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Levi, Adolfo - Historia de La Filosofia Romana

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HISTORIA

DELA

FILOSOFIA

ROMANA

Adolfo Levi

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HISTORIA DE LA

FILOSOFÍA ROMANA

Adolfo Levi

Este libro tal vez sea la primera exposición relativam ente a m p l i a de la filosofía romana considerada como algo independiente, y no co­ m o un m ero aspecto de la filoso­ fía griega, según suele hacerse. Los estudios recientes tienden a corre­ gir la vieja opinión según la cual la cultura romana sería, si no una sim ple copia de la griega, por lo menos una derivación desprovista de rasgos propios. Esta opinión se basa en el prejuicio histórico de qu e la m entalidad romana carecía de verdaderas aptitudes filosóficas y por eso en Roma y en el m undo latino la filosofía no había sido sino un objeto de lujo, una plan­ ta exótica cultivada por in d ivi­ duos o círculos restringidos, pero incapaz de penetrar a fondo en la cultura y en la vida.

Por el contrario, se puede afir­ mar que las influencias helénicas n o actuaron sobre el vacío, sino sobre un sustrato originario y pre­ existente y posibilitaron el desa­ rrollo de antiguas tendencias del espíritu romano. Pese a ello, el estrecho vínculo qu e une a am­ bas filosofías obliga a señalar en la introducción de esta obra las

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otra. £1 intento de distinguir a los filósofos romanos de los grie­ gos no es fácil cuando faltan no­ ticias precisas, pero para resolver este problema se ha adoptado aquí un criterio de carácter general.

Adolfo Levi divide su trabajo en dos partes: en la primera es­ tudia la filosofía romana en la época de la República, y en la segunda, la filosofía en Occidente desde Augusto hasta el final de la Antigüedad.

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ADOLFO LEVI

Historia

de la

filosofía romana

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T ítu lo de ía obra original:

Storia della filosofía romana, G. C. Sansoni, Firenze, 1949

Traducido por

Héctor Pozzr

© 1969

E D IT O R IA L U N IVER SITARIA DE BUENOS AIRES Rivadavia 1571/78

Sociedad de E conom ía M ixta

Fundada p o r la U niversidad de Buenos Aires

Hecho el depósito de ley

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A m i esposa, E M I L I A P A T R I Z I , com pañera incom parable

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A D V E R T E N C IA

E n el presente vo lu m e n , que constituye, si no nos equivocam os, la prim era exposición rela tiva m en te a m ­ p lia de la filosofía rom ana, ésta ha sid o considerada p o r si m ism a y no com o un m ero aspecto de la filosofía griega, según es h a b itu a l hacerlo. Sin em bargo, dado el estrecho vín cu lo q ue une a la prim era con la segunda, se han señalado en la introducción las relaciones exis­ tentes entre el desarrollo de una y el de la otra. Era m e­ nester d istin g u ir a los filósofos rom anos de ¡os griegos, lo cual 110 resultaba fácil cuando se carecía de noticias precisas, ya que los nom bres p u ed e n in d u c ir a engaño: en tales casos hem os m encionado a los q ue tenían n o m ­ bres rom anos, a m enos que fueran de estirpe griega o p ertenecieran a Grecia o al m u n d o helenístico. P u ed en haberse p ro d u cid o errores, pero hacia falta adoptar u n criterio de carácter general.

P or m o tivo s que luego indicarem os, hem os hablado con cierta a m p litu d —cuando ello era posible— de la vida y la p roducción literaria de quienes h a n m ostrado interés p o r las indagaciones filosóficas, ya fu era n ver­

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ROMANA

daderos filósofos o sim p les cultores de la filosofía, pero en este ú ltim o caso no hem os dado tales noticias cuando se trataba de personajes m u y conocidos (em peradores, escritores célebres).

H e m o s u tiliza d o a m p lia m en te en este trabajo, que, tien e las características de u n m a n u a l, los resultados de las investigaciones precedentes, sobre todo en lo q ue con­ cierne a info rm a cio n es biográficas e histórico-literarias. R e q u e riría u n espacio excesivo n o m b ra r a todos los a u to ­ res de quet nos h em os v a lid o , pero no pod em o s dejar de m e n cio n a r la E n ciclo p ed ia de Pauly-W issow a (y en par­ ticular, el estu d io de las obras de Cicerón deb id o a R . P h ilip p so n , asi com o el del concepto de h u m a n ita s, de H e in e m a n n ), Schanz-H osius (H isto ria de la lite ra tu ra la ­

tin a) y la in terp reta ció n del p en sa m ien to de Panecio y

P osid o n io p o r el ya citado H e in e m a n n .

E l autor, p le n a m e n te convencido de que su obra pre­ senta m u ch o s defectos, hace vo to s p o rq u e esta prim era te n ta tiv a sea p ro n to su stitu id a p o r trabajos m ejores.

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I N T R O D U C C I Ó N

A ntes de h a b la r en p a rtic u la r de la h isto ria de la filosofía ro m a n a , conviene señ alar sus líneas evolutivas generales.

Los estudios recientes tie n d e n a' m o d ificar y corre­ g ir la o p in ió n , m u ch o tiem po im p e ra n te , de q u e la cul­ tu ra ro m a n a sería, si n o u n a sim ple co p ia de la griega, p o r lo m enos u n a derivación carente de rasgos propios. E n efecto, hoy advertim os con clarid ad q u e las in flu e n ­ cias h elenísticas no h a n a ctu ad o en el vacío, sino sobre u n su strato o rig in ario preex isten te, o sea q u e h a n p o ­ sib ilita d o el desarrollo de tendencias a n tig u as del espí­ r itu ro m a n o . Esto constituye, e n ú ltim a in stan cia, u n nu ev o ejem p lo de u n hecho q u e se p re se n ta h a b itu a l­ m e n te e n la evolución c u ltu ra l de los pueblos, y a q u e sólo p u e d e n subsistir y p erp e tu a rse las form as d e v id a e sp iritu a l concordantes con las actitu d es y tendencias q u e les son propias, en ta n to q u e las otras b ie n p ro n to se to rn a n estériles y desaparecen. C o n m ayor razó n p u e ­ d en re p etirse estas consideraciones a p ro p ó sito del p e n ­ sam ien to filosófico. Si b ie n es· v e rd ad q u e solo algunos

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ROMANA

in d iv id u o s perten ec ien tes a ciertos pueblos q u e poseen u n a c u ltu ra d e te rm in a d a p u ed en c o n stru ir u n a v erd a­ d era filosofía, consciente de las p ro p ias exigencias y los pro p io s fines, a rtic u la d a en form a orgánica y racio n al­ m en te ju stific a d a , tam b ién es cierto q u e todos los p u e ­ blos, a u n sin d arse c u en ta, viven su filosofía, en cu an to poseen u n a rep re se n ta ció n p a rtic u la r de la realid ad , v in ­ cu lad a p rin c ip a lm e n te con las creencias religiosas tra ­ dicionales, y to m an posición fren te a los problem as de la v id a ético-práctica. C u a n d o esta filosofía im p lícita se hace e x p líc ita p o r o b ra de la reflexión, pued e o c u rrir q u e se d é u n a ju stificació n de las convicciones p r im iti­ vas o b ien q u e, tras discutirlas y criticarlas, se las rechace; p ero en c u a lq u ie r caso el p en sam ien to reflexivo se m u e ­ ve d e n tro de la esfera de los intereses originarios. P o r esta razó n el e sp íritu ro m an o , esencialm ente religioso —en el sen tid o positivo de la p a la b ra — y práctico, y p o r eso m ism o poco in clin ad o a la especulación p u ra , cu a n d o em pezó a conocer la filosofía griega se interesó m u ch o m ás p o r las investigaciones en el ám b ito de la ética, la p o lítica, el estu d io de la vida social y de las doctrinas religiosas q u e p o r las construcciones teóricas q u e cons­ titu ía n el fu n d a m e n to d e aquéllas. (R e su lta curioso q u e qu ien es ven en esta lim itació n de intereses u n a p ru e b a de la in fe rio rid a d del p en sa m ie n to ro m an o lo acusen a la vez d e fa lta d e orig in alid ad .) Los sistem as filosóficos q u e R o m a conoció p rim e ro fueron aquellos q u e se h a ­ b ía n id o fo rm a n d o y d esarro llan d o en la época h elen ís­ tica, b a jo el in flu jo de las condiciones históricas r e in a n ­ tes en G recia y en el O rie n te helenizado, y q ue, p o r a sp ira r esencialm ente a resolver el p ro b lem a de la vida, d e b ía n su scitar el m ás vivo interés e n tre los rom anos. La re lig ió n oficial, la de la polis, h a b ía p e rd id o ya su im p e rio sobre los espíritus, m ientras los antiguos ideales, q u e p recisam en te te n ía n su c e n tro en la ciudad-estado, lan g u id e cían y se e x tin g u ía n al ver ésta destruidos su iib e rta d y su p oder. L a falta de seguridad de u na exis­

