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Hábitat precario urbano revisado desde la perspectiva de género e interseccionalidad

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Academic year: 2022

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Seminario

Hábitat precario urbano revisado desde la perspectiva de género e

interseccionalidad

EDICIONES

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© Tamara Contreras.

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Seminario

Hábitat precario urbano revisado desde la perspectiva de género e interseccionalidad

Expositores:

María Cristina Cravino, Zaida Muxí, Pedro Pírez, Gustavo Riofrío.

Comentaristas:

Elizabeth Andrade, Mónica Bustos, Lourdes Cáceres Penayo, Nelson Carroza, Marisol Dalmazzo Peillard, Ana Falú, Paulina Gatica, Magda Melara Orellana, Valentina Saavedra, Maricarmen Tapia, Geanina Zagal Ehrenfeld.

Editores:

Geanina Zagal Ehrenfeld, Valentina Saavedra, Paula Rodríguez, Alfredo Rodríguez.

SUR Corporación de Estudios Sociales y Educación, Red de Mujeres por la Ciudad, Red Mujer y Hábitat de América Latina, Ciudad Feminista, Vértice Urbano, Proyecto posdoctoral ANID-Fondecyt 3180012 (auspiciado por la Universidad Alberto Hurtado).

https://www.sitiosur.cl/habitatprecario/

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Proposiciones es una publicación de Ediciones SUR.

© Ediciones SUR, Junio 2022.

SUR Corporación de Estudios Sociales y Educación Olga Segovia, presidenta.

ISBN: 978-956-208-111-5

Edición de textos Paulina Matta V.

Diseño de colección Allan Browne E., Manuel Fco. de la Maza G.

Diseño y diagramación Andoni Martija M.

Fotografía portada Tamara Contreras.

Fotografías interiores Tamara Contreras y Ana Sugranyes.

Impresión Grafikakolor.

www.sitiosur.cl

Se permite cualquier reproducción total o parcial de esta publicación, con indicación de la fuente.

Hecho en Chile / Printed in Chile.

Consejo Editorial

Maruja Barrig, Flora Tristán, Lima Perú.

José Blanes, Cebem, La Paz, Bolivia.

Jordi Borja, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, España.

Silvio Caccia Bava, Polis, Såo Paulo, Brasil.

Fernando Carrión, Flacso-Ecuador, Quito, Ecuador.

Ana Falú, Universidad nacional de Córdoba, CISCSA

Hilda Herzer, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.

Hélan Jaworski, Pontificia Universidad Católica de Lima, Lima, Perú.

Lucio Kowarick, Universidad de Såo Paulo, Såo Paulo, Brasil.

Claudia Laub, Ágora. Córdoba, Argentina.

Gustavo Riofrío. DESCO Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, Lima

Richard Stren, Universidad de Toronto, Toronto, Canadá.

Fabio Velásquez, Foro Nacional por Colombia, Bogotá, Colombia.

Dedicamos este número a la memoria de Lucio Kowarick

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CONTENIDO

PRESENTACIÓN 5

SESIÓN 1. LA INSOLVENCIA Y LA PRECARIEDAD URBANA

Insolvencia y precariedad en la ciudad latinoamericana actual 20 Pedro Pírez Comentarios La insolvencia en Chile: la vivienda y el hábitat residencial 42

Nelson Carroza Vidas precarias e insolventes: un abordaje de género al 48

problema de la vivienda Geanina Zagal Ehrenfeld

SESIÓN 2. LA MISERIA DEL HÁBITAT URBANO Habitar precario urbano: debate sobre derechos y experiencias 55

María Cristina Cravino Comentarios

Migración, vivienda y racismo 73 Lourdes Cáceres Penayo

Un urbanismo incluyente, feminista 77 Marisol Dalmazzo Peillard

Reflexiones en torno a la segregación urbana 88 y la construcción de la ciudad

Mónica Bustos

proposiciones 38

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SESIÓN 3: EL CONOCIMIENTO DE LA PRECARIEDAD URBANA El problema de la descripción y análisis de los barrios populares 97

Gustavo Riofrío Comentarios Yo vivo en un macrocampamento 109

Elizabeth Andrade La precariedad urbana y asentamientos informales 115

desde una perspectiva de género en Chile Paulina Gatica

SESIÓN 4. URBANISMO FEMINISTA E INTERSECCIONALIDAD Acciones y propuestas para el hábitat urbano precario 123

Zaida Muxí Martínez y Magda Melara Orellana Comentarios

El cuerpo, la casa, el barrio, la ciudad 140 Ana Falú Pensar la vivienda y los barrios desde la vida cotidiana, 147

superando los estándares impuestos por las perspectivas androcéntricas

Valentina Saavedra Meléndez

COLOFÓN La producción de la vivienda 154

Maricarmen Tapia

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Agradecimientos

Agradecemos a: Pedro Pírez, María Cristina Cravino, Gustavo Riofrío, Zaida Muxí, Maricarmen Tapia, Magda Melara Orellana, Nelson Carroza, Carolina Espinoza, Karina Stormezan, Lourdes Cáceres Penayo, Marisol Dalmazzo Peillard, Mónica Bustos, Elizabeth Andrade, Francisca Márquez, Paulina Gatica, Ana Falú, Doris González, Patricia Retamal, Lylian Mires, Olga Segovia, Marcelo Jiménez, Javiera Zagal, Tamara Contreras, Ana Sugranyes, Andoni Martija y Paulina Matta.

