Instituto de Formación de Educadores de Jóvenes, Adolescentes y Niños Trabajadores de América Latina y el Caribe - IFEJANT
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Edición a cargo de Ifejant
Responsable de la Edición: Elvira Figueroa Sempértegui Enrique Jaramillo García Diseño de Carátula: Lorenzo Talaverano
Diagramación e Impresión: Editorial e Imprenta Diskcopy EIRL Hecho el depósito legal Nº 2006-11823
ISBN: 978-9972-9291-4-4
Financiado por:
9 7 89 9 72 9 29 14 4 IS BN 997 2 -9291 -4 -0
PRÓLOGO PRÓLOGO E
EL DESCUBRIMIENTO L DESCUBRIMIENTO DD E LE LA INA IN FFANAN CIA EN CIA EN EEL PL PEERÚRÚ
Percepciones e ideas, d e la Colonia a la Repú blica Ar istócrática. Samuel Villegas Páucar
Perú
EL PROTAGONISMO DE LAS INFANCIAS Y EL PROTAGONISMO DE LAS INFANCIAS Y ADOLESCENCIAS
ADOLESCENCIAS. O lo qu e el enfoqu e de p rotección integral
no reafi rm ó. Diego Silva Balerio Luis Pedernera Uruguay
SISTEMATIZACIÓN DE LA PROPUESTA DE SISTEMATIZACIÓN DE LA PROPUESTA DE CON
CON STRUCCSTRUCCIÓN IÓN DDE CE CONON VIVEVIVENN CICIA, PARTIA, PARTICICIPACIPACIONON Y PROTAGONISMO A PARTIR DEL DEPORTE. Y PROTAGONISMO A PARTIR DEL DEPORTE.
El Con vifútb ol.
Eduard o Rodríguez Beltrán. Colombia
ÍNDICE
ÍNDICE
55 77 87 87 11 1133PROLOGO
PROLOGO
El IFEJANT presenta la presente compilación a consideración de educadores, cientificos sociales, trabajado res sociales interesad os en tem áticas referidas a la infan-cia. Se trata d e ensayos, y sistematizaci ones trab ajad os p or p rofesionales qu e están comp rometidos p or la vigenc ia real y sustantiva de los d erechos d el niño en el Perú y América Latina, en el marco de los postu lados d e la Conv ención sobre los Derechos del Niño y la corriente em ergente d el Protagon ismo Integral. E stos profesi onales que son críticos del pensamiento único de la globalización neoliberal. Sus trabajos son una vailosa contr ibución p ara el d ebate, la reflexión y la praxis social.
Esta publicación contiene la selección de los tres trabajos más significativos del concurso qu e el IFEJAN T conv ocó en el mes d e febrero d el presente añ o gracias al ap oyo y au spicio d e Minka y la Junta Castill a La Mancha, de Españ a.
El primer t exto cuyo título es:«El descubrimiento de la Infancia en el Perú, percepciones e ideas , de la Colonia a la República Aristocrática», realizad o por Samuel Villegas Páu car, es
una indagación historiográfica que desentraña el pensamiento social referido a la infancia pobre y excluida durante la larga noche de la Colonia y la República
Aristocrat ica. Villegas, en ba se a d ocum entos bibliográ ficos d e los siglos XVIII y XIX hace la reconstru cción h istórica sobre las rep resentaci ones sociales que suby acían en las sub jetividad es de los clérigos, goberna ntes y ‘especialistas’ en infancia, qu e estaban anclados en la Doctri na d e la Situación Irregu lar; y el parad igma d e la peligrosidad del niño ind igena, que ad emás era considerad o como un ser incapa z, menor, exc luible; y po tan to objeto de p olíticas pú blicas d e corte pietista, asistenci alista; y correccionalista. El segund o texto, trabaj ado p or Diego Silva Balerio y Luis Pedernera, d el Urugu ay, que tiene como títu lo:«El protagonismo de las Infancias y Adolescencias, o lo que el enfoque de protección integral no reafirmó». Es un a indagació n qu e nos presenta la c ru da realidad
por la que atravies an los niños uru guayos, no obstante que ap artir del 2 0 de N oviembre de 1989 se inagura la Doctrina d e Protección Integr al y el parad igma d el respeto al niño qu e le da d erecho a ser protegido p or el Estado p ara el goc e real y sustanti vo d e los derechos, civiles, políticos, economicos, sociales y cultur ales, pero qu e en la p ráctica social concreta de las autoridad es y operad ores del Estado en el Urugu ay no se cum ple, y todavía se sigue aplicando la decimonónica doctrina correcionalista en aras del Interes Sup erior del Niñ o. Silva Balero y Pedern era reivind ican el d erecho qu e todo niño tiene a la actoría soc ial, en su cond ición d e sujeto social de d erechos, sujeto econó-mico y político, que la Doc trina d el Protagon ismo Integral l evanta d esde la década d e los años 70, del pasad o siglo XX. Ambos au tores levantan como av ance al conten ido d e la Convenci ón sobre ls o Derechos d el Niño y u na ban dera d e lucha p ara la
organiza-ción p rotagón ica d e los niños, niñas y ad olescentes en la forj a d e real dem ocracia que sea tolerante e incl uyente.
El último texto es u na Sistematización de la propuesta de construcción de convivencia
pación y protagonismo a partir del deporte. El Convifútbol, realizado p or Eduard o Rodríguez
Beltrán de l a Fun dación Creciend o Unidos d e Colom bia, inst itu ción q u e tra baj con niños, ad oles centes y jóvenes trabaj ad ores exc luid os d elsistema edu cativo y d e la m isma soci edad colom biana. E stasi stemaqtización nos p resenta la estrategia de pr omoción y d efensa d e los d erec hos, del protagon ismo, la partici pa ción y todas las f orm as d e reconoci m iento yd ignif icación d e los niños, niñas, ad oles centes y jovenes trabajadores. Rodríguez Beltran nos propone una propuesta lúdica y
ped agógic a qu e aporta elementos váli dos p ara el mej oramiento de la calid ad d e
vida d e la i nfanci a trabaj ad ora, ge neran do u n p royec to dep ortivo que está ori entado a construir u na convivenc ia más hu man a y soli daria, a partir d e ls o intere -ses y neces idad es d e lso NATs.
Esta sistem atizaci ón es un ap orte a qu e poblaciones ex cluidas como en el presen -te caso a p artir de n uevos ap rend izajes y nu evos c onoci m ientos col ectivos apu n-ten a l a transf ormaci ón de su reali d ad y elaboren nuevas prop uestas que se encaminen a la inc lusión en el d iálogo soc ial, en u n m un d o indolente qu e cad a vez más considera al ser humano insignificante, como bien decia Cornelius
Castoriadis. Ad emás, hace un a revisi ón teórica y presenta u na p osición p olítica yfilosóf ica p ara reinv ind icar la d ignidad d e los N ATs.
Los tres textos presentados develan las posiciones racistas, autoritarias y
excluyentes que prom ueven los operad ores del E stado encargandos d e proteger a la Inf ancia y los decidores p oliticos en la m ayoría d e Estad os d e Lati noam éric a. Ad emás nos hacen ver qu e existe actua lmente el fácil argu m ento d e echar m ano a leyes p un itivas qu e cri m inali zan y pen alizan la p obreza y la p rotesta soc ial, en aras d e la ‘tran qu ilidad social’ y la ‘segurid ad ciu d ad ana’, no obstan te qu e los Estad os de la región f orm an p arte d e la Co nven ción sobre los De rechos del Niño desd e su aprobaci ón en Noviembre d e 1989.
Para finalizar, e n nom bre d el colec tivo IF EJAN T quisiéramos ag rad ecer a to d os los edu cadores, ci entífi cos soc iales; y colaborad ores qu e p artici paron en este c on-curso por sus valiosos aportes para la forja de un nuevo pensamiento social y
u nan u eva cultura d e infancia e n el Pe rú y A mérica L atina. Y d el mism o mod o un a vez m ás va nu est ro p rof un do agradeci miento y rec onoc imie nto a MInka y a la Jun ta Castil la La Man cha, s in cuyos ap ortes sol idarios nos h u bies e sido imp o-sibl e p resentar esta com p ilación.
EQUIPO IFEJAN T
EL DESCUBRIMIENTO DE LA INFANCIA EN EL PERÚ
EL DESCUBRIMIENTO DE LA INFANCIA EN EL PERÚ
Per
Percepcioncepcion es e es e ideide as, de la Coloas, de la Colo nia a la Repúblnia a la Repúbl ica Arica Aristoisto crcráticática.a.
Sam u el A. Villegas Páu car Dedico esta obra a:
Sebitas en el cielo, Miguelito en la tierra
Y a todos los niños del mu nd o.
Sumilla
Sumilla
En el si glo XVIII ya exis tían voces que p rop ug naban el amor y compr ensión en la instru cción d e los niños. S iemp re hu bo u na cie rta p reocup ación estatal por la instru cción a fi n d e repr od ucir la vida d e la burgu esía. Pero en la col onia el f in era otro y ésta d efinía el cómo: s e instru ía par a h acer d e los niños fi eles, sum isos y
bu enos cristi anos. En la Repú blica la infancia es el material que al reci bir u na
ad ecu ad a instru cción, perm ite l ograr ‘vi rtu osos y útiles ciud ad anos a la pa tria’ . La prim era m itad d el siglo XIX es el desper tar literario sobre el tema d el niño. Sur gen p eriódicos con nom bres li gad os a l a niñez, és tos prom u even la
instruc-ción. S ur gen o bras teatrales sobre la niñez hu érfana. L os años ’50 testi m onian el
sufrimiento d el niño ind ígena. E n esta ép oca l os aristóc ratas criol los man tienen el servic io dom ésti co infantil, s in imp edir q u e se levantaran el Código Civil Pe-nal, l os reglamen tos de instru cción y las nor mas de h igiene esc olar, pana cea para resolver todos los pr oblemas d e la niñez. L a grav e crisi s económ ica y la gu erra cortaron las i nici ativas edu cati vas d e Pard o.
