificios, con el propósito de enfrentar de una manera científica los problemas existentes al momento de conservar un edificio. Entre estos problemas estaban los diversos criterios utilizados en acciones de conservación y restauración.
El resultado fue la redacción de un documento conocido como la carta de Venecia. Esta carta es un documento de carácter breve y general en el que se crearon las bases para emprender acciones de conservación y restauración; no sólo en edificios y monumentos históricos, sino también en sitios arqueológicos. El documento también define los conceptos de conservación, restauración y monumento, los cuales han tenido diferentes concepciones a lo largo de la historia. Los antecedentes de este documento se remiten a fines del siglo XIX, cuando Camilo Boito redactó algunas normas para el III Congreso de Ingenieros y Arquitectos; y en 1931 con la carta de Atenas, durante el I Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos de Monumentos Históricos.
El artículo dos de la carta establece el carácter interdisciplinario que debe poseer todo proceso de conservación, el cual a la letra dice (ICOMOS, 2004):
“La conservación y restauración de monumentos constituye una disciplina que abarca todas las ciencias y todas las técnicas que puedan contribuir al estudio y la salvaguarda del patrimonio monumental”.
Más adelante, en el artículo nueve establece la importancia de contar con un estudio histórico del inmueble a intervenir:
“La restauración es una operación que debe tener un carácter excepcional. Tiene como fin conservar y revelar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a la esencia antigua y los documentos auténticos. Su límite está allí donde comienza la hipótesis: en el plano de las reconstituciones basadas en conjeturas, todo trabajo de complemento reconocido como indispensable por razones estéticas o técnicas aflora de la composición arquitectónica y llevará la marca de nuestro tiempo. La restauración estará siempre precedida y acompañada de un estudio arqueológico e histórico del monumento”.
Este artículo presenta parte de los principios y criterios que se deben respetar en la intervención de un monumento. Aunque la participación de los historiadores se limita a la elaboración del estudio histórico, es necesario que interactúe con los demás profesionistas encargados del proyecto, principalmente arquitectos e ingenieros, para que conozca que puntos son de especial interés para ellos.
LA CARTA DE ICOMOS
El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) es una organización internacional no-gubernamental dedicada a la conservación de sitios y monumentos históricos del mundo. La organización fue fundada en 1965, como resultado de la adopción internacional de la “Carta para la Conservación y Restauración de Monumentos y Sitios Históricos” en Venecia un año antes. Actualmente, ICOMOS tiene comités nacionales en más de 107 países. A través de sus 21 Comités Científicos Internacionales, de expertos de todo el mundo, y a través de su Asamblea General trienal, ICOMOS busca establecer normas internacionales para la preservación, restauración, y dirección del ámbito cultural (ICOMOS, 2004).
El documento: “Principios para el análisis, conservación y restauración de las estructuras del patrimonio arquitectónico”, mejor conocido como carta de ICOMOS, fue ratificado por la 14ª Asamblea General del ICOMOS, en Zimbabwe, en octubre de 2003. El objetivo principal de esta carta es la de servir como recomendaciones “a todos aquellos a quienes atañen los problemas de la conservación y restauración,
aunque en ningún modo pueden reemplazar los conocimientos específicos extraídos de textos de contenido cultural y científico” (ICOMOS, 2004).
El punto 2.3, de la Carta de ICOMOS dice: “la práctica de la conservación requiere un conocimiento
exhaustivo de las características de la estructura y los materiales. Es fundamental disponer de información sobre la estructura en su estado original y en sus primeras etapas, las técnicas que se emplearon en la construcción, las alteraciones sufridas y sus efectos, los fenómenos que se han producido y, por último, sobre su estado actual”.
Para poder cumplir con esta recomendación es necesario realizar un estudio histórico de la estructura. Y precisamente es este punto el que da las pautas principales al historiador para poder definir un estudio histórico que sea de utilidad al arquitecto o ingeniero.
Más adelante, el punto 2.5 indica: “el diagnóstico debe apoyarse en métodos de investigación histórica de
carácter cualitativo y cuantitativo; los primeros, han de basarse principalmente en la observación de daños estructurales y la degradación del material, así como en la investigación histórica y arqueológica propiamente dicha, y los segundos, fundamentalmente en pruebas de los materiales y la estructura, en la supervisión continua de los datos y en el análisis estructural”.