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INTRODUCCIÓN

tencia ag itad a y am enazada p o r co n tin u o s peligros, y q u e parecía a m erced de la fo rtu n a , h a b ía in d u cid o a u n círculo restrin g id o d e personas, perten ecien tes sobre todo a las clases superiores, a buscar e n la filosofía u n a m aestra y u n a g u ía de la vida com o su stitu to de las a n t'g u a s creencias religiosas y los an tig u o s ideales p o lí­ tico-sociales; pero, p o r o tra p a rte , h a b ía im p u lsad o a masas m u ch o más num erosas, reclu tad as especialm ente en los estratos m ás hum ildes de la sociedad, a volverse hacia u n a fe d istin ta de la tradicional. A u n q u e la es­ cuela p e rip a té tic a a n tig u a ten d ió cada vez más a espe­ cializarse en investigaciones científicas concernientes al m u n d o d e la n atu raleza y al m u n d o del ho m b re, el es­ toicism o y el epicureism o, q u e fu ero n las corrientes fi­ losóficas m ás im p o rtan tes de la época helen ística (y ta m ­ bién las p rim eras en ser conocidas en R o m a e igualm ente las q u e co n ta ro n con m ayor n ú m ero de a d h e re n te s ), a sp ira b a n fu n d a m e n ta lm e n te a la consecución de u n fin é t :co-práctico, a la d eterm in ació n y la posesión del sum o bien, es decir, a la solución del p ro b lem a de la vida, y p ro c u ra b a n lib e ra r a los espíritus de las preocupaciones p ro d u cid as p o r la convicción de q u e las cosas h u m an as están a m erced de la tfk h é o fo rtu n a, cuyo culto se h a ­ b ía d ifu n d id o m u ch o e n esos tiem pos, y p o r la creencia astrológica, de origen b ab iló n ico , de q u e los cuerpos celestes, y sobre todo los siete p lanetas, son in stru m e n to s d el d estino y g o b iern an de m odo in ex o rab le la su erte del h o m b re. P a ra el estoicism o la heim arrnene o h ad o es la ley d iv in a, e te rn a y necesaria de las cosas y los acaeci­ m ien to s y, a la vez, la Providencia, p o r la cual to d o es cond u cid o h a c ia u n fin, el b ien del universo y del h o m ­ b re; de m odo q u e el sabio, p a ra conseguir la felicidad, debe arm o n izar su co n d u cta con esa ley. E l epicureism o niega la existencia del h a d o e in tro d u ce, con el clinám en, u n p rin c ip io de contingencia en los m ovim ientos elem en­ tales de los átom os. En am bas escuelas, la filosofía ge­ n e ra l (lógica, incluyendo la teoría del conocim iento, y

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ROMANA

física, de la q u e fo rm ab a p a rte la teología) co n stitu ía el fu n d a m e n to de u n a ética d estin ad a a asegurar al h o m ­ b re la felicid ad p o r m edio de ía apatheia (ap a tía , a u ­ sencia d e p a s ió n ) , en el estoicism o, y p o r m edio de la

ataraxia (im p e rtu rb a b ilid a d del alm a) en el epicureism o.

E l escepticism o de P irró n p re te n d e q u e se o b ten g a la

ataraxia y la felicid ad con la suspensión del ju icio

(.ep o k h é) , p o r la cual el h o m b re se abstiene de a trib u ir valo r diverso a las cosas. A u n en las fases posteriores del escepticism o subsisten las preocupaciones prácticas, y cu a n d o p e n e tra en el p lato n ism o de la A cadem ia M edia y la N u ev a in te n ta p ro b a r, como A rcesilao, q u e lo éulo-

g o n (lo q u e es razonable) o, como C arnéades, lo pitheu n o n (lo p ro b ab le) b a sta p a ra d e te rm in a r la acción; y

luego, al re to rn a r E nesidem o a la posición de P irró n , re p ite con él q u e la d u d a p erm ite conseguir la felicidad y la ataraxia. Al m ism o fin aspira' ta m b ién el cinism o que, a p a r tir de D iógenes, se interesó siem pre, en form a exclusiva, p o r los pro b lem as ético-prácticos, u tiliz a n d o p a ra tratarlo s, en la época helenística, form as literarias p o p u la re s y p o r ello accesibles a u n p ú b lico m u y vasto: la d ia trib a (d estin ad a a te n e r u n a in flu e n c ia m u y fu e rte n o solo sobre la filosofía, especialm ente la estoica, sino ta m b ié n sobre la lite ra tu ra g e n e ra l), rep re se n ta d a p o r B io n de B orístenes, y la sátira m en ip ea, com posición m ix ta d e p ro sa y verso, en to n o serio y jocoso, creada p o r M e n p io de G ad ara. El cinism o helenístico conserva del a n tig u o el desprecio p o r la ciencia y la negación de la c u ltu ra tra d ic io n a l e n n o m b re del re to rn o a la n a ­ turaleza, p ero u n e a ello u n a p ro fu n d a' desvalorización de la v id a, q u e está llen a de dolores y q u e p o r su con­ tin u a in e sta b ilid a d n o m erece ser to m ad a en serio, pues es como u n ju e g o y debe tom arse como tal: la felicidad consiste en co n ten ta rse con la p ro p ia su erte y rep resen ­ ta r b ie n la p a rte asignada p o r la F o rtu n a .

T o d a s estas filosofías, enlazan d o in d iv id u alism o y cosm opolitism o, se re m ite n al h o m b re e n c u an to

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ciuda-INTRODUCCIÓN

d a n o d el m u n d o . R á p id a m e n te se a te n ú a n los contrastes p rim itiv o s e n tre estas tendencias, q ue asu m en u n carác­ te r ecléctico. L a crítica escéptica de la N u e v a A cadem ia h a b ía e x p lo tad o am p liam en te las divergencias e n tre las d istin ta s escuelas p ara ju stific a r sus dudas sobre la p o ­ sib ilid a d de u n conocim iento cierto; ello in d u jo a r e ­ p re sen tan tes de esas escuelas —excepto el epicureism o, q u e siem pre se atu v o a la o rto d o x ia— a aproxim aciones recíprocas y a a cep tar doctrinas d e otras tendencias con el p ro p ó sito de q u ita r fuerza a aquel arg u m en to . E ste eclecticism o se veía facilitado p o r el hecho de q ue en el cam po de la ética —es decir, de la d iscip lin a q ue m ás in teresab a — las diversas escuelas p o d ía n reconocer q ue se h a lla b a n sobre u n terren o en g ran p a rte com ún. P o r o tra p a rte , las tendencias prácticas de los ro m an o s los llev ab an h acia el eclecticismo, y los m aestros griegos sin ­ tie ro n la necesidad de satisfacer tales exigencias p a ra in flu ir m e jo r en el esp íritu de sus nuevos discípulos. El estoicism o m edio, con Panecio y Posidonio, a d m itió e n ­ señanzas p lató n icas y p erip atéticas. L a A cadem ia, e n lá cu al A n tío co de Ascalón h a b ía com pletado la v u e lta al dogm atism o in iciad a p o r F iló n de L arisa, a d o p tó d o c tri­ nas p e rip a té tic as y sobre todo estoicas. T a m b ié n el neo- p itag o rism o p ro ced ió eclécticam ente. In clu so la escuela p e rip a té tic a , a u n q u e se d edicaba a investigaciones p a r­ ticulares y especialm ente al estudio de la re a lid a d n a tu ­ ral, contó e n esa época con algunos rep re se n ta n tes q u e concedieron p rim a c ía a la filosofía ético-práctica e im ­ p rim ie ro n u n carácter ecléctico a su enseñanza.