Por otro lad o, las guerr as internas p rovocan m iles de m u ertos, la miseri a y el ham bre d espie rtan la sol idaridad de famili as disti ngu idas qu e ati end en y soco-rr en a los niñ os, entre estos p erson ajes desta ca Ju an a Alarco, artífi ce de la S ocie-d aocie-d Au xiliaocie-d ora ocie-d e la Infanc ia. En este m ismo sentiocie-do en Europ a, las guerr as y las enfe rm eda des ur gen estu d ios mic robiológi cos, los congresos méd icos se suce-d en u no tras otro. E nton ces, Am éric a suce-d el Sur h ará lo mismo. Mésuce-dicos y pesuce-d ago-gos p erua nos orga nizan el Primer Con greso H igiénic o Escolar. E l Estado en Eu-rop a crea todo u n sistema d e asi stenci a y p rotecc ión d e la i nfanci a, imitad a ráp i-d amen te en Am éric a Lati na p or la el ites gobernan tes.
EL DESCUBRIMIEN TO DE LA INFAN CIA EN EL PERÚ Percepciones e ideas, de la Colonia a la República Aristocrática
En el Perú y otros p aíse s se percibe l a confl u enci a d e los profesi onales en la construcc ión de u na n ueva identidad d el ni ño, a partir d e tres perspec tivas: pe-d agóg ica, mépe-d ica y ju rípe-d ica. Los ‘esp ecialistas’ pe-d e aqu ella época j u nto a l gobier-no y a trav és de los congresos prop onen m edid as, qu e se convierten en p olíticas d e asiste ncia y p rotecc ión d e la infanci a. Con la r eali zaci ón d e la Primera Confe-rencia sobre el Niño Perua no en 192 2 y la creac ión d el Instituto d e la Infanci a en Montevid eo (1 930), se construye la instituci onalizac ión y conce p ción mod erna d e la niñez hoy vigente.
EL DESCUBRIMIENTO DE LA INFANCIA EN EL PERÚ
EL DESCUBRIMIENTO DE LA INFANCIA EN EL PERÚ
Percepciones e ideas, de la Colonia a la República Aristocrática.
Percepciones e ideas, de la Colonia a la República Aristocrática.
A pesar d e que los niños 1siemp re est uvieron m ás que p rese ntes en la vi da
social del ad ulto y d e la so ciedad peru ana, si n tem or a equ ivoc arme p ued o afi r-m ar qu e ellos, –los ni ños- son el últi r-m o esl abón d e un a larga cadena d e olvi d o d e un a soc ied ad adu ltocéntric a y disc riminadora. E n r ealidad los niños hoy aú n no son pa rtíc ipes d e los estud ios soc iales en los esp acios académ icos y en contextos socio históric os dom inad os por el e urocentrismo. Ac tua lmen te, los niños tod avía siguen m enosp reci ad os por la histori ografía. Es pr eciso rec onocer como u n h e-cho obj etivo qu e la historiogr afía actual ha sid o y es adu ltista, al marg en d e si los niños p ued an escribi r tam bién su pr opia h istoria. Felizmen te, e n v arios paíse s d e Latinoam érica ya ex isten c am bios esper anz ad ores en l as repr esentaciones soc ia-les referi d as a la i nfancia, a la que este ensayo d e historia pretend e sum arse, e n ese largo camino d e la reconstru cción h istori ográfic a r elati va a los rasgos
socia-les de la infan cia, y a la vez, los rasgo s «infan tisocia-les» 2d e la soc iedad .
En este esfuerzo, espero poder sacar a la luz, aunque sea brevemente, las representaciones sociales sobre la infancia en el Perú; y motivar a quienes se
p reocup an por la niñez, qu e ellos –los niños- históric am ente y e n d eterminad os m omen tos his tóric os también han sido p rotagonistas de un a trayec toria diversa. Asimismo, intentaré d evelar e l mo men to en qu e ap arecen l os niños trabaj ad ores, incluidos los niños sirvientes, niños abandonados, vagabundos, delincuentes,
santos, esc olares, e sclavos, enfe rm os, jugu etones, héroes e ign orad os. Por ú ltimo: ¡Ha sta los niños «anorm ales », qu e plantea gr uesas d u d as sobre la e xistenci a d e éstos, y si efec tivamen te ha y «niños n orm ales »!
E
El niño del niño de sde la Iglesiasde la Iglesia
En esta l arga etap a d el proceso de evang elizaci ón en estas ti erras d e
ultra-ma r fue el dom inic o Franc isco de la Cruz, mu erto en la hogu era 3en 1578, qu ien
tuv o la c onvicc ión milenaris ta d e qu e lo s indios eran el pu eblo e legi d o gu ard a-d o en r eserva p ara el Mile nio, c u yo esc enario sería Am éric a, ya qu e la I glesi a a-d e Roma h abía caí d o en abom inaci ón y p erece ría por la vic toria tu rca. Este «i lum
i-1Hago hincapié de qu e al referirme a «los niños» o «los niños trabajadores» , incl uyo a las niñas. No es mi intención tocar el tema d el
género, aunqu e como se verá el aporte d e la mujer en el encumbram iento de la infancia como instituc ión es más qu e signif icativo, resaltad o en los aportes científicos relativos al estud io de la mujer. E nton ces, a menos qu e me refiera a «l as niñas» o los niños varones, en los demás casos hablaremos de los dos.
2Es evi dente qu e al decir «los rasgos i nfantile s» de nu estra soci edad , introducimos un a carga desvalorativa, co mo se acostumbra al
emplear el término «infantil» e n n uestra vida diaria.
3Murió en Lima, junto a otros importantes dominicos, que fueron culpados de herejía por la Santa Inquisición, de ser parte del
movimiento de los «angelis tas» y de complotar un movimiento indígena.
EL DESCUBRIMIENTO DE LA INFAN CIA EN EL PERÚ Percepciones e ideas, de la Colonia a la República Aristocrática
nado» 4, que había sido cura doctrinero en un pueblo indígena cerca del Lago
Titicac a, consid erab a qu e los id ólatras, al olvid ar al ‘Dios V erd ad ero’, ha bían sido obli terad os sus virtud es varoniles con el uso de la esc ritura, retrotrayén dolos Dio s a un est ado d e niñez, en qu e apenas pod ían pec ar m ortal mente.
En consec u enci a, debía tratá rsele s como n iños, ganarlos d e la idolatría a la verd ad era religi ón con ci erta tolerancia, d ejarles c antar y bailar sus taqu íes o danzas, pero en letras cristianas, no imponerles ni la confesión al oído, ni el
credo5. Adem ás, era legí tima la c onqu ista por la f uerz a, dad o qu e era prioritario
constitu ir con esos « infant es» la nu eva Iglesia.
Pero visto en conju nto el pensam iento soci al sobre la infanci a en la Colonia, según la li teratura y dem ás docum entos revi sados, nos l leva a afirmar qu e la gen te ‘pensa nte’ y ‘letrad a’ d e la ép oca, iden tificaba tres categorías d e niños: el qu e ora, el qu e sirve o trabaja; y el niño aband onad o. De be co nsiderarse qu e en la literatu ra colonial , la carencia de inform ación sobre los niños es enten d ible, más si se trata de u na p oblac ión d ond e buen a p arte d e ella no sabí a lee r ni esc ribir. Y aun que suene u n tanto raro, l a poca atenc ión que le prest aron al niño los
‘pen-santes’ y ‘letrados’ peru anos, lo que es equivalente a la m ayor aten ción intelec
-tual que los propios europeos prestaron al tema 6. De mod o qu e si nos atenemos a
las fuentes d e información, la i nterr ogan te, s obre ¿c uál era la conce pción d el niño en la institu ción eclesi ástica? , p resent a serias dific ultad es.
En un a soci ed ad racista, estam enta l y asi métrica c om o fue la Colonia, el cielo estaba más cerc a d e la vida terren al, ad emás d e los p ersonaj es divinizad os (in-cluid os santos y santas), l os niños estuv ieron p resentes en cal idad d e ángeles en
las diversas expresiones artís ticas, s obre tod o en la p intur a. Eviden temen te, l as
carac terís ticas de tales queru bines c orresp ond ían a los d e raza blanca europ ea, vinculad o al f actor c ultu ral pred om inante y qu e caracteri za las ex pr esiones reli -giosas d e aqu ellos ti emp os.
Así , el niño en la Colonia f ue r epresentado de form a constante en la pintu
-ra n o sólo rel igi osa, princi pa lmente los rec ién nacidos d e 1 a 3 años de ed ad , en tanto d icha ed ad simboli zaba la pu reza y la i nocenci a angelic al, ind u d a-blemente ajena a todo pecado, vista en su total o mediana desnudez; eran
4Ver Marcel Bataillón: E rasmo y Españ a, FCE. México, 1982, pp. 515-5 48. También del m ismo, Estud ios sobre Bartolom é de las Casas,
que in cluye su en sayo «La herejía de Fray Francisco de la Cru z y la reacción antilascasiana», pp . 353-367.
5Ya era frecuente qu e en la confesi ón se facil itaran los actos sexuales, por ello tiene mucho asid ero que el Marqu és de Orop eza dijera
que era lo m ismo sacar a un fraile de u n convento y en viarle a una d octrina, que sac ar u n caballo de una cabal leriza y sol tarle en un hato de yeguas. En cuanto al credo, a pesar que como en el bautizo, esta se hiciera por miles, de ninguna manera significaba la conversi ón d el indígena, muchas veces se recurría a ellos como medio d e mimetismo a la represión y extirpación d e idolatrías.