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S eSión 4

URBANISMO FEMINISTA E INTERSECCIONALIDAD

https://www.sitiosur.cl/habitatprecario/index.php#s4

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Proposiciones 38, 2022

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Acciones y propuestas para el hábitat urbano precario

Zaida Muxí Martínez Arquitecta Universidad de Buenos Aires. Doctora Universidad de Sevilla. Profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona.

Magda Melara Orellana Arquitecta Universidad Centroamericana José Simeón

Cañas. Master en Desarrollo Urbano, Universidad Católica de Chile. Posgrado en Salud y Urbanismo, Universitat Politècnica de Catalunya.

El cuidado es la gestión y el mantenimiento cotidia- no de la vida, la salud y el bienestar de las personas.

Dolors Comas d’Argemir (2017).

Cuando se conforma el espacio urbano se asignan prioridades, se reflejan poderes y se visibilizan derechos. Las ciudades actuales han sido configuradas sobre la base de criterios androcéntricos y patriarcales que materializan la supremacía de lo productivo y des- conocen la acción fundamental de reproducir y cuidar, entre otras omisiones.

El Modulor de Le Corbusier es solo un ejemplo de esto, cuando a partir de un hombre modelo, musculado, de mediana edad y de 1,83 metros de altura se proyectan espacios urbanos. Este referente “univer- sal” omite que alguna vez fue un niño, o que será una persona mayor (Montaner y Muxí Martínez 2011). Tampoco contempla que su situa- ción de dependencia y autonomía será variable a lo largo de toda su experiencia vital. No contempla diferencias en los cuerpos, siendo como mínimo una referencia irreal. Y si de omisiones se trata, las mujeres lo hemos sido como agentes sociales activas, ya que prácticamente no he- mos tenido presencia en las decisiones urbanas.

El sexismo y el machismo son prácticas socioculturales que limitan en las personas sus experiencias y derechos en las ciudades, principal- mente en el caso las mujeres. El contexto global neoliberal ha reforzado

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estas prácticas excluyentes con el extremo de la individualidad, y los deseos como derechos.

Como no podría ser diferente, desde los feminismos, la ciudad gira en torno al sostenimiento de la vida y de los cuidados, el cuidado de la gestión, lo colectivo, la horizontalidad, el mantenimiento de lo cotidiano, la salud y el bienestar. Algo sin lo cual no podríamos vivir.

No hay vida posible sin estas acciones cotidianas.

Interpretación de las ciudades y espacios desde el ecofeminismo y desde el enfoque interseccional

Y si del sostenimiento de la vida se trata, tanto el ecofeminismo como el enfoque interseccional ofrecen conceptos interesantes que, a su vez, constituyen una manera integral de interpretar la realidad para poder, así, desarrollar las ciudades.

El ecofeminismo es una ampliación del feminismo que incorpora una visión empática de la Naturaleza y una redefinición del ser huma- no, para avanzar hacia un futuro libre de dominación (Puleo 2019, 23).

Es a partir de esta visión que se desarrollan los conceptos de interde- pendencia y ecodependencia.

La ecodependencia refiere nuestro vínculo con el resto del planeta, con los otros seres vivos, más allá de los seres humanos. Hasta ahora los seres humanos nos hemos creído en la cúspide del mundo, situan- do al hombre sexo varón en situación dominante—algo que como civi- lización debemos cambiar antes de llegar a un punto de no retorno—, y así hemos utilizado la Tierra, los otros, las otras, los animales, como una fuente de recursos de los cuales podemos disponer sin reparo para nuestro bienestar.

La interdependencia enfatiza cómo los seres humanos depende- mos toda la vida de otros seres humanos. Nos encontramos lejos del ideal imposible del “hombre autónomo” —a pesar de que el neolibera- lismo nos ha querido convencer de que cuando más autonomía prac- tiquemos en nuestra vida, es mejor—, ya que, como seres humanos, somos animales dependientes; lo somos a temprana edad, sin duda, pero a lo largo de toda la vida necesitamos cuidados tanto materiales como afectivos. Todas las personas necesitamos dar y recibir cuidados, lo que constituye un aspecto fundamental en nuestras vidas.

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125 Tenemos muy enraizada la idea de los cuidados como responsabi-

lidad exclusiva de una unidad familiar de convivencia —generalmen- te de las mujeres de esta unidad—, cuando esta modalidad de aisla- miento implica jornadas extenuantes, dado que los cuidados implican tanto un esfuerzo físico como una implicación ineludible de los afectos y las emociones. Por el contrario, los cuidados han de implementar- se a partir de soluciones colectivas y comunitarias. Contrariamente a tal postulado, la sociedad supone, como eficiente y única, la solución individualizada según la cual cada quién, desde su casa, resuelve los cuidados, e infiere como dificultosa la idea de colaborar, de cooperar.

Pero la experiencia de las mujeres muestra que la manera colectiva es la manera ecológica de resolver la vida.