P e ro e n las esferas h u m a n a s m ás vastas la solución d el p ro b le m a de la v id a y del d estin o se buscaba en creencias religiosas d istin tas de las tradicionales, espe­ cialm en te en los cultos orientales, cuya d ifu sió n era cada d ía m ay o r en el m u n d o helenístico, y sobre todo en las religiones de m isterios, griegas y orientales, q u e satisfa­ cían las necesidades más urgentes de esos tiem pos. De c a rá c ter in te rn a c io n a l y dirigidas a' todos, sin distin ció n

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HISTORIA n i: LA f i l o s o f ía r o m a n a

de lin aje, n ac im ie n to o clase social, estas religiones de p u rific a c ió n y red en ció n re sp o n d ían con sus ritos ascé­ ticos a las tendencias de aquellos hom bres disgustados del m u n d o , o p rim id o s p o r el sen tim ien to de la culpa y el pecado y ansiosos de u n a existencia d istin ta y supe­ rio r. E n la fo rm a m ás com pleta (que se e n c u e n tra en d e te rm in a d a s religiones de m isterios y en algunas doc­ trin a s gnósticas p o ste rio re s), estas creencias a d m ite n q ue p o r en cim a de n u estro m u n d o su b lu n a r, d irig id o p o r la fo rtu n a , y de las esferas de los p lan etas, gobernadas p o r el d estino, se h a lla la región de la D iv in id a d su p re ­ m a, d o n d e se e n c u e n tra n el ser v erdadero y la lib e rtad ; y el a lm a h u m a n a , q u e es u n efluvio de las estrellas p o rq u e p ro v ien e de esa D iv in id ad , p o d rá, c u an d o esté se p arad a d el c u erp o y tras h a b e r atravesado las esferas p la n e ta ria s, u n irse con su p rin cip io . P a ra p rep a ra rse a este v iaje debe llevar u n a vida de re n u n ciam ien to s, de p u rificaciones, d e iniciaciones, q u e le p e rm itirá n lo g rar la ín tim a co m u n ió n con Dios. Estas religiones se fu n d a n e n verdades ocultas, concernientes en p rim e r térm in o a la D iv in id a d y en consecuencia al m u n d o y al hom bre, verdades q u e fu e ro n reveladas p o r u n D ios en tiem pos an tiq u ísim o s y q u e constituyen la base de los rito s pu- riíicad o res d e in iciació n : p a ra o b te n e r la re d en c ió n y la salvación ta n to h acen falta las verdades com o los ritos. P o r eso p u e d e decirse q u e tam b ién las religiones de m is­ terios p e rte n e c en al gnosticism o, si se lo en tien d e no en el se n tid o co rrien te, según el cual d ich a p a la b ra d e ­ signa u n g ru p o d e herejías surgidas en el seno del cris­ tian ism o p rim itiv o , sino en u n sentido m ás am plio. De este m odo, aq u ellas intuiciones de la co rrie n te órfico- p ita g ó ric a q u e P la tó n h a b ía e lab o rad o filosóficam ente y q u e A ristóteles h a b ía recogido en la teoría del in telecto activo q u e e n tra en el h o m b re de fu era y es in d e p e n ­ d ie n te del cuerpo, recobran ah o ra su carácter místico- religioso o rig in ario .

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INTRODUCCIÓN

ca d e l Im p e rio lo g rarían u n a d ifu sió n extensa en el m u n d o o ccidental, h acia el fin de la R e p ú b lic a tu v ie ro n u n efecto m u y fu e rte sobre P osidonio. P ero éste, al ig u al q u e su m aestro P anecio, re q u ie re m en ció n a p arte , pues am bos in flu y e ro n de m a n e ra p ro fu n d a sobre la filosofía ro m a n a , y P osidonio, p recu rso r del n eo p lato n ism o ; d e jó u n a h u e lla im b o rra b le en el p en sam ien to especulativo y religioso p o sterio r.

L a exposición del p en sam ien to de P anecio y Posi­ d o n io p re se n ta d ificu ltad es m u y serias, ya q u e sus obras h a n d esaparecido y es preciso re c o n stru ir sus d o ctrin as sirviéndose d e los rastros q u e h a n d e ja d o , según se su­ p one, e n los escritos de au to res posteriores. L as d ific u l­ tades a u m e n ta n en el caso d e P osidonio p o r h a b e r r e ­ to rn a d o éste a teorías del estoicism o a n tig u o q u e h a b ía n sido ab an d o n a d a s p o r Panecio, con lo cu al p u e d e susci­ tarse la d u d a de q u e ciertas teorías q u e se le a trib u y e n n o p ro v ie n e n de é l sino de otras fu en tes in term ed ias.

E n c u a n to a Panecio, p a re c e n aceptables los resu l­ tados de investigaciones recientes q ue, atrib u y é n d o le teb- ría s ex p u estas p o r C icerón e n el D e natura d eo ru m , le asignan u n a concepción d e lo real p le n a m e n te co n co r­ d a n te con la visión de la vida expuesta en el D e officiis. L a D iv in id ad , id e n tificad a con el cosmos, se m u estra com o u n a fuerza v ital y organizadora, racio n al (hay q u ie n dice n o p e n s a n te ), d e la cual p ro v ie n e n todos los seres in d iv id u a le s, cuyas diferencias n o son d e n atu ra le z a sino d e g rad o y q u e c u m p le n sus funciones p ro p ias d e m o d o ta l q u e a l conservarse a sí m ism os co n trib u y en a -la. conservación d e l u n iv erso . E stá establecido q u e P a n e ­ cio a b a n d o n ó m u c h a s d o ctrin as im p o rta n te s del estoicism o an tig u o : (la necesidad d el h a d o , la sim p a tía un iv ersal d e las cosas, la adivinaciónj la conflagración p e rió d ica d e l universo, la .in m o r ta lid a d de las a lm a s): aquellas q u e re su lta b a n in co m p atib les con. su riguroso in m áü én tism o n a tu ra lista . P u ed e considerarse seguro q u e d e él to m a ro n Q. M ucio Escéyola el A u g u r y V arró n la d is tin c ió n de

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ROMANA

las tres teologías: la teología m ític a de los poetas, q u e re p re se n ta a los dioses com o inferiores a los hom b res h o n rad o s; la teo lo g ía física o n a tu r a l —la única' v e rd a ­ d era, p e ro in a d e c u a d a p a ra el p u e b lo —; y la teología p o lític a , c o n stitu id a p o r el culto. A l id e n tific a r a la D iv in id a d com o u n a fuerza v ita l organizadora, Panecio n o p o d ía a d m itir deberes p a ra con los dioses. Los h o m ­ bres se d istin g u e n d e los anim ales p o rq u e poseen la razó n , m ie n tra s q u e e n éstos solo se d a n im pulsos irra ­ cionales; es d u d o so , sin em bargo, q u e Panecio a d m itie ra la ex iste n cia e n ellos y en las p la n ta s de algo sem ejante al Logos. Según u n tex to de C icerón, P an ecio h a b ría d is tin g u id o e n el alma' u n a p a rte ra c io n a l y o tra ir r a ­ cional, y se h a v in cu lad o con él o tro pasaje ciceroniano e n el q u e se h a b la d e la razón (ratio) y d el im pulso

(horrrié) q u e d eb e estar su b o rd in a d o a aq uélla. H a b i­

tu a lm e n te se cree q u e efectivam ente aceptaba, com o P la ­ tó n y A ristóteles, la existencia de u n a p a rte irracio n al d el alm a; sin em bargo, hay q u ie n considera q u e C icerón r e p ro d u jo sin e x a c titu d el p en sam ien to d e P anecio y q u e éste se h a b ría lim ita d o a a firm a r —c o n tra C risipo, p e ro de acu erd o con e l estoicism o m ás an tig u o —q u e existe u n a fu erza o activ id ad p síq u ica irra c io n a l d is tin ta d e la ra c io n a l, de su erte q ue n o c a b ría h a b la r de p la ­ tonism o. Según la o p in ió n p re d o m in a n te , P anecio h a b ría a b a n d o n a d o el id eal estoico del sabio id ea l y de las ac­ ciones rectas (k a to rth ó m a ta ) , o deberes perfectos (ka-

th é k o n ta télela) q u e cum ple n a tu ra lm e n te , gracias a la

ciencia q u e posee, y se h a b ría o cu p ad o en cam b io d e los deberes sim ples (o, m ejor, acciones convenientes, ka-

th ék o n ta ) d e los q u e p ro g resan en el cam ino d e la v ir­

tu d , m itig a n d o así el rigorism o de su escuela. O tro s sos­ tie n e n , p o r el c o n tra rio , q u e P anecio solo h a b ría p e n ­ sado q u e el sab io es u n ideal q u e se realiza m u y r a ra vez, y q u e se h a b ría a p a rta d o de sus predecesores exclu­ sivam ente p o r a co rd a r m ayor v alo r q u e ellos a las accio­ nes q u e el h o m b re bueno, a u n q u e no perfecto, lleva a

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INTRODUCCIÓN

cabo gracias a la razón n a tu r a l (no ed u ca d a c ien tífica­ m ente) , y q u e su escuela h a b ía d escuidado h a sta entonces.