Este punto indica como deben interrelacionarse los historiadores con los ingenieros en un proyecto de restauración. El primero debe darle al segundo toda la información cualitativa posible del inmueble: materiales de construcción, intervenciones anteriores, arquitectura y estructuración original, etc. Por su parte, el ingeniero, con estos datos y con los datos que obtenga de su forma típica de trabajo (pruebas de laboratorio o in-situ, modelado numérico, etc.) debe dar una solución técnica al problema que enfrenta el edificio histórico.
EL ESTUDIO HISTÓRICO EN EL PROCESO DE RESTAURACIÓN
Un estudio histórico es el análisis de un acontecimiento situado en un contexto histórico. En este análisis se buscan las causas, el desarrollo y las consecuencias del acontecimiento sobre un fenómeno social del pasado o del presente. Al unir de una manera analítica y crítica esos elementos, se habrá dado a ese acontecimiento una cualidad de proceso histórico; lo cual ayudará a abrir una ventana más para mirar y comprender al pasado. El enfoque que el historiador debe dar al estudio histórico de un edificio está determinado por los demás miembros del equipo interdisciplinario al que estará dirigido: arquitectos, ingenieros, arqueólogos, restauradores, etc. Ya que ellos utilizarán la información dada en el estudio histórico, para proponer las pautas a seguir. De este modo, el estudio histórico que vaya dirigido a un arquitecto o a un ingeniero debe incluir datos basados en cuestiones constructivas. La investigación, recopilación e interpretación de la información estará delimitada por los datos que a un ingeniero o arquitecto le sean útiles para realizar el análisis y diagnóstico sobre el estado presente de la estructura de un edificio histórico, así como para respetar los valores intrínsecos del inmueble.
La profundidad del estudio histórico dependerá del inmueble a intervenir. Si se trata de un monumento, entonces debe ser lo más completo posible. En caso de ser un edificio histórico, el estudio puede ser breve indicando solo algunas características particulares del tipo de construcción y materiales. Es claro, que muchas veces no se encontrará toda la información necesaria. En estos casos, se puede extrapolar la información que se tenga de edificios parecidos al que se va a intervenir. Los datos mínimos que el estudio histórico debe incluir son:
- Información sobre edificaciones anteriores al edificio en estudio que hayan ocupado el predio
- Datos sobre la edificación original: cimientos, materiales de construcción, distribución arquitectónica, tamaño y forma original del edificio, etc.
- Un análisis sobre el estilo arquitectónico original
- Los datos del estudio no se deben detener en la condición original, sino que además se debe realizar un análisis cronológico que muestre los daños, modificaciones y supresiones que el edificio haya tenido a lo largo de su historia.
- Se debe indicar los diferentes usos a los que ha sido dedicado el inmueble; ya que estos pueden haber modificado la estructura, cambiado las cargas o producido algún daño
- Un punto importante del estudio histórico es la recopilación de material fotográfico, planos, diversos levantamientos, pinturas, etc., que ayuden a tener un mejor entendimiento de la estructura.
CONCLUSIONES
En este trabajo se presentó la relación que existe entre la Historia y la Ingeniería en el proceso de restauración de edificios históricos. Actualmente, los lineamientos básicos de intervención hacen hincapié en la importancia de la realización de un estudio histórico, antes de intervenir una estructura. Este estudio histórico sería el equivalente a la historia clínica de un paciente. La importancia del estudio histórico radica en que es el primer paso de evaluación cualitativo de la estructura. De este modo tenemos como antecedentes los daños, intervenciones y problemas “históricos” que ha presentado la estructura desde su construcción hasta nuestros días.
En un proceso de restauración, el encargado de realizar este estudio histórico es el historiador. Sin embargo, para que le sea útil a un ingeniero o arquitecto, es necesario que el estudio abarque ciertos puntos importantes del edificio, que muchas veces un historiador pasa por alto al no ser parte de su disciplina. De este modo, en un proceso de restauración, es necesario que haya una comunicación estrecha entre los diferentes profesionistas que intervienen en ella.
REFERENCIA ICOMOS (2004), http://www.icomos.org