Sirvan los siguientes casos como referentes socioespaciales. Roser Casanovas, quien forma parte del Col·lectiu Punt 6, profundizó en co- nocer la gestión de la vida cotidiana en las colonias textiles catalanas durante el siglo XIX. Por un lado, las mujeres casadas con hijas e hijos y trabajadoras en las fábricas también eran las responsables de todo el trabajo reproductivo. La mayor parte de los cuidados se hacía en situa- ciones comunes y colectivas, en espacios compartidos —como los lava- deros— que se vivían como espacios de vida. No estaban solamente al interior de las viviendas, sino que formaban parte de las áreas comunes dentro de las configuraciones de estas colonias fabriles. En el caso de las mujeres que no estaban casadas y venían de otros pueblos, hacían lo que se llamaba “el camino de la paciencia” o “el camino de los chin- ches” —chinches se llamaba de manera despectiva a las mujeres traba- jadoras de las fábricas—. Hacían estos caminos en grupo porque eran muy peligrosos, especialmente para aquellas que tenían que entrar a la fábrica muy temprano o salían entrada la noche. De esta forma, tejer redes, encontrarse, apoyarse fue fundamental para las mujeres y lo im- plementaron como una estrategia de vida (Casanovas 2012).

En el habitar, es importante ver más allá del interior y el exte- rior. Es importante comprender en profundidad cómo hay transi- ciones entre los espacios de habitar y la importancia que tienen esos espacios intermedios para distintos ámbitos de la vida, y también para los cuidados.

Estos espacios de transición colaboran en los cuidados y en las re- laciones. Las viviendas son espacios de trabajo reproductivo, y mu-

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chas veces también productivo, y generalmente ninguno de los dos tienes los espacios adecuados ni bien resueltos. Es fundamental en- tonces que, a la hora de estudiar, de reconocer, de proyectar, de pensar nuevas viviendas o mejoras en las existentes, esto sea tenido en cuenta.

La interseccionalidad es un término acuñado en 1989 por Kim- berlé Crenshaw,1 que se ocupa de entender cómo distintas variables personales coexisten y a su vez constituyen una potente expresión de la opresión. Una situación que Angela Davis ya había profundizado y documentado en su libro Mujeres, raza y clase —primera edición de 1981—, donde hacía manifiesta la necesidad de entender la realidad de esta manera amplia en términos de justicia social (Varela 2019).

Antes de pasar a desarrollar algunos ejemplos, retomamos una frase de Consuelo Flecha, doctora en Ciencias de la Educación, en la serie Pioneras (Concostrina et al. 2020): “Porque cuidar lo débil lo lla- mamos beneficencia, pero es justicia”.

Esta frase nos resuena para explicar el papel de ciertas mujeres que, desde una posición de privilegio, trabajan y se organizan para la mejora de condiciones de vida y oportunidades para otras muje- res. Consuelo Flecha dedica la frase a Dolors Aleu i Riera,2 primera médica catalana que enfrentó dificultades para ejercer la profesión de la manera que ella la entendía, enfocando su práctica a las muje- res, atendiendo especialmente a aquellas sin recursos, entre ellas a prostitutas con sífilis, a quienes atendía en un espacio de dignidad:

su propia casa. Esta idea de cuidar lo débil porque es de justicia es fundamental, sobre todo desde el movimiento feminista, en las redes de sororidad, de acompañamiento y apoyo. Las feministas entende- mos las interseccionalidades y hacemos una lectura integral de la realidad para poder procurar la equidad. Por ello el enfoque debería de ser precisamente uno donde se busque generalizar la justicia, en- tendiendo las situaciones que generan desventajas para unas y pri- vilegios para otras.

1 Kimberlé W. Crenshaw. Académica estadounidense, pionera y teórica en derechos civiles, en teoría racial crítica, en teoría legal feminista negra y en raza, racismo y la ley. Profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Los Ángeles y de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia.

2 Dolors Aleu i Riera (1857-1913). Médica española, la primera mujer licenciada en medici- na por la Universidad de Barcelona y, también, la primera en obtener el título de doctora.

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127 Las crisis suelen suponer momentos de oportunidad para las mu-

jeres. Daphne Spain refiere que en los periodos en que se vive una de aquellas situaciones que Émile Durkheim definió como anomia se genera confusión e inseguridad, condición que remitirá al recuperarse el orden social; y que es en esos momentos que las mujeres encuentran un escenario de oportunidad para cambiar la realidad, creando espa- cios para actuar en la esfera pública (Muxí 2018).

En este contexto, Daphne Spain destaca, en occidente, tres mo- mentos en que las mujeres se han organizado y generado soluciones.

En el siglo XIII, y comenzando en los Países Bajos, las mujeres que no deseaban para ellas el fin que les estaba socialmente preestablecido, monja o esposa, comenzaron a organizarse en beguinajes,3 donde constituyeron un sistema urbano independiente que se autorregulaba y se autoabaste- cía. Su organización cotidiana se basó en que los trabajos productivos y reproductivos tenían igual valor y se realizaban de manera colectiva.

En el siglo XIX, mujeres de la alta burguesía primero en Lon- dres, Inglaterra, y después también en Estados Unidos, financiaron proyectos en los que trabajaban por otras mujeres a través de pro- gramas de apoyo social y de cuidados diversos. Tales fueron los casos de The House of the Fallen Women, fundada por Angela Bur- dett-Coutts,4 y de Toynbee Hall, 1884, fundado gracias al trabajo de Henrietta Barnett.5 Seguramente encontraríamos este tipo de accio- nes en muchas ciudades.