E n tre los deberes m ás im p o rta n te s se c u e n ta n los relativos a la sociedad, q u e P anecio, d esarro llan d o u n a tesis form ulada' a n te rio rm e n te p o r C risipo, hace d e riv ar d e u n im p u lso de la n a tu ra le z a q u e h a creado a los h o m b res iguales y en g e n d ra a los un o s d e los otros. M ien tras el estoicism o p reced en te solo h a b ía conside­ ra d o el d e b e r de la justicia, Panecio a c e n tú a ta m b ié n el d e l a m o r o h a b la , m ás b ien , d e lo q u e C icerón lla m a rá después caritas h u m a n i generis. E l tex to q u e se refiere a esta cuestión d eriv a de A ntíoco, p e ro p ro b a b le m e n te tien e o rig en en P anecio, a u n q u e esto ú ltim o h a sido negado. Estas teorías reconocían com o fu n d a m e n to u n id e a l de la v id a q u e exigía el lib re y arm ó n ico d esarro llo d e las actividades espiritu ales (cond icio n ad o p o r el p re ­ d o m in io d e la razó n sobre los im pulsos a n im a le s ), con­ fo rm e al m odelo del h o m b re e n g en eral y, adem ás, acorde con las ap titu d e s p ro p ias de cada in d iv id u o ; de ese m odo la v id a d eb ía a su m ir el aspecto u n ita r ia de u n a o b ra de a rte y el b ien se id e n tific a b a con lo bello. L o m o ralm en te bello (halón) se expresaba ex te rio rm e n te com o p ré p o n (lo conveniente, lo a d e c u a d o ), m an ifes­ tació n p a ra los dem ás d e u n a e stru c tu ra e sp iritu a l u n i­ ta ria co rresp o n d ien te a los m odelos indicados. P anecio ap licab a así a la v id a m oral ese concepto de lo p ré p o n q u e sin d u d a desem peñaba u n p a p e l c e n tra l e n su estética (especialm ente com o co rresp o n d en cia d e los atractivos personales y las p a lab ra s con los caracteres) y q u e cons­ titu ía la c o n tin u a c ió n de u n vasto m o v im ien to de p e n ­ sam ien to de teóricos y críticos q u e se re m o n ta b a h a sta e l siglo v a. C. H ab larem o s con m ay o r a m p litu d del id ea l de la v id a su sten tad o p o r P an ecio al re fe rim o s al concepto ciceroniano d e h u m a n ita s, q u e deriva d e aquél. P o r a h o ra b aste observar q u e al n e g a r la in m o rta lid a d del alm a, P an ecio p rescin d ía d e c u a lq u ie r sanción u l­ tra te rren a de la conducta, q u e d a n d o ésta fu n d a d a sobre

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las exigencias d el v a lo r p ro p io d e l h o m b re e n c u a n to ser ra c io n a l. M erced a su c o n c e p d ó n o rg an icista d e la re a ­ lid ad , el estoicism o d e R odas p o d ía conciliar egoísm o y a ltru ism o , in d iv id u a lism o y universalism o, en u n a vi­ sió n de la v id a en la q u e la u n id a d esencial d e la n a tu ­ raleza h u m a n a y la c o m u n ió n de intereses re ú n e n a los in d iv id u o s —en g en d rad o s los u n o s p o r los otros— e n u n a sociedad d o n d e cad a cual, m ie n tras desem peña su f u n ­ ción, c o n trib u y e a la a rm o n ía d e l c o n ju n to y, de este m odo, tra ta n d o d e lo g ra r el provecho p ro p io realiza el d e todos. D e lo cu al se d esp ren d e q u e n a d ie deb e p ro ­ curarse v e n ta ja s con p e rju ic io p a ra los dem ás, pues, p o r la razó n ex p u esta, lo v erd ad e ram en te ú til coincide con lo d ig n o d é e stim a desde e l p u n to de vista ético. D e esta m a n e ra , P an ecio p o d ía explicar el o rig en del E stado (e n te n d id o com o u n a asociación de ho m b res gobernados p o r la ley p a ra la consecución d el provecho d e c a d a u n o ) co n el m o tiv o u tilita ris ta d e q u e el d erech o tien e la fu n ­ ción de g a ra n tiz a r la p ro p ie d a d p riv ad a, p o n ie n d o sin em b arg o com o su ú ltim o fu n d a m e n to u n im p u lso n a ­ tu ra l h a c ia la co m u n ió n social P ero el estado id e a l de P an ecio es u n iv ersal, com o p a ra sus predecesores, pues .él, e n efecto, d e la ig u a ld a d de todos los h o m b res h ace d e riv a r el cosm opolitism o, ¡ a u n q u e ju stifica el im p e ria ­ lism o ro m a n o p o r los beneficios q u e p ro d u c e a los p u e ­ blos sojuzgados.

P an ecio h a b ía basado sus d o c trin a s e n am plias in ­ vestigaciones em p íricas co ncernientes ta n to a l m u n d o n a ­ tu ra l com o a l h u m a n o ; esas indagaciones fu e ro n in m e n ­ sam ente d esarro llad as p o r su d iscíp u lo P osidonio (com­ p a ra d o a A ristóteles en ciertos asp e cto s), q u ie n fu n d ó sobre ellas u n sistem a p a n te ísta q u e, a l'p a r e c e r, re u n ía adoctrinas filosóficas, y creencias religiosas tom adas de las m ás v ariad as fuentes, orientales y griegas, y y u x ta p o ­ n ía el racio n a lism o con u n m isticism o de tendencias o c u ltistas y supersticiosas, la especulación con la inves­ tig ació n e m p írica. P osidonio v u elv e; e n g en eral al estoi­

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cismo a n tig u o y a d o p ta n u e v am en te todas las teorías rechazadas p o r su m aestro, d e q u ie n conserva sin em ­ b arg o la d istin ció n e n tre u n a creencia filosófica y u n a creencia p o p u la r y la tesis de q u e el alm a co m p ren d e u n a p a rte irra c io n a l, adem ás de la racio n al. E n su sis­ tem a, e n el cu al se h a lla n e n tre tejid o s con el m onism o de o rig en estoico m otivos d u a listas pro v en ien tes de P la ­ tó n (y p o r ende del m isticism o órfico p itagórico) y de A ristóteles, el universo es u n a estru c tu ra ; u n ita ria , en cu a n to m a n ifestació n d e u n ú n ico p rin c ip io d iv in o , des­ cendiéndose g ra d u a lm e n te d e la D iv in id a d : (lo superor- gánico) a lo orgánico y lo ino rg án ico . L a D iv in id a d su p re m a es u n fuego o p n e u m a q u e incluye en sí u n a fuerza racio n al: es el d a im o n o el logos universal, del q u e p a rtic ip a n cada u n o de los dioses y las alm as h u ­ m anas. A l m ism o tiem po, esa fuerza es p rin c ip io d e v id a y d e organización p a ra las cosas p e n e tra d a s d e ella, a las q u e enlaza con u n v ín cu lo de sim p a tía u n iv ersal; su m a n a n tia l es el Sol, del cual procede to d a v id a y to d a a lm a racional.

Ya a q u í se revela u n a c o n trap o sic ió n d u a lista de la fu erza ra c io n a l de la q ue p a rtic ip a n los dioses y los hom bres, re u n id o s así e n u n E stado o sociedad única* fre n te a las cosas q u e de ella d e riv a n y sobre las cuales ella, com o p n e u m a , o b ra e n m e d id a decreciente. Este d u alism o se a c e n tú a e n la re p resen tació n d e u n u n iv erso en el cual, com o e n el de A ristóteles, se d istin g u e n él m u n d o celeste su p ra lu n a r, ete rn o e im perecedero, y el m u n d o terrestre su b lu n a r, m o rta l y c o rru p tib le .