6Mouse señala en su trabajo un ap reciable número d e fuentes sobre la niñez, donde d estac an los testi monios o recuerdos d e los adultos
sobre sus p rimero s años. Mouse, Historia d e la infancia, 2000.
EL DESCUBRIMIEN TO DE LA INFAN CIA EN EL PERÚ Percepciones e ideas, de la Colonia a la República Aristocrática
an gelitos dotad os de alas que le s facultaba volar a l os lug ares más d istantes o elevad os. Estos son los queru bines a quienes má s había am ad o Jesucri sto, y au n-qu e general mente ap arec en en las pintu ras ci rcund and o a los santos o jes d e la S agrad a Famili a, o a las altas au toridad es terrenales, c onstituyen seres
imp resc ind ibles para «pu rificar» o « elevar» la persona lid ad d e tale s person as (que quizás en verdad , de virtuosos tuvieran m uy p oco), ante los subord inados y la plebe ind ígena.
Por tan to, l as rep resentaci ones artístic as d e los angeli tos en los c u ad ros d e p intur a, nu nca d ebían fal tar en la Igl esia y en la m isa. Estas rep resentaci ones, no
sólo cum plieron fi nes decorativos, sino que contribuía a darle may or au toridad ,
y sacralizaba l a imagen d el per sonaj e centra l rep resentad o. Esta era un a form a de subord inar y oprimir a la plebe , ante el i nsufi ciente pod er d e los poderosos que emp leaban la fuerza d e las armas para cum plir c on su s designi os de op resi ón. Esta era u na form a subliminal d e doblegar las reac ciones d e los ind ígenas f rente al abu so y la inj usticia. Ent on ces, la pr esencia de la Iglesia en la soc ieda d colo-nial se ref orzó con estos m étodos y repr esentaci ones artísti cas, de p or sí subj eti-vas. E stos métod os eran u na form a d e enfi lar la atenci ón y esfuerzo d e la infancia p ara hacer obed ientes c risti anos a las gen eraci ones m ás jóvenes e inoce ntes. Es -tas pr áctic as se c onstitu yeron en el f actor cl ave p ara la futu ra sobrev ivencia de la institu ción eclesiástic a.
Asimismo, en esta época de osc u ran tismo p ara los i nd ios, a d iferencia de los
santos qu e tenían n ombr e especí fico, los niños án gele s no eran n iños par ticu la-res, ni m ucho m enos, t enían nom bres que los d istinguieran. L os rasgos genera-les que carac terizaban a estos serafi nes eran : el pr esentar tez blanca, c u erpecitos m u y bien al imen tad os, rostros d e serena feli cid ad , inocente desnu d ez, cabel los ond u lados y ru bios. Racial men te no había ángeles negros, ni i nd ígenas, au n-qu e es posibl e n-qu e encontrem os raras exc epciones n-que se sale n d e esta regl a general.
Por otra pa rte, es i mp ortante resaltar que en esta etapa d el d ominio col
o-nial l a p iedad 7, el amor y la m iseric ord ia haci a los niños pobres d erivaban d e
las diversas órden es rel igi osas. Estas órd enes tenían un a mirad a pietista de
la infanc ia y estaban en la obligac ión d e p racti car la c aridad cri stiana con los semejantes, sobre tod o con los s eres má s desp oseídos. E s por ello, qu e
encon-tram os dos v ersi ones ap arentem ente contrad ictorias en el trato que la igle sia
d esplegó ha cia los niño s. La prim era sostiene que los rel igiosos fueron sum
a-7Que p ara la gente comú n y corriente significa dar limosnas. El Merc urio Peru ano N ° 121 del 1 de m arzo d e 1792 dice: «el erudito Mu rillo,
en el c. 1 6 del libro 9 de su Geografía históri ca con autoridad del Padre Calancha, asegura qu e no se conoce c iudad en el mun do, dond e no se repartan cada año tan tas limosnas co mo en Lima».
EL DESCUBRIMIENTO DE LA INFAN CIA EN EL PERÚ Percepciones e ideas, de la Colonia a la República Aristocrática
m ente caritati vos y virtu osos en ofrec er lo poco qu e se poseía para los niños enferm os o h u érfanos; y la se gun da ase vera que por el contrari o hubo u na gran corrup ción; y que los curas ej erci eron d e forma abu siva su influencia sobre l as famil ias y se ap rovecharon d el se rvic io infantil p ara ben eficio prop io, sin m ayor escrú pu lo moral.
Como un a p ru eba fehac iente de este trato qu e la I gles ia dio al la i nfancia son las bi ografías d e los niños o n iñas santas. A c ontinu ación tom arem os dos ej em-plos em blemátic os d e vidas ej emp lares, qu e refl ejan a su m od o la conc epción eclesiásti ca de la infancia y qu e intentarem os p reci sar. Una y otra tienen p areci -d os y cas i similares rasgos, p ero a la misma vez gu ar-d an -d iferencias sustan cia-les. Así por eje mplo la vid a d e Santa Rosa de Lima y la de Fran cisco d e Pisc o, son diametralmente opu estas.
En efecto, si hacem os un a breve reseñ a d e la vida d e Santa Rosa d e Lima 8. Ella
nació en 15 86 y se la bau tizó el 2 5 de m ayo d e ese año. Fue hij a d e un a famili a d e 13 herm anos, vari os de los c uales mu rieron a mu y temp rana y corta edad . A los 3 meses de n acid a Ros a, se pr odu ce el famoso m ilagro d e la cu na, c ua nd o el ros tro
d e la niña se tran sfigura en u na rosa. A los 5 años toma el voto de virginid ad
per petu a y se corta l os cabell os en se ñal d e rec hazo a las vanid ad es del mu nd o 9;
y del mun danal ruido d e su époc a.
Existen más de 400 biografías sobre Rosa, algunas refieren que su madre, herm anos y d emás p arientes , intentaron apar tarla del c amino d e la virtud , inclu-so la mad re, s egú n esta bibli ogra fía, la ma ltrataba m ucho a f in d e hacerla desisti r de su prop ósito. D esde la edad d e 6 años, Rosa dio p rinc ipio al a yun o qu e si em-pr e obse rvó ha sta el último d ía de su vida. S e alimentaba sólo de pa n y agu a tres días de la semana. Entonces la madre la reprendía y reprochaba con injurias,
calificánd ola de h om icida d e si m isma, orden ánd ole que comiera su ración, a l o
cual obedecí a, pero a fi n d e que la comida n o fuera absorbi da por su organ ismo, se se ntaba en la mesa y m ezcl aba su s ali m entos con hierbas, ceniza o u n p oco de hiel.
Como continua ba en su fi rm e voluntad d e no c onsu mir ali m entos, por consi-d erar qu e éstos e ran fuente consi-d e corru pció n y consi-d egraconsi-daci ón orgán ica al contac to con
el organismo h u ma no. Ante esta firme y estoic a actitud , el conf esor d e Ros a le
perm itió seguir con su ayu no, la c ual fue red oblada, c omiend o solamente 5 s emi-llas de naran ja, un p an sec o y un vaso de agua para n o sucumbir d e inanici ón.
8La Vida edificante de la Glor iosa Santa Rosa d e Lima, Patrona Un iversal de A mérica, Fil ipinas e Ind ias. Lima, 188 6. 9R. Mujica, Rosa lim ensis, 2001, p. 373.
EL DESCUBRIMIEN TO DE LA INFAN CIA EN EL PERÚ Percepciones e ideas, de la Colonia a la República Aristocrática
Cabe men cionar q ue en los prim eros años R osa c ub ría sus espaldas, pecho, brazos y muslos, con manojos de ortiga y de espinas, hasta que habiéndosele
d ad o un silicio mu y rigur oso, luego se l a p uso d esde el c uello hasta las rod illas, acomod ó en sus cavidad es o c laros gran cantidad d e espinas y alf ileres, con tal firm eza, « qu e no qu eda ba nu d o qu e no fij ase bastante su arm ad ur a». Este si licio llevó la S anta, d ur ante m ucho tiemp o, hasta que sabiénd olo s u confesor, se lo proh ibió, por su d emasi ada rigi d ez y cruel dad , además d e otros to rmentos.
Cuando su madre mandó a Rosa para que trajese una guirnalda de flores
sobre su cabeza, l a niña le pu so a esc ond idas algun os alf ileres, qu e pen etraban las si enes d e Sant a Rosa 10un a vez qu e se l a pu so. El rigor c on qu e atormentaba su
cuerp ecito, e ran realmente escalof riantes, pu es se au toagred ía con azotes, si
li-cios11y cadenas. E n las noches pase aba co n u na cruz mu y p esada sobre su frági l
cuerpecito. Fueron tantas y tan repetidas las mortificaciones y disciplina que Rosa se infligía, que le resultaron llagas crueles, y la pusieron una noche en est ado d e agonía y al borde d e la mu erte .
Su s confesores decí an q ue a los 1 2 años d e edad , Rosa había lograd o el más
alt o grad o d e conte mp lación un iti va 12sin perd er en tod a su vid a, la inoce ncia
d e la graci a bau tismal. S u vocac ión fue reforzad a con la confi rm aci ón q u e le hizo S anto Tori bio de Mog rovej o, cu and o Rosa apen as fri saba los 1 2 años d e edad.
La vida d e Santa Rosa en su n iñez, no es un a vid a exc epcional si se ti ene en cuenta qu e mu chas niñas y m ujeres ; buscaban d e diversas f ormas ll evar u na exi stenci a virtu osa y con el obj etivo de lograr gan ar la vid a y felicid ad eterna.