Y finalmente, tras la caída del bloque soviético, están los Centros de Madres fundados por Monika Jaeckel, instaurados en principio en Alemania y que se han extendido y siguen extendiéndose en otros países.

3 Las ”béguines“ eran mujeres que consagraron su vida al servicio de Dios sin retirarse del mundo. En el siglo XIII fundaron los ”béguinages“, recintos que correspondían a sus ne- cesidades espirituales y materiales. Los ”béguinages“ flamencos son conjuntos formados por casas, iglesias, dependencias y zonas verdes, que están estructurados con arreglo a un trazado de carácter urbano o rural. [Unesco, World Heritage Convention, https://whc.

unesco.org/es/list/855].

4 Angela Burdett-Coutts (1814-1908). Filántropa inglesa que utilizó la mayor parte de su fortuna en becas, donaciones y un amplio portafolio de causas sociales, muchas enfocadas al trabajo por mujeres.

5 Henrietta Barnett (1851-1938). Reformadora social inglesa, educadora y autora. Su trabajo estuvo dedicado a abordar las causas y los impactos de la pobreza.

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Los espacios referidos reseñan lugares donde compartir cuidados, pero también una estrategia feminista a lo largo de los tiempos, donde los espacios de reproducción se convierten en un espacio de acción política, un espacio de empoderamiento, de sororidad, de crecimiento, y no un espacio que recluye y deja a las mujeres en vidas aisladas.

Mujeres, casas y ciudades

En el libro Mujeres, casas y ciudades (Muxí 2018) se encuentran recogi- dos, desde una lectura amplia, varios aportes destacados del trabajo de las mujeres y su enfoque de justicia. Reconocer los escenarios de desventaja es y fue fundamental para poder desarrollar soluciones que permitan escenarios de mayor equidad.

Octavia Hill

Para el caso, una mujer referente es Octavia Hill,6 quien se opuso a las intervenciones cuyo objetivo era eliminar los denominados slums7 en la ciudad de Londres entre los años 60 y 70 del siglo XIX. Ella no niega la falta de salubridad, confort e higiene de esas viviendas, sino que considera inapropiada la solución de su eliminación y el realojo en edificios sin identidad, en los que no se reconocen lazos y redes socia- les prexistentes y que se diferencian claramente de lo que se produce para otras clases sociales. A su crítica añade que no entiende que sea esa la manera de mejorar las condiciones de vida de familias obreras.

Octavia Hill focaliza su trabajo en los tenements (edificios de de- partamentos por lo general en zonas urbanas pobres) —conventillos, corralas y otros nombres que reciben tales edificios—, donde cada fa- milia vive en una o dos habitaciones —como mucho— donde se com- parten servicios insuficientes e inadecuados. Estaba convencida, y lo demostró, que la calidad de vida de estas personas podría mejorarse haciendo red, con confianza, de manera colectiva y con ayuda mutua.

El grupo de mujeres que dirigía y que eran encargadas de cobrar los

6 Octavia Hill (1838-1912). Británica, reformadora social y pionera del trabajo social.

7 Mike Davis señala, en su libro Planet of slums (2006), la aparición del término slums en la década 60 del siglo XIX, y a partir de entonces lo encontramos utilizado muchas veces para justificar la destrucción de barrios pobres y realizar operaciones de renovación urba- na, que en muchos casos han generado gentrificación y remoción de poblaciones, tal como ya criticara Jane Jacobs, en Muerte y vida de las grandes ciudades, en 1961.

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129 alquileres semanalmente formaba parte de esa red de apoyo y con-

fianza mutua. Para ellas, la mejora de las condiciones de vida esta- ba ligada a las mejoras y reconocimiento de capacidades propias y compartidas. Octavia Hill logró la confianza de inversores, a quienes se les aseguraba una ganancia del 5% anual, para adquirir viviendas de manos especuladoras y desaprensivas, fundando las bases de las housing associations —asociaciones privadas con lucro controlado que construyen viviendas asequibles—.

El primer dinero que Octavia Hill recibió para este fin, probando que su teoría era certera, fue a través de un préstamo que le hizo John Ruskin a la tasa anual mencionada. La acción de cobrar la renta se hacía con el propósito de realizar un trabajo en terreno para procurar relaciones de confianza, lo que hacía la diferencia respecto al hecho del cobro mismo de la renta. Esto sirvió como una estrategia que ofrecía la oportunidad de conocer de primera mano los problemas in situ y

“compartir conocimientos en cuestiones de higiene, sanidad, educa- ción y nutrición a las mujeres que habitaban estos edificios” (Muxí 2018, 84). Se trató entonces de establecer relaciones de conocimiento mutuo y, con el dinero recaudado, se produjo una serie de mejoras a través de espacios para juegos infantiles, o proyectos de mejoras de viviendas, entre muchos otros. Su idea se basaba en la participación protagónica de las mujeres. Se las orientó para mejorar sus viviendas y espacios colectivos a partir de las capacidades que les eran propias y del incremento de tales capacidades a través de la acción formativa, y no a través de la imposición de un modelo de vivienda no adecuado para las capacidades iniciales de las familias involucradas.