U n n ex o e n tre ellos lo constituye el h o m b re , q u e p o r el c u e rp o y la p a r te irra c io n a l de su alm a p erten ece al segundo, m ie n tra s p o r su p a rte d a im ó n ica y ra c io n a l p erten ec e a l p rim ero . Gom o P la tó n y A ristóteles, Posi­ d o n io d istin g u e en el alm a u n a p a rte (o, m ejo r, u n a fuerza, u n a actividad) ra c io n a l y o tra irra c io n a l, su b d i­ v idi da, al ig u a l q u e e n P la tó n , e n u n a p a rte im p u lsiv a (q u e tie n d e a l do m in io ) y o tra d esiderativa (q u e tien d e

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al placer) ; de éstas, si n o obedecen a la razón, p ro v ie n e n las pasiones (p á th é) . T a le s actividades irracio n ales es­ tá n d e te rm in a d a s p o r las condiciones del cu erp o y, a la p a r de la activ id ad racio n al, co nstituyen diversos p o ­ deres de u n m ism o ser (A ristó te les). A p lican d o al m u n ­ do el p rin c ip io de los cam bios graduales, ad m ite la teo­ ría p la tó n ic a de los dáim ones in term ed iario s, y e n tre la D iv in id a d su p rem a y el h o m b re coloca esp íritu s supe­ riores a éste, los d áim o n es y los héroes, y con lo cu al abre paso a la d em onización de la religión. N o se sabe b ie n d e q u é m o d o e n te n d ía P osidonio la supervivencia del alm a racio n al, p e ro p ro b a b le m e n te n o a d m itía u n a in ­ m o rta lid a d ilim ita d a , sino —com o o curre en g en eral en el estoicism o— u n a v id a q u e se p ro lo n g a h a sta la con­ flag ració n del cosmos, q u e h a b r á d e reso rb erla en el

logos un iv ersal. A h o ra bien, si P o sid o n io p ien sa q u e

esta v id a co n stitu y e u n a p re p a ra ció n a la v id a celeste, su p e rio r y m ás feliz, n o p ro p u g n a sin em bargo u n a doc­ trin a ascética, p u es considera q u e la p rim e ra d e b e con­ d u c ir a la segunda. L as alm as racionales h u m a n a s proce­ d entes d e la esfera celeste, a p esar d e ser m ateriales com o lo q u ie re el estoicism o, son in c o m p arab lem en te supe­ riores a los cuerpos q u e las inclu y en y re p re se n ta n u n obstáculo p a ra el d esarro llo d e sus actividades cognos­ citivas. E l h o m b re debe p ro p o n erse com o fin en la T ie r r a la b u e n a c o n d ició n de su d a im o n (e n d em o n ia ) —q u e d ep e n d e del d o m in io sobre la activ id ad irra c io n a l e i n ­ cluye el co n o cim ie n to de la v erd a d y del o rd e n del u n iv erso — y su ap licació n p ráctica, en la q u e consiste la m o ra lid a d , d esd o b lad a en el am o r a sí m ism o, com o v erd ad ero yo o logos, y el am o r a los dem ás, iguales a él e n su esencia ra cio n a l. Este am o r (q u e lig a a los dioses con los ho m b res, p o rq u e todos son com o m iem b ro s de u n solo organism o) im plica' sobre todo la p a rtic ip a ­ ción en la v id a social. El sabio (que lo es en cu a n to posee u n sab er ético-político-social, am én de teórico) deb e g o b e rn a r p o r el b ie n de los otros con su o b ra de

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INTRODUCCIÓN

edu cad o r, pues el logos d iv in o se co m u n ica a través de su m en te. T a m b ié n en P osidonio, com o en los estoicos en g en eral, el E stado ideal es cosmopolita'.

E m p ero , de esta visión de la v id a h a b ría d e d e ri­ varse, sobre todo p o r el a p rem io d e las exigencias re li­ giosas cada vez m ás fuertes, la desvalorización co m p leta d e la' v id a terre n a y la asp iració n a q u e el alm a se li­ berase del cu erp o p a ra re to rn a r al cielo y llev ar a llí u n a v id a feliz e n la visión del universo. P o r lo dem ás, esta concepción estaba im p licad a p o r to d a la construcción de Posidonio, a u n q u e él m ism o n o la desarrolló. E ste eclec­ ticism o q u e y u x ta p o n e m onism o y dualism o sin fu n d ir ­ los (del segundo, p o r o tra p a rte , ya h a b ía gérm enes e n el estoicism o an tig u o , con su d istin ció n de u n p rin c ip io activo, D ios o la fuerza, y u n o pasivo, la m a te ria —a u n ­ q u e los re d u je ra a la u n id a d —, llev án d o lo adem ás su ética a posiciones dualistas) d eb ía a b rir el cam in o a in tu icio n es m ísticas y prácticas ascéticas, y de este m odo estab a d estin a d o a in flu ir en form a m u y vasta' y p ro fu n d a sobre el p en sam ien to y la e sp iritu a lid a d posteriores h a sta el fin a l d e l m u n d o an tiguo. E n P osidonio ya h a lla n su p u n to de p a rtid a el n eopitagorism o y el cu lto solar, am ­ p lia m e n te d ifu n d id o en el Im p e rio ro m a n o e n el siglo m d. C.; p e ro n o existe razó n p a ra com enzar con él el n eo p lato n ism o , q u e estrictam en te solo se in icia e n la época de P lo tin o .

Las relaciones con R o m a tu v iero n in flu e n c ia en especial sobre el estoicism o m edio. Los fu n d ad o res de la escuela, a u n q u e co n sid erab an q ue el sabio debe p a r­ tic ip a r de la v id a político-social en el E stado u n iv ersal ideal, lo h a b ía n alejad o de los E stados p a rticu lares exis­ tentes. P o r el co n trario , P anecio y P osidonio a firm a ro n q u e el h o m b re tiene en general la' obligación d e consa­ g ra r sus energías al b ie n de la sociedad, incluso en los o rd en a m ien to s estatales concretos; com o se h a reco rd ad o , P anecio e x a ltó al E stado ro m a n o p o r encim a d e todos los dem ás. El estoicism o asum ió así u n carácter activista

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q u e se c o n tra p o n ía al q u ietism o de sus fu n d ad o res,, los cu ales re c lu ía n la< actividad: racio n al; e n - e l -espíritu: del h o m b re ; p o r o tr a p a rte , la a te n u ació n del rig o r original d e la ép o ca estoica, p o r d o n d e el estoicism o se ib a a p ro ­ x im a n d o a las d o c trin a s académ ico-peripatéticas, d e p e n ­ d ía e n g ra n m e d id a del conocim iento d ire cto d e la vida concreta.

L a filosofía q u e se constituyó e n R o m a h ac ia el fi­ n a l d e la; R e p ú b lic a se h alló frente a los m ovim ientos in te lec tu ales a q u e nos hem os referido; Su, a c titu d fue ecléctica, p e ro este eclecticism o, d eriv ad o de las condic ciones d e la época, en p a rte h a b ía sid o sugerido en G re­ cia p o r las tendencias m ism as d e la ro m a n id a d . A La filosofía se le asig n aro n fin alid ad es de carácter p rin c i­ p a lm e n te p ráctico , p o rq u e se acu d ió a e lla p a ra resolver el p ro b le m a de la v id a; pero ta m b ié n en esto, sin d e ja r de a d a p ta rse a l m o v im ien to g e n era l p ro p io del tiem po, se p ro c u ró satisfacer exigencias m ás p articu lares, y p o r ello se re strin g ió la esfera de las investigaciones c ie n tí­ ficas, a las cuales P anecio, y sobre to d o P osidonio, h a b ía n d a d o Un am p lio desarrollo. A dem ás, las actividades p rác­ ticas d e b ía n estar al· servicio^de f nes político-sociales, p o rq u e el E stad o ro m an o , q u e e n su e x p in sió n ib a asu­ m ie n d o el carácter de p o te n c ia m u n d ia l, con stitu y ó siem ­ p re (excepto p ara' Lucrecio* q u ie n sin em bargo n u n c a d e jó de te n e r en c u en ta la su erte d e sus conciudadanos), el c e n tro d e los intereses, com o lo habías sido la polis en la. G recia clásica. Pues, en efecto, incluso q u ien es res- p o n d ía n a ten d en cias reacias a la p artic ip a c ió n e n la v id a p o lític a y social, com o e l epicureism o, sin tie ro n e l d e b e r d e servir al E stado. P o r o tra p a rte , si el epicureis­ m o fue al p rin c ip io la co rrien te m ás d ifu n d id a , luegq prev aleció e l estoicism o, q u e se avenía m e jo r q u e las o tra s escuelas a las exigencias d e H c n d e n c ia ro m a n a , p o r la severidad d e sus n o rm as, p o r el v ilo r q u e d ab a a l a v o lu n ta d ra c io n a l consciente <le si fre n te a las te n ­ dencias inferiores. In clu so en la época im p eria l, cu a n d o

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el estoicism o volvió a re c lu ir al h o m b re d e n tro d e; sí m ism o, siguió o b ra n d o como in flu en cia d o m in a n te en las conciencias superiores, p o r motivos· q u e señalarem os.