Mu chas de las mu jeres de esta época practic aban el ayu no y estaba cl aro p ara
ellas que la gu la o l a glotonerí a era u n p ecado mortal, de mod o qu e no era extraño que el ayuno fuera una práctica común y cotidiana de la época. Sin
em barg o, la ru tina d e Rosa ll egaba a la p ractic a d e ejerci cios fí sico- espiritua les m uy d olorosos , qu e requerían d e un a gran fortaleza místi ca, imp osibl es de se-gu ir para la mayor ía de las mu jeres hábidas y ansios as de santidad . Sin embar-go la debili d ad d el sex o fe men ino las hac ía prop ensa a caer en el pecad o en el m enor d esc uid o, y un a vez cometido d os o tres vec es l a fal ta, l a m u jer d ebía
10Según Mujica, en 159 8, una imagen del Ecc e Hom o lleva a Rosa a fabric arse un a diad ema d e espinas para emular el sufrimiento d e
Cristo. Rosa limensis, 2001, p. 373.
11Al no tenerse mayor referenc ia de la vid a de Rosa, salvo sus cartas y de u na sup uesta autobiografía perdid a, sus biógrafos e nfatizan
sus p enitencias: c ad a silicio refieren lecturas qu e sustent an la pr áctica del sili cio, así por ejemplo, su cama d e barbacoas cond uce a San Francisco de Asís y su corona d e espina s a Santa Catalina de Siena. Mujica, R osa limensis, 200 1, p. 365.
12Mujica se refi ere a las sofistic ada s técnicas de contemp lación y las experiencias místicas de Rosa, l ograd as med iante la pr áctica del
recogi miento u or ación mental se sitúan d entro de la trad ición d erivada d e Santa Teresa de J esús y sus tres etapas o p eríodos de la vía místic a: la penitente o p urgativa; la iluminativa, ce ntrada en la oración contemplativa, y la u nitiva, que culmina con el «desposorio místico» de Rosa (cuando el Niño de la Virgen del Rosario, efigie de Jesús, cobra vida y le pide ser su esposa), o la «transformación total « d el Alma en el Am ado . Mujica, R osa limen sis, 2001, p. 36 4.
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resignarse en su interior a c onvivir c on su d ebilidad , aun qu e siemp re defe nd ien-do su voc ación por la honrad ez y l a virtud ante lo s dem ás.
En consec u enci a, Santa Rosa se c onv ierte en un a vid a arq u etíp ica, más bien d iríamos ‘ ejemp lar’, u na v ida santa e id eal de tod as las niñas bu enas, i d eal que no er a contraria a la instrucci ón, ni a las artes femen inas. S in em bargo, p ara la Iglesia lo resal tante ven ía a se r la búsqu eda d e un contacto con Dios a través d e dolorosas pru ebas , por el cual qued aba desterrada tod a impu reza c arnal, todo pecado espiri tual. C onvertido su cuerp o y m ente en temp lo s agrado d e Di os, incl u so la instru cción y las artes femeninas qu eda n relegad as a un espacio se-cundario.
Por otra p arte, l a vida d el ni ño Franci sco d e Pisco, pu ede d arnos m ás luce s de la concepción ec lesial d e la niñez, d escrita en el te stimonio o «man u alito» d e
Fray F ran cisco de Ochagav ía, en m emor ia de su «niño ad m irable» 13, pu blicado
en 161 8. Este relato es desd e nu estro pu nto d e vista trasc end ental, s i se quiere conoc er cual era la ima gen, el i d eal de n iño qu e p reconizaba la Igl esia. Según refi ere el frai le Fran cisco d e Ochagav ía, e n la vill a y pu erto d e San Miguel d e Pisco, un vecino pobr e y honr ad o llam ad o Ju an d e Soto, c asad o con Mar ía de Carv ajal en matr imon io legíti mo, pasaron su s vidas inocentes en ayun os y ejerci-cios de caridad , bend ecidos p or Dios.
Esta unión tuvo 35 hijos, 32 de todos ellos recibieron el bautismo, «con la
gracia de traslad arse a la Gl oria a corto plazo» 14. De este número dos de ellos
fallecidos; y fue u no llam ad o Francis co, o el N iño Santo. Desde su nacimiento,
Franci sco fue pr otagonista d e frecuentes milagros sucedid os en su corta vid a.
Estos milagros se inic iaron n i bien ha bía sal ido al mu nd o d el vi entre m aterno, pu es cua nd o par eció que había nacido mu erto, resucitó a la vi d a. Tan extraord i-nar ios ac ontecimientos, l igad os a la vida de Franci sco d e Asís , motivó se le pu sie-ra el nom bre d e Fsie-ranci sco.
Dice la historia qu e a los 10 m eses F ran cisco h uy e d e su casa. Alarmad os lo bu scaron su s pad res y f u e hall ad o, «con ad m irac ión» en la I gles ia, ad oran d o de rod illas e l Santísimo S acramen to. Su ocu p ación continu a y p erm anen te, era ha-cer Altares y rezar c on tod a d evoci ón. L os niños de su edad venían a bu scarlo pa ra el j u ego, y «l o ha llaban en la oración». Franci sco fue h u milde y abstinente,
13Fray Franc isco de Ochagavía, « Al niño d e Pisc o en el N ombre, en el Hábito y en la Hu mildad». S in datos d e lugar n i imprenta, Sala
de Investigación, B. N. P., publicado aproximadamente en 1618.
14Es decir, fallecieron a temprana edad. Ya en la República, según M. A. Fuentes, esta costumbre de tomar como gracia la muerte
tempran a d e los niños, seguía practic ándose en el sigl o XIX, cuando las personas, fe licitaban al p adre p or la m uerte d el niño, pues decían que éste ya se encontraba con Dios. M. A. Fuentes, Lima, Apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres. Imp. E. Moreno, Lima, 1925. p. 86.
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nu nca c omía fuera d e su casa; y en su hogar se al imentaba tan poco, que «parec ía manten erse de m ilagro». S us conversaci ones «eran d e Dios, o con Dios, s iemp re».
Al igual que Santa Rosa, Francisco fue un niño tan penitente, que algunas horas d e la noche paseaba c on la c ruz en su h ombro, en la s ala de su hu milde casa. Terminado este ejercicio, salía a realizar el aseo de sus Altares, «cuyos ad ornos eran su desc anso y su rec reo» .
El niño Franci sco sie mp re fue mu y obed iente a sus pad res; y d ebido a la fama gan ad a por su santida d y som etim iento a Di os, se hizo mu y famoso. El Arzobis-po Bartolomé Lobo Gu errero tu vo conoci miento d e la ex istencia del niño Fran cis-co, por lo que bu scaría diversas man eras de lle varlo y conservarlo e n su pa lacio. Aqu í p ued e perci birse sin mayor d ificu ltad cuales e ran los motivos par a qu e el Arzobis po tu vie ra d ichas intenc iones , que si n d ud a son p arte de u na p olítica de la Iglesi a d e aquellos tiemp os. N o sol o se t rataba d e un a insti tu ción u rgid a de vidas santas para santificarse ella misma ante los excesos que cometían en el
proceso d e evangelizac ión. E nton ces era m ás importan te la legi timación y robu stecimiento d e la autor idad reli giosa ante los fi eles. Por tanto, los mil agros cum -plieron y jugaron un pap el trasc end ental en la soc ied ad coloni al. Por consi gu ien-te, l a Igles ia bu scaba contr olar a q uien reali zaba los milagros, c omo en este caso el niño Fran cisco.
Entonces, los milagros c om o fenóm eno «real» y m anifestac ión d ivina, ayud a-rían en la tarea de precisar el carácter de la sociedad colonial, por lo menos
permitirían definir con mayor claridad la dimensión política de la Iglesia, al margen de valores c omo la p iedad y la bond ad enfa tiza d os por ell os mismos como su principio definitorio. En el caso del niño Francisco, siendo un niño
santo, su valor rad ica en ser i nstru m ento d e Dios y man ifestac ión viva y c ontu n-d ente n-de su pon-d er, que al ingresar e i ntegrarse c on los miembros n-de u na insti tu-ción cuestionad a, transm ite dic ho p od er y la revitali za an te la vis ta d e la f eligre-sía colonial.
Del mismo modo, el padre del niño Francisco, también era consciente del pod er que tenía s u h ijo, de ahí qu e, tomand o un conce pto d e Mouse, se pued e colegir la exi stenci a d e u na relac ión inversa, p u es entre los d os, pad re e h ijo, los roles pu eden llegar a invertirse, hac iendo qu e al i gu al que el arzobispo, también el padr e nec esite o dep end a d el ni ño. E llo sucede c uan do siend o ya m ás que notor io la intención d el Arzobispo d e llevárselo a su p alac io, ante este hecho el
pad re se mu est ra tris te y p reoc up ado, a lo que el niño ad ivina la causa, y le
consuela d iciénd ole que no se va a separ ar d e él y s iemp re lo ac omp añará. E nton-ces se invierten las p osiciones, pu es vemos a un niño qu e consu ela a su p ad re como si f uera en realidad su h ijo.
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En esta histori a la mu erte de Francisc o, prevista p or el prop io Angeli to, es una d e las es cenas m ás sugesti vas y conmoved oras que p ud iera imaginarse, d igna de un análisis no sólo de carácter histórico, sino literario, pues la despedida del
niño, de su pad re y del mu nd o no acarre a ningun a lágri ma, sal vo el de l a mad re.
Antes de espirar du lcemente se despidió de su pad re y este seraf ín mu rió e n su s
brazos, el 4 d e octubre d e 1618, a los 4 años y 3 meses d e edad .