En ese contexto, Octavia Hill tuvo la oportunidad de desarrollar un pequeño conjunto de viviendas, materializando lo que para ella debía ser un proyecto habitacional. En esta propuesta no replicó las soluciones físicas propias la arquitectura de Inglaterra de la época, dado que parte de su intención fue que no hubiera mayor diferencia entre las propuestas habitacionales para familias burguesas y aquellas para familias de menores ingresos. Es decir, al margen de sus niveles de ingreso, los grupos familiares obtenían soluciones dignas. Además, acompañaba este proyecto con un edificio comunitario donde había espacio para los cuidados, para la acción en comunidad, para la for- mación, entre otros.

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Henrietta Barnett

A partir de las ideas expuestas, que también constituyen las reivindi- caciones del Tenement-Housing Movement, se pusieron en marcha pro- yectos similares. En Inglaterra, como ya se ha mencionado, Henrietta Barnett impulsó, junto a su marido, proyectos enfocados en la vida del estudiantado en las universidades. En Estados Unidos una referente fue Jane Addams.8

Henrietta Barnett y su esposo, el reverendo Canon Barnett, fue- ron los fundadores del Settlement Movement en Gran Bretaña. Su rei- vindicación se enfocaba en el trabajo social emplazado en el entorno que habitaban. En ese contexto, en 1884 fundaron el Toynbee Hall, desde donde llevaban a cabo acciones del movimiento que habían fundado (Muxí 2018). Este proyecto sería utilizado básicamente por estudiantes de universidad, cuya vida y residencia en este lugar les abría la oportunidad de acercarles a las familias obreras y pobres que, caso contrario, nunca tendrían la oportunidad de conocer. Esto les permitiría ampliar miradas y desarrollar un enfoque crítico a par- tir de la experiencia propia. Así, su acción profesional se vería bene- ficiada al conocer de primera mano cómo vivía la mayor parte de la población.

Jane Addams y Ellen Gates Starr

Jane Addams y Ellen Gates Starr,9 fundaron la Hull House, una casa emplazada en un barrio de Chicago donde habitaban familias pobres inmigrantes y afroamericanas. En ese contexto, procuraron mezclar personas con distintos niveles de ingreso y diferente formación aca- démica, para que pudieran utilizar los espacios de esta casa como lu- gares polivalentes donde compartir, junto a niñas y niños de familias obreras, momentos de estudio, ocio y cultura.

La vida de Jane Addams, Premio Nobel de la Paz, es un ejemplo de compromiso político y personal a través de la acción, ámbitos que se unen en su vida y su obra.

8 Jane Addams (1860-1935). Trabajadora social feminista, socióloga y reformadora estadou- nidense.

9 Ellen Gates Starr (1859-1940). Activista y reformadora social estadounidense. Su- fragista de Chicago.

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131 Los espacios que han sido brevemente descritos muchas veces funcionaron como grietas en el sistema, que luego se ensanchan a tra- vés del aprendizaje, a través de hacer una red, para dar espacio a otras oportunidades y transformaciones.

La relevancia de las redes de mujeres como formas de resistencia a las desigualdades y precariedades urbanas

Chicago, entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, se transfor- mó por impulso de la Exposición Colombina (1893) y luego del Plan de Chicago, de Daniel Burham y Edward H. Bennett (1909), que bus- caba hacer de la ciudad el “París” de América del Norte. El “París” de la pradera. En este contexto se hicieron proyectos de embellecimiento y mejoras en la ciudad en sitios muy concretos. Por ejemplo, un par- que con vistas al lago e intervenciones de grandes avenidas y edificios emblemáticos.

Pero lo que pasaba detrás de estos espacios remozados —como lo que pasó en París con las aperturas de Haussmann—, que era donde vivía la mayoría de las personas, no era tenido en cuenta, no hubo proyectos de intervención. Grupos de mujeres organizadas se propu- sieron llevar a la escala urbana las tareas asignadas de cuidado y man- tenimiento del hogar. Lo llamaron el municipal housekeeping. Jane Ad- dams, en 1906, documentó que hasta ese momento el city housekeeping había fallado porque las mujeres no estaban incluidas en la gestión municipal, y son las mujeres quienes están acostumbradas a hacer una lectura de la realidad desde la visión compleja e interrelacionada que requieren los cuidados. Por eso aboga por la participación de las mu- jeres como un elemento imprescindible en la gestión de las ciudades a escala municipal en lo que tiene que ver con los cuidados.

En ese contexto, aparecen varias asociaciones que protagonizan mejoras en la calidad de vida de mujeres y hombres en los barrios me- nos favorecidos. Sus trabajos condujeron a la producción de espacios de juego para niños y niñas; a los centros de la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes —YWCA por sus siglas en inglés— para que mujeres provenientes de distintos pueblos pudieran trabajar en las ciudades;

también baños comunitarios y espacios para la acción benéfica del Ejér- cito de Salvación —Salvation Army—; guarderías y escuelas primarias,

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entre otros proyectos. Para ellas no era aceptable que, en la zona cer- cana a las intervenciones de embellecimiento, pudiera haber criaturas jugando con basura, o habitando escenarios degradantes. Defienden la equidad de trato para la justicia espacial. La respuesta de muchas mujeres ante los escenarios de precariedad socioeconómica y urbana fue abogar por espacios de dignidad; es decir, áreas limpias, el man- tenimiento de las calles, la creación de espacios de juegos infantiles y juveniles en solares abandonados. También el apoyo directo a fami- lias. Se reclama, así, antes las instancias de gobierno municipal, tanto la mejora de las calles y del espacio público y equipamiento, como el acompañamiento a familias en el ámbito de los hogares, colaborando en la mejora en sus condiciones de vida. Y esto lo iremos viendo apa- recer en diferentes momentos de la historia, como soluciones efectivas a problemas visibles.