, D e la ética de Panecio (c o n tin u a d o ra de u n m ovi­ m ie n to de p en sam ien to q ue se re m o n ta b a a la sofística y al cinism o, y q u e posteriorm ente, h a b ía sido d esa rro ­ llad o p o r e í estoicism o antiguo) e x tra jo en b u e n a m e d id a C iceró n a q u el concepto de h u m a n ita s q u e ex presaba el id eal de la aristocracia ro m an a. A lo cual vin o a agre­ garse después el· cosm opolitism o p ro p u g n a d o p o r el p e n ­ sam ien to filosófico helenístico, q ue h a lla b a en R o m a —cen tro ya' de u n E stado m u n d ia l— las m ás favorables condiciones p a ra su desarrollo y q u e h a b ría de in flu ir sobre la ciencia del derecho. E n la época re p u b lic a n a , e l estoicism o, p o r in term ed io de Panecio, com enzó a o b ra r con fuerza sobre los ju rista s rom anos, y ta n to es así q u e a' u n discípulo de aquél, el p o n tífice m áx im o O. M u d o Esçévola, se lo p u d o llam ar el fu n d a d o r de la ju ris p ru d e n c ia científica de R o m a; y esta in flu en c ia se ex te n d ió y se hizo m ás p ro fu n d a e n la época im p e­ ria l. P o r u n a p a rte , y en v irtu d d el d esarro llo q u e d io a las investigaciones dialécticas, a p o rta b a u n in s tru ­ m en to precioso p a ra la elab o ració n sistem ática d é los conceptos ju ríd ico s con los p ro ced im ien to s de d efin ició n y división; p o r otra, b rin d a b a u n a base d e p rin cip io s éticos fu n d am en tales, m e d ia n te las teorías d el d erecho n a tu ra l y la ig u a ld ad ele. todos los hom bres. Las doc­ trin a s filosóficas griegas resp o n d ían ta m b ié n a otras exi- gencíás d e la conciencia ro m an a, en c u a n to le p e rm itía n s u s titu ir con aquéllas la relig ió n trad ic io n al, o p u rific a r las a n tig u as creencias de los elem entos inferiores q u e c o n te n ía n y ju stific a r sus conceptos centrales, o volverse h a c ia las in tu icio n es m ísticas de Posidonio y el neopi- tagorism o, q u e p re d sa m e n te tiene en R o m a, con N ig id io Figulo, la p rim e ra p erso n alid ad h istó rica segura q ue podem os e n c o n trar. E n la época im p erial, d e b id o al

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ROMANA

cam bio d e las condiciones de la vida, la filosofía atrae a los e sp íritu s con fuerza cada vez m ayor.

E n gen eral, la filosofía c o n tin u ó siendo ecléctica en los p rim ero s siglos, a u n q u e en las diversas escuelas se observa la ten d e n c ia a re to rn a r a la enseñanza a u té n tic a de los fu n d a d o re s, lo cual d e te rm in a, especialm ente en el seno del aristotelism o, u n in ten so tra b a jo histórico- e ru d ito sobre la vida' y la o b ra de los filósofos d el p a ­ sado, a q u ien es se hace o b je to d e in te rp re ta cio n e s y co­ m en tario s. Sin em bargo, esta o rto d o x ia n o consiguió e lim in a r el eclecticism o, al cual se su je ta n a m e n u d o incluso los m ás enérgicos rep rese n tan tes de ca d a co rrien ­ te, y así se observa cóm o el n uevo estoicism o, el cinism o, la escuela' p e rip a té tic a , el n eopitagorism o, el p lato n ism o m edio, el ju d a ism o a le ja n d rin o y la lite ra tu ra h erm é tica y u x ta p o n e n teorías de distintos orígenes. (U n a excepción la co n stitu y en el epicui-eísmo y el neoescepticism o.) P r in ­ c ip alm en te in teresa señ alar q u e e n los prim ero s siglos del im p e rio las d istin tas escuelas filosóficas (salvo la p e rip a té tic a , en la q u e siguen prev alecien d o los intereses teóricos) se p re o c u p a n an te to d o p o r d a r solución al p ro b le m a d e la v id a, re sp o n d ie n d o así a las exigencias cada vez m ás im periosas de los hom b res y e n especial de los m iem b ro s de las clases superiores. E n efecto, con la r u in a de la re p ú b lic a , la p a rtic ip a c ió n e n la v id a p o lític a q u e co n sen tía el p rin c ip a d o ya n o te n ía el m is­ m o v a lo r q u e en el pasado, a u n q u e c o n tin u a b a siendo u n d e b e r p a ra el c iu d ad an o y p o r esa razó n el estoicism o h a b ía v u e lto en ge n era l a las posiciones de sus fu n d a ­ dores. E l cosm opolitism o se acentúa, el ideal d e R o m a lan g u id ece g ra d u a lm e n te . Éstos fu ero n los m otivos p o r los cuales los esp íritu s to rn a n d e n u ev o h a c ia la filoso­ fía, en especial la estoica, q u e enseñaba m e jo r q u e las otras cóm o se debe v iv ir y cóm o se deb e m o rir, a h o m ­ bres q ue, tras el b rev e lapso d e paz y tra n q u ilid a d del tiem p o d e A u g u sto , llevan u n a v id a d e c o n tin u a incer- tid u m b re y ex p u esta cada d ía a nuevos peligros. L a cru el­

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d a d d em encial d e algunos em peradores, las guerras civiles q u e d esg arra n n u e v am e n te el E stado y lo corroen p o r d e n tro , m ien tras del e x terio r se ve am enazado p o r la p re sió n creciente de las poblaciones b á rb a ra s sobre las fro n teras, su p rim e n todo sen tim ien to de seguridad, p o r lo cual los h o m b res e x p e rim e n ta n cada vez con m ay o r u rg e n c ia la necesidad de u n a dirección, de u n a g u ía q u e los re co n fo rte y les d é firm eza fre n te a los peligros de la vida, y p a ra lo g rarlo se vuelven h acia la filosofía.

Ésta (incluso d e n tro del cinism o, fam oso p o r su d u ­ reza in tran sig en te) se tiñ e de b e n ig n id a d e in d u lg e n c ia y re co m ien d a in ten sam en te la p ie d a d y la b o n d a d . L a escuela estoica, sobre todo, a te n ú a su p ro p ia severidad, p o n e com o c e n tro d e su p réd ica la enseñanza del a m o r u n iv ersal y to m a a su cargo la defensa de los m ás d é ­ biles y los m ás desdichados, los esclavos, los gladiadores. E sta enseñanza influye luego en el d esarrollo de la cien­ cia ju ríd ic a , q u e p ro c u ra cada vez m ás p ro te g er a los esclavos d el a rb itrio de sus am os y establece los p rin c i­ pios del derecho n a tu ra l y su consecuencia, la ig u a ld a d h u m a n a . E n los m ayores rep rese n tan tes d el estoicism o (Séneca, E p icteto , M arco A u re lio ), esta préd ica h u m a ­ n ita ria y u n iv ersalista asum e u n ca rácter religioso, con la afirm ació n de q u e el h o m b re es afín a la d iv in id a d , e ig u al aspecto p re se n ta to d a su filosofía, qu e p ro c u ra satisfacer la necesidad q ue e x p e rim e n ta n las alm as de e n tr a r en relació n directa con Dios. P ero tam b ién en las otras escuelas se siente esta exigencia: la a d v ierte n incluso algunos seguidores del cinism o y d e la c o rrie n te p e rip a té tic a , a pesar de q u e el p rim e ro p o r lo co m ú n es h o stil a la re lig ió n y la segunda g en eralm en te m ues­ tra poca in c lin a c ió n hacía ella. Y a u n q u e el epicureism o y el escepticism o siguen desinteresándose p o r estas cues­ tiones, la exigencia religiosa a d q u ie re p re p o n d e ra n cia en el n eopitagorism o, en el p lato n ism o m edio y, sobre todo, en el ju d aism o a le ja n d rin o y en la lite ra tu ra h e r­ m ética, y h asta p u e d e decirse q ue ella constituye, al irse

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ROMANA

a c e n tu a n d o prog resiv am en te, la n o ta d o m in a n te e n el p e n sa m ie n to d e estos siglos, q u e presen ta p o r ello u n ca rá c ter u n ifo rm e ta n to en los filósofos griegos com o en los rom an o s. :