Tras su m uerte, ac ud ieron al trasl ado de su cuerp o mu cha gente d e la ple be, pero sobre tod o un gran nú mero d e autorid ad es eclesiást icas, entre ell as el
arzo-bispo Lobo Guerrero, qu ien tanto h abía buscado retener al niño en su palaci o, sin
conseguirlo f inalmen te. Se resol vió que el c uerp o se dep ositara en el Conv ento d e
Santa Clara, « cuyas h ijas vieron tantos p ortentos» 15cuand o Francis co es taba en
vida. L a plebe y las autorid ad es trataron d e arrebatar de algun a man era el pod er m ilagroso qu e Fran cisco eman aba d e su ser, e s por ello, qu e un os robaron las flores que lo adorn aban, otros l o d espoj aron d e su rop a, hasta dej arlo desnud o. Luego qu e las reli giosas rec ibieran el cu erpo, lo vistie ron y tocaron sus p ies y m anos con r osquetes, bizc ochos y «varias col aciones», qu e d espu és fueron utili -zad os en l os hospitales como «remed io d e males d eses per ad os». Concluyend o los of icios fú nebr es y religiosos , las m onjas entregar on a la cl erecí a, el cu erp o d el Angelito ric amen te ali ñad o.
El niño Francis co, ad m irado en extremo p or las autorid ad es de la Igl esia 16, es
el niño col onial en qu ien la I gles ia vio un ser ideal ex traord inario y sin embar go fue un niño real, en una sociedad donde también los milagros eran «reales» y
hasta frec uen tes si se trataba d e personas consagrad as a servir y rend ir el culto y pleites ía cristi ana a Dios y a la Igl esia. ¿Qu é p od ía esti mu lar y cond u cir m ás a la vida reli giosa, a u na v ida h onesta, f iel y virtu osa qu e tener en d elante l a p raxis y resultado d e la santi d ad , corroborad a su apr obac ión y ele cción d ivina a través de los milagros? Sólo con observ ar y contem plar a ese niño Fran cisco proceden te de
un hogar h um ilde, mu chas personas habrían senti do la influencia y el pod er de
mirar su p asado y arrep enti rse de sus p ecados, c on la senti da prom esa de end e-rezar su cam ino por la send a del c risti anismo.
De es ta m anera, también se ref orzaba la imagen o id ea de u n Dios, d e santos y
niños án gele s vigil antes, tan ilustrativo p ara la gente com ú n y corrie nte. Es tas
imágen es se p erci ben p or la ac titud y po sición ocup ad a d e aquellos s eres en l as
15Uno d e los varios portentos ref eridos en esta fuente es la e levac ión del niño en el aire dur ante un a misa, «travese ando con las
manecitas, como que qu ería aprehend er alguna cosa con ellas , y pregun táronle despu és del rapto si eran ángeles, respondió. Muchos y muy hermosos...¿vosotros no tenéis ojos? ¿Por qué no miráis como yo?..»
16Esta ad miració n es inevitable compararla a las conductas pecaminosas de los sac erdotes, que eran «cosa pú blica y notoria», l as vidas
«tan licenciosas» de los frailes, o desempeños cuestionables de altas autoridades eclesiásticas como Lobo Guerrero. Las denuncias están en diversos autores como Am edeé Frézier, e n El Perú visto por viajeros. E stuardo Nú ñez compilador. Bi bliote ca Peruana, I, Lima, P EISA, 1973. p. 15.
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p intu ras c olonial es, qu e siemp re están obse rvan d o desd e arriba al noble perso-naje , con m irad a d e apr obaci ón y comp lacenci a. Esta vigil ancia plasmad a en la pintu ra se ex tendía a la vida coti diana d e cada ind ividu o en la ci ud ad. Por ell o, no p odía ser angel izado el niño i nd íge na y, menos el niño d e raza negra, pu es, ello signifi caba su bver tir u na im agen oficial, refle jo d e un ord en social estableci -d o y basa-d o en lo arbitrario e inju sto, p ero qu e era presenta-d a como legí tima y verdadera.
Al igual qu e en Santa Rosa, aquí tam bién con el niño Francisc o se expresa la cualidad y trascend encia del azote, del casti go y d el flagel o, que com o en Je sús, se le da fu nción pu rificad ora y rectora. El azote exi gía ac eptar el dolor y a través d e ella llegar a la pu reza d el cuerp o y la mente, vac iar el contenido p ecam inoso de las dos dimensiones, para recibir o llenarla con el licor y el verbo sagrado de Cristo, dan d o como resultad o el éxtasi s, el estado m ístico, la c onexión con Dios en el paraíso terrenal.
La corta vid a d e Fran cisco, mostrad a en sus p árrafos más imp ortan tes, refl ja el es qu ema m ental pop ular, la c u ltura p opu lar, la mentalidad colectiva y las
rep resentaci ones soc ial es de la ci ud ad d e la L ima col onial. Pero hag am os un a
ad vertencia. ¡Cuá nto h u bieran qu erido los príncipes de la I gles ia que, c omo
Franci sco, fu eran m iles l os niños qu e d edicaran a Dios, s u vida y contemp la-ción, su oraci ón y sil enci o!, y qu e tod as las dem ás cos as d e la vida estuvieran sup editados a lo pr imero, sin d ejar d e lado las vi rtud es de tod o niño, c omo la obed ienc ia a sus pad res y person as may ores. Y p or otro lad o, ¿cuántos frail es d e la Igl esi a estaban d ispu estos a seguir el ej emp lo de Franci sco y bu scar el encuentr o con Dios ?
L
Los nios ni ños catequiños catequi stas durstas dur ante la ante la ColonColon iaia
La I glesi a en la época d e la Colonia c onsideró imp resc ind ibl e e ind ispen-sable evangeli zar en las práctic as reli giosas a los i nd ígenas por qu e consi d
e-raba q u e las c reenci as d e éste gran sector poblaci onal eran contrarias a los
m and am ientos c risti anos; es por ello, qu e imp u lsó l a cris tianizac ión d e los m ism os. La c risti anizaci ón r equería u na p revia instrucc ión qu e le perm iti era al i nd ígena p od er leer e l catecis m o, pero las difi cultad es en el idiom a, la
reti-cencia y resiste ncia nativa, entre otra s causas, obli gó a qu e m uchas v eces la
catequizaci ón fuera sólo verba lmente. Los obstác ulos e intereses p uestos en
ju ego en aqu ell os tie m p os, d erivan en u na instr u cción basad a en el catec ismo y la d octri na cri sti ana.
Al respecto el terc er Con cilio, cu and o se refi ere a la esc uela de los mu chachos ind ios, en el Capítulo 43 d ice lo siguiente: «Tengan p or m u y encomen d ad as las
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escuelas de los muchachos los curas de indios, y en ellas se enseñen a leer y escribi r y lo demás, y princi palm ente a entend er y hablar nu estra l engu a españo-la. Y m iren los c ur as qu e con ocasi ón d e la esc u ela no se ap rovechen d el se rvici o
y trabajo de los m uchachos, ni l es envíen a traer hierba o leña, pu es enc argan en
esto sus concienc ias c on obli gaci ón d e restituir. E nseñen tam bién la d octri na
cristiana 17 a los ni ños y n iñas y no los oc up en en su s aprovechamientos , más
despídan los te mp rano p ara que vayan a su s casas y si rvan y ayu den a su s
pa-d res, a los cuales gu arpa-d en respeto y obepa-d ienc ia» 18.
Según Arm as19, los niños r ecibieron u na instru cción religi osa basad a en la
formación cí vica y cristiana; y má s intensa fu e la ed ucaci ón qu e reci bieron los
adu ltos, más aú n cuan d o ll egaron los i ntegrantes de la Com pañ ía de J esús a la
ciud ad d e los Reyes. El catec ismo se c onv irtió en el instru mento p rincipal d e esta formid able catequesis , ad emás d e diversos med ios qu e se ap licaron par a lograr u na ráp ida conversión al cris tianismo: c anciones, diálogos, etc. Util izaron p re-m ios consi stentes en el regalo de ire-má genes, para estire-mu lar el ap rend izaje de los niños m ás ap licados. E sta forma d e actuar d e la Igl esia era d e entera satisf acción de los padres, quienes se preocupaban por el acercamiento de sus hijos a esta
nu eva doctri na.
Asimism o, los hij os d e los nobles i nd ígenas, reci bieron esp ecial atención d e parte d e las autori d ades reale s, por su obvia imp ortanci a en la comun idad ind ígena. Por ej emp lo, e l pr imer obisp o d el Perú, Fray Vi cente Valverde; y el propio gobernador Francisco Pizarro expresaron por escrito la necesidad de
qu e ju nto a la igl esi a exi stie ra u na casa gran d e o esc u ela don d e los hij os d e los
caciques sean ed u cados y enseñad os en la f e y c ostum bres c risti anas 20por los
religiosos.
La Re al Cé du la de 3 de n ovie mbre d e 1536, mand a fund ar en el Perú, una cas a p ara la instru cción d e los hij os d e cac iques e ind ios principales; y otras d isposic iones posteriores i rán en el mismo sentid o. Al respecto F ernan d o d e Arm as Medina, sosti ene qu e la difusió n d e estos e mb rionarios c entros d e ense-ñan za en el Perú, qu ita a los reli giosos aquella e xclusividad qu e en los primeros años ten ían sobre la ed u cación d e los hij os d e los principales. La obli gaci ón d e la edu cación se amp lía a c u alquier d octri nar io regular o sec ular, y más aú n,
17Debe rec ordarse qu e las es cuelas de doctrina conf orma u n gru po ap arte de las de m isiones. L os primeros eran regentad os sobre todo
por clérigos, los otros por frailes. Dos órd enes destacaron en las misiones, los f ranciscanos y los j esuitas, quienes se internar on en la selva y ceja de m ontaña.