A partir del trabajo de un grupo de mujeres de la Asociación Cris- tiana de Mujeres Jóvenes se produjo un proyecto de viviendas específi- cas para mujeres mayores; es decir, a partir de problemas que incluyen a una variedad de personas y de reconocer las necesidades existentes en los lugares, se buscaron soluciones colectivas, cooperativas, corres- ponsables. De hecho, fueron las primeras viviendas de este tipo. En Boston la experiencia es parecida y se produjo espacios de juego, y escuelas, así como comedores infantiles y populares.

Esta manera de actuar de las mujeres en tiempos de crisis —y no solo en tiempo de crisis— se sustenta en la observación profunda a través del reconocimiento de necesidades y de capacidades. No es pa- ternalismo. No es de arriba abajo. Es entenderse como parte de una cadena de reconocimiento para poder llegar con los requerimientos oportunos a los lugares indicados para propiciar acciones resolutivas.

Las soluciones de las mujeres tienen estas características, son holísticas

—no resuelven una única cosa, sino que observan desde la compleji- dad—, son pragmáticas, son inclusivas —porque están velando por toda la población— y son muy creativas. En este contexto aparecieron los relief gardens —jardines de alimentación—, huertos que surgen en Chicago y reaparecen luego en la crisis del 29 en distintos espacios de las ciudades, como en las áreas abiertas de las escuelas y en las cubier- tas de los edificios. La dificultad durante esa crisis era comer cuando no había dinero. La solución que plantea Frank Lloyd Wright en ese

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133 momento, como es la broadacre city, en la que cada familia tendría tie-

rra de cultivo para su alimentación, era una propuesta ex novo, que necesitaba tiempo y dinero y que no daba la solución inmediata que se requería.

Esta circunstancia recuerda las soluciones que se plantean a raíz de la pandemia COVID-19: hacer nuevas casas que sean mejores, ha- cer nuevas ciudades. Ya está todo hecho. ¿Cómo mejoramos lo que ya está? Ese es el punto, y es lo que llevan a cabo las mujeres al montar los jardines de alimentación.

Otra mujer que observó la realidad y se sintió llamada a hacer- se responsable desde su posición de privilegio para incidir en la pro- ducción de soluciones para el modo de vida precario de las nuevas clases obreras en Viena, a inicios del siglo XX, fue Margarete Schüt- te-Lihotzky.10 Fue de su interés profundizar en el entendimiento del habitar entendido como espacio —lo que hoy entendemos como el hábitat—, que va más allá del espacio de vivienda; es decir, reconoce como importante en este análisis la calle, los equipamientos, los servi- cios. Analiza cómo las mujeres se organizan para mejorar sus barrios.

Propone la primera vivienda crecedera, una vivienda semilla que la familia puede mejorar en la medida en que lo necesita o que optimiza sus capacidades económicas. En esto radica la importancia de cómo se observan las realidades y, a su vez, se buscan soluciones realistas y alternativas a la solución absoluta.

Jakoba Mulder

Avanzando en la historia, después de la Segunda Guerra Mundial, Jakoba Mulder,11 a partir de la observación en los centros de las ciu- dades y mientras proyectaba los barrios del sur, observa a una niña jugando en un alcorque, en el medio de la acera. En aquel momen- to, una de sus preocupaciones era cómo transformar los barrios de bloques lineales que no generaban espacios de comunidad. Propone los bloques en “L” para crear patios, jardines o plazas entre dos eles, para promover espacios seguros para el juego. Pero eran ideas para los barrios nuevos. Entonces, ¿qué hacer para niñas y niños que ya

10 Margarete Schütte-Lihotzky (1897-2000), primera arquitecta austríaca.

11 Jakoba Mulder (1900-1988), urbanista holandesa que trabajó para la Administración Mu- nicipal de la ciudad de Ámsterdam.

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vivían en esa ciudad bombardeada? Eran tiempos en los que no ha- bía ni tiempo ni recursos para arreglarlo todo. Cuando se trata del urbanismo en acción, no es posible que las ideas ronden en las me- joras a futuro. ¿Qué pasa con el presente? Pero Mulder trabaja para el presente y, a través de su acción situada, deja un aprendizaje de cómo el urbanismo debe procurar beneficios también para el pre- sente. Y es aquí cuando recupera la observación de una niña en la calle y, además de reconocer el problema, propone un método para convertir los solares abandonados, llenos de basura y de restos de la guerra, en espacios de juego.

Jakoba Mulder marcó en un plano los espacios que era necesario mejorar, y propone un uso temporal de esos solares —ya fueran pri- vados o públicos—. Pero antes, para saber qué solares mejorar, pensó en hacer una consulta a la población para que, a partir de su opinión, se eligieran los solares más próximos a su vida cotidiana y se identifi- cara la población a la que serviría. Por lo tanto, detectó la necesidad y su respectiva oportunidad de solución. Al saber qué solares serían los escenarios de los espacios de juego, desde el Ayuntamiento se hicieron los trámites para conocer los nombres de las personas o entidades pro- pietarias y proceder a la firma de un convenio.