E n R o m a —d o n d e ciertos cultos orientales h a b ía n co m en zad o a p e n e tra r ya en el siglo n i a. C,—, las re li­ giones d e los m isterios ta n solo lo g raro n a d q u irir g ran d ifu sió n en la época im p e rial; y es b ie n sabido q ue, p o r u n m o m en to , el m itra ísm o p areció d estin ad o a conver­ tirse en la re lig ió n oficial d e l E stado. L as exigencias y las in tu ic io n e s religiosas q u e h a lla b a n ex p re sió n en, estos m o v im ien to s (q u e con a n te rio rid a d solam ente; h a b ía n ap arecid o e n alg u n o s círculos restrin g id o s y e n d e te r­ m in ad o s pensadores) se e x te n d ie ro n ta m b ié n a las cla­ ses superiores, p re v alecien d o sobre el p e n sam ien to filo ­ sófico, y se-c o n v irtie ro n en el m otivo d o m in a n te de casi to d o tip o d e especulación. A dem ás, solo en to n ces se im- pu so la convicción d e q u e la p o s ib ilid a d de la lib era ció n y la p u rific a c ió n del alm a se fu n d a e n el conocim iehto d e v erdades su p erio res concernientes a la d iv in id á d , r a ­ zón p o r la cu al la filosofía, q u e en la época p reced en te te n ía p o r cim a la m o ra l, asum ió u n carácter· religioso y se c o n v irtió e n m aestra de salvación. E n esta época, en efecto, los filósofos sien ten con ta n ta m a y o r fuerza tales exigencias y aspiraciones cu a n to m e n o r v a sien d o la con­ fian za (q u e haJbía a n im a d o a los pensadores de las g ra n ­ des escuelas helénicas) e n resolver con las p ro p ias fu e r­ zas e l p ro b le m a d e l a vida. P o r eso se d ifu n d e n especu­ laciones teológicas de c a rá c ter gnóstico q u e re c u rre n a la rev elació n , com o el ju d a ism o a le ja n d rin o y el h e r­ m etism o. E n estas dos tendencias, e m in e n te m e n te teo ló ­ gicas, e n las cuales se y u x ta p o n e n d e m odo ecléctico ele­ m e n to s o rien tales y griegos (del neopitagorism o, d e l p la ­ to n ism o m edio, d e l e sto icism o ), se m an ifiesta la te n d e n ­ cia a b u sc ar ; u n a revelación d iv in a com o g u ía p a r a la salvación. E iló n re c u rre a la B ib lia, in te rp re ta d a' alegó­ ric a m e n te , y la lite r a tu ra h erm é tic a acude a las

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ense-INTRODUCCIÓN

fianzas de H erm es. E n tre la d iv in id a d suprem a y el m u n d o , fo rm a d o c u an d o D ios puso o rd e n en la m ateria, existe u n abism o, colm ado sin em bargo p o r u n a c a n tid a d de seres interm edios. P ara o b te n e r la lib eració n y volver a re u n irse con Dios, el alm a debe a p a rtarse del m u n d o y co n seg u ir m e d ia n te la v id a ascética la ilu m in a c ió n su ­ p re m a del éxtasis (F ilón) , q u e e n el h erm etism o se con­ v ierte luego e n la gnósis ( = conocim ientó de D io s ).

A u n en las corrientes filosóficas q u e carecen de f u n ­ d a m e n to religioso se ex p e rim e n ta la m ism a prem iosa necesidad d e u n a revelación. Y así re c u rre n a elía, e n cierto sen tid o , las filosofías q u e ap e la n a la sa b id u ría secreta d e sus fu n d ad o res, q u e v iv iero n en u n a época rem o ta, e n v u e lta en el m a n to de las tinieblas: el n e o - . p itag o rism o , q u e sigue u n a senda fre c u e n ta d a ya h acia el fin d e la época helenística, y el p lato n ism o m edió. E l p rim e ro , m ie n tra s a c en tú a las contraposiciones e n tre el alm a y el cuerpo y e n tre D ios y el m u n d o , así com o la te o ría de los dáim ones (dem onios) in term ed io s é n ­ tre éstos, y p o n e d e re liev e cada vez m ás in tu icio n es re ­ ligiosas, m ísticas, supersticiosas y prácticas ascéticas, tie n ­ d e cada vez m ás a s e ñ a la r como fin a lid a d d é la b ú sq u e d a religioso-filosófica la p u rifica ció n y la lib eració n del alm a m e d ia n te iel ascetism o. Έ1 p la to n ism o m ed io m u e stra as­ pectos m u y diversos: p o r u n la d o re ú n e eclécticam ente teorías p lató n icas con d o ctrin as aristotélicas y, sobre to ­ do, con ¡doctrinas neopitagóricas; p o r o tro , e x p e rim e n ta la exigencia de la o rto d o x ia y p o r ello se consagra a -investigaciones históricas y e ru d itas relativas a la in te r ­ p re ta c ió n de los escritos platónicos. E n general· es d u a ­ lista, p e ro p re se n ta tam b ién expresiones m onistas. Ho más' característico cíe ésta escuela, q u e a cep ta d e l neo- pitag o rism o la ¡antítesis D ios-m undo y ¡ el concepto d e los dáim ones m ediadores, es la fu e rte ¡im pronta religiosa. R e to m a n d o a P la tó n , ¡afirma q u e la filo so fía 'n o s enseña a alcanzar el fin -d e volvernos, en cu an to ello es ‘posible, sem ejantes a Dios, conserva la antítesis e n tre alm a y

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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA ROMANA

cu erp o , acep ta com o el p itag o rism o la fe en la revela­ c ió n y el m isticism o y aspira ta m b ié n a la salvación del a lm a m e d ia n te su lib eració n del cuerpo. Se tien e aq u í, e n cierto sen tid o , u n a fo rm a de gnosticism o, e n c u a n to el logro de la salvación está su p e d ita d o al co nocim iento d e verdades su p rem as y, en ú ltim o térm in o , al conoci­ m ie n to de D ios, a u n q u e n o se lo declare inaccesible al p e n sa m ie n to h u m a n o .

T o d a s estas teorías, d o m in ad as en fo rm a ab so lu ta o p a rc ia l p o r exigencias religiosas y m ísticas, p re se n ta n u n esquem a ú n ic o : la c o n trap o sició n d e D ios y el m u n -, d o y la in serció n de in term ed iario s e n tre esos térm in o s opuestos. E n e l n eo p itag o rism o y el n eo p lato n ism o , es­ p ecialm en te, ese esquem a está p resen ta d o de m o d o tal q u e ab re el cam in o , ju n to con las in tu icio n es m onistas d el estoicism o, al neo p lato n ism o , in ic iad o p o r A m onio Sacas y o rganizado p o r P lo tin o . E sta ú ltim a g ra n cons­ tru cció n del m u n d o an tig u o , d e carácter sincrético a n ­ tes q u e sintético, q u e a los factores ya indicados a ñ ad ía teorías específicam ente p lató n icas y aristotélicas, q u e ría r e u n ir en u n to d o solam ente lo q u e ofrecían de estim a­ b le las trad icio n es religiosas y filosóficas del p asado y fu n d a r u n a d o c trin a de salvación sobre la base d e es­ p ecu lacio n es esencialm ente teológicas. P a ra P lo tin o , e l. U n o o el B ien, in efab le e incognoscible porque~~es' su­ p e rio r a l ser y a l pen sam ien to , es el p rim e r p rin c ip io d el c u a l flu y en g ra d u a lm e n te todas las cosas, a las cua­ les, sin em bargo, es in h e re n te . D e él p ro v ien e necesa­ ria m e n te , e n p rim e r térm in o , el In te le c to (el no u s) , a la vez u n o y m ú ltip le , e n c u a n to constituye el m u n d o in te lig ib le de las ideas o d e las form as in teligibles, q u e es ta m b ié n u n m u n d o d e inteligencias, de realid ad es pen san tes inclusas en el In te lec to to tal. Éste g enera, ta m ­ b ié n necesariam en te, el A lm a U niversal, q u e es u n es­ la b ó n in te rm e d io e n tre el m u n d o in te lig ib le indiviso y el m u n d o sensible, e n el q u e re in a la división. E l A lm a U n iv ersal co m p ren d e las in d iv id u ales, las cuales, a u n