18Bartra, Tercer Concilio, 1982, p. 80.
19Fernand o de Arm as Medina, Cristianización d el Perú, ver p. 28 1-291. También afirma qu e existí an escuelas en tod os los pueblos del
Virrei nato, dond e junto, a u na ed ucaci ón cívic a y una enseñanza d e las primeras letras, l os escol ares recibí an u na intensa instrucci ón cristiana. No cabe dud a de lo último, sobre todo en Lima.
20Armas Medina abu nda en documen tos vistos en el Archivo Ge neral de Indias en las que estos personaje s y otros vieron importante
la instru cción d e los niños ind ígenas. Ver p. 281 -289.
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cuand o los i ncipientes c olegi os se diseminan p or tod o el territori o, abrie nd o sus p u ertas a los niños d e las c lase s inferi ores. E ste pr oce so se d a siemp re con especi al soli citu d d e aqu ellos j óvenes p erteneci entes a las c lase s m ás elevada s d e la soci eda d colonial.
Este proyecto de la fund aci ón d e casas de instru cción cobra gran imp u lso
con el Gobi erno d el V irrey Tol edo, qu ien pr evé erigi r d os col egios , un a en el Cu zco y otra en L ima. E l gobi erno d e Toledo tam poco pu d o conc retar estos col egios, po r la priorid ad qu e alc anz ó en aqu el m om ento h istóri co la creac ión d e la Universidad d e Lim a y u n colegi o d entro d e ell a. Este c olegi o, al c om
ien-zo trató d e real izar l a función proy ectad a por los gobernan tes, p ero en este
p roces o los pa d res de la Comp añía de J esús pen saron en fun d ar varios c ole-gios de caci qu es, y reci én en 1583 logran fu nd ar u no en la doctrina d e Juli; y el otro en el Cerc ad o d e Li ma , a inic ios del sigl o XVII, contand o p ara este p rop ó-sito c on el ap oyo d el Virrey Prínci p e d e Esqu ilache. E n este col egio se i m pu so la f orm aci ón j esuita a l os pocos al u mn os que eran p rocedentes de d iversas provincias.
Med ina tam bién se ref iere a l a d estac ad a actuación de los niños catequistas, luego qu e los p rimeros francis canos l os catequ izaran p ara qu e fu esen auxili ares en la tarea d e la c risti anizaci ón. Así por ej emp lo, un m isionero iba d e pu eblo en p u eblo (en Caj am arca) , acomp añad o de 50 mu chachos, qu e rezaban en alta voz las oraciones y la doctrina cristiana, lo cual estimulaba a los numerosos
catec úmenos a recibi r el bautism o. En ese contexto pron to los pequ eños catequis-tas estaban en cond iciones de rezar la d octri na sin la pr esenci a d e los doctrineros, lo cua l acepta el Arzobispo d e Lim a en 154 5 y se repiten en los años p osteriores en las c on stituciones concil iares, d iocesan as y ord ena nz as civiles. Este p roced i-m iento f ue ad optad o por los i-misi-mos j esuitas.
Arm as destaca el celo y ej emp lo que m ostraron los niños c atequ istas qu e a pesar d e su corta edad , de 9 o 7 años, al llamad o d e la c amp ana, reunían a los mu chac hos del barrio, a qu ienes le s ense ñaban la doctri na, c antand o y exhortan
-d o co n p alabras o í-das -del Pa-dre. He aqu í una d e las princi pales razones para
comp rend er la es p ecial atención generad a en las autor idad es polít icas y reli gio-sas por favorec er a los niños catequistas.
Un jug
Un jug uete para uete para niñniñ osos : : el rigor y la palmetael rigor y la palmeta
Sabido es que en la esc u ela de aqu ella ép oca, el rigor y la pa lmeta eran cos a
comú n; y nos qu edan algunas interrogantes con respec to al prece ptor o ayo. E n
el presente caso contamos con una fuente notable, un curso imprescindible
p ara el e stud iante era el Latí n, i d ioma qu e presentaba serías dif icu ltades par a
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su ap rend izaj e, que p ara m uchos ll egaba a ser sufribl e, una tortu ra, tal como lo
señala E steban d e Orell ana, en su Instrucci ón d e la l engu a latina 21, pu bli cada
en 1759.
Este man ua l de gram átic a es notable p or su p rólogo o disertac ión, pu es e n ella ofrec e el tex to como «u n jugu ete par a n iños» , cuy o p rinci p al mérito es ense-ñar les lo que tan a rd u o es, y tan ú til, «por j u gu ete» . Ya Macera había ll am ad o la atención sobre este t exto, y es qu e ef ectivamen te, Orel lana es un au tor m u y
sugerente; se pregun ta cómo d e tantos niños que estud ian gramátic a, so n tan
p ocos l os qu e saben el latí n al cabo d e 5 o 7 años. ¿Cuál es l a causa d e este pobre resultad o? Orel lana acusa el m étodo d e la enseñan za, c uestiona la gram átic a misma, al s eñalar que ningu na lengua se aprend e por oíd o, s ino por u so. Peor
aú n, sucede q u e el niño, al no entend er el latí n, ll ega a abo rrecerl o, y si l ogra
entend erlo, al sal ir de la esc uela no tiene d ond e usarlo, por lo que se cae en u n
círcu lo vici oso e inacep table.
En el aula, se condena al niño a hablar lo que no sabe y azotarlo por lo
mismo. E l espaci o del niño se c onvierte e n u n m un d o don d e todo es osc ur idad ,
peligro y miedo. En es te ambiente totalmente ad verso emp u jad o por las difi
cul-tad es ex tern as del curso, c om ete disp arates p ara «ll evar az otes» , y es o es l o qu e cualquiera ha p asad o por su n iñez. Al señalar l as nef astas c onsecuencias d e
este s istema d e enseñanza, el autor d emu estra plena conc ienci a d el magro d
es-emp eño cum plido p or el pr eceptor, pero ll ega a más, qu e es la de l ograr el grado d e emp atía qu e adm ira Mouse, pu es se mu eve e n la d imensión psic ológi ca d el niño, se ubic a d entro d e él y recl ama qu e se ac ostum bre a los niños es tar senta-d o por h oras, «en contra senta-d e su natu raleza» , enresenta-d ar su p oco raci ocinio en em-presas metafísicas, enseñarles a ser tímidos y desconfiados por la continua
ince rtidu m bre sufrida en cad a pa labra qu e esc riben, c on el miedo inevitable a ser casti gad os.
¿Qué d ebía c am biar entonces? ¿Cómo enseñarles? A esto respon d e Orell ana, afirm and o qu e el halago y afabil idad son el medio m ás ef icaz qu e se contrapo-ne, allí donde «el rigor es estorbo». No se trata por tanto de que el maestro
pierd a autor idad y olvi d e el cas tigo, lo que se desea e s que no se ec he m ano d e estos m edios, sino c ua nd o ya no ha ya otro recurso qu e tomar; y entonces sea po r culpa conoci d a, y no p or d efectos natu rales a la ti erna ed ad . Qu e el niño ju egu e, enred e, no entiend a o ría, no m erece p ena, basta un a ad vertencia, y otra si prosi gue. ¿ Y cuán d o se pod rá azotar a u n n iño? Por lo regular, nu nca, porq ue
21Instrucc ión de la lengua latina o arte d e adqu irirla por la traducción de los autores compuesta para la particular enseñanza de u nos
niños. Po r don Estevan de Or ellana. Parte Pri mera en qu e se persuad e la preferenc ia de este método y se propone el mod o de reglarlo. Lima, Ofic ina d e los Niños H uér fanos, 175 9. Orellana tamb ién pu blicó L uga res Sele ctos de los au tores latinos, en Lima, 1759 .
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«la inocenci a n o p ued e ser casti gad a». Sólo la tenaci d ad infantil e n no ejecu tar lo que se l e man d a o en hacer lo que se l e proh íbe, es cu lpa qu e si merece pena.
Aconsej a excitar su cur iosidad , tener los alegres, prem iar sus aci ertos, discul-par sus yerros, no hacerles muchas preguntas, inducirles con sagacidad a la respuesta, no presi onarles a pen sar mu cho, « porqu e es ta edad no es de p ensar, sino de oír, tomar d e mem oria e i mitar». Al criticar el du ro tratam iento d e los niños en la e scu ela, Orell ana d emu estra un p ensam iento no c onv enci onal (pero comp artido p or var ios otros c olegas) , pu es la m ayoría d e los pr ofesores no com-partiría ni practicaría estas recomendaciones. Estas ideas no eran, ni mucho
m enos, adelantad as a la época, ni c imentad as en sóli d as bases de refle xión fil o-sófi ca, salvo algun os cl ásic os como San Agu stín. Es evidente q u e el sustento d e sus ideas d eriva en gran p arte d e la experienc ia de haber en señad o el l atín, expe-rienci a person al qu e lo diferenc ia de otros, y sobre todo d e su i nd u d able amor a los niños y la plena conci enci a d e las dif icultad es que atra vesaba el mismo en su aprendizaje.
Orellana refle ja esta experiencia d e qu e los niños v enían a ser las reales víc ti-mas d el desc onoci miento ad ulto, y que d ese ncadena sobre ell os su crueldad . Reconoció e n este c am po tod os los temores y d años cometid os contra el niño y n o d ud ó en cond enar a los directos respon sable s de esto, el ayo y el s iste m a mismo.