Fue en ese momento que Jakoba Mulder hizo un pedido concreto a Aldo van Eyck —a pesar de que en muchos libros le asignan a él la gestión de estos espacios—. Le encargó el diseño de los elementos que conformarían las plazas, y le pidió que fueran combinables, econó- micos, que permitieran el montaje y desmontaje en poco tiempo, sin importar el tamaño del espacio en el que se encontrarían.

Sin lugar a duda, la acción de las mujeres en el acceso al derecho a la ciudad queda descrito a través de las experiencias recogidas.

Características que debe tener en cuenta la acción del urbanismo desde los feminismos y las redes de mujeres

Los ejemplos citados dan cuenta de cómo tejer redes, de cómo el apo- yo es fundamental para las mujeres y, a su vez, es la base del movi- miento feminista. En este contexto se producen proyectos integrales, cuyas características son:

- El apoyo mutuo.

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135 - El intercambio de conocimiento.

- Proyectos basados en necesidades reales.

Algunos ejemplos recogen estas características, implementadas gracias a la acción colectiva de las mujeres.

La Virgen de los Deseos, gestionada por Mujeres Creando.

Bolivia, La Paz

Un proyecto que refleja las características señaladas tiene lugar en La Paz, Bolivia. Se trata de una iniciativa autogestionada por el gru- po Mujeres Creando, denominada La Virgen de los Deseos, una casa donde se conjugan necesidades de la producción, de la reproducción, de la seguridad personal y de la formación personal. Cuenta con una guardería que está abierta 24 horas para las mujeres que trabajan por la noche. También hay acceso público a una librería con libros de mu- jeres. Este espacio incluye un restaurante, donde atienden dos coo- perativas de mujeres en los turnos de la mañana al medio día y de la tarde a la noche, respectivamente. En el primer piso hay una sala de formación. También han desarrollado una radio cuya programación incluye espacios para mujeres trabajadoras del hogar, conducidos por mujeres trabajadoras del hogar. Además, disponen de habitaciones que en algunos momentos funcionan como espacios de refugio para mujeres maltratadas y, en otros, sirven para hospedar a mujeres que conocen esta red, viajan para acercarse a la experiencia y a las cuales se les ofrece un espacio para dormir. A su vez, ellas colaboran con el mantenimiento del sitio.

Una de las áreas de este espacio se ha destinado para el traba- jo de psicólogas, economistas, abogadas, que ayudan a otras mujeres con problemas derivados de separaciones, violencia machista, etc. Así, vemos cómo el mismo edificio da respuesta a todas estas situaciones que, a su vez, son necesidades. Es un espacio de relación de mujeres, donde se encuentran unas que son profesionales con otras que no, u otras que tienen más dinero con otras que tienen menos, pero todas impulsan y generan una red real de cooperación y de apoyo para el beneficio colectivo.

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Women Resource Zone, Nueva Delhi y Okhla, India

En relación con el proyecto anterior, otro ejemplo interesante, en la India, es el trabajo en conjunto entre Shivanni Bardaj y Zaida Muxí Martínez. El objetivo fue mejorar las condiciones laborales de muje- res, especialmente en barrios musulmanes de Nueva Delhi y Okhla, y los que se llaman villages, que son especies de reinos dentro de cada ciudad —las mujeres no pueden salir de ahí—. El foco estuvo en dos grupos de mujeres que habían recibido formación por parte de algu- nos programas del servicio municipal o estatal, orientados a que las mujeres ampliaran sus oportunidades de empleo en los ámbitos de la peluquería, bordados, entre otros. El problema era que las mujeres no podían acceder al mundo laboral, y había que ampliar esta capacidad productiva, y hubo que indagar cómo el espacio urbano podía colabo- rar en esto.

Los sitios donde había oportunidades de trabajo estaban muy le- jos, el transporte público no era suficiente, el espacio público era inse- guro. En el caso del transporte público, si bien no era suficiente, ¿por qué no podían viajar? El trabajo destacó que eran las tareas derivadas del cuidado lo que les impedía estar lejos de sus domicilios. Era, por lo tanto, un aspecto fundamental para tomar en cuenta.

Así surgió la idea de Women Resource Zone, cuya composición plantea dos grandes áreas: una, la mujer como componente de una familia y proveedora de cuidados; y otra, la mujer como ser humano.

Se propuso entonces espacios donde compartir que incluyeran ambos frentes. Para materializar esta idea se llevaron a cabo espacios de en- cuentro con las mujeres concernidas, destinados a conocer de primera mano sus problemáticas.

Fue importante reconocer, a través de este proceso, que se nece- sita generar mejores barrios para mujeres, para que puedan ser más autónomas. Para que las personas que cuidan, puedan tener más au- tonomía y, a la vez, libertad económica. Ampliar las capacidades pro- ductivas muchas veces tiene que ver con el cuidado, y que los saberes que esta tarea implica se conviertan en conocimientos de producción.