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INTRODUCCIÓN

siendo d istintas, fo rm an u n a sola re a lid a d , q u e se divide respecto d e los cuerpos a los q u e se u ne. E l A lm a es el ú ltim o té rm in o de la serie d e las realid ad es divinas y eternas. P o r d eb ajo de ellas se e n c u e n tra el m u n d o sen­ sible de los cuerpos, q u e es la esfera d el d ev en ir p e ­ re n n e , de la m u ltip lic id a d d iv id id a, d e las luchas y los contrastes, y se caracteriza n o p o r la e te rn id a d sino p o r el tiem po. E l p rin c ip io de la génesis es la m a te ria , ex en ­

ta de fo rm a; es el p rin c ip io de la p riv ació n y p o r ello co n stitu y e el v erd ad ero no ser y el m a l p rim ero y o ri­ g in a rio (en c u a n to p riv ació n del B ie n ) . C o n todo, debe e x istir necesariam ente, p o rq u e la escala d e perfecciones decrecientes, q u e p a rte del U n o , d e b e co n d u cir a u n té rm in o , e n el cu al el b ie n se tran sfo rm a en m al. E l A lm a d e b ía p ro d u c ir el cu erp o p o rq u e es la sede de su des­ en v o lv im ien to ; p o r eso irra d ió com o u n a g ra n lla m a e n cuyo ex trem o apareció u n a som bra, la m a teria; a q u é lla la d o tó de fo rm a y así surgió el m u n d o sensible, m o d e­ la d o sobre el in telig ib le. Si el alm a q u e h a caído e n el cu e rp o q u ie re liberarse de las m anchas y dolores del m u n d o sensible y conseguir así su salvación, debe reco­ r r e r en se n tid o inverso el cam in o del descenso desde el p rim e r p rin c ip io , ree n c o n trán d o lo e n sí m ism a, y to r­ n arse u n a con él, tras h aberse p u rific a d o m e d ia n te la ascesis. E sto se logra si, después d e h a b e r ejercitad o las

virtu d es prácticas y desarrollado la a ctiv id ad cognosci­

tiva, p rim e ro com o p en sam ien to discursivo y luego como p e n sam ien to in tu itiv o , o b tien e el g rado sup rem o d e co­ n o cim ien to : el éxtasis. M ien tras el alm a sigue u n id a al c u e rp o solo d u ra n te instantes p u ed e alcanzar estas con­ diciones, p ero c u an d o se haya lib e ra d o de él p o d rá go­ zarlas in in te rru m p id a m e n te . E n el sistem a p lo tin ia n o las re a lid ad e s suprasensibles constituyen los dioses in te lig i­ bles, en ta n to q u e los visibles son los cuerpos celestes: las d iv in id ad es tradicionales se re d u cen a los u n o s o a los otros. P o r d e b a jo de la L u n a están los ddim ones. A sí p u e d e conservar P lo tin o el p a n te ó n de la re lig ió n a n ti­

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HISTORIA DE LA FILOSOFIA ROMANA

g u a , m ie n tra s lo g ra ju stific a r los m itos m e d ia n te la i n ­ te rp re ta c ió n esp ecu lativ a y consigue le g itim a r los cultos y la creencia; e n la m ag ia con argu m en to s filosóficos.

E l n e o p la to n ism o (que en re a lid a d es u n a d o c trin a gnóstica, e n el s e n tid o am plio de la p alab ra) fu e d u ra n te siglos, p u ed e decirse, la filosofía del m u n d o p ag an o , q u e e n c o n tró e n él su defensa co n tra la p resió n cada vez m ay o r d e l cristianism o.

T o d o s los sistem as profesados en la época im perial (excepción h e c h a d e l ju d aism o a le ja n d rin o y el h erm e­ tism o) c o n ta ro n con rep resen tan tes en el m u n d o ro m a­ no , algunos d e los cuales fu ero n , inclusive, p erso n a lid a ­ des m u y n o tab les. A l neoestoicism o p erte n eciero n Séneca, M u so n io R u fo y M arco A u relio ; baste m en c io n a r luego los n o m b re s d e A g rip a p a ra el neoescepticism o, d e A p u ­ leyo p a ra el p la to n ism o m edio y de J u lia n o p a ra el neo­ p la to n ism o . Boecio, a caballo e n tre la época a n tig u a y la m edieval, o c u p a u n lu g a r ap arte.

E n re su m en , podem os observar q u e e n la época de la re p ú b lic a el p en sam ien to ro m a n o acogió enseñanzas d e la filo so fía h e len ística p o rq u e le ofrecían do ctrin as acordes con sus p ro p ias tendencias; p o r lo dem ás, asu­ m ie ro n u n carácter específicam ente ro m an o , al ac e n tu a r las fin a lid a d e s político-sociales del h o m b re. B ajo el im ­ p erio , la especulación griega y la ro m a n a se m o v iero n e n u n a m ism a co rrien te p o rq u e am bas estab an d o m in a ­ das p o r las exigencias q u e p o r ese entonces se im p o n ía n a todas las conciencias. El estu d io p a rtic u la r de todos los cultores de la filosofía ro m a n a p e rm itirá d e te rm in a r la in flu e n c ia q u e ella tuvo sobre la c u ltu ra γ la vida del m u n d o occidental.

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P rim era parte L A F IL O S O F IA R O M A N A E N L A É P O C A D E L A R E P Ú B L IC A C a p í t u l o I C O M IE N Z O S D E L A F IL O S O F IA R O M A N A SU S R E P R E S E N T A N T E S M E N O R E S

D esde tiem pos m uy antiguos, es decir, desde el si­ g lo v in a. C., los pueb lo s itálicos d el cen tro de la p e n ín ­ sula, y e n tre ellos los latinos y los rom anos, sufrieron, el in flu jo d e la' civilización helénica, com o lo m u e stra n las hu ellas q u e ésta h a dejado e n la religión, en el a rte y en la lengua. Ese in flu jo se ejerció ya sea a través de E tru ria , ya sea a través de la M agna G recia y, sobre todo, p o r in te rm e d io de Cum as. P o sterio rm en te las relaciones e n tre R o m a y la civilización h elén ica se h ic ie ro n m ás fu ertes gracias a la m ed iació n de la: M agna G recia. É sta es p recisam en te la razón p o r la cual ya e n la época de las g u erras c o n tra los sam nitas (343-290) fue erig id a en R o m a u n a esta tu a de P itágoras, a q u ie n se consideraba com o el m ás sabio d e los griegos; es p ro b ab le , sin em ­ bargo, q u e d e l p itagorism o se conocieran m ás las creen­ cias religiosas q u e la activ id ad filosófica y científica. U n a con firm ació n de la in flu e n c ia de la civilización h elén ica d e la M agna G recia se tiene e n la colección d e m áxim as e n versos satu rn io s de A pio C lau d io e l Ciego (cónsul en 307 y en 296 a. C .) , a u n q u e n o p re se n ta ra n

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HISTORIA DF. LA FILOSOFÍA ROMANA

el ca rácter p ita g ó ric o q u e en ellas ad v ertía C icerón, q u ie n c u e n ta q u e P anecio las elogiaba m ucho. Q uizá p ro v i­ n ie ra n de escritores griegos contem poráneos. D e cu al­ q u ie r m odo, en las tres m áxim as q u e conocem os (de las cuales es célebre la sentencia “F abrum esse suae q u e m q u e

fo r tu n a e ”) se p o n e de m anifiesto la reflex ió n sobre la

vida co tid ian a, antes q u e u n v erd ad ero p en sam ien to fi­ losófico en se n tid o p ro p io . E n el siglo m R o m a se ex­ tien d e p o r la M ag n a G recia (282-266), c o n q u ista Sicilia

(264-210) y establece relaciones directas con G recia y con los centros helenísticos del O rien te, a m p lia n d o y fo rtalecien d o así su conocim iento d e esa civilización q u e, tras la m u e rte d e A lejan d ro , h a b ía asum ido los carac­ teres p ro p io s del helenism o. H a cia 240, L ivio A n d ro ­ nico, u n griego de T a r e n to tra íd o p risio n ero a' R o m a p o r M. L ivio S alin ato r, inicia su la b o r d e tra d u c to r e im ita d o r de la lite ra tu ra griega, con la cual em piezan así los rom an o s a tr a b a r conocim iento. Pero solo a fines d el siglo n i q u e d ó d e fin id o el m o v im ien to q u e e n breve lapso a b riría las p u e rta s de R o m a a la c u ltu ra griega en todos sus aspectos. T a l vez las d o ctrin as religiosas d e los p itagóricos p u d ie ro n d ifu n d irse m ás am p lia m e n ­ te cu a n d o en el año 209 fu e ro n conducidos a Ita lia com o esclavos tre in ta m il taren tin o s. Sin em bargo, el e s p íritu ro m a n o d em ostró d u ra n te m u ch o tiem p o escasa sim p a tía p o r la especulación griega, y así, cu an d o en 181 a. C. fu e ro n conocidos los llam ados libros d e N u m a (se h a b ría tra ta d o de u n a o b ra m uy an tig u a , d escu b ierta solo e n to n c e s ), el p re to r recib ió o rd en de q u em arlo s p o r ser escritos filosóficos. Casi con certeza' se tra ta b a de u n a falsificación q u e ten ía el p ro p ó sito de h a c e r ap a ­ recer al rey ro m a n o como discípulo de P itágoras. L as do ctrin as expuestas en esos libros e ran de c arácter teo­ lógico, p e ro n o p u e d e decirse de cierto q u e d e riv ara n del p itag o rism o y, com o h a supuesto Zeller, d e l estoi­ cismo. L a aversión a la filosofía se hizo m ás in te n sa c u a n ­ do en el curso del siglo ii a. C., d e b id o a las relaciones

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