Orel lana rep res enta si n d ud a a muchospr ofesores que en la ex perienci a d iari a d e
enseñar un curso como el l atín y rep arar en la difi cultad q ue les si gnifi caba tal
curso a los niños, examinó las c au sas y c reyó encontrarlas no en el mu nd o del
niño, sino en la d el ayo. L
La a legleg islisl ación sobación sob rre la Ie la Infnf anciaancia
Al abord ar la legi slac ión sobre la infanci a d u ran te la Col onia, descubrim os qu e es el resultad o de la recopil ación d e Leyes de I nd ias, y es e l prod ucto del
trabajo conju nto d e varios ma gistrados 22, cuy os esfuerzos culm inaron en 168 0,
cuand o fue pr omu lgada la rec opilac ión y comenzó a regir como cuerpo org ánic o
en 168 1. De los 9 libros qu e com pren d e esta recopilaci ón , nos interesa esp ecial-mente el prim ero, el sexto y e l séptimo.
El Libro Prim ero, con 25 tí tu los, trata d e cuestion es religiosas o ecl esiástic as. Allí se af irma la imp ortan cia d e la conversión d e los i nd ios al c risti anismo; y la asignaci ón como m eta principal d e los fun cionar ios y m agistrad os, la ex
tirpa-22En este proceso partic ipan Diego d e Zorrilla y Rodrigo de Agu iar y Acuña, los jurista s Antonio d e León Pinel o y Juan d e Solórzano
Pereira. Aunque Pinelo reunió más de 10 mil leyes, la recopilación incluyó solo 6 377, distribuidas en 218 títulos, pertenecientes a 9 libros.
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ción d e idolatrías y el cum plimiento d e los prece p tos c risti anos. S e da n d
isposi-ciones sobre perm isos para fun d aisposi-ciones de catedrales y parroqu ias, recomend
a-ciones p ara qu e los rel igiosos no se entrom etan en cosas del gobierno 23. Adem ás
pr ohíbe la e ntra d a d e sac erd otes ex tran jeros, al régimen d e mon asterios y con-ventos, hosp icios y recogimientos d e h u érfanos, hospitales y cof rad ías, e tc. Esto ú ltimo correspond ería, s egún Basad re, a la hoy llam ad a Asistenc ia Social.
El Libro Sexto se c ara cteriza p or lo qu e Basad re h a llama d o el Derecho S ocial d ad o por Es pañ a a nu estra Améric a, d ond e se prop ugn an u na seri e de obli gaci o-nes y mecanismos que buscaban generar un trato cristiano y corrector de los
súbd itos i nd ígenas. Así por ej emp lo, encontram os le yes que p rohíben el trabaj o
d e men ores de 18 años en cualquier c aso, y el de los mayores cuand o son trabaj os
ru dos; fijan las horas d e traba jo, redu cidas a 8 hor as en el caso de las fortif icaciones y fábric as. F ijan el límite mínim o y la form a d e salario, d efend iendo la sal u d d e los trabaj ad ores; ord enand o la asist enci a en caso d e acc idente y repr imiendo con severidad el alc oholis mo.
L
La infancia inédita e invisa infancia inédita e invis ibilizibiliz adaada
En esta et ap a d el largo p eríod o colonial a fines d el siglo X VIII (1781), sale publicado un documento llamado: El Celo Sacerdotal para con los niños no
nacidos 24, d edicado p or el pad re F ran cisco González L agu na a los Obis p os y
Arzobispos de América. Este clérigo al dirigirse a la jerarquía eclesiástica de aqu ella épo ca e n la «sol emn e apelaci ón qu e el s entimiento d e mi alma hace al tribun al» , y cu yo obj etivo era c u and o d e la i nfancia s e trataba «el am p aro d e un a causa qu e clama por su m ayor atenc ión. Se preoc up a sobre man era por los
tiernos inf antes, que p eligran en el se no m aterno, y sin razón se les priva d el
sacramento de su Regeneración, y de la vida temporal que pudiere
conservárseles» 25.
En sum a, E l Cel o Sac erd otal trata d el « justo sentimiento d e la Igl esi a p or la pérd ida d e los niños que se m alogran: y cuan to d eben ali viarla l os sac erdotes».
La f alta d e observación y conocimiento, principalmen te en los sacerdotes, ha
sido hasta aqu í, d ice González, la primera ra zón d e las pérd idas d e las almas
infantil es y nu nca pod rá en tod a su extensión evitarse, «si los señores obis po s
23Justamente, la ley 1 del título VI de este li bro, dispone qu e pertenece al Rey y a su Real Corona el patronazgo de tod as las Indias, por
el hecho del descu brimien to y la colonización, así como por las concesiones hechas en las bu las de los S um os Pontífices, sobre tod o las 3 Bulas otorgadas por el Papa Alejandro VI en 1493, concediendo a los Reyes de Castilla una parte de las tierras de Indias y la otra par te a los Reyes de Portu gal («Cedular io» de Vasco de Pug a, tomo XVI , pp. 359- 60).
24El Celo Sacerdotal para con los niños no nacidos. Por el P. Francisco González Laguna de los Clérigos Regulares Ministro de los
Enfermos. Se ded ica a los obispos y arzobisp os de los reinos d e la América. Impren ta d e los Niños Expósitos, Lima, 1 781.
25Refiere que en Buenos Aires, un cura, ante los ataqu es de los indios rebeldes que cortaban el vientre de los mu jeres embarazadas,
procedió al bautizo, en medio d e la sangre d e ellos, muriendo en ese ac to.
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lo cu bren con su pr otec ción». P ara ocurr ir al rem edio d e los niños no n acid os, es nec esari o p ersuad irles a est a verd ad : «el que m uere sin bau tis mo se cond ena a las pen as eternas d el i nfie rno». Por consi gu iente, d eben los pár rocos decl a-mar contra el aborto y toa-mar precauciones para evitarlo. «La vulgar y falsa
cre enc ia de qu e los niños que m ueren sin bau tiz ar no tienen en la eternidad; p ena n i gl oria, es com o se dij o lo que qu ita el horr or, para los abortos volun ta-rios y se dispone p ara los i nvolu ntar ios. Deben d ecirle s que el aborto volu nta-rio es un hom icidio verdad eramente alevos o e indigno d e la c omu nidad ecle-siástica» 26.
Es p or ell o, que en la c omu nid ad ecles iásti ca s e preocup an m u cho por el interés de los párv ulos; y p or tan to, defi end en el prov echo d e la operaci ón cesárea en las pr eñad as dif u ntas y, cómo deben p rom overla l os párrocos y s ace rd otes. En consecuencia, toda persona racional estaba obligada según sus fuerzas a
hacer la op eraci ón cesárea, más la qu e fuere h ábil, y a falta d e estos, el párr oco o sace rd ote tenía l a obligac ión m oral y cri stiana d e intervenir p ara h ace r esta cesárea. T enían la creen cia qu e la anima ción d e los fetos se ha ce en el instan te d e la conc epción; y se deben bau tizar l os abortivos aun qu e se an éstos de m u y p ocos d ías.
Asimismo, hací an hincapié qu e: «Los cate cismos comu nes no d eben to-m arse por regla en el pu nto d el L ito-mbo d e los niños; s ino los que se c onfor-m an con la Es cri tur a y la Tradici ón según lo ex p uesto», dic e el autor , si n d ud ar en a tacar c iertos c ateci smos: « los que m ás han contribuido en estos ú lti mos tie mp os a extender la doctrina op uesta, son los c atec ismos d e Astete , Ripa lda y Reynoso. Es tos p ersonaj es, sin otra m isi ón, sin m ás au toridad p úb lica, sin otra r ecom end aci ón qu e la qu e ell os ll evan consi go m is m os, s e
han hecho l os i nstrum entos de la ense ñanza p opu lar, y p ersuadido al
co-mú n d e las gentes es te f als o d ogma, qu e inc autam ente abrazaron en el e
stu-d io stu-de su teología» 27.
Entonces, la i m por tancia del bau tis m o, no solo para los niños sobrevivien-tes, sino tam bién par a los niños que han mu erto si n ella, corres pon d ía al sac er-d ote reali zar el ac to bau tismal, evitaner-d o la pérer-d ier-da er-d el alma er-d el niño. Así, entre var ios ej em p los, se cita el caso oc u rrid o en Lima en 170 9, cuan d o na ció u n n iño bic ípite o d e 2 c abezas, « y h echa la c onsu lta pr escrita, no respon d ió el prelado p ara su bau tismo hasta los 4 d ías cum plidos, en que pa d eció gravís imo riesgo
d e morir». Al hablar de los abortos voluntar ios , señala c omo u na d e las pr inci
-p ales c au sas, l a falta de incl usas, y res-p ecto a la d e Li m a virreinal y cristi ana,
26González, O p. Cit. P. 168. 27González, Op . Cit. P. 50 .
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afirmand o qu e «su p rese nte si tuaci ón es baldón d e nu est ra natu rale za, de nu es-tra reli gión y de n u eses-tra Patria 28».
Por otra parte, exhorta a los padres de familia «que al paso que celen las caíd as d e sus h ijas, s up riman el castigo» , ya qu e las reac ciones d e la embar azad a ante el temor d el castigo paterno p od ían ser fatal es. Cita el caso d e un a niña, «de las que se llaman d e recato» , quien concibi ó en u n d esliz, cu yo efec to d isimu ló 8 m eses , y de solo oí r la voz d e su p ad re, e n ocasión mu y crí tica, «abortó d e conta-d o, se susp enconta-d ieron los l oqu ios, se atabarconta-d illó y mu rió» .