En ese contexto, cinco estudiantes de arquitectura viajaron, a partir del año 2010, para trabajar las estancias de trabajo señaladas y desarro- llaron propuestas para el Women Resource Zone, atendiendo las parti-

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137 cularidades de cada caso. Entonces, ¿cuáles fueron los requerimientos desde el punto de vista de las mujeres y de la igualdad de género? Las respuestas condujeron la mirada a la seguridad, las actividades de re- producción y la producción, la comunidad, la movilidad y los recursos.

En ese momento, hubo una sincronía con una idea que también estábamos trabajando con Col·lectiu Punt 6, que es la idea de los re- corridos útiles, para entender cómo en estos barrios de difícil lectura, si los leemos a vuelo de pájaro o a escala 1 en 50.000, la interpretación de las problemáticas reales se vuelve imposible. En cambio, cuando recorremos estos territorios con las mujeres, detectamos cómo en ellos existen sitios de afluencia, espacios de encuentro y de reconocimiento, y esto fundamental para trabajar por la mejora de los barrios.

Comenzar desde la escala macro o mirada lejana, seguramente indi- cará una necesidad de conexión a un eje —generalmente viario—, pero ello sin generar influencia donde es más necesario: en la vida cotidiana.

La Ciba, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona

Como en el caso anterior, durante mi cargo de directora de urbanismo,12 se llevó a cabo una idea similar al proyecto anteriormente descrito. En esta ocasión se trató de un edificio que en su momento fue el espacio de un antiguo juzgado, el que fue rehabilitado para funcionar como un centro de recursos para mujeres. Fue pensado como un espacio de inno- vación y de economía feminista, interclasista e interseccional.

La planta baja es abierta al público. El primer y segundo nivel aloja actividades formativas y productivas para mujeres. Hay espacio tam- bién para mujeres que han sufrido de violencia patriarcal.

En el tejado hay un huerto, que también tiene como objetivo trans- formar los conocimientos provenientes de la reproducción en trabajos de producción. La idea surgió para ampliar las oportunidades de acceso al empleo. La oferta formativa para la inserción laboral funcionaba mejor para los hombres que para las mujeres, y la diferencia radicaba en que ellas no podían alejarse para acceder a oportunidades que les implicaran amplios tiempos en movilidad, por las tareas de cuidados —en diferente escala, pero pasaba lo mismo que el caso anterior en la India—.

12 Zaida Muxí Martínez, entre 2015 y 2019 fue directora de urbanismo de Santa Coloma de Gramanet.

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La experiencia encarnada

La experiencia encarnada constituye una lección muy importante que aprendemos de las mujeres, y es que son ellas quienes hacen la mejora de lo cotidiano.

En el caso de Barcelona, en los movimientos sociales urbanos de los años 70, fueron ellas quienes pidieron la mejora de lo invisible, denunciaron las dobles jornadas de trabajo, las múltiples acciones cotidianas de este vivir en barrios que no eran adecuados. En esos años se llevaron a cabo las primeras jornadas de la mujer catalana en la Universidad de Barcelona. En la revista Vindicación Feminista N° 4 comenzó a hablarse de las mujeres en los barrios, quedando en evidencia las dificultades que sufren las mujeres por el hecho de ser mujer, pobre, olvidada en su barrio. Desde esta experiencia hay reclamos por mejores espacios verdes, por guarderías y mejoras del transporte público.

Al llegar la democracia a finales de los años 70, había solo dos guarderías en Barcelona, además de un esquema de enseñanza no obligatoria para criaturas de 0 a 3 años cuyas madres y padres perte- necían a cooperativas. Después el año 91, estos centros fueron absorbi- dos por el Ayuntamiento, y a partir del año 2000 se empezó a construir una red de equipamiento de guardería infantil que llegó a 112 escuelas infantiles en toda la ciudad para el año 2020.

Al ver cómo en estos tiempos la ciudad de Barcelona pone el foco en su proyecto urbano denominado Ciutat Jugable—ciudad jugable, en castellano—, no es posible dejar de pensar en un reclamo que surgió en los años 80, donde la consigna eran los espacios para el juego.

Una solución urbana desde los feminismos y el enfoque intersec- cional produce soluciones multiescalares y no aquellas que arrasan con lo existente. No se trata de recetas que funcionen para todas las personas y para todos los lugares por igual. Se trata de reconocer los problemas y las oportunidades a partir de espacios participativos que analicen lo cotidiano desde la experiencia encarnada, y que permitan, a su vez, hacer la lectura de las distintas necesidades, tanto de si hace falta mejorar un recorrido caminable o un espacio de encuentro, como si se debiera trabajar la calidad de una autopista en el medio de la ciudad.

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139 Es imprescindible incorporar a la comunidad y particularmente la participación de las mujeres en las transformaciones urbanas.

A través de las intervenciones realizadas recurriendo al urbanismo feminista, es posible producir cambios sociales, inspirar a las mujeres, contrarrestar el sexismo, desestabilizar el machismo, luchar contra el androcentrismo, entre muchos otros beneficios que garantizarán, poco a poco, la construcción de urbes que uniformicen la experiencia de to- das las personas que las habitan en un contexto de equidad e igualdad de oportunidades.

Referencias bibliográficas

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Concostrina, Nieves (Productora), Amparo Castellano (Creador), Román Parrado y Joanna Pardos (Dirección). (2020). Pioneras (serie documental).

Davis, Mike. 2006. Planet of slums. London / New York: Verso. Versión en español:

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Referencias

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