Del mismo modo, la práctica social de aquella época era de que cuando la mad re no p ued e dar de lac tar al niño, por motivos poderosos, es nec esari o un
gran cuidado en la elección de la Nutrís 29. Esta ha de estar sana y bien
comp lexionad a, de lec he gastada o d elgad a y qu e tenga el pezón p equeño. E sta última circ un stanci a, cond uce m ucho a la mej or n utr ición, porqu e el i nfante chu-pa con faci lid ad y gu sto, lo que no su ced e cu and o es tos co y grueso. T am bién creí an qu e d e la lec he m antecos a y gru esa vienen las alf erec ías 30, «d el qu e vemos
tan acosados los niños». Otra caracterí stica qu e se exi gía era q u e sea cariñosa y
pru dente, para qu e con agrad o le adm ini stre l os pechos . Que no le c orten la función antes qu e esté s atisf echo p or qu e será precis o rep etirl a antes d e qu e esté digerida la primera leche, de la que provienen indigestiones muy peligrosas. Sobre todo qu e lo acostum bren a m ama r en determ inad os tiemp os, «con lo que no tendrá el llanto p or argu mento d e nec esid ad».
Otra exigencia era que no sea glotona, ni destemplada, y mucho menos
luj u riosa. Ad emás creí an q ue el ex ceso y diferenci a d e man jares engend ra hu -m ores nocivos, encru d ecen el estó-mag o y deb ilitan el c alor nat u ral. El d u lce en demasía produce abundancia de cólera y damnifica la leche, lo que sucede
tam bién con las fru tas exc esi vas, y m ás si son ácid as e ind iges tas. E nton ces la recomendación era que se sujete a un alimento sólido, substancioso, lo más
senci llo qu e pu eda toma rse; por qu e las e specerí as, picantes y otros c ond imen-tos vehemen tes, m atan. Adem ás, qu e aquel se pr opor cione en tres ti emp os, y nad a m ás; por la mañan a, al med io día y en la noche c on la bebi da correspon-diente, por que el agua repetida fuera d e est as oc asi ones engendra mu chos hu m ores c ru d os y acuosos, y la le che se deteriora. También d ecían qu e la l u
ju-28«Por la desarreglada administración anterior, dice Laguna, se halla atajada de rentas, ruinosa y aun sin una puerta decente y
prop orcio nada, d onde se pu edan y libremente y a cualquier hora dejar co n seguridad los Infantes».
29¿Cuándo se p rodu ce la fama de que las negras son bu enas amas de leche?. Según el texto y otros que iremos m encio nand o, existía
una marcada p redilec ción por las amas de leche de raza negra. Evidentemente, esa f ama no indica de qu e realmente eran mejores amas que las d e cualquier otra r aza. Ver la refere ncia de esta obra de González Laguna, qu e hace Manuel Mu ñiz A.: «L a med icina legal en el Perú, d atos p ara su historia». En «La crónica Médica» d e Lima, año III, n 31 (31 de julio de 1886), p. 256 y n. 32 (3 1 de ag osto d e 1886), p. 302.
30Enfermedad de la infancia ca racterizada por convu lsiones y pérd ida d el conoc imiento.
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ria perjud ica a la nu tric ión; y si la mu jer contrae algún emba razo, ésta c ontr ibu-ye a la extinción del f eto.
Denun cia i nd ignado el aband ono a brazos merce narios de los ti ernos inf
an-tes, y dice que «por cálculo raci onal, perece en esta capital más d e u na terce ra
parte de crías de la gente distinguida». Señala qué causas son legítimas para evadir la lactancia, del que hacen mención los doctores. Primero: si la madre
pad ece d e alguna enfermed ad contagios a, que p ued a trasc end er al hij o. Segun-d o: si es tan Segun-d ébil Segun-d e comp lexión, que con el ali m ento Segun-d el infante Segun-d esfallezca d emasiado, c on riesgo c onoci do d e su salud . Terc ero: cuan do por mu erte del pad re «c elebra la mad re segund o tálamo» .
Recom ienda qu e las obstetras, comad rona s o p arteras, d eben ser i nstru idas, examinad as, ap robad as, jur am entad as en sufic iente nú mero; y ex cluid as del ofi -cio baj o grav es pen as, l as qu e no lo fueren . «En nu estro pa ís no creo que falten
algunas idóneas, pero sabe mos qu e son mu y p ocas, y m uchísi mas las que se
hallan d ed icad as a p artear, si n m ás qu erer p or este ej erci cio p asar la vida. Con hab er pa rido u na m u jer 5 o 6 hijos ya se c ontem pla con tod a la c ienc ia que d e-m and a el arte; y con are-m arse de u na sill a y p ar d e buen as bols as ll enas d e rel i-qu ias o de cosa i-qu e lo parezca, ya pu eden en trar en cuali-qu ier casa, sin rec elar qu e du d en d e su d estreza y habili dad . Para e l mejor logro c orporal y espirit ual d e los niños no nacidos, es necesario que haya comadres hábiles en su oficio y
p rop one el med io de c rearlos» 31.
Estas, cuand o el pa rto viene irregular o los condu ctos no están m u y francos, laceran y rom p en sin c onsideración; y viend o el d año, se retiran con pr etexto d e que las llaman en otra parte, y dejan perecer a las desdichadas. Tal acaba de
suceder con u na d e ellas, asistiend o a u na p obre: se consu mió sus fuerzas intem-pestivam ente, y habiendo roto u na d e las entrañ as por esforzar el pa rto, l a d ejó en aban d ono 6 días que le d u ró la batal la con las últimas ansias, sin haber p od ido lograrse ni au n el alma d el feto. « N o sabemos si la ind olenc ia, o la natu ral blan-d ura blan-d e nuestras gente s blan-da m ás libe rtablan-d a estas intrusas; porqu e nablan-die se quej a, nad ie las acusa y ellas siguen».
Deben instru irse en el arte y par a ello p rescribirl es un a cartil la o tratad o breve, y señalarles un cirujano hábil que cuide de su instrucción. Este les enseñaría
cuand o hay p eligro o no de qu e el niño m uera al ti emp o d e nace r, a f in de bau ti-zarlo; y el mod o d e adm inistrar el bau tismo con la e spon ja o con un a jeringa recta
o curva , según lo requiera el c aso. Otra téc nica a enseñar era el mod o d e hacer
31González, El celo.., Cap. XVI, P. 27.
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volver a los niños qu e apar ecen m u ertos por algu na asfi xia. Adem ás, los rem e-dios que d eben d arse a un niño, para qu e arroj e el mec onio o hece s detenidas.
Cabe resal tar el band o del virrey de J áur egui, qu e es tá inserto en la obra de
Laguna 32 cuando refiere la consulta del fiscal, a quien le ha llegado a sus
m anos la obr a. Por ell o, el virrey exp ide el d ecreto d el 25 de sep tiembre d e 1781, par a qu e «se ponga en pr áct ica la operaci ón llamad o par to c esáreo, pr omov ida nu evam ente p or el R . P. Lagun a». En dicho ban d o, el virrey afi rm a hallarse bie n informado «del desprecio con que hasta aquí se ha mirado la causa de los
Inf antes inéditos» , omiti end o la expresada operación en las d ifun tas ma d res, y resi sti énd ola c on obstinaci ón, no sólo sus d eud os y p arientes, sino también los
ciru janos, barberos y obstetras, que en algun os c asos han sido llamad os, por el
errado concepto d e qu e aquell os niños, no están an imad os, o d e que se hallaran mu ertos, y lo que es más ci erto c on qu e la i gnoran cia d e lo s más ha mirad o un a op eraci ón tan útil y n ecesaria, e xcusán d ose a ella con frí volos y m ali ciosos pr etext os; enterad o asimismo d e la fac ilidad con qu e tales f acultativos rec etan y
adm ini stran a las mad res medicamentos aborti vos y qu e si e stos produ cen su
efecto, se arroj an los f etos si n r econocerlos ni procu rarles la vida q u e en m u chas ocas iones p u d iera fomentárseles ».
D
D e la Colonia a la e la Colonia a la nuevnuev a Ra Repúbepúb licalica
En est e períod o d e transic ión el niño es d efinido p or d escarte y d e man era
signific ativa, en tre 1726 y 17 37, (Di ccionar io d e la Leng u a Ca stellana 33) como
«el niño pequeño qu e notiene edad pa ra h ablar». Esta conce pción se ap lica a
todos los que no h an lle gado a los 7 años d e edad , rec onoci end o qu e ti enen u n
«com ún m od o d e hablar» y pocas experienc ias, qu e obran con poca refl exión y
«se suele usar por d esprecio» cuand o se refi eren a la inf ancia. La palabra el párvulo se emplea metafóricamente, cuando se refiere al inocente, que sabe poco y es fácil de engañar. Predomina el concepto de la minoridad, que se
exti end e desd e la niñez hasta la edad juv enil. En el Perú d e este p eríodo, se
considera «men or» hasta la e d ad d e 21 años, para lu ego ingresar a la otra etapa d e la vida, la « m ayoría» d e edad , qu e perm ite a la persona acc eder a los dere-chos y obligaci ones establecidos p or ley.
32El bando del virrey d e Jáuregui, inserto en la obra d e Laguna.
33dice: «por cuanto el señor fiscal ha presentado en este Superior Gobierno la consulta del tenor siguiente: «Excmo. Señor. El fiscal
dice ha llegado a sus manos una obra que titula el Zelo sacerdotal...su Autor el R. P. Ex Prov. F. González Laguna, de los clérigos regulares de la Buena Muerte, en qu e trata d e diversas materias, que miran a la fel icidad eterna de los niños encerrados en el vientre de sus madres, que no pueden recibir el santo sacramento del bautismo, por el ningún uso que tiene en estas partes la operación cesárea. En cuya virtud he tenido por conveniente expedir el decreto siguiente: Lima, 25 de septiembre de 1781. En atención a lo que representa el señor fiscal e n su anterior consulta.. , se ponga en p ráctic a la op eraci ón llamado parto cesáreo, promovida nuevam ente por el R. P. Lagu na, en u na obr a Zelo... ».
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